Cuando una banda saca un nuevo disco, siempre existe expectación por parte de sus fans más acérrimos. Pero si hablamos de una de las bandas más importantes de la historia del Heavy Metal, como Iron Maiden, esta expectación se eleva exponencialmente a niveles e instancias que resultan increíbles y difíciles de concebir para gente para la cual la música es sólo para los oídos y para entretenerse. Conozco de bastante cerca a varios fans que deben -sí, deben- vivir y cumplir ciertos «rituales» para escuchar por vez primera un trabajo de Maiden… ¿cuántas bandas generan tal expectación hoy en día, tal entrega, tal pasión? La doncella es una banda que provoca un fervor casi religioso entre quienes somos sus fans, y por lo mismo es complicado, a fin de tender a ser objetivos al revisar su nuevo material, desproveerse de la pasión e incluso el afecto que genera esta agrupación británica, al ser parte fundamental de la banda sonora de la vida de muchos de nosotros.

«A Matter Of Life And Death» es el título del esperado nuevo disco de la doncella de hierro. «Cuestión de vida y muerte» resulta ser un título ultra potente y muy emblemático, muy representativo, y que resulta no quedarle grande a este trabajo, donde lo primero que destaca es su maravilloso arte de tapa, obra de Timothy Bradstreet, dibujante estadounidense de 38 años, en cuyo currículum consta haber diseñado los posters de la película «The Punisher», entre otras, y cuyo estilo, aclamado por la crítica especializada, ha sido definido como «fotorrealismo estilístico». Qué manera de dar en el clavo con el nuevo trademark de Maiden, la cabeza de Eddie con casco de guerra y abajo dos rifles cruzados, haciendo una colosal mezcla entre símbolos de instituciones armadas y el clásica señal de veneno. Más encima, ponerlo en una bandera negra a lo pirata, y en el frontis de un tanque de cuyo cañón emana un humo que indica que recientemente se ha lanzado un proyectil, tanque comandado por el comandante Eddie, guiando a un ejército esquelético… maravilloso, sin dudas. Después de la execrable portada de «Dance Of Death», «A Matter…» parte con otro piso, y qué piso: tener uno de los mejores artes de tapa de la carrera de la doncella. Y eso no es poco decir.

Por otro lado, no sorprende la calidad de las letras de Maiden. Como resulta obvio de la portada del disco, las letras de «A Matter…» apuntan, en su mayoría, a temáticas relacionadas con la guerra, no sólo a batallas, sino también a introspecciones personales de quienes participan de ella, como parte activa. El nivel compositivo lírico de Maiden se supera continuamente a sí mismo, como lo hacen los más grandes de cualquier disciplina.

A grandes rasgos, «A Matter Of Life And Death» cuenta con un sonido estudiadamente más «crudo» (menos sobreproducido, quizás) que sus predecesores, «Brave New World» y fundamentalmente «Dance Of Death», como quizás lo pretendieron en su tiempo con «No Prayer For The Dying», con resultados inconmensurablemente mejor logrados hoy por hoy. Entre otros detalles, disminuye considerablemente la cantidad de guitarras en armonía, lo que llama la atención, aunque de manera relativamente forzada… es decir, hay que obligarse a pensar en ello para acordarse; hay menos teclados que, por ejemplo, en «Dance Of Death», matizándolos de mejor manera; hay algo más de trabajo de guitarras acústicas; y además, no recuerdo un disco de Maiden en que la batería suene mejor que en este… todos estos son «pequeños» datos que comienzan a formar una idea de lo que es este nuevo disco.

Pero pasemos al «tema por tema». AMOLAD abre con el sempiterno gritito simpático de Nicko (en este caso es algo así como «aí!»), que da inicio a Different World, tema que abre este nuevo trabajo de Maiden. Según Harris, es un tema que recuerda a Thin Lizzy y en cierto modo tiene razón. Es un buen tema, eléctrico, ultra sencillo, casi de ABC del metal, con un coro claramente escindible en dos partes: una con dos voces de Dickinson en la misma nota («tell me what you can hear…»), y otra con Dickinson demostrando que es uno de los más grandes cantantes de la historia del Metal («don’t want to be here…»). Con un solo deliciosamente sencillo a tres guitarras y posteriormente sólo con la inconfundible y flemática pulcritud de Adrian Smith, con un final seco, sólido, y con una letra que escapa a la tónica bélica que caracteriza a este trabajo, Different World cumple de buena manera con la no menor tarea de abrir el disco, aunque -hago presente que la comparación es inevitable- en mi concepto cuenta con menos incitación al «sing along» en el coro que Wildest Dreams con su «I’m on my way…» y especialmente que el «your time will come» de The Wicker Man. Quizás por eso no la eligieron como single, aunque probablemente para ello también haya tenido que ver que la temática de sus letras no encaja cien por ciento con el concepto más bien bélico del disco.

These Colours Don’t Run es una frase patriótica/patriotera cuyo trademark es eminentemente estadounidense. Sin embargo, Maiden la toma en un contexto distinto y un poco más amplio: trata sobre las motivaciones de los soldados y las razones por las cuales pelean: algunos por su patria, otros por el dinero, otros por los recuerdos, otros por la pasión y la gloria… musicalmente, se trata de un corte de casi siete minutos, bastante intenso, con muchos quiebres rítmicos -destacándose un momento similar a Tailgunner y, por supuesto, los «oooh» que tanto disfrutamos cantar en vivo- y teclados bien y elegantemente utilizados. Hay quienes señalan que algo tuvo que ver en la gestación del título de este tema el desgraciado impasse que tuvo Bruce Dickinson con la esposa del emblemático cantante de una gran e histórica banda inglesa y actual protagonista de un reality show (no gastaré mi teclado en nombrar a la señora en cuestión), impasse tras el cual Dickinson habría tomado la Union Jack que flamea en The Trooper y habría dicho «these colours don’t run»… quizás sea cierto, pero de que tiene cierto sentido, lo tiene, especialmente con la letra del coro («Far away from the land of our birth / we fly a flag in some foreign land…»). A la larga no es más que una anécdota. Excelente tema, notable letra.

La bomba atómica es uno de los más grandes y terribles inventos/descubrimientos de todos los tiempos, no cabe duda de ello… y la leyenda cuenta que el primer científico que vio la primera bomba señaló que ésta era «más brillante que mil soles». Brighter Than A Thousand Suns, el siguiente tema, está inspirada en la obra homónima del austríaco Robert Jungk de 1961, bestseller en aquellos años, y que narra la construcción de la bomba atómica y fundamentalmente los cuestionamientos de conciencia de sus elaboradores, particularmente de los físicos Niels Bohr y Werner Heisemberg. En casi nueve minutos, Maiden desarrolla una historia en la que cuestiona el excesivo y pernicioso poder (auto) destructor que ha ido adquiriendo el ser humano («…E=mc squared you can’t relate, how we made God with our hands…»), a través de numerosos cambios de ritmo y una intensidad realmente sobrecogedora, particularmente en el coro y en la parte más rápida, con un Bruce que demuestra y demuestra su vigencia. Un excelente corte, muy representativo de la quinta era de Maiden (Era 1: Di’Anno; Era 2: Golden Years hasta el Seventh Son; Era 3: Janick por Adrian; Era 4: Blaze; Era 5: hoy): temas largos, maduros, con muchas variaciones rítmicas y con letras que llaman a reflexionar.

The Pilgrim, con letras que apuntan más bien a temáticas religiosas, es el segundo tema de estructura «single» del disco, parte cadenciosamente a lo Mother Russia hasta tomar un ritmo midtempo bastante interesante, que al escucharla por primera vez provoca una agradable sorpresa, y que cuenta con un pre-coro con otro elemento que llama la atención en este trabajo: doble voz de Dickinson, pero no en armonía, sino que una de las voces suena una octava más arriba de la otra. Interesante figura que, en todo caso, no alcanza su máxima expresión en este tema, sino posteriormente, como veremos. Con una interesante solo con toques arábigos -que con los ojos cerrados, con mucha imaginación e incluso sugestión puede recordar a ciertos pasajes de Powerslave-, The Pilgrim es un corte que entra a la pelea para ser el segundo single de este trabajo.

El «Día D» -6 de junio de 1944- fue llamado «El día más largo del siglo». En plena Segunda Guerra Mundial, se llevaría a cabo en tal fecha la llamada «Operación Overlord», que consistía en el desembarco de aproximadamente trescientos mil soldados aliados, al mando del general estadounidense Dwight Eisenhower, en las costas de la provincia francesa de Normandía, a fin de terminar con la escalada del nazismo hitleriano. Y si bien, durante los meses siguientes, los enfrentamientos siguieron, con la consecuencial muerte de cientos de miles de soldados, el Día D es recordado como el evento que marca el principio del fin del conflicto bélico más grande de la era moderna. The Longest Day trata sobre este evento histórico y según el propio Bruce Dickinson, en cierto sentido busca ser una versión musical de «Rescatando al Soldado Ryan», fundamentalmente por el calvario que vivieron miles y miles de jóvenes a fin de lograr que dicha operación, en estricto rigor, fuese exitosa. Una letra muy brutal («All summers long the drills to build the machine / to turn men from flesk and blood to steel / from paper soldiers to bodies on the beach / from summer sands to armageddon’s reach») con una progresión muy ad hoc a las letras… es un tema con una construcción espectacular: uno al escuchar el bajo de Harris en los primeros cinco segundos ya sabe que se trata de un tema con tintes bélicos; además cuenta con un pre coro y un coro muy épicos, que muestran a Dickinson brillando como la gran estrella que es, y con un trabajo de guitarras que muestran un afiatamiento y compenetración únicos. Un tema que tiene de todo, para escucharlo, escucharlo y escucharlo.

Out Of The Shadows parte con un riff bastante potente para pasar a tomar una estructura de balada que inevitablemente recuerda en un principio a Wasting Love -una de las pocas baladas de Maiden-, pero cuyo coro suena mucho, pero mucho, a Tears Of The Dragon, tema insignia de la época solista de Bruce, quien lógicamente aparece primero en los créditos. Un tema interesante, muy bien ubicado en el disco, y que cuenta con un quiebre rítmico bastante inesperado -que en todo caso no alcanza para quitarle el calificativo de balada-, que da paso a un sólido trabajo de guitarras, llevando a un excelente final.

Lo primero que escuchamos de Maiden versión 2006 fue The Reincarnation Of Benjamin Breeg y varios nos preguntamos porqué este corte, de más de siete minutos, fue elegida como single. Mi idea personal es que Harris pensó y previó que todos quienes rayamos con Maiden comenzaríamos a preguntarnos quién diablos es/era este tipo llamado Benjamin Breeg, más aun al ver a Eddie con una picota a punto de profanar la tumba del finado señor Breeg en la notable carátula del single, lo cual generaría una curiosidad sin límites determinables y, por ende, mayor expectación por la salida del disco. Más allá de esta elucubración personal -existiendo además diversas teorías, una muy entretenida en un sitio llamado simplemente www.benjaminbreeg.co.uk, donde un personaje supuestamente llamado A. Breeg cuenta que su primo Benjamin era un pintor nacido en 1939, etc…-, este corte justifica su designación como single no por cumplir los requisitos «standard» que un single debe poseer (ser relativamente radial, no durar más de cuatro o cinco minutos, etc., lo que hace pensar que este tema más bien los incumple) sino por su enorme calidad. Un tema con un power realmente impresionante, con una notable progresión y una contundencia que no da lugar a ningún tipo de apelaciones, a pesar de que quizás no sea tan «oreja» -y que por ende, sin menospreciar a nadie, creo que requiere ciertos años de Metal para poder apreciarlo en plenitud-. Esto es Maiden, señores.

Pero donde este disco comienza a adquirir sellos de grandeza es, en mi concepto, a partir de For The Greater Good Of God -el único tema compuesto en su totalidad por ese genio entre genios que es Steve Harris-, que sin temor a equivocarme -y mal que mal, es una opinión y no la verdad absoluta-, es uno de los mejores temas de Maiden de los últimos quince años. Si existiese una carrera universitaria donde se estudiara el Heavy Metal, este tema ocuparía un lugar importante dentro de los últimos ramos de la carrera y entraría como obligatorio en el examen de grado. Un corte que realmente excede cualquier expectativa de lo que una banda puede hacer, que muestra a una banda que hace gala de una impresionante gama de recursos, lleno de cambios de ritmo perfectos, con una letra genial («…more pain and misery in the history of mankind / sometimes it seems more like the blind leading the blind / it brings upon us more of famine, death and war / you know religion has a lot to answer for…»), con un teclado utilizado muy tenue y sofisticadamente y un coro con guitarra de fondo que, sin exagerar, me pone la piel de gallina cada vez que la escucho. Un tema que hasta cumple con una función educativa, simplemente maravilloso, y que me hace contar desde ya las horas para escuchar en vivo el «for / the / greater good / of God».

Ya acercándonos al final nos encontramos con la excelente Lord Of Light, cuyo primer minuto y medio bastante X-Factor (predominando el bajo de Harris) es cortado de cuajo por un impresionante y bastante crudo riff de Adrian Smith -que recuerda a Blackout de Scorpions, pero muchísimo más Heavy-, y que en sus momentos más intensos inevitablemente hace recordar a cortes de «Seventh Son Of A Seventh Son» -particularmente a Only The Good Die Young y The Evil That Men Do-. Un coro intenso, más lento y bastante Heavy da paso a otra etapa más lenta, para retomar intensidad con el sello de este Maiden moderno, con un solo y un final que nuevamente recuerdan épocas pretéritas. Las letras también destacan e invitan a pensar en entregar el alma al señor de la luz.

Para poder hablar de The Legacy, el último tema del disco, haré un pequeño ejercicio que resulta, en mi concepto, interesante: si a mis quince años Maiden era mi banda favorita por temas, por ejemplo, como Aces High -tema que sigo encontrando insuperable en su género-, hoy, algunos años más tarde, Maiden es mi banda favorita por temas como The Legacy. Es increíble cómo una banda puede ir siguiendo y marcando los pasos de la madurez de un ser humano con sus temas. No es un tema rápido, o que cuente con una multiplicidad de pirotécnicos y supersónicos solos de guitarra, sino que comienza con un insuperable Dickinson -qué feeling que tiene este tipo para cantar- rodeado por guitarras acústicas y el tenue bajo de Harris, que hacen que la expectativa por escuchar el cambio a guitarras eléctricas crezca a cada segundo, hasta que éste llega en el momento preciso, ni un segundo tarde, ni un segundo antes. Un coro realmente mágico («left to all our golden sons…»), y que muestra a la mejor versión de esta figura de las dos voces en el mismo tono, con una que se halla una octava sobre la otra, da paso a un quiebre rítmico realmente fabuloso, que hace recordar, nuevamente, al mítico «Seventh Son…», particularmente a Infinite Dreams, para que posteriormente, a tres guitarras, lleguemos nuevamente a un Dickinson bicéfalo, con dos voces que suenan geniales, para culminar de manera inmejorable con la misma y sencilla guitarra acústica del principio. Para resumir este tema -y me voy a quedar corto-, podríamos decir que es una suerte de versión perfeccionada de Dance Of Death (un temón), y que recuerda vívidamente, en cuanto a su estructura, a otro glorioso tema de final de disco como To Tame A Land, con más arreglos pero sin sobreproducciones, con una letra que critica abiertamente la autodestrucción humana y cuestiona el legado que estamos dejando para el futuro como sociedad («but some are just now wanting peace / their whole life is death and misery / the only thing that they know / fight fire with fire life is cheap…»). Un creditazo, pero creditazo, para Janick Gers, por haber participado activamente en la creación de esta obra maestra.

Hay que destacar la fortuna que tenemos los fans de Maiden, como dijo un gran amigo mío: que tu banda preferida, que forma parte de tu vida a niveles incluso poco comprensibles, nunca te haya decepcionado, y que siga ayudándote a mantener viva la flama, no sólo en lo referente a la música que uno escuche, sino que a nivel transversal en todas las actividades diarias. «A Matter Of Life And Death» es un disco impecable, sólido, lleno de contundencia, que muestra a una banda que, imponiendo el peso específico que dan sus tres décadas de carrera, se encuentra total y absolutamente vigente, plasmando notablemente su inteligencia -de otra manera no se puede explicar que los temas estén particularmente tan bien ubicados a lo largo de esta placa- en esta placa, totalmente hecha para que los fans de verdad lo disfrutemos a ultranza, con momentos francamente inolvidables y plagado de matices emocionantes, de esos que sólo una doncella de hierro puede crear.