Qué mejor que comenzar el año con la tercera visita de Iron Maiden a Chile. Bastante mejor promocionada que las anteriores visitas (hasta con avisaje por MTV), en los últimos días pudimos ver a una banda llegando relajada a nuestro país, contestando diplomáticamente las siempre obvias y tontas preguntas de la prensa no especializada (“¿qué les parece Chile?”, entre otras). Pero todos sabemos de que Maiden no es una banda que necesite de declaraciones en la prensa para cautivar a su público, y que a la larga daba prácticamente lo mismo que dijeran a los medios.

Todo conducía a que tendiésemos a comparar la jornada del 15 de Enero del 2001 con lo que vivimos hace algunos días: fecha similar, el mismo calor, quizás una expectativa previa similar… pero ciertos elementos presagiaban que se trataría de una jornada distinta: un pequeño “detalle” como el telonero (sería inoficioso recordar en detalle el espectacular recital de Halford), y algo muy importante y que a la larga sería un elemento fundamental en la presentación de Maiden de este año: la espectacular escenografía. Al entrar al recinto (tras las interminables colas que dan material para hacer un review aparte), resultaban imponentes las dos torres que simulaban ser el enorme frontis de un castillo, custodiadas por la clásica figura que encarna a la muerte: un ser encapuchado con una guadaña de proporciones industriales; además, pudimos observar dos pantallas gigantes -gran idea- a cada lado del escenario. Todo ello sin considerar aún la multiplicidad de elementos escénicos (luces, telones, Eddies…) que aparecerían después.

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Tras una larga y calurosa espera, a las 8 en punto saldría a escena Witchblade. En realidad, considero que el tiempo en que la banda actuó, por varios factores, pudo haber sido utilizado de mejor forma. El primero estuvo dado por la paupérrima calidad del sonido (particularmente al inicio, donde parecía ser un playback sobre las pistas de bajo y batería); y lo segundo, y quizás lo más importante: considero que en estos momentos en Chile hay otras bandas con mayores merecimientos que Witchblade para tener la oportunidad de tocar en una instancia así. De hecho, su último disco es de hace 3 años. No es nada contra la banda ni mucho menos, pero creo que -aparte de los covers de Judas Priest que, con mucha tolerancia y apertura de mente, aprueban- lisa y llanamente no debió haber telonero o éste debió ser de un mayor nivel. Más allá de no prender demasiado (entendible, es una meta casi imposible para una banda que telonee a Maiden), la banda de Freddy Alexis mostró muy, muy poco. En lo que sí estuvo atinadísima la banda fue en homenajear a Alfonso “Poncho” Vergara, bajista y líder de Tumulto, recientemente fallecido tras librar una dura batalla contra un cáncer óseo.

Comenzaba a caer la noche y la espera por la doncella se hacía eterna. Hasta que a las 9.15 todo pareció comenzar: el público reaccionó alborozado ante los sones de lo que parecía ser el intro del show. Pero poco tardamos en darnos cuenta de que en realidad se trataba de un tema “envasado” (“Doctor Doctor”, de UFO, tema tocado por Maiden como bonus track de “The X Factor”). Tras la falsa alarma, el verdadero intro (estupendo) y la salida a escena de Nicko McBrain daban inicio al show. Cuatro golpes a los platillos y el resto de la banda salía a escena con el single de “Dance Of Death”, Wildest Dreams. Es cierto, el “I’m on my way” de las aproximadamente veinte mil gargantas asistentes no sonó tan fuerte y extásico como el “your time will come” de The Wicker Man de hace 3 años, pero a esas alturas poco importaba: Maiden estaba tocando en Chile con todo su escenario, dispuestos a brindarnos un show de calidad mundial. Además, los cambios de cámara de las pantallas gigantes (realmente notables) daban un plus al desempeño de la banda en escena.

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El clásico sonido del bajo de Harris daba comienzo a Wrathchild, el primero de los temas clásicos de la noche. A esas alturas ya podían sacarse algunas conclusiones: el show, si bien no sonaba perfecto, se escuchaba mucho mejor que en la misma parte del 2001. La banda cumplía muy profesionalmente aunque quizás con un pelito de poca movilidad en escena … a excepción de ese monstruo de las cuerdas vocales llamado Bruce Dickinson. Estamos hablando de una persona nacida en Agosto de 1958, es decir, de 45 años. ¡Cómo canta y cómo se mueve este tipo, por Dios! No es que sorprenda, sino que realmente maravilla y no cansa de impactar. Puede que haya vocalistas de un nivel -no registro -similar, como Halford, Dio, Geoff Tate, Michael Kiske… pero a mi juicio Dickinson es el mejor frontman de la historia del Heavy Metal. Su movilidad, su entrega, sus caracterizaciones (como posteriormente veremos)… en fin, un honor ver a Dickinson en Chile.

Quizás el primer momento realmente extásico vino con Can I Play With Madness?. El “play with madness” (el “Can I” lo cantó Dickinson solo) del público fue ensordecedor. Creo que, a pesar de la cierta reticencia que el escuchar este tema en vivo me provocó cuando vi el tracklist, fue a la larga una muy buena elección. Por lo demás, fue la instancia para que pudiésemos apreciar otro elemento notable en el show: los impresionantes telones. Para este corte se utilizó un telón con la imagen de Eddie que aparece en el single homónimo.

santgo5Estridentemente, Dickinson anunciaba al primer gran clásico de la noche, The Trooper, comenzando con sus notables performances casi actorales. Literalmente Bruce “tomó las banderas”, ondeando la “Union Jack” de la misma forma que el Eddie del telón, el cual había cambiado a la carátula del single de “The Trooper”. Sencillamente sobrecogedor e imponente. El público reaccionó enfervorizado ante el “o-oo-oo-oo-ooh”, demostrando que hay clásicos que jamás mueren y que hay temas que Maiden jamás podría dejar de tocar. Muy bien ubicado en el tracklist.

Bruce comenzó a contar a la gente que iban a tocar aproximadamente 40 minutos de su nuevo disco, y que esperaba que nos gustara. Y con ello se pasó, a mi juicio, a uno de los momentos más magistrales de la noche. Con Dance Of Death Bruce realmente se robó la película. Tras un intro que no aparece en el disco (un extracto de Hamlet… “There are more things in heaven and earth, Horatio…”), Dickinson se pondría una máscara y una capa para contar esta historia que “enfría los huesos”, como reza la letra. Más allá del solidísimo desempeño de la banda (a estas alturas ya casi una obviedad), Dickinson no fue un cantante de Heavy Metal: fue un cantante de ópera. Más allá de su siempre potente voz, que hace pensar que los años no pasan en él (¿no será una reencarnación de Dorian Gray?), Bruce jugó con su imagen de forma magistral, creando una atmósfera sencillamente notable, terminando con la capucha puesta, como la muerte. De lo mejor que he visto en mi vida.

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Tras la impresionante demostración músico-teatral de Dance Of Death, la banda continuaría con su nuevo material, presentando Rainmaker, su segundo single. En estos momentos del recital ya podíamos darnos cuenta que quizás la emoción y la adrenalina eran algo menores que en el recital del 2001, lo que sin dudas es comprensible debido a que su anterior visita implicaba la vuelta de Dickinson con Smith, y la primera presentación de la banda en Chile con “The Air Raid Siren” en las voces. Es cierto que el público no enganchó con ninguno de los temas nuevos de la misma forma que con los clásicos, pero ello sin dudas es el “costo” de haber tenido una trayectoria llena de temas que han hecho historia. Bien Rainmaker … pero con lo siguiente, Brave New World, la Pista Atlética casi se vino abajo. Quizás no sea el tema más ganchero de la última época de Maiden, pero el “a brave new world … in a brave new world” resultó francamente impactante. Las tres guitarras sonaron mucho más definidas que el 2001 y Dickinson seguía rompiéndola.

La segunda performance operática de Dickinson vendría con Paschendale. Tras un inicio con un intro especial (sonidos de guerra, especialmente) y un impresionante juego de luces, Bruce emerge en escena usando vestimentas militares (particulamente llamativo su casco) y mostrando un nivel sobrecogedor. Quizás se trate de uno de los temas de mayor intensidad de lo nuevo de Maiden, y esa intensidad se vio fielmente reflejada en escena.

santgo11Sorpresa causó en el público la inclusión en el tracklist de un corte de “The X-Factor”, Lord Of The Flies, además siendo tocada un tono más abajo. El tema transitaba no mucho más que correctamente por los bajos tonos de la voz (incluso los bajos de Dickinson son muy superiores a los de Blaze), hasta que se llegó al coro, donde Dickinson se encargó de pisotear en el suelo a Bayley, cantándolo una octava más arriba, lo que resultó fascinantemente sorprendente. Fue la mejor forma de expresar que él es y será LA voz de Maiden, haciendo sonar excelente a un tema mediocre de un disco que no es el mejor de Maiden.

Los cuatro cadenciosos baquetazos que dio Nicko parecieron dar inicio a Hallowed Be Thy Name, pero en realidad se trataba de otro corte de “Dance Of Death”, No More Lies. Era el sexto corte consecutivo post 1992, pero el público lo gozó. Quizás haya sido el tema en que más haya cuidado su voz Bruce (particularmente en el coro), pero sonó sólido y potente. Es increíble cómo se acoplan las tres guitarras de Maiden -en especial en los temas nuevos-, y quizás ello se deba a que los tres tienen personalidades muy dispares en escena y ello se trasunte en su forma de tocar: Smith es pulcro y cultiva casi un “bajo perfil”; Gers quizás sea el segundo frontman de la banda; y Murray encarna lo mejor de ambos.

Quizás si la primera gran, gran explosión de la noche vino, ahora sí, con Hallowed Be Thy Name. Ese estremecedor sonido de la campana hizo delirar al público, que cantó y gritó el principio de este clasicazo como si se fuese a acabar el mundo. Como es ya clásico (predecible, dirán algunos), en medio de este corte escuchamos los primeros “Screeeeeam for me Santiago”, ante un público totalmente entregado y que se reventó la garganta. Memorable el “yeeeah … hallowed be thy name” del final, con Dickinson haciendo gala de su suprahumana caja toráxica al mantener su último “uoooooh” por interminables segundos.

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El ambiente al fin estaba 100% prendido y qué mejor que continuarlo con el tema más coreado el 2001: Fear Of The Dark. Y esta ocasión no se le fue en zaga: la entrega del público chileno en los clásicos de Maiden es conmovedora, especialmente en este corte. ¿Qué más puede describirse? No se trata de un tema “ganchero”, tampoco tiene la estructura típica de un single… pero tiene matices, cambios de ritmo, un coro pegajoso, una letra interesante y, sobre todo, funciona demasiado bien en vivo. Diría que es de esos temas que suenan mejor en vivo que en estudio, no sólo por la respuesta del público, sino por la intensidad que se logra en escena, a mi juicio superior a la que se logró en el disco homónimo.

El show se acercaba, lamentable y peligrosamente, al final. Un vistazo al pasado con Iron Maiden marcaría el final de la primera parte del show, no sin antes ocurrir dos sucesos muy particulares. El primero, obviamente, la presencia de una impresionante figura de Eddie en el lugar de los telones. Maiden prometió traer a Sudamérica todo su show, y vaya que lo cumplieron… Eddie lograba incluso apuntar con su gigante dedo al público en la parte de la canción en que Bruce, cual Tío Sam, nos apunta y nos dice “I want you … and you … and you … Iron maiden wants all of you”. Y lo segundo fue un hecho casi anecdótico, mejor visto seguramente por quienes presenciamos el concierto en galería: el paso de una tremenda estrella fugaz, cuya estela verde transitó por algunos segundos por sobre el escenario. Algunos en aquel momento bromeamos y señalamos que estaba todo preparado y que era parte del show … ¡ni Kiss, ni los Rolling Stones, ni Michael Jackson, dentro de la parafernalia de sus shows, incluyen estrellas fugaces! Un momento anecdótico, curioso y a la larga preciso para terminar la primera parte del show, que realmente se pasó volando.

santgo2Tras una corta espera, sucedió algo que creo nunca antes en la carrera de Maiden había ocurrido: los tres guitarristas saldrían a escena a sentarse a tocar guitarra acústica. Bruce presentaría a los integrantes de la banda (Nicko fue el más ovacionado), lanzó un par de frases de buena crianza (“los mejores cantos de Sudamérica”; “mientras exista Iron Maiden, tocará acá en Chile”, etc.), y comenzó, en medio de un mar de encendedores, la magistral ejecución de Journeyman. Entrecerrando los ojos daba la impresión de ver velas flotando en el mar. Quizás Maiden esté en búsqueda de otros horizontes musicales, caminos algo diversos a los ’80, pero siempre con una calidad intachable. Así lo entendió el público, que agradeció esta entrega acústica con un gran aplauso.

No pasaron muchos segundos hasta que, mientras los roadies terminaban de retirar los instrumentos acústicos, el “Woe to you, O earth and sea…” de The Number Of The Beast causó el delirio generalizado. Poco puede decirse de este clásico de ya más de 20 años (casi 22 para ser exactos)… y nuevamente la presencia de Eddie causó éxtasis. Ahora se trataba de un Eddie de alrededor de 4 metros de altura, que se movió por todo el escenario y fue agarrado a guitarrazo limpio por el carismático Janick Gers. Para qué intentar calcular los decibeles del “six, six six, the number of the beast”, que seguramente fue captado hasta por el robot Spirit que hoy por hoy saca fotos en Marte.

santgo14El show terminaría con otro clásico de todos los tiempos, Run To The Hills, y a diferencia del show del 2001, esta vez nadie se retiró (para volver corriendo desesperadamente) antes de su ejecución. Con la majestuosidad del galope de este gran corte, el recital llegaba su fin, tras una intensa hora y cuarenta y cinco minutos. Los seis integrantes de la banda se reunirían a saludar al público, para posteriormente retirarse, en medio de la incredulidad del mismo, que pedía y pedía más, y que recién terminó por convencerse del final cuando por los parlantes comenzó a sonar “Always Look On The Bright Side Of Life”, tema de la película “La Vida de Brian”.

Es cierto, el show fue más corto respecto al del 2001 (el cual duró casi exactamente dos horas). Quizás la expectativa por ver a Maiden haya sido un poquito inferior a la de aquel año, por lo que a la larga el componente emotivo, sin dejar de ser importantísimo, no tuvo la relevancia preponderante que tuvo en el show de hace 3 años (lo cual -en gran parte- además se debió a que el sonido no fue de los mejores, por lo que la emotividad y la adrenalina vividas eran el gran argumento para sustentar que ese recital fue memorable). Pero este concierto, a la larga, fue otra cosa. No fue un revival del 2001 ni mucho menos. Tuvimos la fortuna de presenciar un show realmente notable, y lo mejor: más allá de la obvia emotividad. No sólo por la impresionante puesta en escena, el buen sonido (tampoco maravilloso, en todo caso), la teatralidad de Dickinson, la calidad de los temas, etc., sino por la madurez de la banda para ofrecernos otras cosas. Por saber mantener un inteligentísimo balance: no renegar de su pasado, pero no vivir exclusivamente de él. Por demostrarnos a todos que son una leyenda pero que no sólo viven de los réditos que aún generan sus años de gloria. La doncella está viva y sigue conquistándonos a todos, y mostrándonos que, más allá de las emociones (que a veces traicionan), su calidad no sólo está intacta, sino que crece día a día, disco a disco. Un placer y un honor, doncella.

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Setlist Iron Maiden:

01. Wildest Dreams
02. Wrathchild
03. Can I Play With Madness?
04. The Trooper
05. Dance of Death
06. Rainmaker
07. Brave New World
08. Paschendale
09. Lord of the Flies
10. No More Lies
11. Hallowed Be Thy Name
12. Fear of the Dark
13. Iron Maiden
Encore
14. Journeyman
15. The Number of the Beast
16. Run to the Hills

1 comentario
  1. bairot Dice:

    Como no olvidarlo si tenia 17 años y era la primera ves que
    Veia en vivo a la dama de hierro.q recuerdos

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