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Dos guitarras en armonía, batería rápida, voz aguda (ojalá con segundas voces también armónicas) y un bajo que no se limita sólo a marcar. ¡Cuántas bandas utilizan hoy en día este «modelo de negocio»! Pero a pesar de que hay muchas bandas anteriores cronológicamente, que adoptaron la estructura de las dos guitarras, si hay una banda que fundamenta la existencia de este webzine, esa banda es Helloween. Y por ello, es menester que, en nuestra vuelta al ruedo, revisemos su historia.

Todo parte en Alemania (particularmente la ciudad de Hamburgo) a finales de los años ’70 (específicamente en 1978), donde un par de quinceañeros formaron una banda llamada Gentry, que contaría con amigos como músicos invitados. Uno de esos colegiales era Piet Sielck, actualmente líder de Iron Savior (vocalista y guitarrista) e ingeniero de sonido de bandas como Grave Digger o Blind Guardian, entre otras. Y el otro «pingüino» es quizás uno de los más grandes motivo del nacimiento de la música que profesamos: un joven de cabello claro y ojos café, nacido el 17 de Enero de 1963, en Hamburgo, llamado Kai Michael Hansen. Este jovencillo comenzó a interesarse por la música aproximadamente a los diez años de edad, cuando intentaba tocar batería con unas cajas vacías. Como la idea de tener un constante sonido de cajas en la casa obviamente no agradaba en demasía a los padres de Kai, a los doce años, sin quererlo, la familia Hansen iniciaba los «cursos causales» para el nacimiento del Power Metal: Kaicito recibía una guitarra clásica de regalo, tras lo cual comenzó a tomar lecciones para aprender a ejecutar el instrumento, y un par de años más tarde formaría su primera banda, llamada Katherine Wheel, para lo cual adquirió su primera guitarra eléctrica: una sencilla Ibanez Les Paul blanca. Después de tocar aproximadamente un año con Katherine Wheel, llega 1978, año al que hacíamos referencia, produciéndose el segundo hecho fundamental para el nacimiento del Power Metal: Kai Hansen conoce a Piet Sielck, actual líder de Iron Savior.

helloween - 1983-1987Piet y Kai eran fans de bandas como Uriah Heep, Sex Pistols, Slade, Black Sabbath, UFO, AC/DC y Deep Purple, entre otras. El repertorio de Gentry, por lo tanto, se basaba en covers de las bandas mencionadas, además de un par temas propios. Kai compatibilizaba su emergente labor como músico con la de repartidor de diarios, con lo cual ganó algo de dinero, lo suficiente como para evolucionar desde su Ibanez Les Paul a una Fender Stratocaster, y para comprarse un amplificador Marshall. Y al parecer (como se vería a la larga) estos bisoños rockeros deseaban trascender en algo más que una banda de covers, por lo que intentaron profesionalizarse y prescindieron de los servicios de su primer baterista, llegando a estar alrededor de seis meses sin quien dominara las baquetas. Tras ello apareció un jovencito inexperto que quería tocar con ellos, y que en realidad no poseía demasiados conocimientos técnicos, pero su entusiasmo y su facilidad para aprender le permitirían llegar a formar parte de Gentry: tal muchacho era nada menos que Ingo Schwichtenberg, nacido el 18 de Mayo de 1965, quien a la larga terminaría sus días, como veremos, en forma más que trágica, antes de cumplir los treinta años. Y como a Piet y a Kai les resultaba algo incómodo intercambiarse el bajo y la guitarra tocata por medio, decidieron buscar un bajista, enrolando a un «chico» de aproximadamente 196 centímetros de altura y con cabello rizado: Markus Grosskopf, nacido el 21 de Septiembre de 1965 en Hamburgo. Así se compone, por tanto, la primera formación «oficial» de Gentry. A fines de 1978, la banda incluso llega a ganar un premio en un festival.

GENTRY CAMBIA DE NOMBRE

Dos años más tarde la banda se percata que su nombre no era demasiado «ganchero», decidiendo cambiarlo por el de Second Hell (nombre bajo el cual escribieron «Murderer» y algunas partes de lo que posteriormente se transformaría en «Heading For Tomorrow») y posteriormente por el de lron Fist, ya en 1982, con el que gestaron temas como «Metal Invaders», «Gorgar», «Metal Invaders», «Victim Of Fate» y «Priest Of Satan» (que a la postre se transformaría en «Save Us»).

A fines del mismo año se produce el primer gran «quiebre»: Piet decide dejar la banda en busca de otros horizontes y Kai se va a hacer el servicio militar, después de aprobar sus exámenes en el Goethe Gymnasium de Hamburgo. Y es, curiosamente, en una noche de franco, en medio de una fiesta, donde Kai Hansen conoce a la que, por muchos años, sería su «media naranja musical», un joven guitarrista que tocaba en una banda de medio tiempo llamada Powerfool: Michael Ingo Joachim Weikath, nacido el 7 de Agosto de 1962 en Hamburgo. Weiki intenta persuadir a Kai para unirse a Powerfool, pero la persuasión de Kai fue más fuerte y finalmente Weikath termina uniéndose a Markus y a Ingo. Después de un corto tiempo, Iron Fist pasaría a llamarse Helloween, con Kai en las voces y guitarras.

helloween_jericho_eraEn 1984, el cuarteto lleva a la compañía Noise Records un demo, que contenía los temas «Metal Invaders» (de Kai) y «Oernst Of Life» (de Weikath, que hace poco fue re-lanzado en un compilado llamado «12 Years In Noise»), que a la larga aparecerían en un compilado llamado «Death Metal» (junto a Hellhammer, Dark Avenger y nada menos que Running Wild).

La banda logra fichar con la prestigiosa compañía y al año siguiente se encontraba ya lanzando su primer trabajo oficial: un EP con cinco fantásticos temas («Starlight» -con su notable comienzo, que hace imaginar a un rockero despertando con una tremenda «caña», y para pasarla, nada mejor que abrir una buena cerveza…-, «Murderer», «Warrior», «Victim Of Fate» y «Cry For Freedom») titulado simplemente «Helloween«.

El año siguiente sería importantísimo: la banda lanzaría su primer LP. Con una introducción que ha pasado a convertirse en una especie de «grito de guerra» (aunque no es grito ni es de guerra) de la banda («el puente se va a caer, a caer, a caer» transformado en «happy happy Helloween, o-o-ooh«), comienza una de las piedras angulares de nuestra música, nada menos que «Walls Of Jericho«, disco indispensable en la colección de un metalero que se precie de tal.

A pesar de que en aquellos entonces Kai Hansen poseía una voz que dejaba bastante que desear, el disco cuenta con joyas del más alto nivel como, por nombrar algunas, la intensa «Ride The Sky«, el himno «Heavy Metal (Is the Law)» o la emotiva «How Many Tears«. Helloween inventaba un estilo: agregaba melodía al speed metal (casi cercano al thrash por momentos), creando los cimientos de algo que en aquellos tiempos intentó definirse como un «powerful speed melodic heavy metal», lo que comenzó a ser reconocido por los medios especializados europeos como Power Metal, un par de años antes de que en Estados Unidos el grupo Pantera lanzase un disco titulado homónimamente. Pero más allá de esta discusión doctrinaria, la importancia histórico-musical que tiene este disco eventualmente sólo puede ser superada, a ese respecto, por los dos posteriores.

kiske1Continuando con la historia, unos meses después, tras el lanzamiento del segundo EP de la banda, «Judas«, comienza a producirse una situación muy particular. Kai Hansen comenzaba a sufrir el stress de cantar y tocar guitarra (¡y en una banda como Helloween! No es tan sencillo como hacer dos acordes en una banda punk). Ante ello, Kai propone a la banda comenzar la búsqueda de un vocalista que se ajustase a los propósitos de la misma, y los ojos se pusieron en un «pendejo» de dieciocho años poseedor de un registro vocal que hasta el día de hoy lo convierte en uno de los más grandes vocalistas de la historia del Metal en general, que cantaba en una banda rockera llamada Ill Prophecy, junto a sus amigos Karsten Nagel (batería), Uli Schulz (guitarra), Reiko Ebel (guitarra) y Patrick Hampe (bajo): Michael Kiske, nacido el 24 de Enero de 1968, en Hamburgo.

En un principio, Kiske desecha la oferta de Kai Hansen de unirse a Helloween, por considerar que el estilo de la banda era demasiado rápido y que le costaría adaptar su voz, por lo que la banda apuntaría a contratar a otro vocalista -que cantaba en Tyran’ Pace-, Ralf Scheepers. Ralf desecha la oferta (a pesar de que acompañó a la banda en un show), por lo que volvieron a la carga por Kiske, consiguiendo ficharlo a principios de 1987 tras la insistencia de Michael Weikath.

En estos tiempos, Kai Hansen estudiaba Derecho en Hamburgo, pero comenzó a percatarse que su proyecto musical estaba yendo demasiado viento en popa, razón por la cual comenzó a no dar pruebas ni mucho menos asistir a clases, por lo que decidió sumergirse completamente en las templadas aguas del Metal, dejando los estudios del positivismo jurídico de Hans Kelsen y los textos legales absolutamente de lado. Comenzaría lo que a la larga sería, para muchos, la etapa más gloriosa de Helloween.

LOS GUARDIANES DE LA SIETE LLAVES

La banda pretendía, ya en 1987, lanzar con su nuevo vocalista un disco doble. pero Noise Records se negó, por lo que a la larga la banda lanzaría, en dos años consecutivos, dos de los más grandes trabajos de Heavy Metal de la historia. En 1987 Helloween lanza «Keeper Of The Seven Keys, Part I», disco que con apenas cuarenta minutos de duración ha pasado a constituir una piedra angular en el desarrollo del Heavy Metal. Si bien en «Walls Of Jericho» la banda había tenido un fenomenal debut, «Keeper I» marca el verdadero nacimiento del Power Metal, con la mezcla de elementos como las armonías de las guitarras de Judas Priest y Maiden, voces extremadamente melódicas, baterías con dobles bombos desenfrenados, mucha garra y hasta elementos de música clásica.

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Resulta inoficioso y hasta un poco hereje destacar temas de este trabajo, pero a grandes rasgos, cortes como las energéticas y poderosas «I’m Alive«, «Twilight Of The Gods«, la casi irónica felicidad extrema de un clásico de clásicos como «Future World» y la impresionante maestría épica de «Halloween» (con uno de los mejores -sino el mejor- dueto de guitarras de la historia), todos temas de autoría de Kai Hansen, pueden considerarse como lo más destacado dentro de un disco genial. El disco vendería 150.000 copias… ¡sólo en Inglaterra! Es decir, estamos ante un disco de proporciones históricas, que impulsaría a Helloween a la elite del Metal mundial, hecho que se vio recalcado con la aclamación de la crítica y de los mismos fans, puesto que además de tocar en muchos lugares de Europa, fueron invitados a Estados Unidos al MTV’s Headbanger’s Ball Tour, abriendo un show en el que además tocaron Armored Saint y Grim Reaper.

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Pero no contentos con esto, luego de la exitosa gira de «Keeper I», las calabazas lanzarían uno de los más grandes discos de la historia del metal. La segunda parte de la saga, «Keeper Of The Seven Keys, Part II» es sin duda el trabajo que terminó de catapultar al quinteto germano al olimpo. Se ha sindicado a este trabajo como el que terminó de crear el estilo conocido como Power Metal, al que ya hemos hecho referencia en reiteradas oportunidades en esta historia. Nuevamente caemos en la herejía de mencionar algunos temas (sabemos que es extremadamente injusto con los temas no nombrados, todos de una calidad excepcional): la indescriptible «Eagle Fly Free» (el más grande himno Power Metal de la historia), las gancherísimas «Dr. Stein«, «I Want Out» y «Rise And Fall» (las letras son un prototipo del humor alemán) y «Halloween II», «Keeper Of The Seven Keys«, que cierra de manera perfecta un disco insuperable, que ha traspasado generaciones. Gracias a este trabajo, la banda consigue no sólo ratificar sino que incrementar de forma notoria el éxito alcanzado con «Keeper I», siendo incluso invitados a tocar en el mítico Festival de Donington, Gran Bretaña, junto a bandas como Iron Maiden, Megadeth, Skid Row y Kiss, entre otras.

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Durante el tour «Pumpkins Fly Free» (que los lleva a Estados Unidos, Europa y Japón), la banda graba en Escocia uno de los más notables álbumes en vivo de la historia (es cierto, hemos repetido muchas veces la palabra «historia», pero el caso sin dudas lo amerita), el cual sería editado en 1989 con tres nombres distintos: «Live In The U.K.» en Europa, «Keepers Live» en Japón y «I Want Out Live» en Estados Unidos (este último viene con sólo seis temas, no se incluye «Rise And Fall»). Pero antes de la salida de este disco en vivo, la banda sufría un severo cambio.

BYE BYE KAI

Como señalamos anteriormente, tras el Keeper II, comenzaron a notarse ciertos quiebres al interior de Helloween. Kai Hansen sólo compuso tres temas de este maravilloso trabajo («Save Us» -que, recordemos, viene de los tiempos de Iron Fist-, «March Of Time» y «I Want Out», tema muy emblemático del momento que vivía Hansen), en comparación a que «Keeper I» fue prácticamente compuesto por él en su totalidad. Si bien los tres temas son increíbles, es más bien «poco» para lo que Kai nos estaba acostumbrando.

Ello era un revelador síntoma de las tensiones que comenzaron a vivirse en la banda, tanto por factores netamente relativos a relaciones interpersonales (lo que ha sido una constante en la historia de Helloween, quizás Hansen haya intuído eso), como por problemas con el management de la banda. Ello traería como consecuencia un creciente stress de Hansen, el que desembocaría en una «fatiga por las largas giras». El último show de Kai en Helloween sería en Birmingham, Inglaterra, el 8 de Noviembre de 1988.

A principios de 1989, Kai Michael Hansen anuncia su desvinculación de Helloween, en el momento más glorioso de la banda, lo cual causó una tremenda conmoción en el medio. Según Hansen, venía analizando la posibilidad de dejar la banda desde Julio de 1998 y que no lo había hecho, en gran parte, por pedido de sus compañeros, pero que debido al desgaste que todo lo anterior le estaba provocando, consideró que era el momento exacto para abandonar la bandaEn aquellos tiempos se señaló que la separación se había producido en términos amistosos, tanto así que el mismo Hansen ayudó a buscar a su reemplazante, el que resultaría ser el mecánico de autos y guitarrista de Rampage hasta 1982 Roland Grapow, nacido el 30 de Agosto de 1959, en Hamburgo. Viejo amigo de la banda, se enteró de la vacante en un aviso de una revista.

Algunos meses después de la partida de Kai, quien formaría Gamma Ray junto a Ralf Scheepers, se lanza el disco en vivo al que hacíamos referencia, conocido mayoritariamente en Sudamérica como «Live In The U.K.«, una brillante performance en vivo, cuyos siete temas dejan con un enorme gusto a poco debido a su enorme calidad.

BURBUJAS ROSADAS Y CAMALEONES

Más allá de la partida de Kai Hansen, la banda sufría conflictos de otro tipo. Un serio inconveniente con Noise Records tuvo a la banda prácticamente inactiva hasta principios de 1991, lanzando sólo material compilatorio como «Pumpkin Tracks» o «The Best, The Rest, The Rare» (material en el cual, sin embargo, aparecen algunos temas inéditos y un par de versiones antiguas cantadas por Kiske), con lo cual los rumores de separación se acrecentaron. Pero en el citado año 1991 la banda finalmente firma con EMI Records, y lanza su cuarto disco en estudio. «Pink Bubbles Go Ape«, el muy esperado disco post-keepers, no tuvo la repercusión esperada ni por los fans ni por la crítica especializada, pues el estilo de Helloween se encausaba hacia un camino algo menos metalero, y bastante más hard rockero y lúdico en cuanto a las letras. De todas maneras, «Pink Bubbles Go Ape», a pesar de ser un trabajo considerado mayoritariamente como irregular, posee una buena cantidad de temas a la altura de una banda como Helloween, como «Someone’s Crying«, «Mankind» o «The Chance«.

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Las tensiones al interior de Helloween fueron creciendo con los malos resultados de ventas de «Pink Bubbles». Además, Ingo Schwichtenberg comenzó a empeorar en su estado de salud, sufriendo un paulatino agravamiento de su hereditaria esquizofrenia debido al consumo de cocaína y otras drogas. Y además, las diferencias musicales entre las dos opiniones más fuertes en la banda, la de Kiske y la de Weikath, comenzaron a pesar, y mucho. En este contexto, Helloween lanza en 1993 «Chameleon«, su quinto disco en estudio, un trabajo totalmente diferente a lo que habíamos escuchado anteriormente de los germanos, alejándose a pasos agigantados del metal más puro y experimentando con sonidos más cercanos, por momentos, al pop, incluyendo temas como «First Time«, «Step Out Of Hell«, «Giants«, quizás las más rockeras, y -tratando de no ser peyorativos, pues no son temas derechamente malos- baladas de parroquia como «I Don’t Wanna Cry No More» o «Longing«, entre otros.

SE ACABA EL EXPERIMENTO, VUELVE EL METAL

Luego de «Chamaleon«, las diferencias musicales con Weikath llevaron a Michael Kiske a abandonar la banda, generando una «viudez» en algunos fans que incluso llega hasta el día de hoy. Viudez en cierto modo comprensible, pues sin duda se trata de una de las mejores voces de todos los tiempos, que posteriormente se dedicaría a proyectos solistas cada vez más alejados del metal, como SupaRed o Place Vendome, teniendo pequeñas incursiones metaleras, destacando lo realizado como Lugaid Vandroiy en Avantasia. Además, la salud de Ingo Schwichtenberg empeoraba, llegando al punto de sufrir una incontrolable crisis de llanto tras un recital en Japón, siendo reemplazado en el final de la gira por un batero llamado Riad «Richie» Abdel Nabi. Tras esto, se decide que Ingo abandonase la banda para tratar su enfermedad médicamente y desintoxicarse.

andi_deris1Tras la partida de Ingo y Michael Kiske, la banda encontró rápidamente sus reemplazantes. Andreas «Andi» Deris, nacido el 18 de Agosto de 1964 en Karlsruhe, Alemania, ex vocalista de Pink Cream 69, tendría la titánica -hasta el día de hoy- labor de reemplazar en las voces de Helloween a Michael Kiske. A los 15 años Andi se desempeñó en su primera banda, llamada «Paranoid», que un par de años después modificó su nombre a «Nameless». Junto a su amigo baterista Ralph Maison, formó un par de años después una banda llamada «Kymera», la cual fue abandonada poco tiempo después por Maison, siendo éste reemplazado por Kosta Zafiriou, con quien en 1987 se une a Pink Cream 69, banda con la que ganó en 1998 el premio «Metal Hammer newcomer» in Ludwigsburg, Alemania, y llegó a grabar tres discos: «Pink Cream 69», «One Size Fits All» y el excelente «Games People Play» en 1993.

La vacante dejada por Ingo en la batería, que recordemos fue tomada interinamente por Richie Abdel Nabi -quien no era lo que la banda estaba buscando-, sería finalmente llenada por Ulrich «Uli»Kusch, nacido el 11 de Marzo de 1967 en Aachen, Alemania, batero de dilatada trayectoria, quien vivió durante muchos años en Bélgica, y en cuya carrera destacan dos hitos fundamentales: el primero, el haber tocado en una estupenda banda thrash de los ’80 llamada Holy Moses (donde canta una buenamoza señorita llamada Sabina Classen, cuya voz no tiene nada que envidiar a Tom Araya o a Mille Petrozza); y el segundo, haberse desempeñado nada menos que en Gamma Ray, junto a Kai Hansen.

Con la nueva formación ya consolidada, la banda lanza su sexto disco de su trayectoria, un trabajo que resultaría crucial para determinar la ruta de navegación de la misma. La expectación era bastante grande: o se seguía y profundizaba en el estilo insinuado en «Pink Bubbles» y consolidado en «Chameleon», o se volvía a las raíces, más metaleras. Y la respuesta que entregó Helloween en 1994 con «Master Of The Rings» fue bastante contundente. Un trabajo que sin lugar a dudas posee una enorme importancia, con un esclarecedor mensaje a quienes pensaban que Helloween estaba muerto: la banda volvía a hacer metal, y del bueno, en un trabajo en el que destacan «Where The Rain Grows«, la simpática «Perfect Gentleman» o la declarativa de principios «Still We Go» («on the metal highway…«), entre otras. Punto aparte es el aporte compositivo de Andi Deris y en menor medida de Uli Kusch, aporte sin el cual, probablemente, Helloween no hubese resurgido de esta manera, marcando incluso la vuelta de la banda al mercado estadounidense y obteniendo excelentes resultados en Japón.

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TRAS EL PUNTO NEGRO, MIRANDO AL FUTURO

1995 fue un año durísimo para Helloween. A los 29 años de edad, tras sufrir los últimos años de su vida de una esquizofrenia de carácter hereditario, agravada por el consumo de drogas, y tras la repentina muerte de su padre, el 8 de Marzo de 1995, Ingo Schwichtenberg decide terminar con su vida, lanzándose a la línea férrea en Hamburgo, cerca de la estación de metro de Friedrichsberg, usando una polera de Helloween. El golpe para la banda, como es obvio, fue devastador, y toda la comunidad metalera europea reaccionó con desazón ante la partida al más allá de este talentoso batero, que lamentablemente no pudo vencer sus problemas crónicos y su lamentable adicción a drogas como la cocaína y el hachís. A la derecha, se ve la lápida de Ingo.

palkerPero el show debía continuar. Helloween lanza en 1996, como homenaje a Ingo (mientras Gamma Ray lo homenajeaba por medio del excelente tema «After Life» y Michael Kiske a través de la hermosa balada «Always»), su séptima placa en estudio, titulada «The Time Of The Oath«, sin dudas uno de los mejores trabajos de la banda a lo largo de su carrera. Un disco bien concebido, de principio a fin, mostrando una notable gama de recursos musicales y manteniendo la línea de vuelta al metal iniciada por su anterior placa, destacando temas como el clásico «Power» (¿dedicada a Kai Hansen?), las muy power «We Burn«, «Kings Will Be Kings» y «Before The War» y la sólida «The Time Of The Oath«. La excelente recepción de este trabajo llevó a la banda a lanzar su segundo disco en vivo, esta vez doble, para no dejar a nadie con gusto a poco, llamado «High Live«, grabado en Girona y Pamplona, España, y Milán, Italia.

A fines de 1997, la banda entraba a estudios para lanzar, en 1998 su octava placa en vivo, llamada «Better Than Raw«, disco que muestra en su portada un dibujo de una estupenda brujilla haciendo una pócima quizás con qué fines. En este trabajo, Helloween comienza a experimentar con sonidos algo más oscuros y ciertamente más densos, por momentos, sin perder su espíritu power, como se ve en temas como «Push«, la enorme «Revelation«, el single «I Can«, la muy power «Falling Higher» («metal will never die…«) y la pintoresca «Lavdate Dominum«, cantada enteramente en latín e inspirada en un salmo (de hecho, el título significa algo así como «que te alaben, señor»). Como anécdota, podemos recordar que «I Can» fue votada en la extinta Radio Concierto como «la canción del Mundial» para Chile, que en aquellos entonces participó en el Mundial de Fútbol de Francia ’98, situación que causó hilaridad y alegría en Markus Grosskopf al enterarse de la noticia.

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Tras el lanzamiento de este trabajo, tuvimos la oportunidad de ver, por primera vez en Chile a una banda de Power Metal. Y esa banda tenía que ser Helloween. Así, en el contexto de un Monsters Of Rock que incluía nada menos que a Iron Maiden (performance que se caería días antes debido a la recomendación del gobierno inglés a sus connacionales de no tocar en Chile debido a coyunturas políticas de aquellos entonces, siendo reemplazados por Anthrax) y a Slayer, el 10 de Diciembre de 1998 Helloween se presentó en Chile por primera vez, en el Velódromo del Estadio Nacional, en una performance bastante corta -menos de una hora- y que contó con un sonido memorablemente precario, a pesar de lo cual quienes tuvimos la posibilidad de asistir, vibramos con la emoción de ver por vez primera a Helloween en nuestro terruño.

Ya en 1999, quizás debido a compromisos comerciales, tras lanzar un álbum doble en versiones karaoke de sus grandes éxitos, Helloween graba un disco de covers, llamado «Metal Jukebox«, en el cual homenajea a artistas tan diversos como Los Beatles, Abba, Faith No More, Jethro Tull, Scorpions, Focus y Cream, entre otros.

Después de este trabajo, el 30 de Octubre de 2000 Helloween lanza su noveno álbum de estudio, «The Dark Ride«, ya habiendo firmado para Nuclear Blast. Siguiendo sugerencias principalmente del management, la banda comienza a concebir este trabajo, bajo la producción de Roy Z y Charlie Bauerfeind, desarrollando un material bastante más oscuro que sus predecesores, con afinaciones más graves y con temas más densos, como «Escalation 666» o «Mirror Mirror«, y otros algo más «Helloween», como la excelente «The Dark Ride» o «Salvation«, entre otras. Pero como veremos, este cambio de giro no generaba unanimidad dentro de la banda, más aun considerando que este trabajo era, hasta esa fecha, el peor vendido de Helloween desde «Chameleon».

EL ÚLTIMO GRAN QUIEBRE…

Michael Weikath era totalmente contrario a este giro que estaba tomando la banda. Por otra parte, Roland Grapow y Uli Kusch estaban conformes con lo que se estaba haciendo, pues se condecía con la dirección musical que deseaban para Helloween. Esta situación interna llegó a tal punto que incluso Weikath ofreció dejar la banda para comenzar una nueva, encontrándose con la negativa de Grosskopf y Deris, señalando que Helloween no sería lo mismo sin él. El «efecto Y2K» golpeaba duramente a Helloween.

En medio de esta tensión, la banda visitó Chile por segunda vez, esta vez para llevar a cabo un concierto propiamente tal, en el Estadio Chile. En esta oportunidad, en la que aproximadamente asistieron 2.500 a 3.000 personas, quienes asistimos no podemos evitar recordar el apocalípticamente pésimo sonido que lamentablemente tuvo ese show. A pesar de que la banda presentó un interesante tracklist e hizo vibrar a los asistentes, hubo momentos en los que no se entendía absolutamente nada. Y además, la tensión era palpable en el escenario. Dicho y hecho. Terminado el tour, se anunció la partida de Grapow y Kusch de Helloween, quienes posteriormente formarían Masterplan.

Sascha_1La tarea de encontrar reemplazantes se tornó titánica. En primer término, Weikath apuntó a su amigo Henjo Richter, guitarrista de Gamma Ray, para tomar la plaza de Grapow en las guitarras, en lo que habría sido una bombástica transferencia. Pero tras la amistosa negativa de Richter, y siguiendo los consejos de Charlie Bauerfeind, reclutó, tras un par de ensayos en los estudios de Andi Deris, llamados «Mi Sueno», ubicados en Tenerife, al ex Freedom Call Sascha Gerstner, quien además por hobby se ha desempeñado como… modelo. Más allá de este pintoresco detalle, Sascha prometía llenar la plaza dejada por Grapow de buena manera, pues aparte de ser un sólido primer guitarrista, es un compositor más que respetable, y coadyuvaría a hacer retornar a Helloween a un estilo quizás menos oscuro.

Pero la búsqueda del baterista tuvo sus aristas complejas. En primer término, se selló la incorporación del británico Mark Cross -que cronológicamente fue anterior a la confirmación de Sascha como el nuevo guitarrista-, pero poco tiempo después, cuando comenzaban las grabaciones de lo que sería el décimo álbum en estudio de Helloween, a principios de 2003, a Cross se le diagnosticó una mononucleosis, enfermedad que afecta a todos los órganos y que impide realizar labores que exijan algún tipo de esfuerzo físico, y cuya recuperación es de larga data. Ergo, Cross no pudo seguir en las grabaciones, para las cuales se reclutó de urgencia al mítico Mikkey Dee (Motörhead, ex King Diamond) para completarlas. Las grabaciones para este trabajo continuaron con Mikkey, pero se informó a la banda que la recuperación de Mark Cross sería más larga de lo previsto, por lo que se vieron forzados -presionados por el management-a buscar un nuevo baterista,que grabase algunos temas para Lados B, por lo que se invitó a Stefan Schwartzmann (ex Accept y UDO), quien aceptó gustoso unirse a Helloween.

Así, tras estos avatares, sacar este disco fue como sacar un conejo de un sombrero. Y dicha analogía se vio reflejada en el título del décimo disco de Helloween, llamado «Rabbit Don’t Come Easy«, lanzado en Mayo de 2003. En esta placa, Helloween vuelve a un sonido más inspirado en los tiempos de los Keepers, menos denso, más digerible y ciertamente menos oscuro -notándose el cambio con Sascha Gerstner especto a Roland Grapow-, con temas muy «happy happy Helloween» como «Just A Little Sign«, «Open Your Life«, la excelente «Do You Feel Good» o la muy Motörhead «Liar«, entre otros cortes. Tras el lanzamiento de «Rabbit…», Helloween se embarcó en un tour mundial, que originalmente los traía a Chile, pero el concierto lamentablemente debió ser cancelado, perdiendo la oportunidad de ver a Helloween con uno de sus mejores setlist de todos los tiempos, pues en esa gira fundamentalmente se dedicaron a rememorar temas de sus épocas más pretéritas.

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Ya en Octubre de 2004, la banda comienza la preproducción de su décimoprimer disco en estudio. Pocos meses después, Stefan Schwarzmann decide abandonar la banda, fundamentalmente debido a que, si bien las cosas iban extremadamente bien en la parte humana, no compartía con resto de la banda la misma visión musical. Stefan decidió ayudar a la banda hasta que se encontrase un reemplazante, el que finalmente se halló en Febrero de 2005 en Daniel «Dani» Löble, respetadísimo baterista nacido en Zürich, Suiza, el 22 de Febrero de 1973, y que se desempeñaba en Rawhead Rexx, y que incluye en su currículum haber tocado junto a Blaze Bayley, entre otros connotados músicos.

EL PRESENTE

Ya con Dani Löble asentado como baterista, Helloween anunciaría el lanzamiento de su décimoprimer disco en estudio. Se confirmaban los rumores que indicaban que se haría referencia directa a los legendarios «Keeper»: tras el lanzamiento el single «Mrs. God» el 4 de Julio de 2005 en Asia, el 31 de Octubre de 2005 se lanza a nivel mundial «Keeper Of The Seven Keys – The Legacy«, como un disco doble con casi 80 minutos de nuevos temas, entre los cuales se incluyen la épica «King For a Thousand Years«, la happy/melancólica «Silent Rain«, la experimental «Occasion Avenue» y la notable «Invisible Man«, por nombrar sólo algunos.

Y este último trabajo trajo a Helloween a Chile, el 4 de Abril del presente año, en un Teatro Caupolicán que pudo y debió haber tenido un marco de público acorde al espectáculo que, ¡por fin!, nos mostró a Helloween en toda su expresión. Un show realmente sólido en todas sus líneas, emocionante, entretenido y por momentos sobrecogedor, con una banda que al fin pudo desplegar en Chile todo su potencial, saldando una deuda que sin duda poseían con el público nacional.

¿Qué más puede decirse de Helloween? Es poco más lo que puede agregarse a lo ya dicho, una banda que ha marcado una escuela, un estilo, un camino, un referente a seguir. Es de esperar que la calabaza continúe con su avasalladora carrera, y que siga transitando por la carretera del metal hasta el fin de los tiempos. Al menos, lo hecho ya en el pasado, los ha hecho inmortales.

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Formación de Helloween:

Andi Deris – Voces
Sascha Gerstner – Guitarras
Michael Weikath – Guitarras
Markus Grosskopf – Bajo
Dani Löble – Batería