Que se trata de una de las bandas más longevas del panorama germano aún en actividad y, que durante los últimos quince años (con altos y bajos) se las han ingeniado para sobrevivir con una fórmula que, si bien muchas veces predecible y hasta algo gastada, sigue siendo igualmente de efectiva que antaño, todo eso puede ser atribuible a estos clásicos caballeros de Grave Digger, que con una no menor despreciable discografía como carta de presentación y a tan solo dos años de haber editado Clash of the Gods, el cual cosechó comentarios de lo más auspiciosos, han retornado con nada menos que el álbum número dieciséis en toda su historia, algo que me imagino no cualquiera puede exhibir con orgullo, más aún en estos más de treinta años de carrera en que su líder y mentor Chris Boltendahl, algo de responsabilidad ha tenido al tratar de mantener el nombre de la banda, siempre ahí en los oídos de los heavy maniacs.

No es misterio para ninguno de sus fanáticos el que Grave Digger no necesite probar nuevos esquemas ni escalas imposibles de aterrizar, si cuando cada vez que se cuelgan las hachas y ponen pedal al metal siempre terminan en una música del todo dura, agresiva y con toda la contundencia que los sonidos tradicionales exigen. Simplemente esa ha sido la fórmula a través de la cual estos alemanes han ido posicionándose en todos estos años, por lo que venir a esta altura del partido a realizar algo que no sea heavy sería tanto como traicionar sus propios principios y convicciones, a lo cual no creo que Boltendahl y compañía estén dispuestos a renunciar.

Claro que no, y justamente una producción como este Return of the Reaper es una mirada retrospectiva en cierto modo a todo lo que conocimos de ellos con sus discos noventeros como The Reaper (1993), Heart of Darkness (1995) o Tunes of War (1996), aunque tampoco sin olvidarse de lo bien que lo han hecho en sus más recientes Ballads of a Hangman (2009) o Clash of the Gods (2012), con lo cual quiero solamente refrendar el hecho que Grave Digger, hoy por hoy, sigue siendo una de las bandas más leales, tanto con sus fans como con ellos mismos, sin perder ni un ápice de actitud ni mucho menos de feeling, logrando otro discazo tan potente como recio, y que probablemente esté dentro de los mejores que este año hayan salido desde tierras europeas.

Tras esa macabra y mortífera intro Return of the Reaper, que ambienta por supuesto la propia portada que magníficamente ha ilustrado una vez más el húngaro Gyula Havancsák (tal como lo ha venido haciendo desde The Last Supper, del 2004 en adelante), asoman en el horizonte dos tracks que de inmediato permiten sacarse el sombrero ante el ingenio de los Grave Digger.  Por una parte, Hell Funeral, con una entrada triunfal (me recuerda hasta cierto punto los Mercyful Fate de Into the Unknown) y por cierto  marcada por el doble bombo machacante de Stefan Arnold y era que no, la voz oscura y rasposa de Chris en primer plano, en uno de aquellos “opener” clásicos de la banda, poderoso con mayúsculas, de grandes coros marciales y solos breves pero muy incendiarios, al cual sigue otro tema que se cabecea de principio a fin como es Wargod, el cual es todo un auténtico ejercicio del mejor power metal teutón, con rítmicas trepidantes y de mucho vértigo, con unos estribillos que se marcan a fuego casi al instante de ser ejecutados, además de esos altisonantes coros que prenden todo a su alrededor.

Tattoed Rider es un uptempo de guitarras bien pronunciadas, con unos riffs de tintes hard metálicos, que tienen toda esa onda que destilaban aquellos viejos colegas de esta gente (muchos de ellos ya retirados de las pistas) como fueron en algún momento Gravestone, Veto o Noisehunter, con ese tipo de riffs inspirados en el glam metal gringo, pero a lo cual se le añadía algo más de velocidad y metal, resultando en este caso en un tema de mucha onda.

Lo que sigue es Resurrection Day, con un Chris cantando algo más aguerrido y pausado en un tema que alterna partes rockeras con unos coros absolutamente power thrasheros, destacando por cierto el prendido solo de Axel “Ironfinger” Ritt, que casi sin quererlo es uno de los grandes obsequios que nos deja este corte. Season of the Witch es un corte algo más pausado, marcado igualmente por una batería y riffs de peso aplastante y una melodía central mucho más oscura y profunda que si bien hace retroceder algunos metros en cuanto a velocidad no lo hace en cuanto a actitud, la cual sigue tan o más letal que desde el arranque.

Con toda seguridad Road Rage Killer es uno de aquellos tracks que ningún conocedor de la discografía de los Digger debiera pasar por alto sin sentirse mínimamente conmovido con la inspiración que han logrado al componer esta pieza, simplemente una muestra fatal que representa en plenitud lo que el buen power metal teutón siempre nos ha otorgado, un tema rápido con un juego de armonías movedizo y con mucho dinamismo, que sumado a la “grooviera” labor del batero Arnold, terminas por disfrutar de lo que, al menos en lo personal, he de considerar como el gran tema de esta placa.

Con un track list que en general es capaz de desatar distintas intensidades y exprimir al máximo la potencia y experiencia de estos músicos, este trabajo es de aquellos que disfrutarás por largo tiempo, en donde además de los nombrados, te permitirá tener el colosal uptempo Grave Desecrator, el speedico Satan’s Host (con una entrada de bajo magistral por parte del buen Chris) o ese rockero Día de los Muertos, con un Boltendahl que es capaz de ir alternando en los coros su mejor inglés, con un español que luce sin mayor problemas en una melodía que guarda ciertos guiños con los más recientes Accept.

Si después de tantos años siguen machacando con producciones de este nivel, no se debe a la mera insistencia ni mucho menos a la casualidad, simplemente se siente el espíritu del real heavy metal tomando posesión de estos Grave Digger, a quienes desde ya esperamos que puedan venir a mostrar sus gracias por este lado del mundo.

 

2 comentarios
  1. Chronologo Dice:

    Veremos que tal porque escuche el single Hell Funeral y el solo fue malisimo. Espero que Ritt le haya puesto pino, sus solos nunca me han cautivado como los de Manny o Uwe, pero sus riffs si suenan poderosos.

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