Europe es una de las bandas más subvaloradas en la historia del Rock. Que quede claro desde ya. Muy injustamente, algunos insisten en catalogarla como una agrupación de tan solo uno o dos éxitos conocidos con los que han logrado sobrevivir todo este tiempo (entiéndase The Final Countdown y Carrie). Y bien esto puede ser cierto, ya que la mayoría de la masa auditiva no está en conocimiento de la larga trayectoria de los suecos y mucho menos de la calidad superlativa de sus últimos trabajos. Porque “Last Look at Eden” (2009) y el más reciente “Walk The Earth” (2017) -sólo por nombrar un par- son una oda al Heavy Metal y al Hard Rock hecho y derecho. Pero más importante aún, son una oda a la reinvención y la vigencia tras más de treinta años de carrera. Pues bien, con esto último -y volviendo unas líneas atrás-, muchas veces uno se cuestiona cómo es que Europe no tiene el sitial que se merece dentro de la escena mundial o cómo es que hay algunos que insisten en pasarlos por alto con cada nuevo trabajo que van publicando.

Ahora, para suerte de los entendidos, dentro de la última década se han hecho habituales por estas tierras y han arrasado con todo a su paso con cada presentación en el Teatro Caupolicán. Y esta vez no tendría porqué ser distinto, ya que tras su show en el festival viñamarino, nuevamente demostraron toda la calidad y la prestancia que poseen. Un show sólido en todos los frentes que sirvió para demostrar la “buena salud” y la energía que poseen. Pero vamos a lo que nos convoca. Parecía casi lógica la confirmación de este sideshow donde la banda podría tocar un setlist más extenso y realizar un concierto más “íntimo” en el lejano Casino Monticello. De esta forma, una vez ingresado al recinto, rápidamente llegó una sensación de satisfacción al ver numerosas poleras negras rondando los pasillos y los stands que circundan el Gran Arena Monticello, ya que es un recinto nuevo para esta música que tanto amamos.

Apenas unos minutos antes de la hora pactada, y con la carátula del último LP de fondo en las pantallas, el puntapié inicial no podía ser otra que la notable Walk the Earth, canción que demostró todo el poderío de los suecos en base a un ritmo lento, pero que con cada pegada de Ian Haugland parecía que el techo se iba a venir abajo. Por su parte, el maestro de ceremonias mantuvo una postura más bien sobria cantando cada frase con una prestancia y un dominio escénico como pocos. Desde luego que el “Yeah, we walk the earth/ Like champions / With heart and soul / Like champions” se escuchó en lo alto, logrando que los más entusiastas acompañaran al frontman en el estribillo. Eso sí, el momento que se llevó todos los aplausos fue cuando Joey lanzó un enérgico “Come on Johnny!” justo antes del solo de guitarra. Y como era de esperarse, John Norum simplemente dio cátedra en sus funciones. ¡Excelente comienzo!

Debo admitir que mi favorita de “Walk the Earth” por lejos es The Siege. Básicamente porque es de esos tracks que van directo al hueso, sin grandes pretensiones, melódicos y por sobre todo, tiene una letra a prueba de balas que te queda dando vueltas en la cabeza de inmediato. ¡Qué manera de cantarlo! Joey dejó la vida en el “We can’t let go of this rage and rule / For another day we can take no fools / From this siege our hope has sprung / The revolution has to be won!“. Y ojo, que esto solamente sirvió como preámbulo para uno de los clímax de la noche, ya que tras el cordial “¡Buenas noches Monticello!” vendría la primera revisión a “The Final Countdown” (1986). Hablamos de la incombustible Rock the Night, donde podemos afirmar que ya estamos en territorio conocido. Vale decir, aplausos al ritmo de la batería, sing-along por doquier, el vocalista animando a los presentes y el “Rock now, rock the night / ‘Til early in the morning light / Rock now, rock the night / Rock now, rock the night / You’d better believe it’s right / Rock now, rock the night” resonando en cada rincón. Pedazo de clásico y un temazo por donde se le mire.

De vuelta a las composiciones de la nueva era, a todas luces una de las más sobresalientes es Last Look At Eden, donde Mic Michaeli logró recrear la atmósfera y la “orquestación” del track a la perfección. En tanto, Ian y John Levén hicieron lo propio con la base rítmica predominante en las canciones del nuevo milenio. Y es que hablamos de un verdadero cañonazo, de esos que desatan un headbanging generalizado y que luego te hacen levantar el puño para cantar a todo pulmón. Solo basta recordar el “One last look at Eden / Just stop believing and walk away…” para saber que lo que decimos es cierto.

Se ven bien” fue lo primero que dijo Joey una vez que quedó solo en escena. Aprovechó la instancia para dirigir unas pequeñas palabras a la audiencia y para preguntar cuántos habían visto el show de anoche en el Festival de Viña. Por supuesto que todos respondieron afirmativamente. Tras cartón nos da las gracias por “viajar al Monticello” y sobre la misma nos adelanta que tocarán dos piezas pertenecientes al “Walk the Earth“: GTO y Turn to Dust. La primera si bien sonó tan “callejera” y vertiginosa como en su versión en estudio, lamentablemente fue empañada por un problema de sonido bastante poco habitual. De pronto la amplificación dejó de funcionar en medio del solo de guitarra de John, dejando así a la banda sonando con su backline sobre el escenario. Por suerte los músicos no se vieron afectados por esto, ya que a juzgar por la actitud y por sus movimientos en el plató, ellos jamás no se dieron cuenta del percance y siguieron con la parte instrumental como si nada. Nosotros en tanto, no dudamos en manifestar nuestro malestar por la situación de forma inmediata. Una lástima la verdad. Pero bueno, al menos Turn to Dust puso las cosas en su lugar y pudimos disfrutar de ese outro épico, que contó además con la participación del frontman junto a un pandero para marcar el tiempo.

En contraste a la dupla anterior, llegarían dos clásicos de proporciones. Supertitious fue introducida entre risas luego de que Joey exclamara “Oh right!…la raja“. Así, el “Keep on walkin’ that road and I’ll follow / Keep on callin’ my name, I’ll be there…” no se hizo esperar, destacando también el trabajo de las segundas voces en el estribillo. Por supuesto que hablamos de una de las más queridas de la fanaticada, pero en esta ocasión queremos destacar el hecho de que el cantante se notó bastante más movedizo e inquieto. Tanto así que bajó cuidadosamente a la barricada para saludar a los más próximos a la reja. Un crack de clase mundial. Y esto solo fue en aumento al pasar a un tema que no necesita introducción alguna. En serio, ¿se puede agregar algo más de Carrie? Los años pasarán y seguirá sonando con la misma intensidad de siempre. Cada uno de los presentes se encarga de darle su propia teatralidad e interpretación al asunto. Para los que asistían por primera vez a un concierto de los suecos, esto equivale a saldar una deuda histórica con la banda y consigo mismos. Para otros esto se traduce en dejar nuevamente la voz como ya lo han hecho en otras ocasiones. Porque nada se compara a corear una canción que ha marcado tu vida y que pertenece al soundtrack de generaciones. ¡Qué grande Europe, loco!

Pasamos al primer interludio del show con el interesante solo de batería de Ian, donde demostró parte de sus virtudes mientras de fondo sonaba la famosísima William Tell Overture de Gioachino Rossini. Así, entre cada pasaje iba poniendo de su cosecha, destacando su trabajo sobre el doble pedal que retumbó sin pausa alguna. Más que merecida la ovación, ya que fue una intervención precisa y concisa, sin exageraciones y que además marcó la pauta para entrar de lleno a la segunda parte del setlist.

Antes de ese cañonazo llamado Scream of Anger, Tempest se encarga de presentar a toda la banda y de pedirnos además si podemos cantar la canción de cumpleaños para John Norum, quién según las bromas del cantante, cumplía tan solo 29 años. Y sus deseos son órdenes, puesto que toda la Arena Monticello se hizo una sola voz para la dedicatoria. Bajan los aplausos y en cosa de segundos comienza a sonar la composición señalada. Loco, ¡qué temazo es Scream of Anger! Es increíble que aún no sea considerada como una de las grandes creaciones de los suecos. En serio lo decimos, acá hay una labor inconclusa de todos nosotros. Es necesario hacer una reflexión interna de cómo es que no está dentro de las favoritas de la fanaticada. ¿Escucharon como sonaba el bajo de Levén? ¿Y qué hay del doble pedal? ¿El “This is the price I have to pay” del final? La verdad es que sobran los calificativos. Volvemos a la introducción: Europe es una de las bandas más subvaloradas de la historia. Para nuestro bien, tras una pequeña intro de Mic, la reacción fue más que estridente una vez que entró de lleno a tocar las primeras notas de la bellísima Sign of the Times, la cual resume de gran manera el sonido de la banda durante los años ochenta. Sin duda otro de los puntos altos de la noche, que se resume en una interpretación superlativa de cada uno de los músicos. Para el recuerdo queda el “It’s the way that we make things right / It’s the way that we hold on tight / I know, it’s the sign of the times…” que contó con la interpretación de un frontman cada vez más hiperventilado. ¡Doblete para enmarcar!

Segunda pausa en el setlist y llegaría el turno de la instrumental Vasastan. Pieza instrumental que demuestra toda la clase y los años de carretera del guitarrista (con guiños evidentes al gran Gary Moore). Da gusto poder escuchar una interpretación de estas características, donde no es necesaria la velocidad ni el virtuosismo demostrado en exceso con técnicas metahumanas. No, solo una ejecución pulcra y al detalle para lograr la atención de todos. Ovación cerrada y nos preparábamos para la tanda final.

Siguiendo con el álbum del año 2015, War of Kings y Hole in My Pocket fueron recibidas de manera mucho más fría. Injustamente, la primera incluso fue pasada por alto por gran parte de la audiencia. Por su parte, la segunda revivió fantasmas del pasado de los cuales no quisiéramos hablar. La amplificación fallaría por segunda vez, siendo en esta oportunidad de manera mucho más extensa. Ahora, siendo lo más objetivos posibles, estos dos desperfectos en el sonido son “perdonables” (que se entiendan las comillas, por favor) considerando que no ocurrieron durante las canciones más esperadas de los asistentes. Pero la reacción de todos cambia evidentemente cuando la afectada es un clásico como Open Your Heart. Y duele aún más al ver todo el preámbulo que se genera antes de que comience a sonar. Porque en primer lugar el cantante se cuelga la guitarra acústica, señal inequívoca que se viene un karaoke de aquellos. Obviamente nos incita a cantar junto a él, para que finalmente todo explote en ese estribillo que brilla con luces propias. Entonces, ¡no puede ocurrir la misma falla dos veces durante la misma canción! Las caras  a mi alrededor ya eran casi de decepción y no fueron pocos los que llegaron hasta la mesa de sonido para pedir explicaciones. Y cómo no estarlo, si se cortó toda la inspiración del momento, mientras la banda sí se escuchaba a través del backline del escenario. Pero bueno. Siempre hay algo que destacar. Todos nos encargamos de seguir cantando la letra como si de eso dependiera nuestra vida. Había que salir adelante de alguna forma, y contra vientos y marea lo conseguimos.

Cambio de guitarra para Joey y vendría la rockera Ready Or Not, con la cual la banda sigue demostrando todos sus atributos y que en vivo siguen siendo un aplanadora. Más que destacable es el trabajo de las guitarras, que se llevan todo el peso en cada matiz, mientras Michaeli hace lo propio con los arreglos de teclado sonando de fondo. Así, pasamos al grand finale. El momento más esperado para todos los presentes. Cherokee y la sempiterna The Final Countdown desataron la algarabía y la euforia de cada uno de nosotros. Este es precisamente uno de esos instantes en el que sabemos perfectamente lo que hay que hacer. Sabemos que hay que saltar una vez que caen todos los instrumentos. Sabemos que hay que cantar cada una de las estrofas y especialmente los coros “Cherokee! marching on the trail of tears!“, además de “It’s the final countdown!“. Sabemos que hay que dejarlo todo porque esto ya está acabando. ¡Una verdadera fiesta en la cancha!

Así, a las 23:20 hrs. los suecos comienzan a despedirse entre aplausos y ovaciones cada vez más estridentes. Es cierto que hubo varios factores contraproducentes en la previa y en el desarrollo del show que pudieron afectarlo de forma considerable. En primer lugar, la lejanía del recinto desde luego que impidió que muchos fanáticos asistieran al concierto. Luego, tras la presentación en el festival viñamarino apenas horas antes, se eliminó el factor sorpresa y ya todos íbamos con una idea bastante clara de lo que veríamos en escena. Y finalmente, los problemas técnicos mencionados pudieron fácilmente haber arruinado una jornada tan especial como esta. Pero no. Europe a punta de clase, de buenas canciones, de interpretaciones que rozan la perfección y de años de experiencia, logró demostrar que son una agrupación de clase mundial. De esas que hay que ver al menos una vez en la vida. De esas que se merecen el reconocimiento de todo amante de la música. ¡Que vuelvan cuando quieran!

Setlist Europe

  1. Walk the Earth
  2. The Siege
  3. Rock the Night
  4. Last look At Eden
  5. GTO
  6. Turn to Dust
  7. Supertitious
  8. Carrie
  9. Solo de Batería
  10. Scream of Anger
  11. Sign of the Times
  12. Vasastan
  13. War of Kings
  14. Hole in My Pocket
  15. Open Your Heart
  16. Ready or Not
  17. Cherokee
  18. The Final Countdown

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar