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No mucho había pasado desde las respectivas últimas visitas de las dos bandas que encenderían la noche del pasado jueves. Los londinenses de DragonForce ya se habían presentado con notorio éxito en dos oportunidades, la última de ellas en 2012. Por su parte, Epica ya es casi local. Eran cuatro las visitas anteriores (cinco los shows). Además, Jansen y otros afortunados ya habían venido en otras ocasiones, con proyectos como MaYaN o los desaparecidos After Forever. Es decir: ninguna de las dos bandas convocaba por su “novedad”. Más bien lo hacían simplemente por lo sólida de sus propuestas musicales y porque el innegable hecho de que tienen hordas de fans increíblemente incondicionales.

DragonForce es como esa banda con la cual de chico alucinabas y por la que no puedes evitar sentir un nostálgico cariño. Tal y como me comentaba un amigo ese día: “cuánto tema compartido en el Liceo”. “Cuánto Valley Of The Damned en la micro de vuelta a casa”. Por lo demás, venían con un muy buen disco bajo el brazo que ofrece varios buenos temas que asomaban como promesas de éxito en vivo. Epica, por su parte, es una banda consagrada que no necesita de ningún aspaviento para montar shows exitosos y solidísimos. Además, están envestidos por un aire de clase y misticismo muy especial que sin duda también atrae a sus fanáticos. La solidez de sus composiciones, la profundidad de los tópicos que tratan, el carisma de sus integrantes, etc., todo eso suma y los hace un número imperdible. Y ni hablar de las posibilidades que abre un discazo como The Quantum Enigma: una enorme cantidad de buenas canciones que hacían prever un muy buen show.

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En ese contexto se presentaban las bandas. Los invitados estelares, DragonForce, hacían su aparición como buenos ingleses: muy, muy puntuales. 19:30 y ya saltaban prestos al entablado para empezar a deleitar a sus fans con Fury Of The Storm. Hiperquinético y explosivo arranque que de inmediato significó que todos los presentes se pusieran a saltar enardecidos. A esa hora la cancha se encontraba a ¾ de capacidad, más varias decenas de personas en la galería. Intempestivamente salta a escena el joven Marc Hudson para dar muestra de su gran talento, todo bajo una espontánea ovación. Se notaba que los asistentes no eran mayoritariamente incondicionales de los británicos, pero eso no sería impedimento para que sus canciones fueran coreadas de gran manera. Esto fue evidente desde el comienzo, cuando cientos cantaron de muy buena gana el espectacular coro del tema. En seguida vino la recién estrenada Three Hammers, uno de los grandes créditos de Maximum Overload, y que permitió que el joven Hudson se luciera gracias a esos notables tonos altos que se exigen. No destiñó, para nada. Dio perfecto con los tonos y la gente supo apreciar y premiar el cometido regalándolo aplausos. Por otro parte, ese pegajoso estribillo les reportó la complicidad del público a la hora de cantar, pues nuevamente fueron muchísimos los que corearon a todo dar.

Marc declara que es un momento propicio para presentar a la última incorporación de la banda, el batero Gee Anzalone. La gente la saluda con una ovación y rápidamente el vocal demanda más energía de parte del respetable para la siguiente canción y éste obedece. Y claro, porque el thrashero inicio de The Game no puedo sino producirse en medio de una bataola descomunal, llena de descontrol y caos. No se produjo el mosh que el hombre pedía, pero sí la gente se volvió loca. Todos se movían en todas direcciones, mezclando la caótica coreografía con saltos y puños en alto. Estribillo y puente nuevamente muy coreados, lo que daba a pensar que no eran pocos los que en realidad habían ido más por DragonForce que por la banda estelar. Un temazo que en vivo resulta increíble.

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En seguida vino un “regalo”, pues Marc anuncia que se trata de un tema que no han tocado antes en la gira. ¡Seasons! Un tema en mid-tempo que supone una especie de tregua para los fans después de dar tanto en la duela. La verdad no tenía contemplado que fueran a tocarla, pero siento que el show ganó mucho en variedad y emotividad, porque Marc estuvo brillante en la interpretación y durante el coro la gente apoyó sin condiciones, erigiendo al tema en el pedestal de los himnos, siendo que, a priori, uno no lo consideraría así. Tras ello el bajista Frédéric Leclercq regala una suerte de intro a la que luego se suman Li y Totman y en seguida Symphony Of The Night estaba remeciendo los cimientos del Caupolicán. Grandiosa interpretación para una canción que hace de los cambios de ritmo y de melodías vocales complejas su gran fuerte. En determinado punto, cuando se produce una pequeña baja de revoluciones durante los solos, Marc simplemente vocifera “let’s go!”, hace un gesto y solo eso le basta para desatar el caos en el público.

En seguida habría de venir un súper combo conformado por tres de las grandes composiciones de la discografía de la banda: las tres muy disímiles, pero que de algún modo son muestras de los distintos momentos que han tenido como grupo. Todos son temones, pero a su manera. La primera fue Cry Thunder, del disco anterior. Un himno que no tiene desperdicio y que en cada uno de los rincones de su estructura muestra chispazos de genialidad. Coreado a rabiar por la parcialidad powermetalera presente y vitoreada como si fuese una victoria al final. Pero todo lo anterior palideció al presentarse el gran clásico de la noche y segunda parte del combo: Valley Of The Damned. Ah, ¡pero qué temazo! Desde los primeros acordes hasta el último la gente se mostró feliz y agradecida de poder escuchar esta pieza magistral ejecutarse en vivo. Sin lugar a dudas el momento álgido, ese en el que nadie se restó de cantar y todos dieron el máximo para hacerlo a todo pulmón. Sobre el final se produce la gran sorpresa, pues todo Epica sale desde detrás del escenario, portando sus instrumentos y participan de toda la parafernalia que DragonForce se había propuesto montar hacia el final de la canción. ¡Extraordinario! Y para finalizar su show llegó la excepcional Through The Fire and Flames, el último azote que continuó las cosas donde las había dejado el corte anterior y mantuvo el ánimo y la energía a tope. Un notable cierre que la gente supo glorificar en su justa medida.

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Fue una breve pero redonda actuación de los londinenses. Gran nivel técnico y precisión, con un sonido bueno, además de una constante demostración de energía que se traducía en saltos y piruetas por doquier. Se notó que los muchachos lo pasaron genial y eso repercutió en que el público lo pasara igual de bien y los premiara despidiéndolos con una ovación cerrada.

Setlist de DragonForce

01. Fury Of The Storm
02. Three Hammers
03. The Game
04. Seasons
05. Symphony Of The Night
06. Cry Thunder
07. Valley Of The Damned
08. Through The Fire and Flames

A las 20:50 llega el turno de los estelares Epica, pues comienza a sonar la intro Originem, que da inicio al más reciente trabajo de la banda: Quantum Enigma. Salen a escena en medio de un impresionante y ensordecedor griterío que seguramente no les dejó indiferentes. El primero en salir es Coen Janssen, para instalarse rápidamente y bajo un manto de aplausos junto a su teclado. Segundos más tarde aparece el monstruoso Ariën Van Weesenbeek, y mientras se ubica sobre su kit recibe el saludo del respetable. Luego, al mismo tiempo todos, aparecen los cuerdistas Rob van der Loo, Isaac Delahaye y el siempre querido Mark Jansen. Cuando parecía que la algarabía y la ovación no podía ser más fuerte, aparece ella, la carismática y ladrona de suspiros Simone Simons. Llega justo para comenzar a cantar The Second Stone, cuyos acordes acaban de iniciar segundos antes. Ya con esos acelerados riffs la gente se mostraba enardecida, pero al irrumpir toda la caballería de van der Loo y Weesenbeek el desquiciamiento era total. Para cuando Simons comienza a cantar quedaba claro que la gente estaba dispuesta a rivalizar con ella en cuanto a potencia.

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Un buen sonido acompañaba la ejecución de los temas, al menos a nivel de instrumentos y de las pistas con los arreglos corales que acompañan la voz de Simone. Sin embargo, desde la posición en que yo estaba (el centro y atrás) la potencia de su micrófono nunca llegó a ser la óptima. En muchos pasajes su voz era engullida por el resto de la amplificación. Claro que en otros momentos, cuando la estridencia de las guitarras menguaba, se escuchaba bastante bien. En cualquier caso, esto poco pareció importarle a los asistentes, porque jamás se dejó de cantar y de apoyar a la banda. El segundo tema, The Essence Of Silence, también del Quantum Enigma, fue prueba de ello, pues provocó un altísimo nivel de participación en términos de canto. Hacia el final la gente no pudo evitar reconocer el impecable trabajo de la banda y vociferar al unísono “¡Epica! ¡Epica!” Ariën, muy atento, improvisa una pequeño arreglo con su batería al ritmo del cántico, a lo que suma Coen y de pronto tenían armado un tema, que incluso más aplausos generaba.

epicadf15cl-10¡Basta de pausas! En seguida los imponentes arreglos corales y las orquestaciones (fruto del silencioso pero enorme trabajado de Coen) dan el vamos a The Last Crusade. Cuando inicia la parte cantada, esa lenta, la gente se convierte en una masa de brazos en alto que se mecen suavemente de lado a lado simulando una marea. Un contraste muy lindo con las partes más veloces, donde se saltaba como pistón. Un mensaje de Mark agradeciendo a la gente e indicando “You guys keep the Metal scene alive!” para hacer de intro para el primer temazo rescatado de esa obra de perfección que es Design Your Universe (2009): ¡Unleash! Nada, viejo, solo desorden y entrega desmedida por parte de la fanaticada, mientras la banda regalaba una presentación que asombraba por su agudísima precisión. Lo de Ariën, por ejemplo, era impresionante. Después de eso vendría el que debe ser el mejor tema del irregular Requiem For The Indifferent (2012), la espectacular y conmovedora Storm The Sorrow. Esas preciosa líneas que rezan «Intertwine the lines that swim beneath the dark…» resonaban con una fuerza inusitada que hacía que uno se estremeciera y que las caras de los integrantes se llenaran de sonrisas cómplices.

Ahora Simone bromea con la anterior irrupción de la banda durante el show de DragonForce. “Nunca antes había tocado el bajo, quizás empiece ahora”. Pero eso no iba a ocurrir ahora, porque se apuraba en aclarar “ahora estoy aquí, ¡con Epica!”, dejando en claro la particularidad e importancia del aquí y ahora. En medio de las ovaciones desatadas por esas palabras llega Fools Of Damnation, una de las prendas de garantía de The Divine Conspiracy (2007), y que uno agradece haber podido escuchar, pues no la tocaban desde 2008 en Chile. La intro la montó Coen desde detrás del escenario. De pronto aparece portando ese teclado rarísimo con forma curva, apoyado con su soporte sobre su vientre, y ubicándose al frente del escenario, que en ese momento estaba vacío. La gente le aplaude, mientras vuelven los demás. En breve estaba toda la banda tocando esa parte introductoria llena de suavidad y matices, la gente meciendo sus brazos en alto, ¡hasta que se desata el Metal bestial! Ahí todos en la banda, Simone incluida, meneaban las melenas con sus mejores técnicas (excepto el pobre Coen, que ha visto cómo los años se han llevado su otrora profusa cabellera). La gente, por su parte, era un vendaval de locura y descontrol. Fuer hermoso en verdad.

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La siguiente canción la elegiría el público. Mark señala que las opciones son dos: Natural Corruption o Sensorium. ¿El mecanismo de elección? El viejo y querido aplausómetro. Y la verdad es que Natural Corruption nunca tuvo nada que hacer frente a unos de los grandes clásicos de la banda, como es Sensorium. En definitiva ganó por paliza. Ahora, esta última la han tocado en sus últimos tres shows (y quizás más, pero la memoria es frágil). Habría sido interesante oír otra cosa, pero la gente prefiere irse a la segura. ¡En fin! Como era lo que se quería escuchar, se disfrutó a morir. ¡Era que no! Luego sería momento de volver al The Divine Conspiracy y traer a la vida a la excelsa The Obsessive Devotion, espectacular canción que permite al público hacer todo lo que le gusta hacer: cabecear y elevar sus puños en las partes más altas, cantar a todo pulmón en el estribillo y volverse loco con los segmentos más veloces. Muy bien Jansen en sus intervenciones vocales. Lo he dicho un par de veces y lo repito: ¡cuánto ha crecido como vocalista este muchacho! Antes, al principio de su carrera, no lo hacía todo lo bien que uno como fan hubiese querido, pero ya ha dominado la técnica y sus actuaciones son notables.

Lo anterior fue particularmente evidente durante Victims Of Contingency, que es, a juicio personal, uno de los grandes logros en la discografía de la banda y fácilmente uno de los mejores cinco temas, y donde Mark da cátedra de lo que es el canto gutural, al menos en el álbum. ¡Y en vivo es una bestia! ¡Qué temazo! Y qué gusto da cuando la banda demuestra un fiato absoluto y la interpretación sale perfecta. Qué maestros que son estos muchachos, de verdad. Uno a veces se sobre-acostumbra, los oye haciendo maravillas a cada segundo, en todas sus canciones y pierde la perspectiva de lo complejo que debe ser ejecutar algo a este nivel, pero de pronto ves todo ocurrir frente a tus ojos y no puedes evitar sentir una profunda admiración. En lo personal, cuando veo algo así sonrío y pienso para mis adentros: “gracias”. Ah, ¡y cómo se cantó ese coro! En rigor “cantó” está mal dicho, o es inexacto, porque la realidad es que se gritó, ¡como energúmenos! Brutal pasaje de la velada.

epicadf15cl-16Algo de distención ahora, porque la gente se toma la palabra para regalarle a Simone el clásico cántico “mijita rica, mijita rica”. Ella solo sonríe, pero Mark se la juega con un espontáneo C-H-I que la gente responde con estridencia, por su puesto. Él muerto de risa, disfrutando el momento. ¡Pero bien! Es momento de continuar y la seleccionada es uno de los clásicos más importantes de la banda y del Metal Sinfónico: Cry For The Moon, uno de los estandartes de The Phantom Agony(2003). Fue entretenido ver cómo la banda se lo pasaba tan bien: Isaac tocando los platos de Ariën y hablando con los demás, Coen que tenía su show aparte con su teclado fijo y el portátil, Simone regalando sonrisas y saludos a todos los que podía, etc. Al final Isaac se manda un solo de antología, pero solo para poder darle el pase al señor Weesenbeek. ¡UN MONSTRUO! Una técnica muy depurada y una brutalidad en cada golpe que no muchos bateros exhiben. Genial todo. La gente por su parte ya no daba más de fascinación y estaba entregada por completo a lo que la banda pudiera hacer. ¿Y qué habría de ser eso? Pues nada más y nada menos que Design Your Universe. Con sus casi diez minutos de duración demostró todo cuanto la banda es capaz de hacer, lo cual por cierto no dejaba de maravillar. Quiero decir: mezclar de esa manera tan prodigiosa la suavidad y la brutalidad más absoluta no lo hace cualquiera, pero estos amigos lo hacen como si nada.

Con lo anterior vino el final de la primera parte del show. Poco duró la banda fuera del escenario, porque el bis no se hizo esperar. El primero en volver es Coen, quien conversa e interactúa un poco con el público, da las gracias y se nota que sus palabras son de corazón. Es así como llega Sancta Terra, otra infaltable, venida también desde The Divine Conspiracy. Fue muy entretenido ver que, al menos en el comienzo, el encargado de las orquestaciones era Isaac, pues Coen había abandonado su puesto y andaba pasándola bien junto a los demás. Casi sobre el cierre vino una elección que quizás no fue la mejor, porque si bien la gente a la agradeció, no prendió tanto como sí lo podría haberlo hecho con otra. Se trató de Unchain Utopia. Fue el momento de la noche en que menos motivado se vio al respetable, ¡y tan cerca del final! Pero había de arreglarse todo, pues no iban a cerrar con una apuesta, sino que lo harían con un clásico indiscutido que maravillara y dejara contentos a todos: Consign To Oblivion. Último esfuerzo de la banda y de la audiencia, última oportunidad de dejarlo todo y no guardarse nada. ¡Y vaya que respondieron! Se cantó con todo, se saltó como nunca y la banda dio lo mejor de sí. Es verdad que cerrar con este corte no es una ninguna sorpresa, pero qué importa, ¡la gente lo disfruta igual! Es el epílogo obligado.

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Presentaciones redondas tanto para DragonForce como para Epica. Inusual dupla, con dos propuestas muy distintas, pero que supieron encantar a todo el público, regalando actuaciones memorables, cargadas de talento y, sobre todo, entrega. Linda mezcla de temas antiguos y nuevos por parte de los holandeses, privilegiando el equilibrio. Fue una de esas presentaciones con las que uno abandona el recinto con la sensación de que seguramente todos se fueron conformes. ¡Yo sigo con las ganas de escuchar Burn To A Cinder! Pero esa es otra historia, ya que fue en definitiva un concierto del todo espectacular e inolvidable.

Setlist de Epica:

01. Originem (intro)
02. The Second Stone
03. The Essence Of Silence
04. The Last Crusade
05. Unleashed
06. Storm The Sorrow
07. Fools Of Damnation
08. Sensorium
09. The Obsessive Devotion
10. Victims Of Contingency
11. Cry for the Moon
12. Design Your Universe
Encore:
13. Sancta Terra
14. Unchain Utopia
15. Consign To Oblivion

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