Luego de quince años de espera por fin tenemos un nuevo álbum de Demons & Wizards, superbanda internacional que, como todos bien sabemos, reunió a las mentes maestras de Blind Guardian y Iced Earth a finales de los noventa y comienzos de los 2000. Desde que Hansi Kürsch y Jon Schaffer anunciaron la gira de reunión tras casi dos décadas fuera de los escenarios y luego de un exitoso tour que los llevó a protagonizar algunos de los festivales de Metal más concurridos en Europa incluyendo el aniversario 30 de Wacken Open Air, hemos estado a la espera de noticias sobre un nuevo álbum de estudio. Por suerte la fecha ha llegado: el 21 de febrero la tercera entrega de Demons & Wizards, titulada ingeniosamente “III”, verá finalmente la luz a través de Century Media Records.

Me atrevería a decir que “III” es uno de los lanzamientos de Metal más esperados del año, tanto por el tiempo transcurrido desde ese lejano “Touched by the Crimson King” de 2005, como por el peso de estas figuras insignes que siempre acaparan la atención de la fanaticada cada vez que se involucran en algún proyecto. Al contrario de lo acontecido en la gira de reunión del año pasado, que tuvo como músicos invitados a algunos viejos conocidos de Blind Guardian, por motivos de logística la formación que grabó “III” estuvo compuesta por músicos de acompañamiento norteamericanos. Destacan el aporte de Brent Smedley en batería y Ruben Drake en bajo, junto a las guitarras adicionales de Jake Dreyer y Jim Morris, además de un numeroso coro.

El álbum abre con Diabolic, primer adelanto del disco. Las sigilosas guitarras y etéreos sonidos de fondo generan una tensión que crece lentamente hasta que estalla ese primer riff distorsionado de Schaffer y la canción toma un giro bastante pesado y oscuro para los estándares de Demons & Wizards. La inconfundible voz de Hansi le imprime ese personal estilo que ha cultivado con Blind Guardian, pero con la diferencia de que la producción suena mucho más orgánica que los últimos trabajos de los bardos, lo que se nota especialmente en el exquisito sonido de la batería. El freno hacia el final del tema, retomando el tono inicial, hace que el círculo se cierre y nos deja tomar un aliento antes de continuar el viaje. Un temazo indiscutible por donde se lo mire.

Por su parte, Invincible es más directa y convencional en su estructura, pero no por eso menos efectiva. El riff principal y la línea vocal son bastante melódicos y accesibles, con arreglos corales pomposos y muy bien logrados, pero quizás se queda un poco corto de ideas como para instalarse entre las composiciones más destacadas que nos haya dejado este dúo. Por el contrario, Wolves In The Winter llama la atención desde un comienzo con su actitud más agresiva y sonido pesado, con un inspirado Schaffer entregando esos afiladísimos riffs llenos de tripletes que lo han hecho famoso. Es una canción más fiel al estilo de la banda norteamericana pero Hansi también deja su estampa, aportando con su carisma y magia en los estribillos. Otro de los aciertos de esta nueva placa.

Final Warning trae consigo una mezcla interesante de elementos, con un inicio suave progresando hacia un tempo más complejo, comandado por impetuosas guitarras cabalgantes acompañadas a la perfección por un sólido Brent Smedley tras el kit de batería. Con justa razón Jon Schaffer es reconocido como uno de los mejores y más influyentes guitarristas rítmicos de la escena. Es el tema más corto del álbum, terminando de forma algo abrupta, dejándote colgado en un precipicio. En Timeless Spirit el maestro Schaffer experimenta con guitarras acústicas llenas de sentimiento, intercaladas con segmentos más heavy, ampliando la paleta musical de Demons & Wizards a lo largo de sus nueve minutos de duración. La performance vocal de Hansi es nuevamente soberbia, agregando mucho dramatismo y emoción en la interpretación. Sería un lujo tener la oportunidad de escucharla en vivo.

En Dark Side Of Her Majesty, nuestro querido bardo se toma la batuta con su vozarrón incomparable y épicos coros masivos que protagonizan esta canción de medio tiempo, que comienza de forma prometedora pero con el paso del tiempo se diluye volviéndose algo redundante. Es un tema correcto y cumple su función como puente entre las dos mitades del disco, pero al fin y al cabo pasa un poco al olvido. Midas Disease es otra canción de medio tempo y con estructura repetitiva, y a pesar de poseer un estilo más rockero y una melodía bastante pegajosa, a esta altura se empieza a percibir la falta de contrastes y de temas que sobresalgan de la media o que llenen las altísimas expectativas de los fanáticos. Estos son quizás los pasajes más flojitos del disco, aunque para nada empañan por completo el flujo del álbum.

La cosa mejora bastante con New Dawn, una canción que trae de vuelta los necesarios matices y capas sónicas que captan nuestra atención nuevamente. Los cambios de intensidad y juegos de luz versus oscuridad son una de las claves del éxito de Demons & Wizards, ya que estos permiten a Jon Schaffer ocupar su arsenal de sortilegios a diestra y siniestra. Lo mismo aplica para Universal Truth, tema que incluye además como novedades el uso predominante de teclados y una línea de bajo más protagónica por momentos. La labor de Hansi es nuevamente monumental, alcanzando niveles de expresividad inusitados y llevándose todos los pergaminos por sus líneas vocales que siguen mejorando con el paso de los años. Creo que su experiencia con el disco de Blind Guardian Twilight Orchestra lo ha hecho crecer aún más como vocalista.

Para los que extrañaban algo más siniestro, Split es quizás el tema más pesado del álbum, contundente de comienzo a fin, con ritmo cabeceable y con una actitud más agresiva. Es un bombazo garantizado para sus presentaciones en vivo y me recuerda la época gloriosa de Iced Earth en los 90’s. Me imagino que se convertirá en una de las favoritas de los nostálgicos de la era Matt Barlow. Para finalizar tenemos Children of Cain, la canción más larga del disco, superando por poquito los diez minutos. Es un tema complejo, lleno de detalles y cambios de atmósfera, incorporando entre otras cosas elementos folk y acústicos. Por su tono cinemático es la forma perfecta de concluir el álbum de forma épica, dándole el broche de oro y un cierre redondo a esta esperada placa.

Sumando y restando, “III” es un lanzamiento que cumple a cabalidad con las altas expectativas generadas, haciendo justicia a los pergaminos de esta banda y también a la larga espera. Tanto Hansi Kürsch como Jon Schaffer han madurado enormemente con el paso de los años y esto se nota tanto en la composición como en la ejecución de los temas. Da la sensación que mientras más complejas y largas las canciones mejor se representa el verdadero espíritu de Demons & Wizards, explotando todo el potencial de esta colaboración. Se agradece que, de los cuatro ingenieros de sonido que trabajaron supervisando la grabación y producción de este álbum, la influencia de Charlie Bauerfeind en la mezcla final se haya mantenido al mínimo, ya que el resultado suena bastante menos artificial que los últimos discos de Blind Guardian.

Creo que “III” es un álbum que se beneficia de múltiples escuchas y merece ser decantado con calma y una pizca de paciencia. No todas las canciones son clásicos instantáneos y requieren unas cuantas vueltas antes de poder entregar un veredicto final. Quizás los más apresurados van a descartar o criticar el disco luego de una primera escucha ya que su contenido no viene procesado y listo para el consumo en tiempos en que el trastorno atencional digital es la regla. Podemos afirmar que la magia y la química entre El Demonio y El Mago están intactas luego de quince años, esperando que no tengan que pasar otros veinte años para verlos de gira otra vez y que el próximo álbum llegue antes de 2035. Pase lo que pase en el futuro, por el momento solo nos queda disfrutar esta grandiosa vuelta a las pistas de Demons & Wizards.

Por: David Araneda