No siempre es fácil realizar una reseña para un trabajo de los nacionales Delta, por distintos motivos. Pero el principal tiene que ver con la naturaleza de su propuesta, una que es intrínsecamente compleja y que cuesta trabajo asir por completo. Y es que Delta se mueve en esa órbita del Metal a la que es más difícil acceder, aquella a la que sólo se puede ingresar cuando se ha aprendido a valorar la preocupación por lo estético y se es capaz de reconocer el trabajo compositivo altamente depurado. Es uno de esos “gustos adquiridos”. Y bueno, el Metal Progresivo en general es así. No siempre se asimila el alcance de su profundidad; y como no se asimila, no se valora como se debiese. Pero trataremos aquí de hacerle justicia a este The End Of Philosophy.

Ahora, convengamos en que, pese a la complejidad de la propuesta, Delta ha sabido hacerse espacio en la escena nacional (y cada vez más en el terreno internacional). Esto seguramente no ha sido fácil, dadas las dificultades que plantea un medio como el nuestro, pero los cuatro buenos discos que han lanzado a la fecha de algo han valido y hoy por hoy son la mejor banda de Metal Progresivo a nivel nacional. Con Crashbraker la rompieron. Con Deny Humaniy se consagraron. ¿Qué ocurrirá con The End Of Philosophy? Imposible decirlo a ciencia cierta, pero a la luz de lo que es esta producción, debería significarles poder continuar con el camino ascendente que han seguido hasta aquí. Esto porque sin duda The End Of Philosophy es un tremendo disco. ¿Y cómo se posiciona esta placa en la generalidad de su discografía? Bien, es un registro muy Delta. Con esto quiero decir que la innovación y  el rupturismo no son los invitados estelares. Es un trabajo que más bien se ciñe a la esencia de la banda. Si alguna innovación se advierte, es a nivel de prolijidad, minuciosidad, limpieza de sonido, etc. En ese sentido, es un trabajo más maduro de lo que fue el ya excelente Deny Humanity. Y en todo esto son cruciales los suecos Fredrik Nordstrom (líder de Dream Evil) y Henrik Udd, quienes mezclaron y masterizaron todo en Fredman Studios (Gotemburgo, Suecia). Estos tipos son monstruos que han trabajado con bandas del calibre de At The Gates, Arch Enemy, Dark Tranquillity, In Flames, Firewind y Opeth, entre muchos otros. Entonces la calidad esté garantizada.

El show tiene su obertura de la mano del tema homónimo, la notable The End Of Philosophy. Comienzo casi cinematográfico, con una percusión que resuena de forma tormentosa, como una marcha con rumbo incierto pero nada alentador. Esta fase introductoria es muy efectiva a la hora de evocar imágenes, pues aun antes de intuir siquiera el contenido de la letra uno puede advertir el ambiente frío, lúgubre y fatídico que intentará reflejar. Resulta crucial a la hora de establecer esa atmósfera el uso de sonidos metálicos, como si de maquinaria se tratara. O de cualquier cosa no-humana, pues por ahí va el tópico central de la canción: la falta de razón y la deshumanización de todo. El primer minuto trascurrirá con pocas variaciones, y las que hayan serán muy sutiles, pero en breve se sumarán un teclado con sonido setentero, medio robótico; y las guitarras, con riffs muy sencillos y contundentes, que aportarán más vigor a esa atmósfera marcial. Las voces harán lo propio, es decir: mantener esa tensión, a través de tonos bajos y suaves. Sólo pasados los dos primeros minutos se evidencia un quiebre, pero cuando crees que se viene todo el vendaval progresivo, la suavidad y calma te golpean, regalando un gran momento en la canción. Vuelve la misma estructura que había hasta antes de eso y ahora sí: el azote furioso de Metal Progresivo por el que uno aguardaba. De aquí en más el tema será lo que no podría intuir: muchos solos y variaciones en ritmo y riquísimas melodías. Y ojo, que en cada solo hay un trabajo extraordinario. Además hay un breve pero hermosísimo solo de oboe, a cargo de Jorge Galán, que aporta un toque de suavidad y delicadeza maravilloso. Posteriormente viene nuevamente lo que podría considerarse el estribillo y francamente hay que poner atención a lo realizado por Quinteros y Lechuga en teclados y guitarras, respectivamente. Increíble como crece y crece, hasta llegar a su clímax y volver hacia lo que fue su origen, constituyendo un cierre cíclico extraordinario. ¡Portentoso arranque!

Andrés Rojas se luce en el comienzo de New Philosophy, con un sólido repique de su caja que luego extenderá a su bombo, al tiempo que los riffs del crack Lechuga se suman, para terminar de formar una intro arrolladora. Luego, con una especie de rugido, se suma Felipe del Valle, para entregarnos los primeros versos de este corte que nos plantea una temática muy interesante. Habla de aquello que se ha convertido en la principal directriz ideológica del mundo: el poder económico. Se muestra sumamente negativa en cuanto a la fe y la espiritualidad del mundo, estableciendo que esa “nueva filosofía” que sugiere el título no es otra que el dinero. Lo terrible (y por ende: el gran acierto de la banda) es que todo eso te hace sentido. La letra juega con frases persuasivas y tiene éxito. Musicalmente es excepcional, dejando claro que esa intro fue sólo un aperitivo. Las guitarras y sus distintos niveles suenan genial, muy limpias pero también poderosas. El bajo de Marcos Sánchez siempre nítido. Los teclados de Nicolás varían en su sonido, por cuanto a veces suenan más bien como piano, contrastando en su suavidad con la potencia de los riffs y la pegada de Rojas. Un muy buen tema, con desempeños superlativos a todo nivel.

No More es tal vez el corte distinto de The End Of Philosophy. ¿En qué sentido? Si bien mantiene el sonido de Delta, se aleja un poco del estilo que siempre desarrollan. Es decir: se alejan un poco de lo progresivo (pero jamás llegan a abandonarlo) y se acercan por momentos a un Hard Rock más melódico y, por qué no decirlo, ganchero. Nunca más volveremos a escuchar en esta placa un coro tan “oreja”. Ahora, no hay engañarse, no por ser más fácilmente digerible va a ser simple. Por momentos se vuelve bastante complejo y hay pasajes que son toda una delicia, como ese breve pero brillante solo de bajo que regala Marcos. ¡Genial! O el algo más sencillo, pero igual de cautivador segmento inicial, con los sintonizadores de Nicolás susurrando unos acordes de aires un tanto místicos. Bien Felipe en el uso de su voz, contrayendo un poco esas cuerdas vocales para sonar algo más “raspado” y con más fuerza. Uno de los puntos altos, sin duda.

Totalmente avasalladora la arremetida inicial de Darkened Skies, una de esas triple-patada-voladora en todo lo que es el hocico. Prácticamente no te da respiro, porque si bien la velocidad y fuerza bajan un tanto durante la primera estrofa a nivel musical, es Felipe por medio de su voz el que se encarga de imprimirle toda la fuerza y agresividad requerida. En el coro esto se matiza y el vocalista recurre a algo más suave, pero justo allí empieza el frenético baile de los dedos de Quinteros, regalando otro momento notable, lleno de clase y virtuosismo. A decir verdad, esos momentos son muchísimos, y es que el tema es uno de los más extensos del disco, y los arreglos excepcionales que se van sucediendo a lo largo de sus más de siete minutos son muchísimos. Otro aspecto a destacar es el de las voces, pero no sólo lo realizado por Del Valle en las voces principales, sino también a nivel de voces secundarias y de fondo, hasta una voz femenina, la de la gran Consuelo Schuster, puede oírse por ahí, añadiéndole un matiz exquisito. Por último, tendrán que saber prestar atención a los solos de teclado y guitarra: ¡extraordinarios!

Con unos arreglos muy bien logrados, a base de sintetizadores, abre Frozen Hearts. Llama la atención la correlación que se produce entre los mencionados acordes y el título. Sí, porque ese comienzo no deja de suscitar cierto paisaje mental cargado de elementos relacionables con el frío. Muy inteligente Nicolás al momento de elegir los recursos y mezclarlos. También resulta interesante que durante muchos pasajes las guitarras de Benjamín estén o ausentes, o muy poco presentes (en todo caso, se compensa con una magnífica labor en las líneas de bajo). Hay también un cometido notable en lo que refiere a orquestaciones, particularmente al iniciar lo que vendría siendo la segunda mitad. Eso sí, dentro de todo, este corte no ofrece la variedad que hasta aquí habían derrochado todos los otros cortes. En ese sentido, diría que incluso es algo plano. Carece de esa sorpresa, de ese fuego que sí vimos anteriormente. Correcta canción, en tanto está bien constituida, pero no sorprende.

A continuación viene Farewell, la balada del disco. Como tal, se erige como un momento único y, a juicio muy personal, como uno de los dignos de resaltar. Lo más llamativo es que, a pesar de trascurrir en una aparente homogeneidad, hay una serie de momentos diferenciables, siendo algunos de ellos realmente bellos. El primer minuto pasa de forma muy calma, con los sintetizadores de Nico hilando notas que invitan a extraviarse en el pensamiento, y con Felipe contando en tonos bajos. Es entonces, a partir del primer minuto cuando empieza lo mejor, y todo propiciado de forma realmente simple: se añade una guitarra y el fraseo de Felipe cambia para asimilarse con esas notas que interpretaba Nicolás al comienzo, lo que por cierto la torna más emotiva y cautivadora. ¡Las notas precisas! Destacable, como no, la colaboración de Gabriel Hidalgo en las guitarras. Todo coronado por una letra maravillosa y muy melancólica. Da la impresión de que es algo muy personal para alguno de los integrantes, relacionado a la pérdida de un ser querido, un amigo según da a entender algún verso. Sobre el final varía considerablemente, con voces en tonos mucho más altos y mucha más participación de guitarra y batería (que hasta cierto punto sólo había sido espectadora). Una muy bonita canción.

El Metal de corte más progresivo vuelve con Fear Syndrome, pero no privilegiando la velocidad, sino la prolijidad en la ejecución, para lo que se toman su tiempo. Prodigioso lo hecho por Marcos en bajo y Andrés en batería, realmente notable. Por otra parte, es llamativo ese juego que se produce con los cambios de ritmo, porque en efecto los hay, pero no tendientes hacia mayor velocidad, sino todo lo contrario, los compases se hacen más lentos. Aunque claro, hay momentos más enérgicos, como el estribillo, que en todo caso no termina de explotar todo ese potencial que uno advierte proporcionado por el buen quehacer en teclados y queda en deuda. Existe un breve segmento instrumental donde Lechuga se toma todo el protagonismo y sorprende con un muy bien ideado solo, junto con un formidable trabajo de Rojas. Ese ritmo cansino con que juegan vuelve sobre el final dejando una sensación que, honestamente, no es del todo favorable en la ponderación final.

La octava pista, Notalgia, toma el relevo dejado por la anterior y desarrolla una música de motivos tristes, apesadumbrados, de la mano de un ritmo pausado y acordes que denotan suavidad y delicadeza. O sea, por algo se llama así. Imposible no reparar en la atmósfera que crea el uso del theremin por parte de Nicolás. ¡Por momentos llega a ser incluso escalofriante! Las guitarras acústicas también colaboran a generar ese ambiente. Las voces, en la mayor parte de la canción, oscilan entre tonos bajos y medios, y la verdad que percibo a Felipe poco cómodo, especialmente cuando tiene que utilizar la parte más baja de su espectro vocal. No es secreto que el hombre tiene un tremendo registro, y que es capaz de alcanzar notas muy altas, área en el que le va muy bien, si bien a veces su voz es demasiado “incisiva”. Sin embargo donde mejor se desempeña es en el terreno medio-alto (pero no tan alto, que ahí es donde se vuelve “incisivo”), particularmente cuando modifica su estilo y suena “rasposo”. Aquí sin embargo, se le oye desacomodado. Por otra parte, la melodía que le dieron a cantar tampoco es la más inspirada y siento que le falta emoción. Aspectos a rescatar hay muchos, condensados varios de ellos en los últimos 45 segundos, pero en general no logra enganchar.

Cosa muy distinta pasa con Like A Man, un temazo medio hardrockero de aquellos que lo tienen todo. Buenas melodías, un coro muy atractivo (de esos que te quedas pegado cantando por horas), y voces extraordinarias, con una interpretación impecable de Felipe. De verdad muy bien el vocalista en esta pasada, y a esto me refería con lo de tonos “medio-altos” pero “no tan altos”, pues queda en evidencia que no hay necesidad de exigirse al límite. Además hay una colaboración genial de las segundas voces, que aportan una energía que ya comenzaba a extrañarse. Hasta unos gritos en onda acceptiana pueden oírse vociferando «Like a man!» Eso va a funcionar increíble en las presentaciones en vivo. El remate de los últimos segundos es monstruoso, sobre todo por el vertiginoso trabajo de Quinteros y Rojas. Se las mandaron con ese espectacular cierre. Creo que hay en esta canción una veta que a la banda se le da muy bien, pero que lamentablemente no ha sido tan explotada en este registro.

Bringers Of Rain es una composición de nueve minutos y medio con una propuesta muy ambiciosa, y que logra sus objetivos en buena medida. Claro, porque a lo largo de todo su desarrollo hace uso de un sinfín de recursos técnicos y estéticos que la hacen una de las canciones más completas en la discografía de la banda. También hay que destacar que cuenta con la participación del vocalista de Royal Hunt, el señor John West, que no sólo tiene un cometido excepcional, sino que además aporta con ciertos matices y una frescura que se agrace muchísimo; también cuenta con la participación del llamado The Choir Of Rain (El Coro de la Lluvia), compuesto por varios(as) cantantes, un artilugio que funciona excelente y agrega emotividad y un sonido más genuino, por decirlo de algún modo. Es una composición brillante en una multiplicidad de niveles. La intro por ejemplo, rebosa de arreglos que la hacen sonar bombástica (y qué hermoso habría sonado con una orquesta), los primeros versos de Del Valle sientan una especie de preludio, bastante calmo, pero luego se suma West, y a medida que ambos avanzan la canción va ganando en dramatismo. Luego se van sucediendo distintos pasajes, cada uno con su atractivo propio. Lo más destacable sea quizás la naturalidad con la que todo fluye, incluso cuando hay quiebres rítmicos más marcados, uno nota que es una progresión natural, y no una parte encajada allí a la fuerza. También hay que destacar, obviamente, los notables despliegues técnicos de los distintos integrantes. Hay algunos detallitos maravillosos a los que se debe prestar atención.

El disco cierra con una versión renovada de Why Are You So far, emblemática pista del ya mítico Apollyon Is Free (2004). Las mayores diferencia respecto de la versión original están, por su puesto, a nivel de sonido, pues se nota el trabajo de Nordstrom y Udd, ya que mejora sustantivamente, siendo todo más nítido y dejándose disfrutar mejor; y también a nivel vocal, con un Felipe del Valle mucho mejor preparado de lo que estaba en ese entonces. Sin duda un muy buen regalo para los más fanáticos, que en todo caso hace extrañar ese componente más neoclásico que estaba tanto más presente en los albores de la carrera de la banda. Un bonito cierre.

Delta continúa el camino justo donde lo había dejado con su placa anterior. No es un disco sencillo, más bien todo lo contrario. Es muy complejo y quizás esto atente contra la valoración que pueda hacerse de él al comienzo. Sin embargo, habrá que escucharlo varias veces para entender lo que han hecho los muchachos con este The End Of Philosophy. Me parece un disco notable, que denota mucho esfuerzo y cuyo resultado final debería ser un premio para los nacionales. ¡Bien por el quinteto!

13 comentarios
  1. Sigfrida Dice:

    «…Darkened Skies, una de esas triple-patada-voladora en todo lo que es el hocico» mejor dicho, imposible! Es una de mis favoritas de este discazo…

  2. Emm Dice:

    Nada que ver con el tema…pero no van a hacer un review del The Theory of Everything? Solo para saber.

    Respecto a este disco, nada que decir. Delta ya nos tiene acostumbrados a escuchar material de gran calidad.

  3. MIT Dice:

    Estas últimas semanas han salido varios discos muy buenos. Partiendo por este que muestra que Delta va evolucionando y en buena dirección hacia un metal cada vez más pulido y ecléctico (dentro del ámbito del metal progresivo, tampoco es que se salgan demasiado de los límites establecidos pero igual se agradece mucho esa variedad de sonidos y formas compositivas que hay en el disco).
    Por otra parte está el disco de Aisles que no se si les gustará a la gente que frecuenta más esta página pero de todas formas gran disco nacional.
    Internacionalmente The Theory Of Everithing es una joya, Arjen dando cátedra como siempre, mezclando sonidos del The Human Equation y del Into The Electric Castle pero de una forma un poco más simplificada y digerible para la gente en general, historia muy bien contada también, nada que decir. Otro disco que me sorprendió tremendamente es el nuevo de Almah, la cagó, muy buen disco. El anterior no me había convencido tanto como los anteriores pero con este Falaschi subió su nivel compositivo hasta las nubes. Estos 4 son discos recomendadísimos por este wn que se pasa el día escuchando música sin parar :P

    • Diego A. Arcis Dice:

      El nuevo de Aisles lo encontré excelente!!!!!!… me atrevería a decir que es mejor que los dos anteriores!

  4. Beto Fortino Dice:

    El Nacional siempre alabando al nacional, quítense la bandera un tiempo para argumentar con fundamento, este disco es un 8.0, no llega ni al punto cinco, hay que criticar el disco con un muy buen oído y no con oreja de fanático. Verdad Andrés Zepeda? Las cosas como son y sin tapujos, que no es lo mismo que la mayoría, ósea; ofensivos, en eso no estoy de acuerdo.

    Este disco es muy pulido, buena calidad en producción, eso sí, pero no porque tenga una excelente producción quiere decir que el trabajo compositivo tanto de música y de letra sea impecable, que por ello se lleve las palmas. No engancha, solo es un sondo muy lindo en cuestión de grabación, la calidad del sonido muy alto, buena cocción, repito, excelente trabajo del productor, pero el ingrediente pudiera haber sido mejor.

    • Julian Dice:

      Estoy totalmente de acuerdo con vos, sin duda hay una calidez en la producción de este disco, notable, pero, no amerita a que el disco lleve una calificación tan alta, tampoco son canciones espectaculares o que sea un disco tipo himno como para referirnos a el con un 9. Siento que aun les falta por dar ese disco insignia de la banda, pero esté, mmm. Ademas, John West no es el cantante de Royal Hunt, que super atrasados se documentarón, después de su salida de West de la banda estuvo dos o tres años Marck Boals después de el, y ahora esta desde hace tiempo DC Cooper de nuevo.

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