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Unisonic – Unisonic

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Recuerdo hace algunos años cuando Earvin “Magic” Johnson, estrella de Los Angeles Lakers, anunciaba su retorno al básquetbol de la NBA tras un forzado y prematuro retiro debido a haber contraído el VIH. Lo mismo cuando el rey Michael Jordan haría lo propio luego de un par de años fuera de los Chicago Bulls a causa del traumático fallecimiento de su padre. Michael Schumacher, el piloto más ganador en la historia de la Formula 1, regresó a los circuitos tras un par de años de asueto. ¿Pero qué diablos tiene que ver esto con el Heavy Metal? Probablemente nada. Pero les quiero intentar graficar lo que significa, lo que implica, lo que genera y las sensaciones que provoca el retorno en gloria y majestad de otro grande, de otra área como la música, en específico el Heavy Metal: Michael Kiske.

Es cierto. Tras su salida de HelloweenKiske ha explorado diversas facetas, algunas más hard rockeras (como los correctos Place Vendome), algunas más soft (como su proyecto Kiske-Somerville o su reversión de clásicos de Helloween en su “Past In Different Ways”), o incluso derechamente Heavy Metal como sus colaboraciones en Avantasia. Pero otra cosa es verlo como frontman de una banda, que saque discos, que haga tours, y fundamentalmente que tenga como co-estrella nada menos que a Kai Michael Hansen, estandarte y gestor referencial de cualquier cosa que tenga que ver con el Power Metal a nivel europeo y mundial. Por ello vale la comparación con los genios del deporte mencionados anteriormente. Porque eso es Kiske en nuestro mundo, una figura icónica y dueño de la voz de discos cuya existencia en buena parte justifica a su vez el nacimiento de nuevas bandas, nuevos fans y nuevas formas de difusión.

Hacia fines del 2009, Unisonic nace como cuarteto al alero de Kiske y la inestimable colaboración de sus colegas Dennis Ward (bajista) y Kosta Zafiriou (baterista), ex partners en Place Vendome. Junto a la guitarra de Mandy Meyer comenzaron a hacer algunos shows… pero la clave para todo esto que se genera con posterioridad es la fusión Kiske-Hansen gestada por Tobias Sammet en Avantasia, donde quienes tuvimos la fortuna de presenciar sus performances en vivo pudimos vislumbrar el “click” que hizo esta dupla que tanta buena música le regalara al mundo veinte años atrás. Así, Kai Hansen le pega un abrazo de neumotórax a Kiske, agarra su maletita llena de ilusión y se une a este cuarteto transformándolo en un equipo de baby con un gigantesco currículum.

Pero es hora de ver qué nos ofrece Unisonic en terreno. Ya vimos un interesantísimo anticipo con su Mini Disco “Ignition”, pero la hora de la verdad llega con el primer larga duración de este súper quinteto, titulado simplemente “Unisonic”. Diez temas, algo más de cuarenta y cinco minutos, a priori se ve como una propuesta sobria, sencilla y sin más aspavientos que su música y el peso específico de los integrantes de este equipo. No esperen doble bombo a todo ritmo ni himnos de diez minutos, ojo al dato.

Y al igual que el Mini Disco, el “Unisonic de Unisonic empieza con… ¡adivinaron! Unisonic. Les soy franco y les cuento que cada vez que escucho este tema me gusta un poco más. A estas alturas lo más probable es que todos lo hayan escuchado, es el tema más cortito del disco y que ya comentamos a propósito del Mini Disco. Un tema bien armado, sólido y que en poco más de tres minutos muestra bastante, un excelente trabajo de guitarras y un Kiske mostrándose en un alto nivel sin exigirse demasiado. Seguramente será el tema que abra los shows y me da la sensación que provocará un alto impacto en los asistentes a sus shows.

Lo siguiente también ya lo conocíamos del Mini Disco, Souls Alive, esta vez ya no en versión demo sino que en su hornada definitiva, perfeccionada y más producida. La verdad es que no hay muchas diferencias, un par de detallitos en las voces, un sonido algo más profundo, pero nada abiertamente distinto a lo que ya habíamos escuchado. Es un tema con muchos instantes realmente geniales con las dos guitarras armónicas a las que nos referimos al chequear el Mini Disco, y que te atrapa con su ritmo galopante en un inicio y con la sola voz de Kiske hacia el final, de igual manera. Fantástico.

Y es la hora de pasar a los temas nuevos e inéditos. El primero de ellos es Never Change Me, que resulta ser uno de mis temas favoritos del disco. Sigue con la tendencia del midtempo, inicia con un riff muy hardrockero a doble guitarra, para pasar a un Kiske cantando algo bajo casi solo con batería y una guitarra muy en segundo plano, para pasar a un delicioso coro junto a las guitarras armónicas. Notable me parecen las voces intercaladas en el medio de este tema, que realmente no podría ser más sencillo, verso, puente, coro, verso, puente, coro, solo de guitarra, puente con sonidos de reloj a lo “A Little Time”, coro. Y esa fórmula realmente funciona de maravillas en Unisonic y particularmente en este tipo de temas, que perfectamente podría haber sido el single. Un deleite.

Un inicio algo más psicodélico (no tanto, sólo un poco) tiene lo siguiente que es I’ve Tried, donde Unisonic se dedice a explorar otro tipo de ritmo, quizás menos “europeo” por denominarlo de alguna forma. Le noto influencias algo más norteamericanas e incluso por momentos de AOR. Otro tipo de fórmula donde me parece que nuevamente  Unisonic sale más que airoso, con solidez y convicción. Buen tema, algo livianito quizás, pero disfrutable.

Uno de mis momentos favoritos del disco llega con la genial Never Too Late. Me van a tener que disculpar pero es en estos temas (después de los himnos Power por cierto) donde más disfruto a ese portento que es Michael Kiske. Está bien, para que se hagan una idea, el tema se parece bastante a Time To Break Free de Gamma Ray, especialmente en la parte del coro con armonías vocales. Es un midtempo sin grandes pretensiones, con un solo clásico de la escuela de Kai Hansen, y que te deja derrochando energía positiva, te prende, dan ganas de agarrar una bicicleta, ponerte los fonos y salir a dar una vuelta y encontrar bonita hasta la naturaleza circundante. Más allá de encontrar elementos que ya hemos escuchado antes en la carrera de estos músicos, da gusto escuchar a gente que hace tan bien su trabajo.

Cuatro baquetazos y un riff algo más pesado dan inicio a Renegade, quizás uno de los momentos menos destacados del disco. Con un ritmo algo más lento y bajando algo las revoluciones, es agradable de escuchar, tiene un coro bien hecho (especialmente en la parte multivocal, suena bonito) y un solo bastante interesante, pero no me termina de convencer. Es como cuando haces una jalea y la metes muy tarde al refrigerador y no termina de cuajar como corresponde, te la puedes comer y es agradable pero te queda esa sensación incómoda de que quedó un poco aguada.

Nuevamente la “fórmula” sale a relucir con un tema que ya habíamos comentado a propósito del Mini Disco y que tiene aun mayor altura en este trabajo: My Sanctuary es una midtempo que brilla con luz propia, especialmente porque Kiske muestra parte de esos agudos que lo llevaron con total justicia a conseguir honor y gloria en la historia del Metal. Me encanta el momento del freno hacia el final del tema y cómo el ritmo junto con Kiske empiezan con un crescendo mientras él dice “my sanctuary” y segundas voces lo acompañan con el “uo-o-o-oooh”. Excelente tema.

Star Rider, lo siguiente, es un tema kiskiano de fines de los ’90 casi en estado puro. Más lento, un poquito más experimental quizás, pero que al llegar al coro explota y convence. Es algo muy destacable de este trabajo, que quizás tenga temas que no alcancen a “prender” demasiado por momentos, pero que al llegar a los coros toman mucho más vuelo, están excelentemente trabajados. También destacar el trabajo multivocal previo al coro hacia la mitad del tema, de alta factura. En suma, es un tema con algo más de matices que los anteriores y que por ello destaca, además de un final con un Kiske realmente soberbio.

Altamente hardrockero es el riff que da el puntapié inicial a We Rise, que comienza con un ritmo más bien lento y que se quiebra a un ritmo más galopante, para volver al ritmo lento en el coro, donde nuevamente Kiske demuestra un alto y convincente nivel. Me gusta bastante el sonido de las guitarras, por instantes un poco más pesadas que lo que estábamos escuchando. Además cuenta con un “duelo” de guitarras muy hardrockero realmente bien hecho. Dedito para arriba.

Y para terminar este “redondito” trabajo Unisonic nos entrega una balada que es, a su vez, el tema más largo del disco. Con algo más de seis minutos, No One Ever Sees Me cuenta con muy sutiles orquestaciones, guitarras acústicas, batería, y con un Kiske muy compenetrado y demostrando todos esos años de experiencia que cuenta en sus espaldas. Más allá de su portentosa voz, no es sorpresa decir del germano que es un cantante que sabe perfectamente imprimir su feeling a lo que canta, ya sea cantando bajo (como lo hace bastante en este tema) o luciendo sus soberbios agudos (como también lo hace en no pocos pasajes de esta canción). Una muy bonita balada, con un estupendo solo hacia el epílogo, muy emotivo. Y así termina este trabajo.

Cosas para concluir: primero, como ya lo dijimos, no esperen diez de los más rápidos o acelerados temas del mundo porque si es así, el disco no les va a gustar… creo que hay que entender y haber “vivido” desde cerca el proceso de Michael Kiske, particularmente en sus últimos años, para poder comprender y valorar de buena forma lo que nos entrega en este trabajo. Pero quiero resumir mi sensación con una idea: a mi entender personal, y asumiendo que puede que suene algo conformista, Kiske ha sido tan importante en la historia y la formación musical y cultural de buena parte de quienes profesamos el Heavy Metal como estilo de vida, que cualquier cosa buena que nos entregue sólo viene a engrosar un currículum cuyas estrellas doradas ya están afianzadas y nada ni nadie las podrá quitar. Y tengo la sensación de que una de las mejores cosas que Kiske nos ha dado tras su salida de Helloween es precisamente este trabajo, un esfuerzo fresco, sencillo, emocionante por momentos, entretenido en otros, con algunos baches e inconsistencias por cierto, pero que viene a pasarle lustramuebles al trofeo del orgullo de Hamburgo que lo consagra como uno de las más grandes voces de todos los tiempos. Y me atrevo a lanzar esto. Señores, anoten: recuperamos a Kiske.



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