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CD Reviews

Symphonity – King Of Persia

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No es mucho lo que hemos hablado por estos lados de Symphonity, banda proveniente de República Checa, que a pesar de llevar más de dos décadas en el ruedo (sí, ¡dos décadas!) no goza de gran popularidad por estos pagos. Será por los extensos silencios entre cada lanzamiento, será por sus constantes cambios de nombre (comenzando como Otter, y luego como Nemesis), por el cómo ha distribuido su música, la verdad no lo sabemos, pero sí sabemos que su popularidad no se condice con la calidad de su música, porque desde ya les comentamos que, por calidad musical, los checos no se quedan atrás, para nada, porque este “King of Persia” es un gran trabajo que merece ser escuchado con atención.

Un buen precedente sienta el trabajo que acompaña el disco en términos gráficos y de sonido. La gran portada del disco estuvo a cargo del tremendo Andreas Marshall (Blind Guardian, Running Wild) y en las perillas fue el mismísimo Sascha Paeth quien se hizo cargo de mezclar este “King of Persia”.

Después de ocho años de silencio discográfico y dos LP en su catálogo, en esta entrega la banda apuesta por una formación poco común, teniendo dos “lead singer” que comparten protagonismo, y lo interesante es que aun cuando muchos pueden no estar familiarizados con la banda en sí, apuesto que sí lo estarán con los tremendos cantantes que aquí figuran: El primero es el enorme Olaf Hayer, ex-vocal de Luca Turilli y también ex-Dionysus, quien comparte micrófonos con Herbie Langhans, ex-Seventh Avenue, ex-Sinbreed y bien conocido por nosotros por su participación en la última entrega de Avantasia y ser parte del tour que los trajo a nuestro país. En la parte instrumental, completan el lineup Libor Krivak en guitarras, Ivo Hofmann en las teclas, Ronnie König en el bajo y la batería está a cargo de Martin”Marthus” Škaroupka, de Cradle of Filth.

El disco arranca con King of Persia, tema homónimo que desborda clase desde el primer minuto. Pasajes orientales-arábigos introducen una canción que con teclados ambiente y un riff lleno de fuerza nos trae un Power Metal melódico, sólido y elegante, muy en la onda de Kamelot, con el peso que lleva esta comparación. Momentos acelerados y otros más pausados se van intercalando a medida que el tema avanza, donde un sinfín de arreglos instrumentales adornan las voces de Olaf y Herbie que van alternando y compartiendo el protagonismo durante los nueve minutos que dura este prometedor opening track. Las voces femeninas corren por cuenta de la mezzo-soprano checa Jana Hrochová, invitada estelar, quien no hace más que embellecer este tema que se pasea cómodamente por distintas atmósferas, con instrumentos de viento y sonidos orientales que no hacen más que enriquecer un tema en esencia Power que alcanza su cúspide en un coro grandilocuente, potente y con esa base rítmica de doble pedal furioso que tanto nos gusta por estos lados.

A partir del segundo tema, los vocalistas se van alternando para cada canción, y es así como a toda velocidad comienza The Choice, al ritmo de un doble bombo atronador, una melodía muy happy y con la voz de Herbie Langhans robándose la película en esta canción, imprimiendo potencia a su voz raspada al más puro estilo de Andi Deris. Corte del más típico y puro Power Metal melódico. Es un tema que catalogaríamos como muy “oreja, de fácil escucha y estructura clásica, que goza de uno de los mejores coros del disco probablemente, esos que se te quedan dando vueltas a la primera escucha y tarareas una semana.

Una voz en off da comienzo a In the Name of God, tema que baja un poco las revoluciones y que llega de la mano de Olaf Hayer en las voces. Aunque no llega a ser un midtempo, sí tiene una onda más reposada que los bombazos anteriores, con teclados de Ivo Hofmann como los principales encargados de llevar la melodía principal. La base rítmica dominada por el bajo al son de una batería a tres cuartos patentan otra estructura de Power Metal sacada de catálogo. Si bien es cierto la interpretación de Olaf es más que correcta, no despliega todo el caudal que sabemos él tiene, y por ahí eso impacta en que el tema se perciba algo tibio, mas no aburrido.

Manteniendo la cadencia y fórmula del tema anterior pero entrando esta vez con una dulce armonización de guitarras llega Flying, cuarto tema del álbum. Un tema fácil de escuchar y poco pretencioso, donde Herbie Langhans vuelve a comandar el canto y vaya que sabe aprovechar cada una de sus intervenciones. Es un tema correcto, que aporta a la continuidad de la placa, pero que no clasifica como un imperdible dentro de esta.

Electrocardiógrafo, piano clásico y atmósfera cargada de melancolía… otra fórmula clásica nos introduce a A Farewell That Wasn’t Meant To Be, una bella balada interpretada por Olaf Hayer que cambia la estridencia y poder por la solemnidad, manteniendo la elegancia por supuesto. El tema es muy similar a The End of This Chapter de Sonata Arctica, con la salvedad que no alcanza a evocar los mismos niveles de emotividad. Al igual que el tema anterior, no tiene mucho de innovador pero cumple con su propósito de transmitir pena y amargura. Es un tema sencillo y correcto, pero algo falto de sazón.

El disco vuelve a despegar con Children of the Light, con un Langhans soberbio en las voces y todos los intérpretes recreando una canción que dicta cátedra de cómo hacer Metal melódico. Si hubiera una escuela de Power Metal, este tema se ocuparía para enseñarle a los niños cuales son los fundamentos del estilo. La velocidad baja de nuevo con los arpegios de Libor Krivak que presentan Siren Call, composición suave y con un trabajo centrado principalmente en la voz de Olaf y la guitarra de Krivak, bastante minimalista pero correcta, aunque creo hubiera quedado mejor en otro lugar del tracklist.

Live To Tell The Tale, octavo tema del disco, es otro capítulo del libro más clásico de Power Metal, pero lejos de la estructura del doble bombo furioso a 10.000 revoluciones por minuto, la canción desborda sobriedad y armonía. Todo el tema gira entorno a la misma melodía, en donde ninguna interpretación deslumbra en particular, pero todo cuaja correctamente. Mantiene el ritmo, es cuadradito y lo más importante, funciona.

Un riff inicial a lo más Hammerfall da paso a uno de los temas más aguerridos del disco, la poderosa Unwelcome, con Langhans y Hayer compartiendo el protagonismo de una canción sorprendente, sostenido en la tremenda base rítmica que llevan König y Škaroupka, dando forma a uno de los mejores momentos de esta entrega.

Finalmente la canción encargada de cerrar el disco es Out of this World, breve instrumental de corte algo más hardrockero y melódico que no hace más que cumplir con el cierre de un disco que comienza y termina en las elegantes melodías que marcan el paso de esta muy buena entrega.

“King of Persia” es un disco fácil de escuchar, pero que requiere varias vueltas en nuestros reproductores para convencernos de lo bueno que es, sin contar los innumerables arreglos y colores que se van descubriendo con cada escucha. A pesar de ser un trabajo oreja y de fácil atención, no es un disco que enganche a la primera. Es un disco elaborado, simple en su mensaje pero complejo y muy bien cuidado a nivel de producción. Para los fans acérrimos del estilo, puede ser uno de los grandes lanzamientos del último tiempo y sin duda no se arrepentirán de escucharlo. Para aquellos que no lo son tanto, será un buen disco para tener en la biblioteca, pero me temo que para aquellos no tan adeptos, no sería la mejor puerta de entrada a un estilo que con bandas como Symphonity buscan mantenerse vigentes explotando los recursos que llevaron al auge del estilo en la década de los ’90, pero con esas ganas de hacer algo que va un poco más allá de lo ya creado, en tiempos donde muchos plantean que ya está todo inventado.

 


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