Polimetro

Metropolis

Review del Recuerdo - 2000

Valoración

“Metropolis” de Polimetro está entre mis diez discos favoritos de toda la vida. Quizás, junto con “The Divine Wings Of Tragedy” (1997) de Symphony X, sea mi favorito en el contexto del metal progresivo. Y sin ninguna duda, y con mucho orgullo por la cercanía que genera el hecho de que sea una banda chilena la responsable, es mi trabajo predilecto del metal cantado en español…

Hay algo muy mágico en estas canciones, algo que me cuesta describirlo en una sola línea, sino y solamente por medio de recopilar la gran cantidad de sensaciones y detalles que en estos 17 años escuchándolas he atesorado, reflexionado y guardado con cariño, un disco que ha significado siempre y mucho para mí en momento duros, en instantes felices, en años de actividad de Polimetro y en tiempos de retiro.

Sus letras, melodías y arreglos… no es ese metal progresivo que se analiza, sino una música que se siente, que te alegra o golpea dependiendo de la etapa de tu vida, pero que siempre te acompaña… porque “Metropolis” por algún misterio no envejece. Por el contrario, su composición y también sus mensajes están absolutamente vigentes. No suena a esa banda de finales del siglo XX que te trae recuerdos del colegio, porque los temas incluso pueden llegar a sonar con más autoridad hoy en día que hace una década, y me parece que por ahí se logra vislumbrar el privilegio que significa encontrarse con este trabajo.

Porque quizás… en sus mismas limitaciones se descubre la maestría de “Metropolis”

Por ejemplo, el sonido. Estoy seguro que los hermanos Esquivel no quedaron conformes con el resultado final, que hubiesen deseado un sonido que no tuviera “nada que enviarle a una producción internacional”. Sí, al momento del lanzamiento quizás muchos hayamos pensado que “se hizo lo que se pudo” en las grabaciones, que se había hecho el mayor esfuerzo pero que en vivo la banda sonaba mucho mejor que en estudio (frase muy, pero muy recurrente de la escena en esos días), y que faltaba para llegar a los estándares ideales de la época (siempre en comparación al sonido europeo).

Sin embargo, algo sucedió después que lo que sonaba técnicamente “austero” y no tan prolijo el 2000, con los años empezó a tildarse de “sonido natural”, a modo de reacción a las producciones más artificiales que saturaban la escena a finales de la década pasada. Esto no tiene que ver con ser purista, sino con entregar algo que perdure, y el sonido de “Metropolis” solo se pudo comenzar a valorar mucho después de su lanzamiento. El tiempo le dio la razón al sonido de la placa y hoy le permite mostrar una cara muy creíble, una que trabajos entregados en la misma época, como los de Elegy y otros conjuntos progresivos europeos, no son capaces de enseñar en la actualidad, y se sienten obsoletos en lo técnico.

La batería de Patricio Esquivel en “Metropolis” se siente con carácter, el bajo de Mauricio Espinoza como la estructura potente que sostiene las guitarras directas y sin adornos de Carlos Esquivel. Aquí no vale el truco, sino la interpretación de cada música. Buen gusto incomprendido al principio, como habrá pasado con discos como “Welcome To The Other Side” (2001) de Rage, criticado por lo “débil” de su sonido “natural”, o “The Time Of The Oath” (1996) de Helloween, apuntado por la “poca claridad” de sus capas. Cierto, esas bandas alemanas habían decidido sonar así, mientras que lo de Polimetro era el resultado de tener al estudio presionando más que colaborando, pero eso no quita que “Metropolis” ahora irradie dignidad y credibilidad sónica.

Y las voces… uf, ya quería llegar a esta parte, porque es otra de las reflexiones que he guardado por muchísimo tiempo, y espero estar a la altura. Por alguna razón, sea artística o técnica por falta de tiempo o recursos, Ricardo Susarte apenas hace segundas voces en el álbum. Incluso, me atrevería a decir que en el único momento que armoniza melodías es en los ahs de Episodios, y en el primer verso de Laberintos. El cantante entonces se vale solamente de las líneas melódicas que dibuja con su voz limpia, lo que termina marcando a fuego su estilo vocal y el de la banda. Esto de dio un carácter único al álbum, un encanto difícil de describir pero también difícil de no sentir. Lo mismo puede pasar con las teclas de César Anguita, que en el transcurso de las canciones hace solo una cosa a la vez, un estilo sumamente austero que también define el estilo del grupo y su material, y diría que para más que bien.

Para concluir esta parte, “Metropolis” transmite la admirable sensación de escuchar a músicos que aprendieron de oído el progresivo, y que con poco hacen cosas extraordinarias, que de a pulso en el camino bajo los nombres Fixion y Metrópolis dieron con un sonido y un estilo compositivo que harían propios en el futuro. A estas alturas solo basta decir Fábulas, Episodios, Luz y Sombra, Dioses Negros, Sola, Hijos del Temor, Finjo Ser Fuerte, Guerras Eternas, Laberintos, para saber que estamos hablando de Polimetro y de su magia. Y no hay necesidad de mayores descripciones musicales, porque varias de estas canciones pertenecen a un colectivo, a una memoria que sufrió el 2001 por la triste disolución de la banda (cuando muchos apuntaban a una proyección internacional, truncada por diferencias al interior del núcleo), a personas que se emocionaron hasta las lágrimas la noche del 10 de octubre del 2008 en el Galpón Víctor Jara, cuando Polimetro regreso a los escenarios y volvieron a escuchar temas que uno pensaba que nunca más se tocarían en vivo.

Junto con “Enlighten the Darkness” de los germanos Angel Dust, “Metropolis” es el único álbum que puedo no oírlo en dos, tres meses, encontrarlo en la repisa después de llegar del trabajo, colocarlo para ver qué me provoca y sentir esa sensación que lo estoy escuchando por primera vez. Me asombra, me golpea, una carga emocional indescriptible. Después de unos días reposo de la experiencia, dejo el disco por unos meses, vuelvo a encontrarlo y vuelvo a enfrentarme a él, sintiendo de nuevo las mismas sensaciones que me trasmite su música. Quizás, el motivo detrás sean las letras cantadas por Ricardo Susarte, que consigue una estética hermosa con el sonido de las sílabas que une, logra nuevos significados juntando palabras u oraciones de forma tan mágica y profunda, y termina diciendo muchísimo más que lo que canta.

Por lo mismo, no creo que sea justo venir e interpretar las letras, porque para cada uno puede significar una cosa distinta. Son sumamente personales, a veces esperanzadoras, a veces perturbadoras, pero siempre emotivas, provocando nostalgias y rabias, con una intención de marcarte en un momento preciso. Un verso un día puede convertirse en un arma que te motive a seguir adelante, y en otro puede transformarse en una cachetada que te haga reflexionar sobre ti mismo y lo que te rodea. Allí radica la oscuridad y la belleza de la propuesta. En fin, definirlas sería quitarles ese encanto, la opción al descubrimiento y la interpretación. Solo sé que Ricardo Susarte es uno de los mejores letristas del metal latinoamericano cantado en español, y el escucharlo no solo aquí, sino también en “El Laberinto de los Sueños”, es un total deleite.

En un contexto más histórico, posiblemente “Metropolis” haya sido tan importante para la escena melódica chilena como lo fue “The Search” de Necrosis para el movimiento Thrash nacional de los ochenta. Puede que te gustara, puede que no, pero la salida de este disco se sentía como un triunfo de todos, una producción apoyada por un management, por un sello en Chile, por otro en Argentina, que a días de su puesta a la venta ya estaba en Feria del Disco y en tiendas de Punta Arenas… qué decir del exitosísimo lanzamiento en vivo, con André Matos de Angra invitado. Uno sentía que se gestaba una especial revolución en la escena de Heavy Metal melódico, con Polimetro, Bloden Wedd, Six Magics y Epsilon de Osorno (responsables del mejor tema de Power Metal chileno de todos los tiempos, So Far Away), con la irrupción de nuevos actos como SteelRage, Alta Densidad, Alto Voltaje, Concerto, Angeluz, Radaghast o Valkyria que recorrían Santiago a costa de tocatas, con la venida en masa de grupos internacionales y sus enormes convocatorias.

Qué hermosos eran esos años y por eso dolió tanto la separación de Polimetro, porque eran la punta de lanza de todo lo bueno que estaba pasando en Chile, de los que estaban logrando hacerse paso en lo profesional, y realmente se sintió un vacío que jamás lograría llenarse. Mientras más progresaban Six Magics o Bloden Wedd en sus carreras, más nos preguntábamos qué habría sido de Polimetro si no se hubiera disuelto. Hay que agradecer sin embargo a todos los que ayudaron a que la banda cobrara segunda vida el 2008, a tiempo para un segundo trabajo que mantiene intacta la magia del equipo Esquivel-Susarte, una química que no solo podemos disfrutar por los recuerdos de su debut discográfico. Por el renacimiento de Polimetro le debemos mucho a Husar e Ives Gulle, que convencieron a Susarte de volver a subirse a un escenario, y propiciar el reencuentro entre el cantante y los hermanos Esquivel para reestablecer relaciones y canciones.

Fácilmente “Metropolis” podrá haber tenido puntajes de 7 u 8 de 10 cuando salió a mediados del 2000, pero el tiempo le ha ayudado a que hoy ostente un perfecto 10, por todo lo que significa y transmite, con mensajes cotidianos y contingentes que han logrado trascender el día a día, una composición que emociona con lo que sabe hacer, una interpretación sencilla pero muy rica a la vez, con canciones progresivas que se forjaron en vivo y un sonido que gana adeptos con los años. A veces es sensato dejar pasar el tiempo y el tiempo no ha pasado en vano, gracias a un disco extraordinario hecho a pulso en lo artístico.

 

Jorge Ciudad

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  • pato

    gracias muchachos

  • Ignacio Chávez

    Disco humilde, honesto, sincero, emotivo, power! Excelentes lineas Jorge, me sentí muy identificado.

  • Blasfemus Profanus Paganus Ate

    muy buen disco, me encanta