Nocturnal Rites

Phoenix

Álbum - 2017

Valoración
9.0

Tuvimos que esperar diez años para poder volver a escuchar toda la potencia de Nocturnal Rites, un tiempo en el que llegamos a pensar incluso que quizás nunca volveríamos a disfrutar de esos tremendos riffs que nos regala la mente de Fredrik Mannberg, interpretados por él mismo y por el talentoso Per Nilsson, que vino a unirse a la banda este mismo año, además de la icónica voz de Jonny Lindqvist.

Diez años de espera no fueron para nada en vano porque finalmente terminan con el lanzamiento de “Phoenix”, trabajo para el que nos fueron preparando con distintos singles como Before We Waste Away, A Heart As Black As Coal”, Repent My Sins y What’s Killing Me, los que empezaron a acelerar los corazones de todos quienes esperábamos con ansias el regreso de uno de los íconos del Power Metal.

Todo esto arranca con A Song For You, una midtempo poderosa que parece estar dedicada a todos los que aguardamos durante diez años la esperanza de volver a escuchar a los suecos y hoy nos deleitamos en este opening track, uno que no deja indiferente desde el segundo uno porque, a diferencia de lo común en un disco, arranca con un riff lento y pesado sobre el que de inmediato la voz de Lindqvist se hace presente con líneas vocales que nos transmiten un montón de energía sin mayor esfuerzo, con una tremenda base rítmica del siempre presente Nils Eriksson y sus cuatro cuerdas además de la batería de Owe Lingvall. Un regreso a las canchas correctísimo por donde se le mire.

Repent My Sins la conocimos hace poco como uno de los singles anteriores al lanzamiento de este trabajo. Acá podemos disfrutar de líneas vocales mucho más dinámicas donde la voz de Lindqvist se pasea un poco más por su rango de voz, con un tono quizás no tan nostálgico como el que se pudo apreciar en el track anterior sino más esperanzado, por decirlo de alguna forma, con un pequeño quiebre rítmico en medio de la sección de solos donde caemos levemente en ese ambiente oscuro que pareciera ser parte fundamental del sonido de estos muchachos. Si bien los riffs evocan emociones quizás un poco más alegres, es precisamente en esos pasajes más oscuros donde uno pareciera sentirse un poco más “en casa” con Nocturnal Rites.

Lo siguiente también lo conocimos antes, A Heart As Black As Coal, la que ya agarra más potencia y peso que las dos canciones anteriores, con riffs más oscuros que nos transmiten un poco de rabia. Al quiebre rítmico pasado la mitad del track le cae la responsabilidad de permitirnos disfrutar más a destajo de los solos de las guitarras de Mannberg y Nilsson, una tremenda sección en este bien elaborado tema que nos trae un pequeñísimo problema: los ritmos contenidos que nos vienen entregando, ya que, hasta este punto, se extrañan un poco ritmos más desatados pero, sin embargo, no deja de ser un tremendo trabajo.

Lo primero que conocimos de este regreso fue Before We Waste Away, la que mantiene este ritmo que veníamos escuchando pero se empieza a acercar un poquito a la velocidad que uno quisiera escuchar de estos muchachos. Acá lo que más sobresale son, claramente, las líneas vocales, especialmente en el coro donde la voz se ve reforzada, dándole un toque de pomposidad preciso, ni exagerado ni somero, repitiendo la fórmula del quiebre rítmico para la sección de los solos lo que le ha venido dando a todas las canciones una dinamicidad interesante… creo no hay mucha más novedad que podamos decir sobre la primera canción que conocimos de este regreso.

Entonces arrancamos con el último single antes del lanzamiento, What’s Killing Me, la que reduce considerablemente la velocidad en la estructura rítmica pero sin afectar mayormente el contenido final, regalándonos una midtempo donde el ritmo es, por decirlo de alguna forma, más juguetón, aún en su cadencia, lo que le entrega a esta pieza un toque dinámico que no pasa desapercibido pero que tampoco es exagerado. Mención especial para el riff de las guitarras que suenan tremendamente pesadas sin sonar “malas” en el sentido del Metal “malulo” y, como ya nos acostumbraron, el quiebre rítmico para la sección de solos es un lujo más en esta tremenda placa.

Y, de repente, justo en el punto medio del disco, ¡paf! Llega la velocidad con The Poisonous Seed, una base rítmica relajadamente rápida, con un alto juego de la batería, que nos regala un toque medio arabesco, lo que permite que, al terminar la canción, todos se hayan podido lucir en cada uno de sus instrumentos, Mannberg y Nilsson en la sección de solos, Lingvall y Eriksson con la base rítmica y Lindqvist con un trabajo vocal digno de su talla, líneas vocales y líricas sumamente inspiradas sin necesidad de forzar su voz ni exigirse. Yo me atrevería a decir que es uno de los puntos más altos de esta placa que ya nos venía entregando puntos altos, quizás podríamos decir que el permitirse soltarse un poco para este track les resultó positivo con creces.

Bajamos levemente las revoluciones pero aumentamos el peso cuando arranca Used To Be God, la que luego de los riffs iniciales da un espacio en vacío a la voz de Lindqvist que le entrega un toque épico inmediato al track, para volver con todo a la potencia y velocidad que mantiene esa epicidad e intenta llevarla a otro nivel. Mención aparte merece la estructura lírica de esta canción ya que su contenido es sumamente profundo, la queja o lamentación de quien se sintiera o fuera un dios y lo perdiera todo. Como ya dijera antes, pareciera que les queda considerablemente cómodo este ritmo más desatado, lo que se aprecia especialmente en los juegos de batería que no sólo acompaña la base rítmica sino que, además, se muestra mucho más dinámica. Simplemente otro punto alto.

Bajamos nuevamente un poco la velocidad para Nothing Can Break Me, la que incluye unos sonidos medio electrónicos, quizás hasta medio espaciales. Acá es posible asemejar la estructura rítmica y melódica a estilos un poco más alejados del Metal, de hecho, a la oreja al menos parece ser uno de los punto más bajos de esta placa, un tema un tanto genérico que no logra movilizar muchas emociones y que, finalmente en el resultado final del disco, pasa casi sin pena ni gloria. Creo importante aclarar que no es un mal tema, para nada, pero con lo que nos entregan en este trabajo y con las capacidades de la banda se siente como que pudo ser mejor.

Con un riff más pesado nos llega la velocidad de The Ghost Inside Me, el que encima se da el lujo de regalarnos un pasaje ¡con violines! Si el tema anterior pareció genérico acá se desquitan/disculpan y nuevamente recibimos todo lo que quisiéramos escuchar de Nocturnal Rites, una base rítmica detalladamente exquisita, con variados cambios y quiebres rítmicos, con riffs poderosos y dinámicos, con líneas vocales y líricas de muy alta factura y, demás está decir quizás, una tremenda sección de solos donde ambas guitarras se lucen a más no poder, luego de la cual nos encontramos nuevamente con la voz de Lindqvist en vacío para después ser acompañado por varias voces en un coro final tremendamente épico cerrando un tema que sencillamente te golpea la cabeza todas las veces que puede.

Welcome To The End entra con toda la rabia que pareciera haber quedado estancada en el tema anterior, nuevamente con un pequeño acompañamiento de violines, con un riff rabioso y pesado y, además, una base rítmica imparable. Si el disco venía regalándonos grandes momentos, éste, sin lugar a dudas, se alza entre los mejores momentos del álbum, un trabajo que se nota le queda sumamente cómodo a los suecos con todos esos cambios, una estructura musical auditivamente deliciosa que te hace exclamar, perdonando mi francés, “¡puta que son buenos estos huevones!”. La potencia y velocidad no se toman ningún descanso, las líneas líricas y vocales están tan bien elaboradas junto a toda la estructura rítmica y melódica que te hace olvidar cualquier punto bajo que puedas haber escuchado en los temas anteriores y, dándote la bienvenida al final, te levanta el ánimo a lo más alto justo antes de terminar este nuevo trabajo.

Desgraciadamente, todo tiene su final y es así como llegamos a Flames, una nueva midtempo que del principio ya suena a himno, una especie de power ballad que relaja todas las neuronas, partículas y cualquier parte de nosotros que haya quedado pidiendo agua con los temas anteriores para regalarnos un cierre tranquilo, notablemente inspirado y que nos recuerda, nuevamente, que el buen Power Metal no siempre es pura velocidad sino que todo va en la calidad compositiva y ejecutoria de una banda, claro ejemplo encontramos en este track que nos regala un sencillo espacio de nostalgia y relajo… simplemente un cierre monumental para un regreso monumental.

Y así, con las llamas desde donde renace el fénix, terminamos este tremendo álbum que viene a terminar los diez años de espera que tuvimos desde “The 8th Sin” (2007), un trabajo tremendo por donde se le mire, quizás con un tema que deja una sensación un poco incierta pero que, sumando y restando, aprueba con creces y sin ningún lugar a dudas. Los suecos nos hicieron esperar pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que cualquier espera valió la pena al escuchar este regreso que, además, cuenta con un trabajo de arte realizado por un chileno como Claudio Bergamín, o sea, no sólo podemos disfrutar el tremendo trabajo musical que nos regala la banda sino que también la obra de un compatriota en su portada.

Lo único que podemos esperar ahora que, muy a pesar nuestro, los once tracks de esta placa terminaron, es que no tengamos que esperar nuevamente diez años para poder disfrutar de la tremenda calidad de Nocturnal Rites y, quizás rezando a todos los dioses del Rock y el Metal, alguna vez poder verlos en nuestro país para disfrutar su sonido en vivo. Hasta que eso pase, tenemos una nueva obra maestra para escuchar todas las veces que queramos junto a las joyas anteriores de estos suecos que, aunque pasen veinte años antes de su nuevo trabajo, seguramente lo estaremos esperando y lo disfrutaremos tanto como hicimos con cada uno de sus lanzamientos.

 

Seba Miranda

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