Síguenos en:

CD Reviews

Nightwish – Imaginaerum

Publicado hace

el

En las calles del centro de Santiago, en aquella entrevista realizada para el DVD Made In Hong Kong (And In Various Other Places), un atormentado Tuomas Holopainen decía que varias veces había considerado la posibilidad disolver a Nightwish, que incluso era un pensamiento que lo rodeaba en ese mismo segundo, al final de la gira 2008 del gran Dark Passion Play. Esto, porque la banda arribaba a Chile en un momento de crisis, en un tour sudamericano convertido en una pesadilla luego que Anette, llorando y apesadumbrada por el humo y los gritos en su contra, decidiera irse del escenario de Bello Horizonte dejando botado al público y al conjunto en pleno recital.

Integrantes del grupo acusaban estrés, malas vibras, de estar muy cerca de alcanzar un punto de ebullición y quién sabe, quizás ahí Tuomas se tomó la decisión de disolver a Nightwish después de todo, ya que de algún modo se acabó esa actitud de “volvimos a ser una banda” con la que se había forjado la “nueva era” con Olzon. En una medida de protección, sacarían a Anette de la línea de fuego y la colocarían en un segundo plano en cuanto a la exposición mediática y Holopainen aprovecharía la circunstancia para hacerse del control de todo lo que le faltaba por controlar, en una especie de autogolpe que lo transformaría en el salvador, pero también en el tirano.

Obviamente que no hay nadie más indicado que él para dirigir la barca, sólo que ahora, artística y visualmente, es el único que tiene la autoridad para hacerlo sin importar el resto. El concepto de banda se difuminó y el ciclo de Imaginaerum se empezó a encuadrar en torno a la figura omnipresente de Tuomas, con fotos abriendo los brazos sobre un órgano de iglesia, de él solo con un telón azul, de él solo en los estudios grabando la orquesta, sin señales de Marco o Anette siquiera, con un extraño aire a personalismo exacerbado. Y si el río suena es porque piedras trae: Imaginaerum es una oda a sí mismo, una pleitesía a su creador, una extensión de su ego creativo, un disco que habla más del compositor que de las composiciones, un pequeño monstruo…

Por supuesto, Holopainen siempre ha sido el motor detrás de Nightwish, pero ahora su figura está por delante de todo, con los demás miembros actuando como títeres en la función. Tuomas es la nueva diva de la “banda”, saltando a veces de la genialidad a la locura narcisista, al hablar de sí mismo y de todas las grandiosas armonías que crea, de las historias que relata, de ser el mago que nunca falla, de ser el cuento que uno lee y todas esas personificaciones tan inocentes como vanidosas que sinceramente llegan a ser perturbadoras y bizarras.

Avalado por la libertad que da el éxito, el tiempo y el presupuesto, el tecladista hace lo que quiere en este disco sin importar quiénes cantan, quiénes tocan o cómo se toca. Imaginaerum tiene toda la vibra de un trabajo solista y ahora Nightwish para Tuomas Holopainen es lo mismo que Avantasia para Tobias Sammet o Ayreon para Arjen Lucassen, por dar uno que otro ejemplo, con la diferencia que luce una pretensión sin límites por más ingenua que resulte. Compararse en Song of Myself a nivel íntimo con Walt Whitman, el padre de la poesía moderna americana, quien rompió los patrones tradicionales de la rima a través del verso libre, y hacer suyas palabras del poeta, al menos resulta descabellado, por no decir insolente o descriteriado.

En lo musical, el proyecto de Tuomas Holopainen’s Imaginareum es vasto en su superficie, absolutamente ambicioso en su cobertura aunque poco profundo en sus huellas, traspasando la delgada línea entre lo diverso y lo disperso en un álbum donde se escucha mucho de todo y no mucho de Nightwish. Se nota que el artista vive un hito personal con este CD, que cumple un sueño, que disfruta la oportunidad de realizarlo, que se siente como niño frente a la vitrina de una juguetería anonadado con toda la maravilla que vislumbran sus ojos. Sin embargo, esa misma inocencia bien intencionada puede enredar el esfuerzo, puesto que hay canciones escritas como si recién el músico hubiese descubierto tales sonidos.

Y allí se encuentra el cerrojo para mirar dentro de Imaginaerum: un inocenteHolopainen JUEGA a ser compositor de películas, juega a ser poeta moderno en Song Of Myself, y juega a ser compañero de Louis Armstrong en Slow, Love, Slow, ¡una pista que no es más que una jugarreta!, cliché, planamente interpretada por la falta de experiencia de los músicos en estas lides. Se entiende que la banda se sumerja en un mundo de soundtracks, pero aquí suena muy sobreactuada. Ese brush en la caja de Nevalainen, ese solo improvisado de Emppu, ¡muy pobre ejecución y registro!

Componentes dispersos entre sí hay más, como la introducción Taikatalvi, la sección polka tipo Finntroll en Scaretale o toda la parte final de Song Of Myself, con ese extraño solo de versos libres. Dicho sea de paso, esta canción es la que que más sentimientos encontrados me provoca del disco. Por ejemplo, los sonidos característicos de ese Nightwish punzante de orquestas y arreglos corales se hacen presentes en un comienzo fabuloso con Holopainen desplegando lo que mejor sabe hacer, ¡explosión sinfónica con fuerza y pasión! De hecho, las líneas de Anette en el precoro y coros son absolutamente filosas y atrapantes, aunque la tensión va decayendo y antes de seguir con los versos de Whitman, la composición se enreda con unos silencios infantiles. Pero el capricho más grande es el track orquestado al final de Imaginaerum, el sueño máximo de Holopainen: decenas o quizás cientos de músicos tributándolo a él, repasando en una pieza sinfónica de seis minutos las melodías más dirigibles del álbum, ¡como si ya se tratasen de clásicas! Un homenaje por parte del homenajeado, muy bien logrado por lo demás, pero que confirma que el ego y la autoreferencia de Tuomas están fuera de control.

En todo caso, el atrevimiento de Holopainen a la hora de probar elementos a ciegas no es menor y esa valentía de lanzarse al vacío genera ciertos aires de frescura. En dicho sentido, Rest Calm es una sorpresa muy grata, un tema con secas marcas guitarreras de la época del Century Child, sutiles pasajes gótico-noventeros y las dinámicas dadas vueltas, encumbrándose en los versos y calmándose en los coros. I Want My Tears Back es una pausa muy peculiar dentro del tracklist, ¡pues se trata del único corte sin orquesta! En él abundan los timbres acústicos folklóricos del invitado Troy Donockley y realzan unas voces angelicales por parte de Olzon, todo un momento de respiro que además cuenta con melodías que recuerdan al Oceanborn, ¡incluso en las armonías! La balada Turn Loose The Mermaids acentúa el ambiente celta de la misma manera que lo hiciera The Islander en Dark Passion Play, pero finalizando con una ardiente sección de cuerdas llena de cadencia alegre y bailable.

Ahora, creo que la canción más soberbia de Imaginaerum es justamente la única donde Marco Hietala compone, The Crow, The Owl And The Dove, entregando algo de cordura a toda la exorbitancia que la rodea. La historia de amor y lecciones son conmovedoras, las voces de Anette y Marco emocionan y todas muestran algo especial. El trabajo de percusión -no sólo batería- es sensacional y sin duda, para mí, es lo más brillante y aterrizado de esta placa. De las apuestas a sorpresa del álbum esta es la que gana, y también es bueno detenerse en el aspecto vocal porque ambos cantantes responden a todas las expectativas de su entusiasta y alocado creador. Por su parte, el bajista saca a relucir nuevos timbres y los complementa con esos más aguardentosos por los cuales tanto se le conoce, mientras que Olzon (salvo en Storytime) ¡fantástica!, jugando un papel mucho más teatral, adecuándose a los personajes que le toca interpretar en cada pista. Suena maliciosa o dulce, sensual o triste, con actitud o popera cuando se le requiere. Eso sí, su rol no es tan protagónico como en Dark Passion Play, pero Anette supera la siempre difícil prueba de grabar un segundo CD como reemplazo de la cara insigne. Con el primero, los únicos que conocen la nueva voz son los músicos que la contratan. Con el segundo en cambio, los vocales sustitutos ya saben lo que piensan los fans de su cometido -sea bueno o malo- y eso ya debe ser una presión extra enorme. La sueca aquí impresiona para bien y para mal a quienes la aman y la detestan, por lo que el tema de las comparaciones no se extinguirá de aquí a un buen tiempo más.

¿Por qué la excepción con Storytime?, ¡es el single más irritante de los últimos años en el metal! Al principio cuesta tomar en serio el coro y sólo por su descarada insistencia empieza a gustar a la fuerza, como si fuera un placer culpable. La melodía es tan pegadiza que es imposible hacerle el quite en ese instante, pero después de un tiempo pierde la gracia y se convierte en algo un poco hostigoso, como el manjar más espeso. Una cosa parecida ocurre con Last Ride Of The Day, cuya melodía principal se repite hasta el cansancio, sea por medio de los arreglos sinfónicos o las voces. El ritmo up-tempo de ambas pistas saca de quicio, desespera, ganándole con creces a Wish I Had An Angel de Once. Las partes instrumentales salen al rescate y son un verdadero alivio, con orquestaciones severamente dramáticas, ¡aunque cortas!

Si hay que destacar temas más “tradicionales” de Nightwish en este álbum hay que tomar Scaretale, con una fabulosa serie de orquestas, teclados con mucho carácter, una batería fuerte aunque elegante y un performance notable de Anette, una de las grandes composiciones de Imaginaerum, ¡incluyendo su tributo a Finntroll! Por último, sólo quiero destacar la tremenda labor de las percusiones a lo largo de todo el CD, con tambores/timbales de todo tipo dibujando tonalidades que no hacen más que enriquecer el colorido y la batería de Jukka.

Los que han logrado seguir con gusto la evolución de Tuomas Holopainen (quien ha pasado de ser el compositor y letrista de Nightwish a un artista semidios todopoderoso y omnipresente) no se toparán con sorpresas. De hecho, si se daba por sentada dicha curva de locura, el resultado de Imaginareum era esperable, muy cercano a lo que podía anticiparse con la propaganda armada para el lanzamiento. Sin embargo, al resto le costará digerir lo que el otrora reservado tecladista ofrece hoy en día. Su gigante personalidad termina por comerse a la banda y da rienda suelta a un vertiginoso ego creativo que satura los espacios, terminando en un trabajo disperso, idolátrico e inmaduro.


close
Thanks !

Thanks for sharing this, you are awesome !

X