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CD Reviews

Erick Ávila – Origen

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El metal chileno se ha ido nutriendo de tremendos exponentes que cada vez nos regalan más y mejores productos discográficos, algunos con sus bandas y otros en formato solista, ese es el caso del guitarrista Erick Ávila, quien se hiciera conocido tocando con los ya reconocidos SIX MAGICS. Anteriormente, Ávila había lanzado un debut solista donde mantenía un sonido totalmente ligado al Power Metal, sin embargo, el año pasado decidió adentrarse más en la experimentación y la fusión entre lo progresivo y los sonidos de nuestra tierra. Precisamente ese es el trabajo que revisaremos a continuación.

Origen” es el nombre de la placa que lanzara el año pasado Erick Ávila, un trabajo que consta de trece temas bastante variados entre ellos donde no paseamos sólo por sentimientos evocados sino, espectacularmente, por zonas geográficas muy marcadas, logrando una fusión sonora exquisita que no cualquiera logra crear. Todo esto arranca con el tema que da nombre al disco, Origen, el que comienza con una ambientación bastante futurista donde los teclados son los principales protagonistas para dar paso a todo el metal que el guitarrista ya nos tiene acostumbrados. Una potencia tremenda se toma el track para permitir que la virtuosidad de Ávila baile sobre esa base rítmica cambiante, una pieza que abre las puertas a un viaje impresionante por paisajes sumamente distintos entre sí, recordando todo el tiempo que esto es Power Metal, subiendo y bajando las revoluciones, una entrega de calidad desbordante.

Pero como ya dijimos, el viaje que Ávila nos propone no es sólo a través de sentimientos sino también de lugares y así nos llega … Y Fuimos Cueca, donde la guitarra se tranquiliza un poco para presentarnos una tonada exquisita del centro de nuestro país en versión Metal, una fusión que algunos habían intentado antes pero sólo en pasajes cortos o en versiones menos pesadas, siendo una innovación interesante, la que, luego de un pasaje que nos lleva nuevamente un poco al espacio, nos regresa a la tierra acercándonos a una especie de cueca metalera, presentando una mixtura muy bien lograda donde ninguno de los sonidos opaca al otro.

Seguimos el viaje y ahora la batería nos trae un ritmo típico de nuestro norte y la guitarra de Erick nos da la bienvenida a Descarga Andina, donde nos presenta una especie de huayno metalero, con algunas pausas de tranquilidad. Acá nos encontramos además ya con un piano más latino, más caribeño quizás, acompañando los sonidos andinos y reforzando la fusión de estilos y ritmos, una delicada obra de arte que se forma desde ámbitos tan distintos que se configuran en un tremendo acierto compositivo.

Un ritmo más detenido nos lleva al otro extremo de nuestro país y la guitarra emulando una trutruca nos da la bienvenida a La Batalla de Tucapel, canción que presenta un sonido mucho más pesado, trayéndonos no sólo a visitar un pedazo de tierra chilena sino también un momento de nuestra historia, incorporando algunos sonidos que se acercan a los himnos y marchas de guerra, usando todos los elementos musicales posibles que nos dejen claro qué es lo que nos quiere transmitir. Uno de los puntos más altos de esta placa, sin dudas.

Texturas nos saca bruscamente de ese escenario y nos lleva a la vena más progresiva del disco, donde podemos disfrutar, tras la introducción, un ritmo de bossa nova exquisito que nos relaja todo lo que puede haber tensionado el tema anterior, recibiendo el impacto del Metal de la guitarra de Ávila de manera suave y refrescante, con una base rítmica activa, una batería que juega incansablemente y un puente tremendo que nos regala unos segundos de relajo total para empezar nuevamente a levantarnos a través de los riffs inspiradísimos que nos dejan esperando más hacia el final.

Un riff que nos recuerda al ANGRA de los 2000 nos abre la puerta para Festejo, un tema rápido pero liviano, cómodo para disfrutarlo en cualquier momento donde fácilmente se siente la onda celebrativa que quiere transmitir, disfrutándose un tremendo groove que nos acerca un poco a la cumbia quizás, pero sólo un poco, manteniendo el sentido progresivo de la pieza en todo momento.

Nuevamente levantándonos un poco fuera de la Tierra arranca Infinito, pieza donde el bajo se hace más protagonista en los primeros segundos, con guitarras que suenan más espaciales, recordando incluso algunas películas o series de ciencia ficción. Aunque nos saca fuertemente del contexto en el que nos traía el disco, es una tremenda pieza que nos lleva a disfrutar otra arista de la calidad compositiva de Ávila, manteniendo un ritmo tranquilo durante los cuatro minutos y medio que dura, llevándonos en un viaje sideral como para que observemos desde fuera todo ese mundo que nos quiere mostrar el disco.

Lamento arranca en una línea más pesada aunque sin gran potencia sino, más bien, manteniendo el ritmo anterior para dejarnos caer en una suerte de tango metalero, lo que nos regala uno de los pasajes más evocativos de la placa, acaso en las callecitas de Buenos Aires disfrutando su ambiente taciturno y bohemio. Una pieza delicada, sin arranques de locura ni potencia, sólo una composición correctísima que nos permite disfrutar sin necesidad de explotar más de lo necesario la vena metalera. Podríamos decir que tiene “ese qué sé yo”.

Luego nos vamos a un riff rasgueado donde nuevamente el bajo se hace protagonista para cabalgar en las Llanuras que nos llevan un poco al folcklore españolizado de los países más nortinos en Sudamérica. La guitarra de Ávila se luce con toques tipo flamenco y un regreso a la potencia del Power Metal, dejándonos imaginar quizás una pareja de bailaores mientras nos paseamos alrededor de la pista. Hacia el final los cortes rítmicos abruptos le entregan una agresividad exquisita que no alcanza a ser brusca, algo difícil de definir pero que le entrega otro plus más a esta pieza.

Con Ayün, la velocidad nuevamente baja llevándonos a un escenario más nostálgico, más sentimental y es que por algo lleva el nombre que decidió ponerle a este track. No es difícil imaginar una escena romántica entre los protagonistas que se nos ocurran al escuchar estas melodías. Me atrevo a decir que es uno de los puntos más altos en esta placa donde Ávila logra condensar y transmitir todo el sentimiento que encierra el concepto ayün, palabra que en mapudungun engloba todo lo relacionado con el amor.

Memorias nos pareciera trasladar al puerto de Valparaíso para disfrutar uno de sus tan tradicionales vals, mantenemos el ritmo suave y disfrutamos de las imágenes que la música nos puede evocar. Es inevitable empezar a sentir un poco de sed en un minuto a lo largo de este track, quizás un vino navegado, hasta que hacia el tercer tercio de la canción nos recuerda que esto es Power Metal y, sin cambiar demasiado el ritmo, nos levanta el ánimo para terminar por lo alto. Me atrevo a decir que quizás sea uno de los puntos más bajos de este trabajo, no obstante, sigue siendo una tremenda pieza y, sobre todo, muy pero muy bien lograda.

Me cuesta trabajo recordar a qué ritmo nos acerca Indómito, se acerca bastante a los ritmos que flotaban en nuestro país a principios de la década de los ’70 y, mezclando esa idea y el nombre, es precisamente hacia donde creo que apunta este tema, a un pueblo indómito que ha sufrido por culpa de sus compatriotas a veces y muchas más veces por culpa de la naturaleza pero que siempre se ha puesto en pie, se ha defendido, ha luchado y lo sigue haciendo. Acaso un llamado a despertar a medida que la velocidad va aumentando, aumentando y ganando potencia y agresividad hasta terminar abruptamente, quizás queriendo decir que la historia no ha terminado.

Así es como llegamos a Elian, tema que cierra este trabajo en la línea más relajada del mismo, dejando notar inspiraciones de Joe Satriani y Steve Vai, una tremenda pieza que gana algo de potencia y peso hacia el primer minuto pero que no deja de evocar esta sensación paternal, este sentimiento de observar y cuidar a alguien más. La veta progresiva acá se luce, es simplemente una maravilla de tema que no puede dejar absolutamente a nadie indiferente, nos lleva por un laberinto de emociones positivas y cálidas que se convierte en un cierre tremendo para un disco en que se nos lleva, como dije al comenzar, por un viaje emocional y geográfico.

Erick Ávila simplemente nos demuestra en este trabajo que su calidad compositiva y ejecutora están a un nivel altísimo. Una obra que tiene, además, la dificultad de ser exclusivamente instrumental, un detalle que siempre he considerado de mayor mérito puesto que no tienes líneas vocales en las que simplificar la música, hablamos de trece tracks de solamente música con altos y bajos, quiebres rítmicos y cambios varios que se sostienen por sí mismos sin una interpretación vocal de por miedo, lo que considero hace este tipo de trabajos aún más valorables.

Siempre es un orgullo poder revisar material chileno de tan alta gama, claro, por la fusión de sonidos con la que Ávila se quiso arriesgar es un poco difícil de digerir por completo a las primeras escuchas pero, desde el primer momento, se disfruta, especialmente el viaje que nos lleva a dar sólo con sonidos “metalerizados” de ritmos tan propios de nuestra tierra sudamericana, algo que hasta el momento nadie se había arriesgado a hacer y que nuestro compatriota logró con creces.

 

 


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