Durante la última década ha surgido un número creciente de bandas que han traído de vuelta el sonido de hace más de treinta años. Tal como las bandas de la NWOBHM y la Bay Area de San Francisco, esta vez se trata de la «New Wave of Traditional Heavy Metal» (NWOTHM), cuyos mayores exponentes los entrega Suecia y Canadá. Bandas como Enforcer, Steelwing, Skull Fist o Striker van ganado terreno con su propuesta materializada por el sonido de antaño pero de fresca percepción, y propone un recambio generacional, manteniendo las bases del Heavy Metal tradicional.

Es así como Cauldron, proveniente de Ontario, Canadá, liderada por Jason Decay, en voz/bajo, junto a Ian Chains en guitarra y Myles Deck en batería, es digno representante de esta corriente y uno de los más importantes de esta tendencia en ese país. La agrupación es formada en 2006, luego de la disolución de Goath Horn, banda con tres discos a su haber, que logró cierta notoriedad en su país y en la cual Decay militó desde 1999 por siete años. Posteriormente, junto al guitarrista Ian Chains, forman Cauldron completando la formación con Al Artillery en batería. Cabe mencionar que en esta década el puesto de baterista ha sido lo más variable en la formación original, ya que una vez que graban su EP “Into The Cauldron”(2007) y la banda firma con el sello Earache para su primer larga duración, “Chained To The Nite”(2009), Artillery abandona la banda para unirse a la grabación del primer trabajo de Toxic Holocaust con Relapse Records, ingresando por un breve periodo el ex – Goat Horn, Steelrider, para luego ser reemplazado por Chris Ritos y sacar su primer trabajo. En el 2009 los acompaña Chris “Steve” Stephenson hasta la grabación de su segundo trabajo “Burning Fortune”(2011), pero a fines de ese año anuncia su salida de la banda y regresa temporalmente Ritos para grabar el tercer álbum, “Tomorrow’s Lost” (2012). Finalmente, a mediados de ese año, se anuncia la llegada de Myles Deck como nuevo baterista, grabando dos años más tarde su EP “Moonlight Desires”(2014).

Cuatro años más tarde desde su último disco largaduración, la banda nos entrega «In Ruin», de la mano de The End Records, el cual fue grabado en el mismo lugar donde realizaron sus dos últimos trabajos, el Lincoln County Social Club en Toronto, con la colaboración de Chris Stringer (Rush) y John Densmore en producción e ingeniería, y posteriormente mezclado en Estocolmo con Olof Wikstrand (Enforcer).

En poco más de cuarenta minutos y nueve temas, Cauldron apuesta con un álbum que transmite incansablemente la esencia del más puro Heavy de antaño. Con una enérgica partida, No Return / In Ruin deja claro la línea “old school” de los canadienses, entra como ametralladora el sonido de las guitarras que pareciera apoderarse de la canción, con un coro pegadizo y entiendes que estás frente a una banda que se esmera en el revival del Heavy ochentero, como si aparecieran los jeans gastados y las largas melenas agitándose ante cada riff. El solo a los 02:45 presenta un lick que modifica el clímax alcanzando su peak para terminar con un final bastante calmado, como si finalizara una descarga furiosa para dar paso a la tranquilidad.

Sin embargo, una melódica guitarra nos anuncia el segundo corte, Empress, un interesante tema que según Jason Decay habla acerca de “sucumbir a la naturaleza”. Con un inicio que recuerda el sonido de Metallica en sus primeros trabajos, de ritmo más lento y casi hipnótico con un quiebre a una ligera aceleración en los riffs durante la canción, con pequeños licks de guitarra y cambios en las dinámicas por parte de Chains, acompañado de la voz que mantiene su característica entonación, para retomar el camino inicial, un excelente corte que tal como señala su líder, sigue la línea de alguno de sus trabajos anteriores como “Chained to the Nite”.

Guitarras anunciantes indican la partida de Burning at Both Ends, riff poderosos acompañados de una batería veloz, entonces irrumpe la voz de Decay, un tema que no te deja descanso, mientras Deck golpea fuerte al interior de tu cabeza y un coro bastante pegadizo, el solo de guitarras de los 02:09 te lleva al clímax de la canción con un breve cambio de ritmo para retomar el sonido inicial, mientras Jason continúa con su “Burning at both ends” hasta concluir, para dar paso a Hold Your Fire, un ochentero tema de guitarras poderosas y las voces entrando de fondo, la guitarra galopante del estribillo te lleva más de treinta años en el tiempo, recordando a Judas Priest y el galope de Stained Class, cuando a partir de los 02:27 entra un solo que le da más intensidad para luego fundirse con el ritmo del estribillo, para finalmente mantener el ritmo estable hasta el cierre del tema, en fin un tema de riff enérgicos y melodías predominantes.

Un sonido de teclados nos indica que llegamos a Come Not Here, entra con fuerza Chains, siendo capaz de llevar el ritmo del tema al nivel necesario para que comiences a moverte nuevamente, se suma Myles y su potente base que nos prepara para lo que viene, a los 00:43 provoca el quiebre necesario para que explote el tema y la voz de Decay, esta vez en un tono más oscuro, nos invite a continuar el headbanging a ritmo constante, mientras los coros de fondo dan la luminosidad necesaria para equilibrar el corte. Buena melodía, cadenciosa con ciertos toques que evocan bandas de la época, continúa hasta un final de cierre seco y categórico por parte de Deck.

El bajo de su líder nos anuncia a Santa Mira, un fantasmagórico corte, inspirado en “Halloween III”, en clara alusión al pueblo californiano del mismo nombre donde transcurre la acción de la película. Nuevamente la banda presenta una buena base rítmica, veloz y potente, coros pegadizos como si la fórmula se repitiera una y otra vez a lo largo del disco, sin pausa alguna; así avanzamos hasta llegar a Corridors of Dust, un tema de atmósfera oscura donde predominan los cambios de ritmos, abre una guitarra que recuerda a Randy Rhoads, con riffs galopantes y alternados, cambiando de ritmo a los 03:10, ralentizando la melodía por casi cuarenta segundos como preparación para recibir las seis cuerdas de Ian Chains con un potente solo en el clímax, para retomar el ritmo inicial en conjunto con la voz principal y las voces de fondo reiterando “Lost inside the corridors of dust”…”the corridor of dust”, mientras el estilo Rhoads” persiste hasta el fin.

Delusive Serenade, tema instrumental, el de mayor duración de todo el trabajo, que trae a la memoria clásicos como Orion de Metallica, de melódica partida, te hace pensar que tal vez es una balada más, cuando irrumpen los riffs por un momento y la composición se torna bastante contundente y reflexiva pasando luego a cambios de ritmo haciendo que Decay, Chains y Deck muestren que son más que un revival facilista de riffs speed y coros ochenteros. Un buen instrumental con la más pura esencia de los buenos tiempos del Heavy Metal. De esta forma, llegamos al final del álbum, donde el cierre de este corte da la impresión que se funde con el inicio de Outrance, donde el sonido de guitarras veloces y lejanas, que se acercan subiendo el volumen, se unen al ritmo rápido de batería para dar el último golpe de Rock para dar un cierre digno de una banda de la vieja escuela. Un tema visceral, con guitarras sostenidas en un riff que no descansa hasta un golpe final cuyo efecto pareciera desvanecer todo lo escuchado y llevárselo a otra dimensión. Simplemente es el final, colocando el broche a un trabajo que tiene ciertas diferencias con su anterior trabajo, pero mantiene la esencia de la banda, el gusto por hacer Heavy Metal.

En conclusión, “In Ruin” es un trabajo que mantiene continuidad en el estilo propuesto. Si bien no es un álbum con grandes variaciones en el sonido o con una elaborada técnica, la apuesta por lo simple y tradicional funciona para esta banda, sin asumir demasiados riesgos y siendo consecuente con el planteamiento, sin etiquetas ni estilos rebuscados, sólo Rock simple y directo. De todas maneras, queda la sensación que la banda podría dar aun más, lo que deja las expectativas abiertas para futuras producciones. Si buscas algo que te mueva, que te obligue a hacer headbanging por una hora sin mayor análisis de técnicas, mixturas musicales y demases, si quieres rockear con sólo colocar «play», entonces prepara tu cuello y refresca tu cerebro, porque una vez inmerso en este caldero tus neuronas arderán a fuego lento.