Tener la posibilidad de presenciar un show de Avantasia siempre será un privilegio. Con toda la responsabilidad que se requiere, podemos asegurar que es una de las bandas más influyentes del género. Sí, decimos «banda» ya que desde hace un buen tiempo que el proyecto personal de Tobias Sammet funciona con una regularidad y una consistencia que cualquier agrupación del mundo desearía. Dicha regularidad es la que los trae por cuarta vez a nuestro país, siempre contando con grandes instrumentalistas y cantantes de talla mundial que deslumbran en el recinto de calle San Diego. Los grandes discos se defienden en vivo y «Moonglow» (2019) no podía ser la excepción. Eso sí, en esta ocasión quizás había un poco de curiosidad y -por qué no decirlo- un poco de incredulidad al ver cómo se las arreglarían para suplir tres grandes ausentes en el show: Amanda Somerville, Bob Catley y la bestia germana llamada Michael Kiske. Por su parte, considerando que se unía a las filas el gran Geoff Tate (histórico vocalista de Queensrÿche), el panorama desde luego que era bastante interesante.

Situándonos ya en los momentos previos -y escapando de un viento que arrasaba con todo a su paso-, una vez dentro del Teatro Caupolicán me sorprendió gratamente ver a unas 2.000 personas que aguardaban de manera impaciente el campanazo inicial. Para suerte nuestra y sabiendo que se avecinaba un show de larga duración (¡tres horas por lo bajo!), con una puntualidad más que plausible, siendo las 20:30 hrs. en punto, se apagan las luces e inmediatamente comienza a sonar por los altoparlantes la clásica You Shook Me All Night Long de AC/DC, seguida de Symphony No. 9, Op. 125, más conocida como El Himno de la Alegría de Beethoven para los amigos. En cosa de segundos ya estaba toda la banda sobre el escenario esperando la aparición del maestro de ceremonias. Es así como la ovación bajó inmediatamente una vez que Tobias comenzó a entonar los primeros versos de Ghost in the Moon. No vamos a descubrir ahora la entrega y la energía que transmite el frontman. Siempre se ha caracterizado por su carisma y así lo pudimos ver durante el opening track. Ahora bien, es cierto que la reacción hacia el tema fue un tanto tibia en un comienzo, pero la situación fue cambiando paulatinamente mientras nos acercábamos al coro. Ya durante el «Now what am I supposed to be/ For sure it can’t be me/ In orderly array…» el panorama había cambiado. Más aún con el «Awaiting the night to yell a prayer up to the starlight/ Veiling boon, ghost in the moon!», que varios se sabían a la perfección. Luego llegaría el primer saludo del cantante con un enérgico «Good evening Santiago de Chile, are you ready?«, y prácticamente nos tenía a todos en el bolsillo. Aún quizás cuando el sonido no era óptimo, ya que desde nuestra posición en la cancha los bajos estaban un tanto confusos y la voz principal a ratos se perdía tras los instrumentos. De todas formas, excelente ejecución en el puntapié inicial.

Tobias nuevamente nos saluda y bromeando que dentro del setlist no hay «boring stuff«, rápidamente da el inicio a Starlight, uno de los cortes más entretenidos de «Moonglow«, que además contaría con la primera participación de Ronnie Atkins (vocalista de Pretty Maids). Como era de esperarse, sus estrofas fueron interpretadas a la perfección. Los años de carretera se notan desde el primer segundo y su dominio es realmente envidiable. Para qué mencionar el estribillo, donde simplemente se lució con el «Waiting for a sign in vain/ That’s gonna shine away the pain/ Gonna cite a figment down/ Yet I’m gonna stick around para luego rematar con el «Are you gonna guide me starlight/ Guide me starlight/ Are you out there, anywhere, at all?«. Y si de lucirse se trata, lo ocurrido durante Book of Shallows simplemente nos dejó sin palabras. Así de simple. Para que se entienda de mejor forma, recordemos que la versión en estudio contiene además la participación de Jørn Lande, Hansi Kürsch y Mille Petrozza (¡cuánta calidad en una sola canción, madre mía!), por lo que la tarea desde luego que no era nada sencilla. Y a modo personal, las brutalidad de las estrofas del líder de Kreator eran las que me tenían más expectantes al saber cómo serían cantadas. ¡Y vaya resultado que nos dieron! Ronnie y Adrienne Cowan formaron una dupla que nos voló la cabeza a todos. Turnando los guturales de la cantante junto a los gritos más desgarradores de Atkins dentro de cada una de las frases, derechamente nos regalaron un momento para enmarcar. ¡Sublime!

Tras la primera tanda en la que no hubo respiro, llegaría el primer speech de Tobias en el que básicamente nos habló de cómo todo el mundo trató de oponerse a la publicación de un single de doce minutos de duración por no ser un hit «radial». Desde luego que logró salirse con la suya y así comenzamos a sumergirnos en el track más épico de «Moonglow«. Hablamos por supuesto de The Raven Child, un temazo con todas sus letras. Con el mismo líder cubriendo a Hansi y luego despachándose el «A fire in the dark for the fool’s gonna find his way/ Gonna run and never get away/ Is it love that glows in fiery alignment?/ Starry-eyed, maybe living a lie?/ A lonely heart in and endless line» como si nada, lo cierto es que todos esperábamos un momento en particular. Sí. Ya se sentía en el aire. Lo veíamos venir. Cuenta regresiva: 3, 2, 1 y teníamos frente a nuestros ojos a nada más ni nada menos que a Jørn Lande. Y permítanme la licencia, pero presenciar en vivo a uno de los mejores cantantes que ha dado este género es algo no menor. «The Striking Viking from Norway» no podía estar ausente y desde la primera palabra ya estaba rugiendo. ¡Cómo esperé el duelo de voces del final! Ya con el «You tuck away yourself inside/ You ride away on the inmost light/ Your soul glowing opal-blue» me daba por pagado. Si a eso le sumamos el clímax absoluto cuando Jørn lanza el «Off to the night’s plutonian shore/ You dream and hope you won’t wake no more to this/ Flying raven Chlid» para que Tobias le secunde gritando «Oh fiery eyes!«, la verdad es que no sé cómo describirlo. ¡Insuperable!

El vocalista noruego queda solo en el plató y sin mucho preámbulo nos adelanta que lo siguiente será Lucifer, primera revisión a «Ghostlights» (2016) por cierto. Antes de entrar al tema en sí, es justo y necesario mencionar el uso de la pantalla central que nos presentó la banda. En todas sus visitas anteriores solo contaban con un gran telón de fondo, mientras que esta vez hubo un trabajo visual con animaciones que cambiaban en cada canción. Es así como pasamos de tener un castillo con niebla y montañas con una gran luna de fondo durante la primera parte del track, a un fuego incontrolable en todo el paisaje para el desenlace de la parte media-final. Por supuesto que la interpretación de Miro Rodenberg en los teclados fue impecable. Luego, el quiebre marcado por el «Morning is dying, brace me on these grounds, angel of light!» logró dar la tensión necesaria a los últimos versos de Lande.

Es momento de que aparezca en escena un debutante dentro de la alineación de Avantasia. La performance de Geoff Tate era una de las que más llamaba la atención en el papel y una de las que más se hablaba antes del concierto. Su nivel de acoplamiento al conjunto debía ser óptimo, más aún considerando que sus intervenciones irían mucho más allá de los tracks del último álbum. Al igual que sus compañeros, debía cubrir estrofas y coros de los que hablaremos más adelante. Pues bien, llegaría entonces la dupla compuesta por Alchemy e Invincible. Para la primera, André Neygenfind y Felix Bohnke se mandaron una base rítmica a prueba de balas que dio pie a que Sascha Paeth y Olli Hartmann cayeran con todo el peso del riff. En cambio, para la segunda, nuevamente Miro se hace protagonista con otra atmósfera oscura y densa durante los primeros instantes. Luego contrasta durante el coro y así es como se logra otra gran interpretación de principio a fin. Ahora bien, lamentablemente no pudimos apreciarla en su totalidad, ya que el problema con algunas voces persistió con el correr de los minutos y más puntualmente el micrófono de Tate a ratos se perdía y no se lograba escuchar con la pulcritud necesaria. Si a eso le sumamos que ambas piezas no están dentro de lo más destacado del setlist, y las cuales personalmente prefería en el orden original del LP, la verdad es que este segmento dejó un sabor un tanto amargo dentro de la jornada.

Tobi nuevamente se dirige a los presentes y comienza a realizar ejercicios vocales de afinación junto al público, ya que, según sus propias palabras, «La siguiente canción es muy difícil de cantar» y que además el encargado de entonarla no se encuentra en esta gira. Señal inequívoca de que hablaba de Michael Kiske. Es entonces cuando Olli toma el puesto y con todo lo que tenían a su disposición, logran sacar adelante una gran versión de Reach Out for the Light. Quiero decir, es evidente la ausencia de Kiske, pero el guitarrista hizo un trabajo soberbio que se llevó aplausos. Obviamente fue recibida y coreada a más no poder. No se esperaba menos, debido a que hablamos de un clásico de proporciones épicas para el que siempre faltarán adjetivos para describirlo. Por otro lado, entrando en terrenos más escabrosos, la verdad es que muy quisquillosamente extrañé el clásico Prelude antes de su ejecución. Siento que al tratarse de un himno de esta talla, quedó un tanto «desprotegida» y perdió esa expectación que produce la intro de «The Metal Opera«. De todas formas, sumen otro momento para enmarcar. ¡Qué manera de cantar el coro, loco!

Nuevamente salta a la palestra Adrienne Cowan para sorprendernos con todas las melodías de Moonglow, otro de los singles del disco. El estribillo «A lunar light into your room/ Let it carry you into the night/ Moonglow, let it take you away/ The road aflame, fooling gravity/ You follow the light/ Moonglow, moonglow to the other side» fue perfectamente logrado, llevándose así todas las miradas y aplausos del respetable.

Lo siguiente sería una trilogía en la que Eric Martin (Mr. Big) haría de las suyas. En primer lugar vendría Maniac, cover a Michael Sembello que fue presentado por Tobias como una versión que «hacen porque pueden«, diciendo que justamente ese es el espíritu del Heavy Metal: hacer lo que te dé la gana. Y bueno, un corte entretenido a más no poder y nuevamente con un nivel descollante en todas sus líneas, donde nadie se quedó sin cantar el «She’s a maniac, maniac on the floor/ And she’s dancing like she’s never danced before…». Luego vendría otra de las infaltables en el repertorio. Dying for an Angel a estas alturas prácticamente le pertenece al vocalista estadounidense y así nos lo hace saber desde el primer minuto. Punto aparte para la calavera violinista que fue proyectada en la pantalla, que si bien no era una gran animación, iba ayudando visualmente a un show que fue de largo aliento. Finalmente -y haciendo referencia a la ausencia de Bob Catley-, llegaría una de las mejores baladas del grupo. Vaya que me alegra saber que todos se emocionan de la misma forma con The Story Ain’t Over, puesto que es temazo por donde se le mire. Imposible no emocionarse con el «When you open your eyes/ When you gaze at the sky/ When you look to the stars/ As they shut down the night/ You know this story ain’t over«. Y sí, es cierto que Bob le da esa mística y prestancia que en él resulta natural, pero Eric Martin no se quedó atrás y salió jugando como un crack. Es cosa de verlo en escena con Tobi. Las risas abundan y la química es innegable. ¡Momentazo!

El frontman nos adelanta que lo siguiente será proveniente de «The Scarecrow» (2008), álbum que los trajo por primera vez a nuestro país hace un poco más de diez años. Increíble cómo pasa el tiempo señoras y señores. De igual forma, nos dice que esta canción es el mejor resumen de lo que es Avantasia, que si tuviera que explicarle a los marcianos qué es Avantasia usaría este tema, y súbitamente comienza a sonar el track homónimo. Otro temón que no necesita presentación alguna. Y acá todo está puesto en su lugar, especialmente la batería y el bajo que retumban por todas partes durante esa intro épica que nos tenía a todos en éxtasis. Para qué mencionar la parte media con el interludio de las guitarras y el posterior solo de Sascha. Brutal. Punto aparte es el desempeño de Jørn Lande que en las estrofas finales logra subir la expectación al mil y te vuelta la cabeza con sus rugidos. Solo basta recordar el «Then she’ll be better off to cry contrite tears/ One day she’ll wonder why/ She had to let you disappear oh dear» y la piel se te eriza al instante. ¡Impresionante!

Queda en escena el otrora cantante de Masterplan y nos cuenta que el siguiente tema suele cantarlo con Michael Kiske. Solo eso bastó para saber que vendría otro hachazo de aquellos. Así, tras bromear junto a Eric sobre sus respectivas edades y luego de que este último lo presentara como «The King in the North» en referencia a Game of Thrones, arremetieron con Promised Land, lo que sería la primera y última revisión a «Angel of Babylon» (2010). Corte rápido, melódico y con un excelente estribillo. Nuevamente Lande manda frases descomunales como «Whining in the gutter/ They forget their sanctity/ Welcome to my clockwork/ Vanity machinery«. Mismo asunto con el «You’ve been facing heaven…». Cabe mencionar además que fue la primera ejecución sin Tobias, quién no se había tomado pausa alguna desde el comienzo.

Como ya es costumbre, Twisted Mind tampoco contó la participación de su líder, siendo esta vez Geoff Tate el que tomaría las partes de Roy Khan. Así, mano a mano con Eric, lograron contagiar al público con los «Oh oh oh oh oh» de la melodía inicial. Tema aparte es el «There’s no way out/ There’s no way out» del coro, donde el quiebre que realiza la banda es espectacular. ¡Qué crack es Felix, loco! Lo hemos tenido varias veces por estas tierras pero nunca deja de sorprender. Por su parte, acá Tate se mostró considerablemente mejor en su desempeño y con el sonido de su instrumento, lo que se extendió a otro himno de aquellos como lo es Avantasia (marcando la vuelta de Tobi, por cierto), donde para sorpresa de muchos, las partes de Kiske tomaron un matiz llamativo con los tonos más bajos de Geoff. ¡Muy bien jugado!

Una vez más el frontman se manda un speech y nos asegura que tras dos horas de show (¡Dos horas!), todo lo anterior había sido solo el comienzo. Anunciando que tocarían «The longest track in the whole fucking show«, no podía ser otra que Let The Storm Descend Upon You, que marcaría a su vez el regreso de Ronnie Atkins. Ya mencionamos el nivel de Ronnie, pero acá no lo podemos pasar por alto. Junto a Jørn logran robarse la película con una sincronización y una capacidad de hacer brillar al otro que conmueve. Porque claro, una cosa es tener un talento innato y otra muy distinta es saber disponerlo en pro del show. Cada uno brilla a su debido momento y todos lo entienden así. El corte de doce minutos pasa volando al ver toda la puesta en escena y más aún teniendo a toda la banda de fondo sonando como un caño. A dejarlo todo durante «Shine your light into the darkness/ And let the storm descend upon you/ Then I will make you mine…» entonces, ya que la situación lo ameritaba.

Toma el micrófono el frontman de Pretty Maids y nos asegura que hemos sido el público más ruidoso del tour. Rápidamente bajaron los aplausos. Así, con el presente a sus pies -y tras un pequeño juego de entonación con el mismo-, llegaría otra de las más queridas de «Ghostlights«. Recordando que Master of the Pendulum tiene la participación de Marco Hietala, desde luego que siempre la mejor opción para tomar la antorcha será Ronnie. Otra ejecución superlativa, que además contó con la pequeña intervención de Adrianne gritando el «Someone’s watching over me!» antes del coro. Y bueno, sabemos que el estribillo estalla en lo alto con el «Begging for a dance/ While your sands are running out/ Rigid and firm‘s what I hold in my hands/ Tick away time, I allot and I divide/ Master of the hands that guide you«. Gran, gran momento.

Tobias abandona el escenario nuevamente y es así como Herbie Langhans toma la batuta. Acá me quiero detener un momento. Injustamente he dejado al cantante de lado, pero es justo y necesario aclarar que el tipo realiza un trabajo impecable en los coros. Totalmente compenetrado y metido en su papel. Era su momento de brillar y justamente así sucedió. Secundado por Olli y Adrianne (formando así el team backing vocals) y con Ronnie en algunas líneas, se despachó un temazo como Shelter from the Rain para el recuerdo.

Llegando ya al final de la primera parte, nos adentraríamos en los pasajes más «comerciales» y «radiales» de la agrupación. Sería el turno de Mystery of a Blood Red Rose (con Geoff Tate de vuelta) y de Lost in Space. Ambas por supuesto con las pausas y los juegos típicos con la audiencia antes del último coro. La primera contó con una gran participación de todos nosotros, mientras que en la segunda esto mismo se eleva por los cielos. Denominada como «La resurrección de Avantasia«, es imposible no cantar con todas tus fuerzas el «How could I know, how could I know?/ That I’ll get lost in space to roam forever/ How could I know, how could I see?/ Feeling like lost in space to roam forever«. Un clásico de principio a fin. Así, siendo las 23:24 hrs. en punto, se despiden con un «good night Chile!«. Madre mía, ya llevábamos prácticamente tres horas de show y aún faltaba. ¡Cuánta entrega!

Volviendo casi de inmediato a escena, y asegurándonos que efectivamente éramos la audiencia más ruidosa de todas sus presentaciones en nuestro país, Tobi nos cuenta que el próximo track algunos no lo recordarán mientras que para otros será desconocido (haciendo alusión a la edad de los presentes). Pero ya al mencionar que pertenecía a «The Metal Opera» el teatro casi se vino abajo. ¿La escogida? Obviamente una de las mejores baladas que ha dado este género musical: La descollante Farewell. Y la verdad es que cuesta escribir algo que no se haya dicho con anterioridad. Hablamos de otro de esos himnos que nos han acompañado por años y años en el ruedo. Quizás lo único que nos queda es nuevamente resaltar la ejecución de la banda. Quizás solo queda aplaudir a Adrienne y su fraseo descomunal durante el coro. O quizás debemos aplaudirnos a nosotros mismos por dejar la vida como era debido moviendo las manos de un lado a otro. Qué pedazo de tema. Los que estuvimos ahí saben de lo que hablamos.

Finalmente, el epílogo no podía ser otro que el mix entre Sign of the Cross y The Seven Angels. Desde luego que antes de entrar a las primeras estrofas se encargó de presentar a cada uno de los instrumentistas y a cada uno de los cantantes que hicieron el show. ¡Cuál de todos más ovacionado! Y el resto es conocido, gastar las últimas energías para poner el broche de oro a una presentación aplastante de los liderados por el genio de Tobias Sammet. Así, tras tres horas y veinte minutos en los que no tuvimos respiro alguno, a las 23:50 hrs se puso fin a la cuarta visita de Avantasia en nuestro país.

Como mencionamos en un par de oportunidades, el único punto en contra durante algunos pasajes de la presentación, fue la poca definición que a ratos tenían algunos micrófonos. Sentimos que el audio nunca terminó por arreglarse del todo y esto perjudicó un poco la experiencia vivida. Ahora bien, volviendo al párrafo introductorio de este review, suplir la falta de tres estandartes de la agrupación no es para nada fácil. Aún así supieron salir jugando y en cuánto a desplante, puesta en escena y complicidad, hablamos de un show sólido en todas sus líneas. Por último -y a pesar de las menciones realizadas-, nunca se le hará total justicia a la banda en su totalidad. Vale decir, con tanta aparición y con tanto prodigio cantando frente a nosotros, los instrumentistas y el apoyo vocal muchas veces pasa a segundo plano no dándole el crédito suficiente. Sascha, Olli, Felix, Miro, André, Adrianne y Herbie realizaron un trabajo impecable de principio a fin. Tobias prometió que volverían, esperemos que sea más pronto que tarde. ¡Excelente velada!

Setlist Avantasia en Chile 2019

  1. Ghost in the Moon
  2. Starlight
  3. Book of Shallows
  4. The Raven Child
  5. Lucifer
  6. Alchemy
  7. Invincible
  8. Reach Out for the Light
  9. Moonglow
  10. Maniac
  11. Dying for an Angel
  12. The Story Ain’t Over
  13. The Scarecrow
  14. Promised Land
  15. Twisted Mind
  16. Avantasia
  17. Let the Storm Descend Upon You
  18. Master of the Pendulum
  19. Shelter from the Rain
  20. Mystery of a Blood Red Rose
  21. Lost in Space

Encore

  1. Farewell
  2. Sign of the Cross / The Seven Angels

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Una noche esperada por muchos se dio anoche: el reencuentro de Anneke van Giersbergen con su amado público chileno, esta vez, como cabeza de cartel con bandas invitadas, es decir, el plato principal de la noche, a diferencia del año pasado que también nos visitó pero como banda soporte para Epica. En esta oportunidad, tuvo sus invitados propios como los ya visitantes asiduos a estas lides de Delain y nuestra compatriota Caterina Nix.

CATERINA NIX

Una de las cosas que sentimos está haciendo muy bien la productora The FanLab es respetar al público y las bandas siendo extremadamente puntual, en este caso, tal como se anunció, a las 19:30 horas Caterina Nix, junto a su guitarrista Mario Torres, Carlos Hernández en la batería y Nasson en el bajo estaban sobre el escenario ante unas doscientas personas que tímidamente comenzaban a poblar la cancha del teatro. La Intro le dio paso a I’m Your Cancer, adelanto de su próximo álbum “Furyborn”, en un ambiente azul creado por las luces suena tremenda pero el público aún estaba frío y, además, quizás no es tan buena idea abrir con un tema del disco que aún no lanzas, aunque no hubo gran conexión sí hubo buena recepción. Sin tomarse ni un segundo de descanso arranca Like Never Before, otro adelanto, que mantiene un pequeño problema que se apreció desde el principio donde la voz de Caterina se veía algo opacada por el volumen de la música, además de algunos varios acoples, especialmente cuando Nasson apoyaba con las segundas voces.

Luego de agradecer la recepción tras un año de no tocar en su tierra natal, se lanzan con The Point Of No Return, tema que cierra su debut “Chaos Magic” (2015) donde se aprecia claramente el toque del gran Timo Tolkki en la composición, canción obviamente más conocida que logró el público se sintiera más cómodo y acompañara con las palmas, algo que se hubiera visto mucho mejor si las luces hubieran acompañado bien lo que pasaba en el escenario. De nuevo sin descansar se lanzan con Path Of The Brave, un nuevo adelanto que suena con algunos acoples pero ya solucionándose, permitiendo que el apoyo en segundas voces de Nasson se escuchara mejor.

Mención especial merece el sonido de la banda: nítido, potente, con la batería de Hernández queriendo tirar abajo el teatro y la guitarra de Torres queriendo demostrar que no sólo Tolkki tiene talento en las seis cuerdas. Así, Nix comenta que casi todo lo que se ha escuchado esta noche será parte del nuevo trabajo que se lanza el próximo 14 de Junio y presenta el title track, Furyborn, la que como su nombre hace esperar, es tremendamente agresiva y pesada, una dosis de Metal tremenda que se potencia con el trabajo conjunto de Caterina y Nasson en las voces, muy probablemente un imperdible de aquí en más para la banda.

Para continuar, presenta a una invitada muy especial, Karín, vocalista de la banda chilena Slaverty, tras lo cual Nasson pregunta si están listos para cantar, dando paso a un tremendo cover como lo es Wish I Had An Angel, de los entrañables Nightwish. Un momento que quedó registrado en la mayoría de los teléfonos que estaban en el teatro y, perdón Caterina, pero la invitada se robó un poco la película con su canto lírico recordando lo que hizo tan grande a los finlandeses. De más está decir que el público estaba vuelto loco.

Tras presentar a su banda, arrancan con el cierre de su noche, Falling Again, otro adelanto de lo que se vendrá que, aunque respetado y bien recibido, no provocó mayor reacción en el público, aun con el tremendo juego de luces que le acompañó. Quizás la estrategia de tocar casi sólo temas de un disco que aún no se lanza no fue lo que hubiera esperado el público, pero fue una tremenda presentación.

Setlist de Caterina Nix:

1. Intro
2. I’m Your Cancer
3. Like Never Before
4. The Point Of No Return
5. Path Of The Brave
6. Furyborn
7. Wish I Had An Angel (cover de Nightwish)
8. Falling Again

DELAIN

Nuevamente respetando los horarios, tal como estaba anunciado, a las 20:30 horas se apagan las luces y comienza a sonar la intro. Con un Cariola ya a más de la mitad de su capacidad, sobre un escenario a oscuras y con sólo la batería de Joey de Boer y los teclados de Martijn Westerholt iluminados desde abajo con luces blancas, todo arranca con Go Away (“April Rain”, 2009), un arranque más bien tibio por culpa del sonido, en ningún caso de la banda, donde la batería y las cuerdas no sonaban bien amplificadas, lo que se arregla rápidamente para disfrutar de toda la calidad de Timo Somers en las seis y Otto Schimmelpenninck van der Oije en las cuatro cuerdas, quienes hicieron un tremendo trabajo para que se le restara importancia a la ausencia de Merel Bechtold, notándose una tremenda conexión con el público desde el minuto uno, especialmente una vez que Charlotte Wessels entró en escena.

Sin descanso continúan con Suckerpunch (“Moonbathers”, 2016), tremendo tema que no engancha mucho con el público. Al entrar las voces de apoyo de Timo y Otto aparecen más fuerte que todo lo demás, lo que es rápidamente corregido (y sobrecompensado al parecer) por la mesa de sonido, teniendo a Otto motivando a la gente, la que se veía un poco desconectada pero aun así respondiendo a los pedidos de la banda.

Tras el respectivo saludo y un poco de juego entre Charlotte y el público, comienza a sonar The Glory And The Scum, ya con todo sonando con los problemas de sonido aparentemente solucionados, Charlotte sale un momento del escenario y vuelve enseguida, momento en que uno se da cuenta que para tomar algún líquido deben salir del escenario… en fin. Con toda la potencia característica se presenta un problema que se mantiene casi toda la presentación: los apoyos vocales ahora casi no se escuchan. No parece importar mucho y la gente acompaña con las palmas.

Cuando comienza a sonar Get The Devil Out Of Me (“We Are The Others”, 2012) y Wessels le pide al público que la acompañe con las palmas, la gran parte del teatro comienza a saltar y aplaudir. En general, el público parece disfrutar a la banda sin volverse loco como en otras ocasiones, de hecho, la banda se aprecia más desordenada y motivada sobre el escenario que el público frente a él. El “corte” que presenta la canción se da en completa oscuridad dándole un pase tremendo al final de la misma.

En un minuto de descanso prácticamente todos salen del escenario, menos De Boer, mientras comienza a sonar The Monarch, un tremendo momento donde sobre todo la batería de De Boer se pudo lucir, una especie de solo pero más producido, casi como parte de la misma canción arranca Hands Of Gold, bien recibida por el público que sigue disfrutando sobriamente de la noche, claro que algunos ponen el alma a los pies de la banda como estamos acostumbrados pero, en general, el público sólo responde cuando se lo piden… algo le está pasando al público chileno y no me gusta. Como dijimos antes, las voces de apoyo no se escuchan bien así que el aporte de Otto con sus guturales no se logra disfrutar, aun así, la infaltable bandera nacional llega al escenario.

Charlotte agradece que todas las veces que vienen los tratamos excelente y agradece especialmente porque, “como los más perceptivos se habrán dado cuenta, tengo la garganta hecha mierda”, así que pide por favor la ayuden cantando con todo lo que tengan una canción que, según ella, es precisa para las circunstancias y así arranca Sing To Me (“The Human Contradiction”, 2014), donde Wessels sigue demostrando su calidad entregándolo todo y derrochando calidad vocal a pesar de estar enferma. Los celulares inundan el teatro y buena parte de la gente parece más preocupada de grabar que de disfrutar. En el interludio instrumental la gente se mueve más y salta, el volumen de las voces de apoyo de Timo algo mejora hacia el final.

Con sólo la batería de De Boer iluminada y la entrada de Somers se da paso a un momento genial, un jam entre ambos con un comienzo medio bluesero, nostálgico, que da paso a una pieza altamente pesada y oscura que termina mezclándose con la sección inicial logrando una amalgama de sonidos maravillosa. Casi sin esperar a que termine el momento arranca Pristine (“Lucidity”, 2006) del ya lejano debut de los neerlandeses, logrando apreciarse un poco mejor los guturales de Otto mientras el público acompaña con sus palmas a Charlotte, levantando el puño con el típico “hey!” cuando corresponde y, Otto y Timo disfrutando a full tocando sobre sus retornos y cabeceando mientras que Wessels salta, corre y baila como una niña… da gusto ver que la banda disfruta así sobre el escenario.

Con el apoyo de la intro envasada la banda descansa un momentito para lanzarse con Mother Machine, donde la potencia de la banda no impide apreciar que Wessels está trabajando con apoyo vocal, sin embargo, se nota el tremendo esfuerzo y nivel que presenta dejándolo todo en el escenario, incluso su garganta. El público se nota apagado, quizás sí, escuchando con respeto, pero algo que aman las bandas de Chile es la entrega de su público y acá no se vio en plenitud. Igualmente al terminar la canción todos ovacionan y la banda se toma un pequeño descanso sobre el escenario.

Como leyendo la situación, Charlotte misma le pide al público que canten, griten, salten, que acompañen a la banda con Don’t Let Go (“The Human Contradiction”, edición especial 2016), el público reacciona y responde a la petición, justo a tiempo porque ya la voz de Wessels empieza a mostrar las consecuencias del tremendo esfuerzo que está haciendo, lo que no cambia en nada la entrega de la frontwoman.

En oscuridad comienza a sonar el teclado de De Boer dando inicio a la ya icónica We Are The Others, para cuando la banda entra en conjunto lo entregan todo, con un bajo que se escucha fuerte y claro, lo malo, es que la potencia parece opacar la ya cansada voz de Charlotte quien se sigue luciendo a pesar de sus circunstancias. La escena más tierna que se podría haber visto se da cuando Timo y Otto se acercan a Wessels, al centro del escenario, y ésta los abraza a ambos y les acaricia la cabeza mientras la música continúa.

Charlotte recuerda que hace poco lanzaron un trabajo especial y que es hora de compartir algo nuevo que forma parte del mismo, así arranca Hunter’s Moon (“Hunter’s Moon”, EP 2019). Ahora el apoyo con los gritos limpios de Timo y guturales de Otto se escuchan potentes y fuerte pero no logran entenderse, otra mala jugada del sonido. Wessels desplegando todo su carisma en el escenario mientras el trigger de la guitarra satura un poco el ambiente, incluso, a la hora del solo la guitarra está tan fuerte que inmediatamente le bajan el volumen, siendo todo coronado con un tremendo juego de las luces.

Todo termina con The Gathering, otra vuelta al pasado donde las voces entran casi en vacío, generando un ambiente cercano a la solemnidad, lo que parece fue muy respetado por el público que estaba bastante tranquilo, acompañando con las palmas y cantando alguno que otro por allí y por acá, lo que no detuvo a Charlotte para disfrutar con todo sus últimos minutos sobre el escenario. El outro de The Monarch indica que esto terminó, los agradecimientos de rigor, las baquetas y uñetas de regalo al público, la foto oficial de la velada y se viene la espera por el plato de fondo.

Setlist de Delain en Chile:

1. Go Away
2. Suckerpunch
3. The Glory And The Scum
4. Get The Devil Out Of Me
5. The Monarch
6. Hands Of Gold
7. Sing To Me
8. Jam de Timo & Joey
9. Pristine
10. Mother Machine
11. Don’t Let Go
12. We Are The Others
13. Hunter’s Moon
14. The Gathering

VUUR

El plato fuerte de la noche incluso se adelantó un poco, cuando Johan Van Stratum con su bajo, Jord Otto y Ferry Duijsens con sus guitarras y Ed Warby en su batería salen a escena antes de las 22:00, acompañados de su introducción envasada que dio paso a Time – Rotterdam, con un público expectante hasta que la semidiosa Anneke van Giersbergen hace su entrada triunfal, el público se entrega a la calidez y carisma de la neerlandesa pero disfruta tranquilo su presentación, quizás muchos iban más por ella que por la banda y el disco que promocionan y no es para menos, si en una sección casi a cappela su voz iluminó el teatro.

Con su tierna voz Anneke saluda al público para dar paso enseguida a On Most Surfaces (“Nighttime Birds”, 2007), cover a The Gathering, momento en que obviamente el público se vuelve loco y, a pesar de la tremenda cantidad de celulares que se ven, aun así los puños, los gritos y los saltos se aprecian alrededor del teatro, con una iluminación sobria y precisa, sin mucha parafernalia que no impiden hacia el final de la canción la ovación sea generalizada, haciendo a Anneke gritar para que se escuchen sus agradecimientos.

No alcanza a anunciarla y My Champion – Berlin ya está sonando con toda su potencia, tanta potencia de hecho que provoca la voz de van Giersbergen se pierda un poco. Se ve más movimiento en el público pero sigue siendo disminuido en comparación a lo que uno podría esperar, claro que a la hora del coro casi no quedó cabeza sin ser cabeceada, con distintas intensidades quizás pero todos cabeceando, hacia el final, Anneke vuelve a salir del escenario y vuelve corriendo porque al parecer calculó mal los tiempos y casi no llega para su parte.

Para continuar, pregunta si recuerdan su proyecto The Gentle Storm, ante la respuesta afirmativa del respetable anuncia y arranca The Storm (“The Diary”, 2015), la que todo el teatro acompaña con sus palmas, por la potencia de la banda y la canción nuevamente se pierde un poco la voz de la invitada de honor; sin embargo, no impide que se dé un momento visual tremendo cuando su angelical voz se ve coronada por una visión angelical, Anneke bañada por luces blancas es un espectáculo de paz, con un posterior interludio en oscuridad y destellos cual tormenta.

Tras anunciar Days Go By – London, Anneke aprovecha de descansar un poco fuera del escenario, para al volver y tomar el micrófono dejar más que claro cual es su relevancia e importancia en el metal, aun cuando la potencia y los volúmenes no dejan entender bien lo que canta. Es tal la conexión con su público que incluso toma un teléfono celular para grabar o transmitir por streaming, mostrando al público mientras ella canta.

Tras una breve conversación con el público, arrancan los acordes de The Martyr And The Saint – Beirut, música y luces que producen un ambiente nostálgico y de esa manera la gente lo disfruta y respeta el momento. Aun en las partes más pesadas de la canción el público se mantiene igual, ni siquiera ante una canción tan buena la cosa despierta, como si hubieran conectado poco con la misma.

Continuamos con una tremenda canción como lo es Freedom – Rio pero tampoco genera mucho en la gente, lo que ya a estas alturas se volvió común y no vale la pena seguirlo comentando. Algo de movimiento se ve y quiero creer que tiene que ver con disfrutar y respetar al artista y no con que se nos está acabando la pasión. Nuevamente se presenta la visión angelical de Anneke con las luces brillando y girando sólo sobre ella, casi indescriptible. Las primeras filas, siempre fieles, responden a su llamado y se mueven más.

Entonces pregunta a quien le gusta Devin Townsend, esto para dar paso a Fallout (“Sky Blue”, 2015). Ver a la jovencita que cantaba con The Gathering hace veinte años y a esta tremenda mujer disfrutando de la misma forma sobre el escenario, como si nada hubiera cambiado y el tiempo no hubiera pasado es tremendo, se nota su amor por lo que hace. Todas las manos y puños en el aire junto a ella son señal clara que ese amor se corresponde.

Sin espacio para nada arranca Your Glorious Light Will Shine – Helsinki donde se logra una conjunción tremenda entre luces, voz y música, movilizando por fin a un público algo adormilado, un tremendo momento donde el público por fin estuvo a la altura de la tremenda artista que tenían al frente, con una ovación cerrada hacia el final de la canción. Anneke agradece la nueva oportunidad de compartir en Chile, comenta que están terminando su minigira por Sudamérica y aprovecha de agradecerle a Delain por acompañarlos y pregunta quien estuvo presente la primera que visitó nuestro país con The Gathering, tras ver varias manos levantadas comienza a explicar el significado de la siguiente canción y agradece por estar en esta “gran burbuja de felicidad esta noche”.

Así comienza Reunite! – Paris, momento grabado en los teléfonos de todo el mundo, con un pequeño error de iluminación que deja las luces enfocando a un sector vacío del escenario por un rato, mientras Anneke se luce alcanzando tonos líricos en su interpretación, un momento emotivo a más no poder. Más emotivo aun cuando en lo alto de los palcos logramos apreciar como Delain completo disfruta de la presentación de sus coterráneos y claramente no por compromiso, sino porque de verdad querían estar allí.

Tras un breve encore que fue acompañado de los correspondientes silbidos, gritos y demases, Anneke vuelve al escenario bailando al ritmo de los “oé, oé oé oé”, cuando se escucha un fuerte “I love you” dirigido a ella el que responde graciosa y tierna como siempre “I love you too”, aprovechando para explicar lo importante que es Chile para ella y la razón que la llevó a componer una canción para Santiago. Con eso arranca Sail Away – Santiago, para un público ya rendido a los pies de la diva, con una conexión restablecida y fortalecida. Todos los teléfonos grabando no alcanzan a echar a perder el momento íntimo entre la banda y el público, se ven saltos, puños, se escucha gente cantando, palmas por todo el teatro, todos cabeceando… al terminar la canción se da cuenta que su celular había quedado abierto de la última vez que lo tomó para transmitir y, en un streaming por Facebook Live, grita un fuerte “chi… chi… chi!” que es respondido por todo el teatro.

Entonces anuncia que es hora de la última canción, frente al reclamo y la negativa del respetable, Anneke responde que está bien, que pueden tocar diez canciones más y Delain puede volver al escenario también pero entonces no alcanzaría a ver el final de «Game Of Thrones» y bromea un poco al respecto. Explica que les queda sólo una canción pero promete que esa canción nos dejará satisfechos a todos. Así comienza a sonar Strange Machines y el resto es historia, todo el mundo cabeceando, saltando, bailando, gritando, todo lo que se podría hacer con esta tremenda canción… cualquier descripción se queda corta así que ni siquiera lo intentaremos. Así, termina una tremenda noche de voces femeninas lideradas por un ícono del estilo. Simplemente una noche maravillosa.

Setlist de Vuur en Chile:

1. Time – Rotterdam
2. On Most Surfaces (cover de The Gathering)
3. My Champion – Berlin
4. The Storm (cover de The Gentle Storm)
5. Days Go By – London
6. The Martyr And The Saint – Beirut
7. Freedom – Rio
8. Fallout (cover de Devin Townsend Project)
9. Your Glorious Light Will Shine – Helsinki
10. Reunite! – Paris
11. Sail Away – Santiago
12. Strange Machines (cover de The Gathering)

Live Review: Seba Miranda
Fotos: Miguel Fuentes

Una banda como Amorphis siempre será bienvenida en Chile, mejor todavía si ya es su cuarta vez en nuestro país. En este caso, algo que llamó la atención es que la tradicional puerta del Centro de Eventos Blondie, por donde salen los músicos a escena y donde tenías una pequeña oportunidad de saludarlos, ahora estaba cubierta por un telón negro a la altura de la barricada… una pena que pongan aún más distancia entre la banda y su público.

El Doom Metal chileno abre la noche

Cuando llegamos a la cancha, los nacionales de POEMA ARCANVS ya habían comenzado su presentación, marcando lo otro llamativo de esta jornada: la puntualidad. La banda fue anunciada para las 19:45 y cuando llegamos a las 19:47 ya estaban tocando She Burns Us, temazo del “Iconoclast” (2002), con toda la calidad a la que la banda con más de 20 años de trayectoria nos tiene acostumbrados. Lo malo fue que empezaba su presentación frente a unas cien personas, mereciendo claramente un mejor marco de público. Al terminar el tema unos acoples molestaron un poco pero nada grave.

La noche continúa con Straits Of Devotion del “Stardust Solitude”, trabajo que esperamos sea lanzado durante este año. Con un marco de público aun pequeño cabe considerar que quizás adelantar material no es la mejor movida pero eso no le quitó ni el más mínimo detalle a la entrega de la banda, con una guitarra que a momentos se perdía por el volumen pero que se solucionaba, nuevamente terminando con acoples…

Colgándose de ese acople arranca Elegía. Acá ya se notaba que hubo gente que no sólo quería ver a los dueños de la jornada, sino también a sus invitados nacionales. Ya las cabezas se movían tímidamente y la canción termina con muchos más aplausos y celebraciones para dar paso a Alter del “Timeline Symmetry” (2009), una canción que no provocó mucha respuesta pero respetada por el público, aun a pesar del pequeño acople que se dio a media canción y siendo finalmente celebrada de todas maneras.

No podían faltar clásicos del “Arcane XIII” (1999) y, apenas anuncian que tocarán algo de ese disco, inmediatamente las cerca de doscientas personas que ya estaban en la cancha se emocionan y acompañan a sus compatriotas cantando Essence, con esa atmósfera maravillosa que se genera en el interludio musical acompañado por las palmas de los presentes y una luz azul entre el humo. Momento para un pequeñísimo y necesario descanso.

Desintegración suena cañón pero, al parecer, la gente no enganchó mucho con el tema, no observándose ni escuchándose muchas voces o movimiento, a pesar de ser un tremendo tema digno de su repertorio y, finalmente, todo termina con Desde el Umbral, un clasicazo de aquellos. Acá todo el mundo que ya se encontraba en la cancha se conecta con la banda y con este tema de su debut hace ya 20 años, un momento tremendo. Mientras suena el órgano final de la canción, la banda se despide y aquí debo agradecer a la organización el permitir un buen tiempo a la banda ya que recuerdo la última vez los teloneros sólo pudieron tocar tres temas. Un buen detalle de respeto al músico nacional.

Setlist de Poema Arcanvs:

1. She Burns Us
2. Straits Of Devotion
3. Elegía
4. Alter
5. Essence
6. Desintegración
7. Desde el Umbral

La Reina del Tiempo arremete

Ya con casi tres cuartos del local lleno y a las 21:00 exactas, comienza a sonar la intro de los invitados de honor de la noche, subiendo al escenario sin mayor parafernalia y largándose con todo a tocar The Bee, opening track de “Queen Of Time” (2018), la placa que vienen promocionando y, como ya los fanáticos han tenido casi un año para disfrutarla, desde el primer minuto cantan con la banda. Tomi Joutsen aprovecha un pequeño espacio en la canción para saludar por primera vez al público generando la obvia respuesta del respetable.

Casi sin detenerse arranca The Golden Elk, también de su última placa. El público a estas alturas precoces ya está totalmente entregado a la banda y salta como condenado, cuando Joutsen pide que Santiago grite, adivinen… ¡faltaron gargantas para responderle! En la sección correspondiente de ritmo “guerrero”, la gente se puso a tono con el puño en alto y el grito “hey!” de rigor, acompañando un poco la sección de solos para que, finalmente, Joutsen le pida al público acompañarlo en el último coro y así se hace.

Los saludos de rigor tienen su momento y con el acompañamiento de las palmas del respetable llega Sky Is Mine del “Skyforger” (2009), convirtiéndose en el instante preciso para que se arme el mosh de la noche, no muy grande pero mosh al fin y al cabo. Todo el público cantando (¿o gritando?) el coro en un tremendo sing along deja claro que el tema es muy querido por la fanaticada que está a los pies de la banda, celebrando la sección de solos donde Santeri Kallio se luce en su teclado y Esa Holopainen en su guitarra (no exento de algunos pequeñísimos detalles, pero nada realmente importante) para tener hacia el final a un Tomi haciendo un helicóptero con su cabeza.

Casi sin respiro nos golpea Sacrifice del “Under The Red Cloud” (2015), tremendo tema de ese trabajo, que como tal, es recibido por el público y disfrutado a concho, tanto que creería muy pocos notaron que Joutsen tuvo algunos problemas con el atril de su micrófono, el cual era uno normal y corriente, a diferencia de su visita pasada donde contaba con un micrófono bastante particular que entregaba un sonido tremendo.

La típica alocución con palabras de buena de crianza le abren paso a Against Widows del “Elegy” (1996), un tremendo viaje al pasado de la banda que viene cargada de todo el peso y potencia de ese disco, tan nostálgico el momento que comienza cantando Tomi Koivusaari, quien no olvidemos cantó originalmente las voces guturales junto con llevar la guitarra rítmica en ese disco, compartiendo en esta ocasión con las voces limpias de Joutsen, quien ya también se hace cargo del resto de la canción. Algo que llama la atención es que se presentaron varios problemas con el atril de la batería de Jan Rechberger, por lo que varias veces durante la jornada tuvo que subir el técnico a ayudar.

Cuando comienzan a sonar las primeras notas de Silver Bride el público alucina, acompaña con sus palmas la introducción del tema y luego la Blondie se convierte en un mar de gente saltando y cantando a todo pulmón el coro, demostrando la tremenda conexión que Joutsen tiene con su público desde el escenario, haciendo un juego que genera un maravilloso momento con la gente cantando “silver bride” en respuesta al vocalista.

Un pequeño descanso da paso a Bad Blood que produce un cabeceo generalizado, donde ni siquiera el acople que se escucha molesta a nadie, cantando a la par de Joutsen casi toda la canción llega un momento en que el público se divide en facciones y vemos a algunos saltando, a otros cantando con el puño en alto, a otros cabeceando… uniéndose todos en una verdadera ovación al terminar la canción.

Mientras Joutsen parece regalar una uñeta o algo al público, se toma unos minutos para contar sobre la razón de la gira y habla muy brevemente sobre su último disco para arrancar de golpe con Wrong Direction, un tremendo tema, digno de la banda pero que parece no estar todavía muy integrado al soundtrack de sus fanáticos, se nota cierta desconexión del público acá pero mientras avanza la gente va enganchando y, como no, si la canción tiene todo para convertirse en un obligado de los próximos setlist que la banda presente.

Casi sin esperar que la canción anterior termine ya estamos escuchando Daughter Of Hate, y acá sí que la cosa no pinta muy bien. Ahora el público en general parece no estar muy familiarizado con este track de la última placa, un buen tema pero que, por momentos, pareciera que ni la banda lo tiene muy interiorizado. Sube nuevamente el técnico a ayudar con la batería, se ve una pequeña bandera finlandesa en el público y Holopainen termina cambiando su guitarra.

Así arranca la intro para Heart Of The Giant, la que sí engancha enseguida al público, quienes se reconectan y tararean toda la sección instrumental con que comienza la canción. Acá parecieran percibirse algunos pequeños problemas con el audio, incluso perdiéndose un poco la voz de Joutsen pero que con la energía de la banda pasan casi desapercibidos, especialmente cuando todo el público acompaña con sus voces hasta las secciones instrumentales.

Sin detenerse llega un clásico de los más nuevos, Hopeless Days del “Circle” (2013), un golpe a la cabeza con toda la potencia y rabia que transmite este tema, presentación que no está exenta de los problemas de la batería que, al parecer, tiene que ver con la sujeción de los platos. Lo que más llama la atención es que, a pesar de la potencia y agresividad de este track, el público se ve más bien tranquilo, ¿habrá sido el cansancio de la semana corta? Eso no impide que prácticamente toda la Blondie cante junto a la banda la canción completa y acompañe con sus palmas la sección instrumental de la medianía del tema, lo que permitió llegar a un final tremendo con un muy bien elaborado juego de luces entre las penumbras del humo y los flash de los focos.

En un concierto de Amorphis sería casi una herejía, un sacrilegio, no disfrutar algo del clásico y entrañable “Tales From The Thousand Lakes” (1994), así que cuando se anuncia que éste es el momento simplemente todo el público se desbandó, así arrancó Black Winter Day, ese clásico de clásicos de la banda, un momento en el que realmente no puse mucha atención porque entre cabecear y cantar tremendo tema difícil atender a algo más, sin embargo, estoy seguro que prácticamente toda la Blondie debe haberlo vivido parecido a como lo hice yo.

Termina la locura y es momento del tradicional encore con un público vuelto mono pidiendo que la banda regrese al escenario, los gritos de rigor se dejan escuchar y el tradicional momento se acaba sólo unos minutos después mientras suena la introducción de lo que continuará.

Así arranca el clásico instantáneo de su anterior placa, Death Of A King que vuelve loco a toda la Blondie. Saltos por acá, violentos cabeceos por allá, todo el mundo cantando, Joutsen le da el paso al solo de Holopainen. Las palmas acompañan la música en todos los momentos posibles llevando a un final del track tremendamente elaborado donde Tomi, con su voz limpia, comienza las primeras repeticiones del ya tradicional “death… of… a… King!”, siempre acompañado del público la música para y deja sólo las voces, luego el mismo juego pero con el grito gutural del vocalista y, por último, sólo el público para la banda regresar de lleno y terminar por lo alto la canción.

Tras dar las respectivas gracias se anuncia la última canción de la noche, House Of Sleep del tremendo “Eclipse” (2006). Toda la Blondie tarareando y acompañando con “oh oh oh” las partes instrumentales, cantando junto a la banda como si no hubiera mañana, un ambiente tremendo creado por el humo que era atravesado por las luces verdes programadas para el momento, el público canta en solitario el coro mientras Joutsen les extiende el micrófono y la banda queda en silencio. La gente gastando las últimas balas en la última canción del concierto canta y salta, se repite el juego anterior pero esta vez Esa Holopainen acompaña con la melodía muy suave, toda la gente cantando a capella, la banda se une sólo con la base rítmica y muy suave para, por último, irrumpir con todo en la parte final, mientras cerraban la noche, Koivusaari se acerca al público para entregarle, directamente en su mano y corriendo a los demás que trataron de tomarla, una uñeta a alguien del público, algo de lo que me gustaría más detalles pero al menos parece un gesto tremendo del guitarrista.

Así terminó la noche con la fanfarria final de toda la banda, una despedida un tanto abrupta que no dejó a nadie indiferente porque ni bien se tocó la última nota y se golpeó el último beat de batería, inmediatamente comenzó a sonar una versión fiestera, media borracha quizás de House Of Sleep, mientras se tomaban las fotos de rigor y salían rápidamente del escenario… una rareza de la noche que, a pesar de su un tanto extraño final, no dejó de ser una gran jornada.

Poema Arcanvs mostrando que siguen vigentes y mantienen su calidad y Amorphis dejando en claro que su éxito no es una invención. Aunque desgraciadamente todo terminó muy rápido (imagino que debido a compromisos con el local para que comenzara su funcionamiento normal de fin de semana largo), una de las cosas más rescatables, además del tremendo show que dieron cada una de las bandas, fue el respeto que se le mostró al telonero nacional, ojalá siempre fuera así. Por ahora, a esperar la próxima gira de Amorphis porque diría que ya quedó claro que nuestro país se ha convertido en parada obligada para los finlandeses y aquí se les esperará con los brazos abiertos.

Setlist de Amorphis en Chile 

01. The Bee
02. The Golden Elk
03. Sky Is Mine
04. Sacrifice
05. Against Widows
06. Silver Bride
07. Bad Blood
08. Wrong Direction
09. Daughter Of Hate
10. Heart Of The Giant
11. Hopeless Days
12. Black Winter Day
Encore
13. Death Of A King
14. House Of Sleep

LIVE REVIEW: Seba Miranda
FOTOS: Guille Salazar

8 de marzo en la ciudad de Santiago. Su avenida principal se preparaba para la marcha contexto al Día de la Mujer. Y, mientras para la multitud que posteriormente se congregó en la histórica arteria era un día de pronunciación social, para otros—pocos en comparación—era un viernes de Heavy Metal. Paul Quinn, Nigel Glocker, Nibbs Carter, Doug Scarratt y el legendario Biff Byford vuelven a Chile celebrando un año desde el lanzamiento de su álbum Thunderbolt.

Por el acotado margen de entrada al recinto (Blondie), la espera se hace viva y curiosamente prendida. Un repaso por bandas legendarias del Rock y el Heavy Metal suena por los parlantes, animando a los expectantes y dando la oportunidad a más de uno de calentar la garganta previo a la presentación. Se hace silencio, las luces mueren, el ánimo se eleva y en penumbras comienza a sonar “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)” de AC/DC, tema de telón que los asistentes no resistieron corear. Luego de esta apertura-tributo, Saxon hace su entrada en Olympus Rising, breve introducción del álbum que le da paso a la canción homónima, Thunderbolt. La banda estableciéndose con energía entre el hielo seco del escenario fue ovacionada, pero el público en ánimo relativo falló en participar en el coro, quizás por la poca familiaridad con la canción o porque, como yo, había que acostumbrarse al impacto sónico del volumen en general, siendo este demasiado alto para un recinto tan pequeño. Y mientras los pedales se sentían en la espina dorsal y los solos de guitarra acosaban los oídos, en “Sacrifice” el sostenido vibrato de Byford durante el coro comenzó a jugar con mi límite de tolerancia auditiva, forzándome a alejarme del escenario y de los parlantes laterales. Volviendo a lo positivo, al menos se escuchaban presentes todos los instrumentos, aunque no nítidos necesariamente. El ambiente se prendió notoriamente cuando el clásico “Wheels of Steel” comenzó a sonar en esos clásicos Marshall JCM 800. Los pies rechazaron el suelo y Saxon pudo probar algo del rugir de su audiencia chilena, pues Biff no resistió grabar con su teléfono el canto a cappella del público para las redes sociales. Y así, bajo el mismo ánimo, fue también recibida “Denim and Leather”, en donde Byford volvió a confiar en el canto de los fans en el inolvidable coro de esta canción, oda al estilo que caracteriza a los fieles del género. Y mientras entre el público se ondeaba la bandera local con el nombre de la banda extendido a través del  blanco, azul y rojo, los británicos nos deleitan con otra de las numerosas canciones que bautizaron discos, “Strong Arm of the Law” simplemente no podía faltar. El diálogo entre Quinn y Scarratt se desarrolla a la perfección y la audiencia muestra su devoción al ritmo con incesantes headbangs. Nuevamente Biff se apoya en el público, que ya demostraba su pasión en el golpe que abría el coro: “Stop, get out!” se escuchaba entre centenares de puños alzados. Para una dosis de heavy metal más contemporáneo llega una versión ligeramente más acelerada de “Battering Ram”, batiendo los muros de la Blondie con el doble pedal del verso.

Llega una breve pausa, Byford recalca la gran trayectoria de Saxon al presentar las siguientes canciones, que los acompañan desde el temprano génesis de la longeva banda. El juego de luces en el escenario se vuelve de un matiz más psicodélico y “Frozen Rainbow” del clásico álbum Saxon, con su debida extensión instrumental, “Rainbow Theme”, da un giro en el ambiente y calma la euforia desatada. Por supuesto, el inmortal riff principal mantiene el ánimo elevado y la recepción abierta. Siguiendo con los temas setenteros, luego es el turno de “Backs to the Wall” que pone el pedal a fondo y es recibida con aún mayor ánimo. Una obviedad, la canción está hecha para hacer ignición. El carismático frontman en plena canción ataja nuestros colores patrios y los exhibe con honor en una breve pausa. Canciones como “Requiem” y la mayoría de las que enlista el álbum Denim and Leather evidencia la admiración que Saxon siente por el movimiento y por los colegas que fueron inspiración para ellos y los acompañaron en estas décadas de música. “They Played Rock ‘n’ Roll”, del ultimo lanzamiento, va en honor a los inmortales “Fast Eddie” Clarke, “Philty Animal” Taylor y Lemmy Kilminster, cuya mención por parte de Bill Byford fue suficiente para desatar la euforia del público y provocar el primero de los circle pits. Al igual que en la versión de estudio, la banda aprovecha una ventana en la canción para que suene la voz de Lemmy y su clásica introducción de Motörhead en vivo: “We are Motörhead… and we play Rock ‘n’ Roll!”. Manteniendo la euforia en la audiencia, suena “Power and the Glory”, donde nuestro casi-setentero Nigel Glocker nuevamente nos da una demostración de su energía, sorprendiendo a muchos con el cadente ritmo del doble pedal y velocidad añadidos al tema, que, sonando más reverberante que en su versión de estudio, genera un impacto añadido.

Saxon resume algo de su paso por Latinoamérica, mencionando las fechas anteriores en Lima y Bogotá. Por rivalidad sencilla, no fue sino hasta su mención al presente en Santiago que las pifias se convirtieron en aplausos y gritos. El siguiente tema quedó a la merced del público: la banda ofreció temas de su catálogo y estos eran medidos en una especie de “aplausómetro”. Irónicamente, la ganadora no fue un tema de Saxon. “Run Like the Wind”, cover del clásico ochentero de Christopher Cross, sonó con el debido compromiso de cantar junto a Byford. Obviamente, dicho compromiso fue cumplido a cabalidad. Biff ya localizado por la misma audiencia, introduce el siguiente tema que trata de la leyenda clásica del diablo de paso por el sur de Estados Unidos: “Solid Ball of Rock” y su groove maligno comienza con el bajo del joven del grupo, Nibbs Carter, cuya energía quedó demostrada en todo el show, dejando animado a todo el frente izquierdo del público. Nuevamente a dupla Quinn/Scarratt demuestra su sincronía dándose pases en el segmento alargado de la canción. Byford a lo largo del show demostró gran cercanía con el público, dejando impresionarse por el lúdico desafío típico que suelen hacer los vocalistas y que asegura recepción de los fans. Uno de los esperados, “Motorcycle Man” revienta el subterráneo y mantiene vivo el acalorado circle pit. Paul Quinn aprovecha al máximo el puente flotante, mostrando gran confianza y ventaja en sus prendidos solos. Su presencia era incuestionable debido al excesivo volumen del instrumento.

El hielo seco se hace niebla y luces de tonalidad azul juegan con la penumbra del escenario, ocultando la banda bajo un manto teatral. Llegó el turno de la favorita de las radios, “747 (Strangers in the Night)” no dejó a nadie indiferente. La narración lírica del vuelo, la falla técnica y el consecuente vuelo nocturno en oscuridad era sabida por gran parte del público, por lo que Byford compartió crédito con la audiencia chilena en la interpretación del clásico del Wheels of Steel. Y volviendo al Denim and Leather, “And the Bands Played On” regresa a la banda de la atmósfera lúgubre del temazo anterior. La banda recibe con agrado y algo de confusión la novedosa aparición de la bandera Mapuche, hermosos colores cargados de semiótica visual que fácilmente se reconoce entre la multitud por lo manoseado que está el tema por ciudadanos partidarios de un multiforme y confuso indigenismo. Byford anuncia que ambas banderas colgarán en su estudio para recordar esta noche, ganándose el aplauso de los honrados. Quizás como pausa entre tanta emoción, “Lionheart” pasa rauda y sin mayor respuesta del público. Uno esperaría que la canción representante de este disco esté acorde a la recepción que hizo en su momento, pero no fue así. La oda las fuerzas del rey Ricardo I de Inglaterra sirvió como receso para luego retomar la euforia en el eterno clásico del Strong Arm…, “To Hell and Back Again”. Volviendo al desastre y a la atmósfera oscura de “747…”, es el turno de “Dallas 1 PM”, canción escrita como narración del shock posterior al asesinato de John F. Kennedy. La guitarra de Paul Quinn comienza a entrecortarse por un breve segmento, por ende, el hardware tuvo que ser auxiliado por un técnico que resolvió inmediatamente el tema. Una extraña sensación me dejó la insignificante anécdota, ya que no se notó mucho el desperfecto por la cantidad de ruido general que los equipos ofrecían. Y regresando al imaginario medieval, al chorus en limpio y a los solos con ganas de Quinn, “Crusader” despierta el coro y las palmas por una vez más antes de que la banda abandonara el escenario para un interludio antes del gran final.

“Heavy Metal Thunder” promete lo inferido por el coro: llenar las cabezas con el trueno del Heavy Metal. El uptempo de la canción motiva una vez más a varios a lanzarse al circle pit y disfrutar la canción en esa extraña hermandad adrenalínica. El cuero y la mezclilla se pronuncian una vez más con “Never Surrender”, confirman que Saxon mantiene vivo los éxitos de la era de Graham Oliver y Steve Dawson. Y así, siguiendo en esta línea es que “Princess of the Night” se encarga de cerrar en lo más alto. Canción inolvidable y esperada por muchos, que exige ser cantada como agradecimiento a la banda y su entrega este segundo viernes de marzo. Y así despedimos a esta gran banda, con un potencial inquebrantable y vitalidad que se evidencia en Thunderbolt. Una experiencia inolvidable, que sería aún más grata si no fuera por el sordo a cargo de la mesa de sonido. Eché de menos los tapones que olvidé en casa (hay que cuidar los órganos que permiten disfrutar la música). Me servirá como lección a llevarlos por si acaso.

Setlist Saxon en Chile 2019

01. Olympus Rising / Thunderbolt
02. Sacrifice
03. Wheels of Steel
04. Denim and Leather
05. Strong Arm of the Law
06. Battering Ram
07. Rainbow Theme / Frozen Rainbow
08. Backs to the Wall
09. They Played Rock ‘n’ Roll
10. Power and the Glory
11. Ride Like the Wind
12. Solid Ball of Rock
13. Motorcycle Man
14. 747 (Strangers in the Night)
15. And the Bands Played On
16. Lionheart
17. To Hell and Back Again
18. Dallas 1 PM
19. Crusader
Encore
20. Heavy Metal Thunder
21. Never Surrender
22. Princess of the Night

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Karim Saba

Mientras el tórrido azote del verano santiaguino hace de las suyas en las calles de la capital, el tradicional Teatro Nescafé de las Artes recibe a los devotos de Anathema para compartir no uno, sino dos momentos de este martes 29, con los hermanos Cavanagh reunidos con Duncan Patterson (Antimatter, Alternative 4) en la celebración de «Alternative 4«, el último álbum que los documentó juntos. Inolvidable para los presentes, así como también para Daniel, Vincent y Duncan, que suponemos que jamás imaginaron el éxito que tendrían en el último país del sur americano. Experiencia y cariño del público que se manifiesta en la poco modesta bandera regalada por Anathema Chile, el punto de encuentro de fans local.

Daniel Cavanagh se encarga de abrir la función de las 19:00hrs. con la ondulada melodía de Springfield, del último disco de Anathema “The Optimist”, canción que ralentiza el tiempo y hace énfasis en el carácter íntimo de la presentación. De a poco el público comienza a meterse en la atmósfera y voces aparecen para acompañar el suave canto. Sin embargo, desde el lado izquierdo del escenario un parlante augura problemas técnicos al producir un sonido áspero desde la guitarra de Danny. El sorprendido músico se percata de esto al recibir una negativa general ante la pregunta “¿lo están pasando bien?”. Momento de confusión que da lugar para las primeras risas y diálogos de la velada, donde el estrés no está presente en el recinto.

Una gran ovación enciende el teatro en el momento en que Danny anuncia la aparición de Vincent en el escenario. Ambos hermanos nos transportan al álbum “Weather Systems” con Untouchable pt. I, que comienza a ser coreada con más confianza de parte del público. Sucesión más que obvia es Untouchable pt. II, que desciende de las alturas de la primera parte y aterriza con el piano a las manos de Danny. Las palmas, inquietas por seguir el tempo de Daniel, comienzan a aparecer cuando este programa el loop que iniciará y armará Thin Air (del disco producido por Steven Wilson, “We’re Here Because We’re Here”) colocándonos en—como la letra sugiere metafóricamente—alturas extremas. Los Cavanagh se lucen interpretando estas tres canciones, más minimalistas y espontáneas que en su versión original, pero con toda la amplitud expresiva de la voz de Vincent.

Mi historia personal con Anathema comienza con el álbum “A Natural Disaster”, el último de los discos oscuros de la etapa progresiva de los británicos. Me da la sensación que no soy el único, a juzgar por el cálido recibimiento de Flying, canción elegida para representar aquel registro mientras dos solitarias luces se posan sobre los hermanos, dejando el resto del teatro en una cómoda penumbra. One Last Goodbye, por su parte, trae a la velada a “Judgement”, el penúltimo de los discos anteriormente catalogados. Esta canción nos recuerda la larga trayectoria de ambos músicos, la manera en que interactúan y la dificultad de concebirlos alejados de su creación. De manera magistral los Cavanagh traen y recrean las atmósferas que le dan carácter a los discos, con piano, guitarras y los efectos adecuados, y no sólo hablamos de los efectos digitales, sino también de los silencios, que si se ubican bien, no fallan en realzar la intensidad de la música.

Y es el turno del primero de los tres discos oscuros post-death/doom, también el primero en revelar el nuevo Anathema y que para esta gira sopla veinte velas de distancia desde su lanzamiento: «Alternative 4«. Esta celebración incluye al miembro de entonces, Duncan Patterson, que si bien abandonó la banda luego de este álbum, siempre su trabajo se mantuvo a unos pasos de Anathema, ya que fue importante colaborador en la génesis, tanto del disco, como de Anathema. El bajo solitario a la derecha del escenario es levantado por el multi-instrumentista y un nuevo rango de frecuencias melódicas acompaña a los hermanos para Fragile Dreams luego de la ovación para el tercer músico que se une al escenario. Los tres músicos, en confianza y haciendo un show más vivo, siguen profundizando sobre el álbum con el primero del tracklist, Shroud of False, que se desarrolla con normalidad relativa, ya que una que otra pifia técnica no detendrá la máquina. Pero no fue así con Lost Control, ya que, irónicamente Vincent, exhausto de los molestos sonidos de una aparente mala conexión de su guitarra con el equipo pesado, se queja explícitamente y luego con humor presenta a Carlos, el sonidista que prestó su ayuda para resolver el problema. Para Destiny el tema está resuelto y las risas abundan con las bromas que surgen de Danny y Vincent con respecto a los infortunios. Inner Silence cierra la retrospectiva sobre “Alternative 4”, despedida con aplausos que aparecen luego de la total y extasiada atención de un público más sereno.

Así como Hindsight y Falling Deeper reformuló y trajo temas desde el EP “The Crestfallen” hasta “Alternative 4”, para esta presentación no están ausentes las versiones acústicas de “Eternity”, el disco clave de la época death/doom de Anathema, ya que conciliaba la escena del doom metal británico con las tendencias progresivas que luego predominarían el sonido de la banda. Luego de una breve pausa, comienza la canción homónima de tres actos. Las dos primeras partes, Eternity pt. I y Eternity pt. II son bien recibidas por el público, pero la que se robó la atención fue la antes distanciada Eternity pt. III, que en esta ocasión continúa como la tercera parte de una larga canción. Luego de que Angelica cerrara esta etapa de contemplación a la banda, el público vuelve a la excitación con Hope, canción recordada por la participación de su autor original Roy Harper, músico que ha trabajado con grandes como David Gilmour, Jimmy Page Ian Anderson, entre otros, así como también su inolvidable coro.

Luego de otra breve pausa, Danny tienta y engaña al público tocando sólo las notas iniciales del piano de Bohemian Rhapsody. La interacción es inmediata, el público recuerda al legendario vendedor de helados, Freddie Mercury, y Danny comienza a juguetear con el ánimo elevado y las carcajadas. Vincent aprovecha de burlarse un poco, dejando entrever los años que han pasado juntos, no sólo como profesionales (¡los Gallagher definitivamente podrían aprender una que otra cosa de ellos!). Para cerrar la primera presentación de la noche, los tres músicos concluyen lo anunciado por Vincent: sus versiones de los clásicos Eleanor Rigby de The Beatles y Comfortably Numb de Pink Floyd, canciones que jamás serán mal recibidas, pero que debo confesar que podrían haber dado cabida a una versión acústica de, por ejemplo, The Beginning and the End y/o Closer, ya que dan ganas de aprovechar la instancia para estas versiones acústicas.

Setlist (función 19:00hrs)

1. Springfield
2. Untouchable Pt. I
3. Untouchable Pt. II
4. Thin Air
5. Flying
6. One Last Goodbye
7. Fragile Dreams
8. Shroud of False
9. Lost Control
10. Destiny
11. Inner Silence
12. Eternity Pt. I
13. Eternity Pt. II
14. Eternity Pt. III
15. Angelica
16. Hope
Encore
17. Eleanor Rigby (cover The Beatles)
18. Comfortably Numb (cover Pink Floyd)

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

 

Las apariciones de Blaze Bayley en vivo sinceramente son especiales. Sucede lo mismo que lo de hace unas semanas con British Lion, en el sentido de que quienes escogen no ir solo verán unas fotos y comentarios desde fuera, y no les parecerá ser nada fuera de lo común. Pero quienes van, se dan cuenta de que la ida vale más que la pena.

Como que al británico no le importa el escenario donde esté: el sujeto enseña una dedicación única, como si cada concierto fuera el último de su vida, un compromiso contagiado a sus músicos y a todo el público que asiste. Esto ya lo había visto hace unos años en el Rock & Guitarras, hace ocho años atrás, con otros músicos, en una etapa musical y personal muy distinta, pero con esa misma entrega de un Blaze Bayley que lo volvió a dar todo al comienzo de su gira por Chile en el Club Subterráneo.

La banda chilena que fue invitada a abrir el concierto fue Drake, con un show a las 20:30 horas que ya tenía a un buen marco esperándolo, y unos músicos que verdaderamente mostraron mucho oficio, gracias al crecimiento que han tenido en estos últimos tres años. El cantante Felipe Del Valle siempre ha mostrado una gran capacidad para mantener la atención del público y claro que esta ocasión no fue la excepción.

El conjunto ya se había presentado con Labÿrinth en la Blondie y es necesario decir que el show de ahora fue mucho más certero, de una duración y dinámica absolutamente precisas, y con una respuesta de verdad muy positiva de los asistentes, con aplausos cada vez más fuertes mientras iba avanzando el repertorio. Destacar una canción de Drake aquí sería injusto, pues cada una cumplió con entrega e intensidad, un Heavy Metal solido sin buscar pretensiones, una nomenclatura que les tomó mucho tiempo alcanzar y que demuestra que no por ser directo y más bien simple, los procesos para llegar a aquello son fáciles. La banda, tras cinco números, se fue vitoreada por un público que agradeció esta propuesta que ha alcanzado buen gusto y adrenalina, bajo esta alineación.

SET LIST DRAKE
1. La Respuesta
2. Lo que Debo Hacer
3. Atlas
4. Condenado
5. Tierra de Brujos

 

Prefiero comenzar con una pregunta el recuento de este show de Blaze Bayley en Santiago… ¿Qué es lo que tiene de especial el cantante aparte de haber sido frontman de Iron Maiden? Es importante reflexionarlo, porque entre cientos de miles de fanáticos de «la Doncella» en el país, muchísimas cosas se pasan por alto de este músico, que se ha mantenido estoico luchando en la escena. Y la verdad es que Blaze tiene hartos elementos que lo hacen ser especial, además de lo de Maiden

Lo primero, quienes vamos a verlo porque usualmente escuchamos sus canciones con Iron Maiden pero no somos seguidores de su material posterior, nos habremos ido del concierto con cinco, seis, siete melodías pegadas en nuestras cabezas de sus canciones solistas, y que hubiésemos querido haber conocido de antes para disfrutarlas más. Se trata de temas tremendamente efectivos, fácilmente recordables, sabiamente armados, y que son presentados con un convencimiento que contagia. Así se sintió con los dos primeros cortes, ‘Redeemer’ y ‘Are You Here’, del álbum “The Redemption of William Black (Infinite Entanglement Part III)”, cierre de una trilogía conceptual que en definitiva venía promocionando en esta gira.

No hubo avisos para la llegada de ‘Futureal’, la cual era de esperar nuestra reacción desde el público. Obvio, a quienes no estuvieron les habrá llamado la atención la “osadía” de tocar Maiden con una sola guitarra, pero los que pudimos ir éramos capaces de ver una banda tremenda, que no solo se nota con gran fiato. No hay banda británica de Heavy Metal que suene mal en vivo y lo mismo puede decirse de British Lion, que también brilla más en concierto que en estudio. En el caso de Blaze, me parece que su hábitat natural está en un escenario, y la única forma que sentirlo es yendo a sus shows.

El concierto continuó con ‘The First True Sign’ de la última placa de Blaze Bayley, para luego enseñar el tema título de “Silicon Messiah”, trabajo que digamos ya que puede ser considerado como un clásico de su carrera. El coro fue seguido por todos, independiente si la era conocido o no por la persona. La banda se comunicaba con claridad, la canción invitaba a ser seguida, y la atmósfera se contagiaba con la música.

Blaze Bayley volvió a su más reciente disco con la directa ‘Prayers Of Light’ y sus “now we stand and fight!!!” que tronaron en el bar. En contraste absoluto, la banda presentó ‘Virus’ de Iron Maiden, con todos esos cambios que fueron ejecutados de forma quirúrgica, mostrando otra vez lo bien que se entiende esta alineación.

En este momento hizo Blaze una de sus pausas más importantes entre canción y canción, con la idea de agradecer a los asistentes que sostienen a grupos independientes como el suyo, y que así son capaces de tocar por el mundo a pulso. Es cierto que el “esto lo podemos hacer solo gracias a ustedes” puede resultar en un lugar común, pero de la forma en que se estaba dando el concierto, la comunicación sincera que había, uno sentía la intención real de lo dicho. Así llegó -claro estaba- la pista ‘Independence’, correspondiente al primer álbum de la trilogía “Infinite Entanglement”, trabajo que solo tiene tres años de vida y que muestra lo productiva que ha sido esta etapa en la trayectoria de Blaze Bayley.

El show continuó con uno de los temas más reconocidos del británico, el himno ‘Samurai’ que fue seguido por todo el público, con una banda que saltaba y alentaba con mucho ánimo a la audiencia. El ambiente estaba a tal punto que los músicos no tenían por qué llamar a cantar los ‘ohs’ de la composición, una de las tantas melodías con las que nos iríamos a la casa resonando en nuestras cabezas. El riff inicial de ‘Calling you Home’ también atrapaba, pero que no fue más que una transición a un instante cúlmine del show: ‘The Clansman’. Es poco lo que se puede decir de este clásico, y es fácil entender por qué se convirtió en un número tan especial para Maiden y el mismo Bayley.

‘The Angel and the Gambler’, en cambio, debe ser de los temas más cuestionados de «La Doncella» e incluso así, por algún motivo, causó no solo sorpresa, sino agrado entre los asistentes. Blaze no podía parar de sonreír en ese minuto, y vaya que fue un momento de lo más curioso. Sin embargo, el repaso por Maiden no paraba allí y el bar explotó con ‘Man On The Edge’, la una pista seleccionada del “The X Factor”, trabajo que está entre los favoritos del mismo Steve Harris en toda su carrera.ç

La intensidad metalera seguiría muy fuerte con ‘Dark Energy 256’, la canción más pesada de una velada que se encontraba en su momento más fiero, gracias a una de las mejores y descomprometidas composiciones de la trilogía de Blaze. Además, en una noche de contrastes, la parte final del show empezó con la siempre ingenua pero bien intencionada ‘Como Estais Amigos’, última selección de Maiden en el repertorio, para concluir con ‘A Thousand Years’ y regalar así un fin memorable.

Es necesario reconocer que muchos nos acordaremos que Blaze Bayley sigue activo solo cuando se aproxima una venida suya a nuestro país, y que su música solista está en muy pocos playlist de los fanáticos de Maiden. No obstante, los que lo han visto tanto en venidas anteriores como ahora en Santiago, Rancagua, Coquimbo y Puerto Montt, podrán decir que su propuesta en vivo es muy especial, con un tipo que no se disculpa para entregarlo todo en un concierto. Música y actitudes así siempre deben ser reconocidas, por el bien del Heavy Metal que hoy en día cuesta tanto seguir, debido a la avalancha de información que viene desde todos lados. Blaze es un artista que pilla de sorpresa en escenario, más allá de toda nostalgia, pese a que varios vayan solo por lo último, y ahí está el encanto de su aura.

SETLIST BLAZE BAYLEY
1. Redeemer
2. Are You Here
3. Futureal
4. The First True Sign
5. Silicon Messiah
6. Prayers of Light
7. Virus
8. Independence
9. Samurai
10. Calling You Home
11. The Clansman
12. The Angel and the Gambler
13. Man on the Edge
14. Dark Energy 256
Encore:
15. Como Estais Amigos
16. A Thousand Years

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Karim Saba

Cuando revisamos el disco debut de British Lion, comentábamos que jamás habríamos imaginado a Steve Harris en una faceta distinta a Iron Maiden. No porque el Jefe no sea un tipo versátil, sino que fundamentalmente porque su alma compositiva está tan asociada a la historia de la Doncella, que se asemejaba a esos jugadores de fútbol cada vez más extraños que sólo han vestido una camiseta en su vida.

Pero una vez decantado el disco, y fundamentalmente al saber que tocarían en vivo y que tendríamos la suerte de verlo en esta faceta en nuestro país, parece ser momento de reformular esa conclusión, y más aun luego de leerlo/escucharlo hablando de este proyecto. Iron Maiden siempre ha sido una banda gigante, pero en los últimos diez años se ha transformado en una banda de primera liga mainstream mundial, en una verdadera maquinaria tanto o más grande que la suma de sus Eddies, fans, discos vendidos, aviones y turbinas destruidas en Chile. British Lion sin duda es un escape para Steve, para reconectarse con sus inicios, tocar en locales más pequeños, con apenas un telón de fondo de “Us Against The World”, sin grandes pretensiones, ni siquiera por ganar plata porque con Maiden la tiene de sobra. Es tocar por mero gusto, explorar otras cosas, tomar energía desde la fuente, ser una superestrella del fútbol y venirse a jugar una pichanga con los amigos del barrio como en “Esperándolo a Tito” de Eduardo Sacheri. Amateurismo, como dicen por ahí.

No somos ciegos, por cierto. Es obvio que la inmensa mayoría del público asistió al evento para ver a Harry en un recinto más pequeño respecto a los que acostumbra a tocar, más que por los temas de British Lion. Pero de todas formas, como veremos, y pese a asistir en un número muy reducido (con generosidad unas 500 personas, el 1% del último Maiden), la fanaticada respondió con energía y gratitud.

Luego del tempranero acto de apertura de los santiaguinos de Cleaver –a quienes no alcanzamos a ver por cuestiones de tiempo, y desde ya les pedimos las disculpas correspondientes–, a eso de las 19:15 salieron a escena los porteños de King Of Liars, quienes en aproximadamente media hora de espectáculo lograron entretener a buena parte de los asistentes que a esas alturas no superaban las dos centenas, con su propuesta hard rockera. Interesante y contingente la dedicatoria de parte de su show al pueblo mapuche, para una banda se ganó merecidos aplausos con su propuesta.

Y cuando hablamos de sencillez, de ausencia de rimbombancia, nos referimos a momentos como el del inicio del show, cuando a las 20:10 horas se apagaron las luces, y con los sones de la intro comienzan a salir a escena los músicos de British Lion, y como uno más del equipo nada menos que Stephen Percy Harris, uno de los personajes más importantes de la historia del Heavy Metal. Ver a Steve saliendo a tocar como si nada ante 500 personas, y con una energía y convicción conmovedoras, igual como si tocara ante 50.000, no sólo habla de su profesionalismo, sino de cómo siente la música el gran Jefe.

El inicio del show, con This Is My God y Lost Worlds, calcado al del disco en estudio, nos permitió de inmediato notar que la banda gana mucho en vivo. Es cierto que el cantante Richard Taylor no posee un gran caudal vocal ni es demasiado carismático –a veces da la impresión de que casi le estuviera pidiendo permiso al público para cantar–, pero su voz calza con las melodías y a veces eso es suficiente. Y si se necesita actitud está el Jefe, con esa mítica manera de plantarse en el escenario que tantas veces hemos visto, con su pierna izquierda arriba del parlante y machacándonos con ese bajo fundamental en la historia de nuestras vidas.

Otra cosa que nos dibujó una sonrisa fue notar que el nuevo material de la banda es bastante interesante. Tras el primer saludo de Taylor, que nos pide que cantemos, nos presentaron dos cortes más que aceptables como Father Lucifer y The Burning, especialmente la primera, donde no hubo sector del Caupolicán que no retumbara. Hay bandas que en estudio suenan muy bien y en vivo bajan muchísimo; otras, como British Lion, en estudio suenan algo apagadas, con poca chispa, pero en vivo toman mucho mayor carácter. Entre esos dos extremos, uno tiende a quedarse con el segundo, las sensaciones son bastante más agradables.

Richard Taylor nos da las gracias, nos cuenta que lamentablemente es su último recital en Sudamérica, y nos presenta otro tema nuevo, Spitfire, que ya conocíamos por redes sociales, y que ratifica en vivo las buenas sensaciones que provoca en su versión en estudio, y que nos presenta a un Steve mucho mejor aprovechado, más protagónico pero sin convertirse en un solista de bajo con una banda soporte. En ello también hay mucho mérito del buen trabajo de los guitarristas Grahame Leslie y David Hawkins.

Volviendo a los temas del disco, Taylor toma una guitarra acústica para interpretar The Chosen Ones y These Are the Hands, ganándose unos afectuosos “olé, olé olé olé, British, Lion” de un público que compensó su escasez numérica con una entrega que ya se quisieran otros eventos de mayor convocatoria.

El interesante material inédito continuaría con Bible Black y la poderosa Guineas and Crowns, con un bajo portentoso del Jefe, que lo convirtió en uno de los temas nuevos más disfrutados, ganándose merecidos “uooh – uoooh” por parte de un público respecto del cual insistimos en su gran entrega y compromiso para con el espectáculo, y que hizo pensar que si este show se hubiese realizado en un recinto más pequeño, probablemente hubiese sido aun mejor.

Grahame Leslie tomó el micrófono para dar inicio, “wo-ooooh” mediante, a otro corte nuevo como Last Chance, para luego volver al disco con Us Against the World, donde destacó el sonido armónico y filoso de las guitarras de Grahame Leslie y David Hawkins.

El último tema inédito, Lightning, fue presentado por Richard Taylor, recibiendo una buena respuesta de una fanaticada definitivamente desquiciada por tener tan cerca a un ídolo de todos los tiempos como el buen Harry. Y tras aproximadamente setenta y cinco minutos de espectáculo, con la intensa Judas se puso fin a la primera parte del espectáculo.

Curiosamente, la banda no abandonó el escenario, y de hecho Taylor, de manera muy sencilla y honesta, nos dice que en esta parte del show normalmente ellos se retiran, pero en esta oportunidad se iban a quedar. Así, luego de que el cantante presentara uno a uno a los músicos (Grahame Leslie, David Hawkins y al baterista Simon Dawson), la ovación para el legendario Steve Harris retumbó en todo el Teatro, y vimos a un Harry genuinamente agradecido.

Así, tras dos de los mejores cortes del disco como A World Without Heaven y Eyes of the Young, muy coreada por el público, que retribuyó la entrega de la banda coreando este último tema con “ooo-ooooh” en la despedida de la banda, tras una hora y media de puntualidad de león británico, se puso fin al espectáculo, con músicos muy agradecidos saludando a los fans –recibiendo banderas chilenas y una bandera con los colores del West Ham United con la leyenda “Chile Against The World”–, y cómo no, con el propio Steve palmoteando algunas afortunadas manos que seguramente no serán lavadas nunca más.

Es inevitable dividir las reflexiones finales en dos. Primero, en cuanto a la banda: dejó una sensación grata, que sus temas ya conocidos se potenciaron por el sonido en directo, y que los temas inéditos vienen con un poco más de caldo y sustancia, lo cual desde ya nos deja esperando para un eventual lanzamiento en un futuro próximo. Y lo otro sin duda está dado por haber tenido la fortuna de ver tan cerca a una leyenda viviente como Steve Harris, con la misma actitud y presencia que en Maiden, con una energía increíble para sus sesenta y dos años de edad, físicamente impecable y con esa misma capacidad de machacarnos con su Fender Precision (y su respectiva correa celeste/granate) del West Ham United, tocando para un público pequeño de la misma forma en que la rompe tocando en los escenarios más grandes del mundo, con respeto al asistente y con la misma pasión. Tener un ídolo –sea quien sea– que nunca nos haya defraudado es una suerte gigante, y quienes tenemos en ese pedestal al Jefe, sin duda en esta jornada ratificamos esa sensación. ¡Hay que disfrutarlos cada vez que se pueda!

Setlist de Steve Harris – British Lion:

  1. This Is My God
  2. Lost Worlds
  3. Father Lucifer
  4. The Burning
  5. Spitfire
  6. The Chosen Ones
  7. These Are the Hands
  8. Bible Black
  9. Guineas and Crowns
  10. Last Chance
  11. Us Against the World
  12. Lightning
  13. Judas
  14. A World Without Heaven
  15. Eyes of the Young

Live Review: Darío Sanhueza D.L.C.
Fotos: Guille Salazar

Sorpresa total. Imposible de pronosticar con cierta racionalidad, luego de los dos shows del 2017 a tablero vuelto en el Caupolicán. ¡Helloween en el Movistar Arena! Al ver cómo se agotaron las entradas para el primer show del 2017 –que originalmente era el único–, la producción logró asegurar un segundo show –para dos días antes–, pero no sólo quedó mucha gente afuera de poder ver la reunión más soñada de la historia del Power Metal, sino que incluso muchos de los que sí pudimos ir quedamos con la sensación y el anhelo de ver a Helloween en un escenario más grande, y específicamente en el Movistar Arena, una quimera hace algunos años para cualquier grupo de nuestro nicho que no fuese en el contexto de algún festival masivo y de ninguna manera como su número principal.

Por ello, el anuncio de Helloween en el Arena no sólo tuvo mucho de justicia para la gente que no pudo asistir, y que ahora nos fuéramos a una casa más grande para que cupiéramos todos, sino que mucho de justicia para la banda, que se merecía un escenario chileno de esta índole. La sensación para muchos de nosotros es similar a cuando Iron Maiden por fin pudo tocar en el Estadio Nacional.

Pero si además le agregábamos a esta “Helloween Night” de Halloween, la presencia de dos bandas en estupendo momento de forma como Arch Enemy y Kreator, la expectativa por este espectáculo se acrecentaría aun más.

ARCH ENEMY

La tarea de Arch Enemy no era fácil. Es cierto que desde hace años están consolidados dentro de la escena y a esta altura no deben demostrarle nada a nadie, pero abrir los fuegos en un recinto de tal magnitud y para un público que no era el suyo, a todas luces parecía todo un desafío para los liderados por Michael Amott. Es por esto que nos hubiese gustado ver a mucha más gente dentro del recinto para el puntapié inicial. Cerca de cuatro mil personas se agolpaban para presenciar el primer acto de la noche, que partiría tras escuchar Ace of Spades en tu totalidad por los altoparlantes.

Con la instrumental Set Flame to the Night de fondo, cada uno de los integrantes fue tomando posición para dar el primer hachazo. La escogida sería The World is Yours, que desde el primer segundo demostró toda la potencia y el desplante de Alissa White-Gluz sobre el escenario. Si bien el sonido en un comienzo no fue el óptimo –al menos desde la cancha–, esto no fue impedimento alguno para lograr apreciar todas las melodías y las intervenciones de Jeff Loomis y Michael Amott en las cuerdas. Así, el asunto mejoró notablemente con la clásica RavenousWages of Sin«, 2001), donde el quiebre instrumental de la parte media-final se escuchó con una pulcritud digna de destacar.

Con el respetable cada vez más compenetrado en el show, la frontwoman se da un segundo para saludarnos y así introducir el siguiente corte. Y es que el «This is fucking war!» es la señal inequívoca para War Eternal, una de las más destacadas dentro del disco homónimo del año 2014. Es por esto que el «Try to tell you what to do/ They love to have control of you…» había que cantarlo con todo. Gran, gran interpretación de la cantante. Sabemos lo difícil que es recrear los guturales luego de años en el ruedo, pero acá se la jugó con todo y la verdad es que sorprendió gratamente. Finalmente, súmenle un punto a Sharlee D’Angelo y Daniel Erlandsson, que se despacharon una base rítmica a prueba de balas.

Para My Apocalypse ya los ánimos estaban definitivamente encendidos, los saltos y el sing along se hicieron presentes durante algunos pasajes del track. Acá quizás vimos la mejor ejecución de la sección de cuerdas, quienes se mostraron sobrios de principio a fin. Como mencionamos anteriormente, Arch Enemy no estaba jugando de local bajo ningún punto de vista, pero con este tipo de interpretaciones lograron convencer a los más incrédulos.  Qué decir de The Race, que fácilmente podemos considerarla como el clímax de toda la presentación. ¡Mosh de grandes proporciones! Imposible abstenerse la verdad, ante tal hachazo no queda otra. La pegada de Daniel es descomunal y la reacción en la cancha no se hizo esperar. ¡Temazo!

Volviendo a “War Eternal” (2014), llegaría You Will Know My Name, que en cierta medida calmó los ánimos pero que de ninguna forma bajó la intensidad sobre el plató. Las armonías de las guitarras fueron derechamente perfectas y el «Do you see me now?/ Do you fear me now?/ You will know my name» aún debe estar retumbando en el Movistar Arena. Algo similar ocurriría con la debutante The Eagle Flies Alone (“Will to Power”, 2018), que mostró a la vocalista en todo su esplendor durante el coro «I, I go my own way/ I swim against the stream/ Forever I will fight the powers that be«.

Otra rescatada de “Will to Power” sería la interesante First Day in Hell, que por momentos es mucho más densa y lúgubre en su ambientación. Todo esto acompañado por un excelente juego de luces que ayudan a entender la emoción predominante. No así con As the Pages Burn, que tras la instrumental Saturnine trajo de vuelta el caos y los mosh al centro de la cancha. Gran ejecución instrumental. El vértigo y la rapidez fueron recreados al milímetro y lo cierto es que había un huracán de fondo.

Para finalizar, dos clásicos incombustibles pondrían el broche de oro al primer número de la jornada. We Will Rise y Nemesis mostraron las últimas armas en un show acotado pero no por ello menos potente. Obviamente el «We will rise/ Rise above» y el «One for all/ All for one/ We are one/ Nemesis» se escucharon con una fuerza que no dejó a nadie indiferente. Así, tras una hora sobre el escenario, Arch Enemy comenzó a despedirse de una audiencia que en un principio parecía algo incrédula, pero que poco a poco fue sorprendiéndose con la solidez de la banda. Teniendo un setlist cargado hacia las canciones menos longevas –y por tanto menos reconocidas–, no es fácil ganarse la atención de todos los presentes. La clave entonces está en la interpretación de cada uno de los integrantes. La calidad acá no se discute y quedó claro desde el primer acorde. ¡Excelente comienzo!

Setlist de Arch Enemy:

  1. The World is Yours
  2. Ravenous
  3. War Eternal
  4. My Apocalypse
  5. The Race
  6. You Will Know My Name
  7. The Eagle Flies Alone
  8. First Day In Hell
  9. Saturnine
  10. As the Pages Burn
  11. We Will Rise
  12. Nemesis

KREATOR

La presentación de Kreator era una de las más esperadas y que más expectativas generó durante los días previos. De alguna forma intrigaba verlos nuevamente en el Movistar Arena y más aún verlos abriendo para Helloween. Los germanos se entienden entre sí y Mille Petrozza sabía perfectamente lo que tenía que hacer junto a sus discípulos. No vamos a descubrir ahora la función vital y medular que ha cumplido Kreator dentro del Heavy Metal a nivel mundial, y considerados como una pieza fundamental del Thrash alemán, no quedaba otra cosa que presenciar una hecatombe como las que ya nos tienen acostumbrados. Porque digámoslo desde ya, todos los asistentes lo entendieron de la misma manera: la oportunidad de ver en la misma noche a bandas que difieren en su estilo era algo que no se podía dejar pasar.

Ya ubicados en la parte más delantera de la cancha, con Mars Mantra de fondo los músicos comenzaron a ubicarse en sus lugares respectivos. Así, siguiendo el orden natural de las cosas, Phantom Antichrist trajo consigo lo que nunca puede faltar en un show de este tipo. Exacto. ¡Mosh instantáneo! Qué manera de cantar el «A phantom scouring across the land/ Leaving trails of blood and sand/ End this torture and misery/ For souls awake enough to see/ Far beyond the lies«, que como bien sabemos solo es el preámbulo para luego gritar el «Phantom Antichrist!» como si no hubiera mañana. Ahora bien, es cierto que este éxtasis no se replicó de igual forma durante Hail to the Hordes, probablemente por la poca definición en las guitarras (principalmente en la de Mille), pero bastaron un par de minutos para que la masacre continuara, como veremos a continuación.

Tras un pequeño guiño a Army of Storms, el frontman se encargó de incitarnos una y otra vez a que formáramos un pit gigantesco. Y bueno, una vez que comenzó a sonar Enemy of God sus deseos fueron órdenes. ¡Qué temazo por la cresta! Hablamos fácilmente de una de esas canciones que definen a una banda y marcan un antes y un después en su carrera. Por eso mismo se entiende la reacción que tuvimos todos, pese a algunos problemas de sonido que se acentuaron en este track, particularmente en la batería de Jürgen “Ventor” Reil. Fueron los mismos asistentes quienes posterior al show lo hicieron notar y lo comentaron en más de una ocasión. Pero como dije anteriormente, la euforia era tal que muchas veces estos aspectos pasan a segundo plano. Había que disfrutar la instancia y dejarlo todo en medio del caos.

La tercera revisión a «Gods of Violence» (2017) llegaría con la intensa Satan Is Real que a su vez traería consigo la pirotecnia durante el estribillo. Pequeñas llamaradas aparecieron en la orilla del escenario durante el «Satan is real/ Satan is real/ Horror for tyranny/ Human catastrophe…«, lo cual desde luego que le da un aspecto visual más que interesante a la presentación de los germanos. No es la mejor del álbum, pero desde luego que cumplió su función, pese a algunos problemas en el retorno de Petrozza que lo hicieron notar algo incómodo.

Es cierto que Civilization Collapse en términos generales siguió con la senda de sus predecesoras, pero lo ocurrido con Flag of Hate no tiene comparación alguna. Mille apareció en escena con una gran bandera que tenía el logo de la banda en su centro y rápidamente nos dice que «It’s time to rise the flag of hate!«. Lo que se venía madre mía. Para graficarlo de mejor forma, básicamente el mosh que se ubicada en la parte izquierda de la cancha, se juntó con el que estaba en la parte derecha. O sea, el diámetro del epicentro era prácticamente todo el ancho del Movistar Arena. ¡Había que sobrevivir de alguna forma! Simplemente épico. Un clásico de estas proporciones no falla nunca. Esta vez no fue la excepción. ¡Para enmarcar!

Hora de otro clásico entonces. «Is there something after you?/ Something after you» cantamos todos al unísono. ¡Phobia señoras y señores! Y eso solo era el comienzo, puesto que pronto viene el «Paranoia/ Coming from within/ Taking over/ Symptoms of an everlasting/ Phobia!» y ahí sí que hay que gritar a más no poder. Dicho y hecho, ya que el coro fue simplemente glorioso. Y bueno, a modo de contraste, Fallen Brother logró calmar los ánimos de cara a la parte final. No podemos dejar de mencionar la sentida dedicatoria del frontman antes de comenzar a interpretarla. Recordó a puntales del Heavy como Vinnie Paul, Lemmy Kilmister y Philthy Animal Taylor. Ovación cerrada y nos preparábamos para la recta final.

Tras este respiro, las cosas volvieron a descontrolarse con Hordes of Chaos (A Necrologue For The Elite). La verdad es que todos nos tomamos el coro lo más literal posible: «Everyone against everyone!» Descontrol total nuevamente. O ingresabas voluntariamente al pit o simplemente eras arrastrado por la masa. Por su parte, Ventor y Christian Giesler son descollantes y el filo de la guitarra del finlandés Sami Yli-Sirniö acompañó cada uno de los versos con una potencia envidiable.

Tras una pequeña pausa, los primeros acordes de The Patriarch solamente vaticinaron lo que se vendría. Puede sonar redundante, pero el caos y el descontrol colectivo se desataría en cosa de segundos una vez que Violent Revolution se dejara caer como el clásico que es. A esta altura resulta terapéutico cantar el «Is a violent revolution/ Violent revolution/ Violent revolution/ Reason for the people to destroy!«. Lo mismo pasa con Pleasure to Kill, que consigo trae la vieja escuela con todas sus letras. ¡Brutal! Toda la cancha girando en éxtasis al comprender que había que gastar las últimas energías. Así, tras un poco más de una hora de show, los germanos comenzaron a despedirse frente a un recinto que ya se encontraba prácticamente lleno.

Muchas cosas vienen a la mente para la conclusión final. En primer lugar, Kreator cumplió las expectativas que se habían generado. De ninguna forma ha sido su mejor presentación en nuestro país –especialmente por esos problemas de sonido a los que hemos hecho referencia–, pero entendiendo el contexto y el poco tiempo para desarrollar un show más íntegro, el público quedó bastante conforme con lo que mostraron. Por otra parte, a nivel general obviamente la discusión sobre el setlist escogido siempre se hará presente. Es imposible que todos se vayan conformes, pasa aquí y en cualquier concierto. Pero a juzgar por la reacción que hubo entre los metaleros, la situación se entiende como lo que es: simplemente gustos personales. Lo que lamentablemente no podemos dejar de lado fue la poca definición del sonido, como decíamos. Nunca se llegó el nivel óptimo y muchos lo hicieron notar. Ahora, que no se malinterprete, esto de ninguna forma logra opacar lo hecho por los alemanes. Supieron conectar de inmediato y el caos habla por sí solo. Y ojo que se veía Helloween. ¡Esto recién comenzaba!

Setlist de Kreator

  1. Mars Mantra / Phantom Antichrist
  2. Hail to the Hordes
  3. Army of Storms (fragmento)
  4. Enemy of God
  5. Satan Is Real
  6. Civilization Collapse
  7. Flag of Hate
  8. Phobia
  9. Fallen Brother
  10. Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)

Encore

  1. The Patriarch / Violent Revolution
  2. Pleasure to Kill

HELLOWEEN

Terminado el contundente –aunque un poco accidentado en cuanto al sonido– show de Kreator, vendría el “plato fuerte” de la noche. Y definitivamente no sería cualquier cosa. Mientras se desarmaba el backline de los íconos del thrash germano, cae un gran telón negro de Helloween – Pumpkins United, como para resguardar la sorpresa de la escena que preparaba la calabaza, que en el fondo todos –o la gran mayoría– sabíamos o vimos en buena parte en los shows del 2017, pero esa preparación es parte de la magia y de la ilusión de un show, donde gente de distinta edad, condición y origen es parte de una misma fanaticada y que responde de manera unívoca.

Y con apenas un par de minutos de tardanza respecto a la hora anunciada, las 22:40, comienza a sonar esa curiosa intro de los actuales shows de Helloween, Let Me Entertain You de Robbie Williams. El delirio cuando se apagaron finalmente las luces y comenzaron los sones envasados de Halloween fue inolvidable, ver a doce mil personas convertidas en un solo gran monstruo –pero uno de verdad, sí–, bramando, coreando y saltando en la cancha y en las plateas cuando cae el telón y aparece la banda, sin dudas es inolvidable. Ver a tanta gente en un show de Power Metal con su estandarte máximo provocó una vibración extra a la emoción normal de estar viviendo un show de Helloween, y más aun con Michael Kiske y Kai Hansen. En la acción misma, fue realmente formidable cómo los músicos aprovecharon esa mayor cercanía con el público que provocaba la pasarela de la mitad del escenario, y también ver a un Kiske menos cansado que en los shows del 2017, donde pese a darlo todo, sí se notó cierto agotamiento, además que en esa oportunidad había estado unos días enfermo. El solo a dos guitarras de Halloween debe estar dentro de los cinco mejores solos de todos los tiempos, y tocado por Kai y Michael Weikath en la pasarela adquirió un brillo estético inolvidable. Un inicio que de por sí nos masacró.

Luego de otro clásico como Dr. Stein –también cantadísimo, por supuesto–, se quedan en escena Andi Deris con Michael Kiske. Y ojalá también les suceda a ustedes que leen estas líneas, pero pucha que es bacán que se lleven tan bien. No es anormal que los músicos –y los cantantes especialmente– tengan un ego que haga incompatible este tipo de situaciones –¿se imaginan a Dio cantando con Ozzy?–, y como decíamos en el review de los shows del año pasado, Andi es como el padrastro que no sólo incluye al padre biológico en la familia por el bien de los niños, sino que lo invita a los asados, le va a buscar cervezas y se las arregla para seguir siendo una referencia en esa familia.

El hecho de que la llegada de Kiske haya fortalecido a Deris habla muy bien de la calidad humana, inteligencia y carisma de Andi, que recordando ese show del 2011 con Stratovarius, donde la rompió diciendo que en Chile no estábamos “de puta madre” sino que “la raja”, comenzó a hablar en ese más que correcto español aprendido en las Islas Canarias. Y luego de una conversación entre ambos, donde Andi le traducía a Kiske mientras eran ovacionados por el público, presentaron la primera cápsula con los simpáticos monos animados Seth and Doc, que en todo caso, hay que agradecer que disminuyeron un poco sus apariciones, pero también hay que entender que ese par de minutitos le sirve a la banda para descansar un poco. Y qué mejor que hayan vuelto con I’m Alive, sin ninguna concesión, con Sascha Gerstner, Kai y Weiki en la pasarela con sus guitarras en armonía. ¡Fabuloso!

Vuelve Andi a escena y nos dice que debe hacernos una pregunta, si somos Metal. Are You Metal? sin dudas tiene mucho de cliché, pero bienvenidos los clichés si son así de buenos y poderosos. Un tema diseñadísimo para funcionar en vivo y para empotrar por ahí un sing along como lo hizo Andi, que nos hizo vociferar el “are you Metal” –Metal se escribe con mayúsculas– como el casero de las paltas de la feria. La verdad, creo en ese momento también dedicamos algunos momentos a observar al público, y ver ese océano de gente viendo a Helloween en un escenario tan importante como el Movistar Arena daba un orgullo sincero, genuino, como pensando “nosotros somos parte de esto”, los que muchas veces vimos a la calabaza en locales mucho más pequeños. Ver a una banda tan querida en otro status, pero manteniendo su esencia, es fascinante.

Deris es un frontman lleno de carisma y en temas como Perfect Gentleman es donde más lustre le saca. Con un sombrero, bastón y lentes, Andi se luce en el escenario con sus movimientos, su simpatía y también con su voz, que no tendrá ese virtuosismo celestial de Kiske, pero es inconfundible y a muchos nos gusta montones. Además, esa interacción con un Kiske que aparece para colaborar en la parte interactiva del tema es notable, uno no se cansa de destacar y de disfrutar el fiato que hay entre ambos.

Andi presenta a “uno de los chicos que empezó con todo esto en 1984… please welcome Kai Hansen”. Y ya sabíamos lo que vendría luego de un video de presentación con el “happy happy Helloween” y con Kai saliendo a escena con una gorra de capitán: el glorioso medley del “Walls Of Jericho”, comenzando con Starlight, luego respondiendo afirmativamente a la pregunta de Hansen si estábamos listos para Ride The Sky, la increíble Judas –un tema que ha envejecido fabulosamente– con Kai y Weiki yendo a tocar el solo a la pasarela, y culminando con la hímnica Heavy Metal (Is The Law). Un medley realmente voraz, que cumple esa maravillosa doble sensación de dejarnos satisfechos con quedar esperando más.

Es sabido que Kiske quizás no tenga el nivel de carisma o manejo escénico de Deris, es algo más retraído y menos extrovertido –no es una crítica, es un tema de personalidad probablemente–, y por lo mismo da gusto cuando de repente muestra cositas como la que pasarían a continuación, cuando pidió que todos los que tuviéramos smartphones activáramos la linterna, porque ahora venía una balada. La verdad es que pareció un estadio de fútbol lleno cuando sale el equipo a la cancha, un mar de luciérnagas adornó la formidable ejecución de A Tale That Wasn’t Right, un espectáculo inolvidable por el entorno que generó Kiske, sino que además, por supuesto, por la inagotable, majestuosa y estremecedora voz del calvo intérprete, que además contó con el apoyo de Deris en parte de la canción. De los momentos más destacados de la jornada.

Poco tiempo después de conocer una de las mejores noticias en la historia del Power Metal, como fue el anuncio de la reunión de Helloween con Kiske y Hansen, nos hicieron un regalo complementario, que no esperábamos: un tema inédito, llamado Pumpkins United, que en el fondo honra a esta reunión y que en su momento nos emocionó, escuchar en un mismo tema a los tres vocalistas de la banda fue sencillamente notable. Y varios pensábamos que la iban a tocar en vivo en los shows del 2017, lo cual no ocurrió, pero llegó el momento de saldar esa pequeñísima deuda. Con una distribución de voces un poco distinta, y si bien evidentemente no provocó el delirio de los clásicos, fue un buen momento y el tema fue defendido en vivo de buena manera.

Varios lo hemos visto tres veces, pero parece saludable pensar que en cada concierto hay mucha gente que va por primera vez a ver a una banda. Ser empático en ese aspecto no es tan difícil, más aun considerando el montón de gente que se quedó fuera de ver a Helloween el 2017 pese a hacer dos shows, por la inusitada demanda que provocó dos llenos hasta las banderas en el Caupolicán. Y por lo mismo, ojalá que quienes hayan ido por primera vez a ver a este Helloween hayan disfrutado del homenaje in memoriam al gran Ingo Schwichtenberg, malogrado baterista original de la banda, quien nos dejó hace bastantes años y preso de problemas mentales que uno no le desea a nadie. Además, el formato “duelo” con Dani Löble, anunciado por la voz del anunciador Michael Buffer con su “let’s get ready to rumble!” le proporciona un tinte más lúdico, pero sin dejar de ser emotivo y de recordar a nuestro “fallen brother”, como diría el genio Mille Petrozza. Una manera linda, sofisticada, no edulcorada ni abusadora del sentimentalismo, brillante.

Antes del 2017 jamás habría imaginado que escucharía en vivo al menos un fragmento de Livin’ Ain’t No Crime, que en el fondo en este show sirve como introducción para un gran clásico como A Little Time, probablemente uno de los temas donde Kiske se sienta más a sus anchas. Incluso se puso a bromear agachado frente a una de las cámaras del concierto –otro gran plus de ver un show en este recinto, la increíble calidad de las pantallas gigantes–, tomando una bandera chilena. El “final falso” que le hacen a este tema también está muy bien logrado.

Luego de una nueva aparición de Seth y Doc en la pantalla –que como decíamos, seguramente permite un pequeño descanso de los músicos y, por qué no, una breve concurrencia a “las casitas”–, sin ningún anticipo la banda vuelve con uno de sus temas más gloriosos, y que nos lleva a no quedarnos pegados con las cosas malas porque el tiempo pasa, que la vida es muy corta para llorarla y suficientemente extensa como para intentar salir adelante. Ese mensaje que hace treinta años Helloween nos daba con la portentosa March Of Time sigue teniendo vigencia, y más allá del mensaje, es una canción que resume mucho de la gloria que trasunta esta banda. Y con Kiske en las voces, inolvidable.

Andi sale a escena con su carisma y nos cuenta que le encanta decir “la raja” porque a la gente en las Islas Canarias le gusta mucho. Y comienza a contarnos una pequeña historia, que ahora tocarían la que fue “mi primera canción que he tocado con este grupo en 1994”, que pertenece a un disco de 1994, “Master Of The Rings”. ¡Temazo Sole Survivor! Es un tema además importantísimo y simbólico, porque reencauzó el camino de Helloween que parecía algo descarrilado luego de “Chameleon”, así que se le tiene mucho cariño a Soul “Sopaipa”.

¿Cómo estamos ahora?”, nos pregunta Deris, y nos anuncia que ahora viene una canción que en español se llama “Fuerza”. Un himno de la era Deris, la monumental Power, por supuesto coreadísima por todo el público. Y aquí se dieron un par de particularidades. Primero, le lanzaron a Andi una hermosa bandera de Venezuela, y se escucharon un par de pifias aisladas. ¿En serio? ¿En serio vamos a pifiar una bandera de un país hermano en un concierto de Rock? Seguramente los mismos que pifiaron van a cantar abrazados Blood Brothers cuando la toque Iron Maiden. Una tontería. Pero en algo más agradable y simpático, le lanzaron a Deris ¡un sostén!, pensando que quizás se trataba de Steel Panther, y además una bandera de Colo Colo, que Deris tomó, se la puso en las piernas y luego la besó. Un momento simpático y una pequeña alegría para los hinchas del equipo más popular de Chile en un momento donde, lamentablemente, no ganan desde que Kiske tenía pelo.

Y ya acercándonos al final del show, Deris nos cuenta que la próxima canción es la primera que escuchó de Helloween, compuesta por Michael Weikath, otra bestialidad gloriosa como How Many Tears, uno de los temas favoritos de muchos fanáticos que nos enamoramos de esta banda hace un par de décadas, escuchando el “Walls Of Jericho” pero sobre todo el “Live in the U.K.”, donde escuchamos a Kiske dándole un brillo vocal fenomenal a una canción con una materia prima buenísima. Un final maravilloso para la parte gruesa del show.

Luego de un receso de un par de minutos, llegaría el que sin dudas debe ser el tema favorito de buena parte de los fanáticos de Helloween, a tal punto que cuando uno pregunta por un disco que no ha escuchado, para que le recomienden a qué tema ponerle atención, uno pregunta “cuál es la Eagle Fly Free del disco”. Difícilmente alguien pueda alcanzar el nivel de brillantez compositiva y de ejecución que se logró en 1988 con este tema, la música se podría haber acabado ahí en el mundo y la verdad es que tan, tan, tan terrible no habría sido. Las palabras sobran un poco, sólo queda destacar el hermoso trabajo añadido que le dan las imágenes de fondo, que sirven para abrillantar la Copa Mundial de la Gloria que ganó Helloween en esos años con esta canción y que se la llevó para la casa porque nadie más juega.

La última aparición de Seth y Doc, jugando con un sombrero de mago sacando adminículos relacionados a discos y temas de la banda, dio paso a otro momento hermoso con Sascha Gerstner iniciando solo con su guitarra la colosal Keeper Of The Seven Keys, y luego con Kiske dándolo todo y de mejor forma que el 2017, donde como dijimos anteriormente, se notó que venía un poco agotado y saliendo hace no demasiado tiempo de un resfrío que lo tuvo algo a mal traer. Ahora se notó con más energía y llegando más holgadamente a esos sonidos que sólo puede alcanzar él. Y parte de la genialidad de esta banda tiene relación con su capacidad de reinvención, a tal punto que tomaron una gran canción como esta y le proporcionaron un contexto de despedida casi teatral, donde uno por uno los músicos se despiden del público, al final sólo con Sascha y Markus Grosskopf, y por último únicamente con Sascha cerrando casi con las luces apagadas.

Pero por supuesto quedaba el último momento de la fiesta. Kai Hansen sale a escena y comienza a hacer los jueguitos que sabemos dónde nos van a llevar, hasta que en un momento la pantalla atrás comienza a emitir un zumbido, y Kai se aproxima a la batería, toma un matamoscas rosado (¡!) y aniquila a ese virtual bicharraco. Y llega el final, con el jugueteo que nos lleva a Future World, otro tema que hemos escuchado muchas veces, pero con el plus de los videos y por supuesto con Kiske toma otro color, y por supuesto con I Want Out y el show de los globos naranjas con calabazas, más el confeti, la separación del público entre los deristas y kiskistas para cantar el coro pero luego unirnos para bramarlo todos con el hilito de voz que nos quedaba. Es difícil tener dudas que muchos de nosotros dejamos toda la energía que nos quedaba, para cerrar una jornada extensa, intensa y gloriosa, con Helloween despidiéndose de nosotros a eso de las 01:20 horas de la madrugada del 01 de Noviembre de 2018.

Ninguna persona habría podido evitar ser tratada de patológicamente optimista si hace algunos años decía que Kiske volvería a Helloween, que además lo haría junto a Kai Hansen, que vendrían a Chile y que tocarían una vez. Imagínense el diagnóstico si esa persona decía que tocarían dos veces. Pero si le sumamos que Helloween tocaría una tercera vez con Kiske y Hansen, y además la última de todas sería en el Movistar Arena acompañado por Arch Enemy y Kreator, es algo que va más allá de la capacidad de soñar y eso es mucho decir. Lo mejor de haberlo vivido es que todas las alegrías son dobles, porque van más allá del disfrute personal –que por cierto, es preponderante–: también tiene que ver con que, por fin, Helloween estaba tocando en el escenario chileno que se merecía, con el marco de público que merecía –ver un show de Power Metal con 12.000 personas es demencial, ojalá no irrepetible–, y donde por suerte, al menos por espacio, nadie pudo quedarse afuera de esta fiesta. ¡Que vengan veinte veces más!

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. Are You Metal?
  5. Perfect Gentleman
  6. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  7. A Tale That Wasn’t Right
  8. Pumpkins United
  9. Solo de batería – Tributo a Ingo Schwichtenberg
  10. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  11. March of Time
  12. Sole Survivor
  13. Power
  14. How Many Tears

Encore

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore

  1. Future World
  2. I Want Out

 

Live Review Helloween: Darío Sanhueza
Kreator & Arch Enemy:
Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

A Accept no le bastó con haber definido la identidad del Metal germano en los noventa…

Hoy, muy bien se puede decir que han sido la banda metalera de la década en Europa, y quizás de toda la escena. Sus trabajos actuales demuestran experiencia, pero no cansancio. Por el contrario, su energía y productividad en estudio es tan intensa como su fuerza en vivo, un conjunto que sabe hacer sonar bien hasta el teatro sudamericano más inadecuado, y que dicta cátedra y habla verdad con sus canciones llenas de calle y -al mismo tiempo- de pulcritud.

Qué delicia es tener el lujo de tener a Accept en Chile por, ¿tercer año consecutivo?, e irse del show como si hubiese sido la primera vez que han venido…

Qué importa que hayan pasado once meses desde la última vez en el Cariola: la banda responde y el público también, con una banda que enseña e irradia Metal con todas sus letras, lo que rejuvenece y se rejuvenece a casi cuarenta años de haber partido con visiones revolucionarias de agresividad, que ellos mismos transformaron en tradición eterna del Heavy Metal clásico.

Qué importa que hayan venido a volver a presentar el «The Rise Of Chaos» por segunda vez en menos de un año. El espectáculo fue otra vez una enorme fiesta, donde no interesa que los clásicos de antaño sean interpretados por una alineación muy diferente a la de esas épocas, simplemente porque la banda en vivo hoy en día entrega el espectáculo más sólido, hoy por hoy, en toda la escena metalera. Dicho eso, tampoco interesa que esta vez hayan mostrado con orgullo tantas nuevas canciones: la factura del nuevo material es demoledora, con temas de este ciclo como Stalingrad y Teutonic Terror que ya son imposibles de obviar al momento de hablar de los grandes clásicos en la carrera de Accept.

Fueron dos horas absolutamente exactas de descargas en el Coliseo de Nataniel Cox, recinto mucho más apto que el escogido para el 2017, y que recibió a tantos o incluso más fanáticos que la velada anterior, confirmando que Accept es sabido que entrega siempre y que los fanáticos del buen Metal no darán nunca por sentada una nueva visita de los héroes teutones del Heavy Metal.

De las 21:04 hasta las 23:04 fueron puros cañonazos de metal tradicional, de ese tan callejero, pero al mismo tiempo tan pulcro que solo Wolf Hoffmann sabe entregar. Y es que sin haber sorpresas, igual quedamos sorprendidos con la calidad, entrega y repertorio de un grupo que eleva estándares, y responde a una fanaticada fiel. Die By The Sword abrió como el año pasado, volviendo a provocar la respuesta de un público respetuoso y emocionado, a los pies de estos verdaderos próceres, que tienen nuevos clásicos como Stalingrad, un imprescindible ya a nivel de cortes como los más ochenteros del repertorio de la banda.

En la medida que el sonido se iba ajustando para llegar a su estándar habitual (en esto Accept nunca va ni querrá fallar), Restless And Wild fue traída a colación sin aviso, provocando un estruendo del público y las reacciones típicas de Wolf con su rostro alegre, en comunión con el público, alimentándose de su energía. Ya se veían telones desde el público, banderas desde la platea, una pierna ortopédica alzada cerca de Uwe Lulis, en una algarabía que continuaba con la interpretación de una T.V. War del “Russian Roulette” (gran acierto del setlist), que suena terriblemente intensa en vivo. Qué adelantados eran a su época, una canción que en perillas del productor Andy Sneap, perfectamente podría estar en cualquier placa de Accept de la actualidad y pasar como material contemporáneo.

Es que el estilo no se transa, lo verdadero se respeta, la mentira se desecha, a tal punto que una canción del ciclo actual como Pandemic, del «mejor» disco metalero de la década por su impacto y trascendencia, “Blood Of The Nations”, entró de forma muy natural para tomar la posta del corte anterior.

Recién aquí llegó la primera pausa en la descarga de Accept, con el fin de que Mark Tornillo pudiera dirigirse al público y anunciar una tanda de nuevo material a ser presentado, casi como pidiendo permiso. Fueron cinco canciones de corrido, partiendo por Koolaid y siguiendo con No Regrets, Analog Man y Final Journey, para terminar con la cuasi-clásica Shadow Soldiers. La efectividad de estas pistas es tal que, si bien es posible que muchos seguidores del Accept de los ochenta presentes en el concierto no las conocieran, igualmente terminaran coreando sus estribillos, después de un par de reiteraciones. Temas simples y contagiosos, nada más que decir.

La próxima parte del setlist se centraría en buscar cortes antiguos y la verdad fue que dicha dinámica provocaría un in crescendo de atmósfera en esta parte del concierto. Neon Nights apareció aquí sin anticipos ni anuncios, un punto alto que se elevó aun más con la llegada de Princess of the Dawn. Y si algún ingenuo quiere saber cómo es posible mezclar lo callejero con lo elegante en un solo riff, que escuche el que Wolf célebremente entrega en esta canción, patrimonio declarado del Heavy Metal.

Las canciones clásicas de Accept se escuchan tan potentes con esta alineación y sonido, influenciado posiblemente por la producción de estudio aportada por Sneap, que en algún momento pareció que Hoffmann decantaría por composiciones ciento por ciento más agresivas y metaleras, con el fin de aprovechar esta especie de “configuración”. Por ello, es que resulta tan gratificante ver que el guitarrista cada vez le esta dando más lugar a ese lado docto que destelló en los ochenta, adaptando pequeñas piezas clásicas en sus cuerdas estridentes, y replicándolas en vivo.

En este mismo espacio, se escucharon y vitorearon temas cumbre como Monsterman y Up to the Limit, que pese a su estatura, no hicieron presagiar la respuesta que provocaría la taquillera y elegante Metal Heart, contagiando saltos y coros de los 1.500 asistentes al Coliseo. Tan impresionante como aquello, fue el hecho de que la banda no esperara nada para, acto seguido, presentar sin advertencias a Teutonic Terror, otro polvorín que prendió fuego a la noche, la canción que nos vendió a todos este nuevo Accept de una segunda etapa dorada que continúa hasta hoy.

La banda no se venía con nada pequeño y Fast as a Shark generó el caos siempre esperable con su llegada. Cuánta potencia tenían en ese entonces, jóvenes y con los equipos de sonido no aptos para aquel poderío, y cuanta potencia tiene hoy en día, con el sonido actual del conjunto en vivo. Llega a ser intimidante que músicos de esta edad sean capaces de entregar más poderío que las nuevas y vigentes camadas, y el que no se estremece con esto, es que no entiende nada y tiene mucha tarea por repasar.

Stampede de “Blind Rage” abrió el encore final, uno al cual Midnight Mover, favorita de muchos y de quien escribe, le dio un sabor muy particular a la recta final de la velada de Accept en Chile. Por supuesto, Balls to the Wall era el cierre esperable y todas las energías se dispusieron para disfrutar el momento. Y por eso, la sorpresa fue grande cuando cerraron con I’m a Rebel, recurso ingeniosamente ocupado por la banda para dar un corte definitivo y positivo a un concierto otra vez redondo de Accept en Chile.

Jamás en nuestras vidas nos habríamos imaginado que costaría contar la veces que Accept ha venido a Chile, y ese es el escenario que nos encontramos ahora con los maestros teutones: amigos de la casa. Ciertamente que saben entregar, y claramente el público chileno responde en cada oportunidad, como la del 23 de octubre en este lugar. Qué tremendo privilegio es poder repetirse el plato hasta con Accept, como si Santiago fuera una parada más de las giras en bus por Alemania y Europa.

Sí, el mundo es más chico en estos días, pero la banda que nos está visitando más seguidamente no solo es una llena de historia, sino una que explota calidad y sonido en estos días en lo que es difícil impresionar, y en los que ellos impresionan con cada arremetida de estudio y en vivo. Así, una “enésima” vez se sentirá como la primera, siempre y cuando sea Accept la banda encargada de repetir la visita.

Setlist de Accept en Chile:

01. Die by the Sword
02. Stalingrand
03. Restless and Wild
04. TV War
05. Pandemic
06. Koolaid
07. No Regrets
08. Analog Man
09. Final Journey
10. Shadow Soldier
11. Solo de Wolf Hoffmann
12. Neon Nights
13. Princess of the Dawn
14. Monsterman
15. Up to the Limit
16. Metal Heart
17. Teutonic Terror
18. Fast as a Shark
Encore
19. Stampede
20. Midnight Mover
21. Balls to the Wall
22. I’m a Rebel

LIVE REVIEW: Jorge Ciudad
FOTOS: Guille Salazar

Pedazo de show que se nos venía. Sí, así de categórico. Era imposible no generarse tales expectativas. Nightwish volvía por quinta vez a Chile presentando lo mejor de todos sus años de carrera. Cuántos clásicos por escuchar y cantar en vivo. Cuántos recuerdos. Cuántas emociones en una sola noche. Había que estar presente, no había excusa alguna. Y ojo, que el retorno de los fineses es mucho más importante de lo que parece. Sí, como mencionamos anteriormente, lo primero y principal era vivir una jornada llena de nostalgia y llena de temazos que nos han acompañado por años, pero no hay que dejar de lado que los liderados por Tuomas Holopainen son una de las pocas bandas del género que logran convocar tal cantidad de fanáticos. Considerando además que hemos vivido un año 2018 falto de grandes nombres y con una notoria baja en la cantidad de conciertos, asistir en esta oportunidad a tal acontecimiento parecía casi una obligación. Y así lo entendimos todos, puesto que el Teatro Caupolicán estaba lleno hasta las banderas. ¡Espectacular! Pero calma, ya llegaremos a eso, miren que antes Delain tenía mucho para ofrecernos, como lo veremos a continuación.

DELAIN

Para mala suerte nuestra, dado que el show de apertura se adelantó unos cuantos minutos según la hora pactada inicialmente, recién pudimos presenciar la performance de los neerlandeses a partir del tercer track. Tras los respectivos saludos y agradecimientos de la frontwoman Charlotte Wessels, rápidamente arremeten con la intensa The Glory and the Scum, rescatada del correcto «Moonbathers» (2016). Lo primero a destacar una vez que nos íbamos poniendo a punto con el ambiente reinante, desde luego que es la gran cantidad de gente que a esa hora se encontraba dentro del recinto. El Caupolicán estaba prácticamente lleno, señal inequívoca de que la jornada en sí sería una total fiesta. Y bueno, arriba del escenario la situación no era nada más que potencia y desplante. Merel Bechtold y Timo Somers cumplen su función a la perfección y acompañan de gran manera a Charlotte en todo sentido. Coros muy bien logrados y una ovación cerrada.

A modo de contraste, lo siguiente sería The Hurricane, que a su vez trajo consigo una atmósfera más tenue y llena de calma. Todo acompañado con un muy buen juego de luces que ayudaban a transmitir de mejor manera la emoción predominante en el tema. Así, la vocalista se lució al cantar el «And we’ll never back down/ We’ll let it storm and rain/ We’ll be the hurricane/ We’ll be the hurricane«, logrando cautivar a cada uno de los presentes con sus frases.

Si me lo preguntan a mí, el clímax no podía ser otro que Sing to Me. ¡No había forma de desperdiciar esta oportunidad! Señoras y señores, Marco Hietala hacía su aparición estelar para cantar sus líneas y gritar el coro a más no poder. Pedazo de recibimiento que se llevó de parte de todos nosotros. ¡Más que merecido! Temazo por donde se le mire además, es fácil dejarse llevar por los aplausos y los gritos hacia el invitado, pero a no olvidar que estábamos escuchando una de las más grandes composiciones de Delain. La único que quedaba era gritar «Sing to me!» con el puño en alto como si no hubiera mañana. ¡Glorioso!

Siguiendo con la potencia demostrada, Fire With Fire y Mother Machine solamente llegaron a confirmar el buen sonido, la pulcritud y la compenetración de la banda. Para la primera, imposible no acompañar la melodía del «‘Cause you will always be much too strong for someone else…«, que fue interpretada a la perfección por Charlotte Wessels. Por otro lado está la base rítmica, donde Otto y Joey derechamente se lucen. Basta recordar la tremenda intro que se despacharon para la rescatada de «We Are The Others» (2012). El resto es tierra conocida. Armonías, perfecta ambientación del teclado y nosotros siguiendo muy de cerca todo lo que ocurría sobre el plató.

Nuevamente la cantante nos dedica palabras de agradecimiento, no sin antes asegurar que volverán a visitarnos el próximo año. Luego, nos invita a cantar, saltar y gritar si es que podemos. Y sus deseos son órdenes, puesto que Don’t Let Go logró que toda la cancha se convirtiera en un caos tras las primeras notas de Martijn Westerholt. Finalmente, y tras los «Olé, olé, olé, olé/ Delain, Delain«, con We are the Others agotaron los últimos cartuchos antes de despedirse. No quedaba nada más que cantar el «We are the others/ We are the cast-outs/ We are the outsiders/ But you can’t hide us» y terminar de apreciar cada una de las partes instrumentales que fueron ejecutadas al milímetro.

Tras unos cuarenta minutos de show, Delain puso fin a su actuación en el recinto de San Diego con el respetable aplaudiéndolos a más no poder, dando cuenta de que fue mucho más que un número de apertura y que tienen una buena cantidad de seguidores en esta parte del mundo. Viéndolo como un asistente más, muchas veces la emoción del momento y la ansiedad de que llegue el número principal termina por jugarle una mala pasada a las bandas teloneras. Por suerte la noche del martes no fue el caso, ya que los neerlandeses mostraron lo mejor de su repertorio y no mostraron falencia alguna dentro de su performance. Directo al hueso, como tiene que ser. ¡Esperamos su regreso!

Setlist de Delain:

  1. Hands of Gold
  2. Suckerpunch
  3. The Glory and the Scum
  4. The Hurricane
  5. Sing to Me (con Marco Hietala)
  6. Fire With Fire
  7. Mother Machine
  8. Don’t let go
  9. We are the Others

NIGHTWISH

Ya con el teatro lleno, era cosa de minutos que todo se viniera abajo. Entonces, una vez que se apagaron las luces ambientales, todo se transformó en algarabía y descontrol. Mientras todo esto ocurría, se prendió la gran pantalla central tras la batería y una voz en off rápidamente nos dio la bienvenida, además de sugerirnos que dejáramos los celulares de lado durante las siguientes dos horas. Así, con el título «Nightwish: Decades» de pronto apareció un cronómetro señalando un minuto exacto. Al comenzar la cuenta regresiva, claramente la expectación iba aumentando con cada segundo. Es cuando aparece en escena Troy Donockley y una vez transcurrido el tiempo señalado, comienza a interpretar sutilmente parte de Swanheart con todo su repertorio de instrumentos. Por otro lado, el resto de los músicos iban tomando posición y se preparaban para dar el primer hachazo.

La escogida para abrir los fuegos sería nada más y nada menos que…¡Dark Chest of Wonders! ¡Contra todo pronóstico! ¡Qué pedazo de tema por la cresta! Más aún si durante toda la gira venían abriendo con End of All Hope. ¡A todos nos tomó por sorpresa! Y a modo personal, este cambio me vino como anillo al dedo, puesto que Dark Chest es por lejos mi canción favorita de los fineses. Todos compartimos la misma emoción al parecer, puesto que con un par de acordes ya estábamos rendidos a los pies de Floor y compañía. Poco y nada importó que el micrófono se perdiera durante la primera estrofa, ya que la reacción fue tan ensordecedora que no era momento de entrar en detalles. Lo único que quedaba era gritar el «Fly to a dream/ Far across the sea/ All the burdens gone/ Open the chest once more!/ Dark chest of wonders/ Seen through the eyes/ Of the one with pure heart/ Once so long ago» a más no poder. Dicho y hecho. Coro para enmarcar madre mía. Y la cosa no fue muy distinta con Wish I Had an Angel, donde cada uno de los presentes entonó la letra de principio a fin. Desde mi posición lo único que veía era un mar de gente tratando de demostrar quién cantaba más fuerte que el otro. ¡Cuánta pasión en una composición! Punto aparte es la participación de Marco, que como ya es costumbre, junto a la frontwoman se roban la película cada vez que pueden. En serio, el asunto no pudo haber empezado de mejor manera. ¡Apoteósico!

Debo admitir que me sorprendió la reacción hacia 10th Man Down. Si bien los ánimos no decayeron de forma estrepitosa, la verdad es que me esperaba un mejor recibimiento. Quiero decir, para mí es un clásico indiscutible y sin dudas una gran creación, pero digamos que quizás no todos lo entienden en el mismo sentido. Ahora, obviamente la mayoría cantó el «Cut me free, bleed with me, oh no/ One by one, we will fall, down down/ Pull the plug, end the pain, run’n fight for life/ Hold on tight, this ain´t my fight» como era debido. Eso sí, con Come Cover Me el asunto fue totalmente distinto. En primer lugar, cuando Troy se suma como segunda guitarra el panorama cambia considerablemente. Emppu se ve fortalecido y el track agarra una potencia notable. Es entonces cuando todos nos disponemos a corear la melodía inicial como si nuestra vida dependiese de ello. Y bueno, no vamos a descubrir ahora todo lo que transmite Floor Jansen con su interpretación. Imposible no acompañarla durante el «Come cover me with you/ For the thrill/ Till you will take me in«.

Tras el saludo de rigor al respetable, la cantante nos presenta Gethsemane, clásico extraído de «Oceanborn» (1998). Ya dejando de lado un poco el éxtasis inicial, es justo y necesario hacer hincapié en las excelentes gráficas que eran proyectadas de fondo. Para este corte las imágenes nos llevaban a través de un bosque espeso y confuso mientras que la parte instrumental arrasaba todo a tu paso. La atmósfera era inigualable y desde luego que la canción habla por sí sola. Veinte años y sigue vigente. Por el contrario, si hablamos de material más reciente, la primera revisión a «Endless Forms Most Beautiful» (2015) llegaría con la bella Élan. Con el tiempo se ha convertido en una de mis favoritas de dicho álbum y el plus que tiene en vivo la hace brillar aún más. Solo basta recordar las líneas de Floor y cómo nos incitaba a gritar el «Come!» antes del fraseo del coro.

Lo siguiente sería un corte de Power Metal hecho y derecho. A la vena y sin preámbulos. Hablamos desde luego de la omnipotente Sacrament of Wilderness. En serio, ¿se fijaron en la pegada de Kai Hahto? ¡El doble bombo a mil! Temón de proporciones épicas. Aún tengo en mente la imagen de Tuomas dejándolo todo durante el «I want to hunt with the tameless heart/ I want to learn the wisdom of mountains afar/ We will honor the angel in the snow/ We will make the streams for our children flow«. Para qué mencionar el trabajo de la cantante. De otro planeta. Y que no se me olviden todas las imágenes de lobos que habían de fondo. Todo pensado al detalle. Si me apuran un poquito, me la juego al decir que este fue uno de los clímax absolutos de toda la noche. ¡Para enmarcar!

La capacidad de transportarnos por distintas emociones quedó demostrado con la interpretación de Deep Silent Complete, segunda revisión a «Wishmaster» (2000) y primera vez tocada en Chile. Quiero decir, más allá de su predecesora en el setlist, la canción en sí está llena de contrastes. Sutiles, pero vaya que se notan. La calma durante las estrofas para luego subir al estribillo y las posteriores notas extensas que prácticamente son imposibles de cantar para un simple mortal, terminan por dar forma a este corte tan especial. Insisto, sonará redundante y hasta hostigoso, pero Floor Jansen simplemente está a un nivel superlativo. Pocas veces se ha visto tal soltura y seguridad sobre el escenario. Y bueno, siguiendo el orden natural de las cosas, Dead Boy’s Poem solo llegó a confirmar lo que hemos dicho con anterioridad. Contrastes y emociones. Esa es la clave. Y vaya que los fineses lo hacen a la perfección, puesto que fue ejecutada al milímetro en cada uno de sus pasajes. ¡Qué discazo es el Wishmaster!

Tras los «Olé Olé«, y entrando ya a la segunda mitad del concierto, llegaría la instrumental Elvenjig, que contaría con secciones acústicas y más folklóricas tan propios de la cultura finesa, siempre liderados por Troy con sus instrumentos de viento. Todo esto acompañado por supuesto con un bello atardecer proyectado sobre la gran pantalla. Y bueno, la situación cambiaría radicalmente, puesto que con Elvenpath pasamos sin transición alguna a un hielo vasto e inclemente. Lo otro ya es terreno conocido. No queda nada más que cantar el «The way to the lands/ Where as a hero I stand/ The path where Beauty meet the Beast/ Elvenpath!«. Y claro, lo decimos como algo normal, pero recordemos que al igual que Gethsemane, la última vez que fue interpretada en nuestro país fue hace dieciocho años atrás (precisamente para la primera visita de Nightwish a Chile). Toda una generación que nunca la ha escuchado en vivo. ¿Se entiende entonces el por qué todos cantaron con el alma?

No cabe duda que dos de los mejores cortes que nos dejó la era de Anette Olzon son I Want My Tears Back y Amaranth. Para la primera, no cabe duda que el estribillo aún debe estar retumbando en el Caupolicán. Y cómo no, si es de esos que te los aprendes de inmediato y son efectivos a más no poder. Pero por lejos, mi parte favorita es la instrumental. Toda la armonía que hacen Tuomas, Emppu y Troy es simplemente notable. Contagiosa además, ya que el baile de Floor motivó a más de alguno para dejarse llevar por la melodía y así comenzar a danzar y saltar en medio de la cancha. Para la segunda, bastaron dos notas del teclado para que fuera recibida de gran forma. De ninguna manera se acerca a los puntos altos de la noche, pero cumplió su función a cabalidad.

Troy Donockley nos saluda desde su posición y adelanta que la siguiente pieza es del año 1997. Otra de las sorpresas sin lugar a dudas, ¡The Carpenter sonando por primera vez en estas tierras! La cara de felicidad de algunos no dejaba de llamar la atención. Como era de esperarse, el multinstrumentista fue quién cantó las primeras estrofas aguardando la incorporación de la vocalista al «The carpenter carved his anchor/ on the dying souls of mankind/ On the tomb of this unknown soldier/ lay the tools of the one who fro us had died«. Y ahí es cuando todo toma una intensidad y una garra casi indescriptible. Siempre manteniendo la calma claro, ya que hablamos de una composición llena de clase y prestancia. Así, el panorama es totalmente distinto con The Kinslayer, donde gritar el «For whom the gun tolls/ For whom the prey weeps/ Bow before a war/ Call it religion» palabra por palabra a estas alturas parece toda una catarsis colectiva. Excelente el juego de luces durante el «duelo» de voces en la parte media, sin dejar de lado el constante apoyo visual del que ya hemos hablado. ¡La última revisión a Wishmaster nos dejó sin aliento!

Marco presenta Devil & The Deep Dark Ocean (otra debutante en el setlist) con la cual bastaron dos notas tocadas por Emppu para que los fineses soltaran toda la artillería durante la intro. ¡Vaya dueto entre Hietala y Jansen! Recordemos que ninguno de los dos está presente en la pista original, pero su compromiso e interpretación es tal que sinceramente no creo que ninguno de los presentes haya reparado en este detalle. ¿Qué se puede agregar a un hachazo de tal calibre? Quizás hacer hincapié a todo el vértigo implantado en la sección media. Nuevamente Kai Hahto nos dio una clase magistral de Power Metal hecho y derecho, mientras de fondo éramos llevados a través de un fuego abrasador.

Obviamente durante Nemo nos enfrentamos a un karaoke que no tuvo precedentes. Es una de esas canciones que Nightwish sabe hacer a la perfección y con las que apuesta a ganador en todas sus líneas. Imposible no corear «Oh, how I wish for soothing rain/ All I wish is to dream again/ My loving heart lost in the dark/ For hope, I’d give my everything«. Si bien es cierto que el fraseo de Tarja es inigualable -y más allá de los gustos personales- , nadie puede decir que Floor no se luce con sus propias armas. La calidad aquí no se discute. ¡Clasicazo con todas sus letras!

¡Qué pedazo de tema es Slaying the Dreamer, loco! Sólido en todos los frentes y a muchos se nos olvida que tiene más de quince años de antigüedad. Cómo ha envejecido madre mía. En lo personal, canté el «Put a stake through my heart!/ And drag me into sunlight/ So awake for your greed/ As you’re slaying the dreamer» a más no poder, siempre esperando el clímax que a todos nos tenía impacientes. Hablamos por supuesto del quiebre en la parte media-final donde el headbanging y las líneas de Marco arrasan todo a su paso. ¿Y qué me dicen de la batería? ¡Había todo un huracán de fondo! Gran, gran momento. Pequeña pausa y nos preparábamos para el epílogo.

Para The Greatest Show On Earth fácilmente podríamos hacer un review aparte. Lo veremos a grandes rasgos para no extendernos innecesariamente. Desde luego que vale mencionar que, al igual que en su anterior visita, solo fueron tocados los tres primeros capítulos. Así, con una noche estrellada, Tuomas y Troy se encargaron de la orquestación y de recrear las atmósferas de Four Point Six a la perfección. Mientras el narrador pronunciaba sus líneas, el resto de la banda tomó posición para dar paso a Life. El cambio en las imágenes fue drástico, ya que pasamos a sumergirnos de lleno en el océano, junto a tortugas, peces y otras formas marinas existentes. Musicalmente desde luego que fue un deleite. Melodías por doquier y una performance delirante durante el «Aeons pass/ Writing the tale of us all/ A day-to-day new opening/ For the greatest show on earth«. Pequeña pausa para entrar de lleno a The Toolmaker y Floor aprovechaba para darnos las gracias una vez más. De pronto nos situamos en medio del conflicto con las frases del bajista con las cuales el panorama nuevamente cambió súbitamente. Las imágenes acuáticas desaparecieron y ahora lo que nos rodeaba eran llamas inmisericordes a través de un bosque denso y lúgubre. Finalmente, me quedé sin palabras al escuchar la intensidad del «Man, he took his time in the sun/ Had a dream to understand/ A single grain of sand…» para luego agotar las últimas fuerzas durante el «We were here!«, mientras apreciábamos las últimas fotografías y videos de distintas razas humanas, cada una mostrando su cultura y costumbres. Cualquier comentario que quieran hacer al respecto es bienvenido. Una pieza de tal complejidad y tan rica en detalles, resiste cualquier análisis y apreciación que sus fanáticos deseen. ¡Hablamos de proporciones épicas!

Por último, Ghost Love Score logró poner el broche de oro a una velada que nos dejó sin aliento. Dos horas exactas y los fineses cumplieron a cabalidad el motivo de este tour. Obviamente cada uno de nosotros tiene sus canciones predilectas y la elección del setlist será una eterna discusión. Pero seamos justos, siendo capaz de dejar de lado los gustos personales, Nightwish dio una cátedra de principio a fin. Todos los integrantes dieron lo mejor de sí y musicalmente hablando tuvimos un show como pocas veces hemos visto. La fanaticada así lo entendió, ya que la entrega y el compromiso de cada una de las partes fue más que plausible. La banda ha pasado por altos y bajos, por distintas formaciones y de forma más sensible aún, por tres cantantes distintas. No podemos olvidar que hace unos cuantos años atrás, los liderados por Tuomas Holopainen no visitaron nuestro país puesto que la expectativa de asistentes hacía inviable la realización del concierto. Supieron reinventarse y ayer no cabía un alfiler en el Caupolicán. Así de simple. Como mencionamos anteriormente, asistir a esta jornada era casi una obligación. No había forma de que nos defraudaran. ¡Sublime!

Setlist de Nightwish:

  1. Intro – Swanheart
  2. Dark Chest of Wonders
  3. Wish I Had an Angel
  4. 10th Man Down
  5. Come Cover Me
  6. Gethsemane
  7. Élan
  8. Sacrament of Wilderness
  9. Deep Silent Complete
  10. Dead Boy’s Poem
  11. Elvenjig
  12. Elvenpath
  13. I Want My Tears Back
  14. Amaranth
  15. The Carpenter
  16. The Kinslayer
  17. Devil & The Deep Dark Ocean
  18. Nemo
  19. Slaying the Dreamer
  20. The Greatest Show on Earth
  21. Ghost Love Score

Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

He empezado muy tarde a escribir este review, porque todavía se me hace que todo lo de anoche fue un sueño…

No sé por dónde partir así que lo haré desde lo más personal. Es que todavía me cuesta describir lo vivido y me es más simple describir lo que sentí al ver a una de mis bandas favoritas de la vida, tocando un disco que hace veinte años marcó un hito en los tiempos más prolíficos y definitorios del movimiento que con tanta pasión seguimos, y seguiremos por siempre. Y ese por siempre, es gracias a conciertos como el de Labÿrinth en la Blondie, uno que por su emoción, por su reencuentro y, por supuesto, por lo mágico de la música, dejo a la altura de shows como los de Stratovarius el ’99, Angra el 2001, Blind Guardian el 2002, Gamma Ray con Masterplan el 2003, Symphony X el 2007 o Grave Digger el 2011.

Gracias Olaf, espero que ahora entiendas un poco mejor lo que significas para quienes te hemos seguido por tanto tiempo…

Puede que sea una joya escondida en el gran marco de la escena metalera, pero si alguien dice que “Return To Heaven Denied” está entre los cinco discos más importantes de la oleada powermetalera de fines de los noventa, habrá entonces que creerle o al menos escucharlo, porque mucho de cierto hay en ello. Y escucharlo en vivo, en un show exclusivo para Sudamérica, fue un auténtico privilegio para los que estuvimos, de esos lujos que pocas veces suceden en la vida de un fanático. Es que uno tenía el sueño un día de volver a escuchar Moonlight, Thunder, Lady Lost In Time, y The Night of Dreams, por nombrar las más emblemáticas de la placa, pero ni en la mejor de las posibilidades se me habría ocurrido pensar en que sería una realidad oír interpretaciones en vivo de New Horizons o Die for Freedom por ejemplo, a tantos años de sus salidas.

Qué manera de disfrutar, de encontrarse con caras de sujetos de 35-40 años tan emocionados como uno. Ahora mismo, y mientras les escribo, estoy escuchando el tema State Of Grace y la verdad es que me llega a doler la mandíbula de tanto tratar de aguantar el llanto, un llanto que dejé salir cuando la tocaron el concierto, en comunión con muchas otras personas que quizás cuántas historias personales recordaron estando ahí junto con Labÿrinth.

Quizás esto vaya a sonar más delirante aún… dieciocho años después del concierto con Vision Divine en Bellavista, creo haber reconocido entre el público varias caras que encontré en ese entonces. Qué decir de quienes por algún motivo no pudieron ir a ese show del 2000 por equis o tal motivo (era período de exámenes, hacía calor, todos estresados por el fin de año), y que el destino les regaló esta revancha de verlos, y verlos removiendo las fibras absolutamente más sensibles.

Y cuesta no extenderse cuando las revoluciones siguen a mil en la cabeza… a estas alturas no prometo un review sino solo el compartir sensaciones (veamos cómo termina). Y quizás, hace cuánto que varios de los que fueron el 5 de septiembre de 2018 ya no escuchan Power Metal y esta música solo les regresa al pasado, cuando se era más joven, cuando los intereses eran distintos y las personas alrededor eran otras. La vida nos va dirigiendo por surcos diferentes. Sin embargo, al venir al show, se dieron la licencia de encontrarse de nuevo con ellos mismos y revivir esas sensaciones que provocaba esta música tan mágica.

FORJANDO EL METAL

Ahora, una de las cosas que me gusta de los shows que organiza Chargola es el espacio que da a las bandas chilenas, y las garantías que le da para que desplieguen su performance. Drake fue la banda que dio comienzo a este show, con un Heavy Metal clásico y cuidado, pero sin caer en complicaciones.

El trabajo melódico y simple de las guitarras curiosamente le da mucho carácter a la banda, sin contar desde luego la personalidad y atracción que enseña Felipe del Valle como frontman. El cantante es capaz de animar al público por su manejo escénico, pero siempre amparado por una música que no pretende, pero sí entretiene, una interpretación moderna de conceptos clásicos del Heavy Metal y que cada día encuentra una mejor nomenclatura.

Tengo entendido que es primera vez que Drake, al fin, logra abrir un show internacional, y pese a lo ingrato de partir con un público tan reducido en los primeros minutos de una larga jornada, el público estuvo a la altura de las canciones entregadas. En silencio se forja el Metal y vaya que han trabajado sigilosamente en pulir su propuesta, que ha progresado muchísimo en calidad.

Setlist Drake

01. Lo que Debo Hacer
02. La Respuesta
03. Condenado
04. Tierra de Brujos
05. Inmortal
06. En Silencio se Forja el Metal

OFICIO DE IVES GULLÉ

Hay otra cosa que me gusta mucho de Ives Gullé, y eso es la confianza -y con argumentos tremendamente bien construidos- que tiene en su material de «Invasión», la cara de su saga que está mostrando hoy en día.

Ha pasado un tiempo ya desde la salida de este trabajo que vino a abrir un segundo capítulo tras el éxito tremendo de “Húsar”, y si bien “Invasión” no ha logrado la misma resonancia de su antecesor, creo firmemente que las canciones están a otro nivel en este álbum de 2017.

La enormemente épica ‘Fundación’ es un nuevo clásico del metal melódico chileno, y su interpretación fue solidísima. La intensidad continuó con Arde Santiago, para avanzar más tarde con la angranesca Inquisición y la otra vez intensa Misericordia. El proyecto escogió un repertorio de alto impacto que cerró su repaso de “Invasión” con Calma. Aquí no se daba respiro y al momento de pasar a “Húsar”, tanto Ejército Libertador y Humillación se encargaron de cerrar la presentación, una que fue precisa y realmente muy enérgica.

Llama la atención el fiato de todos los músicos, los que lograron coordinarse muy bien en un escenario reducido en espacio. Lograron un show muy entretenido, muy variado con todas sus participaciones, pero muy compacto al mismo tiempo, cosa que no hace más que demostrar el oficio de un proyecto que ha cumplido diez años ya arriba de los escenarios, recodando que su estreno fue el 3 de septiembre con Tarja y Six Magics. Se trata del fenómeno metalero chileno más importante de la década y es preciso señalar que mientras Húsar / Invasión siga vigente, la escena nacional del Metal seguirá manteniéndose en un gran momento.

Set List Ives Gullé – Invasión

01. Newen
02. Fundación
03. Arde Santiago
04. Inquisición
05. Misericordia
06. Calma
07. Ejército Libertador
08. Humillación

NO HAY PALABRAS

Sí, quienes haya visto ya el DVD “Return To Live” tenían ya un buen concepto de lo que sucedería. Era fácil anticiparse a toda la primera y gran parte del setlist de la segunda venida de Labÿrinth a Chile. Sin embargo, es un disco del cual no solo la banda se siente orgullosa. Creo que la escena powermetalera y también los fanáticos lo sienten así. Qué fortuna poder hablar de un álbum que marcó a músicos, marcó a seguidores, y que marcó épocas, estilos, influencias.

Cada uno tendrá su historia particular con Labÿrinth. La mía es que el 2000 tenía 18 años recién cumplidos y, viviendo en Punta Arenas, dos placas me llevaron querer tocar la guitarra. Primero fue el “Visions” de Stratovarius con ese estilo tan docto y elegante de Timo Tolkki, pero luego fue “Return To Heaven Denied” de los italianos con nombres anglos, con el que sentía que Thörsen elevaba a otro nivel el concepto de virtuosismo, clase, intensidad y melodía. Y por Dios, ese solo de Olaf en Moonlight era la cosa más increíble que había escuchado en toda mi vida, como si me dijera mientras sonaba: «soy Olaf Thörsen, y con este solo estoy definiendo mi estilo y escribiendo la historia”.

No tenía ni la menor idea cómo hacer esa maravilla con mi guitarra, y solo quería tener la oportunidad un día de poder ver a Olaf tocando ese solo para entender cómo reproducirlo. Siempre estaré muy agradecido de mi padre, que accedió muy alegremente a regalarme un pasaje a Santiago y las entradas para los conciertos de Symphony X y Vision Divine/Labÿrinth, como presente de graduación. Sí, ese vuelo a Santiago significó mi primera experiencia viendo shows internacionales y definitivamente marcó mi vida. El hecho fue que ya podría ver a Olaf en vivo haciendo el solo de Moonlight y mi preparación para ello fue de lo más planificada…

Después del show de Vision Divine, donde estudié las posiciones de los músicos para saber dónde se colocaría Olaf, me acerqué lo más posible a la reja y me puse detrás de algunos fanáticos que fueran más bajos que yo, para tener full visión de las manos de Thörsen para cuando llegara el momento. Recuerdo perfectamente que durante el solo previo de Anders Rain, empecé a despejar el espacio visual con mis brazos para observar a mi ídolo Olaf haciendo su solo, y la revelación de lo visto fue algo que me marcó hasta el día de hoy… arpegios, tapping… simplemente no lo podía creer, ¡era mucho más increíble de lo que imaginaba!

Y bueno, de vuelta en el avión a Punta Arenas fui repitiendo en mi mente esa técnica hasta que llegué a mi pieza y tomé la guitarra para ver si la cosa funcionaba… en fin, creo que nunca logré dominar esa técnica, de hecho estuve muy lejos de hacerlo, pero todas esas sensaciones las volví a vivir en la Blondie cuando el ahora conocido como Andrea Cantarelli comenzó su solo en Moonlight para dar paso al de Olaf. Como hace dieciocho años, nuevamente despejé el campo visual, otra vez contuve la respiración y fijé mi mirada en las manos de Thörsen. ¡Increíble! La técnica era tal cual la recordaba, y sentí como si estas casi dos décadas entre show y show hubiesen transcurrido en el paso de unos segundos. Así de temprano Labÿrinth me invitaba a un viaje, anticipando un espectáculo que evocaría grandes recuerdos durante toda la noche.

En New Horizons sencillamente me impresionó Oleg, el tecladista, desplegando carácter y energía con un tema que al ser lanzando podía sonar un poco “techno” para el joven oído de un desprevenido fanático, pero que con el paso de los años ha envejecido de manera excelente. Cada día suena mejor y cada día se posiciona como un alto del mejor disco powermetalero que alguna banda italiana haya sacado jamás.

Roberto Tiranti se dirigía al público, apelando al castellano achilenizado de Olaf Thörsen, para continuar con The Night Of Dreams. Así se empezó a dar espacio a ese Labÿrinth que evoca, que eleva a otras dimensiones con una música seductora y de muchísima clase. La sensación de escuchar clásico tras clásico era conmovedora, una reflexión que siguió con la intro de Tiranti y Smirnoff para Lady Lost In Time. Mientras el público se adelantaba cantando el coro junto al piano, recordé la interpretación de este tema el 2000, cuando los fanáticos de ese tiempo no se resignaban a que el concierto había llegado a su fin y casi tiraron la ex OZ abajo pidiendo que lo tocaran. Olaf rogaba que lo dejaran ir a descansar luego de cuatro horas de show seguido con dos bandas, pero no tuvo más remedio que acceder a la demanda y lo terminó tocando, pese a que el setlist en ninguna parte decía que era parte pauteada del repertorio. Eso mostraba el compromiso de la banda con el público, sensación que veía reiterada en la noche de la Blondie con esta versión 2018 de Labÿrinth.

Ya lo adelanté al principio con State Of Grace, la emoción me desbordó a más no poder y prosiguió con Heaven Denied, dos piezas hermosas de Power Metal que siempre las tendré entre lo más grande que haya entregado la escena de fines de los noventa. Increíble entonces el contraste con Thunder, tema del cual Olaf advirtió que alguien de la banda podía morirse en escenario si la tocaban. Dispusieron de toallas -no había ventiladores-, prepararon al público y ¡plaf!, explosión sónica con la canción quizás más intensa de la carrera de Labÿrinth. El público estaba extasiado, los músicos felices, y el ambiente se sentía íntimo, de reencuentro, con miles de recuerdos aflorando en cada mente presente.

Hasta la instrumental, Feel, de ese toque electrónico que no eran tan comprendido en un principio, sirvió para el absoluto gozo de la audiencia chilena, un corte que representa una pausa en el álbum para luego continuar con Time After Time, el instante más heavymetalero del repertorio presentado por los italianos. El tecladista acusaba algunos desperfectos técnicos que sinceramente, a esas alturas, no distraían en nada. El trance ya estaba consumado y si alguien del público quiso quejarse por aquello, es que realmente no entendió nada de nada.

Me impresionaba además lo bien que lo pasaba la banda, en especial quienes no habían venido anteriormente. La felicidad se apoderaba de las caras de John Macaluso y Nik Mazzuconi, como recordando todo lo que sus compañeros le habrán dicho de la experiencia de tocar en Chile.

Todos entendemos la cercanía de Olaf Thörsen con Chile y es muy lindo ver que sus amigos lo acompañan en ese sentimiento. Y es cierto, la banda se veía muy próxima con todos y ante todo evento. Retrocedo un poco a cuando estaban tocando Feel, cuando un fanático se subió, abrazó y le dio un beso a Olaf, llegaron los guardias y el guitarrista hizo gestos mientras tocaba para que los de seguridad no agredieran al “intruso”. Thörsen debe ser de los músicos más queridos de la escena y eso no solamente es por su talento, sino por su apego al país y su trato.

En fin, siguiendo con el show, el repaso de “Return To Heaven Denied” terminaba con Falling Rain y la tremendísima Die for Freedom, que fue cantada hasta por los músicos de Invasión que circulaban entre el escenario y los camarines. Cuántos de los presentes compartimos fanatismo y agradecimiento por estos músicos, cuántos de los presentes rememoramos lindos recuerdos, detonados por la música eterna de Labÿrinth con este disco. Es que las sensaciones eran brillos y destellos de nostalgia y alegría, de sentirse parte de algo especial y mágico.

El encore nos trajo momentáneamente al presente, ya que con Bullets, Architecture of a God y Still Alive, nos encontramos con esa faceta que Labÿrinth ha cultivado con su último trabajo, refinado y melódico aunque también potente, un equilibrio envidiable que solo se da quizás por el fiato de la actual alineación. Es realmente impresionante la forma física e interpretativa de la banda. Tiranti es un absoluto coloso de las cuerdas vocales, y tipo que hace lo que quiere cuando canta, incluso veinte años después de su obra maestra personal.

Freeman también fue escogida, sorprendentemente, para esta parte del show, el cual terminó con una muy bien recibida In The Shade, otro clásico que cada año gana y gana puntos entre la fanaticada.

Empecé tarde a escribir este relato, y tarde lo finalizaré…

Entenderán, son muchos los recuerdos y las emociones que este concierto provocó y de alguna forma hay que dejar en claro que se trató de una de esas noches especiales para la historia del Power Metal en Chile. Mucho se ha contado de la gesta powermetalera italiana del 2000 con Vision Divine y Labÿrinth en Chile, y ahora esos testimonios se extenderán con esa nueva experiencia que ha resultado en un auténtico regalo. Pocas veces he salido más contento, emocionado y “reencontrado” de un concierto, y es por esos momentos que uno vive por el Power Metal.

Setlist de Labÿrinth

01. Moonlight
02. New Horizons
03. The Night of Dreams
04. Lady Lost in Time
05. State of Grace
06. Heaven Denied
07. Thunder
08. Feel
09. Time After Time
10. Falling Rain
11. Die For Freedom
Encore:
12. Bullets
13. Architecture of a God
14. Freeman
15. Still Alive
16. In the Shade

LIVE REVIEW: Jorge Ciudad
FOTOS: Guille Salazar

 

«Skies are falling down». No es Lisboa, es Santiago, pero el cielo se rompe de igual manera y la lluvia cae sobre el ancho y largo de la Alameda. La fila de asistentes hace contraste negro a las coloridas tiendas de ropa infantil que empiezan a cerrar por la galería donde se ubica Blondie: el lugar de reunión para esta noche de Power Metal latinoamericano.

Abren las puertas; pasos descienden hacia el salón subterráneo y la barra se hace lugar de conversación amena mientras el telón digital muestra el logo de la banda con el oscuro concepto artístico del álbum que justifica la gira. Dos paneles tapan los amplificadores, solo la batería es visible; se podría pensar que ayuda a la inmersión o que es una propuesta minimalista, no hay opción (para aquellos que les gusta registrar detalles) de una foto al hardware. De todos modos, hacia las últimas afinaciones a la batería, el ensombrecido escenario capta mayor atención y comienza a sonar a modo de intro “Dr. Tyrell’s Death”, perteneciente a la banda sonora de la distopía sci-fi Blade Runner. Tensión pura.

Con la banda instalada parcialmente, Bruno Valverde comienza un ritmo familiar en la batería. Nothing to Say prende como pesada marcha. Al medio del escenario, entre la neblina del hielo seco, Rafael Bittencourt se impone con presencia en saludo a los asistentes, que ya se encuentran rechazando el suelo al ritmo de la batucada cabeceable. El último en aparecer, el gran Fabio Lione comienza los primeros versos. El salón de la Blondie se transforma en una fuente de calor impresionante. “Oh, I saw the gleams of gold…” ni Fabio ni Rafa cantaron ese puente con mayor ímpetu que los asistentes. Un comienzo con todo de parte de la banda y del público, realmente no hay nada que decir (perdón lo Meruane).

En favor de la buena recepción de «ØMNI» y lo que significa para Angra, podemos anticipar que ocupará bastante protagonismo en el setlist. El riff de Travelers of Time comienza a sonar en la conducción de Rafa y Bruno, el público, por supuesto… “¡eh, eh, eh!”. Fabio aparece, pero una expresión en su cara y miradas inquietas acusan que algo no anda bien. Al parecer, un problema con el retorno impedía que Fabio se escuchara y el volumen oscilaba entre bajos y altos. Debido a esto, Fabio continuamente desapareció y apareció en el escenario. Por fortuna, venía el segmento de Rafa en voz, por lo que algo de tiempo hubo para arreglar el problema, pero no hubo frutos. En un momento Fabio simplemente no se escuchó a comodidad.

Bajo esta inseguridad de parte de la voz de Lione comienza Angels & Demons del majestuoso «Temple of Shadows». Rafa entra en cuenta del calor y se libera de la chaqueta que soportó sobre sus hombros desde el inicio. Esta versión de la canción tuvo un ligero acomodo en la melodía, ajustándolo a un registro más grave que al álbum. Algo extraño suena, al parecer no es un tema que a Fabio le acomode del todo, cosa rara teniendo en cuenta el registro increíble del tenor italiano (y vaya que le gusta mostrarlo repitiendo un juego con el público que también realiza en sus presentaciones con Rhapsody).

Newborn Me, single del disco «Secret Garden», es la siguiente. Si bien el público no prendió tanto al inicio, la parte instrumental de esta canción pone los pelos de punta. Para aquellos, más fans de la era Matos, fueron luego agasajados con Time, del recordado «Angels Cry» que fue aceptada en unanimidad y en completo coro, incluso los segmentos instrumentales cuyas melodías el público no se aguanta seguir en voz.

Volviendo al álbum de la gira, Light of Trascendence suena rápidamente. “Human conception comes!”, un tema hecho para ser coreado, bastante cómodo para Fabio por la cercanía a Rhapsody, pero el público pareció más entusiasta de corear la melodía que las letras. No a todos les resulta familiar el nuevo disco, el ambiente no estaba tan prendido, pero esto no duraría, ya que Rafa toma el intro de Running Alone e inmediatamente reanima al público con un clásico. Y volviendo a la gira desde la nostalgia, es el turno de mostrar Insania, canción desafío para Fabio por el agudo a alcanzar al final del coro. Los problemas de sonido no ayudaron a esto, pero nunca fue tan grave para un público que estuvo dispuesto a corear esta canción. Al parecer, una de las que ha llamado la atención de «ØMNI».

Con una gran ovación y sólido apoyo de parte del público, se desarrolló el solo del joven Bruno Valverde que dejó a más de un asistente con la boca en el suelo. Sin embargo, no sería el único momento en donde escucharía voces de impresión y sorpresa. Black Widow’s Web, canción de «ØMNI» con Sandy y Alissa White-Gluz de invitadas, increíblemente fue parte del setlist, con Rafa tomando el lugar de Sandy y Lione cubriendo la gutural voz de Alissa. Caras de asombro por miles. “La voz de Fabio debería ser ilegal”, podrían haber pensado, sin recordar “Aeons of Raging Darkness” de Rhapsody of Fire.

Para Upper Levels, ØMNI – Silence Inside y Ego Painted Grey llegó el momento de admirar el talento de la banda. Estas canciones, que contienen gran habilidad técnica, refuerzan a Angra como banda también de Metal Progresivo. Los coros cedieron, pero las ganas estaban ahí, tranquilas esperando el regreso.

Rafael Bittencourt es el único integrante de la banda original, dedicando un pequeño discurso a como «ØMNI» es un renacer de la banda y la forma en que Marcelo Barbosa y Bruno Valverde se están haciendo parte fundamental de Angra. De todas maneras, Rafa recuerda a los integrantes que han pasado en la trayectoria de Angra y han dado los cimientos para una banda que este 9 de junio el público chileno le dio merecidos aplausos. Lisbon comienza con gran ovación y nostalgia. Una presentación genial de parte de la banda al recordar un tema del desmerecido «Fireworks«, el público lo agradeció con creces.

El narrativo tema Magic Mirror de «ØMNI» vendría a poner un punto seguido a la noche. O más bien, el comienzo del final. Luego del encore, Rafa sale solitario a manipular el encordado de clásico para interpretar Reaching Horizons, uno de los primeros temas de la banda. Un momento único en el escenario. La banda se compone de nuevo para la interpretación del tema que le da el título al álbum del 2001: Rebirth. Estas dos baladas trasladaron al público a otro ambiente, un antecierre bien planeado para despertar el recuerdo y rememorar también la era de Edú Falaschi y Aquiles Priester.

Dos temas de dos eras y así también sería el final. Los himnos de Angra (y probablemente las primeras canciones de muchos). Carry On suena y el público entra en frenesí, sin embargo, me da la sensación de que fue aún mayor la sorpresa cuando a media canción comienza Nova Era. Espectacular cierre desde lo más alto. La banda se despide con el outro-coda ØMNI – Infinite Nothing.

Varios que la pedíamos extrañamos Z.I.T.O, sin lugar a dudas. Pero este nuevo Angra probó su valía ante el público regalándonos pequeños momentos y algunas risas como cuando Rafa cedió su micrófono a Fabio. Es irónico, porque el aspecto que más me agrada de esta nueva era de la Diosa del Fuego, es que Bittencourt cada vez más se atreve con la parte lírica. También, algo de lo que estoy seguro (y sin desmerecer a Marcelo, que tocó increíble), es que Kiko Loureiro es todavía parte de la banda. La reunión de la pareja de guitarristas es inminente. Gracias Angra por poner a Latinoamérica en el mapa del Power Metal.

Posdata: Cabros, las uñetas y baquetas son sólo eso. Uñetas y baquetas. No es necesario calentarse por pequeños recuerdos para después cuando el recuerdo que vale está en el presente.

Setlist de Angra en Chile:

01. Nothing to Say
02. Travelers of Time
03. Angels and Demons
04. Newborn Me
05. Time
06. Light of Trascendence
07. Running Alone
08. Insania
09. Solo de Bruno Valverde (batería)
10. Black Widow’s Web
11. Upper Levels
12. OMNI – Silence Inside
13. Ego Painted Grey
14. Lisbon
15. Magic Mirror
Encore
16. Reaching Horizons
17. Rebirth
18. Carry On/Nova Era

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Karim Saba

A modo de transparencia y de contextualización de cara a lo que nos convoca, debo aclarar y admitir que Mägo de Oz probablemente debe ser mi banda favorita de toda la vida. Si bien es cierto que con el pasar de los años uno como fanático va conociendo agrupaciones nuevas, se comienza a «afinar» el gusto musical y a su vez se van explorando nuevos géneros y estilos asociados, en ocasiones como estas la raíces no se pueden olvidar. Así de simple. «La sangre tira«, dirían por ahí. Para muchos -y me incluyo-, asistir a un concierto de los españoles es casi un deber cívico. Es una forma de renovar votos, de recordar viejos tiempos y de simplemente dejar la vida cantando cada una de las canciones que nos han acompañado más de la mitad de nuestra existencia. Y esta vez no debía ser distinto. Más aun si venían a celebrar sus treinta años de carrera, prueba irrefutable de que siguen siendo una de las bandas que ha llevado el estandarte del Metal en español en lo alto tras años y años en el ruedo.

Una vez dentro del recinto de San Diego, me causó gran alegría y satisfacción el percatarme que esta expectativa y admiración por los madrileños era compartida por miles de seguidores. No exageramos al decir esto. El Caupolicán estaba hasta las banderas. Repleto a más no poder. Señal inequívoca de que el teatro se vendría abajo apenas aparecieran los músicos en escena. Pero antes de eso, desde luego que está la previa en la cancha y en la galería, tan típica a esta altura del partido. Globos, cánticos y un particular personaje vestido de Jesús (haciendo un homenaje a Jesús de Chamberí) que se paseaba por todo el segundo nivel, iban amenizando la eterna espera antes del show.

Ya acercándonos a la hora pactada, y después de cantar a todo pulmón el coro de Livin’ on a Prayer y de It’s My Life, a las 21:00 hrs. en punto se apagan las luces ambientales produciendo una de las reacciones más estruendosas de toda la jornada. Rápidamente cada uno de los integrantes comienza a tomar su posición para dar el puntapié inicial. Así, tras una pequeña intro que sirvió para que Txus se subiera a su batería mostrando una bandera chilena, no quedaba nada más que comenzar con el setlist como tal. Es cierto que las primeras notas de Maritormes sonaron algo confusas y dispersas gracias a un sonido poco definido, pero a juzgar por el caos que se produjo en la cancha, pareciera que nadie le tomó mucha importancia. Loco, tremendo hachazo inicial. La presencia de Javi Díez como tercera guitarra se hizo notar. Por nuestra parte, nadie, absolutamente nadie se quedó sin cantar el «Porque al rozarte siendo miedo amor/ De despertar y no oír tu voz/ Y que al llegar el alba a tu ventana/ Abra los ojos y sólo esté yo«. Y por si los incrédulos siguen cuestionando el nivel de Zeta, déjenme decirles que sonó simplemente arrollador. Respecto al tema en sí, si bien es un infaltable dentro del repertorio, debo decir que me sorprendió bastante que fuera la encargada de abrir los fuegos y que fuera coreada de tal forma. ¡Brutal!

 

Siguiendo con «La Leyenda de la Mancha» (1998), lo siguiente sería un clásico sin precedentes. De esas canciones que logran resumir la identidad de una banda y que parecieran ser eternas. De esas que hay que cantar como si no hubiera mañana. La verdad es que faltan los calificativos para Molinos de Viento, que derechamente fue uno de los tantos clímax de la noche. Nada más se puede agregar a esta altura, solo aplaudir a cada uno de los asistentes por dejar la vida gritando -literalmente- cada uno de los versos del track.

Zeta se adueña del escenario y se dirige por primera vez al respetable. Tras un enérgico «¡Buenas noches Santiago!«, básicamente nos habla de la celebración de los treinta años de carrera y que a continuación tocarán algo de los inicios de Mägo. Dicho esto y exponiendo mi fanatismo exacerbado, si me hubieran dado la posibilidad de elegir una sola canción para incluirla en el setlist, de forma inmediata habría exigido El Lago. ¡Temazo mundial por la cresta! Años esperando para volver a escucharla en vivo. En serio, debe ser por lejos una de las mejores composiciones de toda su trayectoria. Qué manera de cantar, madre mía. Cuánto sentimiento en apenas dos o tres estrofas. Nuevamente sentí un gran alivio al realizar una vista panorámica al teatro, comprobando que efectivamente fue una elección más que acertada. Cada uno se encargó de darle la interpretación personal y de vivir el momento como si fuera el último. Para qué mencionar el «De nuevos solos tú y yo/ El lago y una canción/ Echo de menos oír tu voz/ Una estrella te eclipsó» del final, donde nuevamente el vocalista lo dio todo llevándose todos los aplausos, siempre siendo apoyado por Patricia Tapia en las segundas voces. ¡Para enmarcar!

Nuevo speech del frontman en referencia al tour que nos convocaba y rápidamente comenzó a sonar Alma, la primera rescatada de «Gaia» (2003). Si hay algo que destacar en este punto, además del enorme recibimiento y de ese estribillo superlativo, es la gran sección instrumental que se robó todas las miradas. Cada uno brilla a su tiempo. Moha y Josema son los encargados de producir el primer quiebre, Javi le da la entrada a Carlitos y a Frank, para que finalmente todo decante en esa intervención del teclado que hace que toda la cancha salte al mismo tiempo. Por su parte Txus -dentro de sus capacidades- y Fernando recrearonla base rítmica de gran forma. Mismo asunto con Satanael, llevada con cuidado durante cada pasaje, donde escuchamos a su vez esas letras ácidas y punzantes que siempre dan que hablar.

Siguiendo con el material más antiguo, la única revisión a «Jesús de Chamberí» (1996) llegaría con El Cantar de la Luna Oscura, que como suele interpretarse en directo, contó con ese outro reggae que le da un toque especial a la última estrofa. Aquí el genio y figura por lejos es Mohamed, recordando que en los primeros álbumes el violín era protagonista constante dentro de cada canción. Prueba de esto es su intervención tras los arpegios iniciales, que marca la pauta para que caigan los demás instrumentos de un solo golpe. El resto ya es tierra conocida. Solo resta saltar y cantar el «De olvido vive y de olvido muere/ Como planta en jardín olvidado/ Sabiendo que nadie la quiere/ Sabiendo que nadie la ha amado» a más no poder. Hacia el final, Patricia Tapia se lució con unos tonos imposibles con los que bajaron los primeros «Patri! Patri! Patri!» en señal de respeto y admiración a la segunda cantante de la banda.

A modo de contraste, H2OZ vendría a representar la «Era Zeta«. Si bien está lejos de ser mi favorita dentro de los dos últimos trabajos de larga duración, le doy el crédito de tener una reacción como pocas dentro de los asistentes. Tanto así que desató un mosh con apenas las primeras notas, donde además hubo danzas y rondas entre los participantes. Y cómo no hacerlo, si toda la letra es una declaración de principios y de convicciones tras la reformulación del grupo luego de la salida de José Andrea.

La dupla conformada por El Atrapasueños y La Costa del Silencio fue otro de esos momentos para enmarcar. Es cierto que en temas de gustos no hay nada escrito, pero ningún fanático puede negar que «Gaia» corresponde a la era dorada de la agrupación. Un álbum contundente y al hueso que te deja sin respiración con temazos de este calibre. La primera mostró al cantante en su mejor forma susurrando el «Yo te cantaré una nana/ Y mi voz te arropará/ Y en tu sábana, mi aliento/ Las pesadillas se irán» con una soltura y desplante envidiable. Luego vienen los pasajes andinos de cara al último estribillo. Pedazo de canción por donde se le mire. Para la segunda no hay mucho que agregar. La temática ambientalista está más vigente que nunca y el mensaje con el pasar de los años sigue siendo el mismo. Musicalmente tuvo su clímax con el «Hagamos una revolución/ Que nuestro líder sea el sol/ Y nuestro ejército sean mariposas» que aún debe estar retumbando en las paredes del teatro.

Patricia queda al centro del plató y aprovecha de saludar a los presentes. Dice que lo siguiente será un homenaje a toda Latinoamérica, dando paso a la entretenida Y Ahora Voy a Salir (Ranxeira). Nunca he dudado de las capacidades de la cantante como frontwoman ya que cada vez que llega su turno se toma el escenario y logra llenar cada espacio con su voz, pero para nuestra desgracia el sonido aquí jugó una mala pasada. En ningún momento se escuchó con la claridad necesaria y su micrófono se perdía entre los demás instrumentos. Hasta unos acoples bastante feos se escucharon por ahí. Y es una lástima ya que sin la interpretación de mariachi el asunto va perdiendo sentido. De igual forma, dudo que esta haya sido la mejor elección para ella. Quizás Brujas o bien otra de «La Ciudad de los Árboles» hubiera sido mejor. Pero bueno, como mencionamos anteriormente, de igual forma de las arregló para salir adelante.

Hora de rescatar algo de «Gaia III: Atlantia» (2010) y las escogidas serían dos que no son para nada recurrentes en el setlist. Esto desde luego que los más fanáticos lo agradecen. Siempre y Sueños Dormidos cumplieron con poner la pausa necesaria tras la euforia de todas sus predecesoras. En ambos temas el trabajo vocal y del teclado fueron descollantes. Zeta, Patri y Javi simplemente «se las mandaron». Nosotros por nuestra parte nos hicimos partícipes aplaudiendo como se hace en el flamenco o bien quedando en silencio para escuchar con mayor atención a ambos vocalistas.

Luego vendría una sección más que discutible considerando el tiempo que se emplea generalmente. Jamás voy a negar y dejar de aplaudir el evidente talento que poseen Patricia Tapia y Javi Díez, pero teniendo la posibilidad de incluir una o dos canciones en vez de los solos con los que cada uno logra demostrar parte de sus capacidades, es algo que no podemos pasar por alto. Repito, cada uno realizó una performance para la ovación, pero me atrevo a decir que todos hubiésemos preferido escuchar más material de algún otro disco. Dejando esto de lado, la ejecución de O Mio Babbino Caro de la cantante y pasajes de la canción principal de Piratas del Caribe en el teclado (con una discreta-discretísima participación de Txus), de igual forma lograron llevarse una gran ovación de parte de todos nosotros.

Para ponerle fin a la primera parte del tracklist, lo que sigue es párrafo aparte. Sí, es cierto que la han interpretado en sus anteriores visitas, pero estarán de acuerdo conmigo que dan ganas de escucharla en cada uno de los shows en nuestro país. Y es que Gaia probablemente debe ser una de las canciones más difícil de recrear y de representar en vivo y en directo. Ellos mismos lo han dicho. Lograr transmitir las emociones de una persona momentos antes de su ejecución requiere niveles superlativos en cada de sus funciones. Solo bastó escuchar el «Hay veces que no sé, si exprimir el sol/ Para sentir calor/ Y dudo que al nacer, llegara a creer/ Que hoy fuera a morir» para entender el contexto en el que nos encontrábamos. Lo que sigue no es nada más que disfrutar este clásico que entra en el Top 3 de las mejores creaciones de Mägo de Oz. Loco, qué manera de cantar «Me vengaré y todo mal que me hagas/ Yo te lo devolveré/ El hombre nunca fue dueño de Gaia/ Es justamente al revés«. ¡Había que dejarlo todo! Personalmente este fue el clímax absoluto antes del encore. Todos pusieron de su parte para que brillara con luces propias. Solo basta recordar la energía y la potencia de Fernando durante cada pasaje, o el tremendo solo de Carlitos en la parte media. ¿Qué me dicen de las partes más folklóricas? Bueno, así podríamos seguir un largo rato. ¡Pedazo de tema!

Una vez que la banda abandonó el plató, nuevamente los aplausos y cánticos se los llevó el Jesús de Chamberí criollo, con la particularidad de que esta vez se encontraba al medio de la cancha, siendo levantando entre el público en una especie de crowd surfing donde su misión era llegar a subirse al escenario. Todo un personaje. Pero vamos a lo nuestro. Desde luego que el epílogo debía ser apoteósico y lo más grandilocuente posible. Y así no más fue ya que tras una excelente ejecución de Diabulus In Musica, lo siguiente sería una dupla incombustible. ¿Qué más se puede decir de Hasta que el Cuerpo Aguante y de Fiesta Pagana? La primera representa el espíritu de los Mägo y de cada uno de los seguidores que literalmente viven cada concierto llevando al máximo sus capacidades físicas. Pasarán los años y el «Estamos locos de atar/ Somos trovadores que en tu ciudad/ Damos pinceladas de color a tu gris realidad…» seguirá sonando igual de estridente.

Para la última del repertorio, quedará en el recuerdo el pequeño juego organizado por Mohamed antes de que comenzara la canción como tal. Tras dedicarnos unas palabras de agradecimiento (y obviamente unas frases menos amistosas para Pinochet), dividió el teatro en tres secciones. La primera debía gritar «Fies!«, la segunda «Ta!» y la última «Pagana!«. Así, en repetidas ocasiones, el Caupolicán de pronto se transformó en una competición sana para ver quién gritaba más fuerte. Luego el asunto ya raya en la locura. ¿Vieron la reacción al medio de la cancha? ¡Descontrol total! Poco y nada importó que Txus perdiera el ritmo de forma evidente durante el solo de guitarra. Había que gastar las últimas energías de cualquier forma. Así, siendo las 22:45 horas, los españoles comienzan a despedirse ante un público que se rindió ante sus pies desde el primer segundo.

Ya está todo dicho prácticamente. Quizás solo queda mencionar algunos aspectos más visuales en comparación al show del año 2015. En aquella ocasión el concierto contó con pantallas, lentes 3D y un juego de luces mucho más depurado. Era más bien vivir una experiencia a través de Ilussia. En esta oportunidad todo fue bastante más austero. Solo un telón con la Bruja al centro y nada de parafernalia. Hasta me atrevería a decir que el sonido jamás logró su nivel óptimo. Eso sí, la respuesta del público esta vez fue un tema aparte. Ahora bien, por otro lado la duración y el repertorio escogido desde luego que da para un debate eterno. Podrían estar tocando toda la noche si de interpretar clásicos se tratase. Cada uno tiene sus gustos y opinión personal al respecto. A lo que definitivamente no le encuentro explicación, es que deliberadamente hayan decidido no interpretar tres canciones que estaban incluidas en el setlist original (La Posada de los Muertos, El Hijo del Blues y El Poema de la Lluvia Triste). Y ojo que varios se percataron de esto, puesto que los comentarios al respecto no se hicieron esperar y eran cada vez más abundantes. Pero bueno, seríamos muy injustos al crucificar toda la velada por este asunto. Lo decimos nuevamente, la conexión público-banda alcanzó niveles pocas veces vistos con anterioridad. treinta años no pasan en vano. Quiéranlo o no, Mägo de Oz sigue dando que hablar y sigue marcando pauta en nuestro país. ¡Que vuelvan cuando quieran!

Setlist de Mägo de Oz

  1. Maritormes
  2. Molinos de Viento
  3. El Lago
  4. Alma
  5. Satanael
  6. El Cantar de la Luna Oscura
  7. H2OZ
  8. El Atrapasueños
  9. La Costa del Silencio
  10. Y Ahora Voy a Salir (Ranxeira)
  11. Siempre (Adiós Dulcinea, parte II)
  12. Sueños Dormidos
  13. Solo Patricia Tapia
  14. Solo Javi Díez
  15. Gaia

Encore

  1. Diabulus In Musica
  2. Hasta que el Cuerpo Aguante
  3. Fiesta Pagana

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

 

Por nostalgia fue que me sentí más que feliz de ir a la Noche Escandinava III. Por pertenecer al equipo de PowerMetal.cl desde 2001, debo decir que uno de los recuerdos más grandes que tengo es esa primera Noche Escandinava, del 29 de mayo de 2002, cuando ayudamos en la producción de un evento que varios de los que participamos, recordamos hasta el día de hoy.

“Las 3 Sopranos”, quisimos llamar a esta exposición de lied y música docta de Tarja Turunen y sus amigas de la Universidad de Música de Karlsruhe, Alemania, una idolatrada y angelical cantante de un Nightwish que escribía historia y posteriores clásicos (solo faltaban días para el lanzamiento de “Century Child” y seguíamos alucinados con “Wishmaster”), y que venía a mostrar una faceta íntima. La finlandesa no solo veía a cantar acompañada de solo un piano, sino también visitaba Santiago para encontrarse con sus fanáticos, marcando una relación que ha seguido siendo especial durante estos dieciséis años.

Tarja en ese tiempo se mostraba risueña, se mostraba feliz, y se mostraba cercana, facilitando una comunión que hasta hoy le ha ayudado a sostener el cariño de sus seguidores, sea de la generación de ese entonces o sea aquella que por primera vez tuvo la oportunidad de presenciarla en esta faceta en el Teatro Cariola.

Del 2002 también recordamos una frase muy particular de Tarja de la conferencia de prensa previa a la presentación del Teatro Tobalaba, cuando se le preguntó si había pensado en dejar Nighwish en algún momento: “La verdad es que no me veo para nada como vocalista de Metal con chaqueta de cuero y jeans cuando tenga 40 años”, reía. Y bien, es curioso avanzar en el tiempo y llegar a este 2018, dieciséis años después de esos dichos, viendo a Tarja consolidada como ícono del Metal sinfónico, como una de las mujeres más idolatradas y queridas del Metal, quitándole incluso el cetro a personalidades como Doro Pesch, y convertida en una verdadera reina del movimiento, en una influencia, en una inspiración, muy ligada al Rock pero al mismo tiempo muy representativa de su propia aura, de su propio carisma y su propio sello.

Y en esa libertad, se permite ella retomar estos proyectos que parecían de etapas pasadas, como la Noche Escandinava, que reposó lo suficiente como para que toda una nueva generación de seguidores se expusiera por vez primera a este encanto que, dicho sea de paso, es tan mágico como hace tantos años atrás.

Ella ha crecido, nosotros también y muchísimo, el tiempo nos hace ser distintos y ser otros, pero esa sensación del 2002 fue exactamente la misma vivida este 22 de mayo en el Teatro Cariola. ¿Quién no sintió que Tarja te miró a los ojos y te sonrió mientras cantaba al menos por un par de minutos? Ella es terriblemente especial, con un carisma sin igual, tan intenso que de inmediato la echas de menos cuando dice con sus gestos que no tiene más repertorio preparado siquiera para improvisar un segundo encore. Eso fue lo que cautivó tanto, su sencillez combinada con su poderío interpretativo, y el ambiente que generó con su amiga fundadora del proyecto Marjut Kuhnhenn, el barítono Juha Koskela, y la pianista Anu Rautakoski, fue electrizante y emotivo.

En PowerMetal.cl no pretenderemos mostrarnos doctos en música clásica, y el solo hecho de relatar el setlist de la Noche Escandivana III pieza por pieza, como si fuera un concierto metalero, es algo que lamentablemente está fuera de mi alcance. Como fanático y periodista. Por ello, me excuso desde ya si no soy capaz de hacer una descripción de cada composición interpretada. Lo cierto es que muchos, como fanáticos de Tarja Turunen, aprovechamos la ocasión para verla a ella y apreciar bajo su prisma y timbre la música escandinava, europea, finlandesa y latina (española y argentina) que venía presentando. Y es gracias a ella, a su proyecto de la Noche Escandinava, que nosotros como fanáticos del Metal hemos podido aprender un poco sobre esta música que con tanto cariño nos ha acercado.

El espectáculo partió con Juha Koskela en las voces con una interpretación de Jean Sibelius, uno de los pilares inspiradores de esta Noche Escandinava. Desde ya, ya asombraba lo pristino del sonido, lo limpio del performance y la pulcritud con que el barítono se desplegaba. Apareció más tarde Marjut, con un timbre vocal refinadísimo y delicado, como violín. En contraste, la voz de Tarja Turunen se mostraba mucho más oscura y violenta, con ese tono característico de todo su catálogo, dando la sensación de que cada nota alta traía consigo una tormenta. Es ese el estilo que genera tal pasión en sus seguidores, y su entrada con piezas de Sibelius generó un verdadero vendaval entre los asistentes.

Entre los grandes instantes que me llevo de recuerdo de la tercera Noche Escandinava, están la interpretación de Koskela y Rautakoski de la intensa pieza Merellä de Oskar Merikanto, la primera y segunda aparición de Kuhnhenn entonando composiciones de Manuel de Falla en castellano. A diferencia de los lied nórdicos que evocan “visiones de crudos inviernos cubiertos de nieves blancas”, como decía el programa que Marcelo Cabulli vendió a mil pesos en el teatro (ese material debía estar a disposición como en todos los eventos de música clásica), las adaptaciones de canciones argentinas por parte de Tarja y Marjut nos llevaban a paisajes más campestres y luminosos, de verde y sol, cumpliendo con la premisa de una música que transportaba a lugares de ensueño.

También destaco los duetos, las armonias preciosas que lograban las sopranos, el canon desplegado por Turunen y Koskela, la especie de opera romántica presentada por Marjut con su compañero, la participación de todos los intérpretes en Oi kiitos sa Luojani arminillen de Merikanto, y por supuesto el encore, donde Tarja y Marjut amenizaron al público con maullidos y diálogos gatunos.

La gira de cinco fechas de la Noche Escandinava III finalizó en Santiago, solo con los cuatro músicos presentando tango finlandés en escenario, sino a las afueras del teatro. Muchos admiradores esperaban a Tarja a la salida y la finlandesa se detuvo para dedicarles unas pocas notas de Gracias a la Vida de Violeta Parra, en otro momento cúlmine en que los afortunados solo atinaron a contemplar en silencio, pero con mucha emoción.

De verdad, pareciera que Tarja no solo es la musa de estos seguidores, sino una más de ellos. Los mira como si los conociera, comparte miradas cómplices con sus fanáticos y vaya que lo hace de buena gana, en un concierto donde cada nota que cantaba y cada reacción que generaba la llenaba de alegría. Es así como ella mantiene su carisma, su juventud y vigencia, siempre ideando conceptos en vivo que le permitan seguir cerca de su fanaticada. Y es por ese mismo motivo que nunca el fin de un show de ella en Santiago será una despedida, sino un hasta pronto.

Programa Noche Escandinava III

Jean Sibelius
Illalle Op. 17, Nº6

Oskar Merikanto
Muistellesa Op.11, nº2
Kevätlinnuille etelässä Op.11, nº1
Illansuussa Op.69 nº2

Jean Sibelius
Säv Säv, sussa Op.36 nº4
Den första kyssen Op.37 nº1
Var det en dröm Op37 nº4

Oskar Merikanto
Merellä Op. 47 nº4

Manuel de Falla
Siete canciones populares españolas
Nana
El paño moruno

Oskar Merikanto
Onnelliset Op.15
Kansanlaulu Op.90 nº1

Einojuhani Rautavaara
Three Sonnets of Shakespeare Op.14
That time of year
Shall I Compare

Erich Wolfgang Korngold
Mein Sehnen, mein Wähnen

Carlos Guastavino
Canciones Argentinas
Hermano
Bonita rama del sauce
Pampamapa
La rosa del sauce

Oskar Merikanto
Elämälle Op.3 nº4
Annina Op.51 nº2

Waolgang Amadeus Mozart
Lá ci darem la mano

Oskar Merikanto
Oi kiitos sa Luojani arminillen

 

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar

Más de cincuenta años de carrera y pareciera que Ozzy Osbourne aún tiene energía de sobra para entregar y contagiar. Voz icónica e inconfundible que ha marcado generaciones y que ha definido el Heavy Metal en todos sus aspectos. Como forma de vida, como identidad musical y como imagen asociada al género. Lo cierto es que podríamos estar hablando horas y horas de la importancia del Príncipe de las Tinieblas para nuestras vidas.

Pero vamos a lo que nos convoca. Ya lo vaticinábamos en los días previos a su presentación. El inevitable tour de despedida estaba a la vuelta de la esquina. Nos guste o no, era algo que tenía que pasar. Primero fue Black Sabbath y pronto llegaría el turno del cantante con su banda en solitario. Así no más. A dar la cara y a disfrutar lo que tienen para ofrecernos. Vamos a lo que vinimos.

Acercándonos a la hora pactada según el itinerario, cada uno de los fanáticos que repletaron el Movistar Arena ya hacían notar su nerviosismo y ansiedad a medida que el reloj avanzaba. Con For Whom the Bell Tolls y Enter Sandman sonando por los altoparlantes, lo más próximos al escenario se disponían a tomar la mejor ubicación posible de cara al inminente puntapié inicial del show. Así, una vez apagadas las luces ambientales, se comenzó a proyectar un video introductorio que básicamente fue mostrando fotografías y pequeños clips de toda la carrera del cantante. Imposible no destacar la inclusión de la escena con la participación del maestro de ceremonias en la película «Little Nicky«, protagonizada por Adam Sandler. Un detalle sutil para los que estaban más atentos.

Una vez finalizado, la archiconocida Camina Burana de Carl Orff dio paso a que los músicos fueran tomando sus posiciones sobre el plató. No hace falta decir quién fue el más aplaudido. Recibida la ovación correspondiente, Ozzy nos dirige las primeras palabras al exclamar «Are you ready to go fucking crazy? Let the madness begin!«. Cuenta de Tommy Clufetos con el hi-hat y en cosa de segundos Bark at the Moon desató la locura con un sonido aplastante y demoledor que a muchos nos tomó por sorpresa. Y a esta altura del partido queda una cosa por hacer. Exacto. Gritar el «Listen in awe and you’ll hear him/ Bark at the Moon!» como si de eso dependiera tu vida. Dicho y hecho, puesto que la reacción fue ensordecedora. Ojo, el asunto no cambió mucho durante Mr. Crowley, ya que fácilmente podemos hablar de otro de los puntos altos-altísimos de la noche. Adam Wakeman hizo de las suyas durante la intro, mientras que Zakk Wylde mostró todas sus credenciales en ese outro épico que ha marcado generaciones. ¡Insuperable!

Hora de bajar un poco las revoluciones con la correctísima I Don’t KnowBlizzard of Ozz», 1980), que si bien fue recibida de manera bastante tibia, logró llamar la atención por el gran desplante escénico y musical que estábamos apreciando. Más allá de las obvias facultades superlativas de cada uno de los integrantes, a su vez logran acoplarse de gran manera al accionar del vocalista durante cada pasaje de la canción. Si deben restarse, lo hacen. Si deben hacerse notar, ahí estarán. Ejemplo de esto fue la interpretación de Fairies Wear Boots, donde cada uno de los cambios de tiempo y cada una de las progresiones fueron llevadas de gran manera. Si a esto le sumamos la temática sicodélica proyectada en la gran cruz ubicada al centro del escenario y en las cuatro pantallas dispuestas a su alrededor, el resultado es un deleite visual y musical que no tiene dobles lecturas.

De vuelta a los clásicos indiscutidos, Suicide Solution siguió con la senda de sus predecesoras. Interpretada a la perfección y seguida muy de cerca por cada uno de nosotros. Eso sí, antes de dar comienzo al track, Ozzy se encargó de presentar a cada uno de los integrantes de la banda, siendo Tommy Clufetos y Zakk Wylde lo más aplaudidos. Volviendo al tema, además de sonar impecable, el frontman aprovechó la ocasión para lanzar el primer balde con agua a los fanáticos que estaban más próximos a la reja. Y parece que el golpe fue bastante efectivo, puesto que varios lograron recobrar parte de la energía inicial durante No More Tears, que contó con gran apoyo de los presentes durante las partes instrumentales y cantando el «No more tears» una y otra vez. Por otra parte, supongo que nadie pasó por alto la potencia y la fuerza desplegada por Rob «Blasko» Nicholson y Tommy con toda la base rítmica. Realmente demoledora. También está el interludio de teclado a cargo de Adam, para luego dar paso al solo de guitarra. Otro de los grandes momentos de la velada.

El cantante se dirige nuevamente al público para decir que tras el tour «no se irá a ningún lado» y además aprovecha de darnos las gracias por asistir al concierto. Luego presenta la notable Road to Nowhere, temazo indiscutido que contó con el apoyo vocal de Zakk durante algunos verso para que luego Ozzy lo dejara todo durante el «The road to nowhere leads to me«.

Y si hablamos de dejarlo todo, lo que siguió fue otro clímax absoluto. El maestro de ceremonias nos invita a cantar si gustamos y rápidamente presenta War Pigs. Lo que sigue es tierra conocida. Hablamos de una de esas canciones que logran definir un género musical como tal. De esas que han traspasado generaciones. De esas que jamás dejas de sorprenderte cuando las escuchas. En serio, ¡pedazo de tema! Y la verdad es que ya todo está dicho.

Ahora bien, puntualmente en esta versión, es cierto que se nota la «ausencia» de Tony Iommi. Dejando de lado la participación de Adam como segunda guitarra, Zakk Wylde tiene sus detractores de por sí, y más aún cuando hablamos de versionar a Black Sabbath. Los más puristas se hacen notar. Y puede que esto sea cierto. Quizás no es el más indicado para interpretarlos, pero seamos sinceros: su performance vista de cerca, complementada con la garra y la pasión que le implanta a cada nota, no puede dejar a nadie indiferente. El tipo se la juega con todo y en opinión personal, sale ganando por donde se le mire. No podemos dejar de lado el tremendo solo que se despachó a lo largo de la barricada del Movistar Arena, donde ocupó cada uno de los recursos que hacen más vistosa la presentación. Guitarra en lo alto, tocada sobre la espalda e incluso usando los dientes. Así, nos regaló pasajes de distintas composiciones durante un largo tiempo. Miracle Man, Crazy Babies, Desire y Perry Mason dijeron presente en esta especie de mix instrumental.

Pero eso no era todo, puesto que terminado el momento estelar del guitarrista, vendría el turno de Tommy Clufetos, una bestia en lo que a golpear los tarros se refiere. Los que hemos tenido la oportunidad de haberlo visto en vivo con anterioridad, sabemos de lo que es capaz. Y si bien ahora su intervención fue bastante más acotada, de igual forma se las ingenió para que todos estuviéramos pendientes de él. Todo esto decantó en la interpretación de Flying High Again, que lamentablemente se vio un tanto opacada por todo lo ya mencionado.

Para animarnos, Ozzy nos hace gritar lo más fuerte posible a la cuenta de tres luego de un «I still can’t hear you!». Así, entramos a una de las partes más melódicas del setlist con Shot in the Dark, que tuvo como genio y figura a Adam Wakeman de principio a fin. Imposible no cantar el «But a shot in the dark, one step away from you/ A shot in the dark, always creeping up on you«, más aún sabiendo que es uno de esos coros que te queda dando vuelta rápidamente en la cabeza de manera involuntaria. Luego vino I Don’t Want to Change the World, otra de las que lamentablemente contó con una reacción nula de parte del público. Peor si analizamos el contraste entre este track y Crazy Train, que obviamente era una de las más esperadas por todos los asistentes. Bastaba mirar a tu alrededor para notar el evidente cambio en el comportamiento del respetable. Hasta una bengala apareció desde la tribuna. El resto ya es sabido, literalmente hay que gritar durante el estribillo y solo queda esperar los solos de guitarra. ¡Temazo!

Luego de que el mismo frontman nos incitara a gritar «One more song» junto a él, la guitarra electroacústica fue la señal inequívoca de lo que vendría. Mama I’m Coming Home trajo consigo la última cuota de nostalgia y emotividad. Muchos se animaron a cantar el «You made me cry, you told me lies/ But I can’t stand to say goodbye/ Mama, I’m coming home» y a ambientar el asunto con el flash de los celulares.

Y para finalizar, la incombustible Paranoid fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente rozó la perfección. Porque sí, en aspectos técnicos y en la interpretación de cada una de las canciones, poco y nada se puede acotar a esta altura. Todo funcionó como un reloj con detalles al milímetro. Casi como en piloto automático. Y viéndolo desde el lado negativo, esto terminó por transmitirse a la mayoría de los miles de fanáticos que asistieron la noche del martes. Vale decir, nos encontramos con una presentación bastante estandarizada y con falta de emociones como tal. Más aún si consideramos que la gira lleva por nombre «Farewell Tour«. Ahora bien, es cierto que el promedio del seguidor asistente a Ozzy Osbourne y a Black Sabbath, no es precisamente el más eufórico o el más conocedor de la materia. El silencio rotundo durante un par de canciones dio cuenta de ello. Creo que ambos factores jugaron una muy mala pasada y los comentarios de que «algo faltó» hablan por sí solos. Entonces, resumiendo -y volviendo unas líneas atrás-, sí, el show fue impecable, no así la conexión público-banda. Pero bueno, Ozzy logró su cometido y nuevamente mostró toda su energía y prestancia tras años y años en la carretera.

Setlist de Ozzy Osbourne:

  1. Intro (Carmina Burana)
  2. Bark at the Moon
  3. Mr. Crowley
  4. I Don’t Know
  5. Fairies Wear Boots (Black Sabbath)
  6. Suicide Solution
  7. No More Tears
  8. Road to Nowhere
  9. War Pigs (Black Sabbath)
  10. Solo de Guitarra (Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason)
  11. Solo de Batería
  12. Flying High Again
  13. Shot in the Dark
  14. I Don’t Want to Change the World
  15. Crazy Train
  16. Mama I’m Coming Home
  17. Paranoid (Black Sabbath)

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Ross Halfin

Cada vez que tenemos noticias relacionadas a Timo Kotipelto, muchos hacen la asociación natural con su trabajo con Stratovarius y en menor medida con su trabajo solista. Ocurre de igual forma con Jani Liimatainen, debido a su paso por lo que se puede considerar la mejor etapa de Sonata Arctica y sus muchos proyectos paralelos, por lo que la reunión de dos grandes insignias del Power Metal finlandés en Cain’s Offering generaba grandes expectativas en el ambiente, sobre todo de verlos en vivo. Mientras ambos desarrollaban sus ideas en este nuevo proyecto, paralelamente aparece “Blackoustic”, disco con versiones unplugged de canciones de Stratovarius, temas solistas de Kotipelto mezclado con muchos covers, y es justamente este show el que nos permite más que ver a dos de los más grandes referentes de la escena finlandesa, sino que a dos amigos que decidieron hacer algo fuera de lo común. Aunque el disco fue lanzado en el año 2012, no teníamos mayores noticias hasta que se anunció esta presentación.

El Club Subterráneo fue el lugar escogido para el show de los fineses, y ya cerca de las 20:30 horas se podía ver mucha gente dentro del recinto esperando el inicio del show, lo que ocurrió exactamente a las 21:00 con el clásico apagón de luces y el consiguiente griterío cuando Timo y Jani hacen su ingreso al escenario. Sin parafernalia, sin escándalo, solamente una guitarra y un pedestal bastó para que se diera inicio a la presentación con Sleep Well, parte del repertorio solista de Kotipelto y Black Diamond de Stratovarius donde pudimos apreciar de inmediato lo que veríamos a lo largo de todo el show: Entre ambos músicos se siente una atmósfera íntima y cercana debido a su largo tiempo trabajando juntos, lo que genera una complicidad y comunicación mucho más cercana a lo que se aprecia normalmente sobre un escenario y da pie para que el público se integre y disfrute de lo que pasa en el escenario (excepto aquellos iluminados que quieren grabar todo el concierto en el celular, quienes fueron conminados “amistosamente” a bajar sus aparatos por gran parte del público que se encontraba más atrás y que no dejaban ver el show).

Dentro de los covers de “Blackoustic”, uno de los más destacados es Out In The Fields de Gary Moore, donde Jari bromea mucho acerca de que esta será “La primera canción buena del show”. Jani, permíteme decirte con mucho respeto que (aunque fuera en broma) no podías estar más equivocado porque lo que vimos más adelante con A Million Light Years Away y especialmente I Will Build You a Rome fue simplemente épico, con Timo y Jani (sobre todo este último) tremendamente sorprendidos por la calurosa y efusiva recepción del público al simple hecho de nombrar a Cain’s Offering… Ojalá la demostración de afecto sea un buen aliciente para que se animen a volver con este proyecto. Tras cartón vino el único tema de Sonata Arctica de la velada, My Selene, que a pesar de contar con una gran respuesta de la gente se pudo notar cierta disconformidad, ya que hay temas mucho más icónicos y representativos de la trayectoria de Jani en Sonata, pero todos sabemos lo que pasó ahí, y de todos modos se agradece que al menos se incluya algo de su trabajo en dicha agrupación.

Tras cartón, y después de una emotiva interpretación de Forever que fue acompañada por los 750 asistentes al show, vino un homenaje a dos leyendas del Heavy Metal en la forma de Holy Diver y The Trooper, ambas interpretadas de forma impecable, pero sobre todo respetuosa por parte de Timo y ampliamente coreadas por todos. Sabiendo que los zapatos de Ronnie James Dio y Bruce Dickinson no son fáciles de calzar, Kotipelto saca al ruedo toda su experiencia y talento para rendir un gran tributo a “dos de los más grandes cantantes” según sus propias palabras. ¡Todos estamos de acuerdo contigo Timo, tranquilo!

La primera parte del show merecía un cierre acorde a la altura de todo lo que habíamos visto, y la canción elegida para esto es Paradise, con el público coreando de principio a fin, con Timo cantando a un nivel altísimo y Jani impresionado por la respuesta de la audiencia no solamente a las canciones, sino que también a la atmósfera que se generaba por la comunión de dos grandes amigos dispuestos a pasarlo bien arriba de un escenario, compartiendo canciones (y muchas cervezas en el caso de Jani). Tras una gran ovación y breve espera, ambos músicos hacen su vuelta al escenario con camisetas de la selección chilena desatando el aplauso y la aparición del popular “ceacheí”, donde la cara de “No entiendo nada” y el comentario “What the fuck” de Jani saca risas tanto de Timo como del público. Esto se puede entender ya que Jani alcanzó a visitar nuestro país únicamente una vez con Sonata Arctica en aquel histórico concierto del 2002 en el antiguo Teatro Providencia y quizás no recordaba el cariño que tiene el público chileno por la escena finlandesa.

El encore tuvo como inicio Karjalan Kunnailla, descrita por Timo como una canción típica del folklore finlandés, la cual fue recibida con respeto y atención por parte de los presentes y sirvió para recomponer un poco de energías para el cierre del show, a cargo de Coming Home y el hitazo Hunting High And Low, donde no hubo nadie que se quedara sin cantar a todo pulmón una de las más grandes letras compuestas por Kotipelto en su prolífico trabajo en Stratovarius.

Y si todo el show fue una fiesta, momentos de risa y alegría, el broche de oro de la jornada a cargo de The Final Countdown de los suecos Europe se lleva el premio a uno de los momentos más memorables que me ha tocado cubrir (y vivir) en un show, con una gran intervención de Jani bromeando acerca de que era imposible que una banda finlandesa terminara un show con una canción de una banda sueca, por lo que usaron el coro de la gran Killed By Death de Motörhead como outro.

A título personal, me gusta mucho ver a bandas y músicos consagrados saliendo de su “zona de confort” y arriesgar un poco más en formatos como éste, ya que le dan al público la oportunidad de ver otras facetas que no es posible ver en un show habitual, tales como una mayor interacción con la gente, más cercanía y complicidad entre banda y público, y muchos otros factores que quedarán en el recuerdo de quienes pudimos estar en la presentación de “Blackoustic”.

Setlist:

Intro: War/Fanfare (Rocky IV)
01. Sleep Well (Kotipelto)
02. Black Diamond (Stratovarius)
03. Out in the Fields (Gary Moore)
04. Shine in the Dark (Stratovarius)
05. Season of Change (Stratovarius)
06. A Million Light Years Away (Stratovarius)
07. I Will Build You a Rome (Cain’s Offering)
08. Perfect Strangers (Deep Purple)
09. My Selene (Sonata Arctica)
10. Forever (Stratovarius)
11. Holy Diver (Dio)
12. The Trooper (Iron Maiden)
13. Paradise (Stratovarius)
Encore:
14. Karjalan kunnailla
15. Coming Home (Stratovarius)
16. Hunting High and Low (Stratovarius)
17. The Final Countdown (Europe, Motörhead ‘Killed by Death’ outro)

Live Review: Sebastián Aguirre
Fotos: Guille Salazar

MIRA AQUÍ LA GALERÍA DE FOTOS DEL CONCIERTO

Desde hace una buena cantidad de años, WarCry lleva el estandarte del Metal español con un prestigio y un orgullo que cualquier banda quisiera tener. No por nada esta es la cuarta visita en siete años a nuestro país. Los hermanos García han logrado tocar la fibra sensible del fanático y de la mano de verdaderos himnos de vida han logrado cultivar una de las hinchadas (sí, hinchadas) más fieles y más estruendosas que se tenga recuerdo por estas tierras.

Para esta ocasión, vendrían a defender el LP «Donde el silencio se rompió…» (2017) en su regreso al recinto de San Diego. Eso sí, primero dos agrupaciones nacionales serian las encargadas en calentar los motores.

WITCHBLADE

Mientras los más entusiastas se agolpaban en los lugares más próximos a la reja, Witchblade hizo su aparición en el plató para sorprender con un estreno para este año 2018. The Day I Died mostró la mejor faceta de los compatriotas como ya nos tienen acostumbrados a lo largo de su carrera. Vale decir, un hachazo de aquellos. Luego vendría la dupla extraída de «Evolution» (2015): Not Enough y Walk Alone. Ambas contaron con los agudos tan típicos de Felipe del Valle, mientras que Felipe Majluf  hacía lo propio en las seis cuerdas.

Un nuevo estreno vendría con la notable No Olvidaré, que personalmente considero que a todas luces fue el punto más alto del primer acto de apertura. Atentos acá. Los santiaguinos tienen mucho que decir aún. Gran trabajo de Felipe Vuletich y Juan Pablo Hermosilla por lo demás, que continuó en gran nivel durante On The Road, rescatada de «MMVI» (2006). Y para finalizar, otra muestra del nuevo material llegaría con World of Fear. Así, tras una media hora de show, lograron balancear las canciones más recientes con parte de su repertorio ya conocido de gran manera. Bien por los coterráneos.

Setlist de Witchblade:

  1. The Day I Died
  2. Not Enough
  3. Walk Alone
  4. No Olvidaré
  5. On the Road
  6. World of Fear

ALTO VOLTAJE

Con una puntualidad más que destacable de acuerdo al itinerario entregado por producción, a las 20:10 hrs. los comandados por Víctor Escobar saltaron a escena a demostrar todo su poderío. Tras una pequeña intro, el frontman aparece con una bandera chilena en las manos, alentando a los más próximos a la reja. Así, Empezar de Cero y El Mendigo abrieron los fuegos de la performance de los santiaguinos. Rápidamente Ery López y Jose Canales se «echan el equipo al hombro» con un desplante y una prestancia que se robaron todas las miradas. El primero acompañó al cantante en las segundas voces, mientras que el guitarrista dio cátedra de su talento en cada una de sus intervenciones.

Víctor da las correspondientes palabras de agradecimiento por la oportunidad de abrir a una banda internacional y nos presenta Adiós a la Fábrica, la cual contó con un excelente trabajo de pies cortesía de Pedro Muñoz. Punto aparte son las guitarras, que durante Agonía simplemente fueron descollantes. La dupla conformada por Jonatan Canales y el ya mencionado Jose Canales se conocen a la perfección y lo demuestran en cada uno de sus movimientos.

Luego de una pequeña dedicatoria a «todos los trabajadores de Chile«, lo siguiente sería El Gran Peón, otra de las extraídas de «Contracorriente» (2016). Más allá de la gran ejecución de este tema, hay que destacar la gran participación de las cerca de mil personas que se encontraban a esa hora en el recinto. Algo que el mismo cantante destacaría en una de sus pequeñas intervenciones entre cada canción. Para finalizar, la dupla conformada por Ruda y Sexy y Rock y Burdel siguieron con la senda que mostró Alto Voltaje desde el primer acorde. Una propuesta clara y al hueso que los ha mantenido en la escena del Metal nacional desde hace veinte años. Media hora de presentación y un show redondo en todos sus frentes.

Setlist de Alto Voltaje:

  1. Intro
  2. Empezar de Cero
  3. El Mendigo
  4. Adiós a la Fábrica
  5. Agonía
  6. El Gran Peón
  7. Ruda y Sexy
  8. Rock y Burdel

WARCRY

Siendo las 21:00 hrs. en punto, se apagan las luces del teatro y se comienza a proyectar el video introductorio sobre la gran pantalla central ubicada en lo alto del escenario, que básicamente sirvió para mostrar el logo de la banda y para ir presentando a los integrantes uno a uno. ¿El más aplaudido? Por lejos el frontman Víctor García. Ya con todos en sus posiciones, el primer hachazo de la jornada vendría con un temón de aquellos. Nada más ni nada menos que Alma de Conquistador, opening track de ese discazo llamado «Alfa» (2011). Casi de manera obvia, lo primero a resaltar desde luego que es el entusiasmo y la entrega de cada uno de nosotros desde el comienzo. Poco y nada importó que el micrófono del vocalista tuviera problemas durante toda la primera estrofa, ya que el karaoke que se formó en el recinto logró suplir la falencia mencionada. Entonces, una vez superado el inconveniente y entrando de lleno en el coro, solo quedaba dejarlo todo gritando «Dispuesto a luchar/ Sin miedo a morir/ Tal era mi fé/ Que llegué, vi y vencí«. Y ojo, que la situación solo fue en alza una vez que comenzó a sonar Nuevo Mundo, puesto que aún debe estar retumbando el «Soy semilla de ilusión/ Culpable de traición/ si caigo en el camino…».

Siguiendo con «¿Dónde está la Luz?» (2005), los asturianos arremetieron con la notable Contra el Viento, la cual fue precedida con el primer speech de la noche. Además de darnos las buenas noches y de recordarnos que esta era la cuarta visita a nuestro país, Víctor nos afirma que en la vida hay «pocas cosas que de verdad importan» y que lo demás «lo sana el tiempo«. Palabras precisas y concisas para contextualizarnos en la canción. Por otro lado, lo que sigue es tierra conocida en lo que a nuestras reacciones se refiere. Headbanging, euforia, saltos y cánticos por doquier. ¡Qué manera de cantar el «Quiere dormir y despertar/ Quiere volar un día más contra el viento«!

Tras los tres cañonazos que abrieron el setlist, vendría la primera revisión a «Donde el silencio se rompió…» (2017). Si bien Rebelde fue recibida de manera más tibia en comparación a sus predecesoras, para mi grata sorpresa gran parte de los presentes se sabía la letra a la perfección. Ahora, de manera personal, al no ser de mis favoritas dentro del álbum que nos convoca, este fue el momento idóneo para apreciar de mejor forma el desplante de los músicos en el plató. Vale decir, sentir la energía que transmiten Pablo García y Santi Novoa, no perderle pisada a la base rítmica conformada por Rafael Yugueros y Roberto García y por último seguir cada una de las gesticulaciones del vocalista. Punto aparte es el outro de esta composición, donde todo revienta luego del «Escucha bien, te lo prometo/ No tendrás paz si no estoy…¡Muerto!«.

La dupla conformada por Siempre y Cielo e Infierno siguió con el éxtasis colectivo. La rescatada de «Inmortal» (2013) brilló con luces propias gracias a esas frases que delatan complicidad, tales como «Todas las cosas que pasan alrededor/ Que es esa magia que existe entre tú y yo«, o bien «Como si siempre hubiera sido para ti/ Estando juntos soy un poco más feliz…«. Por otro lado, la perteneciente a «Donde el silencio se rompió…» fluyó de gran manera hasta llegar a ese coro que hace que levantes el puño automáticamente. Y es que Víctor sencillamente se lució durante el «Intentaré volver a unir el cielo y el infierno…«. Gran, gran momento.

Con Coraje llegaría la hora de bajar un poco las revoluciones. Lo particular acá es que al ser un corte más denso y menos dinámico, la interpretación de cada uno de nosotros se vuelve a su vez mucho más intensa y llena de profundidad. Basta recordar la cara de todos los asistentes al entonar el «Podéis quitarme lo que tengo/ Todo lo que soy, todo lo que hago…» para dar cuenta de lo que decimos. El frontman en tanto, sobre el final nos dejó a todos boquiabiertos con unos agudos dignos de aplaudir. Por su parte, Resistencia no logró cautivar de la forma esperada. Si bien es una pieza más que correcta, estuvo lejos de ser lo más destacado de la velada.

Nuevo speech del cantante y esta vez nos habla sobre «esa moda de pegar y matar a las mujeres«, señal inequívoca de que lo siguiente sería otro temazo para enmarcar: Cobarde. Sencillamente sobran las palabras para describir todo lo que puede transmitir una composición así. Si hasta «noticias» de femicidios fueron proyectadas en la pantalla. Porque además de tratar un tema sumamente delicado -y tristemente cotidiano-, musicalmente es sublime. Los arreglos de guitarras, la ambientación con el teclado, la base rítmica y el coro, conforman una de las mejores piezas del último tiempo. Cómo no cantar el «Creyó que algún día podría llegar a cambiar/ Soñó lo feliz que era con él/ Lloraba a escondidas intentando callar la verdad/ Maldigo al que pega a un mujer«, si la rabia y la decepción están a flor de piel. Por supuesto, el clímax absoluto se alcanza cuando sobre el final Víctor García exclama con todas sus fuerzas «¡Cobarde!» con una potencia que te pone la piel de gallina. ¡Uno de los puntos altos, sin lugar a dudas!

La cosa no cambió mucho durante Huelo el Miedo, corte hecho para desatar el caos de lado a lado en la cancha. ¡Interpretada a la perfección! En serio, cada uno de los integrantes puso lo mejor de sí y lograron una ejecución superlativa. Lo referente a la letra y a la temática ya es cosecha de cada uno. Solo queda por destacar el final donde no se guardan nada tras el «Huelo el miedo…¡En tu interior!«. A modo de contraste, Muerte o Victoria mostró la faceta más «mid-tempo» de los españoles. Personalmente, es una de mis favoritas del último LP y realmente la disfruté a más no poder. Es que una de esas canciones en las que toda la banda se encarga de darle teatralidad y un cuota de histrionismo a su performance. Desde luego que el estribillo es simplemente notable y dan ganas de entonarlo a todo pulmón: «No hay rendición/ Solo con valor se alcanza la gloria/ Busca dentro de ti/ Debes elegir muerte o victoria«.

El cantante nuevamente hace referencia al hecho de reunirnos por cuarta vez en el Teatro Caupolicán y además nos habla de lo que nos hace sentir el Heavy Metal en nuestro interior. Todo esto para introducir uno de esos clásicos que superan todos los límites. Con sólo mencionar La Vieja Guardia ya está todo dicho. El resto sería ser redundante. ¡Qué temazo madre mía! ¡Había que dejar la vida! Dicho y hecho entonces. En serio, el recinto casi se viene abajo una vez que comenzamos a cantar. Sumado a esto, imágenes de bandas icónicas de Heavy proyectadas en la pantalla a modo de homenaje aumentaron la emotividad del asunto. Eso sí, la postal para el recuerdo es que desde la cancha subieron a una pequeña niña al escenario para estar junto a los músicos. Y lo hizo bastante bien, ya que saludó y animó a cada uno de nosotros durante todo el track.

Tras un pequeño amague de Breaking the Law de Pablo, llegaríamos a uno de los momentos más esperados. Permítanme la licencia en este punto, pero Ardo por Dentro por lejos es mi canción favorita de WarCry. ¡Qué pedazo de tema por la cresta! Comprenderán mi reacción una vez que Santi comenzó a tocar las primeras notas de la intro. Esa adrenalina y expectación antes de que caigan el resto de los instrumentos simplemente no tiene comparación. En cosa de segundos se desataría la locura. Por suerte cada uno de nosotros lo entiende de igual forma y es así como la mencionada se ha convertido en una de las infaltables dentro del repertorio. Cómo no serlo, si frases como «Quizás de esa impresión/ Quizás ayer fui mejor/ Pero nada de eso siento en mi interior» hacen que te levantes todos los día de la cama. El «Ardo por dentro/ Con la fuerza de las llamas del infierno/ Aún tengo tanto que decir…» solamente llega a reafirmar lo dicho con anterioridad. Si hay algo que debemos agradecerle a los asturianos, es precisamente el habernos regalado himnos de este calibre. Por último, no podemos olvidar el gran oso de peluche lanzado desde el público que quedó sobre el escenario acompañando el resto del concierto. ¡Para enmarcar!

Durante Quiero Oírte y Odio nuevamente se produjo un contraste más que notorio. Si bien la primera fue recibida de la mejor manera posible, cantando a más no poder el «Yo soy mi rey, mi propia ley/ Soy mi futuro y mi presente«, la segunda bajó los ánimos y derechamente no logró conectar con la audiencia. Por suerte esto mejoró con Un poco de fé, donde la entrega ya era tal que el guitarrista traspasó las rejas que dan hacia la cancha para tocar parte de su solo entre los fanáticos que lo rodearon rápidamente.

A modo personal, debo admitir que Keops y Así Soy no eran precisamente lo que esperaba en el setlist. Ninguna es de mi total agrado y por consiguiente no fueron puntos altos al menos desde mi punto de vista. Pero debo reconocer y destacar la participación del resto de los metaleros. La primera fue coreada con un gran entusiasmo, mientras que Así Soy contó con esa cuota del «orgullo Heavy» tan propio de WarCry. Por más que suene cliché y que sea un concepto más que utilizado y criticado, lo cierto que es que ellos mismos se creen el cuento y logran traspasar eso a su fanaticada. No es de extrañarse entonces ver una gran cantidad de puños en alto exclamando el «Así soy/ Yo soy Heavy, eso soy!» con total alevosía.

Acercándonos ya hacia el encore, la dupla conformada por Devorando el Corazón y Tú Mismo elevaron el concepto de «karaoke» hacia la estratósfera. En serio lo decimos, ¿Alguien no se sabe la letra de este par de clásicos? Parecía que Víctor podía dejar sus funciones de lado ya que el estruendo de cada estrofa era realmente ensordecedor. ¿Qué me dicen del «Te llevo, tan dentro, que siento fuego en mi interior/ Quemando, ardiendo, va devorando el corazón«? ¿O del «Nada hay bajo el sol, que no tenga solución/ Nunca una noche venció a un amanecer«? Apoteósico sería poco decir. La cara de alegría y descontrol de cada uno de nosotros describe este momento de manera precisa. ¡Temazos por donde se les mire, loco!

Tras un par de minutos fuera de escena, Santi y Víctor aparecen solos sobre el escenario para entonar una sentida interpretación de No te Abandonaré, ending track de «Donde el silencio se rompió…«. Aquí nos enfrentamos a una de esas canciones que los españoles hacen a la perfección. Las baladas les caen como anillo al dedo y esta no fue la excepción. Es cierto que muchos esperaban Nana o El Amor de una Madre, pero dado el contexto que nos convocaba a la actual gira, lo cierto es que fue recibida de gran forma. El sentimiento plasmado en cada una de las notas logra conmover a cualquiera, de eso no hay dudas. Y para finalizar, como era de esperarse El Guardián de Troya y Hoy Gano Yo desataron el mosh pit correspondiente. Gritos, saltos, cánticos y por sobre todo, una felicidad desbordante fueron la tónica del grand finale. La cuestión ha llegado a tal punto que verdaderamente cuesta hablar por separado de cada composición. Uno da por hecho que ambas irán juntas en el setlist y que pondrán el broche de oro a una jornada inolvidable. Vale decir, una implica a la otra. Es así como tras dos horas y media de show, los asturianos comienzan a despedirse de un recinto que se rindió a sus pies desde el primer segundo.

Como mencionaron en un par de ocasiones, cuesta creer que esta haya sido su cuarta visita a Chile. El ambiente y la entrega de cada una de las partes solamente da para pensar que este es un vínculo inquebrantable. Las cerca de tres mil personas que llegaron al recinto de San Diego simplemente lo dejaron todo. Prometieron volver. Solo queda esperar a que sea lo más pronto posible.

 Setlist de WarCry:

  1. Alma de Conquistador
  2. Nuevo Mundo
  3. Contra el Viento
  4. Rebelde
  5. Siempre
  6. Cielo e Infierno
  7. Coraje
  8. Resistencia
  9. Cobarde
  10. Huelo el Miedo
  11. Muerte o Victoria
  12. La Vieja Guardia
  13. Ardo por Dentro
  14. Quiero Oírte
  15. Odio
  16. Un poco de fé
  17. Keops
  18. Así Soy
  19. Devorando el Corazón
  20. Tú Mismo

Encore

  1. No te Abandonaré
  2. El Guardián de Troya
  3. Hoy Gano Yo

Review: Gino Olivares
Fotos: Roberto Llanos

No vamos a descubrir ahora la popularidad y la fidelidad que desata Epica entre sus fanáticos. Es una de esas bandas que despierta una idolatría a prueba de balas, principalmente por su ícono y máxima figura, la descollante Simone Simons. Ahora bien, es sabido que los holandeses son un número probado y recurrente en nuestro país, pero el motivo de esta visita llamaba la atención principalmente por dos grandes razones. La primera desde luego que es escuchar en vivo las mejores canciones de ese pedazo de álbum llamado «The Holographic Principle» (2016). Como dice el dicho, «Los buenos discos se defienden en vivo» y esta era una oportunidad única que no había que dejar pasar. Por otro lado, el hecho de que la banda «soporte» fuera nada más y nada menos que VUUR, no hacía otra cosa que aumentar las expectativas y la complicidad entre sí. Anneke Van Giersbergen es de la casa y de cualquier forma se las ingeniaría para robarse la película. Veamos que tal.

VUUR

Con una puntualidad más que plausible, a las 20:00 hrs. comienza la presentación de los liderados por Anneke. Fácilmente unas 2000 personas aguardaban entre todas las localidades del recinto, que le brindaron un excelente recibimiento a los músicos antes del puntapié inicial. La dupla compuesta por Time – Rotterdam y My Champion – Berlin permitió apreciar el desplante de la banda y cómo no, los años de carretera de la frontwoman. Es cierto que no todos conocían el material proveniente del álbum «In This Moment We are Free – Cities» (2017), pero eso no fue impedimento para que cada uno se hiciera partícipe del show, acompañando con el headbanging respectivo o aplaudiendo cuando ellos lo solicitaban. Pero el asunto cambia radicalmente cuando la cantante nos adelanta que el siguiente tema es de The Gathering. La escogida sería On Most Surfaces (Inuït), la cual tuvo una reacción digna del plato principal. ¡Temazo por donde se le mire! Esa misma energía bajo la cancha claramente contagió a toda la sección de cuerdas en el escenario, que tuvo a un Ferry Duijsens dejándolo todo con su performance.

Para demostrar el amplio repertorio disponible, y más aún, para demostrar el dominio que se debe tener en una presentación así, sería el turno de escuchar material de The Gentle Storm, proyecto liderado junto al maestro Arjen Lucassen. Así es, la confianza y la experiencia es tal, que podemos pasar por cada una de sus bandas con total soltura. En esta ocasión, Anneke dejó su guitarra de lado para caminar a lo largo y ancho del escenario aprovechando de saludar a los más próximos a la reja. En tanto, Ed Warby junto a Johan van Straum hicieron de las suyas tras cada estribillo. Ahora, volviendo a su actual banda, Days Go By – London y Your Glorious Light Will Shine – Helsinki siguieron con la senda de sus predecesoras. Si bien en términos generales el ánimo inicial decayó un tanto, la vocalista constantemente se encargó de llevarse todas las miradas. Saludando de lado a lado o bien tomando un celular para grabar hacia el público en modo selfie. En este punto pudimos apreciar de mejor forma la atmósfera creada por el juego de luces, que tenían un predominante tono azulado. A su vez, cómo no destacar cada sección instrumental, donde Ferry y Otto alcanzan niveles superlativos.

Tras las correspondientes palabras de agradecimiento de la cantante, aprovecha de recordarnos que no están tocando solos y que en cosa de minutos aparecerá «the mighty Epica«. Desde luego que la ovación no se hizo esperar. Acorde al contexto, y haciendo una notable excepción dentro del setlist de este último tiempo, nos introduce la entretenida Sail Away – Santiago, que fue llevada con cautela para que todo explotara en ese coro digno de destacar: «Sail away I’ll watch you from afar/ Sail away I’ll crumble, ither, hunger, wonder when you/ Sail away and I will always follow your trail I pray/ I’ll find you, love you, hope to somwhow lad you home«. Muy por el contrario, Fallout fue recibida con caras de impaciencia y de ansiedad por cada uno de nosotros al ver que la hora avanzaba y que al parecer la banda principal se retrasaría según el horario pactado en la previa.

Por último, y tras la aseveración de que están trabajando en un nuevo álbum de VUUR, nuevamente una composición de The Gathering se llevó todos los aplausos. Strange Machines, opening track de «Mandylion» (1995), fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente partió de manera óptima. Solo recuerden como Anneke dejó la vida cantando «I wanna do centuries in a lifetime/ And feel it with my hands/ Touch the world war II and Cleopatra/ Flying«. Y cómo olvidar el quiebre que se produce en la parte instrumental, ejecutada al milímetro. Lo demás es tierra conocida. Así, tras una hora de show, se puso fin a la presentación de VUUR. Es cierto que quizás se alargó un tanto, más de lo que se esperaba con antelación al menos, pero esto no quita que presenciamos a músicos de primer nivel y a una de las cantantes más versátiles y queridas por estos lados del mundo.

Setlist VUUR

  1. Time – Rotterdam
  2. My Champion – Berlin
  3. On Most Surfaces (The Gathering)
  4. The Storm (The Gentle Storm)
  5. Days Go By – London
  6. Your Glorious Light Will Shine – Helsinki
  7. Sail Away – Santiago
  8. Fallout (Devin Townsend Project)
  9. Strange Machines (The Gathering)

EPICA

Tras unos veinte minutos de espera, el estruendo que se produjo una vez que se apagaron las luces aún debe estar resonando dentro del teatro. Las cerca de 2500 personas que se hicieron presentes la noche del sábado, no dudaron en demostrar toda la euforia que los invadió en el momento, lo cual desde ya daba cuenta la gran jornada que viviríamos junto a los holandeses. Rápidamente comenzó a sonar la intro Ediola, que fue acompañada por los golpes de Ariën van Weesenbeek mientras esta iba tomando forma. De un segundo a otro aparece toda la sección de cuerdas junto al tecladista Coen Janssen para dar paso a Edge of the Blade, primer hachazo del setlist. Bastaron solo un par de acordes para que el centro de la cancha se convirtiera en un caos, aguardando aún la entrada de la frontwoman. Entonces, lo que se produjo una vez que Simone Simons entró en escena, solo se puede definir como una «reacción sobre reacción». Si hasta ahí la cuestión era descontrol, cuesta describir lo ocurrido una vez que comenzó el primer verso. Es cierto que a ratos el micrófono se perdía entre los demás instrumentos y que costó un tanto regular el volumen, pero poco y nada importó considerando el ambiente que había dentro del recinto de San Diego. Desde luego que el «Time to break through/ Your walls are soaring high…» sonó como es debido, siempre con los puños en alto y con el headbanging respectivo.

Un clásico con todas sus letras es la incombustible Sensorium, primera revisión a «The Phantom Agony» (2003). Al ser una de las más queridas por todos, lo único que queda es dejarse llevar por los tonos de la vocalista durante los pasajes más calmados. Sabemos además del contraste que se producirá cuando Mark Jansen haga lo suyo con los gritos más desgarradores, los cuales no son más que un preparativo para el clímax absoluto. ¡Qué manera de gritar y aplaudir durante el «Our future has already been written by us alone/ But we don’t grasp the meaning of our programmed course of life/ We only fear what comes and smell death every day«! Hermosa postal y sin duda uno de los puntos altos de la noche.

Lo siguiente sería un cañonazo de aquellos. En serio, Fight Your Demons tiene todo para convertirse en un clásico de proporciones de aquí al futuro. Más aún al recordar la potencia y la agresividad con la que sonó de principio a fin. Eso sí, antes contó con un pequeño speech de Mark Jansen, donde los agradecimientos y el «You guys are fucking awesome» se llevaron una ovación cerrada de nuestra parte. Así, presenta el track mencionado y vuelve el caos a la cancha. La verdad es que con un temazo de este calibre poco y nada se puede precisar en lo que a detalles más finos se refiere. La fuerza es tal que solo queda disfrutar y apreciar ese coro épico que muestra a Epica en su mejor faceta, desatando así una especie de duelo entre ambos bandos. Mientras unos cantan el «We stand and fight until the end«, otros luego responderán con el «Turn your demons into shadows«. Todo esto acompañados por el gran Coen Janssen, que cada vez se mostraba más enérgico e hiperkinético. Por último, solo queda destacar la tremenda base rítmica cortesía de Rob y Ariën. ¡Pedazo de canción!

Esta vez es Simone quién nos da las gracias y nos introduce al siguiente corte, donde literalmente se llevó todos los aplausos. Hablamos de nada más y nada menos que la interesante Chasing the Dragon, composición que no era interpretada en vivo desde el año 2013 por lo demás. No vamos a descubrir ahora la excelente intérprete que es la cantante, pero así mismo no podemos dejar de destacar su prestancia y presencia sobre el plató. Durante la primera parte logró una sutileza y una emotividad como pocas veces se ha visto. Y es parte de un todo además. Los juegos de luces y la atmósfera reinante están de su lado. Ningún detalle al azar señoras y señores. Entonces, el asunto fue fluyendo poco a poco hasta que llegamos al quiebre y al outro frenético donde todos dan lo mejor de sí. ¡La pegada de Ariën madre mía! Pero esto no es nada sin el huracán de fondo que se despachan Mark e Isaac. A esta altura, no había duda alguna de la cátedra instrumental que la banda estaba dando.

Ascension – Dream State Armageddon y Dancing in a Hurricane fueron las encargadas de bajar las revoluciones y la euforia inicial. Si bien ambas fueron recibidas de manera un tanto fría, obviamente hay un par de elementos que debemos comentar. Para la primera, nuevamente la parte instrumental se llevó gran parte de nuestra atención. Los cambios de tiempos vertiginosos, la orquestación, el apoyo coral y los riffs callejeros no dejaron a nadie indiferente. Para la segunda, nuevamente la sutileza y la calma se hicieron presentes. Decimos esto porque cada pasaje fue construido poco a poco hasta que todo estalló en el coro y en la posterior intervención de Mark. Aplausos para Coen también, ya que junto a su teclado curvo bajó desde la tarima para tener un desplante mayor junto a la sección de cuerdas. Como dijimos anteriormente, ambos cortes estuvieron lejos de estar dentro de lo más destacado de la noche, pero la rigurosidad y la pulcritud en la ejecución siempre estarán presentes.

Nuevamente Mr. Jansen toma el micrófono para dirigirse al respetable y tras un complaciente «You guys rock!«, nos asegura que para lo que viene necesitará toda nuestra energía. Así, Victims of Contingency trajo de vuelta el headbanging generalizado y los puños en alto. En este punto es bueno destacar el trabajo y la complicidad de las dos voces principales. Vale decir, Simone a su debido tiempo se «resta» del papel principal sobre el escenario para dar paso al fraseo del guitarrista, logrando así que todas las miradas se centren en él. Este es el pilar fundamental de la dualidad de los holandeses. Cada intervención está donde tiene que estar y toda la banda juega para que esto funcione de manera óptima. Y para muestra un botón, puesto que durante Cry for the Moon esto es aún más evidente. La frontwoman pregunta si nos sabemos la letra y ante la obvia respuesta, comienza el clásico de clásicos. Faltan los adjetivos para describir esta composición monumental. Hablamos de esos momentos que definen carreras y más importante aún, definen un estilo por sí mismas. Metal Sinfónico a la vena. Y volviendo unas líneas atrás, basta recordar algunas postales sobre el plató para dar cuenta que lo que decimos es cierto. Cada uno brilla cuando es necesario. Mientras se van turnando los versos entre ambas voces, los demás músicos se encargan de no perder pisada y de estar atento a cada detalle. Luego viene el momento donde todo es goce. Pudimos ver a Coen e Isaac haciendo juegos sobre el mástil de la guitarra, o bien haciendo corazones hacia el público. Como era de esperarse, abajo todo era un karaoke con mosh incluido. Nadie se quedó sin cantar «Follow your common sense you cannot hide yourself/ Behind a fairytale forever and ever/ Only by revealing the whole truth can we disclose/ The soul of this sick bulwark forever and ever, forever and ever«, con sing-along incluído. Por último, al igual que en su última visita, Ariën se despacha un solo de gran factura para dar el final perfecto. ¡Insuperable!

Para aprovechar los ánimos y la buena disposición tras lo vivido recientemente, llegaría una sorpresa y quizás el instante más emotivo de todo el show. Concretamente hablamos del dueto entre Simone y Anneke durante la potente Storm the Sorrow. Aunque parezca obvio resaltar algo así, la interpretación de ambas fue simplemente descollante y demostraron una compenetración y respeto mutuo digno de aplausos. No por nada son absolutas referentes en lo que a cantantes femeninas se refieren. Han formado escuela y su influencia a nivel mundial está a la vista. Solo queda agradecer por darnos la oportunidad de apreciar tal espectáculo.

Para finalizar la primera parte del concierto, durante Unchain Utopia y Once Upon a Nightmare se vivió un contraste más que notorio en la recepción de la audiencia. Al igual que en la presentación del año 2015, la primera pasó casi desapercibida para la gran mayoría. Y de forma bastante injusta, puesto que es un gran tema que lamentablemente aún no logra llamar la atención. Por suerte la cosa mejoró notablemente durante la rescatada de «The Holographic Principle«, puesto que tras la petición de Simone, todo el Caupolicán alumbró con el flash de su celular toda la primera parte de la canción. Y la verdad es que al realizar una mirada panorámica de toda la galería, la imagen era realmente conmovedora. Por su parte, el trabajo vocal fue simplemente perfecto. Si a eso le sumamos las intervenciones de la voz en off que solo aumentaban la expectativa para cantar «On a road, changing course» o posteriormente el «He feeds on stainless souls«, la cosa iba directamente a lo apoteósico. Dicho y hecho, puesto que tras la base del teclado, Rob y Ariën crearon una muralla para dar paso a la última estrofa. Así, a las 22:33 hrs. la banda se despide por primera vez del escenario.

Tras un par de minutos ausentes, Coen Janssen  desde el backstage se encargó de animar y de distender el ambiente mientras se preparaban para la última tanda del setlist. Aprovechó de acompañar la melodía de los típicos cánticos de concierto con su teclado y de agradecer el apoyo entregado. Sobre la marcha aparece Isaac para decir «Hola, ¿todo bien? Sí claro» y para advertirnos que debemos gritar «Hey!» cuando él lo indique. Tras un par de ensayos, se suma Ariën y Rob para continuar con las exclamaciones marcando ellos el tiempo. Mientras esto ocurre, salen a escena los miembros restantes y súbitamente todo este interludio se transforma en la notable Sancta Terra. Para qué mencionar lo bien que fue recibida o lo estruendoso que se escuchó el «It’s a place where a wish will be granted/ Come you’ll see I’m right/ It’s a force that will live on within you/ Dark as day is light«. El mosh al centro de la cancha habló por sí solo.

Muy personalmente, Beyond the Matrix por lejos es mi favorita del último LP. Así de simple. Comprenderán entonces mi felicidad apenas la anunciaron. Y me llevé una grata sorpresa al darme cuenta que no era el único que la tiene entre sus predilectas, puesto que fácilmente fue una de las piezas donde el público más disfrutó. Cómo no hacerlo en todo caso, si el coro está hecho para que todos salten y bailen mientras escuchamos esos tonos propios de Epica. Entendiendo que el final cada vez estaba más cerca, no quedó otra que dejar la voz cantando «Shine past the sky, open your mind/ Then you will be balanced and free/ Be the master over your own energy!«. Temazo por donde se le mire. Todo el Caupolicán lo avala. Por último -y como es costumbre-, Consign to Oblivion agotó las últimas energías de los fanáticos. Lo particular en esta ocasión es que ocurrió algo un tanto inusual dentro de los conciertos del género. La cancha se abrió rápidamente dejando un gran vacío en el centro y con los presentes ubicándose a cada costado cuál campo de batalla. Todo indicaba que iba a ocurrir. Sí señoras y señores, ¡tras un par de notas se desató un wall of death de aquellos! Éxtasis, caos y euforia mezclados en cada uno de los participantes. Debo admitir que no me esperaba una reacción así, pero esto solo es muestra de un encore preparado al detalle. La idea era que la adrenalina llegara a tope y se cumplió con creces. De esta forma, casi diez minutos de algarabía pusieron el broche de oro para esta presentación.

Tras una hora y media de complicidad, fidelidad y de compromiso, los holandeses comienzan a despedirse frente a un teatro rendido a sus pies. Epica demostró una vez más que están para grandes cosas y que musicalmente hablando siguen en un nivel superlativo. Como dijimos al inicio, los buenos discos se defienden en vivo, y la banda dio una verdadera cátedra en este aspecto. Estaremos atentos a su regreso por estas tierras, de seguro será todo un éxito.

Setlist Epica:

  1. Edge of the Blade
  2. Sensorium
  3. Fight Your Demons
  4. Chasing the Dragon
  5. Ascension – Dream State Armageddon
  6. Dancing in a Hurricane
  7. Victims of Contingency
  8. Cry for the Moon
  9. Storm the Sorrow (con Anneke Van Giersbergen)
  10. Unchain Utopia
  11. Once Upon a Nightmare

Encore

  1. Sancta Terra
  2. Beyond the Matrix
  3. Consign to Oblivion

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Miguel Fuentes

Europe es una de las bandas más subvaloradas en la historia del Rock. Que quede claro desde ya. Muy injustamente, algunos insisten en catalogarla como una agrupación de tan solo uno o dos éxitos conocidos con los que han logrado sobrevivir todo este tiempo (entiéndase The Final Countdown y Carrie). Y bien esto puede ser cierto, ya que la mayoría de la masa auditiva no está en conocimiento de la larga trayectoria de los suecos y mucho menos de la calidad superlativa de sus últimos trabajos. Porque «Last Look at Eden» (2009) y el más reciente «Walk The Earth» (2017) -sólo por nombrar un par- son una oda al Heavy Metal y al Hard Rock hecho y derecho. Pero más importante aún, son una oda a la reinvención y la vigencia tras más de treinta años de carrera. Pues bien, con esto último -y volviendo unas líneas atrás-, muchas veces uno se cuestiona cómo es que Europe no tiene el sitial que se merece dentro de la escena mundial o cómo es que hay algunos que insisten en pasarlos por alto con cada nuevo trabajo que van publicando.

Ahora, para suerte de los entendidos, dentro de la última década se han hecho habituales por estas tierras y han arrasado con todo a su paso con cada presentación en el Teatro Caupolicán. Y esta vez no tendría porqué ser distinto, ya que tras su show en el festival viñamarino, nuevamente demostraron toda la calidad y la prestancia que poseen. Un show sólido en todos los frentes que sirvió para demostrar la «buena salud» y la energía que poseen. Pero vamos a lo que nos convoca. Parecía casi lógica la confirmación de este sideshow donde la banda podría tocar un setlist más extenso y realizar un concierto más «íntimo» en el lejano Casino Monticello. De esta forma, una vez ingresado al recinto, rápidamente llegó una sensación de satisfacción al ver numerosas poleras negras rondando los pasillos y los stands que circundan el Gran Arena Monticello, ya que es un recinto nuevo para esta música que tanto amamos.

Apenas unos minutos antes de la hora pactada, y con la carátula del último LP de fondo en las pantallas, el puntapié inicial no podía ser otra que la notable Walk the Earth, canción que demostró todo el poderío de los suecos en base a un ritmo lento, pero que con cada pegada de Ian Haugland parecía que el techo se iba a venir abajo. Por su parte, el maestro de ceremonias mantuvo una postura más bien sobria cantando cada frase con una prestancia y un dominio escénico como pocos. Desde luego que el «Yeah, we walk the earth/ Like champions / With heart and soul / Like champions» se escuchó en lo alto, logrando que los más entusiastas acompañaran al frontman en el estribillo. Eso sí, el momento que se llevó todos los aplausos fue cuando Joey lanzó un enérgico «Come on Johnny!» justo antes del solo de guitarra. Y como era de esperarse, John Norum simplemente dio cátedra en sus funciones. ¡Excelente comienzo!

Debo admitir que mi favorita de «Walk the Earth» por lejos es The Siege. Básicamente porque es de esos tracks que van directo al hueso, sin grandes pretensiones, melódicos y por sobre todo, tiene una letra a prueba de balas que te queda dando vueltas en la cabeza de inmediato. ¡Qué manera de cantarlo! Joey dejó la vida en el «We can’t let go of this rage and rule / For another day we can take no fools / From this siege our hope has sprung / The revolution has to be won!«. Y ojo, que esto solamente sirvió como preámbulo para uno de los clímax de la noche, ya que tras el cordial «¡Buenas noches Monticello!» vendría la primera revisión a «The Final Countdown» (1986). Hablamos de la incombustible Rock the Night, donde podemos afirmar que ya estamos en territorio conocido. Vale decir, aplausos al ritmo de la batería, sing-along por doquier, el vocalista animando a los presentes y el «Rock now, rock the night / ‘Til early in the morning light / Rock now, rock the night / Rock now, rock the night / You’d better believe it’s right / Rock now, rock the night» resonando en cada rincón. Pedazo de clásico y un temazo por donde se le mire.

De vuelta a las composiciones de la nueva era, a todas luces una de las más sobresalientes es Last Look At Eden, donde Mic Michaeli logró recrear la atmósfera y la «orquestación» del track a la perfección. En tanto, Ian y John Levén hicieron lo propio con la base rítmica predominante en las canciones del nuevo milenio. Y es que hablamos de un verdadero cañonazo, de esos que desatan un headbanging generalizado y que luego te hacen levantar el puño para cantar a todo pulmón. Solo basta recordar el «One last look at Eden / Just stop believing and walk away…» para saber que lo que decimos es cierto.

«Se ven bien» fue lo primero que dijo Joey una vez que quedó solo en escena. Aprovechó la instancia para dirigir unas pequeñas palabras a la audiencia y para preguntar cuántos habían visto el show de anoche en el Festival de Viña. Por supuesto que todos respondieron afirmativamente. Tras cartón nos da las gracias por «viajar al Monticello» y sobre la misma nos adelanta que tocarán dos piezas pertenecientes al «Walk the Earth«: GTO y Turn to Dust. La primera si bien sonó tan «callejera» y vertiginosa como en su versión en estudio, lamentablemente fue empañada por un problema de sonido bastante poco habitual. De pronto la amplificación dejó de funcionar en medio del solo de guitarra de John, dejando así a la banda sonando con su backline sobre el escenario. Por suerte los músicos no se vieron afectados por esto, ya que a juzgar por la actitud y por sus movimientos en el plató, ellos jamás no se dieron cuenta del percance y siguieron con la parte instrumental como si nada. Nosotros en tanto, no dudamos en manifestar nuestro malestar por la situación de forma inmediata. Una lástima la verdad. Pero bueno, al menos Turn to Dust puso las cosas en su lugar y pudimos disfrutar de ese outro épico, que contó además con la participación del frontman junto a un pandero para marcar el tiempo.

En contraste a la dupla anterior, llegarían dos clásicos de proporciones. Supertitious fue introducida entre risas luego de que Joey exclamara «Oh right!…la raja«. Así, el «Keep on walkin’ that road and I’ll follow / Keep on callin’ my name, I’ll be there…» no se hizo esperar, destacando también el trabajo de las segundas voces en el estribillo. Por supuesto que hablamos de una de las más queridas de la fanaticada, pero en esta ocasión queremos destacar el hecho de que el cantante se notó bastante más movedizo e inquieto. Tanto así que bajó cuidadosamente a la barricada para saludar a los más próximos a la reja. Un crack de clase mundial. Y esto solo fue en aumento al pasar a un tema que no necesita introducción alguna. En serio, ¿se puede agregar algo más de Carrie? Los años pasarán y seguirá sonando con la misma intensidad de siempre. Cada uno de los presentes se encarga de darle su propia teatralidad e interpretación al asunto. Para los que asistían por primera vez a un concierto de los suecos, esto equivale a saldar una deuda histórica con la banda y consigo mismos. Para otros esto se traduce en dejar nuevamente la voz como ya lo han hecho en otras ocasiones. Porque nada se compara a corear una canción que ha marcado tu vida y que pertenece al soundtrack de generaciones. ¡Qué grande Europe, loco!

Pasamos al primer interludio del show con el interesante solo de batería de Ian, donde demostró parte de sus virtudes mientras de fondo sonaba la famosísima William Tell Overture de Gioachino Rossini. Así, entre cada pasaje iba poniendo de su cosecha, destacando su trabajo sobre el doble pedal que retumbó sin pausa alguna. Más que merecida la ovación, ya que fue una intervención precisa y concisa, sin exageraciones y que además marcó la pauta para entrar de lleno a la segunda parte del setlist.

Antes de ese cañonazo llamado Scream of Anger, Tempest se encarga de presentar a toda la banda y de pedirnos además si podemos cantar la canción de cumpleaños para John Norum, quién según las bromas del cantante, cumplía tan solo 29 años. Y sus deseos son órdenes, puesto que toda la Arena Monticello se hizo una sola voz para la dedicatoria. Bajan los aplausos y en cosa de segundos comienza a sonar la composición señalada. Loco, ¡qué temazo es Scream of Anger! Es increíble que aún no sea considerada como una de las grandes creaciones de los suecos. En serio lo decimos, acá hay una labor inconclusa de todos nosotros. Es necesario hacer una reflexión interna de cómo es que no está dentro de las favoritas de la fanaticada. ¿Escucharon como sonaba el bajo de Levén? ¿Y qué hay del doble pedal? ¿El «This is the price I have to pay» del final? La verdad es que sobran los calificativos. Volvemos a la introducción: Europe es una de las bandas más subvaloradas de la historia. Para nuestro bien, tras una pequeña intro de Mic, la reacción fue más que estridente una vez que entró de lleno a tocar las primeras notas de la bellísima Sign of the Times, la cual resume de gran manera el sonido de la banda durante los años ochenta. Sin duda otro de los puntos altos de la noche, que se resume en una interpretación superlativa de cada uno de los músicos. Para el recuerdo queda el «It’s the way that we make things right / It’s the way that we hold on tight / I know, it’s the sign of the times…» que contó con la interpretación de un frontman cada vez más hiperventilado. ¡Doblete para enmarcar!

Segunda pausa en el setlist y llegaría el turno de la instrumental Vasastan. Pieza instrumental que demuestra toda la clase y los años de carretera del guitarrista (con guiños evidentes al gran Gary Moore). Da gusto poder escuchar una interpretación de estas características, donde no es necesaria la velocidad ni el virtuosismo demostrado en exceso con técnicas metahumanas. No, solo una ejecución pulcra y al detalle para lograr la atención de todos. Ovación cerrada y nos preparábamos para la tanda final.

Siguiendo con el álbum del año 2015, War of Kings y Hole in My Pocket fueron recibidas de manera mucho más fría. Injustamente, la primera incluso fue pasada por alto por gran parte de la audiencia. Por su parte, la segunda revivió fantasmas del pasado de los cuales no quisiéramos hablar. La amplificación fallaría por segunda vez, siendo en esta oportunidad de manera mucho más extensa. Ahora, siendo lo más objetivos posibles, estos dos desperfectos en el sonido son «perdonables» (que se entiendan las comillas, por favor) considerando que no ocurrieron durante las canciones más esperadas de los asistentes. Pero la reacción de todos cambia evidentemente cuando la afectada es un clásico como Open Your Heart. Y duele aún más al ver todo el preámbulo que se genera antes de que comience a sonar. Porque en primer lugar el cantante se cuelga la guitarra acústica, señal inequívoca que se viene un karaoke de aquellos. Obviamente nos incita a cantar junto a él, para que finalmente todo explote en ese estribillo que brilla con luces propias. Entonces, ¡no puede ocurrir la misma falla dos veces durante la misma canción! Las caras  a mi alrededor ya eran casi de decepción y no fueron pocos los que llegaron hasta la mesa de sonido para pedir explicaciones. Y cómo no estarlo, si se cortó toda la inspiración del momento, mientras la banda sí se escuchaba a través del backline del escenario. Pero bueno. Siempre hay algo que destacar. Todos nos encargamos de seguir cantando la letra como si de eso dependiera nuestra vida. Había que salir adelante de alguna forma, y contra vientos y marea lo conseguimos.

Cambio de guitarra para Joey y vendría la rockera Ready Or Not, con la cual la banda sigue demostrando todos sus atributos y que en vivo siguen siendo un aplanadora. Más que destacable es el trabajo de las guitarras, que se llevan todo el peso en cada matiz, mientras Michaeli hace lo propio con los arreglos de teclado sonando de fondo. Así, pasamos al grand finale. El momento más esperado para todos los presentes. Cherokee y la sempiterna The Final Countdown desataron la algarabía y la euforia de cada uno de nosotros. Este es precisamente uno de esos instantes en el que sabemos perfectamente lo que hay que hacer. Sabemos que hay que saltar una vez que caen todos los instrumentos. Sabemos que hay que cantar cada una de las estrofas y especialmente los coros «Cherokee! marching on the trail of tears!«, además de «It’s the final countdown!«. Sabemos que hay que dejarlo todo porque esto ya está acabando. ¡Una verdadera fiesta en la cancha!

Así, a las 23:20 hrs. los suecos comienzan a despedirse entre aplausos y ovaciones cada vez más estridentes. Es cierto que hubo varios factores contraproducentes en la previa y en el desarrollo del show que pudieron afectarlo de forma considerable. En primer lugar, la lejanía del recinto desde luego que impidió que muchos fanáticos asistieran al concierto. Luego, tras la presentación en el festival viñamarino apenas horas antes, se eliminó el factor sorpresa y ya todos íbamos con una idea bastante clara de lo que veríamos en escena. Y finalmente, los problemas técnicos mencionados pudieron fácilmente haber arruinado una jornada tan especial como esta. Pero no. Europe a punta de clase, de buenas canciones, de interpretaciones que rozan la perfección y de años de experiencia, logró demostrar que son una agrupación de clase mundial. De esas que hay que ver al menos una vez en la vida. De esas que se merecen el reconocimiento de todo amante de la música. ¡Que vuelvan cuando quieran!

Setlist Europe

  1. Walk the Earth
  2. The Siege
  3. Rock the Night
  4. Last look At Eden
  5. GTO
  6. Turn to Dust
  7. Supertitious
  8. Carrie
  9. Solo de Batería
  10. Scream of Anger
  11. Sign of the Times
  12. Vasastan
  13. War of Kings
  14. Hole in My Pocket
  15. Open Your Heart
  16. Ready or Not
  17. Cherokee
  18. The Final Countdown

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Rage es una banda de culto. Es cierto que a estas alturas ello suena a frase cliché, pero es una realidad palpable y verificable. El inagotable caudal compositivo de Peter “Peavy” Wagner sigue generando admiración: ¿cuántas bandas, hoy en día, son capaces de sacar tanta música nueva como Rage? Sólo un botón de muestra: la banda registra un disco el 2016 y otro el 2017. Eso lo hacían las bandas en los ´80, hoy prácticamente nadie saca discos así de seguido –con el devenir de la tecnología, las formas de generar recursos por parte de las bandas distan de orientarse hacia la creatividad compositiva–.

Pero Peavy es un experto remero contra la corriente. La primera –y hasta esta jornada, única– vez que vino Rage a Chile fue en ese enorme 2011 plagado de conciertos que muchos pensábamos como irrepetibles. Y creo que muchos pensamos en que Rage no volvería a pisar estas tierras, son un grupo más bien de “nicho” y difícilmente sea un gran negocio económico aventurarse a traerlos. Sin embargo, se hacía realidad la chance de tener nuevamente a Peavy sobre un escenario nacional, esta vez junto a Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en batería, y al venezolano Marcos Rodríguez en guitarra y coros.

Para intentar resumir en una frase corta lo que fue el show, me daré el lujo de plantear una situación de gusto personal. Quien escribe estas líneas es fanático de la guitarra del bielorruso Victor Dmitrievich Smolski, un verdadero genio de las seis cuerdas a quien vimos con Rage el 2011 y que hace algunos años abandonó la banda. A tal punto que quizás Smolski esté convocado a su banda ideal, o al menos sea un reserva de lujo de Wolf Hoffmann y Kai Hansen. Sin embargo –e intentando ahora dar con la frase prometida al principio de este párrafo–, lo mejor que le pudo haber pasado a Rage es la llegada de Marcos Rodríguez.

Qué está diciendo este caballero”, se preguntará el amigo lector que no fue al concierto. O el que fue. Intentaremos explicárselo a lo largo de estas líneas que, como nunca, procurarán ser breves.

Llegamos al Pub Subterráneo poco antes de las 20.00 y nos encontramos con la primera banda soporte, Austral, probando sonido y con un telón de fondo con el logo de la banda. Palabras aparte para Subterráneo: un recinto ordenado, con buenas instalaciones, menos caluroso de lo previsto, con buena venta de productos, hasta con baños sin necesidad de usar gualetas, sin olores inaceptables ni mucho menos nauseabundos. Dedo para arriba.

Con unas doscientas personas en el recinto, y con algo de atraso respecto a lo previsto, los muchachos de Austral comenzaron su presentación a las 20:15 horas. No había tenido la oportunidad de escuchar a estos muchachos y de verdad su propuesta de lo que ellos mismos denominan como “Metal Étnico” es bastante interesante y admite muchas posibilidades de desarrollo. Presentando buena parte de su trabajo que mezcla elementos de Metal con influencias evidentes de nuestra música de pueblos originarios –particularmente de la zona sur–, este quinteto nacido en el 2009, compuesto por Pablo Yáñez en voz, Mario González en guitarra, Juan Francisco Contreras en bajo, Luis González en batería y Jorge Saldaña en percusión, exhibe un atrevimiento que hace inevitable recordar a “Roots” de Sepultura, aunque evidentemente desde una perspectiva chilena, con diversos instrumentos extra.

Con algunos ritmos de cueca, momentos en que Pablo sacó sonidos de una trutruca o de cascabeles, el propio Pablo con Mario tocando flautas, lo de Austral llama la atención no sólo por su puesta en escena, sino porque además no pierden la esencia de ser una banda de Metal, con actitud, incluso el propio Pablo recuerda –guardando las proporciones– algunas cosas de Phil Anselmo aunque sin ese elemento tan cuestionable de autoinferirse lesiones craneanas con el micrófono. Presentando material de su disco 2017 “Patagonia”, que busca representar los genocidios de pueblos originarios en el sur profundo de nuestra tierra –particularmente los Selknam–, son una banda para darle más de una vuelta. “Patagonia” está completo en YouTube y definitivamente vale la pena explorar la propuesta de Austral, que a lo mejor cuesta un poco en principio conectar con ella –para quienes somos un poco más cerrados–, pero que pasado ese umbral de cierta incredulidad, uno logra apreciar y disfrutar. Muy interesante lo de Austral, que en media hora de show capturó nuestra atención –incluso la de “Lucky” Maniatopoulos, baterista de Rage, a quien vimos presenciando parte del show como un asistente más, probablemente le haya llamado la atención ver a un percusionista además del baterista– y nos hizo sentir un poco más chilenos, no en el sentido chauvinista, sino que como parte de esa mezcla racial siempre dinámica que nos hace ser quienes somos.

Setlist de Austral:

Newen
Kloketen
Cacería
Mantra Suicida
Franja de Sangre


Luego de que la organización hiciese pasar a los ganadores del Meet & Greet con Rage, a las 21:00 horas sería el turno de Iron Spell, una de las bandas insignias de ese Metal más tradicional que tiene un circuito extremadamente fiel en nuestro país, ese Metál con tilde en la á, con esas cosas retro de escucharlos en cassette y con walkman mientras uno se hace una piscola con Free y pisco Control, más metálico que metalero. En este circuito al que hacíamos referencia, Iron Spell la rompe con su puesta en escena retro y con mucho cuero, genera una adhesión tremenda por parte de su fanaticada, y si bien ahora los asistentes iban primordialmente a ver a Rage, el quinteto compuesto por Merciless en voces, Rocko Van Roman en bajo, Raiden y Terry en guitarras y Steelhammer en batería no tuvo el más mínimo problema en conquistar a una audiencia ya cercana a los trescientos espectadores y convertirla en esa caldera que ellos logran formar en sus presentaciones.

A estas alturas no es disparatado sostener que Torches In The Woods, We Are Legion o Heavy Metal Witchcraft son clásicos del Metal nacional, y particularmente este último corte, con el cual cerraron su presentación tras media hora una importante dosis de Metál tradicional, con Merciless mostrando un vinilo de su ya famoso demo “Heavy Metal Witchcraft” que le fuese entregado desde el público. A estas alturas del partido, Iron Spell es jugar a la segura y siempre es un agrado presenciar su entrega, puesta en escena y capacidad de transportarnos a años fenomenales que a muchos nos habría gustado haber vivido.

Setlist de Iron Spell:

Evil Gipsy
Night of The Mothman
Torches In The Woods
We are Legion
Riding in the Darkness
Heavy Metal Witchcraft 

Cambia el telón por parte de la portada del último trabajo de los alemanes, el solidísimo “Seasons Of The Black”, y llegaría lo que todos estábamos esperando: la salida a escena de Rage. A las 21:45 se fueron las luces y una intro mezcló algunos pasajes de canciones de Rage sonando como en una radio AM mal sintonizada –alcanzamos a detectar Until I Die y Soundchaser–, pasando a la breve instrumental Gaia como intro de Justify, tema de la última placa de la banda y que abriría los fuegos del plato de fondo de la velada. Sale primero Lucky hacia la batería, luego el venezolano Marcos con su guitarra y, finalmente, por supuesto, el gran Peter “Peavy” Wagner, respecto del cual a uno se le ocurren muchos adjetivos calificativos, pero uno se aventura a sostener que el que quizás mejor le quede, sea el de ser un tipo querible. Con esa impronta temible de ser un individuo de más de 1.90 metros de estatura, superar con largueza los tres dígitos en la balanza y una barba intimidante, Peavy sonríe, nos saca la lengua y se le nota feliz en el escenario con su voz raspada, quizás no virtuosa, pero con la solidez y potencia de siempre.

A continuación de los primeros “Peavy, Peavy” que después derivaron a “Marcos, Marcos” y finalmente a “Rage! Rage! Rage” por parte del público, Peavy nos saluda en español diciéndonos “hola amigos, ¡qué pasa!”, y luego nos pregunta en inglés si estamos listos “for some fucking Metal!”, y sin respiro nos lanzan uno de los más intensos, rápidos y descuajaringadores temas de toda la carrera de Rage, una joya como Sent By The Devil. Uno veía la cara de Lucky machacando los tarros con ese incesante “tuca tuca” y se conmovía, y también llamó la atención que Marcos logró hacer la armonía de parte del solo, recordando que en el tiempo en que se lanzó el glorioso “Black In Mind” –disco al que pertenece esta canción– la banda tenía dos guitarras.

Después de bajar un poco las revoluciones con From The Cradle To The Grave de “XIII, Peavy nos dice que es maravilloso estar de vuelta en Chile y nos presentó a la banda, y en su primera intervención con el público, Marcos derechamente se robó la película, en el buen sentido. Un individuo con un talento sorprendente, como iremos viendo, no sólo por ser un muy buen guitarrista, sino que un tipo muy carismático y simpático, que no sólo nos habló en español, sino que imitó el acento chileno con frases “cantaditas” como “la raja hueón”, causando carcajadas del público. Y Peavy nos pregunta si nosotros los metaleros somos gente que hacemos las cosas a nuestra manera, evidentemente introduciendo lo siguiente, que sería My Way, uno de los temas más destacables de los últimos años de carrera de un trío que suena con tal nivel de potencia y sincronía que uno no puede entender cómo cresta pueden hacerlo si son sólo tres.

Los “o-ooo-oh, o-ooo-oh” del público, tan típico de los conciertos metaleros, fue seguido por Marcos y Lucky durante algunos instantes, previos a que Peavy nos presentara Nevermore, clásico de “The Missing Link”, otra de las joyas con las que cuenta el catálogo de Rage, muy coreada por un público que respondió de la misma forma con el corte que abre la última placa de la banda, Season Of The Black, una patada en la cabeza con estoperoles. En este tipo de conciertos, quizás menos masivo y más de nicho, una de las gracias es que el público generalmente es muy fanático y aplicado, y reacciona casi de la misma forma con clásicos de los ’80 o ’90 que con temas actuales. Lo que en otros conciertos marca contrastes evidentes en ese aspecto, en este show no se vio y parece un buen momento para destacarlo en esta reseña.

Vendrían nuevos “Rage! Rage! Rage!” del público y agradecimientos de Peavy (“muchas gracias, cabrones!”), tras lo cual líder nos comenta que van a tocar un tema que no han ensayado mucho, y la intervención de Marcos “en chileno” diciéndonos “puta que buena, hueón” causó una nueva tempestad de risas, que aumentaron cuando el propio venezolano nos dijo que lo siguiente provendría de un disco lanzado en 1996, y que fue uno de los primeros temas de la banda que él escuchó porque ese año él nació. Luego, con un ceño forzadamente adusto nos dice que “ahora, serio, porque somos Rage”, nos presentaron Deep In The Blackest Hole y End Of All Days, dos solidísimos cortes del propio “End Of All Days”, uno de los trabajos más queridos de toda la carrera de la banda. Excelente momento de sing-along con el segundo de los temas mencionados.

A continuación de Turn The Page, con Peavy sacando la lengua en su forma tan característica, Marcos nos dice que su madre está en Tenerife, al otro lado del “charco” (refiriéndose al Océano Atlántico), y quiere que ella escuche cómo lo estamos pasando, haciéndonos emitir un grito colectivo que, esperamos, se haya sentido en las Islas Canarias. Un tipo muy simpático y sencillo, con el cual tuvimos la oportunidad de intercambiar un par de palabras antes del show, mostrándose muy contento por estar por primera vez en La Patria Grande junto a Rage, dándonos las gracias por el recibimiento y presentándonos un tema de “Black In Mind” compuesto –cómo no– por “la leyenda Peavy, y que espera que el propio Wagner se lleve un lindo recuerdo de la reacción del público con The Price Of War, otra gema destacada de una placa extraordinaria como la señalada.

Nuestra reacción fue calificada como “amazing!” por parte de Peavy y Marcos, y acercándonos –lamentablemente– al final del show, la banda nos entregaría el single de su último disco, la excelente Blackened Karma, tras lo cual Marcos nos dice “nos vemos, chao”. Ante nuestra negativa, vendría otro de los platos fuertes, “la canción más antigua de la noche”, incluso Peavy nos señaló que “ni siquiera me acuerdo cuándo la compuse”. Nada menos que esa gloriosa pieza llamada Don’t Fear The Winter, probablemente el tema insignia de Rage, que provocó la reacción enfervorizada de un público que quería más. Sin embargo, la banda se despidió por unos momentos del escenario, terminando la primera parte del show.

Pero quedaba algo más. La banda vuelve a escena con la última canción de la jornada, nada menos que Higher Than The Sky, sin dudas uno de los temas más queridos de la banda y con la que acostumbra cerrar sus shows. Pero la interpretación contaría con un Marcos que se robaría la película. Peavy es tan inteligente como humilde y no tuvo problemas en ceder el protagonismo a un hermano hispanoparlante tocando en Latinoamérica, que se sintió a sus anchas llamando a los “higher than the sky, we’re / higher than the sky, sky, sky”. Sin embargo, el jam de guitarra y los homenajes a Ronnie James Dio con pasajes de Heaven And Hell y Holy Diver fueron realmente impresionantes, fundamentalmente gracias al histrionismo, talento y carisma de Marcos para no sólo cantar muy bien, sino que imitar excelentemente el timbre y el lenguaje corporal del fallecido Enano Maldito. Así, a las 23.10 horas, y con la banda manifestando desear vernos pronto nuevamente, Rage se despide del escenario, con Marcos metiendo pasajes de La Marcha Imperial en el final del tema y con un Peavy dándole un fraterno y paternal beso en la cabeza al momento de otorgarnos su reverencia de despedida.

¿Bueno, pero corto? ¿O corto, pero bueno? Queda a criterio de quien haya estado presente. Lo que sí, parece no haber duda alguna en que se trató de un show redondo, que no decayó en ningún instante, con un sonido bastante bueno y con una banda cuya solidez y redondez sigue sorprendiendo, y perdura esa sensación de incredulidad de cómo se puede sonar así siendo apenas tres músicos. Se nota una banda rejuvenecida y revitalizada con esta formación, y definitivamente hay Rage para rato. Y si además tenemos ahí a un hermano latino, ¿qué mejor?

Setlist de Rage:

Gaia (Intro) / Justify
Sent by the Devil
From the Cradle to the Grave
My Way
Nevermore
Season of the Black
Deep in the Blackest Hole
End of All Days
Turn the Page
The Price of War
Blackened Karma
Don’t Fear the Winter
Encore:
Higher Than the Sky / Heaven and Hell / Holy Diver / Higher Than the Sky

Review: Darío Sanhueza De la Cruz
Fotos: Diego Pino