Live Review: Angra en Chile (2018)

“Skies are falling down”. No es Lisboa, es Santiago, pero el cielo se rompe de igual manera y la lluvia cae sobre el ancho y largo de la Alameda. La fila de asistentes hace contraste negro a las coloridas tiendas de ropa infantil que empiezan a cerrar por la galería donde se ubica Blondie: el lugar de reunión para esta noche de Power Metal latinoamericano.

Abren las puertas; pasos descienden hacia el salón subterráneo y la barra se hace lugar de conversación amena mientras el telón digital muestra el logo de la banda con el oscuro concepto artístico del álbum que justifica la gira. Dos paneles tapan los amplificadores, solo la batería es visible; se podría pensar que ayuda a la inmersión o que es una propuesta minimalista, no hay opción (para aquellos que les gusta registrar detalles) de una foto al hardware. De todos modos, hacia las últimas afinaciones a la batería, el ensombrecido escenario capta mayor atención y comienza a sonar a modo de intro “Dr. Tyrell’s Death”, perteneciente a la banda sonora de la distopía sci-fi Blade Runner. Tensión pura.

Con la banda instalada parcialmente, Bruno Valverde comienza un ritmo familiar en la batería. Nothing to Say prende como pesada marcha. Al medio del escenario, entre la neblina del hielo seco, Rafael Bittencourt se impone con presencia en saludo a los asistentes, que ya se encuentran rechazando el suelo al ritmo de la batucada cabeceable. El último en aparecer, el gran Fabio Lione comienza los primeros versos. El salón de la Blondie se transforma en una fuente de calor impresionante. “Oh, I saw the gleams of gold…” ni Fabio ni Rafa cantaron ese puente con mayor ímpetu que los asistentes. Un comienzo con todo de parte de la banda y del público, realmente no hay nada que decir (perdón lo Meruane).

En favor de la buena recepción de “ØMNI” y lo que significa para Angra, podemos anticipar que ocupará bastante protagonismo en el setlist. El riff de Travelers of Time comienza a sonar en la conducción de Rafa y Bruno, el público, por supuesto… “¡eh, eh, eh!”. Fabio aparece, pero una expresión en su cara y miradas inquietas acusan que algo no anda bien. Al parecer, un problema con el retorno impedía que Fabio se escuchara y el volumen oscilaba entre bajos y altos. Debido a esto, Fabio continuamente desapareció y apareció en el escenario. Por fortuna, venía el segmento de Rafa en voz, por lo que algo de tiempo hubo para arreglar el problema, pero no hubo frutos. En un momento Fabio simplemente no se escuchó a comodidad.

Bajo esta inseguridad de parte de la voz de Lione comienza Angels & Demons del majestuoso “Temple of Shadows”. Rafa entra en cuenta del calor y se libera de la chaqueta que soportó sobre sus hombros desde el inicio. Esta versión de la canción tuvo un ligero acomodo en la melodía, ajustándolo a un registro más grave que al álbum. Algo extraño suena, al parecer no es un tema que a Fabio le acomode del todo, cosa rara teniendo en cuenta el registro increíble del tenor italiano (y vaya que le gusta mostrarlo repitiendo un juego con el público que también realiza en sus presentaciones con Rhapsody).

Newborn Me, single del disco “Secret Garden”, es la siguiente. Si bien el público no prendió tanto al inicio, la parte instrumental de esta canción pone los pelos de punta. Para aquellos, más fans de la era Matos, fueron luego agasajados con Time, del recordado “Angels Cry” que fue aceptada en unanimidad y en completo coro, incluso los segmentos instrumentales cuyas melodías el público no se aguanta seguir en voz.

Volviendo al álbum de la gira, Light of Trascendence suena rápidamente. “Human conception comes!”, un tema hecho para ser coreado, bastante cómodo para Fabio por la cercanía a Rhapsody, pero el público pareció más entusiasta de corear la melodía que las letras. No a todos les resulta familiar el nuevo disco, el ambiente no estaba tan prendido, pero esto no duraría, ya que Rafa toma el intro de Running Alone e inmediatamente reanima al público con un clásico. Y volviendo a la gira desde la nostalgia, es el turno de mostrar Insania, canción desafío para Fabio por el agudo a alcanzar al final del coro. Los problemas de sonido no ayudaron a esto, pero nunca fue tan grave para un público que estuvo dispuesto a corear esta canción. Al parecer, una de las que ha llamado la atención de “ØMNI”.

Con una gran ovación y sólido apoyo de parte del público, se desarrolló el solo del joven Bruno Valverde que dejó a más de un asistente con la boca en el suelo. Sin embargo, no sería el único momento en donde escucharía voces de impresión y sorpresa. Black Widow’s Web, canción de “ØMNI” con Sandy y Alissa White-Gluz de invitadas, increíblemente fue parte del setlist, con Rafa tomando el lugar de Sandy y Lione cubriendo la gutural voz de Alissa. Caras de asombro por miles. “La voz de Fabio debería ser ilegal”, podrían haber pensado, sin recordar “Aeons of Raging Darkness” de Rhapsody of Fire.

Para Upper Levels, ØMNI – Silence Inside y Ego Painted Grey llegó el momento de admirar el talento de la banda. Estas canciones, que contienen gran habilidad técnica, refuerzan a Angra como banda también de Metal Progresivo. Los coros cedieron, pero las ganas estaban ahí, tranquilas esperando el regreso.

Rafael Bittencourt es el único integrante de la banda original, dedicando un pequeño discurso a como “ØMNI” es un renacer de la banda y la forma en que Marcelo Barbosa y Bruno Valverde se están haciendo parte fundamental de Angra. De todas maneras, Rafa recuerda a los integrantes que han pasado en la trayectoria de Angra y han dado los cimientos para una banda que este 9 de junio el público chileno le dio merecidos aplausos. Lisbon comienza con gran ovación y nostalgia. Una presentación genial de parte de la banda al recordar un tema del desmerecido “Fireworks“, el público lo agradeció con creces.

El narrativo tema Magic Mirror de “ØMNI” vendría a poner un punto seguido a la noche. O más bien, el comienzo del final. Luego del encore, Rafa sale solitario a manipular el encordado de clásico para interpretar Reaching Horizons, uno de los primeros temas de la banda. Un momento único en el escenario. La banda se compone de nuevo para la interpretación del tema que le da el título al álbum del 2001: Rebirth. Estas dos baladas trasladaron al público a otro ambiente, un antecierre bien planeado para despertar el recuerdo y rememorar también la era de Edú Falaschi y Aquiles Priester.

Dos temas de dos eras y así también sería el final. Los himnos de Angra (y probablemente las primeras canciones de muchos). Carry On suena y el público entra en frenesí, sin embargo, me da la sensación de que fue aún mayor la sorpresa cuando a media canción comienza Nova Era. Espectacular cierre desde lo más alto. La banda se despide con el outro-coda ØMNI – Infinite Nothing.

Varios que la pedíamos extrañamos Z.I.T.O, sin lugar a dudas. Pero este nuevo Angra probó su valía ante el público regalándonos pequeños momentos y algunas risas como cuando Rafa cedió su micrófono a Fabio. Es irónico, porque el aspecto que más me agrada de esta nueva era de la Diosa del Fuego, es que Bittencourt cada vez más se atreve con la parte lírica. También, algo de lo que estoy seguro (y sin desmerecer a Marcelo, que tocó increíble), es que Kiko Loureiro es todavía parte de la banda. La reunión de la pareja de guitarristas es inminente. Gracias Angra por poner a Latinoamérica en el mapa del Power Metal.

Posdata: Cabros, las uñetas y baquetas son sólo eso. Uñetas y baquetas. No es necesario calentarse por pequeños recuerdos para después cuando el recuerdo que vale está en el presente.

Setlist de Angra en Chile:

01. Nothing to Say
02. Travelers of Time
03. Angels and Demons
04. Newborn Me
05. Time
06. Light of Trascendence
07. Running Alone
08. Insania
09. Solo de Bruno Valverde (batería)
10. Black Widow’s Web
11. Upper Levels
12. OMNI – Silence Inside
13. Ego Painted Grey
14. Lisbon
15. Magic Mirror
Encore
16. Reaching Horizons
17. Rebirth
18. Carry On/Nova Era

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Karim Saba

Live Review: Mägo de Oz en Chile (2018)

A modo de transparencia y de contextualización de cara a lo que nos convoca, debo aclarar y admitir que Mägo de Oz probablemente debe ser mi banda favorita de toda la vida. Si bien es cierto que con el pasar de los años uno como fanático va conociendo agrupaciones nuevas, se comienza a “afinar” el gusto musical y a su vez se van explorando nuevos géneros y estilos asociados, en ocasiones como estas la raíces no se pueden olvidar. Así de simple. “La sangre tira“, dirían por ahí. Para muchos -y me incluyo-, asistir a un concierto de los españoles es casi un deber cívico. Es una forma de renovar votos, de recordar viejos tiempos y de simplemente dejar la vida cantando cada una de las canciones que nos han acompañado más de la mitad de nuestra existencia. Y esta vez no debía ser distinto. Más aun si venían a celebrar sus treinta años de carrera, prueba irrefutable de que siguen siendo una de las bandas que ha llevado el estandarte del Metal en español en lo alto tras años y años en el ruedo.

Una vez dentro del recinto de San Diego, me causó gran alegría y satisfacción el percatarme que esta expectativa y admiración por los madrileños era compartida por miles de seguidores. No exageramos al decir esto. El Caupolicán estaba hasta las banderas. Repleto a más no poder. Señal inequívoca de que el teatro se vendría abajo apenas aparecieran los músicos en escena. Pero antes de eso, desde luego que está la previa en la cancha y en la galería, tan típica a esta altura del partido. Globos, cánticos y un particular personaje vestido de Jesús (haciendo un homenaje a Jesús de Chamberí) que se paseaba por todo el segundo nivel, iban amenizando la eterna espera antes del show.

Ya acercándonos a la hora pactada, y después de cantar a todo pulmón el coro de Livin’ on a Prayer y de It’s My Life, a las 21:00 hrs. en punto se apagan las luces ambientales produciendo una de las reacciones más estruendosas de toda la jornada. Rápidamente cada uno de los integrantes comienza a tomar su posición para dar el puntapié inicial. Así, tras una pequeña intro que sirvió para que Txus se subiera a su batería mostrando una bandera chilena, no quedaba nada más que comenzar con el setlist como tal. Es cierto que las primeras notas de Maritormes sonaron algo confusas y dispersas gracias a un sonido poco definido, pero a juzgar por el caos que se produjo en la cancha, pareciera que nadie le tomó mucha importancia. Loco, tremendo hachazo inicial. La presencia de Javi Díez como tercera guitarra se hizo notar. Por nuestra parte, nadie, absolutamente nadie se quedó sin cantar el “Porque al rozarte siendo miedo amor/ De despertar y no oír tu voz/ Y que al llegar el alba a tu ventana/ Abra los ojos y sólo esté yo“. Y por si los incrédulos siguen cuestionando el nivel de Zeta, déjenme decirles que sonó simplemente arrollador. Respecto al tema en sí, si bien es un infaltable dentro del repertorio, debo decir que me sorprendió bastante que fuera la encargada de abrir los fuegos y que fuera coreada de tal forma. ¡Brutal!

 

Siguiendo con “La Leyenda de la Mancha” (1998), lo siguiente sería un clásico sin precedentes. De esas canciones que logran resumir la identidad de una banda y que parecieran ser eternas. De esas que hay que cantar como si no hubiera mañana. La verdad es que faltan los calificativos para Molinos de Viento, que derechamente fue uno de los tantos clímax de la noche. Nada más se puede agregar a esta altura, solo aplaudir a cada uno de los asistentes por dejar la vida gritando -literalmente- cada uno de los versos del track.

Zeta se adueña del escenario y se dirige por primera vez al respetable. Tras un enérgico “¡Buenas noches Santiago!“, básicamente nos habla de la celebración de los treinta años de carrera y que a continuación tocarán algo de los inicios de Mägo. Dicho esto y exponiendo mi fanatismo exacerbado, si me hubieran dado la posibilidad de elegir una sola canción para incluirla en el setlist, de forma inmediata habría exigido El Lago. ¡Temazo mundial por la cresta! Años esperando para volver a escucharla en vivo. En serio, debe ser por lejos una de las mejores composiciones de toda su trayectoria. Qué manera de cantar, madre mía. Cuánto sentimiento en apenas dos o tres estrofas. Nuevamente sentí un gran alivio al realizar una vista panorámica al teatro, comprobando que efectivamente fue una elección más que acertada. Cada uno se encargó de darle la interpretación personal y de vivir el momento como si fuera el último. Para qué mencionar el “De nuevos solos tú y yo/ El lago y una canción/ Echo de menos oír tu voz/ Una estrella te eclipsó” del final, donde nuevamente el vocalista lo dio todo llevándose todos los aplausos, siempre siendo apoyado por Patricia Tapia en las segundas voces. ¡Para enmarcar!

Nuevo speech del frontman en referencia al tour que nos convocaba y rápidamente comenzó a sonar Alma, la primera rescatada de “Gaia” (2003). Si hay algo que destacar en este punto, además del enorme recibimiento y de ese estribillo superlativo, es la gran sección instrumental que se robó todas las miradas. Cada uno brilla a su tiempo. Moha y Josema son los encargados de producir el primer quiebre, Javi le da la entrada a Carlitos y a Frank, para que finalmente todo decante en esa intervención del teclado que hace que toda la cancha salte al mismo tiempo. Por su parte Txus -dentro de sus capacidades- y Fernando recrearonla base rítmica de gran forma. Mismo asunto con Satanael, llevada con cuidado durante cada pasaje, donde escuchamos a su vez esas letras ácidas y punzantes que siempre dan que hablar.

Siguiendo con el material más antiguo, la única revisión a “Jesús de Chamberí” (1996) llegaría con El Cantar de la Luna Oscura, que como suele interpretarse en directo, contó con ese outro reggae que le da un toque especial a la última estrofa. Aquí el genio y figura por lejos es Mohamed, recordando que en los primeros álbumes el violín era protagonista constante dentro de cada canción. Prueba de esto es su intervención tras los arpegios iniciales, que marca la pauta para que caigan los demás instrumentos de un solo golpe. El resto ya es tierra conocida. Solo resta saltar y cantar el “De olvido vive y de olvido muere/ Como planta en jardín olvidado/ Sabiendo que nadie la quiere/ Sabiendo que nadie la ha amado” a más no poder. Hacia el final, Patricia Tapia se lució con unos tonos imposibles con los que bajaron los primeros “Patri! Patri! Patri!” en señal de respeto y admiración a la segunda cantante de la banda.

A modo de contraste, H2OZ vendría a representar la “Era Zeta“. Si bien está lejos de ser mi favorita dentro de los dos últimos trabajos de larga duración, le doy el crédito de tener una reacción como pocas dentro de los asistentes. Tanto así que desató un mosh con apenas las primeras notas, donde además hubo danzas y rondas entre los participantes. Y cómo no hacerlo, si toda la letra es una declaración de principios y de convicciones tras la reformulación del grupo luego de la salida de José Andrea.

La dupla conformada por El Atrapasueños y La Costa del Silencio fue otro de esos momentos para enmarcar. Es cierto que en temas de gustos no hay nada escrito, pero ningún fanático puede negar que “Gaia” corresponde a la era dorada de la agrupación. Un álbum contundente y al hueso que te deja sin respiración con temazos de este calibre. La primera mostró al cantante en su mejor forma susurrando el “Yo te cantaré una nana/ Y mi voz te arropará/ Y en tu sábana, mi aliento/ Las pesadillas se irán” con una soltura y desplante envidiable. Luego vienen los pasajes andinos de cara al último estribillo. Pedazo de canción por donde se le mire. Para la segunda no hay mucho que agregar. La temática ambientalista está más vigente que nunca y el mensaje con el pasar de los años sigue siendo el mismo. Musicalmente tuvo su clímax con el “Hagamos una revolución/ Que nuestro líder sea el sol/ Y nuestro ejército sean mariposas” que aún debe estar retumbando en las paredes del teatro.

Patricia queda al centro del plató y aprovecha de saludar a los presentes. Dice que lo siguiente será un homenaje a toda Latinoamérica, dando paso a la entretenida Y Ahora Voy a Salir (Ranxeira). Nunca he dudado de las capacidades de la cantante como frontwoman ya que cada vez que llega su turno se toma el escenario y logra llenar cada espacio con su voz, pero para nuestra desgracia el sonido aquí jugó una mala pasada. En ningún momento se escuchó con la claridad necesaria y su micrófono se perdía entre los demás instrumentos. Hasta unos acoples bastante feos se escucharon por ahí. Y es una lástima ya que sin la interpretación de mariachi el asunto va perdiendo sentido. De igual forma, dudo que esta haya sido la mejor elección para ella. Quizás Brujas o bien otra de “La Ciudad de los Árboles” hubiera sido mejor. Pero bueno, como mencionamos anteriormente, de igual forma de las arregló para salir adelante.

Hora de rescatar algo de “Gaia III: Atlantia” (2010) y las escogidas serían dos que no son para nada recurrentes en el setlist. Esto desde luego que los más fanáticos lo agradecen. Siempre y Sueños Dormidos cumplieron con poner la pausa necesaria tras la euforia de todas sus predecesoras. En ambos temas el trabajo vocal y del teclado fueron descollantes. Zeta, Patri y Javi simplemente “se las mandaron”. Nosotros por nuestra parte nos hicimos partícipes aplaudiendo como se hace en el flamenco o bien quedando en silencio para escuchar con mayor atención a ambos vocalistas.

Luego vendría una sección más que discutible considerando el tiempo que se emplea generalmente. Jamás voy a negar y dejar de aplaudir el evidente talento que poseen Patricia Tapia y Javi Díez, pero teniendo la posibilidad de incluir una o dos canciones en vez de los solos con los que cada uno logra demostrar parte de sus capacidades, es algo que no podemos pasar por alto. Repito, cada uno realizó una performance para la ovación, pero me atrevo a decir que todos hubiésemos preferido escuchar más material de algún otro disco. Dejando esto de lado, la ejecución de O Mio Babbino Caro de la cantante y pasajes de la canción principal de Piratas del Caribe en el teclado (con una discreta-discretísima participación de Txus), de igual forma lograron llevarse una gran ovación de parte de todos nosotros.

Para ponerle fin a la primera parte del tracklist, lo que sigue es párrafo aparte. Sí, es cierto que la han interpretado en sus anteriores visitas, pero estarán de acuerdo conmigo que dan ganas de escucharla en cada uno de los shows en nuestro país. Y es que Gaia probablemente debe ser una de las canciones más difícil de recrear y de representar en vivo y en directo. Ellos mismos lo han dicho. Lograr transmitir las emociones de una persona momentos antes de su ejecución requiere niveles superlativos en cada de sus funciones. Solo bastó escuchar el “Hay veces que no sé, si exprimir el sol/ Para sentir calor/ Y dudo que al nacer, llegara a creer/ Que hoy fuera a morir” para entender el contexto en el que nos encontrábamos. Lo que sigue no es nada más que disfrutar este clásico que entra en el Top 3 de las mejores creaciones de Mägo de Oz. Loco, qué manera de cantar “Me vengaré y todo mal que me hagas/ Yo te lo devolveré/ El hombre nunca fue dueño de Gaia/ Es justamente al revés“. ¡Había que dejarlo todo! Personalmente este fue el clímax absoluto antes del encore. Todos pusieron de su parte para que brillara con luces propias. Solo basta recordar la energía y la potencia de Fernando durante cada pasaje, o el tremendo solo de Carlitos en la parte media. ¿Qué me dicen de las partes más folklóricas? Bueno, así podríamos seguir un largo rato. ¡Pedazo de tema!

Una vez que la banda abandonó el plató, nuevamente los aplausos y cánticos se los llevó el Jesús de Chamberí criollo, con la particularidad de que esta vez se encontraba al medio de la cancha, siendo levantando entre el público en una especie de crowd surfing donde su misión era llegar a subirse al escenario. Todo un personaje. Pero vamos a lo nuestro. Desde luego que el epílogo debía ser apoteósico y lo más grandilocuente posible. Y así no más fue ya que tras una excelente ejecución de Diabulus In Musica, lo siguiente sería una dupla incombustible. ¿Qué más se puede decir de Hasta que el Cuerpo Aguante y de Fiesta Pagana? La primera representa el espíritu de los Mägo y de cada uno de los seguidores que literalmente viven cada concierto llevando al máximo sus capacidades físicas. Pasarán los años y el “Estamos locos de atar/ Somos trovadores que en tu ciudad/ Damos pinceladas de color a tu gris realidad…” seguirá sonando igual de estridente.

Para la última del repertorio, quedará en el recuerdo el pequeño juego organizado por Mohamed antes de que comenzara la canción como tal. Tras dedicarnos unas palabras de agradecimiento (y obviamente unas frases menos amistosas para Pinochet), dividió el teatro en tres secciones. La primera debía gritar “Fies!“, la segunda “Ta!” y la última “Pagana!“. Así, en repetidas ocasiones, el Caupolicán de pronto se transformó en una competición sana para ver quién gritaba más fuerte. Luego el asunto ya raya en la locura. ¿Vieron la reacción al medio de la cancha? ¡Descontrol total! Poco y nada importó que Txus perdiera el ritmo de forma evidente durante el solo de guitarra. Había que gastar las últimas energías de cualquier forma. Así, siendo las 22:45 horas, los españoles comienzan a despedirse ante un público que se rindió ante sus pies desde el primer segundo.

Ya está todo dicho prácticamente. Quizás solo queda mencionar algunos aspectos más visuales en comparación al show del año 2015. En aquella ocasión el concierto contó con pantallas, lentes 3D y un juego de luces mucho más depurado. Era más bien vivir una experiencia a través de Ilussia. En esta oportunidad todo fue bastante más austero. Solo un telón con la Bruja al centro y nada de parafernalia. Hasta me atrevería a decir que el sonido jamás logró su nivel óptimo. Eso sí, la respuesta del público esta vez fue un tema aparte. Ahora bien, por otro lado la duración y el repertorio escogido desde luego que da para un debate eterno. Podrían estar tocando toda la noche si de interpretar clásicos se tratase. Cada uno tiene sus gustos y opinión personal al respecto. A lo que definitivamente no le encuentro explicación, es que deliberadamente hayan decidido no interpretar tres canciones que estaban incluidas en el setlist original (La Posada de los Muertos, El Hijo del Blues y El Poema de la Lluvia Triste). Y ojo que varios se percataron de esto, puesto que los comentarios al respecto no se hicieron esperar y eran cada vez más abundantes. Pero bueno, seríamos muy injustos al crucificar toda la velada por este asunto. Lo decimos nuevamente, la conexión público-banda alcanzó niveles pocas veces vistos con anterioridad. treinta años no pasan en vano. Quiéranlo o no, Mägo de Oz sigue dando que hablar y sigue marcando pauta en nuestro país. ¡Que vuelvan cuando quieran!

Setlist de Mägo de Oz

  1. Maritormes
  2. Molinos de Viento
  3. El Lago
  4. Alma
  5. Satanael
  6. El Cantar de la Luna Oscura
  7. H2OZ
  8. El Atrapasueños
  9. La Costa del Silencio
  10. Y Ahora Voy a Salir (Ranxeira)
  11. Siempre (Adiós Dulcinea, parte II)
  12. Sueños Dormidos
  13. Solo Patricia Tapia
  14. Solo Javi Díez
  15. Gaia

Encore

  1. Diabulus In Musica
  2. Hasta que el Cuerpo Aguante
  3. Fiesta Pagana

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

 

Live Review: Noche Escandinava III (2018)

Por nostalgia fue que me sentí más que feliz de ir a la Noche Escandinava III. Por pertenecer al equipo de PowerMetal.cl desde 2001, debo decir que uno de los recuerdos más grandes que tengo es esa primera Noche Escandinava, del 29 de mayo de 2002, cuando ayudamos en la producción de un evento que varios de los que participamos, recordamos hasta el día de hoy.

“Las 3 Sopranos”, quisimos llamar a esta exposición de lied y música docta de Tarja Turunen y sus amigas de la Universidad de Música de Karlsruhe, Alemania, una idolatrada y angelical cantante de un Nightwish que escribía historia y posteriores clásicos (solo faltaban días para el lanzamiento de “Century Child” y seguíamos alucinados con “Wishmaster”), y que venía a mostrar una faceta íntima. La finlandesa no solo veía a cantar acompañada de solo un piano, sino también visitaba Santiago para encontrarse con sus fanáticos, marcando una relación que ha seguido siendo especial durante estos dieciséis años.

Tarja en ese tiempo se mostraba risueña, se mostraba feliz, y se mostraba cercana, facilitando una comunión que hasta hoy le ha ayudado a sostener el cariño de sus seguidores, sea de la generación de ese entonces o sea aquella que por primera vez tuvo la oportunidad de presenciarla en esta faceta en el Teatro Cariola.

Del 2002 también recordamos una frase muy particular de Tarja de la conferencia de prensa previa a la presentación del Teatro Tobalaba, cuando se le preguntó si había pensado en dejar Nighwish en algún momento: “La verdad es que no me veo para nada como vocalista de Metal con chaqueta de cuero y jeans cuando tenga 40 años”, reía. Y bien, es curioso avanzar en el tiempo y llegar a este 2018, dieciséis años después de esos dichos, viendo a Tarja consolidada como ícono del Metal sinfónico, como una de las mujeres más idolatradas y queridas del Metal, quitándole incluso el cetro a personalidades como Doro Pesch, y convertida en una verdadera reina del movimiento, en una influencia, en una inspiración, muy ligada al Rock pero al mismo tiempo muy representativa de su propia aura, de su propio carisma y su propio sello.

Y en esa libertad, se permite ella retomar estos proyectos que parecían de etapas pasadas, como la Noche Escandinava, que reposó lo suficiente como para que toda una nueva generación de seguidores se expusiera por vez primera a este encanto que, dicho sea de paso, es tan mágico como hace tantos años atrás.

Ella ha crecido, nosotros también y muchísimo, el tiempo nos hace ser distintos y ser otros, pero esa sensación del 2002 fue exactamente la misma vivida este 22 de mayo en el Teatro Cariola. ¿Quién no sintió que Tarja te miró a los ojos y te sonrió mientras cantaba al menos por un par de minutos? Ella es terriblemente especial, con un carisma sin igual, tan intenso que de inmediato la echas de menos cuando dice con sus gestos que no tiene más repertorio preparado siquiera para improvisar un segundo encore. Eso fue lo que cautivó tanto, su sencillez combinada con su poderío interpretativo, y el ambiente que generó con su amiga fundadora del proyecto Marjut Kuhnhenn, el barítono Juha Koskela, y la pianista Anu Rautakoski, fue electrizante y emotivo.

En PowerMetal.cl no pretenderemos mostrarnos doctos en música clásica, y el solo hecho de relatar el setlist de la Noche Escandivana III pieza por pieza, como si fuera un concierto metalero, es algo que lamentablemente está fuera de mi alcance. Como fanático y periodista. Por ello, me excuso desde ya si no soy capaz de hacer una descripción de cada composición interpretada. Lo cierto es que muchos, como fanáticos de Tarja Turunen, aprovechamos la ocasión para verla a ella y apreciar bajo su prisma y timbre la música escandinava, europea, finlandesa y latina (española y argentina) que venía presentando. Y es gracias a ella, a su proyecto de la Noche Escandinava, que nosotros como fanáticos del Metal hemos podido aprender un poco sobre esta música que con tanto cariño nos ha acercado.

El espectáculo partió con Juha Koskela en las voces con una interpretación de Jean Sibelius, uno de los pilares inspiradores de esta Noche Escandinava. Desde ya, ya asombraba lo pristino del sonido, lo limpio del performance y la pulcritud con que el barítono se desplegaba. Apareció más tarde Marjut, con un timbre vocal refinadísimo y delicado, como violín. En contraste, la voz de Tarja Turunen se mostraba mucho más oscura y violenta, con ese tono característico de todo su catálogo, dando la sensación de que cada nota alta traía consigo una tormenta. Es ese el estilo que genera tal pasión en sus seguidores, y su entrada con piezas de Sibelius generó un verdadero vendaval entre los asistentes.

Entre los grandes instantes que me llevo de recuerdo de la tercera Noche Escandinava, están la interpretación de Koskela y Rautakoski de la intensa pieza Merellä de Oskar Merikanto, la primera y segunda aparición de Kuhnhenn entonando composiciones de Manuel de Falla en castellano. A diferencia de los lied nórdicos que evocan “visiones de crudos inviernos cubiertos de nieves blancas”, como decía el programa que Marcelo Cabulli vendió a mil pesos en el teatro (ese material debía estar a disposición como en todos los eventos de música clásica), las adaptaciones de canciones argentinas por parte de Tarja y Marjut nos llevaban a paisajes más campestres y luminosos, de verde y sol, cumpliendo con la premisa de una música que transportaba a lugares de ensueño.

También destaco los duetos, las armonias preciosas que lograban las sopranos, el canon desplegado por Turunen y Koskela, la especie de opera romántica presentada por Marjut con su compañero, la participación de todos los intérpretes en Oi kiitos sa Luojani arminillen de Merikanto, y por supuesto el encore, donde Tarja y Marjut amenizaron al público con maullidos y diálogos gatunos.

La gira de cinco fechas de la Noche Escandinava III finalizó en Santiago, solo con los cuatro músicos presentando tango finlandés en escenario, sino a las afueras del teatro. Muchos admiradores esperaban a Tarja a la salida y la finlandesa se detuvo para dedicarles unas pocas notas de Gracias a la Vida de Violeta Parra, en otro momento cúlmine en que los afortunados solo atinaron a contemplar en silencio, pero con mucha emoción.

De verdad, pareciera que Tarja no solo es la musa de estos seguidores, sino una más de ellos. Los mira como si los conociera, comparte miradas cómplices con sus fanáticos y vaya que lo hace de buena gana, en un concierto donde cada nota que cantaba y cada reacción que generaba la llenaba de alegría. Es así como ella mantiene su carisma, su juventud y vigencia, siempre ideando conceptos en vivo que le permitan seguir cerca de su fanaticada. Y es por ese mismo motivo que nunca el fin de un show de ella en Santiago será una despedida, sino un hasta pronto.

Programa Noche Escandinava III

Jean Sibelius
Illalle Op. 17, Nº6

Oskar Merikanto
Muistellesa Op.11, nº2
Kevätlinnuille etelässä Op.11, nº1
Illansuussa Op.69 nº2

Jean Sibelius
Säv Säv, sussa Op.36 nº4
Den första kyssen Op.37 nº1
Var det en dröm Op37 nº4

Oskar Merikanto
Merellä Op. 47 nº4

Manuel de Falla
Siete canciones populares españolas
Nana
El paño moruno

Oskar Merikanto
Onnelliset Op.15
Kansanlaulu Op.90 nº1

Einojuhani Rautavaara
Three Sonnets of Shakespeare Op.14
That time of year
Shall I Compare

Erich Wolfgang Korngold
Mein Sehnen, mein Wähnen

Carlos Guastavino
Canciones Argentinas
Hermano
Bonita rama del sauce
Pampamapa
La rosa del sauce

Oskar Merikanto
Elämälle Op.3 nº4
Annina Op.51 nº2

Waolgang Amadeus Mozart
Lá ci darem la mano

Oskar Merikanto
Oi kiitos sa Luojani arminillen

 

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Ozzy Osbourne en Chile (2018)

Más de cincuenta años de carrera y pareciera que Ozzy Osbourne aún tiene energía de sobra para entregar y contagiar. Voz icónica e inconfundible que ha marcado generaciones y que ha definido el Heavy Metal en todos sus aspectos. Como forma de vida, como identidad musical y como imagen asociada al género. Lo cierto es que podríamos estar hablando horas y horas de la importancia del Príncipe de las Tinieblas para nuestras vidas.

Pero vamos a lo que nos convoca. Ya lo vaticinábamos en los días previos a su presentación. El inevitable tour de despedida estaba a la vuelta de la esquina. Nos guste o no, era algo que tenía que pasar. Primero fue Black Sabbath y pronto llegaría el turno del cantante con su banda en solitario. Así no más. A dar la cara y a disfrutar lo que tienen para ofrecernos. Vamos a lo que vinimos.

Acercándonos a la hora pactada según el itinerario, cada uno de los fanáticos que repletaron el Movistar Arena ya hacían notar su nerviosismo y ansiedad a medida que el reloj avanzaba. Con For Whom the Bell Tolls y Enter Sandman sonando por los altoparlantes, lo más próximos al escenario se disponían a tomar la mejor ubicación posible de cara al inminente puntapié inicial del show. Así, una vez apagadas las luces ambientales, se comenzó a proyectar un video introductorio que básicamente fue mostrando fotografías y pequeños clips de toda la carrera del cantante. Imposible no destacar la inclusión de la escena con la participación del maestro de ceremonias en la película “Little Nicky“, protagonizada por Adam Sandler. Un detalle sutil para los que estaban más atentos.

Una vez finalizado, la archiconocida Camina Burana de Carl Orff dio paso a que los músicos fueran tomando sus posiciones sobre el plató. No hace falta decir quién fue el más aplaudido. Recibida la ovación correspondiente, Ozzy nos dirige las primeras palabras al exclamar “Are you ready to go fucking crazy? Let the madness begin!“. Cuenta de Tommy Clufetos con el hi-hat y en cosa de segundos Bark at the Moon desató la locura con un sonido aplastante y demoledor que a muchos nos tomó por sorpresa. Y a esta altura del partido queda una cosa por hacer. Exacto. Gritar el “Listen in awe and you’ll hear him/ Bark at the Moon!” como si de eso dependiera tu vida. Dicho y hecho, puesto que la reacción fue ensordecedora. Ojo, el asunto no cambió mucho durante Mr. Crowley, ya que fácilmente podemos hablar de otro de los puntos altos-altísimos de la noche. Adam Wakeman hizo de las suyas durante la intro, mientras que Zakk Wylde mostró todas sus credenciales en ese outro épico que ha marcado generaciones. ¡Insuperable!

Hora de bajar un poco las revoluciones con la correctísima I Don’t Know (“Blizzard of Ozz”, 1980), que si bien fue recibida de manera bastante tibia, logró llamar la atención por el gran desplante escénico y musical que estábamos apreciando. Más allá de las obvias facultades superlativas de cada uno de los integrantes, a su vez logran acoplarse de gran manera al accionar del vocalista durante cada pasaje de la canción. Si deben restarse, lo hacen. Si deben hacerse notar, ahí estarán. Ejemplo de esto fue la interpretación de Fairies Wear Boots, donde cada uno de los cambios de tiempo y cada una de las progresiones fueron llevadas de gran manera. Si a esto le sumamos la temática sicodélica proyectada en la gran cruz ubicada al centro del escenario y en las cuatro pantallas dispuestas a su alrededor, el resultado es un deleite visual y musical que no tiene dobles lecturas.

De vuelta a los clásicos indiscutidos, Suicide Solution siguió con la senda de sus predecesoras. Interpretada a la perfección y seguida muy de cerca por cada uno de nosotros. Eso sí, antes de dar comienzo al track, Ozzy se encargó de presentar a cada uno de los integrantes de la banda, siendo Tommy Clufetos y Zakk Wylde lo más aplaudidos. Volviendo al tema, además de sonar impecable, el frontman aprovechó la ocasión para lanzar el primer balde con agua a los fanáticos que estaban más próximos a la reja. Y parece que el golpe fue bastante efectivo, puesto que varios lograron recobrar parte de la energía inicial durante No More Tears, que contó con gran apoyo de los presentes durante las partes instrumentales y cantando el “No more tears” una y otra vez. Por otra parte, supongo que nadie pasó por alto la potencia y la fuerza desplegada por Rob “Blasko” Nicholson y Tommy con toda la base rítmica. Realmente demoledora. También está el interludio de teclado a cargo de Adam, para luego dar paso al solo de guitarra. Otro de los grandes momentos de la velada.

El cantante se dirige nuevamente al público para decir que tras el tour “no se irá a ningún lado” y además aprovecha de darnos las gracias por asistir al concierto. Luego presenta la notable Road to Nowhere, temazo indiscutido que contó con el apoyo vocal de Zakk durante algunos verso para que luego Ozzy lo dejara todo durante el “The road to nowhere leads to me“.

Y si hablamos de dejarlo todo, lo que siguió fue otro clímax absoluto. El maestro de ceremonias nos invita a cantar si gustamos y rápidamente presenta War Pigs. Lo que sigue es tierra conocida. Hablamos de una de esas canciones que logran definir un género musical como tal. De esas que han traspasado generaciones. De esas que jamás dejas de sorprenderte cuando las escuchas. En serio, ¡pedazo de tema! Y la verdad es que ya todo está dicho.

Ahora bien, puntualmente en esta versión, es cierto que se nota la “ausencia” de Tony Iommi. Dejando de lado la participación de Adam como segunda guitarra, Zakk Wylde tiene sus detractores de por sí, y más aún cuando hablamos de versionar a Black Sabbath. Los más puristas se hacen notar. Y puede que esto sea cierto. Quizás no es el más indicado para interpretarlos, pero seamos sinceros: su performance vista de cerca, complementada con la garra y la pasión que le implanta a cada nota, no puede dejar a nadie indiferente. El tipo se la juega con todo y en opinión personal, sale ganando por donde se le mire. No podemos dejar de lado el tremendo solo que se despachó a lo largo de la barricada del Movistar Arena, donde ocupó cada uno de los recursos que hacen más vistosa la presentación. Guitarra en lo alto, tocada sobre la espalda e incluso usando los dientes. Así, nos regaló pasajes de distintas composiciones durante un largo tiempo. Miracle Man, Crazy Babies, Desire y Perry Mason dijeron presente en esta especie de mix instrumental.

Pero eso no era todo, puesto que terminado el momento estelar del guitarrista, vendría el turno de Tommy Clufetos, una bestia en lo que a golpear los tarros se refiere. Los que hemos tenido la oportunidad de haberlo visto en vivo con anterioridad, sabemos de lo que es capaz. Y si bien ahora su intervención fue bastante más acotada, de igual forma se las ingenió para que todos estuviéramos pendientes de él. Todo esto decantó en la interpretación de Flying High Again, que lamentablemente se vio un tanto opacada por todo lo ya mencionado.

Para animarnos, Ozzy nos hace gritar lo más fuerte posible a la cuenta de tres luego de un “I still can’t hear you!”. Así, entramos a una de las partes más melódicas del setlist con Shot in the Dark, que tuvo como genio y figura a Adam Wakeman de principio a fin. Imposible no cantar el “But a shot in the dark, one step away from you/ A shot in the dark, always creeping up on you“, más aún sabiendo que es uno de esos coros que te queda dando vuelta rápidamente en la cabeza de manera involuntaria. Luego vino I Don’t Want to Change the World, otra de las que lamentablemente contó con una reacción nula de parte del público. Peor si analizamos el contraste entre este track y Crazy Train, que obviamente era una de las más esperadas por todos los asistentes. Bastaba mirar a tu alrededor para notar el evidente cambio en el comportamiento del respetable. Hasta una bengala apareció desde la tribuna. El resto ya es sabido, literalmente hay que gritar durante el estribillo y solo queda esperar los solos de guitarra. ¡Temazo!

Luego de que el mismo frontman nos incitara a gritar “One more song” junto a él, la guitarra electroacústica fue la señal inequívoca de lo que vendría. Mama I’m Coming Home trajo consigo la última cuota de nostalgia y emotividad. Muchos se animaron a cantar el “You made me cry, you told me lies/ But I can’t stand to say goodbye/ Mama, I’m coming home” y a ambientar el asunto con el flash de los celulares.

Y para finalizar, la incombustible Paranoid fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente rozó la perfección. Porque sí, en aspectos técnicos y en la interpretación de cada una de las canciones, poco y nada se puede acotar a esta altura. Todo funcionó como un reloj con detalles al milímetro. Casi como en piloto automático. Y viéndolo desde el lado negativo, esto terminó por transmitirse a la mayoría de los miles de fanáticos que asistieron la noche del martes. Vale decir, nos encontramos con una presentación bastante estandarizada y con falta de emociones como tal. Más aún si consideramos que la gira lleva por nombre “Farewell Tour“. Ahora bien, es cierto que el promedio del seguidor asistente a Ozzy Osbourne y a Black Sabbath, no es precisamente el más eufórico o el más conocedor de la materia. El silencio rotundo durante un par de canciones dio cuenta de ello. Creo que ambos factores jugaron una muy mala pasada y los comentarios de que “algo faltó” hablan por sí solos. Entonces, resumiendo -y volviendo unas líneas atrás-, sí, el show fue impecable, no así la conexión público-banda. Pero bueno, Ozzy logró su cometido y nuevamente mostró toda su energía y prestancia tras años y años en la carretera.

Setlist de Ozzy Osbourne:

  1. Intro (Carmina Burana)
  2. Bark at the Moon
  3. Mr. Crowley
  4. I Don’t Know
  5. Fairies Wear Boots (Black Sabbath)
  6. Suicide Solution
  7. No More Tears
  8. Road to Nowhere
  9. War Pigs (Black Sabbath)
  10. Solo de Guitarra (Miracle Man / Crazy Babies / Desire / Perry Mason)
  11. Solo de Batería
  12. Flying High Again
  13. Shot in the Dark
  14. I Don’t Want to Change the World
  15. Crazy Train
  16. Mama I’m Coming Home
  17. Paranoid (Black Sabbath)

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Ross Halfin

Live Review: Blackoustic – Kotipelto + Liimatainen en Santiago (2018)

Cada vez que tenemos noticias relacionadas a Timo Kotipelto, muchos hacen la asociación natural con su trabajo con Stratovarius y en menor medida con su trabajo solista. Ocurre de igual forma con Jani Liimatainen, debido a su paso por lo que se puede considerar la mejor etapa de Sonata Arctica y sus muchos proyectos paralelos, por lo que la reunión de dos grandes insignias del Power Metal finlandés en Cain’s Offering generaba grandes expectativas en el ambiente, sobre todo de verlos en vivo. Mientras ambos desarrollaban sus ideas en este nuevo proyecto, paralelamente aparece “Blackoustic”, disco con versiones unplugged de canciones de Stratovarius, temas solistas de Kotipelto mezclado con muchos covers, y es justamente este show el que nos permite más que ver a dos de los más grandes referentes de la escena finlandesa, sino que a dos amigos que decidieron hacer algo fuera de lo común. Aunque el disco fue lanzado en el año 2012, no teníamos mayores noticias hasta que se anunció esta presentación.

El Club Subterráneo fue el lugar escogido para el show de los fineses, y ya cerca de las 20:30 horas se podía ver mucha gente dentro del recinto esperando el inicio del show, lo que ocurrió exactamente a las 21:00 con el clásico apagón de luces y el consiguiente griterío cuando Timo y Jani hacen su ingreso al escenario. Sin parafernalia, sin escándalo, solamente una guitarra y un pedestal bastó para que se diera inicio a la presentación con Sleep Well, parte del repertorio solista de Kotipelto y Black Diamond de Stratovarius donde pudimos apreciar de inmediato lo que veríamos a lo largo de todo el show: Entre ambos músicos se siente una atmósfera íntima y cercana debido a su largo tiempo trabajando juntos, lo que genera una complicidad y comunicación mucho más cercana a lo que se aprecia normalmente sobre un escenario y da pie para que el público se integre y disfrute de lo que pasa en el escenario (excepto aquellos iluminados que quieren grabar todo el concierto en el celular, quienes fueron conminados “amistosamente” a bajar sus aparatos por gran parte del público que se encontraba más atrás y que no dejaban ver el show).

Dentro de los covers de “Blackoustic”, uno de los más destacados es Out In The Fields de Gary Moore, donde Jari bromea mucho acerca de que esta será “La primera canción buena del show”. Jani, permíteme decirte con mucho respeto que (aunque fuera en broma) no podías estar más equivocado porque lo que vimos más adelante con A Million Light Years Away y especialmente I Will Build You a Rome fue simplemente épico, con Timo y Jani (sobre todo este último) tremendamente sorprendidos por la calurosa y efusiva recepción del público al simple hecho de nombrar a Cain’s Offering… Ojalá la demostración de afecto sea un buen aliciente para que se animen a volver con este proyecto. Tras cartón vino el único tema de Sonata Arctica de la velada, My Selene, que a pesar de contar con una gran respuesta de la gente se pudo notar cierta disconformidad, ya que hay temas mucho más icónicos y representativos de la trayectoria de Jani en Sonata, pero todos sabemos lo que pasó ahí, y de todos modos se agradece que al menos se incluya algo de su trabajo en dicha agrupación.

Tras cartón, y después de una emotiva interpretación de Forever que fue acompañada por los 750 asistentes al show, vino un homenaje a dos leyendas del Heavy Metal en la forma de Holy Diver y The Trooper, ambas interpretadas de forma impecable, pero sobre todo respetuosa por parte de Timo y ampliamente coreadas por todos. Sabiendo que los zapatos de Ronnie James Dio y Bruce Dickinson no son fáciles de calzar, Kotipelto saca al ruedo toda su experiencia y talento para rendir un gran tributo a “dos de los más grandes cantantes” según sus propias palabras. ¡Todos estamos de acuerdo contigo Timo, tranquilo!

La primera parte del show merecía un cierre acorde a la altura de todo lo que habíamos visto, y la canción elegida para esto es Paradise, con el público coreando de principio a fin, con Timo cantando a un nivel altísimo y Jani impresionado por la respuesta de la audiencia no solamente a las canciones, sino que también a la atmósfera que se generaba por la comunión de dos grandes amigos dispuestos a pasarlo bien arriba de un escenario, compartiendo canciones (y muchas cervezas en el caso de Jani). Tras una gran ovación y breve espera, ambos músicos hacen su vuelta al escenario con camisetas de la selección chilena desatando el aplauso y la aparición del popular “ceacheí”, donde la cara de “No entiendo nada” y el comentario “What the fuck” de Jani saca risas tanto de Timo como del público. Esto se puede entender ya que Jani alcanzó a visitar nuestro país únicamente una vez con Sonata Arctica en aquel histórico concierto del 2002 en el antiguo Teatro Providencia y quizás no recordaba el cariño que tiene el público chileno por la escena finlandesa.

El encore tuvo como inicio Karjalan Kunnailla, descrita por Timo como una canción típica del folklore finlandés, la cual fue recibida con respeto y atención por parte de los presentes y sirvió para recomponer un poco de energías para el cierre del show, a cargo de Coming Home y el hitazo Hunting High And Low, donde no hubo nadie que se quedara sin cantar a todo pulmón una de las más grandes letras compuestas por Kotipelto en su prolífico trabajo en Stratovarius.

Y si todo el show fue una fiesta, momentos de risa y alegría, el broche de oro de la jornada a cargo de The Final Countdown de los suecos Europe se lleva el premio a uno de los momentos más memorables que me ha tocado cubrir (y vivir) en un show, con una gran intervención de Jani bromeando acerca de que era imposible que una banda finlandesa terminara un show con una canción de una banda sueca, por lo que usaron el coro de la gran Killed By Death de Motörhead como outro.

A título personal, me gusta mucho ver a bandas y músicos consagrados saliendo de su “zona de confort” y arriesgar un poco más en formatos como éste, ya que le dan al público la oportunidad de ver otras facetas que no es posible ver en un show habitual, tales como una mayor interacción con la gente, más cercanía y complicidad entre banda y público, y muchos otros factores que quedarán en el recuerdo de quienes pudimos estar en la presentación de “Blackoustic”.

Setlist:

Intro: War/Fanfare (Rocky IV)
01. Sleep Well (Kotipelto)
02. Black Diamond (Stratovarius)
03. Out in the Fields (Gary Moore)
04. Shine in the Dark (Stratovarius)
05. Season of Change (Stratovarius)
06. A Million Light Years Away (Stratovarius)
07. I Will Build You a Rome (Cain’s Offering)
08. Perfect Strangers (Deep Purple)
09. My Selene (Sonata Arctica)
10. Forever (Stratovarius)
11. Holy Diver (Dio)
12. The Trooper (Iron Maiden)
13. Paradise (Stratovarius)
Encore:
14. Karjalan kunnailla
15. Coming Home (Stratovarius)
16. Hunting High and Low (Stratovarius)
17. The Final Countdown (Europe, Motörhead ‘Killed by Death’ outro)

Live Review: Sebastián Aguirre
Fotos: Guille Salazar

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Live Review: WarCry en Chile (2018)

Desde hace una buena cantidad de años, WarCry lleva el estandarte del Metal español con un prestigio y un orgullo que cualquier banda quisiera tener. No por nada esta es la cuarta visita en siete años a nuestro país. Los hermanos García han logrado tocar la fibra sensible del fanático y de la mano de verdaderos himnos de vida han logrado cultivar una de las hinchadas (sí, hinchadas) más fieles y más estruendosas que se tenga recuerdo por estas tierras.

Para esta ocasión, vendrían a defender el LP “Donde el silencio se rompió…” (2017) en su regreso al recinto de San Diego. Eso sí, primero dos agrupaciones nacionales serian las encargadas en calentar los motores.

WITCHBLADE

Mientras los más entusiastas se agolpaban en los lugares más próximos a la reja, Witchblade hizo su aparición en el plató para sorprender con un estreno para este año 2018. The Day I Died mostró la mejor faceta de los compatriotas como ya nos tienen acostumbrados a lo largo de su carrera. Vale decir, un hachazo de aquellos. Luego vendría la dupla extraída de “Evolution” (2015): Not Enough y Walk Alone. Ambas contaron con los agudos tan típicos de Felipe del Valle, mientras que Felipe Majluf  hacía lo propio en las seis cuerdas.

Un nuevo estreno vendría con la notable No Olvidaré, que personalmente considero que a todas luces fue el punto más alto del primer acto de apertura. Atentos acá. Los santiaguinos tienen mucho que decir aún. Gran trabajo de Felipe Vuletich y Juan Pablo Hermosilla por lo demás, que continuó en gran nivel durante On The Road, rescatada de “MMVI” (2006). Y para finalizar, otra muestra del nuevo material llegaría con World of Fear. Así, tras una media hora de show, lograron balancear las canciones más recientes con parte de su repertorio ya conocido de gran manera. Bien por los coterráneos.

Setlist de Witchblade:

  1. The Day I Died
  2. Not Enough
  3. Walk Alone
  4. No Olvidaré
  5. On the Road
  6. World of Fear

ALTO VOLTAJE

Con una puntualidad más que destacable de acuerdo al itinerario entregado por producción, a las 20:10 hrs. los comandados por Víctor Escobar saltaron a escena a demostrar todo su poderío. Tras una pequeña intro, el frontman aparece con una bandera chilena en las manos, alentando a los más próximos a la reja. Así, Empezar de Cero y El Mendigo abrieron los fuegos de la performance de los santiaguinos. Rápidamente Ery López y Jose Canales se “echan el equipo al hombro” con un desplante y una prestancia que se robaron todas las miradas. El primero acompañó al cantante en las segundas voces, mientras que el guitarrista dio cátedra de su talento en cada una de sus intervenciones.

Víctor da las correspondientes palabras de agradecimiento por la oportunidad de abrir a una banda internacional y nos presenta Adiós a la Fábrica, la cual contó con un excelente trabajo de pies cortesía de Pedro Muñoz. Punto aparte son las guitarras, que durante Agonía simplemente fueron descollantes. La dupla conformada por Jonatan Canales y el ya mencionado Jose Canales se conocen a la perfección y lo demuestran en cada uno de sus movimientos.

Luego de una pequeña dedicatoria a “todos los trabajadores de Chile“, lo siguiente sería El Gran Peón, otra de las extraídas de “Contracorriente” (2016). Más allá de la gran ejecución de este tema, hay que destacar la gran participación de las cerca de mil personas que se encontraban a esa hora en el recinto. Algo que el mismo cantante destacaría en una de sus pequeñas intervenciones entre cada canción. Para finalizar, la dupla conformada por Ruda y Sexy y Rock y Burdel siguieron con la senda que mostró Alto Voltaje desde el primer acorde. Una propuesta clara y al hueso que los ha mantenido en la escena del Metal nacional desde hace veinte años. Media hora de presentación y un show redondo en todos sus frentes.

Setlist de Alto Voltaje:

  1. Intro
  2. Empezar de Cero
  3. El Mendigo
  4. Adiós a la Fábrica
  5. Agonía
  6. El Gran Peón
  7. Ruda y Sexy
  8. Rock y Burdel

WARCRY

Siendo las 21:00 hrs. en punto, se apagan las luces del teatro y se comienza a proyectar el video introductorio sobre la gran pantalla central ubicada en lo alto del escenario, que básicamente sirvió para mostrar el logo de la banda y para ir presentando a los integrantes uno a uno. ¿El más aplaudido? Por lejos el frontman Víctor García. Ya con todos en sus posiciones, el primer hachazo de la jornada vendría con un temón de aquellos. Nada más ni nada menos que Alma de Conquistador, opening track de ese discazo llamado “Alfa” (2011). Casi de manera obvia, lo primero a resaltar desde luego que es el entusiasmo y la entrega de cada uno de nosotros desde el comienzo. Poco y nada importó que el micrófono del vocalista tuviera problemas durante toda la primera estrofa, ya que el karaoke que se formó en el recinto logró suplir la falencia mencionada. Entonces, una vez superado el inconveniente y entrando de lleno en el coro, solo quedaba dejarlo todo gritando “Dispuesto a luchar/ Sin miedo a morir/ Tal era mi fé/ Que llegué, vi y vencí“. Y ojo, que la situación solo fue en alza una vez que comenzó a sonar Nuevo Mundo, puesto que aún debe estar retumbando el “Soy semilla de ilusión/ Culpable de traición/ si caigo en el camino…”.

Siguiendo con “¿Dónde está la Luz?” (2005), los asturianos arremetieron con la notable Contra el Viento, la cual fue precedida con el primer speech de la noche. Además de darnos las buenas noches y de recordarnos que esta era la cuarta visita a nuestro país, Víctor nos afirma que en la vida hay “pocas cosas que de verdad importan” y que lo demás “lo sana el tiempo“. Palabras precisas y concisas para contextualizarnos en la canción. Por otro lado, lo que sigue es tierra conocida en lo que a nuestras reacciones se refiere. Headbanging, euforia, saltos y cánticos por doquier. ¡Qué manera de cantar el “Quiere dormir y despertar/ Quiere volar un día más contra el viento“!

Tras los tres cañonazos que abrieron el setlist, vendría la primera revisión a “Donde el silencio se rompió…” (2017). Si bien Rebelde fue recibida de manera más tibia en comparación a sus predecesoras, para mi grata sorpresa gran parte de los presentes se sabía la letra a la perfección. Ahora, de manera personal, al no ser de mis favoritas dentro del álbum que nos convoca, este fue el momento idóneo para apreciar de mejor forma el desplante de los músicos en el plató. Vale decir, sentir la energía que transmiten Pablo García y Santi Novoa, no perderle pisada a la base rítmica conformada por Rafael Yugueros y Roberto García y por último seguir cada una de las gesticulaciones del vocalista. Punto aparte es el outro de esta composición, donde todo revienta luego del “Escucha bien, te lo prometo/ No tendrás paz si no estoy…¡Muerto!“.

La dupla conformada por Siempre y Cielo e Infierno siguió con el éxtasis colectivo. La rescatada de “Inmortal” (2013) brilló con luces propias gracias a esas frases que delatan complicidad, tales como “Todas las cosas que pasan alrededor/ Que es esa magia que existe entre tú y yo“, o bien “Como si siempre hubiera sido para ti/ Estando juntos soy un poco más feliz…“. Por otro lado, la perteneciente a “Donde el silencio se rompió…” fluyó de gran manera hasta llegar a ese coro que hace que levantes el puño automáticamente. Y es que Víctor sencillamente se lució durante el “Intentaré volver a unir el cielo y el infierno…“. Gran, gran momento.

Con Coraje llegaría la hora de bajar un poco las revoluciones. Lo particular acá es que al ser un corte más denso y menos dinámico, la interpretación de cada uno de nosotros se vuelve a su vez mucho más intensa y llena de profundidad. Basta recordar la cara de todos los asistentes al entonar el “Podéis quitarme lo que tengo/ Todo lo que soy, todo lo que hago…” para dar cuenta de lo que decimos. El frontman en tanto, sobre el final nos dejó a todos boquiabiertos con unos agudos dignos de aplaudir. Por su parte, Resistencia no logró cautivar de la forma esperada. Si bien es una pieza más que correcta, estuvo lejos de ser lo más destacado de la velada.

Nuevo speech del cantante y esta vez nos habla sobre “esa moda de pegar y matar a las mujeres“, señal inequívoca de que lo siguiente sería otro temazo para enmarcar: Cobarde. Sencillamente sobran las palabras para describir todo lo que puede transmitir una composición así. Si hasta “noticias” de femicidios fueron proyectadas en la pantalla. Porque además de tratar un tema sumamente delicado -y tristemente cotidiano-, musicalmente es sublime. Los arreglos de guitarras, la ambientación con el teclado, la base rítmica y el coro, conforman una de las mejores piezas del último tiempo. Cómo no cantar el “Creyó que algún día podría llegar a cambiar/ Soñó lo feliz que era con él/ Lloraba a escondidas intentando callar la verdad/ Maldigo al que pega a un mujer“, si la rabia y la decepción están a flor de piel. Por supuesto, el clímax absoluto se alcanza cuando sobre el final Víctor García exclama con todas sus fuerzas “¡Cobarde!” con una potencia que te pone la piel de gallina. ¡Uno de los puntos altos, sin lugar a dudas!

La cosa no cambió mucho durante Huelo el Miedo, corte hecho para desatar el caos de lado a lado en la cancha. ¡Interpretada a la perfección! En serio, cada uno de los integrantes puso lo mejor de sí y lograron una ejecución superlativa. Lo referente a la letra y a la temática ya es cosecha de cada uno. Solo queda por destacar el final donde no se guardan nada tras el “Huelo el miedo…¡En tu interior!“. A modo de contraste, Muerte o Victoria mostró la faceta más “mid-tempo” de los españoles. Personalmente, es una de mis favoritas del último LP y realmente la disfruté a más no poder. Es que una de esas canciones en las que toda la banda se encarga de darle teatralidad y un cuota de histrionismo a su performance. Desde luego que el estribillo es simplemente notable y dan ganas de entonarlo a todo pulmón: “No hay rendición/ Solo con valor se alcanza la gloria/ Busca dentro de ti/ Debes elegir muerte o victoria“.

El cantante nuevamente hace referencia al hecho de reunirnos por cuarta vez en el Teatro Caupolicán y además nos habla de lo que nos hace sentir el Heavy Metal en nuestro interior. Todo esto para introducir uno de esos clásicos que superan todos los límites. Con sólo mencionar La Vieja Guardia ya está todo dicho. El resto sería ser redundante. ¡Qué temazo madre mía! ¡Había que dejar la vida! Dicho y hecho entonces. En serio, el recinto casi se viene abajo una vez que comenzamos a cantar. Sumado a esto, imágenes de bandas icónicas de Heavy proyectadas en la pantalla a modo de homenaje aumentaron la emotividad del asunto. Eso sí, la postal para el recuerdo es que desde la cancha subieron a una pequeña niña al escenario para estar junto a los músicos. Y lo hizo bastante bien, ya que saludó y animó a cada uno de nosotros durante todo el track.

Tras un pequeño amague de Breaking the Law de Pablo, llegaríamos a uno de los momentos más esperados. Permítanme la licencia en este punto, pero Ardo por Dentro por lejos es mi canción favorita de WarCry. ¡Qué pedazo de tema por la cresta! Comprenderán mi reacción una vez que Santi comenzó a tocar las primeras notas de la intro. Esa adrenalina y expectación antes de que caigan el resto de los instrumentos simplemente no tiene comparación. En cosa de segundos se desataría la locura. Por suerte cada uno de nosotros lo entiende de igual forma y es así como la mencionada se ha convertido en una de las infaltables dentro del repertorio. Cómo no serlo, si frases como “Quizás de esa impresión/ Quizás ayer fui mejor/ Pero nada de eso siento en mi interior” hacen que te levantes todos los día de la cama. El “Ardo por dentro/ Con la fuerza de las llamas del infierno/ Aún tengo tanto que decir…” solamente llega a reafirmar lo dicho con anterioridad. Si hay algo que debemos agradecerle a los asturianos, es precisamente el habernos regalado himnos de este calibre. Por último, no podemos olvidar el gran oso de peluche lanzado desde el público que quedó sobre el escenario acompañando el resto del concierto. ¡Para enmarcar!

Durante Quiero Oírte y Odio nuevamente se produjo un contraste más que notorio. Si bien la primera fue recibida de la mejor manera posible, cantando a más no poder el “Yo soy mi rey, mi propia ley/ Soy mi futuro y mi presente“, la segunda bajó los ánimos y derechamente no logró conectar con la audiencia. Por suerte esto mejoró con Un poco de fé, donde la entrega ya era tal que el guitarrista traspasó las rejas que dan hacia la cancha para tocar parte de su solo entre los fanáticos que lo rodearon rápidamente.

A modo personal, debo admitir que Keops y Así Soy no eran precisamente lo que esperaba en el setlist. Ninguna es de mi total agrado y por consiguiente no fueron puntos altos al menos desde mi punto de vista. Pero debo reconocer y destacar la participación del resto de los metaleros. La primera fue coreada con un gran entusiasmo, mientras que Así Soy contó con esa cuota del “orgullo Heavy” tan propio de WarCry. Por más que suene cliché y que sea un concepto más que utilizado y criticado, lo cierto que es que ellos mismos se creen el cuento y logran traspasar eso a su fanaticada. No es de extrañarse entonces ver una gran cantidad de puños en alto exclamando el “Así soy/ Yo soy Heavy, eso soy!” con total alevosía.

Acercándonos ya hacia el encore, la dupla conformada por Devorando el Corazón y Tú Mismo elevaron el concepto de “karaoke” hacia la estratósfera. En serio lo decimos, ¿Alguien no se sabe la letra de este par de clásicos? Parecía que Víctor podía dejar sus funciones de lado ya que el estruendo de cada estrofa era realmente ensordecedor. ¿Qué me dicen del “Te llevo, tan dentro, que siento fuego en mi interior/ Quemando, ardiendo, va devorando el corazón“? ¿O del “Nada hay bajo el sol, que no tenga solución/ Nunca una noche venció a un amanecer“? Apoteósico sería poco decir. La cara de alegría y descontrol de cada uno de nosotros describe este momento de manera precisa. ¡Temazos por donde se les mire, loco!

Tras un par de minutos fuera de escena, Santi y Víctor aparecen solos sobre el escenario para entonar una sentida interpretación de No te Abandonaré, ending track de “Donde el silencio se rompió…“. Aquí nos enfrentamos a una de esas canciones que los españoles hacen a la perfección. Las baladas les caen como anillo al dedo y esta no fue la excepción. Es cierto que muchos esperaban Nana o El Amor de una Madre, pero dado el contexto que nos convocaba a la actual gira, lo cierto es que fue recibida de gran forma. El sentimiento plasmado en cada una de las notas logra conmover a cualquiera, de eso no hay dudas. Y para finalizar, como era de esperarse El Guardián de Troya y Hoy Gano Yo desataron el mosh pit correspondiente. Gritos, saltos, cánticos y por sobre todo, una felicidad desbordante fueron la tónica del grand finale. La cuestión ha llegado a tal punto que verdaderamente cuesta hablar por separado de cada composición. Uno da por hecho que ambas irán juntas en el setlist y que pondrán el broche de oro a una jornada inolvidable. Vale decir, una implica a la otra. Es así como tras dos horas y media de show, los asturianos comienzan a despedirse de un recinto que se rindió a sus pies desde el primer segundo.

Como mencionaron en un par de ocasiones, cuesta creer que esta haya sido su cuarta visita a Chile. El ambiente y la entrega de cada una de las partes solamente da para pensar que este es un vínculo inquebrantable. Las cerca de tres mil personas que llegaron al recinto de San Diego simplemente lo dejaron todo. Prometieron volver. Solo queda esperar a que sea lo más pronto posible.

 Setlist de WarCry:

  1. Alma de Conquistador
  2. Nuevo Mundo
  3. Contra el Viento
  4. Rebelde
  5. Siempre
  6. Cielo e Infierno
  7. Coraje
  8. Resistencia
  9. Cobarde
  10. Huelo el Miedo
  11. Muerte o Victoria
  12. La Vieja Guardia
  13. Ardo por Dentro
  14. Quiero Oírte
  15. Odio
  16. Un poco de fé
  17. Keops
  18. Así Soy
  19. Devorando el Corazón
  20. Tú Mismo

Encore

  1. No te Abandonaré
  2. El Guardián de Troya
  3. Hoy Gano Yo

Review: Gino Olivares
Fotos: Roberto Llanos

Live Review: Epica + VUUR (Teatro Caupolicán, 2018)

No vamos a descubrir ahora la popularidad y la fidelidad que desata Epica entre sus fanáticos. Es una de esas bandas que despierta una idolatría a prueba de balas, principalmente por su ícono y máxima figura, la descollante Simone Simons. Ahora bien, es sabido que los holandeses son un número probado y recurrente en nuestro país, pero el motivo de esta visita llamaba la atención principalmente por dos grandes razones. La primera desde luego que es escuchar en vivo las mejores canciones de ese pedazo de álbum llamado “The Holographic Principle” (2016). Como dice el dicho, “Los buenos discos se defienden en vivo” y esta era una oportunidad única que no había que dejar pasar. Por otro lado, el hecho de que la banda “soporte” fuera nada más y nada menos que VUUR, no hacía otra cosa que aumentar las expectativas y la complicidad entre sí. Anneke Van Giersbergen es de la casa y de cualquier forma se las ingeniaría para robarse la película. Veamos que tal.

VUUR

Con una puntualidad más que plausible, a las 20:00 hrs. comienza la presentación de los liderados por Anneke. Fácilmente unas 2000 personas aguardaban entre todas las localidades del recinto, que le brindaron un excelente recibimiento a los músicos antes del puntapié inicial. La dupla compuesta por Time – Rotterdam y My Champion – Berlin permitió apreciar el desplante de la banda y cómo no, los años de carretera de la frontwoman. Es cierto que no todos conocían el material proveniente del álbum “In This Moment We are Free – Cities” (2017), pero eso no fue impedimento para que cada uno se hiciera partícipe del show, acompañando con el headbanging respectivo o aplaudiendo cuando ellos lo solicitaban. Pero el asunto cambia radicalmente cuando la cantante nos adelanta que el siguiente tema es de The Gathering. La escogida sería On Most Surfaces (Inuït), la cual tuvo una reacción digna del plato principal. ¡Temazo por donde se le mire! Esa misma energía bajo la cancha claramente contagió a toda la sección de cuerdas en el escenario, que tuvo a un Ferry Duijsens dejándolo todo con su performance.

Para demostrar el amplio repertorio disponible, y más aún, para demostrar el dominio que se debe tener en una presentación así, sería el turno de escuchar material de The Gentle Storm, proyecto liderado junto al maestro Arjen Lucassen. Así es, la confianza y la experiencia es tal, que podemos pasar por cada una de sus bandas con total soltura. En esta ocasión, Anneke dejó su guitarra de lado para caminar a lo largo y ancho del escenario aprovechando de saludar a los más próximos a la reja. En tanto, Ed Warby junto a Johan van Straum hicieron de las suyas tras cada estribillo. Ahora, volviendo a su actual banda, Days Go By – London y Your Glorious Light Will Shine – Helsinki siguieron con la senda de sus predecesoras. Si bien en términos generales el ánimo inicial decayó un tanto, la vocalista constantemente se encargó de llevarse todas las miradas. Saludando de lado a lado o bien tomando un celular para grabar hacia el público en modo selfie. En este punto pudimos apreciar de mejor forma la atmósfera creada por el juego de luces, que tenían un predominante tono azulado. A su vez, cómo no destacar cada sección instrumental, donde Ferry y Otto alcanzan niveles superlativos.

Tras las correspondientes palabras de agradecimiento de la cantante, aprovecha de recordarnos que no están tocando solos y que en cosa de minutos aparecerá “the mighty Epica“. Desde luego que la ovación no se hizo esperar. Acorde al contexto, y haciendo una notable excepción dentro del setlist de este último tiempo, nos introduce la entretenida Sail Away – Santiago, que fue llevada con cautela para que todo explotara en ese coro digno de destacar: “Sail away I’ll watch you from afar/ Sail away I’ll crumble, ither, hunger, wonder when you/ Sail away and I will always follow your trail I pray/ I’ll find you, love you, hope to somwhow lad you home“. Muy por el contrario, Fallout fue recibida con caras de impaciencia y de ansiedad por cada uno de nosotros al ver que la hora avanzaba y que al parecer la banda principal se retrasaría según el horario pactado en la previa.

Por último, y tras la aseveración de que están trabajando en un nuevo álbum de VUUR, nuevamente una composición de The Gathering se llevó todos los aplausos. Strange Machines, opening track de “Mandylion” (1995), fue el epílogo perfecto para una jornada que musicalmente partió de manera óptima. Solo recuerden como Anneke dejó la vida cantando “I wanna do centuries in a lifetime/ And feel it with my hands/ Touch the world war II and Cleopatra/ Flying“. Y cómo olvidar el quiebre que se produce en la parte instrumental, ejecutada al milímetro. Lo demás es tierra conocida. Así, tras una hora de show, se puso fin a la presentación de VUUR. Es cierto que quizás se alargó un tanto, más de lo que se esperaba con antelación al menos, pero esto no quita que presenciamos a músicos de primer nivel y a una de las cantantes más versátiles y queridas por estos lados del mundo.

Setlist VUUR

  1. Time – Rotterdam
  2. My Champion – Berlin
  3. On Most Surfaces (The Gathering)
  4. The Storm (The Gentle Storm)
  5. Days Go By – London
  6. Your Glorious Light Will Shine – Helsinki
  7. Sail Away – Santiago
  8. Fallout (Devin Townsend Project)
  9. Strange Machines (The Gathering)

EPICA

Tras unos veinte minutos de espera, el estruendo que se produjo una vez que se apagaron las luces aún debe estar resonando dentro del teatro. Las cerca de 2500 personas que se hicieron presentes la noche del sábado, no dudaron en demostrar toda la euforia que los invadió en el momento, lo cual desde ya daba cuenta la gran jornada que viviríamos junto a los holandeses. Rápidamente comenzó a sonar la intro Ediola, que fue acompañada por los golpes de Ariën van Weesenbeek mientras esta iba tomando forma. De un segundo a otro aparece toda la sección de cuerdas junto al tecladista Coen Janssen para dar paso a Edge of the Blade, primer hachazo del setlist. Bastaron solo un par de acordes para que el centro de la cancha se convirtiera en un caos, aguardando aún la entrada de la frontwoman. Entonces, lo que se produjo una vez que Simone Simons entró en escena, solo se puede definir como una “reacción sobre reacción”. Si hasta ahí la cuestión era descontrol, cuesta describir lo ocurrido una vez que comenzó el primer verso. Es cierto que a ratos el micrófono se perdía entre los demás instrumentos y que costó un tanto regular el volumen, pero poco y nada importó considerando el ambiente que había dentro del recinto de San Diego. Desde luego que el “Time to break through/ Your walls are soaring high…” sonó como es debido, siempre con los puños en alto y con el headbanging respectivo.

Un clásico con todas sus letras es la incombustible Sensorium, primera revisión a “The Phantom Agony” (2003). Al ser una de las más queridas por todos, lo único que queda es dejarse llevar por los tonos de la vocalista durante los pasajes más calmados. Sabemos además del contraste que se producirá cuando Mark Jansen haga lo suyo con los gritos más desgarradores, los cuales no son más que un preparativo para el clímax absoluto. ¡Qué manera de gritar y aplaudir durante el “Our future has already been written by us alone/ But we don’t grasp the meaning of our programmed course of life/ We only fear what comes and smell death every day“! Hermosa postal y sin duda uno de los puntos altos de la noche.

Lo siguiente sería un cañonazo de aquellos. En serio, Fight Your Demons tiene todo para convertirse en un clásico de proporciones de aquí al futuro. Más aún al recordar la potencia y la agresividad con la que sonó de principio a fin. Eso sí, antes contó con un pequeño speech de Mark Jansen, donde los agradecimientos y el “You guys are fucking awesome” se llevaron una ovación cerrada de nuestra parte. Así, presenta el track mencionado y vuelve el caos a la cancha. La verdad es que con un temazo de este calibre poco y nada se puede precisar en lo que a detalles más finos se refiere. La fuerza es tal que solo queda disfrutar y apreciar ese coro épico que muestra a Epica en su mejor faceta, desatando así una especie de duelo entre ambos bandos. Mientras unos cantan el “We stand and fight until the end“, otros luego responderán con el “Turn your demons into shadows“. Todo esto acompañados por el gran Coen Janssen, que cada vez se mostraba más enérgico e hiperkinético. Por último, solo queda destacar la tremenda base rítmica cortesía de Rob y Ariën. ¡Pedazo de canción!

Esta vez es Simone quién nos da las gracias y nos introduce al siguiente corte, donde literalmente se llevó todos los aplausos. Hablamos de nada más y nada menos que la interesante Chasing the Dragon, composición que no era interpretada en vivo desde el año 2013 por lo demás. No vamos a descubrir ahora la excelente intérprete que es la cantante, pero así mismo no podemos dejar de destacar su prestancia y presencia sobre el plató. Durante la primera parte logró una sutileza y una emotividad como pocas veces se ha visto. Y es parte de un todo además. Los juegos de luces y la atmósfera reinante están de su lado. Ningún detalle al azar señoras y señores. Entonces, el asunto fue fluyendo poco a poco hasta que llegamos al quiebre y al outro frenético donde todos dan lo mejor de sí. ¡La pegada de Ariën madre mía! Pero esto no es nada sin el huracán de fondo que se despachan Mark e Isaac. A esta altura, no había duda alguna de la cátedra instrumental que la banda estaba dando.

Ascension – Dream State Armageddon y Dancing in a Hurricane fueron las encargadas de bajar las revoluciones y la euforia inicial. Si bien ambas fueron recibidas de manera un tanto fría, obviamente hay un par de elementos que debemos comentar. Para la primera, nuevamente la parte instrumental se llevó gran parte de nuestra atención. Los cambios de tiempos vertiginosos, la orquestación, el apoyo coral y los riffs callejeros no dejaron a nadie indiferente. Para la segunda, nuevamente la sutileza y la calma se hicieron presentes. Decimos esto porque cada pasaje fue construido poco a poco hasta que todo estalló en el coro y en la posterior intervención de Mark. Aplausos para Coen también, ya que junto a su teclado curvo bajó desde la tarima para tener un desplante mayor junto a la sección de cuerdas. Como dijimos anteriormente, ambos cortes estuvieron lejos de estar dentro de lo más destacado de la noche, pero la rigurosidad y la pulcritud en la ejecución siempre estarán presentes.

Nuevamente Mr. Jansen toma el micrófono para dirigirse al respetable y tras un complaciente “You guys rock!“, nos asegura que para lo que viene necesitará toda nuestra energía. Así, Victims of Contingency trajo de vuelta el headbanging generalizado y los puños en alto. En este punto es bueno destacar el trabajo y la complicidad de las dos voces principales. Vale decir, Simone a su debido tiempo se “resta” del papel principal sobre el escenario para dar paso al fraseo del guitarrista, logrando así que todas las miradas se centren en él. Este es el pilar fundamental de la dualidad de los holandeses. Cada intervención está donde tiene que estar y toda la banda juega para que esto funcione de manera óptima. Y para muestra un botón, puesto que durante Cry for the Moon esto es aún más evidente. La frontwoman pregunta si nos sabemos la letra y ante la obvia respuesta, comienza el clásico de clásicos. Faltan los adjetivos para describir esta composición monumental. Hablamos de esos momentos que definen carreras y más importante aún, definen un estilo por sí mismas. Metal Sinfónico a la vena. Y volviendo unas líneas atrás, basta recordar algunas postales sobre el plató para dar cuenta que lo que decimos es cierto. Cada uno brilla cuando es necesario. Mientras se van turnando los versos entre ambas voces, los demás músicos se encargan de no perder pisada y de estar atento a cada detalle. Luego viene el momento donde todo es goce. Pudimos ver a Coen e Isaac haciendo juegos sobre el mástil de la guitarra, o bien haciendo corazones hacia el público. Como era de esperarse, abajo todo era un karaoke con mosh incluido. Nadie se quedó sin cantar “Follow your common sense you cannot hide yourself/ Behind a fairytale forever and ever/ Only by revealing the whole truth can we disclose/ The soul of this sick bulwark forever and ever, forever and ever“, con sing-along incluído. Por último, al igual que en su última visita, Ariën se despacha un solo de gran factura para dar el final perfecto. ¡Insuperable!

Para aprovechar los ánimos y la buena disposición tras lo vivido recientemente, llegaría una sorpresa y quizás el instante más emotivo de todo el show. Concretamente hablamos del dueto entre Simone y Anneke durante la potente Storm the Sorrow. Aunque parezca obvio resaltar algo así, la interpretación de ambas fue simplemente descollante y demostraron una compenetración y respeto mutuo digno de aplausos. No por nada son absolutas referentes en lo que a cantantes femeninas se refieren. Han formado escuela y su influencia a nivel mundial está a la vista. Solo queda agradecer por darnos la oportunidad de apreciar tal espectáculo.

Para finalizar la primera parte del concierto, durante Unchain Utopia y Once Upon a Nightmare se vivió un contraste más que notorio en la recepción de la audiencia. Al igual que en la presentación del año 2015, la primera pasó casi desapercibida para la gran mayoría. Y de forma bastante injusta, puesto que es un gran tema que lamentablemente aún no logra llamar la atención. Por suerte la cosa mejoró notablemente durante la rescatada de “The Holographic Principle“, puesto que tras la petición de Simone, todo el Caupolicán alumbró con el flash de su celular toda la primera parte de la canción. Y la verdad es que al realizar una mirada panorámica de toda la galería, la imagen era realmente conmovedora. Por su parte, el trabajo vocal fue simplemente perfecto. Si a eso le sumamos las intervenciones de la voz en off que solo aumentaban la expectativa para cantar “On a road, changing course” o posteriormente el “He feeds on stainless souls“, la cosa iba directamente a lo apoteósico. Dicho y hecho, puesto que tras la base del teclado, Rob y Ariën crearon una muralla para dar paso a la última estrofa. Así, a las 22:33 hrs. la banda se despide por primera vez del escenario.

Tras un par de minutos ausentes, Coen Janssen  desde el backstage se encargó de animar y de distender el ambiente mientras se preparaban para la última tanda del setlist. Aprovechó de acompañar la melodía de los típicos cánticos de concierto con su teclado y de agradecer el apoyo entregado. Sobre la marcha aparece Isaac para decir “Hola, ¿todo bien? Sí claro” y para advertirnos que debemos gritar “Hey!” cuando él lo indique. Tras un par de ensayos, se suma Ariën y Rob para continuar con las exclamaciones marcando ellos el tiempo. Mientras esto ocurre, salen a escena los miembros restantes y súbitamente todo este interludio se transforma en la notable Sancta Terra. Para qué mencionar lo bien que fue recibida o lo estruendoso que se escuchó el “It’s a place where a wish will be granted/ Come you’ll see I’m right/ It’s a force that will live on within you/ Dark as day is light“. El mosh al centro de la cancha habló por sí solo.

Muy personalmente, Beyond the Matrix por lejos es mi favorita del último LP. Así de simple. Comprenderán entonces mi felicidad apenas la anunciaron. Y me llevé una grata sorpresa al darme cuenta que no era el único que la tiene entre sus predilectas, puesto que fácilmente fue una de las piezas donde el público más disfrutó. Cómo no hacerlo en todo caso, si el coro está hecho para que todos salten y bailen mientras escuchamos esos tonos propios de Epica. Entendiendo que el final cada vez estaba más cerca, no quedó otra que dejar la voz cantando “Shine past the sky, open your mind/ Then you will be balanced and free/ Be the master over your own energy!“. Temazo por donde se le mire. Todo el Caupolicán lo avala. Por último -y como es costumbre-, Consign to Oblivion agotó las últimas energías de los fanáticos. Lo particular en esta ocasión es que ocurrió algo un tanto inusual dentro de los conciertos del género. La cancha se abrió rápidamente dejando un gran vacío en el centro y con los presentes ubicándose a cada costado cuál campo de batalla. Todo indicaba que iba a ocurrir. Sí señoras y señores, ¡tras un par de notas se desató un wall of death de aquellos! Éxtasis, caos y euforia mezclados en cada uno de los participantes. Debo admitir que no me esperaba una reacción así, pero esto solo es muestra de un encore preparado al detalle. La idea era que la adrenalina llegara a tope y se cumplió con creces. De esta forma, casi diez minutos de algarabía pusieron el broche de oro para esta presentación.

Tras una hora y media de complicidad, fidelidad y de compromiso, los holandeses comienzan a despedirse frente a un teatro rendido a sus pies. Epica demostró una vez más que están para grandes cosas y que musicalmente hablando siguen en un nivel superlativo. Como dijimos al inicio, los buenos discos se defienden en vivo, y la banda dio una verdadera cátedra en este aspecto. Estaremos atentos a su regreso por estas tierras, de seguro será todo un éxito.

Setlist Epica:

  1. Edge of the Blade
  2. Sensorium
  3. Fight Your Demons
  4. Chasing the Dragon
  5. Ascension – Dream State Armageddon
  6. Dancing in a Hurricane
  7. Victims of Contingency
  8. Cry for the Moon
  9. Storm the Sorrow (con Anneke Van Giersbergen)
  10. Unchain Utopia
  11. Once Upon a Nightmare

Encore

  1. Sancta Terra
  2. Beyond the Matrix
  3. Consign to Oblivion

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Miguel Fuentes

Live Review: Europe en Chile (Gran Arena Monticello, 2018)

Europe es una de las bandas más subvaloradas en la historia del Rock. Que quede claro desde ya. Muy injustamente, algunos insisten en catalogarla como una agrupación de tan solo uno o dos éxitos conocidos con los que han logrado sobrevivir todo este tiempo (entiéndase The Final Countdown y Carrie). Y bien esto puede ser cierto, ya que la mayoría de la masa auditiva no está en conocimiento de la larga trayectoria de los suecos y mucho menos de la calidad superlativa de sus últimos trabajos. Porque “Last Look at Eden” (2009) y el más reciente “Walk The Earth” (2017) -sólo por nombrar un par- son una oda al Heavy Metal y al Hard Rock hecho y derecho. Pero más importante aún, son una oda a la reinvención y la vigencia tras más de treinta años de carrera. Pues bien, con esto último -y volviendo unas líneas atrás-, muchas veces uno se cuestiona cómo es que Europe no tiene el sitial que se merece dentro de la escena mundial o cómo es que hay algunos que insisten en pasarlos por alto con cada nuevo trabajo que van publicando.

Ahora, para suerte de los entendidos, dentro de la última década se han hecho habituales por estas tierras y han arrasado con todo a su paso con cada presentación en el Teatro Caupolicán. Y esta vez no tendría porqué ser distinto, ya que tras su show en el festival viñamarino, nuevamente demostraron toda la calidad y la prestancia que poseen. Un show sólido en todos los frentes que sirvió para demostrar la “buena salud” y la energía que poseen. Pero vamos a lo que nos convoca. Parecía casi lógica la confirmación de este sideshow donde la banda podría tocar un setlist más extenso y realizar un concierto más “íntimo” en el lejano Casino Monticello. De esta forma, una vez ingresado al recinto, rápidamente llegó una sensación de satisfacción al ver numerosas poleras negras rondando los pasillos y los stands que circundan el Gran Arena Monticello, ya que es un recinto nuevo para esta música que tanto amamos.

Apenas unos minutos antes de la hora pactada, y con la carátula del último LP de fondo en las pantallas, el puntapié inicial no podía ser otra que la notable Walk the Earth, canción que demostró todo el poderío de los suecos en base a un ritmo lento, pero que con cada pegada de Ian Haugland parecía que el techo se iba a venir abajo. Por su parte, el maestro de ceremonias mantuvo una postura más bien sobria cantando cada frase con una prestancia y un dominio escénico como pocos. Desde luego que el “Yeah, we walk the earth/ Like champions / With heart and soul / Like champions” se escuchó en lo alto, logrando que los más entusiastas acompañaran al frontman en el estribillo. Eso sí, el momento que se llevó todos los aplausos fue cuando Joey lanzó un enérgico “Come on Johnny!” justo antes del solo de guitarra. Y como era de esperarse, John Norum simplemente dio cátedra en sus funciones. ¡Excelente comienzo!

Debo admitir que mi favorita de “Walk the Earth” por lejos es The Siege. Básicamente porque es de esos tracks que van directo al hueso, sin grandes pretensiones, melódicos y por sobre todo, tiene una letra a prueba de balas que te queda dando vueltas en la cabeza de inmediato. ¡Qué manera de cantarlo! Joey dejó la vida en el “We can’t let go of this rage and rule / For another day we can take no fools / From this siege our hope has sprung / The revolution has to be won!“. Y ojo, que esto solamente sirvió como preámbulo para uno de los clímax de la noche, ya que tras el cordial “¡Buenas noches Monticello!” vendría la primera revisión a “The Final Countdown” (1986). Hablamos de la incombustible Rock the Night, donde podemos afirmar que ya estamos en territorio conocido. Vale decir, aplausos al ritmo de la batería, sing-along por doquier, el vocalista animando a los presentes y el “Rock now, rock the night / ‘Til early in the morning light / Rock now, rock the night / Rock now, rock the night / You’d better believe it’s right / Rock now, rock the night” resonando en cada rincón. Pedazo de clásico y un temazo por donde se le mire.

De vuelta a las composiciones de la nueva era, a todas luces una de las más sobresalientes es Last Look At Eden, donde Mic Michaeli logró recrear la atmósfera y la “orquestación” del track a la perfección. En tanto, Ian y John Levén hicieron lo propio con la base rítmica predominante en las canciones del nuevo milenio. Y es que hablamos de un verdadero cañonazo, de esos que desatan un headbanging generalizado y que luego te hacen levantar el puño para cantar a todo pulmón. Solo basta recordar el “One last look at Eden / Just stop believing and walk away…” para saber que lo que decimos es cierto.

Se ven bien” fue lo primero que dijo Joey una vez que quedó solo en escena. Aprovechó la instancia para dirigir unas pequeñas palabras a la audiencia y para preguntar cuántos habían visto el show de anoche en el Festival de Viña. Por supuesto que todos respondieron afirmativamente. Tras cartón nos da las gracias por “viajar al Monticello” y sobre la misma nos adelanta que tocarán dos piezas pertenecientes al “Walk the Earth“: GTO y Turn to Dust. La primera si bien sonó tan “callejera” y vertiginosa como en su versión en estudio, lamentablemente fue empañada por un problema de sonido bastante poco habitual. De pronto la amplificación dejó de funcionar en medio del solo de guitarra de John, dejando así a la banda sonando con su backline sobre el escenario. Por suerte los músicos no se vieron afectados por esto, ya que a juzgar por la actitud y por sus movimientos en el plató, ellos jamás no se dieron cuenta del percance y siguieron con la parte instrumental como si nada. Nosotros en tanto, no dudamos en manifestar nuestro malestar por la situación de forma inmediata. Una lástima la verdad. Pero bueno, al menos Turn to Dust puso las cosas en su lugar y pudimos disfrutar de ese outro épico, que contó además con la participación del frontman junto a un pandero para marcar el tiempo.

En contraste a la dupla anterior, llegarían dos clásicos de proporciones. Supertitious fue introducida entre risas luego de que Joey exclamara “Oh right!…la raja“. Así, el “Keep on walkin’ that road and I’ll follow / Keep on callin’ my name, I’ll be there…” no se hizo esperar, destacando también el trabajo de las segundas voces en el estribillo. Por supuesto que hablamos de una de las más queridas de la fanaticada, pero en esta ocasión queremos destacar el hecho de que el cantante se notó bastante más movedizo e inquieto. Tanto así que bajó cuidadosamente a la barricada para saludar a los más próximos a la reja. Un crack de clase mundial. Y esto solo fue en aumento al pasar a un tema que no necesita introducción alguna. En serio, ¿se puede agregar algo más de Carrie? Los años pasarán y seguirá sonando con la misma intensidad de siempre. Cada uno de los presentes se encarga de darle su propia teatralidad e interpretación al asunto. Para los que asistían por primera vez a un concierto de los suecos, esto equivale a saldar una deuda histórica con la banda y consigo mismos. Para otros esto se traduce en dejar nuevamente la voz como ya lo han hecho en otras ocasiones. Porque nada se compara a corear una canción que ha marcado tu vida y que pertenece al soundtrack de generaciones. ¡Qué grande Europe, loco!

Pasamos al primer interludio del show con el interesante solo de batería de Ian, donde demostró parte de sus virtudes mientras de fondo sonaba la famosísima William Tell Overture de Gioachino Rossini. Así, entre cada pasaje iba poniendo de su cosecha, destacando su trabajo sobre el doble pedal que retumbó sin pausa alguna. Más que merecida la ovación, ya que fue una intervención precisa y concisa, sin exageraciones y que además marcó la pauta para entrar de lleno a la segunda parte del setlist.

Antes de ese cañonazo llamado Scream of Anger, Tempest se encarga de presentar a toda la banda y de pedirnos además si podemos cantar la canción de cumpleaños para John Norum, quién según las bromas del cantante, cumplía tan solo 29 años. Y sus deseos son órdenes, puesto que toda la Arena Monticello se hizo una sola voz para la dedicatoria. Bajan los aplausos y en cosa de segundos comienza a sonar la composición señalada. Loco, ¡qué temazo es Scream of Anger! Es increíble que aún no sea considerada como una de las grandes creaciones de los suecos. En serio lo decimos, acá hay una labor inconclusa de todos nosotros. Es necesario hacer una reflexión interna de cómo es que no está dentro de las favoritas de la fanaticada. ¿Escucharon como sonaba el bajo de Levén? ¿Y qué hay del doble pedal? ¿El “This is the price I have to pay” del final? La verdad es que sobran los calificativos. Volvemos a la introducción: Europe es una de las bandas más subvaloradas de la historia. Para nuestro bien, tras una pequeña intro de Mic, la reacción fue más que estridente una vez que entró de lleno a tocar las primeras notas de la bellísima Sign of the Times, la cual resume de gran manera el sonido de la banda durante los años ochenta. Sin duda otro de los puntos altos de la noche, que se resume en una interpretación superlativa de cada uno de los músicos. Para el recuerdo queda el “It’s the way that we make things right / It’s the way that we hold on tight / I know, it’s the sign of the times…” que contó con la interpretación de un frontman cada vez más hiperventilado. ¡Doblete para enmarcar!

Segunda pausa en el setlist y llegaría el turno de la instrumental Vasastan. Pieza instrumental que demuestra toda la clase y los años de carretera del guitarrista (con guiños evidentes al gran Gary Moore). Da gusto poder escuchar una interpretación de estas características, donde no es necesaria la velocidad ni el virtuosismo demostrado en exceso con técnicas metahumanas. No, solo una ejecución pulcra y al detalle para lograr la atención de todos. Ovación cerrada y nos preparábamos para la tanda final.

Siguiendo con el álbum del año 2015, War of Kings y Hole in My Pocket fueron recibidas de manera mucho más fría. Injustamente, la primera incluso fue pasada por alto por gran parte de la audiencia. Por su parte, la segunda revivió fantasmas del pasado de los cuales no quisiéramos hablar. La amplificación fallaría por segunda vez, siendo en esta oportunidad de manera mucho más extensa. Ahora, siendo lo más objetivos posibles, estos dos desperfectos en el sonido son “perdonables” (que se entiendan las comillas, por favor) considerando que no ocurrieron durante las canciones más esperadas de los asistentes. Pero la reacción de todos cambia evidentemente cuando la afectada es un clásico como Open Your Heart. Y duele aún más al ver todo el preámbulo que se genera antes de que comience a sonar. Porque en primer lugar el cantante se cuelga la guitarra acústica, señal inequívoca que se viene un karaoke de aquellos. Obviamente nos incita a cantar junto a él, para que finalmente todo explote en ese estribillo que brilla con luces propias. Entonces, ¡no puede ocurrir la misma falla dos veces durante la misma canción! Las caras  a mi alrededor ya eran casi de decepción y no fueron pocos los que llegaron hasta la mesa de sonido para pedir explicaciones. Y cómo no estarlo, si se cortó toda la inspiración del momento, mientras la banda sí se escuchaba a través del backline del escenario. Pero bueno. Siempre hay algo que destacar. Todos nos encargamos de seguir cantando la letra como si de eso dependiera nuestra vida. Había que salir adelante de alguna forma, y contra vientos y marea lo conseguimos.

Cambio de guitarra para Joey y vendría la rockera Ready Or Not, con la cual la banda sigue demostrando todos sus atributos y que en vivo siguen siendo un aplanadora. Más que destacable es el trabajo de las guitarras, que se llevan todo el peso en cada matiz, mientras Michaeli hace lo propio con los arreglos de teclado sonando de fondo. Así, pasamos al grand finale. El momento más esperado para todos los presentes. Cherokee y la sempiterna The Final Countdown desataron la algarabía y la euforia de cada uno de nosotros. Este es precisamente uno de esos instantes en el que sabemos perfectamente lo que hay que hacer. Sabemos que hay que saltar una vez que caen todos los instrumentos. Sabemos que hay que cantar cada una de las estrofas y especialmente los coros “Cherokee! marching on the trail of tears!“, además de “It’s the final countdown!“. Sabemos que hay que dejarlo todo porque esto ya está acabando. ¡Una verdadera fiesta en la cancha!

Así, a las 23:20 hrs. los suecos comienzan a despedirse entre aplausos y ovaciones cada vez más estridentes. Es cierto que hubo varios factores contraproducentes en la previa y en el desarrollo del show que pudieron afectarlo de forma considerable. En primer lugar, la lejanía del recinto desde luego que impidió que muchos fanáticos asistieran al concierto. Luego, tras la presentación en el festival viñamarino apenas horas antes, se eliminó el factor sorpresa y ya todos íbamos con una idea bastante clara de lo que veríamos en escena. Y finalmente, los problemas técnicos mencionados pudieron fácilmente haber arruinado una jornada tan especial como esta. Pero no. Europe a punta de clase, de buenas canciones, de interpretaciones que rozan la perfección y de años de experiencia, logró demostrar que son una agrupación de clase mundial. De esas que hay que ver al menos una vez en la vida. De esas que se merecen el reconocimiento de todo amante de la música. ¡Que vuelvan cuando quieran!

Setlist Europe

  1. Walk the Earth
  2. The Siege
  3. Rock the Night
  4. Last look At Eden
  5. GTO
  6. Turn to Dust
  7. Supertitious
  8. Carrie
  9. Solo de Batería
  10. Scream of Anger
  11. Sign of the Times
  12. Vasastan
  13. War of Kings
  14. Hole in My Pocket
  15. Open Your Heart
  16. Ready or Not
  17. Cherokee
  18. The Final Countdown

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Rage en Chile + Iron Spell y Austral (2018)

Rage es una banda de culto. Es cierto que a estas alturas ello suena a frase cliché, pero es una realidad palpable y verificable. El inagotable caudal compositivo de Peter “Peavy” Wagner sigue generando admiración: ¿cuántas bandas, hoy en día, son capaces de sacar tanta música nueva como Rage? Sólo un botón de muestra: la banda registra un disco el 2016 y otro el 2017. Eso lo hacían las bandas en los ´80, hoy prácticamente nadie saca discos así de seguido –con el devenir de la tecnología, las formas de generar recursos por parte de las bandas distan de orientarse hacia la creatividad compositiva–.

Pero Peavy es un experto remero contra la corriente. La primera –y hasta esta jornada, única– vez que vino Rage a Chile fue en ese enorme 2011 plagado de conciertos que muchos pensábamos como irrepetibles. Y creo que muchos pensamos en que Rage no volvería a pisar estas tierras, son un grupo más bien de “nicho” y difícilmente sea un gran negocio económico aventurarse a traerlos. Sin embargo, se hacía realidad la chance de tener nuevamente a Peavy sobre un escenario nacional, esta vez junto a Vassilios “Lucky” Maniatopoulos en batería, y al venezolano Marcos Rodríguez en guitarra y coros.

Para intentar resumir en una frase corta lo que fue el show, me daré el lujo de plantear una situación de gusto personal. Quien escribe estas líneas es fanático de la guitarra del bielorruso Victor Dmitrievich Smolski, un verdadero genio de las seis cuerdas a quien vimos con Rage el 2011 y que hace algunos años abandonó la banda. A tal punto que quizás Smolski esté convocado a su banda ideal, o al menos sea un reserva de lujo de Wolf Hoffmann y Kai Hansen. Sin embargo –e intentando ahora dar con la frase prometida al principio de este párrafo–, lo mejor que le pudo haber pasado a Rage es la llegada de Marcos Rodríguez.

Qué está diciendo este caballero”, se preguntará el amigo lector que no fue al concierto. O el que fue. Intentaremos explicárselo a lo largo de estas líneas que, como nunca, procurarán ser breves.

Llegamos al Pub Subterráneo poco antes de las 20.00 y nos encontramos con la primera banda soporte, Austral, probando sonido y con un telón de fondo con el logo de la banda. Palabras aparte para Subterráneo: un recinto ordenado, con buenas instalaciones, menos caluroso de lo previsto, con buena venta de productos, hasta con baños sin necesidad de usar gualetas, sin olores inaceptables ni mucho menos nauseabundos. Dedo para arriba.

Con unas doscientas personas en el recinto, y con algo de atraso respecto a lo previsto, los muchachos de Austral comenzaron su presentación a las 20:15 horas. No había tenido la oportunidad de escuchar a estos muchachos y de verdad su propuesta de lo que ellos mismos denominan como “Metal Étnico” es bastante interesante y admite muchas posibilidades de desarrollo. Presentando buena parte de su trabajo que mezcla elementos de Metal con influencias evidentes de nuestra música de pueblos originarios –particularmente de la zona sur–, este quinteto nacido en el 2009, compuesto por Pablo Yáñez en voz, Mario González en guitarra, Juan Francisco Contreras en bajo, Luis González en batería y Jorge Saldaña en percusión, exhibe un atrevimiento que hace inevitable recordar a “Roots” de Sepultura, aunque evidentemente desde una perspectiva chilena, con diversos instrumentos extra.

Con algunos ritmos de cueca, momentos en que Pablo sacó sonidos de una trutruca o de cascabeles, el propio Pablo con Mario tocando flautas, lo de Austral llama la atención no sólo por su puesta en escena, sino porque además no pierden la esencia de ser una banda de Metal, con actitud, incluso el propio Pablo recuerda –guardando las proporciones– algunas cosas de Phil Anselmo aunque sin ese elemento tan cuestionable de autoinferirse lesiones craneanas con el micrófono. Presentando material de su disco 2017 “Patagonia”, que busca representar los genocidios de pueblos originarios en el sur profundo de nuestra tierra –particularmente los Selknam–, son una banda para darle más de una vuelta. “Patagonia” está completo en YouTube y definitivamente vale la pena explorar la propuesta de Austral, que a lo mejor cuesta un poco en principio conectar con ella –para quienes somos un poco más cerrados–, pero que pasado ese umbral de cierta incredulidad, uno logra apreciar y disfrutar. Muy interesante lo de Austral, que en media hora de show capturó nuestra atención –incluso la de “Lucky” Maniatopoulos, baterista de Rage, a quien vimos presenciando parte del show como un asistente más, probablemente le haya llamado la atención ver a un percusionista además del baterista– y nos hizo sentir un poco más chilenos, no en el sentido chauvinista, sino que como parte de esa mezcla racial siempre dinámica que nos hace ser quienes somos.

Setlist de Austral:

Newen
Kloketen
Cacería
Mantra Suicida
Franja de Sangre


Luego de que la organización hiciese pasar a los ganadores del Meet & Greet con Rage, a las 21:00 horas sería el turno de Iron Spell, una de las bandas insignias de ese Metal más tradicional que tiene un circuito extremadamente fiel en nuestro país, ese Metál con tilde en la á, con esas cosas retro de escucharlos en cassette y con walkman mientras uno se hace una piscola con Free y pisco Control, más metálico que metalero. En este circuito al que hacíamos referencia, Iron Spell la rompe con su puesta en escena retro y con mucho cuero, genera una adhesión tremenda por parte de su fanaticada, y si bien ahora los asistentes iban primordialmente a ver a Rage, el quinteto compuesto por Merciless en voces, Rocko Van Roman en bajo, Raiden y Terry en guitarras y Steelhammer en batería no tuvo el más mínimo problema en conquistar a una audiencia ya cercana a los trescientos espectadores y convertirla en esa caldera que ellos logran formar en sus presentaciones.

A estas alturas no es disparatado sostener que Torches In The Woods, We Are Legion o Heavy Metal Witchcraft son clásicos del Metal nacional, y particularmente este último corte, con el cual cerraron su presentación tras media hora una importante dosis de Metál tradicional, con Merciless mostrando un vinilo de su ya famoso demo “Heavy Metal Witchcraft” que le fuese entregado desde el público. A estas alturas del partido, Iron Spell es jugar a la segura y siempre es un agrado presenciar su entrega, puesta en escena y capacidad de transportarnos a años fenomenales que a muchos nos habría gustado haber vivido.

Setlist de Iron Spell:

Evil Gipsy
Night of The Mothman
Torches In The Woods
We are Legion
Riding in the Darkness
Heavy Metal Witchcraft 

Cambia el telón por parte de la portada del último trabajo de los alemanes, el solidísimo “Seasons Of The Black”, y llegaría lo que todos estábamos esperando: la salida a escena de Rage. A las 21:45 se fueron las luces y una intro mezcló algunos pasajes de canciones de Rage sonando como en una radio AM mal sintonizada –alcanzamos a detectar Until I Die y Soundchaser–, pasando a la breve instrumental Gaia como intro de Justify, tema de la última placa de la banda y que abriría los fuegos del plato de fondo de la velada. Sale primero Lucky hacia la batería, luego el venezolano Marcos con su guitarra y, finalmente, por supuesto, el gran Peter “Peavy” Wagner, respecto del cual a uno se le ocurren muchos adjetivos calificativos, pero uno se aventura a sostener que el que quizás mejor le quede, sea el de ser un tipo querible. Con esa impronta temible de ser un individuo de más de 1.90 metros de estatura, superar con largueza los tres dígitos en la balanza y una barba intimidante, Peavy sonríe, nos saca la lengua y se le nota feliz en el escenario con su voz raspada, quizás no virtuosa, pero con la solidez y potencia de siempre.

A continuación de los primeros “Peavy, Peavy” que después derivaron a “Marcos, Marcos” y finalmente a “Rage! Rage! Rage” por parte del público, Peavy nos saluda en español diciéndonos “hola amigos, ¡qué pasa!”, y luego nos pregunta en inglés si estamos listos “for some fucking Metal!”, y sin respiro nos lanzan uno de los más intensos, rápidos y descuajaringadores temas de toda la carrera de Rage, una joya como Sent By The Devil. Uno veía la cara de Lucky machacando los tarros con ese incesante “tuca tuca” y se conmovía, y también llamó la atención que Marcos logró hacer la armonía de parte del solo, recordando que en el tiempo en que se lanzó el glorioso “Black In Mind” –disco al que pertenece esta canción– la banda tenía dos guitarras.

Después de bajar un poco las revoluciones con From The Cradle To The Grave de “XIII, Peavy nos dice que es maravilloso estar de vuelta en Chile y nos presentó a la banda, y en su primera intervención con el público, Marcos derechamente se robó la película, en el buen sentido. Un individuo con un talento sorprendente, como iremos viendo, no sólo por ser un muy buen guitarrista, sino que un tipo muy carismático y simpático, que no sólo nos habló en español, sino que imitó el acento chileno con frases “cantaditas” como “la raja hueón”, causando carcajadas del público. Y Peavy nos pregunta si nosotros los metaleros somos gente que hacemos las cosas a nuestra manera, evidentemente introduciendo lo siguiente, que sería My Way, uno de los temas más destacables de los últimos años de carrera de un trío que suena con tal nivel de potencia y sincronía que uno no puede entender cómo cresta pueden hacerlo si son sólo tres.

Los “o-ooo-oh, o-ooo-oh” del público, tan típico de los conciertos metaleros, fue seguido por Marcos y Lucky durante algunos instantes, previos a que Peavy nos presentara Nevermore, clásico de “The Missing Link”, otra de las joyas con las que cuenta el catálogo de Rage, muy coreada por un público que respondió de la misma forma con el corte que abre la última placa de la banda, Season Of The Black, una patada en la cabeza con estoperoles. En este tipo de conciertos, quizás menos masivo y más de nicho, una de las gracias es que el público generalmente es muy fanático y aplicado, y reacciona casi de la misma forma con clásicos de los ’80 o ’90 que con temas actuales. Lo que en otros conciertos marca contrastes evidentes en ese aspecto, en este show no se vio y parece un buen momento para destacarlo en esta reseña.

Vendrían nuevos “Rage! Rage! Rage!” del público y agradecimientos de Peavy (“muchas gracias, cabrones!”), tras lo cual líder nos comenta que van a tocar un tema que no han ensayado mucho, y la intervención de Marcos “en chileno” diciéndonos “puta que buena, hueón” causó una nueva tempestad de risas, que aumentaron cuando el propio venezolano nos dijo que lo siguiente provendría de un disco lanzado en 1996, y que fue uno de los primeros temas de la banda que él escuchó porque ese año él nació. Luego, con un ceño forzadamente adusto nos dice que “ahora, serio, porque somos Rage”, nos presentaron Deep In The Blackest Hole y End Of All Days, dos solidísimos cortes del propio “End Of All Days”, uno de los trabajos más queridos de toda la carrera de la banda. Excelente momento de sing-along con el segundo de los temas mencionados.

A continuación de Turn The Page, con Peavy sacando la lengua en su forma tan característica, Marcos nos dice que su madre está en Tenerife, al otro lado del “charco” (refiriéndose al Océano Atlántico), y quiere que ella escuche cómo lo estamos pasando, haciéndonos emitir un grito colectivo que, esperamos, se haya sentido en las Islas Canarias. Un tipo muy simpático y sencillo, con el cual tuvimos la oportunidad de intercambiar un par de palabras antes del show, mostrándose muy contento por estar por primera vez en La Patria Grande junto a Rage, dándonos las gracias por el recibimiento y presentándonos un tema de “Black In Mind” compuesto –cómo no– por “la leyenda Peavy, y que espera que el propio Wagner se lleve un lindo recuerdo de la reacción del público con The Price Of War, otra gema destacada de una placa extraordinaria como la señalada.

Nuestra reacción fue calificada como “amazing!” por parte de Peavy y Marcos, y acercándonos –lamentablemente– al final del show, la banda nos entregaría el single de su último disco, la excelente Blackened Karma, tras lo cual Marcos nos dice “nos vemos, chao”. Ante nuestra negativa, vendría otro de los platos fuertes, “la canción más antigua de la noche”, incluso Peavy nos señaló que “ni siquiera me acuerdo cuándo la compuse”. Nada menos que esa gloriosa pieza llamada Don’t Fear The Winter, probablemente el tema insignia de Rage, que provocó la reacción enfervorizada de un público que quería más. Sin embargo, la banda se despidió por unos momentos del escenario, terminando la primera parte del show.

Pero quedaba algo más. La banda vuelve a escena con la última canción de la jornada, nada menos que Higher Than The Sky, sin dudas uno de los temas más queridos de la banda y con la que acostumbra cerrar sus shows. Pero la interpretación contaría con un Marcos que se robaría la película. Peavy es tan inteligente como humilde y no tuvo problemas en ceder el protagonismo a un hermano hispanoparlante tocando en Latinoamérica, que se sintió a sus anchas llamando a los “higher than the sky, we’re / higher than the sky, sky, sky”. Sin embargo, el jam de guitarra y los homenajes a Ronnie James Dio con pasajes de Heaven And Hell y Holy Diver fueron realmente impresionantes, fundamentalmente gracias al histrionismo, talento y carisma de Marcos para no sólo cantar muy bien, sino que imitar excelentemente el timbre y el lenguaje corporal del fallecido Enano Maldito. Así, a las 23.10 horas, y con la banda manifestando desear vernos pronto nuevamente, Rage se despide del escenario, con Marcos metiendo pasajes de La Marcha Imperial en el final del tema y con un Peavy dándole un fraterno y paternal beso en la cabeza al momento de otorgarnos su reverencia de despedida.

¿Bueno, pero corto? ¿O corto, pero bueno? Queda a criterio de quien haya estado presente. Lo que sí, parece no haber duda alguna en que se trató de un show redondo, que no decayó en ningún instante, con un sonido bastante bueno y con una banda cuya solidez y redondez sigue sorprendiendo, y perdura esa sensación de incredulidad de cómo se puede sonar así siendo apenas tres músicos. Se nota una banda rejuvenecida y revitalizada con esta formación, y definitivamente hay Rage para rato. Y si además tenemos ahí a un hermano latino, ¿qué mejor?

Setlist de Rage:

Gaia (Intro) / Justify
Sent by the Devil
From the Cradle to the Grave
My Way
Nevermore
Season of the Black
Deep in the Blackest Hole
End of All Days
Turn the Page
The Price of War
Blackened Karma
Don’t Fear the Winter
Encore:
Higher Than the Sky / Heaven and Hell / Holy Diver / Higher Than the Sky

Review: Darío Sanhueza De la Cruz
Fotos: Diego Pino

Live Review: Rhapsody en Chile (2018)

No hay que dar por sentado el segundo tramo de esta gira de despedida de Rhapsody. No es necesario hacer comparaciones con la visita del 2017. Tampoco sería delicado el preguntarse por qué vuelven, si se supone que ya habían dicho adiós. La magia de este Rhapsody está más viva que nunca y tanto los músicos como los fanáticos tienen el derecho de seguir disfrutando de estas canciones en vivo.

No importó la fecha veraniega ni la proximidad del anterior show. Tres mil quinientos fanáticos se congregaron en el Teatro Caupolicán y qué impresionante fue ver a muchísimas personas de 33-35 años para arriba en el concierto, de esas que en su adolescencia fueron testigos de la explosión del Power Metal y que se reencontraron con ellos mismos y sus gustos durante las dos horas entregadas por Rhapsody.

Tampoco hay que menospreciar la importancia de una banda que ha sabido hechizar a generaciones posteriores, con ellos bien adelante en cancha para estar lo más cerca posible de los mpusicos. Como pocas veces en el contexto de un show de Power Metal, hubo una transversalidad de público que no hace más que hablar bien de una banda que tocaba no para una despedida, sino para una verdadera fiesta de colores épicos.

Las dos horas de concierto partieron a las nueve en punto, con una presentación por el arribo de Dawn Of Victory. Los franceses Patrice Guers y Dominique Leurquin parecían rejuvenecidos, mientras que Luca Turilli salía con pura energía, para dar la vida en escenario, con cada nota y melodía transformándola en un triunfo. Alex Holzwarth se mostraba como la máquina precisa que siempre ha sido, y Fabio Lione se veía -muy rápidamente- en plena forma. No importaba la dicción, sino solo su potencia y majestuosidad vocal a prueba de los años. Hubo interpretaciones simplemente portentosas desde el punto de vista vocal, y hay canciones que suenan de hecho mejor en vivo que en los álbumes (insólito para una banda tan detallista en estudio), y eso es gracias a la extraordinaria fuerza en las voces de Lione.

A esas alturas el público ya estaba eufórico y comprometía su algarabía al recibir Wisdom of the Kings del “Symphony Of Enchanted Lands”, disco que este 2018 cumple veinte años y que es ocupado como el gancho para celebrar esta gira de despedida. Rhapsody reinventaba un setlist que no se saldría del guión de entregar clásicos y tempranos momentos definitorios de su carrera.

Aquí, habría una pequeña pausa para que Fabio diera sus primeros saludos en su ya conocido –aunque todavía impredecible– inglés-castellano, locución que terminaría en otra revisión al trabajo del 2000, con la interpretación de The Village Of Dwarves. Si había espacio en cancha, los fanáticos bailaban. Si había altura suficiente hacia el techo, los fanáticos saltaban. Se producía una energía que hacía que el grupo lo pasara tan bien o incluso mejor que los asistentes, y esa actitud se notó absolutamente en todo el show.

“Rise, mighty dragon!!! “La triada de Power of the Dragonflame, Beyond the Gates of Infinity y Knightrider of Doom, trajo consigo la sección más intensa del repertorio, con pequeños mosh que ya no son inusuales en conciertos de Power Metal en el Caupolicán. Hablamos de clásicos que a muchos marcaron hace ya más de quince años, pero coros como el de Knightrider of Doom sigue sonando tan épicos y cinematográficos como el día que fueron lanzados.

La balada Wings of Destiny, que entregó un segundo respiro en el setlist, fue seguida con solemnidad y emoción por muchos fanáticos, quienes alzaban sus puños y rostros para cantar junto con Lione y la banda. When Demons Awake volvió a despertar al Caupolicán, con su inevitable vendaval sinfónico y sus líneas vocales a lo Manowar. Fabio interactuaba con quienes estaban adelante, mientras  que Guers y Leurquin lo hacían con los extremos ubicados en las plateas. Era asombroso cómo ninguno de los miembros dejaba de comunicarse con la audiencia, siempre había una espacio para intercambiar miradas y sonrisas.

En este momento, Fabio Lione se adentró en una pausa para recordar a un amigo suyo que ya no estaba… aquí corrió el riesgo de generar cierto morbo debido a la ausencia de Alex Staropoli (su nombre fue el primero que pensé, para ser brutalmente franco), pero su dedicatoria la elevó al actor y artista Christopher Lee, pidiendo a todos los presentes unirse al homenaje con la interpretación de la cinematográfica Riding the Wings of Eternity. Quizás qué conexión habrá tenido Lee con esta pista en particular, pero lo concreto es que se trató de uno de los puntos altos del concierto.

Sin darnos cuenta ya íbamos en la segunda mitad del show, la cual era sellada con la épica Symphony Of Enchanted Lands, corte que invitaría a saltar a todo el Caupolicán con sus diversos actos y relieves, para luego seguir con un solo de Alex Holzwarth, con arreglos inspirados en el tema principal de Game of Thrones. No faltaron los “ohs” de un público -por supuesto- fiel a la serie y a la banda, en uno de esos instantes que bien podrán ser calificados como “easter eggs” de un concierto. Que los setlist estén disponibles en la web a solo horas de finalizado un concierto puede hacer que estas sorpresas pierdan un poco su atractivo, pero los que estuvieron presentes se pudieron dar un gusto con este tipo de salidas (a propósito, me tuve que retirar de la parte donde estaba presenciando el show porque un sujeto con un celular empezó a gritar a sus amigos las canciones que venían después del solo de Alex… por favor, CONSIDERACIÓN y RESPETO por quienes prefieren ir sin saberse el orden de los temas que se van a tocar).

Land of Immortals, la siempre única escogida de “Legendary Tales” para los números en vivo, fue la que vino a continuación, un infaltable para todos los seguidores de Rhapsody. Siempre me detengo a pensar en cómo fue una de las primeras canciones escritas por los italianos, y cómo logró desplegar el estilo y full potencial de la banda en una etapa tan temprana. Qué mágicos debieron ser esos años para unos músicos que estaban encontrando su gloriosa identidad, con temas como este que, si bien fueron nóveles, perfectamente pueden ser considerados como unos de sus mejores. Canción prodigio que nuevamente fue interpretada con clase, orgullo y fuerza por unos artistas que han marcado escena y sonidos antes solo imaginados en sueños

La épica adaptación de la Sinfonía del Nuevo Mundo de Antonin Dvorak, The Wizard’s Last Rhymes, aportó su excelente cuota de dramatismo, con un Lione absolutamente pletórico. A los lejos, es bastante fácil hacer mofa de este cantante por estar en cada banda y proyecto habido y por haber, pero en vivo lo que contagia es respeto y majestuosidad extrema.

La sorpresa, en lo personal, fue lo que vino después: el tremendo solo de bajo de Patrice Guers, una “musicalización de bajo” más bien dicho, acompañada por la batería y unos samples, con arreglos muy rítmicos y percutidos desde el instrumento principal, que bien dibujaban ambientes oscuros, apocalípticos y modernos. Me transporté completamente con esta pieza, uno de los mejores “bass solo” que haya presenciado en el último tiempo.

El nivel de performance continuaría al alza de hecho, con un Fabio descollante y celebrado presentando una adaptación de Con Te Partirò, “entrenada” al parecer por el mismo Andrea Bocelli, como dijera Lione antes de cantarla. Lo cierto es que Fabio tuvo un concierto en estado de gracia, y cuesta creer que esta banda no tenga ganas de continuar, no quizás con discos pero sí con más giras, ya que la energía que se está generando con estas presentaciones es simplemente muy grande. De seguro se están alimentando de ella, al menos para reconsiderar la pausa definitiva.

Con esa reflexión, Rhapsody me volvió a despertar con Holy Thunderforce, atronadora interpretación en un instante en que el concierto estaba tomando ribetes muy emotivos. Aquí, tras el encore de Rain of a Thousand Flames, Lamento Eroico (enorme Fabio de nuevo) y Emerald Sword, la banda conversó con el público en un instante donde Luca llegó a todos con un mensaje de gratitud. Luego de quedar genuinamente emocionado por el vitoreo del teatro, recordó que la idea de formar Rhapsody era transmitir un mensaje de amor, esperanza y respeto a través de la música, tarea que siento que ha cumplido a cabalidad, a juzgar por la energía liberada en este solo evento. Turilli, todo un paladín del metal épico, apasionado y ambicioso, serio y soñador al mismo tiempo, un “buen hombre” que se nota agradecido por estos años de carrera y de todos los fans que tiene gracias a sus sagas y conceptos.

Si esta es la despedida definitiva de Rhapsody, habría que terminar dándoles las gracias por haber marcado tanto a un movimiento que le debe una enormidad. No obstante, el momento actual de esta formación es tan bueno, tanto en la convocatoria como en lo interpretativo y en el ambiente que se ha creado, que me parece que nadie se molestaría si decidiesen cancelar los planes y continuar. Prefiero quedarme con esa sensación, que se trata de un hasta pronto, de un hasta pronto que incluso en un regreso podría recomponer lazos con un ausente de esta fiesta, el Señor Staropoli. En fin, algo me dice que estos días están dentro de los mejores que Rhapsody ha vivido en su recorrido, y es de sentido común no querer soltarlo.

Si hemos visto que Tobias Sammet no es capaz de desligarse de Avantasia, por más que quiera, veamos qué decisiones depara el futuro para esta encarnación de Rhapsody.

Setlist:

01. In Tenebris (Intro)
02. Dawn of Victory
03. Wisdom of the Kings
04. The Village of Dwarves
05. Power of the Dragonflame
06. Beyond the Gates of Infinity
07. Knightrider of Doom
08. Wings of Destiny
09. When Demons Awake
10. Riding the Winds of Eternity
11. Symphony of Enchanted Lands
12. Solo de batería de Alex Holzwarth
13. Land of Immortals
14. The Wizard’s Last Rhymes
15. Solo de bajo de Patrice Guers
16. Con te partirò (original de Francesco Sartori y Lucio Quarantotto)
17. Holy Thunderforce
Encore:
18. Rain of a Thousand Flames
19. Lamento Eroico
20. Emerald Sword

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Solid Rock 2017

Llega el octavo día de diciembre y es el turno de Chile para recibir al festival Solid Rock que viene desde el otro lado de la cordillera. Con el sol todavía mostrando sus dorados dientes nos recibe Arena Movistar, recinto que conoce la manera en que vibran los rockeros chilenos que nutren su infraestructura. El entusiasmo de día viernes se sumó a esta particular noche que nos llenó de buena música y que, al finalizar, nos depositó en el silencio madrugada en el cual que nos encontramos  repasando estas memorias que compartimos con ustedes, lectores de buen gusto.

Volvamos a las 21 horas de este viernes 8: Las canciones de cortesía dejan de sonar para dar paso al intro de la primera banda del cartel. El recinto se oscurece, el apellido del genio del electromagnetismo se ilumina fuerte en el fondo y un maestro de ceremonias presenta la banda que se identifica bajo él. “Now here we go, on with the show” reza el coro de la canción que los californianos Tesla escogieron para el inicio. Mensaje fuerte y claro, como la voz de Jeff Keith, cuyo volumen y registro llama tanto la atención como su histriónico desplante por el escenario.

La arena todavía sumaba audiencia a pasos lentos, pero de a poco la respuesta e interacción con la banda se hizo notar. Bastó un simple dedo de Frank Hannon hacia la platea baja para provocar una eufórica respuesta del sector. Y es que Frank Hannon no se quedó atrás en presencia si lo comparamos a su energético “compañero en el crimen”. Una presentación impecable de parte del guitarrista líder, que además de pulcritud en las cuerdas, asume segunda voz y realiza geniales intervenciones con un theremin. Este particular instrumento “invisible” se rehusó a ser reemplazado por un harmónico en la guitarra u otra solución tecnológica, asegurando su notoria parte en Edison’s Medicine, canción que despertó a aquellos que todavía seguían conteniendo voces luego del primer tema.

Si bien el sonido pudo haber sido bastante mejor, además del acotado listado de temas regidos por la capacidad de horario, hits como Love Song, asediado por los covers Signs y Little Suzi, le dieron dinamismo y variedad a la presentación, para luego rematar con la coreada Modern Day Cowboy. Con una cálida ovación se despidieron—por ahora—Brian Wheat (bajo), Troy Luccketta (batería), Dave Rude (guitarra rítmica) y los anteriormente mencionados, Frank y Jeff, de aquellos que los esperaban y de aquellos que los descubrieron.

Setlist Tesla:

1. Into the Now
2. Edison’s Medicine (Man Out of Time)
3. The Way It Is
4. Signs [Five Man Electrical Band]
5. Love Song
6. Little Suzi [PhD]
7. Modern Day Cowboy

“Hello there, ladies and gentlemen”, Cheap Trick salta al escenario con total confianza. El público se hace numeroso de manera exponencial y se siente el ánimo de la locomotora rockera que cumple cuatro décadas desde su álbum debut. Con un espectáculo de luces más animado y un sonido muy reverberado en el inicio, las canciones se abren paso por un público mezclado entre quienes se dejaron sorprender y entre quienes le añaden más eco a la voz de Robin Zander, que junto con Rick Nielsen, sin pretensiones de detenerse animan a una audiencia impredecible.

El primer acto se desarrolla, hasta Ain’t That a Shame, con una actitud punk de cortas pausas y mucha energía hasta que es hora de acomodar los detalles. O al menos así lo interpretamos, ya que, en el momento en que Nielsen se disculpa por tardarse hacia la próxima canción (aproximadamente un minuto de todas formas), Clock Strikes Ten comienza a sonar con una calidad y potencia que mantendrán hasta el final. Opiniones divididas frente a esto siempre habrá, ya que la ubicación en el recinto también juega un rol importante, pero el sonido del bajo de Tom Petersson se llena de carácter y presencia. Doce cuerdas octavadas en 4 que le vienen muy bien a las tentaciones de blues que escapan de los tempos bajos. Por supuesto, el público se lo agradeció a Tom a la hora de las presentaciones. Nielsen saca cuentas de su última vez en esta franja recluida al extremo del mundo: la importante cifra de (más de) veinte años separa esta presentación con su venida al Festival de Viña en 1990. El fondo muestra el decorado de su álbum más reciente (“We’re All Alright”) y Long Time Comingse abre paso a través de las vibraciones del aire. ¿Cómo no recordar a Scorpions? Son pocas las bandas que dedican una canción al adictivo placer que les da las giras a través del mundo.

Repasando sus éxitos (y siendo presentados por la banda como tal), llegamos a la power ballad que muchos estaban esperando. Una absurda veintena de smartphones en cada línea del horizonte da la bienvenida a The Flame, que con un juego de luces espectacular creó el ambiente correcto propicio para sacar las roncas voces de los barbudos que esperan a Deep Purple. Parejas se abrazan en este hit del recuerdo, tanto hipotético como real, del lado radio-friendly de Cheap Trick. Y luego de la cálida y numerosa ovación al tema, los brazos comienzan a moverse con swing mientras suena la introducción de parte de la batería de Daxx Nielsen para I Want You to Want Me. Ante un público bastante homogéneo, no fue difícil notar alrededor quienes bailaron con ansias esta canción, con o sin parejas (kudos a la señora que lo disfrutó a concho desde la platea baja). Lamentablemente, el ánimo que despertó la banda con su sucesión de éxitos, no se tradujo en la respuesta coreada que esperaba Robin al estirar el micrófono hacia el público. La fanaticada férrea de Cheap Trick es algo a descubrir todavía en este país. A la hora de la dedicación de la bandera ilustrada, no faltó la impaciencia generalizada de corregir a los músicos en la correcta dirección en que se despliega nuestro loable trapo tricolor. No deja de divertirme la clásica reacción.

Hacia el tercer acto del espectáculo, suena Dream Police y la audiencia se deja encantar por la vibra energizante y celebratoria que transmite el tema (un efecto que conoce muy bien sus colegas trasatlánticos The Who), mientras puñados de uñetas de parte Rick llueven sobre el público más cercano al escenario. El show cierra con Surrender, una canción debidamente coreada esta vez, y, por supuesto, con el outro Goodbye Now. “See ya next year!” se despide Robin Zander con su halfordiano atuendo.

Setlist Cheap Trick:

01. Hello There
02. Come on, Come on
03. Lookout
04. Big Eyes
05. Need Your Love
06. Ain’t That a Shame
07. Clock Strikes Ten
08. When I Wake Up Tomorrow
09. Long Time Coming
10. The Flame
11. I Want You to Want me
12. Dream Police
13. Surrender
14. Goodnight Now

Una versión actualizada de la carátula de “Deep Purple In Rock” comienza a elevar los ánimos ante la idea de que falta poco para que comience el cabeza de cartel. Puedes estar ciego, e incluso sordo, y aun así podrías sentir la catarsis de ese momento en que se apagan las luces y la emoción colectiva te pone los pelos de punta. El corazón pareciera palpitar al ritmo de Mars, Bringer of War, clásico extraído de la suite “Los planetas” de Holst. Una marcha, conocida por todos, comienza a sonar desde la batería de Ian Paice. El ánimo va creciendo mientras se suma la guitarra y el melódico rugir del teclado. La silueta de un hombre, que todavía está en penumbra, se va acercando al escenario en un momento que parece eterno. Un halo de luz se posa sobre Ian Gillan y Highway Star comienza su adrenalínico viaje sonoro. Es valeroso de parte de Gillan empezar con este tema ante el tono y potencia que requiere su interpretación, sin embargo, el público fue el encargado de cantar esta genial apertura.

Siguiendo con el glorioso LP “Machine Head”, la nostálgica canción Pictures of Home tiene gran acogida y los cantos de parte de los asistentes no cesan. Montados con una configuración de luces minimalista y enfocada en resaltar solo un color de fondo, la visualidad de la banda es complementada con generosos ángulos de cámara que muestran el talento de los músicos a través de tres pantallas, esto sin contar la anti-climática presencia de cientos de smartphones alzados. Con Ian Gillan ya más cómodo en las notas y en volumen, el escenario se tiñe de un rojo exótico y la clásica setentera Bloodsucker comienza a sonar con potencia renovada, obligando a cabecear sus poderosos riffs para continuar con el groove de Strange Kind of Woman. Un comienzo majestuoso y vigorizante, todo indicaba que esto se mantendría en la totalidad del espectáculo. Me equivoqué, se pone mejor.

Luego de unas palabras en recuerdo del maestro Jon Lord, un silencio de admiración—quebrado fútilmente por uno que otro insolente chiflido—se apodera de los espectadores mientras la guitarra de Steve Morse fluye por la solemne atmósfera. Bends circulando a través de la melodía de Airey anteceden el momento en que Uncommon Man comienza a sonar en memoria del maestro que marcó un legado y referencia obligada al hablar de la presencia del teclado en el Rock. Mostrándonos así, la especial comunicación en códigos musicales que se genera entre Morse y su sucesor, Don Airey, y que luego continúa con el blues uptempo que representa las mañanas de varios (incluyéndome). Hablo, por supuesto, de Lazy con su gran sección instrumental. El agradecido público deja en claro que reconocen la importancia de “Machine Head” y que todo producto de él será bien recibido. El sonido ya está afinado a su máxima calidad, no hay sino admiración para el estado en que se encuentra la banda. Birds of Prey comienza con esa magia psicodélica del beat aletargado de Ian Paice que explora en su último álbum, “InFinite” (toda una joya en madurez musical). Sumado al doppler “tomsawyeriano” a manos de Don Airey, con este tema me pude dar el lujo de cerrar los ojos y sentir los decibeles como nubes a miles de metros del suelo. Tremendo.

Y el escenario se vierte hacia los colores negativos y se da por sentado que es hora de ese lado de Deep Purple tenso y erótico que muestran en su LP Perfect “Strangers“. La inolvidable Knocking at your Back Door se queda como mi punto favorito de la noche, opinión muy personal, al parecer, ya que me parece no haber compartido mi entusiasmo con aquellos que me rodeaban. Para aquellos que llevan registro de los solos de Don Airey, saben que se viene una muestra de virtuosismo y lúdica teatralidad de parte de este maestro “fresco y libre de gluten” (como lo presenta Gillian), que en una delicada fracción de tiempo puede transformar una agradable melodía en oscuros tonos.

El solo de Airey estuvo definitivamente a la altura, y como es costumbre rendir un pequeño gran homenaje a las localidades que Deep Purple visita, la tonada elegida fue Gracias a la vida de nuestra Violeta Parra, seguida de un breve homenaje también John Lennon, que no es tan compatriota, pero la melodía de Imagine se disfruta igual. Y luego de esta genial pausa, continuamos con Perfect Strangers y la canción que le da el título al álbum. La respuesta es inmediata, es, sin duda, una de las esperadas por los asistentes a la velada, que definitivamente le tienen cariño al fundamental Ritchie Blackmore, algo que comparto 200% y que ningún manto de polémicas cubrirá su presencia ausente en DP.

Aunque los ánimos están ya en el cénit, Space Truckin’ logró elevarlos fuera de la atmósfera. Fue inevitable saltar con un coro hecho para encender a los espectadores, haciéndolos protagonistas en cada ocasión que el foco se posaba sobre la cancha. El riff de riffs resuena por los poderosos cabezales de Steve Morse. Smoke on the Water es coreada como esta altura del concierto exige. La pantalla de fondo nos muestra el incidente al que la canción refiere, para estallar en una llama a la hora del coro. El público no decepciona a la hora de seguir la canción en la ventana de participación que otorga la banda. Steve Morse mostrando su calidad como músico sintiéndose cómodo con la canción, entregando su toque a la canción e interviniéndola como un experimento en vivo. Todo eso resulta en una manera actualizada de interpretar esta piedra fundacional de la historia del Heavy Metal.

Un gran cierre, marcado con la genial línea de bajo a manos de Roger Glover en Hush y Black Night (incluido un breve jam con Green Onions de Booker T & the M.G.’s), concluye la posible despedida de los maestros de la noche. Y pese al gran repertorio no incluido, por razones de ejecución y de personal involucrado, el concierto está completo. Una presentación que asegura buen sonido y habilidad performativa de estos cinco miembros, parte de una gran leyenda en la historia de la música y cuya extensión, liderada por Glenn Hughes, promete visitarnos el próximo año para traer aquellos temas del clásico LP “Burn” que me fui tocando en la mente durante el camino a casa. ¡Hasta entonces!

Setlist Deep Purple:

01. Intro: Mars, Bringer of War [Gustav Holst]
02. Highway Star
03. Pictures of Home
04. Bloodsucker
05. Strange Kind of Woman
06. Uncommon Man
07. Lazy
08. Birds of Prey
09. Knocking at Your Back Door
10. Solo Don Airey: Tributo a Violeta Parra y a John Lennon-
11. Perfect Strangers
12. Space Truckin’
13. Smoke on the Water
Encore
14. Hush [Joe South]
15. Black Night

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

Live Review: HammerFall en Chile (2017)

¡Qué manera de comenzar a cerrar el año! Sí, digámoslo desde un comienzo, ¡aguante HammerFall loco! Gran, gran show de los suecos. Y es que los comandados por Joacim Cans y Oscar Dronjak tienen esa mística y esa prestancia en cada uno de sus shows. Porque además de ser considerados uno los pilares fundamentales del Power Metal mundial con justa razón, si hay algo que podemos destacar y aplaudir de esta agrupación, precisamente es la constancia, la consecuencia y la coherencia en cada uno de sus trabajos que posteriormente se ve reflejada en su puesta en escena reconocible a kilómetros de distancia. Entonces, más que merecida la presentación que nos brindaron, ya que en su última visita a nuestro país (año 2014, junto a Edguy y Gotthard), muchos quedamos con gusto a poco dada la duración del concierto, por lo que, de alguna forma, nos desquitamos en todo aspecto posible durante la noche de este martes 05 de diciembre en la siempre polémica discotheque Blondie. Veamos que tal.

NEOGENESIS

La jornada daría el puntapié inicial con los oriundos de Valparaíso, quienes básicamente seleccionaron lo mejor de su LP “Desde las Cenizas“, publicado en agosto del 2016, para dar un show contundente y sin pausas que mostró lo mejor de los compatriotas. Así, con una puntualidad más que destacable, evidentemente tras escuchar la intro a medida que los músicos tomaban posición, la escogida para dar el primer hachazo sería la entretenida Cy. Es cierto que durante los primeros minutos hubo algunos problemas en la definición del sonido, pero esto no fue problema alguno para que el tecladista Carlos Silva y el guitarrista Ricardo Martinez se despacharan esos solos de gran factura que se llevaron los correspondientes aplausos de los cerca de trescientos asistentes que se encontraban a esa hora en el recinto. Por su parte, durante Volviendo a Nacer, Raymundo Meza y Patricio García (bajo y batería respectivamente) aplastaron todo a su paso de principio a fin mientras el frontman Daniel Sandoval cantaba el “Hoy vuelvo a ser el mismo, atrás quedó el abismo en que un día me perdí…“. Pedazos de agudos que se mandó por cierto. Muy buen comienzo.

¿Escucharon con detención la introducción de Oscura Soledad? Lo decimos en serio, ¡ejecutada a la perfección y casi sin ningún esfuerzo! Cuánta calidad señoras y señores. Y de ahí en adelante el nivel solo fue subiendo. Vale decir, están las estrofas cantadas de excelente forma, los interludios del teclado antes y después del “Quiero olvidar el dolor, no puedo seguir ya sin ti…“, los cambios de tiempo, cada uno de los solos en la parte instrumental, el tapping inhumano cortesía de Ricardo y así un largo etcétera. Sin duda uno de los clímax de toda la presentación. Y a modo de contraste y para bajar un poco las revoluciones, Sonidos del Metal trajo consigo esas armonías y esos estribillos un poco más “orejas” o “radiales” -por tratar de etiquetarlos de alguna forma-, pero que en ningún caso se apartan de la propuesta y de las influencias tan marcadas de los porteños.

Por último, la dupla conformada por Aferrado a Todo y Desde las Cenizas mostró todo el virtuosismo y la compenetración de la banda frente a una audiencia que siguió muy de cerca cada uno de los movimientos y pasajes de ambas canciones. De esta forma, tras un poco más de media de duración, Neogenesis comienza a despedirse entre gritos y aplausos cada vez más estridentes. Como mencionamos anteriormente, en esta oportunidad solo escogieron lo mejor de su álbum para una performance que rozó la perfección. ¡Notable!

Setlist Neogenesis

  1. Intro
  2. Cy
  3. Volviendo a Nacer
  4. Oscura Soledad
  5. Sonidos del Metal
  6. Aferrado a Todo
  7. Desde las Cenizas

HAMMERFALL

Mientras la Blondie se iba llenando poco a poco, cada uno de los presentes iba buscando el mejor lugar posible para presenciar al plato principal. Así, con una puntualidad increíble, a las 21:00 hrs. en punto se apagan las luces e inmediatamente bajó una ovación cerrada mientras sonaban las primeras notas Hector’s Hymn. Desde luego que resulta increíble como esta canción en tan solo un par de años se ha transformado en una de las favoritas de la fanaticada. Y cómo no serlo, si la letra es una oda al acero y a las chaquetas de cuero, es rápida, vertiginosa y por sobre todo, tiene un coro a prueba de balas que hace que levantes el puño automáticamente. ¡Como retumbó, madre mía! Nadie se quedó sin gritar el “Hammer high, to the sky/ Follow the warrior and king/ Call out Hector’s Hymn“. Desde luego que los “oh oh oh” tan propios de las canciones de los suecos se hicieron notar en un sin fin de oportunidades. Y como si esto fuera poco, la siguiente sería Riders of the Storm. En serio, ¡qué temazo! Toda la cancha saltando y coreando la introducción como si su vida dependiera de ello. Qué gusto además presenciar todas las poses y coreografías de toda la sección de cuerdas mientras Joacim Cans cantaba cada una de sus líneas con total soltura. Para qué mencionar el “Riders of the storm – one with the wind, defenders of creation/ Riders of the storm – aligned with the sun“, que fue cantado a rabiar por cada uno de nosotros. Por último, dentro de la trilogía inicial, vendría la primera revisión a “Built to Last” (2016). La escogida desde luego que fue el opening track Bring It!, que si bien durante los versos fue recibida de manera más bien tibia, apenas llegó el “Bring it, just bring it” la euforia y los puños en alto volvieron en gloria y majestad.

Terminados estos tres cañonazos, el frontman se dirige al respetable con un enérgico “Good evening, Templars of Santiago de Chile!” y aprovecha la instancia para darnos las palabras de agradecimiento correspondientes. Sobre la misma, Pontus Norgren lo “interrumpe” tocando las notas del estribillo de Blood Bound. El cantante se suma y nos incita a cantar el “We’re Blood Bound, we aim for the sun/ The luminous moon will take us high over ground“. Tras esta pequeña intro, comienza a sonar el tema en sí y rápidamente el headbanging generalizado se multiplicó en cosa de segundos. Además, aprovechamos esta pequeña pausa de la euforia inicial para poner atención en algunos aspectos que en un comienzo se pueden pasar por alto. En primer lugar debemos dar cuenta del gran momento que vive la banda emocionalmente hablando. Irradian energía y felicidad por los poros. Luego, el sonido y la ecualización era óptima y cada instrumento se podía escuchar con total claridad. Finalmente, mencionar el excelente trabajo coral que sirvió de apoyo durante todo el setlist. Esto último se vio reflejado aún más con Any Means Necessary, primera revisión a “No Sacrifice, No Victory” (2009). Solo basta recordar como sonó el “Kill by any means necessary/ Win by any means necessary…“. Todos saltando y cantando, como era de esperarse.

Hora de otro clásico de aquellos. ¡Y qué clásico! El sonido del motor arrancando fue la señal inequívoca de lo que se vendría. Sí, Renegade aplastando todo a su paso y demostrando porque la consideramos como una de las “incombustibles”. Dicho de otra forma, podrán tocarla una y mil veces y el recibimiento será el mismo. No queda nada más que entonar el “Renegade, renegade/ Committed the ultimate sin/ Renegade, renegade/ This time the prowler will win” como si no hubiera mañana. Por esta razón es que posteriormente el vocalista dice que “You are fucking crazy, Templars of Santiago“. Inmediatamente pronuncia otro speech en el que básicamente da a entender que no sólo tocarán canciones antiguas, sino que también interpretarán material nuevo perteneciente a “Built to Last“. Además, nos regaló un momento realmente jocoso al olvidar el nombre de la canción que seguía, mirando el setlist que se encontraba en el piso y exclamando “What the fuck is the name?!” desatando las risas del público. Un crack con todas sus letras. Así, llegaría el momento de escuchar una de las mejores de la última placa, la grandilocuente Dethrone and Defy. Pedazo de base que conforman David Wallin y Fredrik Larsson y pedazos de estrofas que canta Joacim. Recibida de gran forma.

Sin transición alguna nos sorprenden con Crimson Thunder y Last Man Standing, que fácilmente podríamos afirmar que ambas conformaron uno de los clímax de la noche. Lo cierto es que cualquier calificativo para describir lo estridente que sonaron los coros o los cánticos tipo estadio que suelen acompañar las melodías, se queda corto en relación a lo vivido. Para la primera, imposible no destacar la pausa y el sing along que se produce en la parte media-final. El juego de luces y el énfasis en Joacim mientras cantábamos el “Follow the signs of the crimson thunder…” fue sutil y lleno de clase. Todos sabemos que esto es un preludio para que luego caiga la base instrumental con una potencia y una garra admirable, siempre dirigidos por el gran Oscar Dronjak, quien con su guitarra en forma de hacha jamás deja de aleonar a los suyos. Para la segunda, solo queda decir “…but in the end I’d be the last man standing!“. No por nada es una de las infaltables dentro del setlist de los suecos y todos la apreciamos de la misma forma. ¡Para enmarcar!

Nuevo speech del frontman y pronto viviríamos otro de los puntos altos-altísimos de la velada. Tras bromear un poco con el ambiente y la atmósfera que había dentro de la discoteque, el cantante pregunta al respetable sobre quién está en su primer show de HammerFall y quién ya ha visto con anterioridad a la banda en vivo. Entonces, dice que los más “antiguos” deben enseñarle a los “nuevos” a responder la frase más importante del concierto. Vamos con todo entonces. “Let the hammer“…”Fall!” respondimos todos de forma inmediata. Cómo habrá sido de estridente si todos los integrantes pusieron una cara de entre sorpresa y satisfacción para estar orgullosos como público. Lo demás es tierra conocida, con Let the Hammer Fall no necesitamos entrar en mayores detalles. Eso sí, no podemos dejar de mencionar lo que ocurrió una vez terminado este clásico. Hablamos de que se produjo una pausa un tanto incómoda para los músicos arriba del escenario. Pronto el cantante nos cuenta de un problema en la amplificación de la batería ya que algo estaba roto e impedía seguir tocando con normalidad. Él mismo afirmó que de ninguna manera acortarían el setlist, aludiendo a que todos los kilómetros recorridos no serían en vano. Así, se tomaron un pequeño descanso mientras solucionaban el inconveniente y nosotros abajo aprovechábamos de comentar el calor infernal que había en toda la cancha. Tras un par de minutos, vuelven a escena para interpretar de manera correcta Built to Last, homónima del LP que da origen al tour.

Lo siguiente sería un regalo para todos los fanáticos de la vieja escuela. Concretamente, Mr. Cans nos lleva de vuelta al año 1997, época en que un disco “cambió la vida de cinco jóvenes en Suecia“. Desde luego que se refería a “Glory to the Brave“, trabajo que los situaría y los haría destacar dentro de la ola de Power Metal de los años noventa. La mejor manera de poder resumir dicho LP, sería con el denominado Medley to the Brave, que básicamente es la interpretación de las partes instrumentales de cortes como Stone Cold, Unchained, The Metal Age, Hammerfall y Steel Meets Steel. No resulta difícil entonces dar cuenta de la calidad demostrada por Pontus y Oskar en cada una de las armonías y riffs de dichos temas, siempre con David y Fredrik marcando los cambios de tiempo de fondo. ¡Cuánta carretera señores! Pasaban de una canción a otra como si nada. Y ojo, que viéndolo de manera más fría, todo esto solo era la introducción para The Dragon Lies Bleeding, que fue interpretada casi en su totalidad. Ni siquiera la nueva falla en la batería durante las primeras notas importó, pese a que tuvieron que parar durante algunos segundos. Tanto así que todos la recibimos de manera apoteósica, donde nadie se quedó sin cantar el “Come across to the promised land/ Close your eyes, I will take your hand/ Through the river of steel we’ll go/ When the dragon lies bleeding“. ¡Temazo!

Siguiendo la línea anterior, llegaría del turno de una de las mejores baladas jamás compuestas dentro del género musical que nos convoca: Glory to the Brave. Personalmente, lo que me encanta de esta canción es que, además de ser musicalmente perfecta, la letra en cierta forma toma significado para cada uno de los fanáticos individualmente hablando. Todos tenemos alguien a quien dedicársela. Así de simple. Entonces, no queda nada más que cantar cada línea con un sentimiento y una emotividad pocas veces vista. Hablamos de un momento tan personal para algunos, que entrar en detalles es prácticamente innecesario. Los que estuvieron ahí saben de lo que hablo. Solo queda agradecer a HammerFall por la ejecución superlativa.

Para finalizar esta parte del show, Origins y Punish and Enslave mostraron los atributos de los álbumes más “recientes” en comparación a las interpretadas anteriormente. Si bien el recibimiento en relación a cada uno de los clímax ya descritos fue bastante menos eufórico, por ningún motivo decayeron los ánimos y la energía predominante. Ambas fueron recibidas de gran forma y a pesar de no ser de las más esperadas de la noche, estuvieron a la altura de la situación logrando cerrar de manera óptima la primera tanda. Hemos de mencionar también la forma jocosa en que el vocalista presentó a David y Fredrik antes de tocar la perteneciente a “No Sacrifice, No Victory“. El primero volvió con “la cola entre las piernas” a la banda, mientras que el segundo volvió luego de “arrancar” del tour para presenciar el nacimiento de sus dos hijos. Risas y ovación cerrada. Pero si de ovaciones se trata, Pontus y Oskar hicieron que el recinto casi se viniera abajo. Este último sobre todo, quién luego de su presentación realizó la pose característica del archiconocido Triple H, demostrando todo su fanatismo por la lucha libre. Solo bastaba ver su polera con el estampado de “Just bring it” de The Rock o la de “Rated R” perteneciente a Edge. Un tipazo. Finalmente, él mismo se encargaría de presentar a Joacim emulando la entrada del Road Dogg antes de pronunciar el nombre del cantante. ¡Momentazo!

Tras un par de minutos de descanso, rápidamente vuelven todos los músicos al escenario para interpretar el último triplete del setlist. Con total soltura podemos afirmar que Hammer High logró posicionarse dentro del Top 5 de canciones de “estadio” de todo el repertorio. Imposible no cantar el “Hammer high this is a freedom cry/ Hammer high, no one should ask me why/ It’s my life, tell me I will defy/ Hammer high until I die” con el puño en alto, tal como lo pidió Joacim. Luego, muy personalmente Bushido está bastante lejos de ser de mis favoritas dentro de “(r)Evolution“, pero sí debo reconocer todo lo que gana una vez que la tocan en vivo. Al igual que en su anterior visita, el “I’m the warrior, I am/ In the rising sun I stand…” tomó mucha más fuerza que su versión en estudio. Y por último -era que no-, la encargada de poner el broche de oro sería nada más y nada menos que Hearts of Fire. Cánticos, descontrol y un mosh al centro de la cancha. Qué manera de cantar el “Hearts of fire, hearts on fire/ Burning, burning with desire!“. Casi una catarsis colectiva. Lo cierto es que esta es una fórmula conocida y todos sabemos que hay que dejar la vida de principio a fin. Así, tras casi dos horas de show, los suecos comienzan a despedirse frente a una audiencia rendida a sus pies.

A modo de cierre, no queda nada más que agradecer la entrega de cada músico y de los metaleros que prácticamente llenaron la Blondie. Para que un show sea de gran factura se necesitan de ambas partes, y en la noche de ayer, todos cumplimos con nuestra misión. Los coros sonaron estridentes y la energía se mantuvo en lo alto casi sin interrupciones. Como mencionamos al inicio de este review, muchos vimos esta oportunidad como una opción para demostrarle a la banda que por estas tierras siguen teniendo el éxito asegurado. Excelente presentación, la cara de felicidad de todos daba cuenta de ello. ¡Prometieron volver lo antes posible!

Setlist HammerFall

  1. Hector’s Hymn
  2. Riders of the Storm
  3. Bring It!
  4. Blood Bound
  5. Any Means Necessary
  6. Renegade
  7. Dethrone and Defy
  8. Crimson Thunder
  9. Last Man Standing
  10. Let the Hammer Fall
  11. Built to Last
  12. Medley to the Brave
  13. Glory to the Brave
  14. Origins
  15. Punish and Enslave

Encore

  1. Hammer High
  2. Bushido
  3. Hearts of Fire

Live Review: Gino Olivares
Fotos HammerFall: Guille Salazar
Fotos Neogenesis: Fabián Ortega

 

Live Review: Accept + Barón Rojo en Chile (2017)

Caña ibérica y Cañón teutón. Barón Rojo y Accept ofrecieron tremenda maratón de dos shows completos en un solo concierto, modelo de espectáculo que siempre cuando un par de bandas internacionales coincidían un mismo día en el país, los fanáticos pedían que ambas se juntaran en un solo recinto para que nadie se perdiera un acto por preferir otro. Y el resultado fue un despliegue de cuatro horas de Rock ‘N’ Roll de cilindraje por parte de los españoles, y de pólvora metalera pura cortesía de la banda alemana…

Me cuesta seguir escribiendo sin detenerme en los tremendos cañonazos que ofreció Accept en su concierto, así que prefiero decirlo ahora: ay mamita cómo sonaron en el Cariola, una muralla de guitarras absolutamente apabullante e insolente, con un bajo de Peter Baltes atronador, que se hacía respetar pese a lo fuerte del sonido, un Mark Tornillo que no se inmutaba en hacer reventar los tímpanos, una muestra sónica tan fuerte como clara, y de paradigma verdadero de Metal. No sé cuántos años más van a pasar en que una banda vuelva a imponerse con un sonido tan revienta pelotas e inconmensurable como Accept esa noche, de la cual fue un absoluto privilegio estar presente.

Y privilegio claramente lo fue, porque en ningún momento nos encontramos primero que todo con una actitud de Barón Rojo de ofrecer un support act, y la verdad es que el público que asistió por ellos así lo merecía. Fue una sorpresa tremenda ver cómo los hermanos De Castro no cortarían grasa de su show y que este se extendería hasta por dos horas, un regalo al rockero que vacila con esas guitarras que suenan a cañón de revólver con cada uñetazo de Armando y Carlos, con clásicos del Rock en español que fueron siempre coreados y que en la medida que se iban liberando, más y más fanáticos iban ingresando.

A la hora, hora y media de show de Barón Rojo, el recinto estaba llenísimo, con 2 mil ni que caben más personas haciendo una comunión con una alineación que si bien no es la más venerada en América Latina (en España siempre serán institución independiente de las caras actuales), se impuso al trasmitir un verdadero sentido de cultura española en veneración del Rock “cañero”, sucio y agitado, de actitud franca y de simple entusiasmo por la energía de este tipo de música. Cómo me gustaría tener tiempo para desmenuzar un show que incendió el Teatro Cariola y lamento tener que pedir excusas por no hacerlo de forma más extensiva en este review, como debiera.

Las imágenes y recuerdos, en todo caso, van hacia el inmenso tributo al rock que Barón Rojo realizó junto con el público chileno, desde la épica partida con Barón Rojo a las 8 de la noche, con imágenes en fondo del Der rote Baron o Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, pasando por Son Como Hormigas’ y sus referencias a “figuras políticas” importantes para el acontecer español y europeo.

Larga Vida al Rock and Roll rápidamente confirmó que el repertorio de los hispanos sólo traería puntos altos. En Incomunicación los asistentes se hicieron y mucho notar con los cánticos de “estoy solo aquí”, para acto seguido pegar con El Enemigo a Abatir.

Pero no pienso renunciar al rock and roll” cantaba Carlos de Castro, dejando en claro que el show se extendería con una duración digna de un cabecera de cartel, disparando más tarde con joyas como Invulnerable, la fiestera Noches de Rock and Roll, Rockero Indomable, Caso Perdido y Breakthoven, cumpliendo recién la primera parte del set. Sin embargo, el encanto de la presentación subía mientras el teatro se colmaba de asistentes que no pudieron hacer más que ver el concierto en el sector donde se vendían las poleras de Accept, en un recinto que quedó chico en un momento para este doble cartel.

Otras canciones que Barón Rojo ofreció fueron Satánico Plan, Hermano Del Rock And Roll, la británica El Barón Vuela Sobre Inglaterra, El Malo’, Las Flores del Mal y Con Botas Sucias, destacando Hijos de Caín de forma épica en el repertorio. En la parte final, entre Cuerdas de Acero y Siempre Estás Allí, resaltaron momentos cuando las pantallas pasaron a caídos del rock como Malcolm Young de AC/DC y muchos de los evocados en la canción Concierto Para Ellos, antes de hacer estallar el teatro con Resistiré.

Setlist de Barón Rojo:

  1. Barón Rojo
  2. Son como hormigas
  3. Larga vida al rock and roll
  4. Incomunicación
  5. El enemigo a abatir
  6. Invulnerable
  7. Noches de Rock’N’Roll
  8. Rockero indomable
  9. Caso Perdido
  10. Breakthoven
  11. Satánico Plan
  12. El Malo
  13. Las flores del mal
  14. Con Botas Sucias
  15. Hijos de Caín
  16. Cuerdas de acero
  17. Los rockeros van al infierno / Los desertores del rock / Casi me mato / Los rockeros van al infierno
  18. Concierto para ellos
  19. Resistiré
  20. Siempre estás allí

LAS ÉPOCAS DORADAS DE ACCEPT

Evidentemente, la espera entre la salida de Barón Rojo y Accept no sólo fue tarde. También fue larga. Varios minutos después entenderíamos el porqué: una escenografía elaboradísima que se tuvo que montar apenas los españoles partieron a sus camarines, puesta en punto que a más de alguno hizo perder un poco la paciencia, sabiendo que eran las 22:30 y todavía no ocurría nada. De hecho, si eventualmente había que entregar el teatro a medianoche, como pasa a veces con algunos shows, hasta preocupaba la situación de si quizás los germanos podrían o no entregar su repertorio completo.

No obstante, la salida de Accept a la tarima del Cariola fue tan punzante con la canción Die By The Sword de “The Rise Of Chaos”, que la banda y su sonido no dejó otra opción que dejarse llevar por el espectáculo que de inmediato atropellaba al público. Canción nueva, sí, de una banda idolatrada por sus clásicos pero que tras su vuelta ha sabido convertirse en uno de los principales grupos metaleros de la presente década, con cuatro discos que presentan temas que sin duda ya son “clásicos” de nuestra época.

Esa sensación me dio al escuchar el comienzo de Stalingrad, seguida por la audiencia como si se tratase de una composición con treinta años de data. Sus elementos característicos del Accept docto pero con la potencia de un sonido moderno le dan al track y a sus músicos un segundo aire absolutamente glorioso, incrementado además por la fuerza inconmensurable de un Accept que en vivo de verdad muestra su mejor faceta. No hay productor ni un Andy Sneap que le haga justicia al poderío y simpleza cañonera de una banda que les enseña a todos cómo hay que sonar en un concierto de Heavy Metal, independiente de la fecha y el local. Nunca había escuchado un bajo tan poderoso y claro como el de Baltes, y qué decir de las guitarras de Wolf Hoffmann y Uwe Lulis, punzantes, brillantes e hirientes, construyendo un muro sónico que no perdía sentimiento pese a su físico.

A cada segundo me parecía estar presente en una cátedra de Metal, de “dejen esto a los que de verdad saben”, y la VERDAD es el sustantivo que dibujan Wolf y los suyos en cada nota, chillido, postura, sonido y coreografía. Increíble que personas que rodean los sesenta años de vida sean capaces de mostrar una consistencia que tantas bandas jóvenes sólo soñarían.

Sin anuncios ni anticipos, sino sólo con tocarlas, Accept haría su discurso con Restless And Wild, London Leatherboys y Living For Tonite (pequeñas fallas de micrófono aquí), temas con los que ya todos se olvidarían de la hora y se entregarían a la banda, a la suerte de quien fuera, triada de clásicos categóricos, mezclando fiereza con melodía y sincero goce del momento. Con sus gestos, Wolf Hoffmann siempre parecerá ser un niño, con un ánimo inalterable al momento de encontrarse en el escenario, pero siempre haciéndose respetar como el ícono del Metal que es.

Seguido vendrían cortes recientes como The Rise Of Chaos, Koolaid, No Regrets y Analog Man, cuatro canciones nuevas que recorren casi todos caminos donde Accept ha puesto su marcha: ritmos contagiosos, fiereza, etc.. Más tarde, luego de un grito de Tornillo invocando al disco “Blind Rage” (2015) para cantar la aguerrida Final Journey, Hoffmann presentaría Shadow Soldiers con una solemnidad que sólo se les da a los clásicos. Midió muy bien el nacido en Mainz, sin embargo, porque el público ya la había recibido de tal manera pese a tener el track apenas cinco años de vida.

En una de las pocas pausas del show, Wolf y Peter empezarían a intercambiar líneas de guitarra y bajo para dar comienzo a una nueva sección de cortes ochenteros. Así, desplegaron Neon Nights, Princess Of The Dawn, Midnight Mover y Up To The Limit, para finalizar con Objection Overruled de los noventa, que funcionó como una especie de orgasmo sónico de esta parte del repertorio.

Pandemic de “Blood Of The Nations” volvió también a sonar como un clásico para una audiencia que la disfrutó como si fuera un tema insigne de Accept, y la verdad es que algo sabe muy bien hacer la banda para sonar fresca, desenfrenada  y atemporal con cortes nuevos, que se ensamblan uniformemente con otros como Fast As A Shark.

Eso muestra que Accept está empezando a lograr algo sobresaliente: tener clásicos no sólo de una época dorada, sino también de una era más reciente, de la actual, de una que hasta la salida de “Blood Of The Nations” con un desconocido Mark Tornillo era impensada. Y si de esa nueva era gloriosa hubiese que tomar un ejemplo, sería Teutonic Terror, que bien tiene ganado su lugar en el encore, a la altura de Metal Heart y Balls To The Wall. Yendo igual de lejos con otra apreciación, me parece que Teutonic Terror es la canción más representativa del Heavy Metal de esta década, por su fuerza, su actitud, y todo lo que significaría posteriormente.

Habrán sido aproximadamente las 00:40 horas cuando terminó el show, con muchos saliendo hacia la calle San Diego sin dar la opción a que Accept se sacara la foto tradicional con los asistentes de fondo, pero con el recuerdo de haber escuchado una descarga de Rock y Heavy Metal del más sincero, del más fiero y categórico.

Setlist de Accept:

  1. Die by the Sword
  2. Stalingrad
  3. Restless and Wild
  4. London Leatherboys
  5. Living for Tonite
  6. The Rise of Chaos
  7. Koolaid
  8. No Regrets
  9. Analog Man
  10. Final Journey
  11. Shadow Soldiers
  12. Solo de Wolf Hoffmann
  13. Neon Nights
  14. Princess of the Dawn
  15. Midnight Mover
  16. Up to the Limit
  17. Objection Overruled
  18. Pandemic
  19. Fast as a Shark

Encore:

  1. Metal Heart
  2. Teutonic Terror
  3. Balls to the Wall

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar

Paganfest 2017: ENSIFERUM en Chile (Live Review)

UNDERNEATH

Ingresamos al recinto y tras acomodarnos en la parte de atrás del local, las luces se apagan y comienzan a subir al escenario Marcelo Prades y compañía para presentar ante unas 200 personas que estaban desde temprano y que prendieron con su repertorio de Dark Metal Progresivo, donde lograron interpretar un pequeño setlist, potente y preciso, repasando su discografía, jugando con melodías oscuras que sacaron aplausos y cabeceos del público asistente. Partieron de golpe con Fightback y Convict Of An Useless Theory, dos temas cargados de poder que marcan el estilo de la banda, con una propuesta sumamente interesante que no dejó indiferente a nadie. Sin tiempos para grandes discursos, con una corta intro presentaron su tema en español Fría Cruz y Dark Logic of Faith, las cuales hicieron que los espectadores que poco a poco llegaban, se alejaran de la barra y se fueran directo a presenciar el talento chileno y cabecear en cancha.

Para terminar su show se presentaron los temas Portrait of Life y Aftermath, los cuales dieron un cierre preciso sin dejar respiros, con una potencia destacable para una banda con un género bastante difícil de crear. Cabe destacar a los miembros de la banda, que a pesar de los contratiempos y no poder hacer prueba de sonido por demoras, salieron adelante haciendo lo que mejor saben hacer, obviamente también lleva mérito su sonidista, que a pesar de todo salió adelante haciendo sonar a la banda de muy buena forma, que quizás no fue la óptima, pero esperamos que haya otra oportunidad donde esta banda tenga una revancha y puedan contar un mejor sonido y con mucho más público, el cual se merecían.

Setlist Underneath

1. Fightback
2. Convict Of An Useless Theory
3. Fría Cruz
4. Dark Logic Of Faith
5. Portrait Of Life
6. Aftermath

LAPSUS DEI

Luego de una breve espera es el turno de los también locales Lapsus Dei ,para ofrecernos su Doom Metal con toques progresivos, sonido y trabajo que han hecho que la banda se forje un nombre en la escena nacional. En su repertorio nos mostraron una gran cohesión entre ellos y disfrute por lo que hacen. El show abrió con Dreams, un tema de variedad de momentos, dando cuenta de inmediato de todo lo que la banda nos puede ofrecer, con una fusión de líneas variadas de guitarra y bajo entremezcladas, coronadas por una voz potente de parte de Rodrigo Poblete.

Luego de terminar de forma poderosa el primer tema y un saludo al público, comienza una entrada de melodías suaves de guitarra y un bajo envolvente respaldando. Es turno de los temas Reborn y Colossal. Aquí destacan los paisajes atmosféricos e inmersivos y el público alrededor respondió atento y concentrado. La intensidad fue creciendo y la respuesta de los asistentes también. El bajista Jorge Bastías destacó en su búsqueda de conectar con el público. Al rematar de forma poderosa estos vaivenes de cadencias suaves, se oye al público gritar.

El cierre es con el tema Absences. Aquí vemos al guitarrista Julio Leiva concentrado en su desempeño, en un tema que parte suave y que escala en intensidad, ofreciéndonos esta última dupla de cuerdas de los extremos, soportadas por la segunda guitarra y una batería precisa de Luis Pinto para crear la atmósfera final para un sólido final, siendo ya las 21:40. La banda se despide y el público agradece. La gratitud es mutua. Un buen show.

Setlist Lapsus Dei

1. Dreams
2. Reborn
3. Colossal
4. Absences

ENSIFERUM

Por último y para el plato fuerte nos preparamos para recibir a quienes nos convocan, los fineses de Ensiferum. Una banda sonora de introducción se funde con los gritos del público, anunciando que el momento llegó. Pudimos observar a un número no menor de fans utilizando el maquillaje característico de la banda, que fue recibida animosamente cuando hizo su aparición. En la apertura nos ofrecen For Those About to Fight for Metal y Two Paths, ambas del último disco del 2017, titulado también “Two Paths”. Además, entre ellas estuvo Heathen Horde del disco “One Man Army” del 2015.

Ya desde el comienzo con For those… el público corea inmediatamente, animados por el bajista Sami Hinkka, mientras se pasea por el escenario encendiendo los ánimos. Una obertura a toda velocidad que predice lo que viene. Al iniciar Heather Horde saludan a los asistentes y estos responden intensamente. El tema transcurre con potentes y definidos riffs y durante una breve pausa acústica, la acordeonista Netta Skog (la más reciente llegada a la banda el 2016) también recorre el escenario alentando.

Comienza una segunda parte en esta cita del Melodic Folk Metal con Two of spades, un conocido del “One Man Army”, donde ya está toda la fuerza de la banda desplegada, se inaugura el mosh pit y todos los músicos recorren el escenario, destacando la guitarra de Markus Toivonen. A continuación, recorremos la discografía de la banda, donde destacan temas como Treacherous Gods, que nos remonta a su primer disco homónimo del 2001, momento en el cual Sami recuerda brevemente su anterior visita a nuestro país., con The Longest Journey (Heathen Throne, Part II) e In My Sword I Trust, que podemos catalogar como un clásico instantáneo, donde su sello de riffs galopantes se luce y todos corean con puño en alto “Rise my Brothers!”. 

También contó con muestras de su último trabajo como King of Storms y Way of the Warrior, que el público evidentemente conocía y disfrutó. Los épicos coros conjuntos, el poder de la voz de Petri Lindroos y la poderosa cuidadísima y batería de Janne Parviainen, junto con la efervescencia que demostraban los asistentes, crean la postal que resume la jornada.

Al cerrar este momento y de forma especial, presentan a Netta, quien deja el acordeón para cantar el tema Feast With Valkyries, que es seguido por arremetidas con la poderosa Token of Time, donde se vive el momento álgido entre las palmas y luego la clásica Victory Song. Aquí revive el mosh con más fuerza que antes, coronado por guitarras aunadas en poder y un gran coro en conjunto. Memorable punto y aquí la banda agradece y se despide.

El público los aplaude fuertemente y luego de una breve espera, regresan para darnos el golpe de gracia con un bis a cargo de From Afar, del disco del mismo nombre y la fiesta de cierre con Lai Lai Hei, donde hay aplausos generosos en una pequeña pausa que antecede a los últimos segundos donde todos recorren el escenario mientras tocan a toda máquina. Al terminar, los originarios de Helsinki se toman su tiempo para compartir por última vez en la noche y la gente los despide con fervor.

Una cita con el poder galopante de Ensiferum, que cumplió con lo esperado y podría decirse que con creces en un extenso y poderoso espectáculo.

Setlist Ensiferum

01. For Those About to Fight for Metal
02. Heathen Horde
03. Two Paths
04. Two of Spades
05. King of Storms
06. Treacherous Gods
07. In My Sword I Trust
08. Warrior Without a War
09. The Longest Journey (Heathen Throne, Part II)
10. Way of the Warrior
11. Feast With Valkyries
12. Token of Time
13. Victory Song
14. From Afar
15. Lai Lai Hei

Live Review: Gustavo Miranda (Ensiferum/Lapsus Dei) | Matías Arteaga (Underneath)
Fotos: Fabián Ortega

Live Review: Anthrax en Chile (2017)

A partir de su visita del año 2010, Anthrax ha cultivado una relación con el público metalero como pocas veces se ha visto en nuestro país. Tanto así, que cualquier concierto de los norteamericanos a esta altura del partido ya es una catarsis colectiva y un ritual con todas sus letras. Vale decir, fácilmente podemos hacer una lista de los “infaltables” dentro de una presentación de la banda en Chile. El mosh digno del apocalipsis se robará todas las miradas, habrá al menos dos bengalas al centro de la cancha, el “Wardance” será un descontrol total, habrá crowd surfing, veremos zapatillas volar por todos lados y así un largo etcétera. Ciertamente comportamientos que cualquier banda del género desearía tener dentro de sus shows. Pero no. Sólo sucede con los liderados por Scott Ian. ¿Las razones? Quizás son muchas y a la vez ninguna. Lo concreto es que la noche del domingo nuevamente hicimos historia. Sí, digámoslo desde ya, ¡pedazo de concierto, madre mía!

Pero ojo, la jornada tendría con dos actos de apertura: los compatriotas de Forahneo y Assassin serían los encargados de abrir los fuegos en una tarde calurosa que desde un inicio prometía brutalidad de principio a fin.

FORAHNEO

Una vez que hicimos ingreso a la cancha y tras dar la típica vuelta de reconocimiento para encontrar la mejor ubicación posible, ya se podía apreciar la potencia y el desplante de los coterráneos al interpretar material de su LP “Perfidy” (2015). Con Eduardo Jarry a la cabeza, las cerca de 300 personas que se encontraban a esa hora en el recinto lograron conectar con un setlist preciso y contundente que nos dejó sin respiración. Prueba de ello fue el hachazo conformado por Decrepitus y You Speak You Lie, donde ambas dieron cuenta de la energía y del sonido aplastante que logró sacar lo mejor de cada integrante. Pero no todo es Metal en la vida, ya que también hubo espacio para dejar en claro los ideales y posturas frente a temas contingentes. Decimos esto porque tras la notable F.Y.V.M., I Am Done fue presentada luego de un pequeño discurso en contra del próximo proceso electoral. Ejecutada a la perfección, dicho sea de paso, al igual que Never Forget, cuyo estribillo arrasó todo a su paso.

De lleno en la segunda mitad del repertorio, tras un pequeño solo de guitarra cortesía de Sergio Aravena, Code of Silence y Black the Day (con una cariñosa dedicatoria a los “curas pedófilos“) siguieron la masacre. Finalmente, Human Targets puso el broche de oro para el primer acto de la noche. Así, en un poco más de media hora, Forahneo logró sentar las bases y en cierta forma marcó la pauta en cuanto a actitud e intenciones sobre el escenario se refiere. Sin pausas, sin rellenos y sin grandes pretensiones. Vamos a lo que vinimos. Gran presentación, que a todas luces merecía un teatro más lleno. ¡Bien por Forahneo!

Setlist de Forahneo:

  1. Decrepitus
  2. You Speak You Lie
  3. Y.V.M.
  4. I Am Done
  5. Never Forget
  6. Code of Silence
  7. Black the Day
  8. Human Targets

ASSASSIN

Partamos este análisis de la forma más transparente posible. Excelente, excelente fichaje el de los germanos. Sólidos en todas sus líneas y directos al hueso. Solo basta recordar la conexión entre la intro y la descollante Fight (To Stop the Tyranny) para entender lo que decimos. ¡Mosh de proporciones! Y obviamente durante Breaking the Silence la situación no fue muy distinta que digamos, puesto que la cancha se iba abriendo súbitamente para albergar a los más desenfrenados a medida que el Caupolicán se iba llenando.

La segunda revisión a “The Upcoming Terror” (1987) vendría con The Last Man. Pedazo de tema señoras y señores. Partiendo por la introducción a cargo de Joachim Kremer y el posterior cañonazo de las guitarras. Luego, los cambios de tiempo y los solos de guitarra terminaron por coronar uno de los clímax dentro de la presentación de los alemanes. Y para bajar “un poco” los ánimos, Back from the Dead trajo consigo un headbanging generalizado de una audiencia que cada vez iba aumentando la intensidad al escuchar los acordes y los solos frenéticos de Frank Blackfire y Jürgen Scholz.

Otro de los puntos altos vino con la interesante Baka, que como bien explicó el bajista, es la traducción literal para “conchetumare” en japonés. Entonces, aprovechando las risas del público, era esperable que cambiaran la letra en el momento preciso. De esta forma, -con Joachim siempre alentándonos- todos ayudamos a gritar “Conchetumare!” al inicio del fraseo del coro. Así, siguieron aplastando todo a su paso con la dupla conformada por Destroy the State y Red Alert, siempre guiados por la velocidad y precisión de Björn Sondermann. Y para finalizar -era que no-, Assassin desató los últimos mosh dentro de la performance de los teutones. Ingo Bajonczak nos incitó una y otra vez a cantar el “Go fight kill assassin!“. La respuesta de nuestra parte fue estridente, ya que el sing along retumbó en cada rincón del recinto.

Siendo las 20:45 hrs. en punto, Assassin comienza a abandonar el plató tras una presentación de “old school Thrash Metal” consistente, cruda y a la vena. Como mencionamos al inicio, excelente fichaje.

Setlist de Assassin:

  1. Intro
  2. Fight (To Stop the Tyranny)
  3. Breaking the Silence
  4. The Last Man
  5. Back from the Dead
  6. Baka
  7. Destroy the State
  8. Red Alert
  9. Assassin

ANTHRAX

Siendo las 21:24 hrs. y con la adrenalina por las nubes, por los altoparlantes comienza a sonar The Number of the Beast y posteriormente I Can’t Turn You Loose. Señal inequívoca de que el caos se desataría en cosa de segundos. Solo bastaba ver la cara de los que te rodeaban para darse cuenta de la magnitud del mosh que se iba a formar con los primeros acordes del opening track de los americanos. ¿El escogido? Para sorpresa de muchos -incluyéndome- la devastadora A.I.R.. Decimos sorpresa, ya que este fue un cambio totalmente inesperado en el setlist considerando las otras presentaciones en Sudamérica. Entonces, ¿qué debíamos hacer? ¡Nada más que dejar la vida en el pit! En presentaciones anteriores hemos intentado describir la catarsis que se vive durante estos instantes, pero lo cierto es que las palabras jamás alcanzarán para transmitir con exactitud lo vivido. Hay que estar ahí, -literalmente- donde las bengalas queman. Por cierto, el “Welcome to your nightmare/ You just can’t walk away…” fue cantado a rabiar por cada uno de los asistentes. Mismo asunto con la entretenida Got the Time, donde tras la intro del hiperquinético Frank Bello, apareció la segunda bengala de la noche entre medio de un caos que ocupaba toda la cancha del Teatro Caupolicán.

¿No será mucho tocar ahora Caught in a Mosh? En serio, tres hachazos de este calibre sin pausa alguna. Planteamos entonces una nueva interrogante, ¿notaron el tamaño del mosh? Me atrevería que a decir que es el más multitudinario que jamás haya visto dentro del recinto de San Diego. La cuestión llegó a un punto en el que casi contra tu voluntad eras arrastrado por la masa. Y disculpen lo redundante, pero… ¡otras dos bengalas! ¡Sólo Anthrax puede lograr algo así! Cuánto descontrol durante una pura canción. Y qué manera de cantar “Which one of these words don’t you understand/ I’m caught in a mosh…” por cierto. Concordarán conmigo en que esto fue prácticamente insuperable.

Tras un inicio devastador, el carismático Joey Belladonna nos saluda como corresponde y da las palabras de agradecimiento respectivas. Rápidamente presenta la incombustible Madhouse, que no hizo otra cosa que continuar con el caos a medida que sonaban las notas de este clásico extraído del “Spreading the Disease” (1985). Y una vez terminada, para calmar los ánimos (entendiendo desde luego lo que significa “calmar los ánimos” en un concierto de los norteamericanos), Fight ‘Em ‘Til You Can’t logró poner esa pausa que muchos necesitaban para respirar y para mirar al escenario durante algunos minutos. Sí, durante los cuatro primeros temas se hizo casi imposible ver el show y la puesta en escena. Así de brutal fue el inicio. Entonces, por fin pudimos apreciar las dos plataformas laterales por las que se paseaban Frank Bello y Scott Ian, o bien poner suma atención a la potente pegada de Charlie Benante. Lo cierto es que la agrupación sigue sonando como ametralladora.

Antes de que comenzara a sonar Breathing Lightning, Scott aprovecha para dirigirse al respetable y afirmar que nos ama “so fucking much“. A su vez, nos invita a cantar el track mencionado junto con Mr. Belladonna. Y ojo, varios se sabían la letra a la perfección. Más concretamente el “… And  with a thunderclap I’m breathing lightning/ And this world has moved on“. Situación plausible y digna de mencionar. Ahora, sin desmerecer lo anterior, lamentablemente esto pasa a un segundo plano si la siguiente canción es Medusa. ¡Qué gran álbum es el “Spreading the Disease“, loco! Todos coreando el “Destroyer of life, demon/ Oh I’m ready to strike, Gorgon!” como si su vida dependiera de ello. Otro de los grandes momentos de la noche.

Y eso no es todo, puesto que tras una gran interpretación de Intro to Reality y posteriormente Belly of the Beast (ambas de “Persistence of Time” y ambas incluidas solo en Chile), llegaría la brutal I Am the Law. Pero para entender la magnitud de lo vivido hay que retroceder un instante. Si bien el mosh nunca paró de girar, con el correr de las canciones la euforia inicial disminuyó un tanto y la multitud logró tomarse un respiro. Pues bien, esta reposición de energías solo sirvió para volver a dejarlo todo en este tema. La algarabía era total al gritar “I am the law!” una y otra vez. Hasta hubo tiempo para aplaudir a un “afortunado” que logró subirse al escenario y que posteriormente fue reducido por los guardias. ¿Alguna postal para enmarcar? El pit que se generó durante el cambio de tiempo de la parte media-final. ¡Apoteósico!

Nuevamente viviríamos un gran contraste tras escuchar March of the S.O.D. y Blood Eagle Wings. Si bien ambas fueron recibidas de gran forma -al igual que todo el setlist-, una vez que comenzaron a sonar las primeras notas de Be All, End All la situación cambió radicalmente. ¡Imposible no corear la intro! Como ya vaticinábamos durante la semana, en esta composición vimos la mejor faceta de la banda musicalmente hablando. ¡Ejecutada a la perfección! Ah, por cierto, qué crack es Joey Belladonna. Desborda carisma por los poros, canta un kilo, se mueve por todo el escenario, recibe las banderas que le lanzan y saluda a los más próximos a la reja. Gurú. Volviendo al tema, nadie se quedó sin cantar el “Be all, and you’ll be the end all/ Life can be a real ball/ State of mind/ Euphoria!“. Pedazo de coro. Y para qué mencionar el trabajo de Scott Ian y Jonathan Donais, ambos deslumbrantes.

Acercándonos al final “presupuestado” -ya veremos el por qué-, Antisocial e Indians provocaron lo obvio. Los coros gritados a más no poder, un pit apocalíptico, y una interpretación como ya nos tienen acostumbrados. Y por estas mismas razones, cuesta encontrar la forma de describir algo que ya se ha mencionado en innumerables ocasiones. Quiero decir, ¿qué podemos mencionar del Wardance que no se haya dicho antes?. ¿Qué podemos agregar a estas alturas, si todo sabemos lo que ocurrirá? Espero que estén de acuerdo conmigo. Y para serles sincero como redactor, estando dentro del mosh tratando de sobrevivir de la forma que sea, no es que andes pensando en qué escribir después. No. Ahí solo piensas en vivir el momento y dejarte llevar por el sentimiento colectivo. ¿Alguna postal para enmarcar? Obviamente cuando el frontman recibió una bandera mapuche y fue aplaudido a rabiar por tal gesto.

Pero antes quedaba algo más. Y dejemos en claro que no estaba incluida en el setlist. Había que gastar las últimas energías que nos quedaban. ¡Esos acordes! ¡Ahora sí que sí! ¡No es broma! ¡Among the Living pondría el broche de oro! Qué temazo por la cresta, a veces llega a dar rabia. Gracias y mil gracias a Anthrax por tocarla. Desde luego que los cambios en la selección de canciones que hemos mencionado siempre se agradecen y dan cuenta del compromiso de la banda con Chile, pero tener un concierto sin la homónima del disco del año 1987 hubiera dejado un gran vacío en nuestros corazones. Y todos lo entendimos así, ya que fue recibida como si no hubiera mañana. Entonces, cuando la banda comenzó a despedirse, la cara de los presentes no era otra que la de una felicidad desbordante. Lo hemos dicho una y otra vez: Los neoyorkinos en estas tierras superan todos los límites. ¡Demoledor!

Setlist de Anthrax:

  1. A.I.R. (Welcome)
  2. Got the Time
  3. Caught in a Mosh
  4. Madhouse
  5. Fight ‘Em ‘Til You Can’t
  6. Breathing Lightning
  7. Medusa
  8. Intro to Reality
  9. Belly of the Beast
  10. I Am the Law
  11. March of the S.O.D. (Cover de Stormtroopers of Death)
  12. Blood Eagle Wings
  13. Be All, End All
  14. Antisocial
  15. Indians
  16. Among the Living

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Helloween en Chile – Pumpkins United

¿Cómo comenzar a escribir acerca de este show? Es todo un desafío intentar articular un discurso coherente, que tenga cierto hilo conductor más allá de la narración cronológica y que no se vaya por el desvarío de las meras emociones, que tenemos tan a flor de piel luego de que sucediera todo lo que pasó.

Es claro que, para muchos de nosotros, Helloween es una banda de cabecera, pionera en un estilo que fundamenta la existencia de esta página, un emblema y una referencia para cualquiera que hable del Power Metal. Y evidentemente es cierto que ya habían venido otras veces, algunos hemos tenido la suerte de asistir a todos los shows de la Calabaza en Chile, siendo el primero en ese ya lejano 1998 en un Monsters Of Rock en el Velódromo del Estadio Nacional junto a Anthrax y Slayer, y con algunos shows altísimos como el del 2011 junto a Stratovarius en el Teletón o algunos con problemas severos de sonido como el del Víctor Jara el 2001 en la gira de “The Dark Ride”.

Pero, anticipándonos a lo que vivimos este viernes 03 de noviembre del 2017 en el Teatro Caupolicán, nunca, de verdad nunca, habíamos vivido un show de Helloween como este. Porque pocas veces un sueño colectivo tan inviable, tan imposible e inimaginable en la mente de los más escépticos, se hace tan realidad como este que nos hizo vivir la Calabaza de Hamburgo.

A todas las personas a quienes nos gusta esta banda, desde quienes tienen en su cabeza dos o tres temas, a quienes manejan al dedillo toda su carrera, al menos se nos cruzó alguna vez por la cabeza cómo sería que Michael Kiske volviera a tocar con Helloween. Viendo hacia atrás, en perspectiva –en realidad en retrospectiva–, ciertas cosas se fueron dando paulatinamente, durante un montón de años, para que este momento llegara. Quienes conocimos a Helloween en los años ’90, más allá de empezar con los Keeper en buena parte de los casos, lo hicimos en un momento en que ya Andi Deris estaba a cargo de las voces y Kiske estaba absolutamente alejado y desencantado de ciertas cosas asociadas al mundo del Metal. Hasta que paulatinamente el calvo fue volviendo al redil del Rock, y entre Sascha Paeth y el genio Tobias Sammet lo trajeron de vuelta al Metal con Avantasia. Luego, otro pasito fue reconectarse con su viejo amigo, el papá de todos, Kai Michael Hansen, en algunos proyectos, en el propio Avantasia, y finalmente en Unisonic, después de que Kai recompusiera relaciones con Michael Weikath. Kiske cantando Metal, Kiske girando con Unisonic y Avantasia, la banda lanzando un libro conmemorativo de su carrera con Kiske como actor principal…

Con el diario del lunes es fácil decir que el camino se fue haciendo con esos pasos que contamos, es cierto. Pero hay cosas que uno se resiste a soñar en serio, por temor a que nunca pasen. Kiske tocando con Helloween era un paso grandote, gigante, quimérico. En nuestro mundo, en nuestro nicho, esto es como que Gilmour se junte con Roger Waters, que Messi jugara junto a Cristiano Ronaldo o como que descubrieran que las papas fritas con mucho aceite son beneficiosas para la salud y afrodisíacas además de deliciosas. Pero cuando nos anuncian este hermoso concepto del “Pumpkins United”, que Kiske va a cantar con Helloween, y tras superar esas semanas de angustia de mierda donde el grupo confirmaba presentaciones en diversos lugares menos en esta larga y angosta faja de tierra del culo del mundo, por fin confirmaron su visita a Chile, y por duplicado, en algo que prometía ser nada menos que el espectáculo de Power Metal más importante de todos los tiempos en este país y que –anticipamos–, no sólo cumpliría con las altísimas expectativas emocionales y técnicas que muchos teníamos, sino que nos dejó varias perlitas para recordar toda la vida. Así de simple.

Como es lógico, las entradas se vendieron recontra rápido, y la ansiedad por este show fue muy distinta a la vivida en otras ocasiones, con mucho análisis en redes sociales, gente que legítimamente no quería spoilers del setlist de la banda, o los comentarios obligados respecto a la salud de Kiske que tuvo algunos problemas al inicio de la gira.

Pero llegó el momento de arribar al Caupolicán, que nos recibió con un telón muy sobrio que cubría el escenario, con el logo de la banda y con la leyenda “Pumpkins United” de esta gira de conmemoración. La cita era temprano, a las 20:00 horas, con una promesa de un show cercano a las tres horas de duración, y el público fue llegando con cierta lentitud a la cancha del Caupolicán, aunque con algo más de fluidez a la platea. Pero en el fondo, sabíamos que tendríamos un Teatro al borde de la explosión con casi cinco mil asistentes y que, aproximándonos a la hora del kick off, fueron repletando la cancha y las aposentadurías del sector superior. Como es ya clásico, la ansiedad se fue comiendo a algunos de los asistentes del sector superior y, haciendo gala de maniobras y contorsiones dignas de un ninja con formación académica en el Cirque du Soleil, lograban pasarse desde el sector alto hacia la cancha.

19:53. AC/DC, Highway To Hell. Ya poh. 19:56, Guns N’ Roses, Welcome To The Jungle. Sigue. Y sigue. Y basta ya, buena onda los Guns –ejemplo de reunión inviable que terminó siendo realidad–, pero ya, que empiece esto. 20.00 y empieza a sonar Let Me Entertain You de Robbie Williams (!) que ha servido de intro a los shows de la Calabaza en esta gira. Se apagan las luces y… showtime. ¡Vamos!

El telón dejaba ver que Dani Löble, Sascha Gerstner, Michael Weikath, Markus Grosskopf y Kai Hansen comenzaban a tomar posiciones mientras se comenzaba a proyectar un video en la pantalla gigante que se encontraba al fondo del escenario. Les anticipamos que en esta reseña la pantalla va a ser un tema recurrente porque, definitivamente, y más allá de que teniendo a Kiske con Helloween en vivo habría dado en teoría lo mismo que atrás hubieran puesto un telón simple, una toalla con el rostro de algún famoso o una sábana con hoyos, el apoyo audiovisual en este show terminó siendo una gratísima sorpresa y un punto a recontra favor que nos hace pensar que Helloween, además de los temas técnicos y emotivos, escaló notoriamente en la calidad de sus espectáculos.

Un abuso, derechamente, empezar este show con Halloween. Sin lugar a ninguna concesión, a ninguna adaptación a las condiciones del entorno, nada. Escandalosamente notable el inicio del show, con el apoyo que mencionábamos de los videos de la pantalla del fondo. Esos momentos previos a la salida de Kiske a escena, a cantar con Helloween, mientras sonaban los primeros acordes –envasados– de Halloween, fueron eternos y profundamente intensos, con un Teatro en un punto de ebullición total. Comienzan a tocar los músicos, sigue el telón adelante, hasta que finalmente cae y salen a escena Andi Deris y Michael Kiske. ¡Kiske cantando con Helloween, la pura verdad! ¿Cómo hacer para atesorar ese momento para siempre? El tiempo y la perspectiva lo dirán. Más allá de que en esos primeros instantes quizás le faltó un poco de volumen al micrófono de Michi –a tal punto que varios, por momentos, escuchamos más al hermano en zapallo del costado que bramaba la letra–, la emoción de cumplir una quimera sobrepasó cualquier deficiencia que, por suerte, se fue solucionando a una velocidad razonable como para no terminar siendo un factor condicionante de la jornada. Con un Kai absolutamente protagónico pero con el justo balance de no robarse la película, esta jornada que a varios asistentes los transportó hacia lo más profundo de su adolescencia, y a otros nos hizo recordar que seguimos siendo adolescentes para este tipo de cosas, tuvo un inicio realmente apoteósico. No sacamos nada a estas alturas con intentar describir el impacto de haber escuchado en vivo uno de los más connotados temas de la historia de la Calabaza de Hamburgo, baste describir que la sensación generada por el dueto de Kiske con Deris –mostrando un fiato que ya se quisieran varios artistas que llevan años juntos– elevó tanto el estándar que a uno le dan ganas de pasarle inmediatamente la copa de campeón a ambos.

¿Querés clásicos? ¡Tomá!” pareció decirnos la banda al tirarnos inmediatamente Dr. Stein, con el notable apoyo del video de fondo, casi una especie de video clip con algunas cositas de lyric video –un gran y barato invento de los tiempos modernos–, con detalles realmente bien logrados como la exhibición en un televisor antiguo de imágenes de la banda en los ’80 tocando este mismo tema con batas de médicos, y luego con imágenes del videoclip de este tema grabado a propósito del “Unarmed”. “Time is right!” nos decían Kiske y Andi y vaya que tenían razón.

La primera interacción con el público vino por parte del carismático Andi Deris, quien junto con decirnos “buenas tardes Santiago, de puta madre” en ese más que correcto español aprendido con sus años en Tenerife, presentó con afecto a Michael Kiske y éste también a Deris. El carisma de Andi es fantástico, el tipo se hace querer, evidentemente no genera esa cosa de Kiske que es vocalmente conmovedora, pero su dominio escénico, su forma de manejar al público, su simpatía y ahora su capacidad de adaptarse y ceder protagonismo a Kiske hablan de un artista inteligente e íntegro. Porque obviamente la primera ovación individual de la noche fue para “Kiiiske, Kiiiiske”, y Andi, sonriendo, nos dice “finally, ah?”, como diciendo “por fin está este muchacho cantando con Helloween”, lo que muchos queríamos y sentíamos. Nos atrevemos a aventurar que esa brillante generosidad será un plus para la carrera de Deris y así fue retribuido por el público que lo ovacionó con un “Aaaandi, Aaaandi”, que luego se transformó en un “Haaansen, Haaansen” y devino en un “Weiiiikath, Weeeikath”.

Andi nos dice que están “todos locos aquí, ¿ah?”, nos cuenta que es un honor estar de nuevo en Chile y que los últimos dos conciertos de la gira latinoamericana son en el mejor sitio, palabras de buena crianza teutona que supimos valorar con un gran aplauso. Y aquí viene un punto simpático del show: Deris nos presenta a “two special friends” llamados Seth y Doc, dos caricaturas de calabazas muy simpáticas que harían de las suyas durante varios interludios del show proyectados en la pantalla de fondo. En el primero de ellos salen perseguidos por un gran anillo que nos recuerda épocas pretéritas de la banda y, cuando termina este pequeño interludio, comienzan los sones de otro cañonazo clásico como I’m Alive del “Keeper” 1, una bestialidad. Algunos habíamos ya tenido la suerte de verla con Kiske junto a Unisonic, pero el peso específico de verla con Helloween evidentemente era diferente. Muchos dejaron la vida con los “I’m aliiiiiive”, puño en alto, estoy vivo y qué pasa. Buen detalle el poner un corazón latiendo en la pantalla, en lo que fue el primer tema de la jornada sólo con Kiske en las voces.

Vuelve Andreas Deris a escena y nos dice que lo que pasó era del “Keeper Of The Seven Keys 1” pero que ahora nos iríamos al año 2000, año en el cual hay un disco llamado “The Dark Ride”, pero que pese a ser de este disco, lo siguiente no era una canción oscura, sino que tiene la palabra “volar”, e incluso es una canción “para las chicas”. If I Could Fly es de esas canciones que quizás le gusten más a la banda que al público, pero de todas maneras –y pese a que bajó un poco la intensidad del show–, el respetable la acogió de excelente manera, de forma muy comprometida.

Y aprovechando este punto quiero hacer una reflexión: esperaba un poco menos de la entrega del público en los temas de la era Deris, en el sentido de que este era el segundo show que se vendió y que probablemente no pocos de sus asistentes irían más por ver a Kiske (y Hansen) que por algún otro factor, por lo cual uno suponía que la reacción ante los temas de Andi sería más fría. Pero si bien en temas como este la intensidad, como decíamos, bajó un poco, en ningún momento el show estuvo ni siquiera cerca de caer en un pozo ni mucho menos. Los asistentes estuvimos a la altura del formidable espectáculo desplegado por la Calabaza.

La era Deris siguió con Are You Metal?, corte que funciona muy bien en vivo –el video de fondo también fue un gran aporte– y que permite dinámicas siempre entretenidas de sing along. Gran aporte también de un Sascha Gerstner muy participativo, haciendo coros y luciendo ese inquietante peinado casi a lo Robert Smith de The Cure.

Un nuevo interludio de Seth y Doc nos empieza a mostrar detallitos muy bien cuidados y planificados para este show. De una u otra forma estos simpáticos zapallos se iban “disfrazando” con ciertas características llamativas de los integrantes de este Helloween 2017, e iban lanzando cosas a una especie de caldero que se encontraba en la base de una especie de gran aparato electrónico de forma algo dispersa, pero que contenía detalles de muchos discos de la banda, como la gillette del “Seven Sinners”, la rockola del “Metal Jukebox”, el conejo del “Rabbit Don’t Come Easy”, entre otras.

¡Qué tremendo poder escuchar Kids Of The Century en Chile! Una de las joyas del algo incomprendido “Pink Bubbles Go Ape”, cantada por un Kiske cuyo micrófono ya sonaba bastante mejor y que no dejó duda alguna respecto a su superación de la enfermedad que lo tuvo bastante a mal traer en el comienzo de la gira. Gran apoyo también del video con la estética del “Pink Bubbles”, con la lola del vestido blanco comiendo ese pescado crudo y a esos profesores con ojos de huevo frito, y un lindo momento con una bandera chilena que lanzaron unos muchachos de Linares hacia el escenario, emblema recogido por la banda y lucida en el resto del show sobre parte de una tarima. Y luego volvería Deris a escena para otro pasaje de la época más moderna con Waiting For The Thunder, con notables detalles como las armonías de las tres guitarras, causando una buena reacción del público pese a no tratarse de un clásico propiamente tal.

Pero la noche tenía sorpresas, que quizás para algunos no hayan sido tan llamativas. Ver a Kiske apoyando en las voces de Perfect Gentleman –tal como sucedería con otros temas de la era Deris– es realmente una joya, lo normal es que el cantante nuevo interprete las canciones del antiguo, pero ya es llamativo que el antiguo interprete las del nuevo. Ahora, que canten juntos, es derechamente colosal, la banda fue capaz de jugar con realidades paralelas (“te imaginai a Kiske cantando canciones de Deris?”) y llevarlas al presente. Deris con su sombrero de copa y una chaqueta digna para ponerla en la foto de perfil de Linkedin evidentemente es el amo y señor de este tema, pero compartirlo con Kiske en su interpretación y en las convocatorias a la gente a gritar los “perfect!”, como decíamos, pone a Deris en un estatus de inteligencia, generosidad y “progresismo” realmente llamativo.

Luego de un nuevo interludio con los zapallos Seth y Doc, vendría uno de los mejores momentos no sólo de la noche, sino que haya vivido el Caupolicán en su historia. Así de simple, así de contundente. Y es que nadie que haya asistido a esta jornada se va a olvidar del medley del “Walls Of Jericho” en la voz de Kai Hansen que nos regaló Helloween, por la cresta. Kai podría jugar en el Bayern Munich, hace todo bien, toca bien la guitarra, es carismático, es líder, canta decentemente, hasta sus ventosidades deben emitir feromonas de felicidad, un capo entre capos. Bueno, la cosa empezó con Starlight, una bestialidad que generó hasta un mosh, incluso Kai soltó la guitarra, al tiempo que todos coreábamos el “staaaarlight, fallin’ in deep through your eyes”. Kai tuvo que retomar la guitarra para tocar el riff de Ride The Sky, otro emblema de la era Hansen que no requiere mayor descripción, sólo agregar que al mosh se incorporó una bengala roja. Si ya todo era una locura, agregarle un clásico crudísimo de los tiempos ancestrales de la banda como Judas fue realmente bestial, un regalo para los fans más acérrimos y trve (con v) de la calabaza. Y cerrar este medley con Heavy Metal (Is The Law), con las guitarras paralelas de Kai y Weikath, superó los límites del abuso tolerable, la emoción de vivir en nuestra tierra semejante desparramo de energía e intensidad difícilmente podrá ser olvidada, sólo queda agradecerlo. El Heavy Metal es, indiscutiblemente, la ley.

Wow, you guys rock, that was wild! 5.000 locos”, nos dice Andi, mientras se sienta en una silla junto a Michael, y nos dice que, en lo siguiente, Kiske lo corrigió, que no es un tema para las chicas, sino que “para el corazón”. Qué linda balada triste es Forever and One (Neverland), y qué lujo que Helloween nuevamente jugara con los mundos paralelos y nos regalara la chance de escuchar a Kiske acompañando a Deris. Me apropio de la analogía de un gran amigo: Andi es como el marido que se hace amigo del papá de los hijos de su actual señora, lo invita a los asados, a los cumpleaños, no siente celos, y no sólo acepta, sino que fomenta el cariño que le tienen los hijos, es decir, nosotros. Si alguien creía que en esta pasada Deris podía haber salido desfavorecido por todo el hype que generaba la presencia de Kiske, los hechos demuestran absolutamente lo contrario. Hermosa interpretación de esta linda balada y con una gran participación de Sascha Gerstner en el apoyo.

Luego de un “Happy Happy Helloween, Helloween, Helloween”, Kiske nos pregunta cuántos conocen el “Keeper 1”, obviamente todos respondimos que sí lo conocíamos. Nos dice que cuando grabó esta canción tenía dieciocho años de edad, hace mucho tiempo, y es otra balada… ¡A Tale That Wasn’t Right! ¡Cantada por Kiske con Helloween, en Chile! Sé que hemos repetido mucho esa frase que quizás suene algo majadera, pero no por ello deja de ser cierta y, a estas alturas, el lenguaje tiende a escasear cuando se trata de describir emociones más que situaciones. Hermoso momento del show con dos cantantes que seguían sacándole lustre a su gran fiato.

Seth y Doc tienen una nueva aparición en la pantalla gigante, para luego dejar a Sascha con el riff de I Can, que algunos recordarán que fue elegida en la –en aquellos entonces– Radio Concierto, por votación popular, como la canción de Metal que serviría como himno para la Selección Chilena en el Mundial de 1998 en Francia. Los que se acuerden pueden recoger sus cédulas de identidad desde el piso. Gran tema, canción emblemática para muchos de nosotros.

Pero llegaría el que quizás haya sido el pasaje más emotivo de la jornada. Seth y Doc tocando batería, nos anuncian el momento de un solo de dicho instrumento, algo muy típico de los conciertos y que sirve para que los otros músicos descansen un poco. Generalmente es algo más bien “de relleno”. Pero esto fue distinto. Porque una cosa es ver la precisión y talento del suizo Dani Löble, y está bien, pero hacer un paralelo entre su solo y un video, proyectado en la pantalla gigante, de un solo del querido Ingo Schwichtenberg, fue una forma hermosa, sencilla, intensa, honesta y no sobreexplotadora de la emocionalidad para homenajear al hermano caído, al querido Ingo que sucumbió ante sus fantasmas hace ya veintidós años. Los detalles ayudaron aun más: que Ingo haya sido proyectado en un televisor más antiguo (un Trinitron), y la voz del anunciador de boxeo Michael Buffer diciendo su clásico “let’s get ready to rumbleeee!”, anunciando un hermoso y fraterno “duelo” entre Dani e Ingo, marcaron un merecido recuerdo a un hermano que nos habría encantado ver alguna vez en Chile. Mientras haya calabazas, Ingo estará entre nosotros.

Luego del emotivo momento vivido, vuelve Kiske a escena y con Livin’ Ain’t No Crime, tema que causó cierta polémica en los primeros shows de la gira latinoamericana, donde hubo ciertas acusaciones de que Michi estaba haciendo playback. Finalmente eran voces de apoyo en atención a su enfermedad de esos días, pero ahora la voz de Michael rindió de manera incontrovertible. Y la conectaron con la queridísima A Little Time, otro clásico del “Keeper 1”, con un excelente apoyo audiovisual y con un formidable trabajo de la banda, simulando al final con fade out del tema en el disco, pero en realidad “falseándolo” para finalmente redondearlo de manera contundente.

Tras un interludio con Seth y Doc como bajistas, vendría otro momento de mundos paralelos, con Deris y Kiske cantando Why? del glorioso “Master Of The Rings”, el primer disco de Andi como cantante de Helloween. Insistimos, qué tremendo es haber visto a Kiske cantando junto a su banda matriz, y no sólo sus temas, sino que además aportando en canciones de la era posterior. La generosidad de Deris en compartir un espacio ganado por derecho propio, y la humildad de Kiske en aportar en canciones que no son de su época, son factores de una ecuación ganadora pocas veces vista en un mundo como el de la música, donde los egos afloran generalmente de maneras poco saludables.

Y “Master Of The Rings” tendría una nueva revisión a continuación, puesto que Andi nos cuenta que le gusta mucho una canción de ese disco… Sole Survivor, otro gran corte rescatado de ese estupendo trabajo, y que nuevamente contó con un gran apoyo audiovisual en la pantalla. Lo hemos dicho anteriormente en esta misma reseña, Helloween se podría haber presentado sin este apoyo y probablemente habríamos disfrutado lo mismo, pero el crecimiento de la banda en ese tipo de detalles de puesta en escena marca un evidente progreso.

Fue el turno de Michael Weikath de ser objeto de la interpretación de Seth y Doc, con su inconfundible cigarro, que cayó al caldero virtual hasta que la banda nos azotó con la energética Power, un corte a prueba de cualquier concierto y de cualquier público que fuese a ver a los alemanes, y que probablemente sea uno de los temas con más material para el sing along de todo el catálogo de los germanos. Una canción para cargarnos de energía, más aun con las imágenes de fondo de la popular calabaza musculosa.

Andi Deris nos pide un minuto para contarnos una cosita, una “chiquitita historia”, concerniente a que cuando él tenía aproximadamente diecisiete años de edad (“como ochenta años antes”, agregó, causando las risas del respetable), la canción que interpretarían a continuación fue la primera que él escuchó de este grupo llamado Helloween, agregando que era “el perfecto final” para este concierto. Por cierto que cuando Andi habló de “final”, el público pifió y gritó “nooooooo”, incluso el propio Deris pidió que abucheáramos, lo cual fue inmediatamente obedecido con un masivo “boooooooooooo”, por lo cual cedió y reconoció que no era el último tema de la jornada. ¡How Many Tears! Con Kiske y Hansen, además de Andi, francamente creo que no pocos nos sentimos como el público de “Live In The U.K.”, viviendo otra época, siendo transportados en el tiempo y en el espacio al Planeta Calabaza. ¿Qué se puede contar? Un nuevo mosh, un hermoso pasaje de guitarras en armonía entre Sascha, Kai y Weikath, y esa voz de Kiske que transforma temas gloriosos en celestiales. ¡Cuántas lágrimas! Nunca mejor dicho. Andi nos dice “muchas gracias Santiago”, y tras dos horas de espectáculo, la banda deja por primera vez el escenario.

Un par de minutos afuera, con el público cantando el “happy happy Helloween, Helloween, Helloween”, terminaron con las pantallas encendiéndose con los sones de la intro Invitation del “Keeper 2”, síntoma inequívoco de lo que se vendría, probablemente uno de los instantes más esperados no sólo de la noche, sino que por buena parte de quienes escuchamos este tipo de música desde hace un montón de años: hacer el “check” de cosas para hacer en la vida con escuchar Eagle Fly Free en vivo cantada por Michael Kiske era cosa de segundos. Y es que a estas alturas parece ser claro que, si algún día un meteorito o algo similar impacta la tierra y los sobrevivientes nos vemos obligados a resurgir desde las cenizas, unidos como sólo un pueblo terrícola para luchar contra la invasión marciana, el himno de esa humanidad no puede ser otro que esta canción, es algo que uno ya da por sabido. ¡Qué tremendo momento! Un nuevo mosh con bengala en la cancha, y esa sensación dual de querer dejar la vida y las cuerdas vocales botadas en el recinto, versus querer escuchar a Kiske cantando y saldando una deuda histórica con nuestros sentidos. Insistimos en que el apoyo audiovisual fue acertadísimo durante toda la jornada, y las imágenes del águila surcando los cielos le dieron un toque aun más emocionante a todo lo vivido.

Los pasajes inolvidables de este fenomenal espectáculo no paraban. Impresionante todo lo vivido con Keeper Of The Seven Keys, a nivel de ejecuciones, a nivel audiovisual, a nivel emotivo, a nivel de teatralidad, bajo cualquier parámetro. Un tema lleno de matices y conducido fenomenalmente por Kiske, coreado a rabiar por un público justificadamente enfervorizado, que hasta armó un mini mosh en cancha con el “disease, disease, disease my friend”. Uno no para de destacar la inteligencia de Deris en afiatarse a las canciones cantadas principalmente por Kiske, pero además quizás no hayamos destacado suficientemente lo bien que cantó Andi, realmente la rompió, más allá de sus consabidos desplante, carisma, buen humor y energía desbordante. Muy bonito además el final alargado del tema, con los músicos presentándose y retirándose uno a uno desde el escenario, dejando finalmente solo a Sascha Gerstner como el encargado de apagar la luz y cerrar la puerta. Maravilloso, realmente.

Pero faltaba el fin de fiesta. El principio del fin –luego de la última aparición de Seth y Doc– llega con ese crack que es Kai Hansen, a quien de verdad los fanáticos le debemos muchísimo. Solo con su guitarra, parado en la tarima que daba hacia la batería, ya sabíamos lo que venía: Future World, con calabazas astronautas con estética ochentera en la pantalla gigante, coreada por todo el público; y por supuesto el verdadero cierre no podía ser otro que con I Want Out, momento en el cual el staff de la banda lanzó hacia la cancha varias pelotas inflables gigantes, naranjas y negras, con rostros de la calabaza, además de mucho papel picado, dándole un plus espectacular a un show respecto del cual bastaba sólo con la música, un buen sonido y las emociones inevitables, pero al cual este tipo de agregados contribuyeron a generar una sensación de que esto no lo vamos a olvidar nunca. Una hermosa despedida, llena de energía, con el público realmente dejándolo todo en la cancha, retribuyendo con una tremenda ovación la entrega de los músicos durante dos horas y cincuenta minutos imposibles de resumir y de describir de manera fehaciente, y que quizás encuentre una demostración en los gestos finales de Kai Hansen al retirarse del escenario, empuñando las manos y moviéndolas como diciendo “esto es Helloween, carajo”, como el capitán del equipo que acaba de ganar un clásico, o con esa imagen de Andi abrazando a Kiske y hasta dándole un afectuoso beso, como un equipo. Como el equipo que son.

Lo que vivimos en el Caupolicán va más allá de un mero espectáculo que sonó bien, que contó con un estupendo apoyo audiovisual y que técnicamente carece de mayores reproches. A la inmensa mayoría de quienes escuchamos música a partir de cierto nivel de fanatismo nos gustan los conciertos, asistimos a los que podemos –por tiempo y por factores económicos–, pero no todos tenemos la suerte de que nos cumplan sueños que, como decíamos antes, a veces frenábamos desatarlos por el mero temor a que nunca se hagan realidad. Pienso en los fans de Queen, que nunca pudieron ver en Chile a Freddie Mercury; en quienes no alcanzamos a ver a Chuck Schuldiner con Death; en los fanáticos de The Beatles, de Elvis Presley, de Prince, de Thin Lizzy, de tantos otros, se pueden dar tantos ejemplos. Y nosotros tuvimos la gigantesca suerte de que algo que se veía casi tan imposible, se cumpliera, frente a nuestras narices. Hay que pegarse con un zapallo en el pecho, derechamente. Sólo queda desear que cada uno de nosotros haya tenido la capacidad de disfrutarlo con el alma, y que en el futuro tengamos la capacidad de atesorarlo, porque precisamente estos momentos son los que hacen que todas las dificultades de la vida diaria terminen valiendo la pena. Vimos a Helloween con Kiske y con Kai Hansen en nuestra tierra, al águila volando libre sobre nuestras cabezas, al guardián tirando las siete llaves en un mar de energía. Nada más ni nada menos que uno de los check más relevantes en la historia de nuestras vidas.

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. If I Could Fly
  5. Are You Metal?
  6. Kids of the Century
  7. Waiting for the Thunder
  8. Perfect Gentleman
  9. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  10. Forever and One (Neverland)
  11. A Tale That Wasn’t Right
  12. I Can
  13. Solo de batería: Dani Löble & Ingo Schwichtenberg
  14. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  15. Why?
  16. Sole Survivor
  17. Power
  18. How Many Tears

Encore 1:

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore 2:

  1. Future World
  2. I Want Out

Live Review: Darío Sanhueza De La Cruz
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Santiago Gets Louder: Temple, Rata Blanca, King Diamond y Megadeth (2017)

Fácilmente podríamos decir que ayer domingo asistimos nuevamente al extinto “The Metal Fest”. Siete bandas y dos escenarios, más un gran despliegue de stands de merchandising, patios de comida, exposiciones y miles, miles de fanáticos que se dieron cita en el Movistar Arena, prometían una jornada de ensueño durante la segunda versión del festival Santiago Gets Louder. Y así no más fue, puesto que asistir a este tipo de eventos es toda una experiencia en sí. Lo pudimos comprobar en primera instancia mientras Tirano y Vimic abrían los fuegos en el Talavera y Domo Stage, respectivamente, ya que realizamos las típicas vueltas de reconocimiento, tanteando terreno y comprobando el ánimo de los cerca de 1.500 asistentes que se encontraban en el recinto durante las primeras horas del festival.

El primer punto a destacar -y por qué no decirlo, digno de aplaudir- fue la puntualidad y la rigurosidad para cumplir los horarios establecidos previamente por la producción. Decimos esto porque la logística y la organización de este tipo de shows prácticamente va determinando la disposición y el comportamiento del público. Vale decir, si desde un principio se da cuenta de que todo está en su lugar, básicamente la sensación de que estás en buenas manos te ayuda a disfrutar de mejor forma a cada una de las bandas. Bien ahí.

Entonces, entrando de lleno al show, a las 16:00 hrs. en punto Walter Giardino Temple logró llenar de gente todo el espacio dispuesto para su presentación en el Talavera Stage.

WALTER GIARDINO – TEMPLE

¡Madre mía como canta Ronnie Romero! La verdad es que no hay otra forma de comenzar este análisis. En serio, ¿notaron toda la calidad y el desplante de nuestro compatriota? Sin restar mérito al resto de la banda y mucho menos al maestro Walter Giardino, la verdad es que el vocalista de alguna forma se las ingenió para salir adelante pese a todos los problemas de sonido a los que se enfrentó. Si bien hay un sinfín de videos de gran resolución en la red respecto a su participación con Ritchie Blackmore, lo cierto es que poder apreciarlo más de cerca y tener la posibilidad de conectarse con cada una de sus interpretaciones es sencillamente indescriptible. Lo decimos de nuevo, sí, hubo muchos, muchos problemas de sonido durante toda la presentación. Por momentos se mostró bastante incómodo y molesto al mirar a su técnico de sonido, pero lo cierto que esto no lo detuvo para despacharse unos tonos más que envidiables.

Las clásicas Corte Porteño y Sobre la Raya fueron las encargadas de dar el puntapié inicial. La verdad es que la primera costó distinguirla en sus primeros acordes, principalmente por los problemas en el micrófono ya mencionados, y también por el altísimo volumen de la guitarra. Aún así, el “Ella vive esperando oculta en la oscuridad/ es un alma porteña y ronda por la ciudad…” a estas alturas es inconfundible. Punto para Ronnie además, puesto que los que estuvieron atentos notaron que jugó un poco con la letra al decir “es un alma chilena“. En tanto, la segunda fue acompañada por un enérgico headbanging gracias a la gran base rítmica de Pablo Motyczak en el bajo y Fernando Scarcella en la batería. Para qué mencionar el teclado de Javier Retamozo o los solos de Walter. Sencillamente notables.

El primer cover llegaría con la mítica Man on the Silver Mountain. Desde luego que tuvo un gran recibimiento al ser conocida por todos, y si bien las contrariedades persistieron en gran medida, el cantante sobresalió con una interpretación perfecta. Mismo asunto para Cacería, que tras las correspondientes palabras de agradecimiento, todo se tornó en una aplanadora gracias al doble bombo y a la potente pegada de Scarcella. Entonces, para jugar con la intensidad y con las distintas emociones, un interesante contraste se vivió cuando comenzaron a interpretar la rockera Héroes de la Eternidad, ya que versos como “Sólo quiero que hoy escuches mi canción/ se lo pido a tu cansado corazón…” trajeron la calma y el toque setentero tan influyente en la carrera del guitarrista trasandino.

Acercándonos ya al final, no deja de llamar la atención el gran legado de Dio en nuestro día a día. En serio, a todos se nos dibujó una sonrisa cuando comenzó a sonar ese clásico incombustible llamado Neon Knights. Y no es para menos, ya que debe ser uno de los mejores opening tracks de cualquier disco de Heavy Metal alguna vez publicado. Por lo demás, hay que resaltar que fue una versión bastante respetuosa y enérgica. Solo quedaba cantar el “Again and again” con todas nuestras fuerzas. Por último, la encargada de cerrar no podía ser otra que Alquimia. Desde luego que ganó bastante en relación a la versión en estudio, ya que la potencia desplegada en vivo hizo que cada uno destacara a su debido tiempo. Así, con el estribillo “Aprendiz mi hermandad/ signos de lo universal/ Aprendiz fuego y sal/ ángeles y diablos ven que llegará” se puso término a un poco más de media hora de show.

Como mencionamos al inicio de este review, Ronnie Romero demostró que tiene méritos de sobra para llevar la batuta de cualquier banda a nivel mundial. Con muchos aspectos en contra logró sacar adelante la tarea en base a su técnica y a su confianza sobre el plató. Por otra parte, los instrumentistas derrocharon clase de principio a fin y conformaron una base sólida para apoyar a Walter Giardino. obre este último, si bien podríamos nuevamente destacar la calidad de sus solos y toda su experiencia, a estas alturas parece ser totalmente innecesario, realmente un maestro. Contra vientos y marea, gran, gran concierto.

Setlist Walter Giardino Temple:

  1. Corte Porteño
  2. Sobre la raya
  3. Man on the Silver Mountain (cover de Rainbow)
  4. Cacería
  5. Héroes de la Eternidad
  6. Neon Knights (cover de Black Sabbath)
  7. Alquimia

RATA BLANCA

Difícil situación la de los trasandinos. No es fácil tener que llorar la despedida de uno de los miembros más antiguos y más queridos de la banda y al poco tiempo estar en la carretera de nuevo. Emocionalmente la pérdida es incalculable y todo aquél que haya visto a Rata en vivo y en directo conoce la importancia y el significado de Guillermo Sánchez sobre el escenario. Para nosotros los fanáticos, la verdad es que la única opción era seguir demostrando esa devoción a prueba de balas hacia Walter Giardino y compañía. Y vaya que no defraudamos, puesto que el escenario central se encontraba con una gran cantidad de metaleros agolpados en los lugares más próximos al escenario para apreciar el acotado -pero no menos potente- show de uno de los platos fuertes de la jornada.

Y no hay descanso alguno para la mayoría de los integrantes, puesto que tan solo habían treinta minutos de diferencia entre una presentación y otra. En base a esto, no puedo dejar de imaginarme a Walter, Pablo y Fernando corriendo por las dependencias del Movistar Arena para llegar al Domo Stage. Situación más que curiosa y aguerrida a la vez. Directo al hueso entonces. Con anterioridad ya vaticinábamos que el setlist sería bastante parecido al de la última visita a nuestro país. Así lo confirmamos al escuchar en primer lugar las entretenidas Los Chicos Quieren Rock y un clásico como Sólo para Amarte, al igual que como sucedió hace un par de años.

La primera y única revisión a “La llave de la Puerta Secreta” (2005) llegaría con la notable La Otra Cara de la Moneda, que además de ser considerado un clásico en este punto de la historia, dio cuenta del excelente sonido con el que nos deleitaban. Gran trabajo de Adrián Barilari por cierto, que demostró un gran nivel en cada una de las canciones. Prueba de ello fueron las primeras líneas de Rock and Roll Hotel. Deslumbrante manera de cantar el “Cuarto de hotel ya no hay forma que pueda dormir/ Cuando pienso que vivo tan lejos de ella digo, porque estoy aquí…“. Y en el estribillo fue algo parecido. Eso sí, contó con la colaboración del bajista Pablo Motyczak (también bajista de Temple) apoyando en el fraseo inicial.

De esta forma, de aquí en adelante todo fue clásico tras clásico. Partiendo por El Círculo de Fuego y la Canción del Guerrero. Pero la que se robó todos los aplausos fue Agord, La Bruja. Acierto total al incluirla en el setlist, y así lo entendimos todos, puesto que el outro con el “Es importante que no pierdas la razón/ debes prestar mucha atención/ Solo a tu corazón…” sonó y fue recibido como un verdadero cañón. Por último, al igual que en otras ocasiones, Guerrero del Arco Iris -con la tremenda ejecución de Danilo Moschen en los teclados- nos daba indicio de que prontamente se vendría el grand finale.

Las escogidas para poner el broche de otro fueron nada más y nada menos que Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago. Lo cierto es que cualquier cosa que quisiéramos agregar para describir este nivel de clásicos ya está dicho con antelación. De esta manera, después de un poco más de una hora de duración, los trasandinos comienzan a despedirse bajo una ovación cerrada. A modo de conclusión, voy a ser sincero al admitir que creo que varios esperábamos algún gesto o alguna palabra más explícita para Guillermo Sánchez. Como fanático hubiera sido bastante emotivo presenciar un pequeño homenaje hacia el difunto bajista, pero a la vez entendemos que puede ser una forma de dar a entender que la carrera de Rata continúa y que se sobrepondrán a cualquier adversidad. En fin, sólida presentación.

Setlist de Rata Blanca:

  1. Los chicos quieren Rock
  2. Sólo para Amarte
  3. La otra cara de la moneda
  4. Rock and Roll Hotel
  5. El Círculo de Fuego
  6. La canción del Guerrero
  7. Agord, La Bruja
  8. Guerrero del Arco Iris
  9. Mujer Amante
  10. La Leyenda del Hada y el Mago

KING DIAMOND

Sí, King Diamond debió cerrar el festival. Y a estas alturas eso es lo de menos. Vamos a lo realmente importante, ¡cuántos años esperando su regreso a nuestro país por la cresta! ¡Cuántos años esperando poder escuchar tal nivel de clásicos en estas tierras! ¡Cuántos falsos rumores que jugaron con los sentimientos de miles de fanáticos! Pero basta. Suficiente. Sí. Sucedió. Kim Bendix Petersen arrasó con todo a su paso. Deuda histórica, señoras y señores. ¡Pedazo de concierto que se mandó! No podemos dejar de lado la euforia y la adrenalina que nos embarga. No si presenciamos la interpretación de ese discazo llamado “Abigail” en su totalidad. No si el opening track fue la notable Welcome Home. No si cada uno de los participantes dejó la vida durante la hora y cuarto de show. No si esta performance será recordada como una de las más notables y emotivas que se tenga memoria. Varios necesitábamos sacarnos ese peso de encima. Bien, vamos a los detalles.

Desde ya el telón que cubría todo el escenario era lo suficientemente imponente para vaticinar lo que se vendría, mientras retornaba al reducto principal parte del público que fue hacia el otro escenario a ver la performance de los brasileños de Ego Kill Talent. Las clásicas The Wizard (Uriah Heep) y Out from the Asylum sólo fueron aumentando la tensión hasta que la mencionada Welcome Home abriera los fuegos y pusiera fin a años de sufrimiento e impaciencia. Desde luego que la aparición de la abuela en silla de ruedas no se hizo esperar y rápidamente comenzó una performance como nunca antes se ha visto. Tanto así que durante el “Let me help you out of the chair, Grandma/ Let me touch you, let me feel!” literalmente se iba recreando la letra casi palabra por palabra. A propósito, la voz de King Diamond se ha mantenido prácticamente intacta. Para los más escépticos, busquen su interpretación durante Sleepless Nights y verán cómo se iba adecuando sin problema alguno.

Momento de que el frontman se dirigiera a nosotros para también aprovechar de presentar a cada uno de los integrantes de la banda. Lo particular es que presentó a Pontus Egberg como Pontus Norgren (el cual de igual forma se encontraba dentro del recinto, ya que es uno de los ingenieros en sonido de la gira que nos convoca) y para cuando notó su error un par de canciones después fue personalmente a disculparse con el bajista. Un crack. Y bueno, hora de otro clásico. Y vaya clásico. Acorde a la fecha además. Halloween multiplicó los saltos y los headbangings durante toda la intro. Así, la única revisión a “Fatal Portrait” (1986) quizás mostró la mejor forma de la banda musicalmente hablando. Decimos esto porque fue tocada con una soltura y una energía que traspasaba hacia todo el recinto. Pedazos de solo que se despachan Mike y Andy por lo demás.

En este punto debemos hacer una pequeña pausa y comentar una situación curiosa y plausible a la vez. Vamos por parte, una vez finalizado el track anterior, Mr. Diamond comienza a mirar a su alrededor cada parte de la tremenda escenografía que había a sus espaldas. De manera transparente nos da a entender que el show no debía ser de esa forma, básicamente porque las luces no estaban funcionando como era debido. Y claro, toda la iluminación que estaba dispuesta alrededor de las cruces invertidas, bajo las gárgolas y alrededor de las escaleras se encontraban apagadas. La atmósfera hasta ese momento era bastante oscura principalmente por este hecho. Entonces él nos propone una especie de trato: tomarse el tiempo que sea necesario para arreglar el problema y luego poder tocar toda la noche de ser necesario, además de afirmar que nos iba a dar el espectáculo por el cual habíamos pagado, sí o sí. Ovación cerrada. Tras un par de minutos con el escenario vacío, desde la mesa de luces dan el visto bueno para continuar el concierto, a lo que el vocalista responde casi con rabia “Show me that it works!“. Y sí, efectivamente el cambio fue evidente durante Eyes of the Witch. Un crack con todas sus letras.

Hora de recordar a Mercyful Fate  y qué mejor que hacerlo con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath. Con la primera, la sección de cuerdas se llevó todos los aplausos ya que lograron recrear la atmósfera de manera perfecta mientras el frontman cantaba “Melissa, you were mine/ Melissa, you were the light“. Por supuesto que los más entusiastas se animaron a tratar de llegar a los tonos del vocalista. En tanto, algunos simplemente observábamos casi en éxtasis como se comía el escenario con nada más que su presencia y cómo la actriz que daba forma al personaje principal hacía su performance sobre el balcón recreado en la escenografía. En cambio, la segunda fue interpretada como era de esperarse. Derechamente el Movistar se convirtió en una sola voz al cantar el “Come come to the sabbath/ Down by the ruined bridge/ Witches and demons are coming/ Just follow the magic call!” y los cambios de tiempo perfectamente marcados por Matt Thompson sellaron una ejecución perfecta. Obviamente que las armonías y los solos de Andy y Mike también se llevaron todas las miradas. Pequeña pausa con Them sonando de fondo y se venía lo mejor.

Ahora sí, tras un breve descanso rápidamente comenzó a sonar Funeral por los altoparlantes. Es aquí cuando parte de la cancha comenzó a abrirse para generar un mosh de grandes proporciones. Dicho sea de paso, notable el cambio de los telones de fondo. Pasamos de tener una imagen central de Jesús rodeado de varios demonios, al frontis de una catedral gótica en cosa de segundos. Y eso no es todo, puesto que la teatralidad fue llevada al límite cuando desde un ataúd King saca a Abigail y pronuncia “That must be it“. Sí, la historia de “Abigail” iba a ser recreada hasta en el más mínimo detalle. Musicalmente en tanto, bastó esa pequeña frase para que Arrival desatara el caos y todos comenzáramos a alucinar con lo que estábamos presenciando. Bastaba ver la cara de los que se encontraban a tu alrededor para entender la importancia de este show. Hasta alguna lágrima vi caer por ahí. Por lo demás, ¡qué temazo por la cresta!, es increíble cómo se va narrando la historia y como va tomando forma a medida que la letra comienza a avanzar. Interpretada a la perfección.

Y la situación solo fue en alza. El doble bombo y el ride de Matt durante A Mansion in Darkness aplastó todo a su paso, siempre seguido muy de cerca por Pontus Egberg. En cuanto al cantante, cuánta energía al entonar “Riding up the alley in the rain/ No lights to show the way…” mientras que al mismo tiempo interactuaba con Miriam Natias. Sí, literalmente las hace todas. Conoce su lugar a la perfección y hasta le da tiempo para incitarnos a nosotros a cantar “The shadows at the gate, they seemed to be alive/ Yeah, the shadows at the gate/ Alive!“. Imposible seguirle el paso. Más aún durante The Family Ghost donde se manda unos fraseos realmente envidiables.

Y cuando decimos que ningún detalle es dejado al azar realmente hablamos en serio. Prueba de ello es que antes de que comenzara a sonar The 7th Day of July 1777, los tramoyas que llevaron las guitarras acústicas a cada costado del escenario iban vestidos como monjes con la cara cubierta y muy metidos en su papel. Vale decir, ningún movimiento brusco o alguna salida de libreto. No. Todo pensado a la perfección. En cuanto al tema en sí, ¿qué más se puede decir? ¡Simplemente sublime! Es cierto que podríamos centrarnos netamente en la ejecución de este, pero estaríamos siendo injustos con la tremenda performance que ocurrió sobre las escaleras. Como la historia lo indica, la esposa del conde es dejada caer desde lo alto y es así como pierde el bebé que llevaba en su interior. ¡Excelente juego de luces! No había otro lugar donde mirar, toda la atención estaba puesta sobre el momento de tensión.

Al tener una letra más bien breve, Omens fácilmente fue una de las más coreadas de la noche. Tan solo bastaba escuchar el “Deadly! omens!” para comprobar esto último. Buenísimas las transiciones del teclado con los posteriores solos de guitarras. Cada matiz sonaba tanto o mejor que su versión en estudio, gracias a un nivel de sonido descollante. Obviamente que a su vez los aspectos visuales continuaron, esta vez lanzando pétalos de rosa para luego seguir con las apariciones de Miriam. Por el contrario, The Possession fue tocada directa y al hueso. Tras esa intro de batería, los “Eh! eh! eh!” no se hicieron esperar y como mencionamos anteriormente, esta fue quizás la canción más potente y “cruda” en su sonido. La verdad es que describir la posesión por el espíritu de Abigail no podía ser de otra forma.

Acercándonos al final del álbum, el riff inicial de Abigail retumbó en todo el Movistar Arena. Cómo sonó el “Miriam can you hear me!“, madre mía. La verdad es a que esta alturas no debería sorprendernos ya que básicamente lo que escuchamos durante la homónima y el ending track Black Horsemen fue una especie de resumen de todo el show en cuanto a las actuaciones, el sonido y la ejecución de cada instrumentista. Final épico cuando los monjes se llevan a Miriam tras su muerte mientras escuchamos “That’s the end of another lullaby/ Time has come for me to say goodnight“. Y así no más fue. Siendo las 20:40 hrs. toda la banda comienza a despedirse entre una ovación cada vez más estridente. El show se hizo cortísimo y no es de extrañarse. Rotundamente afirmamos que fue una de las mejores presentaciones de Heavy Metal que ha pisado nuestro país en todo aspecto a considerar. Sonido, puesta en escena, nivel de interpretación, juegos de luces y el recibimiento del público. Ténganlo presente, la tarde del domingo hicimos historia. ¡Aguante King Diamond!

Setlist de King Diamond:

  1. Welcome Home
  2. Sleepless Nights
  3. Halloween
  4. Eyes of the Witch
  5. Melissa (de Mercyful Fate)
  6. Come to the Sabbath (de Mercyful Fate)
  7. Funeral
  8. Arrival
  9. A Mansion in Darkness
  10. The Family Ghost
  11. The 7th Day of July 1777
  12. Omens
  13. The Possesion
  14. Abigail
  15. Black Horsemen

MEGADETH

Para el redactor, escribir un live review sobre Megadeth resulta bastante complejo y a veces frustrante. Principalmente porque es una banda que nos visita con bastante, bastante regularidad. Prácticamente un show por año. Entonces, ¿cómo evitar ser redundante al analizar un espectáculo que has visto en varias ocasiones?. Por favor, no me malentiendan, bajo ningún motivo estamos estableciendo una queja o un reclamo por la cantidad de veces que Dave Mustaine pisa nuestro país. Es más, personalmente esta es una de mis bandas favoritas de toda la vida y siempre será un agrado escuchar los clásicos de siempre. La cuestión entonces va por otro lado. Volviendo unas líneas atrás, como fanático acérrimo uno ya va con una idea preconcebida sobre lo que presenciaremos durante una hora y media. El setlist es más o menos predecible y hemos llegado a un punto en el que cada canción se ha convertido casi en una coreografía de miles de participantes. Cada uno sabe cuando gritar, cuando saltar y cuando realizar un mosh de proporciones épicas. La complicidad está a la vista y no hay mucho en lo que innovar.

Entonces, ¿qué sucedió cuando comenzó a sonar Hangar 18? Exacto, lo que todos se están imaginando en este preciso instante. Cada uno coreando los riffs, cantando ambas estrofas y esperando la sección de solos para dejar la vida gritando “Megadeth!…Megadeth!…Megadeth!“. Catalogarlo como todo un ritual pareciera ser poco. Y durante Wake Up Dead la situación no fue distinta. Comenzaron a aparecer pits cada vez más numerosos y la cancha ya era un total descontrol. Tanto así que en el sector derecho se encendió una bengala que lo único que hizo fue desatar un caos para enmarcar. Y esto no dejó indiferente a nadie, ya que un par de guardias saltaron la reja divisoria y literalmente ingresaron al medio del mosh para poner todo en orden. Bueno, eso intentaron, porque la verdad es que no había forma de calmar los ánimos, puesto lo siguiente sería In My Darkest Hour, que siempre trae consigo esa catarsis colectiva y esa interpretación tan propia de su lírica. Mi parte favorita por lejos es cuando la cancha se abre súbitamente mientras el colorado gesticula cantando “I walk, I walk alone into the promised land/ There’s a better place for me but it’s far, far away“. Lo que sigue es tierra conocida. ¡Demoledor!

Uno de los tantos clímax se vivió durante la dupla conformada por The Threat is Real y Skin o’ My Teeth. Más detalladamente, durante la primera por fin pudimos tomar un pequeño respiro y de verdad poder apreciar en alguna medida el desplante que había sobre el escenario. Dave Mustaine ya nos tiene acostumbrados a los aspectos visuales -tanto en las pantallas como en los juegos de luces- para darle más sentido a cada canción. Entonces, el clímax mencionado se vivió entre la transición hacia la segunda canción. ¿Se imaginan el por qué? Exacto, ¡apareció otra bengala! Ojo, bajo ningún motivo estamos incitando a este tipo de comportamiento, pero seamos francos al decir que estos detalles son los que van dando cuenta del éxtasis de los presentes. Dicho sea de paso, gran decisión de incluir Skin en el setlist, pedazo de tema.

Momento de que David Ellefson y Dirk Verbeuren queden solos en escena y comiencen a interpretar ese interludio llamado Dawn Patrol. Señal inequívoca de que nuevamente se formaría un campo de batalla apenas comenzara a sonar la parte rápida de Poison Was the Cure. ¿Alguien pudo mantener su posición sin que lo empujaran? Yo lo único que recuerdo es que se formaron dos mosh simultáneos uno al lado del otro. Dicho de otra forma, podías pasarte de un pit a otro dibujando una especie de número ocho con tu desplazamiento. ¡Para enmarcar!

Bastó tan solo un golpe en la batería para que todos nos diéramos cuenta de que se venía Trust. Durante la intro poco a poco se van calentando motores y es sabido que hay que cantar la letra de principio a fin. Y no es casualidad, ya que fácilmente fue la más coreada de toda la noche. Además, el coro en español del final ayuda en demasía para dar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero ojo, esto no fue nada con lo que se vendría a continuación con la sublime Take No Prisoners. Uff, cuesta encontrar las palabras para describir lo que se vivió durante la rescatada de “Rust in Peace” (1990). Aparte del mosh gigantesco, debo decir que me sorprendió la gran cantidad que se sabe cada estrofa de principio a fin. Sí, es un clásico con todas sus letras, pero al no ser tan recurrente en el tracklist de las presentaciones en vivo, fácilmente muchos podrían “dejarla de lado”. Pero no. Todos cantando el “Got one chance -Infiltrate them-/ Get it right -Terminate them-…“. Para qué mencionar el “Take no prisoners, take no shit!“. Doy fe de que observé a muchos gritar esa parte como si no hubiera mañana. ¡Otro de los clímax!

Sweating Bullets siguió con la senda construida por todas sus predecesoras. La particularidad de este track es que cualquier recinto se convierte en un karaoke instantáneamente y todos ayudamos a que así sea. A modo personal, nunca ha sido de mis predilectas, pero sí le doy el crédito de tener una reacción única dentro de la fanaticada. Situación que no cambia mucho con A Tout Le Monde, la cual fue introducida por Kiko Loureiro y que a todos nos pone un poco más emotivos. Como siempre, el singalong del final fue acompañado por las palmas de cada uno de los presentes generando una postal para el recuerdo.

Al igual que el año pasado, Dystopia tuvo un recibimiento correcto pero bastante lejano del promedio del setlist. A pesar de esto, las melodías y el coro fueron seguidas muy de cerca por todos. Con esto, resulta una labor un tanto ingrata hablar de este tema considerando que vendría otro de los puntos altos de la noche. Señoras y señores, ¡de pie para recibir a Mechanix! Gran, gran sorpresa para nuestro país, más aún considerando que en su anterior visita la escogida del “Killing” fue Rattlehead. O sea, Mustaine y compañía demostraron estar conscientes y comprometidos con realizar los cambios precisos entre un show y otro. Pero volviendo a la canción en sí, que hermoso poder cantar el “Whoever thought you’d be better at turning a screw than me, I do it for my life…” en vivo y en directo una vez más. Clásico incombustible y en la cancha seguía el caos.

Para finalizar la primera parte de la presentación, Symphony of Destruction y Peace Sells agotaron prácticamente todas nuestras energías tras una jornada maratónica en el Movistar Arena. Así, los “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth” y los “If there’s a new way/ I’ll be the first in line/ But it better work this time” resultaron ensordecedores. Por último, Holy Wars…The Punishment Due -con la tercera y última bengala de la noche- fue el epílogo definitivo para un festival que resultó a la perfección. Como mencionamos al comienzo de este análisis, cuesta un mundo innovar cuando se habla de Megadeth y de Dave Mustaine. Sólo queda destacar el gran desempeño de cada uno de sus integrantes. Kiko y Dirk ya son totalmente de la casa.

Setlist de Megadeth:

  1. Hangar 18
  2. Wake Up Dead
  3. In my Darkest Hour
  4. The Threat is Real
  5. Skin o’ My Teeth
  6. Dawn Patrol
  7. Poison Was the Cure
  8. Trust
  9. Take No Prisoners
  10. Sweating Bullets
  11. A Tout le Monde
  12. Dystopia
  13. Mechanix
  14. Symphony of Destruction
  15. Peace Sells

Encore

  1. Holy Wars… The Punishment Due

Mike Portnoy’s Shattered Fortress en Chile (Live Review)

No podemos empezar este review de otra forma. Como fanático acérrimo de Dream Theater, muchas veces se intenta aparentar que todo está bien cuando en realidad no es así. Cuesta admitir que desde que Mike Portnoy abandonó sus funciones, la banda perdió gran parte del espíritu, la espontaneidad y el carisma que el músico traía consigo. Sí, bateristas virtuosos hay por miles y muchos perfectamente pueden llenar los zapatos musicalmente hablando, pero frente al desplante en escena, la conexión con el público y sobre todo el gran aporte a nivel de clásicos compuestos a lo largo de su carrera, no hay otro que se acerque a lo hecho por Mr. Portnoy. Es por esto que para cualquier seguidor de su trabajo, resultaba casi imperdonable perderse una cita de estas características. El músico prometía pagar una deuda histórica al interpretar la deslumbrante Twelve-Step Suite en su totalidad -además de otros cortes de su otrora agrupación-, acompañado por los grandes de Haken y Eric Gillette.

Siendo las 21:03 hrs., parte de las luces ambientales comienzan a apagarse mientras de fondo escuchamos la mítica Prelude de ese clásico del cine llamado “Psycho” del maestro Alfred Hitchcock. De esta forma, entendiendo que en cosa de segundos la banda estaría sobre el escenario, el recibimiento que tuvo el speech inicial de Scene One: Regression estuvo a la altura de las circunstancias. No les miento al decir que nadie, absolutamente nadie se quedó sin al menos pronunciar alguna de las líneas del hipnoterapeuta, que dicho sea de paso, en este punto de la historia sin tapujo alguno podemos afirmar que es la obertura perfecta para unos de los mejores álbumes jamás publicados dentro del Metal Progresivo. ¡Qué ganas de escuchar el “Metropolis Part. 2” en su totalidad! Pero bueno, a medida que sonaba esta pequeña intro, toda la sección de cuerdas junto con el tecladista Diego Tejeida fueron tomando posición lentamente sobre el plató.

¿Recuerdan la reacción que se generó cuando comenzaron a sonar las primeras notas de Overture 1928? Quiero decir, la transición entre la cuenta regresiva de Regression y el primer track de la noche fue sencillamente notable. Para qué mencionar el recibimiento que tuvo el maestro de ceremonias. Aplaudido a rabiar, y más aún cuando la banda dejó caer toda su potencia en los primeros compases. En base a esto, si bien gran parte de la cancha se dedicó a saltar y a corear cada una de las melodías de la pieza instrumental, todo fan de Dream Theater es bastante crítico y exigente en todos los aspectos posibles. Vale decir, la gran prueba de fuego era qué tan bien sonaría la banda y qué tan bien iban a ser ejecutados cada uno de los solos y armonías. Así, entrando de lleno en la canción, para sorpresa de muchos y especialmente para los más escépticos, la agrupación sonó como un verdadero cañón de principio a fin. Es cierto que casi todas las miradas iban dirigidas a Mike Portnoy -quien cada cierto rato tocaba la batería de pie-, pero no podemos dejar de mencionar la gran compenetración y seguridad que demostraron los músicos en cada uno de los pasajes.

Y siguiendo con el orden natural de las cosas, la siguiente no podía ser otra que ese temón llamado Strange Déjà Vu. Por cierto, el vocalista Ross Jennings se encargó de interpretar y de teatralizar gran parte de los versos, mostrándose totalmente enérgico en su performance desde el primer minuto. En tanto, ¡cómo sonaba la base rítmica! Gran, gran labor de Conner Green en el bajo, quién a pesar de su posición más secundaria sobre el escenario, de igual forma se las arregló para sobresalir en los momentos indicados. Nosotros en tanto ya nos encontrábamos absolutamente entregados a lo que estábamos presenciando. No vamos a descubrir ahora el calibre y la importancia de los dos temas  mencionados, por lo que solo quedaba cantar como si no hubiera mañana el “I just can’t help myself/ I’m feeling like I’m going out of my head/ Uncanny, strange déjà vu/ But I don’t mind, I hope to find the truth” que contó con el apoyo vocal de Portnoy como es costumbre. ¡Excelente comienzo!

La verdad es que la inclusión de The Mirror dentro del setlist fue todo un acierto principalmente por dos motivos. En primer lugar, dentro del contexto de la Twelve-Step Suite, con el paso de los años se ha ganado con total justicia el hecho de ser considerada el prólogo de toda la historia. Segundo, desde luego que estamos hablando de una de las mejores piezas rescatadas de Awake (1994) y a su vez quizás una de las composiciones más subvaloradas dentro de la carrera de los americanos. Es así como el sonido más “crudo” y al hueso del álbum mencionado fue recreado a la perfección. En este aspecto tener tres guitarristas ayuda bastante a llevar la canción y esto se vio reflejado en la potencia y en la fuerza que se logró transmitir a la audiencia. No podemos pasar por alto la participación de Eric Gillette, quién literalmente “las hace todas”. Decimos esto porque además de tocar prácticamente todos los solos de guitarra, también fue el encargado de cantar la parte media alcanzando un gran nivel. Solo se necesita recordar el “How in the hell could you possibly forgive me?/ After all the hell I put you through” y entenderán a lo que me refiero. Finalmente, ¡con qué soltura fueron formando poco a poco el outro! Desde luego que la postal para el recuerdo es el desplante de Diego Tejeida junto a su keytar a lo largo del escenario durante los últimos instantes y la clase de Conner para acompañar cada solo. Queda solamente volver a hacer hincapié en la correcta decisión de haberla interpretado.

Y lo anterior no fue otra cosa más que la señal inequívoca de que lo siguiente sería la suite tocada de principio a fin. Eso sí, primero Mike abandonó su batería un instante para dirigir unas pequeñas palabras a los 1.300 asistentes que se encontraban al interior del recinto. Principalmente dio las gracias a Haken y a cada uno de los presentes por estar acompañándolo durante todos sus años de carrera. De esta forma, él mismo dio la orden para que comenzara a sonar The Glass Prison. Acá nos queremos detener un instante. Los más fanáticos de Dream -y particularmente de la obra de Portnoy– tuvimos que esperar toda una vida para escuchar el opening track de Six Degrees of Inner Turbulence (2002). Desde luego que resulta un tanto extraño al analizarlo con mayor profundidad puesto que existe un sabor amargo frente al hecho de que nunca pudimos apreciarla con la formación original. Pero ante esto hay que ser sinceros y admitir que la performance de los siete músicos en escena rozó la perfección. Un aplauso para Charles Griffiths que en esta oportunidad se llevó todas las miradas a medida que tocaba cada uno de los riffs. O cómo no dejar de mencionar el desempeño de Gillette durante los múltiples solos de guitarra. Lo cierto es que momentos para enmarcar hay por centenares, pero muy personalmente lo mejor de poder escucharla en directo es poder apreciar como cada uno de los versos han calado hondo dentro de la fanaticada. Decimos esto porque el “Run fast from the wreckage of the past/ A shattered glass prison wall behing me” o el “Help me, I can´t break out this prison all alone…” fueron cantados a rabiar por todo el recinto. Y eso no es todo, ya que la otra parte que generó gran expectación por supuesto que fueron los solos de teclado y de la sección de cuerdas. Es notable como el público se divide en cierta forma durante la parte instrumental. Algunos se dedican a mirar detenidamente -casi como poniendo a prueba a los músicos-, mientras que el resto simplemente se deja llevar por el momento.

Personalmente, este era el momento más esperado de la noche. Advierto que me tomaré todas las licencias necesarias. ¡Qué temazo es This Dying Soul por la cresta! Fácilmente tiene que estar dentro del top 3 de las mejores composiciones de la historia de Dream. Y pareciera que no soy el único que piensa de esta forma, puesto que fue recibida con una euforia y una energía digna aplaudir. Qué manera de susurrar el “Hello mirror/ So glad to see you my friend/ It’s been a while“. Qué manera de cantar el “I want to heal your conscience/ Making a change to fix this dying soul/ This dying soul“. Y por último, qué manera de gritar -literalmente- el “Help me, save me, heal me/ I can’t break out of this prison all alone“. Al igual que con The Glass Prison, toda una eternidad esperando que poder realizar esta catarsis colectiva en pleno concierto. Obviamente que las partes instrumentales fueron seguidas muy de cerca por cada uno de nosotros, siendo los últimos solos los que se llevaron los mayores aplausos. Richard Henshall, Charles Griffiths y Eric Gillette se turnaron en una pose digna de Iron Maiden para tocar el outro y poner el broche de oro a esta pieza. Lo demás queda para el análisis y para el recuerdo personal de cada uno. Lo diré una y otra vez de ser necesario, ¡qué temazo es This Dying Soul por la cresta!

The Root of All Evil es una de esas canciones que en vivo y en directo funcionan a la perfección al desatar una potencia increíble en relación a la versión en estudio. Ya con la intro toda la cancha estaba saltando y alucinando con el riff principal.  Lo particular es que Eric Gillette se hizo cargo de las voces cumpliendo una doble función. Y sí, su desempeño fue más que notable. Ojo que es un detalle no menor, puesto que al ser la canción más “oreja” de las cinco que componen la suite, el desafío es aún mayor al tener que interpretar las partes más pegajosas y reconocibles de este clásico. De esta manera, cuando cantó el “Take all of me, the desires, that keep burning deep inside/ Cast them all away/ And help to give me strenght/ To face another day” o el “I can feel mi body breaking/ I can feel my body breaking/ I’m ready to let it all go” logró transmitir una energía y un sentimiento que fue devuelto de la misma forma por cada uno de nosotros.

De lleno en la segunda mitad de la suite, Repentance logró contrastar una noche que hasta el momento solo había sido de euforia. Vale decir, al pasar del caos y de los cánticos de su predecesora, a la calma y sutileza de la extraída de “Systematic Chaos” (2007), uno comienza a entender de mejor forma cada una de las doce etapas. Lo plausible es que este cambio de emociones solo es apreciable en vivo y en directo. Dicho sea de paso, al ser una de etapas más personales y de mayor retro inspección, era casi una obligación que VIII: Regret fuera cantada por Mike Portnoy. Y así no más fue. ¡Pedazos de versos que se mandó! Por lejos uno de los clímax de la noche. Pero eso no es todo, puesto que durante IX: Restitution aparecieron cada uno de los colaboradores y los amigos dando su testimonio en la pantalla tras la batería. ¿Los más aplaudidos? Chris Jericho (“You just made the list!“), Mikael Åkerfeldt y Steven Wilson.

Por último, The Shattered Fortress logró renovar los ánimos frente a la emotividad del track anterior. Como ya lo vaticinábamos en los días previos al show, el clímax total llegó con el solo de larga duración y con el juramento posterior de XII: Responsible. Todos, absolutamente todos cantamos el “I am responsible when anyone, anywhere reaches out for help/ I want my hand to be there“. De igual forma la base rítmica logró llevar la canción con un desplante más que envidiable. Se sabe de antemano todos los quiebres que provocan un headbanging generalizado entre cada una de las secciones que posee. Es por esto que resultaba más que contagioso ver como Portnoy se paraba de su asiento cada vez que la canción lo ameritaba, incitando a su vez los típicos “eh! eh! eh!“. Siendo las 22:24 hrs., se produce el primer y único encore de la jornada. Como análisis particular de la Twelve-Step Suite, ¿en serio ya había terminado?, ¿cómo? ¡Si recién habíamos empezado! El tiempo pasó volando y no es ninguna coincidencia, ya que al escucharla completa con la pasión y la adrenalina del momento la verdad es que pareciera que la hora de duración se hace prácticamente nada. Deuda saldada y aún quedaban algunas sorpresas.

Apenas pasó un minuto y rápidamente Charles Griffiths comenzó a tocar las primeras notas de Home. Pronto se le unió el talentoso Diego Tejeida y en cosa de segundos lograron recrear la atmósfera y la ambientación tan propia de esta composición. La verdad es que comenzar a detallar lo bien que sonó resulta totalmente redundante a estas alturas. Eso sí, no podemos dejar de mencionar el feeling que tuvo Ross para cantar cada uno de los coros del tema, viéndose reflejado su éxtasis en una especie de baile que se despachó en una par de ocasiones. A todo esto, ¡pedazo de letra! Espero no ser el único que gritó casi de manera desesperada el “The city, it calls to me!/ Decadent scenes from my memory/ Sorrow, eternity/ My demons are coming to drown me“.  Y acercándonos ya al final, llegaría el turno de la denominada “Mother of all pieces“. La incombustible The Dance of Eternity puso a prueba nuestros sentidos durante cada uno de los cambios de tiempo que posee. Sí, es cierto que ha sido interpretada en nuestro país con anterioridad, pero ante un clásico de estas proporciones solo queda disfrutar al máximo su versatilidad. Además, no nos veamos la suerte entre gitanos, todos queríamos ver el desempeño de la banda en un tema de esta complejidad. Y ojo, desde luego que fue llevada de gran forma, pero desde nuestra posición en la cancha existió un pequeño consenso general afirmando que había sonado algo “sucia”. Concretamente, el hecho de tener tres guitarras sonando al unísono provocó una cierta distorsión y la sensación de que se interrumpían unas a otras durante la parte media-final. Aún así, como mencionamos unas líneas atrás, supieron sacar la tarea adelante alcanzando un nivel superlativo.

Por último, seré sincero al afirmar que Finally Free por lejos es mi canción favorita de Dream Theater. Solo eso basta para decir que muy personalmente fue mi momento favorito de toda la velada. ¡Cuántas emociones en un solo track! Lo cierto es que podría estar un buen rato tratando de explicar y enumerar todo lo que puede llegar a producir durante los doce minutos de duración y de seguro dejaría algo en el tintero. Es difícil de explicar y no deja de sorprenderme como a estas alturas aún logra ponerme la piel de gallina cada vez que la escucho. Solo queda agradecer a Ross Jennings por todo el sentimiento que implantó en cada una de las estrofas y más aún en el estribillo. Qué manera de emocionarse con el “This feeling inside me/ Finally found my life/ I’m finally free” madre mía. Y hay algo más, porque aparte una musicalización perfecta, varios a mi alrededor parecían sentir lo mismo al escuchar atentamente la última canción de la noche.  De esta forma -y tras una pequeña referencia a Ytse Jam a modo de outro-, siendo las 22:56 hrs. la banda comienza a despedirse entre cánticos y aplausos cada vez más estridentes.

A modo de conclusión, hay un par de cosas que es justo mencionarlas y hacer un pequeño comentario al respecto. En primer lugar, ¡qué grande Mike Portnoy por la cresta! Prácticamente lo único que se escuchaba al abandonar el recinto era lo bueno que estuvo el concierto y lo bien que sonó la agrupación. Se notó la dedicación y el respeto con el que fue interpretado el setlist, siendo lo más rigurosos posibles respecto a sus versiones originales. Sobre lo mismo, el nivel de músicos que se trajo consigo sencillamente hizo que éstos se robaran la película ganándose al público desde el primer momento. No es fácil salir de gira por el mundo tocando material que no te pertenece y salir jugando de esa forma. Da gusto saber que todos los asistentes lo entendimos de esa forma y que todos nos encargamos de aplaudir y de vitorearlos cada vez que era posible. Luego, obviamente están las consideraciones como fan declarado de Dream. No deja de llamar la atención que se necesiten tres guitarristas (¡tres!) para cumplir la función de John Petrucci. En cierta forma él mantiene su status de superclase y sigue siendo uno de los mayores referentes en las seis cuerdas. Por último -y espero no desatar una polémica de proporciones épicas-, por momentos nos encontramos con una banda sonando tanto o  mejor que los neoyorkinos. Tranquilos, Dream Theater por algo es Dream Theater, pero no podemos obviar el hecho de que la jornada fue prácticamente perfecta. Los que estuvieron ahí saben de lo que hablo. ¡Pedazo de concierto señoras y señores!

Setlist Mike Portnoy’s The Shattered Fortress:

01. Regression (Intro)
02. Overture 1928
03. Strange Déjà Vu
04. The Mirror
05. The Glass Prison
06. This Dying Soul
07. The Root of All Evil
08. Repentance
09. The Shattered Fortress
Encore:
10. Home
11. The Dance of Eternity
12. Finally Free

GALERÍA

 

 

Testament + Nile en Chile (Live Review 2017)

Haciendo un símil con la última visita de Testament a nuestro país (2015), en esta oportunidad de igual forma asistiríamos a una especie de festival de metal extremo en el Teatro Caupolicán. Recordando que para aquella ocasión Cannibal Corpse fueron los encargados de acompañar a los californianos, ahora tendríamos la posibilidad de presenciar un show de nada más y nada menos que de Nile, reyes indiscutidos en lo que a Death Metal técnico se refiere. Ahora bien, centrándonos en el grupo cabeza de cartel, para esta ocasión regresarían con el álbum “Brotherhood of the Snake” (2016) bajo el brazo, LP que una vez más los posicionó como un número imperdible dentro de la escena mundial, razón de sobra para considerar este concierto como un imperdible y a su vez seguir estrechando la relación los fanáticos chilenos y los comandados por Chuck Billy.

Esta intensa y contundente jornada comenzó con los nacionales de Massive Power, banda con más de veinte años de carrera en la escena más underground, y que luego de muchos años con cuatro demos en su bitácora, pudieron por fin lanzar su primer disco, titulado simplemente “Massive Power“, durante el año 2013. En cerca de media hora, los nacionales abrieron los fuegos con su propuesta de un Thrash bastante directo y bien recibido por un teatro que, pese a que aún no llegaba a los mil asistentes, ya daba muestras de estar recibiendo energía y poder.

Setlist de Massive Power:

  1. Homicidal Blackouts
  2. Rightwing Control
  3. Mass Crime Corporation
  4. Political Class
  5. Force
  6. Violent Killing Posers
  7. March of Destruction
  8. Peyucollar

NILE

Con un pequeño adelanto respecto a la programación entregada por la producción, a las 20:45 hrs. se dio inicio al show de Nile. Mientras de fondo sonaba Ushabti Reanimator, los músicos fueron uno a uno tomando posición arriba del escenario para conectar los últimos acordes de la intro con la brutal Sacrifice Unto Sebek (“Annihilation of the Wicked”, 2005). Lo primero a destacar desde luego que es el gran sonido y producción del evento en su conjunto, a sabiendas de que la propuesta de la banda más bien es sobria y solo se remite a la pulcritud de sus ejecuciones.

Tras el saludo correspondiente hacia el respetable, es momento de apreciar más de cerca la técnica sobrehumana de George Kollias, que durante Defiling the Gates of Ishtar y Kafir! alcanza niveles superlativos. Quiero decir, mientras más lo miras y mientras más te detienes en sus movimientos, te parecen más imposibles de realizar. Así es como nos regaló una gran postal al tirar una baqueta al aire con vehemencia luego de romperla son sus beats. Pero Karl Sanders, Brad Parris y Brian Kingsland no se quedan atrás, puesto que siempre tratan de arreglárselas para sobresalir a medida que se van intercalando los guturales.

La única revisión a su último LP (“What Should Not Be Unearthed”, 2015) llegaría con In the Name of Amun, la cual contó con un juego de luces y una ambientación azulada bastante lúgubre. Por cierto, pedazo de solo que se despacha Karl en la parte media que luego fue seguido de unos tímidos cánticos durante el “At the word of the god Amun I waged war/ In the name of the god Amun I sanctioned atrocities/ Wanton cruel remorseless in the name of the god Amun“.

Momento de revivir la vieja escuela con la ya clásica Sarcophagus. Si bien a modo general sus predecesoras fueron recibidas de una manera un tanto tibia,      en este punto es donde las cerca de mil personas que se encontraban entre la cancha y la galería conectaron de mejor manera con la propuesta Brutal/Death. Esto último continuó durante Unas Slayer of the Gods, que si bien es un tema de larga duración, cada una de sus secciones fue aumentando de intensidad logrando llamar la atención de los más susceptibles. Aún debe estar resonando el gutural inicial de Brian Kingsland, que se llevó gran peso de esta pieza sobre sus hombros. Eso sí, por lejos la mejor parte es el quiebre marcial de la parte media que luego trae de vuelta la agresividad y los solos frenéticos. ¡Perfectamente ejecutados!

Para cerrar, los tres golpes en la caja de parte de George Kollias marcan la pauta para el inicio de Black Seeds of Vengeance. Desde luego que el mosh de los más entusiastas no se hizo esperar, pero sorpresivamente se le puso fin casi sin aviso cuando nos percatamos que a las 21:35 hrs. la banda ya se estaba despidiendo de los presentes. Si bien la mayoría se encontraba ahí por Testament, de alguna forma resulta un tanto decepcionante el poco tiempo que se le dio a Nile para su presentación. Menos de una hora sobre el escenario y un recorte considerable dentro de su típico setlist de ninguna manera pueden hacerle justicia a los años y a la clase que demuestran en cada una de sus canciones. Es una situación entendible, pero un tanto ingrata.

Setlist de Nile:

  1. Ushabti Reanimator (intro)
  2. Sacrifice Unto Sebek
  3. Defiling the Gates of Ishtar
  4. Kafir!
  5. In the Name of Amun
  6. Sarcophagus
  7. Unas Slayer of the Gods
  8. Black Seeds of Vengeance

TESTAMENT

Con un retraso que cada vez aumentaba la tensión y la impaciencia de los cerca de 3000 asistentes, a las 22:25 hrs. por fin se apagan las luces del recinto desatando una euforia que vaticinaba lo que viviríamos en cosa de segundos. En tanto, con la atención ya centrada en el escenario, por primera vez pudimos apreciar de mejor forma el gran telón con la portada del último álbum que se encontraba tras la amplificación y los instrumentos. Pero seamos realistas, ¿en este tipo de shows de verdad importan los aspectos visuales? Desde luego que hoy en día son un plus para cualquier presentación, pero planteamos esta interrogante basándonos en la reacción obtenida con los primeros acordes de Brotherhood of the Snake. ¡Toda la cancha era un remolino gigantesco! Cuánta potencia y calle demostrada por Testament con un temazo de este calibre. Y lo cierto es que con Rise Up la cosa no fue muy distinta que digamos. Qué manera de gritar el “Rise up!/ War!“, madre mía. A modo de confesión y volviendo a la pregunta recién planteada, les mentiría si les dijera que logré mirar tres veces a la banda con detención arriba del plató, ya que básicamente todo se redujo a hacer lo imposible por sobrevivir a un mosh descomunal.

El tercer hachazo -y a su vez la única revisión a “The Formation of Damnation” (2008)- vendría con la siempre efectiva More Than Meets the Eye. Resulta increíble pensar que fue lanzada hace casi diez años, puesto que aún suena fresca y sigue siendo una de las favoritas de la fanaticada. ¿Alguien más notó como Chuck Billy dejó la vida al cantar el coro? En serio, el “I feel that I am slipping/ Are they out to get me/ My life is upside down/ More than meets the eye” retumbó en todo el teatro de manera magistral. Por otro lado, pareciera estar de más en reparar lo bien que se complementan Eric Peterson y Alex Skolnick en las seis cuerdas. Sin dudas una de las mejores duplas de hoy en día. Finalmente, para ser justos y no dejarlos de lado, obviamente que Steve DiGiorgio y Gene Hoglan simplemente son arrolladores. ¡Temón con todas sus letras!

De lleno en el motivo que convoca esta gira de los americanos, la dupla conformada por The Pale King y Centuries of Suffering fue una prueba de fuego para evaluar la aceptación del último álbum. Y adivinen qué…¡superada con creces!  Si bien la primera trajo un tanto de “calma” entre los presentes (que se entiendan las comillas, por favor), solo fue una excusa para luego retomar la agresividad y el caos al exclamar “Centuries, centuries of suffering/ Centuries, centuries of blood/ Centuries, centuries of punishment/ Centuries, centuries of suffering!” en lo que fácilmente es una de las mejores composiciones de “Brotherhood of the Snake” (2016). Y esta especie de contraste para generar una reacción mayúscula se repitió en los dos siguientes tracks. Electric Crown permitió que muchos acompañaran la letra con el headbanging correspondiente, que en ningún caso se aproxima a la ovación obtenida cuando el frontman nos adelanta que es tiempo de que escuchar “Some old school Thrash Metal“. Ojo, ya lo adelantábamos hace un par de días atrás: Existe una gran diferencia entre comentar durante la previa que Into the Pit será uno de los puntos altos de la noche, a vivirlo en carne propia. Entonces, no exageramos al afirmar que el diámetro del mosh era prácticamente de todo el ancho de la cancha del Caupolicán. ¡Insuperable!

Ahora sí, podríamos decir que la primera parte del concierto se dio por finalizada. Dicho de mejor forma, la primera tanda de canciones fueron cañonazos que no se tomaron pausa alguna y que se llevaron gran parte de nuestra energía. Así también lo entendió la agrupación, puesto que Dark Roots of Earth permitió tomarnos un respiro y a su vez poder mirar a los músicos y reparar en algunos detalles técnicos. Por ejemplo, durante Stronghold el micrófono del vocalista se perdió casi en su totalidad dejando una sensación un tanto extraña, principalmente porque es un tema de gran factura que Testament sabe llevar a la perfección. Además, la letra está hecha para ir acompañando a Chuck, pero lamentablemente perdió toda su fuerza en este aspecto. De todas formas, el solo de guitarra fue perfectamente ejecutado llevándose el aplauso de los asistentes.

Solucionado el desperfecto, quizás durante Low y Throne of Thorns vimos la mejor versión de la banda instrumentalmente hablando. La homónima del álbum del año 1994 nos demostró con categoría que no es necesario acelerar a fondo para construir un track de gran factura. Por otro lado, la rescatada de “Dark Roots of Earth” (2012) se encarga de que cada uno se luzca a su debido tiempo. Solo basta recordar la excelente intro a cargo de Alex y Eric donde crean una atmósfera única. Luego Gene y Steve van marcando cada uno de los pasajes y cambios a medida que el frontman se desgarra cantando “God of war/ Fire born/ Throne of Thorns/ God of War/ No remorse/ Fire born“.

Tras un pequeño solo de Eric Petersen, vendría una sorpresa totalmente impensada considerando el setlist tentativo de la gira sudamericana. Hablamos de la inclusión de Eyes of Wrath (“The Gathering”, 1999). Personalmente nunca ha sido una de mis favoritas -sobre todo considerando los temazos que contiene dicho álbum-, pero es más que valorable el hecho de que hayan hecho una excepción en relación a los otros países que han visitado. Y si a eso le sumamos que no es precisamente una de las más tocadas en vivo -históricamente hablando-, el resultado es más que favorable.

Perfecto. Damos por finalizada la parte del show más relajada y “experimental” -por etiquetarla de alguna forma- y es tiempo de pasar a la etapa donde suena clásico tras clásico. ¿El primero de todos? No podía ser otro que Practice What You Preach. Estarán de acuerdo en que comenzar a detallar y tratar de entender lo que significa esta composición en la carrera de los americanos resulta un tanto redundante y monótono. Entonces, la sensación que queremos compartir en esta oportunidad es la fuerza y la garra con la que la siguen interpretando a lo largo de los años. La pasión logra transmitirse y la respuesta no es otra que el retorno del caos. Nuevamente la cancha se abrió súbitamente y el pit fue más enérgico que nunca. Esto último se extrapoló con The New Order, donde entre golpes y empujones hubo tiempo para acompañar el “For the past it’s too late/ Cause the world can’t control fate…“.

Tras la breve instrumental Urotsukidôji, llegaría el turno de una de las más coreadas de la noche: Souls of Black. Decimos esto porque no hubo nadie que no cantara el “Look at the lost souls/ They seem so black/ Look at the lost souls/ Souls of Black” con el puño en alto intercalando a su vez el headbanging durante cada verso. Dicho sea de paso, desde el año 2012 que no era interpretada en nuestro país. Puede sonar algo exagerado, pero dado el excelente recibimiento que tuvo, con total propiedad podemos decir que la extrañábamos de alguna forma.

Acercándonos cada vez más al final, lo vivido durante Over the Wall y Alone in the Dark no tiene precedentes. Por supuesto que en primer lugar está la banda, que es capaz de hacer sonar su repertorio como una aplanadora y luego también estamos cada uno de nosotros, que somos capaces de disfrutar como si no hubiera mañana. Vamos a algunos detalles dignos de mencionar. Para Over the Wall la gran anécdota a contar es exactamente el momento previo a que comenzara a sonar. Básicamente Chuck incitó a que Steve DiGiorgio diera un pequeño speech en un español que desató algunas risas a medida que daba las palabras de agradecimiento. Luego, se escuchó una ovación cerrada cuando el bajista dijo de forma textual “Santiago lo mejor siempre“. Y parece que habla con total autoridad del tema, porque el mosh que se formó superó todo lo antes visto. Mismo asunto con Alone in the Dark, donde todos sabemos que hay que dar lo mejor de sí para cantar “Alone in the dark, where the demons are torturing me/ The dark passage of revenge is all that I see“, que luego fue seguido de una especie de sing along con la melodía del estribillo durante el outro. De esta forma, siendo las 00:06 hrs. se produce el primer y único encore de la jornada que duraría tan solo un par de minutos.

Con la banda de vuelta en el escenario, la escogida para cerrar no podía ser otra que la incombustible Disciples of the Watch. Momento de gastar las últimas energías para darle forma a un pit apoteósico digno de un final de película con el que no caben dudas de que Testament ha demostrado una y otra vez que son un conjunto a prueba de balas. No cualquiera puede jactarse de tener tal cantidad de discos y clásicos que produzcan una catarsis colectiva como la vivimos en primera persona la noche del jueves. Así, resulta más que satisfactorio saber que por lo menos cada dos o tres años hay una noche donde el Thrash Metal ejecutado a la perfección se toma nuestra capital. Vale decir, podemos dejar de lado nuestros celulares, los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos y todas nuestras pretensiones, para abrir paso a un show de la vieja escuela que te deja sin aliento. Porque ahí, donde las papas queman, los californianos le parten el cráneo a cualquiera. ¿Alguna duda?

Setlist de Testament:

1. Brotherhood of the Snake
2. Rise Up
3. More Than Meets the Eye
4. The Pale King
5. Centuries of Suffering
6. Electric Crown
7. Into the Pit
8. Dark Roots of Earth
9. Stronghold
10. Low
11. Throne of Thorns
12. Eyes of Wrath
13. Practice What You Preach
14. The New Order
15. Urotsukidôji
16. Souls of Black
17. Over the Wall
18. Alone in the Dark
Encore
19. Disciples of the Watch

 

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Anathema en Chile (Live Review 2017)

Siendo las 20:30 hrs. hicimos ingreso al Teatro Coliseo, recinto nuevo, bastante parecido al renovado Teatro Cariola, aunque a diferencia de este último, el Coliseo tiene un tercer piso. A esa hora se veía bastante público para faltar aún media hora para que comenzara el show. Ese tipo de cosas es una de las cuales reflejan fielmente el fanatismo que provoca Anathema en Chile; de hecho, las entradas se agotaron ya hace dos semanas, incluso a pesar de que no ha pasado mucho tiempo desde la última visita de la banda, en 2015.

Pasados unos minutos de las 21:00 hrs se apagan las luces y estallan los gritos de los fans. Los músicos salen con la cara llena de risa, siendo muy notoria la felicidad y lo cómodos que se sienten tocando en nuestro país. Daniel Cavanagh trae puesta una polera con la bandera de Chile, le habla al público y empiezan a tocar Untouchable 1 y el teatro se viene abajo, suenan potentes. Un comienzo así de intenso dio una gran apertura a su show, y como se trata de un tema así de conocido el público canta a la par con la banda, se ve la comunión que existe, ese ambiente especial que se da en los conciertos de Anathema: íntimos, pero con una energía tremenda.

Luego bajan la potencia con Untouchable 2, en una tónica que se dará todo el show, haciendo subir con toda la adrenalina para luego bajar a lo más profundo. Aquí es cuando Daniel le dice al público que han vuelto a casa (“back home to Chile”), simplemente nada más que decir, cuando la hermosa voz de Lee Douglas nos transporta en un viaje hermoso.

Continuaron con Leaving it Behind, tema favorito de quien escribe. Se siente el calor en el recinto, sumado a las palmas con que el público acompaña el tema, para luego saltar y bailar, y luego bajamos nuevamente con Endless Way, emocional, haciéndonos vibrar y elevándonos de a poco a medida que va subiendo el ritmo.

Con The Optimist la respuesta del público fue un poco mas fría, quizás debido a que es un tema perteneciente a su homónimo último disco, a igual que Endless. El público aún no ha creado un vínculo con este nuevo trabajo, aunque siempre escuchándolo con sumo respeto y aplaudiendo al final de este.

Luego, con los primeros acordes de Thin Air se vinieron los gritos nuevamente y los cantos acompañados de palmas al ritmo. Sinceramente, los fans de Anathema son de otro mundo, es increíble el nivel de entrega que tienen hacia la banda, casi religioso, coreando con los brazos en alto. Lo mismo ocurre con la hermosa Dreaming Light, es aquí cuando uno ve que muchos fueron en parejas que se miran y abrazan, y que la banda no sólo provoca fanatismo, sino algo más significativo, para muchos de ellos es parte de sus vidas.

Le sigue Can’t Let Go, también del nuevo disco y al igual que con los temas anteriores, la respuesta fue un silencioso respeto y aplausos. Sin embargo, con Lightning Song la audiencia se sintió más identificado y comenzó a acompañar con las palmas y balanceándose al ritmo de la música, convirtiéndose en un suave mar de cuerpos dándole un ambiente especial a la noche aún mas acompañado de los hermosos videos que se ven a espaldas de la banda.

Después de esto vino el momento más memorable de la noche, a gusto personal, en que premian a los fans con un shock del disco “Judgement” tocando Deep, seguida de Pitiless, Forgotten Hopes y Destiny is Dead, con un Vincent que no nos deja respirar, no da pausas, la entrega es total, con su voz que llena el recinto y todos cantando “ash to ash, dust to dust!!” en Pitiless. Con Forgotten Hopes, tan suave y tan intensa y cerrando este premio con el broche de Destiny is Dead.

Pero las sorpresas no terminan ahí: para júbilo del público tocan Storm Before The Calm por primera vez en nuestro país y se siente el agradecimiento de los asistentes. Le siguió Beginning and the End, tan hermosa, tan llena de sentimientos al igual que Universal, que te hace flotar suavemente.

Lo siguiente fue Closer que, con esa voz electrónica que fluye en el ambiente, hace que el público empiece una catarsis, siguiendo con las palmas, hasta llegar casi a echar abajo el recinto nuevamente a los gritos de “jump! jump!” de Daniel. Después vino un respiro, una pequeña pausa, para que Lee Douglas volviera con su suave voz en Springfield, otro tema del nuevo disco, conversan un poco con el público y como es habitual, piden que los iluminen, a los cual todos elevan sus celulares dando el ambiente adecuado para Natural Disaster, solo hubo un pequeño acople de la guitarra que rompió la delicadeza del tema, de igual manera hubo vítores y aplausos al final.

Luego, con un Vincent al frente del escenario empieza a tocar la percusión de Distant Satellites y esto se transforma en un ritual, va subiendo en intensidad hasta que te hace retumbar el pecho, después de eso necesitamos un nuevo descanso y la banda lo sabe, hacen una pausa para aparecer nuevamente en el escenario esta vez con la mayoría de ellos con poleras con la bandera chilena, la comunión es innegable, hasta que empieza Flying con los gritos del público de fondo para cantar a todo pulmón acompañando a la banda. Daniel se puso a a dirigir al público hacia el final de tema y se siente esa comunicación tan especial que se da con los músicos, gritos y aplausos. Lost Control sigue esa comunicación, con las palmas llevando el ritmo y cantando a coro esta lenta melodía pero con potentes guitarras para sumergirnos con Destiny y terminar arriba con Fragile Dreams, con un público con las palmas arriba y saltando, un broche de oro.

Es verdad que resulta innegable, pese a lo anteriormente dicho, que este no fue el mejor show presentado en nuestro país. El sonido a veces se sentía rebotar en el recinto, las personas que estaban en los palcos debían estar sentadas, cosas que a la mayoría no le agradó, y además la visual del escenario desde el tercer piso era pésima, por lo cual probablemente sólo la gente que estaba en cancha haya disfrutado más el show. El recinto no es malo, pero para bandas del nivel de Anathema se necesitan otros requerimientos para poder disfrutar el sonido y el espectáculo como corresponde.

Sin embargo, cabe hacer una reflexión: para quienes no somos acérrimos seguidores de la banda es difícil de entender esta conexión que existe entre el público y Anathema, una conexión casi religiosa, pero sólo basta asistir a un show de ellos para darse cuenta del porqué de esto. Con un show de casi tres horas en que no nos daban ni un respiro, con un ritmo que nos hacia subir a la estratósfera para después hacernos bajar a los abismos, con sonidos profundos y poderosos en que te hacen entrar en cuenta de que deben ser parte de la banda sonora de tu vida. Con fanáticos fieles que hacían sentir casi como si fuese un acto religioso, la mayoría de las veces con los brazos en alto y los ojos cerrados, cantando con el alma, quienes no somos tan fanáticos nos sentíamos casi como testigos de una especie de culto secreto, sumergidos en sonidos que suenan mucho más profundos y potentes en vivo con los cuales los asistentes se transportan a un lugar al cual queremos definitivamente ir. Un gusto tanto para los oídos como para el mar de sensaciones con las que nos retiramos del recinto.

Finalmente, por todo lo anterior, la fanaticada se dio por pagada, los shows de Anathema son algo imperdible, y de los cuales muchas bandas deberían tomar como ejemplo. Estar ante un show de ellos nos hace comprender por qué las entradas se agotaron con tanta anticipación. Muchas gracias, Anathema, por brindarnos algo que varios recordaremos por mucho tiempo.

Setlist de Anathema:

01. Untouchable, Part 1
02. Untouchable, Part 2
03. Leaving It Behind
04. Endless Ways
05. The Optimist
06. Thin Air
07. Dreaming Light
08. Can’t Let Go
09. Lightning Song
10. Deep
11. Pitiless
12. Forgotten Hopes
13. Destiny Is Dead
14. The Storm Before the Calm
15. The Beginning and the End
16. Universal
17. Closer
18. Springfield
19. A Natural Disaster
20. Distant Satellites
21. Flying
22. Lost Control
23. Destiny
24. Fragile Dreams

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