Live Review: Solid Rock 2017

Llega el octavo día de diciembre y es el turno de Chile para recibir al festival Solid Rock que viene desde el otro lado de la cordillera. Con el sol todavía mostrando sus dorados dientes nos recibe Arena Movistar, recinto que conoce la manera en que vibran los rockeros chilenos que nutren su infraestructura. El entusiasmo de día viernes se sumó a esta particular noche que nos llenó de buena música y que, al finalizar, nos depositó en el silencio madrugada en el cual que nos encontramos  repasando estas memorias que compartimos con ustedes, lectores de buen gusto.

Volvamos a las 21 horas de este viernes 8: Las canciones de cortesía dejan de sonar para dar paso al intro de la primera banda del cartel. El recinto se oscurece, el apellido del genio del electromagnetismo se ilumina fuerte en el fondo y un maestro de ceremonias presenta la banda que se identifica bajo él. “Now here we go, on with the show” reza el coro de la canción que los californianos Tesla escogieron para el inicio. Mensaje fuerte y claro, como la voz de Jeff Keith, cuyo volumen y registro llama tanto la atención como su histriónico desplante por el escenario.

La arena todavía sumaba audiencia a pasos lentos, pero de a poco la respuesta e interacción con la banda se hizo notar. Bastó un simple dedo de Frank Hannon hacia la platea baja para provocar una eufórica respuesta del sector. Y es que Frank Hannon no se quedó atrás en presencia si lo comparamos a su energético “compañero en el crimen”. Una presentación impecable de parte del guitarrista líder, que además de pulcritud en las cuerdas, asume segunda voz y realiza geniales intervenciones con un theremin. Este particular instrumento “invisible” se rehusó a ser reemplazado por un harmónico en la guitarra u otra solución tecnológica, asegurando su notoria parte en Edison’s Medicine, canción que despertó a aquellos que todavía seguían conteniendo voces luego del primer tema.

Si bien el sonido pudo haber sido bastante mejor, además del acotado listado de temas regidos por la capacidad de horario, hits como Love Song, asediado por los covers Signs y Little Suzi, le dieron dinamismo y variedad a la presentación, para luego rematar con la coreada Modern Day Cowboy. Con una cálida ovación se despidieron—por ahora—Brian Wheat (bajo), Troy Luccketta (batería), Dave Rude (guitarra rítmica) y los anteriormente mencionados, Frank y Jeff, de aquellos que los esperaban y de aquellos que los descubrieron.

Setlist Tesla:

1. Into the Now
2. Edison’s Medicine (Man Out of Time)
3. The Way It Is
4. Signs [Five Man Electrical Band]
5. Love Song
6. Little Suzi [PhD]
7. Modern Day Cowboy

“Hello there, ladies and gentlemen”, Cheap Trick salta al escenario con total confianza. El público se hace numeroso de manera exponencial y se siente el ánimo de la locomotora rockera que cumple cuatro décadas desde su álbum debut. Con un espectáculo de luces más animado y un sonido muy reverberado en el inicio, las canciones se abren paso por un público mezclado entre quienes se dejaron sorprender y entre quienes le añaden más eco a la voz de Robin Zander, que junto con Rick Nielsen, sin pretensiones de detenerse animan a una audiencia impredecible.

El primer acto se desarrolla, hasta Ain’t That a Shame, con una actitud punk de cortas pausas y mucha energía hasta que es hora de acomodar los detalles. O al menos así lo interpretamos, ya que, en el momento en que Nielsen se disculpa por tardarse hacia la próxima canción (aproximadamente un minuto de todas formas), Clock Strikes Ten comienza a sonar con una calidad y potencia que mantendrán hasta el final. Opiniones divididas frente a esto siempre habrá, ya que la ubicación en el recinto también juega un rol importante, pero el sonido del bajo de Tom Petersson se llena de carácter y presencia. Doce cuerdas octavadas en 4 que le vienen muy bien a las tentaciones de blues que escapan de los tempos bajos. Por supuesto, el público se lo agradeció a Tom a la hora de las presentaciones. Nielsen saca cuentas de su última vez en esta franja recluida al extremo del mundo: la importante cifra de (más de) veinte años separa esta presentación con su venida al Festival de Viña en 1990. El fondo muestra el decorado de su álbum más reciente (“We’re All Alright”) y Long Time Comingse abre paso a través de las vibraciones del aire. ¿Cómo no recordar a Scorpions? Son pocas las bandas que dedican una canción al adictivo placer que les da las giras a través del mundo.

Repasando sus éxitos (y siendo presentados por la banda como tal), llegamos a la power ballad que muchos estaban esperando. Una absurda veintena de smartphones en cada línea del horizonte da la bienvenida a The Flame, que con un juego de luces espectacular creó el ambiente correcto propicio para sacar las roncas voces de los barbudos que esperan a Deep Purple. Parejas se abrazan en este hit del recuerdo, tanto hipotético como real, del lado radio-friendly de Cheap Trick. Y luego de la cálida y numerosa ovación al tema, los brazos comienzan a moverse con swing mientras suena la introducción de parte de la batería de Daxx Nielsen para I Want You to Want Me. Ante un público bastante homogéneo, no fue difícil notar alrededor quienes bailaron con ansias esta canción, con o sin parejas (kudos a la señora que lo disfrutó a concho desde la platea baja). Lamentablemente, el ánimo que despertó la banda con su sucesión de éxitos, no se tradujo en la respuesta coreada que esperaba Robin al estirar el micrófono hacia el público. La fanaticada férrea de Cheap Trick es algo a descubrir todavía en este país. A la hora de la dedicación de la bandera ilustrada, no faltó la impaciencia generalizada de corregir a los músicos en la correcta dirección en que se despliega nuestro loable trapo tricolor. No deja de divertirme la clásica reacción.

Hacia el tercer acto del espectáculo, suena Dream Police y la audiencia se deja encantar por la vibra energizante y celebratoria que transmite el tema (un efecto que conoce muy bien sus colegas trasatlánticos The Who), mientras puñados de uñetas de parte Rick llueven sobre el público más cercano al escenario. El show cierra con Surrender, una canción debidamente coreada esta vez, y, por supuesto, con el outro Goodbye Now. “See ya next year!” se despide Robin Zander con su halfordiano atuendo.

Setlist Cheap Trick:

01. Hello There
02. Come on, Come on
03. Lookout
04. Big Eyes
05. Need Your Love
06. Ain’t That a Shame
07. Clock Strikes Ten
08. When I Wake Up Tomorrow
09. Long Time Coming
10. The Flame
11. I Want You to Want me
12. Dream Police
13. Surrender
14. Goodnight Now

Una versión actualizada de la carátula de “Deep Purple In Rock” comienza a elevar los ánimos ante la idea de que falta poco para que comience el cabeza de cartel. Puedes estar ciego, e incluso sordo, y aun así podrías sentir la catarsis de ese momento en que se apagan las luces y la emoción colectiva te pone los pelos de punta. El corazón pareciera palpitar al ritmo de Mars, Bringer of War, clásico extraído de la suite “Los planetas” de Holst. Una marcha, conocida por todos, comienza a sonar desde la batería de Ian Paice. El ánimo va creciendo mientras se suma la guitarra y el melódico rugir del teclado. La silueta de un hombre, que todavía está en penumbra, se va acercando al escenario en un momento que parece eterno. Un halo de luz se posa sobre Ian Gillan y Highway Star comienza su adrenalínico viaje sonoro. Es valeroso de parte de Gillan empezar con este tema ante el tono y potencia que requiere su interpretación, sin embargo, el público fue el encargado de cantar esta genial apertura.

Siguiendo con el glorioso LP “Machine Head”, la nostálgica canción Pictures of Home tiene gran acogida y los cantos de parte de los asistentes no cesan. Montados con una configuración de luces minimalista y enfocada en resaltar solo un color de fondo, la visualidad de la banda es complementada con generosos ángulos de cámara que muestran el talento de los músicos a través de tres pantallas, esto sin contar la anti-climática presencia de cientos de smartphones alzados. Con Ian Gillan ya más cómodo en las notas y en volumen, el escenario se tiñe de un rojo exótico y la clásica setentera Bloodsucker comienza a sonar con potencia renovada, obligando a cabecear sus poderosos riffs para continuar con el groove de Strange Kind of Woman. Un comienzo majestuoso y vigorizante, todo indicaba que esto se mantendría en la totalidad del espectáculo. Me equivoqué, se pone mejor.

Luego de unas palabras en recuerdo del maestro Jon Lord, un silencio de admiración—quebrado fútilmente por uno que otro insolente chiflido—se apodera de los espectadores mientras la guitarra de Steve Morse fluye por la solemne atmósfera. Bends circulando a través de la melodía de Airey anteceden el momento en que Uncommon Man comienza a sonar en memoria del maestro que marcó un legado y referencia obligada al hablar de la presencia del teclado en el Rock. Mostrándonos así, la especial comunicación en códigos musicales que se genera entre Morse y su sucesor, Don Airey, y que luego continúa con el blues uptempo que representa las mañanas de varios (incluyéndome). Hablo, por supuesto, de Lazy con su gran sección instrumental. El agradecido público deja en claro que reconocen la importancia de “Machine Head” y que todo producto de él será bien recibido. El sonido ya está afinado a su máxima calidad, no hay sino admiración para el estado en que se encuentra la banda. Birds of Prey comienza con esa magia psicodélica del beat aletargado de Ian Paice que explora en su último álbum, “InFinite” (toda una joya en madurez musical). Sumado al doppler “tomsawyeriano” a manos de Don Airey, con este tema me pude dar el lujo de cerrar los ojos y sentir los decibeles como nubes a miles de metros del suelo. Tremendo.

Y el escenario se vierte hacia los colores negativos y se da por sentado que es hora de ese lado de Deep Purple tenso y erótico que muestran en su LP Perfect “Strangers“. La inolvidable Knocking at your Back Door se queda como mi punto favorito de la noche, opinión muy personal, al parecer, ya que me parece no haber compartido mi entusiasmo con aquellos que me rodeaban. Para aquellos que llevan registro de los solos de Don Airey, saben que se viene una muestra de virtuosismo y lúdica teatralidad de parte de este maestro “fresco y libre de gluten” (como lo presenta Gillian), que en una delicada fracción de tiempo puede transformar una agradable melodía en oscuros tonos.

El solo de Airey estuvo definitivamente a la altura, y como es costumbre rendir un pequeño gran homenaje a las localidades que Deep Purple visita, la tonada elegida fue Gracias a la vida de nuestra Violeta Parra, seguida de un breve homenaje también John Lennon, que no es tan compatriota, pero la melodía de Imagine se disfruta igual. Y luego de esta genial pausa, continuamos con Perfect Strangers y la canción que le da el título al álbum. La respuesta es inmediata, es, sin duda, una de las esperadas por los asistentes a la velada, que definitivamente le tienen cariño al fundamental Ritchie Blackmore, algo que comparto 200% y que ningún manto de polémicas cubrirá su presencia ausente en DP.

Aunque los ánimos están ya en el cénit, Space Truckin’ logró elevarlos fuera de la atmósfera. Fue inevitable saltar con un coro hecho para encender a los espectadores, haciéndolos protagonistas en cada ocasión que el foco se posaba sobre la cancha. El riff de riffs resuena por los poderosos cabezales de Steve Morse. Smoke on the Water es coreada como esta altura del concierto exige. La pantalla de fondo nos muestra el incidente al que la canción refiere, para estallar en una llama a la hora del coro. El público no decepciona a la hora de seguir la canción en la ventana de participación que otorga la banda. Steve Morse mostrando su calidad como músico sintiéndose cómodo con la canción, entregando su toque a la canción e interviniéndola como un experimento en vivo. Todo eso resulta en una manera actualizada de interpretar esta piedra fundacional de la historia del Heavy Metal.

Un gran cierre, marcado con la genial línea de bajo a manos de Roger Glover en Hush y Black Night (incluido un breve jam con Green Onions de Booker T & the M.G.’s), concluye la posible despedida de los maestros de la noche. Y pese al gran repertorio no incluido, por razones de ejecución y de personal involucrado, el concierto está completo. Una presentación que asegura buen sonido y habilidad performativa de estos cinco miembros, parte de una gran leyenda en la historia de la música y cuya extensión, liderada por Glenn Hughes, promete visitarnos el próximo año para traer aquellos temas del clásico LP “Burn” que me fui tocando en la mente durante el camino a casa. ¡Hasta entonces!

Setlist Deep Purple:

01. Intro: Mars, Bringer of War [Gustav Holst]
02. Highway Star
03. Pictures of Home
04. Bloodsucker
05. Strange Kind of Woman
06. Uncommon Man
07. Lazy
08. Birds of Prey
09. Knocking at Your Back Door
10. Solo Don Airey: Tributo a Violeta Parra y a John Lennon-
11. Perfect Strangers
12. Space Truckin’
13. Smoke on the Water
Encore
14. Hush [Joe South]
15. Black Night

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

Live Review: HammerFall en Chile (2017)

¡Qué manera de comenzar a cerrar el año! Sí, digámoslo desde un comienzo, ¡aguante HammerFall loco! Gran, gran show de los suecos. Y es que los comandados por Joacim Cans y Oscar Dronjak tienen esa mística y esa prestancia en cada uno de sus shows. Porque además de ser considerados uno los pilares fundamentales del Power Metal mundial con justa razón, si hay algo que podemos destacar y aplaudir de esta agrupación, precisamente es la constancia, la consecuencia y la coherencia en cada uno de sus trabajos que posteriormente se ve reflejada en su puesta en escena reconocible a kilómetros de distancia. Entonces, más que merecida la presentación que nos brindaron, ya que en su última visita a nuestro país (año 2014, junto a Edguy y Gotthard), muchos quedamos con gusto a poco dada la duración del concierto, por lo que, de alguna forma, nos desquitamos en todo aspecto posible durante la noche de este martes 05 de diciembre en la siempre polémica discotheque Blondie. Veamos que tal.

NEOGENESIS

La jornada daría el puntapié inicial con los oriundos de Valparaíso, quienes básicamente seleccionaron lo mejor de su LP “Desde las Cenizas“, publicado en agosto del 2016, para dar un show contundente y sin pausas que mostró lo mejor de los compatriotas. Así, con una puntualidad más que destacable, evidentemente tras escuchar la intro a medida que los músicos tomaban posición, la escogida para dar el primer hachazo sería la entretenida Cy. Es cierto que durante los primeros minutos hubo algunos problemas en la definición del sonido, pero esto no fue problema alguno para que el tecladista Carlos Silva y el guitarrista Ricardo Martinez se despacharan esos solos de gran factura que se llevaron los correspondientes aplausos de los cerca de trescientos asistentes que se encontraban a esa hora en el recinto. Por su parte, durante Volviendo a Nacer, Raymundo Meza y Patricio García (bajo y batería respectivamente) aplastaron todo a su paso de principio a fin mientras el frontman Daniel Sandoval cantaba el “Hoy vuelvo a ser el mismo, atrás quedó el abismo en que un día me perdí…“. Pedazos de agudos que se mandó por cierto. Muy buen comienzo.

¿Escucharon con detención la introducción de Oscura Soledad? Lo decimos en serio, ¡ejecutada a la perfección y casi sin ningún esfuerzo! Cuánta calidad señoras y señores. Y de ahí en adelante el nivel solo fue subiendo. Vale decir, están las estrofas cantadas de excelente forma, los interludios del teclado antes y después del “Quiero olvidar el dolor, no puedo seguir ya sin ti…“, los cambios de tiempo, cada uno de los solos en la parte instrumental, el tapping inhumano cortesía de Ricardo y así un largo etcétera. Sin duda uno de los clímax de toda la presentación. Y a modo de contraste y para bajar un poco las revoluciones, Sonidos del Metal trajo consigo esas armonías y esos estribillos un poco más “orejas” o “radiales” -por tratar de etiquetarlos de alguna forma-, pero que en ningún caso se apartan de la propuesta y de las influencias tan marcadas de los porteños.

Por último, la dupla conformada por Aferrado a Todo y Desde las Cenizas mostró todo el virtuosismo y la compenetración de la banda frente a una audiencia que siguió muy de cerca cada uno de los movimientos y pasajes de ambas canciones. De esta forma, tras un poco más de media de duración, Neogenesis comienza a despedirse entre gritos y aplausos cada vez más estridentes. Como mencionamos anteriormente, en esta oportunidad solo escogieron lo mejor de su álbum para una performance que rozó la perfección. ¡Notable!

Setlist Neogenesis

  1. Intro
  2. Cy
  3. Volviendo a Nacer
  4. Oscura Soledad
  5. Sonidos del Metal
  6. Aferrado a Todo
  7. Desde las Cenizas

HAMMERFALL

Mientras la Blondie se iba llenando poco a poco, cada uno de los presentes iba buscando el mejor lugar posible para presenciar al plato principal. Así, con una puntualidad increíble, a las 21:00 hrs. en punto se apagan las luces e inmediatamente bajó una ovación cerrada mientras sonaban las primeras notas Hector’s Hymn. Desde luego que resulta increíble como esta canción en tan solo un par de años se ha transformado en una de las favoritas de la fanaticada. Y cómo no serlo, si la letra es una oda al acero y a las chaquetas de cuero, es rápida, vertiginosa y por sobre todo, tiene un coro a prueba de balas que hace que levantes el puño automáticamente. ¡Como retumbó, madre mía! Nadie se quedó sin gritar el “Hammer high, to the sky/ Follow the warrior and king/ Call out Hector’s Hymn“. Desde luego que los “oh oh oh” tan propios de las canciones de los suecos se hicieron notar en un sin fin de oportunidades. Y como si esto fuera poco, la siguiente sería Riders of the Storm. En serio, ¡qué temazo! Toda la cancha saltando y coreando la introducción como si su vida dependiera de ello. Qué gusto además presenciar todas las poses y coreografías de toda la sección de cuerdas mientras Joacim Cans cantaba cada una de sus líneas con total soltura. Para qué mencionar el “Riders of the storm – one with the wind, defenders of creation/ Riders of the storm – aligned with the sun“, que fue cantado a rabiar por cada uno de nosotros. Por último, dentro de la trilogía inicial, vendría la primera revisión a “Built to Last” (2016). La escogida desde luego que fue el opening track Bring It!, que si bien durante los versos fue recibida de manera más bien tibia, apenas llegó el “Bring it, just bring it” la euforia y los puños en alto volvieron en gloria y majestad.

Terminados estos tres cañonazos, el frontman se dirige al respetable con un enérgico “Good evening, Templars of Santiago de Chile!” y aprovecha la instancia para darnos las palabras de agradecimiento correspondientes. Sobre la misma, Pontus Norgren lo “interrumpe” tocando las notas del estribillo de Blood Bound. El cantante se suma y nos incita a cantar el “We’re Blood Bound, we aim for the sun/ The luminous moon will take us high over ground“. Tras esta pequeña intro, comienza a sonar el tema en sí y rápidamente el headbanging generalizado se multiplicó en cosa de segundos. Además, aprovechamos esta pequeña pausa de la euforia inicial para poner atención en algunos aspectos que en un comienzo se pueden pasar por alto. En primer lugar debemos dar cuenta del gran momento que vive la banda emocionalmente hablando. Irradian energía y felicidad por los poros. Luego, el sonido y la ecualización era óptima y cada instrumento se podía escuchar con total claridad. Finalmente, mencionar el excelente trabajo coral que sirvió de apoyo durante todo el setlist. Esto último se vio reflejado aún más con Any Means Necessary, primera revisión a “No Sacrifice, No Victory” (2009). Solo basta recordar como sonó el “Kill by any means necessary/ Win by any means necessary…“. Todos saltando y cantando, como era de esperarse.

Hora de otro clásico de aquellos. ¡Y qué clásico! El sonido del motor arrancando fue la señal inequívoca de lo que se vendría. Sí, Renegade aplastando todo a su paso y demostrando porque la consideramos como una de las “incombustibles”. Dicho de otra forma, podrán tocarla una y mil veces y el recibimiento será el mismo. No queda nada más que entonar el “Renegade, renegade/ Committed the ultimate sin/ Renegade, renegade/ This time the prowler will win” como si no hubiera mañana. Por esta razón es que posteriormente el vocalista dice que “You are fucking crazy, Templars of Santiago“. Inmediatamente pronuncia otro speech en el que básicamente da a entender que no sólo tocarán canciones antiguas, sino que también interpretarán material nuevo perteneciente a “Built to Last“. Además, nos regaló un momento realmente jocoso al olvidar el nombre de la canción que seguía, mirando el setlist que se encontraba en el piso y exclamando “What the fuck is the name?!” desatando las risas del público. Un crack con todas sus letras. Así, llegaría el momento de escuchar una de las mejores de la última placa, la grandilocuente Dethrone and Defy. Pedazo de base que conforman David Wallin y Fredrik Larsson y pedazos de estrofas que canta Joacim. Recibida de gran forma.

Sin transición alguna nos sorprenden con Crimson Thunder y Last Man Standing, que fácilmente podríamos afirmar que ambas conformaron uno de los clímax de la noche. Lo cierto es que cualquier calificativo para describir lo estridente que sonaron los coros o los cánticos tipo estadio que suelen acompañar las melodías, se queda corto en relación a lo vivido. Para la primera, imposible no destacar la pausa y el sing along que se produce en la parte media-final. El juego de luces y el énfasis en Joacim mientras cantábamos el “Follow the signs of the crimson thunder…” fue sutil y lleno de clase. Todos sabemos que esto es un preludio para que luego caiga la base instrumental con una potencia y una garra admirable, siempre dirigidos por el gran Oscar Dronjak, quien con su guitarra en forma de hacha jamás deja de aleonar a los suyos. Para la segunda, solo queda decir “…but in the end I’d be the last man standing!“. No por nada es una de las infaltables dentro del setlist de los suecos y todos la apreciamos de la misma forma. ¡Para enmarcar!

Nuevo speech del frontman y pronto viviríamos otro de los puntos altos-altísimos de la velada. Tras bromear un poco con el ambiente y la atmósfera que había dentro de la discoteque, el cantante pregunta al respetable sobre quién está en su primer show de HammerFall y quién ya ha visto con anterioridad a la banda en vivo. Entonces, dice que los más “antiguos” deben enseñarle a los “nuevos” a responder la frase más importante del concierto. Vamos con todo entonces. “Let the hammer“…”Fall!” respondimos todos de forma inmediata. Cómo habrá sido de estridente si todos los integrantes pusieron una cara de entre sorpresa y satisfacción para estar orgullosos como público. Lo demás es tierra conocida, con Let the Hammer Fall no necesitamos entrar en mayores detalles. Eso sí, no podemos dejar de mencionar lo que ocurrió una vez terminado este clásico. Hablamos de que se produjo una pausa un tanto incómoda para los músicos arriba del escenario. Pronto el cantante nos cuenta de un problema en la amplificación de la batería ya que algo estaba roto e impedía seguir tocando con normalidad. Él mismo afirmó que de ninguna manera acortarían el setlist, aludiendo a que todos los kilómetros recorridos no serían en vano. Así, se tomaron un pequeño descanso mientras solucionaban el inconveniente y nosotros abajo aprovechábamos de comentar el calor infernal que había en toda la cancha. Tras un par de minutos, vuelven a escena para interpretar de manera correcta Built to Last, homónima del LP que da origen al tour.

Lo siguiente sería un regalo para todos los fanáticos de la vieja escuela. Concretamente, Mr. Cans nos lleva de vuelta al año 1997, época en que un disco “cambió la vida de cinco jóvenes en Suecia“. Desde luego que se refería a “Glory to the Brave“, trabajo que los situaría y los haría destacar dentro de la ola de Power Metal de los años noventa. La mejor manera de poder resumir dicho LP, sería con el denominado Medley to the Brave, que básicamente es la interpretación de las partes instrumentales de cortes como Stone Cold, Unchained, The Metal Age, Hammerfall y Steel Meets Steel. No resulta difícil entonces dar cuenta de la calidad demostrada por Pontus y Oskar en cada una de las armonías y riffs de dichos temas, siempre con David y Fredrik marcando los cambios de tiempo de fondo. ¡Cuánta carretera señores! Pasaban de una canción a otra como si nada. Y ojo, que viéndolo de manera más fría, todo esto solo era la introducción para The Dragon Lies Bleeding, que fue interpretada casi en su totalidad. Ni siquiera la nueva falla en la batería durante las primeras notas importó, pese a que tuvieron que parar durante algunos segundos. Tanto así que todos la recibimos de manera apoteósica, donde nadie se quedó sin cantar el “Come across to the promised land/ Close your eyes, I will take your hand/ Through the river of steel we’ll go/ When the dragon lies bleeding“. ¡Temazo!

Siguiendo la línea anterior, llegaría del turno de una de las mejores baladas jamás compuestas dentro del género musical que nos convoca: Glory to the Brave. Personalmente, lo que me encanta de esta canción es que, además de ser musicalmente perfecta, la letra en cierta forma toma significado para cada uno de los fanáticos individualmente hablando. Todos tenemos alguien a quien dedicársela. Así de simple. Entonces, no queda nada más que cantar cada línea con un sentimiento y una emotividad pocas veces vista. Hablamos de un momento tan personal para algunos, que entrar en detalles es prácticamente innecesario. Los que estuvieron ahí saben de lo que hablo. Solo queda agradecer a HammerFall por la ejecución superlativa.

Para finalizar esta parte del show, Origins y Punish and Enslave mostraron los atributos de los álbumes más “recientes” en comparación a las interpretadas anteriormente. Si bien el recibimiento en relación a cada uno de los clímax ya descritos fue bastante menos eufórico, por ningún motivo decayeron los ánimos y la energía predominante. Ambas fueron recibidas de gran forma y a pesar de no ser de las más esperadas de la noche, estuvieron a la altura de la situación logrando cerrar de manera óptima la primera tanda. Hemos de mencionar también la forma jocosa en que el vocalista presentó a David y Fredrik antes de tocar la perteneciente a “No Sacrifice, No Victory“. El primero volvió con “la cola entre las piernas” a la banda, mientras que el segundo volvió luego de “arrancar” del tour para presenciar el nacimiento de sus dos hijos. Risas y ovación cerrada. Pero si de ovaciones se trata, Pontus y Oskar hicieron que el recinto casi se viniera abajo. Este último sobre todo, quién luego de su presentación realizó la pose característica del archiconocido Triple H, demostrando todo su fanatismo por la lucha libre. Solo bastaba ver su polera con el estampado de “Just bring it” de The Rock o la de “Rated R” perteneciente a Edge. Un tipazo. Finalmente, él mismo se encargaría de presentar a Joacim emulando la entrada del Road Dogg antes de pronunciar el nombre del cantante. ¡Momentazo!

Tras un par de minutos de descanso, rápidamente vuelven todos los músicos al escenario para interpretar el último triplete del setlist. Con total soltura podemos afirmar que Hammer High logró posicionarse dentro del Top 5 de canciones de “estadio” de todo el repertorio. Imposible no cantar el “Hammer high this is a freedom cry/ Hammer high, no one should ask me why/ It’s my life, tell me I will defy/ Hammer high until I die” con el puño en alto, tal como lo pidió Joacim. Luego, muy personalmente Bushido está bastante lejos de ser de mis favoritas dentro de “(r)Evolution“, pero sí debo reconocer todo lo que gana una vez que la tocan en vivo. Al igual que en su anterior visita, el “I’m the warrior, I am/ In the rising sun I stand…” tomó mucha más fuerza que su versión en estudio. Y por último -era que no-, la encargada de poner el broche de oro sería nada más y nada menos que Hearts of Fire. Cánticos, descontrol y un mosh al centro de la cancha. Qué manera de cantar el “Hearts of fire, hearts on fire/ Burning, burning with desire!“. Casi una catarsis colectiva. Lo cierto es que esta es una fórmula conocida y todos sabemos que hay que dejar la vida de principio a fin. Así, tras casi dos horas de show, los suecos comienzan a despedirse frente a una audiencia rendida a sus pies.

A modo de cierre, no queda nada más que agradecer la entrega de cada músico y de los metaleros que prácticamente llenaron la Blondie. Para que un show sea de gran factura se necesitan de ambas partes, y en la noche de ayer, todos cumplimos con nuestra misión. Los coros sonaron estridentes y la energía se mantuvo en lo alto casi sin interrupciones. Como mencionamos al inicio de este review, muchos vimos esta oportunidad como una opción para demostrarle a la banda que por estas tierras siguen teniendo el éxito asegurado. Excelente presentación, la cara de felicidad de todos daba cuenta de ello. ¡Prometieron volver lo antes posible!

Setlist HammerFall

  1. Hector’s Hymn
  2. Riders of the Storm
  3. Bring It!
  4. Blood Bound
  5. Any Means Necessary
  6. Renegade
  7. Dethrone and Defy
  8. Crimson Thunder
  9. Last Man Standing
  10. Let the Hammer Fall
  11. Built to Last
  12. Medley to the Brave
  13. Glory to the Brave
  14. Origins
  15. Punish and Enslave

Encore

  1. Hammer High
  2. Bushido
  3. Hearts of Fire

Live Review: Gino Olivares
Fotos HammerFall: Guille Salazar
Fotos Neogenesis: Fabián Ortega

 

Live Review: Accept + Barón Rojo en Chile (2017)

Caña ibérica y Cañón teutón. Barón Rojo y Accept ofrecieron tremenda maratón de dos shows completos en un solo concierto, modelo de espectáculo que siempre cuando un par de bandas internacionales coincidían un mismo día en el país, los fanáticos pedían que ambas se juntaran en un solo recinto para que nadie se perdiera un acto por preferir otro. Y el resultado fue un despliegue de cuatro horas de Rock ‘N’ Roll de cilindraje por parte de los españoles, y de pólvora metalera pura cortesía de la banda alemana…

Me cuesta seguir escribiendo sin detenerme en los tremendos cañonazos que ofreció Accept en su concierto, así que prefiero decirlo ahora: ay mamita cómo sonaron en el Cariola, una muralla de guitarras absolutamente apabullante e insolente, con un bajo de Peter Baltes atronador, que se hacía respetar pese a lo fuerte del sonido, un Mark Tornillo que no se inmutaba en hacer reventar los tímpanos, una muestra sónica tan fuerte como clara, y de paradigma verdadero de Metal. No sé cuántos años más van a pasar en que una banda vuelva a imponerse con un sonido tan revienta pelotas e inconmensurable como Accept esa noche, de la cual fue un absoluto privilegio estar presente.

Y privilegio claramente lo fue, porque en ningún momento nos encontramos primero que todo con una actitud de Barón Rojo de ofrecer un support act, y la verdad es que el público que asistió por ellos así lo merecía. Fue una sorpresa tremenda ver cómo los hermanos De Castro no cortarían grasa de su show y que este se extendería hasta por dos horas, un regalo al rockero que vacila con esas guitarras que suenan a cañón de revólver con cada uñetazo de Armando y Carlos, con clásicos del Rock en español que fueron siempre coreados y que en la medida que se iban liberando, más y más fanáticos iban ingresando.

A la hora, hora y media de show de Barón Rojo, el recinto estaba llenísimo, con 2 mil ni que caben más personas haciendo una comunión con una alineación que si bien no es la más venerada en América Latina (en España siempre serán institución independiente de las caras actuales), se impuso al trasmitir un verdadero sentido de cultura española en veneración del Rock “cañero”, sucio y agitado, de actitud franca y de simple entusiasmo por la energía de este tipo de música. Cómo me gustaría tener tiempo para desmenuzar un show que incendió el Teatro Cariola y lamento tener que pedir excusas por no hacerlo de forma más extensiva en este review, como debiera.

Las imágenes y recuerdos, en todo caso, van hacia el inmenso tributo al rock que Barón Rojo realizó junto con el público chileno, desde la épica partida con Barón Rojo a las 8 de la noche, con imágenes en fondo del Der rote Baron o Manfred Albrecht Freiherr von Richthofen, pasando por Son Como Hormigas’ y sus referencias a “figuras políticas” importantes para el acontecer español y europeo.

Larga Vida al Rock and Roll rápidamente confirmó que el repertorio de los hispanos sólo traería puntos altos. En Incomunicación los asistentes se hicieron y mucho notar con los cánticos de “estoy solo aquí”, para acto seguido pegar con El Enemigo a Abatir.

Pero no pienso renunciar al rock and roll” cantaba Carlos de Castro, dejando en claro que el show se extendería con una duración digna de un cabecera de cartel, disparando más tarde con joyas como Invulnerable, la fiestera Noches de Rock and Roll, Rockero Indomable, Caso Perdido y Breakthoven, cumpliendo recién la primera parte del set. Sin embargo, el encanto de la presentación subía mientras el teatro se colmaba de asistentes que no pudieron hacer más que ver el concierto en el sector donde se vendían las poleras de Accept, en un recinto que quedó chico en un momento para este doble cartel.

Otras canciones que Barón Rojo ofreció fueron Satánico Plan, Hermano Del Rock And Roll, la británica El Barón Vuela Sobre Inglaterra, El Malo’, Las Flores del Mal y Con Botas Sucias, destacando Hijos de Caín de forma épica en el repertorio. En la parte final, entre Cuerdas de Acero y Siempre Estás Allí, resaltaron momentos cuando las pantallas pasaron a caídos del rock como Malcolm Young de AC/DC y muchos de los evocados en la canción Concierto Para Ellos, antes de hacer estallar el teatro con Resistiré.

Setlist de Barón Rojo:

  1. Barón Rojo
  2. Son como hormigas
  3. Larga vida al rock and roll
  4. Incomunicación
  5. El enemigo a abatir
  6. Invulnerable
  7. Noches de Rock’N’Roll
  8. Rockero indomable
  9. Caso Perdido
  10. Breakthoven
  11. Satánico Plan
  12. El Malo
  13. Las flores del mal
  14. Con Botas Sucias
  15. Hijos de Caín
  16. Cuerdas de acero
  17. Los rockeros van al infierno / Los desertores del rock / Casi me mato / Los rockeros van al infierno
  18. Concierto para ellos
  19. Resistiré
  20. Siempre estás allí

LAS ÉPOCAS DORADAS DE ACCEPT

Evidentemente, la espera entre la salida de Barón Rojo y Accept no sólo fue tarde. También fue larga. Varios minutos después entenderíamos el porqué: una escenografía elaboradísima que se tuvo que montar apenas los españoles partieron a sus camarines, puesta en punto que a más de alguno hizo perder un poco la paciencia, sabiendo que eran las 22:30 y todavía no ocurría nada. De hecho, si eventualmente había que entregar el teatro a medianoche, como pasa a veces con algunos shows, hasta preocupaba la situación de si quizás los germanos podrían o no entregar su repertorio completo.

No obstante, la salida de Accept a la tarima del Cariola fue tan punzante con la canción Die By The Sword de “The Rise Of Chaos”, que la banda y su sonido no dejó otra opción que dejarse llevar por el espectáculo que de inmediato atropellaba al público. Canción nueva, sí, de una banda idolatrada por sus clásicos pero que tras su vuelta ha sabido convertirse en uno de los principales grupos metaleros de la presente década, con cuatro discos que presentan temas que sin duda ya son “clásicos” de nuestra época.

Esa sensación me dio al escuchar el comienzo de Stalingrad, seguida por la audiencia como si se tratase de una composición con treinta años de data. Sus elementos característicos del Accept docto pero con la potencia de un sonido moderno le dan al track y a sus músicos un segundo aire absolutamente glorioso, incrementado además por la fuerza inconmensurable de un Accept que en vivo de verdad muestra su mejor faceta. No hay productor ni un Andy Sneap que le haga justicia al poderío y simpleza cañonera de una banda que les enseña a todos cómo hay que sonar en un concierto de Heavy Metal, independiente de la fecha y el local. Nunca había escuchado un bajo tan poderoso y claro como el de Baltes, y qué decir de las guitarras de Wolf Hoffmann y Uwe Lulis, punzantes, brillantes e hirientes, construyendo un muro sónico que no perdía sentimiento pese a su físico.

A cada segundo me parecía estar presente en una cátedra de Metal, de “dejen esto a los que de verdad saben”, y la VERDAD es el sustantivo que dibujan Wolf y los suyos en cada nota, chillido, postura, sonido y coreografía. Increíble que personas que rodean los sesenta años de vida sean capaces de mostrar una consistencia que tantas bandas jóvenes sólo soñarían.

Sin anuncios ni anticipos, sino sólo con tocarlas, Accept haría su discurso con Restless And Wild, London Leatherboys y Living For Tonite (pequeñas fallas de micrófono aquí), temas con los que ya todos se olvidarían de la hora y se entregarían a la banda, a la suerte de quien fuera, triada de clásicos categóricos, mezclando fiereza con melodía y sincero goce del momento. Con sus gestos, Wolf Hoffmann siempre parecerá ser un niño, con un ánimo inalterable al momento de encontrarse en el escenario, pero siempre haciéndose respetar como el ícono del Metal que es.

Seguido vendrían cortes recientes como The Rise Of Chaos, Koolaid, No Regrets y Analog Man, cuatro canciones nuevas que recorren casi todos caminos donde Accept ha puesto su marcha: ritmos contagiosos, fiereza, etc.. Más tarde, luego de un grito de Tornillo invocando al disco “Blind Rage” (2015) para cantar la aguerrida Final Journey, Hoffmann presentaría Shadow Soldiers con una solemnidad que sólo se les da a los clásicos. Midió muy bien el nacido en Mainz, sin embargo, porque el público ya la había recibido de tal manera pese a tener el track apenas cinco años de vida.

En una de las pocas pausas del show, Wolf y Peter empezarían a intercambiar líneas de guitarra y bajo para dar comienzo a una nueva sección de cortes ochenteros. Así, desplegaron Neon Nights, Princess Of The Dawn, Midnight Mover y Up To The Limit, para finalizar con Objection Overruled de los noventa, que funcionó como una especie de orgasmo sónico de esta parte del repertorio.

Pandemic de “Blood Of The Nations” volvió también a sonar como un clásico para una audiencia que la disfrutó como si fuera un tema insigne de Accept, y la verdad es que algo sabe muy bien hacer la banda para sonar fresca, desenfrenada  y atemporal con cortes nuevos, que se ensamblan uniformemente con otros como Fast As A Shark.

Eso muestra que Accept está empezando a lograr algo sobresaliente: tener clásicos no sólo de una época dorada, sino también de una era más reciente, de la actual, de una que hasta la salida de “Blood Of The Nations” con un desconocido Mark Tornillo era impensada. Y si de esa nueva era gloriosa hubiese que tomar un ejemplo, sería Teutonic Terror, que bien tiene ganado su lugar en el encore, a la altura de Metal Heart y Balls To The Wall. Yendo igual de lejos con otra apreciación, me parece que Teutonic Terror es la canción más representativa del Heavy Metal de esta década, por su fuerza, su actitud, y todo lo que significaría posteriormente.

Habrán sido aproximadamente las 00:40 horas cuando terminó el show, con muchos saliendo hacia la calle San Diego sin dar la opción a que Accept se sacara la foto tradicional con los asistentes de fondo, pero con el recuerdo de haber escuchado una descarga de Rock y Heavy Metal del más sincero, del más fiero y categórico.

Setlist de Accept:

  1. Die by the Sword
  2. Stalingrad
  3. Restless and Wild
  4. London Leatherboys
  5. Living for Tonite
  6. The Rise of Chaos
  7. Koolaid
  8. No Regrets
  9. Analog Man
  10. Final Journey
  11. Shadow Soldiers
  12. Solo de Wolf Hoffmann
  13. Neon Nights
  14. Princess of the Dawn
  15. Midnight Mover
  16. Up to the Limit
  17. Objection Overruled
  18. Pandemic
  19. Fast as a Shark

Encore:

  1. Metal Heart
  2. Teutonic Terror
  3. Balls to the Wall

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Guille Salazar

Paganfest 2017: ENSIFERUM en Chile (Live Review)

UNDERNEATH

Ingresamos al recinto y tras acomodarnos en la parte de atrás del local, las luces se apagan y comienzan a subir al escenario Marcelo Prades y compañía para presentar ante unas 200 personas que estaban desde temprano y que prendieron con su repertorio de Dark Metal Progresivo, donde lograron interpretar un pequeño setlist, potente y preciso, repasando su discografía, jugando con melodías oscuras que sacaron aplausos y cabeceos del público asistente. Partieron de golpe con Fightback y Convict Of An Useless Theory, dos temas cargados de poder que marcan el estilo de la banda, con una propuesta sumamente interesante que no dejó indiferente a nadie. Sin tiempos para grandes discursos, con una corta intro presentaron su tema en español Fría Cruz y Dark Logic of Faith, las cuales hicieron que los espectadores que poco a poco llegaban, se alejaran de la barra y se fueran directo a presenciar el talento chileno y cabecear en cancha.

Para terminar su show se presentaron los temas Portrait of Life y Aftermath, los cuales dieron un cierre preciso sin dejar respiros, con una potencia destacable para una banda con un género bastante difícil de crear. Cabe destacar a los miembros de la banda, que a pesar de los contratiempos y no poder hacer prueba de sonido por demoras, salieron adelante haciendo lo que mejor saben hacer, obviamente también lleva mérito su sonidista, que a pesar de todo salió adelante haciendo sonar a la banda de muy buena forma, que quizás no fue la óptima, pero esperamos que haya otra oportunidad donde esta banda tenga una revancha y puedan contar un mejor sonido y con mucho más público, el cual se merecían.

Setlist Underneath

1. Fightback
2. Convict Of An Useless Theory
3. Fría Cruz
4. Dark Logic Of Faith
5. Portrait Of Life
6. Aftermath

LAPSUS DEI

Luego de una breve espera es el turno de los también locales Lapsus Dei ,para ofrecernos su Doom Metal con toques progresivos, sonido y trabajo que han hecho que la banda se forje un nombre en la escena nacional. En su repertorio nos mostraron una gran cohesión entre ellos y disfrute por lo que hacen. El show abrió con Dreams, un tema de variedad de momentos, dando cuenta de inmediato de todo lo que la banda nos puede ofrecer, con una fusión de líneas variadas de guitarra y bajo entremezcladas, coronadas por una voz potente de parte de Rodrigo Poblete.

Luego de terminar de forma poderosa el primer tema y un saludo al público, comienza una entrada de melodías suaves de guitarra y un bajo envolvente respaldando. Es turno de los temas Reborn y Colossal. Aquí destacan los paisajes atmosféricos e inmersivos y el público alrededor respondió atento y concentrado. La intensidad fue creciendo y la respuesta de los asistentes también. El bajista Jorge Bastías destacó en su búsqueda de conectar con el público. Al rematar de forma poderosa estos vaivenes de cadencias suaves, se oye al público gritar.

El cierre es con el tema Absences. Aquí vemos al guitarrista Julio Leiva concentrado en su desempeño, en un tema que parte suave y que escala en intensidad, ofreciéndonos esta última dupla de cuerdas de los extremos, soportadas por la segunda guitarra y una batería precisa de Luis Pinto para crear la atmósfera final para un sólido final, siendo ya las 21:40. La banda se despide y el público agradece. La gratitud es mutua. Un buen show.

Setlist Lapsus Dei

1. Dreams
2. Reborn
3. Colossal
4. Absences

ENSIFERUM

Por último y para el plato fuerte nos preparamos para recibir a quienes nos convocan, los fineses de Ensiferum. Una banda sonora de introducción se funde con los gritos del público, anunciando que el momento llegó. Pudimos observar a un número no menor de fans utilizando el maquillaje característico de la banda, que fue recibida animosamente cuando hizo su aparición. En la apertura nos ofrecen For Those About to Fight for Metal y Two Paths, ambas del último disco del 2017, titulado también “Two Paths”. Además, entre ellas estuvo Heathen Horde del disco “One Man Army” del 2015.

Ya desde el comienzo con For those… el público corea inmediatamente, animados por el bajista Sami Hinkka, mientras se pasea por el escenario encendiendo los ánimos. Una obertura a toda velocidad que predice lo que viene. Al iniciar Heather Horde saludan a los asistentes y estos responden intensamente. El tema transcurre con potentes y definidos riffs y durante una breve pausa acústica, la acordeonista Netta Skog (la más reciente llegada a la banda el 2016) también recorre el escenario alentando.

Comienza una segunda parte en esta cita del Melodic Folk Metal con Two of spades, un conocido del “One Man Army”, donde ya está toda la fuerza de la banda desplegada, se inaugura el mosh pit y todos los músicos recorren el escenario, destacando la guitarra de Markus Toivonen. A continuación, recorremos la discografía de la banda, donde destacan temas como Treacherous Gods, que nos remonta a su primer disco homónimo del 2001, momento en el cual Sami recuerda brevemente su anterior visita a nuestro país., con The Longest Journey (Heathen Throne, Part II) e In My Sword I Trust, que podemos catalogar como un clásico instantáneo, donde su sello de riffs galopantes se luce y todos corean con puño en alto “Rise my Brothers!”. 

También contó con muestras de su último trabajo como King of Storms y Way of the Warrior, que el público evidentemente conocía y disfrutó. Los épicos coros conjuntos, el poder de la voz de Petri Lindroos y la poderosa cuidadísima y batería de Janne Parviainen, junto con la efervescencia que demostraban los asistentes, crean la postal que resume la jornada.

Al cerrar este momento y de forma especial, presentan a Netta, quien deja el acordeón para cantar el tema Feast With Valkyries, que es seguido por arremetidas con la poderosa Token of Time, donde se vive el momento álgido entre las palmas y luego la clásica Victory Song. Aquí revive el mosh con más fuerza que antes, coronado por guitarras aunadas en poder y un gran coro en conjunto. Memorable punto y aquí la banda agradece y se despide.

El público los aplaude fuertemente y luego de una breve espera, regresan para darnos el golpe de gracia con un bis a cargo de From Afar, del disco del mismo nombre y la fiesta de cierre con Lai Lai Hei, donde hay aplausos generosos en una pequeña pausa que antecede a los últimos segundos donde todos recorren el escenario mientras tocan a toda máquina. Al terminar, los originarios de Helsinki se toman su tiempo para compartir por última vez en la noche y la gente los despide con fervor.

Una cita con el poder galopante de Ensiferum, que cumplió con lo esperado y podría decirse que con creces en un extenso y poderoso espectáculo.

Setlist Ensiferum

01. For Those About to Fight for Metal
02. Heathen Horde
03. Two Paths
04. Two of Spades
05. King of Storms
06. Treacherous Gods
07. In My Sword I Trust
08. Warrior Without a War
09. The Longest Journey (Heathen Throne, Part II)
10. Way of the Warrior
11. Feast With Valkyries
12. Token of Time
13. Victory Song
14. From Afar
15. Lai Lai Hei

Live Review: Gustavo Miranda (Ensiferum/Lapsus Dei) | Matías Arteaga (Underneath)
Fotos: Fabián Ortega

Live Review: Anthrax en Chile (2017)

A partir de su visita del año 2010, Anthrax ha cultivado una relación con el público metalero como pocas veces se ha visto en nuestro país. Tanto así, que cualquier concierto de los norteamericanos a esta altura del partido ya es una catarsis colectiva y un ritual con todas sus letras. Vale decir, fácilmente podemos hacer una lista de los “infaltables” dentro de una presentación de la banda en Chile. El mosh digno del apocalipsis se robará todas las miradas, habrá al menos dos bengalas al centro de la cancha, el “Wardance” será un descontrol total, habrá crowd surfing, veremos zapatillas volar por todos lados y así un largo etcétera. Ciertamente comportamientos que cualquier banda del género desearía tener dentro de sus shows. Pero no. Sólo sucede con los liderados por Scott Ian. ¿Las razones? Quizás son muchas y a la vez ninguna. Lo concreto es que la noche del domingo nuevamente hicimos historia. Sí, digámoslo desde ya, ¡pedazo de concierto, madre mía!

Pero ojo, la jornada tendría con dos actos de apertura: los compatriotas de Forahneo y Assassin serían los encargados de abrir los fuegos en una tarde calurosa que desde un inicio prometía brutalidad de principio a fin.

FORAHNEO

Una vez que hicimos ingreso a la cancha y tras dar la típica vuelta de reconocimiento para encontrar la mejor ubicación posible, ya se podía apreciar la potencia y el desplante de los coterráneos al interpretar material de su LP “Perfidy” (2015). Con Eduardo Jarry a la cabeza, las cerca de 300 personas que se encontraban a esa hora en el recinto lograron conectar con un setlist preciso y contundente que nos dejó sin respiración. Prueba de ello fue el hachazo conformado por Decrepitus y You Speak You Lie, donde ambas dieron cuenta de la energía y del sonido aplastante que logró sacar lo mejor de cada integrante. Pero no todo es Metal en la vida, ya que también hubo espacio para dejar en claro los ideales y posturas frente a temas contingentes. Decimos esto porque tras la notable F.Y.V.M., I Am Done fue presentada luego de un pequeño discurso en contra del próximo proceso electoral. Ejecutada a la perfección, dicho sea de paso, al igual que Never Forget, cuyo estribillo arrasó todo a su paso.

De lleno en la segunda mitad del repertorio, tras un pequeño solo de guitarra cortesía de Sergio Aravena, Code of Silence y Black the Day (con una cariñosa dedicatoria a los “curas pedófilos“) siguieron la masacre. Finalmente, Human Targets puso el broche de oro para el primer acto de la noche. Así, en un poco más de media hora, Forahneo logró sentar las bases y en cierta forma marcó la pauta en cuanto a actitud e intenciones sobre el escenario se refiere. Sin pausas, sin rellenos y sin grandes pretensiones. Vamos a lo que vinimos. Gran presentación, que a todas luces merecía un teatro más lleno. ¡Bien por Forahneo!

Setlist de Forahneo:

  1. Decrepitus
  2. You Speak You Lie
  3. Y.V.M.
  4. I Am Done
  5. Never Forget
  6. Code of Silence
  7. Black the Day
  8. Human Targets

ASSASSIN

Partamos este análisis de la forma más transparente posible. Excelente, excelente fichaje el de los germanos. Sólidos en todas sus líneas y directos al hueso. Solo basta recordar la conexión entre la intro y la descollante Fight (To Stop the Tyranny) para entender lo que decimos. ¡Mosh de proporciones! Y obviamente durante Breaking the Silence la situación no fue muy distinta que digamos, puesto que la cancha se iba abriendo súbitamente para albergar a los más desenfrenados a medida que el Caupolicán se iba llenando.

La segunda revisión a “The Upcoming Terror” (1987) vendría con The Last Man. Pedazo de tema señoras y señores. Partiendo por la introducción a cargo de Joachim Kremer y el posterior cañonazo de las guitarras. Luego, los cambios de tiempo y los solos de guitarra terminaron por coronar uno de los clímax dentro de la presentación de los alemanes. Y para bajar “un poco” los ánimos, Back from the Dead trajo consigo un headbanging generalizado de una audiencia que cada vez iba aumentando la intensidad al escuchar los acordes y los solos frenéticos de Frank Blackfire y Jürgen Scholz.

Otro de los puntos altos vino con la interesante Baka, que como bien explicó el bajista, es la traducción literal para “conchetumare” en japonés. Entonces, aprovechando las risas del público, era esperable que cambiaran la letra en el momento preciso. De esta forma, -con Joachim siempre alentándonos- todos ayudamos a gritar “Conchetumare!” al inicio del fraseo del coro. Así, siguieron aplastando todo a su paso con la dupla conformada por Destroy the State y Red Alert, siempre guiados por la velocidad y precisión de Björn Sondermann. Y para finalizar -era que no-, Assassin desató los últimos mosh dentro de la performance de los teutones. Ingo Bajonczak nos incitó una y otra vez a cantar el “Go fight kill assassin!“. La respuesta de nuestra parte fue estridente, ya que el sing along retumbó en cada rincón del recinto.

Siendo las 20:45 hrs. en punto, Assassin comienza a abandonar el plató tras una presentación de “old school Thrash Metal” consistente, cruda y a la vena. Como mencionamos al inicio, excelente fichaje.

Setlist de Assassin:

  1. Intro
  2. Fight (To Stop the Tyranny)
  3. Breaking the Silence
  4. The Last Man
  5. Back from the Dead
  6. Baka
  7. Destroy the State
  8. Red Alert
  9. Assassin

ANTHRAX

Siendo las 21:24 hrs. y con la adrenalina por las nubes, por los altoparlantes comienza a sonar The Number of the Beast y posteriormente I Can’t Turn You Loose. Señal inequívoca de que el caos se desataría en cosa de segundos. Solo bastaba ver la cara de los que te rodeaban para darse cuenta de la magnitud del mosh que se iba a formar con los primeros acordes del opening track de los americanos. ¿El escogido? Para sorpresa de muchos -incluyéndome- la devastadora A.I.R.. Decimos sorpresa, ya que este fue un cambio totalmente inesperado en el setlist considerando las otras presentaciones en Sudamérica. Entonces, ¿qué debíamos hacer? ¡Nada más que dejar la vida en el pit! En presentaciones anteriores hemos intentado describir la catarsis que se vive durante estos instantes, pero lo cierto es que las palabras jamás alcanzarán para transmitir con exactitud lo vivido. Hay que estar ahí, -literalmente- donde las bengalas queman. Por cierto, el “Welcome to your nightmare/ You just can’t walk away…” fue cantado a rabiar por cada uno de los asistentes. Mismo asunto con la entretenida Got the Time, donde tras la intro del hiperquinético Frank Bello, apareció la segunda bengala de la noche entre medio de un caos que ocupaba toda la cancha del Teatro Caupolicán.

¿No será mucho tocar ahora Caught in a Mosh? En serio, tres hachazos de este calibre sin pausa alguna. Planteamos entonces una nueva interrogante, ¿notaron el tamaño del mosh? Me atrevería que a decir que es el más multitudinario que jamás haya visto dentro del recinto de San Diego. La cuestión llegó a un punto en el que casi contra tu voluntad eras arrastrado por la masa. Y disculpen lo redundante, pero… ¡otras dos bengalas! ¡Sólo Anthrax puede lograr algo así! Cuánto descontrol durante una pura canción. Y qué manera de cantar “Which one of these words don’t you understand/ I’m caught in a mosh…” por cierto. Concordarán conmigo en que esto fue prácticamente insuperable.

Tras un inicio devastador, el carismático Joey Belladonna nos saluda como corresponde y da las palabras de agradecimiento respectivas. Rápidamente presenta la incombustible Madhouse, que no hizo otra cosa que continuar con el caos a medida que sonaban las notas de este clásico extraído del “Spreading the Disease” (1985). Y una vez terminada, para calmar los ánimos (entendiendo desde luego lo que significa “calmar los ánimos” en un concierto de los norteamericanos), Fight ‘Em ‘Til You Can’t logró poner esa pausa que muchos necesitaban para respirar y para mirar al escenario durante algunos minutos. Sí, durante los cuatro primeros temas se hizo casi imposible ver el show y la puesta en escena. Así de brutal fue el inicio. Entonces, por fin pudimos apreciar las dos plataformas laterales por las que se paseaban Frank Bello y Scott Ian, o bien poner suma atención a la potente pegada de Charlie Benante. Lo cierto es que la agrupación sigue sonando como ametralladora.

Antes de que comenzara a sonar Breathing Lightning, Scott aprovecha para dirigirse al respetable y afirmar que nos ama “so fucking much“. A su vez, nos invita a cantar el track mencionado junto con Mr. Belladonna. Y ojo, varios se sabían la letra a la perfección. Más concretamente el “… And  with a thunderclap I’m breathing lightning/ And this world has moved on“. Situación plausible y digna de mencionar. Ahora, sin desmerecer lo anterior, lamentablemente esto pasa a un segundo plano si la siguiente canción es Medusa. ¡Qué gran álbum es el “Spreading the Disease“, loco! Todos coreando el “Destroyer of life, demon/ Oh I’m ready to strike, Gorgon!” como si su vida dependiera de ello. Otro de los grandes momentos de la noche.

Y eso no es todo, puesto que tras una gran interpretación de Intro to Reality y posteriormente Belly of the Beast (ambas de “Persistence of Time” y ambas incluidas solo en Chile), llegaría la brutal I Am the Law. Pero para entender la magnitud de lo vivido hay que retroceder un instante. Si bien el mosh nunca paró de girar, con el correr de las canciones la euforia inicial disminuyó un tanto y la multitud logró tomarse un respiro. Pues bien, esta reposición de energías solo sirvió para volver a dejarlo todo en este tema. La algarabía era total al gritar “I am the law!” una y otra vez. Hasta hubo tiempo para aplaudir a un “afortunado” que logró subirse al escenario y que posteriormente fue reducido por los guardias. ¿Alguna postal para enmarcar? El pit que se generó durante el cambio de tiempo de la parte media-final. ¡Apoteósico!

Nuevamente viviríamos un gran contraste tras escuchar March of the S.O.D. y Blood Eagle Wings. Si bien ambas fueron recibidas de gran forma -al igual que todo el setlist-, una vez que comenzaron a sonar las primeras notas de Be All, End All la situación cambió radicalmente. ¡Imposible no corear la intro! Como ya vaticinábamos durante la semana, en esta composición vimos la mejor faceta de la banda musicalmente hablando. ¡Ejecutada a la perfección! Ah, por cierto, qué crack es Joey Belladonna. Desborda carisma por los poros, canta un kilo, se mueve por todo el escenario, recibe las banderas que le lanzan y saluda a los más próximos a la reja. Gurú. Volviendo al tema, nadie se quedó sin cantar el “Be all, and you’ll be the end all/ Life can be a real ball/ State of mind/ Euphoria!“. Pedazo de coro. Y para qué mencionar el trabajo de Scott Ian y Jonathan Donais, ambos deslumbrantes.

Acercándonos al final “presupuestado” -ya veremos el por qué-, Antisocial e Indians provocaron lo obvio. Los coros gritados a más no poder, un pit apocalíptico, y una interpretación como ya nos tienen acostumbrados. Y por estas mismas razones, cuesta encontrar la forma de describir algo que ya se ha mencionado en innumerables ocasiones. Quiero decir, ¿qué podemos mencionar del Wardance que no se haya dicho antes?. ¿Qué podemos agregar a estas alturas, si todo sabemos lo que ocurrirá? Espero que estén de acuerdo conmigo. Y para serles sincero como redactor, estando dentro del mosh tratando de sobrevivir de la forma que sea, no es que andes pensando en qué escribir después. No. Ahí solo piensas en vivir el momento y dejarte llevar por el sentimiento colectivo. ¿Alguna postal para enmarcar? Obviamente cuando el frontman recibió una bandera mapuche y fue aplaudido a rabiar por tal gesto.

Pero antes quedaba algo más. Y dejemos en claro que no estaba incluida en el setlist. Había que gastar las últimas energías que nos quedaban. ¡Esos acordes! ¡Ahora sí que sí! ¡No es broma! ¡Among the Living pondría el broche de oro! Qué temazo por la cresta, a veces llega a dar rabia. Gracias y mil gracias a Anthrax por tocarla. Desde luego que los cambios en la selección de canciones que hemos mencionado siempre se agradecen y dan cuenta del compromiso de la banda con Chile, pero tener un concierto sin la homónima del disco del año 1987 hubiera dejado un gran vacío en nuestros corazones. Y todos lo entendimos así, ya que fue recibida como si no hubiera mañana. Entonces, cuando la banda comenzó a despedirse, la cara de los presentes no era otra que la de una felicidad desbordante. Lo hemos dicho una y otra vez: Los neoyorkinos en estas tierras superan todos los límites. ¡Demoledor!

Setlist de Anthrax:

  1. A.I.R. (Welcome)
  2. Got the Time
  3. Caught in a Mosh
  4. Madhouse
  5. Fight ‘Em ‘Til You Can’t
  6. Breathing Lightning
  7. Medusa
  8. Intro to Reality
  9. Belly of the Beast
  10. I Am the Law
  11. March of the S.O.D. (Cover de Stormtroopers of Death)
  12. Blood Eagle Wings
  13. Be All, End All
  14. Antisocial
  15. Indians
  16. Among the Living

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Helloween en Chile – Pumpkins United

¿Cómo comenzar a escribir acerca de este show? Es todo un desafío intentar articular un discurso coherente, que tenga cierto hilo conductor más allá de la narración cronológica y que no se vaya por el desvarío de las meras emociones, que tenemos tan a flor de piel luego de que sucediera todo lo que pasó.

Es claro que, para muchos de nosotros, Helloween es una banda de cabecera, pionera en un estilo que fundamenta la existencia de esta página, un emblema y una referencia para cualquiera que hable del Power Metal. Y evidentemente es cierto que ya habían venido otras veces, algunos hemos tenido la suerte de asistir a todos los shows de la Calabaza en Chile, siendo el primero en ese ya lejano 1998 en un Monsters Of Rock en el Velódromo del Estadio Nacional junto a Anthrax y Slayer, y con algunos shows altísimos como el del 2011 junto a Stratovarius en el Teletón o algunos con problemas severos de sonido como el del Víctor Jara el 2001 en la gira de “The Dark Ride”.

Pero, anticipándonos a lo que vivimos este viernes 03 de noviembre del 2017 en el Teatro Caupolicán, nunca, de verdad nunca, habíamos vivido un show de Helloween como este. Porque pocas veces un sueño colectivo tan inviable, tan imposible e inimaginable en la mente de los más escépticos, se hace tan realidad como este que nos hizo vivir la Calabaza de Hamburgo.

A todas las personas a quienes nos gusta esta banda, desde quienes tienen en su cabeza dos o tres temas, a quienes manejan al dedillo toda su carrera, al menos se nos cruzó alguna vez por la cabeza cómo sería que Michael Kiske volviera a tocar con Helloween. Viendo hacia atrás, en perspectiva –en realidad en retrospectiva–, ciertas cosas se fueron dando paulatinamente, durante un montón de años, para que este momento llegara. Quienes conocimos a Helloween en los años ’90, más allá de empezar con los Keeper en buena parte de los casos, lo hicimos en un momento en que ya Andi Deris estaba a cargo de las voces y Kiske estaba absolutamente alejado y desencantado de ciertas cosas asociadas al mundo del Metal. Hasta que paulatinamente el calvo fue volviendo al redil del Rock, y entre Sascha Paeth y el genio Tobias Sammet lo trajeron de vuelta al Metal con Avantasia. Luego, otro pasito fue reconectarse con su viejo amigo, el papá de todos, Kai Michael Hansen, en algunos proyectos, en el propio Avantasia, y finalmente en Unisonic, después de que Kai recompusiera relaciones con Michael Weikath. Kiske cantando Metal, Kiske girando con Unisonic y Avantasia, la banda lanzando un libro conmemorativo de su carrera con Kiske como actor principal…

Con el diario del lunes es fácil decir que el camino se fue haciendo con esos pasos que contamos, es cierto. Pero hay cosas que uno se resiste a soñar en serio, por temor a que nunca pasen. Kiske tocando con Helloween era un paso grandote, gigante, quimérico. En nuestro mundo, en nuestro nicho, esto es como que Gilmour se junte con Roger Waters, que Messi jugara junto a Cristiano Ronaldo o como que descubrieran que las papas fritas con mucho aceite son beneficiosas para la salud y afrodisíacas además de deliciosas. Pero cuando nos anuncian este hermoso concepto del “Pumpkins United”, que Kiske va a cantar con Helloween, y tras superar esas semanas de angustia de mierda donde el grupo confirmaba presentaciones en diversos lugares menos en esta larga y angosta faja de tierra del culo del mundo, por fin confirmaron su visita a Chile, y por duplicado, en algo que prometía ser nada menos que el espectáculo de Power Metal más importante de todos los tiempos en este país y que –anticipamos–, no sólo cumpliría con las altísimas expectativas emocionales y técnicas que muchos teníamos, sino que nos dejó varias perlitas para recordar toda la vida. Así de simple.

Como es lógico, las entradas se vendieron recontra rápido, y la ansiedad por este show fue muy distinta a la vivida en otras ocasiones, con mucho análisis en redes sociales, gente que legítimamente no quería spoilers del setlist de la banda, o los comentarios obligados respecto a la salud de Kiske que tuvo algunos problemas al inicio de la gira.

Pero llegó el momento de arribar al Caupolicán, que nos recibió con un telón muy sobrio que cubría el escenario, con el logo de la banda y con la leyenda “Pumpkins United” de esta gira de conmemoración. La cita era temprano, a las 20:00 horas, con una promesa de un show cercano a las tres horas de duración, y el público fue llegando con cierta lentitud a la cancha del Caupolicán, aunque con algo más de fluidez a la platea. Pero en el fondo, sabíamos que tendríamos un Teatro al borde de la explosión con casi cinco mil asistentes y que, aproximándonos a la hora del kick off, fueron repletando la cancha y las aposentadurías del sector superior. Como es ya clásico, la ansiedad se fue comiendo a algunos de los asistentes del sector superior y, haciendo gala de maniobras y contorsiones dignas de un ninja con formación académica en el Cirque du Soleil, lograban pasarse desde el sector alto hacia la cancha.

19:53. AC/DC, Highway To Hell. Ya poh. 19:56, Guns N’ Roses, Welcome To The Jungle. Sigue. Y sigue. Y basta ya, buena onda los Guns –ejemplo de reunión inviable que terminó siendo realidad–, pero ya, que empiece esto. 20.00 y empieza a sonar Let Me Entertain You de Robbie Williams (!) que ha servido de intro a los shows de la Calabaza en esta gira. Se apagan las luces y… showtime. ¡Vamos!

El telón dejaba ver que Dani Löble, Sascha Gerstner, Michael Weikath, Markus Grosskopf y Kai Hansen comenzaban a tomar posiciones mientras se comenzaba a proyectar un video en la pantalla gigante que se encontraba al fondo del escenario. Les anticipamos que en esta reseña la pantalla va a ser un tema recurrente porque, definitivamente, y más allá de que teniendo a Kiske con Helloween en vivo habría dado en teoría lo mismo que atrás hubieran puesto un telón simple, una toalla con el rostro de algún famoso o una sábana con hoyos, el apoyo audiovisual en este show terminó siendo una gratísima sorpresa y un punto a recontra favor que nos hace pensar que Helloween, además de los temas técnicos y emotivos, escaló notoriamente en la calidad de sus espectáculos.

Un abuso, derechamente, empezar este show con Halloween. Sin lugar a ninguna concesión, a ninguna adaptación a las condiciones del entorno, nada. Escandalosamente notable el inicio del show, con el apoyo que mencionábamos de los videos de la pantalla del fondo. Esos momentos previos a la salida de Kiske a escena, a cantar con Helloween, mientras sonaban los primeros acordes –envasados– de Halloween, fueron eternos y profundamente intensos, con un Teatro en un punto de ebullición total. Comienzan a tocar los músicos, sigue el telón adelante, hasta que finalmente cae y salen a escena Andi Deris y Michael Kiske. ¡Kiske cantando con Helloween, la pura verdad! ¿Cómo hacer para atesorar ese momento para siempre? El tiempo y la perspectiva lo dirán. Más allá de que en esos primeros instantes quizás le faltó un poco de volumen al micrófono de Michi –a tal punto que varios, por momentos, escuchamos más al hermano en zapallo del costado que bramaba la letra–, la emoción de cumplir una quimera sobrepasó cualquier deficiencia que, por suerte, se fue solucionando a una velocidad razonable como para no terminar siendo un factor condicionante de la jornada. Con un Kai absolutamente protagónico pero con el justo balance de no robarse la película, esta jornada que a varios asistentes los transportó hacia lo más profundo de su adolescencia, y a otros nos hizo recordar que seguimos siendo adolescentes para este tipo de cosas, tuvo un inicio realmente apoteósico. No sacamos nada a estas alturas con intentar describir el impacto de haber escuchado en vivo uno de los más connotados temas de la historia de la Calabaza de Hamburgo, baste describir que la sensación generada por el dueto de Kiske con Deris –mostrando un fiato que ya se quisieran varios artistas que llevan años juntos– elevó tanto el estándar que a uno le dan ganas de pasarle inmediatamente la copa de campeón a ambos.

¿Querés clásicos? ¡Tomá!” pareció decirnos la banda al tirarnos inmediatamente Dr. Stein, con el notable apoyo del video de fondo, casi una especie de video clip con algunas cositas de lyric video –un gran y barato invento de los tiempos modernos–, con detalles realmente bien logrados como la exhibición en un televisor antiguo de imágenes de la banda en los ’80 tocando este mismo tema con batas de médicos, y luego con imágenes del videoclip de este tema grabado a propósito del “Unarmed”. “Time is right!” nos decían Kiske y Andi y vaya que tenían razón.

La primera interacción con el público vino por parte del carismático Andi Deris, quien junto con decirnos “buenas tardes Santiago, de puta madre” en ese más que correcto español aprendido con sus años en Tenerife, presentó con afecto a Michael Kiske y éste también a Deris. El carisma de Andi es fantástico, el tipo se hace querer, evidentemente no genera esa cosa de Kiske que es vocalmente conmovedora, pero su dominio escénico, su forma de manejar al público, su simpatía y ahora su capacidad de adaptarse y ceder protagonismo a Kiske hablan de un artista inteligente e íntegro. Porque obviamente la primera ovación individual de la noche fue para “Kiiiske, Kiiiiske”, y Andi, sonriendo, nos dice “finally, ah?”, como diciendo “por fin está este muchacho cantando con Helloween”, lo que muchos queríamos y sentíamos. Nos atrevemos a aventurar que esa brillante generosidad será un plus para la carrera de Deris y así fue retribuido por el público que lo ovacionó con un “Aaaandi, Aaaandi”, que luego se transformó en un “Haaansen, Haaansen” y devino en un “Weiiiikath, Weeeikath”.

Andi nos dice que están “todos locos aquí, ¿ah?”, nos cuenta que es un honor estar de nuevo en Chile y que los últimos dos conciertos de la gira latinoamericana son en el mejor sitio, palabras de buena crianza teutona que supimos valorar con un gran aplauso. Y aquí viene un punto simpático del show: Deris nos presenta a “two special friends” llamados Seth y Doc, dos caricaturas de calabazas muy simpáticas que harían de las suyas durante varios interludios del show proyectados en la pantalla de fondo. En el primero de ellos salen perseguidos por un gran anillo que nos recuerda épocas pretéritas de la banda y, cuando termina este pequeño interludio, comienzan los sones de otro cañonazo clásico como I’m Alive del “Keeper” 1, una bestialidad. Algunos habíamos ya tenido la suerte de verla con Kiske junto a Unisonic, pero el peso específico de verla con Helloween evidentemente era diferente. Muchos dejaron la vida con los “I’m aliiiiiive”, puño en alto, estoy vivo y qué pasa. Buen detalle el poner un corazón latiendo en la pantalla, en lo que fue el primer tema de la jornada sólo con Kiske en las voces.

Vuelve Andreas Deris a escena y nos dice que lo que pasó era del “Keeper Of The Seven Keys 1” pero que ahora nos iríamos al año 2000, año en el cual hay un disco llamado “The Dark Ride”, pero que pese a ser de este disco, lo siguiente no era una canción oscura, sino que tiene la palabra “volar”, e incluso es una canción “para las chicas”. If I Could Fly es de esas canciones que quizás le gusten más a la banda que al público, pero de todas maneras –y pese a que bajó un poco la intensidad del show–, el respetable la acogió de excelente manera, de forma muy comprometida.

Y aprovechando este punto quiero hacer una reflexión: esperaba un poco menos de la entrega del público en los temas de la era Deris, en el sentido de que este era el segundo show que se vendió y que probablemente no pocos de sus asistentes irían más por ver a Kiske (y Hansen) que por algún otro factor, por lo cual uno suponía que la reacción ante los temas de Andi sería más fría. Pero si bien en temas como este la intensidad, como decíamos, bajó un poco, en ningún momento el show estuvo ni siquiera cerca de caer en un pozo ni mucho menos. Los asistentes estuvimos a la altura del formidable espectáculo desplegado por la Calabaza.

La era Deris siguió con Are You Metal?, corte que funciona muy bien en vivo –el video de fondo también fue un gran aporte– y que permite dinámicas siempre entretenidas de sing along. Gran aporte también de un Sascha Gerstner muy participativo, haciendo coros y luciendo ese inquietante peinado casi a lo Robert Smith de The Cure.

Un nuevo interludio de Seth y Doc nos empieza a mostrar detallitos muy bien cuidados y planificados para este show. De una u otra forma estos simpáticos zapallos se iban “disfrazando” con ciertas características llamativas de los integrantes de este Helloween 2017, e iban lanzando cosas a una especie de caldero que se encontraba en la base de una especie de gran aparato electrónico de forma algo dispersa, pero que contenía detalles de muchos discos de la banda, como la gillette del “Seven Sinners”, la rockola del “Metal Jukebox”, el conejo del “Rabbit Don’t Come Easy”, entre otras.

¡Qué tremendo poder escuchar Kids Of The Century en Chile! Una de las joyas del algo incomprendido “Pink Bubbles Go Ape”, cantada por un Kiske cuyo micrófono ya sonaba bastante mejor y que no dejó duda alguna respecto a su superación de la enfermedad que lo tuvo bastante a mal traer en el comienzo de la gira. Gran apoyo también del video con la estética del “Pink Bubbles”, con la lola del vestido blanco comiendo ese pescado crudo y a esos profesores con ojos de huevo frito, y un lindo momento con una bandera chilena que lanzaron unos muchachos de Linares hacia el escenario, emblema recogido por la banda y lucida en el resto del show sobre parte de una tarima. Y luego volvería Deris a escena para otro pasaje de la época más moderna con Waiting For The Thunder, con notables detalles como las armonías de las tres guitarras, causando una buena reacción del público pese a no tratarse de un clásico propiamente tal.

Pero la noche tenía sorpresas, que quizás para algunos no hayan sido tan llamativas. Ver a Kiske apoyando en las voces de Perfect Gentleman –tal como sucedería con otros temas de la era Deris– es realmente una joya, lo normal es que el cantante nuevo interprete las canciones del antiguo, pero ya es llamativo que el antiguo interprete las del nuevo. Ahora, que canten juntos, es derechamente colosal, la banda fue capaz de jugar con realidades paralelas (“te imaginai a Kiske cantando canciones de Deris?”) y llevarlas al presente. Deris con su sombrero de copa y una chaqueta digna para ponerla en la foto de perfil de Linkedin evidentemente es el amo y señor de este tema, pero compartirlo con Kiske en su interpretación y en las convocatorias a la gente a gritar los “perfect!”, como decíamos, pone a Deris en un estatus de inteligencia, generosidad y “progresismo” realmente llamativo.

Luego de un nuevo interludio con los zapallos Seth y Doc, vendría uno de los mejores momentos no sólo de la noche, sino que haya vivido el Caupolicán en su historia. Así de simple, así de contundente. Y es que nadie que haya asistido a esta jornada se va a olvidar del medley del “Walls Of Jericho” en la voz de Kai Hansen que nos regaló Helloween, por la cresta. Kai podría jugar en el Bayern Munich, hace todo bien, toca bien la guitarra, es carismático, es líder, canta decentemente, hasta sus ventosidades deben emitir feromonas de felicidad, un capo entre capos. Bueno, la cosa empezó con Starlight, una bestialidad que generó hasta un mosh, incluso Kai soltó la guitarra, al tiempo que todos coreábamos el “staaaarlight, fallin’ in deep through your eyes”. Kai tuvo que retomar la guitarra para tocar el riff de Ride The Sky, otro emblema de la era Hansen que no requiere mayor descripción, sólo agregar que al mosh se incorporó una bengala roja. Si ya todo era una locura, agregarle un clásico crudísimo de los tiempos ancestrales de la banda como Judas fue realmente bestial, un regalo para los fans más acérrimos y trve (con v) de la calabaza. Y cerrar este medley con Heavy Metal (Is The Law), con las guitarras paralelas de Kai y Weikath, superó los límites del abuso tolerable, la emoción de vivir en nuestra tierra semejante desparramo de energía e intensidad difícilmente podrá ser olvidada, sólo queda agradecerlo. El Heavy Metal es, indiscutiblemente, la ley.

Wow, you guys rock, that was wild! 5.000 locos”, nos dice Andi, mientras se sienta en una silla junto a Michael, y nos dice que, en lo siguiente, Kiske lo corrigió, que no es un tema para las chicas, sino que “para el corazón”. Qué linda balada triste es Forever and One (Neverland), y qué lujo que Helloween nuevamente jugara con los mundos paralelos y nos regalara la chance de escuchar a Kiske acompañando a Deris. Me apropio de la analogía de un gran amigo: Andi es como el marido que se hace amigo del papá de los hijos de su actual señora, lo invita a los asados, a los cumpleaños, no siente celos, y no sólo acepta, sino que fomenta el cariño que le tienen los hijos, es decir, nosotros. Si alguien creía que en esta pasada Deris podía haber salido desfavorecido por todo el hype que generaba la presencia de Kiske, los hechos demuestran absolutamente lo contrario. Hermosa interpretación de esta linda balada y con una gran participación de Sascha Gerstner en el apoyo.

Luego de un “Happy Happy Helloween, Helloween, Helloween”, Kiske nos pregunta cuántos conocen el “Keeper 1”, obviamente todos respondimos que sí lo conocíamos. Nos dice que cuando grabó esta canción tenía dieciocho años de edad, hace mucho tiempo, y es otra balada… ¡A Tale That Wasn’t Right! ¡Cantada por Kiske con Helloween, en Chile! Sé que hemos repetido mucho esa frase que quizás suene algo majadera, pero no por ello deja de ser cierta y, a estas alturas, el lenguaje tiende a escasear cuando se trata de describir emociones más que situaciones. Hermoso momento del show con dos cantantes que seguían sacándole lustre a su gran fiato.

Seth y Doc tienen una nueva aparición en la pantalla gigante, para luego dejar a Sascha con el riff de I Can, que algunos recordarán que fue elegida en la –en aquellos entonces– Radio Concierto, por votación popular, como la canción de Metal que serviría como himno para la Selección Chilena en el Mundial de 1998 en Francia. Los que se acuerden pueden recoger sus cédulas de identidad desde el piso. Gran tema, canción emblemática para muchos de nosotros.

Pero llegaría el que quizás haya sido el pasaje más emotivo de la jornada. Seth y Doc tocando batería, nos anuncian el momento de un solo de dicho instrumento, algo muy típico de los conciertos y que sirve para que los otros músicos descansen un poco. Generalmente es algo más bien “de relleno”. Pero esto fue distinto. Porque una cosa es ver la precisión y talento del suizo Dani Löble, y está bien, pero hacer un paralelo entre su solo y un video, proyectado en la pantalla gigante, de un solo del querido Ingo Schwichtenberg, fue una forma hermosa, sencilla, intensa, honesta y no sobreexplotadora de la emocionalidad para homenajear al hermano caído, al querido Ingo que sucumbió ante sus fantasmas hace ya veintidós años. Los detalles ayudaron aun más: que Ingo haya sido proyectado en un televisor más antiguo (un Trinitron), y la voz del anunciador de boxeo Michael Buffer diciendo su clásico “let’s get ready to rumbleeee!”, anunciando un hermoso y fraterno “duelo” entre Dani e Ingo, marcaron un merecido recuerdo a un hermano que nos habría encantado ver alguna vez en Chile. Mientras haya calabazas, Ingo estará entre nosotros.

Luego del emotivo momento vivido, vuelve Kiske a escena y con Livin’ Ain’t No Crime, tema que causó cierta polémica en los primeros shows de la gira latinoamericana, donde hubo ciertas acusaciones de que Michi estaba haciendo playback. Finalmente eran voces de apoyo en atención a su enfermedad de esos días, pero ahora la voz de Michael rindió de manera incontrovertible. Y la conectaron con la queridísima A Little Time, otro clásico del “Keeper 1”, con un excelente apoyo audiovisual y con un formidable trabajo de la banda, simulando al final con fade out del tema en el disco, pero en realidad “falseándolo” para finalmente redondearlo de manera contundente.

Tras un interludio con Seth y Doc como bajistas, vendría otro momento de mundos paralelos, con Deris y Kiske cantando Why? del glorioso “Master Of The Rings”, el primer disco de Andi como cantante de Helloween. Insistimos, qué tremendo es haber visto a Kiske cantando junto a su banda matriz, y no sólo sus temas, sino que además aportando en canciones de la era posterior. La generosidad de Deris en compartir un espacio ganado por derecho propio, y la humildad de Kiske en aportar en canciones que no son de su época, son factores de una ecuación ganadora pocas veces vista en un mundo como el de la música, donde los egos afloran generalmente de maneras poco saludables.

Y “Master Of The Rings” tendría una nueva revisión a continuación, puesto que Andi nos cuenta que le gusta mucho una canción de ese disco… Sole Survivor, otro gran corte rescatado de ese estupendo trabajo, y que nuevamente contó con un gran apoyo audiovisual en la pantalla. Lo hemos dicho anteriormente en esta misma reseña, Helloween se podría haber presentado sin este apoyo y probablemente habríamos disfrutado lo mismo, pero el crecimiento de la banda en ese tipo de detalles de puesta en escena marca un evidente progreso.

Fue el turno de Michael Weikath de ser objeto de la interpretación de Seth y Doc, con su inconfundible cigarro, que cayó al caldero virtual hasta que la banda nos azotó con la energética Power, un corte a prueba de cualquier concierto y de cualquier público que fuese a ver a los alemanes, y que probablemente sea uno de los temas con más material para el sing along de todo el catálogo de los germanos. Una canción para cargarnos de energía, más aun con las imágenes de fondo de la popular calabaza musculosa.

Andi Deris nos pide un minuto para contarnos una cosita, una “chiquitita historia”, concerniente a que cuando él tenía aproximadamente diecisiete años de edad (“como ochenta años antes”, agregó, causando las risas del respetable), la canción que interpretarían a continuación fue la primera que él escuchó de este grupo llamado Helloween, agregando que era “el perfecto final” para este concierto. Por cierto que cuando Andi habló de “final”, el público pifió y gritó “nooooooo”, incluso el propio Deris pidió que abucheáramos, lo cual fue inmediatamente obedecido con un masivo “boooooooooooo”, por lo cual cedió y reconoció que no era el último tema de la jornada. ¡How Many Tears! Con Kiske y Hansen, además de Andi, francamente creo que no pocos nos sentimos como el público de “Live In The U.K.”, viviendo otra época, siendo transportados en el tiempo y en el espacio al Planeta Calabaza. ¿Qué se puede contar? Un nuevo mosh, un hermoso pasaje de guitarras en armonía entre Sascha, Kai y Weikath, y esa voz de Kiske que transforma temas gloriosos en celestiales. ¡Cuántas lágrimas! Nunca mejor dicho. Andi nos dice “muchas gracias Santiago”, y tras dos horas de espectáculo, la banda deja por primera vez el escenario.

Un par de minutos afuera, con el público cantando el “happy happy Helloween, Helloween, Helloween”, terminaron con las pantallas encendiéndose con los sones de la intro Invitation del “Keeper 2”, síntoma inequívoco de lo que se vendría, probablemente uno de los instantes más esperados no sólo de la noche, sino que por buena parte de quienes escuchamos este tipo de música desde hace un montón de años: hacer el “check” de cosas para hacer en la vida con escuchar Eagle Fly Free en vivo cantada por Michael Kiske era cosa de segundos. Y es que a estas alturas parece ser claro que, si algún día un meteorito o algo similar impacta la tierra y los sobrevivientes nos vemos obligados a resurgir desde las cenizas, unidos como sólo un pueblo terrícola para luchar contra la invasión marciana, el himno de esa humanidad no puede ser otro que esta canción, es algo que uno ya da por sabido. ¡Qué tremendo momento! Un nuevo mosh con bengala en la cancha, y esa sensación dual de querer dejar la vida y las cuerdas vocales botadas en el recinto, versus querer escuchar a Kiske cantando y saldando una deuda histórica con nuestros sentidos. Insistimos en que el apoyo audiovisual fue acertadísimo durante toda la jornada, y las imágenes del águila surcando los cielos le dieron un toque aun más emocionante a todo lo vivido.

Los pasajes inolvidables de este fenomenal espectáculo no paraban. Impresionante todo lo vivido con Keeper Of The Seven Keys, a nivel de ejecuciones, a nivel audiovisual, a nivel emotivo, a nivel de teatralidad, bajo cualquier parámetro. Un tema lleno de matices y conducido fenomenalmente por Kiske, coreado a rabiar por un público justificadamente enfervorizado, que hasta armó un mini mosh en cancha con el “disease, disease, disease my friend”. Uno no para de destacar la inteligencia de Deris en afiatarse a las canciones cantadas principalmente por Kiske, pero además quizás no hayamos destacado suficientemente lo bien que cantó Andi, realmente la rompió, más allá de sus consabidos desplante, carisma, buen humor y energía desbordante. Muy bonito además el final alargado del tema, con los músicos presentándose y retirándose uno a uno desde el escenario, dejando finalmente solo a Sascha Gerstner como el encargado de apagar la luz y cerrar la puerta. Maravilloso, realmente.

Pero faltaba el fin de fiesta. El principio del fin –luego de la última aparición de Seth y Doc– llega con ese crack que es Kai Hansen, a quien de verdad los fanáticos le debemos muchísimo. Solo con su guitarra, parado en la tarima que daba hacia la batería, ya sabíamos lo que venía: Future World, con calabazas astronautas con estética ochentera en la pantalla gigante, coreada por todo el público; y por supuesto el verdadero cierre no podía ser otro que con I Want Out, momento en el cual el staff de la banda lanzó hacia la cancha varias pelotas inflables gigantes, naranjas y negras, con rostros de la calabaza, además de mucho papel picado, dándole un plus espectacular a un show respecto del cual bastaba sólo con la música, un buen sonido y las emociones inevitables, pero al cual este tipo de agregados contribuyeron a generar una sensación de que esto no lo vamos a olvidar nunca. Una hermosa despedida, llena de energía, con el público realmente dejándolo todo en la cancha, retribuyendo con una tremenda ovación la entrega de los músicos durante dos horas y cincuenta minutos imposibles de resumir y de describir de manera fehaciente, y que quizás encuentre una demostración en los gestos finales de Kai Hansen al retirarse del escenario, empuñando las manos y moviéndolas como diciendo “esto es Helloween, carajo”, como el capitán del equipo que acaba de ganar un clásico, o con esa imagen de Andi abrazando a Kiske y hasta dándole un afectuoso beso, como un equipo. Como el equipo que son.

Lo que vivimos en el Caupolicán va más allá de un mero espectáculo que sonó bien, que contó con un estupendo apoyo audiovisual y que técnicamente carece de mayores reproches. A la inmensa mayoría de quienes escuchamos música a partir de cierto nivel de fanatismo nos gustan los conciertos, asistimos a los que podemos –por tiempo y por factores económicos–, pero no todos tenemos la suerte de que nos cumplan sueños que, como decíamos antes, a veces frenábamos desatarlos por el mero temor a que nunca se hagan realidad. Pienso en los fans de Queen, que nunca pudieron ver en Chile a Freddie Mercury; en quienes no alcanzamos a ver a Chuck Schuldiner con Death; en los fanáticos de The Beatles, de Elvis Presley, de Prince, de Thin Lizzy, de tantos otros, se pueden dar tantos ejemplos. Y nosotros tuvimos la gigantesca suerte de que algo que se veía casi tan imposible, se cumpliera, frente a nuestras narices. Hay que pegarse con un zapallo en el pecho, derechamente. Sólo queda desear que cada uno de nosotros haya tenido la capacidad de disfrutarlo con el alma, y que en el futuro tengamos la capacidad de atesorarlo, porque precisamente estos momentos son los que hacen que todas las dificultades de la vida diaria terminen valiendo la pena. Vimos a Helloween con Kiske y con Kai Hansen en nuestra tierra, al águila volando libre sobre nuestras cabezas, al guardián tirando las siete llaves en un mar de energía. Nada más ni nada menos que uno de los check más relevantes en la historia de nuestras vidas.

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. If I Could Fly
  5. Are You Metal?
  6. Kids of the Century
  7. Waiting for the Thunder
  8. Perfect Gentleman
  9. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  10. Forever and One (Neverland)
  11. A Tale That Wasn’t Right
  12. I Can
  13. Solo de batería: Dani Löble & Ingo Schwichtenberg
  14. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  15. Why?
  16. Sole Survivor
  17. Power
  18. How Many Tears

Encore 1:

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore 2:

  1. Future World
  2. I Want Out

Live Review: Darío Sanhueza De La Cruz
Fotos: Guille Salazar

Live Review: Santiago Gets Louder: Temple, Rata Blanca, King Diamond y Megadeth (2017)

Fácilmente podríamos decir que ayer domingo asistimos nuevamente al extinto “The Metal Fest”. Siete bandas y dos escenarios, más un gran despliegue de stands de merchandising, patios de comida, exposiciones y miles, miles de fanáticos que se dieron cita en el Movistar Arena, prometían una jornada de ensueño durante la segunda versión del festival Santiago Gets Louder. Y así no más fue, puesto que asistir a este tipo de eventos es toda una experiencia en sí. Lo pudimos comprobar en primera instancia mientras Tirano y Vimic abrían los fuegos en el Talavera y Domo Stage, respectivamente, ya que realizamos las típicas vueltas de reconocimiento, tanteando terreno y comprobando el ánimo de los cerca de 1.500 asistentes que se encontraban en el recinto durante las primeras horas del festival.

El primer punto a destacar -y por qué no decirlo, digno de aplaudir- fue la puntualidad y la rigurosidad para cumplir los horarios establecidos previamente por la producción. Decimos esto porque la logística y la organización de este tipo de shows prácticamente va determinando la disposición y el comportamiento del público. Vale decir, si desde un principio se da cuenta de que todo está en su lugar, básicamente la sensación de que estás en buenas manos te ayuda a disfrutar de mejor forma a cada una de las bandas. Bien ahí.

Entonces, entrando de lleno al show, a las 16:00 hrs. en punto Walter Giardino Temple logró llenar de gente todo el espacio dispuesto para su presentación en el Talavera Stage.

WALTER GIARDINO – TEMPLE

¡Madre mía como canta Ronnie Romero! La verdad es que no hay otra forma de comenzar este análisis. En serio, ¿notaron toda la calidad y el desplante de nuestro compatriota? Sin restar mérito al resto de la banda y mucho menos al maestro Walter Giardino, la verdad es que el vocalista de alguna forma se las ingenió para salir adelante pese a todos los problemas de sonido a los que se enfrentó. Si bien hay un sinfín de videos de gran resolución en la red respecto a su participación con Ritchie Blackmore, lo cierto es que poder apreciarlo más de cerca y tener la posibilidad de conectarse con cada una de sus interpretaciones es sencillamente indescriptible. Lo decimos de nuevo, sí, hubo muchos, muchos problemas de sonido durante toda la presentación. Por momentos se mostró bastante incómodo y molesto al mirar a su técnico de sonido, pero lo cierto que esto no lo detuvo para despacharse unos tonos más que envidiables.

Las clásicas Corte Porteño y Sobre la Raya fueron las encargadas de dar el puntapié inicial. La verdad es que la primera costó distinguirla en sus primeros acordes, principalmente por los problemas en el micrófono ya mencionados, y también por el altísimo volumen de la guitarra. Aún así, el “Ella vive esperando oculta en la oscuridad/ es un alma porteña y ronda por la ciudad…” a estas alturas es inconfundible. Punto para Ronnie además, puesto que los que estuvieron atentos notaron que jugó un poco con la letra al decir “es un alma chilena“. En tanto, la segunda fue acompañada por un enérgico headbanging gracias a la gran base rítmica de Pablo Motyczak en el bajo y Fernando Scarcella en la batería. Para qué mencionar el teclado de Javier Retamozo o los solos de Walter. Sencillamente notables.

El primer cover llegaría con la mítica Man on the Silver Mountain. Desde luego que tuvo un gran recibimiento al ser conocida por todos, y si bien las contrariedades persistieron en gran medida, el cantante sobresalió con una interpretación perfecta. Mismo asunto para Cacería, que tras las correspondientes palabras de agradecimiento, todo se tornó en una aplanadora gracias al doble bombo y a la potente pegada de Scarcella. Entonces, para jugar con la intensidad y con las distintas emociones, un interesante contraste se vivió cuando comenzaron a interpretar la rockera Héroes de la Eternidad, ya que versos como “Sólo quiero que hoy escuches mi canción/ se lo pido a tu cansado corazón…” trajeron la calma y el toque setentero tan influyente en la carrera del guitarrista trasandino.

Acercándonos ya al final, no deja de llamar la atención el gran legado de Dio en nuestro día a día. En serio, a todos se nos dibujó una sonrisa cuando comenzó a sonar ese clásico incombustible llamado Neon Knights. Y no es para menos, ya que debe ser uno de los mejores opening tracks de cualquier disco de Heavy Metal alguna vez publicado. Por lo demás, hay que resaltar que fue una versión bastante respetuosa y enérgica. Solo quedaba cantar el “Again and again” con todas nuestras fuerzas. Por último, la encargada de cerrar no podía ser otra que Alquimia. Desde luego que ganó bastante en relación a la versión en estudio, ya que la potencia desplegada en vivo hizo que cada uno destacara a su debido tiempo. Así, con el estribillo “Aprendiz mi hermandad/ signos de lo universal/ Aprendiz fuego y sal/ ángeles y diablos ven que llegará” se puso término a un poco más de media hora de show.

Como mencionamos al inicio de este review, Ronnie Romero demostró que tiene méritos de sobra para llevar la batuta de cualquier banda a nivel mundial. Con muchos aspectos en contra logró sacar adelante la tarea en base a su técnica y a su confianza sobre el plató. Por otra parte, los instrumentistas derrocharon clase de principio a fin y conformaron una base sólida para apoyar a Walter Giardino. obre este último, si bien podríamos nuevamente destacar la calidad de sus solos y toda su experiencia, a estas alturas parece ser totalmente innecesario, realmente un maestro. Contra vientos y marea, gran, gran concierto.

Setlist Walter Giardino Temple:

  1. Corte Porteño
  2. Sobre la raya
  3. Man on the Silver Mountain (cover de Rainbow)
  4. Cacería
  5. Héroes de la Eternidad
  6. Neon Knights (cover de Black Sabbath)
  7. Alquimia

RATA BLANCA

Difícil situación la de los trasandinos. No es fácil tener que llorar la despedida de uno de los miembros más antiguos y más queridos de la banda y al poco tiempo estar en la carretera de nuevo. Emocionalmente la pérdida es incalculable y todo aquél que haya visto a Rata en vivo y en directo conoce la importancia y el significado de Guillermo Sánchez sobre el escenario. Para nosotros los fanáticos, la verdad es que la única opción era seguir demostrando esa devoción a prueba de balas hacia Walter Giardino y compañía. Y vaya que no defraudamos, puesto que el escenario central se encontraba con una gran cantidad de metaleros agolpados en los lugares más próximos al escenario para apreciar el acotado -pero no menos potente- show de uno de los platos fuertes de la jornada.

Y no hay descanso alguno para la mayoría de los integrantes, puesto que tan solo habían treinta minutos de diferencia entre una presentación y otra. En base a esto, no puedo dejar de imaginarme a Walter, Pablo y Fernando corriendo por las dependencias del Movistar Arena para llegar al Domo Stage. Situación más que curiosa y aguerrida a la vez. Directo al hueso entonces. Con anterioridad ya vaticinábamos que el setlist sería bastante parecido al de la última visita a nuestro país. Así lo confirmamos al escuchar en primer lugar las entretenidas Los Chicos Quieren Rock y un clásico como Sólo para Amarte, al igual que como sucedió hace un par de años.

La primera y única revisión a “La llave de la Puerta Secreta” (2005) llegaría con la notable La Otra Cara de la Moneda, que además de ser considerado un clásico en este punto de la historia, dio cuenta del excelente sonido con el que nos deleitaban. Gran trabajo de Adrián Barilari por cierto, que demostró un gran nivel en cada una de las canciones. Prueba de ello fueron las primeras líneas de Rock and Roll Hotel. Deslumbrante manera de cantar el “Cuarto de hotel ya no hay forma que pueda dormir/ Cuando pienso que vivo tan lejos de ella digo, porque estoy aquí…“. Y en el estribillo fue algo parecido. Eso sí, contó con la colaboración del bajista Pablo Motyczak (también bajista de Temple) apoyando en el fraseo inicial.

De esta forma, de aquí en adelante todo fue clásico tras clásico. Partiendo por El Círculo de Fuego y la Canción del Guerrero. Pero la que se robó todos los aplausos fue Agord, La Bruja. Acierto total al incluirla en el setlist, y así lo entendimos todos, puesto que el outro con el “Es importante que no pierdas la razón/ debes prestar mucha atención/ Solo a tu corazón…” sonó y fue recibido como un verdadero cañón. Por último, al igual que en otras ocasiones, Guerrero del Arco Iris -con la tremenda ejecución de Danilo Moschen en los teclados- nos daba indicio de que prontamente se vendría el grand finale.

Las escogidas para poner el broche de otro fueron nada más y nada menos que Mujer Amante y La Leyenda del Hada y el Mago. Lo cierto es que cualquier cosa que quisiéramos agregar para describir este nivel de clásicos ya está dicho con antelación. De esta manera, después de un poco más de una hora de duración, los trasandinos comienzan a despedirse bajo una ovación cerrada. A modo de conclusión, voy a ser sincero al admitir que creo que varios esperábamos algún gesto o alguna palabra más explícita para Guillermo Sánchez. Como fanático hubiera sido bastante emotivo presenciar un pequeño homenaje hacia el difunto bajista, pero a la vez entendemos que puede ser una forma de dar a entender que la carrera de Rata continúa y que se sobrepondrán a cualquier adversidad. En fin, sólida presentación.

Setlist de Rata Blanca:

  1. Los chicos quieren Rock
  2. Sólo para Amarte
  3. La otra cara de la moneda
  4. Rock and Roll Hotel
  5. El Círculo de Fuego
  6. La canción del Guerrero
  7. Agord, La Bruja
  8. Guerrero del Arco Iris
  9. Mujer Amante
  10. La Leyenda del Hada y el Mago

KING DIAMOND

Sí, King Diamond debió cerrar el festival. Y a estas alturas eso es lo de menos. Vamos a lo realmente importante, ¡cuántos años esperando su regreso a nuestro país por la cresta! ¡Cuántos años esperando poder escuchar tal nivel de clásicos en estas tierras! ¡Cuántos falsos rumores que jugaron con los sentimientos de miles de fanáticos! Pero basta. Suficiente. Sí. Sucedió. Kim Bendix Petersen arrasó con todo a su paso. Deuda histórica, señoras y señores. ¡Pedazo de concierto que se mandó! No podemos dejar de lado la euforia y la adrenalina que nos embarga. No si presenciamos la interpretación de ese discazo llamado “Abigail” en su totalidad. No si el opening track fue la notable Welcome Home. No si cada uno de los participantes dejó la vida durante la hora y cuarto de show. No si esta performance será recordada como una de las más notables y emotivas que se tenga memoria. Varios necesitábamos sacarnos ese peso de encima. Bien, vamos a los detalles.

Desde ya el telón que cubría todo el escenario era lo suficientemente imponente para vaticinar lo que se vendría, mientras retornaba al reducto principal parte del público que fue hacia el otro escenario a ver la performance de los brasileños de Ego Kill Talent. Las clásicas The Wizard (Uriah Heep) y Out from the Asylum sólo fueron aumentando la tensión hasta que la mencionada Welcome Home abriera los fuegos y pusiera fin a años de sufrimiento e impaciencia. Desde luego que la aparición de la abuela en silla de ruedas no se hizo esperar y rápidamente comenzó una performance como nunca antes se ha visto. Tanto así que durante el “Let me help you out of the chair, Grandma/ Let me touch you, let me feel!” literalmente se iba recreando la letra casi palabra por palabra. A propósito, la voz de King Diamond se ha mantenido prácticamente intacta. Para los más escépticos, busquen su interpretación durante Sleepless Nights y verán cómo se iba adecuando sin problema alguno.

Momento de que el frontman se dirigiera a nosotros para también aprovechar de presentar a cada uno de los integrantes de la banda. Lo particular es que presentó a Pontus Egberg como Pontus Norgren (el cual de igual forma se encontraba dentro del recinto, ya que es uno de los ingenieros en sonido de la gira que nos convoca) y para cuando notó su error un par de canciones después fue personalmente a disculparse con el bajista. Un crack. Y bueno, hora de otro clásico. Y vaya clásico. Acorde a la fecha además. Halloween multiplicó los saltos y los headbangings durante toda la intro. Así, la única revisión a “Fatal Portrait” (1986) quizás mostró la mejor forma de la banda musicalmente hablando. Decimos esto porque fue tocada con una soltura y una energía que traspasaba hacia todo el recinto. Pedazos de solo que se despachan Mike y Andy por lo demás.

En este punto debemos hacer una pequeña pausa y comentar una situación curiosa y plausible a la vez. Vamos por parte, una vez finalizado el track anterior, Mr. Diamond comienza a mirar a su alrededor cada parte de la tremenda escenografía que había a sus espaldas. De manera transparente nos da a entender que el show no debía ser de esa forma, básicamente porque las luces no estaban funcionando como era debido. Y claro, toda la iluminación que estaba dispuesta alrededor de las cruces invertidas, bajo las gárgolas y alrededor de las escaleras se encontraban apagadas. La atmósfera hasta ese momento era bastante oscura principalmente por este hecho. Entonces él nos propone una especie de trato: tomarse el tiempo que sea necesario para arreglar el problema y luego poder tocar toda la noche de ser necesario, además de afirmar que nos iba a dar el espectáculo por el cual habíamos pagado, sí o sí. Ovación cerrada. Tras un par de minutos con el escenario vacío, desde la mesa de luces dan el visto bueno para continuar el concierto, a lo que el vocalista responde casi con rabia “Show me that it works!“. Y sí, efectivamente el cambio fue evidente durante Eyes of the Witch. Un crack con todas sus letras.

Hora de recordar a Mercyful Fate  y qué mejor que hacerlo con dos temazos como Melissa y Come to the Sabbath. Con la primera, la sección de cuerdas se llevó todos los aplausos ya que lograron recrear la atmósfera de manera perfecta mientras el frontman cantaba “Melissa, you were mine/ Melissa, you were the light“. Por supuesto que los más entusiastas se animaron a tratar de llegar a los tonos del vocalista. En tanto, algunos simplemente observábamos casi en éxtasis como se comía el escenario con nada más que su presencia y cómo la actriz que daba forma al personaje principal hacía su performance sobre el balcón recreado en la escenografía. En cambio, la segunda fue interpretada como era de esperarse. Derechamente el Movistar se convirtió en una sola voz al cantar el “Come come to the sabbath/ Down by the ruined bridge/ Witches and demons are coming/ Just follow the magic call!” y los cambios de tiempo perfectamente marcados por Matt Thompson sellaron una ejecución perfecta. Obviamente que las armonías y los solos de Andy y Mike también se llevaron todas las miradas. Pequeña pausa con Them sonando de fondo y se venía lo mejor.

Ahora sí, tras un breve descanso rápidamente comenzó a sonar Funeral por los altoparlantes. Es aquí cuando parte de la cancha comenzó a abrirse para generar un mosh de grandes proporciones. Dicho sea de paso, notable el cambio de los telones de fondo. Pasamos de tener una imagen central de Jesús rodeado de varios demonios, al frontis de una catedral gótica en cosa de segundos. Y eso no es todo, puesto que la teatralidad fue llevada al límite cuando desde un ataúd King saca a Abigail y pronuncia “That must be it“. Sí, la historia de “Abigail” iba a ser recreada hasta en el más mínimo detalle. Musicalmente en tanto, bastó esa pequeña frase para que Arrival desatara el caos y todos comenzáramos a alucinar con lo que estábamos presenciando. Bastaba ver la cara de los que se encontraban a tu alrededor para entender la importancia de este show. Hasta alguna lágrima vi caer por ahí. Por lo demás, ¡qué temazo por la cresta!, es increíble cómo se va narrando la historia y como va tomando forma a medida que la letra comienza a avanzar. Interpretada a la perfección.

Y la situación solo fue en alza. El doble bombo y el ride de Matt durante A Mansion in Darkness aplastó todo a su paso, siempre seguido muy de cerca por Pontus Egberg. En cuanto al cantante, cuánta energía al entonar “Riding up the alley in the rain/ No lights to show the way…” mientras que al mismo tiempo interactuaba con Miriam Natias. Sí, literalmente las hace todas. Conoce su lugar a la perfección y hasta le da tiempo para incitarnos a nosotros a cantar “The shadows at the gate, they seemed to be alive/ Yeah, the shadows at the gate/ Alive!“. Imposible seguirle el paso. Más aún durante The Family Ghost donde se manda unos fraseos realmente envidiables.

Y cuando decimos que ningún detalle es dejado al azar realmente hablamos en serio. Prueba de ello es que antes de que comenzara a sonar The 7th Day of July 1777, los tramoyas que llevaron las guitarras acústicas a cada costado del escenario iban vestidos como monjes con la cara cubierta y muy metidos en su papel. Vale decir, ningún movimiento brusco o alguna salida de libreto. No. Todo pensado a la perfección. En cuanto al tema en sí, ¿qué más se puede decir? ¡Simplemente sublime! Es cierto que podríamos centrarnos netamente en la ejecución de este, pero estaríamos siendo injustos con la tremenda performance que ocurrió sobre las escaleras. Como la historia lo indica, la esposa del conde es dejada caer desde lo alto y es así como pierde el bebé que llevaba en su interior. ¡Excelente juego de luces! No había otro lugar donde mirar, toda la atención estaba puesta sobre el momento de tensión.

Al tener una letra más bien breve, Omens fácilmente fue una de las más coreadas de la noche. Tan solo bastaba escuchar el “Deadly! omens!” para comprobar esto último. Buenísimas las transiciones del teclado con los posteriores solos de guitarras. Cada matiz sonaba tanto o mejor que su versión en estudio, gracias a un nivel de sonido descollante. Obviamente que a su vez los aspectos visuales continuaron, esta vez lanzando pétalos de rosa para luego seguir con las apariciones de Miriam. Por el contrario, The Possession fue tocada directa y al hueso. Tras esa intro de batería, los “Eh! eh! eh!” no se hicieron esperar y como mencionamos anteriormente, esta fue quizás la canción más potente y “cruda” en su sonido. La verdad es que describir la posesión por el espíritu de Abigail no podía ser de otra forma.

Acercándonos al final del álbum, el riff inicial de Abigail retumbó en todo el Movistar Arena. Cómo sonó el “Miriam can you hear me!“, madre mía. La verdad es a que esta alturas no debería sorprendernos ya que básicamente lo que escuchamos durante la homónima y el ending track Black Horsemen fue una especie de resumen de todo el show en cuanto a las actuaciones, el sonido y la ejecución de cada instrumentista. Final épico cuando los monjes se llevan a Miriam tras su muerte mientras escuchamos “That’s the end of another lullaby/ Time has come for me to say goodnight“. Y así no más fue. Siendo las 20:40 hrs. toda la banda comienza a despedirse entre una ovación cada vez más estridente. El show se hizo cortísimo y no es de extrañarse. Rotundamente afirmamos que fue una de las mejores presentaciones de Heavy Metal que ha pisado nuestro país en todo aspecto a considerar. Sonido, puesta en escena, nivel de interpretación, juegos de luces y el recibimiento del público. Ténganlo presente, la tarde del domingo hicimos historia. ¡Aguante King Diamond!

Setlist de King Diamond:

  1. Welcome Home
  2. Sleepless Nights
  3. Halloween
  4. Eyes of the Witch
  5. Melissa (de Mercyful Fate)
  6. Come to the Sabbath (de Mercyful Fate)
  7. Funeral
  8. Arrival
  9. A Mansion in Darkness
  10. The Family Ghost
  11. The 7th Day of July 1777
  12. Omens
  13. The Possesion
  14. Abigail
  15. Black Horsemen

MEGADETH

Para el redactor, escribir un live review sobre Megadeth resulta bastante complejo y a veces frustrante. Principalmente porque es una banda que nos visita con bastante, bastante regularidad. Prácticamente un show por año. Entonces, ¿cómo evitar ser redundante al analizar un espectáculo que has visto en varias ocasiones?. Por favor, no me malentiendan, bajo ningún motivo estamos estableciendo una queja o un reclamo por la cantidad de veces que Dave Mustaine pisa nuestro país. Es más, personalmente esta es una de mis bandas favoritas de toda la vida y siempre será un agrado escuchar los clásicos de siempre. La cuestión entonces va por otro lado. Volviendo unas líneas atrás, como fanático acérrimo uno ya va con una idea preconcebida sobre lo que presenciaremos durante una hora y media. El setlist es más o menos predecible y hemos llegado a un punto en el que cada canción se ha convertido casi en una coreografía de miles de participantes. Cada uno sabe cuando gritar, cuando saltar y cuando realizar un mosh de proporciones épicas. La complicidad está a la vista y no hay mucho en lo que innovar.

Entonces, ¿qué sucedió cuando comenzó a sonar Hangar 18? Exacto, lo que todos se están imaginando en este preciso instante. Cada uno coreando los riffs, cantando ambas estrofas y esperando la sección de solos para dejar la vida gritando “Megadeth!…Megadeth!…Megadeth!“. Catalogarlo como todo un ritual pareciera ser poco. Y durante Wake Up Dead la situación no fue distinta. Comenzaron a aparecer pits cada vez más numerosos y la cancha ya era un total descontrol. Tanto así que en el sector derecho se encendió una bengala que lo único que hizo fue desatar un caos para enmarcar. Y esto no dejó indiferente a nadie, ya que un par de guardias saltaron la reja divisoria y literalmente ingresaron al medio del mosh para poner todo en orden. Bueno, eso intentaron, porque la verdad es que no había forma de calmar los ánimos, puesto lo siguiente sería In My Darkest Hour, que siempre trae consigo esa catarsis colectiva y esa interpretación tan propia de su lírica. Mi parte favorita por lejos es cuando la cancha se abre súbitamente mientras el colorado gesticula cantando “I walk, I walk alone into the promised land/ There’s a better place for me but it’s far, far away“. Lo que sigue es tierra conocida. ¡Demoledor!

Uno de los tantos clímax se vivió durante la dupla conformada por The Threat is Real y Skin o’ My Teeth. Más detalladamente, durante la primera por fin pudimos tomar un pequeño respiro y de verdad poder apreciar en alguna medida el desplante que había sobre el escenario. Dave Mustaine ya nos tiene acostumbrados a los aspectos visuales -tanto en las pantallas como en los juegos de luces- para darle más sentido a cada canción. Entonces, el clímax mencionado se vivió entre la transición hacia la segunda canción. ¿Se imaginan el por qué? Exacto, ¡apareció otra bengala! Ojo, bajo ningún motivo estamos incitando a este tipo de comportamiento, pero seamos francos al decir que estos detalles son los que van dando cuenta del éxtasis de los presentes. Dicho sea de paso, gran decisión de incluir Skin en el setlist, pedazo de tema.

Momento de que David Ellefson y Dirk Verbeuren queden solos en escena y comiencen a interpretar ese interludio llamado Dawn Patrol. Señal inequívoca de que nuevamente se formaría un campo de batalla apenas comenzara a sonar la parte rápida de Poison Was the Cure. ¿Alguien pudo mantener su posición sin que lo empujaran? Yo lo único que recuerdo es que se formaron dos mosh simultáneos uno al lado del otro. Dicho de otra forma, podías pasarte de un pit a otro dibujando una especie de número ocho con tu desplazamiento. ¡Para enmarcar!

Bastó tan solo un golpe en la batería para que todos nos diéramos cuenta de que se venía Trust. Durante la intro poco a poco se van calentando motores y es sabido que hay que cantar la letra de principio a fin. Y no es casualidad, ya que fácilmente fue la más coreada de toda la noche. Además, el coro en español del final ayuda en demasía para dar lo mejor de cada uno de nosotros. Pero ojo, esto no fue nada con lo que se vendría a continuación con la sublime Take No Prisoners. Uff, cuesta encontrar las palabras para describir lo que se vivió durante la rescatada de “Rust in Peace” (1990). Aparte del mosh gigantesco, debo decir que me sorprendió la gran cantidad que se sabe cada estrofa de principio a fin. Sí, es un clásico con todas sus letras, pero al no ser tan recurrente en el tracklist de las presentaciones en vivo, fácilmente muchos podrían “dejarla de lado”. Pero no. Todos cantando el “Got one chance -Infiltrate them-/ Get it right -Terminate them-…“. Para qué mencionar el “Take no prisoners, take no shit!“. Doy fe de que observé a muchos gritar esa parte como si no hubiera mañana. ¡Otro de los clímax!

Sweating Bullets siguió con la senda construida por todas sus predecesoras. La particularidad de este track es que cualquier recinto se convierte en un karaoke instantáneamente y todos ayudamos a que así sea. A modo personal, nunca ha sido de mis predilectas, pero sí le doy el crédito de tener una reacción única dentro de la fanaticada. Situación que no cambia mucho con A Tout Le Monde, la cual fue introducida por Kiko Loureiro y que a todos nos pone un poco más emotivos. Como siempre, el singalong del final fue acompañado por las palmas de cada uno de los presentes generando una postal para el recuerdo.

Al igual que el año pasado, Dystopia tuvo un recibimiento correcto pero bastante lejano del promedio del setlist. A pesar de esto, las melodías y el coro fueron seguidas muy de cerca por todos. Con esto, resulta una labor un tanto ingrata hablar de este tema considerando que vendría otro de los puntos altos de la noche. Señoras y señores, ¡de pie para recibir a Mechanix! Gran, gran sorpresa para nuestro país, más aún considerando que en su anterior visita la escogida del “Killing” fue Rattlehead. O sea, Mustaine y compañía demostraron estar conscientes y comprometidos con realizar los cambios precisos entre un show y otro. Pero volviendo a la canción en sí, que hermoso poder cantar el “Whoever thought you’d be better at turning a screw than me, I do it for my life…” en vivo y en directo una vez más. Clásico incombustible y en la cancha seguía el caos.

Para finalizar la primera parte de la presentación, Symphony of Destruction y Peace Sells agotaron prácticamente todas nuestras energías tras una jornada maratónica en el Movistar Arena. Así, los “Megadeth, Megadeth, aguante Megadeth” y los “If there’s a new way/ I’ll be the first in line/ But it better work this time” resultaron ensordecedores. Por último, Holy Wars…The Punishment Due -con la tercera y última bengala de la noche- fue el epílogo definitivo para un festival que resultó a la perfección. Como mencionamos al comienzo de este análisis, cuesta un mundo innovar cuando se habla de Megadeth y de Dave Mustaine. Sólo queda destacar el gran desempeño de cada uno de sus integrantes. Kiko y Dirk ya son totalmente de la casa.

Setlist de Megadeth:

  1. Hangar 18
  2. Wake Up Dead
  3. In my Darkest Hour
  4. The Threat is Real
  5. Skin o’ My Teeth
  6. Dawn Patrol
  7. Poison Was the Cure
  8. Trust
  9. Take No Prisoners
  10. Sweating Bullets
  11. A Tout le Monde
  12. Dystopia
  13. Mechanix
  14. Symphony of Destruction
  15. Peace Sells

Encore

  1. Holy Wars… The Punishment Due

Mike Portnoy’s Shattered Fortress en Chile (Live Review)

No podemos empezar este review de otra forma. Como fanático acérrimo de Dream Theater, muchas veces se intenta aparentar que todo está bien cuando en realidad no es así. Cuesta admitir que desde que Mike Portnoy abandonó sus funciones, la banda perdió gran parte del espíritu, la espontaneidad y el carisma que el músico traía consigo. Sí, bateristas virtuosos hay por miles y muchos perfectamente pueden llenar los zapatos musicalmente hablando, pero frente al desplante en escena, la conexión con el público y sobre todo el gran aporte a nivel de clásicos compuestos a lo largo de su carrera, no hay otro que se acerque a lo hecho por Mr. Portnoy. Es por esto que para cualquier seguidor de su trabajo, resultaba casi imperdonable perderse una cita de estas características. El músico prometía pagar una deuda histórica al interpretar la deslumbrante Twelve-Step Suite en su totalidad -además de otros cortes de su otrora agrupación-, acompañado por los grandes de Haken y Eric Gillette.

Siendo las 21:03 hrs., parte de las luces ambientales comienzan a apagarse mientras de fondo escuchamos la mítica Prelude de ese clásico del cine llamado “Psycho” del maestro Alfred Hitchcock. De esta forma, entendiendo que en cosa de segundos la banda estaría sobre el escenario, el recibimiento que tuvo el speech inicial de Scene One: Regression estuvo a la altura de las circunstancias. No les miento al decir que nadie, absolutamente nadie se quedó sin al menos pronunciar alguna de las líneas del hipnoterapeuta, que dicho sea de paso, en este punto de la historia sin tapujo alguno podemos afirmar que es la obertura perfecta para unos de los mejores álbumes jamás publicados dentro del Metal Progresivo. ¡Qué ganas de escuchar el “Metropolis Part. 2” en su totalidad! Pero bueno, a medida que sonaba esta pequeña intro, toda la sección de cuerdas junto con el tecladista Diego Tejeida fueron tomando posición lentamente sobre el plató.

¿Recuerdan la reacción que se generó cuando comenzaron a sonar las primeras notas de Overture 1928? Quiero decir, la transición entre la cuenta regresiva de Regression y el primer track de la noche fue sencillamente notable. Para qué mencionar el recibimiento que tuvo el maestro de ceremonias. Aplaudido a rabiar, y más aún cuando la banda dejó caer toda su potencia en los primeros compases. En base a esto, si bien gran parte de la cancha se dedicó a saltar y a corear cada una de las melodías de la pieza instrumental, todo fan de Dream Theater es bastante crítico y exigente en todos los aspectos posibles. Vale decir, la gran prueba de fuego era qué tan bien sonaría la banda y qué tan bien iban a ser ejecutados cada uno de los solos y armonías. Así, entrando de lleno en la canción, para sorpresa de muchos y especialmente para los más escépticos, la agrupación sonó como un verdadero cañón de principio a fin. Es cierto que casi todas las miradas iban dirigidas a Mike Portnoy -quien cada cierto rato tocaba la batería de pie-, pero no podemos dejar de mencionar la gran compenetración y seguridad que demostraron los músicos en cada uno de los pasajes.

Y siguiendo con el orden natural de las cosas, la siguiente no podía ser otra que ese temón llamado Strange Déjà Vu. Por cierto, el vocalista Ross Jennings se encargó de interpretar y de teatralizar gran parte de los versos, mostrándose totalmente enérgico en su performance desde el primer minuto. En tanto, ¡cómo sonaba la base rítmica! Gran, gran labor de Conner Green en el bajo, quién a pesar de su posición más secundaria sobre el escenario, de igual forma se las arregló para sobresalir en los momentos indicados. Nosotros en tanto ya nos encontrábamos absolutamente entregados a lo que estábamos presenciando. No vamos a descubrir ahora el calibre y la importancia de los dos temas  mencionados, por lo que solo quedaba cantar como si no hubiera mañana el “I just can’t help myself/ I’m feeling like I’m going out of my head/ Uncanny, strange déjà vu/ But I don’t mind, I hope to find the truth” que contó con el apoyo vocal de Portnoy como es costumbre. ¡Excelente comienzo!

La verdad es que la inclusión de The Mirror dentro del setlist fue todo un acierto principalmente por dos motivos. En primer lugar, dentro del contexto de la Twelve-Step Suite, con el paso de los años se ha ganado con total justicia el hecho de ser considerada el prólogo de toda la historia. Segundo, desde luego que estamos hablando de una de las mejores piezas rescatadas de Awake (1994) y a su vez quizás una de las composiciones más subvaloradas dentro de la carrera de los americanos. Es así como el sonido más “crudo” y al hueso del álbum mencionado fue recreado a la perfección. En este aspecto tener tres guitarristas ayuda bastante a llevar la canción y esto se vio reflejado en la potencia y en la fuerza que se logró transmitir a la audiencia. No podemos pasar por alto la participación de Eric Gillette, quién literalmente “las hace todas”. Decimos esto porque además de tocar prácticamente todos los solos de guitarra, también fue el encargado de cantar la parte media alcanzando un gran nivel. Solo se necesita recordar el “How in the hell could you possibly forgive me?/ After all the hell I put you through” y entenderán a lo que me refiero. Finalmente, ¡con qué soltura fueron formando poco a poco el outro! Desde luego que la postal para el recuerdo es el desplante de Diego Tejeida junto a su keytar a lo largo del escenario durante los últimos instantes y la clase de Conner para acompañar cada solo. Queda solamente volver a hacer hincapié en la correcta decisión de haberla interpretado.

Y lo anterior no fue otra cosa más que la señal inequívoca de que lo siguiente sería la suite tocada de principio a fin. Eso sí, primero Mike abandonó su batería un instante para dirigir unas pequeñas palabras a los 1.300 asistentes que se encontraban al interior del recinto. Principalmente dio las gracias a Haken y a cada uno de los presentes por estar acompañándolo durante todos sus años de carrera. De esta forma, él mismo dio la orden para que comenzara a sonar The Glass Prison. Acá nos queremos detener un instante. Los más fanáticos de Dream -y particularmente de la obra de Portnoy– tuvimos que esperar toda una vida para escuchar el opening track de Six Degrees of Inner Turbulence (2002). Desde luego que resulta un tanto extraño al analizarlo con mayor profundidad puesto que existe un sabor amargo frente al hecho de que nunca pudimos apreciarla con la formación original. Pero ante esto hay que ser sinceros y admitir que la performance de los siete músicos en escena rozó la perfección. Un aplauso para Charles Griffiths que en esta oportunidad se llevó todas las miradas a medida que tocaba cada uno de los riffs. O cómo no dejar de mencionar el desempeño de Gillette durante los múltiples solos de guitarra. Lo cierto es que momentos para enmarcar hay por centenares, pero muy personalmente lo mejor de poder escucharla en directo es poder apreciar como cada uno de los versos han calado hondo dentro de la fanaticada. Decimos esto porque el “Run fast from the wreckage of the past/ A shattered glass prison wall behing me” o el “Help me, I can´t break out this prison all alone…” fueron cantados a rabiar por todo el recinto. Y eso no es todo, ya que la otra parte que generó gran expectación por supuesto que fueron los solos de teclado y de la sección de cuerdas. Es notable como el público se divide en cierta forma durante la parte instrumental. Algunos se dedican a mirar detenidamente -casi como poniendo a prueba a los músicos-, mientras que el resto simplemente se deja llevar por el momento.

Personalmente, este era el momento más esperado de la noche. Advierto que me tomaré todas las licencias necesarias. ¡Qué temazo es This Dying Soul por la cresta! Fácilmente tiene que estar dentro del top 3 de las mejores composiciones de la historia de Dream. Y pareciera que no soy el único que piensa de esta forma, puesto que fue recibida con una euforia y una energía digna aplaudir. Qué manera de susurrar el “Hello mirror/ So glad to see you my friend/ It’s been a while“. Qué manera de cantar el “I want to heal your conscience/ Making a change to fix this dying soul/ This dying soul“. Y por último, qué manera de gritar -literalmente- el “Help me, save me, heal me/ I can’t break out of this prison all alone“. Al igual que con The Glass Prison, toda una eternidad esperando que poder realizar esta catarsis colectiva en pleno concierto. Obviamente que las partes instrumentales fueron seguidas muy de cerca por cada uno de nosotros, siendo los últimos solos los que se llevaron los mayores aplausos. Richard Henshall, Charles Griffiths y Eric Gillette se turnaron en una pose digna de Iron Maiden para tocar el outro y poner el broche de oro a esta pieza. Lo demás queda para el análisis y para el recuerdo personal de cada uno. Lo diré una y otra vez de ser necesario, ¡qué temazo es This Dying Soul por la cresta!

The Root of All Evil es una de esas canciones que en vivo y en directo funcionan a la perfección al desatar una potencia increíble en relación a la versión en estudio. Ya con la intro toda la cancha estaba saltando y alucinando con el riff principal.  Lo particular es que Eric Gillette se hizo cargo de las voces cumpliendo una doble función. Y sí, su desempeño fue más que notable. Ojo que es un detalle no menor, puesto que al ser la canción más “oreja” de las cinco que componen la suite, el desafío es aún mayor al tener que interpretar las partes más pegajosas y reconocibles de este clásico. De esta manera, cuando cantó el “Take all of me, the desires, that keep burning deep inside/ Cast them all away/ And help to give me strenght/ To face another day” o el “I can feel mi body breaking/ I can feel my body breaking/ I’m ready to let it all go” logró transmitir una energía y un sentimiento que fue devuelto de la misma forma por cada uno de nosotros.

De lleno en la segunda mitad de la suite, Repentance logró contrastar una noche que hasta el momento solo había sido de euforia. Vale decir, al pasar del caos y de los cánticos de su predecesora, a la calma y sutileza de la extraída de “Systematic Chaos” (2007), uno comienza a entender de mejor forma cada una de las doce etapas. Lo plausible es que este cambio de emociones solo es apreciable en vivo y en directo. Dicho sea de paso, al ser una de etapas más personales y de mayor retro inspección, era casi una obligación que VIII: Regret fuera cantada por Mike Portnoy. Y así no más fue. ¡Pedazos de versos que se mandó! Por lejos uno de los clímax de la noche. Pero eso no es todo, puesto que durante IX: Restitution aparecieron cada uno de los colaboradores y los amigos dando su testimonio en la pantalla tras la batería. ¿Los más aplaudidos? Chris Jericho (“You just made the list!“), Mikael Åkerfeldt y Steven Wilson.

Por último, The Shattered Fortress logró renovar los ánimos frente a la emotividad del track anterior. Como ya lo vaticinábamos en los días previos al show, el clímax total llegó con el solo de larga duración y con el juramento posterior de XII: Responsible. Todos, absolutamente todos cantamos el “I am responsible when anyone, anywhere reaches out for help/ I want my hand to be there“. De igual forma la base rítmica logró llevar la canción con un desplante más que envidiable. Se sabe de antemano todos los quiebres que provocan un headbanging generalizado entre cada una de las secciones que posee. Es por esto que resultaba más que contagioso ver como Portnoy se paraba de su asiento cada vez que la canción lo ameritaba, incitando a su vez los típicos “eh! eh! eh!“. Siendo las 22:24 hrs., se produce el primer y único encore de la jornada. Como análisis particular de la Twelve-Step Suite, ¿en serio ya había terminado?, ¿cómo? ¡Si recién habíamos empezado! El tiempo pasó volando y no es ninguna coincidencia, ya que al escucharla completa con la pasión y la adrenalina del momento la verdad es que pareciera que la hora de duración se hace prácticamente nada. Deuda saldada y aún quedaban algunas sorpresas.

Apenas pasó un minuto y rápidamente Charles Griffiths comenzó a tocar las primeras notas de Home. Pronto se le unió el talentoso Diego Tejeida y en cosa de segundos lograron recrear la atmósfera y la ambientación tan propia de esta composición. La verdad es que comenzar a detallar lo bien que sonó resulta totalmente redundante a estas alturas. Eso sí, no podemos dejar de mencionar el feeling que tuvo Ross para cantar cada uno de los coros del tema, viéndose reflejado su éxtasis en una especie de baile que se despachó en una par de ocasiones. A todo esto, ¡pedazo de letra! Espero no ser el único que gritó casi de manera desesperada el “The city, it calls to me!/ Decadent scenes from my memory/ Sorrow, eternity/ My demons are coming to drown me“.  Y acercándonos ya al final, llegaría el turno de la denominada “Mother of all pieces“. La incombustible The Dance of Eternity puso a prueba nuestros sentidos durante cada uno de los cambios de tiempo que posee. Sí, es cierto que ha sido interpretada en nuestro país con anterioridad, pero ante un clásico de estas proporciones solo queda disfrutar al máximo su versatilidad. Además, no nos veamos la suerte entre gitanos, todos queríamos ver el desempeño de la banda en un tema de esta complejidad. Y ojo, desde luego que fue llevada de gran forma, pero desde nuestra posición en la cancha existió un pequeño consenso general afirmando que había sonado algo “sucia”. Concretamente, el hecho de tener tres guitarras sonando al unísono provocó una cierta distorsión y la sensación de que se interrumpían unas a otras durante la parte media-final. Aún así, como mencionamos unas líneas atrás, supieron sacar la tarea adelante alcanzando un nivel superlativo.

Por último, seré sincero al afirmar que Finally Free por lejos es mi canción favorita de Dream Theater. Solo eso basta para decir que muy personalmente fue mi momento favorito de toda la velada. ¡Cuántas emociones en un solo track! Lo cierto es que podría estar un buen rato tratando de explicar y enumerar todo lo que puede llegar a producir durante los doce minutos de duración y de seguro dejaría algo en el tintero. Es difícil de explicar y no deja de sorprenderme como a estas alturas aún logra ponerme la piel de gallina cada vez que la escucho. Solo queda agradecer a Ross Jennings por todo el sentimiento que implantó en cada una de las estrofas y más aún en el estribillo. Qué manera de emocionarse con el “This feeling inside me/ Finally found my life/ I’m finally free” madre mía. Y hay algo más, porque aparte una musicalización perfecta, varios a mi alrededor parecían sentir lo mismo al escuchar atentamente la última canción de la noche.  De esta forma -y tras una pequeña referencia a Ytse Jam a modo de outro-, siendo las 22:56 hrs. la banda comienza a despedirse entre cánticos y aplausos cada vez más estridentes.

A modo de conclusión, hay un par de cosas que es justo mencionarlas y hacer un pequeño comentario al respecto. En primer lugar, ¡qué grande Mike Portnoy por la cresta! Prácticamente lo único que se escuchaba al abandonar el recinto era lo bueno que estuvo el concierto y lo bien que sonó la agrupación. Se notó la dedicación y el respeto con el que fue interpretado el setlist, siendo lo más rigurosos posibles respecto a sus versiones originales. Sobre lo mismo, el nivel de músicos que se trajo consigo sencillamente hizo que éstos se robaran la película ganándose al público desde el primer momento. No es fácil salir de gira por el mundo tocando material que no te pertenece y salir jugando de esa forma. Da gusto saber que todos los asistentes lo entendimos de esa forma y que todos nos encargamos de aplaudir y de vitorearlos cada vez que era posible. Luego, obviamente están las consideraciones como fan declarado de Dream. No deja de llamar la atención que se necesiten tres guitarristas (¡tres!) para cumplir la función de John Petrucci. En cierta forma él mantiene su status de superclase y sigue siendo uno de los mayores referentes en las seis cuerdas. Por último -y espero no desatar una polémica de proporciones épicas-, por momentos nos encontramos con una banda sonando tanto o  mejor que los neoyorkinos. Tranquilos, Dream Theater por algo es Dream Theater, pero no podemos obviar el hecho de que la jornada fue prácticamente perfecta. Los que estuvieron ahí saben de lo que hablo. ¡Pedazo de concierto señoras y señores!

Setlist Mike Portnoy’s The Shattered Fortress:

01. Regression (Intro)
02. Overture 1928
03. Strange Déjà Vu
04. The Mirror
05. The Glass Prison
06. This Dying Soul
07. The Root of All Evil
08. Repentance
09. The Shattered Fortress
Encore:
10. Home
11. The Dance of Eternity
12. Finally Free

GALERÍA

 

 

Testament + Nile en Chile (Live Review 2017)

Haciendo un símil con la última visita de Testament a nuestro país (2015), en esta oportunidad de igual forma asistiríamos a una especie de festival de metal extremo en el Teatro Caupolicán. Recordando que para aquella ocasión Cannibal Corpse fueron los encargados de acompañar a los californianos, ahora tendríamos la posibilidad de presenciar un show de nada más y nada menos que de Nile, reyes indiscutidos en lo que a Death Metal técnico se refiere. Ahora bien, centrándonos en el grupo cabeza de cartel, para esta ocasión regresarían con el álbum “Brotherhood of the Snake” (2016) bajo el brazo, LP que una vez más los posicionó como un número imperdible dentro de la escena mundial, razón de sobra para considerar este concierto como un imperdible y a su vez seguir estrechando la relación los fanáticos chilenos y los comandados por Chuck Billy.

Esta intensa y contundente jornada comenzó con los nacionales de Massive Power, banda con más de veinte años de carrera en la escena más underground, y que luego de muchos años con cuatro demos en su bitácora, pudieron por fin lanzar su primer disco, titulado simplemente “Massive Power“, durante el año 2013. En cerca de media hora, los nacionales abrieron los fuegos con su propuesta de un Thrash bastante directo y bien recibido por un teatro que, pese a que aún no llegaba a los mil asistentes, ya daba muestras de estar recibiendo energía y poder.

Setlist de Massive Power:

  1. Homicidal Blackouts
  2. Rightwing Control
  3. Mass Crime Corporation
  4. Political Class
  5. Force
  6. Violent Killing Posers
  7. March of Destruction
  8. Peyucollar

NILE

Con un pequeño adelanto respecto a la programación entregada por la producción, a las 20:45 hrs. se dio inicio al show de Nile. Mientras de fondo sonaba Ushabti Reanimator, los músicos fueron uno a uno tomando posición arriba del escenario para conectar los últimos acordes de la intro con la brutal Sacrifice Unto Sebek (“Annihilation of the Wicked”, 2005). Lo primero a destacar desde luego que es el gran sonido y producción del evento en su conjunto, a sabiendas de que la propuesta de la banda más bien es sobria y solo se remite a la pulcritud de sus ejecuciones.

Tras el saludo correspondiente hacia el respetable, es momento de apreciar más de cerca la técnica sobrehumana de George Kollias, que durante Defiling the Gates of Ishtar y Kafir! alcanza niveles superlativos. Quiero decir, mientras más lo miras y mientras más te detienes en sus movimientos, te parecen más imposibles de realizar. Así es como nos regaló una gran postal al tirar una baqueta al aire con vehemencia luego de romperla son sus beats. Pero Karl Sanders, Brad Parris y Brian Kingsland no se quedan atrás, puesto que siempre tratan de arreglárselas para sobresalir a medida que se van intercalando los guturales.

La única revisión a su último LP (“What Should Not Be Unearthed”, 2015) llegaría con In the Name of Amun, la cual contó con un juego de luces y una ambientación azulada bastante lúgubre. Por cierto, pedazo de solo que se despacha Karl en la parte media que luego fue seguido de unos tímidos cánticos durante el “At the word of the god Amun I waged war/ In the name of the god Amun I sanctioned atrocities/ Wanton cruel remorseless in the name of the god Amun“.

Momento de revivir la vieja escuela con la ya clásica Sarcophagus. Si bien a modo general sus predecesoras fueron recibidas de una manera un tanto tibia,      en este punto es donde las cerca de mil personas que se encontraban entre la cancha y la galería conectaron de mejor manera con la propuesta Brutal/Death. Esto último continuó durante Unas Slayer of the Gods, que si bien es un tema de larga duración, cada una de sus secciones fue aumentando de intensidad logrando llamar la atención de los más susceptibles. Aún debe estar resonando el gutural inicial de Brian Kingsland, que se llevó gran peso de esta pieza sobre sus hombros. Eso sí, por lejos la mejor parte es el quiebre marcial de la parte media que luego trae de vuelta la agresividad y los solos frenéticos. ¡Perfectamente ejecutados!

Para cerrar, los tres golpes en la caja de parte de George Kollias marcan la pauta para el inicio de Black Seeds of Vengeance. Desde luego que el mosh de los más entusiastas no se hizo esperar, pero sorpresivamente se le puso fin casi sin aviso cuando nos percatamos que a las 21:35 hrs. la banda ya se estaba despidiendo de los presentes. Si bien la mayoría se encontraba ahí por Testament, de alguna forma resulta un tanto decepcionante el poco tiempo que se le dio a Nile para su presentación. Menos de una hora sobre el escenario y un recorte considerable dentro de su típico setlist de ninguna manera pueden hacerle justicia a los años y a la clase que demuestran en cada una de sus canciones. Es una situación entendible, pero un tanto ingrata.

Setlist de Nile:

  1. Ushabti Reanimator (intro)
  2. Sacrifice Unto Sebek
  3. Defiling the Gates of Ishtar
  4. Kafir!
  5. In the Name of Amun
  6. Sarcophagus
  7. Unas Slayer of the Gods
  8. Black Seeds of Vengeance

TESTAMENT

Con un retraso que cada vez aumentaba la tensión y la impaciencia de los cerca de 3000 asistentes, a las 22:25 hrs. por fin se apagan las luces del recinto desatando una euforia que vaticinaba lo que viviríamos en cosa de segundos. En tanto, con la atención ya centrada en el escenario, por primera vez pudimos apreciar de mejor forma el gran telón con la portada del último álbum que se encontraba tras la amplificación y los instrumentos. Pero seamos realistas, ¿en este tipo de shows de verdad importan los aspectos visuales? Desde luego que hoy en día son un plus para cualquier presentación, pero planteamos esta interrogante basándonos en la reacción obtenida con los primeros acordes de Brotherhood of the Snake. ¡Toda la cancha era un remolino gigantesco! Cuánta potencia y calle demostrada por Testament con un temazo de este calibre. Y lo cierto es que con Rise Up la cosa no fue muy distinta que digamos. Qué manera de gritar el “Rise up!/ War!“, madre mía. A modo de confesión y volviendo a la pregunta recién planteada, les mentiría si les dijera que logré mirar tres veces a la banda con detención arriba del plató, ya que básicamente todo se redujo a hacer lo imposible por sobrevivir a un mosh descomunal.

El tercer hachazo -y a su vez la única revisión a “The Formation of Damnation” (2008)- vendría con la siempre efectiva More Than Meets the Eye. Resulta increíble pensar que fue lanzada hace casi diez años, puesto que aún suena fresca y sigue siendo una de las favoritas de la fanaticada. ¿Alguien más notó como Chuck Billy dejó la vida al cantar el coro? En serio, el “I feel that I am slipping/ Are they out to get me/ My life is upside down/ More than meets the eye” retumbó en todo el teatro de manera magistral. Por otro lado, pareciera estar de más en reparar lo bien que se complementan Eric Peterson y Alex Skolnick en las seis cuerdas. Sin dudas una de las mejores duplas de hoy en día. Finalmente, para ser justos y no dejarlos de lado, obviamente que Steve DiGiorgio y Gene Hoglan simplemente son arrolladores. ¡Temón con todas sus letras!

De lleno en el motivo que convoca esta gira de los americanos, la dupla conformada por The Pale King y Centuries of Suffering fue una prueba de fuego para evaluar la aceptación del último álbum. Y adivinen qué…¡superada con creces!  Si bien la primera trajo un tanto de “calma” entre los presentes (que se entiendan las comillas, por favor), solo fue una excusa para luego retomar la agresividad y el caos al exclamar “Centuries, centuries of suffering/ Centuries, centuries of blood/ Centuries, centuries of punishment/ Centuries, centuries of suffering!” en lo que fácilmente es una de las mejores composiciones de “Brotherhood of the Snake” (2016). Y esta especie de contraste para generar una reacción mayúscula se repitió en los dos siguientes tracks. Electric Crown permitió que muchos acompañaran la letra con el headbanging correspondiente, que en ningún caso se aproxima a la ovación obtenida cuando el frontman nos adelanta que es tiempo de que escuchar “Some old school Thrash Metal“. Ojo, ya lo adelantábamos hace un par de días atrás: Existe una gran diferencia entre comentar durante la previa que Into the Pit será uno de los puntos altos de la noche, a vivirlo en carne propia. Entonces, no exageramos al afirmar que el diámetro del mosh era prácticamente de todo el ancho de la cancha del Caupolicán. ¡Insuperable!

Ahora sí, podríamos decir que la primera parte del concierto se dio por finalizada. Dicho de mejor forma, la primera tanda de canciones fueron cañonazos que no se tomaron pausa alguna y que se llevaron gran parte de nuestra energía. Así también lo entendió la agrupación, puesto que Dark Roots of Earth permitió tomarnos un respiro y a su vez poder mirar a los músicos y reparar en algunos detalles técnicos. Por ejemplo, durante Stronghold el micrófono del vocalista se perdió casi en su totalidad dejando una sensación un tanto extraña, principalmente porque es un tema de gran factura que Testament sabe llevar a la perfección. Además, la letra está hecha para ir acompañando a Chuck, pero lamentablemente perdió toda su fuerza en este aspecto. De todas formas, el solo de guitarra fue perfectamente ejecutado llevándose el aplauso de los asistentes.

Solucionado el desperfecto, quizás durante Low y Throne of Thorns vimos la mejor versión de la banda instrumentalmente hablando. La homónima del álbum del año 1994 nos demostró con categoría que no es necesario acelerar a fondo para construir un track de gran factura. Por otro lado, la rescatada de “Dark Roots of Earth” (2012) se encarga de que cada uno se luzca a su debido tiempo. Solo basta recordar la excelente intro a cargo de Alex y Eric donde crean una atmósfera única. Luego Gene y Steve van marcando cada uno de los pasajes y cambios a medida que el frontman se desgarra cantando “God of war/ Fire born/ Throne of Thorns/ God of War/ No remorse/ Fire born“.

Tras un pequeño solo de Eric Petersen, vendría una sorpresa totalmente impensada considerando el setlist tentativo de la gira sudamericana. Hablamos de la inclusión de Eyes of Wrath (“The Gathering”, 1999). Personalmente nunca ha sido una de mis favoritas -sobre todo considerando los temazos que contiene dicho álbum-, pero es más que valorable el hecho de que hayan hecho una excepción en relación a los otros países que han visitado. Y si a eso le sumamos que no es precisamente una de las más tocadas en vivo -históricamente hablando-, el resultado es más que favorable.

Perfecto. Damos por finalizada la parte del show más relajada y “experimental” -por etiquetarla de alguna forma- y es tiempo de pasar a la etapa donde suena clásico tras clásico. ¿El primero de todos? No podía ser otro que Practice What You Preach. Estarán de acuerdo en que comenzar a detallar y tratar de entender lo que significa esta composición en la carrera de los americanos resulta un tanto redundante y monótono. Entonces, la sensación que queremos compartir en esta oportunidad es la fuerza y la garra con la que la siguen interpretando a lo largo de los años. La pasión logra transmitirse y la respuesta no es otra que el retorno del caos. Nuevamente la cancha se abrió súbitamente y el pit fue más enérgico que nunca. Esto último se extrapoló con The New Order, donde entre golpes y empujones hubo tiempo para acompañar el “For the past it’s too late/ Cause the world can’t control fate…“.

Tras la breve instrumental Urotsukidôji, llegaría el turno de una de las más coreadas de la noche: Souls of Black. Decimos esto porque no hubo nadie que no cantara el “Look at the lost souls/ They seem so black/ Look at the lost souls/ Souls of Black” con el puño en alto intercalando a su vez el headbanging durante cada verso. Dicho sea de paso, desde el año 2012 que no era interpretada en nuestro país. Puede sonar algo exagerado, pero dado el excelente recibimiento que tuvo, con total propiedad podemos decir que la extrañábamos de alguna forma.

Acercándonos cada vez más al final, lo vivido durante Over the Wall y Alone in the Dark no tiene precedentes. Por supuesto que en primer lugar está la banda, que es capaz de hacer sonar su repertorio como una aplanadora y luego también estamos cada uno de nosotros, que somos capaces de disfrutar como si no hubiera mañana. Vamos a algunos detalles dignos de mencionar. Para Over the Wall la gran anécdota a contar es exactamente el momento previo a que comenzara a sonar. Básicamente Chuck incitó a que Steve DiGiorgio diera un pequeño speech en un español que desató algunas risas a medida que daba las palabras de agradecimiento. Luego, se escuchó una ovación cerrada cuando el bajista dijo de forma textual “Santiago lo mejor siempre“. Y parece que habla con total autoridad del tema, porque el mosh que se formó superó todo lo antes visto. Mismo asunto con Alone in the Dark, donde todos sabemos que hay que dar lo mejor de sí para cantar “Alone in the dark, where the demons are torturing me/ The dark passage of revenge is all that I see“, que luego fue seguido de una especie de sing along con la melodía del estribillo durante el outro. De esta forma, siendo las 00:06 hrs. se produce el primer y único encore de la jornada que duraría tan solo un par de minutos.

Con la banda de vuelta en el escenario, la escogida para cerrar no podía ser otra que la incombustible Disciples of the Watch. Momento de gastar las últimas energías para darle forma a un pit apoteósico digno de un final de película con el que no caben dudas de que Testament ha demostrado una y otra vez que son un conjunto a prueba de balas. No cualquiera puede jactarse de tener tal cantidad de discos y clásicos que produzcan una catarsis colectiva como la vivimos en primera persona la noche del jueves. Así, resulta más que satisfactorio saber que por lo menos cada dos o tres años hay una noche donde el Thrash Metal ejecutado a la perfección se toma nuestra capital. Vale decir, podemos dejar de lado nuestros celulares, los problemas cotidianos a los que nos enfrentamos y todas nuestras pretensiones, para abrir paso a un show de la vieja escuela que te deja sin aliento. Porque ahí, donde las papas queman, los californianos le parten el cráneo a cualquiera. ¿Alguna duda?

Setlist de Testament:

1. Brotherhood of the Snake
2. Rise Up
3. More Than Meets the Eye
4. The Pale King
5. Centuries of Suffering
6. Electric Crown
7. Into the Pit
8. Dark Roots of Earth
9. Stronghold
10. Low
11. Throne of Thorns
12. Eyes of Wrath
13. Practice What You Preach
14. The New Order
15. Urotsukidôji
16. Souls of Black
17. Over the Wall
18. Alone in the Dark
Encore
19. Disciples of the Watch

 

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Anathema en Chile (Live Review 2017)

Siendo las 20:30 hrs. hicimos ingreso al Teatro Coliseo, recinto nuevo, bastante parecido al renovado Teatro Cariola, aunque a diferencia de este último, el Coliseo tiene un tercer piso. A esa hora se veía bastante público para faltar aún media hora para que comenzara el show. Ese tipo de cosas es una de las cuales reflejan fielmente el fanatismo que provoca Anathema en Chile; de hecho, las entradas se agotaron ya hace dos semanas, incluso a pesar de que no ha pasado mucho tiempo desde la última visita de la banda, en 2015.

Pasados unos minutos de las 21:00 hrs se apagan las luces y estallan los gritos de los fans. Los músicos salen con la cara llena de risa, siendo muy notoria la felicidad y lo cómodos que se sienten tocando en nuestro país. Daniel Cavanagh trae puesta una polera con la bandera de Chile, le habla al público y empiezan a tocar Untouchable 1 y el teatro se viene abajo, suenan potentes. Un comienzo así de intenso dio una gran apertura a su show, y como se trata de un tema así de conocido el público canta a la par con la banda, se ve la comunión que existe, ese ambiente especial que se da en los conciertos de Anathema: íntimos, pero con una energía tremenda.

Luego bajan la potencia con Untouchable 2, en una tónica que se dará todo el show, haciendo subir con toda la adrenalina para luego bajar a lo más profundo. Aquí es cuando Daniel le dice al público que han vuelto a casa (“back home to Chile”), simplemente nada más que decir, cuando la hermosa voz de Lee Douglas nos transporta en un viaje hermoso.

Continuaron con Leaving it Behind, tema favorito de quien escribe. Se siente el calor en el recinto, sumado a las palmas con que el público acompaña el tema, para luego saltar y bailar, y luego bajamos nuevamente con Endless Way, emocional, haciéndonos vibrar y elevándonos de a poco a medida que va subiendo el ritmo.

Con The Optimist la respuesta del público fue un poco mas fría, quizás debido a que es un tema perteneciente a su homónimo último disco, a igual que Endless. El público aún no ha creado un vínculo con este nuevo trabajo, aunque siempre escuchándolo con sumo respeto y aplaudiendo al final de este.

Luego, con los primeros acordes de Thin Air se vinieron los gritos nuevamente y los cantos acompañados de palmas al ritmo. Sinceramente, los fans de Anathema son de otro mundo, es increíble el nivel de entrega que tienen hacia la banda, casi religioso, coreando con los brazos en alto. Lo mismo ocurre con la hermosa Dreaming Light, es aquí cuando uno ve que muchos fueron en parejas que se miran y abrazan, y que la banda no sólo provoca fanatismo, sino algo más significativo, para muchos de ellos es parte de sus vidas.

Le sigue Can’t Let Go, también del nuevo disco y al igual que con los temas anteriores, la respuesta fue un silencioso respeto y aplausos. Sin embargo, con Lightning Song la audiencia se sintió más identificado y comenzó a acompañar con las palmas y balanceándose al ritmo de la música, convirtiéndose en un suave mar de cuerpos dándole un ambiente especial a la noche aún mas acompañado de los hermosos videos que se ven a espaldas de la banda.

Después de esto vino el momento más memorable de la noche, a gusto personal, en que premian a los fans con un shock del disco “Judgement” tocando Deep, seguida de Pitiless, Forgotten Hopes y Destiny is Dead, con un Vincent que no nos deja respirar, no da pausas, la entrega es total, con su voz que llena el recinto y todos cantando “ash to ash, dust to dust!!” en Pitiless. Con Forgotten Hopes, tan suave y tan intensa y cerrando este premio con el broche de Destiny is Dead.

Pero las sorpresas no terminan ahí: para júbilo del público tocan Storm Before The Calm por primera vez en nuestro país y se siente el agradecimiento de los asistentes. Le siguió Beginning and the End, tan hermosa, tan llena de sentimientos al igual que Universal, que te hace flotar suavemente.

Lo siguiente fue Closer que, con esa voz electrónica que fluye en el ambiente, hace que el público empiece una catarsis, siguiendo con las palmas, hasta llegar casi a echar abajo el recinto nuevamente a los gritos de “jump! jump!” de Daniel. Después vino un respiro, una pequeña pausa, para que Lee Douglas volviera con su suave voz en Springfield, otro tema del nuevo disco, conversan un poco con el público y como es habitual, piden que los iluminen, a los cual todos elevan sus celulares dando el ambiente adecuado para Natural Disaster, solo hubo un pequeño acople de la guitarra que rompió la delicadeza del tema, de igual manera hubo vítores y aplausos al final.

Luego, con un Vincent al frente del escenario empieza a tocar la percusión de Distant Satellites y esto se transforma en un ritual, va subiendo en intensidad hasta que te hace retumbar el pecho, después de eso necesitamos un nuevo descanso y la banda lo sabe, hacen una pausa para aparecer nuevamente en el escenario esta vez con la mayoría de ellos con poleras con la bandera chilena, la comunión es innegable, hasta que empieza Flying con los gritos del público de fondo para cantar a todo pulmón acompañando a la banda. Daniel se puso a a dirigir al público hacia el final de tema y se siente esa comunicación tan especial que se da con los músicos, gritos y aplausos. Lost Control sigue esa comunicación, con las palmas llevando el ritmo y cantando a coro esta lenta melodía pero con potentes guitarras para sumergirnos con Destiny y terminar arriba con Fragile Dreams, con un público con las palmas arriba y saltando, un broche de oro.

Es verdad que resulta innegable, pese a lo anteriormente dicho, que este no fue el mejor show presentado en nuestro país. El sonido a veces se sentía rebotar en el recinto, las personas que estaban en los palcos debían estar sentadas, cosas que a la mayoría no le agradó, y además la visual del escenario desde el tercer piso era pésima, por lo cual probablemente sólo la gente que estaba en cancha haya disfrutado más el show. El recinto no es malo, pero para bandas del nivel de Anathema se necesitan otros requerimientos para poder disfrutar el sonido y el espectáculo como corresponde.

Sin embargo, cabe hacer una reflexión: para quienes no somos acérrimos seguidores de la banda es difícil de entender esta conexión que existe entre el público y Anathema, una conexión casi religiosa, pero sólo basta asistir a un show de ellos para darse cuenta del porqué de esto. Con un show de casi tres horas en que no nos daban ni un respiro, con un ritmo que nos hacia subir a la estratósfera para después hacernos bajar a los abismos, con sonidos profundos y poderosos en que te hacen entrar en cuenta de que deben ser parte de la banda sonora de tu vida. Con fanáticos fieles que hacían sentir casi como si fuese un acto religioso, la mayoría de las veces con los brazos en alto y los ojos cerrados, cantando con el alma, quienes no somos tan fanáticos nos sentíamos casi como testigos de una especie de culto secreto, sumergidos en sonidos que suenan mucho más profundos y potentes en vivo con los cuales los asistentes se transportan a un lugar al cual queremos definitivamente ir. Un gusto tanto para los oídos como para el mar de sensaciones con las que nos retiramos del recinto.

Finalmente, por todo lo anterior, la fanaticada se dio por pagada, los shows de Anathema son algo imperdible, y de los cuales muchas bandas deberían tomar como ejemplo. Estar ante un show de ellos nos hace comprender por qué las entradas se agotaron con tanta anticipación. Muchas gracias, Anathema, por brindarnos algo que varios recordaremos por mucho tiempo.

Setlist de Anathema:

01. Untouchable, Part 1
02. Untouchable, Part 2
03. Leaving It Behind
04. Endless Ways
05. The Optimist
06. Thin Air
07. Dreaming Light
08. Can’t Let Go
09. Lightning Song
10. Deep
11. Pitiless
12. Forgotten Hopes
13. Destiny Is Dead
14. The Storm Before the Calm
15. The Beginning and the End
16. Universal
17. Closer
18. Springfield
19. A Natural Disaster
20. Distant Satellites
21. Flying
22. Lost Control
23. Destiny
24. Fragile Dreams

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Delta en la SCD: Estreno formación 2017 (Live Review)

Una especie de catarsis tuvieron los integrantes de Delta el sábado 10 en la SCD de Vespucio, una especie de sahumerio de malos tiempos para adentrarse en una nueva etapa, una que los músicos logran transmitir esa sensación de que esto durará un buen rato. Es que, tras muchos pasos en falso desde la salida de Felipe del Valle, ahora apuestan a trancos firmes con una frontwoman que -concluyamos de inmediato- vuelve a colocar a Delta a lo que era hasta el lanzamiento de “The End Of Philosophy”: una banda de corte internacional.

Por cierto que las expectativas estaban puestas gracias a Caroline Nickels, dama vozarrón escogida para este ciclo de Delta, quien con una revisión de War Inside Me, sobre todo, logró convencer fácilmente a muchos de asistir a este encuentro. El lugar, en consecuencia, se llenó no solamente de fanáticos y amigos, sino de una onda de bienvenida para la vocalista y de reencuentro para los músicos de Delta, quienes cada uno por su cuenta han avanzado mucho en sus carreras respectivas desde el 2014 hasta la fecha.

Sin embargo, ¿cómo se podía entender que sus músicos por separado estuviesen más activos que nunca y en sus mejores momentos como intérpretes y compositores, pero la misma agrupación estuviera en un declive tan importante? El hecho es que quizás esa pregunta jamás necesite respuesta, en vista a lo observado en este concierto de estreno: mucha energía, mucha cercanía, y una cantante a la altura de las exigencias artísticas de Delta. Esto, pese a los episodios de nerviosismo que Caroline enseñó entre las canciones cuando se dirigía torpemente a la audiencia, porque cuando cantaba lograba sin esfuerzos colocar eufóricos al público y a la banda, especialmente a Benjamín Lechuga, agradecido de esta nueva oportunidad que tiene Delta de volver a flotar.

El comienzo sin duda fue ambicioso, con la sofisticada The End Of Philosophy escogida para abrir el show, con la intro dando espacio para que cada músico saliera para saludar a los asistentes. Caroline ingresó al final, quien entre concentrada o nerviosa, solo miró al piso al momento de entrar, y su primer contacto recién fue apenas comenzó a interpretar. Seguramente había muchas ansias contenidas, por la importancia que revestía este momento para los músicos en escenario, y toda la energía que por mucho tiempo estaban esperando a desplegar.

Acto seguido, Crashbreaker y New Philosophy se escucharon con intensidad, canciones que están entre las favoritas de la fanaticada (denominada “familia Delta” por Nickels) y que serían excelentemente bien interpretadas por esta formación. Marcos Sánchez tocaba muy a gusto, como aliviado por ver que la banda ya completa era capaz de tocar en vivo, siempre con sonrisa de oreja a oreja cuando no cabeceaba los temas. Nicolás Quinteros siempre pulcro liderando desde los teclados y los sintes, Andrés Rojas cada día con más recursos en la batería, y Benjamín Lechuga mostrándose inusitadamente maduro a su edad. ¿Y la nueva integrante? Un torbellino, un vórtice de energía que, luego de su primer saludo al público, llevó a Delta a interpretar Doors Keep Spinning, ya mostrando mucha fuerza en los segundos más intensos, y mucho colorido en los más calmos. Con lo que mostraba ya Caroline, se presentaba como una versión de Pia Carpanetti (Witchblade), una cantante sumamente entrenada en lo interpretativo que, por sus raíces blues y rockeras llevadas al metal, es responsable de una mezcla que por supuesto llama muchísimo la atención.

Burning Soul de “Apollyon is Free” fue la primera gran sorpresa en cuanto a repertorio, una canción de fuertes raíces neoclásicas que mostraban las influencias más cercanas de unos jóvenes Nicolás Quinteros y Benjamín Lechuga. Es impresionante ver cuánto han crecido de este tiempo, y cómo de a poco han modelado un estilo propio que -es de esperar- siga evolucionando con un nuevo material.

Luego de Perfect Insanity, quizás llegaría el momento más especial del show hasta ese entonces: unas adaptaciones de piano y voz de las canciones God or Science y No More. Allí realmente brilló la versatilidad de Caroline, adaptando cada sentimiento a cada nota. Hay que decir que, lamentablemente, en las canciones más intensas, la voz de Caroline siempre se sintió muy por debajo de los instrumentos, por lo que solo se hacía notar con fuerza en los gritos que casi siempre dejaron alucinados a los presentes. En estas dos pistas de voz y piano, sin embargo, la vocalista logró mostrar toda su estampa.

Más tarde fue el turno de Alone, tema recién estrenado la semana pasada como single, y que a decir verdad maravilló en vivo. Es una elección poco peculiar para un video, una canción que no es directa, que no tiene ganchos simples, pero que en la medida que se empieza a conocer, comienza a presentar su verdadero valor. Está muy en la línea de lo que actualmente hacen los suecos de Evergrey, en términos de melodía y estructura, mostrando una vez más que Delta puede situarse en los estándares del progresivo internacional.

Tras de Black & Cold, Caroline pudo tomar un descanso durante la instrumental Let’s Reach The Sky, para continuar con una excelente interpretación de War Inside Me. Aquí hay que decir que Nickels hace sentir como si la pista siempre le hubiese pertenecido. Cuánta autoridad enseña esta mujer acá, permitiendo disfrutar el presente y garantizando un futuro para las pretensiones de Delta. Tras Regrets llegó el encore del repertorio con Desire Within, otra composición que no requiere de presentaciones, pero donde Caroline pasó del nerviosismo a un extremo relajo, lo que desdibujó el performance vocal de las canciones finales, incluyendo Darkened Skies y Who I Am. Allí, básicamente terminó saltando en los coros más que cantándolos. Estas son cosas que posiblemente no haya que preocupase del todo, ya que es solo cosa de unos dos o tres shows más para que Nickels encuentre un equilibro óptimo. Quizás, nunca habrá tenido un desafío tan grande como el de formar parte de Delta.

En definitiva, si bien fue un concierto que le servía más a la banda que a los fanáticos, terminó siendo una demostración que el grupo está de vuelta en su tranco, que no está dispuesto a perder más tiempo. Por seguro, el nombre de sus músicos en este mismo minuto es más grande que el de Delta mismo, pero ahora se presentan como unidad que está preparada para saldar su deuda con la banda y devolverla al lugar que dejó.

Como anexo: no quiero dejar pasar un incómodo exabrupto de Nicolás Quinteros, quien ofuscado con algún percance técnico empezó a decir frente al micrófono “déjalo así, déjalo así nomás”, y que después de recibir comentarios del público y respuestas no aclaratorias del equipo técnico, al parecer advirtió con terminar allí mismo el show, con tono y cara larga injustificables. Solo un par de veces había visto una reacción así de un músico: Bruce Dickinson el 2009 y Dave Hunt de Benediction el 2010, en el Rock & Guitarras. Por supuesto que aquello puso incómodo a varios, y hay que entender que lo perfecto es enemigo de lo bueno, que imponderables suceden y son cosas que pasan con la música en vivo, como dijera Caroline en un minuto con sus propios baches entre las canciones. Quizás, no nos habríamos dado cuenta de esos problemas de no ser la ofuscación de Quinteros.

Setlist:

01. The End Of Philosophy
02. Crashbreaker
03. New Philosophy
04. Doors Keep Spinning
05. Burning Soul
06. Perfect Insanity
07. God Or Science
08. No More
09. Alone
10. Black & Cold
11. Let’s Reach The Sky
12. War Inside Me
13. Regrets
14. Desire Within
15. Darkened Skies
16. Who I Am

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Russell Allen en Chile (Live Review 2017)

Nadie puede negar que hoy por hoy, Russell Allen es uno de los vocalistas más reconocidos y talentosos de la escena metalera mundial. Basta con ver la cantidad de bandas de las cuales ha formado parte y proyectos en los que participa como invitado, para dimensionar el peso relativo de Allen en el universo del Heavy Metal. A sus bandas propias Symphony X y Adrenaline Mob se suman actos tales como Ayreon, Genius, Allen/Lande, Avantasia, Trans-Siberian Orchestra y entre otros… lo cual da una idea de lo ocupada que es la agenda de este tremendo artista, por lo cual tener contar con una visita de él en nuestro territorio, presentándose como solista, es un privilegio.

Poco más de un año ha pasado desde la última visita de Russell Allen a Chile, cuando nos visitó con Symphony X en la gira del muy buen disco “Underworld”, ocasión en la cual el setlist estuvo totalmente cargado al disco en cuestión, por cuanto los fanáticos de los registros más clásicos de la banda quedaron con gusto a poco. Dicho lo anterior, esta visita de solista sin duda trae esperanzas en cuanto a la posibilidad de poder presenciar temas de la autoría de Symphony X, considerando que es sin duda el acto más importante de su prolífica discografía, y que además sería acompañado por Benjamín Lechuga, Nicolás Quinteros y Marcos Sánchez de DELTA, y por Felipe Cortés (Claudio Cordero Trío) en batería, todos músicos tremendamente virtuosos e inherentemente ligados al Metal Progresivo.

Es poco lo que sabemos de antemano respecto a los shows de Russell Allen solista, y dado que esta visita no es parte de una gira, no sabíamos qué vendría tocando. Sabemos que está muy entusiasmado con Adrenaline Mob, su banda actual; sabemos que él posee un disco de solista, “Atomic Bomb”, editado hace más de diez años; también sabemos que normalmente este tipo de shows suelen incluir clásicos del Rock y el Metal; y por último, sabemos (o anhelamos) que algo nos tendría que regalar de Symphony X por ser esta su banda más importante… pero fuera de estas conjeturas, nada era realmente claro en cuanto a qué presenciaríamos esta vez, por lo cual la incertidumbre se hacía grande en la Sala SCD de Vespucio este frío domingo de Junio.

Cuando el reloj marcaba las 20:30 horas la producción anuncia que el show empezaría puntualmente, aun cuando el vuelo en el que venía Allen se atrasó alrededor de cuatro horas, con lo cual la agenda del Power Camp habría sido reducida, lamentablemente. Es así como sin mayor preámbulo, Benjamín, Marcos, Felipe y Sir Russell Allen se toman el íntimo escenario de la sala SCD Vespucio para empezar lo que sería una tremenda velada al ritmo de Stand up and Shout de Ronnie James Dio y High Wire de Badlands, ambas versiones extraídas del EP de Adrenaline Mob llamado “Covertá”. Es notable cómo desde el primer minuto el sonido es bastante bueno, con el riff inicial de Lechuga sonando macizo y prístino a la vez, más la técnicamente exquisita base rítmica que sostenían Marcos y Felipe, acompañando el vozarrón de Russell Allen, quienes formaron un conjunto extraordinario de principio a fin. Nadie podría haber sospechado que nunca habían tocado juntos… y es que el despliegue y talento de los chilenos está a la altura de cualquier banda en la que Allen haya tocado, sin exageraciones.

Siguiendo con los clásicos del Heavy Metal, Russell Allen nos habla de la figura de Ronnie James Dio, y lo agradecido que está de poder homenajearlo, que no es sorpresa para nadie entendiendo que él mismo ha citado al enano maldito como su mayor influencia… y vaya que forma de tributarlo con la enorme versión de Kill the King, clásico universal de Rainbow (quienes, recordemos, son hoy liderados por nuestro compatriota Ronnie Romero en la voz). La solemnidad del recinto rápidamente se fue diluyendo y el “Danger Danger the Queen’s about to kill” retumbó entre las cuatro paredes de la sala gracias a las gargantas de un público que llenó el recinto, quienes no pararon de acompañar la potentísima voz del Sir. Cabe destacar que a estas alturas el sonido era sencillamente perfecto. En términos de volumen y ecualización, no admitía demasiadas mejoras, realmente un lujo contar con un sonido tan definido y sólido a la vez.

Luego de estos tres covers, Russell nos cuenta que es momento de tocar material propio, centrando el discurso en Adrenaline Mob, banda donde puede expresarse, sentirse él mismo y componer sobre sus propias vivencias, profundizando también en la partida de A.J. Pero (ex-Twisted Sister, ex-Adrenaline Mob) y cómo su dramática muerte los golpeó y cambió el destino de la banda para siempre, a quien dedica Indifferent, extraída del disco debut de Adrenaline Mob “Omertá”. Canción tremendamente emotiva en donde Nicolás Quinteros aparece en escena, mientras que Russell Allen se emociona a la vez que transmite y encanta tanto por su talento vocal como por su desplante en escena. Siguiendo con el discurso anterior, Allen bromea haciendo un paralelo entre Symphony X y Adrenaline Mob, aclarando que él no luchaba en la antigua Grecia durante los tiempos de “The Odyssey”, mientras que las canciones del Mob sí corresponden a vivencias de él y sus compañeros,y es ahí donde radica la diferencia entre AM y SX. Así, el concierto sigue con Crystal Clear y precisamente sus vivencias personales inspiran el siguiente tema, All on the Line, tema extraído de “Men of Honor”, que relata los sentimientos de Allen acerca de su hija, diagnosticada con una condición especial, dándole un toque bastante íntimo y reflexivo a la velada. Qué monstruosa la interpretación de Allen, es increíble cuanto transmite, comunica y entrega el norteamericano en escenario… quien es brillantemente acompañado en la guitarra acústica de Benjamín y los arreglos armónicos del resto de la banda. Punto aparte es que en esta revisión no haré hincapié en el desplante, la calidad o el nivel de interpretación de cada uno de los integrantes de la banda porque está de más, cada uno de los intérpretes estuvo sublime en lo suyo, haciendo que el resultado conjunto fuera inmejorable, liderados por uno de los mejores cantantes de la actualidad sin duda. Personalmente, me cuesta pensar en otro vocalista que esté a la altura de Russell Allen considerando los años de carrera la etapa en que se encuentra el protagonista de la noche.

Vuelta a los covers, esta vez con un original de Queen en la versión de Adrenaline Mob, la excelente Tie Your Mother Down, tema que sirvió para salir de la reflexión y enfrascarse en la fiesta del rocanrol que nos propone la banda.

Y lo siguiente sería lo que muchos estaban esperando… era momento de hacer algo de sinfonía, era momento de hacer delirar al público con una elección de lo más selecto que se puede encontrar en el catálogo de Symphony X. La tripleta que nos regalaría la banda estuvo compuesta por nada más ni nada menos que Sea of Lies, Of Sins and Shadows y Paradise Lost… ¡pero qué tremendas interpretaciones por las barbas de Jebús! Un 10 perfecto para cada una de las ejecuciones y para el público que a esas alturas inundaba la sala con gritos de euforia, mezclando emoción, incredulidad y pasión desatada todo al mismo tiempo. Es que tener a Russell Allen a un metro de distancia cantando los clásicos inmortales que lo llevaron al olimpo del metal es algo impagable, es como tener a Symphony X en el patio de tu casa, porque la interpretación de los chilenos no tuvo nada que envidiarle a Romeo, Rullo, Pinella y LePond. Y el mismo Russell se encargaba de remarcarlo una y otra vez, en una muestra de honesta admiración… entre canciones no se cansaba de apuntar a nuestros músicos señalando lo talentosos que eran cada uno, con especial foco en Benjamín Lechuga, anunciándolo como un prodigio de las seis cuerdas… qué orgullo saber que estos músicos son nuestros compatriotas. Mis más sinceras felicitaciones para cada uno de ellos. No me imagino lo gratificante que debe ser compartir escenario con semejante artista y ser reconocido por él mismo… un sueño hecho realidad sin duda, al igual que para el público por el solo hecho de presenciar estos clásicos del Metal Progresivo universal.

De vuelta a los covers, era momento de presentar el tema con el cual se dio a conocer Adrenaline Mob en sus orígenes, con ese videoclip que versionaba el clásico de Black Sabbath en la voz del enano maldito. Era tiempo de The Mob Rules. Fiesta desatada y un Allen que no se cansaba de dar clases magistrales de cómo pararse en un escenario y transmitir a través del canto sentido y aguerrido. Luego vendría un pequeño encore que serviría para que el Sir degustase, de forma no muy elegante, un vino chileno que sería el combustible para las últimos dos temas de la noche: Fool for your Love de Whitesnake y Rock N’ Roll de Led Zeppelin, que cerrarían de forma cálida y distendida la fiesta del rock que nos trajo Sir Russell Allen y compañía.

Un honor y un privilegio, es todo lo que podemos decir respecto a la inolvidable velada de la que fuimos testigos la noche del domingo. Cuánta clase, cuánta elegancia, cuánta potencia, y sobre todo, cuánto sentimiento se derrochó sobre el escenario. Muchas gracias a Nicolás, Marcos, Benjamín, Felipe y a Sir Russell Allen, uno de los mejores (sino el mejor) vocalistas de la escena por entregarnos una velada tan íntima y cercana en suelo nacional.

Setlist de Russell Allen:

01. Stand Up and Shout (cover de DIO)
02. High Wired (cover de Badlands)
03. Kill the King (cover de Rainbow)
04. Indifferent (Adrenaline Mob)
05. Crystal Clear (Adrenaline Mob)
06. All in the Line (Adrenaline Mob)
07. Tie Your Mother Down (cover de Queen)
08. Sea of Lies (Symphony X)
09. Of Sins and Shadows (Symphony X)
10. Paradise Lost (Symphony X)
11. The Mob Rules (cover de Black Sabbath)
12. Fool For Your Love (cover de Whitesnake)
13. Rock N´Roll (cover de Led Zeppelin)

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Live Review: Europe en Chile (2017)

Europe es una banda que genera una simpatía transversal que va más allá de la esfera Rock/Heavy Metal, dado su enorme éxito comercial forjado en base al disco “The Final Countdown”… canciones como Carrie, Cherokee o el clásico universal homónimo The Final Countdown son conocidas alrededor de todo el globo, lo cual podríamos decir que convierte a Europe en parte de la música popular. Un fenómeno que comparten bandas tipo Guns N’ Roses o Bon Jovi, por nombrar algunos exponentes, que gracias a su éxito comercial han permanecido más de treinta años girando por el mundo tocando los clásicos de siempre. Sin embargo, hay muchas razones por las cuales Europe se distancia de muchos de sus pares, y está en un sitial diferente para quien escribe, y a continuación voy a profundizar en dos puntos que me parecen clave.

Primero, Europe es una banda que prácticamente no tiene puntos bajos en su discografía y curiosamente, su mejor material no es el más conocido ni por el cual se hizo famoso. De hecho, “The Final Countdown”, aun siendo un gran disco, está por debajo del material que hicieron al principio de los 80’, donde Europe conquistó la escena con un Heavy Metal directo pero elegante y glamoroso a la vez. Esto hace que sus presentaciones sean un deleite tanto para los más romanticones, como para quienes añoramos ese Heavy Metal más tradicional que nos entregó Europe en sus inicios.

Segundo, Europe es la banda de Hard Rock que mejor ha sabido surfear la ola del paso del tiempo y la modernidad. La mejor por paliza, a mi humilde entender. Por una parte, no es una banda que llore el tiempo pasado y se haya quedado pegada repitiendo la fórmula “perdiendo el brillo inicial” como dirían algunos… y por el otro lado, tampoco perdió el rumbo al tratar de innovar con sonidos demasiado alejados de su esencia original. Europe abrazó el sonido más moderno del Hard Rock, y después de una pausa de casi quince años, desde 2004 que ha venido lanzando material de una tremenda calidad. Se reinventó de la mejor forma posible.

Siendo las 21:00 hrs en punto y con un Caupolicán absolutamente repleto, los míticos Ian Haugland, John Levén, Mic Michaeli, John Norum y el sempiterno Joey Tempest se toman el escenario del teatro y al ritmo de un riff denso y medio tiempo, Europe abre fuegos con War of Kings, tema homónimo del disco en promoción. El sonido es una bomba desde el primer segundo, estruendoso y potente, quizá demasiado para los más conservadores. Tempest de inmediato da señales de tener su voz intacta y Norum como siempre siendo protagonista absoluto de la solidez musical que Europe nos entrega hace más de treinta años. ¡Qué calidad que tiene la banda por Dios! Casi cuarenta años de historia y siguen rockeando como veinteañeros, desarrollando nuevos matices en su música y aún madurando como músicos en el buen sentido de la palabra. Y es destacable el hecho de que el público chileno lo sabe apreciar, pues aun cuando hayan venido a nuestro país a presentar sus últimos tres discos, la fanaticada sigue al pie del cañón llenando un recinto como el Caupolicán, algo no fácil de lograr estos días cuando semana por medio tenemos un show que nos pega en la billetera.

Con un juego de luces no apto para epilépticos y siguiendo el orden del disco, el segundo tema de la velada sería Hole in my Pocket , uno de los temas más destacados de la placa sin dudas… Y vaya que funciona bien en vivo. De ritmo más acelerado que el tema anterior, y con un groove que ya se quisieran bandas más modernas, Joey Tempest interpreta de forma impecable un tema exigente vocalmente. Y qué decir de la base instrumental, como no podía ser de otra forma, sencillamente impecable. La cadencia acelerada y heavy de esta canción gana muchísimo en vivo, haciendo que aún cuando el público no esté demasiado familiarizado con el material nuevo, cierre con una honesta ovación la performance de este muy buen tema.

Después de esta buena dosis de su trabajo más reciente, y con un aceptable “Como están Santiago” es momento de irse al pasado y es así como cae el primer clásico inmortal de la noche: Rock the Night. Y el teatro de inmediato se viene abajo, toda la cancha saltando y nadie se resta de cantar palabra por palabra este clásico, conformando la primera comunión público/banda de la noche. El sonido es demoledor, a estas alturas casi perfecto. Joey Tempest comienza el primer juego de sing along con el público, un breve amago de Supersticious, chilenismos improvisados, entre otros, para luego volver a entonar el coro final y dar por cerrado un tema que reventó el teatro. Respuesta catártica, ovación cerrada para el primer clásico de la velada.

Siguiendo en la época ochentera, pero yendo aún más atrás en el tiempo, Europe nos trae una de las joyas más finas del tremendísimo “Wings of Tomorrow”: es momento de presenciar ¡Scream of Anger! ¡Pero qué pedazo de canción! Qué privilegio presenciar esta joya del Heavy Metal, interpretada a la perfección en esta ocasión. La guitarra de Norum sonó más afilada que nunca y Tempest recordando sus mejores tiempos. Joey es un tipo que maneja extraordinariamente su voz, sabe sus virtudes y límites, logrando de esa manera sacarle el mayor provecho a sus experimentadas cuerdas vocales. La interpretación fue sencillamente brutal, sonando aún mejor que en el disco. Una genialidad que sin duda podría convertirse en una postal inolvidable, pero que es empañada por el único detalle negativo del momento: parte importante del público. No puede ser que semejante temazo no tenga la respuesta que merece, y es que en esta canción se notó demasiado que un porcentaje importante de los asistentes estaban ahí sólo por Carrie o The Final Countdown, mientras que otro tanto estaba más preocupado de grabar con su celular (¡o tablet!) o de salir bien en la selfie. No se trata de amargarse gratuitamente o de afirmar que los asistentes a un concierto solo debieran ser los die hard fans que se saben toda la discografía… es cierto que todo el mundo tiene el derecho de ir al concierto que se le plazca aun cuando le guste una sola canción, pero convengamos en que tener trescientos celulares delante tuyo todo el tiempo molesta mucho, y ver la pusilanimidad de parte del público es un poco frustrante a veces.

El show sigue con Last Look at Eden, tema homónimo de su placa lanzada el 2009 que sirve de respiro después de la inyección que vivimos con el tema anterior. La introducción del teclado es apocalíptica y el sonido del conjunto era, en palabras del mismísimo Tempest,”la raja”. Notables las segundas voces de Mic Michaeli, dándole mucha fuerza y aires de epicidad las líneas vocales del tema. Norum por su parte imparte clases de elegancia en su Flying V durante el solo. Europe es muy inteligente en cómo compone las líneas vocales en sus últimas producciones, logrando que Joey Tempest suene cómodo aprovechando todo su registro vocal en temas como este. Aplauso generalizado para cerrar este mid tempo, dando pie a los primeros “OOOOOooooooOOooo” y cánticos de admiración hacia el grupo.

La introducción de piano clásico seguido de los gritos desaforados de las mujeres del recinto nos anuncian que el momento más esperado por los fanáticos más románticos ha llegado. Es tiempo de Carrie, la balada más popular de la leyenda sueca. Sólida interpretación de Tempest en cada uno de los versos de la canción. Por supuesto que cada palabra, cada sílaba de este himno es coreada por cada uno de los asistentes, desde las mujeres más delicadas hasta los más malotes y machotes del recinto. El segundo coro trae el primer sing along de la noche, muy emocionante. Como habrán de suponer, no hay mucho más que decir un tema como este, soberbia interpretación y furibunda la respuesta del respetable. El último “when lights go down” que cierra la canción, también da cierre a una perfecta comunión entre banda y público.

Después de semejante éxtasis, la banda pone paños fríos con The Second Day, otro tema extraído de su última placa. Luces azul profundo inundan el escenario, mientras el teclado de Mic dan correcta atmósfera a un tema que en vivo despunta clases de cómo hacer Hard Rock moderno. La respuesta del público es más bien tibia si lo comparamos a la euforia desatada inmediatamente antes, naturalmente por el hecho de que se trata de un tema nuevo y con aún poco rodaje, pero que pinta como un fijo en giras próximas de la banda.

Lo que vendría después es unas de las mejores canciones que nos trajo la segunda etapa de los suecos… una explosión de luces y sonidos dan pie a Firebox, extraída del tremendísimo “Bag of Bones”. Un teclado a todo volumen, una guitarra que despunta elegancia y una base rítmica llena de profundidad dan forma a una canción que es un cañonazo en vivo. Vale destacar que el trabajo de Levén y Haugland no solo en esta canción, sino en toda la etapa moderna de la banda, es fundamental, pues la su música se ha vuelto un poco más soulera, groove, más clásica quizás… y aquí la base rítmica más pausada pero más potente a la vez, es clave, y vaya que se aprecia en vivo. La postal se adorna con la bandera chilena que recibe Tempest en medio de su inmortal canto. Tremenda canción, insisto, una de las mejores de la etapa dosmilera de los suecos.

El concierto continúa con un solo de teclado del señor Michaeli, que resulta sobrio y elegante. No saca chispas ni solea a la velocidad de la luz, sino que más bien nos trae una composición hecha y derecha, que da paso a uno de los emblemas de la banda…  Volvemos al pasado para presenciar una de las mejores power ballads compuestas por Europe. Perteneciente al gran “Out of this World”, es el turno de Sign of the Times. Una interpretación sencillamente perfecta, que quizá no se llevó la reacción del público que esperaba, pero que fue sin duda alguna magnificencia pura. Nuevamente brillan las voces de apoyo de Michaeli, quien soporta de manera brillante la muy buena performance de Joey, en una canción que vive en los anales de la historia del Hard Rock de los ochenta. Brillante interpretación de una de las grandes composiciones de Europe.

A continuación y casi sin pausa comienza lo que será un breve solo de John Norum. Similar a lo que nos entregó Michaeli en su solo, esta vez no hay fuegos artificiales en su Stratocaster, sino más bien clase y pasión, que desemboca en una composición instrumental de lujo, la elegante Vasastan. Podrá no ser un guitar hero de aquellos como Steve Vai o Brian May, pero basta un minuto para darse cuenta porque es un guitarrista tremendamente respetado y admirado en la escena. El instrumental desemboca en Girl From Lebanon proveniente del tal vez un poco más olvidado “Prisoners in Paradise”, donde Tempest muestra sus dotes más teatrales, se nota que disfruta mucho esta canción, que no es precisamente de las favoritas del público, pero que funciona bastante mejor en vivo, lo cual deriva en una muy cálida una vez finalizado el tema.

Tempest se pone una guitarra encima y anuncia algo del “Out Of This World” una vez más. Y para alegría de muchos, la versión semi acústica que Joe comienza a esbozar no es otra que la inmortal Ready Or Not, que sin mayor preámbulo descarga su espíritu de Heavy Metal con una impresionante entrada de Tempest en las líneas vocales, mientras también muestra un dominio más que respetable en la guitarra. Durante la ejecución del tema se evidencia algún problema que tiene Michaeli con el teclado que es rápidamente solucionado y no impacta en nada la interpretación de esta bomba. Sonido espectacular y Tempest mostrando todo lo buen frontman y rockstar que es. Los “Olé, olé olé olé, Europe, Europe” caen desde la galera una vez termina la interpretación de uno de las grandes piezas en la discografía de lo suecos sin duda.

Después de esta soberbia clase de Rock and Roll, Europe nos trae la modernidad de Nothin’ to Ya de su último álbum, que sirve como bálsamo para las cuerdas vocales de los más fanáticos. Nuevamente queda de manifiesto el buen manejo de Tempest en las composiciones actuales, las cuales contienen los mismos “agudos” del pasado, pero las líneas vocales se componen de tal manera que acomodan y permiten al vocalista demostrar todo su potencial, después de cuarenta años en el ruedo. No tienen una cadencia tan caótica como las canciones del pasado, pero están perfectamente equilibradas.

Sonidos envasados dan paso a un solo de Ian Haugland acompañado de melodías pre-grabadas que resulta ser bastante animado, más divertido que virtuoso, lo que a veces es incluso mejor que un ataque de virtuosismo sin tanto feeling. Esta tendencia la hemos visto en más de un baterista el último tiempo, y personalmente, se agradece. Ojo, lo anterior no dice que Ian no sea virtuoso, el tipo demuestra un talento gigante tras los tarros, aunque a veces “pase piola” en sus canciones. El público así lo entiende y lo despide con una cálida ovación. Inmediatamente después, Mic y Joey pide, la palmas del público para introducir uno de los temas más esperados del catálogo, la enorme Superstitious. La cancha se prende como corresponde y el estruendo de las gargantas presentes ayudan a Tempest con las notas más exigentes de la canción, imposibles de llegar a estas alturas, pero vamos, quién lo podría culpar! Para eso estamos nosotros. Temazo mundial, genial interpretación y muy buena respuesta del público esta vez. Maravilloso cuando el respetable sigue cantando el puente en sing along, la banda queda literalmente peinada para atrás. La interacción del momento se presta para comience otro juego entre Joey y el público, donde el vocalista amaga prototipos de Here I Go Again de Whitesnake y luego No Woman No Cry del mítico Bob Marley… naturalmente la respuesta es instantánea, aplausos por doquier y la banda retoma el puente de Superstitious para finalizar uno de los mejores momentos de la noche.

Con los ánimos por las nubes, inmediatamente después un mini juego de batería introduce otro clásico atemporal: Cherokee, donde naturalmente queda la cagá. Nada más que decir, la entrega es total y la interpretación no admite reparos ni mejoras. Un siete en todo sentido. Joey Tempest vuelve a tomar la guitarra y lo que se viene es Days of Rock ‘n’ Roll , una base rítmica de Haugland y Levén sencilla pero potente, que dan forma a una canción que puro rock clásico, lleno de clase y coraje. Un muy buen corte que sirve para cerrar esta primera parte del show.La banda se comienza a despedir con muchos “gracias” y “la raja” en un español más que aceptable, cayendo nuevos “Olé, olé olé olé, Europe, Europe” . En ese momento no se podía creer que el concierto estaba a punto de acabar, fueron noventa minutos que pasaron volando.

Es así como comienzan a caer las silbatinas y gritos reclamando a la banda de vuelta, e inmediatamente empieza a sonar la introducción envasada que todos conocemos y sabemos que cerrará el concierto. Una melodía que no es solo lo más conocido de la banda, sino que también uno de los íconos del Heavy Metal mundial y más aún, de la música popular alrededor del mundo. Naturalmente, nos referimos a The Final Countdown. Podrá ser comercial, podrá ser popular, podrá no ser tan metalera como otras de sus obras, pero es sin duda una canción majestuosa. Una interpretación brillante, con un Tempest implacable y un teatro entregado a la emoción que inundaba el escenario cuando el reloj ya marcaba el final del show.

Los aplausos de despedida son honestos, llenos de admiración y devoción. Y eso es precisamente lo que transmite la banda. Europe transmite honestidad en el escenario y fuera de él. Son músicos extraordinarios pero sencillos. No parecen tener esa parada de rockstar, sino que más bien transmiten calidez y amor por lo que hacen, y eso se refleja en su música, en sus presentaciones y en su conexión con el público. Una noche memorable que sin duda quedará en nuestros corazones como uno de los grandes momentos de este 2017 cargado de conciertos y emociones que, por suerte, aún está lejos de terminar.

Setlist de Europe:

1. War of Kings
2. Hole in My Pocket
3. Rock the Night
4. Scream of Anger
5. Last Look at Eden
6. Carrie
7. The Second Day
8. Firebox
9. Sign of the Times
10. Vasastan
11. Girl From Lebanon
12. Ready or Not
13. Nothin’ to Ya
14. Drum Solo
15. Superstitious
16. Cherokee
17. Days of Rock ‘n’ Roll
Encore
18. The Final Countdown

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Live Review: Tarja en Chile + Crisalida (2017)

Quizás la devoción que Tarja Turunen tiene en Chile no sea masiva, ni nunca lo haya sido en su trayectoria solista. Lo que sí ha sido es profunda y longeva…

Esos mismos niños que la recibieron el 2008 cuando cantó por primera vez con su banda en el Caupolicán, siguen juntos en torno a esta artista que con el paso de los años se ha transformado en una más de ellos. Hay una curiosa pero envidiable comunión entre Tarja  y su audiencia chilena, y quizás esa sea la única razón por la cual sigue viniendo a nuestro país para compartir con sus… no aficionados, sino cercanos.

La carrera de Tarja a estas alturas ya enseña temas clásicos solistas, gracias al empuje de sus fanáticos que han convertido las canciones de esta mujer en himnos personales, temas que quizás no sean de esos que marcan a una escena, pero sí y de todas maneras a esta audiencia que las escucha. Además, en este momento es muy fácil distinguir un sonido de Tarja en solitario, uno cuyos matices se definieran muy rápidamente en “My Winter Storm” y que se consolidaran en “What Lies Beneath”… solo que en ese tiempo no nos habíamos dado cuenta.

¿El resultado? Un concierto sónicamente muy armónico, uniforme, de un solo cuerpo, de un solo discurso en lo estilístico, conciso pero al mismo tiempo emotivo, trayendo un flujo de sensaciones que van y vienen en una comunicación con una diva que mira a su fanaticada de tú a tú, cantándoles mientras les toma la mano, saludando cariñosamente, deteniendo todo para hablar del amor que siente… y explotando de energía con su voz para vez mejor entrenada y sofisticada.

Pero antes, por supuesto hay que detenerse en los 40 y algo minutos que tuvo Crisálida para mostrar su show ante las personas que iban llegando. En definitiva fueron algo más de 1000 asistentes y cuatro palos de selfies (ricas debieron quedar las grabaciones con tanto salto…).

A lo que quiero llegar es a lo siguiente: la aparición de Crisálida es por lejos el mejor teloneo que he visto en la historia de los conciertos de bandas female-fronted de Chile. Primero, el público, que históricamente siempre ha sido algo irrespetuoso con las bandas chilenas que abren este tipo de espectáculos (digamos Tarja, Within Temptation, Lacrimosa, etc.): nunca había visto que un conjunto local fuera tan bien recibido y tan bien aplaudido por fanáticos que bien quisieron disfrutar a Crisálida pese a las ansias de venir a ver a Tarja.

Pero, lo segundo, y más importante, fue la presencia misma de los músicos. La puesta escénica estaba excelentemente bien cuidada, el sonido fue realmente muy bueno, y el sentido de show tanto de Cinthia Santibáñez como de Rodrigo Sánchez estuvo muy por arriba del estándar local. La cantante te atrapaba y te hacía sonreír, reflexionar y simplemente maravillar por canciones que además tienen muchos niveles de profundidad, nostalgia y emotividad. Qué manera de evocar recuerdos, raíces y sentimientos con cada nota, cada nota que siempre significaba algo.

Artísticamente, me parece que Crisálida esta entre las mejores bandas sudamericanas del metal progresivo, que Cinthia Santibáñez es la mejor cantante del estilo en Chile, tanto por su voz, como por sus letras y prestancia en escenario. Los músicos además no solo tocan, sino transmiten, dándole trascendencia a cada nota y golpe, todo conjugando para que su participación haya quedado en la retina. Uf… quizás desde Polímetro el 2000 con Symphony X en el Teatro Providencia que no veía un show de soporte tan increíble, y me alegra mucho que un público complicado como este a la hora de recibir teloneos, haya sido capaz de darles la bienvenida.

Setlist Crisálida

1. Araucana
2. Bajo Tierra
3. Cabo de Hornos
4. Morir Aquí
5. Mi Libertad
6. Raco

COMUNIÓN

Hubo un atraso de al menos quince minutos con la salida de Tarja, que a decir verdad no pusieron en riesgo nada… tanto tiempo ansiado este momento por muchos, que los lapsos llegan a ser relativos. Mientras tanto, aparecía ET en la pantalla a modo de prueba, lanzaban un poco de humo, paseaban roadies por el escenario a oscuras, sonaba música de disco completamente fuera de contexto…

Pero en especial, los fanáticos adelante… con la mente en blanco e incorruptible pensando en la experiencia que seguramente ya estaban viviendo. Porque todo es un peregrinaje, todo tiene un sentido y quizás hasta un suspenso, por qué no. Aunque claro, terminó la primera canción del playback y desde atrás empezaron a escucharse algunas pifias. Pero, mientras más adelante, más hipnotizada y ensimismada la audiencia con la espera.

En ese momento, los músicos ya estaban a la espera de la intro, que empezó a escucharse a cada segundo con más fuerza (quizás con mucha). Finalmente, así todos despertaron y prepararon sus voces y corazón para otro ingreso de la diva finlandesa del metal. Piel cálida a pesar del frío. Así, Demons In You y esa guitarra tan extrañamente frenética para iniciar un show presentó a una Tarja hermosa como un cuervo, dando partida a un nuevo trance. Su baile enloquecía, su voz entraba como agujas, y la recepción con gritos ensordecedora.

¿Saben quién está muy contenta de estar aquí nuevamente? ¡Yoooooooo!”, dijo Tarja, antes de seguir con 500 Letters. Con las manos alzadas para seguir el ritmo, el público disfrutó de una canción con guitarras hirientes y enérgicas, mientras mientras pasaba el video en las pantallas. La primera vez que vi eso fue con Within Temptation el 2008 y el efecto sigue siendo el mismo: interactividad y acción donde todo lo que se ve provoca una reacción.

En este momento, me acordé de una entrevista que Tarja dio el 2002 a Powermetal.cl, cuando vino en el marco del show de las Tres Sopranos en el Teatro Tobalaba. En esa ocasión nos dijo que no se imaginaba a ella en esta edad, en la de hoy el 2017, en una banda de Rock. Pero la verdad es que está rockeando más que nunca y así lo mostró en No Bitter End, pesadísima y oscura, con una Tarja más bella que nunca dejando sin respiro a los presentes. Qué decir de su voz, en forma esplendorosa tanto en recursos como fuerza.

Turunen, tras agradecer y señalar lo increíble que estaba pasando con el público, introdujo lo que para ella es la oscura Lucid Dreamer, añadiendo lo maravilloso que le parecía que algunos tuvieran el don de poder saber qué estaban soñando mientras lo hacían. Es justamente una de esas canciones que de forma inexplicable están definiendo la carrera de Tarja en una etapa avanzada, una pausa oscura y un momento de recogimiento en un setlist que venía tomando revoluciones con mucha intensidad sónica. Las siluetas oscuras de la pantalla daban esa sensación de intranquilidad, de entrar en un estado de pesadilla, o de ensueño con la artista… quizás cuántos de los asistentes han soñado así con Tarja, y cuántos lo han hecho de forma lúcida… pero ahora era todo realidad con la cantante en escenario y materializando fuertes emociones.

Las canciones de Tarja en vivo suenan mucho más poderosas que en cualquier ambiente clínico de estudio y así se demostró después con Shameless, donde la frontwoman llamó a las palmas e invocó el nombre de Santiago, representado por quienes concurrieron (aunque tengo entendido que llegaron fanáticos de varios países sudamericanos). Y luego, otras gracias, otros “te amo”, exclamaciones de frío que la finlandesa tiraba y trataba de aplacar.

Guitarra y voz se hicieron fuertes después en Calling From The Wild, ante la ausencia del resto de los instrumentos, que ingresaron posteriormente con mucha fuerza. Increíble pensar que solo se trataba de una guitarra, la del argentino Julián Barret que ya es pieza importante de la banda en estos tramos. Él mismo sería el encargado de guiar al público en la sección instrumental del corte, mientras Tarja salía para cambiarse de vestuario. Max Lilja también aprovecharía el instante para acercarse a sus compañeros y cabecear una maciza composición que empezaría a dar espacio a la primera pausa del repertorio…

…aunque corta. Esta solo sería para dar recibimiento a un cover que apenas se dio a conocer, muy rápidamente fue recibido con euforia: Supremacy de Muse. Un aire elegante pero maléfico rodeaba el Caupolicán con esta canción dramática en su guión, arreglos y ritmos. De esas pistas que incomodan, pero hechizan, cinematográfica pero oscura, con Tarja hiriendo tímpanos con sus ataques de águila, poseída en su papel.

Había una vez una banda de metal”, dijo Tarja después para dar rienda a un excelente medley de Nightwish, mezclando con excelentísimos arreglos canciones como Tutankhamen, Ever Dream y Slaying the Dreamer. Muy interesantes adaptaciones que hacen pensar cuán distintas sonarían estos temas en la actualidad, si Turunen perteneciera a Nightwish. Pero, en definitiva, la finlandesa estaba celebrando sus veinte años de carrera. “Qué suerte que tengo”, no dejaba de exclamar, cuando la banda empezó a tomar un curioso modo unplugged en el escenario, partiendo con efectos de piano acompañados de la guitarra y la voz de Tarja que jamás volvería a sonar tan angelical en el show.

El instante llegó en un momento justo para balancear las sensaciones y lograr un nuevo clímax de intimidad. Y esa cercanía, en medio de luces anaranjadas y recreación de estrellas rojas-azules, se transformó en un momento cálido, con guitarras dulces y cajas emulando tambores… Creo sinceramente que fue el mejor instante del show, que tomaba fuerza de forma tan increíble como distinta, un set sumamente trabajado, aunque muy lejos de ser calmo o clínico. Claro, muy pocos reaccionaron al escuchar arreglos de I Walk Alone, debido al trance que Tarja y sus músicos habían provocado. Descollante interpretación, absolutamente sublime y atrapante.

¡Voy a caer!, ¿salto?”, dijo la cantante al momento de acercarse al público que estaba adelante, anticipado una canción sinfónica como Love To Hate, en cuyas pausas Tarja aprovechó de decir “vamos Santiago, los quiero mucho”, una comunión ya consumada desde mucho antes, pero que no paraba con el pasar de las composiciones. Cantaba para quienes estaban atrás, mientras tomaba la mano de los fanáticos que estaban en barricada, actos de amor que acaloran la relación de la artista con sus incondicionales.

Los tabores emulados desde la caja avisaban de la próxima interpretación, Victim Of Ritual, uno de los hace poco graduados como “clásico” de Tarja. “Ustedes cantan bien, mejor de lo que lo hago yo”, dijo en inglés, a modo de continuar la complicidad del espectáculo, dando paso a Undertaker, invocada entre imágenes de bosque helado muy ad hoc a la temperatura del recinto. Y de no haber sido por el extremo volumen de las guitarras, el sonido habría estado redondo. La verdad es que los tímpanos salieron un tanto lastimados tras el concierto, pero de la misma manera que ni el frío ni la espera hicieron merma en la audiencia, el show continuaba sosteniendo esa especie de magia que logra generarse entre Turunen y la fanaticada. Abrazados, con los ojos llorosos, con la voz gastada, cada uno lo vivía a su manera, pero siempre en esta magia donde todos se unían gracias al carisma y la voz de esta mujer.

¿Casi la última vendría después? No muchos creyeron la advertencia de Tarja con Too Many, quien dedicó sin embargo este momento a Chris Cornell, lo que generó una ovación en homenaje al fallecido artista. En este minuto la cantante volvió a dirigirse a los presentes, recordándoles que cada día vivía su sueño gracias a ellos, por lo que invitaba a cada uno a vivir en suyo a todo momento. ¿Hasta qué punto esas palabras pueden ser un empuje de motivación para un fanático?, quién lo sabrá. No obstante, muchos no solo van a un concierto para ver a la artista, sino también para sentirse acompañados. Cuántos asistentes al Caupolicán le deben amigos a Tarja, experiencias a Tarja, amores a Tarja, decisiones de vida a Tarja. De seguro muchos.

Ahora, en el encore, la banda entra saludando y dejando después al tecladista Christian Kretschmar elaborar unas notas trepidantes muy en concordancia para dar paso a una abrigada a Tarja con su tema Innocence, donde el hombre brilló con sus arreglos y notas. Y otra vez sería la persona a seguir en el próximo corte, Die Alive, imprescindible del repertorio en solitario de la finlandesa, muestra que sus canciones realmente envejecen de manera excelente. “Los quiero muchísimo”, volvió a decir, anticipando una despedida que siempre será un hasta pronto, mientras se sostenga esta relación.

Ay, como los voy a extrañar”, reconocía Tarja, saludando de mano en mano a los más cercanos al escenario, y despidiéndose con Until My Last Breath de la mejor manera posible, con la mejor postal de la fría noche, una difícil de transmitir con palabras. Por ello queda la invitación de ser testigo de eventos de este tipo, donde hay mucha intimidad, cercanía e intensidad al mismo tiempo. Y mientras ella siga sacando discos, estoy seguro de que estos momentos se seguirán repitiendo, con esos niños del 2008 un poquito más viejos, llevando la bandera para que otros fanáticos se unan al encuentro.

Setlist de Tarja:

1. Demons in You
2. 500 Letters
3. No Bitter End
4. Lucid Dreamer
5. Shameless
6. Calling From The Wild
7. Supremacy (cover de Muse)
8. Nightwish Medley: Tutankhamen – Ever Dream – The Riddler – Slaying The Dreamer
9. Set Acústico
10. Love To Hate
11. Victim Of Ritual
12. Undertaker
13. Too Many
Encore:
14. Innocence
15. Die Alive
16. Until My Last Breath

GALERÍA

 

 

Live Review: Slayer en Chile (2017)

Una nueva visita de esa institución llamada Slayer congregaría a miles y miles de fanáticos que hacen que un show de los americanos resulte un número imperdible cada vez que visitan nuestro país. Esta vez vendrían presentando parte de su último disco “Repentless“, trabajo más que interesante y que de alguna forma volvió a posicionarlos al tope de la escena mundial. Pero ellos no serían los únicos en echar abajo el Movistar Arena, ya que otras dos bandas serían las encargadas de calentar los ánimos poco a poco. Veamos que tal.

DEKAPITED

19:00 hrs. en punto y las 500 personas que se encontraban dentro del Movistar se preparaban para recibir a Dekapited, banda nacional elegida por votación popular para estar dentro de este mini-festival de día Lunes. En primera instancia -y luego de escuchar la intro con la banda sonora de la película Psicosis de Alfred Hitchcock-, si bien el volumen estaba algo elevado y en algunas ocasiones los músicos sufrieron algunos acoples, la verdad es que esto no se vio reflejado en el show de los compatriotas. Su energía desbordante y agresividad implantada en cada uno de los riffs de Camilo Pierattini y Cristian Contreras dan cuenta de ello. De esta forma interpretaron temas como Muerte, que resulta ser toda una declaración de principios, siempre teniendo de fondo a Patricio Riquelme marcando a mil por hora.

Ya con el doble de asistentes rondando las dependencias del recinto, también hubo tiempo para presentar material más nuevo proveniente de su último EP llamado “Sin Misericordia“. La rescatada fue la entretenida Mundo Decadente, que entre otras cosas el bajista Inti Astudillo se manda sendas intervenciones e interludios demostrando todo su dominio. Así, tras media hora de presentación, comienzan a dar las gracias frente a los metaleros que no pararon de moshear en ningún momento y que tranquilamente fueron poblando la parte delantera de la cancha. Está más que claro que la ejecución instrumental no es la más prolija, pero su estilo más callejero y a la vena funcionó a la perfección en esta oportunidad. Merecida chance.

Setlist de Dekapited:

  1. Intro
  2. Nacidos del Odio
  3. Tormento y Miseria
  4. Muerte
  5. Falsas Caras
  6. Contra Iglesia y Estado
  7. Anticristo
  8. Mundo Decadente
  9. Estúpida Nación

A.N.I.M.A.L.

A las 19:47 hrs. en punto se apagan las luces del recinto para dar inicio al show de los argentinos. Rápidamente Andrés Giménez toma el micrófono y da las gracias por tener la oportunidad de tocar junto a Slayer. Aprovecha también de decir que traen el poder latino y que dedican su presentación a “todo el pueblo mapuche“. De esta forma, arremeten con Sólo Por Ser Indios, opening track de su disco “Fin de un Mundo Enfermo” (1994). Fue bastante bien recibida puesto que toda la parte delantera de la cancha comenzó a saltar y a cantar el coro en apoyo a los trasandinos. Esto se extendió con la notable Latino América, que trajo consigo el primer mosh junto a los gritos de “Sigue en pie, sigue en pie, firme!”. A todo esto, al menos desde mi posición, el sonido era realmente impecable y cada uno de los instrumentos estaba a un volumen más que óptimo.

Nuevamente el frontman pronuncia unas cuantas palabras y comienza a recordar la primera presentación del grupo en nuestro país que tuvo lugar en la Discoteque Blondie el año 1994. Posteriormente presenta Sol, con la cual logramos apreciar de mejor forma la notable labor de Marcelo Castro y Cristian Lapolla. Solo basta recordar el tremendo cambio de ritmo que se mandan luego del “Nada ajeno tiene tanto poder / Nada externo tiene tanto poder” y la reacción que tuvo el público durante ese pasaje. Y si de reacciones se trata, la dupla compuesta por Revolución y Barrio Patrón desataron el caos de principio a fin. Al igual que su versión en estudio, la primera contó con el apoyo en las voces del bajista durante algunas estrofas. Mientras tanto, Andrés se encargaba de animar a los más próximos a la reja a medida que tocaba cada uno de los riffs. En tanto, la segunda fue precedida por una frase para el bronce que funcionó a la perfección de cara a lo que se vendría. El líder dijo que la canción duraba solo 45 segundos y que era el momento perfecto para que se dieran “los de la U con los del Colo”. Dicho y hecho, puesto que mientras sonaban los primeros acordes, la cancha se abrió súbitamente en una especie de wall of death que desató la violencia luego de que la banda dejó caer todo su poder. ¡Gran momento!

Durante 666 escuchamos esas atmósferas y esas notas más densas propias del Groove Metal que A.N.I.M.A.L. sabe hacer a la perfección. Además, el guitarrista recibió una bandera mapuche la cual colgó cuidadosamente en el atril de su micrófono. Ovación cerrada desde luego. Posteriormente siguieron con Los Que Marcan El Camino y El Nuevo Camino del Hombre, ambas siguiendo con el camino de sus predecesoras y contando con la participación de cada uno de nosotros durante algunas frases.

Por último -y como en cada uno de sus shows- Cop Killer puso el broche de oro y desató el último mosh tras una amistosa dedicatoria a cada uno de los policías de este mundo. Así, siendo las 20:22 hrs. y recordando las caras de agradecimiento a mi alrededor, solamente me queda admitir que tenía expectativas bastante bajas respecto a la presentación de A.N.I.M.A.L. Pero para mi sorpresa, desde un comienzo nos brindaron una performance impecable, consistente y precisa en la elección de los temas. A su vez, Andrés Giménez logró echarse el público al bolsillo con su discurso contra el abuso y la corrupción, sin dejar de lado su parecer frente a otras cosas más banales como la situación actual de MTV. Finalmente, el excelente sonido y puesta en escena de los tres músicos terminó por complementar un show redondo en todos sus aspectos. ¡Bien por los trasandinos!

Setlist de A.N.I.M.A.L.:

  1. Solo por ser Indios
  2. Latino América
  3. Sol
  4. Revolución
  5. Barrio Patrón
  6. 666
  7. Los que marcan el Camino
  8. El Nuevo Camino del Hombre
  9. Cop Killer (Cover de Body Count)

SLAYER

A medida que el reloj avanzaba y que veíamos como el Movistar Arena se iba llenando lentamente, lo primero en llamar la atención sobre el escenario era el vistoso telón en blanco y negro con la portada de “Repentless” (2015), que ya vaticinaba parte de lo que viviríamos en unos cuantos minutos.

No podemos pasar por alto el instante en el comienza a sonar Thunderstruck por los altoparlantes y como cada uno de nosotros gritó “Slayer!…Slayer!…Slayer!” en vez del clásico “Thunder!”, ya con un Movistar Arena prácticamente lleno, y sólo con algunos claros en pequeños sectores de la platea baja. Así, puntualmente según la hora pactada y ya con la adrenalina por las nubes, se apagan las luces y empieza a sonar Delusions of Saviour. La atmósfera lúgubre y sombría creada por esta intro funcionó a la perfección para ir subiendo la tensión y entrar de lleno al primer hachazo de la noche: Repentless. Antes de comentar algunos aspectos respecto a la ejecución del tema, ¿alguien pudo mantener su lugar fijo dentro de la cancha una vez que Paul Bostaph comenzó a aplastar todo a su paso? Me puedo anticipar a esta respuesta puesto que el caos y descontrol se tomó cada rincón del recinto. ¡Perdí la cuenta de cuántos moshpit se formaron en un par de segundos! Y cómo no reaccionar de esa forma, si la banda partió soñando como cañón y más aún si el puntapié inicial se dio con la mejor composición de su último álbum. Por lo demás, cuanta garra le puso Tom Araya en frases como “We are killing ourselves a little more everyday! y luego en el coro “Live fast / On high / Repentless / Let it ride!” que retumbó en todo el recinto. Luego, los solos vertiginosos de Gary Holt y Kerry King terminaron por coronar un momento más que plausible que se extrapoló en la primera revisión a “Show No Mercy”. The Antichrist cumple a cabalidad el ser un track digno de los metaleros vieja escuela que siempre añoran material de los años ochenta.

Si bien es cierto que nuestro compatriota “se guarda” un poco en su interpretación durante Disciple (algo que podría restarle fuerza al tema en sí), la verdad es que a estas alturas poco y nada importaba. De hecho, si no hubiera tenido que abrocharme el cordón de una de mis zapatillas que más temprano que tarde iba a terminar en medio del pit, ni siquiera me hubiera percatado de esto último. Por lo demás, qué manera de gritar “God hate us all!” madre mía. Y eso no es nada comparado al del quiebre en la parte media donde la batería alcanza niveles superlativos. Antes que se me olvide quiero hacer una apreciación muy personal en este punto: si bien Dave Lombardo para muchos es y será considerado “el” baterista de la agrupación -históricamente hablando-, la verdad es que no hay nada como escuchar esta canción con su intérprete original.

Rápidamente llegamos a uno de los tantos clímax de la noche con un clásico que nunca puede faltar en un show de Slayer. Es más, ya habíamos adelantado durante los días previos que Postmortem tiene su lugar privilegiado en la carrera de los americanos más que merecido. Entrar en detalles solo sería explicar lo obvio. Para el recuerdo quedará el contraste entre las primeras estrofas y el outro comandado por Paul Bostaph donde la banda hace lo que mejor sabe hacer. Nosotros en tanto logramos dar la talla frente a un temón de estas características. Vale decir, mosh y headbanging por doquier.

Hay una premisa que es válida dentro de cualquier setlist del conjunto oriundo de California: si ellos así lo desean, pueden tirar cañonazo tras cañonazo. Me explico. Considerando los cuatro tracks iniciales, ¿no será mucho ahora tocar Hate Worldwide y War Ensemble? En serio, hasta el momento no nos daban ningún respiro y la recepción y posterior ovación al finalizar cada tema daba cuenta de aquello. Pero comentemos algunas cosas que no pueden quedar fuera este análisis. La única revisión a “World Painted Blood” (2009) me parece que fue la elección correcta. Además de la canción homónima, esta por lejos es una de las más destacables de dicho álbum. Y así lo hemos entendido todos, puesto que desde la presentación del año 2011 ya puede ser considerada como una de las indispensables dentro del catálogo. Por su parte, la correspondiente a “Seasons in the Abyss” (1990) obviamente contó con el grito “Viva Chile mierda!” que ha viajado por todo el mundo gracias a Tom. A todo esto, tremendos los aplausos que bajaron una vez que quedó solo sobre el escenario para dirigirse a toda la audiencia con frases como “¿Van a tener un buen tiempo esta tarde?” o “¿Ustedes están listos?”. Respecto a la ejecución de ambas canciones, solo queda mencionar que la dupla Holt/King se mostró mucho más compenetrada y con más desplante a medida que demostraban su categoría al tocar cada uno de los riffs.

¡Por fin un respiro para tomar un poco de aire!. Decimos esto porque When the Stillness Comes y You Against You fueron el momento propicio para lograr recomponerse y guardar energías para más adelante. También sirvió para dimensionar la tremenda producción que Slayer trajo consigo. Los juegos de luces fueron variando entre pasajes más calmados y otros más frenéticos a medida que los temas se iban construyendo. Mis respetos hacia el frontman, que prácticamente se llevó todo el peso interpretativo en las partes más densas. Pero la sección de cuerdas no se quedó atrás, puesto que lograron recrear a la perfección las partes más filosas y “callejeras” de “Repentless“. Así, también podríamos considerar que esta pequeña pausa de igual forma se extendió hasta Mandatory Suicide, la cual se convirtió en un karaoke durante las melodías iniciales que continuó luego de cada estrofa, sin dejar de ser una de las infaltables del “South of Heaven“.

Fight Till Death trajo de vuelta los pogos más multitudinarios y los gritos llenos de ira del cantante. Por cierto, notable la pegada y el trabajo de pies de Bostaph. En este punto hay que hacer un pequeño paréntesis y destacar que para los más quisquillosos, acá la performance se vuelve más que interesante, dado que instrumentalmente hablando, los mejores momentos se vivieron con la ya mencionada y también durante Dead Skin Mask y Captor of Sin. Tom nos incitó y luego dejó que cantáramos parte del estribillo del hachazo del “Seasons“. Otro de los detalles importante es que el logo de cerveza inspirado en Hanneman estaba impreso sobre la guitarra de Holt que además era constantemente enfocado por las cámaras. En cuanto a Captor, fue seguida muy de cerca por todos pero convengamos en que fue recibida de una forma bastante tibia.

La sorpresa de la noche vino con un cambio totalmente inesperado en relación al setlist que venían tocando durante toda la gira. Les mentiría si les dijera que me moría de ganas por escuchar Pride in Prejudice y Vices. Es por esto que la inclusión de dos temazos como Die By The Sword y Chemical Warfare fue por lejos una de las mejores decisiones que pudieron tomar. Y esto se pudo confirmar con creces al mirar hacia todas las direcciones de la cancha, puesto que súbitamente se multiplicaron los mosh y las exclamaciones se asombro al reconocer tal nivel de clásicos. Es cierto que un pequeño punto en contra que no podemos obviar fue la dificultad para escuchar los solos de Gary Holt (que digámoslo, es el músico en escena más entretenido de ver). Aún así el fundador de Exodus se las arregló para demostrar sus años de experiencia y de carretera. Por lo demás, el grito de “Nothing to see where the sleeping souls lie / Chemical Warfare!” fue ensordecedor.

No hay que olvidarse del cambio en el lienzo que se produjo antes de que comenzara ese temazo llamado Seasons in the Abyss. Si la memoria no me falla diría que es exactamente el mismo que utilizaron el 2013 en el Estadio Nacional. En cuanto al clásico que estaba sonando, sin dudas que fue otro de los clímax dentro de la primera parte del set. Nadie se quedó sin cantar el coro “Close your eyes and forget your name / Step outside yourself and let your thoughts drain / As you go insane, insane”. Finalmente, durante Hell Awaits los “eh! eh! eh!” y el headbanging no se hicieron esperar durante la introducción. Todo esto mientras calentamos motores, puesto que tarde o temprano el baterista marcará la velocidad de otro de los clásicos que nos regalaron. Como ya es costumbre, Kerry King se despacha un solo de su marca registrada, que aunque ha sido ampliamente criticado, vaya que le ha dado frutos con el pasar del tiempo.

Tras una pausa que pasó casi desapercibida, bastaron un par de las notas iniciales de South of Heaven para que todo el Movistar Arena comenzara a corear una melodía que ha traspasado generaciones y que explota con la frase Before you see the light you must die”. Pero todos sabemos que eso solo es la previa para luego dejar la vida cantando “On and on, south of heaven” una y otra vez. Excelente labor la de Paul Bostaph además, pues aunque suene algo obvio, supo llevar el tema poco a poco con todas las progresiones que eso implica.

Bueno, lo que resta del setlist la verdad es que cuesta describirlo. Quiero decir, ¿qué se puede mencionar respecto a Raining Blood y Black Magic a estas alturas del partido? Hacemos referencia a ellas como una sola, puesto que ambas fueron conectadas sin transición alguna. Ojo, no exagero al decir que el diámetro del moshpit prácticamente ocupaba todo el ancho de la cancha del recinto. De esas proporciones estamos hablando. Y hay para todos los gustos, puesto que los que no estaban dentro del caos mismo, disfrutaban lo último que quedaba con un headbanging que de seguro traerá consecuencias durante unos dos o tres días. Mención honrosa a una fugaz bengala que se encendió cerca de la platea norte.

Y para finalizar, el Thrash Metal hecho canción: la todopoderosa Angel of Death. Basta nombrarla para saber todo lo que trae consigo. Coreada a más no poder y más aún sabiendo que el concierto llegaría a su fin en cosa de minutos. Una vez que la banda comienza a retirarse, una bandera chilena es lanzada directamente a Tom Araya. Este la toma y la muestra cuidadosamente frente a una audiencia que cayó rendida a los pies de Slayer. Da las gracias por haber pasado “un buen tiempo con él” y finalmente se despide con un “Buenas noches, adiós!”. Obviamente bajó una pifiadera impresionante de parte de todos los que podríamos haber seguido disfrutando por unas cuantas horas más.

La verdad es que la hora pasó volando y muchos no dimensionamos que el concierto efectivamente había terminado. Pero eso solo da cuenta de que la presentación rayó en la perfección en todos sus aspectos. A su vez, y en relación a su última visita a nuestro país, es innegable que los americanos nos debían un show en solitario acorde a su importancia mundial y a su carrera que se extiende por más de treinta y cinco años. Y vaya que cumplieron con creces. Setlist aplastante, muy buen sonido, cada instrumentista compenetrado en su función y como no, un Tom Araya que sigue demostrando que indudablemente es profeta en su tierra. Desde que Gary Holt y Paul Bostaph ingresaron a la banda, se ha tornado bastante sencillo criticar y mirar en menos el status del conjunto. Para nuestro alivio, hay algo que los detractores jamás podrán cambiar: Slayer en vivo es una máquina imparable. Por último solo queda exclamar: ¡SLAYER EN CHILE CTM!

Setlist de Slayer:

1. Delusions Of Saviour / Repentless
2. The Antichrist
3. Disciple
4. Postmortem
5. Hate Worldwide
6. War Ensemble
7. When the Stillness Come
8. You Against You
9. Mandatory Suicide
10. Fight Till Death
11. Dead Skin Mask
12. Captor of Sin
13. Die by the Sword
14. Chemical Warfare
15. Seasons in the Abyss
16. Hell Awaits
Encore
17. South of Heaven
18. Raining Blood
19. Black Magic
20. Angel of Death

 

 

Live Review: Sonata Arctica en Chile (2017)

A pesar de que Sonata Arctica ha visitado nuestro país constantemente a partir del año 2008, de alguna forma siempre se las arreglan para llamar la atención entre sus fanáticos y sus detractores. Vale decir, para bien o para mal, a nadie le resulta indiferente un concierto de los fineses. Esta vez la consigna era la grabación del show para un posterior DVD, donde un público tan fiel como el nuestro tendría la posibilidad de demostrar con creces que la elección sería la correcta.

Siendo las 20:30 hrs., al hacer ingreso a la cancha del Teatro Cariola inmediatamente nos percatamos de la gran cantidad de asistentes que aguardaban en la mejor posición posible dentro del recinto, acompañados con banderas y lienzos que se transformaron en una señal inequívoca de que la fidelidad y el compromiso hacia los liderados por Tony Kakko pareciera no tener fecha de caducidad. A su vez, aprovechamos de realizar una vista panorámica alrededor del escenario para comenzar a dilucidar la producción y la forma en la que sería grabado el show. De esta manera, eran bastante visibles las dos cámaras laterales que se encontraban en los palcos, más otra ubicada al fondo de la cancha con el propósito de tomar imágenes desde el público. Finalmente, una vez comenzado el concierto, se sumaron otras cuatro que estarían directamente sobre los músicos en escena.

Hecho este pequeño análisis durante la previa, a las 21:00 horas en punto se apagan las luces ambientales y la reacción desatada es simplemente ensordecedora. Entre los aplausos y los gritos de euforia, lentamente comienza a sonar parte de We Are What We Are como introducción a medida que los integrantes de la banda iban tomando posición. En este punto, no podemos pasar por alto la tremenda bandera chilena que fue desplegada en la parte delantera de la cancha justo antes de que comenzara a sonar Closer To An Animal. Si bien instrumentalmente fue ejecutada a la perfección, la voz del frontman no se escuchó tan clara durante todo el tema y fue fuertemente opacada por la batería en las primeras estrofas. Poco y nada importó puesto que los cánticos de “I think I’m closer/  To an animal / Everyday till I fall” lograron suplir el bajo volumen inicial. Y para qué andamos con cuentos, Tony Kakko sabe echarse el público a la perfección. Bastó con un pequeño saludo y que incitara al acompañamiento con las palmas durante la parte instrumental para lograr una ovación cerrada. Por último, como era de esperarse, las melodías de Henrik “Henkka” Klingenberg fueron coreadas de principio a fin durante cada una de sus intervenciones.

Apreciando de mejor forma la atmósfera predominantemente azul generada por el juego de luces, la segunda revisión a “The Ninth Hour” vendría con la entretenida Life, que a partir de hoy debe ganarse un lugar entre las canciones que funcionan mucho mejor en vivo que en estudio. En primer lugar, súmenle un punto a Elias Viljanen, quien luego de tocar un par de notas, ya nos tenía a todos saltando y coreando la intro. Luego, a pesar de que los versos pueden ser considerados algo apagados y faltos de inspiración, cuando llega el “Lalala lalalala lalalala / With a friend who is right beside you / Lalala lalalala lalalala / With a friends beside you” el track agarró una fuerza notable, logrando que cada uno de los asistentes acompañara el estribillo.

Ya con el sonido un poco mejor ecualizado, Henkka toma el micrófono y después de exclamar “Are you having a good time?!” nos presenta The Wolves Die Young, primera y única canción rescatada de “Pariah’s Child“. Si hay que elegir algún momento para enmarcar, por lejos  la combinación entre el doble bombo de Tommy Portimo, el mini solo de Elias y el excelente juego de luces después de que Tony canta “Mirror, mirror of the fall / Sees her final spiraling downfall” destaca por sobre cualquier aspecto. En cuanto al tema en sí, fue construyéndose lentamente hasta explotar en el coro que a estas alturas no hay nadie que no se lo sepa. Muy personalmente, esta composición se ha ido convirtiendo entre mis favoritas dentro del “nuevo catálogo” de Sonata.

El primer saludo del cantante llegaría tras una pequeña pausa antes de arremeter con In Black And White, sin duda una de las mejores herencias que nos dejó “Unia“. Y es que cuesta creer que han pasado diez años (¡diez!) desde su lanzamiento, con lo cual innegablemente ha ido envejeciendo de gran manera.

Uno de los clímax de la jornada llegaría con Tallulah. Me gustaría poder hablar más concretamente del speech de Tony durante la intro, pero lamentablemente la poca definición en su micrófono impidió que pudiéramos escuchar con mayor atención sus palabras. Más allá de esto, ¡pedazo de tema señores! Si bien ha sido interpretada en nuestro país anteriormente, nunca deja de llamar la atención el cántico ensordecedor y el sentimiento implantado palabra por palabra en este baladón. Y esta vez no fue la excepción, puesto que el recinto se remeció por completo una vez que el frontman comenzó a entonar “Remember when we used to look how sun sets far away?”. Para qué mencionar el coro, que aún debe estar resonando en el Cariola. En tanto, no puedo dejar de mencionar la gran cantidad de teléfonos celulares que se alzaron para grabar la canción en su totalidad. Desde luego que queda para el debate.

Obviamente Fairytale no fue recibida igual que su predecesora, algo bastante injusto para uno de los mejores tracks del último álbum. De todas formas nadie quedó indiferente ante el excelente solo interpretado por Henkka y ante el desplante escénico de Passi Kauppinen, que se encuentra mucho más afiatado con sus compañeros. Esto último se vería reflejado en otro de los clímax de la noche: la incombustible FullMoon. Antes de desatar el caos en la cancha, Tony Kakko nos pregunta si queremos cantar. Ante la obvia respuesta, era cosa de segundos para que comenzara un karaoke sin precedentes digno de un clásico de tal magnitud. No exageramos al decir que no hubo ni un alma que no cantara “She should not lock the open door – Run away, run away, run away!…“. El resto es historia conocida. Nada más que esperar a que Klingenberg baje de su tarima con la keytar para hacer el pequeño duelo de solos con Elias antes del último estribillo. ¡Notable!

Sorprendentemente, en este punto se produjo un quiebre respecto a la primera parte del show. Vamos por parte. Al igual que con Fairytale, Among The Shooting Stars también fue recibida de manera bastante tibia y hasta indiferente si se quiere ser más tajante. Es cierto que todos acompañamos moviendo los brazos de lado a lado durante gran parte del tema, pero esto no bastó para generar una reacción parecida a lo que ya habíamos vivido. Aún así es destacable la teatralidad del frontman al interpretar piezas más lentas que requieren una performance más seria y compenetrada.

Entonces, para recuperar los ánimos nada mejor que tocar una canción de la vieja escuela dirán ustedes. Pues no, ni siquiera la inclusión en el setlist de un temazo como Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited logró renovar las energías. Quiero decir, se suponía que esta era una de las sorpresas dentro del show, pero al mirar a mi alrededor me di cuenta que una gran cantidad de asistentes no la conocía. No les voy a mentir que me llevé una gran decepción al percatarme de esto. Aún así, los que entendimos que este era un momento único, dejamos la vida gritando el “Abandoned, pleased, brainwashed, ¡EXPLOITED!” y posteriormente el “It’s time for everyone, to think what we have done / Open your eyes and see / It’s not a dream”. Sin dudas debería haber sido algo épico y digno de recordar, pero a veces la expectativa juega en contra. Y ojo que la situación no mejoraría demasiado con la correcta We Are What We Are, que si bien contó con un apoyo más multitudinario durante algunos pasajes, dudo que logre entrar dentro de lo más destacado de la noche.

¡Ahora sí! Pasado este “bajón”, por fin vuelve la euforia y el caos en todos sus niveles. Elias queda solo sobre el escenario y hace un pequeño solo que conecta con las primeras notas de The Power of One. Luego, mientras la primera estrofa de Tony sonaba a través de la amplificación, rápidamente vuelven el resto de los instrumentistas y dejan caer todo su peso tras la intro. De aquí en adelante no queda otra que disfrutar y dejarse llevar cada una de las progresiones y cambios de ritmos comandados por Tommy y Passi. ¡Sólo recuerden cómo sonaba esa base rítmica! Por otra parte, no podemos dejar de lado las atmósferas creadas por Henkka durante las partes más calmadas y durante las partes instrumentales. Antes que se me olvide, la postal por excelencia de este concierto se vivió en plena ejecución de los solos de guitarra y teclado: una bandera chilena con el logo de la banda en medio fue lanzada hacia el cantante y éste, muy respetuosamente, la enseñó al público desatando una ovación cerrada. Terminando el último verso, el líder se va tras bambalinas mientras el resto de los músicos interpretan el outro. De esta forma, a las 22:10 horas se pone término a la primera parte de la presentación.

Pasados un par de minutos, y tras los típicos cánticos que se producen durante antes del encore, vendría otra de las sorpresas de esta gira. Hablamos del opening track de “Reckoning Night“, la notable Misplaced. Eso sí, antes de que comenzara, el vocalista tuvo unas palabras de agradecimiento para cada uno de nosotros y por el sold out que conseguimos. Además, aprovechó para darnos un pequeño consejo sobre encontrar el amor en las cosas que nos hacen felices y en buscar música nueva si es necesario. Volviendo al tema, otra decepción nos llevamos al ver que tampoco fue recibida como corresponde. Que no se malinterprete. Si contó con la participación de varios de los presentes, pero vamos, primera vez que era interpretada en nuestro país y al ver las caras dubitativas de varios realmente era para preocuparse. De todas maneras, si algo hay que rescatar son los tonos de Tony y la fuerza que implantó al cantar “This time was not for me / I have nowhere to land, no place to rest / like a bird without a nest I’m gliding / under the clouds forevermore!”.

Sin dudas I Have a Right se ha convertido en uno de los clásicos modernos de los fineses, siendo imposible no cantar un estribillo tan pegajoso como ese. Además, es fácil comprarle el cuento al cantante cuando interpreta el tema de espaldas al público mirando hacia arriba dándole un significado mucho más concreto a su lírica. Por último -era que no- la encargada de cerrar la jornada sería Don’t Say a “Motherfucking” Word. Como lo vaticinábamos hace un par de días, la grabación para la posterioridad debía quedar marcada por instantes como este. Un estribillo cantado a más no poder, toda la cancha saltando de principio a fin y la agrupación demostrando sus años de carretera con una ejecución perfecta. Pero un concierto de Sonata no finaliza hasta que se hace la pregunta “Is there something you need?” para posteriormente responder “Vodka!”. Así, después de que el líder dividiera el recinto en tres partes para hacer un pequeño juego sobre quien gritaba más fuerte, se procedió a dar inicio al archiconocido Vodka Outro. Todas las palmas en alto y cada uno de los presentes entona la melodía. Finalmente, a eso de las 22:40 horas comienzan a despedirse de una fanaticada que los aplaudió a más no poder.

Terminado el concierto, desde luego que Sonata Arctica sigue estrechando su relación con los fanáticos más acérrimos que han acompañado por años a la banda. Sin embargo, no puedo dejar de tener sensaciones encontradas con algunos aspectos de esta noche de domingo. En primer lugar, si bien el setlist y el show en líneas generales fue bastante correcto, no deja de ser cierto que le faltó consistencia en algunos momentos y que las canciones que estaban llamadas a ser uno de los tantos clímax de la noche no lograron su cometido a cabalidad. Históricamente los fineses han pasado por alto parte de sus éxitos y era una buena oportunidad para demostrar que el material más recóndito sí es digno de ser considerado en el futuro. Por otra parte, el show fue algo monótono de presenciar (considerando la grabación del DVD), la puesta en escena no incluyó nada especial y nada que no hayamos visto en sus anteriores visitas. Ahora bien, obviamente el comportamiento de la audiencia y la devoción por Tony Kakko y sus secuaces son algo digno de destacar. Por algo prometieron volver lo antes posible. Acá tienen el éxito asegurado.

Setlist de Sonata Arctica:

1. Closer to an Animal
2. Life
3. The Wolves Die Young
4. In Black and White
5. Tallulah
6. Fairytale
7. FullMoon
8. Among the Shooting Stars
9. Abandoned, Pleased, Brainwashed, Exploited
10. We Are What We Are
11. The Power of One
Encore
12. Misplaced
13. I Have a Right
14. Don’t Say a Word (Vodka Outro)

GALERÍA

Live Review: Rhapsody en Chile (2017)

Este 2017 no ha sido demasiado prolífico en conciertos, pero varios se juntarían en este mes de Mayo. Y el primero de ellos sería nada menos que la despedida de Rhapsody, en el marco de su “Farewell Tour”, donde además conmemorarían sus veinte años de carrera y, por si fuera poco, se anunció que el espectáculo se centraría en el que probablemente sea el disco más emblemático de los italianos, “Symphony of Enchanted Lands”, una placa bestial y atemporal que sigue poniendo la piel de pollo a quienes la música de Rhapsody nos llega de forma tan fuerte que nos hace pensar, antes de conocerlos y de saberlo, que su música era algo que siempre quisimos escuchar.

No vamos a entrar en detalles a estas alturas de una historia que ya es conocida, con la separación de Alex Staropoli por un lado y de Luca Turilli por otro, tomando en consideración las diferencias musicales que paulatinamente se fueron ampliando entre ambos, sin perjuicio de eventuales temas personales que no es necesario entrar a indagar en esta revisión. Entre medio, un Fabio Lione que en principio se mantuvo junto a Staropoli para sacar un disco como “Into The Legend” donde, pese al esfuerzo de Alex, se nota demasiado la ausencia de la mano mágica de Turilli. Pero luego Lione anunció su salida de la banda de Staropoli, lo que de todas marca un antes y un después en la carrera de cantante pisano.

Pero más allá de la ausencia de un personaje importantísimo como Staropoli, parece absolutamente legítimo que una banda de la envergadura e importancia de Rhapsody haya elaborado una despedida como corresponde, girando por el mundo y tributando un pasado tanto o más glorioso que las temáticas de su propia música. Como decíamos en la editorial, Rhapsody incluso para no pocos metaleros encarna una especie de tercera vía de aproximación al Heavy Metal, más allá de las primeras aproximaciones clásicas a este genial mundo con Metallica y con Iron Maiden.

Por eso y por muchas cosas más este concierto sería muy especial, porque su contexto emotivo estaría muchísimo más exacerbado. Saber a ciencia cierta que muy probablemente esta sería la última vez en que veríamos juntos en un escenario a Fabio Lione y a Luca Turilli, entes esenciales de una banda fundamental para muchos de nosotros, cargaría de emoción esta jornada ante un Teatro Caupolicán que paulatinamente fue llenándose de poleras negras provenientes de todo el país para despedir a los italianos.

HALEKIN

Pero antes vendría la oportunidad de ver a los muchachos de Halekin, joven banda nacida a mediados del 2011 y cultora de un Metal Gótico-Sinfónico bastante interesante, con notorias influencias de bandas como Therion o Nightwish, guardando las obvias proporciones. No muchos asistentes sabían que habría una banda de soporte en este show, y dentro de ellos, aun menos conocían a Halekin, que se presentarían por primera vez en un gran escenario y que contaron con una respuesta bastante respetuosa por parte del público.

A las 19.55 horas, ya con alrededor de unas 1.500 personas en el Teatro, y en aproximadamente media hora, el quinteto liderado por la joven Fuza en las voces, y compuesto además por Daniel Espinosa en guitarras, Mauricio Moya en bajo y voces –a lo Marco Hietala–, Alberto Peña en teclados y Pyro Blue en batería, nos mostraron seis canciones de su repertorio que contaron con gran respeto y aprobación de un público bastante entusiasta, con temas interesantes como Corrupted o Madness, y con un interesante trabajo de intercambio vocal entre Fuza y Mauricio Moya, cada uno en su rol. De todas maneras, quizás haya conspirado contra mejores sensaciones el escandalosamente alto volumen del show, un verdadero crimen al sentido común y a los tímpanos. Pero más allá de esto, ojalá con el tiempo Halekin vaya puliendo algunas cosas y los podamos ver más seguido en escenarios de esta envergadura, pues la propuesta es llamativa y obtuvieron aplausos bastante merecidos.

Setlist de Halekin:

1. The Price Of Heaven
2. Voyage
3. Ephemeral
4. Corrupted
5. The Dark Host
6. Madness

GLORIA, GLORIA PERPETUA

Francamente impresionante fue la cantidad de público que fue llegando al reducto de calle San Diego. Sinceramente, creo que pocos esperábamos que finalmente el Teatro estuviese a un 95%, prácticamente lleno, una señal saludable de esperanza en tiempos donde los shows de Metal con este nivel de asistencias son escasos, a tal punto que no son pocas las bandas han pasado por nuestros países hermanos vecinos y finalmente no han pisado suelo chileno. Ojalá esta tendencia comience a revertirse, uno entiende que hay factores que inciden mucho en esto –los precios de las entradas tampoco ayudan demasiado, en general–, pero no por ello uno deja de lamentarlo. O por contrapartida, de disfrutarlo, como en este caso, con un Caupolicán con más de 4.000 seres que llegaron como humanos mortales y se fueron convertidos en guerreros épicos dispuestos a cualquier cosa.

Con un telón de fondo majestuoso con el logo de la banda y un dragón, a las 21:05 finalmente se apagaron las luces. La explosión del respetable en ese momento fue sencillamente conmovedora y enfervorizada, más aun cuando la intro del narrador que presenta a la banda engarzó con el sonido de Epicus Furor que comenzó a tronar por los parlantes. Todos aplicamos nuestros profundos conocimientos del latín al bramar el primer “Epicus! Furor!”, no sólo por la expectación ante la salida a escena de los europeos –el primero, por cierto, fue Alex Holzwarth–, sino que porque eso indicaría que el primer tema de Rhapsody iba a ser nada menos que Emerald Sword, su máximo caballito de batalla, su dragón con más fuego o su espada con más filo. Es cierto que la habíamos escuchado en los shows anteriores de la banda en Chile, especialmente por quienes tuvimos la suerte de verlos en su primera oportunidad allá por el 2001 en el Teatro Providencia, pero ahora la situación era bastante distinta. Muchos de los escolares y universitarios de esa época ahora son profesionales de las más distintas áreas, y no pocos se vieron acompañados por Rhapsody en ese período. Pese a que el sonido en ese instante no fue de los mejores –de hecho fueron claros los gestos de Fabio Lione y Dominique Leurquin pidiendo más guataje, poco importó pues lo que primaba era la emoción de escuchar un clásico de todos los tiempos como este, que posee en altas concentraciones esa capacidad que tiene la música de transportarnos a otros tiempos, a otras épocas, a vivir recuerdos de todo tipo.

Un Fabio con un esforzado español nos da las gracias y nos dice que quiere escucharnos, enganchando de inmediato con otra bestialidad de clásico como la enorme Wisdom Of The Kings, donde por suerte la emoción del momento contó con el apoyo de un sonido que comenzó a mejorar, especialmente en cuanto a la voz de Lione, que merece prácticamente un review aparte debido al desparramo de talento y potencia que exhibió en el escenario del Caupolicán. A Fabio lo hemos visto en muchas bandas –para algunos, quizás demasiadas–, pero si es que no estaba suficientemente claro desde antes, con este show quedó de manifiesto que Lione siempre, pero siempre siempre, va a ser primero la voz de Rhapsody y luego el cantante de otras bandas.

Una de las cosas que más queríamos algunos era recitar completo el “yes, mighty warrior, what you hear now are the suffering voices of all the heroes that crossed these lands before you…”. Si a usted le pasa que cada vez que dice “yes” –en la vida– eso viene aparejado de un “mighty warrior”, empatizará con esa sensación y habrá sentido esa pequeña decepción de que la banda fuera directo con Eternal Glory y se saltara Heroes Of The Lost Valley, en medio de los agradecimientos de Fabio. Claro que esa muy pequeña decepción pasó casi inmediatamente, luego de semejante cargamento de epicidad reconcentrada, donde muchos dejaron la voz coreando el “eternal glory, ride fast to me”.

La revisión del megaglorioso “Symphony Of Enchanted Lands” continuaría con uno de esos temas que uno jamás habría imaginado que iba a escuchar en vivo como la intrincada Beyond The Gates Of Infinity. Pero no por ser un tema quizás un poco menos “oreja” que los anteriores iba a disminuir el entusiasmo de un público que sinceramente lo dejó todo.

Este es el momento donde los más veteranos dábamos vuelta el cassette del “Symphony” para poner el Lado B, pero antes de retomar la revisión correlativa de este enorme disco, un Fabio con su rizada cabellera tomada nos pregunta “Santiago, ¿quieren más?”, para luego decirnos que nos iban a tocar una canción de “Power Of The Dragonflame”, otra bestialidad de disco. ¡Por la recresta que son buenos los primeros discos de Rhapsody! ¿Cómo va a descansar uno la cabeza si la banda le lanza un corte como Knightrider Of Doom? Imposible, derechamente. Además, la banda nos hizo cantar y repetir el coro en varias ocasiones, lo que no costó nada porque también es un clásico.

Pero luego de los agradecimientos de Lione (“muchisimísimas gracias”) había que calmar un poco la cosa y la encargada de ello sería Wings Of Destiny, la hermosa balada del “Symphony”, anunciada por el vocalista como una canción que la banda nunca había tocado en vivo antes de esta gira. Y si bien es cierto que la velocidad baja, la intensidad siguió siendo la misma, fundamentalmente por la performance vocal realmente portentosa de Lione, un verdadero abuso.

El inicio sinfónico de The Dark Tower Of Abyss es una delicia y escucharla en vivo sinceramente fue un lujo. Es uno de los temas que entra al cuadro de honor de cualquier ranking al menos medianamente serio de Metal sinfónico y con esto le doy cara a cualquiera, por cualquier cosa soy el de polera negra. Bueno, es cierto que a todos nos gustaría que los sonidos envasados fuesen ejecutados en vivo por músicos, que nos habría gustado tener a Staropoli –o a otro tecladista– en escena, pero la performance de los cinco músicos que componen Rhapsody es tan “llenadora” que todas esas ausencias resultan menos que secundarias. Detalles como ver a Alex Holzwarth ensayando una especie de danza con el inicio sinfónico, o apreciar el tremendo talento de un notable bajista como Patrice Guers completan un cuadro primariamente pintado por la enorme dicha que proyecta Luca Turilli en escena y la torrencial voz de Lione.

¡Santiago, qué pasa!” nos dice Fabio para luego dar paso a otra joya como Riding The Wings Of Eternity. ¿Se habría imaginado usted un circle pit con Rhapsody? Creo que pocos lo habrían hecho. Pero si usted estuvo ahí probablemente pudo observar que un no menor grupo de muchachos ensayaron una especie de circle pit en la cancha del Caupolicán. Tremendo momento de la jornada.

Y llegó el momento de cerrar la revisión del que probablemente sea el disco más exitoso de la carrera de Rhapsody. Lione la anuncia en español: “Ahora, vamos a tocar esta canción que da el nombre al CD, entonces yo quiero escuchar a toda la gente esta noche cantar conmigo”. Y quizás a priori uno podría haber pensado que Symphony Of Enchanted Lands no es un tema que funcionaría muy bien en vivo por sus tan ostensibles cambios de ambientes, pero ese preconcepto comprobó ser un error rotundo, puesto que fue uno de los peak de la velada. Falta vocabulario para describir la enorme performance de Fabio Lione, luciendo buena parte de su tremendo caudal vocal que lleva a sospechar si no tendrá una caja torácica extra. La reacción de un público muy comprometido con el espectáculo fue sencillamente fabulosa, con todos los “o-ooooh” y saltando al ritmo de la música, momentos en los que Fabio recogió una enorme bandera chilena que le lanzaron al escenario, y se la puso en su hombro derecho, para luego dejarla en su atril y hacernos imaginar que estaba cantando junto a una mujer incorpórea. Es cierto que uno en los recitales canta mucho, pero por momentos uno se reprime ese casi irrefrenable deseo de cantar cuando ve a tipos como Lione, donde finalmente uno concentra buena parte de sus energías simplemente en escucharlo. Coronar este tema con los “hey, hey” con 4.000 personas con sus puños en alto marcó uno de los pasajes más inolvidables de una noche plagada de instantes memorables.

A continuación, la voz en off del narrador de la banda presentó a Alex Holzwarth, quien se quedó solo en escena con su batería. Es cierto que los solos de batería sirven fundamentalmente para que los otros músicos puedan descansar un poco, pero este solo en particular estuvo bastante entretenido. Primero al darle ritmo al “Dies Irae” que sonaba de fondo, y luego haciendo participar al público de una forma muy dinámica, el germano se ganó aplausos más que merecidos.

Vuelve la banda a escena y Fabio nos dice que ahora nos van a tocar una canción del primer CD de la banda, “Legendary Tales”. Nada menos que la notable Land Of Immortals, probablemente el primer gran hit de la banda por allá por 1997, el último tema del lado A del cassette. ¡Qué tremendo setlist nos estaba entregando Rhapsody! Palabras aparte para la performance de Patrice Guers, sencillamente descollante y demostrando una tremenda multiplicidad de recursos.

El glorioso –nunca mejor dicho– setlist de Rhapsody continuó con una joya no tan frecuentemente destacada de su prolífico catálogo: The Wizard’s Last Rhymes, una suerte de adaptación/homenaje al “Allegro con Fuoco”, la parte final de la “Sinfonía del Nuevo Mundo” del compositor checo Antonin Dvořák. Nuevamente, más allá de la performance de Fabio, quien se llevó gran parte de los aplausos nuevamente fue Patrice Guers, que hasta sacó de la galería unos slap bastante llamativos. El protagonismo de monsieur Guers continuaría con un excelente y contundente solo de bajo, acompañado por Alex Holzwarth y los sones de Queen Of The Dark Horizons de fondo.

¿Están cansadas? ¿Quieren más?”, nos dijo Fabio, y luego de presentar a Patrice, nos narra que esta es una gira que celebra veinte años de la historia de la banda, y que marca su despedida, lo cual evidentemente provocó un atronador e inconfundible “¡noooooo!” por parte del público. Luego Lione armó un “sing along” donde lució algunas de sus dotes, en algo divertidamente abusivo pues las diferencias de caudal y de afinación entre Fabio y sus admiradores eran ostensibles. Y qué decir cuando Lione cantó un fragmento de “Nessun Dorma” de Giacomo Puccini, mostrando que no tiene absolutamente nada que envidiarle a ningún tenor, por lo cual los “olé, olé olé olé, Fabio, Fabio” no se hicieron esperar.

Rhapsody es una banda con muchas virtudes, pero en este punto quiero destacar una que quizás no sea lo suficientemente valorada: es una banda que hace que el oyente/espectador, luego de escucharlos/verlos, salga sintiéndose mejor de lo que se sentía antes. Como que uno se siente más ganador, con más energía, con más ganas. Y bien, en ese instante Lione nos dice que si seguimos cantando como en ese momento, la banda va a tocar más, causando evidentemente una reacción bastante enérgica de los asistentes, aumentada al máximo cuando comienza el último tema del primer bloque, nada menos que la tremenda Dawn Of Victory, otro de los máximos clásicos de los italianos, y que provocó un nuevo circle pit en la cancha y un montón de puños en alto, como era de esperarse. Así, tras una hora y veinticinco minutos de épica batalla, los europeos se retiraron a descansar por algunos segundos.

Una de las gracias de Rhapsody es que tiene muchos temas para armar un buen setlist, pero hay que decir que este set fue particularmente bien elegido. La banda volvió a escena con otra joya no muy frecuentemente revisitada como Rain Of A Thousand Flames. Qué temazo, realmente, y así lo entendió un público totalmente extasiado.

Yo pienso que ahora la banda debe tocar la primera canción italiana”, nos dice Fabio, para lanzar un tema como Lamento Eroico que provoca una dualidad de sensaciones. La primera es que uno quiere cantar con él y quiere escuchar a la gente coreando el “urla il tuono / al mio lamento eroico / sorte… consuma la realtà”. Pero la segunda provoca las ganas de guardar un respetuoso silencio para tratar de ocupar todos los sentidos en percibir la portentosa interpretación de Lione, que realmente saca buena parte de todo lo que tiene en este tema. Quizás el hecho de que sea cantado en su lengua materna potencie su capacidad de transmitir emociones, pero aunque fuese cantada en mandarín no tengo dudas que Fabio tendría la capacidad de conmover al oyente con ese nivel de performance. Imperial lo del oriundo de Pisa ante un público absorto y entregado.

Entonces, ¿buena noche o quiere más? Yo quiero escuchar para la última canción a la gente de Santiago de Chile”, nos dice Lione, para entregarnos el último tema de la noche y el último tema del adiós de Rhapsody, y no podía ser otro clásico que Holy Thunderforce, con un nuevo circle pit y que cerró una noche plagada de emociones y puños en alto con In Tenebris a modo de outro. De esta forma, y luego de una hora y cuarenta y cinco minutos, Rhapsody decía adiós a los escenarios chilenos.

Muy probablemente esta haya sido la última vez en que podamos haber visto juntos a este quinteto tan talentoso –no quiero dejar de mencionar a un sobreviviente como Dominique Leurquin, que pese a su muy bajo perfil es un gran guitarrista, y que supo salir delante de un terrible accidente casero que hace unos cinco años casi le costó la vida, o al menos su carrera, cuando casi se cortó una mano con una sierra eléctrica–. Es cierto que esto es una despedida, pero creo que no somos pocos los que nos resistimos a creerlo. No por desconfianza ni mucho menos, para nada, sino que porque vemos que la música que hacen es tan buena y hasta nutritiva para el espíritu que uno no puede concebirlo. Y es cierto que el nombre Rhapsody Of Fire queda vigente con la banda de Alex Staropoli, pero todos sabemos que, más allá de que pueda resultar una buena banda –cosa que es perfectamente posible–, definitivamente no es lo mismo y el gran desafío para Staropoli será intentar superar esa sensación y estigma de “banda tributo” que indudablemente les va a pesar.

Sólo queda desear que este adiós no sea definitivo y que el paso del tiempo lleve a recomponer algunas cosas. Pero si de verdad fue un adiós, no podemos hacer otra cosa que agradecerle a Rhapsody por tantos discos maravillosos, tantos temas fenomenales, tantos incentivos a apretar el puño para agarrar una espada imaginaria, subirnos a nuestro dragón y salir a pelearle a los demonios que cada uno de nosotros tiene en nuestras vidas.

Goodbye, brother… goodbye!

Setlist de Rhapsody:

1. Epicus Furor (Intro)
2. Emerald Sword
3. Wisdom of the Kings
4. Eternal Glory
5. Beyond the Gates of Infinity
6. Knightrider of Doom
7. Wings of Destiny
8. The Dark Tower of Abyss
9. Riding the Winds of Eternity
10. Symphony of Enchanted Lands
11. Solo de batería de Alex Holzwarth
12. Land of Immortals
13. The Wizard’s Last Rhymes
14. Solo de bajo de Patrice Guers
15. Dawn of Victory
Encore
16. Rain of a Thousand Flames
17. Lamento Eroico
18. Holy Thunderforce
19. In Tenebris (Outro)

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Live Review: Opeth en Chile (2017)

Impresionante. Simplemente impresionante. ¿Podemos considerar este show como el mejor concierto del año? Probablemente sí. ¡Cuánta clase, señoras y señores! Opeth nos dio una cátedra durante casi dos horas donde los puntos bajos fueron inexistentes. Y es que aún cuesta dimensionar lo vivido en un espectáculo de tales características. Pero no nos emocionemos tan prontamente, vamos con calma y analicemos los detalles de la jornada.

Faltando unos cuantos minutos para las 21:00 horas, desde luego que llamaba la atención la calma reinante al interior de un recinto repleto de seguidores que esperaban pacientemente la aparición de los suecos. De esta forma, y con una puntualidad más que destacable, los primeros en ingresar al plató fueron Martín Méndez, Joakim Svalberg y Martin “Axe” Axenrot. Y como era de esperarse, el puntapié inicial vino con la interesante Sorceress. Bastaron un par de segundos de la intro comandada por los tres músicos en escena y se desató una ovación cerrada que se hizo más estridente una vez que salieron a escena la dupla de guitarristas. De inmediato notamos la excelente condición vocal en la que se encuentra el líder de la agrupación, ya que frases como Watch your eager tongue / Attack me from behind” las cantó con una soltura envidiable. Primera canción y ya tenían al público chileno en el bolsillo.

Pasada la primera prueba, cualquier fan de Opeth sabe que antes de seguir con el siguiente track del setlist, Mikael Åkerfeldt se esmera en hacer reír a los presentes con su humor especial al que ya nos tiene acostumbrados. Y esta vez no sería la excepción ya que él mismo se encargó de incitarnos a que gritáramos lo más fuerte posible “Peluca, Peluca, Peluca” a Fredrik Åkesson. Pero él tampoco se quedó atrás, puesto que llegaría su turno cuando comenzamos a llamarlo “Miguelito” al igual que hace un par de años atrás. Finalizadas las risas del respetable, bastaron un par de notas de The Grand Conjuration para confirmar las sospechas que iban surgiendo con el correr de los minutos. Sí, el sonido era realmente superlativo. Uno de los plus de esto último es que comienzan a relucir varios aspectos que ayudan a apreciar de mejor manera la performance de los músicos. Vale decir, básicamente vemos con más detalle la triple función de Joakim al producir las atmósferas necesarias con su teclado, tocar percusión durante las primeras estrofas y posteriormente en la parte media, y finalmente apoyar con las segundas voces a Mikael. Por lo demás, pedazo de tema que escogieron para motivar a todos con los primeros guturales de la velada. ¡Y era sólo el comienzo!

Luego de que el frontman hiciera énfasis en que no tenía la menor idea de por qué estaban tocando un día antes del show originalmente programado (broma que repetiría en innumerables oportunidades desde este punto en adelante), se concretaría algo que vaticinamos hace un par de días atrás: La interpretación de Demon of the Fall sería uno de los clímax de la jornada. Dicho y hecho, puesto que la brutalidad no se hizo esperar y todos lo entendimos así. ¿Recuerdan la energía de Mr. Åkerfeldt al gritar “Demon, demon of the fall!”? Simplemente arrollador. O revivir el sentimiento que implantó al cantar “Just one second, and I was left with nothing / Her fragance still pulsating through damp air…”. ¡Cómo sonaron esos quiebres acústicos! Ante eso solo puedes disfrutar y vivir el momento. De lo mejor de la noche, sin lugar a dudas.

De vuelta al LP que motiva esta gira, debo admitir que me sorprendió de sobremanera la recepción que tuvo The Wilde Flowers. Convengamos en que efectivamente es una de las mejores de “Sorceress” (2016), pero el hecho de presenciar cómo fue seguida de cerca por cada uno de los asistentes que miraban y escuchaban con atención cada intervención del teclado y a su vez ayudaban a cantar el “Blinding light as the flames grow higher / Searing skin on a funeral pyre”, es otra cosa muy distinta. Mis partes favoritas desde luego son el solo de “El Peluca”, y cómo va subiendo la tensión antes de que estalle el outro con la pegada de “Legolas” Axenrot. Opeth nos enrostraba segundo a segundo el por qué son una de las bandas más prolíficas a nivel mundial. ¡Temón!

Lo siguiente sería una demostración de delicadeza, sobriedad y elegancia que realmente nunca deja de sorprender. La dupla conformada por Face of Melinda y Windowpane permitió apreciar con mayor detención todos los aspectos que incluyó el show de los suecos. La ambientación creada por los juegos de luces y un sonido aplastante, crearon en su conjunto uno de los momentos más emotivos de la noche. Espero entonces no ser el único que al cerrar los ojos durante un par de segundos sintió la sensación de estar escuchando la versión original grabada en estudio de ambas composiciones. Al percatarse de la concentración y de la función de cada integrante por separado, se puede llegar a entender en cierta forma el nivel de ejecución que estábamos observando. Si bien esta dupla ya había sido interpretada en las anteriores visitas a nuestro país, personalmente me quedo con intimidad y cercanía de las versiones de este año por sobre las pasadas.

Continuando con otra de las viejas conocidas -y por lejos una de las mejores de “Heritage”The Devil’s Orchard siguió con la senda de sus predecesoras. Eso sí, antes de que empezara, Mikael nos pregunta si el show se está escuchando bien. Ante la obvia respuesta, nos dedicó un pequeño guitarreo acústico acompañado de la frase “Thank you motherfuckers!”. Desde luego que las risas no se hicieron esperar y mientras esto ocurría dieron inicio al track ya mencionado. Con el correr de los segundos, todos sabemos que el “Take the road where devil’s speak / God is dead, God is dead!” hay que gritarlo con el puño en alto como si no hubiera mañana. Y así no más fue. Otro señal de la complicidad existente entre la banda y su fanaticada. A su vez, no puedo dejar de mencionar el constante protagonismo de Fredrik Åkesson. Decimos esto porque en determinadas ocasiones, visualmente queda relegado a un papel más secundario y silente, pero es justo mencionar y hacer hincapié en que el tipo es una verdadera máquina en las seis cuerdas.

La primera y única revisión a “Pale Communion” (2014) vendría con Cusp of Eternity. Lo más destacable sin duda fue la actitud de toda la audiencia: Un headbanging generalizado desde la comodidad de nuestras butacas (algo que “Miguelito” aprovechó para bromear en su debido momento) acompañó durante cada estrofa al frontman, para luego terminar cantando el estribillo junto a Fredrik y Joakim, que como ya es costumbre, se encargan de las segundas voces con una excelente armonía. Y una vez finalizada, sin pausa alguna la conectaron con Hex Omega, siendo esta la primera vez que la interpretan en nuestro país. Si bien fue la canción que provocó menos euforia dentro del setlist, no se puede pasar por alto lo bien que fue llevada junto a los cambios de tonalidades sobre el plató.

Otro de los momentos más jocosos de la velada ocurriría antes del siguiente tema. Recapitulemos como fue: ante la constante petición de algunos fanáticos para que Martín Méndez pronunciara algunas palabras en español, este accedió y básicamente dio las gracias por asistir al concierto y que siempre era un gusto tocar en Chile. Todo bien hasta ahí, pero como era de esperarse, Mikael lo interrumpió para hacerse presente con su humor y decir que dejara de hablar puesto que el uruguayo era “Only a bass player”. Entendiendo el contexto de distensión y de relajo, llegó el turno para que el resto de los músicos se encargara de saludar a los presentes de alguna manera. Tras cartón, el líder de la agrupación anunció que a continuación tocarían la última canción de la noche. Ante los cánticos de “No nos vamos ni cagando” (con una traducción formal de esta expresión para el resto de la banda incluida, cortesía del bajista), Åkerfeldt menciona que la introducción estaría a cargo de Fredrik. Para muchos, señal inequívoca de que en solo segundos escucharíamos ese temazo llamado The Drapery Falls. Y vaya que era esperada por todos, puesto que fácilmente tuvo la mejor recepción de esta primera parte del show. Una postal increíble se produjo cuando todos cantamos “Pull me down again, and guide me into pain!”. De igual forma podríamos destacar los guturales que arrollaron todo a su paso, o la perfecta armonía lograda entre las tres voces durante las partes limpias. O también el sing-along durante la melodía del outro que resonó en todas las paredes del recinto. Lo cierto es que bajo cualquier punto de vista, la ovación de pie una vez finalizada, queda totalmente justificada por momentos así. De esta forma, a las 22:38 hrs. los suecos se retiran por primera vez del escenario.

Poco y nada duró el descanso, puesto que un par de minutos bastaron para tenerlos de vuelta en escena. Antes de finalizar con el setlist programado -y tal como lo hizo el 2009 en su primera visita- el frontman se encargó de escuchar algunas peticiones desde el público y tocar un pequeño extracto para satisfacer a gran parte de la audiencia. ¿Las escogidas? Harvest, Master’s Apprentices y The Moor. ¡Qué ganas de escucharlas completas dios mío! Pero bueno, sabiendo que cada vez quedaba menos para que se despidieran definitivamente, solo quedaba disfrutar el clásico incombustible de Opeth. Final clásico, que como bien dijo Mikael, vendría siendo la Paranoid o la Breaking the Law de cada unos de sus shows: Por supuesto hablamos de la monumental Deliverance. ¿Se puede agregar algo a estas alturas que no se haya dicho antes? Todos sabemos lo que ocurrirá en cada pasaje del track y esta vez no fue la excepción. Lo demás es ser redundante. Así, pasadas las 23:00 hrs., Åkerfeldt y compañía se retiran tras la correspondiente reverencia y ovación de parte de todos los que asistimos al Teatro Nescafé de las Artes.

Como dijimos al inicio de este review, derechamente podemos considerar este concierto como uno de los mejores del año. Y en relación a las tres visitas anteriores, nos aventuramos a decir que se pelea palmo a palmo junto al show del 2009 el título de ser “El mejor concierto de Opeth en Chile”. El matiz de emociones vivido en cada canción, la ejecución excelsa de principio a fin, la complicidad y la intimidad que se generó al interior del teatro y por sobre todo, la perfección absoluta alcanzada en el sonido de la banda, hacen que esta sea una presentación inolvidable. Si en el futuro seguirán presentando un espectáculo de esta calidad, la devoción será la misma o incluso superior. Por mi parte, que nos visiten cuando quieran. ¡Pedazo de concierto!

Setlist Opeth:

  1. Sorceress
  2. The Grand Conjuration
  3. Demon of the Fall
  4. The Wilde Flowers
  5. Face of Melinda
  6. Windowpane
  7. The Devil’s Orchad
  8. Cusp of Eternity
  9. Hex Omega
  10. The Drapery Falls

Encore

  1. Harvest/ Master’s Apprentices/ The Moor
  2. Deliverance

 

 

Live Review: Leo Jiménez en Chile + Exxocet y SteelRage

Los que hemos tenido la oportunidad de ver a Leo Jiménez en vivo con anterioridad y a su vez hemos seguido su carrera con el pasar de los años, sabemos perfectamente de lo que es capaz de hacer sobre un escenario. Su lugar entre los grandes cantantes españoles de toda la historia está asegurado hace un buen tiempo y por el momento no parece que eso vaya a cambiar de forma alguna.

Si bien la visita originalmente estaba agendada para noviembre del año pasado, diversos problemas obligaron a postergar la fecha para marzo del presente, aumentando la expectación y la impaciencia de los más acérrimos. Así, la tercera visita del cantante a nuestro país se concretaría bajo la gira denominada “América Contrastour”, centrada en su último larga duración “La Factoría del Contraste” (2016). Veamos qué tal estuvo la jornada.

STEELRAGE

Comandados por el cantante Jaime Contreras, SteelRage tenía la misión de abrir los fuegos y de comenzar a animar a los asistentes en un día particularmente frío. Difícil misión puesto que en media hora debían condensar parte de sus éxitos y así dar un show lo suficientemente cohesionado para los fanáticos que ya se agolpaban en la Discoteque Blondie.

Siendo las 18:55 horas., lamentablemente la realización de un numeroso Meet and Greet con Leo junto al resto de la banda en la planta baja del recinto, impidió que pudiéramos ingresar a la cancha y presenciar los primeros minutos de Long Way To Hell. Aún así, desde ya se podía ver la energía que transmitían cada uno de los integrantes hacia el centenar de personas que estaban presenciando el show. Siguiendo con el orden de “All In” (2015), No More Excuses y My Dark Passenger hicieron participar el público con los típicos “eh! eh! eh!” durante las partes instrumentales. Punto aparte es el desplante escénico de la dupla de guitarristas conformada por Patricio Solar y Hugo Sánchez, quienes se despacharon unos solos de gran calidad con total soltura.

Aludiendo a que el número principal cantaba en idioma español, Jaime señala que ellos no pueden ser menos y presentan la llamativa Sangre y Libertad, estrenada hacia finales del año 2016 con un videoclip grabado al interior de la ex cárcel de Buin. Interpretada de gran forma, salvo por pequeños acoples que se hicieron presentes un par de veces. De todas formas el estribillo contó con la fuerza y la intensidad necesaria. Mención aparte para el baterista Rodrigo Villena y para el bajista Raimundo Correa, quienes estuvieron a cargo de poner la calma durante cada verso.

Finalmente, la dupla conformada por The Last Card y Kill or Die puso término a una destacable actuación de los compatriotas, donde el único punto bajo estuvo presente en el altísimo volumen de la amplificación y en algunos acoples durante las partes instrumentales. De todas formas, el oficio de una banda que lleva años en el ruedo, el carisma de su frontman y la constante participación de los más entusiastas hizo que SteelRage sacara la tarea adelante. Felicitaciones a los afortunados que recibieron un CD de regalo de parte de la agrupación.

 Setlist Steelrage

  1. Eternal Sorrow (Intro)
  2. Long Way to Hell
  3. No More Excuses
  4. My Dark Passenger
  5. Sangre y Libertad
  6. Last Card
  7. Kill or Die

EXXOCET

A las 19:50 horas sale a escena Exxocet, quienes traerían un setlist cargado con canciones de su último álbum “Rock and Roll Under Attack” (2015). Súbitamente y tras un gran grito agudo, arremeten con dos piezas extraídas del LP mencionado: Heavy Metal Angels y Speed of the Wind. En cuestión de minutos se nota la cohesión entre toda la sección de cuerdas, puesto que se mantienen constantemente haciendo juegos y coreografías que resultan bastante llamativas y efectivas. Por cierto, bastante más bajo el volumen en comparación a sus predecesores, lo cual pudimos comprobarlo de mejor manera durante Alive (un temón con todas sus letras por lo demás). Si bien al micrófono de Chriss Lion le faltó definición durante varios minutos, sus agudos y gesticulaciones bastaron para sobreponerse al percance.

Es cierto que la participación del público disminuyó un tanto a lo largo del show, pero eso no quitó que Estrella Fugaz fuese seguida con detención por los presentes que en su mayoría presenciaba por primera vez un show de los coterráneos. Por su parte, When The Roses Die trajo la emotividad y esa nostalgia ochentera excelentemente plasmada en la bella melodía de esta pieza. Súmenle un punto al bajista Danny Crow que se muestra bastante activo y entusiasta a lo largo del escenario.

Generando una progresión plausible a todas luces, el clímax del show vendría de la mano de la notable Battleline, un cañonazo que desborda acero por los poros donde Tom Azzter hace de las suyas en los tarros. Pero acá todos colaboran, ya que los guitarristas Richie Love y Lukky Sparxx ayudan al fraseo de un estribillo que funcionó a la perfección. Este último ayuda a introducir Rock and Roll afirmando que es primera vez que lo tocarían en vivo. Uno de los momentos para enmarcar sin duda es la armonía de la parte instrumental que se robó todas las miradas al centro del escenario.

Para culminar, la entretenida Party Tonite puso fin a un poco más de media hora de esta propuesta ochentera con toques modernos que no deja nada al azar. Están los apodos, la vestimenta y sobre todo la actitud consistente y consecuente. ¡Bien por Exxocet!

Setlist Exxocet

  1. Heavy Metal Angels
  2. Speed of the Wind
  3. Alive
  4. Estrella Fugaz
  5. When The Roses Die
  6. Battleline
  7. Rock & Roll
  8. Party Tonite

LEO JIMÉNEZ

Con un pequeño retraso según los horarios establecidos, a las 20:50 horas sale a escena “La Bestia” junto al resto de la banda para tomar posición en el escenario que ya tenía proyectado en su pantalla el lema “Fuerza y Honor”. Por supuesto que los gritos de “Leo, Leo, Leo” no se hicieron esperar y fueron cada vez más estridentes. El frontman toma el micrófono y exclama: “Santiago de Chile, ¿cómo están hermanos?”. Ante la obvia respuesta, nos promete dos horas de buen Heavy Metal y presenta Desde Niño. La reacción fue instantánea y en cosa de segundos los alrededor de cuatrocientos asistentes estaban entonando cada palabra de este temazo junto al cantante. Está demás mencionar lo bien que fue recibido el coro y lo enérgica que se mostró toda la agrupación. Quizás el único punto bajo que empañó una ejecución impecable, fue el desperfecto en la guitarra de Adri que impidió escuchar con claridad el solo de la parte media de la canción.

Esta contrariedad atrasaría a su vez el inicio de Condenado, ya que pasarían un par de minutos antes de que los técnicos pudieran arreglar dicho problema. Mientras tanto, Leo supo aprovechar la situación y comenzó a tocar un extracto de Walk de Pantera para no enfriar los ánimos y así prender aún más a la audiencia. Centrándonos en el track extraído de “Títere con Cabeza” (2009), nunca deja de llamar la atención la potencia que imprime el español en cada una de sus frases. Basta recordar cuando se desgarraba cantando “Y el dolor me hizo soñar / apretar dientes y llorar / Y el dolor me hizo sentir / me entraron ganas de seguir” para entender este punto.

Tras la presentación de cada uno de los músicos (siendo Carlos Espósito y Rufo Cantero los más ovacionados), vendría la interesante Misantropía, segunda revisión a “Animal Solitario” (2013). Les mentiría si les dijera que es una de mis favoritas dentro del catálogo de la banda, pero hay que reconocer que escucharla en vivo tiene un plus que la hace brillar como pocas. Esto último, probablemente por los cambios de tiempo en la batería que marcan el coro y los agudos sobrehumanos del frontman. A su vez nosotros no nos quedamos atrás y nos encargamos de aportar un enérgico headbanging en las partes más cañeras. Por otro lado, muy personalmente esperaba que el show comenzara de distinta forma a la presentación del año 2013, pero viendo la calidad y la entrega de cada uno de los integrantes, la verdad es que poco importó.

Volviendo al “Títere con Cabeza“, sin duda una de las más coreadas de la noche fue Volar. Y cómo no iba a ser recibida de tal forma, si a estas alturas es un clásico con todas sus letras. Con este status, sumándole una ejecución excelsa de principio a fin y la performance de Leo que derechamente te deja sin palabras, el resultado no es otro que la euforia ensordecedora de cada uno de los presentes.

Tras las típicas frases provocadoras del tipo “El público de Perú lo hará mejor mañana“, “La Bestia” se tomó un par de segundos para pedir un aplauso más que sincero en apoyo a los damnificados por las intensas lluvias e inundaciones que azotan el país vecino. Bajo esta temática social, presenta el primer track de “La Factoría del Contraste” (2016), Hambre. Al igual que Misantropía, esta pieza toma matices distintos al escucharla en vivo y en directo, principalmente por lo arrolladora que suenan las guitarras y la base rítmica durante el “Puede usted dormir, no tiene usted conciencia / Esta es su misión, es el hambre que se acerca”. Y si esto fue aplastante, faltan palabras para describir lo ocurrido en Con Razón o Sin Razón. Ya lo recalcábamos hace un par de días: el estribillo funcionaría a la perfección en vivo. Dicho y hecho entonces, puesto que el caos en la cancha no se hizo esperar. ¡Temón!

Mencionando nuevamente las tragedias a causa del clima y tomando a Perú como referencia, el cantante hace una pequeña reflexión sobre la función de los voluntarios en dichas emergencias. Señal inequívoca de que lo siguiente sería Vuela Alto. Es sabido que la Blondie se convierte en un karaoke con esta canción, pero no puedo dejar de mencionar la maestría implantada en los susurros de Leo que por momentos pasan a segundo plano gracias al cántico de la audiencia. Y haciéndole honor al nombre del último disco, vaya contraste que se generó una vez que comienzan con Soy Libertad. El español deja su guitarra de lado y nos asevera que “anteriormente sólo estaban calentando“, dando así el inicio al mencionado opening track de “La Factoría“. Me generaba particular curiosidad como llevarían a cabo este tema, puesto que los matices que presenta de por sí no son para nada sencillos y más aún considerando el directo. Pero el conjunto se encuentra en el mejor nivel instrumental desde su formación y vaya que lo demostraron con creces. ¡La interpretaron como si nada! Es posible que el “Libre, yo siempre libre / Aunque me arranques la piel…” aún resuene en el recinto. Y para qué mencionar los guturales y el breakdown comandado por Carlos y Edu Fernández. Otro de los clímax de la noche, sin dudas.

Las palabras de agradecimiento y de cortesía por ser “uno de los mejores públicos para tocar” no se hicieron esperar. Así, con el vocalista mucho más cómodo y demostrando un mayor desplante escénico, llegamos a otro temazo rescatado del “Títeres“: Bebe de Él. ¡Como sonaban esas guitarras dios mío! La verdad es que entrar en detalles sería ser redundante, básicamente porque los más acérrimos saben que deben reaccionar y comportarse de acuerdo a la importancia de lo que están escuchando. Mismo asunto con Caminos de Agua, otra de las infaltables en el catálogo del oriundo de Fuenlabrada.

Mi favorita del último LP sin pensarlo es Caballo Viejo. Ya habíamos mencionado con anterioridad lo bien que va fluyendo esta composición sin caer en la sobrecarga de recursos. Y precisamente eso es lo que la hizo brillar la noche del viernes: fue ejecutada con calma, solemnidad y sutileza. En este punto la banda sencillamente hizo un trabajo perfecto, ya que permitieron que las estrofas fueran tomando forma lentamente hasta llegar al coro sin llegar a la euforia y al descontrol. Nosotros en tanto de alguna forma entendimos esto último y supimos comportarnos acorde a la situación. Decimos esto porque es sabido que en algún punto del setlist los ánimos estallarán y volverá el descontrol total en la cancha.

Las últimas escogidas de “Animal Solitario” serían las potentes No Hay Más Canciones Para Ti y Tu Destino. Por supuesto ambas fueron ejecutadas a la perfección. Eso sí, y al igual que en su anterior visita, la primera sería conectada de gran forma con un solo de batería donde Carlos mostró una pequeña parte de su arsenal. Personalmente, esta vez lo noté un poco más “recatado” en comparación al año 2013. De igual manera el público conectó con la interpretación y se hizo partícipe en los momentos precisos. En tanto, la segunda fue realmente arrolladora, dejando una hermosa postal con un headbanging generalizado en respuesta a la agresividad de la agrupación. De esta forma, la banda comienza a despedirse a las 22:17 hrs. poniendo fin a la primera parte del show.

Los “Olé, Olé, Olé, Leo, Leo” no tardaron en llegar y tras un par de minutos todos los integrantes vuelven a escena para arremeter con las últimas canciones que iban quedando. Minutos atrás, Leo nos había prometido que “si seguíamos igual de prendidos” tocarían uno o dos temas de Saratoga. Demostrando que es un hombre de palabra, lo siguiente sería una sorpresa mayúscula para los seguidores más antiguos. Durante su speech nos cuenta que el siguiente track se lo compuso hace algunos años a su difunto abuelo. Y en ese momento la reacción de cada uno de nosotros lo dijo todo. Sí señoras y señores, ¡Parte de Mi sonaría por primera vez en nuestro país! Sin exagerar, no había absolutamente nadie que no cantara “Y su luz se apagó como la llama / del candil que hace tanto tiempo ardió / Y su voz susurraba y susurraba / liberadme de todo el dolor”. Lo demás queda para el recuerdo personal de cada uno. ¡Qué discazo es “Agotarás“!

Entendiendo que cada vez estábamos más cerca del final, la petición de hacer un wall of death en el centro de la cancha al inicio de Vientos de Guerra y de Resurrección fue acogida sin ninguna oposición. Y cómo no hacerlo, si los españoles nos habían brindado un show superlativo en todos los aspectos. Más que justificado el caos y el mosh pit que se formó para acompañar a dichos clásicos que no necesitan presentación y de los que prácticamente se ha dicho todo.

Mirando la hora y sacando cuentas del setlist mentales, tal como lo mencionó Leo, no podían irse sin tocar un tema de Stravaganzza. ¿El escogido? Obviamente Hijo de la Luna. Fácilmente se puede hacer una especie de resumen del estilo del cantante con este cover. Básicamente porque permite apreciar en primera persona el matiz que generan sus susurros que contienen una técnica envidiable, pasando luego a una agresividad que pareciera arrollar todo a su paso. Por nuestra parte, intentamos seguirle el paso de la forma que fuera posible. Así, a las 22:43 hrs. los españoles ponen fin a su actuación despidiéndose con un “Hasta siempre Chile“.

La gran cantidad de veces que se escucharon los gritos “Olé Olé Olé” y “Leo Leo Leo“, el karaoke estridente en el que se convirtió la Blondie y la presencia de extranjeros en la audiencia que sólo viajaron por ver a Leo Jiménez en nuestro país, da cuenta de la fidelidad a prueba de balas existente hacia este prodigio de la voz. Queremos dejar en claro a su vez, que sin los musicazos que tiene tras de sí, difícilmente podríamos presenciar un show de esta calidad que por momentos rozó la perfección. Digámoslo aquí y ahora, que tanto o más que el cantante, Rufo, Adri, Edu y Carlos lo dejaron todo en una presentación inolvidable.

Por otro lado, una crítica más que aceptable, es que quizás el setlist escogido corrió pocos riesgos en sí. Fórmula probada y que por ahora pareciera ser infalible. Pero seamos justos en decir que la cara de felicidad de principio a fin de todos los que estábamos presentes no permite dobles lecturas. Por mi parte “La Bestia” sigue siendo el mejor cantante de toda Hispanoamérica.

Setlist Leo Jiménez

  1. Desde Niño
  2. Condenado
  3. Misantropía
  4. Volar
  5. Hambre
  6. Con Razón o Sin Razón
  7. Vuela Alto
  8. Soy Libertad
  9. Bebe de Él
  10. Caminos de Agua
  11. Caballo Viejo
  12. No Hay Más Canciones Para Ti
  13. Solo de Batería
  14. Tu Destino

Encore

  1. Parte de Mi
  2. Vientos de Guerra
  3. Resurrección
  4. Hijo de la Luna

GALERÍA

 

 

Live Review: Lacuna Coil en Chile (2017)

Todas las bandas tienden a comentar en sus entrevistas que el público chileno es el mejor y frases por el estilo, pero cuando Andrea Ferro nos comentaba hace algunos días algo como eso, sonaba bastante convincente, parecía ser realmente así y definitivamente este domingo 05 de marzo quedó demostrado en el Centro de Eventos Blondie de nuestra capital. Una noche cargada de potencia, dedicación, entrega y, por sobre, el tremendo metal de los italianos de Lacuna Coil.

A las 19:00 horas en punto, horario en que estaba planificado el concierto, aparece el telón digital de la banda en la pantalla gigante del fondo pero finalmente se trató sólo de una partida en falso. Menos de diez minutos después las luces se apagan, comienza a sonar la intro de “Delirium” (2016) y un par de psicópatas escapados del manicomio suben al escenario a sentarse tras la batería y tomar el bajo y la guitarra, desatando la furia italiana sobre la Blondie liderados por el mismo Andrea Ferro y la hermosa Cristina Scabbia, todos con alguna caracterización con maquillaje.

Con el cierre de su última placa arranca la noche, destrozando inmediatamente el escenario con Ultima Ratio, dominando el escenario desde el mismísimo minuto uno, aun a pesar de los problemas de audio que afectaban al micrófono de Scabbia, lo que, aunque no se solucionó durante varios minutos, no afectó en lo más mínimo la entrega de la banda sobre el escenario, teniendo al público a sus pies apenas se escuchó el primer acorde.

Nos devolvimos inmediatamente en el tiempo a uno de los discos más exitosos de la banda, el tremendo “Shallow Life” (2009), con la canción Spellbound, una tremenda dosis de energía en la que lamentablemente se sigue sin poder disfrutar del todo la voz de Cristina, afectando también un poco a las voces limpias de Ferro, lo que se nota aún más ya que los platos de la batería estaban mal ecualizados y hacía que sonaran muy fuerte y agudos, entorpeciendo el sonido de la banda. Por suerte lograron limpiarlo hacia el puente de la canción y se pudo disfrutar casi toda la calidad de la banda, excepto la voz de Cristina que mantenía problemas con el volumen.

En el primer espacio de saludos, el micrófono de Scabbia se nota claramente saturado en los agudos, lo que no permite escuchar del todo bien pero, aun con estos problemitas, no se amilanaron y arrancaron con la tremenda Die & Rise, del “Broken Crown Halo” (2014), donde ya fue posible disfrutar cada una de las individualidades musicales sobre el escenario, especialmente el bajo de Marco Coti Zelati, quien impone su presencia con las cuatro cuerdas, a pesar de algunos pequeños acoples, logrando por fin disfrutar a Cristina y Andrea de manera completa.

Con toda la Blondie vuelta loca saltando y gritando llega el turno para Kill The Light del “Dark Adrenaline” (2012), donde ya definitivamente se pudo disfrutar de la tremenda calidad vocal de Scabbia sin problemas técnicos entremedio, dejando clara la tremenda cercanía de la banda y “sus chilenos” cuando tanto Andrea como Cristina toman celulares de entre el público (sí, ya sentimos que no vale la pena ser majaderos al respecto) y se graban a ellos mientras tocan o cantan y al mismo público, siendo unos tremendos registros esos, los que ojalá alguno de los afortunados comparta, sin importar mucho que la voz limpia de Andrea se perdía en ocasiones.

Diego Cavalotti, el flamante nuevo guitarrista de la banda, cambia su guitarra para cambiar la entonación mientras Cristina aprovecha de conversar un poco con la audiencia, celebrando el hecho de casi no poderse escuchar a ellos mismos por lo fuerte que cantaba la gente, entonces es hora de descargar una buena dosis de violencia con la tremenda Blood, Tears, Dust también de su última placa en promoción, disfrutándose una vez más el fiato entre ambos vocalistas y la presentación teatralizada del setlist, comiéndose entre ambos el escenario, un mordisco cada uno, pudiendo también apreciar como Ryan Folden disfruta tanto del show que se sube a su batería para cantar con el público en el pasaje en vacío en la que todo el público canta con la banda.

En una oscuridad total, Cristina presenta Victims, la tremenda pieza del “Broken…” que hace a todos cantar junto a Andrea, actuando ambos vocalistas la teatralización de las letras de la canción, donde algunos acoples no lograron ensombrecer el tremendo sonido de la banda, aunque hacia el final del tema sí lograron opacar un poco la voz de Andrea. Un solo golpe a la cabeza es la voz de Andrea abriendo la agresiva Ghost In The Mist, la que, a pesar de algunos acoples, se convierte en uno de los momentos más cargados de energía de la noche, incluso con el micrófono de Scabbia nuevamente con algunos problemas de agudeza en los tonos que hace su voz se pierda un poco, lo que se corrigió a pesar de los acoples.

Andrea y Cristina agradecen y felicitan a su fiel fan club chileno, quienes vestían trajes iguales a los de la banda, anuncian que el siguiente tema nunca había sido tocado en vivo por la banda pero decidieron incluirla en el setlist por el pedido de sus fans y tocarla por primera vez. Así arranca My Demons, la que continúa el último disco de la banda, donde el público canta casi más fuerte que ambos vocalistas juntos. Trip The Darkness, de nuevo tiene a todo el mundo saltando con un sonido finalmente correcto, una maravilla de escuchar en vivo hasta que, en el solo, la guitarra se pierde un poco, no dejando disfrutarlo completamente, quedando con un acople al terminar la canción mientras se veían los “nuevos encendedores” cubrir casi toda la pista de la Blondie, donde incluso da la impresión que algunos estaban usando la nueva función de Facebook para transmitir en vivo aprovechando las ventajas de estas nuevas tecnologías accesibles para todos.

No alcanza ni a sonar la intro de Zombies cuando ya el público tiene la Blondie tiritando con toda la gente que salta y grita, ahora, por fin, podemos disfrutar nuevamente a la banda sin ningún problema de sonido y deleitarnos de nuevo en todos los matices y detalles que se encuentran dentro de cada composición de la banda, las que por ellos no se pierden en vivo pero desgraciadamente dependen de aspectos técnicos que no siempre son bien cuidados en Chile, porque, de hecho, el solo de guitarra se pierde un poco por culpa de estos detalles y hacia el final se pueden escuchar varios acoples que molestan un poco pero no lo suficiente.

Tras ponerse un poco más cómodos y frescos, Cristina comenta que estando en el camarín habían conversado sobre una canción que les habían pedido mucho desde Chile y que no estaba en el setlist original, por lo que Marco nunca la había tocado, aprovechando el espacio para presentarlo como el nuevo guitarrista de la banda, así es que como los acordes escapan de la guitarra de Marco y el público se vuelve loco, con todo el mundo cantando en italiano la maravillosa Senzafine casi en formato unplugged se da uno de los momentos más “deliciosos” de la noche, una suerte de improvisación con excelentes resultados.

Tras un brevísimo descanso comienza a sonar la intro que da paso a Swamped, un viaje en el tiempo hasta 2002 y su disco “Comalies”, lo que el público agradece cantando casi sin descansar y sin dejar que la banda se escuche casi, relajándose un poco de manera rápida con la onda arabesca con la que continúa el tema, mostrando a una Cristina totalmente profesional ya que siguió cantando hasta el final aun con los problemas de ecualización que tenía. Tras un breve descanso, Upsidedown suena a continuación no exenta de los problemas de sonidos que estuvieron presentes casi toda la noche, problemas mínimos que quizás muchos ni notaron, pero que estaban allí, lo que no impidió que todo el mundo disfrutara cantando toda la canción, perdiéndose un poco la guitarra nuevamente en el pasaje del solo, contando con algunos acoples, al momento de terminar el solo y hacia el final de la canción.

Cristina agradece nuevamente al público mientras Ferro baja del escenario y Folden aprovecha de subirse nuevamente a su batería para exigir al público un poco más de pasión. Así, sin Andrea en el escenario, es el momento de Cristina para lanzarse a cantar en el estilo de su propia vieja escuela con The Ghost Woman And The Hunter, en una nueva versión, aunque el público no conectara mucho con el tema, Scabbia se muestra totalmente inspirada, entregándole todo a la gente que al parecer no conocía muy bien la canción.

La emoción se apodera un poco de Cristina cuando anuncia que la siguiente canción está dedicada a su padre recientemente fallecido, volviendo Andrea al escenario a la par que arranca Downfall, la que suena potentísima y se interpreta de forma maestra, sin embargo el público pareciera presentar sus respetos al padre de Scabbia toda vez que se mantienen bastante tranquilos, sólo dedicándose casi a cantar junto a ella.

Entonces ambos vocalistas bajan del escenario y mientras los hombres de las cuerdas preparan sus instrumentos, una intro comienza a sonar, producción sube una silla al escenario y un atormentado Andrea Ferro sube a sentarse en ella para que arranque You Love Me ‘Cause I Hate You, con una Cristina que aparece ya cantando en el escenario, rodeando al atormentado tipo en la silla, parece que al pertenecer a la última placa no provoca gran activación en el público, lo que no cambia la relación.

Visitando por primera vez en la noche el tremendo “Karmacode” (2006), Our Truth arranca de golpe y causando tremenda expresión, todos saltando y cantando junto a Cristina quien les pide que lo hagan más fuerte, dando paso a un pequeño solo de batería, el que fue ampliamente disfrutado por el respetable, mostrándose cada vez una relación más directa entre los italianos y nuestro terruño, momento que termina con un fuerte “Viva Chile, mierda!!”. Al terminar Cristina decide realizar los típicos juegos de voces con el público, donde quedan totalmente satisfechos con la entrega y la lealtad de las cerca de 900 personas que se encontraban celebrando junto a ellos en la Blondie.

Entonces llegó la hora que cualquier persona hubiera disfrutado de escucharla, aunque no le gustara el Metal, porque es difícil no disfrutar lo tremendamente transversal que es una canción como Enjoy The Silence, cover de los tremendos Depeche Mode, la que Cristina pide que canten fuerte y claro a lo que el público responde hasta tarareando la intro en sintetizador, todas las voces en la Blondie cantaban, pero no satisfecha, Scabbia pide al público que canta a todo pulmón la tercera y así lo hace la gente, ganándose incluso que Marco los acusara de no dejarlo escuchar el retorno.

Acercándonos lentamente al final de la jornada, Cristina presenta algunos problemas con su retorno in ear para lo que es asistida por Marco, lo que genera la típica silbadera que se da ante una escena que algunos podrían interpretar como sensual (un tipo grande como Marco detrás de Cristina acomodándole algo en la espalda). Así anuncia que la siguiente canción es muy importante para la banda y presenta Nothing Stands In Our Way, en la que después de poco más de hora y media parece que nadie estuviera cansado de cantar, gritar y saltar, tal como su la noche recién comenzara, con un Ryan Folden vuelto loco cantando para sobre su batería acompañando al público, momento en que un globito blanco empieza a pasearse empujado por el público.

Hora del encore, momento en que todo el borde del escenario se cubre de globos blancos, gentileza del fan club de los italianos, entonándose por el público los cánticos de rigor en estos momentos mientras la producción revisa algunas situaciones con el bajo y la guitarra. Finalmente, tras unos cinco minutos, Folden aparece, sin maquillaje esta vez, junto a Zelatti y Cavalotti, para ser acompañados por los vocalistas una vez que la música de Delirium arranca, ahora Cristina tiene puesta una suerte de bata médica con frases escritas a mano, al parecer por la gente del fan club, comentando en los pasajes instrumentales que les encanta, tras recorrer medio mundo, poder encontrarse con toda esta gente tan dedicada a la banda, desgraciadamente, hacia el final de la canción nuevamente su voz se pierde un poco.

Ahora Scabbia comenta que cuando bajaron del escenario, estaban en el camarín arreglándose para irse y escucharon al público pidiendo que el concierto no terminara, por lo que sentía obligada a preguntarles si querían más a lo que el respetable, obviamente, respondió con todas sus ganas que sí todas las veces que se lo preguntaron, entonces los invita a cantar todos juntos Heaven’s A Lie, lo que produjo casi una combustión espontánea en el público, todos vueltos locos, Cristina nuevamente toma un celular y graba algunas escenas de lo que estaba siendo esa noche, el local estaba a punto de venirse abajo con toda la emoción que esas voces liberaban cantando tremenda canción, Scabbia incluso se pone un jockey que le regalan para terminar de cantar el tema.

Nuevamente la frontwoman agradece al público haberles permitido poder tener una noche especial como habían prometido y, especialmente, les agradece por haber ido a visitar su manicomio (recordemos la idea del disco “Delirium”), mientras Diego recibe algunas banderas con algunas cosas escritas, lo que desgraciadamente no entiende muy bien ya que las toma, sin mirarlas, y las deja sobre el amplificador. Y terminamos la noche con la tremendísima The House Of Shame, donde ya no queda cuello o garganta sana, toda la energía y agresividad de la banda se escucha por esos parlantes y se ve en escenario, una explosión de lo que es Lacuna Coil, escuchándose algunos acoples en el bajo que no alcanzan a perjudicar el sonido, por razones obvias el público se mueve menos pero no por eso dejan de cantar, volviéndose locos y entregándose a los pies de la banda hacia el puente instrumental y hacia el final, donde la voz de Scabbia se pierde un poco en su puente vocal pero lo recuperan rápidamente.

Así, una tremenda noche de metal italiano llegaba a su fin, con la banda tomando el lienzo del Fan Club oficial y usándolo para tomarse la foto de rigor con el público, la banda regalando uñetas y cosas varias de las usadas durante la noche, con Marco y Diego abrazando y conversando unos minutos con el público antes de irse al camarín, una noche de indudable complicidad entre la banda y su público, un público que no fue a emborracharse, un público que llegó un día domingo sin ningún problema, todo para disfrutar a la banda a la cual le son leales, una banda que con su tremenda calidad de discos y sobre el escenario lo tiene más que merecido y, tal como comentó Cristina Scabbia en ese momento, ojalá no tengan que pasar tantos años para poder verlos de nuevo por nuestras tierras.

Setlist:

  1. Intro – Ultima Ratio
  2. Spellbound
  3. Die & Rise
  4. Kill The Light
  5. Blood, Tears, Dust
  6. Victims
  7. Ghost In The Mist
  8. My Demons
  9. Trip The Darkness
  10. Zombies
  11. Senzafine
  12. Swamped
  13. Upsidedown
  14. The Ghost Woman And The Hunter
  15. Downfall
  16. You Love Me ’Cause I Hate You
  17. Our Truth
  18. Enjoy The Silence (cover de Depeche Mode)
  19. Nothing Stands In Our Way

Encore:

  1. Delirium
  2. Heaven’s A Lie
  3. The House Of Shame

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