Lo vivido en el Movistar Arena rozó la perfección en todas sus líneas. De eso no hay duda. Sin embargo, la gran convocatoria estaba prevista para el mítico Estadio Nacional, recinto que le fue esquivo por años y años a los británicos. Pero bueno. La justicia tarda pero llega, ya que a partir del 2011, el coloso de Ñuñoa se transformó en una parada obligada en cualquier tour de los ingleses. Tal es la relevancia de este hecho, que con cada concierto en nuestro país el número de asistentes crece considerablemente show tras show. Tanto así, que las entradas para este «Legacy of the Beast World Tour» se agotaron con meses de anticipación. ¿La razón de tal efervescencia? Bueno, puede haber muchas y a la vez ninguna.

Quizás lo más sensato es afirmar sin tapujo alguno que Iron Maiden es y será la banda más transversal e importante para cada metalero existente en esta angosta faja de tierra. Su influencia y sus años en la carretera sobrepasan todos los límites. Aún no se ha inventado algo más trascendente que asistir a una presentación de La Bestia. Así de simple.

THE RAVEN AGE

Tercera vez que podemos presenciar a los comandados por George Harris antes del número principal. Esta vez fácilmente habían unas 20.000 personas dentro del recinto, siendo una audiencia más que considerable para un show de apertura. Si bien es un grupo que escapa del Heavy Metal más clásico al que está acostumbrado la mayoría de los presentes, lo cierto es que fueron recibidos con un absoluto respeto. No vamos a descubrir ahora que claramente no eran el foco de atención de la jornada, pero supieron sacar la tarea adelante de manera satisfactoria.

Canciones como Betrayal of the Mind y Surrogate mostraron en pleno la esencia de la agrupación, siempre contando con la enérgica participación de Matt James. Otros cortes sumamente interesantes como Fleur de Lis mostraron una gran combinación entre tintes powermetaleros y otros propios del Metalcore. Por otra parte, están las composiciones más complejas y experimentales. Tal es el caso de Grave of the Fireflies, que muestra una gran compenetración entre George Harris y la base rítmica compuesta por Matt Cox en el bajo y por Jai Patel en la batería. Para la postal quedarán la gran cantidad de flashes que se encendieron durante el track.

Por último, para cerrar con toda la potencia que se requería, Angel in Disgrace puso fin a un show más que correcto que duró casi una hora. Como mencionamos anteriormente, quizás este no era su público objetivo y mucho menos era la locación que más permite apreciar su propuesta. Sin embargo las ganas y las energías les sobran y lo demostraron con creces.

Setlist de The Raven Age:

  1. Betrayal of the Mind
  2. Promised Land
  3. Surrogate
  4. The Day the World Stood Still
  5. The Face That Launched a Thousand Ships
  6. Fleur de Lis
  7. Grave of the Fireflies
  8. Seventh Heaven
  9. Angel in Disgrace

IRON MAIDEN

Ya con el Estadio Nacional repleto, era cosa de minutos para que La Bestia dejara caer toda su potencia sobre el recinto de Ñuñoa. Y acá es cuando intenta dimensionar la importancia y la trascendencia de los ingleses en nuestro país. Si bien ya se ha escrito lo suficiente respecto a la perspectiva y evolución histórica de la relación de Iron Maiden con Chile, es imposible no dejar de sorprenderse con todo lo que se genera en cada visita a estas tierras. Una vez que se anuncia la fecha de forma oficial, inmediatamente ese día se convierte en el más importante del año, porque es la oportunidad de renovar votos y de demostrar que somos el país más metalero del mundo. No hay otra forma de decirlo.

Por esto mismo es que los instantes previos a que la banda salga a escena son muy difíciles de describir. Son momentos de ansiedad, de nerviosismo y de euforia. Espero entonces no ser el único que siente escalofríos con el solo hecho de pensar en lo que se avecina. Y nos referimos a que todos sabíamos que una vez que terminara el clip promocional del videojuego «Legacy of the Beast» con Transylvania de fondo, vendría uno de esos rituales sempiternos en los que hay que dejar la vida. Hablamos por supuesto de cantar Doctor Doctor de UFO a todo pulmón. En serio, el «Livin’, lovin’, I’m on the run/ So far away from you/ Livin’, lovin’, I’m on the run/ So far away from you» ya tenía a todo el estadio alucinando. Si a eso le sumamos el famoso Churchill’s Speech, el resultado no es otro que un descontrol total de la fanaticada. Ojo, aún no había ningún músico en el plató. Por tanto, no existe ningún adjetivo que permita plasmar lo que se provocó una vez que los seis integrantes comenzaron a interpretar Aces High de manera magistral. Evidentemente con el «There goes the siren that warns of the air raid/ Then comes the sound of the guns sending flak…» el mejor frontman de la historia de la música ya nos tenía en la palma de la mano. Para qué mencionar el «Running, scrambling, flying/ Rolling, turning, diving/ Going in again…» o el «Run/ Live to fly, fly to live, do or die/ Won’t you/ Run, live to fly, fly to live/ Aces high!«, simplemente deslumbrante. No podemos pasar por alto la reacción de muchos asistentes al percatarse del avión de la Royal Air Force sobre el escenario, mientras otros mantenían el caos con bengalas que aparecieron al centro de la cancha. ¡Notable!

Pequeña pausa para cambiar el telón de fondo y el carismático Nicko McBrain ataca con el redoble inicial de Where Eagles Dare, una de las «sorpresas» de la noche. Decimos «sorpresa», porque más allá de que ya fue interpretada en el Movistar Arena, el grueso de los fanáticos la pudo escuchar por primera vez en esta ocasión. He ahí la importancia de este track y las energías para cantar el «Into the night they fall through the sky/ No one should fly where eagles dare«. Por cierto, a no pasar por alto el cambio de vestuario del esgrimista, acorde a los Alpes alemanes que habían de fondo. Un crack.

Con canciones como 2 Minutes to Midnight la verdad es que poco y nada podemos hacer. La labor para redactar y no caer en redundancias se vuelve cada vez más dificultosa. Quiero decir, ¿Qué más se puede agregar a estas alturas? Obviamente la reacción fue ensordecedora. Todos saltamos y cantamos durante el «The killer’s breed or the Demon’s seed/ The glamour, the fortune, the pain…«. Mismo asunto con el «2 minutes to midnight/ The hands that threaten doom/ 2 minutes to midnight/ To kill the unborn in the womb«. Para esta oportunidad quizás es necesario resaltar lo cómodo que se veía el conjunto en todas sus líneas. Tanto así que el mismo Bruce se dedicó a hacer juegos con Steve Harris durante las partes instrumentales. Por otro lado están Dave Murray y Adrian Smith, que si bien suelen mantener una postura más sobria, siempre juegan a merced durante sus solos e intervenciones. Y bueno, Janick Gers es un show aparte. Pone la cuota de informalidad y por tanto brilla con luces propias.

Primer saludo del cantante hacia el respetable e inmediatamente aprovecha de decir varias frases para el recuerdo. En primer lugar, aseguró que habían más de 67.000 asistentes en el Estadio Nacional, siendo el concierto más grande realizado por una sola banda en Chile. Luego, se encargó de mencionar cada uno de los países que estaban presentes entre el público con sus respectivas banderas (haciendo énfasis en Escocia), para terminar con un «The whole fucking world is in this place«. Finalmente, nos recordó que esta era la última fecha del tour y que «habían dejado a la mejor audiencia de Sudamérica para el final«. Todos damos fe de la autenticidad de sus palabras. Entonces, volviendo unas líneas atrás, la detención en la bandera de Escocia no fue casualidad, ya que el «Eddie Wallace» que podíamos ver en el telón de fondo nos daba cuenta de que lo siguiente sería The Clansman. Y claro, hasta el momento había una arista no explorada en el setlist. Esa arista con la cual Iron Maiden demuestra su gran capacidad instrumental durante pasajes melódicos con grandes solos de guitarra. Si me lo preguntan a mí, esta canción era la indicada para comenzar a apreciar dichas características. Temazo por donde se le mire. Punto aparte es el «Not alone with a dream/ Just a want to be free/ With a need to belong/ I am a clansman» y el «Freedom!» que aún debe escucharse en Ñuñoa.

No había tiempo para descansar. No si arremeten con The Trooper sin compasión alguna. ¡Caos por todas partes! Tres bengalas lo evidenciaron. Y la situación en el escenario no era muy distinta, ya que Bruce tuvo que batallar contra el Eddie gigante durante toda la canción. Para nuestra suerte logró derrotarlo de manera espectacular mientras cantaba «He pulls the trigger and I feel the blow…», siempre con la bandera chilena en su mano. El resto ya es terreno conocido. El «You’ll take my life, but I’ll take yours too/ You’ll fire your musket, but I’ll run you through…» debe ser una de las estrofas más representativas de La Bestia y anoche quedó demostrado nuevamente.

Enésimo cambio de telón y ya estábamos sumergidos dentro de una gran catedral con vitrales de Eddie por todas partes. Señal inequívoca de que Revelations sería lo siguiente. Es cierto que en esta parte del show la adrenalina bajó en comparación a los tracks predecesores, pero esto permitió apreciar de mejor forma el gran desplante escénico del grupo, siempre siguiéndole la pista al escurridizo Bruce Dickinson. Es increíble cómo logra llenar cada uno de los espacios con su presencia. ¡Cuántos quisiéramos tener esa energía! Algo similar ocurriría con For the Greater Good of God, la cual injustamente contó con menor participación del público. Para nadie es un misterio que A Matter of Life and Death (2006) es uno de los álbumes menos reconocidos de los ingleses (a pesar de contar con temazos como These Colours Don’t Run, The Pilgrim, The Legacy, etc.), pero aún así una composición de tal magnitud debió ser recibida de mejor forma. Solo algunos se animaron a cantar el «Please tell me now what life is/ Please tell me now what love is…» y luego el «For the greater good of god!«. De todas formas, la ejecución fue excelsa, como ya nos tienen acostumbrados.

Momento de levantar los ánimos con la entretenida The Wicker Man, extraída de ese discazo llamado Brave New World (2000), dónde Adrian Smith literalmente «las hace todas». Riff inicial, segundas voces y el solo de guitarra. Para algunos es el engranaje fundamental de la agrupación y con justas razones lo consideran así. Solo basta ver la seguridad que transmite y la calma que tiene para tocar cada nota. Ídolo. Por otra parte, desde luego que el «Your time will come» fue coreado a más no poder.

Bien, algo se ha mencionado de los aspectos visuales que se incluyeron en esta gira de Iron Maiden, pero nada que se haya dicho anteriormente se compara a lo vivido durante Sign of the Cross. En primer lugar partamos por lo más esencial: hablamos de un canción de proporciones épicas que fácilmente entra en el top 10 de las composiciones de toda su historia. Muy personalmente, la ubico en el top 5 de mis favoritas de toda la vida. Por tanto, si a tal pieza musical le sumamos cruces en el escenario, un telón digno del apocalipsis, un frontman vestido cuál monje inquisidor, máquinas de fuego y una banda sonando como un cañón, evidentemente estamos hablando de uno de los clímax absolutos de la noche. ¡Qué manera de saltar con el «Standing alone in the wind and rain/ Feeling the fear that is growing…«! Era un reacción más que esperable una vez que la tensión iba subiendo con los redobles de Nicko. Y es que es impagable ver a Steve Harris con tal motivación. ¡Pedazo de tema, madre mía! Del «The sign of the cross/ The name of the rose/ A fire in the sky/ The sign of the cross» solo queda decir que sonó de manera gloriosa cantado por más de 60 mil almas. Para qué mencionar cada uno de los pasajes instrumentales. Solo recuerden la postal de los tres guitarristas al centro de todo. ¡Indescriptible!

Siguiendo con otro clásico incombustible -y con la gran producción visual-, Flight of Icarus nuevamente hizo que toda la cancha saltara de forma descontrolada. Ojo que acá hablamos de algo parecido a lo descrito durante Where Eagles Dare, puesto que recién fue tocada «por primera vez» para la mayoría de los fans la noche del martes. De manera obvia debemos mencionar el gran Ícaro que apareció en lo alto del escenario y de cómo Bruce se encargó de lanzarle fuego con su lanzallamas colgado en la espalda. Ante tal espectáculo solo quedaba cantar el «His eyes are ablaze/ See the madman in his gaze/ Fly, on your way, like an eagle/ Fly as high as the sun/ On your way, like an eagle/ Fly touch the sun» como si no hubiera UN mañana.

Con Fear of the Dark el asunto ya se transforma en una coreografía aprendida tras años y años asistiendo a shows de La Bestia. Primero hay que corear la melodía inicial tocada por Janick Gers y Steve Harris. Luego hay que cantar las primeras líneas junto al frontman (quién lucía una máscara asociada a los doctores de la época de la peste negra) para rematar con el «Fear of the dark, fear of the dark/ I have a constant fear that something’s always near/ Fear of the dark, fear of the dark/ I have a phobia that someone’s always there«. Finalmente, hay que explotar con todo durante el «Have you run your fingers down the wall/ And have you felt your neck skin crawl/ When you’re searching for the light?…«. Eso sí, para esta ocasión, súmenle otras bengalas que aparecieron durante el track. Desde luego que hablamos de otra infalible en el repertorio y de una de las favoritas de todos los presentes.

Y bueno, para terminar la primera parte del show, The Number of the Beast y Iron Maiden llevaron el caos a su expresión máxima. Más bengalas, más máquinas de fuego y otro Eddie gigante que colgaba tras la batería. No podemos pasar por alto una cantidad no menor de cirle pits que se generaron en la cancha, algo no habitual en los conciertos de los británicos. Y que no se me olvide destacar toda la energía que emana Dave Murray durante la canción homónima, ya que él mismo se ha encargado de aseverar que es su pieza favorita para tocar en vivo y eso se le nota a kilómetros. ¡Crack!

Tras un par de minutos fuera de escena, los platillazos Nicko marcan el inicio de The Evil That Men Do, que tiene su punto más alto durante el «Balancing on the ledge/ Living on the razor’s edge/ Balancing on the ledge/ You know, you know!» una vez que el cantante se ubicó en lo alto de la plataforma, robándose todas las miradas con sus versos. Lo que viene con el estribillo «The evil that men do lives on and on/ The evil that men do lives on and on!» no necesita descripción alguna.

Hallowed Be Thy Name es la composición que por defecto debe tener una puesta en escena digna de su lírica y de su atmósfera. Es probablemente la canción que mejor logra retratar los momentos previos a una ejecución en toda la historia de la música, contando con frases tan potentes como «As the guards march me out to the courtyard/ Somebody cries from a cell «God be with you»/ If there’s a god then why has he let me go?«, que simplemente te dejan sin palabras. Por tanto, la soga y la celda que estaban dispuestas para que Bruce realizara toda su performance era justamente lo que se necesitaba. Hablamos de una ambientación única y representativa a más no poder. Solo bastaba ver su cara y sus gestos. Devastador. Ya hacia la parte instrumental, se encarga de alentarnos una vez más a dejarlo todo. Y vaya que lo consigue, puesto que todos entendimos que el final se acercaba y no había que guardarse nada.

La intro de Nicko en Run to the Hills marca definitivamente el principio del fin. A diferencia del show del día lunes, el cantante se notó mucho más cómodo durante el «White man came across the sea/ He brought us pain and misery/ He killed our tribes, he killed our creed/ He took our game for his own need…«, logrando darle mucha más coherencia a sus líneas. Por tanto, el «Run to the hills, run for your lives» esta vez sonó mucho más potente. Más allá del número de asistentes, hablamos también de la entrega de los mismos músicos. No sólo era el fin del concierto, sino que también era el fin de la gira que los trajo nuevamente a Chile. La pirotecnia así lo indicaba. Así, a las 23:03 hrs. en punto, Iron Maiden comienza a despedirse ante un público que se rindió a sus pies desde el primer segundo.

Lo que han hecho los ingleses simplemente no tiene precedentes. Una vez más han roto su propio récord. Tal convocatoria habla de un vínculo emocional que nadie más ha conseguido en nuestro país y que pareciera no tener fecha de caducidad. Es así como con total seguridad hablamos de uno de los mejores recitales que nos ha ofrecido La Bestia. Claro, el show del Movistar Arena fue prácticamente perfecto. Un regalo y un lujo para un grupo selecto de fanáticos que merecían tal actuación. Pero vivir lo mismo con más de 60 mil personas es impresionante. Varios entendimos el asunto de la misma forma. Al tratarse de un conjunto cada vez más longevo, es prácticamente una obligación asistir cada vez que tengamos la posibilidad de hacerlo. La mejor banda de la historia se lo merece.

Setlist Iron Maiden en Chile 2019 (Estadio Nacional)

Intros:
Transylvania
Doctor Doctor (UFO)
Churchill’s Speech
1. Aces High
2. Where Eagles Dare
3. 2 Minutes to Midnight
4. The Clansman
5. The Trooper
6. Revelations
7. For the Greater Good of God
8. The Wicker Man
9. Sign of the Cross
10. Flight of Icarus
11. Fear of the Dark
12. The Number of the Beast
13. Iron Maiden
Encore:
14. The Evil That Men Do
15. Hallowed Be Thy Name
16. Run to the Hills

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

 

Satanás, el demonio, es una realidad. Y el demonio se vale de muchas cosas para introducir el mal en el mundo. Entre ellos, de estos grupos, que finalmente, por lo que he sabido -de muy buena fuente-, todas sus reuniones terminan en grandes orgías, en droga, en alcoholismo, en libertinaje sexual”. Así declaraba ante la prensa en el año 1992 un personero de la Iglesia Católica -cuyo nombre no tiene el suficiente mérito para aparecer en estas líneas y que tampoco contribuiremos a que sea recordado para que no aparezca en Google-, justificando las razones por las cuales, según él, a Iron Maiden no sólo se le debería privar de tocar en Chile, sino que incluso de entrar al país. Las paradojas del destino indican que, de la descripción efectuada por el declarante, la opinión pública tendería a sentirse menos inclinada a asociar con Maiden los conceptos vertidos, sino son mucho más cercanos a la institución representada por el individuo que señaló esas palabras que quedan en la memoria negra de nuestra historia.

Pero esa vergüenza nacional que vivimos ese 1992 no sólo es un hito en la historia de la música y el espectáculo en Chile, sino que en la historia de Iron Maiden. Hay pocos lugares en el mundo donde la conquista de la Bestia ha sido tan manifiesta como en estas tierras, con toda esta historia de prohibiciones basadas en arcaísmos dogmáticos teñidos de una ignorancia indeleble. Pasar de ser prohibidos a instancias de una institución hoy cada día más desprestigiada, pero extremadamente poderosa e influyente, versus tener hace meses vendidos un Movistar Arena y un Estadio Nacional para dos días seguidos, es sólo una muestra de que el fenómeno de Iron Maiden en Chile, además de lo musical, tiene un potente e intenso componente afectivo, de testimonios pasados por generaciones, que se unen en las mismas poleras negras que abarrotaron el recinto del Parque O’Higgins de Santiago de Chile.

Imaginar a la Doncella de Hierro en un recinto así, francamente, era un sueño para muchos. Más allá de que en su debut en 1996 tocaron en el en ese entonces llamado Teatro Monumental (hoy Caupolicán), con la vuelta de Bruce Dickinson y el debut de éste como integrante de la Bestia en Chile en el 2001 en la Pista Atlética del Estadio Nacional, los fanáticos más acérrimos soñábamos con verlos algún día en un recinto cerrado, más pequeño e “íntimo” dentro de lo que la masividad de la banda permite. Y las cosas del destino nos llevaron a tener a la Doncella debutar en un local espectacular como el Movistar Arena, de lo mejor de Chile en cuanto a ubicación, sonido e ingeniería para lograr ver cualquier espectáculo de forma al menos relativamente adecuada.

Sinceramente, quienes somos fanáticos de la Bestia, nos merecíamos esto, un show más pensado en nosotros. Por supuesto, estamos hablando de una banda que también genera atracción como evento en sí para gente no tan fanática, es decir, ir a verlos más bien por su calidad de “gran evento” o “imperdible” que alcanzan también otros eventos de distintos estilos musicales. Maiden es tan grande en Chile que alcanza para ambos contextos: nos merecemos tener a Maiden tanto en el escenario más grande de Chile,  como en el mejor escenario de Chile. No sólo sumando experiencias sino que multiplicándolas.

La expectativa era altísima: para muchos, era la primera vez que veríamos al sexteto británico tan de cerca y en un recinto cerrado, sabiendo la diferencia que esto genera en lo auditivo: la expectativa de encontrar un sonido espectacular como acostumbra el Movistar Arena, que sabemos no ha sido un factor que siempre haya resultado 100% incuestionable en los conciertos en Chile de la Bestia (es cosa de recordar a modo de ejemplo que Rob Halford el 2001 sonó muchísimo mejor que Maiden). Ahora, la ausencia de factores climáticos que influyesen en el sonido y la consabida calidad del recinto eran buenos antecedentes para poner el listón de exigencia en lo más alto, considerando además que el contexto de la gira “Legacy Of The Beast” traería algunos temas nunca tocados en Chile, además de varios de los clásicos que si bien son de siempre, cada vez traen algo nuevo, un sello distintivo, y que muchas veces está dado por aspectos escénicos y en gran parte por la teatralidad interpretativa del señor Paul Bruce Dickinson, uno de los mejores frontman en la historia de la música. Además, teníamos la curiosidad de cómo la Bestia iba a adaptar su gigantesca puesta en escena a un recinto y a un escenario más pequeño respecto a los cuales hoy en día acostumbra tocar.

THE RAVEN AGE

Mientras paulatinamente el público ingresaba al recinto -más en cancha que en otros sectores-, con aproximadamente 3.000 personas, a las 19:40 horas en punto sale a escena la banda soporte, The Raven Age, que como sabemos, cuenta en sus filas con George Harris, hijo del legendario Steve.

El baterista Jai Patel sale a escena con una bandera chilena, y luego el quinteto se completa con George Harris, que si bien toca otro instrumento, usa el pelo corto y su música es distinta a Maiden, igualmente por momentos tocaba con un pie sobre un parlante, tal como su padre. La sangre tira.

No nos vamos a hacer los tontos: es obvio que The Raven Age es la banda soporte porque toca el hijo de Steve Harris, pero es un grupo que se deja escuchar, que a lo mejor no prende pero que está lejos de algunos actos lamentables que hemos tenido que sufrir a todo nivel por causa del nepotismo. Bien por los muchachos, con una puesta en escena sencilla sólo con un telón -bastante bonito-, y si bien no provocaron grandes manifestaciones de jolgorio con su metalcore más juvenil y orientada a lo alternativo y “groove”, fueron escuchados con mucho respeto.

El vocalista Matt James nos pregunta cómo estamos y si nos encontramos listos para Iron Maiden. Los muchachos son ubicados, no intentan copiar la música del padre y a la larga su actitud liviana y sencilla termina cayendo bien. Así, intercalando momentos más intensos y otros más reposados incluyendo guitarras acústicas, tras aproximadamente cincuenta minutos de show -un poquitito más que lo suficiente-, a las 20:30 horas clavadas se despiden del público con la ya típica foto de la banda dando la espalda a los asistentes y tomada desde el sector de la batería.

Setlist de The Raven Age:

  1. Bloom of the Poison Seed
  2. Betrayal of the Mind
  3. Promised Land
  4. Surrogate
  5. The Day the World Stood Still
  6. The Face That Launched a Thousand Ships
  7. Fleur de Lis
  8. Grave of the Fireflies
  9. Seventh Heaven
  10. Angel in Disgrace

IRON MAIDEN EN EL ARENA: EXPERIENCIA IRREPETIBLE

Ha habido algunos países -enormes, por cierto- donde la Doncella tocó más de una vez en esta gira. En especial, Canadá, Estados Unidos y Brasil, en distintas ciudades. Y sí, hubo una ciudad donde tocaron más veces que en Santiago: hicieron tres fechas en Ciudad de México, pero con la particularidad que las tres fueron en el mismo recinto, el “Palacio de los Deportes”, que es una arena cerrada. Y dentro de ese lote se mete Santiago de Chile, con dos shows en lugares distintos, uno cerrado y otro en el coliseo de todos los chilenos. Tenía mucho peso y a la vez mucho sentido que seamos el cierre de esta gira, no sólo por quedar al final del mundo, sino que porque de verdad, en Chile, Maiden es algo especial, y para Maiden, Chile también lo es.

En un ambiente relajado se comenzaron a afinar los últimos detalles del escenario de la Bestia. De hecho, sale a escena un camarógrafo y los técnicos empezaron a ponerle parte del decorado en la cabeza, particularmente hiedras plásticas -suponemos- que serían utilizadas en el inicio del show. Mientras tanto, la cancha del Arena empezaba a abarrotarse, siendo un poco más lento en las plateas, considerando además que la comodidad y la bendición del asiento numerado permite llegar al show en una hora más cercana al mismo, lo que explica en buena parte porqué se llenó sólo minutos antes del inicio del espectáculo.

Luego de la música envasada que se escuchaba en el recinto (entre ellas distinguimos Queensrÿche, Dr. Feelgood de Mötley Crue y Back from Cali de Slash ft. Myles Kennedy), el reloj marcaba las 21:00 horas y el show no empezaba. Los minutos transcurrieron lentísimo hasta las 21:10, hasta que por fin, ya con el Arena a su máxima capacidad (alrededor de 15.000 personas), las pantallas gigantes comenzaron a proyectar un video promocional del videojuego “Legacy of the Beast”, razón por la cual armaron este tour, y nada menos que con el inconfundible sonido de la imperial Transylvania, tema adoradísimo por el fan de Maiden pues une lo clásico con la posibilidad de corear los riffs, siempre tan agradable en vivo.

La Bestia es tan grande que tienen un tema como Doctor Doctor que no es de ellos y no lo tocan ellos, pero igual la gente lo asocia a ellos a tal punto que algunos llamamos “la Doctor Doctor de X” a esos temas “ajenos” con los que otros grupos inician sus shows. Dos temas sin salir a escena y ya tenían el recinto convertido en una caldera donde no quedaría gota de sudor alguna en quienes entregamos todo lo que teníamos en este espectáculo -adelantamos- inolvidable.

Dos personas vestidas de soldados salen a escena. Se paran uno a cada lado del escenario, y luego empiezan a develar una escenografía que contribuye a contextualizar el primer tema de la velada. Todo se apaga y comienza el mítico discurso de Winston Churchill en la Cámara de los Comunes en Junio de 1940, en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con ese orgullo británico tan tradicional en cualquier época.

Cada visita de Maiden tiene algo distintivo que marca hitos notorios en su historia para con esta larga y angosta faja de tierra. Y ya habíamos visto/escuchado Aces High, tema motivador si los hay, pero nunca con este nivel de puesta en escena, con una réplica de un  avión de la Royal Air Force sobrevolando el escenario, una cosa realmente maravillosa. Una cosa es verlo en videos, otra cosa es estar a pocos metros de aquello. Y sale a escena este maravilloso sexteto, donde cada uno tiene su función, la entienden muy bien y se complementan cada vez mejor, la intensidad que proyectan Steve Harris y Janick Gers, más la precisión de un perfil más bajo como sucede con Dave Murray y Adrian Smith, se suman a un Bruce y su teatralidad con la chaqueta y lentes de aviador, todo lo cual en su conjunto formaba un espectáculo que sonó ya desde ese momento como un cañonazo incontrarrestable, y sólo con algunos detallitos que veremos más adelante.

La discografía de Maiden es tan vasta que hay muchos temas clásicos que nunca habían tocado en sus numerosas visitas a nuestras tierras. Y Where Eagles Dare –otro tema de guerra, al igual que el anterior– es una de ellas. Varios crecimos con esa espectacular versión en directo del “A Real Dead One”, siendo de esas canciones que en vivo adquieren un brillo especial, algo común en el catálogo de la Bestia. El look de Bruce ahora emulaba al de los paracaidistas ingleses infiltrados en las líneas nazis para rescatar a un prisionero en medio de los Alpes alemanes –he allí las razones de la nieve del telón–, y la emoción que nos provoca la Bestia tocando temas por primera vez en nuestras tierras supera cualquier mínima sensación de reiteración que pueda provocar en algunos. El contexto del show invitaba a dejar la vida cantando y así fue, las gargantas hoy lo sienten.

Sin parar, ni la música ni la temática bélica –tan característica de la discografía de Maiden–, un clásico de clásicos como 2 Minutes to Midnight, que a muchos nos hizo conocer la existencia del Reloj del Apocalipsis, regó de pólvora el Movistar Arena. Con el imponente telón del Eddie soldado frente a un tanque y con banderas atrás –la afgana como protagónica–, el éxtasis no paraba en intensidad en el público que mantenía repleto el recinto. Uno miraba para todos lados y no veía claros, quizás algún asiento loco vacío perdido por allí pero nada más. Es cierto que la tocan siempre, pero tanto la pericia en las ejecuciones como la puesta en escena proporcionan un brillo especial cada vez, tal como acontece con otros temas recurrentes en los set de la banda.

La principal interacción de Bruce Dickinson con el público vendría ahora. “Ahá! Hola Chile, Hola Santiago!”, nos saluda en español el orgullo de Nottinghamshire. Nos cuenta que esta es la parte final de un tour de cuarenta y cuatro shows, y que necesitaban terminarlo en un lugar “really, really fuckin’ special”. A Bruce no le vienen con cosas, no necesita caerle bien a nadie, no es una oda a la corrección política y por ende sus palabras exceden la buena crianza, y el público lo sabe, por lo que se ganó una sincera ovación. Además, se sorprendió al decir que venían de tocar en “Rock in Rio” y que el público aplaudiera en vez de pifiar por referirse a un país cercano y la típica rivalidad que ello conlleva, por lo cual nos preguntó “hey! Everything is OK?”.

En un momento de alineación de planetas, Bruce toma una bandera chilena, pero que además tenía la leyenda “Just to be free”, que coincidiría con lo siguiente. Antes, eso sí, Dickinson recuerda la primera vez que trataron de venir, porque tuvieron problemas con alguien. El “booooo” ensordecedor del público no tiene nada que envidiar a los abucheos a los wrestlers malévolos que osan hacer trampa o pegarle a los buenos sacando una silla plástica desde abajo del ring. “But that’s OK”, añade Bruce, diciendo que lo siguiente es un tema que trata sobre la libertad, que teníamos gente de todo el mundo en el concierto, incluso de Escocia. Nos preguntó si había escoceses, encontrándose con un “yeeeaaah” bastante masivo que lo llamó a tratarnos simpáticamente de mentirosos. ¡Pero en cancha había una bandera de Escocia! Así que el frontman le pidió perdón a la persona que la portaba –si lo estudió, qué bien la hizo; si es escocés, también, qué bien la hizo–.

Por supuesto que lo siguiente era The Clansman. No queremos ser injustos con Blaze Bayley, es de los mejores temas de su época y se engancha muy bien con su timbre y la garra que pone en escena, pero la verdad es que Dickinson, con su voz y teatralidad –saliendo a escena con una espada ensangrentada–, realmente fagocitó este tema y con su estilo resulta de manera simplemente espectacular. Un sueño realmente, verlos tan cerca, con la misma escenografía de recintos más grandes. Todo invitaba a dejar hasta la más mínima reserva de energía en el Movistar Arena, lo que pase después se verá después.

No es casualidad que en el contexto temático de guerra se incluyera a otro clásico incombustible como The Trooper y su recuerdo a la Carga de la Brigada Ligera en la Batalla de Balaclava en el contexto de la Guerra de Crimea de los rusos contra británicos y aliados, con su telón clásico y con Bruce simulando pelear con su espada con sangre. Y no podemos negar que la parte final sale hermosa, con Dickinson tomando el mástil con la bandera chilena –qué inteligentes son estos tipos para conectarse emocionalmente con el público sin necesidad de hablar demasiado–, para terminar con la Union Jack por todo lo alto.

Unos pocos segundos bastaron para cambiar la temática del show, con un telón maravilloso que, a sus costados, y a modo de mosaicos, los Eddie del “The Number Of The Beast” y el single “The Trooper”, mientras que un hermoso rosetón gótico en el telón –y otros más pequeño en el bombo de Nicko y al fondo del mismo baterista– llenaba de colores un escenario más solemne, que a algunos recordó a la malograda Catedral de Nôtre Dame de París. Así, se iniciaba la sección “religiosa” del show: primero con un solidísimo clásico como Revelations, con mucha participación del respetable, y luego con otro corte que no habíamos visto en Chile, la imperial For The Greater Good of God, del “A Matter Of Life And Death”, una de las máximas joyas compositivas de la Bestia desde la vuelta a la banda de Dickinson, que dio un especial énfasis a la letra al momento del “you know religion has a lot to answer for”. Es cierto que no se bramó como los clásicos de antaño, pero en ningún momento el ambiente decayó.

Siguiendo con temas más “modernos” de la Bestia, el telón de fondo nos marcaba que sería el turno de The Wicker Man, tema muy querido por la fanaticada, pues fue el primero que conocimos desde el retorno de Bruce Dickinson a la banda por allá por el año 2000. Con Adrian Smith muy activo en las segundas voces, el “your time will come” retumbó hasta el techo del recinto.

A continuación vendría uno de los momentos más soberbios de la noche, con la solemnidad lúgubre de Sign Of The Cross, uno de los cortes donde la teatralidad de Bruce luce a inmenso nivel. Sale a escena casi a oscuras, con una capucha y con una cruz que ubica en el centro del escenario, mientras interpreta el denso inicio del tema, con bajos que no acostumbramos a escucharle y que le resultan fenomenales, aunque se dio el primer –y quizás único– problema de sonido de la jornada: algún inconveniente en el monitor de Dickinson hizo que en algunos pasajes estuviera un poco a destiempo, lo cual sucedería en un par de ocasiones más. Y en este momento tan relacionado a las temáticas eclesiásticas, valga una reflexión: qué inmenso es Iron Maiden, cuánto ha crecido con el paso de los años, y sin duda cuando físicamente ya no puedan darnos todo esto, el legado de la Bestia perdurará por siempre, mientras que las personas que incidieron en prohibir hace algunos años su entrada al país se irán de este mundo y probablemente caerán en el inmenso cajón del olvido, con esa cruz que al final del tema iluminó la oscuridad del recinto.

La anterior fue una joya de once minutos, y ahora vendría otro diamante, pero ahora de cuatro minutos, nunca tocado anteriormente en Chile. Si uno se pone excesivamente exigente, podría decir que Maiden sí nos debía Flight Of Icarus, deuda pagadísima con intereses y con excedentes, con una puesta en escena increíble que emulaba el vuelo de Ícaro de manera magistral, y con un Dickinson jugando con unos lanzallamas que cargaba en su espalda cual mochila de delivery. Es imposible que una persona que no conozca a ese señor que anda corriendo para todos lados crea que tiene sesenta y un años, un cáncer superado y una lesión severa en un tendón de Aquiles hace apenas meses. Espectacular es una palabra limitada para describir lo vivido en esos momentos, pese a un nuevo pasaje de descoordinación voz/resto.

Es cierto que Fear Of The Dark la tocan siempre, con su clásico inicio a cuatro platillazos de Nicko. Pero cada vez que la vivimos, formamos un coro realmente fenomenal, acorde a la entrega de la banda. The Air Raid Siren sale a escena con otra vestimenta: abrigo, sombrero de copa y una linterna verde para iluminar la oscuridad. De verdad, desde las plateas se veía la cancha como un mar que se movía al unísono, con un público vuelto loco en la totalidad del recinto.

Ya terminando la primera parte de un show que realmente pasó volando, la inconfundible voz grave, tenebrosa y estremecedora de don Barry Clayton (Q.E.P.D.) nos lleva a otro clásico de todos los tiempos. Es imposible imaginar un show de Maiden sin The Number Of The Beast, con Dickinson soltándose su largo pelo –primera vez que lo vemos en Chile con ese look–, emulando a los shows ochenteros de la banda donde forjó la grandeza que hoy luce por el mundo. Y por cierto el cierre a tope con los “scream for me Santiago” para dar inicio a Iron Maiden, con un Eddie gigantesco saliendo desde el fondo del escenario, con un pentagrama en la cabeza, que lucía aun más con las llamaradas dispuestas en sectores estratégicos. Bruce se despide de nosotros tras noventa y cinco minutos de intensidad y entrega total, y nos dice “nos vemos, quizás mañana, si se portan bien”, mientras el querido Nicko McBrain lanzaba memorabilia –baquetas, muñequeras– al público.

Tras un pequeño descanso de un par de minutos, sale a escena el Jefe Steve Harris y luego el resto de la banda, que vuelven con The Evil That Men Do, clásico del “Seventh Son Of A Seventh Son”, completando el décimo disco que fue revisitado por la banda en este espectáculo, que realmente mostró buena parte de toda su discografía. La última descoordinación entre los tiempos de la banda y el monitor de Bruce no afectó mayormente.

Y el show no podía terminar con dos obras maestras, también llenas de teatralidad. Primero con Hallowed Be Thy Name, con un Bruce chascón, sin chaqueta, sudado por completo que realmente uno podía imaginarse a un condenado a muerte, tras las rejas instaladas en el sector derecho del escenario y pasando a la tenebrosa horca que cayó desde los cielos, en una interpretación colosal y que además muestra a un Dickinson incitando al público a gritar desquiciadamente hacia el final. Y de inmediato la energética Run To The Hills, con minas antipersonales y un detonador de trinitrotolueno que realmente nos hizo cantar como si de nuestra voz dependiera que pudiésemos arrancar hacia los cerros. Así, tras una hora y cincuenta y cinco minutos, con Bruce agradeciendo, diciéndonos que nos quieren, que nos vemos mañana y que van a seguir viniendo a vernos, se cerró un show inolvidable por todos los aspectos posibles.

Hay que reconocer que hay mucho de sesgo cuando uno opina de algo que le gusta tanto, pero realmente lo que vivimos en esta jornada fue magistral y probablemente irrepetible, en intensidad, en sonido –que habría sido prácticamente perfecto sin esas pequeñas descoordinaciones entre la voz y los instrumentos–, en entrega de la banda y del público, a tal punto que quizás sea uno de los más grandes e inolvidables espectáculos que haya pasado por el Movistar Arena a lo largo de su historia, y un hito tremendamente destacable en la relación de Iron Maiden con Chile, cada vez más consolidada y afianzada, y con una Bestia cuya reputación va creciendo exponencialmente con el paso de los años, algo que otros estamentos no pueden decir, porque ellos no sabían que la Doncella de Hierro los va a atrapar, no importando cuán lejos estén.

Setlist de Iron Maiden en Chile 2019 (Movistar Arena):

Intros:
Transylvania
Doctor Doctor (UFO)
Churchill’s Speech
1. Aces High
2. Where Eagles Dare
3. 2 Minutes to Midnight
4. The Clansman
5. The Trooper
6. Revelations
7. For the Greater Good of God
8. The Wicker Man
9. Sign of the Cross
10. Flight of Icarus
11. Fear of the Dark
12. The Number of the Beast
13. Iron Maiden
Encore:
14. The Evil That Men Do
15. Hallowed Be Thy Name
16. Run to the Hills

Review: Darío Sanhueza
Fotos: Guille Salazar

Un pesado 7 de octubre, algo nublado y con 27 grados de calor… ¡como si ser lunes no fuera poco! Esa es la apreciación del día que aletargaba el ánimo, pero que fácilmente se exorcizó al entrar al parque más emblemático de la capital para ser parte de un todo y recibir a estas dos legendarias bandas como lo son Whitesnake y Scorpions.

Una vez más, la Arena de Santiago se vio dominada por el género que hace vibrar a nuestra nación, el número 1: El inmortal Rock n’ Roll.

WHITESNAKE

“Are you ready?” La voz del gran David Coverdale, lleno de vitalidad y con nuestros colores en el pecho abre la noche encendiendo los ánimos de la Arena. Junto a los demás compañeros que forman la serpiente, comienza a rugir uno de los clásicos del álbum homónimo, Bad Boys. La Arena, todavía en proceso de llenado, va entrando en calor y sintonizando con las ansias de lo que se viene. Ya más en confianza, Slide It In es bien recibida como clásico que es. Mientras, tratábamos de recordar alguna ocasión en donde Whitesnake no se haya visto transmitiendo este nivel de vitalidad y energía. Hace sentido la cortina introductoria My Generation de The Who, ambas bandas probándole al mundo, mediante la música, como es envejecer manteniéndose joven. Coverdale es, en opinión personal, uno de los vocalistas que mantiene clase y estilo como muchos deberían. Whitesnake es un buen vino.

Y la banda continúa su paso por el álbum “Slide It In”, esta vez con el clásico Love Ain’t no Stranger. Y pese a que la canción anterior fuese más prendida, la emoción se escucha en la cancha al descifrar el comienzo íntimo de este temazo, ejecutado con la prolijidad de los integrantes nuevos y el groove de los clásicos. Y luego de este inicio lleno de nostalgia, llegó la hora de presentar el motivo de esta cruzada por el ají al final de mundo y el resto de Sudamérica, Hey You (You Make Me Rock) es la encargada de teñir la escenografía del lanzamiento reciente “Flesh & Blood”.

Como suele suceder en las canciones nuevas, el ánimo del público se somete hacia la contemplación más que al éxtasis que provocan los veteranos. La otra elegida se trata de Trouble Is Your Middle Name, ambos temas caracterizados por un sonido más pesado y acorde a la maduración de la banda, encargándose Slow an’ Easy de cerrar el “Slide It In” en esta revisión en vivo. El público, impaciente, parecía una bestia alimentada a trozos de carne pequeños… la energía estaba presente, pero todavía no se manifestaba en su totalidad. Y esa es la característica principal de esta banda de Heavy Metal seductor, jugar con el deseo.

Las luces se posan sobre el guitarrista Richard “Reb” Bleach (Winger, Dokken), o más bien, donde estaba Reb, ya que este emprendió hacia la plataforma que flota sobre las primeras filas del público. Claramente dispuesto a hacer de las suyas con su instrumento, ejecuta un solo sorprendente que luego es contestado por su contraparte Joel Hoekstra, o “sex on two legs” según como lo introdujo nuestro querido Cov (y había que presentarlo, ya que algo de parecido guarda con Doug Aldrich). Ambos, mano a mano, demuestran sus habilidades virtuosas demostrando pulcridad performativa absoluta. Hoekstra varias veces se lleva la uñeta a la boca para transformar el mástil de la guitarra en un teclado para tocar con los dedos de ambas manos. La habilidad de ambos no es de sorprender, después de todo, hay que caminar donde alguna vez caminaron leyendas como Vivian Campbell y Steve Vai. Y luego del single lanzado para el día de San Valentín, Shut Up and Kiss Me, llega el turno del gran Tommy Aldridge para demostrar su longevo talento con las baquetas… ¡y también sin ellas! La ovación es aún mayor para reconocer el trayecto y carrera de Aldridge, en su tiempo también baterista de Ozzy Osbourne en el legendario “Bark at the Moon”, entre otros. Otro músico que conforma la serpiente es Michael Devin, luciendo un poderoso Rickenbacker negro, entre otros de su arsenal de los cuatro cuerdas.

Es admirable como los músicos—con la sola excepción de Aldridge—complementan en coro al líder Coverdale, pero uno de ellos tiene algo de ventaja en el rol: el italiano Michele Luppi, conocido para nosotros por ser el pulmón de Vision Divine. Pero no, no hay solo de voz ni tampoco un La Vita Fugge, hay que recordar que Luppi se luce en los teclados de “The Purple Album” evocando a Jon Lord. Evocación que repitió esta noche que cierra con el clásico de la era Coverdale de Deep Purple, Burn. La canción prendió, sin lugar a dudas, pero me gustaría haber visto el ímpetu como el que se le dio a los demás clásicos «caballos de batalla» de Whitesnake en vivo, que sin duda contaron con mayor participación del público (y lamentablemente más grabaciones de teléfonos). Nos referimos a los singles hit del también llamado “1987”: La vieja confiable Is This Love?; Give Me All Your Love; la bailable Here I Go Again; y la pesada Still of the Night. La banda nos deja con el cierre del álbum “Lovehunter”, We Wish You Well, además de Always Look on the Bright Side of Life compuesta por el genio de la comedia Eric Idle (de Monty Phyton) sonando en la mesa. Y el telón de Scorpions cubre el escenario para montar el hardware de los alemanes.

Setlist de Whitesnake en Chile 2019:

01. Bad Boys
02. Slide It In
03. Love Ain’t no Stranger
04. Hey You (You Make Me Rock)
05. Slow an’ Easy
06. Trouble Is Your Middle Name
07. Solos de guitarra
08. Shut Up & Kiss Me
09. Solo de batería de Tommy Aldridge
10. Is This Love?
11. Give Me All Your Love
12. Here I Go Again
13. Still of the Night
14. Burn

SCORPIONS

Las luces se atenúan un tanto, las ansias se vociferan y en el escenario una gráfica (algo ridícula) de un helicóptero sobrevolando la ciudad con el riff de Crazy World de fondo sirven de introducción para el plato principal de la noche. Going Out With a Bang abre los fuegos y nos muestra una vez más a una banda que—por mucho que trate—simplemente rehúsa despegarse de la emoción de tocar, tanto en estudio como en vivo. A parecer personal, es el tema perfecto de cierre, pero el hecho de que lo pongan como inicio es una declaración de la banda con su compromiso, demostrado con la perseverancia a través de su carrera. Cierta descoordinación hubo en el tema, ¿quizás problemas de retorno? En fin, nada grave de todos modos.

Make It Real es ya uno de los clásicos en vivo, Klaus Meine se ve cómodo en el registro y ejecuta sin esfuerzo alguno el sutil tono de la canción. Nuestra bandera y la sombra de los cuatro escorpiones decora el fondo del escenario a lo largo de toda la canción. Al finalizar, el vocalista saluda y agradece la oportunidad de estar de vuelta en la franja. Luego de ser introducida, el pesado ritmo de The Zoo invita a cabecear este segundo clásico del “Animal Magnetism”. Y claro que no podía faltar, ya que de por si es imposible escuchar la canción sin imaginar el baile de Rudolf Schenker, transformado en un metrónomo humano, con la clásica Flying V blanco y negro, sello que comparte (no con los mejores términos) con su hermano menor y ex miembro de Scorpions, Michael. Rudolf, como siempre, nos muestra la naturalidad que posee para plantearse como showman en el escenario, luciendo un sombrero de cuero y sus infaltables lentes oscuros. Y Matthias Jabs no se queda atrás. El legendario guitarrista que se atrevió a reemplazar a Uli Jon Roth y a acompañar a Scorpions por el sonido que los hizo populares en las radios internacionales, se pasea por el mástil acompañado del psicodélico sonido del Talk Box (ese pedal wah de expresión vocal que tanto le gusta a Adam Jones) para terminar con un tapping de armónicos. Luego, a señal de Rudolf, ambos se pasean, como dice la canción, a través de la clásica y nostálgica canción instrumental Coast to Coast.

Al regreso de Klaus al escenario, este cuenta una anécdota donde viajando en una roñosa van a través de la autobahn le dicen que algún día Scorpions recorrerá hacia Santiago. Curioso… hace algunos días dijo que era Río de Janeiro. Los colores psicodélicos adornan el logo de Scorpions y anuncia la llegada del ya clásico medley de las canciones de treinta años atrás. Dicho así como en el fútbol—y si la memoria no falla en recordar el evento anterior—, en esta ocasión Top of the Bill entra por Pictured Life y Steamrock Fever por Backstage Queen, para acompañar a las clásicas Speedy’s Coming y Catch Your Train. Aprovecho de confesarles que no me molestaría para nada que incluyeran más canciones de esta época y dejar de lado algunos hits de radio, después de todo, Bad Boys Running Wild no estuvo presente en este setlist y recuerdo en alguna ocasión haber escuchado In Trance en vivo, pero ¿qué tan genial sería escuchar Sails of Charon o He’s a Woman, She’s a Man? O mejor aún, hacer un “Scorpions United” con el activo Ulrich Roth y tocar Polar Nights. Quizá para la próxima, ya que en este tour no se mintieron, la palabra farewell no apareció en ninguna parte en ninguna parte.

We Built This House, segunda canción de “Return to Forever” en el tracklist y también la segunda de aquel disco junto a Going Out With a Bang. Y ambas comparten esa mirada retrospectiva a la carrera de Scorpions, pero yo diría que esta canción está más cargada de ese carácter que la primera. Esta vez no hubo fotos de épocas anteriores, sino un lyric video para guiar al coro del público, como hubiese querido Klaus. La respuesta fue tibia, notándose el eco de multitud ligeramente en los “ohs” del coro (We built this house on a rock! Wooo ooooh!). Klaus y Rudolf dejan escenario para un receso y Matthias Jabs toma las riendas interpretando Delicate Dance junto a su técnico escudero Ingo Powitzer en guitarra rítmica.

Y luego de este pasaje instrumental, las luces y el escenario abandonan los fulgores intensos, Rudolf se para frente a la Flying y los encendedores se preparan para ser prendidos: Send Me An Angel tiene buena respuesta para el público y el “here I am” que permite Klaus para el público no falla en ser apropiadamente coreado. La etérea voz grabada de fondo que hace de eco de esta línea, para mí, estaba de más, ya que, suena bastante extraña. Mikkey Dee (King Diamond, Motörhead) regresa a la jaula de platos y bombos desde su pequeño set acústico, y la balada ícono de la caída del muro de Berlín, Wind of Change, genera aún mejor recepción (y nuevamente las pantallas de teléfonos adornan la multitud). La clásica paloma se ve en la gráfica, luego junto al otro símbolo de la paz y la consigna “Save Our Earth” del muro. La canción es ejecutada con algunas secciones confiadas a nosotros para cantar. El apoyo podría haber sido mejor, tuvimos la oportunidad de dejar la vara alta con los versos, pero el público prefirió el coro. Para el coro, sin embargo, hubo un momento de alta emocionalidad y ovación in crescendo que estableció el ambiente como para corear un momento junto al vocalista sin acompañamiento de los instrumentos. Esta canción siempre me recuerda lo difícil que es silbar para algunas personas.

Para reanudar el ánimo, la noventera y sexy Tease Me, Please Me del “Crazy World”, que se lleva a cabo con total admiración de parte del público. Y como dice Carlos Pinto, nada hacía presagiar que, al finalizar la canción, Mikkey Dee se disponía a demoler las paredes de la Arena con un enérgico solo. Tras una pausa, de fondo, y en sincronía con el bombo de Mikkey, la gráfica se va rellenando con las carátulas de los discos, con la lógica exclusión de la carátula censurada de “Virgin Killer”. Una aproximación más sencilla a la versión de James Kottak. Lo que no tiene nada de sencillo es como el reemplazante de “Philthy Animal” y el mismo Tommy Aldridge, entre otros, convirtió la batería en un motor bestial mientras se elevaba en la plataforma colgante, quedando al medio del escenario y prendiendo al público con cada interacción. Definitivamente, un baterista respetado y muy querido por la gente del Heavy Metal.

Y nos vamos a negro, el escenario se cubre de balizas encendidas y Rudolf junto al bajista polaco Paweł Mąciwoda, marcan el regreso a lo pesado con el riff inicial de Blackout. Infaltable, fue la oportunidad perfecta para seguir liberando la energía conservada con las baladas y pre-calentada con el solo de Dee. Mi atención se volcó en cabecear la canción y gritar el coro con lo poco de voz que me iba quedando. Y volviendo al “Scorpions sexy” la infaltable Big City Nights nos prepara para el encore y el resto de hits del “Love at First Sting”.

El escenario comienza a ser invadido por el hielo seco y luego las luces engarzan la atmósfera para Still Loving You. A este nivel, es mandatorio corear “I will be there” y Klaus no necesito inclinar el micrófono para provocar esa respuesta. Lo más genial de ver a Scorpions son las pequeñas grandes variaciones que todos sus temas tienen en vivo. En este caso, Still Loving You, pudiendo ser tocada más lenta, provoca mayor feeling en la ejecución de las guitarras. Llega a poner los pelos de punta, una canción que de tanto que suena en la radio, uno esperaría acostumbrarse, pero no, no falla en tocar la fibra.

Luego Meine aprovecha de interactuar con el público en una última ocasión, antes de que se desate el huracán en la arena. Cae el riff de Rock You Like a Hurricane y el público alcanza el clímax de ánimo, algo tarde, pero con hartas ganas de corear la canción entera. Lamentablemente, el final (y estoy seguro que muchos comparten lo mismo) me pilló de sorpresa, esperando el slide introductorio de Bad Boys Running Wild veía, sin creer, como se despedían los oriundos de Hannover una vez más del escenario. No pude evitar reírme de la crueldad de poner de fondo You Can’t Always Get What You Want de The Rolling Stones, para abandonar el escenario, y es así, no siempre se puede alargar la noche… sin embargo, despedirse de Scorpions es algo que dejamos de hacer hace varios (rápidos) años ya.

Setlist de Scorpions en Chile 2019

01. Going Out With a Bang
02. Make It Real
03. The Zoo
04. Coast to Coast
05. Medley era Uli Jon Roth: Top of the Bill / Steamrock Fever / Speedy’s Coming / Catch Your Train
06. We Built This House
07. Delicate Dance
08. Send Me An Angel
09. Wind of Change
10. Tease Me, Please Me
11. Solo de batería de Mikkey Dee
12. Blackout
13. Big City Nights
Encore
14. Still Loving You
15. Rock You Like a Hurricane

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

Esta cuarta versión del festival Santiago Gets Louder estuvo marcada por diversos aspectos que hicieron de esta jornada un día inolvidable para los fanáticos del Metal. La locación elegida para realizar uno de los eventos más esperados del año fue el estadio Bicentenario de La Florida, el cual se veía totalmente imponente por la marea de poleras negras que agotaron todas las entradas.

Recordando que el line up oficial estaba encabezado por Megadeth, banda que debió cancelar sus fechas por el indeseable cáncer diagnosticado a su líder Dave Mustaine, era necesario buscar un reemplazo para el cupo disponible dentro de la cartelera. Dicho “reemplazo” (con unas comillas enormes, por favor), fue nada más y nada menos que los reyes absolutos del Thrash alemán. Hablamos por supuesto de Kreator, quienes además nos brindaron un show descollante un día antes del festival que nos convoca.

Siendo esta la primera vez que SGL cuenta con agrupaciones netamente representantes de una sola vertiente dentro del Heavy Metal, se produjo un fenómeno más que plausible una vez que los adeptos al Metal extremo visualizaran una jornada dedicada a la vieja escuela y la rapidez. Sin embargo, esto no fue lo único que determinó el éxito del festival, ya que los legendarios Slayer venían en el marco de su tour de despedida, coronando la velada con un público enardecido celebrando este último show.

PENTAGRAM

Si había una banda que podía abrir esta cuarta versión del Santiago Gets Louder era, sin duda, Pentagram. Siendo pioneros del Metal extremo y uno de los mayores representantes del estilo en Chile, la agrupación comandada por Anton Reisenegger, comenzó su presentación puntual a las 15:00 hrs. frente a una fanaticada de tres mil personas que esperaba ansiosa el inicio de la jornada. Así, con hachazos como Fatal Prediction, Horror Vacui y Profaner, se comenzaron a vislumbrar los primeros circle pits entre los más entusiastas.

Siguiendo con la vieja escuela, Evil Incarnate y Temple of Perdition mostraron a una banda que instrumentalmente suena como un cañón y que puede pasearse por todo su repertorio como si nada. Juan Pablo Uribe, Francisco Cueto y Juan Pablo Donoso literalmente tenían un huracán de fondo. Por otra parte, también hay momentos para recordar a los que ya no están en este mundo. Así, el frontman dedica Temple of Perdition a AlfredoBeyPeña y a Jeff Hanneman, logrando que los aplausos bajen espontáneamente.

Si hay un tema que ha logrado destacar dentro de «The Malefice» (2012), ese es sin dudas La Fiura, el cual fue recibido con el mismo entusiasmo que sus predecesores. Y bueno, obviamente clásicos como Spell of the Pentagram terminan por evidenciar los años de la banda en el ruedo. Finalmente, Demented y Demoniac Possession multiplicaron los mosh entre una audiencia que paulatinamente iba creciendo con el pasar de los minutos. No importó el calor ni la deshidratación. Había que apoyar a Pentagram de cualquier forma. ¡Excelente comienzo!

Setlist de Pentagram en Chile 2019:

  1. Fatal Pretictions
  2. The Malefice
  3. Horror Vacui
  4. Profaner
  5. Evil Incarnate
  6. Temple of Prediction
  7. La Fiura
  8. Spell of the Pentagram
  9. Demented
  10. Demoniac Possession

KREATOR

Tal como lo mencionamos al referirnos a su show en solitario del día anterior en la Cúpula Multiespacio, los germanos cumplieron todas las expectativas. Fueron el número perfecto para calentar los motores de cara al festival y prácticamente nadie se vio sorprendido con toda la potencia que desplegaron durante la tarde del domingo. Es cierto que se eliminó el factor sorpresa respecto al setlist que ejecutarían, pero aún así no había duda alguna de que lo dejaríamos todo desde la primera nota.

Siguiendo con el cronograma previsto, apenas comenzó a sonar The Patriarch por los altoparlantes, toda la gente comenzó a agolparse rápidamente en los lugares más próximos al escenario. Tal era la cantidad de poleras negras, que fácilmente a esa hora habían unas diez mil almas en el Bicentenario. Entonces, siguiendo el orden natural de las cosas, Violent Revolution y Extreme Aggression desataron la locura a lo largo y ancho de toda la cancha. Mosh pits por todos lados y un sonido descollante que nos daba cuenta de la intensidad de los teutones. Mismo asunto con Phobia y Terrible Certainty, que motivaron cánticos y headbanging por doquier.

Cabe mencionar que esta vez la puesta en escena incluyó otros elementos que aportaron lo suyo. Por ejemplo, durante la interpretación de Satan Is Real, hubo máquinas de fuego que hacían el coro aún más creíble. Por otro lado, el hecho de ser un tema mucho más lento que sus predecesores, permite apreciar de mejor forma la performance de los músicos. Vimos a un Frédéric Leclerq mucho más enérgico y participativo motivando a los presentes con el puño en alto. Por su parte, Sami y Ventor son dos estandartes que hacen su trabajo a la perfección.

Momento de que aparezca el confeti con Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite), y al igual que en la noche del sábado, el “Hordes of chaos/ Hordes of chaos/ Everyone against everyone – chaos!” fue tomado en serio por varios de los presentes. ¡Había que sobrevivir de cualquier forma! Por suerte durante Hail to the Hordes pudimos descansar un par de minutos antes la brutalidad que se venía, porque una vez finalizado el track mencionado, Mille Petrozza pidió que cada sector de la cancha se dividiera en dos para realizar el mítico Wall of death. Así, tocando la intro de Awakening of the Gods, presenciamos el descontrol que alcanzó su clímax durante Enemy of God. Que quede para el recuerdo: se formaron catorce circle pits. Sí, catorce. ¡Impresionante!

Con total seguridad podemos asegurar que Phantom Antichrist ya es todo un clásico. Esto quedó en evidencia una vez que Mars Mantra comenzó a sonar de fondo. Pedazo de tema que se nos venía. Y al igual que ayer, el A phantom scouring across the land/ Leaving trails of blood and sand/ End this torture and misery/ For souls awake enough to see/ Far beyond the lies/ Phantom antichrist!” retumbó en cada rincón del estadio. Por cierto, nuevamente apareció el confeti para adornar todo.

Como era de esperarse, la dupla conformada por Betrayer y Pleasure to Kill puso el broche de oro para una presentación llena de violencia. Kreator demostró por qué son uno de los puntales del género a nivel mundial y por qué son tan aclamados en nuestro país. Verlos tocar frente a una gran audiencia -al más puro estilo de un festival europeo- era lo último que les quedaba por hacer y la tarde del domingo la deuda fue saldada con creces. Si bien es cierto que tuvieron que acortar su repertorio, esto no fue impedimento para arrasar con todo a su paso. ¡Impresionante!

Setlist de Kreator en Chile 2019:

  1. Violent Revolution
  2. Extreme Agressions
  3. Phobia
  4. Terrible Certainty
  5. Satan Is Real
  6. Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)
  7. Hail to the Ordes
  8. Awakening of the Gods (Intro) / Enemy of God
  9. Phantom Antichrist
  10. Betrayer
  11. Pleasure to Kill

ANTHRAX

Llegó el turno de Anthrax frente a un público expectante que ya repletaba el estadio de principio a fin. La banda liderada por Joey Belladonna y Scott Ian, estaba lista y dispuesta a dar un espectáculo que, a diferencia de su participación en el tour con Iron Maiden en 2016, se encontraba frente a una multitudinaria audiencia devota a ellos. De esta forma se confirma una vez más que son la banda de Thrash más querida en nuestro país desde su esperado regreso en el año 2010. Y la verdad es que este fenómeno es fácil de explicar. Son una agrupación enérgica, carismática y cuentan con una batería de himnos que son indispensables en el soundtrack del día a día.

Es sabido que The Number of the Beast es el principal indicio de que los músicos están próximos a aparecer sobre el plató. Y vaya comienzo, ya que al igual que en su presentación en el reciente Rock In Rio, la ejecución de los primeros minutos de Cowboys From Hell hizo que todos saltaran de manera frenética de cara al show como tal. De aquí en adelante entramos en terreno conocido. Caught in a Mosh y Got the Time desataron la locura a la que ya estamos acostumbrados, donde Frank Bello y Jonathan Donais logran cubrir todos los rincones contagiando a cualquiera. Desde luego que el panorama no cambia en absoluto con Madhouse, otro de los incombustibles de los neoyorkinos.

Se produce la primera pausa para tomar aire y esperar a que Be All, End All continuara con la senda avasalladora en la que estábamos inmersos a esa hora. Así, con cortes como I Am The Law y los respectivos gritos de “Respect the badge – he earned it with his blood/ Fear the gun – your sentence may be death because/ I am the law…”, ya dimensionábamos las proporciones alcanzas en esta jornada. Y Scott Ian nos lo hizo saber, ya que antes de interpretar Efilnikufesin (N.F.L.) afirmó que Chile era el mismísimo infierno.

A pesar de que Now it’s Dark fue tocada por primera vez en nuestro país, es innegable que los ánimos bajaron considerablemente durante estos pasajes. In the End tampoco ayudó mucho, siendo ambas afectadas por el notorio cansancio que todo fuimos acumulando desde horas de la mañana.

Scott ayudó a salir del paso realizando “a very stupid question”. Y claro está, ya que ante la pregunta de “Do you fucking love Thrash Metal?” evidentemente las energías se repusieron de forma inmediata. Llegó el momento de A.I.R. y por tanto es necesario cantar el “Welcome to your nightmare/ You just can’t walk away…” como ya lo hemos hecho en innumerables ocasiones. Joey Belladonna, luego de homenajear al gran Ronnie James Dio, maneja el público a su pinta y es capaz de bajar a la cancha para cantar Antisocial desde ese lugar. Así es, el frontman descendió a la barricada y saludó a los más próximos a la reja mientras entonaba cada una de las frases del track mencionado.

Para finalizar, Indians nuevamente desató un mosh de proporciones épicas con el War dance. Eso sí, primero tuvimos que contar con la aprobación de Charlie Benante, logrando así una postal para enmarcar y recordar en los años venideros. Por tanto, nos hacemos responsables al afirmar de forma tajante que Anthrax es probablemente la mayor catarsis que se vive en nuestro país. Saben perfectamente que en Chile juegan de local y se les nota en el gran desplante que nos entregan con cada visita. A estas alturas es un ritual imperdible donde todos los participantes cumplen su función a cabalidad. Eso, señoras y señores, es digno de admiración.

Setlist de Anthrax en Chile 2019:

  1. Cowboys From Hell (Intro) / Caught In A Mosh
  2. Got the Time
  3. Madhouse
  4. Be All, End All
  5. I am the Law
  6. Efilnikufesin (N.F.L.)
  7. Now it’s Dark
  8. In the End
  9. A.I.R.
  10. Antisocial
  11. Indians

SLAYER

No cabía un alma más en la cancha del Bicentenario al momento de que Slayer se subió al escenario. Y no podía ser de otra forma, ya que se trataba del penúltimo show de la banda en nuestro país dentro de su gira de despedida. Por la misma razón, se veía venir el extenso setlist que el grupo interpretó durante casi dos horas, teniendo como siempre al chileno Tom Araya a la cabeza. Es preciso mencionar que la presentación estuvo marcada por el magnífico desplante técnico de la banda, que se hace notar incluso después de la muerte de su guitarrista y columna vertebral, Jeff Hanneman. Porque sí, es cierto que el conjunto nunca pudo reponerse de esta pérdida, pero al final del día hay algo que nadie puede negar: con Gary Holt entre sus filas, la banda en vivo es una máquina que es capaz de partirle la cabeza a cualquiera.

Esto último quedó demostrado apenas finalizó Delusions of Saviour, ya que con Repentless y Evil Has No Boundaries el asunto prácticamente se salió de control. ¡Cuánta potencia madre mía! Si a esto le seguimos sumando otros cortes del calibre de World Painted Blood y de Postmortem, la reacción de cada uno de nosotros cuesta describirla. La velada estaba poniendo a prueba nuestra resistencia y nuestra fidelidad con cada hachazo. Y bueno, siempre están los elementos que no pueden faltar. Por ejemplo, ya podíamos observar grandes bengalas al medio de la cancha. ¡Un infierno!

Paul Bostaph es un crack. Así de simple. Hate Worldwide permite apreciar todo su desplante y seguridad de cada una de sus pegadas. Logra adueñarse del escenario, aún cuando su posición es bastante alejada del epicentro mismo. Y si de adueñarse se trata, una vez que Tom queda solo frente a la multitud es imposible no vitorearlo. Tras los cánticos de “Chileno, chileno”, aprovecha la algarabía para presentar War Ensemble, otra de las más brutales de la noche.

A todos nos tomó por sorpresa la inclusión de Gemini, que fue recibida de manera bastante tibia si consideramos el éxtasis inicial. Pero qué más da, si Disciple como siempre fue un verdarero cañón. ¡Hay que gritar el “God hate us all” como si de eso dependiese nuestra vida! Qué temazo, loco. Y ojo, a pesar de que Gary Holt y Kerry King no interactúan mucho entre sí, lo cierto es que ambos conforman un dueto al que le sobra experiencia.

Lo masacre continuó con la dupla conformada por Mandatory Suicide y Chemical Warfare, que marcaron el fin de la primera mitad del repertorio. Llegaría entonces el momento de bajar los ánimos para afrontar la segunda parte del show. Las escogidas fueron Payback y Temptation, que si bien no son de las más solicitadas por la fanaticada, siguen permitiendo demostrar el alto nivel de ejecución en el que ya hemos hecho hincapié anteriormente. Ya con Born of Fire se logró retomar la potencia, pero el asunto mejoró considerablemente con Seasons in the Abyss, siempre procurando cantar el “Close your eyes/ Look deep in your soul/ Step outside yourself/ and let your mind go/ Frozen eyes stare deep in your mind as you die”.

Lo siguiente sería clásico tras clásico. Partimos con Hell Awaits y South of Heaven, que nuevamente trajeron de vuelta las bengalas y los mosh a lo largo y ancho del recinto. Obviamente el climax absoluto se alcanza con el “Chaos rampant in an age of distrust/ Confrontations impulsive Sabbath/ On and on south of heaven!”, donde el frontman se la jugó toda de principio a fin. Casi sin transición alguna, todo a nuestro alrededor se encontraba con una atmósfera roja bastante lúgubre y densa. Los golpes de Paul y los agudos de Kerry King y Gary Holt solo podían indicar una cosa. ¡Raining Blood! Cuánta violencia desatada en un solo track. Y eso no era todo, ya que como todos sabemos, en cosa de segundos estaremos en medio de Black Magic de forma casi imperceptible. ¡Épico!

Entendiendo que el final estaba cada vez más cerca, durante Dead Skin Mask solo quedaba cantar el “Dance with the dead in my dreams/ Listen to their hallowed screams/ The dead have taken my soul/ Temptation’s lost all control” como correspondía. Finalmente, la sempiterna Angel of Death puso fin a la primera fecha de Slayer en Chile. Para despedirse, aparecieron las últimas bengalas y se gastaron las últimas energías que quedaban tras una jornada maratónica de horas de Thrash Metal.

Imposible no mencionar los cánticos finales dedicados a la banda y más puntualmente hacia Tom Araya. Con bandera en mano y tras un “Viva Chile mierda”, se podía notar su emoción y su gratitud hacia cada uno de los presentes. Porque claro, es imposible no mencionar esto último. Al tratarse de un show de despedida, quizás se espera un poco más de emotividad y un poco más de cercanía con el público. Es sabido que Slayer es una banda más bien fría en escena. La interacción es casi nula y ellos simplemente cumplen con su labor. Una canción tras otra. Por esto mismo, el hecho de que nuestro compatriota se haya notado profundamente conmovido con la postal que se formó en el epílogo, es aún más valorable para él como persona y para nosotros como fanaticada. Nuevamente demostramos un comportamiento ejemplar y seguimos siendo uno de los países más metaleros del mundo. ¡Hasta siempre Slayer!

Setlist de Slayer en Chile 2019:

  1. Repentless
  2. Evil Has No Boundaries
  3. World Painted Blood
  4. Postmortem
  5. Hate Worldwide
  6. War Ensemble
  7. Gemini
  8. Disciple
  9. Mandatory Suicide
  10. Chemical Warfare
  11. Payback
  12. Temptation
  13. Born of Fire
  14. Seasons in the Abyss
  15. Hell Awaits
  16. South of Heaven
  17. Raining Blood
  18. Black Magic
  19. Dead Skin Mask
  20. Angel Of Death 

Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Como ya es costumbre, cada vez que se acerca un festival de grandes proporciones a nuestro país, los llamados «sideshows» son los encargados de realizar la previa a la gran jornada que se aproxima. Teniendo siempre en el horizonte la despedida de Slayer como plato principal de este fin de semana, lo cierto es que el anuncio del show en solitario de Kreator un día antes de la realización del Santiago Gets Louder a todas luces parecía el panorama ideal para un día sábado en la noche. Y es que el asunto no resiste mayor análisis. La Cúpula Multiespacio es un muy buen recinto para este tipo de conciertos y los germanos son letales cada vez que pisan tierras chilenas.

Eso sí, cabe destacar que en esta ocasión habían dos grandes aspectos que es necesario mencionar a tiempo. Primero, se tenía cierta expectativa respecto a las canciones que interpretarían los teutones, ya que el mismo Mille Petrozza señaló que se vendría un «setlist asesino» con más clásicos que de costumbre. Luego, veríamos el debut de Frédéric Leclercq como bajista de la banda, siendo esta una labor no menor dentro del sonido aplastante que los caracteriza.

Entonces, ya con cerca de mil fanáticos que aguardaban el puntapié inicial, solo bastaba esperar y dejarlo todo en la cancha desde el primer minuto. Y vaya que fue así, puesto que apenas comenzó a sonar The Patriarch se vislumbraba que de aquí en adelante la masacre no se tomaría pausa alguna. Es así como Violent Revolution desató el primer mosh en el centro de la Cúpula, siempre acompañado del enérgico «My only hope, my only solution Is a violent revolution!/ Violent revolution/ Violent revolution/ Reason for the people to destroy«. ¡Pedazo de tema para abrir el show!. Pero lo cierto es que lo anterior no tiene comparación con el caos que se generó con Extreme Aggressions, en la cual el frontman se desgarra la voz gritando «Extreme aggressions/ Seeing you suffer brings pleasure to me/ Extreme aggressions/ My aggressions became too extreme to be kept under control«.

Tras los hachazos iniciales, rápidamente llegaría una de las más entretenidas de presenciar en cualquier show de Kreator. Porque si hablamos de cantar con el puño en alto, Phobia se lleva todos los premios. El «Is there something after you/ Something after you/ Is there something after you/ Will it get you» aún debe estar retumbando en el recinto. Si a eso le sumamos la tremenda puesta en escena de la sección de cuerdas, los juegos de luces frenéticos y las máquinas de humo que sólo permitían ver a los músicos como siluetas sobre el plató, se termina por conformar uno de los puntos altos de toda la noche. Luego -como fue la tónica durante toda la jornada-, sin ningún preámbulo arremetieron con Terrible Certainty, desatando nuevamente un mosh descomunal.

La primera revisión al último álbum de los germanos (Gods of Violence, 2017) vendría con la dupla conformada por Satan Is Real y el track homónimo. La primera si bien calmó un poco los ánimos de la primera tanda, bajo ningún punto de vista le quitó intensidad a lo que presenciábamos. Dicha calma permitió apreciar la gran performance de la banda con un poco más de detención, además de enfocarnos puntualmente en Frédéric, quién lució sobrio y confiado en su posición. Para la segunda, evidentemente el caos retornó de la mano del «We shall kill!» y del «As the gods of violence/ Gods of violence/ Gods of violence come alive«.

Llegaría el primer saludo de Mille Petrozza hacia los presentes, donde además de darle la bienvenida al nuevo integrante, aprovechó de recordarnos que Chile es la segunda casa de Kreator y que nosotros conformamos sus «Hordes of Chaos«. No hacía falta decir más, puesto que el «Everyone against everyone» de la misma Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite) tomó más significado que nunca, acompañado cintas de confeti que cayeron desde el cielo una vez iniciado el tema. En cuanto a la ejecución, pedazo de solos que se despachan Sami y Mille, siempre teniendo una muralla impenetrable en base a la pegada de Ventor.

Tras una correcta interpretación de Hail to the Hordes, y luego de que el líder incitara a toda la cancha a realizar un clásico wall of death, era tiempo de dejarlo todo durante la incombustible Enemy of God. Cabe mencionar que en el setlist original estaba incluida Awakening of the Gods, la cual finalmente no fue tocada. Pero bueno, volviendo al clásico mencionado, lo cierto es que a estas alturas poco y nada se puede aportar a la descripción de una canción de tales características. Hablamos de esas que trascienden a la etiqueta del Thrash y que sencillamente se convierten en piezas indispensables para el Heavy Metal como género global. Como siempre, es un gusto poder apreciarla en vivo una vez más y la satisfacción es aún mayor al ver que todos tenemos la misma reacción. El «Enemy of God/ Purity and innocence is killed/ Enemy of God/ Peace has died the day when life stood still» dio cuenta de aquello. ¡Momentazo!

Nuevamente Mille se dirige a nosotros, para preguntar si queremos más canciones «old school«, ante la obvia respuesta afirmativa de parte de todos, con Endless Pain evidentemente hablamos de un corte de la vieja escuela con todas sus letras. ¡Qué manera de gritar el «Feel the endless pain/ Locked in metal chain» madre mía! Kreator demostraba todos los años de carretera con ejecuciones sublimes y un sonido aplastante que no dejaba respirar. Y ojo que la situación no fue muy distinta con People of the Lie, puesto que no nos quedamos atrás durante el «Got a masterplan/ Genocide/ Can’t understand/ People of the lie!«.

Lo siguiente sería la descollante Phantom Antichrist, que fue precedida por la intro Mars Mantra con Sami Yli-Sirniö tocando las últimas notas antes de pasar al track mismo.  Ya con el papel de confeti de vuelta entre medio del mosh, acá sencillamente la base rítmica fue sublime. El doble bombo y el bajo literalmente hicieron retumbar todo. Si bien puede que el sonido haya estado con el volumen un poco más alto que de costumbre, esto no fue impedimento para lograr apreciar el huracán que teníamos de fondo. Temazo por donde se le mire. Es resto es solo cantar el «A phantom scouring across the land/ Leaving trails of blood and sand/ End this torture and misery/ For souls awake enough to see/ Far beyond the lies/ Phantom antichrist!«.  Y la última revisión al material «nuevo», vendría con la discreta Fallen Brothers, que cuenta con la cuota de nostalgia al recordar a grandes músicos que nos han dejado con el pasar de los años. Lamentablemente durante el inicio de la canción el backline y la amplificación dejaron de funcionar durante un par de minutos, provocando que la banda tuviera que abandonar el escenario mientras todo se arreglaba. Para nuestra suerte el asunto no pasó a mayores y pudimos seguir disfrutando del show rápidamente.

Acercándonos ya al final, el frontman aparece en escena con la clásica bandera de Kreator entre sus manos. Señal inequívoca de que debíamos gritar el «Time to rise your flag of hate/ Destroy the world is our only aim…» como si no hubiera mañana. Dicho y hecho entonces. Todos sabemos que Flag of Hate es uno de los himnos de los teutones y no hay que perder chance para hacérselo saber al mundo. Posteriormente Mille nos agradece por nuestra presencia y se encarga de recordarnos que esto solo es la previa de hoy. Después nos advierte que antes de terminar es preciso volver a la vieja escuela y rápidamente lanzan toda la artillería con Betrayer y Pleasure to Kill. Eso sí, no podíamos irnos sin un último wall of death y sin un último mosh al centro de la cancha. Así, a las 22:30 hrs. en punto, los alemanes comienzan a abandonar el escenario tras una hora y media de hachazo tras hachazo.

Como mencionamos al inicio de este review, un show en solitario de Kreator cumplía con todas las características de ser una previa perfecta para el Santiago Gets Louder. La banda está ultra probada en Chile y así se los hicimos saber desde la primera canción. Por otra parte, entendiendo desde luego que la atención está focalizada en el festival como tal, los que asistimos al show en la Cúpula debemos sentirnos más que afortunados de haber podido presenciar a los germanos en solitario. El concierto en todas sus filas fue aplastante y escuchar el setlist con los clásicos de siempre fue un deleite. Y aún falta lo mejor. ¡Nos vemos hoy!

Setlist Kreator

  1. Violent Revolution
  2. Extreme Agression
  3. Phobia
  4. Terrible Certainty
  5. Satan Is Real
  6. Gods of Violence
  7. Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)
  8. Hail to the Hordes
  9. Enemy of God
  10. Endless Pain
  11. People of the Lie
  12. Phantom Antichrist
  13. Fallen Brother
  14. Flag of Hate
  15. Betrayer
  16. Pleasure To Kill

Review: Gino Olivares
Fotos: Daniel Sáez

Fueron años esperando volver a ver a un virtuoso, a un elemento fundamental de este estilo que nos reúne en esta web y en este tipo de conciertos, la hora de volver a ver al gran Timo Tolkki tocando sus clásicos en vivo por fin había llegado. Desgraciadamente no fue de la forma que todos hubiéramos deseado -compartiendo escenario con sus excompañeros de Stratovarius– pero no dejó de ser un tremendo evento, especialmente si consideramos que quienes lo acompañaron en esta gran noche fueron la banda tributo chilena Visions, para los que definitivamente debe haber sido una noche apoteósica.

Caterina Nix | Chaos Magic

Arranca frente a un público muy disminuido, a la mitad de su presentación unas cien personas se encontraban en la cancha del Centro de Eventos Blondie. Sin embargo, la gente se relaciona de maravillas con la banda, respondiendo a los pedidos de Nasson y la misma Caterina Nix. Desgraciadamente, durante casi toda la presentación de los nacionales el sonido no fue el mejor aliado de la banda, con una batería que opacaba en varios pasajes al resto de los instrumentos y una guitarra que se escuchaba difusa en ocasiones. Así pasan I’m Your Cancer y Path Of The Brave, apreciándose algunas dificultades de Caterina para alcanzar un par de notas mientras cantaba One Drop Of Blood pero nada que afectara la presentación.

Sin terminar el tema anterior arranca la intro de Like Never Before, por los problemas en el sonido la voz de Nix cuesta entenderla al principio, aunque se va arreglando a medida que avanza, escuchándose algunos acoples mientras se nota que la máquina liberó mucho de su producto para la cantidad de gente presente, lo que jugó más en contra que a favor de crear ambiente, el apoyo de Nasson en las voces también se pierde por los problemas de sonido.

Tras una breve conversación con el público recuerda que recientemente lanzaron su nuevo disco, para lo que presenta Furyborn, el title track, donde la música está mejor ecualizada y se escucha mejor la voz de Nix y de Nasson pero se mantienen los problemas de sonido, algunas cabezas se mueven tímidamete a estas alturas de la noche mientras se aprecia que la presentación está siendo grabada. Antes del próximo tema, Caterina explica que éste, en la versión de estudio, cuenta con la colaboración de Tom Englund, de Evergrey pero, por razones obvias, no puede estar presente pero Nasson se encargará de sus partes y así arranca Falling Again, donde se escuchan varios acoples que no alcanzan a perjudicar la presentación pero mantienen la percepción de un mal trabajo de mesa, especialmente cuando se escucha uno fuerte y molesto. Sin embargo, la banda incólume continúa con la tremenda presentación a la que ya nos vienen acostumbrando.

Mientras comienza a sonar The Point Of No Return se escuchan fuertes y molestos acoples, además que la voz de Nix se perdía en el volumen de los instrumentos, sin embargo, alcanza a notarse la influencia del gran Tolkki en la composición, mejorando considerablemente la ecualización a medida que avanza el tema pero sin llegar a sonar escucharse como debería, lo que es una verdadera pena, porque en otras presentaciones ha podido lucirse sin problemas de la mano de un muy buen sonido. Al terminar, Caterina presenta a su banda: Mario Torres en la guitarra, Carlos Hernández en la batería y Nasson en el bajo y segunda guitarra, esto, para anunciar a un invitado de honor al escenario, el mismísimo Timo Tolkki, quien por su vuelo desde Perú, aún no había llegado al local, por lo que rápidamente se organizan para presentar You Will Breathe Again. Por fin el sonido se arregla y la banda suena como corresponde aunque las voces se ven opacadas en algunos pasajes, muy buen juego de luces que creo deja en claro estaban preparados por si esto pasaba.

¡Ahora sí! Nuevamente invitan al escenario al finlandés y el gigante bonachón sube a acompañarlos, el público lo vitorea, él abraza a Caterina, se arma con su guitarra y empieza a sonar la intro para Alive. A Tolkki se le ve bien y feliz, disfrutando el poder tocar con alguien conocido, aunque sea frente a poca gente que, a esas alturas, alcanzaba a unas trescientas personas. A pesar que la presencia física de Tolkki es innegable, su presencia musical lo es aún más, especialmente con sus arreglos hacia el final.

Así terminan de abrirse los fuegos y hasta Tolkki ya queda con los motores precalentados para lo que será la noche más larga de su gira.

Setlist de Caterina Nix | Chaos Magic:

1. I’m Your Cancer
2. Path Of The Brave
3. One Drop Of Blood
4. Like Never Before
5. Furyborn
6. Falling Again
7. The Point Of No Return
8. You Will Breathe Again
9. Alive (con Timo Tolkki)

Timo Tolkki + Visions

A la hora anunciada se apaga la pantalla de fondo, deja de sonar la música envasada y pareciera escucharse una intro de música clásica, aunque ésta no se escuchaba a volumen concierto por el sistema de sonido sino que parecía oírse sólo en los retornos y algo nos rebotaba a nosotros. Así la banda tributo chilena Visions sube al escenario junto al esperado y vitoreado Timo Tolkki, para arrancar con la invaluable Black Diamond, perfectamente tocada por el teclado de Javier Mancilla, aunque la ecualización sigue con problemas, Tolkki demuestra su profesionalismo y sigue tocando sin reclamar nada, él mismo se acerca a su amplificador y lo modifica una, dos, tres veces, un crack. Cabe destacar al vocalista Ricardo Zúñiga quien intenta dar una experiencia lo más cercana a Timo Kotipelto, no sólo con su voz sino también con su puesta en escena. Un Tolkki extasiado se luce cambiando un poco el solo, haciendo maravillas en la sección más rápida del tema, arreglando su amplificador para sonar como él quiere… y despachándose un tremendo arreglo final.

Zúñiga aprovecha el espacio entre temas para saludar y darle la bienvenida a Tolkki a nuestro país, entonces el finlandés dueño de la fiesta arranca con Paradise, buscando destrozar el lugar con el sonido de su guitarra. Aunque Timo no se mueve mucho, se nota que no es porque no quiera si no por razones más de salud o edad quizás, haciendo varios arreglos nuevos a sus canciones y despachándose un solo de maravillas, entregándose con todo muy bien acompañado del bajo de Rául Tobar y el resto de la banda que se mantienen a la altura de la noche.

Un poco más atrás en el tiempo nos vamos y escuchamos Against The Wind, donde podemos ver a Tolkki casi queriendo volar con su guitarra, así de emocionado se veía, regalando un tremendo momento de la noche con una reciprocidad emocionante entre el público y el finés. Al terminar, Timo nos regala algunas palabras en finlandés, que obviamente no muchos entendieron, pero si nos quedó claro su grito de “perkele” y “saatana”. Así anuncian que la próxima canción viene volando para arrancar con Eagleheart, una canción que si bien es potente y canchera, no requiere mucho trabajo de Tolkki, por lo que no se puede lucir mucho pero, cuando llega el solo, Timo vuelve a dejar en claro porqué su nombre es tan grande. A estas alturas ya tenemos más de quinientas personas en la Blondie y TT regala alguna uñeta mientras termina la canción para pedir una cerveza, darle un sorbo y… ¡regalarla!

Ahora Zúñiga nos indica que la siguiente canción Tolkki tiene muchas ganas de tocarla porque nunca lo ha hecho en nuestro país y así, con un potente inicio, escuchamos Galaxies, sin embargo, hacia la parte central lenta aparecen algunos problemas con la guitarra de Timo, los que él mismo soluciona como todo un profesional, se enreda un poquito al empezar el solo pero a este maestro todo se le perdona porque no deja de ser tremendo.

Como buen frontman, Zúñiga pregunta al respetable si está listo para dejar la cagada, mientras Tolkki se repone un poco con agua y empiezan a sonar los acordes de Hunting High And Low, poderosa como siempre con Timo arrancando su parte antes que la banda, dejando claro que la canción es suya y de esto, poco más se puede decir que: ¡tremendo!

Siempre interactuando con el público, ahora TT choca su cerveza con la de alguien en el público y, mientras suena la intro para la maravillosa Destiny, un “desahogo” raro tocan en los instrumentos, casi no dejando escuchar la intro, quizás ellos no la escuchaban… toda la primera parte de la canción con voces corales suena envasada, luego se lanza la banda completa, uno podía escuchar a Stratovarius a través de estos muchachos y teniendo a Tolkki en el escenario, quien encima cantó todas las canciones mientras las tocaba. Al terminar, Timo felicita y aplaude al público, sólo para que se hagan una idea de cómo venía reaccionando el respetable a la presentación del gigante, a lo que el público responde cantando un “olé olé olé olé, Timo, Timo”.

Luego de los cánticos, una silla entra al escenario, Tolkki se sienta y le entregan una guitarra acústica en la que empieza a tocar los acordes de Coming Home, un momento emocionante, cercano, tan cómodo se sintió Timo que se despachó, entre medio, el 4º Movimiento de la Sinfonía Nº 9 de Beethoven, más conocida como la «Canción de la Alegría», que es acompañada en tarareo por el respetable. Luego, en el mismo formato, continuamos escuchando la tremenda Forever, la que todo el mundo canta y acompaña con las palmas, incluso, en un momento sólo el público cantó el coro y se nota a Timo disfrutando el momento.

Al anunciar la siguiente canción, obviamente el público se volvió loco porque lo que se venía era la tremenda Phoenix, en cada quiebre rítmico el respectivo grito de “hey!” estremece el local y, me parece importante destacar, el dominio del público que demostró el vocalista de la banda, ya que entre él y Tolkki nos regalaron una experiencia “stratovariesca”, donde hasta los acoples dejaron de importar, con un Timo que, aunque cansado, pide palmas porque claramente no tiene intenciones de que la noche termine todavía.

Entonces Zúñiga, emulando a Kotipelto en algunas presentaciones que todos hemos visto o escuchado anuncia, cuál vocalista extranjero, que lo siguiente será Distant Skies, la que suena potentísima aunque la gente parece ya estaba un poco cansada porque ya no se movió tanto, sin embargo, cantó la canción completa, especialmente tarareando el puente luego que Tolkki volviera a dar clases con su solo. Al final hubo un acople tan feo que Timo terminó haciendo un sonido de ambulancia con su guitarra… así de alegre estaba el muchachón.

Para anunciar la próxima, los típicos juegos con el nombre de la canción, The Kiss Of Judas se deja caer y el público ya no quería más, rendido totalmente a los pies de nuestro invitado de honor quien, además, por fin entra en confianza y se mueve a través del escenario para acercarse al tecladista y jugar un poco con él y su teclado, el que tiene un patito de plástico rememorando a Jens Johansson y sus patitos propios, el cual Timo, previo permiso de Mancilla, regala al público. Acá Tolkki se ve más relajado y despierto, sabiéndose dueño de la jornada se abre de brazos tras su última nota antes del pasaje instrumental y así lucirse en el solo.

Tras un pequeño descanso, el mismísimo Timo Tolkki nos pregunta qué queremos escuchar, entre medio de algunas palabras que no se entienden bien por lo bajo del volumen en su micrófono grita “father time!”, celebrando y felicitando la entrega de público, entonces empieza a sonar la inmortal Will The Sun Rise?, cantada por la toda la Blondie, ahora Timo juega con el bajista, a quien abraza mientras tocan y luego nuevamente se acerca al teclado para jugar, hasta el “duelo de solos” donde se enreda un poco al principio pero, obviamente, se reencuentra enseguida y termina con su guitarra sonando cual saludo de Woody Woodpecker, el recordado Pájaro Loco.

Tolkki nos recuerda que está grabando su nuevo disco, que espera nos guste lo que está componiendo y vendrá en ese trabajo y, con esta introducción, se viene un momento esperado, la mítica Speed Of Light empieza a sonar con un Timo dejando claro quién es el dueño de estas canciones. El público desorbitado grita y salta al son de su guitarra. Hacia la mitad del tema: silencio. Entonces Tolkki comienza a jugar subiendo poco a poco la velocidad de su guitarra hasta que vuelve al ritmo y entra toda la banda. Al terminar, una nueva uñeta le llega al público, se saca la guitarra y en medio de la oscuridad del escenario todos bajan.

Luego de este pequeño encore, Mancilla con su teclado, Tobar con su bajo y Sebastián del Pino en la batería vuelven al escenario para tocar Shock, un cover a la versión chilena del tema de John Tesh, si no le suena, recuerde El Tiempo en Megavisión de los años 90. Ese mismo tema, un momento divertido de la noche mientras Tolkki descansaba un poco, al terminar, del Pino siguió luciéndose un poco un solo de batería al que el público enganchó, entonces Timo regresó.

Ahora Tolkki nos pregunta si nos gustaría escuchar algo cantado por él, explicando que no sabe cómo saldrá porque está un poco resfriado pero a nadie le importa, ni a él ni a nosotros, así que lo intentará y pareciera que no estaba en el libreto porque se demoran un poco en coordinarse y, así, comienza a sonar Hold On To Your Dream. Escuchar este clásico cantado por él mismo compositor y voz original fue el momento más nostálgico de la noche creo yo, sin lugar a dudas lo más emocionante, ya hacia el coro Zúñiga se hace cargo pero ya da lo mismo, Timo Tolkki nos cantó y, al terminar, nos pidió que nunca dejemos de soñar y si alguien nos pide que dejemos de hacerlo, su consejo fue sencillo “fuck off!”.

Zúñiga presenta a la banda, donde sólo nos falta del guitarrista oficial de esta banda que actuó como segunda guitarra en esta oportunidad, Omar Alvear y, al presentar oficialmente a Tolkki, éste se inclina ante su público cuando todos sentimos debió ser el público arrodillado ante él, recibiendo toda la ovación del respetable. Ahora sí empieza a sonar Father Time, la que comienza como desordenada, no se entiende bien la música en un principio, para aclararse a los pocos segundos y escuchándose lo que queremos escuchar. Tolkki se divierte mientras se ve reflejado en la forma de tocar de Alvear. Al terminar la sección instrumental, que toda la Blondie coreó, se da un corte brusco que da paso a un final mucho más pesado.

Mientras Zúñiga pregunta si queremos más y Tolkki se hidrata un poco, el vocalista pide aplausos para el maestro simplemente porque el maestro está feliz de estar con nosotros, porque ama a Chile y porque somos el mejor público. Entonces nos devolvemos mucho en el tiempo y escuchamos la maravillosa Twilight Symphony, donde se nota que Timo no quiere dejar de tocar aunque ya lleva casi dos horas, pareciera que en toda su vida jamás pasó un sólo día sin subirse a un escenario, disfrutando a concho su tiempo en el escenario y regalándonos un tremendo solo.

Así se anuncia la última canción de la noche, una que Timo no ha tocado en toda la gira, ni en Europa ni en el resto de Sudamérica, dicho esto empezamos a escuchar Legions. Potencia pura y pasión desenfrenada, donde podemos ver a un Tolkki que toca y canta con el alma, donde aunque parece haberse escuchado una descoordinación mínima (que puede haberse debido sólo a la diferencia de volumen entre la guitarra del maestro y el teclado) a nadie le interesó. Timo se golpea el pecho cada vez que pueda regalándonos su corazón en la guitarra, dejando en claro lo emocionado que estaba y así, la noche termina por todo lo alto y con Timo Tolkki preguntándonos dónde puede ir y qué puede conocer en Santiago porque le quedan un par de días por aquí.

La leyenda del Power Metal mundial nos regaló una noche tremenda, que sólo nos permite soñar con, alguna vez, poder ver y escuchar a la formación clásica de Stratovarius, si ya lo hizo Helloween y Rhapsody, todavía podemos soñar.

Setlist de Timo Tolkki en Chile 2019:

01. Black Diamond
02. Paradise
03. Against The Wind
04. Eagleheart
05. Galaxies
06. Hunting High And Low
07. Destiny
08. Coming Home (acústico, con extracto de 4º Movimiento de la Sinfonía Nº 9 de Beethoven)
09. Forever (acústico)
10. Phoenix
11. Distant Skies
12. The Kiss Of Judas
Encore
13. Shock (cover de John Tesh/René Calderón)
14. Will The Sun Rise?
15. Speed Of Light
16. Hold On To Your Dream
17. Father Time
18. Twilight Symphony
19. Legions

Review: Seba Miranda
Fotos: Guille Salazar

Por primera vez en los 18 años de nuestra página web nos embarcamos en la ardua misión de hacer una cobertura extensiva e in situ del festival del Metal más grande del mundo, el WACKEN OPEN AIR. Y qué mejor ocasión que el aniversario número treinta de esta cita planetaria. Nuestros corresponsales Karim Saba y David Araneda visitaron la Tierra Santa del Metal por segunda y tercera vez respectivamente, y nos estuvieron comentando sus impresiones inmediatas durante el festival a través de nuestros canales de redes sociales. A modo de resumen, y una vez procesadas las experiencias y sensaciones que esta versión de Wacken nos dejó, les compartimos este recuento a una semana de esta histórica cobertura.

Como les comentábamos desde allá, es imposible abarcar todas las actividades realizadas durante el festival entre dos personas, por lo que obviamente nos vamos a referir solo a lo que vivenciamos personalmente.

DÍA 1: ¡LLEGAMOS!

Esta vez la llegada a Wacken no estuvo exenta de percances, las carreteras alemanas se veían bastante congestionadas por el alto flujo de vehículos hacia el área del festival, junto a los numerosos trabajos en los caminos. Una vez instalados en el campamento, y con las dificultades para llegar al punto de acreditación (apartado del área del festival) tuvimos que lidiar con una fuerte lluvia y las imprecisas indicaciones del staff. Luego de caminar por más de una hora, por fin dimos con el lugar correcto y al llegar nos encontramos nada menos que con la Reina Del Metal DORO PESCH, siempre dispuesta a posar con una sonrisa para sus fanáticos. En el camino pudimos apreciar algunas de las actividades que toman lugar fuera del área del festival, con bares al aire libre, puestos de comida y escenarios improvisados para bandas locales.

En un comienzo, el cielo se veía despejado y todo auguraba que el clima nos acompañaría, pero en Wacken uno de los aspectos más impredecibles es justamente el tiempo, que puede variar de soleado a lluvia torrencial en un abrir y cerrar de ojos. A través de la aplicación oficial del festival nos anunciaban que, debido a una alerta de tormenta eléctrica, las actividades se suspenderían por alrededor de una hora, lo que generó cambios considerables en el running order. Debido a esto, las presentaciones de UFO, ANGELUS APATRIDA, SWEET, ente otros, se vieron retrasadas y algunas tuvieron que ser reagendadas o canceladas. Cabe mencionar que en este caso la tormenta eléctrica finalmente no se acercó hasta el área del festival y no hubo víctimas, pero la evacuación preventiva tuvo lugar debido a los casos de heridos e incluso muertes por electrocución en otros festivales europeos en años anteriores.

Uno de los conciertos más especiales de este día tuvo lugar en la Metal Church, en la cual se presentó ULI JON ROTH, guitarrista de los primeros discos de SCORPIONS. En una mágica e íntima performance, el maestro nos deleitó con piezas de música clásica, algo de flamenco, medleys de música popular y por supuesto clásicos de su banda madre. El selecto grupo de asistentes despidió a la leyenda con una ovación de pie que se extendió por largos minutos. Luego de dar vueltas por los escenarios en funcionamiento, pudimos presenciar las potentes presentaciones de CRISIX y CANCER en el Wasteland Stage, y disfrutamos también de KARAOKE TILL DEATH, quienes invitaron a gente del público a subirse a cantar al escenario. Para cerrar la noche nos dirigimos a la Metal Disco, donde el DJ de turno se encargó de hacer bailar a los presentes hasta las tres de la mañana.

DÍA 2: SABATON SE VISTE DE LEYENDA

A pesar de que el área de campamento se abre el lunes y los escenarios secundarios funcionan desde el miércoles, el día jueves marca el inicio oficial de Wacken, en el que se abren todos los escenarios y se comienzan a presentar las bandas de mayor renombre. Luego de nuestro reporte matutino recorrimos las tiendas de merchandising oficial, en la cual puedes comprar todos los productos asociados al festival, desde una polera hasta una toalla. Comparado con años anteriores, esta vez la oferta culinaria fue más amplia e incluso se vieron puestos de comida ofreciendo alternativas más gourmet, además de alimentos aptos para vegetarianos y veganos. Otra de las novedades del Wacken XXX fue la incorporación de la History Stage, donde se presentaron las bandas que compitieron en la Metal Battle. Con esto, la cantidad total de escenarios ascendió a nueve, albergando a las más de 150 bandas invitadas a participar.

Musicalmente hablando, dimos inicio a la jornada asistiendo a la presentación de SKYLINE, banda local que se presenta todos los años en el festival, inaugurando los escenarios principales con su entretenido show de covers que tuvo como invitados especiales a DORO y Gus G. (ex guitarrista de Ozzy Osbourne). Paralelamente en la W:E:T Stage se presentaba VAMPIRE, banda de thrash sueca que provocó una efervescente respuesta por parte de la fanaticada, generando los primeros mosh del día. Al mismo tiempo se presentaba en escenarios principales BEYOND THE BLACK, comandados por la encantadora Jennifer Haben, quien nos deleitó con su voz y presencia escénica. La banda alemana aprovechó la ocasión para traer una invitada especial, en este caso Tina Guo, una chelista de renombre mundial y que le agregó elegancia al show de los teutones. Cabe decir que a estas alturas los escenarios principales estaban repletos y el sol pegaba fuerte.

TESTAMENT convirtió el Louder Stage en un verdadero campo de batalla con sus clásicos de thrash ochentero, pero también incluyendo mucho material de sus últimas publicaciones de estudio. La base rítmica compuesta por Gene Hoglan y Steve Di Giorgio le dio el peso necesario a esta aplanadora presentación. De forma paralela, los legendarios suizos de KROKUS trajeron toda la nostalgia quizás a un público más maduro que disfrutó con un hard rock más tradicional. HAMMERFALL salió al Harder Stage y nos entregó un sólido set, bastante orientado a sus últimos lanzamientos. Antes de su presentación estrenaron su nuevo single “Dominion”, con un videoclip que pudimos apreciar a través de las pantallas. La cohesión de la banda sobre el escenario fue evidente, con un Joacim de muy buen ánimo y un Oscar inspiradísimo. Además, como novedad incluyeron al trío de cuerdas HammerFolk como acompañamiento para el final de su set.

Los australianos AIRBOURNE fueron los encargados de mantener la fiesta prendida, con un show muy enérgico, preparando la antesala para el plato de fondo de la noche. Me refiero a SABATON, quienes festejaron sus veinte años y justificaron por qué son considerados actualmente como una de las bandas de Metal con mayor proyección comercial en Europa. A lo largo de dos horas, los suecos se pasearon por toda su discografía, presentando algunas canciones de su reciente lanzamiento “The Great War”. Como se había anunciado con anticipación, hicieron uso de los dos escenarios principales en forma paralela, incluyendo en uno a su formación actual pero también invitando a los miembros antiguos de la familia SABATON, además de un numeroso coro y nuevamente la chelista Tina Guo. A juzgar por la reacción y los comentarios del público, este fue uno de los puntos altos del festival, dado el amplio despliegue de pirotecnia y calidad musical.

DÍA 3: TORMENTA PARA UN RESPIRO

Luego de nuestro reporte matutino nos dirigimos a presenciar la contundente presentación de QUEENSRYCHE, los que pusieron énfasis en su época clásica, pero con el plus de poder apreciar la performance de Todd La Torre, quien no tuvo problemas para cubrir la difícil labor de reemplazar a Geoff Tate. Paralelamente se presentaron en los escenarios principales los shows de ELUVEITIE y GLORYHAMMER, con ambas bandas arrastrando una gran cantidad de fans, pero viéndose obligados a interrumpir sus conciertos al ser evacuados los escenarios por la alerta de tormenta eléctrica que se produjo en la tarde y que congeló las actividades del festival por dos horas. Esto provocó grandes cambios en el running order, por lo que se cancelaron conciertos que realmente esperábamos ver, como fue el caso de EVERGREY y TRIBULATION. También hubo cambios de escenario y horario que provocaron confusión, como fue el caso de CRADLE OF FILTH.

Una vez que se reiniciaron las actividades nos acercamos al Wackinger Stage para ver el show de WARKINGS, una de las sorpresas del festival con respecto a la cantidad de gente que se reunió a verlos y también por la respuesta del público. A pesar de tener solo un disco de estudio, la llamativa vestimenta de sus integrantes y las pegajosas melodías de sus canciones dejaron una buena impresión en los presentes. Justo al frente en el Wasteland Stage, SAVAGE MESSIAH también hacía de las suyas presentando lo mejor de su último lanzamiento “Demons”, estrenando una nueva formación con tres guitarristas. Luego de esto alcanzamos a ver parte de la actuación de BODY COUNT, quienes conquistaron al público del Harder Stage con su crossover de Rap y Metal, junto a la imponente presencia de Ice-T. En general, el público de Wacken recibe este tipo de propuestas alternativas de buena manera.

A continuación, ANTHRAX se subió al escenario para dar una clase maestra de thrash, desatando una locura en el público con incesantes moshs y crowdsurfing, los que pueden revisar en la sección de videos de nuestro Facebook. La banda neoyorquina es una sandía calada en cualquier festival por la conexión inmediata que generan con los fans. Luego fue el turno de WITHIN TEMPTATION, quienes presentaron lo mejor de su último lanzamiento “Resist”, logrando encantar a una audiencia quizás atraída por sonidos más modernos. En seguida tuvimos la oportunidad de presenciar uno de los shows más esperados de esta edición, me refiero a DEMONS & WIZARDS. La superbanda internacional hizo un repaso de sus dos placas de estudio, además de deleitarnos con alguna que otra canción de ICED EARTH y BLIND GUARDIAN. Se agradeció la presencia de un coro de cuatro integrantes, destacándose entre tantas bandas que utilizan coros grabados. Un sueño cumplido para muchos.

Pero la mayor atracción del día estaba por llegar, ya que Wacken serviría como la despedida de SLAYER de los festivales europeos. Como es costumbre, los californianos se robaron la película exhibiendo un nivel de brutalidad y precisión quirúrgica sin precedentes, haciendo arder la fría noche alemana. Al finalizar el concierto, un emocionado Tom Araya se despidió de su fiel público que los acompañó por casi cuatro décadas. Pero no todo es brutalidad, ya que nos pasamos raudamente al Headbangers Stage a disfrutar de la fiesta animada por THE NIGHT FLIGHT ORCHESTRA, otra de las grandes sorpresas del festival ya que a pesar de toparse parcialmente con SLAYER, arrastraron a una respetable cantidad de público que disfrutó de su estilo que mezcla elementos de AOR y música disco. Para cerrar la noche, vimos parte de la presentación de OPETH, quienes con su ecléctico setlist dieron cátedra en cuanto a virtuosismo y versatilidad.

DÍA 4: MISA, MAGIA E HIPNOTISMO

Comenzamos la jornada final de Wacken XXX con el potente show de MANTICORA, banda danesa de dilatada trayectoria pero que no ha alcanzado niveles masivos de popularidad, y la verdad cuesta entender esto, ya que se mandaron un espectáculo de primera categoría en cuanto a precisión y entrega se refiere. Además, la banda tuvo la disposición para compartir con nosotros en una entrevista en vivo publicada en nuestro Facebook. A continuación, nos acercamos al escenario principal, donde BATTLE BEAST hizo bailar, saltar y cantar a los presentes con su particular estilo de Metal lleno de influencias ochenteras, siendo otro de los puntos altos del festival, sobre todo por la alucinante performance vocal de Noora Louhimo. En escenarios techados presenciamos el técnico show de TESSERACT, quizás algo frío para un contexto de festival. Simultáneamente, URIAH HEEP demostraba su vigencia a pesar de pertenecer a la vieja escuela del Hard Rock.

PROPHETS OF RAGE fue otras de las bandas que agregó elementos más alejados del Metal tradicional, y a pesar de que algunos incrédulos no les dieran mucho crédito, la verdad es que congregaron a una multitud de fanáticos que gozaron con este crossover. Luego de nuestra entrevista con MANTICORA, nos dirigimos hacia la Headbangers Stage para presenciar uno de los espectáculos musicales más hermosos que hemos visto. Y es que los tunecinos de MYRATH fueron realmente ambiciosos en su propuesta visual incluyendo a bailarines, malabares con fuego y hasta ilusionismo. En un set de un poco más de una hora nos transportaron hacia Medio Oriente con sus melodías hipnotizantes y una sensibilidad única para transmitir su mensaje. Cabe decir que los escenarios principales durante la tarde estuvieron cargados al Metalcore, un género que la rompe en Europa, con bandas como OF MICE & MEN, BULLET FOR MY VALENTINE y PARKWAY DRIVE.

Volviendo al terreno del Power Metal, seguimos atentamente la misa metalera de POWERWOLF, quienes arrasaron en la Faster Stage, con un lleno total que confirmó el gran momento de una agrupación que jugó de local. Un show impecable desde el punto de vista técnico y musical, quizás con la salvedad de que fue a plena luz del día, quitándole un poco de impacto a la atmósfera necesaria para disfrutarlos en su plenitud. Al mismo tiempo DELAIN entregaba un show más delicado, como para bajar las revoluciones después de cuatro largos días de música pesada. Luego estuvimos viendo a otra de las leyendas de la vieja escuela, los influyentes DIAMOND HEAD, quienes hicieron vibrar al público con sus clásicos de antaño pero también con algunas canciones de sus últimas producciones, presentando a su actual vocalista, el joven Rasmus Bom Andersen, de correcto cometido. Una joya escuchar “Am I Evil” en vivo.

Para culminar la noche, dos conciertos de lujo. SAXON, otra de las bandas pioneras de la NWOBHM, celebró sus cuarenta años de trayectoria frente a un público que se negaba a retirarse a pesar de que salieron al escenario pasada la media noche. En dos horas y con un deslumbrante espectáculo de luces y pantallas interactivas, los británicos mostraron toda su clase e hicieron un extensivo repaso por lo mejor de su discografía, convirtiéndose en otro de los actos más vitoreados del festival. El broche de oro lo puso RAGE, con su show sinfónico que de manera inentendible comenzó a eso de las dos de la mañana, lo que afectó considerablemente la concurrencia de público, ya que la mayoría de los asistentes se prestaban a dormir e incluso a retirarse a sus destinos en medio de la noche. Ojalá en un futuro podamos ver este espectáculo en circunstancias más favorables y justas.

WACKEN HAY UNO SOLO

En términos generales, la edición número treinta de Wacken fue un éxito rotundo en términos de organización y ambiente, casi todo fluyó de manera impecable y no presenciamos ningún tipo de altercados graves. Toda la gente involucrada en el festival se veía de buen ánimo y dispuesta a entregarles la mejor experiencia a los asistentes. Incluso el clima, con excepción de las alertas de tormenta que obligaron a modificar el programa, estuvo de nuestro lado la mayoría del tiempo, sin lluvias ni calores excesivos. Destacamos a la comunidad chilena que nuevamente se hizo presente con un masivo campamento y sus tradicionales asados, además de la gran cantidad de banderas en el público.

Antes del cierre de la presente edición se anunciaron las primeras bandas confirmadas para el 2020, desatando la locura tanto en el festival como en redes sociales. La lista incluyó como principales atracciones a Judas Priest celebrando su aniversario cincuenta, Amon Amarth, una de las bandas de Metal más populares en Europa actualmente, y la esperadísima reunión de Mercyful Fate. Además, connotados actos como At The Gates y Sodom estarán presentando sus álbumes más insignes en su integridad, completando la lista provisoria nombres de la talla de Hypocrisy, Venom, Death Angel, Beast In Black, Nervosa y Cemican.

Todo apunta a que Wacken XXXI será tanto o más inolvidable que la edición de este año, con un nivel de expectación tan alto que las 75.000 entradas a la venta se agotaron en menos de veinticuatro horas. Y es que festivales hay por montones, pero Wacken hay uno solo.

Live Review: David Araneda
Fotos: Karim Saba

Y se despide julio de este 2019 con una noche que se negó a ser cubierta por la lluvia. Una noche más para la capital, pero una noche única para el gran número de fieles que convirtió el subterráneo Blondie en el inframundo donde navega Caronte, poniendo a prueba el límite de su capacidad. A la espera de entrar al recinto ya aparecía como un hecho consumado lo que se auguraba respecto a la venta total de las entradas. Me hice parte de una cascada ruidosa y negra que descendió por las siempre húmedas escaleras del otrora Cine Alessandri, rebautizado en homenaje a la banda de Debbie Harry, para desembocar frente al telón.

Las luces se van y los actores toman puestos en la escena en medio de los vitoreos del público, dando inicio al show en Chile del llamado «Odyssey Through the Underworld Tour«. De fondo se escucha el track de introducción, Overture, luchando por mantenerse a volumen entre la excitación que se está generando. Los instrumentos se ponen en marcha empezando con Iconoclast, del álbum homónimo, con su complejo y técnico riff de inicio. Las gargantas del público disparan el primer verso y es todo lo que se puede escuchar, ya que el micrófono de Allen erró en la partida. De todas formas, el micrófono de Michael Romeo sirvió para continuar con la canción y presentar todos los elementos que conforman la sinfonía. Un muy buen sonido me deja satisfecho para el resto de la noche, los instrumentos se sienten nítidos y la poderosa voz de Russell puede escucharse desde micrófonos secundarios. Nada puede salir mal excepto por una cosa: personalmente no me gusta Iconoclast por su coro insípido tipo “epopeya cliché”, pero me vi coreando las voces secundarias (“We. Are. Strong. Fight! Fight! Fight!”) porque me faltaba escuchar el eco del público dándole en el gusto a la banda, obviamente ese es el propósito de la canción.

Me estaba preocupando por la partida algo tibia, peeeero… pasó Evolution (The Grand Design) y me sentí pésimo por ponerlos en duda. La temperatura subió literalmente producto de la emoción de estar escuchando un fragmento de la gran pieza musical que es el «, o «The New Mythology Suite». Es un placer escuchar los discos de estudio, pero esos riffs demoledores son para dejar la grande en vivo. Siendo una banda tan enfocada en lo melódico, es genial como la composición en Re del virtuoso Michael Romeo se apoya tanto en estos quiebres mientras los efectos a cargo de Michael Pinnella se encargan de la atmósfera. Así, ocultando a plena vista la capacidad de sonar alternadamente como Dimebag Darrell e Yngwie Malmsteen en una sola canción.

Luego del despertar, la peligrosa seducción de Serpent’s Kiss da el pie groovy al ambiente. Siguiendo la fórmula de canciones como The Eyes of Medusa, Dressed to Kill o Of Sins and Shadows, esta canción luciferina se arma como explosión contenida, con Allen adecuando su entonación para generar una curva ascendente hacia el coro. Esta expectación de catarsis conduce inevitablemente a una respuesta orgánica. El capitán dio la orden: “C’mon crazy motherfuckers… Jump!” y los pies rechazaron el suelo como muchas veces durante la noche. Esto es heavy.

Allen, siempre cómodo en los escenarios, se toma el tiempo para las presentaciones correspondientes, insta a Romeo a saludar, a tirar un par de tallas y luego el perla, copa en mano, elogia al producto nacional de excelencia y hace un salud por la tan esperada visita. Luego viene el turno de dos temas popularmente destacados de «Underworld»: suena primero Nevermore, para ser coreado con gran ímpetu y devoción. Algo que siempre se ha de destacar de Michael Romeo es su limpieza en la guitarra, hace rugir el par de Mesa Rectifier cuando quiere y como quiere, acompañando con secciones acústicas y volando por el diapasón cuando lo amerita. Un juego de roles que funciona de muy buena forma junto a Michael Pinnella. Luego de otros generosos sorbos de vino, Russell nos confiesa su gozo interior por compartir el presente junto a sus colegas de Symphony X, dedicando una reflexión y memoria a sus compañeros que trágicamente estuvieron involucrados en el accidente de ruta de Adrenaline Mob hace un par de años y que le costó la vida a David Zablidowsky. Y la emoción del ambiente se convierte en escenario perfecto para el segundo tema de «Underworld«, Without You, que abraza la desolación de Orfeo al perder a su amada ninfa Eurídice. Y mientras la copa de vino pasa de mano en mano por los impresionados músicos, Pinnella se roba el interludio en el piano de forma magistral. El coro final cuenta con la participación total del público y hacia el final el aplauso se siente tanto para la banda como para nosotros los presentes. Un momento sobrecogedor e inesperadamente íntimo.

Y el headbanging va a continuar… las cuatro cuerdas de Mike LePond abren Domination y es recibida como ganado ofrecido a los velocirraptor de Jurassic Park. Concuerdo, «Paradise Lost» es un gran disco, pese a que Eve of Seduction y la balada homónima al disco no formaron parte del setlist. La onda groovy y prendida de la canción elevó los ánimos y Allen junto a Romeo, que por lo general suele ser más tímido, comienzan a interactuar y sacar algunas risas. Luego de que Russell juzgara y aprobara el ánimo del público, se da el lujo de demostrar su alto registro vocal al terminar la canción.

El escenario cambia de tonalidad lumínica hacia un verde dominante, pero Jason Rullo marca la entrada y el groove sigue con Run with the Devil. La buena onda que se generó ya no desciende más. No siendo un tema de aquellos poderosos clásicos, la banda ya contaba con los cientos de voces presentes para completar los versos. Al terminar, una pequeña pausa fue para recobrar energía. Y así mismo, una simple nota que se escapó del bajo bastó para empezar a captar lo que se venía. Cuando LePond lo confirma al abrir el tema, una revitalización eléctrica sacude a los asistentes y los demás instrumentos se unen a desarrollar Sea of Lies, tema de aquellos. La capacidad pulmonar del público pareció aumentar para esta canción a fin de seguir el coro al estilo con el que Allen lo hace. Michael Romeo una vez más impresiona por su limpieza digital: el solo, y especialmente los barridos posteriores, son ejecutados con una precisión sobrehumana. Russell, haciéndose el carbonero, genera un lúdico duelo de cuerdas entre Romeo y LePond, para luego ser respondido por Pinnella y finalmente, por Rullo. ¡Y luego las agarra con nosotros! Nos hace gritar a la cuenta de cuatro y menciona a México como para condimentar las cosas a ver si en una última ocasión dejamos impresionado a Pinnella, idea que le quedó gustando a Allen ya que lo volvería a hacer más adelante: pinchar un poco la bestia y despertarnos ese dulce sentido de rivalidad que tenemos con nuestros vecinos.

Luego de los aplausos, las felicitaciones y más vino, el showman se da la licencia de advertirle al “camisa azul” acerca del peligro que corre su grabación del show al estar en medio de la pista… Set the World on Fire (The Lie of Lies) efectivamente causó los tremores prometidos, y bueno, también el hombre de la GoPro pudo seguir registrando la tremenda que se armó. Imposible que no prendiera, se trata de una canción bastante pesada que deja el coro como isla, además que—por lo que he notado personalmente—goza de bastante popularidad.

Luego de la primera despedida, el salón de baile se ilumina durante el receso, nos acercamos al final del show, la recta donde suelen aparecer los temas dorados de la larga carrera de los neoclásicos progresivos. La canción elegida es el relato del viaje del héroe Ulises, The Odyssey. Un clásico, pero también clásico de Symphony X (gracias, no se molesten). Y mi hemisferio derecho estaba feliz de ver la canción interpretada en vivo, pero el racional me recordó que la larga duración del tema reducía las posibilidades de que aparecieran joyas como Of Sins and Shadows. Para entonces consideraba lógico que estuviera Smoke and Mirrors representando al espectacular disco «Twilight In Olympus» en el setlist. Bueno, no fue así, pero no puedo alegar: La interpretación de The Odyssey, con todas sus variaciones, su estructura dramática y sus acompañamientos wagnerianos fueron un cierre espectacular. La banda se tomó la licencia de pausar el relato para despedirse como corresponde, terminar el vino y sacar algunas risas más con los amagues de Russell Allen para terminar el último verso y cerrar el telón. Ciertamente ha afinado su capacidad de empatía con el público. En cualquier momento este genio, que no teme a cantar junto a Jørn Lande, cuelga el micrófono para dedicarse a las charlas motivacionales. Esperemos que todavía no.

Antes del comienzo, cuando Perfect Strangers sonaba como canción de espera, me preguntaba si yo y los perfectos no-tan-extraños que me acompañaban podríamos haber llenado el Caupolicán como aquella primera vez que—siendo todavía escolar—, vimos a Symphony X para la gira de «Paradise Lost». Bueno, y como pasa con Tool, un “vértigo nostálgico” aparece al dar cuenta de la cantidad de años que separan los lanzamientos entre sucesiones; uno empieza a rememorar en qué andaba cuando salió tal disco u otro; a aclarar y convencerte mentalmente que decir “último disco” no es lo mismo que decir “nuevo disco”; luego me acordé de la breve presentación en el Metal Fest, de la gira de lanzamiento de «Underworld» y también de la visita de Russell Allen cuando recién se formaba su banda Adrenaline Mob… y en realidad no estamos faltos de cariño, pero para mí, todo de Symphony X sigue siendo una nueva experiencia. Bueno, de todas formas, falta poco para que se cumplan cinco años desde el lanzamiento de «Underworld», y como dijo nuestro histriónico Russell Allen esta noche: “it’s been a long time… too long”, por lo tanto, se celebró con la emoción adecuada para que nuestro quinteto de gringos nos siga visitando. Al fin y al cabo, ¡no hay mejor tiempo que el presente!

Setlist de Symphony X en Chile

01. Intro: Overture [Underworld]
02. Iconoclast
03. Evolution (The Grand Design)
04. Serpent’s Kiss
05. Nevermore
06. Without You
07. Domination
08. Run with the Devil
09. Sea of Lies
10. Set the World on Fire (The Lie of Lies)
Encore
11. The Odyssey

Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

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Tener la posibilidad de presenciar un show de Avantasia siempre será un privilegio. Con toda la responsabilidad que se requiere, podemos asegurar que es una de las bandas más influyentes del género. Sí, decimos «banda» ya que desde hace un buen tiempo que el proyecto personal de Tobias Sammet funciona con una regularidad y una consistencia que cualquier agrupación del mundo desearía. Dicha regularidad es la que los trae por cuarta vez a nuestro país, siempre contando con grandes instrumentalistas y cantantes de talla mundial que deslumbran en el recinto de calle San Diego. Los grandes discos se defienden en vivo y «Moonglow» (2019) no podía ser la excepción. Eso sí, en esta ocasión quizás había un poco de curiosidad y -por qué no decirlo- un poco de incredulidad al ver cómo se las arreglarían para suplir tres grandes ausentes en el show: Amanda Somerville, Bob Catley y la bestia germana llamada Michael Kiske. Por su parte, considerando que se unía a las filas el gran Geoff Tate (histórico vocalista de Queensrÿche), el panorama desde luego que era bastante interesante.

Situándonos ya en los momentos previos -y escapando de un viento que arrasaba con todo a su paso-, una vez dentro del Teatro Caupolicán me sorprendió gratamente ver a unas 2.000 personas que aguardaban de manera impaciente el campanazo inicial. Para suerte nuestra y sabiendo que se avecinaba un show de larga duración (¡tres horas por lo bajo!), con una puntualidad más que plausible, siendo las 20:30 hrs. en punto, se apagan las luces e inmediatamente comienza a sonar por los altoparlantes la clásica You Shook Me All Night Long de AC/DC, seguida de Symphony No. 9, Op. 125, más conocida como El Himno de la Alegría de Beethoven para los amigos. En cosa de segundos ya estaba toda la banda sobre el escenario esperando la aparición del maestro de ceremonias. Es así como la ovación bajó inmediatamente una vez que Tobias comenzó a entonar los primeros versos de Ghost in the Moon. No vamos a descubrir ahora la entrega y la energía que transmite el frontman. Siempre se ha caracterizado por su carisma y así lo pudimos ver durante el opening track. Ahora bien, es cierto que la reacción hacia el tema fue un tanto tibia en un comienzo, pero la situación fue cambiando paulatinamente mientras nos acercábamos al coro. Ya durante el «Now what am I supposed to be/ For sure it can’t be me/ In orderly array…» el panorama había cambiado. Más aún con el «Awaiting the night to yell a prayer up to the starlight/ Veiling boon, ghost in the moon!», que varios se sabían a la perfección. Luego llegaría el primer saludo del cantante con un enérgico «Good evening Santiago de Chile, are you ready?«, y prácticamente nos tenía a todos en el bolsillo. Aún quizás cuando el sonido no era óptimo, ya que desde nuestra posición en la cancha los bajos estaban un tanto confusos y la voz principal a ratos se perdía tras los instrumentos. De todas formas, excelente ejecución en el puntapié inicial.

Tobias nuevamente nos saluda y bromeando que dentro del setlist no hay «boring stuff«, rápidamente da el inicio a Starlight, uno de los cortes más entretenidos de «Moonglow«, que además contaría con la primera participación de Ronnie Atkins (vocalista de Pretty Maids). Como era de esperarse, sus estrofas fueron interpretadas a la perfección. Los años de carretera se notan desde el primer segundo y su dominio es realmente envidiable. Para qué mencionar el estribillo, donde simplemente se lució con el «Waiting for a sign in vain/ That’s gonna shine away the pain/ Gonna cite a figment down/ Yet I’m gonna stick around para luego rematar con el «Are you gonna guide me starlight/ Guide me starlight/ Are you out there, anywhere, at all?«. Y si de lucirse se trata, lo ocurrido durante Book of Shallows simplemente nos dejó sin palabras. Así de simple. Para que se entienda de mejor forma, recordemos que la versión en estudio contiene además la participación de Jørn Lande, Hansi Kürsch y Mille Petrozza (¡cuánta calidad en una sola canción, madre mía!), por lo que la tarea desde luego que no era nada sencilla. Y a modo personal, las brutalidad de las estrofas del líder de Kreator eran las que me tenían más expectantes al saber cómo serían cantadas. ¡Y vaya resultado que nos dieron! Ronnie y Adrienne Cowan formaron una dupla que nos voló la cabeza a todos. Turnando los guturales de la cantante junto a los gritos más desgarradores de Atkins dentro de cada una de las frases, derechamente nos regalaron un momento para enmarcar. ¡Sublime!

Tras la primera tanda en la que no hubo respiro, llegaría el primer speech de Tobias en el que básicamente nos habló de cómo todo el mundo trató de oponerse a la publicación de un single de doce minutos de duración por no ser un hit «radial». Desde luego que logró salirse con la suya y así comenzamos a sumergirnos en el track más épico de «Moonglow«. Hablamos por supuesto de The Raven Child, un temazo con todas sus letras. Con el mismo líder cubriendo a Hansi y luego despachándose el «A fire in the dark for the fool’s gonna find his way/ Gonna run and never get away/ Is it love that glows in fiery alignment?/ Starry-eyed, maybe living a lie?/ A lonely heart in and endless line» como si nada, lo cierto es que todos esperábamos un momento en particular. Sí. Ya se sentía en el aire. Lo veíamos venir. Cuenta regresiva: 3, 2, 1 y teníamos frente a nuestros ojos a nada más ni nada menos que a Jørn Lande. Y permítanme la licencia, pero presenciar en vivo a uno de los mejores cantantes que ha dado este género es algo no menor. «The Striking Viking from Norway» no podía estar ausente y desde la primera palabra ya estaba rugiendo. ¡Cómo esperé el duelo de voces del final! Ya con el «You tuck away yourself inside/ You ride away on the inmost light/ Your soul glowing opal-blue» me daba por pagado. Si a eso le sumamos el clímax absoluto cuando Jørn lanza el «Off to the night’s plutonian shore/ You dream and hope you won’t wake no more to this/ Flying raven Chlid» para que Tobias le secunde gritando «Oh fiery eyes!«, la verdad es que no sé cómo describirlo. ¡Insuperable!

El vocalista noruego queda solo en el plató y sin mucho preámbulo nos adelanta que lo siguiente será Lucifer, primera revisión a «Ghostlights» (2016) por cierto. Antes de entrar al tema en sí, es justo y necesario mencionar el uso de la pantalla central que nos presentó la banda. En todas sus visitas anteriores solo contaban con un gran telón de fondo, mientras que esta vez hubo un trabajo visual con animaciones que cambiaban en cada canción. Es así como pasamos de tener un castillo con niebla y montañas con una gran luna de fondo durante la primera parte del track, a un fuego incontrolable en todo el paisaje para el desenlace de la parte media-final. Por supuesto que la interpretación de Miro Rodenberg en los teclados fue impecable. Luego, el quiebre marcado por el «Morning is dying, brace me on these grounds, angel of light!» logró dar la tensión necesaria a los últimos versos de Lande.

Es momento de que aparezca en escena un debutante dentro de la alineación de Avantasia. La performance de Geoff Tate era una de las que más llamaba la atención en el papel y una de las que más se hablaba antes del concierto. Su nivel de acoplamiento al conjunto debía ser óptimo, más aún considerando que sus intervenciones irían mucho más allá de los tracks del último álbum. Al igual que sus compañeros, debía cubrir estrofas y coros de los que hablaremos más adelante. Pues bien, llegaría entonces la dupla compuesta por Alchemy e Invincible. Para la primera, André Neygenfind y Felix Bohnke se mandaron una base rítmica a prueba de balas que dio pie a que Sascha Paeth y Olli Hartmann cayeran con todo el peso del riff. En cambio, para la segunda, nuevamente Miro se hace protagonista con otra atmósfera oscura y densa durante los primeros instantes. Luego contrasta durante el coro y así es como se logra otra gran interpretación de principio a fin. Ahora bien, lamentablemente no pudimos apreciarla en su totalidad, ya que el problema con algunas voces persistió con el correr de los minutos y más puntualmente el micrófono de Tate a ratos se perdía y no se lograba escuchar con la pulcritud necesaria. Si a eso le sumamos que ambas piezas no están dentro de lo más destacado del setlist, y las cuales personalmente prefería en el orden original del LP, la verdad es que este segmento dejó un sabor un tanto amargo dentro de la jornada.

Tobi nuevamente se dirige a los presentes y comienza a realizar ejercicios vocales de afinación junto al público, ya que, según sus propias palabras, «La siguiente canción es muy difícil de cantar» y que además el encargado de entonarla no se encuentra en esta gira. Señal inequívoca de que hablaba de Michael Kiske. Es entonces cuando Olli toma el puesto y con todo lo que tenían a su disposición, logran sacar adelante una gran versión de Reach Out for the Light. Quiero decir, es evidente la ausencia de Kiske, pero el guitarrista hizo un trabajo soberbio que se llevó aplausos. Obviamente fue recibida y coreada a más no poder. No se esperaba menos, debido a que hablamos de un clásico de proporciones épicas para el que siempre faltarán adjetivos para describirlo. Por otro lado, entrando en terrenos más escabrosos, la verdad es que muy quisquillosamente extrañé el clásico Prelude antes de su ejecución. Siento que al tratarse de un himno de esta talla, quedó un tanto «desprotegida» y perdió esa expectación que produce la intro de «The Metal Opera«. De todas formas, sumen otro momento para enmarcar. ¡Qué manera de cantar el coro, loco!

Nuevamente salta a la palestra Adrienne Cowan para sorprendernos con todas las melodías de Moonglow, otro de los singles del disco. El estribillo «A lunar light into your room/ Let it carry you into the night/ Moonglow, let it take you away/ The road aflame, fooling gravity/ You follow the light/ Moonglow, moonglow to the other side» fue perfectamente logrado, llevándose así todas las miradas y aplausos del respetable.

Lo siguiente sería una trilogía en la que Eric Martin (Mr. Big) haría de las suyas. En primer lugar vendría Maniac, cover a Michael Sembello que fue presentado por Tobias como una versión que «hacen porque pueden«, diciendo que justamente ese es el espíritu del Heavy Metal: hacer lo que te dé la gana. Y bueno, un corte entretenido a más no poder y nuevamente con un nivel descollante en todas sus líneas, donde nadie se quedó sin cantar el «She’s a maniac, maniac on the floor/ And she’s dancing like she’s never danced before…». Luego vendría otra de las infaltables en el repertorio. Dying for an Angel a estas alturas prácticamente le pertenece al vocalista estadounidense y así nos lo hace saber desde el primer minuto. Punto aparte para la calavera violinista que fue proyectada en la pantalla, que si bien no era una gran animación, iba ayudando visualmente a un show que fue de largo aliento. Finalmente -y haciendo referencia a la ausencia de Bob Catley-, llegaría una de las mejores baladas del grupo. Vaya que me alegra saber que todos se emocionan de la misma forma con The Story Ain’t Over, puesto que es temazo por donde se le mire. Imposible no emocionarse con el «When you open your eyes/ When you gaze at the sky/ When you look to the stars/ As they shut down the night/ You know this story ain’t over«. Y sí, es cierto que Bob le da esa mística y prestancia que en él resulta natural, pero Eric Martin no se quedó atrás y salió jugando como un crack. Es cosa de verlo en escena con Tobi. Las risas abundan y la química es innegable. ¡Momentazo!

El frontman nos adelanta que lo siguiente será proveniente de «The Scarecrow» (2008), álbum que los trajo por primera vez a nuestro país hace un poco más de diez años. Increíble cómo pasa el tiempo señoras y señores. De igual forma, nos dice que esta canción es el mejor resumen de lo que es Avantasia, que si tuviera que explicarle a los marcianos qué es Avantasia usaría este tema, y súbitamente comienza a sonar el track homónimo. Otro temón que no necesita presentación alguna. Y acá todo está puesto en su lugar, especialmente la batería y el bajo que retumban por todas partes durante esa intro épica que nos tenía a todos en éxtasis. Para qué mencionar la parte media con el interludio de las guitarras y el posterior solo de Sascha. Brutal. Punto aparte es el desempeño de Jørn Lande que en las estrofas finales logra subir la expectación al mil y te vuelta la cabeza con sus rugidos. Solo basta recordar el «Then she’ll be better off to cry contrite tears/ One day she’ll wonder why/ She had to let you disappear oh dear» y la piel se te eriza al instante. ¡Impresionante!

Queda en escena el otrora cantante de Masterplan y nos cuenta que el siguiente tema suele cantarlo con Michael Kiske. Solo eso bastó para saber que vendría otro hachazo de aquellos. Así, tras bromear junto a Eric sobre sus respectivas edades y luego de que este último lo presentara como «The King in the North» en referencia a Game of Thrones, arremetieron con Promised Land, lo que sería la primera y última revisión a «Angel of Babylon» (2010). Corte rápido, melódico y con un excelente estribillo. Nuevamente Lande manda frases descomunales como «Whining in the gutter/ They forget their sanctity/ Welcome to my clockwork/ Vanity machinery«. Mismo asunto con el «You’ve been facing heaven…». Cabe mencionar además que fue la primera ejecución sin Tobias, quién no se había tomado pausa alguna desde el comienzo.

Como ya es costumbre, Twisted Mind tampoco contó la participación de su líder, siendo esta vez Geoff Tate el que tomaría las partes de Roy Khan. Así, mano a mano con Eric, lograron contagiar al público con los «Oh oh oh oh oh» de la melodía inicial. Tema aparte es el «There’s no way out/ There’s no way out» del coro, donde el quiebre que realiza la banda es espectacular. ¡Qué crack es Felix, loco! Lo hemos tenido varias veces por estas tierras pero nunca deja de sorprender. Por su parte, acá Tate se mostró considerablemente mejor en su desempeño y con el sonido de su instrumento, lo que se extendió a otro himno de aquellos como lo es Avantasia (marcando la vuelta de Tobi, por cierto), donde para sorpresa de muchos, las partes de Kiske tomaron un matiz llamativo con los tonos más bajos de Geoff. ¡Muy bien jugado!

Una vez más el frontman se manda un speech y nos asegura que tras dos horas de show (¡Dos horas!), todo lo anterior había sido solo el comienzo. Anunciando que tocarían «The longest track in the whole fucking show«, no podía ser otra que Let The Storm Descend Upon You, que marcaría a su vez el regreso de Ronnie Atkins. Ya mencionamos el nivel de Ronnie, pero acá no lo podemos pasar por alto. Junto a Jørn logran robarse la película con una sincronización y una capacidad de hacer brillar al otro que conmueve. Porque claro, una cosa es tener un talento innato y otra muy distinta es saber disponerlo en pro del show. Cada uno brilla a su debido momento y todos lo entienden así. El corte de doce minutos pasa volando al ver toda la puesta en escena y más aún teniendo a toda la banda de fondo sonando como un caño. A dejarlo todo durante «Shine your light into the darkness/ And let the storm descend upon you/ Then I will make you mine…» entonces, ya que la situación lo ameritaba.

Toma el micrófono el frontman de Pretty Maids y nos asegura que hemos sido el público más ruidoso del tour. Rápidamente bajaron los aplausos. Así, con el presente a sus pies -y tras un pequeño juego de entonación con el mismo-, llegaría otra de las más queridas de «Ghostlights«. Recordando que Master of the Pendulum tiene la participación de Marco Hietala, desde luego que siempre la mejor opción para tomar la antorcha será Ronnie. Otra ejecución superlativa, que además contó con la pequeña intervención de Adrianne gritando el «Someone’s watching over me!» antes del coro. Y bueno, sabemos que el estribillo estalla en lo alto con el «Begging for a dance/ While your sands are running out/ Rigid and firm‘s what I hold in my hands/ Tick away time, I allot and I divide/ Master of the hands that guide you«. Gran, gran momento.

Tobias abandona el escenario nuevamente y es así como Herbie Langhans toma la batuta. Acá me quiero detener un momento. Injustamente he dejado al cantante de lado, pero es justo y necesario aclarar que el tipo realiza un trabajo impecable en los coros. Totalmente compenetrado y metido en su papel. Era su momento de brillar y justamente así sucedió. Secundado por Olli y Adrianne (formando así el team backing vocals) y con Ronnie en algunas líneas, se despachó un temazo como Shelter from the Rain para el recuerdo.

Llegando ya al final de la primera parte, nos adentraríamos en los pasajes más «comerciales» y «radiales» de la agrupación. Sería el turno de Mystery of a Blood Red Rose (con Geoff Tate de vuelta) y de Lost in Space. Ambas por supuesto con las pausas y los juegos típicos con la audiencia antes del último coro. La primera contó con una gran participación de todos nosotros, mientras que en la segunda esto mismo se eleva por los cielos. Denominada como «La resurrección de Avantasia«, es imposible no cantar con todas tus fuerzas el «How could I know, how could I know?/ That I’ll get lost in space to roam forever/ How could I know, how could I see?/ Feeling like lost in space to roam forever«. Un clásico de principio a fin. Así, siendo las 23:24 hrs. en punto, se despiden con un «good night Chile!«. Madre mía, ya llevábamos prácticamente tres horas de show y aún faltaba. ¡Cuánta entrega!

Volviendo casi de inmediato a escena, y asegurándonos que efectivamente éramos la audiencia más ruidosa de todas sus presentaciones en nuestro país, Tobi nos cuenta que el próximo track algunos no lo recordarán mientras que para otros será desconocido (haciendo alusión a la edad de los presentes). Pero ya al mencionar que pertenecía a «The Metal Opera» el teatro casi se vino abajo. ¿La escogida? Obviamente una de las mejores baladas que ha dado este género musical: La descollante Farewell. Y la verdad es que cuesta escribir algo que no se haya dicho con anterioridad. Hablamos de otro de esos himnos que nos han acompañado por años y años en el ruedo. Quizás lo único que nos queda es nuevamente resaltar la ejecución de la banda. Quizás solo queda aplaudir a Adrienne y su fraseo descomunal durante el coro. O quizás debemos aplaudirnos a nosotros mismos por dejar la vida como era debido moviendo las manos de un lado a otro. Qué pedazo de tema. Los que estuvimos ahí saben de lo que hablamos.

Finalmente, el epílogo no podía ser otro que el mix entre Sign of the Cross y The Seven Angels. Desde luego que antes de entrar a las primeras estrofas se encargó de presentar a cada uno de los instrumentistas y a cada uno de los cantantes que hicieron el show. ¡Cuál de todos más ovacionado! Y el resto es conocido, gastar las últimas energías para poner el broche de oro a una presentación aplastante de los liderados por el genio de Tobias Sammet. Así, tras tres horas y veinte minutos en los que no tuvimos respiro alguno, a las 23:50 hrs se puso fin a la cuarta visita de Avantasia en nuestro país.

Como mencionamos en un par de oportunidades, el único punto en contra durante algunos pasajes de la presentación, fue la poca definición que a ratos tenían algunos micrófonos. Sentimos que el audio nunca terminó por arreglarse del todo y esto perjudicó un poco la experiencia vivida. Ahora bien, volviendo al párrafo introductorio de este review, suplir la falta de tres estandartes de la agrupación no es para nada fácil. Aún así supieron salir jugando y en cuánto a desplante, puesta en escena y complicidad, hablamos de un show sólido en todas sus líneas. Por último -y a pesar de las menciones realizadas-, nunca se le hará total justicia a la banda en su totalidad. Vale decir, con tanta aparición y con tanto prodigio cantando frente a nosotros, los instrumentistas y el apoyo vocal muchas veces pasa a segundo plano no dándole el crédito suficiente. Sascha, Olli, Felix, Miro, André, Adrianne y Herbie realizaron un trabajo impecable de principio a fin. Tobias prometió que volverían, esperemos que sea más pronto que tarde. ¡Excelente velada!

Setlist Avantasia en Chile 2019

  1. Ghost in the Moon
  2. Starlight
  3. Book of Shallows
  4. The Raven Child
  5. Lucifer
  6. Alchemy
  7. Invincible
  8. Reach Out for the Light
  9. Moonglow
  10. Maniac
  11. Dying for an Angel
  12. The Story Ain’t Over
  13. The Scarecrow
  14. Promised Land
  15. Twisted Mind
  16. Avantasia
  17. Let the Storm Descend Upon You
  18. Master of the Pendulum
  19. Shelter from the Rain
  20. Mystery of a Blood Red Rose
  21. Lost in Space

Encore

  1. Farewell
  2. Sign of the Cross / The Seven Angels

Live Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

Una noche esperada por muchos se dio anoche: el reencuentro de Anneke van Giersbergen con su amado público chileno, esta vez, como cabeza de cartel con bandas invitadas, es decir, el plato principal de la noche, a diferencia del año pasado que también nos visitó pero como banda soporte para Epica. En esta oportunidad, tuvo sus invitados propios como los ya visitantes asiduos a estas lides de Delain y nuestra compatriota Caterina Nix.

CATERINA NIX

Una de las cosas que sentimos está haciendo muy bien la productora The FanLab es respetar al público y las bandas siendo extremadamente puntual, en este caso, tal como se anunció, a las 19:30 horas Caterina Nix, junto a su guitarrista Mario Torres, Carlos Hernández en la batería y Nasson en el bajo estaban sobre el escenario ante unas doscientas personas que tímidamente comenzaban a poblar la cancha del teatro. La Intro le dio paso a I’m Your Cancer, adelanto de su próximo álbum “Furyborn”, en un ambiente azul creado por las luces suena tremenda pero el público aún estaba frío y, además, quizás no es tan buena idea abrir con un tema del disco que aún no lanzas, aunque no hubo gran conexión sí hubo buena recepción. Sin tomarse ni un segundo de descanso arranca Like Never Before, otro adelanto, que mantiene un pequeño problema que se apreció desde el principio donde la voz de Caterina se veía algo opacada por el volumen de la música, además de algunos varios acoples, especialmente cuando Nasson apoyaba con las segundas voces.

Luego de agradecer la recepción tras un año de no tocar en su tierra natal, se lanzan con The Point Of No Return, tema que cierra su debut “Chaos Magic” (2015) donde se aprecia claramente el toque del gran Timo Tolkki en la composición, canción obviamente más conocida que logró el público se sintiera más cómodo y acompañara con las palmas, algo que se hubiera visto mucho mejor si las luces hubieran acompañado bien lo que pasaba en el escenario. De nuevo sin descansar se lanzan con Path Of The Brave, un nuevo adelanto que suena con algunos acoples pero ya solucionándose, permitiendo que el apoyo en segundas voces de Nasson se escuchara mejor.

Mención especial merece el sonido de la banda: nítido, potente, con la batería de Hernández queriendo tirar abajo el teatro y la guitarra de Torres queriendo demostrar que no sólo Tolkki tiene talento en las seis cuerdas. Así, Nix comenta que casi todo lo que se ha escuchado esta noche será parte del nuevo trabajo que se lanza el próximo 14 de Junio y presenta el title track, Furyborn, la que como su nombre hace esperar, es tremendamente agresiva y pesada, una dosis de Metal tremenda que se potencia con el trabajo conjunto de Caterina y Nasson en las voces, muy probablemente un imperdible de aquí en más para la banda.

Para continuar, presenta a una invitada muy especial, Karín, vocalista de la banda chilena Slaverty, tras lo cual Nasson pregunta si están listos para cantar, dando paso a un tremendo cover como lo es Wish I Had An Angel, de los entrañables Nightwish. Un momento que quedó registrado en la mayoría de los teléfonos que estaban en el teatro y, perdón Caterina, pero la invitada se robó un poco la película con su canto lírico recordando lo que hizo tan grande a los finlandeses. De más está decir que el público estaba vuelto loco.

Tras presentar a su banda, arrancan con el cierre de su noche, Falling Again, otro adelanto de lo que se vendrá que, aunque respetado y bien recibido, no provocó mayor reacción en el público, aun con el tremendo juego de luces que le acompañó. Quizás la estrategia de tocar casi sólo temas de un disco que aún no se lanza no fue lo que hubiera esperado el público, pero fue una tremenda presentación.

Setlist de Caterina Nix:

1. Intro
2. I’m Your Cancer
3. Like Never Before
4. The Point Of No Return
5. Path Of The Brave
6. Furyborn
7. Wish I Had An Angel (cover de Nightwish)
8. Falling Again

DELAIN

Nuevamente respetando los horarios, tal como estaba anunciado, a las 20:30 horas se apagan las luces y comienza a sonar la intro. Con un Cariola ya a más de la mitad de su capacidad, sobre un escenario a oscuras y con sólo la batería de Joey de Boer y los teclados de Martijn Westerholt iluminados desde abajo con luces blancas, todo arranca con Go Away (“April Rain”, 2009), un arranque más bien tibio por culpa del sonido, en ningún caso de la banda, donde la batería y las cuerdas no sonaban bien amplificadas, lo que se arregla rápidamente para disfrutar de toda la calidad de Timo Somers en las seis y Otto Schimmelpenninck van der Oije en las cuatro cuerdas, quienes hicieron un tremendo trabajo para que se le restara importancia a la ausencia de Merel Bechtold, notándose una tremenda conexión con el público desde el minuto uno, especialmente una vez que Charlotte Wessels entró en escena.

Sin descanso continúan con Suckerpunch (“Moonbathers”, 2016), tremendo tema que no engancha mucho con el público. Al entrar las voces de apoyo de Timo y Otto aparecen más fuerte que todo lo demás, lo que es rápidamente corregido (y sobrecompensado al parecer) por la mesa de sonido, teniendo a Otto motivando a la gente, la que se veía un poco desconectada pero aun así respondiendo a los pedidos de la banda.

Tras el respectivo saludo y un poco de juego entre Charlotte y el público, comienza a sonar The Glory And The Scum, ya con todo sonando con los problemas de sonido aparentemente solucionados, Charlotte sale un momento del escenario y vuelve enseguida, momento en que uno se da cuenta que para tomar algún líquido deben salir del escenario… en fin. Con toda la potencia característica se presenta un problema que se mantiene casi toda la presentación: los apoyos vocales ahora casi no se escuchan. No parece importar mucho y la gente acompaña con las palmas.

Cuando comienza a sonar Get The Devil Out Of Me (“We Are The Others”, 2012) y Wessels le pide al público que la acompañe con las palmas, la gran parte del teatro comienza a saltar y aplaudir. En general, el público parece disfrutar a la banda sin volverse loco como en otras ocasiones, de hecho, la banda se aprecia más desordenada y motivada sobre el escenario que el público frente a él. El “corte” que presenta la canción se da en completa oscuridad dándole un pase tremendo al final de la misma.

En un minuto de descanso prácticamente todos salen del escenario, menos De Boer, mientras comienza a sonar The Monarch, un tremendo momento donde sobre todo la batería de De Boer se pudo lucir, una especie de solo pero más producido, casi como parte de la misma canción arranca Hands Of Gold, bien recibida por el público que sigue disfrutando sobriamente de la noche, claro que algunos ponen el alma a los pies de la banda como estamos acostumbrados pero, en general, el público sólo responde cuando se lo piden… algo le está pasando al público chileno y no me gusta. Como dijimos antes, las voces de apoyo no se escuchan bien así que el aporte de Otto con sus guturales no se logra disfrutar, aun así, la infaltable bandera nacional llega al escenario.

Charlotte agradece que todas las veces que vienen los tratamos excelente y agradece especialmente porque, “como los más perceptivos se habrán dado cuenta, tengo la garganta hecha mierda”, así que pide por favor la ayuden cantando con todo lo que tengan una canción que, según ella, es precisa para las circunstancias y así arranca Sing To Me (“The Human Contradiction”, 2014), donde Wessels sigue demostrando su calidad entregándolo todo y derrochando calidad vocal a pesar de estar enferma. Los celulares inundan el teatro y buena parte de la gente parece más preocupada de grabar que de disfrutar. En el interludio instrumental la gente se mueve más y salta, el volumen de las voces de apoyo de Timo algo mejora hacia el final.

Con sólo la batería de De Boer iluminada y la entrada de Somers se da paso a un momento genial, un jam entre ambos con un comienzo medio bluesero, nostálgico, que da paso a una pieza altamente pesada y oscura que termina mezclándose con la sección inicial logrando una amalgama de sonidos maravillosa. Casi sin esperar a que termine el momento arranca Pristine (“Lucidity”, 2006) del ya lejano debut de los neerlandeses, logrando apreciarse un poco mejor los guturales de Otto mientras el público acompaña con sus palmas a Charlotte, levantando el puño con el típico “hey!” cuando corresponde y, Otto y Timo disfrutando a full tocando sobre sus retornos y cabeceando mientras que Wessels salta, corre y baila como una niña… da gusto ver que la banda disfruta así sobre el escenario.

Con el apoyo de la intro envasada la banda descansa un momentito para lanzarse con Mother Machine, donde la potencia de la banda no impide apreciar que Wessels está trabajando con apoyo vocal, sin embargo, se nota el tremendo esfuerzo y nivel que presenta dejándolo todo en el escenario, incluso su garganta. El público se nota apagado, quizás sí, escuchando con respeto, pero algo que aman las bandas de Chile es la entrega de su público y acá no se vio en plenitud. Igualmente al terminar la canción todos ovacionan y la banda se toma un pequeño descanso sobre el escenario.

Como leyendo la situación, Charlotte misma le pide al público que canten, griten, salten, que acompañen a la banda con Don’t Let Go (“The Human Contradiction”, edición especial 2016), el público reacciona y responde a la petición, justo a tiempo porque ya la voz de Wessels empieza a mostrar las consecuencias del tremendo esfuerzo que está haciendo, lo que no cambia en nada la entrega de la frontwoman.

En oscuridad comienza a sonar el teclado de De Boer dando inicio a la ya icónica We Are The Others, para cuando la banda entra en conjunto lo entregan todo, con un bajo que se escucha fuerte y claro, lo malo, es que la potencia parece opacar la ya cansada voz de Charlotte quien se sigue luciendo a pesar de sus circunstancias. La escena más tierna que se podría haber visto se da cuando Timo y Otto se acercan a Wessels, al centro del escenario, y ésta los abraza a ambos y les acaricia la cabeza mientras la música continúa.

Charlotte recuerda que hace poco lanzaron un trabajo especial y que es hora de compartir algo nuevo que forma parte del mismo, así arranca Hunter’s Moon (“Hunter’s Moon”, EP 2019). Ahora el apoyo con los gritos limpios de Timo y guturales de Otto se escuchan potentes y fuerte pero no logran entenderse, otra mala jugada del sonido. Wessels desplegando todo su carisma en el escenario mientras el trigger de la guitarra satura un poco el ambiente, incluso, a la hora del solo la guitarra está tan fuerte que inmediatamente le bajan el volumen, siendo todo coronado con un tremendo juego de las luces.

Todo termina con The Gathering, otra vuelta al pasado donde las voces entran casi en vacío, generando un ambiente cercano a la solemnidad, lo que parece fue muy respetado por el público que estaba bastante tranquilo, acompañando con las palmas y cantando alguno que otro por allí y por acá, lo que no detuvo a Charlotte para disfrutar con todo sus últimos minutos sobre el escenario. El outro de The Monarch indica que esto terminó, los agradecimientos de rigor, las baquetas y uñetas de regalo al público, la foto oficial de la velada y se viene la espera por el plato de fondo.

Setlist de Delain en Chile:

1. Go Away
2. Suckerpunch
3. The Glory And The Scum
4. Get The Devil Out Of Me
5. The Monarch
6. Hands Of Gold
7. Sing To Me
8. Jam de Timo & Joey
9. Pristine
10. Mother Machine
11. Don’t Let Go
12. We Are The Others
13. Hunter’s Moon
14. The Gathering

VUUR

El plato fuerte de la noche incluso se adelantó un poco, cuando Johan Van Stratum con su bajo, Jord Otto y Ferry Duijsens con sus guitarras y Ed Warby en su batería salen a escena antes de las 22:00, acompañados de su introducción envasada que dio paso a Time – Rotterdam, con un público expectante hasta que la semidiosa Anneke van Giersbergen hace su entrada triunfal, el público se entrega a la calidez y carisma de la neerlandesa pero disfruta tranquilo su presentación, quizás muchos iban más por ella que por la banda y el disco que promocionan y no es para menos, si en una sección casi a cappela su voz iluminó el teatro.

Con su tierna voz Anneke saluda al público para dar paso enseguida a On Most Surfaces (“Nighttime Birds”, 2007), cover a The Gathering, momento en que obviamente el público se vuelve loco y, a pesar de la tremenda cantidad de celulares que se ven, aun así los puños, los gritos y los saltos se aprecian alrededor del teatro, con una iluminación sobria y precisa, sin mucha parafernalia que no impiden hacia el final de la canción la ovación sea generalizada, haciendo a Anneke gritar para que se escuchen sus agradecimientos.

No alcanza a anunciarla y My Champion – Berlin ya está sonando con toda su potencia, tanta potencia de hecho que provoca la voz de van Giersbergen se pierda un poco. Se ve más movimiento en el público pero sigue siendo disminuido en comparación a lo que uno podría esperar, claro que a la hora del coro casi no quedó cabeza sin ser cabeceada, con distintas intensidades quizás pero todos cabeceando, hacia el final, Anneke vuelve a salir del escenario y vuelve corriendo porque al parecer calculó mal los tiempos y casi no llega para su parte.

Para continuar, pregunta si recuerdan su proyecto The Gentle Storm, ante la respuesta afirmativa del respetable anuncia y arranca The Storm (“The Diary”, 2015), la que todo el teatro acompaña con sus palmas, por la potencia de la banda y la canción nuevamente se pierde un poco la voz de la invitada de honor; sin embargo, no impide que se dé un momento visual tremendo cuando su angelical voz se ve coronada por una visión angelical, Anneke bañada por luces blancas es un espectáculo de paz, con un posterior interludio en oscuridad y destellos cual tormenta.

Tras anunciar Days Go By – London, Anneke aprovecha de descansar un poco fuera del escenario, para al volver y tomar el micrófono dejar más que claro cual es su relevancia e importancia en el metal, aun cuando la potencia y los volúmenes no dejan entender bien lo que canta. Es tal la conexión con su público que incluso toma un teléfono celular para grabar o transmitir por streaming, mostrando al público mientras ella canta.

Tras una breve conversación con el público, arrancan los acordes de The Martyr And The Saint – Beirut, música y luces que producen un ambiente nostálgico y de esa manera la gente lo disfruta y respeta el momento. Aun en las partes más pesadas de la canción el público se mantiene igual, ni siquiera ante una canción tan buena la cosa despierta, como si hubieran conectado poco con la misma.

Continuamos con una tremenda canción como lo es Freedom – Rio pero tampoco genera mucho en la gente, lo que ya a estas alturas se volvió común y no vale la pena seguirlo comentando. Algo de movimiento se ve y quiero creer que tiene que ver con disfrutar y respetar al artista y no con que se nos está acabando la pasión. Nuevamente se presenta la visión angelical de Anneke con las luces brillando y girando sólo sobre ella, casi indescriptible. Las primeras filas, siempre fieles, responden a su llamado y se mueven más.

Entonces pregunta a quien le gusta Devin Townsend, esto para dar paso a Fallout (“Sky Blue”, 2015). Ver a la jovencita que cantaba con The Gathering hace veinte años y a esta tremenda mujer disfrutando de la misma forma sobre el escenario, como si nada hubiera cambiado y el tiempo no hubiera pasado es tremendo, se nota su amor por lo que hace. Todas las manos y puños en el aire junto a ella son señal clara que ese amor se corresponde.

Sin espacio para nada arranca Your Glorious Light Will Shine – Helsinki donde se logra una conjunción tremenda entre luces, voz y música, movilizando por fin a un público algo adormilado, un tremendo momento donde el público por fin estuvo a la altura de la tremenda artista que tenían al frente, con una ovación cerrada hacia el final de la canción. Anneke agradece la nueva oportunidad de compartir en Chile, comenta que están terminando su minigira por Sudamérica y aprovecha de agradecerle a Delain por acompañarlos y pregunta quien estuvo presente la primera que visitó nuestro país con The Gathering, tras ver varias manos levantadas comienza a explicar el significado de la siguiente canción y agradece por estar en esta “gran burbuja de felicidad esta noche”.

Así comienza Reunite! – Paris, momento grabado en los teléfonos de todo el mundo, con un pequeño error de iluminación que deja las luces enfocando a un sector vacío del escenario por un rato, mientras Anneke se luce alcanzando tonos líricos en su interpretación, un momento emotivo a más no poder. Más emotivo aun cuando en lo alto de los palcos logramos apreciar como Delain completo disfruta de la presentación de sus coterráneos y claramente no por compromiso, sino porque de verdad querían estar allí.

Tras un breve encore que fue acompañado de los correspondientes silbidos, gritos y demases, Anneke vuelve al escenario bailando al ritmo de los “oé, oé oé oé”, cuando se escucha un fuerte “I love you” dirigido a ella el que responde graciosa y tierna como siempre “I love you too”, aprovechando para explicar lo importante que es Chile para ella y la razón que la llevó a componer una canción para Santiago. Con eso arranca Sail Away – Santiago, para un público ya rendido a los pies de la diva, con una conexión restablecida y fortalecida. Todos los teléfonos grabando no alcanzan a echar a perder el momento íntimo entre la banda y el público, se ven saltos, puños, se escucha gente cantando, palmas por todo el teatro, todos cabeceando… al terminar la canción se da cuenta que su celular había quedado abierto de la última vez que lo tomó para transmitir y, en un streaming por Facebook Live, grita un fuerte “chi… chi… chi!” que es respondido por todo el teatro.

Entonces anuncia que es hora de la última canción, frente al reclamo y la negativa del respetable, Anneke responde que está bien, que pueden tocar diez canciones más y Delain puede volver al escenario también pero entonces no alcanzaría a ver el final de «Game Of Thrones» y bromea un poco al respecto. Explica que les queda sólo una canción pero promete que esa canción nos dejará satisfechos a todos. Así comienza a sonar Strange Machines y el resto es historia, todo el mundo cabeceando, saltando, bailando, gritando, todo lo que se podría hacer con esta tremenda canción… cualquier descripción se queda corta así que ni siquiera lo intentaremos. Así, termina una tremenda noche de voces femeninas lideradas por un ícono del estilo. Simplemente una noche maravillosa.

Setlist de Vuur en Chile:

1. Time – Rotterdam
2. On Most Surfaces (cover de The Gathering)
3. My Champion – Berlin
4. The Storm (cover de The Gentle Storm)
5. Days Go By – London
6. The Martyr And The Saint – Beirut
7. Freedom – Rio
8. Fallout (cover de Devin Townsend Project)
9. Your Glorious Light Will Shine – Helsinki
10. Reunite! – Paris
11. Sail Away – Santiago
12. Strange Machines (cover de The Gathering)

Live Review: Seba Miranda
Fotos: Miguel Fuentes

Una banda como Amorphis siempre será bienvenida en Chile, mejor todavía si ya es su cuarta vez en nuestro país. En este caso, algo que llamó la atención es que la tradicional puerta del Centro de Eventos Blondie, por donde salen los músicos a escena y donde tenías una pequeña oportunidad de saludarlos, ahora estaba cubierta por un telón negro a la altura de la barricada… una pena que pongan aún más distancia entre la banda y su público.

El Doom Metal chileno abre la noche

Cuando llegamos a la cancha, los nacionales de POEMA ARCANVS ya habían comenzado su presentación, marcando lo otro llamativo de esta jornada: la puntualidad. La banda fue anunciada para las 19:45 y cuando llegamos a las 19:47 ya estaban tocando She Burns Us, temazo del “Iconoclast” (2002), con toda la calidad a la que la banda con más de 20 años de trayectoria nos tiene acostumbrados. Lo malo fue que empezaba su presentación frente a unas cien personas, mereciendo claramente un mejor marco de público. Al terminar el tema unos acoples molestaron un poco pero nada grave.

La noche continúa con Straits Of Devotion del “Stardust Solitude”, trabajo que esperamos sea lanzado durante este año. Con un marco de público aun pequeño cabe considerar que quizás adelantar material no es la mejor movida pero eso no le quitó ni el más mínimo detalle a la entrega de la banda, con una guitarra que a momentos se perdía por el volumen pero que se solucionaba, nuevamente terminando con acoples…

Colgándose de ese acople arranca Elegía. Acá ya se notaba que hubo gente que no sólo quería ver a los dueños de la jornada, sino también a sus invitados nacionales. Ya las cabezas se movían tímidamente y la canción termina con muchos más aplausos y celebraciones para dar paso a Alter del “Timeline Symmetry” (2009), una canción que no provocó mucha respuesta pero respetada por el público, aun a pesar del pequeño acople que se dio a media canción y siendo finalmente celebrada de todas maneras.

No podían faltar clásicos del “Arcane XIII” (1999) y, apenas anuncian que tocarán algo de ese disco, inmediatamente las cerca de doscientas personas que ya estaban en la cancha se emocionan y acompañan a sus compatriotas cantando Essence, con esa atmósfera maravillosa que se genera en el interludio musical acompañado por las palmas de los presentes y una luz azul entre el humo. Momento para un pequeñísimo y necesario descanso.

Desintegración suena cañón pero, al parecer, la gente no enganchó mucho con el tema, no observándose ni escuchándose muchas voces o movimiento, a pesar de ser un tremendo tema digno de su repertorio y, finalmente, todo termina con Desde el Umbral, un clasicazo de aquellos. Acá todo el mundo que ya se encontraba en la cancha se conecta con la banda y con este tema de su debut hace ya 20 años, un momento tremendo. Mientras suena el órgano final de la canción, la banda se despide y aquí debo agradecer a la organización el permitir un buen tiempo a la banda ya que recuerdo la última vez los teloneros sólo pudieron tocar tres temas. Un buen detalle de respeto al músico nacional.

Setlist de Poema Arcanvs:

1. She Burns Us
2. Straits Of Devotion
3. Elegía
4. Alter
5. Essence
6. Desintegración
7. Desde el Umbral

La Reina del Tiempo arremete

Ya con casi tres cuartos del local lleno y a las 21:00 exactas, comienza a sonar la intro de los invitados de honor de la noche, subiendo al escenario sin mayor parafernalia y largándose con todo a tocar The Bee, opening track de “Queen Of Time” (2018), la placa que vienen promocionando y, como ya los fanáticos han tenido casi un año para disfrutarla, desde el primer minuto cantan con la banda. Tomi Joutsen aprovecha un pequeño espacio en la canción para saludar por primera vez al público generando la obvia respuesta del respetable.

Casi sin detenerse arranca The Golden Elk, también de su última placa. El público a estas alturas precoces ya está totalmente entregado a la banda y salta como condenado, cuando Joutsen pide que Santiago grite, adivinen… ¡faltaron gargantas para responderle! En la sección correspondiente de ritmo “guerrero”, la gente se puso a tono con el puño en alto y el grito “hey!” de rigor, acompañando un poco la sección de solos para que, finalmente, Joutsen le pida al público acompañarlo en el último coro y así se hace.

Los saludos de rigor tienen su momento y con el acompañamiento de las palmas del respetable llega Sky Is Mine del “Skyforger” (2009), convirtiéndose en el instante preciso para que se arme el mosh de la noche, no muy grande pero mosh al fin y al cabo. Todo el público cantando (¿o gritando?) el coro en un tremendo sing along deja claro que el tema es muy querido por la fanaticada que está a los pies de la banda, celebrando la sección de solos donde Santeri Kallio se luce en su teclado y Esa Holopainen en su guitarra (no exento de algunos pequeñísimos detalles, pero nada realmente importante) para tener hacia el final a un Tomi haciendo un helicóptero con su cabeza.

Casi sin respiro nos golpea Sacrifice del “Under The Red Cloud” (2015), tremendo tema de ese trabajo, que como tal, es recibido por el público y disfrutado a concho, tanto que creería muy pocos notaron que Joutsen tuvo algunos problemas con el atril de su micrófono, el cual era uno normal y corriente, a diferencia de su visita pasada donde contaba con un micrófono bastante particular que entregaba un sonido tremendo.

La típica alocución con palabras de buena de crianza le abren paso a Against Widows del “Elegy” (1996), un tremendo viaje al pasado de la banda que viene cargada de todo el peso y potencia de ese disco, tan nostálgico el momento que comienza cantando Tomi Koivusaari, quien no olvidemos cantó originalmente las voces guturales junto con llevar la guitarra rítmica en ese disco, compartiendo en esta ocasión con las voces limpias de Joutsen, quien ya también se hace cargo del resto de la canción. Algo que llama la atención es que se presentaron varios problemas con el atril de la batería de Jan Rechberger, por lo que varias veces durante la jornada tuvo que subir el técnico a ayudar.

Cuando comienzan a sonar las primeras notas de Silver Bride el público alucina, acompaña con sus palmas la introducción del tema y luego la Blondie se convierte en un mar de gente saltando y cantando a todo pulmón el coro, demostrando la tremenda conexión que Joutsen tiene con su público desde el escenario, haciendo un juego que genera un maravilloso momento con la gente cantando “silver bride” en respuesta al vocalista.

Un pequeño descanso da paso a Bad Blood que produce un cabeceo generalizado, donde ni siquiera el acople que se escucha molesta a nadie, cantando a la par de Joutsen casi toda la canción llega un momento en que el público se divide en facciones y vemos a algunos saltando, a otros cantando con el puño en alto, a otros cabeceando… uniéndose todos en una verdadera ovación al terminar la canción.

Mientras Joutsen parece regalar una uñeta o algo al público, se toma unos minutos para contar sobre la razón de la gira y habla muy brevemente sobre su último disco para arrancar de golpe con Wrong Direction, un tremendo tema, digno de la banda pero que parece no estar todavía muy integrado al soundtrack de sus fanáticos, se nota cierta desconexión del público acá pero mientras avanza la gente va enganchando y, como no, si la canción tiene todo para convertirse en un obligado de los próximos setlist que la banda presente.

Casi sin esperar que la canción anterior termine ya estamos escuchando Daughter Of Hate, y acá sí que la cosa no pinta muy bien. Ahora el público en general parece no estar muy familiarizado con este track de la última placa, un buen tema pero que, por momentos, pareciera que ni la banda lo tiene muy interiorizado. Sube nuevamente el técnico a ayudar con la batería, se ve una pequeña bandera finlandesa en el público y Holopainen termina cambiando su guitarra.

Así arranca la intro para Heart Of The Giant, la que sí engancha enseguida al público, quienes se reconectan y tararean toda la sección instrumental con que comienza la canción. Acá parecieran percibirse algunos pequeños problemas con el audio, incluso perdiéndose un poco la voz de Joutsen pero que con la energía de la banda pasan casi desapercibidos, especialmente cuando todo el público acompaña con sus voces hasta las secciones instrumentales.

Sin detenerse llega un clásico de los más nuevos, Hopeless Days del “Circle” (2013), un golpe a la cabeza con toda la potencia y rabia que transmite este tema, presentación que no está exenta de los problemas de la batería que, al parecer, tiene que ver con la sujeción de los platos. Lo que más llama la atención es que, a pesar de la potencia y agresividad de este track, el público se ve más bien tranquilo, ¿habrá sido el cansancio de la semana corta? Eso no impide que prácticamente toda la Blondie cante junto a la banda la canción completa y acompañe con sus palmas la sección instrumental de la medianía del tema, lo que permitió llegar a un final tremendo con un muy bien elaborado juego de luces entre las penumbras del humo y los flash de los focos.

En un concierto de Amorphis sería casi una herejía, un sacrilegio, no disfrutar algo del clásico y entrañable “Tales From The Thousand Lakes” (1994), así que cuando se anuncia que éste es el momento simplemente todo el público se desbandó, así arrancó Black Winter Day, ese clásico de clásicos de la banda, un momento en el que realmente no puse mucha atención porque entre cabecear y cantar tremendo tema difícil atender a algo más, sin embargo, estoy seguro que prácticamente toda la Blondie debe haberlo vivido parecido a como lo hice yo.

Termina la locura y es momento del tradicional encore con un público vuelto mono pidiendo que la banda regrese al escenario, los gritos de rigor se dejan escuchar y el tradicional momento se acaba sólo unos minutos después mientras suena la introducción de lo que continuará.

Así arranca el clásico instantáneo de su anterior placa, Death Of A King que vuelve loco a toda la Blondie. Saltos por acá, violentos cabeceos por allá, todo el mundo cantando, Joutsen le da el paso al solo de Holopainen. Las palmas acompañan la música en todos los momentos posibles llevando a un final del track tremendamente elaborado donde Tomi, con su voz limpia, comienza las primeras repeticiones del ya tradicional “death… of… a… King!”, siempre acompañado del público la música para y deja sólo las voces, luego el mismo juego pero con el grito gutural del vocalista y, por último, sólo el público para la banda regresar de lleno y terminar por lo alto la canción.

Tras dar las respectivas gracias se anuncia la última canción de la noche, House Of Sleep del tremendo “Eclipse” (2006). Toda la Blondie tarareando y acompañando con “oh oh oh” las partes instrumentales, cantando junto a la banda como si no hubiera mañana, un ambiente tremendo creado por el humo que era atravesado por las luces verdes programadas para el momento, el público canta en solitario el coro mientras Joutsen les extiende el micrófono y la banda queda en silencio. La gente gastando las últimas balas en la última canción del concierto canta y salta, se repite el juego anterior pero esta vez Esa Holopainen acompaña con la melodía muy suave, toda la gente cantando a capella, la banda se une sólo con la base rítmica y muy suave para, por último, irrumpir con todo en la parte final, mientras cerraban la noche, Koivusaari se acerca al público para entregarle, directamente en su mano y corriendo a los demás que trataron de tomarla, una uñeta a alguien del público, algo de lo que me gustaría más detalles pero al menos parece un gesto tremendo del guitarrista.

Así terminó la noche con la fanfarria final de toda la banda, una despedida un tanto abrupta que no dejó a nadie indiferente porque ni bien se tocó la última nota y se golpeó el último beat de batería, inmediatamente comenzó a sonar una versión fiestera, media borracha quizás de House Of Sleep, mientras se tomaban las fotos de rigor y salían rápidamente del escenario… una rareza de la noche que, a pesar de su un tanto extraño final, no dejó de ser una gran jornada.

Poema Arcanvs mostrando que siguen vigentes y mantienen su calidad y Amorphis dejando en claro que su éxito no es una invención. Aunque desgraciadamente todo terminó muy rápido (imagino que debido a compromisos con el local para que comenzara su funcionamiento normal de fin de semana largo), una de las cosas más rescatables, además del tremendo show que dieron cada una de las bandas, fue el respeto que se le mostró al telonero nacional, ojalá siempre fuera así. Por ahora, a esperar la próxima gira de Amorphis porque diría que ya quedó claro que nuestro país se ha convertido en parada obligada para los finlandeses y aquí se les esperará con los brazos abiertos.

Setlist de Amorphis en Chile 

01. The Bee
02. The Golden Elk
03. Sky Is Mine
04. Sacrifice
05. Against Widows
06. Silver Bride
07. Bad Blood
08. Wrong Direction
09. Daughter Of Hate
10. Heart Of The Giant
11. Hopeless Days
12. Black Winter Day
Encore
13. Death Of A King
14. House Of Sleep

LIVE REVIEW: Seba Miranda
FOTOS: Guille Salazar

8 de marzo en la ciudad de Santiago. Su avenida principal se preparaba para la marcha contexto al Día de la Mujer. Y, mientras para la multitud que posteriormente se congregó en la histórica arteria era un día de pronunciación social, para otros—pocos en comparación—era un viernes de Heavy Metal. Paul Quinn, Nigel Glocker, Nibbs Carter, Doug Scarratt y el legendario Biff Byford vuelven a Chile celebrando un año desde el lanzamiento de su álbum Thunderbolt.

Por el acotado margen de entrada al recinto (Blondie), la espera se hace viva y curiosamente prendida. Un repaso por bandas legendarias del Rock y el Heavy Metal suena por los parlantes, animando a los expectantes y dando la oportunidad a más de uno de calentar la garganta previo a la presentación. Se hace silencio, las luces mueren, el ánimo se eleva y en penumbras comienza a sonar “It’s a Long Way to the Top (If You Wanna Rock ‘n’ Roll)” de AC/DC, tema de telón que los asistentes no resistieron corear. Luego de esta apertura-tributo, Saxon hace su entrada en Olympus Rising, breve introducción del álbum que le da paso a la canción homónima, Thunderbolt. La banda estableciéndose con energía entre el hielo seco del escenario fue ovacionada, pero el público en ánimo relativo falló en participar en el coro, quizás por la poca familiaridad con la canción o porque, como yo, había que acostumbrarse al impacto sónico del volumen en general, siendo este demasiado alto para un recinto tan pequeño. Y mientras los pedales se sentían en la espina dorsal y los solos de guitarra acosaban los oídos, en “Sacrifice” el sostenido vibrato de Byford durante el coro comenzó a jugar con mi límite de tolerancia auditiva, forzándome a alejarme del escenario y de los parlantes laterales. Volviendo a lo positivo, al menos se escuchaban presentes todos los instrumentos, aunque no nítidos necesariamente. El ambiente se prendió notoriamente cuando el clásico “Wheels of Steel” comenzó a sonar en esos clásicos Marshall JCM 800. Los pies rechazaron el suelo y Saxon pudo probar algo del rugir de su audiencia chilena, pues Biff no resistió grabar con su teléfono el canto a cappella del público para las redes sociales. Y así, bajo el mismo ánimo, fue también recibida “Denim and Leather”, en donde Byford volvió a confiar en el canto de los fans en el inolvidable coro de esta canción, oda al estilo que caracteriza a los fieles del género. Y mientras entre el público se ondeaba la bandera local con el nombre de la banda extendido a través del  blanco, azul y rojo, los británicos nos deleitan con otra de las numerosas canciones que bautizaron discos, “Strong Arm of the Law” simplemente no podía faltar. El diálogo entre Quinn y Scarratt se desarrolla a la perfección y la audiencia muestra su devoción al ritmo con incesantes headbangs. Nuevamente Biff se apoya en el público, que ya demostraba su pasión en el golpe que abría el coro: “Stop, get out!” se escuchaba entre centenares de puños alzados. Para una dosis de heavy metal más contemporáneo llega una versión ligeramente más acelerada de “Battering Ram”, batiendo los muros de la Blondie con el doble pedal del verso.

Llega una breve pausa, Byford recalca la gran trayectoria de Saxon al presentar las siguientes canciones, que los acompañan desde el temprano génesis de la longeva banda. El juego de luces en el escenario se vuelve de un matiz más psicodélico y “Frozen Rainbow” del clásico álbum Saxon, con su debida extensión instrumental, “Rainbow Theme”, da un giro en el ambiente y calma la euforia desatada. Por supuesto, el inmortal riff principal mantiene el ánimo elevado y la recepción abierta. Siguiendo con los temas setenteros, luego es el turno de “Backs to the Wall” que pone el pedal a fondo y es recibida con aún mayor ánimo. Una obviedad, la canción está hecha para hacer ignición. El carismático frontman en plena canción ataja nuestros colores patrios y los exhibe con honor en una breve pausa. Canciones como “Requiem” y la mayoría de las que enlista el álbum Denim and Leather evidencia la admiración que Saxon siente por el movimiento y por los colegas que fueron inspiración para ellos y los acompañaron en estas décadas de música. “They Played Rock ‘n’ Roll”, del ultimo lanzamiento, va en honor a los inmortales “Fast Eddie” Clarke, “Philty Animal” Taylor y Lemmy Kilminster, cuya mención por parte de Bill Byford fue suficiente para desatar la euforia del público y provocar el primero de los circle pits. Al igual que en la versión de estudio, la banda aprovecha una ventana en la canción para que suene la voz de Lemmy y su clásica introducción de Motörhead en vivo: “We are Motörhead… and we play Rock ‘n’ Roll!”. Manteniendo la euforia en la audiencia, suena “Power and the Glory”, donde nuestro casi-setentero Nigel Glocker nuevamente nos da una demostración de su energía, sorprendiendo a muchos con el cadente ritmo del doble pedal y velocidad añadidos al tema, que, sonando más reverberante que en su versión de estudio, genera un impacto añadido.

Saxon resume algo de su paso por Latinoamérica, mencionando las fechas anteriores en Lima y Bogotá. Por rivalidad sencilla, no fue sino hasta su mención al presente en Santiago que las pifias se convirtieron en aplausos y gritos. El siguiente tema quedó a la merced del público: la banda ofreció temas de su catálogo y estos eran medidos en una especie de “aplausómetro”. Irónicamente, la ganadora no fue un tema de Saxon. “Run Like the Wind”, cover del clásico ochentero de Christopher Cross, sonó con el debido compromiso de cantar junto a Byford. Obviamente, dicho compromiso fue cumplido a cabalidad. Biff ya localizado por la misma audiencia, introduce el siguiente tema que trata de la leyenda clásica del diablo de paso por el sur de Estados Unidos: “Solid Ball of Rock” y su groove maligno comienza con el bajo del joven del grupo, Nibbs Carter, cuya energía quedó demostrada en todo el show, dejando animado a todo el frente izquierdo del público. Nuevamente a dupla Quinn/Scarratt demuestra su sincronía dándose pases en el segmento alargado de la canción. Byford a lo largo del show demostró gran cercanía con el público, dejando impresionarse por el lúdico desafío típico que suelen hacer los vocalistas y que asegura recepción de los fans. Uno de los esperados, “Motorcycle Man” revienta el subterráneo y mantiene vivo el acalorado circle pit. Paul Quinn aprovecha al máximo el puente flotante, mostrando gran confianza y ventaja en sus prendidos solos. Su presencia era incuestionable debido al excesivo volumen del instrumento.

El hielo seco se hace niebla y luces de tonalidad azul juegan con la penumbra del escenario, ocultando la banda bajo un manto teatral. Llegó el turno de la favorita de las radios, “747 (Strangers in the Night)” no dejó a nadie indiferente. La narración lírica del vuelo, la falla técnica y el consecuente vuelo nocturno en oscuridad era sabida por gran parte del público, por lo que Byford compartió crédito con la audiencia chilena en la interpretación del clásico del Wheels of Steel. Y volviendo al Denim and Leather, “And the Bands Played On” regresa a la banda de la atmósfera lúgubre del temazo anterior. La banda recibe con agrado y algo de confusión la novedosa aparición de la bandera Mapuche, hermosos colores cargados de semiótica visual que fácilmente se reconoce entre la multitud por lo manoseado que está el tema por ciudadanos partidarios de un multiforme y confuso indigenismo. Byford anuncia que ambas banderas colgarán en su estudio para recordar esta noche, ganándose el aplauso de los honrados. Quizás como pausa entre tanta emoción, “Lionheart” pasa rauda y sin mayor respuesta del público. Uno esperaría que la canción representante de este disco esté acorde a la recepción que hizo en su momento, pero no fue así. La oda las fuerzas del rey Ricardo I de Inglaterra sirvió como receso para luego retomar la euforia en el eterno clásico del Strong Arm…, “To Hell and Back Again”. Volviendo al desastre y a la atmósfera oscura de “747…”, es el turno de “Dallas 1 PM”, canción escrita como narración del shock posterior al asesinato de John F. Kennedy. La guitarra de Paul Quinn comienza a entrecortarse por un breve segmento, por ende, el hardware tuvo que ser auxiliado por un técnico que resolvió inmediatamente el tema. Una extraña sensación me dejó la insignificante anécdota, ya que no se notó mucho el desperfecto por la cantidad de ruido general que los equipos ofrecían. Y regresando al imaginario medieval, al chorus en limpio y a los solos con ganas de Quinn, “Crusader” despierta el coro y las palmas por una vez más antes de que la banda abandonara el escenario para un interludio antes del gran final.

“Heavy Metal Thunder” promete lo inferido por el coro: llenar las cabezas con el trueno del Heavy Metal. El uptempo de la canción motiva una vez más a varios a lanzarse al circle pit y disfrutar la canción en esa extraña hermandad adrenalínica. El cuero y la mezclilla se pronuncian una vez más con “Never Surrender”, confirman que Saxon mantiene vivo los éxitos de la era de Graham Oliver y Steve Dawson. Y así, siguiendo en esta línea es que “Princess of the Night” se encarga de cerrar en lo más alto. Canción inolvidable y esperada por muchos, que exige ser cantada como agradecimiento a la banda y su entrega este segundo viernes de marzo. Y así despedimos a esta gran banda, con un potencial inquebrantable y vitalidad que se evidencia en Thunderbolt. Una experiencia inolvidable, que sería aún más grata si no fuera por el sordo a cargo de la mesa de sonido. Eché de menos los tapones que olvidé en casa (hay que cuidar los órganos que permiten disfrutar la música). Me servirá como lección a llevarlos por si acaso.

Setlist Saxon en Chile 2019

01. Olympus Rising / Thunderbolt
02. Sacrifice
03. Wheels of Steel
04. Denim and Leather
05. Strong Arm of the Law
06. Battering Ram
07. Rainbow Theme / Frozen Rainbow
08. Backs to the Wall
09. They Played Rock ‘n’ Roll
10. Power and the Glory
11. Ride Like the Wind
12. Solid Ball of Rock
13. Motorcycle Man
14. 747 (Strangers in the Night)
15. And the Bands Played On
16. Lionheart
17. To Hell and Back Again
18. Dallas 1 PM
19. Crusader
Encore
20. Heavy Metal Thunder
21. Never Surrender
22. Princess of the Night

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Karim Saba

Mientras el tórrido azote del verano santiaguino hace de las suyas en las calles de la capital, el tradicional Teatro Nescafé de las Artes recibe a los devotos de Anathema para compartir no uno, sino dos momentos de este martes 29, con los hermanos Cavanagh reunidos con Duncan Patterson (Antimatter, Alternative 4) en la celebración de «Alternative 4«, el último álbum que los documentó juntos. Inolvidable para los presentes, así como también para Daniel, Vincent y Duncan, que suponemos que jamás imaginaron el éxito que tendrían en el último país del sur americano. Experiencia y cariño del público que se manifiesta en la poco modesta bandera regalada por Anathema Chile, el punto de encuentro de fans local.

Daniel Cavanagh se encarga de abrir la función de las 19:00hrs. con la ondulada melodía de Springfield, del último disco de Anathema “The Optimist”, canción que ralentiza el tiempo y hace énfasis en el carácter íntimo de la presentación. De a poco el público comienza a meterse en la atmósfera y voces aparecen para acompañar el suave canto. Sin embargo, desde el lado izquierdo del escenario un parlante augura problemas técnicos al producir un sonido áspero desde la guitarra de Danny. El sorprendido músico se percata de esto al recibir una negativa general ante la pregunta “¿lo están pasando bien?”. Momento de confusión que da lugar para las primeras risas y diálogos de la velada, donde el estrés no está presente en el recinto.

Una gran ovación enciende el teatro en el momento en que Danny anuncia la aparición de Vincent en el escenario. Ambos hermanos nos transportan al álbum “Weather Systems” con Untouchable pt. I, que comienza a ser coreada con más confianza de parte del público. Sucesión más que obvia es Untouchable pt. II, que desciende de las alturas de la primera parte y aterriza con el piano a las manos de Danny. Las palmas, inquietas por seguir el tempo de Daniel, comienzan a aparecer cuando este programa el loop que iniciará y armará Thin Air (del disco producido por Steven Wilson, “We’re Here Because We’re Here”) colocándonos en—como la letra sugiere metafóricamente—alturas extremas. Los Cavanagh se lucen interpretando estas tres canciones, más minimalistas y espontáneas que en su versión original, pero con toda la amplitud expresiva de la voz de Vincent.

Mi historia personal con Anathema comienza con el álbum “A Natural Disaster”, el último de los discos oscuros de la etapa progresiva de los británicos. Me da la sensación que no soy el único, a juzgar por el cálido recibimiento de Flying, canción elegida para representar aquel registro mientras dos solitarias luces se posan sobre los hermanos, dejando el resto del teatro en una cómoda penumbra. One Last Goodbye, por su parte, trae a la velada a “Judgement”, el penúltimo de los discos anteriormente catalogados. Esta canción nos recuerda la larga trayectoria de ambos músicos, la manera en que interactúan y la dificultad de concebirlos alejados de su creación. De manera magistral los Cavanagh traen y recrean las atmósferas que le dan carácter a los discos, con piano, guitarras y los efectos adecuados, y no sólo hablamos de los efectos digitales, sino también de los silencios, que si se ubican bien, no fallan en realzar la intensidad de la música.

Y es el turno del primero de los tres discos oscuros post-death/doom, también el primero en revelar el nuevo Anathema y que para esta gira sopla veinte velas de distancia desde su lanzamiento: «Alternative 4«. Esta celebración incluye al miembro de entonces, Duncan Patterson, que si bien abandonó la banda luego de este álbum, siempre su trabajo se mantuvo a unos pasos de Anathema, ya que fue importante colaborador en la génesis, tanto del disco, como de Anathema. El bajo solitario a la derecha del escenario es levantado por el multi-instrumentista y un nuevo rango de frecuencias melódicas acompaña a los hermanos para Fragile Dreams luego de la ovación para el tercer músico que se une al escenario. Los tres músicos, en confianza y haciendo un show más vivo, siguen profundizando sobre el álbum con el primero del tracklist, Shroud of False, que se desarrolla con normalidad relativa, ya que una que otra pifia técnica no detendrá la máquina. Pero no fue así con Lost Control, ya que, irónicamente Vincent, exhausto de los molestos sonidos de una aparente mala conexión de su guitarra con el equipo pesado, se queja explícitamente y luego con humor presenta a Carlos, el sonidista que prestó su ayuda para resolver el problema. Para Destiny el tema está resuelto y las risas abundan con las bromas que surgen de Danny y Vincent con respecto a los infortunios. Inner Silence cierra la retrospectiva sobre “Alternative 4”, despedida con aplausos que aparecen luego de la total y extasiada atención de un público más sereno.

Así como Hindsight y Falling Deeper reformuló y trajo temas desde el EP “The Crestfallen” hasta “Alternative 4”, para esta presentación no están ausentes las versiones acústicas de “Eternity”, el disco clave de la época death/doom de Anathema, ya que conciliaba la escena del doom metal británico con las tendencias progresivas que luego predominarían el sonido de la banda. Luego de una breve pausa, comienza la canción homónima de tres actos. Las dos primeras partes, Eternity pt. I y Eternity pt. II son bien recibidas por el público, pero la que se robó la atención fue la antes distanciada Eternity pt. III, que en esta ocasión continúa como la tercera parte de una larga canción. Luego de que Angelica cerrara esta etapa de contemplación a la banda, el público vuelve a la excitación con Hope, canción recordada por la participación de su autor original Roy Harper, músico que ha trabajado con grandes como David Gilmour, Jimmy Page Ian Anderson, entre otros, así como también su inolvidable coro.

Luego de otra breve pausa, Danny tienta y engaña al público tocando sólo las notas iniciales del piano de Bohemian Rhapsody. La interacción es inmediata, el público recuerda al legendario vendedor de helados, Freddie Mercury, y Danny comienza a juguetear con el ánimo elevado y las carcajadas. Vincent aprovecha de burlarse un poco, dejando entrever los años que han pasado juntos, no sólo como profesionales (¡los Gallagher definitivamente podrían aprender una que otra cosa de ellos!). Para cerrar la primera presentación de la noche, los tres músicos concluyen lo anunciado por Vincent: sus versiones de los clásicos Eleanor Rigby de The Beatles y Comfortably Numb de Pink Floyd, canciones que jamás serán mal recibidas, pero que debo confesar que podrían haber dado cabida a una versión acústica de, por ejemplo, The Beginning and the End y/o Closer, ya que dan ganas de aprovechar la instancia para estas versiones acústicas.

Setlist (función 19:00hrs)

1. Springfield
2. Untouchable Pt. I
3. Untouchable Pt. II
4. Thin Air
5. Flying
6. One Last Goodbye
7. Fragile Dreams
8. Shroud of False
9. Lost Control
10. Destiny
11. Inner Silence
12. Eternity Pt. I
13. Eternity Pt. II
14. Eternity Pt. III
15. Angelica
16. Hope
Encore
17. Eleanor Rigby (cover The Beatles)
18. Comfortably Numb (cover Pink Floyd)

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Guille Salazar

 

Las apariciones de Blaze Bayley en vivo sinceramente son especiales. Sucede lo mismo que lo de hace unas semanas con British Lion, en el sentido de que quienes escogen no ir solo verán unas fotos y comentarios desde fuera, y no les parecerá ser nada fuera de lo común. Pero quienes van, se dan cuenta de que la ida vale más que la pena.

Como que al británico no le importa el escenario donde esté: el sujeto enseña una dedicación única, como si cada concierto fuera el último de su vida, un compromiso contagiado a sus músicos y a todo el público que asiste. Esto ya lo había visto hace unos años en el Rock & Guitarras, hace ocho años atrás, con otros músicos, en una etapa musical y personal muy distinta, pero con esa misma entrega de un Blaze Bayley que lo volvió a dar todo al comienzo de su gira por Chile en el Club Subterráneo.

La banda chilena que fue invitada a abrir el concierto fue Drake, con un show a las 20:30 horas que ya tenía a un buen marco esperándolo, y unos músicos que verdaderamente mostraron mucho oficio, gracias al crecimiento que han tenido en estos últimos tres años. El cantante Felipe Del Valle siempre ha mostrado una gran capacidad para mantener la atención del público y claro que esta ocasión no fue la excepción.

El conjunto ya se había presentado con Labÿrinth en la Blondie y es necesario decir que el show de ahora fue mucho más certero, de una duración y dinámica absolutamente precisas, y con una respuesta de verdad muy positiva de los asistentes, con aplausos cada vez más fuertes mientras iba avanzando el repertorio. Destacar una canción de Drake aquí sería injusto, pues cada una cumplió con entrega e intensidad, un Heavy Metal solido sin buscar pretensiones, una nomenclatura que les tomó mucho tiempo alcanzar y que demuestra que no por ser directo y más bien simple, los procesos para llegar a aquello son fáciles. La banda, tras cinco números, se fue vitoreada por un público que agradeció esta propuesta que ha alcanzado buen gusto y adrenalina, bajo esta alineación.

SET LIST DRAKE
1. La Respuesta
2. Lo que Debo Hacer
3. Atlas
4. Condenado
5. Tierra de Brujos

 

Prefiero comenzar con una pregunta el recuento de este show de Blaze Bayley en Santiago… ¿Qué es lo que tiene de especial el cantante aparte de haber sido frontman de Iron Maiden? Es importante reflexionarlo, porque entre cientos de miles de fanáticos de «la Doncella» en el país, muchísimas cosas se pasan por alto de este músico, que se ha mantenido estoico luchando en la escena. Y la verdad es que Blaze tiene hartos elementos que lo hacen ser especial, además de lo de Maiden

Lo primero, quienes vamos a verlo porque usualmente escuchamos sus canciones con Iron Maiden pero no somos seguidores de su material posterior, nos habremos ido del concierto con cinco, seis, siete melodías pegadas en nuestras cabezas de sus canciones solistas, y que hubiésemos querido haber conocido de antes para disfrutarlas más. Se trata de temas tremendamente efectivos, fácilmente recordables, sabiamente armados, y que son presentados con un convencimiento que contagia. Así se sintió con los dos primeros cortes, ‘Redeemer’ y ‘Are You Here’, del álbum “The Redemption of William Black (Infinite Entanglement Part III)”, cierre de una trilogía conceptual que en definitiva venía promocionando en esta gira.

No hubo avisos para la llegada de ‘Futureal’, la cual era de esperar nuestra reacción desde el público. Obvio, a quienes no estuvieron les habrá llamado la atención la “osadía” de tocar Maiden con una sola guitarra, pero los que pudimos ir éramos capaces de ver una banda tremenda, que no solo se nota con gran fiato. No hay banda británica de Heavy Metal que suene mal en vivo y lo mismo puede decirse de British Lion, que también brilla más en concierto que en estudio. En el caso de Blaze, me parece que su hábitat natural está en un escenario, y la única forma que sentirlo es yendo a sus shows.

El concierto continuó con ‘The First True Sign’ de la última placa de Blaze Bayley, para luego enseñar el tema título de “Silicon Messiah”, trabajo que digamos ya que puede ser considerado como un clásico de su carrera. El coro fue seguido por todos, independiente si la era conocido o no por la persona. La banda se comunicaba con claridad, la canción invitaba a ser seguida, y la atmósfera se contagiaba con la música.

Blaze Bayley volvió a su más reciente disco con la directa ‘Prayers Of Light’ y sus “now we stand and fight!!!” que tronaron en el bar. En contraste absoluto, la banda presentó ‘Virus’ de Iron Maiden, con todos esos cambios que fueron ejecutados de forma quirúrgica, mostrando otra vez lo bien que se entiende esta alineación.

En este momento hizo Blaze una de sus pausas más importantes entre canción y canción, con la idea de agradecer a los asistentes que sostienen a grupos independientes como el suyo, y que así son capaces de tocar por el mundo a pulso. Es cierto que el “esto lo podemos hacer solo gracias a ustedes” puede resultar en un lugar común, pero de la forma en que se estaba dando el concierto, la comunicación sincera que había, uno sentía la intención real de lo dicho. Así llegó -claro estaba- la pista ‘Independence’, correspondiente al primer álbum de la trilogía “Infinite Entanglement”, trabajo que solo tiene tres años de vida y que muestra lo productiva que ha sido esta etapa en la trayectoria de Blaze Bayley.

El show continuó con uno de los temas más reconocidos del británico, el himno ‘Samurai’ que fue seguido por todo el público, con una banda que saltaba y alentaba con mucho ánimo a la audiencia. El ambiente estaba a tal punto que los músicos no tenían por qué llamar a cantar los ‘ohs’ de la composición, una de las tantas melodías con las que nos iríamos a la casa resonando en nuestras cabezas. El riff inicial de ‘Calling you Home’ también atrapaba, pero que no fue más que una transición a un instante cúlmine del show: ‘The Clansman’. Es poco lo que se puede decir de este clásico, y es fácil entender por qué se convirtió en un número tan especial para Maiden y el mismo Bayley.

‘The Angel and the Gambler’, en cambio, debe ser de los temas más cuestionados de «La Doncella» e incluso así, por algún motivo, causó no solo sorpresa, sino agrado entre los asistentes. Blaze no podía parar de sonreír en ese minuto, y vaya que fue un momento de lo más curioso. Sin embargo, el repaso por Maiden no paraba allí y el bar explotó con ‘Man On The Edge’, la una pista seleccionada del “The X Factor”, trabajo que está entre los favoritos del mismo Steve Harris en toda su carrera.ç

La intensidad metalera seguiría muy fuerte con ‘Dark Energy 256’, la canción más pesada de una velada que se encontraba en su momento más fiero, gracias a una de las mejores y descomprometidas composiciones de la trilogía de Blaze. Además, en una noche de contrastes, la parte final del show empezó con la siempre ingenua pero bien intencionada ‘Como Estais Amigos’, última selección de Maiden en el repertorio, para concluir con ‘A Thousand Years’ y regalar así un fin memorable.

Es necesario reconocer que muchos nos acordaremos que Blaze Bayley sigue activo solo cuando se aproxima una venida suya a nuestro país, y que su música solista está en muy pocos playlist de los fanáticos de Maiden. No obstante, los que lo han visto tanto en venidas anteriores como ahora en Santiago, Rancagua, Coquimbo y Puerto Montt, podrán decir que su propuesta en vivo es muy especial, con un tipo que no se disculpa para entregarlo todo en un concierto. Música y actitudes así siempre deben ser reconocidas, por el bien del Heavy Metal que hoy en día cuesta tanto seguir, debido a la avalancha de información que viene desde todos lados. Blaze es un artista que pilla de sorpresa en escenario, más allá de toda nostalgia, pese a que varios vayan solo por lo último, y ahí está el encanto de su aura.

SETLIST BLAZE BAYLEY
1. Redeemer
2. Are You Here
3. Futureal
4. The First True Sign
5. Silicon Messiah
6. Prayers of Light
7. Virus
8. Independence
9. Samurai
10. Calling You Home
11. The Clansman
12. The Angel and the Gambler
13. Man on the Edge
14. Dark Energy 256
Encore:
15. Como Estais Amigos
16. A Thousand Years

Live Review: Jorge Ciudad
Fotos: Karim Saba

Cuando revisamos el disco debut de British Lion, comentábamos que jamás habríamos imaginado a Steve Harris en una faceta distinta a Iron Maiden. No porque el Jefe no sea un tipo versátil, sino que fundamentalmente porque su alma compositiva está tan asociada a la historia de la Doncella, que se asemejaba a esos jugadores de fútbol cada vez más extraños que sólo han vestido una camiseta en su vida.

Pero una vez decantado el disco, y fundamentalmente al saber que tocarían en vivo y que tendríamos la suerte de verlo en esta faceta en nuestro país, parece ser momento de reformular esa conclusión, y más aun luego de leerlo/escucharlo hablando de este proyecto. Iron Maiden siempre ha sido una banda gigante, pero en los últimos diez años se ha transformado en una banda de primera liga mainstream mundial, en una verdadera maquinaria tanto o más grande que la suma de sus Eddies, fans, discos vendidos, aviones y turbinas destruidas en Chile. British Lion sin duda es un escape para Steve, para reconectarse con sus inicios, tocar en locales más pequeños, con apenas un telón de fondo de “Us Against The World”, sin grandes pretensiones, ni siquiera por ganar plata porque con Maiden la tiene de sobra. Es tocar por mero gusto, explorar otras cosas, tomar energía desde la fuente, ser una superestrella del fútbol y venirse a jugar una pichanga con los amigos del barrio como en “Esperándolo a Tito” de Eduardo Sacheri. Amateurismo, como dicen por ahí.

No somos ciegos, por cierto. Es obvio que la inmensa mayoría del público asistió al evento para ver a Harry en un recinto más pequeño respecto a los que acostumbra a tocar, más que por los temas de British Lion. Pero de todas formas, como veremos, y pese a asistir en un número muy reducido (con generosidad unas 500 personas, el 1% del último Maiden), la fanaticada respondió con energía y gratitud.

Luego del tempranero acto de apertura de los santiaguinos de Cleaver –a quienes no alcanzamos a ver por cuestiones de tiempo, y desde ya les pedimos las disculpas correspondientes–, a eso de las 19:15 salieron a escena los porteños de King Of Liars, quienes en aproximadamente media hora de espectáculo lograron entretener a buena parte de los asistentes que a esas alturas no superaban las dos centenas, con su propuesta hard rockera. Interesante y contingente la dedicatoria de parte de su show al pueblo mapuche, para una banda se ganó merecidos aplausos con su propuesta.

Y cuando hablamos de sencillez, de ausencia de rimbombancia, nos referimos a momentos como el del inicio del show, cuando a las 20:10 horas se apagaron las luces, y con los sones de la intro comienzan a salir a escena los músicos de British Lion, y como uno más del equipo nada menos que Stephen Percy Harris, uno de los personajes más importantes de la historia del Heavy Metal. Ver a Steve saliendo a tocar como si nada ante 500 personas, y con una energía y convicción conmovedoras, igual como si tocara ante 50.000, no sólo habla de su profesionalismo, sino de cómo siente la música el gran Jefe.

El inicio del show, con This Is My God y Lost Worlds, calcado al del disco en estudio, nos permitió de inmediato notar que la banda gana mucho en vivo. Es cierto que el cantante Richard Taylor no posee un gran caudal vocal ni es demasiado carismático –a veces da la impresión de que casi le estuviera pidiendo permiso al público para cantar–, pero su voz calza con las melodías y a veces eso es suficiente. Y si se necesita actitud está el Jefe, con esa mítica manera de plantarse en el escenario que tantas veces hemos visto, con su pierna izquierda arriba del parlante y machacándonos con ese bajo fundamental en la historia de nuestras vidas.

Otra cosa que nos dibujó una sonrisa fue notar que el nuevo material de la banda es bastante interesante. Tras el primer saludo de Taylor, que nos pide que cantemos, nos presentaron dos cortes más que aceptables como Father Lucifer y The Burning, especialmente la primera, donde no hubo sector del Caupolicán que no retumbara. Hay bandas que en estudio suenan muy bien y en vivo bajan muchísimo; otras, como British Lion, en estudio suenan algo apagadas, con poca chispa, pero en vivo toman mucho mayor carácter. Entre esos dos extremos, uno tiende a quedarse con el segundo, las sensaciones son bastante más agradables.

Richard Taylor nos da las gracias, nos cuenta que lamentablemente es su último recital en Sudamérica, y nos presenta otro tema nuevo, Spitfire, que ya conocíamos por redes sociales, y que ratifica en vivo las buenas sensaciones que provoca en su versión en estudio, y que nos presenta a un Steve mucho mejor aprovechado, más protagónico pero sin convertirse en un solista de bajo con una banda soporte. En ello también hay mucho mérito del buen trabajo de los guitarristas Grahame Leslie y David Hawkins.

Volviendo a los temas del disco, Taylor toma una guitarra acústica para interpretar The Chosen Ones y These Are the Hands, ganándose unos afectuosos “olé, olé olé olé, British, Lion” de un público que compensó su escasez numérica con una entrega que ya se quisieran otros eventos de mayor convocatoria.

El interesante material inédito continuaría con Bible Black y la poderosa Guineas and Crowns, con un bajo portentoso del Jefe, que lo convirtió en uno de los temas nuevos más disfrutados, ganándose merecidos “uooh – uoooh” por parte de un público respecto del cual insistimos en su gran entrega y compromiso para con el espectáculo, y que hizo pensar que si este show se hubiese realizado en un recinto más pequeño, probablemente hubiese sido aun mejor.

Grahame Leslie tomó el micrófono para dar inicio, “wo-ooooh” mediante, a otro corte nuevo como Last Chance, para luego volver al disco con Us Against the World, donde destacó el sonido armónico y filoso de las guitarras de Grahame Leslie y David Hawkins.

El último tema inédito, Lightning, fue presentado por Richard Taylor, recibiendo una buena respuesta de una fanaticada definitivamente desquiciada por tener tan cerca a un ídolo de todos los tiempos como el buen Harry. Y tras aproximadamente setenta y cinco minutos de espectáculo, con la intensa Judas se puso fin a la primera parte del espectáculo.

Curiosamente, la banda no abandonó el escenario, y de hecho Taylor, de manera muy sencilla y honesta, nos dice que en esta parte del show normalmente ellos se retiran, pero en esta oportunidad se iban a quedar. Así, luego de que el cantante presentara uno a uno a los músicos (Grahame Leslie, David Hawkins y al baterista Simon Dawson), la ovación para el legendario Steve Harris retumbó en todo el Teatro, y vimos a un Harry genuinamente agradecido.

Así, tras dos de los mejores cortes del disco como A World Without Heaven y Eyes of the Young, muy coreada por el público, que retribuyó la entrega de la banda coreando este último tema con “ooo-ooooh” en la despedida de la banda, tras una hora y media de puntualidad de león británico, se puso fin al espectáculo, con músicos muy agradecidos saludando a los fans –recibiendo banderas chilenas y una bandera con los colores del West Ham United con la leyenda “Chile Against The World”–, y cómo no, con el propio Steve palmoteando algunas afortunadas manos que seguramente no serán lavadas nunca más.

Es inevitable dividir las reflexiones finales en dos. Primero, en cuanto a la banda: dejó una sensación grata, que sus temas ya conocidos se potenciaron por el sonido en directo, y que los temas inéditos vienen con un poco más de caldo y sustancia, lo cual desde ya nos deja esperando para un eventual lanzamiento en un futuro próximo. Y lo otro sin duda está dado por haber tenido la fortuna de ver tan cerca a una leyenda viviente como Steve Harris, con la misma actitud y presencia que en Maiden, con una energía increíble para sus sesenta y dos años de edad, físicamente impecable y con esa misma capacidad de machacarnos con su Fender Precision (y su respectiva correa celeste/granate) del West Ham United, tocando para un público pequeño de la misma forma en que la rompe tocando en los escenarios más grandes del mundo, con respeto al asistente y con la misma pasión. Tener un ídolo –sea quien sea– que nunca nos haya defraudado es una suerte gigante, y quienes tenemos en ese pedestal al Jefe, sin duda en esta jornada ratificamos esa sensación. ¡Hay que disfrutarlos cada vez que se pueda!

Setlist de Steve Harris – British Lion:

  1. This Is My God
  2. Lost Worlds
  3. Father Lucifer
  4. The Burning
  5. Spitfire
  6. The Chosen Ones
  7. These Are the Hands
  8. Bible Black
  9. Guineas and Crowns
  10. Last Chance
  11. Us Against the World
  12. Lightning
  13. Judas
  14. A World Without Heaven
  15. Eyes of the Young

Live Review: Darío Sanhueza D.L.C.
Fotos: Guille Salazar

Sorpresa total. Imposible de pronosticar con cierta racionalidad, luego de los dos shows del 2017 a tablero vuelto en el Caupolicán. ¡Helloween en el Movistar Arena! Al ver cómo se agotaron las entradas para el primer show del 2017 –que originalmente era el único–, la producción logró asegurar un segundo show –para dos días antes–, pero no sólo quedó mucha gente afuera de poder ver la reunión más soñada de la historia del Power Metal, sino que incluso muchos de los que sí pudimos ir quedamos con la sensación y el anhelo de ver a Helloween en un escenario más grande, y específicamente en el Movistar Arena, una quimera hace algunos años para cualquier grupo de nuestro nicho que no fuese en el contexto de algún festival masivo y de ninguna manera como su número principal.

Por ello, el anuncio de Helloween en el Arena no sólo tuvo mucho de justicia para la gente que no pudo asistir, y que ahora nos fuéramos a una casa más grande para que cupiéramos todos, sino que mucho de justicia para la banda, que se merecía un escenario chileno de esta índole. La sensación para muchos de nosotros es similar a cuando Iron Maiden por fin pudo tocar en el Estadio Nacional.

Pero si además le agregábamos a esta “Helloween Night” de Halloween, la presencia de dos bandas en estupendo momento de forma como Arch Enemy y Kreator, la expectativa por este espectáculo se acrecentaría aun más.

ARCH ENEMY

La tarea de Arch Enemy no era fácil. Es cierto que desde hace años están consolidados dentro de la escena y a esta altura no deben demostrarle nada a nadie, pero abrir los fuegos en un recinto de tal magnitud y para un público que no era el suyo, a todas luces parecía todo un desafío para los liderados por Michael Amott. Es por esto que nos hubiese gustado ver a mucha más gente dentro del recinto para el puntapié inicial. Cerca de cuatro mil personas se agolpaban para presenciar el primer acto de la noche, que partiría tras escuchar Ace of Spades en tu totalidad por los altoparlantes.

Con la instrumental Set Flame to the Night de fondo, cada uno de los integrantes fue tomando posición para dar el primer hachazo. La escogida sería The World is Yours, que desde el primer segundo demostró toda la potencia y el desplante de Alissa White-Gluz sobre el escenario. Si bien el sonido en un comienzo no fue el óptimo –al menos desde la cancha–, esto no fue impedimento alguno para lograr apreciar todas las melodías y las intervenciones de Jeff Loomis y Michael Amott en las cuerdas. Así, el asunto mejoró notablemente con la clásica RavenousWages of Sin«, 2001), donde el quiebre instrumental de la parte media-final se escuchó con una pulcritud digna de destacar.

Con el respetable cada vez más compenetrado en el show, la frontwoman se da un segundo para saludarnos y así introducir el siguiente corte. Y es que el «This is fucking war!» es la señal inequívoca para War Eternal, una de las más destacadas dentro del disco homónimo del año 2014. Es por esto que el «Try to tell you what to do/ They love to have control of you…» había que cantarlo con todo. Gran, gran interpretación de la cantante. Sabemos lo difícil que es recrear los guturales luego de años en el ruedo, pero acá se la jugó con todo y la verdad es que sorprendió gratamente. Finalmente, súmenle un punto a Sharlee D’Angelo y Daniel Erlandsson, que se despacharon una base rítmica a prueba de balas.

Para My Apocalypse ya los ánimos estaban definitivamente encendidos, los saltos y el sing along se hicieron presentes durante algunos pasajes del track. Acá quizás vimos la mejor ejecución de la sección de cuerdas, quienes se mostraron sobrios de principio a fin. Como mencionamos anteriormente, Arch Enemy no estaba jugando de local bajo ningún punto de vista, pero con este tipo de interpretaciones lograron convencer a los más incrédulos.  Qué decir de The Race, que fácilmente podemos considerarla como el clímax de toda la presentación. ¡Mosh de grandes proporciones! Imposible abstenerse la verdad, ante tal hachazo no queda otra. La pegada de Daniel es descomunal y la reacción en la cancha no se hizo esperar. ¡Temazo!

Volviendo a “War Eternal” (2014), llegaría You Will Know My Name, que en cierta medida calmó los ánimos pero que de ninguna forma bajó la intensidad sobre el plató. Las armonías de las guitarras fueron derechamente perfectas y el «Do you see me now?/ Do you fear me now?/ You will know my name» aún debe estar retumbando en el Movistar Arena. Algo similar ocurriría con la debutante The Eagle Flies Alone (“Will to Power”, 2018), que mostró a la vocalista en todo su esplendor durante el coro «I, I go my own way/ I swim against the stream/ Forever I will fight the powers that be«.

Otra rescatada de “Will to Power” sería la interesante First Day in Hell, que por momentos es mucho más densa y lúgubre en su ambientación. Todo esto acompañado por un excelente juego de luces que ayudan a entender la emoción predominante. No así con As the Pages Burn, que tras la instrumental Saturnine trajo de vuelta el caos y los mosh al centro de la cancha. Gran ejecución instrumental. El vértigo y la rapidez fueron recreados al milímetro y lo cierto es que había un huracán de fondo.

Para finalizar, dos clásicos incombustibles pondrían el broche de oro al primer número de la jornada. We Will Rise y Nemesis mostraron las últimas armas en un show acotado pero no por ello menos potente. Obviamente el «We will rise/ Rise above» y el «One for all/ All for one/ We are one/ Nemesis» se escucharon con una fuerza que no dejó a nadie indiferente. Así, tras una hora sobre el escenario, Arch Enemy comenzó a despedirse de una audiencia que en un principio parecía algo incrédula, pero que poco a poco fue sorprendiéndose con la solidez de la banda. Teniendo un setlist cargado hacia las canciones menos longevas –y por tanto menos reconocidas–, no es fácil ganarse la atención de todos los presentes. La clave entonces está en la interpretación de cada uno de los integrantes. La calidad acá no se discute y quedó claro desde el primer acorde. ¡Excelente comienzo!

Setlist de Arch Enemy:

  1. The World is Yours
  2. Ravenous
  3. War Eternal
  4. My Apocalypse
  5. The Race
  6. You Will Know My Name
  7. The Eagle Flies Alone
  8. First Day In Hell
  9. Saturnine
  10. As the Pages Burn
  11. We Will Rise
  12. Nemesis

KREATOR

La presentación de Kreator era una de las más esperadas y que más expectativas generó durante los días previos. De alguna forma intrigaba verlos nuevamente en el Movistar Arena y más aún verlos abriendo para Helloween. Los germanos se entienden entre sí y Mille Petrozza sabía perfectamente lo que tenía que hacer junto a sus discípulos. No vamos a descubrir ahora la función vital y medular que ha cumplido Kreator dentro del Heavy Metal a nivel mundial, y considerados como una pieza fundamental del Thrash alemán, no quedaba otra cosa que presenciar una hecatombe como las que ya nos tienen acostumbrados. Porque digámoslo desde ya, todos los asistentes lo entendieron de la misma manera: la oportunidad de ver en la misma noche a bandas que difieren en su estilo era algo que no se podía dejar pasar.

Ya ubicados en la parte más delantera de la cancha, con Mars Mantra de fondo los músicos comenzaron a ubicarse en sus lugares respectivos. Así, siguiendo el orden natural de las cosas, Phantom Antichrist trajo consigo lo que nunca puede faltar en un show de este tipo. Exacto. ¡Mosh instantáneo! Qué manera de cantar el «A phantom scouring across the land/ Leaving trails of blood and sand/ End this torture and misery/ For souls awake enough to see/ Far beyond the lies«, que como bien sabemos solo es el preámbulo para luego gritar el «Phantom Antichrist!» como si no hubiera mañana. Ahora bien, es cierto que este éxtasis no se replicó de igual forma durante Hail to the Hordes, probablemente por la poca definición en las guitarras (principalmente en la de Mille), pero bastaron un par de minutos para que la masacre continuara, como veremos a continuación.

Tras un pequeño guiño a Army of Storms, el frontman se encargó de incitarnos una y otra vez a que formáramos un pit gigantesco. Y bueno, una vez que comenzó a sonar Enemy of God sus deseos fueron órdenes. ¡Qué temazo por la cresta! Hablamos fácilmente de una de esas canciones que definen a una banda y marcan un antes y un después en su carrera. Por eso mismo se entiende la reacción que tuvimos todos, pese a algunos problemas de sonido que se acentuaron en este track, particularmente en la batería de Jürgen “Ventor” Reil. Fueron los mismos asistentes quienes posterior al show lo hicieron notar y lo comentaron en más de una ocasión. Pero como dije anteriormente, la euforia era tal que muchas veces estos aspectos pasan a segundo plano. Había que disfrutar la instancia y dejarlo todo en medio del caos.

La tercera revisión a «Gods of Violence» (2017) llegaría con la intensa Satan Is Real que a su vez traería consigo la pirotecnia durante el estribillo. Pequeñas llamaradas aparecieron en la orilla del escenario durante el «Satan is real/ Satan is real/ Horror for tyranny/ Human catastrophe…«, lo cual desde luego que le da un aspecto visual más que interesante a la presentación de los germanos. No es la mejor del álbum, pero desde luego que cumplió su función, pese a algunos problemas en el retorno de Petrozza que lo hicieron notar algo incómodo.

Es cierto que Civilization Collapse en términos generales siguió con la senda de sus predecesoras, pero lo ocurrido con Flag of Hate no tiene comparación alguna. Mille apareció en escena con una gran bandera que tenía el logo de la banda en su centro y rápidamente nos dice que «It’s time to rise the flag of hate!«. Lo que se venía madre mía. Para graficarlo de mejor forma, básicamente el mosh que se ubicada en la parte izquierda de la cancha, se juntó con el que estaba en la parte derecha. O sea, el diámetro del epicentro era prácticamente todo el ancho del Movistar Arena. ¡Había que sobrevivir de alguna forma! Simplemente épico. Un clásico de estas proporciones no falla nunca. Esta vez no fue la excepción. ¡Para enmarcar!

Hora de otro clásico entonces. «Is there something after you?/ Something after you» cantamos todos al unísono. ¡Phobia señoras y señores! Y eso solo era el comienzo, puesto que pronto viene el «Paranoia/ Coming from within/ Taking over/ Symptoms of an everlasting/ Phobia!» y ahí sí que hay que gritar a más no poder. Dicho y hecho, ya que el coro fue simplemente glorioso. Y bueno, a modo de contraste, Fallen Brother logró calmar los ánimos de cara a la parte final. No podemos dejar de mencionar la sentida dedicatoria del frontman antes de comenzar a interpretarla. Recordó a puntales del Heavy como Vinnie Paul, Lemmy Kilmister y Philthy Animal Taylor. Ovación cerrada y nos preparábamos para la recta final.

Tras este respiro, las cosas volvieron a descontrolarse con Hordes of Chaos (A Necrologue For The Elite). La verdad es que todos nos tomamos el coro lo más literal posible: «Everyone against everyone!» Descontrol total nuevamente. O ingresabas voluntariamente al pit o simplemente eras arrastrado por la masa. Por su parte, Ventor y Christian Giesler son descollantes y el filo de la guitarra del finlandés Sami Yli-Sirniö acompañó cada uno de los versos con una potencia envidiable.

Tras una pequeña pausa, los primeros acordes de The Patriarch solamente vaticinaron lo que se vendría. Puede sonar redundante, pero el caos y el descontrol colectivo se desataría en cosa de segundos una vez que Violent Revolution se dejara caer como el clásico que es. A esta altura resulta terapéutico cantar el «Is a violent revolution/ Violent revolution/ Violent revolution/ Reason for the people to destroy!«. Lo mismo pasa con Pleasure to Kill, que consigo trae la vieja escuela con todas sus letras. ¡Brutal! Toda la cancha girando en éxtasis al comprender que había que gastar las últimas energías. Así, tras un poco más de una hora de show, los germanos comenzaron a despedirse frente a un recinto que ya se encontraba prácticamente lleno.

Muchas cosas vienen a la mente para la conclusión final. En primer lugar, Kreator cumplió las expectativas que se habían generado. De ninguna forma ha sido su mejor presentación en nuestro país –especialmente por esos problemas de sonido a los que hemos hecho referencia–, pero entendiendo el contexto y el poco tiempo para desarrollar un show más íntegro, el público quedó bastante conforme con lo que mostraron. Por otra parte, a nivel general obviamente la discusión sobre el setlist escogido siempre se hará presente. Es imposible que todos se vayan conformes, pasa aquí y en cualquier concierto. Pero a juzgar por la reacción que hubo entre los metaleros, la situación se entiende como lo que es: simplemente gustos personales. Lo que lamentablemente no podemos dejar de lado fue la poca definición del sonido, como decíamos. Nunca se llegó el nivel óptimo y muchos lo hicieron notar. Ahora, que no se malinterprete, esto de ninguna forma logra opacar lo hecho por los alemanes. Supieron conectar de inmediato y el caos habla por sí solo. Y ojo que se veía Helloween. ¡Esto recién comenzaba!

Setlist de Kreator

  1. Mars Mantra / Phantom Antichrist
  2. Hail to the Hordes
  3. Army of Storms (fragmento)
  4. Enemy of God
  5. Satan Is Real
  6. Civilization Collapse
  7. Flag of Hate
  8. Phobia
  9. Fallen Brother
  10. Hordes of Chaos (A Necrologue for the Elite)

Encore

  1. The Patriarch / Violent Revolution
  2. Pleasure to Kill

HELLOWEEN

Terminado el contundente –aunque un poco accidentado en cuanto al sonido– show de Kreator, vendría el “plato fuerte” de la noche. Y definitivamente no sería cualquier cosa. Mientras se desarmaba el backline de los íconos del thrash germano, cae un gran telón negro de Helloween – Pumpkins United, como para resguardar la sorpresa de la escena que preparaba la calabaza, que en el fondo todos –o la gran mayoría– sabíamos o vimos en buena parte en los shows del 2017, pero esa preparación es parte de la magia y de la ilusión de un show, donde gente de distinta edad, condición y origen es parte de una misma fanaticada y que responde de manera unívoca.

Y con apenas un par de minutos de tardanza respecto a la hora anunciada, las 22:40, comienza a sonar esa curiosa intro de los actuales shows de Helloween, Let Me Entertain You de Robbie Williams. El delirio cuando se apagaron finalmente las luces y comenzaron los sones envasados de Halloween fue inolvidable, ver a doce mil personas convertidas en un solo gran monstruo –pero uno de verdad, sí–, bramando, coreando y saltando en la cancha y en las plateas cuando cae el telón y aparece la banda, sin dudas es inolvidable. Ver a tanta gente en un show de Power Metal con su estandarte máximo provocó una vibración extra a la emoción normal de estar viviendo un show de Helloween, y más aun con Michael Kiske y Kai Hansen. En la acción misma, fue realmente formidable cómo los músicos aprovecharon esa mayor cercanía con el público que provocaba la pasarela de la mitad del escenario, y también ver a un Kiske menos cansado que en los shows del 2017, donde pese a darlo todo, sí se notó cierto agotamiento, además que en esa oportunidad había estado unos días enfermo. El solo a dos guitarras de Halloween debe estar dentro de los cinco mejores solos de todos los tiempos, y tocado por Kai y Michael Weikath en la pasarela adquirió un brillo estético inolvidable. Un inicio que de por sí nos masacró.

Luego de otro clásico como Dr. Stein –también cantadísimo, por supuesto–, se quedan en escena Andi Deris con Michael Kiske. Y ojalá también les suceda a ustedes que leen estas líneas, pero pucha que es bacán que se lleven tan bien. No es anormal que los músicos –y los cantantes especialmente– tengan un ego que haga incompatible este tipo de situaciones –¿se imaginan a Dio cantando con Ozzy?–, y como decíamos en el review de los shows del año pasado, Andi es como el padrastro que no sólo incluye al padre biológico en la familia por el bien de los niños, sino que lo invita a los asados, le va a buscar cervezas y se las arregla para seguir siendo una referencia en esa familia.

El hecho de que la llegada de Kiske haya fortalecido a Deris habla muy bien de la calidad humana, inteligencia y carisma de Andi, que recordando ese show del 2011 con Stratovarius, donde la rompió diciendo que en Chile no estábamos “de puta madre” sino que “la raja”, comenzó a hablar en ese más que correcto español aprendido en las Islas Canarias. Y luego de una conversación entre ambos, donde Andi le traducía a Kiske mientras eran ovacionados por el público, presentaron la primera cápsula con los simpáticos monos animados Seth and Doc, que en todo caso, hay que agradecer que disminuyeron un poco sus apariciones, pero también hay que entender que ese par de minutitos le sirve a la banda para descansar un poco. Y qué mejor que hayan vuelto con I’m Alive, sin ninguna concesión, con Sascha Gerstner, Kai y Weiki en la pasarela con sus guitarras en armonía. ¡Fabuloso!

Vuelve Andi a escena y nos dice que debe hacernos una pregunta, si somos Metal. Are You Metal? sin dudas tiene mucho de cliché, pero bienvenidos los clichés si son así de buenos y poderosos. Un tema diseñadísimo para funcionar en vivo y para empotrar por ahí un sing along como lo hizo Andi, que nos hizo vociferar el “are you Metal” –Metal se escribe con mayúsculas– como el casero de las paltas de la feria. La verdad, creo en ese momento también dedicamos algunos momentos a observar al público, y ver ese océano de gente viendo a Helloween en un escenario tan importante como el Movistar Arena daba un orgullo sincero, genuino, como pensando “nosotros somos parte de esto”, los que muchas veces vimos a la calabaza en locales mucho más pequeños. Ver a una banda tan querida en otro status, pero manteniendo su esencia, es fascinante.

Deris es un frontman lleno de carisma y en temas como Perfect Gentleman es donde más lustre le saca. Con un sombrero, bastón y lentes, Andi se luce en el escenario con sus movimientos, su simpatía y también con su voz, que no tendrá ese virtuosismo celestial de Kiske, pero es inconfundible y a muchos nos gusta montones. Además, esa interacción con un Kiske que aparece para colaborar en la parte interactiva del tema es notable, uno no se cansa de destacar y de disfrutar el fiato que hay entre ambos.

Andi presenta a “uno de los chicos que empezó con todo esto en 1984… please welcome Kai Hansen”. Y ya sabíamos lo que vendría luego de un video de presentación con el “happy happy Helloween” y con Kai saliendo a escena con una gorra de capitán: el glorioso medley del “Walls Of Jericho”, comenzando con Starlight, luego respondiendo afirmativamente a la pregunta de Hansen si estábamos listos para Ride The Sky, la increíble Judas –un tema que ha envejecido fabulosamente– con Kai y Weiki yendo a tocar el solo a la pasarela, y culminando con la hímnica Heavy Metal (Is The Law). Un medley realmente voraz, que cumple esa maravillosa doble sensación de dejarnos satisfechos con quedar esperando más.

Es sabido que Kiske quizás no tenga el nivel de carisma o manejo escénico de Deris, es algo más retraído y menos extrovertido –no es una crítica, es un tema de personalidad probablemente–, y por lo mismo da gusto cuando de repente muestra cositas como la que pasarían a continuación, cuando pidió que todos los que tuviéramos smartphones activáramos la linterna, porque ahora venía una balada. La verdad es que pareció un estadio de fútbol lleno cuando sale el equipo a la cancha, un mar de luciérnagas adornó la formidable ejecución de A Tale That Wasn’t Right, un espectáculo inolvidable por el entorno que generó Kiske, sino que además, por supuesto, por la inagotable, majestuosa y estremecedora voz del calvo intérprete, que además contó con el apoyo de Deris en parte de la canción. De los momentos más destacados de la jornada.

Poco tiempo después de conocer una de las mejores noticias en la historia del Power Metal, como fue el anuncio de la reunión de Helloween con Kiske y Hansen, nos hicieron un regalo complementario, que no esperábamos: un tema inédito, llamado Pumpkins United, que en el fondo honra a esta reunión y que en su momento nos emocionó, escuchar en un mismo tema a los tres vocalistas de la banda fue sencillamente notable. Y varios pensábamos que la iban a tocar en vivo en los shows del 2017, lo cual no ocurrió, pero llegó el momento de saldar esa pequeñísima deuda. Con una distribución de voces un poco distinta, y si bien evidentemente no provocó el delirio de los clásicos, fue un buen momento y el tema fue defendido en vivo de buena manera.

Varios lo hemos visto tres veces, pero parece saludable pensar que en cada concierto hay mucha gente que va por primera vez a ver a una banda. Ser empático en ese aspecto no es tan difícil, más aun considerando el montón de gente que se quedó fuera de ver a Helloween el 2017 pese a hacer dos shows, por la inusitada demanda que provocó dos llenos hasta las banderas en el Caupolicán. Y por lo mismo, ojalá que quienes hayan ido por primera vez a ver a este Helloween hayan disfrutado del homenaje in memoriam al gran Ingo Schwichtenberg, malogrado baterista original de la banda, quien nos dejó hace bastantes años y preso de problemas mentales que uno no le desea a nadie. Además, el formato “duelo” con Dani Löble, anunciado por la voz del anunciador Michael Buffer con su “let’s get ready to rumble!” le proporciona un tinte más lúdico, pero sin dejar de ser emotivo y de recordar a nuestro “fallen brother”, como diría el genio Mille Petrozza. Una manera linda, sofisticada, no edulcorada ni abusadora del sentimentalismo, brillante.

Antes del 2017 jamás habría imaginado que escucharía en vivo al menos un fragmento de Livin’ Ain’t No Crime, que en el fondo en este show sirve como introducción para un gran clásico como A Little Time, probablemente uno de los temas donde Kiske se sienta más a sus anchas. Incluso se puso a bromear agachado frente a una de las cámaras del concierto –otro gran plus de ver un show en este recinto, la increíble calidad de las pantallas gigantes–, tomando una bandera chilena. El “final falso” que le hacen a este tema también está muy bien logrado.

Luego de una nueva aparición de Seth y Doc en la pantalla –que como decíamos, seguramente permite un pequeño descanso de los músicos y, por qué no, una breve concurrencia a “las casitas”–, sin ningún anticipo la banda vuelve con uno de sus temas más gloriosos, y que nos lleva a no quedarnos pegados con las cosas malas porque el tiempo pasa, que la vida es muy corta para llorarla y suficientemente extensa como para intentar salir adelante. Ese mensaje que hace treinta años Helloween nos daba con la portentosa March Of Time sigue teniendo vigencia, y más allá del mensaje, es una canción que resume mucho de la gloria que trasunta esta banda. Y con Kiske en las voces, inolvidable.

Andi sale a escena con su carisma y nos cuenta que le encanta decir “la raja” porque a la gente en las Islas Canarias le gusta mucho. Y comienza a contarnos una pequeña historia, que ahora tocarían la que fue “mi primera canción que he tocado con este grupo en 1994”, que pertenece a un disco de 1994, “Master Of The Rings”. ¡Temazo Sole Survivor! Es un tema además importantísimo y simbólico, porque reencauzó el camino de Helloween que parecía algo descarrilado luego de “Chameleon”, así que se le tiene mucho cariño a Soul “Sopaipa”.

¿Cómo estamos ahora?”, nos pregunta Deris, y nos anuncia que ahora viene una canción que en español se llama “Fuerza”. Un himno de la era Deris, la monumental Power, por supuesto coreadísima por todo el público. Y aquí se dieron un par de particularidades. Primero, le lanzaron a Andi una hermosa bandera de Venezuela, y se escucharon un par de pifias aisladas. ¿En serio? ¿En serio vamos a pifiar una bandera de un país hermano en un concierto de Rock? Seguramente los mismos que pifiaron van a cantar abrazados Blood Brothers cuando la toque Iron Maiden. Una tontería. Pero en algo más agradable y simpático, le lanzaron a Deris ¡un sostén!, pensando que quizás se trataba de Steel Panther, y además una bandera de Colo Colo, que Deris tomó, se la puso en las piernas y luego la besó. Un momento simpático y una pequeña alegría para los hinchas del equipo más popular de Chile en un momento donde, lamentablemente, no ganan desde que Kiske tenía pelo.

Y ya acercándonos al final del show, Deris nos cuenta que la próxima canción es la primera que escuchó de Helloween, compuesta por Michael Weikath, otra bestialidad gloriosa como How Many Tears, uno de los temas favoritos de muchos fanáticos que nos enamoramos de esta banda hace un par de décadas, escuchando el “Walls Of Jericho” pero sobre todo el “Live in the U.K.”, donde escuchamos a Kiske dándole un brillo vocal fenomenal a una canción con una materia prima buenísima. Un final maravilloso para la parte gruesa del show.

Luego de un receso de un par de minutos, llegaría el que sin dudas debe ser el tema favorito de buena parte de los fanáticos de Helloween, a tal punto que cuando uno pregunta por un disco que no ha escuchado, para que le recomienden a qué tema ponerle atención, uno pregunta “cuál es la Eagle Fly Free del disco”. Difícilmente alguien pueda alcanzar el nivel de brillantez compositiva y de ejecución que se logró en 1988 con este tema, la música se podría haber acabado ahí en el mundo y la verdad es que tan, tan, tan terrible no habría sido. Las palabras sobran un poco, sólo queda destacar el hermoso trabajo añadido que le dan las imágenes de fondo, que sirven para abrillantar la Copa Mundial de la Gloria que ganó Helloween en esos años con esta canción y que se la llevó para la casa porque nadie más juega.

La última aparición de Seth y Doc, jugando con un sombrero de mago sacando adminículos relacionados a discos y temas de la banda, dio paso a otro momento hermoso con Sascha Gerstner iniciando solo con su guitarra la colosal Keeper Of The Seven Keys, y luego con Kiske dándolo todo y de mejor forma que el 2017, donde como dijimos anteriormente, se notó que venía un poco agotado y saliendo hace no demasiado tiempo de un resfrío que lo tuvo algo a mal traer. Ahora se notó con más energía y llegando más holgadamente a esos sonidos que sólo puede alcanzar él. Y parte de la genialidad de esta banda tiene relación con su capacidad de reinvención, a tal punto que tomaron una gran canción como esta y le proporcionaron un contexto de despedida casi teatral, donde uno por uno los músicos se despiden del público, al final sólo con Sascha y Markus Grosskopf, y por último únicamente con Sascha cerrando casi con las luces apagadas.

Pero por supuesto quedaba el último momento de la fiesta. Kai Hansen sale a escena y comienza a hacer los jueguitos que sabemos dónde nos van a llevar, hasta que en un momento la pantalla atrás comienza a emitir un zumbido, y Kai se aproxima a la batería, toma un matamoscas rosado (¡!) y aniquila a ese virtual bicharraco. Y llega el final, con el jugueteo que nos lleva a Future World, otro tema que hemos escuchado muchas veces, pero con el plus de los videos y por supuesto con Kiske toma otro color, y por supuesto con I Want Out y el show de los globos naranjas con calabazas, más el confeti, la separación del público entre los deristas y kiskistas para cantar el coro pero luego unirnos para bramarlo todos con el hilito de voz que nos quedaba. Es difícil tener dudas que muchos de nosotros dejamos toda la energía que nos quedaba, para cerrar una jornada extensa, intensa y gloriosa, con Helloween despidiéndose de nosotros a eso de las 01:20 horas de la madrugada del 01 de Noviembre de 2018.

Ninguna persona habría podido evitar ser tratada de patológicamente optimista si hace algunos años decía que Kiske volvería a Helloween, que además lo haría junto a Kai Hansen, que vendrían a Chile y que tocarían una vez. Imagínense el diagnóstico si esa persona decía que tocarían dos veces. Pero si le sumamos que Helloween tocaría una tercera vez con Kiske y Hansen, y además la última de todas sería en el Movistar Arena acompañado por Arch Enemy y Kreator, es algo que va más allá de la capacidad de soñar y eso es mucho decir. Lo mejor de haberlo vivido es que todas las alegrías son dobles, porque van más allá del disfrute personal –que por cierto, es preponderante–: también tiene que ver con que, por fin, Helloween estaba tocando en el escenario chileno que se merecía, con el marco de público que merecía –ver un show de Power Metal con 12.000 personas es demencial, ojalá no irrepetible–, y donde por suerte, al menos por espacio, nadie pudo quedarse afuera de esta fiesta. ¡Que vengan veinte veces más!

Setlist de Helloween:

  1. Halloween
  2. Dr. Stein
  3. I’m Alive
  4. Are You Metal?
  5. Perfect Gentleman
  6. Medley: Starlight / Ride the Sky / Judas / Heavy Metal (Is the Law)
  7. A Tale That Wasn’t Right
  8. Pumpkins United
  9. Solo de batería – Tributo a Ingo Schwichtenberg
  10. Livin’ Ain’t No Crime / A Little Time
  11. March of Time
  12. Sole Survivor
  13. Power
  14. How Many Tears

Encore

  1. Invitation / Eagle Fly Free
  2. Keeper of the Seven Keys

Encore

  1. Future World
  2. I Want Out

 

Live Review Helloween: Darío Sanhueza
Kreator & Arch Enemy:
Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

A Accept no le bastó con haber definido la identidad del Metal germano en los noventa…

Hoy, muy bien se puede decir que han sido la banda metalera de la década en Europa, y quizás de toda la escena. Sus trabajos actuales demuestran experiencia, pero no cansancio. Por el contrario, su energía y productividad en estudio es tan intensa como su fuerza en vivo, un conjunto que sabe hacer sonar bien hasta el teatro sudamericano más inadecuado, y que dicta cátedra y habla verdad con sus canciones llenas de calle y -al mismo tiempo- de pulcritud.

Qué delicia es tener el lujo de tener a Accept en Chile por, ¿tercer año consecutivo?, e irse del show como si hubiese sido la primera vez que han venido…

Qué importa que hayan pasado once meses desde la última vez en el Cariola: la banda responde y el público también, con una banda que enseña e irradia Metal con todas sus letras, lo que rejuvenece y se rejuvenece a casi cuarenta años de haber partido con visiones revolucionarias de agresividad, que ellos mismos transformaron en tradición eterna del Heavy Metal clásico.

Qué importa que hayan venido a volver a presentar el «The Rise Of Chaos» por segunda vez en menos de un año. El espectáculo fue otra vez una enorme fiesta, donde no interesa que los clásicos de antaño sean interpretados por una alineación muy diferente a la de esas épocas, simplemente porque la banda en vivo hoy en día entrega el espectáculo más sólido, hoy por hoy, en toda la escena metalera. Dicho eso, tampoco interesa que esta vez hayan mostrado con orgullo tantas nuevas canciones: la factura del nuevo material es demoledora, con temas de este ciclo como Stalingrad y Teutonic Terror que ya son imposibles de obviar al momento de hablar de los grandes clásicos en la carrera de Accept.

Fueron dos horas absolutamente exactas de descargas en el Coliseo de Nataniel Cox, recinto mucho más apto que el escogido para el 2017, y que recibió a tantos o incluso más fanáticos que la velada anterior, confirmando que Accept es sabido que entrega siempre y que los fanáticos del buen Metal no darán nunca por sentada una nueva visita de los héroes teutones del Heavy Metal.

De las 21:04 hasta las 23:04 fueron puros cañonazos de metal tradicional, de ese tan callejero, pero al mismo tiempo tan pulcro que solo Wolf Hoffmann sabe entregar. Y es que sin haber sorpresas, igual quedamos sorprendidos con la calidad, entrega y repertorio de un grupo que eleva estándares, y responde a una fanaticada fiel. Die By The Sword abrió como el año pasado, volviendo a provocar la respuesta de un público respetuoso y emocionado, a los pies de estos verdaderos próceres, que tienen nuevos clásicos como Stalingrad, un imprescindible ya a nivel de cortes como los más ochenteros del repertorio de la banda.

En la medida que el sonido se iba ajustando para llegar a su estándar habitual (en esto Accept nunca va ni querrá fallar), Restless And Wild fue traída a colación sin aviso, provocando un estruendo del público y las reacciones típicas de Wolf con su rostro alegre, en comunión con el público, alimentándose de su energía. Ya se veían telones desde el público, banderas desde la platea, una pierna ortopédica alzada cerca de Uwe Lulis, en una algarabía que continuaba con la interpretación de una T.V. War del “Russian Roulette” (gran acierto del setlist), que suena terriblemente intensa en vivo. Qué adelantados eran a su época, una canción que en perillas del productor Andy Sneap, perfectamente podría estar en cualquier placa de Accept de la actualidad y pasar como material contemporáneo.

Es que el estilo no se transa, lo verdadero se respeta, la mentira se desecha, a tal punto que una canción del ciclo actual como Pandemic, del «mejor» disco metalero de la década por su impacto y trascendencia, “Blood Of The Nations”, entró de forma muy natural para tomar la posta del corte anterior.

Recién aquí llegó la primera pausa en la descarga de Accept, con el fin de que Mark Tornillo pudiera dirigirse al público y anunciar una tanda de nuevo material a ser presentado, casi como pidiendo permiso. Fueron cinco canciones de corrido, partiendo por Koolaid y siguiendo con No Regrets, Analog Man y Final Journey, para terminar con la cuasi-clásica Shadow Soldiers. La efectividad de estas pistas es tal que, si bien es posible que muchos seguidores del Accept de los ochenta presentes en el concierto no las conocieran, igualmente terminaran coreando sus estribillos, después de un par de reiteraciones. Temas simples y contagiosos, nada más que decir.

La próxima parte del setlist se centraría en buscar cortes antiguos y la verdad fue que dicha dinámica provocaría un in crescendo de atmósfera en esta parte del concierto. Neon Nights apareció aquí sin anticipos ni anuncios, un punto alto que se elevó aun más con la llegada de Princess of the Dawn. Y si algún ingenuo quiere saber cómo es posible mezclar lo callejero con lo elegante en un solo riff, que escuche el que Wolf célebremente entrega en esta canción, patrimonio declarado del Heavy Metal.

Las canciones clásicas de Accept se escuchan tan potentes con esta alineación y sonido, influenciado posiblemente por la producción de estudio aportada por Sneap, que en algún momento pareció que Hoffmann decantaría por composiciones ciento por ciento más agresivas y metaleras, con el fin de aprovechar esta especie de “configuración”. Por ello, es que resulta tan gratificante ver que el guitarrista cada vez le esta dando más lugar a ese lado docto que destelló en los ochenta, adaptando pequeñas piezas clásicas en sus cuerdas estridentes, y replicándolas en vivo.

En este mismo espacio, se escucharon y vitorearon temas cumbre como Monsterman y Up to the Limit, que pese a su estatura, no hicieron presagiar la respuesta que provocaría la taquillera y elegante Metal Heart, contagiando saltos y coros de los 1.500 asistentes al Coliseo. Tan impresionante como aquello, fue el hecho de que la banda no esperara nada para, acto seguido, presentar sin advertencias a Teutonic Terror, otro polvorín que prendió fuego a la noche, la canción que nos vendió a todos este nuevo Accept de una segunda etapa dorada que continúa hasta hoy.

La banda no se venía con nada pequeño y Fast as a Shark generó el caos siempre esperable con su llegada. Cuánta potencia tenían en ese entonces, jóvenes y con los equipos de sonido no aptos para aquel poderío, y cuanta potencia tiene hoy en día, con el sonido actual del conjunto en vivo. Llega a ser intimidante que músicos de esta edad sean capaces de entregar más poderío que las nuevas y vigentes camadas, y el que no se estremece con esto, es que no entiende nada y tiene mucha tarea por repasar.

Stampede de “Blind Rage” abrió el encore final, uno al cual Midnight Mover, favorita de muchos y de quien escribe, le dio un sabor muy particular a la recta final de la velada de Accept en Chile. Por supuesto, Balls to the Wall era el cierre esperable y todas las energías se dispusieron para disfrutar el momento. Y por eso, la sorpresa fue grande cuando cerraron con I’m a Rebel, recurso ingeniosamente ocupado por la banda para dar un corte definitivo y positivo a un concierto otra vez redondo de Accept en Chile.

Jamás en nuestras vidas nos habríamos imaginado que costaría contar la veces que Accept ha venido a Chile, y ese es el escenario que nos encontramos ahora con los maestros teutones: amigos de la casa. Ciertamente que saben entregar, y claramente el público chileno responde en cada oportunidad, como la del 23 de octubre en este lugar. Qué tremendo privilegio es poder repetirse el plato hasta con Accept, como si Santiago fuera una parada más de las giras en bus por Alemania y Europa.

Sí, el mundo es más chico en estos días, pero la banda que nos está visitando más seguidamente no solo es una llena de historia, sino una que explota calidad y sonido en estos días en lo que es difícil impresionar, y en los que ellos impresionan con cada arremetida de estudio y en vivo. Así, una “enésima” vez se sentirá como la primera, siempre y cuando sea Accept la banda encargada de repetir la visita.

Setlist de Accept en Chile:

01. Die by the Sword
02. Stalingrand
03. Restless and Wild
04. TV War
05. Pandemic
06. Koolaid
07. No Regrets
08. Analog Man
09. Final Journey
10. Shadow Soldier
11. Solo de Wolf Hoffmann
12. Neon Nights
13. Princess of the Dawn
14. Monsterman
15. Up to the Limit
16. Metal Heart
17. Teutonic Terror
18. Fast as a Shark
Encore
19. Stampede
20. Midnight Mover
21. Balls to the Wall
22. I’m a Rebel

LIVE REVIEW: Jorge Ciudad
FOTOS: Guille Salazar

Pedazo de show que se nos venía. Sí, así de categórico. Era imposible no generarse tales expectativas. Nightwish volvía por quinta vez a Chile presentando lo mejor de todos sus años de carrera. Cuántos clásicos por escuchar y cantar en vivo. Cuántos recuerdos. Cuántas emociones en una sola noche. Había que estar presente, no había excusa alguna. Y ojo, que el retorno de los fineses es mucho más importante de lo que parece. Sí, como mencionamos anteriormente, lo primero y principal era vivir una jornada llena de nostalgia y llena de temazos que nos han acompañado por años, pero no hay que dejar de lado que los liderados por Tuomas Holopainen son una de las pocas bandas del género que logran convocar tal cantidad de fanáticos. Considerando además que hemos vivido un año 2018 falto de grandes nombres y con una notoria baja en la cantidad de conciertos, asistir en esta oportunidad a tal acontecimiento parecía casi una obligación. Y así lo entendimos todos, puesto que el Teatro Caupolicán estaba lleno hasta las banderas. ¡Espectacular! Pero calma, ya llegaremos a eso, miren que antes Delain tenía mucho para ofrecernos, como lo veremos a continuación.

DELAIN

Para mala suerte nuestra, dado que el show de apertura se adelantó unos cuantos minutos según la hora pactada inicialmente, recién pudimos presenciar la performance de los neerlandeses a partir del tercer track. Tras los respectivos saludos y agradecimientos de la frontwoman Charlotte Wessels, rápidamente arremeten con la intensa The Glory and the Scum, rescatada del correcto «Moonbathers» (2016). Lo primero a destacar una vez que nos íbamos poniendo a punto con el ambiente reinante, desde luego que es la gran cantidad de gente que a esa hora se encontraba dentro del recinto. El Caupolicán estaba prácticamente lleno, señal inequívoca de que la jornada en sí sería una total fiesta. Y bueno, arriba del escenario la situación no era nada más que potencia y desplante. Merel Bechtold y Timo Somers cumplen su función a la perfección y acompañan de gran manera a Charlotte en todo sentido. Coros muy bien logrados y una ovación cerrada.

A modo de contraste, lo siguiente sería The Hurricane, que a su vez trajo consigo una atmósfera más tenue y llena de calma. Todo acompañado con un muy buen juego de luces que ayudaban a transmitir de mejor manera la emoción predominante en el tema. Así, la vocalista se lució al cantar el «And we’ll never back down/ We’ll let it storm and rain/ We’ll be the hurricane/ We’ll be the hurricane«, logrando cautivar a cada uno de los presentes con sus frases.

Si me lo preguntan a mí, el clímax no podía ser otro que Sing to Me. ¡No había forma de desperdiciar esta oportunidad! Señoras y señores, Marco Hietala hacía su aparición estelar para cantar sus líneas y gritar el coro a más no poder. Pedazo de recibimiento que se llevó de parte de todos nosotros. ¡Más que merecido! Temazo por donde se le mire además, es fácil dejarse llevar por los aplausos y los gritos hacia el invitado, pero a no olvidar que estábamos escuchando una de las más grandes composiciones de Delain. La único que quedaba era gritar «Sing to me!» con el puño en alto como si no hubiera mañana. ¡Glorioso!

Siguiendo con la potencia demostrada, Fire With Fire y Mother Machine solamente llegaron a confirmar el buen sonido, la pulcritud y la compenetración de la banda. Para la primera, imposible no acompañar la melodía del «‘Cause you will always be much too strong for someone else…«, que fue interpretada a la perfección por Charlotte Wessels. Por otro lado está la base rítmica, donde Otto y Joey derechamente se lucen. Basta recordar la tremenda intro que se despacharon para la rescatada de «We Are The Others» (2012). El resto es tierra conocida. Armonías, perfecta ambientación del teclado y nosotros siguiendo muy de cerca todo lo que ocurría sobre el plató.

Nuevamente la cantante nos dedica palabras de agradecimiento, no sin antes asegurar que volverán a visitarnos el próximo año. Luego, nos invita a cantar, saltar y gritar si es que podemos. Y sus deseos son órdenes, puesto que Don’t Let Go logró que toda la cancha se convirtiera en un caos tras las primeras notas de Martijn Westerholt. Finalmente, y tras los «Olé, olé, olé, olé/ Delain, Delain«, con We are the Others agotaron los últimos cartuchos antes de despedirse. No quedaba nada más que cantar el «We are the others/ We are the cast-outs/ We are the outsiders/ But you can’t hide us» y terminar de apreciar cada una de las partes instrumentales que fueron ejecutadas al milímetro.

Tras unos cuarenta minutos de show, Delain puso fin a su actuación en el recinto de San Diego con el respetable aplaudiéndolos a más no poder, dando cuenta de que fue mucho más que un número de apertura y que tienen una buena cantidad de seguidores en esta parte del mundo. Viéndolo como un asistente más, muchas veces la emoción del momento y la ansiedad de que llegue el número principal termina por jugarle una mala pasada a las bandas teloneras. Por suerte la noche del martes no fue el caso, ya que los neerlandeses mostraron lo mejor de su repertorio y no mostraron falencia alguna dentro de su performance. Directo al hueso, como tiene que ser. ¡Esperamos su regreso!

Setlist de Delain:

  1. Hands of Gold
  2. Suckerpunch
  3. The Glory and the Scum
  4. The Hurricane
  5. Sing to Me (con Marco Hietala)
  6. Fire With Fire
  7. Mother Machine
  8. Don’t let go
  9. We are the Others

NIGHTWISH

Ya con el teatro lleno, era cosa de minutos que todo se viniera abajo. Entonces, una vez que se apagaron las luces ambientales, todo se transformó en algarabía y descontrol. Mientras todo esto ocurría, se prendió la gran pantalla central tras la batería y una voz en off rápidamente nos dio la bienvenida, además de sugerirnos que dejáramos los celulares de lado durante las siguientes dos horas. Así, con el título «Nightwish: Decades» de pronto apareció un cronómetro señalando un minuto exacto. Al comenzar la cuenta regresiva, claramente la expectación iba aumentando con cada segundo. Es cuando aparece en escena Troy Donockley y una vez transcurrido el tiempo señalado, comienza a interpretar sutilmente parte de Swanheart con todo su repertorio de instrumentos. Por otro lado, el resto de los músicos iban tomando posición y se preparaban para dar el primer hachazo.

La escogida para abrir los fuegos sería nada más y nada menos que…¡Dark Chest of Wonders! ¡Contra todo pronóstico! ¡Qué pedazo de tema por la cresta! Más aún si durante toda la gira venían abriendo con End of All Hope. ¡A todos nos tomó por sorpresa! Y a modo personal, este cambio me vino como anillo al dedo, puesto que Dark Chest es por lejos mi canción favorita de los fineses. Todos compartimos la misma emoción al parecer, puesto que con un par de acordes ya estábamos rendidos a los pies de Floor y compañía. Poco y nada importó que el micrófono se perdiera durante la primera estrofa, ya que la reacción fue tan ensordecedora que no era momento de entrar en detalles. Lo único que quedaba era gritar el «Fly to a dream/ Far across the sea/ All the burdens gone/ Open the chest once more!/ Dark chest of wonders/ Seen through the eyes/ Of the one with pure heart/ Once so long ago» a más no poder. Dicho y hecho. Coro para enmarcar madre mía. Y la cosa no fue muy distinta con Wish I Had an Angel, donde cada uno de los presentes entonó la letra de principio a fin. Desde mi posición lo único que veía era un mar de gente tratando de demostrar quién cantaba más fuerte que el otro. ¡Cuánta pasión en una composición! Punto aparte es la participación de Marco, que como ya es costumbre, junto a la frontwoman se roban la película cada vez que pueden. En serio, el asunto no pudo haber empezado de mejor manera. ¡Apoteósico!

Debo admitir que me sorprendió la reacción hacia 10th Man Down. Si bien los ánimos no decayeron de forma estrepitosa, la verdad es que me esperaba un mejor recibimiento. Quiero decir, para mí es un clásico indiscutible y sin dudas una gran creación, pero digamos que quizás no todos lo entienden en el mismo sentido. Ahora, obviamente la mayoría cantó el «Cut me free, bleed with me, oh no/ One by one, we will fall, down down/ Pull the plug, end the pain, run’n fight for life/ Hold on tight, this ain´t my fight» como era debido. Eso sí, con Come Cover Me el asunto fue totalmente distinto. En primer lugar, cuando Troy se suma como segunda guitarra el panorama cambia considerablemente. Emppu se ve fortalecido y el track agarra una potencia notable. Es entonces cuando todos nos disponemos a corear la melodía inicial como si nuestra vida dependiese de ello. Y bueno, no vamos a descubrir ahora todo lo que transmite Floor Jansen con su interpretación. Imposible no acompañarla durante el «Come cover me with you/ For the thrill/ Till you will take me in«.

Tras el saludo de rigor al respetable, la cantante nos presenta Gethsemane, clásico extraído de «Oceanborn» (1998). Ya dejando de lado un poco el éxtasis inicial, es justo y necesario hacer hincapié en las excelentes gráficas que eran proyectadas de fondo. Para este corte las imágenes nos llevaban a través de un bosque espeso y confuso mientras que la parte instrumental arrasaba todo a tu paso. La atmósfera era inigualable y desde luego que la canción habla por sí sola. Veinte años y sigue vigente. Por el contrario, si hablamos de material más reciente, la primera revisión a «Endless Forms Most Beautiful» (2015) llegaría con la bella Élan. Con el tiempo se ha convertido en una de mis favoritas de dicho álbum y el plus que tiene en vivo la hace brillar aún más. Solo basta recordar las líneas de Floor y cómo nos incitaba a gritar el «Come!» antes del fraseo del coro.

Lo siguiente sería un corte de Power Metal hecho y derecho. A la vena y sin preámbulos. Hablamos desde luego de la omnipotente Sacrament of Wilderness. En serio, ¿se fijaron en la pegada de Kai Hahto? ¡El doble bombo a mil! Temón de proporciones épicas. Aún tengo en mente la imagen de Tuomas dejándolo todo durante el «I want to hunt with the tameless heart/ I want to learn the wisdom of mountains afar/ We will honor the angel in the snow/ We will make the streams for our children flow«. Para qué mencionar el trabajo de la cantante. De otro planeta. Y que no se me olviden todas las imágenes de lobos que habían de fondo. Todo pensado al detalle. Si me apuran un poquito, me la juego al decir que este fue uno de los clímax absolutos de toda la noche. ¡Para enmarcar!

La capacidad de transportarnos por distintas emociones quedó demostrado con la interpretación de Deep Silent Complete, segunda revisión a «Wishmaster» (2000) y primera vez tocada en Chile. Quiero decir, más allá de su predecesora en el setlist, la canción en sí está llena de contrastes. Sutiles, pero vaya que se notan. La calma durante las estrofas para luego subir al estribillo y las posteriores notas extensas que prácticamente son imposibles de cantar para un simple mortal, terminan por dar forma a este corte tan especial. Insisto, sonará redundante y hasta hostigoso, pero Floor Jansen simplemente está a un nivel superlativo. Pocas veces se ha visto tal soltura y seguridad sobre el escenario. Y bueno, siguiendo el orden natural de las cosas, Dead Boy’s Poem solo llegó a confirmar lo que hemos dicho con anterioridad. Contrastes y emociones. Esa es la clave. Y vaya que los fineses lo hacen a la perfección, puesto que fue ejecutada al milímetro en cada uno de sus pasajes. ¡Qué discazo es el Wishmaster!

Tras los «Olé Olé«, y entrando ya a la segunda mitad del concierto, llegaría la instrumental Elvenjig, que contaría con secciones acústicas y más folklóricas tan propios de la cultura finesa, siempre liderados por Troy con sus instrumentos de viento. Todo esto acompañado por supuesto con un bello atardecer proyectado sobre la gran pantalla. Y bueno, la situación cambiaría radicalmente, puesto que con Elvenpath pasamos sin transición alguna a un hielo vasto e inclemente. Lo otro ya es terreno conocido. No queda nada más que cantar el «The way to the lands/ Where as a hero I stand/ The path where Beauty meet the Beast/ Elvenpath!«. Y claro, lo decimos como algo normal, pero recordemos que al igual que Gethsemane, la última vez que fue interpretada en nuestro país fue hace dieciocho años atrás (precisamente para la primera visita de Nightwish a Chile). Toda una generación que nunca la ha escuchado en vivo. ¿Se entiende entonces el por qué todos cantaron con el alma?

No cabe duda que dos de los mejores cortes que nos dejó la era de Anette Olzon son I Want My Tears Back y Amaranth. Para la primera, no cabe duda que el estribillo aún debe estar retumbando en el Caupolicán. Y cómo no, si es de esos que te los aprendes de inmediato y son efectivos a más no poder. Pero por lejos, mi parte favorita es la instrumental. Toda la armonía que hacen Tuomas, Emppu y Troy es simplemente notable. Contagiosa además, ya que el baile de Floor motivó a más de alguno para dejarse llevar por la melodía y así comenzar a danzar y saltar en medio de la cancha. Para la segunda, bastaron dos notas del teclado para que fuera recibida de gran forma. De ninguna manera se acerca a los puntos altos de la noche, pero cumplió su función a cabalidad.

Troy Donockley nos saluda desde su posición y adelanta que la siguiente pieza es del año 1997. Otra de las sorpresas sin lugar a dudas, ¡The Carpenter sonando por primera vez en estas tierras! La cara de felicidad de algunos no dejaba de llamar la atención. Como era de esperarse, el multinstrumentista fue quién cantó las primeras estrofas aguardando la incorporación de la vocalista al «The carpenter carved his anchor/ on the dying souls of mankind/ On the tomb of this unknown soldier/ lay the tools of the one who fro us had died«. Y ahí es cuando todo toma una intensidad y una garra casi indescriptible. Siempre manteniendo la calma claro, ya que hablamos de una composición llena de clase y prestancia. Así, el panorama es totalmente distinto con The Kinslayer, donde gritar el «For whom the gun tolls/ For whom the prey weeps/ Bow before a war/ Call it religion» palabra por palabra a estas alturas parece toda una catarsis colectiva. Excelente el juego de luces durante el «duelo» de voces en la parte media, sin dejar de lado el constante apoyo visual del que ya hemos hablado. ¡La última revisión a Wishmaster nos dejó sin aliento!

Marco presenta Devil & The Deep Dark Ocean (otra debutante en el setlist) con la cual bastaron dos notas tocadas por Emppu para que los fineses soltaran toda la artillería durante la intro. ¡Vaya dueto entre Hietala y Jansen! Recordemos que ninguno de los dos está presente en la pista original, pero su compromiso e interpretación es tal que sinceramente no creo que ninguno de los presentes haya reparado en este detalle. ¿Qué se puede agregar a un hachazo de tal calibre? Quizás hacer hincapié a todo el vértigo implantado en la sección media. Nuevamente Kai Hahto nos dio una clase magistral de Power Metal hecho y derecho, mientras de fondo éramos llevados a través de un fuego abrasador.

Obviamente durante Nemo nos enfrentamos a un karaoke que no tuvo precedentes. Es una de esas canciones que Nightwish sabe hacer a la perfección y con las que apuesta a ganador en todas sus líneas. Imposible no corear «Oh, how I wish for soothing rain/ All I wish is to dream again/ My loving heart lost in the dark/ For hope, I’d give my everything«. Si bien es cierto que el fraseo de Tarja es inigualable -y más allá de los gustos personales- , nadie puede decir que Floor no se luce con sus propias armas. La calidad aquí no se discute. ¡Clasicazo con todas sus letras!

¡Qué pedazo de tema es Slaying the Dreamer, loco! Sólido en todos los frentes y a muchos se nos olvida que tiene más de quince años de antigüedad. Cómo ha envejecido madre mía. En lo personal, canté el «Put a stake through my heart!/ And drag me into sunlight/ So awake for your greed/ As you’re slaying the dreamer» a más no poder, siempre esperando el clímax que a todos nos tenía impacientes. Hablamos por supuesto del quiebre en la parte media-final donde el headbanging y las líneas de Marco arrasan todo a su paso. ¿Y qué me dicen de la batería? ¡Había todo un huracán de fondo! Gran, gran momento. Pequeña pausa y nos preparábamos para el epílogo.

Para The Greatest Show On Earth fácilmente podríamos hacer un review aparte. Lo veremos a grandes rasgos para no extendernos innecesariamente. Desde luego que vale mencionar que, al igual que en su anterior visita, solo fueron tocados los tres primeros capítulos. Así, con una noche estrellada, Tuomas y Troy se encargaron de la orquestación y de recrear las atmósferas de Four Point Six a la perfección. Mientras el narrador pronunciaba sus líneas, el resto de la banda tomó posición para dar paso a Life. El cambio en las imágenes fue drástico, ya que pasamos a sumergirnos de lleno en el océano, junto a tortugas, peces y otras formas marinas existentes. Musicalmente desde luego que fue un deleite. Melodías por doquier y una performance delirante durante el «Aeons pass/ Writing the tale of us all/ A day-to-day new opening/ For the greatest show on earth«. Pequeña pausa para entrar de lleno a The Toolmaker y Floor aprovechaba para darnos las gracias una vez más. De pronto nos situamos en medio del conflicto con las frases del bajista con las cuales el panorama nuevamente cambió súbitamente. Las imágenes acuáticas desaparecieron y ahora lo que nos rodeaba eran llamas inmisericordes a través de un bosque denso y lúgubre. Finalmente, me quedé sin palabras al escuchar la intensidad del «Man, he took his time in the sun/ Had a dream to understand/ A single grain of sand…» para luego agotar las últimas fuerzas durante el «We were here!«, mientras apreciábamos las últimas fotografías y videos de distintas razas humanas, cada una mostrando su cultura y costumbres. Cualquier comentario que quieran hacer al respecto es bienvenido. Una pieza de tal complejidad y tan rica en detalles, resiste cualquier análisis y apreciación que sus fanáticos deseen. ¡Hablamos de proporciones épicas!

Por último, Ghost Love Score logró poner el broche de oro a una velada que nos dejó sin aliento. Dos horas exactas y los fineses cumplieron a cabalidad el motivo de este tour. Obviamente cada uno de nosotros tiene sus canciones predilectas y la elección del setlist será una eterna discusión. Pero seamos justos, siendo capaz de dejar de lado los gustos personales, Nightwish dio una cátedra de principio a fin. Todos los integrantes dieron lo mejor de sí y musicalmente hablando tuvimos un show como pocas veces hemos visto. La fanaticada así lo entendió, ya que la entrega y el compromiso de cada una de las partes fue más que plausible. La banda ha pasado por altos y bajos, por distintas formaciones y de forma más sensible aún, por tres cantantes distintas. No podemos olvidar que hace unos cuantos años atrás, los liderados por Tuomas Holopainen no visitaron nuestro país puesto que la expectativa de asistentes hacía inviable la realización del concierto. Supieron reinventarse y ayer no cabía un alfiler en el Caupolicán. Así de simple. Como mencionamos anteriormente, asistir a esta jornada era casi una obligación. No había forma de que nos defraudaran. ¡Sublime!

Setlist de Nightwish:

  1. Intro – Swanheart
  2. Dark Chest of Wonders
  3. Wish I Had an Angel
  4. 10th Man Down
  5. Come Cover Me
  6. Gethsemane
  7. Élan
  8. Sacrament of Wilderness
  9. Deep Silent Complete
  10. Dead Boy’s Poem
  11. Elvenjig
  12. Elvenpath
  13. I Want My Tears Back
  14. Amaranth
  15. The Carpenter
  16. The Kinslayer
  17. Devil & The Deep Dark Ocean
  18. Nemo
  19. Slaying the Dreamer
  20. The Greatest Show on Earth
  21. Ghost Love Score

Review: Gino Olivares
Fotos: Guille Salazar

He empezado muy tarde a escribir este review, porque todavía se me hace que todo lo de anoche fue un sueño…

No sé por dónde partir así que lo haré desde lo más personal. Es que todavía me cuesta describir lo vivido y me es más simple describir lo que sentí al ver a una de mis bandas favoritas de la vida, tocando un disco que hace veinte años marcó un hito en los tiempos más prolíficos y definitorios del movimiento que con tanta pasión seguimos, y seguiremos por siempre. Y ese por siempre, es gracias a conciertos como el de Labÿrinth en la Blondie, uno que por su emoción, por su reencuentro y, por supuesto, por lo mágico de la música, dejo a la altura de shows como los de Stratovarius el ’99, Angra el 2001, Blind Guardian el 2002, Gamma Ray con Masterplan el 2003, Symphony X el 2007 o Grave Digger el 2011.

Gracias Olaf, espero que ahora entiendas un poco mejor lo que significas para quienes te hemos seguido por tanto tiempo…

Puede que sea una joya escondida en el gran marco de la escena metalera, pero si alguien dice que “Return To Heaven Denied” está entre los cinco discos más importantes de la oleada powermetalera de fines de los noventa, habrá entonces que creerle o al menos escucharlo, porque mucho de cierto hay en ello. Y escucharlo en vivo, en un show exclusivo para Sudamérica, fue un auténtico privilegio para los que estuvimos, de esos lujos que pocas veces suceden en la vida de un fanático. Es que uno tenía el sueño un día de volver a escuchar Moonlight, Thunder, Lady Lost In Time, y The Night of Dreams, por nombrar las más emblemáticas de la placa, pero ni en la mejor de las posibilidades se me habría ocurrido pensar en que sería una realidad oír interpretaciones en vivo de New Horizons o Die for Freedom por ejemplo, a tantos años de sus salidas.

Qué manera de disfrutar, de encontrarse con caras de sujetos de 35-40 años tan emocionados como uno. Ahora mismo, y mientras les escribo, estoy escuchando el tema State Of Grace y la verdad es que me llega a doler la mandíbula de tanto tratar de aguantar el llanto, un llanto que dejé salir cuando la tocaron el concierto, en comunión con muchas otras personas que quizás cuántas historias personales recordaron estando ahí junto con Labÿrinth.

Quizás esto vaya a sonar más delirante aún… dieciocho años después del concierto con Vision Divine en Bellavista, creo haber reconocido entre el público varias caras que encontré en ese entonces. Qué decir de quienes por algún motivo no pudieron ir a ese show del 2000 por equis o tal motivo (era período de exámenes, hacía calor, todos estresados por el fin de año), y que el destino les regaló esta revancha de verlos, y verlos removiendo las fibras absolutamente más sensibles.

Y cuesta no extenderse cuando las revoluciones siguen a mil en la cabeza… a estas alturas no prometo un review sino solo el compartir sensaciones (veamos cómo termina). Y quizás, hace cuánto que varios de los que fueron el 5 de septiembre de 2018 ya no escuchan Power Metal y esta música solo les regresa al pasado, cuando se era más joven, cuando los intereses eran distintos y las personas alrededor eran otras. La vida nos va dirigiendo por surcos diferentes. Sin embargo, al venir al show, se dieron la licencia de encontrarse de nuevo con ellos mismos y revivir esas sensaciones que provocaba esta música tan mágica.

FORJANDO EL METAL

Ahora, una de las cosas que me gusta de los shows que organiza Chargola es el espacio que da a las bandas chilenas, y las garantías que le da para que desplieguen su performance. Drake fue la banda que dio comienzo a este show, con un Heavy Metal clásico y cuidado, pero sin caer en complicaciones.

El trabajo melódico y simple de las guitarras curiosamente le da mucho carácter a la banda, sin contar desde luego la personalidad y atracción que enseña Felipe del Valle como frontman. El cantante es capaz de animar al público por su manejo escénico, pero siempre amparado por una música que no pretende, pero sí entretiene, una interpretación moderna de conceptos clásicos del Heavy Metal y que cada día encuentra una mejor nomenclatura.

Tengo entendido que es primera vez que Drake, al fin, logra abrir un show internacional, y pese a lo ingrato de partir con un público tan reducido en los primeros minutos de una larga jornada, el público estuvo a la altura de las canciones entregadas. En silencio se forja el Metal y vaya que han trabajado sigilosamente en pulir su propuesta, que ha progresado muchísimo en calidad.

Setlist Drake

01. Lo que Debo Hacer
02. La Respuesta
03. Condenado
04. Tierra de Brujos
05. Inmortal
06. En Silencio se Forja el Metal

OFICIO DE IVES GULLÉ

Hay otra cosa que me gusta mucho de Ives Gullé, y eso es la confianza -y con argumentos tremendamente bien construidos- que tiene en su material de «Invasión», la cara de su saga que está mostrando hoy en día.

Ha pasado un tiempo ya desde la salida de este trabajo que vino a abrir un segundo capítulo tras el éxito tremendo de “Húsar”, y si bien “Invasión” no ha logrado la misma resonancia de su antecesor, creo firmemente que las canciones están a otro nivel en este álbum de 2017.

La enormemente épica ‘Fundación’ es un nuevo clásico del metal melódico chileno, y su interpretación fue solidísima. La intensidad continuó con Arde Santiago, para avanzar más tarde con la angranesca Inquisición y la otra vez intensa Misericordia. El proyecto escogió un repertorio de alto impacto que cerró su repaso de “Invasión” con Calma. Aquí no se daba respiro y al momento de pasar a “Húsar”, tanto Ejército Libertador y Humillación se encargaron de cerrar la presentación, una que fue precisa y realmente muy enérgica.

Llama la atención el fiato de todos los músicos, los que lograron coordinarse muy bien en un escenario reducido en espacio. Lograron un show muy entretenido, muy variado con todas sus participaciones, pero muy compacto al mismo tiempo, cosa que no hace más que demostrar el oficio de un proyecto que ha cumplido diez años ya arriba de los escenarios, recodando que su estreno fue el 3 de septiembre con Tarja y Six Magics. Se trata del fenómeno metalero chileno más importante de la década y es preciso señalar que mientras Húsar / Invasión siga vigente, la escena nacional del Metal seguirá manteniéndose en un gran momento.

Set List Ives Gullé – Invasión

01. Newen
02. Fundación
03. Arde Santiago
04. Inquisición
05. Misericordia
06. Calma
07. Ejército Libertador
08. Humillación

NO HAY PALABRAS

Sí, quienes haya visto ya el DVD “Return To Live” tenían ya un buen concepto de lo que sucedería. Era fácil anticiparse a toda la primera y gran parte del setlist de la segunda venida de Labÿrinth a Chile. Sin embargo, es un disco del cual no solo la banda se siente orgullosa. Creo que la escena powermetalera y también los fanáticos lo sienten así. Qué fortuna poder hablar de un álbum que marcó a músicos, marcó a seguidores, y que marcó épocas, estilos, influencias.

Cada uno tendrá su historia particular con Labÿrinth. La mía es que el 2000 tenía 18 años recién cumplidos y, viviendo en Punta Arenas, dos placas me llevaron querer tocar la guitarra. Primero fue el “Visions” de Stratovarius con ese estilo tan docto y elegante de Timo Tolkki, pero luego fue “Return To Heaven Denied” de los italianos con nombres anglos, con el que sentía que Thörsen elevaba a otro nivel el concepto de virtuosismo, clase, intensidad y melodía. Y por Dios, ese solo de Olaf en Moonlight era la cosa más increíble que había escuchado en toda mi vida, como si me dijera mientras sonaba: «soy Olaf Thörsen, y con este solo estoy definiendo mi estilo y escribiendo la historia”.

No tenía ni la menor idea cómo hacer esa maravilla con mi guitarra, y solo quería tener la oportunidad un día de poder ver a Olaf tocando ese solo para entender cómo reproducirlo. Siempre estaré muy agradecido de mi padre, que accedió muy alegremente a regalarme un pasaje a Santiago y las entradas para los conciertos de Symphony X y Vision Divine/Labÿrinth, como presente de graduación. Sí, ese vuelo a Santiago significó mi primera experiencia viendo shows internacionales y definitivamente marcó mi vida. El hecho fue que ya podría ver a Olaf en vivo haciendo el solo de Moonlight y mi preparación para ello fue de lo más planificada…

Después del show de Vision Divine, donde estudié las posiciones de los músicos para saber dónde se colocaría Olaf, me acerqué lo más posible a la reja y me puse detrás de algunos fanáticos que fueran más bajos que yo, para tener full visión de las manos de Thörsen para cuando llegara el momento. Recuerdo perfectamente que durante el solo previo de Anders Rain, empecé a despejar el espacio visual con mis brazos para observar a mi ídolo Olaf haciendo su solo, y la revelación de lo visto fue algo que me marcó hasta el día de hoy… arpegios, tapping… simplemente no lo podía creer, ¡era mucho más increíble de lo que imaginaba!

Y bueno, de vuelta en el avión a Punta Arenas fui repitiendo en mi mente esa técnica hasta que llegué a mi pieza y tomé la guitarra para ver si la cosa funcionaba… en fin, creo que nunca logré dominar esa técnica, de hecho estuve muy lejos de hacerlo, pero todas esas sensaciones las volví a vivir en la Blondie cuando el ahora conocido como Andrea Cantarelli comenzó su solo en Moonlight para dar paso al de Olaf. Como hace dieciocho años, nuevamente despejé el campo visual, otra vez contuve la respiración y fijé mi mirada en las manos de Thörsen. ¡Increíble! La técnica era tal cual la recordaba, y sentí como si estas casi dos décadas entre show y show hubiesen transcurrido en el paso de unos segundos. Así de temprano Labÿrinth me invitaba a un viaje, anticipando un espectáculo que evocaría grandes recuerdos durante toda la noche.

En New Horizons sencillamente me impresionó Oleg, el tecladista, desplegando carácter y energía con un tema que al ser lanzando podía sonar un poco “techno” para el joven oído de un desprevenido fanático, pero que con el paso de los años ha envejecido de manera excelente. Cada día suena mejor y cada día se posiciona como un alto del mejor disco powermetalero que alguna banda italiana haya sacado jamás.

Roberto Tiranti se dirigía al público, apelando al castellano achilenizado de Olaf Thörsen, para continuar con The Night Of Dreams. Así se empezó a dar espacio a ese Labÿrinth que evoca, que eleva a otras dimensiones con una música seductora y de muchísima clase. La sensación de escuchar clásico tras clásico era conmovedora, una reflexión que siguió con la intro de Tiranti y Smirnoff para Lady Lost In Time. Mientras el público se adelantaba cantando el coro junto al piano, recordé la interpretación de este tema el 2000, cuando los fanáticos de ese tiempo no se resignaban a que el concierto había llegado a su fin y casi tiraron la ex OZ abajo pidiendo que lo tocaran. Olaf rogaba que lo dejaran ir a descansar luego de cuatro horas de show seguido con dos bandas, pero no tuvo más remedio que acceder a la demanda y lo terminó tocando, pese a que el setlist en ninguna parte decía que era parte pauteada del repertorio. Eso mostraba el compromiso de la banda con el público, sensación que veía reiterada en la noche de la Blondie con esta versión 2018 de Labÿrinth.

Ya lo adelanté al principio con State Of Grace, la emoción me desbordó a más no poder y prosiguió con Heaven Denied, dos piezas hermosas de Power Metal que siempre las tendré entre lo más grande que haya entregado la escena de fines de los noventa. Increíble entonces el contraste con Thunder, tema del cual Olaf advirtió que alguien de la banda podía morirse en escenario si la tocaban. Dispusieron de toallas -no había ventiladores-, prepararon al público y ¡plaf!, explosión sónica con la canción quizás más intensa de la carrera de Labÿrinth. El público estaba extasiado, los músicos felices, y el ambiente se sentía íntimo, de reencuentro, con miles de recuerdos aflorando en cada mente presente.

Hasta la instrumental, Feel, de ese toque electrónico que no eran tan comprendido en un principio, sirvió para el absoluto gozo de la audiencia chilena, un corte que representa una pausa en el álbum para luego continuar con Time After Time, el instante más heavymetalero del repertorio presentado por los italianos. El tecladista acusaba algunos desperfectos técnicos que sinceramente, a esas alturas, no distraían en nada. El trance ya estaba consumado y si alguien del público quiso quejarse por aquello, es que realmente no entendió nada de nada.

Me impresionaba además lo bien que lo pasaba la banda, en especial quienes no habían venido anteriormente. La felicidad se apoderaba de las caras de John Macaluso y Nik Mazzuconi, como recordando todo lo que sus compañeros le habrán dicho de la experiencia de tocar en Chile.

Todos entendemos la cercanía de Olaf Thörsen con Chile y es muy lindo ver que sus amigos lo acompañan en ese sentimiento. Y es cierto, la banda se veía muy próxima con todos y ante todo evento. Retrocedo un poco a cuando estaban tocando Feel, cuando un fanático se subió, abrazó y le dio un beso a Olaf, llegaron los guardias y el guitarrista hizo gestos mientras tocaba para que los de seguridad no agredieran al “intruso”. Thörsen debe ser de los músicos más queridos de la escena y eso no solamente es por su talento, sino por su apego al país y su trato.

En fin, siguiendo con el show, el repaso de “Return To Heaven Denied” terminaba con Falling Rain y la tremendísima Die for Freedom, que fue cantada hasta por los músicos de Invasión que circulaban entre el escenario y los camarines. Cuántos de los presentes compartimos fanatismo y agradecimiento por estos músicos, cuántos de los presentes rememoramos lindos recuerdos, detonados por la música eterna de Labÿrinth con este disco. Es que las sensaciones eran brillos y destellos de nostalgia y alegría, de sentirse parte de algo especial y mágico.

El encore nos trajo momentáneamente al presente, ya que con Bullets, Architecture of a God y Still Alive, nos encontramos con esa faceta que Labÿrinth ha cultivado con su último trabajo, refinado y melódico aunque también potente, un equilibrio envidiable que solo se da quizás por el fiato de la actual alineación. Es realmente impresionante la forma física e interpretativa de la banda. Tiranti es un absoluto coloso de las cuerdas vocales, y tipo que hace lo que quiere cuando canta, incluso veinte años después de su obra maestra personal.

Freeman también fue escogida, sorprendentemente, para esta parte del show, el cual terminó con una muy bien recibida In The Shade, otro clásico que cada año gana y gana puntos entre la fanaticada.

Empecé tarde a escribir este relato, y tarde lo finalizaré…

Entenderán, son muchos los recuerdos y las emociones que este concierto provocó y de alguna forma hay que dejar en claro que se trató de una de esas noches especiales para la historia del Power Metal en Chile. Mucho se ha contado de la gesta powermetalera italiana del 2000 con Vision Divine y Labÿrinth en Chile, y ahora esos testimonios se extenderán con esa nueva experiencia que ha resultado en un auténtico regalo. Pocas veces he salido más contento, emocionado y “reencontrado” de un concierto, y es por esos momentos que uno vive por el Power Metal.

Setlist de Labÿrinth

01. Moonlight
02. New Horizons
03. The Night of Dreams
04. Lady Lost in Time
05. State of Grace
06. Heaven Denied
07. Thunder
08. Feel
09. Time After Time
10. Falling Rain
11. Die For Freedom
Encore:
12. Bullets
13. Architecture of a God
14. Freeman
15. Still Alive
16. In the Shade

LIVE REVIEW: Jorge Ciudad
FOTOS: Guille Salazar

 

«Skies are falling down». No es Lisboa, es Santiago, pero el cielo se rompe de igual manera y la lluvia cae sobre el ancho y largo de la Alameda. La fila de asistentes hace contraste negro a las coloridas tiendas de ropa infantil que empiezan a cerrar por la galería donde se ubica Blondie: el lugar de reunión para esta noche de Power Metal latinoamericano.

Abren las puertas; pasos descienden hacia el salón subterráneo y la barra se hace lugar de conversación amena mientras el telón digital muestra el logo de la banda con el oscuro concepto artístico del álbum que justifica la gira. Dos paneles tapan los amplificadores, solo la batería es visible; se podría pensar que ayuda a la inmersión o que es una propuesta minimalista, no hay opción (para aquellos que les gusta registrar detalles) de una foto al hardware. De todos modos, hacia las últimas afinaciones a la batería, el ensombrecido escenario capta mayor atención y comienza a sonar a modo de intro “Dr. Tyrell’s Death”, perteneciente a la banda sonora de la distopía sci-fi Blade Runner. Tensión pura.

Con la banda instalada parcialmente, Bruno Valverde comienza un ritmo familiar en la batería. Nothing to Say prende como pesada marcha. Al medio del escenario, entre la neblina del hielo seco, Rafael Bittencourt se impone con presencia en saludo a los asistentes, que ya se encuentran rechazando el suelo al ritmo de la batucada cabeceable. El último en aparecer, el gran Fabio Lione comienza los primeros versos. El salón de la Blondie se transforma en una fuente de calor impresionante. “Oh, I saw the gleams of gold…” ni Fabio ni Rafa cantaron ese puente con mayor ímpetu que los asistentes. Un comienzo con todo de parte de la banda y del público, realmente no hay nada que decir (perdón lo Meruane).

En favor de la buena recepción de «ØMNI» y lo que significa para Angra, podemos anticipar que ocupará bastante protagonismo en el setlist. El riff de Travelers of Time comienza a sonar en la conducción de Rafa y Bruno, el público, por supuesto… “¡eh, eh, eh!”. Fabio aparece, pero una expresión en su cara y miradas inquietas acusan que algo no anda bien. Al parecer, un problema con el retorno impedía que Fabio se escuchara y el volumen oscilaba entre bajos y altos. Debido a esto, Fabio continuamente desapareció y apareció en el escenario. Por fortuna, venía el segmento de Rafa en voz, por lo que algo de tiempo hubo para arreglar el problema, pero no hubo frutos. En un momento Fabio simplemente no se escuchó a comodidad.

Bajo esta inseguridad de parte de la voz de Lione comienza Angels & Demons del majestuoso «Temple of Shadows». Rafa entra en cuenta del calor y se libera de la chaqueta que soportó sobre sus hombros desde el inicio. Esta versión de la canción tuvo un ligero acomodo en la melodía, ajustándolo a un registro más grave que al álbum. Algo extraño suena, al parecer no es un tema que a Fabio le acomode del todo, cosa rara teniendo en cuenta el registro increíble del tenor italiano (y vaya que le gusta mostrarlo repitiendo un juego con el público que también realiza en sus presentaciones con Rhapsody).

Newborn Me, single del disco «Secret Garden», es la siguiente. Si bien el público no prendió tanto al inicio, la parte instrumental de esta canción pone los pelos de punta. Para aquellos, más fans de la era Matos, fueron luego agasajados con Time, del recordado «Angels Cry» que fue aceptada en unanimidad y en completo coro, incluso los segmentos instrumentales cuyas melodías el público no se aguanta seguir en voz.

Volviendo al álbum de la gira, Light of Trascendence suena rápidamente. “Human conception comes!”, un tema hecho para ser coreado, bastante cómodo para Fabio por la cercanía a Rhapsody, pero el público pareció más entusiasta de corear la melodía que las letras. No a todos les resulta familiar el nuevo disco, el ambiente no estaba tan prendido, pero esto no duraría, ya que Rafa toma el intro de Running Alone e inmediatamente reanima al público con un clásico. Y volviendo a la gira desde la nostalgia, es el turno de mostrar Insania, canción desafío para Fabio por el agudo a alcanzar al final del coro. Los problemas de sonido no ayudaron a esto, pero nunca fue tan grave para un público que estuvo dispuesto a corear esta canción. Al parecer, una de las que ha llamado la atención de «ØMNI».

Con una gran ovación y sólido apoyo de parte del público, se desarrolló el solo del joven Bruno Valverde que dejó a más de un asistente con la boca en el suelo. Sin embargo, no sería el único momento en donde escucharía voces de impresión y sorpresa. Black Widow’s Web, canción de «ØMNI» con Sandy y Alissa White-Gluz de invitadas, increíblemente fue parte del setlist, con Rafa tomando el lugar de Sandy y Lione cubriendo la gutural voz de Alissa. Caras de asombro por miles. “La voz de Fabio debería ser ilegal”, podrían haber pensado, sin recordar “Aeons of Raging Darkness” de Rhapsody of Fire.

Para Upper Levels, ØMNI – Silence Inside y Ego Painted Grey llegó el momento de admirar el talento de la banda. Estas canciones, que contienen gran habilidad técnica, refuerzan a Angra como banda también de Metal Progresivo. Los coros cedieron, pero las ganas estaban ahí, tranquilas esperando el regreso.

Rafael Bittencourt es el único integrante de la banda original, dedicando un pequeño discurso a como «ØMNI» es un renacer de la banda y la forma en que Marcelo Barbosa y Bruno Valverde se están haciendo parte fundamental de Angra. De todas maneras, Rafa recuerda a los integrantes que han pasado en la trayectoria de Angra y han dado los cimientos para una banda que este 9 de junio el público chileno le dio merecidos aplausos. Lisbon comienza con gran ovación y nostalgia. Una presentación genial de parte de la banda al recordar un tema del desmerecido «Fireworks«, el público lo agradeció con creces.

El narrativo tema Magic Mirror de «ØMNI» vendría a poner un punto seguido a la noche. O más bien, el comienzo del final. Luego del encore, Rafa sale solitario a manipular el encordado de clásico para interpretar Reaching Horizons, uno de los primeros temas de la banda. Un momento único en el escenario. La banda se compone de nuevo para la interpretación del tema que le da el título al álbum del 2001: Rebirth. Estas dos baladas trasladaron al público a otro ambiente, un antecierre bien planeado para despertar el recuerdo y rememorar también la era de Edú Falaschi y Aquiles Priester.

Dos temas de dos eras y así también sería el final. Los himnos de Angra (y probablemente las primeras canciones de muchos). Carry On suena y el público entra en frenesí, sin embargo, me da la sensación de que fue aún mayor la sorpresa cuando a media canción comienza Nova Era. Espectacular cierre desde lo más alto. La banda se despide con el outro-coda ØMNI – Infinite Nothing.

Varios que la pedíamos extrañamos Z.I.T.O, sin lugar a dudas. Pero este nuevo Angra probó su valía ante el público regalándonos pequeños momentos y algunas risas como cuando Rafa cedió su micrófono a Fabio. Es irónico, porque el aspecto que más me agrada de esta nueva era de la Diosa del Fuego, es que Bittencourt cada vez más se atreve con la parte lírica. También, algo de lo que estoy seguro (y sin desmerecer a Marcelo, que tocó increíble), es que Kiko Loureiro es todavía parte de la banda. La reunión de la pareja de guitarristas es inminente. Gracias Angra por poner a Latinoamérica en el mapa del Power Metal.

Posdata: Cabros, las uñetas y baquetas son sólo eso. Uñetas y baquetas. No es necesario calentarse por pequeños recuerdos para después cuando el recuerdo que vale está en el presente.

Setlist de Angra en Chile:

01. Nothing to Say
02. Travelers of Time
03. Angels and Demons
04. Newborn Me
05. Time
06. Light of Trascendence
07. Running Alone
08. Insania
09. Solo de Bruno Valverde (batería)
10. Black Widow’s Web
11. Upper Levels
12. OMNI – Silence Inside
13. Ego Painted Grey
14. Lisbon
15. Magic Mirror
Encore
16. Reaching Horizons
17. Rebirth
18. Carry On/Nova Era

Live Review: Gabriel Rocha
Fotos: Karim Saba