La expectación no es menor ante un nuevo trabajo de estudio de los finlandeses de Sonata Arctica, más aun si tomamos como referencia su hasta entonces último álbum “Pariah’s Child”, que revitalizó su discografía en el año 2014, incluso sin llegar a ser del agrado de toda su fanaticada.

Como un quinteto compuesto por Tony Kakko (voz), Elias Viljanen  (guitarra), Henrik Klingenberg (teclado), Pasi Kauppinen (bajo) y Tommy Portimo (batería), llega el momento de  “The Ninth Hour”, título que justamente llena el espacio número nueve de la línea de tiempo discográfica. Para empezar, algo que llama gratamente la atención, es la calidad en el arte de tapa o carátula. El desarrollo de esta sublime imagen, a cargo de Janne Pitkänen, sin duda entra en el podio de las mejores portadas entre los trabajos de Sonata Arctica, y lo más significativo, nos abre las puertas a los principales elementos que nos podemos encontrar una vez sumergidos en “The Ninth Hour”, el cual es producido y lanzado bajo el alero de Nuclear Blast.

El concepto que atraviesa a “The Ninth Hour” en sus letras está enfocado principalmente a las consecuencias que puede haber para la humanidad enceguecida por el ritmo actual de vida, como se sugiere en la portada, un mundo en que la naturaleza carece de la existencia humana u otro donde el hombre se hace parte de un equilibrio natural y armónico.  Si bien es un argumento fuertemente usado en el último tiempo por diferentes bandas, no deja de ser válido y necesario de desarrollar. Todo esto son pinceles y apreciaciones conceptuales que deberían tomar mayor fuerza con la composición y arreglos musicales.

Pero entremos de lleno a la revisión de los once cortes que trae este disco. El primer tema y uno de los singles de este trabajo es Closer to an Animal, en cuyo comienzo si bien parece existir todo lo necesario para quedar sorprendido, termina siendo una composición bastante tibia y plana en su desarrollo. Quizás con una interpretación vocal más intensa y jugada por parte de Kakko  hubiera logrado el equilibrio y atracción necesario para la canción que abre este trabajo. El peso a este tema se le puede atribuir a la letra, que se enmarca en cómo la codicia nos aleja de nuestra esencia natural o animal.

Otro de los adelantos previos al lanzamiento de “The Ninth Hour” fue Life, track que sube el grado de intensidad en todas sus líneas –sobre todo en la parte instrumental de los solos y coro–, nos acerca lentamente a lo que esperamos normalmente de Sonata Arctica. Hasta que llegamos a un golpe certero con Fairytale, que es una composición que logra el sonido y fórmula con la que esta agrupación encantó en un momento a su público. De corte melódico y mayor peso, Fairytale mantiene la expectación y sorpresa a medida que avanza. Un coro muy bien logrado es solo un excelente puente para lo que se viene. Excelentes cambios de ritmos, cortes y densidad en los solos. Realmente se puede considerar que Fairytale es un tema redondo, un gran momento de “The Ninth Hour”.

Que quede claro que no siempre se le pide velocidad a una banda para considerar una canción buena o mala, una composición puede tener intensidad y conmover siendo de perfil veloz o lenta, con peso o suave. Y es precisamente lo que Sonata Arctica nos trae con We Are What We Are. El elemento adicional, como el sonido de una flauta en su comienzo, genera una conexión especial y un ambiente ideal para hablar de nuestras raíces olvidadas. Acá la intensidad se hace latente en un sentido y bello coro.  La emocionalidad es la constante durante todo el tema, otro gran momento del disco.

El vuelco a la fuerza, con mayor velocidad y agregando elementos progresivos en el desarrollo de su composición llega con Till Death’s Done Us Apart. Acá el factor sorpresa se ocupa bastante en cambios drásticos de intensidad, tanto instrumentalmente como en la faceta interpretativa de la voz. Una atractiva composición que saca a lucir los ingredientes nuevos, para la fórmula final de este disco. No es una canción en la que se puedan apreciar todos sus colores y matices a la primera, por lo que se recomienda darle más de una vuelta. Resultará una atractiva composición.

Bajamos la velocidad y escuchamos a Among The Shooting Stars. El medio tiempo domina durante todo su desarrollo, pero lamentablemente volvemos a la falta de sorpresa. De cualquier forma, siempre es una fórmula efectiva cuando se trata de aludir a la nostalgia en este tipo de composiciones, representada en la imagen del característico lobo de Sonata Arctica.

Rise a Night es velocidad sin miramientos. Una receta conocida y necesaria si hablamos de unas de las bandas representativas del género. La faceta de los teclados de Klingenberg es fundamental, ya que es el bálsamo ante la velocidad en todas las líneas instrumentales. Rise a Night está bien lograda, si lo denominamos “el tema Power Metal”, que sí o sí debe estar en cada disco de los finlandeses.

En el camino experimental encontramos a Fly, Navigate, Communicate, canción que nos trae al paladar muchas sensaciones de cómo iniciamos esta revisión con Closer To An Animal, sólo que acá sí se logran pasajes más interesantes en cuanto a quiebres instrumentales, manejo de intensidad, pero sin brillar mucho en verdad.  En este camino, experimentando y buscando un sonido renovado sin abandonar su sello, rozan el Pop a momentos. Y lo siguiente, Candle Lawns, es una balada cautivante. Acá realmente la interpretación y letra logran conmover,  sobre todo en una narración que alude a como el tiempo va desvaneciendo momentos y situaciones en su pasar. Los matices emocionales están en una justa medida.

Uno los temas más llamativos a simple vista de “The Ninth Hour”, por su larga duración, es White Pearl, Black Oceans (Part II: By the Grace of the Ocean). La continuación de una gran composición, haciendo referencia a la original White Pearl, Black Oceans de «Reckoning Night» (2004) Sin lugar a dudas uno de los riesgos más grandes a la hora de desarrollar una obra extensa, es no caer en lo repetitivo o monótono, y lamentablemente esta segunda parte no estuvo a la altura de su predecesora. En un comienzo logra una atmósfera que cautiva pero que a medida que avanzan y avanzan los minutos se desvanece. No se puede negar la cantidad de arreglos y elementos presentes en esta canción, sobre todo a nivel sinfónico, pero esto no siempre es garantía de un buen resultado. El interés no era menor para ver como se resolvía esta gran historia, adentrada en el mar.

Llegamos al fin de “The Ninth Hour”  junto a On the Faultline (Closure To An Animal), una canción en cuya mayor parte sólo se aprecia la voz de Kakko acompañada del teclado de Klingenberg. Ideal para comenzar a despedir la experiencia entregada por la última placa de Sonata Arctica.

Podemos enmarcar este disco dentro de las obras donde la banda busca renovar su línea musical sin abandonar su sello y sonido característico, sin escatimar en riesgos con miras hacia el resultado final. Quizás confían en su fanaticada y por ende en una recepción incondicional. Personalmente siento que “The Ninth Hour”, pese a que no brilla, es un buen material que podría marcar un paso para un futuro disco que sí logre encantar como lo hizo alguna vez esta gran banda.

 

 

Hace algún tiempo que no revisábamos discos del recuerdo, y qué mejor momento para hacerlo que en medio de la conmemoración de los veinte años de “Holy Land”, el segundo disco de los brasileños de Angra, sin dudas una de las bandas más importantes de Metal salidas desde este sector del mundo, y que ha logrado desde sus inicios mantener un sello, una esencia, un “sabor” que los distingue palmariamente de otras grandes bandas del estilo. Esa influencia brasileña e indigenista de su música, junto a elementos progresivos y otros neoclásicos y sinfónicos, son parte relevante de una estructura diferente al resto y que incluso los ha hecho una agrupación más entrañable y querida que otras.

Qué duda cabe: “Holy Land” juega un papel determinante en el catálogo de los paulistas. Una placa que desborda inspiración por todas partes, desde el primer hasta el último segundo, por cierto con algunos momentos más destacados que otros –como todo en la vida–, y que de todas maneras consolidó en aquel tiempo lo sólidamente insinuado un fantástico primer disco como “Angels Cry”. Producido por Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth, a gusto personal, “Holy Land” es el disco donde Angra alcanza su madurez, encuentra definitivamente su sonido –que en su primera placa estaba algo más orientada a lo neoclásico–, toma mayores riesgos, busca ser un aporte innovador y nos regala joyas que perduran hasta el día de hoy.

Ya con su arte de tapa –con el mapa antiguo y la brújula en Brasil– y con los sonidos de la introducción Crossing uno ya puede ir haciéndose una pequeña idea de para dónde nos quieren llevar los brasileños, aunque sin lograr a esas alturas imaginarnos el nivel de aventura que nos harán vivir. Esta intro fue compuesta por Giovanni Pierluigi da Palestrina, compositor italiano del siglo XVI, y su nombre original es O Crux Ave, situándonos en la Europa de mitad del milenio pasado, poniéndonos la camisa con vuelitos escandalosos luego de pedirle dinero y especies valiosas a los reyes de turno y subiéndonos al barco para ir a encontrar nuevos mundos, con el sonido del mar y la lluvia torrencial.

La conexión de Crossing con Nothing To Say es estremecedora y es una declaración de principios de Angra: el teclado con su volumen creciente y, sobre todo, la percusión afro/brasileña, van a ser protagonistas durante gran parte del disco. Es increíble como un riff con solamente una nota es capaz de generar todo un ambiente y expectación, produciendo su primera gran explosión con la percusión/batucada que hace “terminar el inicio” de este tema, por decirlo de alguna forma. Ahí se quedan solos Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt para dar pie al movimiento más Power de esta obra maestra, donde ya el barco zarpa hacia nuevas tierras con el bajo potente de Luis Mariutti y la batería de Ricardo Confessori. Y qué decir del ingreso de André Matos, con sus agudos inconfundibles, irrepetibles y a estas alturas casi incantables, con un puente hermoso y un coro magistral y levantapuños con el “Living forevermore, leaving today / Back from this land, I’ve got nothing to say!!”. Los pasajes inspirados de este tema son demasiados como para relatarlos uno por uno, y es difícil priorizarlos, desde lo más Power europeo hasta el quiebre neoclásico tan “Angels Cry” y su final definitivamente perfecto. Demasiada música esto, pásenle la copa a los brasileños y vámonos todos para la casa, en serio.

El desafío de hacer un disco a la altura de un tema como el anterior era enorme, y Angra lo hace de buena manera con un corte de otra índole, como Silence And Distance, otra obra maestra pero cortada con un cuchillo distinto. Matos y el piano nos hacen creer que es una balada, y si lo fuera sería una muy bonita. Pero cuando el tema agarra intensidad con los instrumentos restantes se convierte realmente en otra cosa, una delicia con tintes progresivos, quizás un poquito menos “arrojada” que Nothing To Say pero de ninguna manera menos inspirada. El coro, francamente hermoso con la voz de Matos acompañada por otras voces en segundo plano, también es de los momentos más fascinantes de este trabajo. Y terminar como al inicio también les funciona. Brillante.

Carolina IV, a criterio personal, es tranquila y simplemente una de las diez mejores canciones de Heavy/Power Metal de la historia, y quien escribe estas líneas es capaz de defender esta aseveración parapetándose con una AK-47 o de la manera que sea necesaria. Con este metafórico viaje a bordo de una carabela llamada Carolina IV, a la usanza de las embarcaciones de aquellas épocas con nombres femeninos, la exploración de Angra alcanza otro nivel, no sólo por los sonidos tribales y las incrustaciones neoclásicas, sino que acudiendo además a un coro que le canta a Iemanjá, o Janaína, que es una “orisha” ancestral de la religión yoruba africana, trasladada a América en el tiempo del tráfico de esclavos, que simboliza a la reina de los mares y que quiere decir algo así como “madre cuyos hijos son peces”.

A estas alturas si una persona está leyendo estas líneas sabe de qué tratan los diez minutos de Carolina IV y esta reseña no pretende ser tan descriptiva, pero si hay un concepto con el que uno podría intentar definirla es el de sincretismo musical. El sincretismo –muy básicamente– es un concepto que generalmente se aplica en el ámbito religioso, con la unión y comunión de dos o más rasgos muy diferentes, y ejemplos tenemos varios, especialmente con la llegada del cristianismo y la adaptación de cultos ancestrales a sus normas, como lo que se ve La Tirana o las misas en Isla de Pascua con rituales Rapa Nui. En Carolina IV los elementos clásicos, progresivos, tribales y por supuesto de Heavy Metal encuentran una amalgama sin igual, una obra maestra irrepetible, y nos lleva a tomar un río hacia el cielo cada vez que tenemos la suerte de escucharla. Sólo aportar con un dato que no mucha gente sabe: la sección ultra brasileña en flauta que comienza pasados los 4:18 es una referencia/homenaje a la canción “Bebê”, del compositor y multiinstrumentista brasileño Hermeto Pascoal. Modestamente les sugiero que busquen alguna foto en Google del compositor y es ver al Viejito Pascuero tocando acordeón, es una cosa entrañable.

Pero volvamos al disco. Es claro que Holy Land es una canción que sería prácticamente imposible de incluir en algún otro disco de Heavy Metal de la historia, o que al menos suene armónica y contextualizada. Pero no sólo en este disco cabe perfecto, sino que además el disco se llama así, lo que le da otro brillo y la hace aun más “defendible”. Porque es cierto que no es una canción derechamente de Metal, quizás ni siquiera sea de Rock, pero más allá de las etiquetas, es un tema que probablemente sólo podría haber compuesto Angra, y el sello de identidad de la banda está pocas veces mejor consagrado que en Holy Land. Con su ritmo atrapante, orgullosamente brasileño desde el primer hasta el último segundo –pese a ser cantada en inglés–, a no pocos metaleros fundamentalistas les provoca al menos alguna gana de mover la patita, por último a escondidas para mantener la imagen, no le contemos a nadie, pero seamos sinceros.

Quizás The Shaman no sea tan brillante como los temas de la primera mitad del disco, probablemente sea un poco menos fácil de escuchar que las anteriores, algo menos “oreja”, pero es un tema interesantísimo. Es posible estimar que es la canción más progresiva del disco. Ya los navegantes, luego de su larga travesía para llegar a la tierra santa, se encuentran con un chamán que les da un consejo tan sencillo como contundente: calentar el alma cuando el cuerpo se congele. La parte narrada (extraída del trabajo “Música Popular do Norte Nº 4” de Marcus Pereira) le aporta un aura más misteriosa a un tema con momentos muy altos, especialmente con el trabajo de las voces de Matos interpretando a distintos personajes en el precoro.

Make Believe es un tema realmente bonito, la primera balada del disco, probablemente con menos influjo tribal e indigenista que el resto de este trabajo, pero no por ello menos emotivo. Probablemente una crítica que se le pueda hacer al disco dice relación con el volumen del teclado de Matos en contraposición a las guitarras, apreciación que personalmente considero válida, aunque cuesta imaginarse a “Holy Land” con otro tipo de sonido. Y quizás sea en Make Believe donde ello sea algo más evidente que en resto de las canciones de esta placa. De todas formas el vuelo y la intensidad que va tomando el tema hacia el final no tienen desperdicio, particularmente cuando emergen las guitarras de Kiko y Rafa en plenitud. Ojo con la versión acústica también, que para varios es aun mejor que la original.

Probablemente Z.I.T.O. sea el tema más clásicamente Power de todo el disco. Con su inicio a percusión y teclado que dan un aura de viaje misterioso, nos lleva a un ritmo Power prácticamente incesante. Quizás para algunos los agregados de teclado en los riffs estén un poco de más, pero personalmente me parecen increíbles y precisos. Y qué decir del coro con su “Like a teenager discovery / What’s more delightful than this? / Try to remember how good it was / Feeling the life as it is / To believe!” con las segundas voces apoyando, siguen siendo estremecedoras pese al inexorable paso del tiempo. Ojalá algún día sepamos lo que realmente quiere decir “Z.I.T.O.”, un secreto bien guardado por la banda y respecto del cual han circulado diversas versiones, nunca confirmadas, como que sería la sigla de “Zur Incognita Terra Oceanus” (sigla que parece algo acomodaticia al concepto del disco), o que se refieren al diminutivo de un conocido (cosa que parece más probable tomando en cuenta los diminutivos en portugués, de hecho al exfutbolista Zico le dicen así porque se llama Arthur Antunes Coimbra y de pequeño le decían Arthurzico). Aunque quizás sea mejor que siga siendo un misterio.

Deep Blue no es una balada común. La influencia de la música sacra de hace varios siglos es muy evidente, aunque obviamente modernizada, primero con la voz de Matos y luego con el desarrollo instrumental. Uno realmente puede imaginarse observando la inmensidad del mar, sin más compañía que uno mismo, reflexionando acerca de la vida y pensando como dice el coro: “Waiting for someday when the ocean and sky / will cover up the land in deep blue / Renaissance is over and I wonder: / Should I always be the same once again?”. La influencia sacra se nota muchísimo en el comienzo y sobre todo hacia mediados del tema con los arreglos corales, con esa lentitud y pesadumbre que confirman el aire de espiritualidad reflexiva de esta canción.

La bella balada acústica Lullaby For Lucifer, con la guitarra de Bittencourt y la voz de Matos, junto el sonido de las aves y el mar, en poco más de dos minutos cierra las puertas, con delicadeza y sensibilidad, a un trabajo atrevido, definidor del sonido de la banda e incluso vanguardista. Los créditos no van sólo para los cinco músicos y la producción, sino que además para toda la amplia serie de músicos que colaboraron con instrumentos tan ajenos conceptualmente al Metal como el berimbau, el djembe o el didgeridoo, por sólo nombrar algunos.

Personalmente, conocí a la banda en esos años, cuando su “último” disco era precisamente este, antes de “Fireworks” y por lo mismo antes que vinieran a Chile, lo cual es algo que ayuda a decir que es una placa que ha envejecido muy bien, que como decíamos, desparrama inspiración en prácticamente todas las canciones, y que pese a sus increíblemente múltiples influencias, Angra fue capaz de hacerlas sonar como un todo compacto, hacerle sentir al oyente que todas partes, por diversas que sean, forman parte de un mismo contexto. Un disco maravilloso, alucinante y extremadamente valiente, y que con justos merecimientos es calificado por muchos no sólo como el mejor disco de la banda, sino que uno de las mejores placas del Heavy/Power Metal, al menos de los años ’90. Para disfrutarlo por siempre.

 

 

Tras una extensa, exitosa y bella gira junto a Avantasia, el multifacético Oliver Hartmann vuelve a estar en nuestro foco con esta nueva placa llamada “Shadows & Silhouettes”, quinto disco solista del alemán, cuya tendencia en esta faceta siempre ha sido sorprender mostrando un sonido particular y personal, sacándonos de los márgenes sonoros en los que por naturaleza esperaríamos escuchar, tanto como vocalista o guitarrista, lo cual no es, ni ha sido para nada algo malo ni mucho menos decepcionante.

En “Shadows & Silhouettes”, Hartmann cuenta en su cuerpo instrumental con  Markus Kullmann en batería, en bajo Armin Donderer, el bosnio Jimmy Kresic en teclado y Mario Reck en guitarra. La voz principal, además de su rol como guitarrista, por supuesto está a cargo del señor Oliver Hartmann.  La producción musical estuvo en manos de un especialista, nada menos que Sascha Paeth.

El disco cuenta con un diseño de carátula muy bien logrado en base al título elegido. En un tablero de ajedrez sólo se aprecia la pieza de un caballo, cuya silueta es simplificada para la dinámica del juego, pero si proyectamos su sombra, ésta se refleja en todo su esplendor corporal. Muy sugerente para lo que nos podemos encontrar musicalmente.

En sus cuatro trabajos anteriores como solista, Hartmann quiso desarrollar un sonido más íntimo en sus composiciones, tanto en lo instrumental como en sus letras. No era tarea fácil salir de un sonido tan identificado en el Power Metal sin perder su esencia. “Shadows & Silhouettes”  viene a mostrar este sonido y lado más íntimo, definido en un Rock melódico de tremenda calidad, mostrando elegancia, prestancia y una madurez musical para disfrutar. El Rock llevado a tres ejes es lo que encontraremos en este disco: alegre, nostálgico e intenso, y también nos llevará por sonidos netamente acústicos.

Shadow In My Eyes es una canción a lo más escuela de Kansas, en donde la calidad interpretativa de Hartmann y los sutiles arreglos en teclado embellecen la composición. En la misma línea acústica tenemos a The Letting Go y Still The Same. Con la presencia de un sonido Folk elegante y alegre, cierra esta performance acústica When Your Mama Was A Hippie.

La nostalgia se hace sentir fuerte en “Shadows & Silhouettes”  junto a canciones como Glow y Jaded Heart, que realmente estremecen. Este último es un tema que va progresando en su intensidad, y la cantidad de elementos instrumentales se funden en un coro genial. Esta estructura para llevar las emociones de menos a más lo hace uno de los temas más atractivos del disco. El solo de guitarra es preciso y perfecto para lo que transmite un corazón cuando ya está fatigado.

Otro momento íntimo llega con el corte finaliza el disco, Last Goodbye. Acá predomina un camino armado por el teclado. La voz de Hartmann desenvuelve todos los colores que se hacen presente en una despedida, siempre cargado al tono nostálgico que por naturaleza tienen estos momentos y situaciones. Esta canción cuenta, a parecer personal con el mejor solo de guitarra.

El comienzo del disco, es contrario a los momentos revisados hasta aquí. Un Rock melódico y alegre da inicio a “Shadows & Silhouettes”: Irresistible da rienda suelta a una calidad vocal a la cual nos tiene acostumbrado Hartmann, ya a estas alturas en todas sus facetas.

Con dinamismo y magnetismo el Rock sigue sonando en High On You, que con una línea de composición motivadora y de simples arreglos toma de la mano a Amazing, otros de los temas al cual se le puede atribuir unos de los momentos más altos del disco. En Amazing se conjugan los tres ejes o principales elementos mencionados en el inicio: cuenta con un coro alegre, sus estrofas navegan por la nostalgia pero sin abandonar la intensidad. Una gran pieza de Rock, como I Would Murder For You, donde la intensidad se hace aun mayor y Hartmann da rienda suelta a la rapidez, lógicamente dentro de los márgenes definidos en esta revisión.

Cerraremos la revisión del camino de las doce canciones que trae “Shadows & Silhouettes” con Too Good To Be True, ya que es una composición que está potenciada por un overdrive en guitarra. No muchos se atreven a caminar por este sonido que a momentos suena muy limpio, y en otros otorga la suciedad justa para dejar expuestas debilidades o precisiones de los guitarristas. En este caso son sólo precisiones para acompañar con fraseos a cada final cantado por Hartmann.

La versatilidad presente en “Shadows & Silhouettes” sólo nos habla de la calidad, madurez y las ganas de querer compartir con todos, la tremenda experiencia que a través de los años Oliver Hartmann ha podido reunir. La forma de disfrutar la música en sus diferentes facetas e intensidades, se logra percibir de una manera natural, tanto en su sonido e interpretación.

 

 

Hace un tiempo ya que venimos hablando respecto a la gran cantidad y calidad de producciones nacionales que el Metal nos viene dejando en distintos estilos, especialmente desde el 2015 y lo que ya llevamos de 2016, lo que nos demuestra varias cosas como, entre otras, que las bandas se lo están tomando realmente en serio y que la producción de calidad se va haciendo más y más accesible, permitiendo contar con álbumes que no tienen prácticamente nada que envidiar a producciones extranjeras.

En la vena del Heavy Metal más tradicional podemos encontrar a los muchachos de Ikelós, quienes ya llevan algunos años dando vueltas en el circuito muchas veces reconocido como underground, de hecho, hace un par de años ya nos habían regalado su primer demo “Into The Nightmare” (2013), ofreciéndonos tres tracks más una intro que dieron de qué hablar, por lo que muchos esperaban ansiosos el anunciado EP que revisamos hoy. “The Presence” (2016) llega de la mano del sello español Metal Crusaders, trayéndonos cuatro canciones nuevas y la remasterización del primer demo.

Todo esto comienza con la tremenda Ikelós, la que abre con una guitarra cadente que nos introduce en un mundo de pesadilla para ser acompañada por un armónico de guitarras donde Javier Alvaradejo y Diego Sánchez dan un buen aviso respecto a de qué se trata este «dios de las pesadillas». Con un ritmo galopante y agresivo, sumado a una melodía oscura y medianamente pesada, nos dan un paseo por un universo bastante macabro donde, si bien utilizan una fórmula sencilla, mantienen una potencia y una capacidad de integrar elementos originales que vale la pena disfrutar varias veces, especialmente considerando el registro vocal poco común en el Heavy Metal que nos entrega Jaime “Violent Mind” González, ya que si bien las líneas vocales no presentan gran complejidad, logran su objetivo de principio a fin.

Continuamos con The House Of Horrors, la que nos mantiene en este submundo pero con un poco menos de miedo, con más ganas de enfrentar la casa de los horrores que salir corriendo para rápidamente darnos cuenta que estamos atrapados, que esta mansión y lo que dentro de ella nos esperaba quiere consumirnos totalmente, un efecto tremendo que se ve magnificado aún más al momento de combinar una especie de solo de guitarra con la voz de Jaime entonando el coro, una combinación tremenda que nos da paso a una risa enferma, un puente instrumental y finalmente la sección de solos donde definitivamente terminan de lucirse las guitarras, además de la tremenda base rítmica que logran César Mogollones en las cuatro cuerdas y Manuel Aniñir en los tarros, ascendiendo en un espiral de locura hasta desencadenar en el final, una tremenda pieza que fácilmente podría considerarse la mejor del disco.

Puro Heavy Metal nos golpea la cabeza cuando arranca Nanjing, la que nos cuenta un poco la historia de la masacre que el imperio japonés desató en la ciudad china con ese nombre después de la caída de Shanghai, una verdadera montaña rusa de sonidos, velocidades y ritmos que te llevan a un viaje igual de vertiginoso a través de distintas emociones, con líneas líricas muy bien elaboradas y una composición que demuestra de qué están hechos estos muchachos, además de una ejecución tremenda que moviliza a cualquiera, es simplemente cosa de observar cuando esta canción suena en vivo, el recibimiento que tiene del público es fenomenal. Es sumamente interesante como un tema con esta velocidad y agresividad puede a la vez despertar tanta melancolía y, creo, eso lo logran por la tremenda combinación que logran entre la rabia de la música y la tristeza de la letra. Simplemente una obra maestra.

El último tema nuevo que la banda nos comparte es la un poco más hardrockera Deep Dream, la que de entrada presenta una grave falencia para mi gusto y es la monotonía de la línea vocal. No obstante, es una muy buena pieza en lo musical, con un interesante cambio de ritmo que pasa de la velocidad inicial a un genial lento fúnebre con líricas más recitadas que cantadas, dándole un poco más de dinamicidad al track, lo que se mantiene posteriormente en un pasaje midtempo que permite disfrutar el tema en su conjunto, especialmente las secciones instrumentales, donde las guitarras se lucen en demasía aprovechando la base rítmica poderosa para terminar de golpe, dando un final a lo que sería el EP propiamente tal.

Entonces nos encontramos con los temas que conformaron el demo debut de estos muchachos, al que no nos vamos a referir en esta oportunidad porque ya lo revisamos en su momento pero puedes volver a leer el review aquí. Pero sí nos referiremos al porqué de su incorporación en este nuevo lanzamiento: en este sentido, el demo fue remezclado y remasterizado por Cristóbal Espinoza durante el 2015, logrando un producto con algunos cambios que no son perceptibles a una sola escucha, pero con un poco de atención es posible notar la mayor profundidad en los sonidos, tanto en los instrumentos como en la voz, lo que se evidencia en que los temas grabados para este EP y los remezclados del demo suenan con la misma calidad y ecualización, siendo un tremendo acierto el haber tomado esta decisión. Presenta una variación en el tracklist, siendo en este caso Intro, Growing Fear, Into The Nightmare y Dreamcatcher, siendo el cambio la inversión de los dos últimos temas.

Desgraciadamente debo comentar que se repite un detalle negativo que es altamente común en las bandas chilenas: me refiero a la mala pronunciación del inglés. Si bien la dificultad para componer en inglés es considerablemente menor que la existente para componer en español (probablemente por un tema de adecuación de tempos, sobre todo), y el grabar en inglés facilita la posibilidad de abrir un mercado extranjero, creo que es importante entender la importancia de una buena pronunciación del idioma, es un detalle mínimo quizás, pero creo que necesario.

Se podría decir que estos muchachos ya están listos para un largaduración y esperemos puedan lanzarlo sin tanta espera, especialmente ahora que cuentan con el apoyo de un sello, porque merecen ser escuchados en distintos lugares con su carga de Heavy Metal tradicional y llevar a todo el mundo a pasear por sus dominios. Por ahora, manténganse atentos a las fechas en vivo de Ikelós y busquen este material que no creo pueda decepcionar a nadie, porque el dios de las pesadillas busca nuevas víctimas y tú debes ser la próxima.

 

 

Algo irresistible e inexplicable hay con respecto a Sabaton. No marca épocas con lanzamientos, pero a menudo tiene tracks que dejan una especie de pequeña huella, como pieza de puzzle que de forma muy orgánica va consolidando y reconsolidando el estilo poco vistoso pero muy pegajoso de su música. A estas alturas ya hay muchos clichés que uno presiente del frontman y compositor Joakim Brodén, y que no espera uno que vayan a sorprender o volver a gustar. Sin embargo, uno termina energizado con los lugares comunes de sus… no sé… ¿melodías?, ¿estilo? , ¿historias?, ¿vocales?, ¿su todo?

¿Qué tiene Sabaton que otros no? Canciones que convencen pese a la simpleza, que entretienen a pesar de uno saberse el final, sin importar que uno sienta que ya las conoce de hace bastante. Y en eso, me parece que The Last Stand triunfa, por más que la salida de este disco no me tuviera para nada entusiasmado por prever “más de lo mismo”.

Como ejemplo, poca motivación quedará claramente si a uno le dicen que Winged Hussars es una reencarnación de The Art Of War (el tema), pero al escucharlo una, dos y tres veces, termina gustando más que su referente inmediato, un corte estudiado para sonar a 100% Sabaton y gustar sin mayores explicaciones.

Qué decir de Blood Of Bannockburn, que por su ritmo ligero, un riff fino y menor presencia de guitarras en beneficio de teclados saltarines, puede causar rechazo al primer encuentro. En un comienzo pensé que sería la canción irritante del disco que siempre iría a ignorar, pero un día empezó a gustarme y no me importó nada, primeras impresiones olvidadas y melodías desatadas, que contagian, que alegran, que entregan tres minutos de genuino goce que hay que disfrutarlo sin orgullo. Los suecos te tuercen la mano y lo hacen mientras te causan una sonrisa…

Otra que “convence por insistencia hasta que explotes” es Shiroyama, que no se salta ninguna línea del guión compositivo de Sabaton pero que termina agradando por la calidad del recurso de siempre, un medio tiempo solido y una melodía contagiosa que se esparce entre el teclado y los coros. Marca registrada y pulida para nuevamente brillar en una de las grandes pistas de este CD.

Y claro, como Sabaton es una banda enfocada en las canciones más que en los álbumes, uno bien podría sacar un tema x del disco y colocarlo en otro sin ver el resultado alterado, ni en calidad o estilo. The Last Stand tiene varias de esas y entre ellas está Rorke’s Drift, de trama más powermetalera y que perfectamente pudo haber estado en Primo Victoria (2005), o mejor dicho, que sin problema podría ocupar el lugar de Into The Fire (si aún lo tuviera) en los conciertos. Lo mismo es posible que ocurra con el tema título y Attero Dominatus del 2006.

En este ámbito también destaca Last Dying Breath, que podría estar el Coat of Arms (2010), pero que muestra dos elementos frescos que nos sitúan en un Sabaton 2016: la presencia más protagónica de los teclados pese a no haber un integrante tecladista, y la batería del ex Evergrey Hannes Van Dahl. Sí, el principal instrumento de Sabaton son las voces de Joakim Brodén, pero si hay un miembro que se encarga de colocar un toque diferente a lo que acostumbramos a escuchar de Sabaton esta vez, es justamente el baterista, quien sorprende con arreglos y detalles que dan otra dimensión al sonido. Se le escucha suelto, con autoridad y creativo, como un músico más allá del percusionista detrás, empezando a sonar ya como indispensable en la propuesta. No tengo dudas al señalar que se trata del mejor trabajo discográfico de Van Dahl, y quién iría a decirlo, luego de un The Glorious Collision (2011) de Evergrey donde la postproducción lo dejaba hundido bajo samples.

Pero retomando una idea: Sabaton es una banda que se basa en las voces más que en cualquier otro elemento. ¿Cuántos riffs recordamos de Sabaton? ¿Y cuántos coros recordamos de Sabaton? Más veces que otras pocas, es una melodía vocal la que se encarga de presentar un tema en lugar de una guitarra, un arte que el grupo y su principal responsable, Brodén, han sabido pulir en el tiempo, y en The Last Stand eso se vuelve a mostrar. The Lost Battalion (presentada por una intro con Jon Schaffer de Iced Earth en las narraciones) sostiene todo su poderío en las líneas vocales, sean verso, puente o coro, redondeando lo primero y lo último que recordaremos de aquel tema.

Ahora, Sabaton también siempre ha destacado a la hora de escoger el opening track de un álbum y Sparta deja saltando la siguiente pregunta: ¿Cuándo el grupo dejará de abrir sus conciertos con Ghost Division? Que la obviedad del título no lo pase por alto: Sparta es un grito de batalla, antémico y rebosante de sentido épico, además de ser la pista más larga de un álbum donde el promedio de duración de los temas es de tres minutos y medio. No se guardaron nada para el comienzo y un show en vivo de Sabaton merece -tras cuántos años de partir con lo mismo- una apertura de fuegos con nueva pólvora.

No hay que dejar tampoco el tema final de lado, The Last Battle, una de las rendiciones más ochenteras de la placa y que me hace volver a pensar lo que sentía al escuchar 1684 de Carolus Rex (2012): que Sabaton son los Steelrage escandinavos… y que el público local merece que los suecos compartan escenario con los chilenos, de la misma manera que Symphony X lo hiciera el 2000 con Polímetro o Avantasia el 2008 con Húsar.

Por último, el concepto de retratar en cada canción la última acción valerosa de algún ejército o grupo de guerreros frente a una inminente caída en el campo de batalla, resulta en un trasfondo interesante que es mejor dejarlo al descubrimiento de los fanáticos de Sabaton, ya que este puede ser el único aspecto profundo del disco, el cual sería un despropósito desmenuzarlo. Lamento si alguien lo esperaba. Más interesante me resulta tratar de explicar por qué Sabaton es tan relevante hoy por hoy, siendo que no ha inventado la rueda del estilo ni nada parecido. Quizás solo sea que sus integrantes son fanáticos del Power Metal como nosotros, y saben lo que queremos escuchar, entienden los valores del subgénero y cómo no dejarlos de lado.

Es difícil que The Last Stand, como cualquier otro LP de la banda, esté entre los discos con mayor puntaje del 2016. Aquí no hay que buscar grandes lanzamientos, sino canciones del inobjetable estilo Sabaton que convenzan aunque uno no quiera, o se resista. Es increíble que Brodén haya vuelto a salirse con la suya y que su vigencia no esté en duda.

 

 

La banda de origen italiano Great Master regresa para presentar su tercera placa en lo que va de su carrera, en la cual ha nutrido al género del Power Metal con su sello épico. Su trabajo de carátula y título así lo sugiere, con este disco llamado Lion & Queen”.

Tras su penúltimo trabajo Serenissima” (2012), se mantiene en la alineación actual con Max Bastasi en la voz, Max Penzo en batería, en el bajo Marco Antonello y Jahn Carlini en guitarras. Lion & Queen” cuenta con la participación de variados músicos para arreglos en guitarras, teclados y voces, pero todo en condición de invitados.

Entrando de lleno a la revisión de Lion & Queen”, la agrupación italiana nos entrega una introducción titulada Voices, de naturaleza instrumental, la cual es la puerta ancha a las historias épicas en los que se enmarcan los trabajos de Great Master. Un dominante arreglo en cuerdas para finalizar con una intensa sinfonía que arremete con el primer golpe certero, Another Story. Raudo comienzo en batería, las guitarras en armonías en galardonan la chapa de Power Metal desde el primer segundo. Abriendo camino a Bastasi, el peso y calidad de este tema se consolida. Gran calidad de fraseo en la estrofa, con partes en los que riffs de guitarras y los cierres en la voz dejan matices que hacen de Another Story un tema muy atractivo sin necesidad de llegar al coroYa desembocando literalmente en el coro, Another Story envuelve por su belleza, la fuerza instrumental no decae, mantiene su intensidad pero con la sola intención de destacar la notable ejecución de Bastasi. Cabe destacar que mas allá de la fuerza e intensidad con la que suena Another  Story, se enmarca en la simpleza. El solo de guitarra es de una certera destreza y ejecución, acorde a la naturaleza del tema, realmente excelente.  La solidez mostrada por Penzo en batería también es un punto de alto a destacar de este sólido comienzo.

Continua Oldest, cuyo comienzo marca diferencias respecto a Another Story, marcando la pauta a la baja de velocidad. Acento a los coros masivos, en donde “oldest” es reiterativo. Simple en todas sus líneas, contrasta con el peso en cuanto a calidad y sorpresa lograda en el inicio del disco. Oldest viene a ser un bálsamo sin mayor protagonismo a lo que llevamos revisado de Lion & Queen”.

Con un ritmo galopante suena Prayer In The Wind. Lo más destacable del cuerpo de esta canción es cómo se luce la voz en todos los matices que ofrece Bastasi. En los momentos que la base instrumental cae a batería, bajo y un teclado simple, aparece de gran manera la calidad vocal con tonos altos y tenues que juegan con la intensidad. Cargado a una historia emocional, Prayer In The Wind tiene un solo de guitarra muy sentido e intenso en su ejecución.

Llega el turno del Traveller of Time, tema promovido en video por la banda. Luego del relajo en cuanto a velocidad que trajeron Oldest y Prayer In The Wind, un mazazo de Power Metal es Traveller of Time: veloz, riffs potentes e intensa interpretación en la voz. La letra hace vivir la hazaña de viajar desde el futuro, a dejar claro la importancia con la que forjamos nuestro destino, matizado y narrado de una forma épica. Instrumentalmente Traveller of Time se carga más al virtuosismo, sobre todo en el solo de guitarra. Velocidad de ejecución a tal punto de interpretar el destello de luz con el que se viaja cruzando el tiempo, narrado por Bastasi. Un gran corte que revitaliza la fuerza y calidad a la altura de Another Story en el comienzo del álbum.

De una gran intensidad emocional e interpretativa es Stargate, con un ritmo marchante, y a momentos muy sinfónico, con agudos alucinantes en la voz, que marcan el contenido instrumental más denso de Lion & Queen”. En Stargate la agrupación italiana logra magnetismo, sin necesidad de la velocidad característica de su perfil como banda.

Un torrente de sensaciones es lo que viene con Mystic River. Lo primero que llama la atención de este tema es lo extenso, ya que, su duración es de once minutos. Si hay algo que a veces es arriesgado en géneros como el Power Metal, es incursionar en composiciones demasiado extensas donde no se logre el nivel de sorpresa necesario para mantener cautivo y expectante. Mystic River se vuelve un tanto predecible, quizás hubiera sido un muy buen tema, si su duración se redujera a un tercio de lo que realmente es. Si bien hay momentos en los que la parte instrumental se disfruta, no logra la atracción necesaria.

De corte más clásico es Holy Mountains, simple y fácil de digerir. Puentes de guitarras a voces, el coro remarca el título del tema. Acá como era de esperar, si se recurre a una composición con bases cargadas al Heavy Metal, el protagonismo recae en la guitarra y Carlini lo desarrolla de una excelente manera.

El momento más plano del disco pasa por Time After Time. Carente de ataque, emoción, intensidad o algún tipo de sorpresa. Si bien nada que criticar en su ejecución, el valor agregado no se transmite al momento de escucharlo en el trabajo de estudio. Cosa contraria a lo que sucede desde un comienzo con The Other Side, pues si bien se puede argumentar que la velocidad ayuda mucho a hacer sonar más atractiva y robusta una composición, creo que no es del todo así. Los pequeños detalles, como los cierres de las estrofas en la voz, son los que van marcando diferencia de un tema plano a uno con vitalidad. La parte instrumental  se aleja del virtuosismo, transmite una atrayente interpretación y ejecución por parte de toda la banda. Finalizado el solo de guitarra, la batería marca un rebote de caja que intensifica el final de The Other Side. Gran mezcla entre pasajes épicos y oscuros.

Todo el potencial narrativo y melódico en cuanto a fantasía de la banda, emerge con Walking On The Rainbow. Con un comienzo similar a la introducción del disco, las cuerdas en forma paulatina toman poder a un sonido enmarcado en un estribillo de galope más veloz que lo mostrado en cortes anteriores. Elemento a destacar es la participación vocal de la italiana Sy, vocalista de Armonight, también banda italiana.

Llegando al final de la revisión de Lion & Queen”, queda un broche de oro, tema de igual nombre muestra la gran calidad y potencial de esta agrupación italiana. Un sutil comienzo de teclado, el poder se hace sentir con la entrada instrumental, que inevitablemente llama la atención. A medida que avanza la interpretación de Bastasi, las ganas de ver cómo viene y sigue el tema aumentan. Alta velocidad en los coros, y una tremenda performance en la sección instrumental. La guitarra adquiere un sonido más filoso para dar su versión más rockera dentro de sus apariciones dentro del disco.  Lion & Queen junto a Traveller of Time y Another  Story dan gran peso y valor a este trabajo de cuna italiana.

Lion & Queen” es un disco para disfrutar, con un trabajo de producción de gran calidad que otorga excelente sonido e identidad de la banda, donde los integrantes plasman su experiencia y amor por el género.

 

 

Para muchos “Lost in Forever” debía ser el disco que confirmara el golpe certero con el que Beyond the Black hizo su aparición, el pasado 2015 con “Songs Of Love And Death”. Uno de los elementos que más llamó la atención, fue la nueva gran carta dentro de las voces femeninas –sobre todo en el metal sinfónico–, Jennifer Haben. Con la vara que marcan Sharon den Adel, Tarja Turunen, Floor Jansen y Simone Simons –por sólo nombrar algunas–, Haben tiene la calidad y presencia para seguir potenciando este género, y más aun, el poder femenino como protagonista de una banda.

Este nuevo álbum tiene en su diseño de carátula como protagonista a la misma banda. Bajo colores oscuros que entregan como resultado una sensación de búsqueda y nostalgia, acorde al título “Lost in Forever”. La banda está compuesta por Nils Lesser y Christopher Hummels en guitarras, Erwin Schmidt en bajo, Tobias Derer en batería, Michael Hauser en teclados, además de la bella Jennifer Haben como vocalista.

Esta agrupación alemana en su primer trabajo, dio fuerte en el clavo con composiciones cargadas al desamor en sus letras, y todo hace pensar que la receta se repite en “Lost in Forever” para seguir cautivando a sus seguidores. Y el disco comienza con el que fue el single y video, Lost In Forever, de poderoso inicio, todos los elementos propios de un gran Metal Sinfónico se hacen presentes y se potencian mucho más con la voz de Haben. Donde lamentablemente decae, sobre todo con la fuerza que viene el tema, es en el estribillo, que si bien no es malo, toda la expectación que logra mantener hasta ese instante no se logra resolver. La variación hacia la parte instrumental se ve acompañada por voces de corte gutural del guitarrista Hummels. Excelente tramo instrumental y buen cierre. De haber logrado un mejor coro habría estado a la altura del single In The Shadows en su álbum debut.

El disco continúa con Beautiful Lies, composición a medio tiempo de bellos arreglos, sobre todo en guitarra, la voz de Hummels se suma con mayor protagonismo a la de Haben. Tema muy emocional donde la lírica se enmarca en los juramentos de amor que nunca se cumplen. Por otra parte, Written In Blood es un tema el cual brilla con un coro pegajoso, pero que no cautiva en su totalidad. Otra historia que tiene como protagonista a las huellas que dejan las historias de amor.

El total protagonismo lo toma Haben en Against The World, con una balada que trabaja muy bien las variaciones de intensidad, en que los arreglos vocales realmente envuelven. Un excelente solo de guitarra y un final excelente de mayor peso y cierre acústico. Y en contraste al gran momento de Against The World llega Beyond The Mirror, corte en el cual vuelve la alta presencia de las guitarras distorsionadas, pero salvo momentos donde los tonos altos de Haben pueden cautivar, no deja de ser un tema plano en su desarrollo.

Halo Of The Dark es una composición acorde a lo que se le puede exigir a Beyond the Black. Cambios de ritmos matizados por momentos intensos, llenos de peso instrumental y otros cálidos con arreglos limpios, además de un gran coro. Un corte que abre la puerta a la esperanza en el canto de Haben mediante el concepto de amor. Y otra temática se ve con Dies Irae, con la típica situación de juicio a la que será sometida la tierra y sus pecadores. De principio apocalíptico y potentes riffs en guitarra, es un tema con gran peso dentro de “Lost in Forever” .

En Forget My Name se encuentran melodías en las que uno puede imaginar la historia cantada. Cargada al romanticismo, es una composición a medio tiempo con variaciones atractivas que la hacen una gran canción, y donde la dulce de voz de Haben contrasta con la respuesta de Hummels. Por contrapartida, “Lost in Forever” muestra su cara más oscura con  Burning in Flames y Nevermore, temas donde el ritmo marchante y galopante además de constantes cortes son los protagonistas. Estos arreglos hacen recordar a Within Temptation por algunos pasajes.

La agrupación alemana nos habla de los contraste de la vida en Shine And Shade, de corte experimental, es el tema que más se aleja a la receta conocida de Beyond the Black. Sus pasajes más pesados y sinfónicos otorgan un gran momento en la experiencia de este disco. Y guitarras de corte clásico arremeten en Heaven In Hell, tema de mayor velocidad con el que nos encontraremos sólo por algunos pasajes, ya que el coro baja en velocidad, para dar mayor peso. De todas formas, la presencia de las guitarras con un su denso riff no decae a lo largo de toda la composición que termina mezclando el perfil clásico con el experimental de la banda.

El final del disco llega con Love’s Burden, tema cargado a lo emocional, tanto en su letra como en su arreglo instrumental, principalmente acompañado de guitarras acústicas. La simpleza se hace presente para proponer en su letra, que más allá de todo el dolor o carga que puede significar una historia de amor, esta experiencia vale la pena. Realmente es para disfrutar la cálida voz de Jennifer Haben bajo una simple guitarra.

La versatilidad de «Lost in Forever” está muy bien lograda, al igual que su calidad de sonido. Quizás se esperaba mucho más de la banda alemana, sobre todo por la presencia que logró marcar “Songs Of Love And Death”, pero el carisma que muestra tanto en estudio, como en sus presentaciones en vivo Jennifer Haben, hacen sentir que la carrera para Beyond the Back está recién comenzando y va en ascenso, y sin duda viene a nutrir el bello y excelente ramillete de voces femeninas en el género del Metal.

 

 

La banda nacional Alquimia, vuelve para decir presente con su último trabajo, titulado simplemente Alquimia. El tiempo que tuvimos que esperar no fue menor, y sus placas antecesoras como “Fe Contra Fe” y Sed De Rebeliónrealmente hacían ver que el trabajo que realizaba esta banda representativa de la Quinta Región, era en serio y de corazón. Con variaciones en su formación original, Alquimia llega para presentar este disco con Andrés Salinas en batería, Sergio Amor en bajo, Jorge Gutiérrez y Pablo Guzmán en las guitarras, para dejar en la voz a Rafael Castillo. Si bien, la banda continuó desarrollando material audiovisual antes de esta nueva placa, todos los que disfrutamos de su música, quedamos con “sed” de ese Heavy Metal tan propio y natural que logra desarrollar Alquimia.

Ya entrando de lleno en la revisión del disco, lo primero que nos encontramos es una imponente carátula, de gran calidad, con elementos que sugieren la cantidad de sensaciones y colores con los que nos encontraremos en las ocho canciones que dan cuerpo al nuevo álbum.

Una explosión de corte clásico se hace sentir desde el primer segundo. El Que Ríe Al Último nos da la bienvenida con la batería como protagonista. Poderoso riff acompañado de un fraseo de sutil virtuosismo en las guitarras, dan paso a la potente voz que impone Castillo. Atractiva estrofa y mejor coro con ritmo galopante. Los arreglos instrumentales y solos muestran la calidad musical de esta banda, tremendo acierto como puntapié inicial del disco.

El canto de descontento continúa con Maldito Bastardo, track que trae la fórmula conocida de guitarras a voces como riff inicial. El bajo toma mayor presencia en esta composición, sobre todo en el coro. Con lo siguiente, Más Allá De La Razón, baja de manera leve la velocidad, con un foco vocal más melódico y el virtuosismo protagonizado por la guitarra haciéndose presente en todo su desarrollo, con precisión para mantener un equilibrio en los arreglos. Acá Castillo comienza a mostrar matices fuera de la intensidad y agresividad bien lograda en los temas anteriores.

Con Avatar, Alquimia invita a la reflexión en sus estrofas, en este corte cada instrumento tiene momentos de alto protagonismo. La composición tiene pasajes en los que la voz se envuelve con guitarras limpias. Un sonido más cercano al Hard Rock, contiene un claro mensaje de no confundir la realidad.

El ritmo marchante y un coro lleno de magnetismo, hacen de Fuego En El Alma un tema perfecto para funcionar en vivo. Transiciones de riffs muy pesados y marcado doble pedal, sin duda hará mover las cabezas.  Fuego en el Alma habla de lo que es necesario para poder avanzar en la vida, ser un guerrero en lo que realmente creemos y queremos.

Hasta aquí hemos escuchado terrenos en los que Alquimia se siente muy cómodo. Rock pesado de gran altura. Pero en este disco esta gran banda nacional nos quiere ampliar los horizontes de emoción, pero no a través de mayor distorsión, si no que por medio de una balada, titulada Reina del Dolor. La carga emotiva ya se hace evidente en su título, y por supuesto en el cuerpo del tema. El punto más alto se logra en el solo de guitarra, que transmite todas las sensaciones por las que se puede pasar en momentos de incertidumbre, dolor y nostalgia. Un gran avance en una faceta poco conocida para Alquimia.

Nuevos Rumbos vuelve a la receta conocida, tradicional Heavy Metal, a momentos la interpretación de Castillo da con un color melódico que roza el Power Metal. Esto se va compensando junto a la propuesta instrumental, con pasajes de mayor peso en los riffs que arman el camino entre estrofas y coros. Y la cara más progresiva de la banda llega con Voces, con un contenido que alude a los miedos y la búsqueda de la salida a ellos, los contrastes entre momentos del más puro Heavy a destiempos en sus arreglos, acompañan de excelente manera las sensaciones narradas por Castillo en su performance vocal. Un gran final para el disco, con un sonido renovado mostrando nuevas facetas y sin abandonar su esencia.

Alquimia con la entrega de su disco homónimo, nos da una muestra de gran trabajo enmarcado en la autogestión, del desarrollo que pueden lograr las bandas de regiones, y de la contribución al género, primando la calidad, la constancia y el amor por la música.

 

 

Tras cuatro años en el ruedo, Triboulet por fin nos presenta su debut con este LP llamado «The March of the Fallen«. Sabemos que desde que publicaron su primer demo y posteriormente el EP «Quiero Decirte» (2014) su propuesta siempre ha sido componer un Power Metal directo, que rescata las raíces de las bandas más insignes del estilo, sin perder el toque de originalidad que los caracteriza. Razón de sobra entonces para tener grandes expectativas en nuestros compatriotas.

Como bien sabemos, la primera carta de presentación de un álbum es su portada. En este caso la labor le corresponde al ilustrador Pablo Salinas, quien logra llamar nuestra atención con un diseño épico y lleno de colorido, donde un caballero empuña enérgicamente su espada en medio de un campo de batalla. Sabiendo que ningún detalle puede ser dejado al azar, desde luego que esto es una gran invitación a escuchar los siguientes cincuenta y dos minutos de música.

Entrando de lleno en el disco, The Beginning of Eternity resulta ser una bella introducción de cara a las siguientes composiciones que escucharemos. Con gran sutileza el tecladista Nicolás Sáez se encarga de ambientar y de contextualizarnos en lo que será un hachazo de Power Metal con todas sus letras: el opening track You’ll Never Be Alone. Imposible no recordar a los puntales del género con esas primeras notas que sudan Power clásico por los poros. Doble bombo a mil, melodías cortesía de ambas guitarras y un sonido envidiable abren paso para que Sebastián Jaque arremeta con los primeros versos que nos hablan de lo importante que es estar acompañados por nuestros cercanos a lo largo de la vida. De esta forma nos preparamos para que estalle uno de esos coros pegadizos que se cantan con el puño en alto: «Face it ‘till the end / leaving your fears behind / someone will guide your way out / Never forget, you’ll never be alone / angels will guide you back home!«. Por otra parte, sin brillar en demasía, la parte instrumental se las arregla para generar un gran matiz respecto a la velocidad de los primeros minutos, bajando un poco las revoluciones para las intervenciones del teclado y para un solo de guitarra del tipo «corto y preciso». Último estribillo y no quedan dudas que estamos frente a un temazo. ¡Gran inicio!

Sin ser una de las más destacadas, To Win es quizás una de las más interesantes de escuchar, debido a los constantes cambios de ritmo que te mantienen alerta en todo momento. Nuevamente Nicolás Sáez da el puntapié inicial con un sonido que de inmediato recuerda al trabajo que Jens Johansson ha hecho últimamente con Stratovarius. De aquí en adelante todo resulta impredecible. Se pueden encontrar mid-tempos, dobles bombos, sonidos espaciales, arreglos por doquier y un coro que cuenta con segundas voces que exclaman «Fall now, get to win, your move is the key!» marcando el fraseo para que luego se sume el vocalista. Riquísima en detalles, donde la banda muestra una cohesión y una precisión notable.

Seguimos con Star Over Again, canción que de buenas a primeras presenta muchos toques del AOR, pero esta impresión dura apenas un minuto puesto que la base rítmica compuesta por David Plaza y Mauro Silva (batería y bajo respectivamente) comanda las progresiones que le añaden la frescura necesaria. Prueba de ello es cuando Sebastián canta «…’cause you have to deserve, a new chance to rebuild your life / it’s time to start over again» durante el estribillo, ya que de fondo escuchamos esos pasajes powermetaleros con tonos reconfortantes y esperanzadores que cumplen su función a cabalidad. En tanto, Maximiliano Jaque y Jaime González no se quedan atrás, puesto que se «despachan» unos solos de muy buena factura coronando una gran sección instrumental. Rápidamente nos conectamos con Into the Oblivion, que básicamente nos habla del problema de la pobreza en la sociedad y de la falta de oportunidades que impide abandonar tal condición. Esto lo notamos en la entonación y en la interpretación del vocalista, que se encarga de darle sentido a versos tan potentes como «On this system overloaded / all are numbers, life is gone / you can’t feed your soul with credit / but your daily life remains undone«. Musicalmente volvemos al Power Metal de principio a fin, siendo un tema veloz y al hueso que permite que cada uno de los integrantes se luzca a su debido tiempo. Ojo con los arreglos de teclado y con las armonías de las guitarras.

La primera balada del álbum llega con Perhaps. Debo admitir que durante las primeras escuchas del LP se me hacía un poco monótona y con falta de lucidez, pero una vez que comencé a seguir la letra de cerca cada nota comenzó a tomar significado. Digo esto porque a más de alguno le harán eco frases como «If I had given you more / every time that you knocked / perhaps we’d be together here for so long, for so long«, que describen de manera perfecta los contratiempos de una relación en pareja. Por supuesto que los invito a leerla con detención. Mientras todo esto ocurre, nos topamos con los elementos que no pueden faltar en una canción de este tipo. Vale decir, encontramos una gran melodía, el cambio de intensidad al pasar del verso al coro y finalmente un outro que no se guarda nada mientras escuchamos las últimas palabras del cantante. Recordando que en este punto nos encontramos en la mitad del tracklist, a todas luces sirve como una pausa y como una transición de cara al resto de las composiciones.

Dreams of Freedom definitivamente es mi favorita. Para no ser redundante al momento de describirla, basta con decir que es Power hecho y derecho liderado por la excelente pegada de David Plaza. Es notable como va subiendo la tensión hasta que el coro explota exclamando «Dreaming, hopes and memories to recognize / I must be realized / Willing, to get my life back and get on track / in freedom my dreams will last«. En tanto, Mauro Silva destaca sobremanera en la parte instrumental con un pequeño solo de bajo, que sirve para terminar con un frontman inspiradísimo cantando en lo alto en lo que posiblemente es su mejor performance. A la vena y sin grandes pretensiones, ¡temazo!

Muy por el contrario, In Our Hands y A New Dawn representan lo que en líneas generales es esta segunda mitad del disco. Esto es dejar de lado un tanto las canciones rápidas para adentrarnos en un mid-tempo que requiere varias escuchas para sintonizar con él. Ciertamente quedamos con gusto a poco puesto que varios pasajes se sienten faltos de potencia e intensidad. Eso sí, no podemos dejar de destacar las constantes melodías y la cohesión que nos proveen las guitarras. Por otra parte, otro detalle que no se puede pasar por alto es la profundidad en la temática de las líricas. La primera nos habla de la conciencia sobre el daño a nuestro planeta y cómo está en nosotros ser un agente de cambio, mientras que la segunda relata el vacío que sienten dos personas que se aman, pero que al encontrarse descubren que «son mucho más que cada una por sí sola«.

Lost Innocence cuenta con la participación de la cantante nacional Caterina Nix (Chaos Magic) que comparte algunos versos junto a Sebastián Jaque. Prácticamente ellos llevan todo el tema ya que musicalmente se remite solo a la ambientación del teclado junto a algunos arreglos orquestales para posteriormente escuchar un correcto solo de guitarra. Muy personalmente me parece un punto bajo dentro de lo ya escuchado puesto que no puedo dejar de pensar que con un poco más de fuerza e ímpetu podríamos estar hablando de una gran composición. Por suerte The March of the Fallen logra cerrar el LP de gran forma. Es la más extensa y básicamente es un resumen de todas sus predecesoras. Por supuesto que encontrarán dobles bombos, las pausas necesarias en cada estrofa, teclados «espaciales», un excelente trabajo de guitarras y una notable interpretación vocal. Si le sumamos el hecho de que la letra no se queda atrás hablándonos de «Como aquellos que creen y luchan por sus sueños, ven que en el camino dejan de estar algunos rostros, otros nuevos se incluyen, e incluso a veces reaparecen a medida que pasa el tiempo» (descripción que la misma agrupación provee a sus fanáticos en su página web), el resultado es arrollador. Para finalizar, el outro da a entender que la banda dio todo de sí, poniendo el broche de oro mientras corean «En la eternidad nos llevan a empezar, destinos por cruzar, nos llevan a empezar«.

Desde luego que lo primero a destacar una vez concluido este trabajo, es la pulcritud alcanzada instrumentalmente hablando, ya que cada canción es interpretada de manera impecable con un sonido y un nivel de producción más que plausible. Punto aparte es el concepto y el mensaje entregado en cada una de las piezas, se nota y se agradece la dedicación en este punto. Ahora bien, sumando y restando, obviamente los aspectos positivos predominan de principio a fin, pero no deja de ser cierto que algunos de los últimos tracks dejan esa sensación de que «algo les faltó» y que por algunos momentos no logran adaptarse a la mejor faceta de Triboulet. Entendiendo que esto último responde absolutamente a apreciaciones personales y que está demás decir que en ningún momento se logra opacar el gran nivel de composición, indudablemente estamos frente a un comienzo prometedor para los santiaguinos. ¡Esperamos verlos prontamente en vivo y en directo!

 

 

Hace poco mencionábamos cómo el 2015 nos regaló tremendas obras del Metal nacional y que además para este año ya venían anunciadas importantes placas. Pero para cuando escribimos eso ni siquiera teníamos conocimiento que a la vuelta de la esquina se encontraba el, me atrevo a decir, debut del año. Todos sabemos lo difícil que es hacer música en Chile, especialmente Metal, donde el orgullo de lanzar un material tiene que luchar con sustentarse porque, afrontémoslo, el chileno no es tan bueno para pagar por música como para descargarla gratis.

En este sentido, después de siete años de existencia en los circuitos metaleros de Chillán y tras dos años de trabajo y esfuerzo grabando, produciendo y masterizando su primer largaduración, los muchachos de Sanguinius Terra nos dan el placer de conocer todo su talento compositivo y ejecutivo en los tracks que conforman su ansiado debut «Tierra Ansiada«, una mezcla maravillosa de melodía, potencia, rabia y, sobre todo, Power Metal, con un sonido muy a lo español, recordando un poco a WarCry, pero definitivamente original y autóctono, incluyendo una de las características que considero más importante por la dificultad que suele significar: todas las letras son en español. De hecho, como adelanto la semana recién pasada nos entregaron el videoclip de su primer single, el que puedes revisar aquí.

Entrando ya en lo que nos convoca, todo inicia con una mágica introducción instrumental como lo es Xe-nn Mer čonn, la que en poco más de un minuto y medio nos lleva a pasear a un mundo que pareciera estarse sumiendo en una guerra, no es difícil imaginarse un mundo que mezcla algo de La Historia Sin Fin con El Señor de los Anillos al escuchar esta introducción, con una excelente instrumentalización orquestada que desde el principio nos dice que esto será Power Metal del más puro, recordando pasajes de los discos más queridos de Rhapsody, por ejemplo.

Entonces, de golpe, Lluvia Astral, primer single del disco, nos patea el cráneo con un tremendo y pesado riff que nos abre las puertas a un mundo mágico, donde todo pareciera estarse cayendo a pedazos y el profeta nos recuerda que él ya nos alertó al respecto y ofrece una última oportunidad. La batería de Fabián San Martín desde el minuto uno mantiene una potencia con el doble bombo que no se pierde en ninguno de los pasajes del tema, dándole un dinamismo exquisito al track, lo que encima es apoyado magistralmente por las guitarras de Sebastián Espinoza y Lucas Riquelme, quienes demuestran todo su virtuosismo a lo largo de este tema sólo dándonos un adelanto de lo que será el disco. De hecho, los quiebres rítmicos en este primer track son como una analogía de lo que a la larga será el disco completo.

Con un riff en fade hace su aparición la genialísima Arrastrando Cadenas, donde el protagonista de esta historia deja en claro que absolutamente nada lo detendrá en su lucha, que si es necesario mantenerse arrastrando las cadenas entre esta y la otra vida, así será hasta que llegue a su encuentro con Caronte. Acá se escucha la veta más progresiva de estos muchachos, con solos de guitarra y de teclados donde definitivamente Juan Espinoza se luce con la ambientación lograda y con su lucha contra las guitarras a la hora de los solos, siempre acompañados con la más que correcta presencia de Diego Gómez en las cuatro cuerdas, quien junto a San Martín mantienen una base rítmica tremenda, aprovechando también de lucirse en ocasiones por sí solo.

Cuando todo se detiene un momento después del track anterior, nos encontramos con un interludio magistral, Lamento En Do M inicia sólo con una «conversación» entre el piano y la guitarra, en una especie de murmullo, de queja, que le da paso a un grito de rabia, a un lamento con mucha más fuerza donde los sonidos se conjugan en una orquestación poderosa que permite encontrarse en una posición miserable, sentir lo que en la historia se siente y comprender lo que se está contando, logrando ser tremenda introducción para la maravilla que vendrá después.

En una lamentación que recuerda algunos clásicos de Mägo de Oz, sobre una guitarra triste y una ambientación igual lograda por el teclado aparece la voz de Felipe González luciendo un tono más dramático que en los tracks anteriores donde se lució todo el tiempo con su potencia, acá nos regalan este pasaje que a los pocos segundos quiebra bruscamente a un track de puro Power Metal, con una base rítmica galopante que da paso a una nueva lucha entre las guitarras que termina en un armónico entre las dos. Un grito de guerra por el artífice perdido, el maestro perdido, ese que se pierde en el largo camino de una lucha que no siempre llega a buen fin, así, encontramos un tema altamente variable, con pasajes agresivos y pasajes tranquilos que mantienen una estructura que no dejarán a nadie indiferente y del que nadie se podría aburrir.

Entonces se nos deja caer la canción más Heavy Metal y cargada de agresividad del disco, Artista de la Sangre, que abre con un riff agresivo y una batería en doble bombo entrecortado, para dar paso al ritmo final que mantendrá como estructura general este tema. Las guitarras parecieran incluso sonar en tonos más bajos. logrando crear, sin necesidad de mucha orquestación ni intromisión del teclado, un ambiente altamente miserable, logrando ver a ese artista mientras González te cuenta la historia de ese que se esconde detrás una cruz y una biblia para satisfacer su sed de sangre, castigando en el alcohol a alguien ya marchito por su crueldad. Podría decirse que éste es el tema más vertiginoso de la placa, con pocos momentos lentos y muy cargado a la agresividad, esa reacción de rabia que te produce conocer historias como ésta, simplemente otra demostración de lo tremendo que son estos muchachos a la hora de componer.

Volvemos al Power Metal pero sin dejar esa veta de Heavy Metal que nos regalaron en la pieza anterior, las guitarras nos dan la bienvenida a Ya No Habrá Dolor, una especie de midtempo acelerada y pesada, con una tremenda base rítmica donde, además, Gómez se luce tremendamente en las cuatro cuerdas, acá se nos cuenta una historia de hadas y reyes vista desde la conversación entre padre e hijo, observando una realidad totalmente adversa la que fácilmente puede entrecruzarse con los peores años de nuestra historia chilena, cuando a veces en las calles se escuchaba un poco de ruido y muchos no volvían a sus casas, lo que logra que en la parte de los solos, donde el tema toma mayor velocidad, a la vez exprese sin mayor problemas mucha más agresividad. Una voz mucho más rasgada de González ayuda tremendamente a percibir esta atmósfera, donde, encima, no sólo utiliza esta voz sino que se da el lujo de ser ambos interlocutores, mostrando que está para cosas gigantes este muchacho.

Un minuto más de interludio nos trae Mhen, que comienza sólo con el piano para luego llevarnos a unos sonidos que parecieran recordar el «Imaginaerum» de Nightwish, creando una atmósfera de tristeza y nostalgia que, a la vez, deja ver importantes atisbos de esperanza respecto al futuro, a diferencia del interludio anterior, en esta oportunidad sólo Espinoza trabaja llevando a cualquiera a posicionarse en medio de esta historia y observar, con sentimientos encontrados, lo que se viene por delante.

Así hace su entrada la penúltima pieza de esta obra, la homónima Tierra Ansiada, la que comienza con un riff que recuerda un poco al Hard Rock que viene cultivando hace un rato la Metal Opera Avantasia, pero que casi inmediatamente se deja atrás para evitar cualquier comparación, dándole el paso a un tremendo Power Metal en el que no es difícil recordar algunos pasajes de Symphony X, pero ojo, con esto hablamos de una clara influencia, no de una copia ni algo más, porque estos chillanejos lograron encontrar un sonido propio para su debut, algo que no es fácil de lograr. Con un ritmo que se mantiene en un principio con un estilo oriental esta pieza se lanza al ataque con una tremenda velocidad, permitiendo además muchos pasajes instrumentales donde Espinoza tiene espacio de lucirse, con un González lanzado a contar el fin de esta historia, pidiendo a ese triste resplandor que se ve que lo acabe todo ya, manteniendo los quiebres rítmicos y los cambios de «escenarios» a los que nos acostumbraron a lo largo del disco, logrando una pieza magistral donde todos tienen la oportunidad de lucir su talento y habilidad, terminando con el ritmo oriental que abrió el track y llegamos al final.

Nos despide de esta placa Sendas del Adiós, una balada de fuertísimo contenido emocional en sus líricas, abriendo con piano y violín, siguiendo con guitarras en son de tonada folclórica acompañadas por los violines de Espinoza y sus teclados, donde González simplemente se luce demostrando el tremendo talento que tiene para entregar, con nuestro protagonista lamentándose el poco tiempo que le queda para morir bien. El ambiente que se logra es considerablemente melancólico, hacia la mitad aparecen además flautas que acompañan el final de este viaje sonoro logrando que nos compadezcamos de aquel que no quiere irse con la muerte que ya lo llama. Compositivamente podríamos decir que es una pieza altamente sencilla en comparación al resto de la placa, pero nadie podría negar que logra su objetivo y cierra de manera magistral este disco.

Estuve durante toda la semana escuchando el disco y en ningún momento me aburrí, es como una inyección de energía en su dosis justa que, además, te baja todas las revoluciones antes de terminar, provocando que no quedes con gusto a poco ni reclamando por más. Es sin lugar a dudas la dosis precisa de Sanguinius Terra, estos muchachos del sur de Chile que por fin logran debutar, con un larga duración de cuarenta minutos que nos lleva por un tremendo viaje sonoro y emocional, donde las guitarras de Lucas Riquelme y Sebastián Espinoza demuestran tener un tremendo futuro, el bajo de Diego Gómez realiza un tremendo trabajo y logrando en ocasiones ser el protagonista de las canciones, además del magnífico trabajo de Fabián San Martín en la batería que en más de una ocasión se luce junto a los teclados de Juan Espinoza, además del tremendísimo trabajo vocal de Felipe González que se luce con un muy amplio registro y jugando a distintas voces, demostrando todo su potencial.

Una placa de diez temas, donde en la composición participó casi toda la banda en uno u otro tema, algo no muy común pero que acá arroja un tremendo resultado como lo es «Tierra Ansiada«, la que ya se encuentra a la venta en formato digital desde el 05 de Agosto y de la que pronto podremos disfrutar, además, la edición física. Esta tremenda obra es, según mi opinión, la revelación del Metal nacional y, quizás incluso, lo mejor en el Power Metal chileno del 2016, es recomendable por donde se escuche y sin lugar a dudas es un tremendo puntapié inicial para estos muchachos que ojalá puedan sobrevivir contra la máquina de este mundo y seguir produciendo material porque sin dudas lo merecen. Claro que para que lo logren es importante que recordemos apoyar a músicos como estos chillanejos comprando su material, especialmente cuando lo merecen por hacer buena música. Esperamos escucharlos por mucho tiempo más y pronto poder escucharlos en vivo para seguir en ruta hacia esa tierra ansiada.

 

 

Desde nuestro querido Valparaíso nos llega el debut discográfico de una banda que, si bien ya tiene años de circo, comienza a dar sus primeros grandes pasos en la escena nacional gracias al lanzamiento del registro que aquí nos convoca.

Umvral está compuesto por Ricardo Curaqueo en la voz, Pablo Rivas en el bajo, Sebastián Lago a cargo de la guitarra, Rodrigo Neira en las teclas y Pablo Calbiague azotando las baquetas. Los oriundos del puerto principal nos presentan “Trascendencia”, un disco marcado por sus propias vivencias, con temáticas relevantes y que marca una etapa en la vida de la banda, tanto dentro como fuera del ámbito musical. Un disco, por lo tanto, trascendente, en palabras de la propia banda. De ahí el nombre de la placa que revisamos a continuación.

Una secuencia de sonidos modernos da inicio a Lobos de Fuego, tema que abre el debut discográfico de Umvral. A primera escucha sorprende y captura de inmediato la atención del oyente por lo particular que suena esta propuesta inicial: un teclado predominante sobre una acelerada base rítmica empapada de elementos electrónicos que acompañan acompañan una voz lúgubre y solemne, consolidando una mezcla que se aleja de los cánones típicos del Heavy Metal. Sin embargo a medida que el tema avanza se van encontrando elementos familiares que robustecen el tema y le dan forma, con potentes riffs de guitarra, un coro atrapante con un correcto trabajo en las voces, pues aun cuando el registro vocal de Ricardo Curaqueo no es particularmente virtuoso, sabe cómo sacarle provecho a su interpretación a través de buenas entonaciones y armonizaciones. A nivel de ejecución el tema es impecable, con un gran trabajo de cada uno de los intérpretes de la banda. Lobos de fuego es un tema de estructura sencilla que recuerda trabajos provenientes de la lejana Finlandia, aunque con una sonoridad propia y particular, quizá muy moderna y/o electrónica para muchos, pero sin duda es un tema interesante, en una jugada arriesgada de la banda al situarla como opening track del disco.

Los sonidos espaciales del teclado a cargo de Rodrigo Neira nos dan la bienvenida a El Cementerio. Si la primera canción era de corte innovador, esta es puro Power Metal de la escuela europea. Una estructura archiconocida pero que resulta efectiva a la hora de engancharnos, con un teclado protagonista y encargado de llevar la melodía principal, guitarras y base rítmica marcando una cadencia ágil pero con cortes y sucesiones que dan dinamismo a la canción y un coro enérgico y que atrapa. La fórmula funciona sin sobresaltos en esta canción, que recuerda a los también nacionales Fireland y Astral Lied, gracias al sonido ortodoxo y bien elaborado que se viene cultivando hace ya casi dos décadas en la escena.

Los baquetazos de Pablo Calbiague dan comienzo a Dime, un tema mid-tempo que parece bajar las revoluciones del disco, pero que muestra una interesante mixtura de sonidos, pues dentro de una rítmica reposada, pasa por distintas emociones, comenzando con un relato sentimental que va ganando fuerza con un coro motivante que desemboca en un riff oscuro, grave y desafiante, consolidando un tema muy bien logrado que se pasea por distintas emociones que recorren un hilo conductor dinámico y coherente a la vez. Si bien es cierto el tema funciona y destaca dentro del disco, creo que con una mezcla más potente el tema ganaría mucho, dado que en algunos pasajes los riffs de Sebastián suenan algo opacos, mientras que la voz de Curaqueo suena un poco plana.  Me parece que con guitarras más brillantes y una entonación más aguerrida el resultado de la canción sería aun mucho mejor.

El cuarto tema de “Trascendencia” es Ojos Rojos, y esta vez es Pablo Rivas el encargado de comenzar el tema con un riff denso que define el semblante de esta canción, que se aleja de todo atisbo de felicidad y nos sumerge en una atmósfera más lúgubre, algo oriental, con una correcta coherencia entre lo que dice la lírica y el sentimiento que nos transmite la música. Interesante los arreglos de batería que nos entrega Pablo Calbiague a lo largo de las estrofas y la aceleración rotunda que experimenta el tema hacia el solo comandado por Rodrigo Neira, entregándonos un remezón perfecto antes de enfrentar el coro final que cierra este interesante track.

Los ritmos mid-tempo siguen con Angel & Luz, en un corte que coquetea con el Hard Rock más que con el Power Metal,  en donde el protagonismo recae en el señor Curaqueo, quien acompañado de efectos de distorsión de voz y el incesante teclado de Rodrigo propone un canto más sentido y apasionado, lo cual se hace necesario y se agradece en este tipo de canciones cercanas al concepto de Power Ballad que muchos gustan utilizar. Es uno de los temas más «redonditos» que se encuentran en la placa, el mensaje es claro, la interpretación es elegante y es de fácil escucha, sin embargo diría tiene una sola falencia: ¡es demasiado corto! Yo creo que nadie se hubiera enojado si después del muy buen solo de guitarra hubieran agregado una estrofa o repetido el coro para seguir disfrutando de uno de los mejores temas de “Trascendencia”.

Y del Hard Rock nos pasamos al Power Metal nuevamente con Tu Mismo Infierno, sexto tema de la placa. Aquí Umvral nos trae un vendaval que arremete con todo y muestra una faceta más directa de la banda, entregándonos el tema más ganchero del disco. No hay mayores concesiones ni pretensiones, es un tema melódico pero agresivo, con guitarras más afiladas y protagonistas que en temas anteriores, lo cual se agradece muchísmo. Apostaría que este tema con aires a Masterplan será el favorito de la placa para muchos.

Fuego en el Cielo baja las revoluciones nuevamente, siendo este tema el más pausado y «romanticón» del disco. Notable es el trabajo de Neira en los pianos y arreglos que llenan de elegancia el tema, lo que podríamos etiquetar como el Cielo de la canción, y luego Rivas y Calbiague ponen de Fuego la canción con la potente base rítmica que van dibujando hacia el final de esta bella composición. El sonido de las guitarras también destaca por sobre otros temas, y las sólidas armonizaciones vocales de Curaqueo contribuyen a consolidar uno de los buenos temas del disco.

El penúltimo tema del disco es Fortuna, otro corte extraído directamente de la Scandinavian School of Power Metal (?). Hablando en serio, Fortuna es ¡un temazo! Tiene todos los elementos que nos deleitan del estilo: Es un tema rápido, con cortes de ritmo que dan potencia a la canción, una voz aguerrida, adornos de teclado justos y necesarios, riffs potentes y un solo de guitarra como debe ser. No hay muchas más palabras para este temón.

Finalmente, el tema encargado de dar cierre al disco es Petroushka, una composición de nada más y nada menos que 11:30 minutos de duración, que se divide en cinco movimientos: Epitafio, Lazos, Ríos de historia, Petroushka y Memorias. El tema resume muy bien la esencia de la banda, contiene todos los elementos que se descubren a medida que uno va escuchando el disco. Más allá de lo propiamente musical, es un tema que se percibe con mucha fuerza, muy honesto y con mucho feeling… no sabría decir exactamente por qué, simplemente se percibe, lo cual es magnífico. Y desde el punto de vista interpretativo, es de lo más técnico y más potente que se encuentra en “Trascendencia”, tema que se pasea cómodamente entre pasajes furiosos de doble pedal resonante, suaves melodías a cargo del piano, cambios de ritmo, pasajes recitados,  voces camufladas entre efectos electrónicos y un sinfín de elementos que componen una pieza que, como dijimos al principio, resume perfecto el espíritu de UMVRAL y busca consolidar ese sello e identidad que cada banda anhela encontrar.

“Trascendencia” es un debut alentador que se percibe honesto, profesional y gratamente original. Puntos a mejorar no hay demasiados, diría que la producción admite mejoras en lo que respecta al sonido de las guitarras que no es uniforme en todo el disco y carece de brillo en algunos pasajes, mientras que a nivel interpretativo, aun cuando en general el trabajo es muy bueno, queda la sensación que Pablo Calbiague hace un correcto trabajo en la base rítmica pero que tranquilamente puede lucirse más en los tarros por las condiciones que tiene, mientras que Curaqueo puede sacarle más partido a su voz imprimiendo más pasión al canto en pasajes donde suena un tanto plano.

Al final del día, sumando y restando, el balance es alargadamente positivo. Puede gustar o no, pero es destacable e innegable que estos chicos están buscando un sello, una marca de agua, una identidad que permita identificarlos cada vez que suene su música, y a juzgar por esta entrega, lo están logrando. Después de darle muchas vueltas al disco, las influencias y comparaciones comienzan a disiparse, y el sello de Umvral se adueña de nuestros sentidos, percibiendo esta propuesta como una obra particular, distinguible y original. Estoy seguro que más de alguien se verá gratamente sorprendido por la indiscutible calidad de este prometedor lanzamiento. Pulgares para arriba para Umvral, otro buen exponente de la camada nacional de Power Metal. Esperamos que sigan componiendo y entregándonos más de su música en el futuro, porque pasta y talento tienen de sobra.

 

 

El Metal nacional sigue produciendo, quizás no a un ritmo tan acelerado como el segundo semestre de 2015, pero se sigue lanzando material de diversa calidad y, prácticamente, para todos los gustos, de hecho, este año ya se han lanzado algunas nuevas placas y otras ya están anunciadas para los meses que vienen y es que la capacidad creativa por estas tierras por fin se está encontrando con un poco más de oportunidades, incluso gracias a la ayuda de las plataformas digitales.

En este caso, por varias razones, se nos venía quedando en el tintero el trabajo que durante el 2015 lanzó el cuarteto porteño Burning Dusk, en un estilo que en Chile no es tan cultivado como otros: hablamos del Death Metal melódico que grandes exponentes como In Flames, Arch Enemy y Dark Tranquillity hicieron famoso a mediados de la década de 1990 y que en nuestro terruño ha tenido sus exponentes también como A Hope Of Life, Vardager y Darkemist entre otros, algunos con más éxito que otros y no precisamente por diferencias de talento. Pero vamos a lo nuestro.

Desde las costas del bohemio Valparaíso nos llega el primer LP de Burning Dusk, un hito especialmente importante para estos muchachos si consideramos que como banda nacen en 1999 y tuvieron un receso entre el 2004 y el 2007, habiendo logrado lanzar hasta la fecha sólo un EP, «Shameful Angel» (2002), un claro ejemplo de lo difícil que es grabar y lanzar material en Chile, por eso «Scavenger Of Light» (2015) termina siendo un hito en la carrera de la banda.

Todo esto comienza con una intro instrumental homónima al disco. Scavenger Of Light abre con un sonido que nos hace ver dentro de una sala de hospital con equipamiento sonando hasta que, claramente, la vida se va con el acompañamiento de un piano que en menos de un minuto le da el paso a Deadbed, el lugar donde nuestro amigo de la intro dejó de existir se convierte ahora en el primer tema del disco, acá de inmediato se aprecia el gran problema del disco y que, obviamente, no es culpa de la banda: su producción. Desgraciadamente la calidad no permite apreciar clara y cómodamente la voz de Andrés Arancibia, complicando un poco seguir la línea lírica.

Posteriormente encontramos el single que lanzaron durante Diciembre para promocionar el disco a través de un lyric video, Pariah Generation, un tema que suena más agresivo que su predecesor con guitarras bien afiatadas entre ellas que logran producir ambientes de miseria importante cuando hablamos de esta generación alienada, con buenos pasajes instrumentales pero líneas líricas algo monótonas, que en ocasiones incomodan un poco, donde si bien el bajo de Arancibia se alza casi como un invitado, logra un poco más de protagonismo en sus apariciones, aunque sean pasajes muy específicos.

Off The Hook arranca con un tremendo riff de entrada que le da paso a un cuerpo instrumental muy parecido al anterior, con buenas variaciones de tiempo y pasajes que parecieran recordar al «Heartwork» de los tremendos Carcass, pero que queda en eso, un vago recuerdo de esos pasajes manteniendo su originalidad en la composición, lo que trae de nuevo la monotonía, que se entienda, no es mal tema ni mal disco, pero en ocasiones se siente algo carente de variantes en las líneas instrumentales y líricas que provocan cierta incomodidad escuchándolo.

Luego, con un poco más de velocidad y un ritmo bastante más particular que en los temas anteriores llega Cursed, un punto realmente alto en el disco, un tremendo trabajo vocal acompañado con guitarras variantes y violentas, un tremendo pasaje instrumental en el coro donde Javier Pérez y Erick Grawe demuestran que están para grandes cosas, a la vez que los tarros muestran mucho mayor juego de lo mostrado hasta ahora, permitiendo que Christian Glavich se luzca más en la batería. Si bien la línea lírica mantiene un nivel parejo casi monótono, se siente otra vibra, una intención de motivar y movilizar más que en las pistas anteriores, un tremendo tema que, en mi opinión, levanta de un golpe una producción que venía un poco al debe.

Una excelente intro abre Restless, una pieza que mantiene el nivel demostrado en la pieza anterior, pero que, encima, cuenta con un tremendo solo de guitarra que recuerda mucho a los que nos tiene acostumbrado Arch Enemy, realmente los que más se lucen a lo largo de la placa son ambas guitarras, mostrando que tienen la capacidad de hacer cosas grandes y llegar lejos, un tema que claramente no se cansa aun sin tener descanso escapando de la bruma ardiendo, una pieza que junto a la anterior nos permiten disfrutar más de esta placa.

En la vena más agresiva salta a nuestros oídos Hell To Pay, donde podemos escuchar el mejor trabajo vocal de Arancibia y un excelente trabajo en la composición de las líneas líricas, presentando un ritmo que comienza tremendamente bien para volver a caer en la monotonía en algunos pasajes. Sin embargo, pareciera que notaran que te podrías estar aburriendo para golpear inmediatamente con un quiebre rítmico que despierta a cualquiera, siendo uno de los mejores pasajes de esta pieza. Debo decir que llama altamente la atención la calidad del sonido de la batería, hay puntos en que incluso pareciera ser una batería programada, lo que también le quita un poco de gusto a la placa, aunque por otra parte, es en este track donde precisamente más se luce el bajo de Andrés Arancibia, contrapesando un poco lo que mencionamos respecto a cierta incomodidad.

Deadly Companion comienza intempestivamente preparándote para un tremendo tema de Death para nuevamente caer en la monotonía. En este tema se da una situación bastante clara donde la potencia y agresividad del tema se mantiene en todos los pasajes instrumentales y desaparece con la aparición de las líneas líricas, un detalle que decepciona un poco porque se logra sentir el potencial de la placa y de la banda en general, pero en definitiva logran sólo un buen material cuando podrían lograr algo realmente tremendo.

Terminamos este corto Larga Duración con el tema más tradicional, no obstante atravesado por un poco de Deathcore, Merrick, con un ritmo constante pero que afortunadamente carece de esa monotonía que tan presente se mantiene a lo largo del disco, donde nuevamente las guitarras de Pérez y Grawe demuestran mucho de su potencial que aún pueden explotar mucho más, es uno de los temas que más hace esperar una próxima placa, atreviéndose a utilizar una voz narradora en medio de una pieza instrumental que recuerda un poco a El Azote de los también nacionales Criminal, dejando en claro lo que ya he dicho anteriormente, tienen mucho potencial para lograr algo bueno, pero pareciera que la ansiedad de poder sacar al mundo su primer larga duración después de tantos años y la angustia de hacerlo de manera independiente les jugó una pasada algo errática, logrando un tremendo final de disco con un fade out preciso.

Debo decir que el disco lo disfruté mucho menos lo que me hubiera gustado, no es un mal disco, pero comete algunos pecados que dejan de manifiesto que a la banda aún le falta camino por recorrer. Insistimos: esto no quiero decir que sean una mala banda o sea un mal disco, pero sí que le faltó quizás disfrutar más lo que estaban haciendo y proyectarlo mejor, y no tratar de hacerlo necesariamente perfecto. Igualmente, es notorio que esta banda es de las que no la ha tenido tan fácil, considerando sus años de existencia.

En definitiva, Burning Dusk nos regala un material de ocho tracks con tres claramente superiores al resto y los demás un poco más discutibles, pero que al final del día logran un buen producto donde tienen un tremendo enemigo según yo, la producción. Desgraciadamente ese es un problema que en Chile es difícil de solucionar por los costos que significa, pero que soy capaz de apostar que para la próxima entrega de estos muchachos van a haber podido solucionar, madurando su composición tanto instrumental como lírica y logrando que un cuarteto del puerto, tras años de lucha por el Metal, salgan a luchar quemando con su bruma.

Tras la salida de Victor Smolski y André Hilgers, el presente de Rage bajo ninguna circunstancia resultaba alentador. Si bien a lo largo de toda su historia son innumerables los músicos que han pasado entre sus filas, no deja de ser cierto que esta última formación parecía a todas luces gozar de buena salud. Tanto así, que el 2011 recibimos la primera visita de los germanos a nuestro país en una noche épica que dejó con gusto a poco a aquellos que esperaron décadas para que algo así ocurriera.

Por suerte esa institución llamada Peter «Peavy» Wagner no iba a dejar que el trabajo de toda una vida quedara en el aire y prontamente declaró que la banda seguiría contra viento y marea, anunciando así a los nuevos integrantes que tomarían sus funciones lo más rápido posible. Los elegidos fueron el guitarrista venezolano Marcos Rodríguez (Soundchaser) y el baterista griego Vassilios «Lucky» Maniatopoulos (Tri State Corner). Ahora bien, en este punto surge la principal interrogante de cara a este «The Devil Strikes Again«: a estas alturas del partido, considerando el extenso catálogo y los años de carretera de Rage, ¿podrán sorprendernos en este «reinicio» de la banda?. Digo esto porque a pesar de que para muchos los elegidos en esta nueva alineación resultan ser completamente desconocidos (sin desmerecerlos, desde luego), prácticamente uno da por hecho que son buenos músicos y que su ejecución será intachable. Pero muchas veces eso no basta. La cohesión, la complicidad y el sentimiento de pertenecer a una agrupación como tal son absolutamente determinantes a la hora de presentar un álbum.

Un golpe efectista resulta ser la carátula del LP. Una calavera de un macho cabrío rodeada de gusanos que sin duda logra llamar la atención por más que sea considerada una imagen absolutamente cliché. Sobria y al hueso.

Partimos entonces con The Devil Strikes Again, que es uno de esos opening track que derechamente te dejan sin aliento. Al ser la primera canción del disco, resulta ser una prueba de fuego de cara a lo que escucharemos, y vaya que logran llamar la atención puesto que es imposible no recordar la vieja escuela con ese riff agresivo, filoso y lleno de ira cortesía de Marcos Rodríguez, quien por lo demás posteriormente comanda una sección instrumental más que interesante. Lucky no le pierde pisada, ya que gracias a su pegada rápidamente pasamos a un tema «cañero» que es totalmente efectivo. Peavy en tanto no se guarda nada respecto a su interpretación desde la primera frase, mostrándose muy enérgico y con un empuje envidiable, lo cual no hace otra cosa que aumentar la tensión hasta llegar a un coro perfectamente logrado, hecho especialmente para cantarlo con el puño en alto y con el headbanging respectivo: «Hell, what a night / now the devil strikes again / faster than light, back into my life!». No pudimos arrancar de mejor forma, ¡temazo!.

Bajamos un poco las revoluciones con My Way. La canción básicamente mantiene un ritmo firme y denso donde el baterista demuestra toda su potencia sin grandes pretensiones. Tras la intro se produce un quiebre acústico que evita la monotonía dando paso a que entre la voz con un fraseo más rasgado e intenso. Llegando al estribillo, escuchamos con más claridad las segundas voces de Marcos, que particularmente tiene un tono más alto que el de Peavy, generando un matiz bastante llamativo cuando cantan al unísono «…just my way / It’s my final call / it’s heaven or hell!». Pegajosa, precisa y llena de fuerza. Muy bien escogida como single.

Back on Track abre con un riff vertiginoso a cargo del venezolano, que digámoslo, a estas alturas ya se lleva todos los aplausos con sus intervenciones. Sin dejar de lado la senda del Speed Metal a la vena, esta composición en líneas generales mantiene un tono más reconfortante y esperanzador plasmado en la lírica que resulta ser toda una declaración de principios. Por supuesto, lo anterior en ningún caso le resta potencia a lo ya escuchado. Además, cuenta con otro quiebre acústico que se transforma en una especie de sing-along que sin dudas está pensando para interpretarlo en vivo en conjunto con la audiencia. Finalmente, suma atención con el outro, que es coronado a la perfección con un excelente solo de guitarra terminado el último estribillo.

La primera vez que escuché The Final Curtain me pareció una baja considerable en relación a sus predecesoras. No quedándome con la primera impresión decidí darle varias oportunidades junto al aumento número de escuchas del álbum y sinceramente no hubo caso. No es un mal tema, pero probablemente los tracks anteriores le juegan una mala pasada ya que es considerablemente más lenta y más sobria en su ejecución. Sin ser tan tajante, de todas maneras hay que destacar toda la sección instrumental y los constantes cambios de tiempo de Lucky Maniatopoulos.

La dupla conformada por War y Ocean Full of Tears traen de vuelta el concepto implantado en este disco. Ambas muestran la mejor faceta de la banda, donde la cohesión lograda es más que plausible. La primera parte como un hachazo de aquellos donde el doble bombo machaca todo a su haber. Posteriormente nos movemos hacia pasajes más calmados con buenos arreglos de guitarra, que ayudan a que Peavy logre una interpretación mucho más sentida. Es así como poco a poco se comienza a formar otro tema marca registrada que da paso a un coro muy melódico pero no carente de la fuerza que los caracteriza. De forma similar la segunda va variando entre partes mid-tempo y otras más veloces que dan como resultado una pieza que suda Heavy Metal clásico por los poros. Nuevamente no se pueden pasar por alto las intervenciones de Marco en cada verso y las segundas voces que van tomando protagonismo tras la voz del frontman.

De lleno en la segunda mitad del disco, Deaf, Dumb and Blind es otra de las canciones más genéricas del álbum que de alguna forma se las arregla para destacar por sobre el resto, resultando un gran aporte dentro del tracklist. Lucky es el encargado de llevar la batuta con unos beats y un trabajo de pies más que interesantes a lo largo de los cuatro minutos de duración. Por su parte, Marcos -como ya se ha hecho costumbre- se despacha un muy buen solo, mientras el resto de la banda sigue con el huracán de fondo. Tras esto, es imposible no imaginar lo bien que funcionarán las exclamaciones de «Deaf! / Dumb! / and blind!» en vivo.

Spirits of the Night te lleva de vuelta a los años 90’s desde el primer acorde. La transición entre la intro y el primero verso es simplemente espectacular. De un mid-tempo de Heavy clásico en su más puro estado, pasamos a esos riffs más callejeros y agresivos, donde tras un redoble simple, súbitamente Peavy comienza a cantar «Face of horror, walls of death / the depths in our mind…». Seguimos a tranco firme hasta que estalla el estribillo con un doble bombo incesante, que más que seguro quedará dando vueltas en la cabeza de muchos de forma inmediata: «The spirits of the night live on and on / the visions of that dream, it won’t be gone». Luego se produce un quiebre en la batería donde el headbanging no se hace esperar, situándonos en pasajes que fácilmente son los mejores instrumentalmente hablando de todo el LP. Simplemente una de las más notables, lo demás sería redundar.

Como su nombre lo indica, Time of Darkness justamente resulta ser una de las más oscuras y lúgubres de todas. Si bien mantiene el sonido esencial de «The Devil Strikes Again» -esta vez implantado con más lentitud-, por momentos resulta monótona y con falta de inspiración. Totalmente opuesta es la última canción de este trabajo, ya que The Dark Side of the Sun trae de vuelta el vértigo y la rapidez en lo que es la composición más extensa de la placa. No deja de llamar la atención como en los versos Marcos es capaz de poner la pausa a las partes más «cañeras» cada vez que Peavy comienza una frase. Luego, en el puente escuchamos melodías propias del Medio Oriente para seguir con la calma en el coro. Poco y nada dura en todo caso, ya que prontamente volvemos al Speed con todas sus letras. En la parte instrumental la base rítmica destaca de sobremanera con una coordinación perfecta que abre paso a las últimas palabras del frontman. Para despedirse, el outro está hecho para enmarcarlo y recordar que Rage lo hizo de nuevo.

Así no más. Diez canciones en las que Peavy y compañía demuestran que pueden seguir dando cátedra sin importar el paso de los años, gracias a momentos que recuerdan las mejores épocas de la agrupación pero sin dejar de lado la frescura y la renovación necesaria. Realmente da gusto cómo logran sonar como una banda hecha y derecha ya que las intenciones quedaron claras desde el primer acorde y mantuvieron firme su postura a lo largo de cada pieza musical. Para disfrutar con confianza, y por supuesto esperar a que vuelvan por estas tierras lo más pronto posible. ¡Aguante Rage!.

 

 

Una vez más nos vamos a Alemania para revisar un disco que viene a enaltecer a la banda Mob Rules, agrupación con una larga trayectoria, que tras su último trabajo “Cannibal Nation” ya nos dejaban claro el salto cualitativo que logró con el paso del tiempo. Con Klaus Dirks a la cabeza, llega a nuestros oídos su nueva placa, “Tales From Beyond”, un título sugerente para ver que historias y sonidos del más allá logran Matthias Mineur y Sven Lüdke en guitarras, Jan Halfbrodt en las teclas, Markus Brinkmann en el bajo y Nikolas Fritz en batería.

“Tales From Beyond” es un álbum compuesto por diez temas, que desde el comienzo nos hace sentir la esencia de las principales influencias del Heavy Metal. Dykemaster’s Tale se titula el primer corte e inevitablemente se nos viene a la cabeza Iron Maiden, el riff introductorio con guitarras limpias, hasta que se hace escuchar Dirks bajo una base de marcha. Se comienza a apreciar un gran trabajo de composición, en el que la simpleza será un elemento que hará resaltar los pasajes más técnicos, rápidos y pesados de este “Tales From Beyond”. Luego de esta gran introducción se da paso a la fuerza melódica con el protagonismo de guitarras a voces, y la fuerza interpretativa de Dirks. Un puente envolvente y  un coro a medio tiempo, ideal para ser llevado a la experiencia en vivo. Dykemaster’s Tale, da la puerta de entrada al disco bajo un formato de larga duración – superior a los ocho minutos -, cuya composición en ningún momento lo hace sentir monótono y menos aburrido, con un gran comienzo, gran calidad de sonido y mejor ejecución de los músicos.

Continúa el turno de Somerled, un inicio con sonidos de gaitas nos avisan de un tema de fuerza galopante, con puentes de guitarras brillantes, y cambios de ritmos que sacan a lucir la mejor cara que se le ha visto a los germanos en su trayectoria. Sin ser un tema de larga duración, nos lleva por  experiencias melódicas, densas y oscuras. Tremendo corte. Luego, con Signs, pasamos de lo clásico y melódico a un trabajo de medio tiempo, más denso y con matices progresivos.

Power Metal puro es On The Edge, desde el primer momento la batería lleva la velocidad como protagonista, haciéndose más intensa en el coro con el doble pedal. Vocalmente el coro es impecable, bello y simple. Un solo imponente que cierra con unos redobles de batería para finalizar el tema, con la intensidad con la que comenzó.

El camino experimental lo abre My Kingdom Come, tema que hace bajar las revoluciones dejadas por On The Edge. Cambios de ritmos marcan el avanzar de este tema, arreglos a destiempo en batería por parte de Fritz, hacen muy atractivo el avanzar el disco. Realmente las sensaciones son diversas.

En la línea de un Heavy más clásico y oscuro se deja caer The Healer. Mob Rules deja claro que uno de sus atributos en cada uno de sus trabajos es el incorporar detalles que se enmarcan en lo progresivo, ya sea en cierres de estrofas como particularmente sucede en The Healer, y más aún en el solo donde se logró el mejor trabajo instrumental entre teclado y guitarra.

Una pieza de alto calibre para los amantes del Power Metal es Dust Of Vengeance, de velocidad feroz, cuenta con un estribillo realmente bello, imponente con mucho magnetismo. Uno de los cortes más completos y que llenará el gusto de todo amante del género melódico. La participación de  Halfbrodt en los teclados es colosal, a lo largo del tema y más aún en el momento del solo instrumental. Qué decir de las guitarras y bajos, perfecta ejecución y acompañamiento. Dust Of Vengeance hace definir a Mob Rules como una “típica” banda de cuna alemana que nos deja la boca abierta, y agradecidos de escucharla.

Una historia contada en tres partes es la forma elegida por Mob Rules para cerrar este tremendo trabajo, reeditando el formato de composición bajo una trilogía al igual que su primer álbum “Savage Land”. De un tono más denso, progresivo y mediana velocidad, las tres partes, Through The Eye Of The Storm, A Mirror Inside y Science Save Me!, dan un cierre redondo a “Tales From Beyond”, con un formato más progresivo, cosa que no nos debe sorprender, ya que Mob Rules se siente muy cómodo en esos terrenos. Completo manejo de sensaciones, una primera parte que se abre en tonos de caos, pasando por la intriga en la segunda parte y resolución de la tercera parte. Según la edición del disco se incluye un bonus track reeditando un hit de trabajos anteriores, aprovechando el gran sonido que poseen actualmente.

Mob Rules con “Tales From Beyond” ratifica la calidad y buen momento en el que regresan tras una larga espera. Con una producción y trabajo de composición admirable, es un disco que reúne lo mejor de un Metal melódico, intenso y bien administrado en sus emociones como también en su virtuosismo.  Gran material que llena y nutre el género.

 

 

Tras el debut en vivo en nuestro país de esa institución del Heavy Metal español llamada Saratoga, no quedaron dudas de que la pausa que se tomó Niko del Hierro para renovar energías fue totalmente efectiva. Si a eso le agregamos el excelente nivel que Tete Novoa demuestra en cualquier escenario y por sobre todo el regreso a sus funciones del baterista Dani Pérez y del guitarrista Jero Ramiro, el resultado no fue otro más que un panorama bastante prometedor que poco a poco tomó forma.

Ahora bien, como fanático acérrimo de la banda, tras la presentación que brindaron por estas tierras, en mi mente solo rondaba un pensamiento: «Deben sacar un nuevo disco lo antes posible». Y lo seguía afirmando con el correr de los días ya que era la única forma en la que podían coronar el excelente momento que estaban pasando, más aún considerando que para mí, «Nemesis» (2012) fue una baja considerable dentro de su catálogo.

Así, con «Morir en el Bien, Vivir en el Mal» se pone fin a una espera de cuatro años para poder escuchar material fresco de parte de los madrileños. Partimos entonces con Perseguido, un corte que sin preámbulos va directo al hueso con un sonido en la guitarra al más puro estilo de HammerFall. De inmediato notamos el gran protagonismo de Dani Pérez tras la batería, puesto que su pegada y el trabajo con los pies no pierden intensidad en ningún momento, todo siempre seguido muy de cerca por Niko. Tete a su vez, sin exagerar su interpretación y sin recurrir a recursos extremos, demuestra por qué es uno de los mejores cantantes de España. Sin tanto brillo, en la parte media se produce un corte interesante para dar paso a la sección instrumental. Si bien el final parece un poco sobrecargado con los estribillos (el cual es muy contagioso), no deja de ser cierto que Saratoga siempre ha sabido abrir sus discos de la mejor forma posible, y esta no es la excepción. Muy buen comienzo.

Hay composiciones que de forma inmediata se convierten en tu «nueva canción favorita». Es exactamente lo que ocurre con Mi Venganza, un track épico, rapidísimo, y muy melódico que está llamado a convertirse en un himno a la altura de Resurrección (sí, leyeron bien). La introducción nos vaticina lo que nos encontraremos con el correr de los segundos, que básicamente es un huracán que no se toma pausas. Tete canta las estrofas con una potencia envidiable, generando una sensación de ansiedad mientras esperas a que llegue el coro lo antes posible, que sencillamente es espectacular: «Aprenderás a llorar y a pedir perdón / El karma vuela tan cerca de tu dolor / Seré testigo presente de tu final / Recitaré tu último verso…» . La pausa que se toma la batería antes de que explote el estribillo, solo le da una cuota de magnificencia. Como es de costumbre, Jero Ramiro se despacha un entretenido solo, antes pasar a la recta final de lo que para mí, tajantemente, es uno de los mejores temas de la «Era Tete Novoa«.

Niko del Hierro demuestra su habilidad con el bajo introduciendo la canción homónima. Morir en el Bien, Vivir en el Mal es quizás la pieza más Heavy de todo el LP. Un mid-tempo intenso, con un aire a Crystal Night de Masterplan. Sin ser lo más destacado, llama la atención por su ritmo constante y robusto.

Como el Viento fue lo primero que escuchamos de esta placa, y vaya que logró ser una carta de presentación efectiva, ya que nos dejó con ganas de escuchar el disco en su totalidad apenas se dio a conocer. Volvemos a la faceta más agresiva de la banda, que por momentos recuerda a pasajes de «El Clan de la Lucha» (2004). Contiene todo lo que uno espera de un single: cañera, pegadiza y ejecutada a la perfección instrumentalmente hablando. Jero demuestra toda su experiencia y habilidad para generar los matices necesarios que evitan que la canción sea plana y monótona. Personalmente, la imagino como opening track de las actuaciones en vivo, más aún ante una audiencia que gritará «Soy como el viento!» con todas sus fuerzas.

Bajamos un poco las revoluciones con Volverá, donde Niko y Dani llevan una base a prueba de balas, la cual se complementa de gran forma con el sonido más pesado y denso de la guitarra. Tete se muestra en un gran nivel, cantando la letra con fuerza y seguridad con un ritmo que incita al headbanging. Eso hasta que llega el estribillo, el cual es del tipo «levanta puños«. Por sobre cualquier aspecto, es un corte digerible y sencillo, superando con creces el nivel impuesto por sus predecesoras. Sucede lo mismo con Luchar o Morir, el cual es un temazo de aquellos, principalmente porque es una canción prototipo dentro de este «Morir en el Bien, Vivir en el Mal«. Vale decir, un coro muy bien logrado y melódico, Dani con un excelente performance en la batería donde de vez en cuando pega unos platillazos sencillamente notables, y finalmente Jero y Niko haciendo lo suyo por su parte.

Lo siguiente es otro de los puntos altos de este álbum. El Vals de la Rosa Herida es un track hecho para ponerle suma atención. En primer lugar se titula así en referencia al poema «Retorno al Paraíso» de Federico García Lorca. A su vez, la letra es sumamente inquietante ya que nos habla del maltrato y de la violencia de género de una forma potente y directa. Desde ya los invito a leerla detenidamente. Musicalmente abre con un redoble de batería, que da paso a una excelente interpretación de principio a fin donde la tensión del momento se siente a cada segundo. Antes de cada coro, nos encontramos con la colaboración de la cantante Aroa Martín (Khael). Si bien sus intervenciones son puntuales y acotadas, bastan y sobran para llenarlas de clase y sutileza. El clímax absoluto llega cuando canta «Tiene un lugar escondido / entre rosas se suele ocultar / lame allí sus heridas / y vuelve a bailar» con una guitarra acústica de fondo, para que luego Tete Novoa se abra paso hacia el estribillo que sentencia «Baila este último Vals / y todo acabará / otra rosa herida morirá / gira, imagina que está en medio de un salón / y oye aplaudir su exhibición«. ¡Pedazo de tema!.

El Ciprés Solitario, parte como una pieza totalmente acústica con una melodía bastante interesante que nos introduce nuevamente a una historia cruda, donde podemos encontrar amor, desamor, venganza y un asesinato a sangre fría. En un principio parece ser una de esas baladas que no pueden faltar en una entrega de Saratoga, pero de pronto pasamos a una sección mid-tempo con una guitarra eléctrica pesadísima, generando una atmósfera un tanto oscura que termina por crear un exquisito contraste en los más de cinco minutos de duración. En líneas generales, junto a El Vals de la Rosa Herida destacan de sobremanera dentro de todo lo ya escuchado puesto que básicamente ambas escapan de la estructura de composición que se nos presenta en esta placa.

Vi tiene una ambientación más callejera y desafiante que se mantiene de principio a fin. Muchos coincidirán con que fácilmente podría haber estado dentro de «Tierra de Lobos» (2005), y eso es más que suficiente para describirla. En cambio, No Pidas Perdón es un track totalmente opuesto. El teclado acompaña de gran manera cada verso de otro de los cortes más densos que encontraremos. Niko del Hierro cumple doble función, ya que es el encargado de narrar las primeras líneas antes de que Tete explote en un coro notable y lleno de ira: «No pidas perdón, eres un traidor / lárgate lejos, no debes volver/ Eres un ladrón, perro acosador / con mi rabia te puedo morder!». De fondo escuchamos una base rítmica muy potente que termina por completar una creación más que interesante.

Acercándonos ya al final, los españoles arremeten con Saliendo de la Oscuridad, otro tema clásico con los que la banda jamás se equivoca. Jero Ramiro se manda unos solos muy melódicos en los que por momentos recuerdan a Buckethead, más aún con los efectos que le imprime a la guitarra en la parte media-final. De vez en cuando Dani acelera el pulso dando un cambio de ritmo muy bien logrado que permite que la canción tome rumbos más Thrashers después de cada estribillo. Así pasamos a Etérea, la encargada de cerrar la función, donde volvemos al Power Metal con todas sus letras. Riffs vertiginosos y el doble bombo marcando a mil conforman otro gran momento del álbum. La parte instrumental es reducida pero basta y sobra para que la dupla Jero-Niko demuestren todo su talento en la sección de cuerdas. Tete pone fin a su participación de forma magistral con unos agudos y un gutural que derechamente te deja sin palabras.

La principal sensación que queda luego de digerir casi una hora de música, es que Saratoga implantó una idea y una fórmula fija con la que llegaron hasta el final: composiciones pegadizas y melódicas que sudan Power Metal por los poros. Bajo este aspecto, es probable para algunos el disco sea algo redundante, pero justamente a esta altura los madrileños no tienen margen de error para experimentar o innovar algunos aspectos dentro del tracklist. Como dijimos anteriormente, tras un cese de actividades, lo único que necesitaban eran canciones gancheras que llegaran a puerto lo más fácil posible. Es cierto que se extrañan baladones como Mar de Luz o Fe, pero esto no opaca la gran cantidad de temas que se convertirán en clásicos con el pasar del tiempo.

Apenas salió «Morir en el Bien, Vivir en el Mal», las expectativas que tenía antes de escucharlo eran altísimas y por suerte fueron superadas por mucho. Un trabajo que tanto los fans, como la banda se lo merecían tras largos años en la escena. La cantidad de puntos bajos es mínima, razón que alcanza para decir que estamos frente a un discazo.

 

 

Axel Rudi Pell presenta su nuevo trabajo, llamado “Game of Sins”, con una fórmula más que consagrada y sin ningún factor de cambio (Eternal Prisoner + Fool Fool + Tear Down the Walls + los característicos riffs del teutón + la magia interpretativa de la voz de Johnny Gioeli). Dicho esto y si eres un seguidor (como el que escribe), sabrás de antemano e incluso previo a escuchar el disco, qué tipo de composiciones puedes encontrar. Axel Rudi Pell ha ido disminuyendo la velocidad de su trabajo desde que Mike Terrana no está en sus filas y se ha volcado en la melodía y los mid-time del Hard/Heavy como estructura principal (con Terrana, la última pieza con velocidad fue Ghost In The Black, y si recordamos bien, el alemán fue creador de afilados himnos powermetaleros a doble bombo, como Buried Alive, Flyin´High, Nightmare y/o Gettin’ Dangerous, entre otros).

En este periplo, su fiel escudero en el bajo, Volker Krawczak lo sigue acompañando (desde el año 89’) en las bases rítmicas, y Ferdy Doernberg continúa entregando esa atmósfera al mando de los teclados. A pesar de que ya no cuenten con los servicios de Mike Terrana desde el “Circle Of The Oath” (2012), el experimentado reemplazo Bobby Rondinelli (ex Rainbow, ex Black Sabbath, ex Doro y ex Riot) cumple más que bien con la propuesta del alemán desde que se integró y se adapta bastante bien al estilo que plantean como agrupación. No podemos dejar de lado a Johnny Gioeli, quien supo imponer su estilo, carisma e interpretación desde que entró a la banda en el lejano “Oceans of Time” (1998) por sobre la genial voz de Jeff Scott Soto.

Lenta Fortuna (Intro) nos da el pie de inicio para Fire, la típica apertura que nos trae Axel Rudi Pell en gran parte de sus obras, con una temática de ángeles y demonios. Es una canción a medio tiempo con un coro y riffs bastante pegajosos, en el cual destacan además del sonido de cada instrumento, la producción que siempre mejora en cada disco. Podríamos decir que el germano es una máquina de melodías, a pesar de que sus estructuras son similares, sigue fiel a su estilo y siempre se las ingenia para fabricar nuevos acordes que diferencian un poco cada uno de sus arreglos compositivos.

Sons in the Night es puro Hard Rock del que nos tiene acostumbrados Axel Rudy Pell, con un solo de guitarra inspirado y en donde mejor se distinguen los elementos del quinteto. Por sobre todo, resalta la interpretación de Johnny Gioeli, quien canta el coro como si se tratara de un hit de los años 80’, desempeñándose de igual o mejor manera que en su natal Hardline.

Siendo la canción más duradera, con una atmósfera densa, predominada por los teclados de Ferdy Doernberg y dándole nombre al disco, Game of Sins contiene un riff galopante, sirve de guía para los otros instrumentos y tiene ese aire al viejo Black Sabbath, de ritmo lento. Aquí se enfatiza el ritmo que lleva Bobby Rondinelli en las baquetas, donde de a poco va haciendo juego con los tambores como si quisiera cambiar de ritmo, hasta converger en un ritmo más acelerado en los minutos finales. Por otra parte, Falling Star es muy similar a Fire, tanto que podría haber sido el inicio de este “Game of Sins”, Hard/Heavy con una letra más inspirada en la fantasía y los vaivenes de la vida.

Las baladas es la otra faceta musical en donde se desenvuelve muy bien Axel Rudi Pell. Se nota su gusto por ellas en los compilatorios que tiene en su haber («The Ballads» I, II, III y IV). La power ballad Lost In Love brilla por sí sola, apoyada principalmente por los teclados de Doernberg y la emotiva interpretación de Gioeli, muy romántica y acorde a la letra, como si se tratase de una experiencia personal. Mención honrosa a la base de guitarras acústicas de Axel Rudi Pell y el solo de guitarra que saca bajo la manga, muy inspirado.

The King of Fools es la combinación de las partes de “Game of Sins”, con una letra más trabajada y con varios cambios de ritmo, canción de medio tiempo que acelera en algunos pasajes y de la mano de un compás de batería como principal guía, siendo primordial protagonista Rondinelli, quien hace gala de toda su experiencia en estos cambios de ritmo.

Con el peso del bajo como principal apoyo, bajando las revoluciones prosigue Till the World Says Goodbye, de aire denso y lento, extensión que nos lleva a gloriosas épocas de antaño por su estructura, introduce de a poco sus riffs, siendo de similar estructura a Game of Sins. Lo siguiente, Breaking the Rules, va muy en la línea de Fool Fool del “Black Moon Pyramid” (1996), Hard Rock melódico de primera clase, con esa guitarra rasgada impuesta por Axel Rudi Pell. Puede tener similitud con otras canciones del alemán, pero se las ingenia de alguna manera para tratar de marcar diferencias, en cuanto a letras y melodía.

Forever Free es otra canción extensa que no aporta mucho. Los principales protagonistas son Krawczak, Doernberg y Rondinelli en su gran parte, posee una espaciosa organización instrumental entre las guitarras y la voz de Gioeli. Bien baja en revoluciones, pero es de las canciones que sirven para separar por ritmos unas de otras y darle un poco de variabilidad al disco. Es un claro ejemplo de la fórmula de Axel Rudi Pell.

Como bonus track, All Along the Watchtower respeta la versión original de Bob Dylan y es interpretada en los terrenos musicales de la banda, luciéndose Axel Rudi Pell en el solo introductorio y por sobre todo,  al ambiente que le dan los sintetizadores de Doernberg. Versión Hardrockera de este clásico que ha sido interpretado por grandes como Jimi Hendrix (quien junto a Ritchie Blackmore son la gran inspiración del germano).

No es el mejor trabajo de Axel Rudi Pell, pero se mantiene en la misma línea compositiva como en gran parte de sus producciones. Podemos decir que esto es una especie de garantía para sus fans más acérrimos, dado que varía muy poco en sus esquemas y es parte del espíritu de los previos trabajos a “Game of Sins”. Si debemos destacar algo de él (además de su constancia, más de veinticinco años viviendo de la música no es poco), es que siempre sabe cómo enganchar a la audiencia con algún riff y los geniales coros de Johnny Gioeli.

A estas alturas Leo Jiménez no necesita presentación alguna. Remitiéndonos a su carrera solista (considerando por supuesto a 037), «La Bestia» ha logrado posicionarse en la escena con su propuesta cruda y sincera donde simplemente se dedica a hacer Heavy Metal a la vieja usanza. Un nuevo desafío entonces es «La Factoría del Contraste«, donde sin lugar a dudas debe demostrar que la fórmula no se ha agotado y que todavía tiene mucho por entregar junto a una agrupación que parece cada vez más compenetrada. Eso sí, esta vez hay un aspecto que no se puede pasar por alto: El mismo cantante afirmaba en una entrevista que este LP sería el más personal y el más «parecido a él» en comparación a cualquier trabajo que haya publicado con anterioridad.

Es de conocimiento público el gusto que tiene Leo por hacer que sus discos suenen y luzcan lo más real posible (para muestra un botón; grabó «20 Años tras el Apocalipsis» con problemas notorios en la voz debido a una enfermedad y no se realizó ningún tipo de arreglo en la post-producción), lo que se condice absolutamente con la portada de este álbum. Literalmente es una factoría que se pondrá a tono para dar forma a los distintos tracks de esta placa.

Partimos con Soy Libertad, donde rápidamente nos damos cuenta de que el madrileño se despojó de cualquier tapujo a la hora de componer. La canción en sí es arrolladora, con una banda sonando como un verdadero cañón. Imposible no recordar a Stravaganzza o a Fear Factory por algunos momentos. Las guitarras suenan más agresivas que nunca, seguidas muy de cerca por la pegada de Carlos Expósito, quien además realiza un muy buen trabajo con los pies. Aunque parezca algo obvio decirlo, Leo entra cantando de excelente forma, con esa voz más desgarrada que ha cultivado hace ya algunos años. Una gran sorpresa es el coro «Libre, yo siempre libre / Aunque me arranques la piel / Aunque me prives de ver con claridad / Soy libertad», ya que es acompañado por un breakdown propio del Metalcore que resulta bastante curioso. Es cierto que en un comienzo el asunto parece algo confuso y disperso, pero con el pasar del tiempo la idea logra decantar y cumple con creces lo que uno espera de un opening track.

Hambre explora esa faceta más crítica y humanitaria con la que ya nos habíamos topado en «Animal Solitario» (2013). La intro no dura más de treinta segundos, pero es realmente notable. Un gran riff apoyado por el bajo y la batería que suenan muy «orgánicos» (término acuñado por el mismísimo Leo Jiménez) dan paso a que Antonio Pino haga un pequeño solo antes escuchar las primeras estrofas. La canción se transforma un mid-tempo muy bien llevado, donde lamentablemente la letra deja bastante que desear. Que no se mal entienda, el mensaje es fuerte y claro, pero paradójicamente pareciera los mejores momentos son las secciones instrumentales. Destacable es el cambio de tiempo en el estribillo ya que suena al hueso y muy auténtico. Aún así, derechamente es uno de los puntos bajos del disco.

Debo admitir que cuando se dio a conocer Con Razón o sin Razón no me gustó para nada. Pero justamente eso es lo interesante de los singles, en un comienzo pueden parecer infumables y luego al aumentar el número de escuchas se transforman en grandes canciones (entiéndase Lost in Space de Avantasia). Cañera, al hueso y por sobre todo, muy, muy pegadiza. Lo demás sería redundar. Qué duda cabe de que funcionará a la perfección una vez que sea interpretada en vivo.

Lo que sigue es D.E.P., donde Mero Mero de Cuernos de Chivo se luce con esos tonos más densos y sombríos. El tema es un homenaje a Dimebag Darrell, el cual rescata elementos del Metal más «moderno». Una pieza experimental con la que las libertades fueron absolutas.

Caballo Viejo la habíamos escuchado anteriormente en «20 Años tras el Apocalipsis» en un formato totalmente acústico. Esta vez se nos presenta en una «Electric Version», donde los nuevos elementos la convierten en un temazo de aquellos. Sigue siendo una balada con todas sus letras, pero esta vez la canción fluye de mejor forma en comparación  a la original, principalmente gracias a la batería de Expósito. Notables también son las distintas intervenciones de Antonio Pino con su guitarra, las cuales son coronadas con un gran solo que da frescura y vitalidad a la parte media-final antes de que Leo cante el verso «Recuperaré el aliento si me amas / Tiempo que se viste eterno en tu mirada / Hoy te escribo aquí estos versos y palabra s/ Y espero poder cantártelo a la cara…» de una forma muy sentida y conmovedora. Muy buena composición, de lo mejor del álbum.

¿Leo Jiménez haciendo un cover a Shakira? Sí, que no les parezca raro, el madrileño ya nos había sorprendido con versiones de cantantes que son totalmente ajenos al género. Sin ir más lejos, lo hizo en su anterior placa con Que Tendrás de su compatriota David Bisbal y lo hace ahora en «La Factoría» con Ojos Así. El resultado es sencillamente espectacular. Los primeros segundos de ambientación árabe son lúgubres y sombríos. El panorama se mantiene con las primeras estrofas, pero el coro explota de manera formidable donde el headbanging no se hace esperar. El apodo de «La Bestia» lo tiene muy bien ganado, ya que no presenta ningún problema para versionar una voz femenina y salir ganando como lo hace acá. Para los incrédulos, les recomiendo a ojos cerrados que busquen el video de Días de Verano de Amaral y escuchen lo que canta este tipo. Finalmente, súmenle un punto a Edu Fernández quien hace un excelente labor con el bajo durante todo el track.

Volvemos a los pasajes más agresivos y potentes del disco con El Dilema, un corte que instrumentalmente es un hachazo de principio a fin donde nuevamente nos topamos con grandes influencias del Metalcore. En este punto creo que la colaboración de Tony Mero (el cual es un excelente growler) con el correr del tiempo se hace cada vez más tediosa y exagerada. Si bien la situación se presta para que escuchemos este tipo de guturales, queda la sensación de que el tema suena un tanto sobrecargado.

Por el contrario, el dueto compuesto por Un Día Más y Quién le Pregunta a Él representa otro de los mejores momentos de «La Factoría del Contraste«. Ambos son un mid-tempo, donde el primero es bastante melódico con características asociables a una power ballad. El cambio de guitarras acústicas a eléctricas funciona a la perfección a medida que Leo canta con tonos más pausados pero no carentes de la potencia que lo caracteriza. Posee también excelentes arreglos de la mano de Antonio Pino que permiten alcanzar el clímax con ese estribillo muy bien logrado. Con el segundo volvemos a escuchar esas letras ácidas y punzantes. Sumo cuidado con el mensaje, el cual es una crítica abierta al maltrato animal -particularmente contra la corrida de toros- donde versos como «Siglos maltratando una mirada / Que no para de pedir / Que prefiere no nacer para sufrir / Locos torturando con espadas / Masacrando a un animal / ¿Dónde queda el arte cuando hay que matar?» son realmente filosos. Musicalmente la agrupación suena sólida en todas sus líneas, logrando una cohesión formidable entre estas dos canciones.

Que me digas Ven es otra balada que se escapa absolutamente de lo que ya hemos escuchado. Presenta un interesante dúo entre Merche (popular cantante de pop española) y Leo, donde la melancolía y el desamor no se hacen esperar. Está demás decir lo bien que cantan ambos cada una de las estrofas. Y es que es tanto el protagonismo de las voces, que instrumentalmente queda al debe y por momentos se vuelve algo monótona y repetitiva. El coro si bien está lleno de fuerza,  parece un poco sobresaturado y termina por aburrir a la segunda escucha.

Acercándonos al final, Keroseno es otro hachazo con tintes de Thrash Metal con los que la banda se siente muy cómoda. Sumando la aplastante base rítmica, cortesía de Carlos Expósito y Edu Fernández, con los riffs más «callejeros» de las guitarras, el resultado es un entretenido tema que da paso a que el madrileño vuelva a unos tonos más altos y grandilocuentes. Por la forma de cantar, a muchos se les vendrá a la mente ese cañonazo llamado Volver del álbum «Los Fuertes Sobreviven» (2011). No es lo más destacado del disco, pero es un gran golpe enérgico tras escuchar a su predecesora. Por último, y para sorpresa de varios, el ending track Ascención es una pieza instrumental donde reina la calma en una atmósfera reconfortante. La melodía y el sonido impuesto por las guitarras está lleno de clase y de sofisticación. Si me lo preguntan a mí, un broche de oro para esta nueva placa.

El disco cuenta también con cuatro bonus tracks. Tres covers, Neon Knights de Black Sabbath, Getsemaní del musical Jesucristo Superstar y Tierra de Nadie de Barón Rojo (estos dos últimos resultan ser los mejores), más el demo de la canción Es Por Ti. De esta forma se pone fin a más de una hora de música en la que Leo Jiménez alcanza una madurez y un sonido que continúa de excelente forma el camino pavimentado en «Animal Solitario«. La propuesta acá es arriesgada, puesto que desde un comienzo las ideas fluyen dejando de lado cualquier atadura o estigma que pueda influir en las composiciones, pero no deja de ser cierto que estamos frente uno de los mejores discos de toda su etapa solista. De igual manera, los músicos que lo acompañan le dan sentido a la idea que se quiso implantar ya que les supo sacar el jugo a cada uno de ellos, logrando así momentos notables que están hechos para enmarcarlos.

Al final del día, «La Bestia» no se guardó nada y sigue aumentando su leyenda.

 

Desde hace un buen tiempo que el sello discográfico Frontiers Records está sacando proyectos musicales donde su composición en cuanto a integrantes, los hace muy atractivos para quienes disfrutamos del Rock en general. La estrategia para sacar al mercado material nuevo garantizando un trabajo de calidad está basada en que los integrantes de estas “bandas proyecto” las conforman músicos ya consagrados, de vasta trayectoria y experiencia, quienes traen un sonido clásico en sus venas, y mezclarlos con músicos nuevos, que buscan o traen consigo un sonido renovado del Rock. Ahora bien, nada garantiza que estos trabajos musicales tengan una buena recepción o éxito en la audiencia, pero hasta el momento, discos tales como “Revolution Saints” o “W.E.T.”, por nombrar solo algunos, han sido de un resultado y calidad fantástica.

Bajo este esquema para el año 2016  Frontiers Record saca a la luz Nordic Union, agrupación que, como ya es costumbre, en estos proyectos su primer trabajo lo titulan de forma homónima. Nordic Union está conformado por Ronnie Atkins en la voz, quien es ya un viejo conocido para nosotros por la banda Pretty Maids, además de su presencia en Avantasia; en guitarras y bajos con un sonido de Hard Rock renovado está Erik Martensson (Eclipse y W.E.T); en batería Magnus Ulfstedt, también proveniente de la agrupación Eclipse, y de participación con Jimi Jamison en un trabajo admirable titulado “Never Too Late” del 2012Además cuenta con la presencia de Magnus Henriksson (Eclipse), Thomas Larsson (Glenn Hughes y Six Feet Under) y Fredrik Folkare (Firespawn), para la ejecución de solos de guitarras en temas particulares.

Entrando de lleno a la revisión de la placa “Nordic Union” nos encontramos con el primer corte titulado The War Has Begun, que con una sutileza acústica y sin mucho preámbulo abre paso una guitarra llena de Hard Rock, la cual se hace protagonista desde un principio. Haciendo de voz principal, Erik Martensson nos genera toda una expectativa hasta que hace su aparición Ronnie Atkins. El tema pasa de una estrofa marcada con la presencia del bajo,  un coro lleno de fuerza el cual da paso a un formidable solo de guitarra donde el medio tiempo en batería, se acelera para generar un ambiente en el que Magnus Henriksson se luce. Con inicio a voces simple, el solo de guitarra cierra con un acelerado pero preciso virtuosismo para caer a un coro final, el cual finaliza con una especie de marcha tras lo que significa el inicio de una guerra. Qué gran y prometedor inicio.

The War Has Begun abrió los fuegos de manera extraordinaria para que la marcha continúe con la inconfundible voz de Ronnie Atkins en Hypocrisy. Si se quiere marcar presencia al momento de sacar un sencillo de corte comercial, el cual contenga una composición adictiva, sonido moderno y la magia del Hard Rock de antaño, se debe hacer algo como Hypocrisy. Su comienzo con un riff en guitarra lleno de suspenso con un sutil overdrive -para quieres conocemos trabajos anteriores de Erik Martensson ya es un sello patentado-. El tema continúa con una guitarra llena de distorsión, la cual, acompañada con la participación instrumental, juega con la intensidad al bajar en el inicio de la estrofa a batería y bajo como principales protagonistas, además de sutiles matices en guitarra eléctrica. Este juego o estilo de composición, queda en su forma justa si tienes como voz principal a Ronnie Atkins para cerrar el círculo armónico a voces, creado junto a Martensson en la estrofa. Hoja aparte para el coro. Toda la potencia guardada en un comienzo desemboca en un coro lleno de fuerza vocal e instrumental. Además cuenta con una característica de estribillo pegadizo. Qué calidad y magia vocal mostrada por parte de Atkins y el acompañamiento de Martensson. Un bello solo de guitarra a cargo de Fredrik Folkare el cual oxigena la línea musical de Hypocrisy sumando cortes de batería y elevando el peso de acompañamiento. Tremenda canción, llena de fuerza con un claro mensaje de que la mentira ha ido opacando cada rayo de luz en el cual la guerra cotidiana ha ganado terreno. Por algo fue el corte elegido para realizar el video y segundo single del proyecto Nordic Union.

El álbum continúa con Wide Awake. De estilo y sonido más cercano a un Rock más moderno respecto a lo escuchado anteriormente, Erik Martensson toma el protagonismo en la voz, siendo acompañado en los coros por Atkins. Composición de tono más neutra y sencilla, Wide Awake nos lleva a experimentar de sensaciones propias del Hard Rock, a un Rock más popular en el cual su principal énfasis en la letra está en que tan atentos o despiertos estamos. Técnicamente la diferencia la aporta Thomas Larsson con sólo de guitarra más filoso y ejecutado a la perfección.

Llega el turno de la balada en Nordic Union” de la mano de Every Heartbeat, con un comienzo marcado por guitarra acústica y sintetizadores que otorgan una gran atmósfera para el desarrollo de la primera estrofa hasta el coro, donde la tenue intensidad se ve golpeada por la entrada de la batería. Este tema tiene otro coro muy bien logrado, en el cual se van sumando elementos a medida que se acercan al final, lo que hace que esta balada no sea plana, y genere un magnetismo lleno de nostalgia y fuerza.

Toda la fuerza del Hard Rock vuelve con el siguiente corte titulado When Death Is Calling, el cual fue el primer single del proyecto. La tónica se da con un comienzo poderoso para bajar los decibeles al momento del inicio de la estrofa, pero a diferencia de los temas anteriores, un poderoso riff marcado con un redoble en batería, entra para dar mucho más velocidad y densidad a una canción cargada al peso emotivo de la letra, que en algunos casos trae el avance inevitable del tiempo. Nuevamente tanto estrofas y coro se potencian en una gran calidad de Atkins junto a Martensson. El cambio de tono en mitad de When Death Is Calling muestra la versatilidad e inspiración con la que se logró trabajar en este proyecto.

Un inicio de cortes marcado por caja y guitarra dan paso a 21 Guns. Tras la dosis de puro Hard Rock entregada con el tema anterior, nuevamente Nordic Union se mueve en terrenos de un Rock más moderno, con una presencia más progresiva en los arreglos de la guitarra, como así también distorsión abierta en los coros, todos elementos de una composición con matices mucho más contemporáneos. Una letra que hace alusión a la importancia que se le da al resguardo en armas, sin pensar cuántas vidas éstas terminaran.

Continuamos con Falling, en cuyo comienzo el sintetizador nos hace pensar que tendremos una composición de corte más experimental, hasta que entra el riff de guitarra que es Hard Rock puro. Falling logra un sonido elegante, tanto para el solo como a lo largo de su desarrollo. Fácil de disfrutar, y de coro muy melódico. Gran trabajo vocal nuevamente, en este corte Atkins junto a Martensson se llevan todo el protagonismo. Y la intensidad crece con The Other Side, donde Atkins vuelve como primera voz a la estrofa y coro, y que presenta cambios de ritmos que nos dejan con una sensación de escuchar la cara más “rockera” de lo que va Nordic Union”.

Con toda la fuerza del Metal melódico comienza Point Of No Return, un inicio que bien se lo podría adjudicar cualquier banda de Power Metal, una vez avanzando hacia la estrofa vuelve a los territorios propios del Hard Rock. Pero queda claro que a esta altura del disco, el protagonismo entregado a la cabeza con Ronnie Atkins tiene como objetivo llevar a los límites la intensidad y fuerza en cada interpretación. Tanto los cortes The Other Side, Falling y Point Of No Return son canciones cortas e intensas destinadas a conformar un momento de puro Rock.

Ya acercándonos en final de este tremendo trabajo, la fórmula de un Hard Rock puro e intenso cambia rotundamente. Una nueva balada toma protagonismo. A diferencia de Every Heartbeat, la cual se enmarcaba con unos sonidos más clásicos y oscuros, True Love Awaits You se hace notar con todos los elementos que una balada romántica debe tener. Un ritmo de medio tiempo, guitarras cálidas y un solo intenso. Todo llevado una profunda sensación de búsqueda y nostalgia. Si realizamos una comparación en cuanto a recepción de audiencia, True Love Awaits You es una composición mucho más comercial y masiva de lo que es Every Heartbeat. Un gran trabajo en ambas.

Llegamos al final de este proyecto de una unión fantástica con Go,  de sonido moderno, que nos hace despedir esta revisión con un riff filoso, melódico y simple. Coros de respuestas entre Atkins y Martensson logrando un gran sonido e intensidad. Esto en el marco de la simpleza del Rock melódico, además de la elegancia entregada por sus intérpretes, Go toma mayor fuerza con cortes de batería y guitarras pesadas. En su nobleza no requiere de solos para llegar a su fin.

Sólo queda agradecer momentos y trabajos como los logrados en “Nordic Union”, ya que queda a la vista que, más allá de generar material para mantenerse en la industria a nivel de músico o sellos, nacen canciones donde cada intérprete pone el alma, resurgiendo la magia de un Rock melódico del cual se extrañará en un momento de nuestras vidas.

Prophecies Of Doom” al fin ha llegado. El tercer LP de los chilenos Thunder Lord, parte fundamental de lo que algunos están llamando “la nueva ola de Heavy Metal chileno” o “New Wave Of Chilean Heavy Metal”, donde encontramos además a Eternal Thirst, Camus, Ikelos, etc..

Sonidos de gente corriendo nos dan paso a un enfrentamiento de guitarras muy afiladas lo que marca el inicio de End Of Times. Rápidamente se suma la batería, bajo y finalmente nos dan paso a la voz rasgada de Esteban P. Hay que tener en cuenta que aquellos que busquen voces clásicas del Power Metal muy melódicas como Michael Kiske o Fabio Lione, por citar un par de ejemplos, se encontrarán con algo totalmente alejado de estos cánones. Esteban tiene una poderosa voz muy pero muy raspada, que en todo momento recuerda al gran Chris Boltendahl de Grave Digger, y siempre se siente fresca y no forzada. End Of Times es una canción rápida, de estructura muy clásica, que funciona excelente como inicio de este “Prophecies Of Doom” y que, como dice el nombre, nos habla del fin del mundo, tema que será recurrente en todo el disco.

Sin pausas llega Leave Their Corpses To The Wolves, otra canción de Heavy Metal rapidísima. Un interesantísimo trabajo de guitarras de Diego “Hunter” M., que muestra toda su pasión por el Metal en su forma más clásica pero poniéndole algo de su cosecha. Esto suena a Heavy Metal por todos lados, en un tema que nos habla de la sangrienta invasión española a América. Llegamos a Prophecies Of Doom, la cual continúa con este estilo que recuerda bandas clásicas del Heavy Metal pero con algún dejo de Power Metal alemán, cercano a Grave Digger e incluso a Gamma Ray. Claramente a esta altura ya podemos notar que Thunder Lord no tiene interés en revolucionar ni reinventar el género. ¿Quieres Heavy Metal sin sobrenombres? Thunder Lord te lo trae.

Bajamos un poco las pulsaciones en Pillán, un tema que suena un poco más denso y que quizás aprovecha mejor el sonido entregado por la voz de Esteban P., ya que por sus tonos da la impresión que se desenvuelve mejor aquí. Nota aparte la base rítmica de la batería de Eduardo N., fundamental en todo momento sin tener problemas para acelerar o bajar el paso, cosa que se nota en seguida al dar partida a The Darkness Breath, canción donde se luce especialmente dicho instrumento.

Para los conocedores de Thunder Lord, Grave Digger parece ser una fuente de inspiración importante y esto se deja ver claramente en Condemned To Death, canción con un aire pirata, muy melódica, mucho más “tranquila”, pero con mucha potencia. Es una canción escrita para ser coreada en vivo, abrazado de amigos, algo a lo Blood Brothers de Iron Maiden.

Blood Red Moon vuelve al sonido más Heavy metalero. Nos habla del salvador que llegará con la nueva “luna de rojo sangre”. Una canción más calmada, con un groove que recuerda pasajes de Iron Maiden por lo melódica. Debo decir, sin embargo, que es una canción donde no me termina de convencer el trabajo de Esteban P. en el canto. No es que desentone, es simplemente que me parece que no termina de pegar. Y el disco sigue con Useless Violence, que acelera a un ritmo mucho más thrasher, con un batería aplicando el clásico «tuca tuca» acompañada por el “Pancho” M. en las cuatro cuerdas, dando una base que recuerda más al Bay Area que a las leyendas de la NWOBHM. Claramente el sonido Thrash acompaña las líricas de la canción, que nos hablan de lo inútil de los encapuchados en la lucha para cambiar el statu quo de todo.

Seguimos con Winds Of War, que vuelve con el Heavy Metal de la mano de la pareja de guitarristas que tiene Thunder Lord y con las voces gravediggerianas que a varios pueden no gustarle, sobre todo porque da la impresión que se queda algo corto con los rangos más altos, pero hay que entender que su voz juega con otros sonidos más raspados que el clásico cantante de Heavy Metal. Es una canción que da el espacio a Esteban y a “Hunter” para lucirse, mostrando un excelente trabajo de solos y que muestra la solidez del trabajo musical de los chilenos.

Cerramos con un himno llamado Metal Thunder. Todo gran disco de Heavy Metal debe tener un himno de estadio y da la impresión que este es ese tema. Durante poco más de cinco minutos se siente esa sensación épica tan manowaresca, que invita a tomar la bandera del Metal y cantar con fuerza “We Will Rise With The Metal Thunder”. Thunder Lord cierra de manera espectacular su primer trabajo.

Prophecies Of Doom” viene a sumarse a la gran cantidad de discos chilenos de gran calidad que han salido en el último tiempo y que muestran que el Heavy Metal chileno está en uno de sus mejores momentos. Es un disco potente, que entrega Metal de la vieja escuela sin querer reinventarlo. Thunder Lord tiene muy clara la película de lo que quiere mostrar. Desde el arte del disco hasta el sonido logrado, esto es puro Heavy Metal tal como debe sonar, sin ningún extra, simplemente metal. “The Prophets Of Doom In The Streets Are Warning Our Death”.

El 1 marzo de este año, el británico Blaze Bayley, recordado por todos nosotros por su paso por la Doncella de Hierro, lanzó su octavo trabajo como solista. Desde que se anunció este trabajo, Blaze ha declarado en diversos sitios y revistas que se trataría de un álbum conceptual, sobre una de las temáticas que siempre han sido de su interés, la ciencia-ficción.

La historia de «Infinite Entanglement» trata en general de una persona que no sabe si es humana, no sabe dónde está ni qué han hecho con él. Esta historia también está plasmada en un libro que Blaze está escribiendo, tal como lo comentó en una entrevista para Rock-Radio UK durante diciembre de 2015.

En lo estrictamente musical, el LP cuenta con doce canciones y cuarenta y siete minutos de duración. El opening track se titula de igual forma que el disco, y desde ya da la impresión de que será como una historia narrada. Tras los riffs iniciales, se escucha la voz de una mujer dando las instrucciones a algo /alguien que será parte “de la misión espacial más importante de la humanidad”. Tras esta breve introducción de un minuto, arremete Blaze con la potencia que lo ha caracterizado durante su carrera, sin perder en nada su esencia que lo llevó al estrellato máximo durante los 90’. Un comienzo muy melódico, con un sonido del bajo que realza más el “golpeteo” que la profundidad, perdiéndose entre la guitarra. De inmediato salta a la vista la diferencia con su anterior largaduración «The King of Metal», cualquiera pensaría que es otra banda, con otro estilo musical, pero no… es Blaze retomando un poco los rasgos de Heavy Metal más influenciado por el NWOBHM que por los sonidos modernos que plasmó en al menos sus últimos dos LP.

Tras Infinite Entanglement, nuevamente se oyen las instrucciones de la dama en cuestión, avisándole a este ente que será la primera persona que vivirá por mil años, dando paso al segundo tema A Thousand Years. Un tema con más intención de quedar en el oído que el primero, un buen tema «oreja» que despierta las ganas de corearlo en vivo, tengo la impresión que el I Will Live for a Thousand Years será muy bien recibido por la fanaticada nacional, cuando Blaze en marco de su tour de promoción, se presente en el “Rock & Guitarras” el día 16 de julio.

Human es el tercer tema, y además el primer single del álbum. Siguiendo la tónica de A Thousand Years, nos presenta un coro con mucha llegada y con una velocidad a la similar al álbum «The King of Metal». La temática de la canción es la gran duda del ente protagonista del álbum, preguntándose si es humano, si es mitad hombre-mitad máquina y toda la confusión de no saber que es.

El cuarto tema es un cambio radical a lo que veníamos escuchando. Un tema completamente acústico con la colaboración del gran Thomas Zwijsen en la guitarra y Anne Bakeren en violín. What Will Come es un tema con estilo celta que con el avance va ganando velocidad, sin embargo la percusión se realiza con un cajón, en fin, es una excelente canción con tintes folclóricos. A mi parecer, es el mejor tema del álbum, es un quiebre que llega en el momento justo y le da un vuelco tremendo al disco. Sería interesante de escuchar en vivo, y no es tan descabellado pensando que Blaze y Thomas han realizado varios shows juntos.

Luego de la gran expresión musical de What Will Come aparece Stars Are Burning, un tema mid-tempo, que sirve para dar continuidad al disco tras el break anterior. En general un buen tema, con un coro recordable y buena elaboración instrumental. De una misma forma se puede considerar el siguiente tema, Solar Wind, otro corte mid-tempo con un coro amigable y una sección instrumental interesante, con solos de guitarra que no desparraman notas por desparramar, si no que cada nota tiene razón de ser… algo no tan común en la industria del Metal en general.

The Dreams of William Black es una introducción al tema que le sucede, Calling You Home. La introducción es una mezcla de piano y guitarra y muchas voces preguntando Where Are You?. Lo interesante es que estas voces pertenecen a fans de la banda, pues Blaze extendió una invitación a todos quienes quisieran grabar esa frase, y ojalá en diferentes idiomas para incorporarlo en su álbum. Finalizada la intro, comienza el riff de guitarra que da paso a Calling You Home. Este tema ya no parece ser un tema promedio que solo sirve para dar continuidad, tiene una energía diferente, además de que Blaze cuenta con compañía femenina en los coros y puentes, pues Michelle Sciarrotta también es parte del tema. El tema más agresivo y directo es Dark Energy 256, con un comienzo muy Futureal, y una velocidad que no cesa con el avance del tema, entrega una gran energía y un redespertar al disco.

Independence comienza con una guitarra acústica y el relato de un hombre que aconseja a nuestro William Black, el protagonista de la historia. Tras los casi dos minutos de tema en versión balada, surge una explosión de Heavy Metal directo, tomando lo mejor de su paso por Iron Maiden. Recordemos que Blaze, por aquellos años, no solo fue el cantante, sino que además aportó mucho con la composición (Man On The Edge, Look For The Truth, Futureal, Como Estáis Amigos, entre otras). La mejor parte de la canción, en lo personal, es cuando se retoma la sección acústica del comienzo, pero ya con tempo y distorsión de Heavy Metal.

El último tema, A Work of Anger, cierra un excelente trabajo. Es el clásico tema de cierre de álbum, que deja esa melancolía de un disco que se nos va y es un sentimiento que tengo con casi todos los discos de Heavy Metal, creo que lo hacen a propósito. Tras esto, se presenta el outro Shall We Begin, con cuya frase queda en duda todo lo anterior, dejando la pregunta si realmente a William le pasó todo o si lo soñó y recién todo comenzará. Para resolver lo anterior, esperemos el libro de Blaze.

En líneas generales, un muy bien disco, me deja la sensación que Blaze en esta entrega quiso acercarse más a sus influencias iniciales, y buscó conquistar al público con temas de elaboración más sencillos. Blaze dio un paso al costado (por esta vez) a ese Power Metal oscuro de sus creaciones pasadas, y regresó al lugar donde más cómodo se siente y donde sus “ohh ohh ohh” característicos siguen calzando de maravilla. ¡¡Nos vemos en julio!!