La banda nacional Alquimia, vuelve para decir presente con su último trabajo, titulado simplemente Alquimia. El tiempo que tuvimos que esperar no fue menor, y sus placas antecesoras como “Fe Contra Fe” y Sed De Rebeliónrealmente hacían ver que el trabajo que realizaba esta banda representativa de la Quinta Región, era en serio y de corazón. Con variaciones en su formación original, Alquimia llega para presentar este disco con Andrés Salinas en batería, Sergio Amor en bajo, Jorge Gutiérrez y Pablo Guzmán en las guitarras, para dejar en la voz a Rafael Castillo. Si bien, la banda continuó desarrollando material audiovisual antes de esta nueva placa, todos los que disfrutamos de su música, quedamos con “sed” de ese Heavy Metal tan propio y natural que logra desarrollar Alquimia.

Ya entrando de lleno en la revisión del disco, lo primero que nos encontramos es una imponente carátula, de gran calidad, con elementos que sugieren la cantidad de sensaciones y colores con los que nos encontraremos en las ocho canciones que dan cuerpo al nuevo álbum.

Una explosión de corte clásico se hace sentir desde el primer segundo. El Que Ríe Al Último nos da la bienvenida con la batería como protagonista. Poderoso riff acompañado de un fraseo de sutil virtuosismo en las guitarras, dan paso a la potente voz que impone Castillo. Atractiva estrofa y mejor coro con ritmo galopante. Los arreglos instrumentales y solos muestran la calidad musical de esta banda, tremendo acierto como puntapié inicial del disco.

El canto de descontento continúa con Maldito Bastardo, track que trae la fórmula conocida de guitarras a voces como riff inicial. El bajo toma mayor presencia en esta composición, sobre todo en el coro. Con lo siguiente, Más Allá De La Razón, baja de manera leve la velocidad, con un foco vocal más melódico y el virtuosismo protagonizado por la guitarra haciéndose presente en todo su desarrollo, con precisión para mantener un equilibrio en los arreglos. Acá Castillo comienza a mostrar matices fuera de la intensidad y agresividad bien lograda en los temas anteriores.

Con Avatar, Alquimia invita a la reflexión en sus estrofas, en este corte cada instrumento tiene momentos de alto protagonismo. La composición tiene pasajes en los que la voz se envuelve con guitarras limpias. Un sonido más cercano al Hard Rock, contiene un claro mensaje de no confundir la realidad.

El ritmo marchante y un coro lleno de magnetismo, hacen de Fuego En El Alma un tema perfecto para funcionar en vivo. Transiciones de riffs muy pesados y marcado doble pedal, sin duda hará mover las cabezas.  Fuego en el Alma habla de lo que es necesario para poder avanzar en la vida, ser un guerrero en lo que realmente creemos y queremos.

Hasta aquí hemos escuchado terrenos en los que Alquimia se siente muy cómodo. Rock pesado de gran altura. Pero en este disco esta gran banda nacional nos quiere ampliar los horizontes de emoción, pero no a través de mayor distorsión, si no que por medio de una balada, titulada Reina del Dolor. La carga emotiva ya se hace evidente en su título, y por supuesto en el cuerpo del tema. El punto más alto se logra en el solo de guitarra, que transmite todas las sensaciones por las que se puede pasar en momentos de incertidumbre, dolor y nostalgia. Un gran avance en una faceta poco conocida para Alquimia.

Nuevos Rumbos vuelve a la receta conocida, tradicional Heavy Metal, a momentos la interpretación de Castillo da con un color melódico que roza el Power Metal. Esto se va compensando junto a la propuesta instrumental, con pasajes de mayor peso en los riffs que arman el camino entre estrofas y coros. Y la cara más progresiva de la banda llega con Voces, con un contenido que alude a los miedos y la búsqueda de la salida a ellos, los contrastes entre momentos del más puro Heavy a destiempos en sus arreglos, acompañan de excelente manera las sensaciones narradas por Castillo en su performance vocal. Un gran final para el disco, con un sonido renovado mostrando nuevas facetas y sin abandonar su esencia.

Alquimia con la entrega de su disco homónimo, nos da una muestra de gran trabajo enmarcado en la autogestión, del desarrollo que pueden lograr las bandas de regiones, y de la contribución al género, primando la calidad, la constancia y el amor por la música.

 

 

Tras cuatro años en el ruedo, Triboulet por fin nos presenta su debut con este LP llamado «The March of the Fallen«. Sabemos que desde que publicaron su primer demo y posteriormente el EP «Quiero Decirte» (2014) su propuesta siempre ha sido componer un Power Metal directo, que rescata las raíces de las bandas más insignes del estilo, sin perder el toque de originalidad que los caracteriza. Razón de sobra entonces para tener grandes expectativas en nuestros compatriotas.

Como bien sabemos, la primera carta de presentación de un álbum es su portada. En este caso la labor le corresponde al ilustrador Pablo Salinas, quien logra llamar nuestra atención con un diseño épico y lleno de colorido, donde un caballero empuña enérgicamente su espada en medio de un campo de batalla. Sabiendo que ningún detalle puede ser dejado al azar, desde luego que esto es una gran invitación a escuchar los siguientes cincuenta y dos minutos de música.

Entrando de lleno en el disco, The Beginning of Eternity resulta ser una bella introducción de cara a las siguientes composiciones que escucharemos. Con gran sutileza el tecladista Nicolás Sáez se encarga de ambientar y de contextualizarnos en lo que será un hachazo de Power Metal con todas sus letras: el opening track You’ll Never Be Alone. Imposible no recordar a los puntales del género con esas primeras notas que sudan Power clásico por los poros. Doble bombo a mil, melodías cortesía de ambas guitarras y un sonido envidiable abren paso para que Sebastián Jaque arremeta con los primeros versos que nos hablan de lo importante que es estar acompañados por nuestros cercanos a lo largo de la vida. De esta forma nos preparamos para que estalle uno de esos coros pegadizos que se cantan con el puño en alto: «Face it ‘till the end / leaving your fears behind / someone will guide your way out / Never forget, you’ll never be alone / angels will guide you back home!«. Por otra parte, sin brillar en demasía, la parte instrumental se las arregla para generar un gran matiz respecto a la velocidad de los primeros minutos, bajando un poco las revoluciones para las intervenciones del teclado y para un solo de guitarra del tipo «corto y preciso». Último estribillo y no quedan dudas que estamos frente a un temazo. ¡Gran inicio!

Sin ser una de las más destacadas, To Win es quizás una de las más interesantes de escuchar, debido a los constantes cambios de ritmo que te mantienen alerta en todo momento. Nuevamente Nicolás Sáez da el puntapié inicial con un sonido que de inmediato recuerda al trabajo que Jens Johansson ha hecho últimamente con Stratovarius. De aquí en adelante todo resulta impredecible. Se pueden encontrar mid-tempos, dobles bombos, sonidos espaciales, arreglos por doquier y un coro que cuenta con segundas voces que exclaman «Fall now, get to win, your move is the key!» marcando el fraseo para que luego se sume el vocalista. Riquísima en detalles, donde la banda muestra una cohesión y una precisión notable.

Seguimos con Star Over Again, canción que de buenas a primeras presenta muchos toques del AOR, pero esta impresión dura apenas un minuto puesto que la base rítmica compuesta por David Plaza y Mauro Silva (batería y bajo respectivamente) comanda las progresiones que le añaden la frescura necesaria. Prueba de ello es cuando Sebastián canta «…’cause you have to deserve, a new chance to rebuild your life / it’s time to start over again» durante el estribillo, ya que de fondo escuchamos esos pasajes powermetaleros con tonos reconfortantes y esperanzadores que cumplen su función a cabalidad. En tanto, Maximiliano Jaque y Jaime González no se quedan atrás, puesto que se «despachan» unos solos de muy buena factura coronando una gran sección instrumental. Rápidamente nos conectamos con Into the Oblivion, que básicamente nos habla del problema de la pobreza en la sociedad y de la falta de oportunidades que impide abandonar tal condición. Esto lo notamos en la entonación y en la interpretación del vocalista, que se encarga de darle sentido a versos tan potentes como «On this system overloaded / all are numbers, life is gone / you can’t feed your soul with credit / but your daily life remains undone«. Musicalmente volvemos al Power Metal de principio a fin, siendo un tema veloz y al hueso que permite que cada uno de los integrantes se luzca a su debido tiempo. Ojo con los arreglos de teclado y con las armonías de las guitarras.

La primera balada del álbum llega con Perhaps. Debo admitir que durante las primeras escuchas del LP se me hacía un poco monótona y con falta de lucidez, pero una vez que comencé a seguir la letra de cerca cada nota comenzó a tomar significado. Digo esto porque a más de alguno le harán eco frases como «If I had given you more / every time that you knocked / perhaps we’d be together here for so long, for so long«, que describen de manera perfecta los contratiempos de una relación en pareja. Por supuesto que los invito a leerla con detención. Mientras todo esto ocurre, nos topamos con los elementos que no pueden faltar en una canción de este tipo. Vale decir, encontramos una gran melodía, el cambio de intensidad al pasar del verso al coro y finalmente un outro que no se guarda nada mientras escuchamos las últimas palabras del cantante. Recordando que en este punto nos encontramos en la mitad del tracklist, a todas luces sirve como una pausa y como una transición de cara al resto de las composiciones.

Dreams of Freedom definitivamente es mi favorita. Para no ser redundante al momento de describirla, basta con decir que es Power hecho y derecho liderado por la excelente pegada de David Plaza. Es notable como va subiendo la tensión hasta que el coro explota exclamando «Dreaming, hopes and memories to recognize / I must be realized / Willing, to get my life back and get on track / in freedom my dreams will last«. En tanto, Mauro Silva destaca sobremanera en la parte instrumental con un pequeño solo de bajo, que sirve para terminar con un frontman inspiradísimo cantando en lo alto en lo que posiblemente es su mejor performance. A la vena y sin grandes pretensiones, ¡temazo!

Muy por el contrario, In Our Hands y A New Dawn representan lo que en líneas generales es esta segunda mitad del disco. Esto es dejar de lado un tanto las canciones rápidas para adentrarnos en un mid-tempo que requiere varias escuchas para sintonizar con él. Ciertamente quedamos con gusto a poco puesto que varios pasajes se sienten faltos de potencia e intensidad. Eso sí, no podemos dejar de destacar las constantes melodías y la cohesión que nos proveen las guitarras. Por otra parte, otro detalle que no se puede pasar por alto es la profundidad en la temática de las líricas. La primera nos habla de la conciencia sobre el daño a nuestro planeta y cómo está en nosotros ser un agente de cambio, mientras que la segunda relata el vacío que sienten dos personas que se aman, pero que al encontrarse descubren que «son mucho más que cada una por sí sola«.

Lost Innocence cuenta con la participación de la cantante nacional Caterina Nix (Chaos Magic) que comparte algunos versos junto a Sebastián Jaque. Prácticamente ellos llevan todo el tema ya que musicalmente se remite solo a la ambientación del teclado junto a algunos arreglos orquestales para posteriormente escuchar un correcto solo de guitarra. Muy personalmente me parece un punto bajo dentro de lo ya escuchado puesto que no puedo dejar de pensar que con un poco más de fuerza e ímpetu podríamos estar hablando de una gran composición. Por suerte The March of the Fallen logra cerrar el LP de gran forma. Es la más extensa y básicamente es un resumen de todas sus predecesoras. Por supuesto que encontrarán dobles bombos, las pausas necesarias en cada estrofa, teclados «espaciales», un excelente trabajo de guitarras y una notable interpretación vocal. Si le sumamos el hecho de que la letra no se queda atrás hablándonos de «Como aquellos que creen y luchan por sus sueños, ven que en el camino dejan de estar algunos rostros, otros nuevos se incluyen, e incluso a veces reaparecen a medida que pasa el tiempo» (descripción que la misma agrupación provee a sus fanáticos en su página web), el resultado es arrollador. Para finalizar, el outro da a entender que la banda dio todo de sí, poniendo el broche de oro mientras corean «En la eternidad nos llevan a empezar, destinos por cruzar, nos llevan a empezar«.

Desde luego que lo primero a destacar una vez concluido este trabajo, es la pulcritud alcanzada instrumentalmente hablando, ya que cada canción es interpretada de manera impecable con un sonido y un nivel de producción más que plausible. Punto aparte es el concepto y el mensaje entregado en cada una de las piezas, se nota y se agradece la dedicación en este punto. Ahora bien, sumando y restando, obviamente los aspectos positivos predominan de principio a fin, pero no deja de ser cierto que algunos de los últimos tracks dejan esa sensación de que «algo les faltó» y que por algunos momentos no logran adaptarse a la mejor faceta de Triboulet. Entendiendo que esto último responde absolutamente a apreciaciones personales y que está demás decir que en ningún momento se logra opacar el gran nivel de composición, indudablemente estamos frente a un comienzo prometedor para los santiaguinos. ¡Esperamos verlos prontamente en vivo y en directo!

 

 

Hace poco mencionábamos cómo el 2015 nos regaló tremendas obras del Metal nacional y que además para este año ya venían anunciadas importantes placas. Pero para cuando escribimos eso ni siquiera teníamos conocimiento que a la vuelta de la esquina se encontraba el, me atrevo a decir, debut del año. Todos sabemos lo difícil que es hacer música en Chile, especialmente Metal, donde el orgullo de lanzar un material tiene que luchar con sustentarse porque, afrontémoslo, el chileno no es tan bueno para pagar por música como para descargarla gratis.

En este sentido, después de siete años de existencia en los circuitos metaleros de Chillán y tras dos años de trabajo y esfuerzo grabando, produciendo y masterizando su primer largaduración, los muchachos de Sanguinius Terra nos dan el placer de conocer todo su talento compositivo y ejecutivo en los tracks que conforman su ansiado debut «Tierra Ansiada«, una mezcla maravillosa de melodía, potencia, rabia y, sobre todo, Power Metal, con un sonido muy a lo español, recordando un poco a WarCry, pero definitivamente original y autóctono, incluyendo una de las características que considero más importante por la dificultad que suele significar: todas las letras son en español. De hecho, como adelanto la semana recién pasada nos entregaron el videoclip de su primer single, el que puedes revisar aquí.

Entrando ya en lo que nos convoca, todo inicia con una mágica introducción instrumental como lo es Xe-nn Mer čonn, la que en poco más de un minuto y medio nos lleva a pasear a un mundo que pareciera estarse sumiendo en una guerra, no es difícil imaginarse un mundo que mezcla algo de La Historia Sin Fin con El Señor de los Anillos al escuchar esta introducción, con una excelente instrumentalización orquestada que desde el principio nos dice que esto será Power Metal del más puro, recordando pasajes de los discos más queridos de Rhapsody, por ejemplo.

Entonces, de golpe, Lluvia Astral, primer single del disco, nos patea el cráneo con un tremendo y pesado riff que nos abre las puertas a un mundo mágico, donde todo pareciera estarse cayendo a pedazos y el profeta nos recuerda que él ya nos alertó al respecto y ofrece una última oportunidad. La batería de Fabián San Martín desde el minuto uno mantiene una potencia con el doble bombo que no se pierde en ninguno de los pasajes del tema, dándole un dinamismo exquisito al track, lo que encima es apoyado magistralmente por las guitarras de Sebastián Espinoza y Lucas Riquelme, quienes demuestran todo su virtuosismo a lo largo de este tema sólo dándonos un adelanto de lo que será el disco. De hecho, los quiebres rítmicos en este primer track son como una analogía de lo que a la larga será el disco completo.

Con un riff en fade hace su aparición la genialísima Arrastrando Cadenas, donde el protagonista de esta historia deja en claro que absolutamente nada lo detendrá en su lucha, que si es necesario mantenerse arrastrando las cadenas entre esta y la otra vida, así será hasta que llegue a su encuentro con Caronte. Acá se escucha la veta más progresiva de estos muchachos, con solos de guitarra y de teclados donde definitivamente Juan Espinoza se luce con la ambientación lograda y con su lucha contra las guitarras a la hora de los solos, siempre acompañados con la más que correcta presencia de Diego Gómez en las cuatro cuerdas, quien junto a San Martín mantienen una base rítmica tremenda, aprovechando también de lucirse en ocasiones por sí solo.

Cuando todo se detiene un momento después del track anterior, nos encontramos con un interludio magistral, Lamento En Do M inicia sólo con una «conversación» entre el piano y la guitarra, en una especie de murmullo, de queja, que le da paso a un grito de rabia, a un lamento con mucha más fuerza donde los sonidos se conjugan en una orquestación poderosa que permite encontrarse en una posición miserable, sentir lo que en la historia se siente y comprender lo que se está contando, logrando ser tremenda introducción para la maravilla que vendrá después.

En una lamentación que recuerda algunos clásicos de Mägo de Oz, sobre una guitarra triste y una ambientación igual lograda por el teclado aparece la voz de Felipe González luciendo un tono más dramático que en los tracks anteriores donde se lució todo el tiempo con su potencia, acá nos regalan este pasaje que a los pocos segundos quiebra bruscamente a un track de puro Power Metal, con una base rítmica galopante que da paso a una nueva lucha entre las guitarras que termina en un armónico entre las dos. Un grito de guerra por el artífice perdido, el maestro perdido, ese que se pierde en el largo camino de una lucha que no siempre llega a buen fin, así, encontramos un tema altamente variable, con pasajes agresivos y pasajes tranquilos que mantienen una estructura que no dejarán a nadie indiferente y del que nadie se podría aburrir.

Entonces se nos deja caer la canción más Heavy Metal y cargada de agresividad del disco, Artista de la Sangre, que abre con un riff agresivo y una batería en doble bombo entrecortado, para dar paso al ritmo final que mantendrá como estructura general este tema. Las guitarras parecieran incluso sonar en tonos más bajos. logrando crear, sin necesidad de mucha orquestación ni intromisión del teclado, un ambiente altamente miserable, logrando ver a ese artista mientras González te cuenta la historia de ese que se esconde detrás una cruz y una biblia para satisfacer su sed de sangre, castigando en el alcohol a alguien ya marchito por su crueldad. Podría decirse que éste es el tema más vertiginoso de la placa, con pocos momentos lentos y muy cargado a la agresividad, esa reacción de rabia que te produce conocer historias como ésta, simplemente otra demostración de lo tremendo que son estos muchachos a la hora de componer.

Volvemos al Power Metal pero sin dejar esa veta de Heavy Metal que nos regalaron en la pieza anterior, las guitarras nos dan la bienvenida a Ya No Habrá Dolor, una especie de midtempo acelerada y pesada, con una tremenda base rítmica donde, además, Gómez se luce tremendamente en las cuatro cuerdas, acá se nos cuenta una historia de hadas y reyes vista desde la conversación entre padre e hijo, observando una realidad totalmente adversa la que fácilmente puede entrecruzarse con los peores años de nuestra historia chilena, cuando a veces en las calles se escuchaba un poco de ruido y muchos no volvían a sus casas, lo que logra que en la parte de los solos, donde el tema toma mayor velocidad, a la vez exprese sin mayor problemas mucha más agresividad. Una voz mucho más rasgada de González ayuda tremendamente a percibir esta atmósfera, donde, encima, no sólo utiliza esta voz sino que se da el lujo de ser ambos interlocutores, mostrando que está para cosas gigantes este muchacho.

Un minuto más de interludio nos trae Mhen, que comienza sólo con el piano para luego llevarnos a unos sonidos que parecieran recordar el «Imaginaerum» de Nightwish, creando una atmósfera de tristeza y nostalgia que, a la vez, deja ver importantes atisbos de esperanza respecto al futuro, a diferencia del interludio anterior, en esta oportunidad sólo Espinoza trabaja llevando a cualquiera a posicionarse en medio de esta historia y observar, con sentimientos encontrados, lo que se viene por delante.

Así hace su entrada la penúltima pieza de esta obra, la homónima Tierra Ansiada, la que comienza con un riff que recuerda un poco al Hard Rock que viene cultivando hace un rato la Metal Opera Avantasia, pero que casi inmediatamente se deja atrás para evitar cualquier comparación, dándole el paso a un tremendo Power Metal en el que no es difícil recordar algunos pasajes de Symphony X, pero ojo, con esto hablamos de una clara influencia, no de una copia ni algo más, porque estos chillanejos lograron encontrar un sonido propio para su debut, algo que no es fácil de lograr. Con un ritmo que se mantiene en un principio con un estilo oriental esta pieza se lanza al ataque con una tremenda velocidad, permitiendo además muchos pasajes instrumentales donde Espinoza tiene espacio de lucirse, con un González lanzado a contar el fin de esta historia, pidiendo a ese triste resplandor que se ve que lo acabe todo ya, manteniendo los quiebres rítmicos y los cambios de «escenarios» a los que nos acostumbraron a lo largo del disco, logrando una pieza magistral donde todos tienen la oportunidad de lucir su talento y habilidad, terminando con el ritmo oriental que abrió el track y llegamos al final.

Nos despide de esta placa Sendas del Adiós, una balada de fuertísimo contenido emocional en sus líricas, abriendo con piano y violín, siguiendo con guitarras en son de tonada folclórica acompañadas por los violines de Espinoza y sus teclados, donde González simplemente se luce demostrando el tremendo talento que tiene para entregar, con nuestro protagonista lamentándose el poco tiempo que le queda para morir bien. El ambiente que se logra es considerablemente melancólico, hacia la mitad aparecen además flautas que acompañan el final de este viaje sonoro logrando que nos compadezcamos de aquel que no quiere irse con la muerte que ya lo llama. Compositivamente podríamos decir que es una pieza altamente sencilla en comparación al resto de la placa, pero nadie podría negar que logra su objetivo y cierra de manera magistral este disco.

Estuve durante toda la semana escuchando el disco y en ningún momento me aburrí, es como una inyección de energía en su dosis justa que, además, te baja todas las revoluciones antes de terminar, provocando que no quedes con gusto a poco ni reclamando por más. Es sin lugar a dudas la dosis precisa de Sanguinius Terra, estos muchachos del sur de Chile que por fin logran debutar, con un larga duración de cuarenta minutos que nos lleva por un tremendo viaje sonoro y emocional, donde las guitarras de Lucas Riquelme y Sebastián Espinoza demuestran tener un tremendo futuro, el bajo de Diego Gómez realiza un tremendo trabajo y logrando en ocasiones ser el protagonista de las canciones, además del magnífico trabajo de Fabián San Martín en la batería que en más de una ocasión se luce junto a los teclados de Juan Espinoza, además del tremendísimo trabajo vocal de Felipe González que se luce con un muy amplio registro y jugando a distintas voces, demostrando todo su potencial.

Una placa de diez temas, donde en la composición participó casi toda la banda en uno u otro tema, algo no muy común pero que acá arroja un tremendo resultado como lo es «Tierra Ansiada«, la que ya se encuentra a la venta en formato digital desde el 05 de Agosto y de la que pronto podremos disfrutar, además, la edición física. Esta tremenda obra es, según mi opinión, la revelación del Metal nacional y, quizás incluso, lo mejor en el Power Metal chileno del 2016, es recomendable por donde se escuche y sin lugar a dudas es un tremendo puntapié inicial para estos muchachos que ojalá puedan sobrevivir contra la máquina de este mundo y seguir produciendo material porque sin dudas lo merecen. Claro que para que lo logren es importante que recordemos apoyar a músicos como estos chillanejos comprando su material, especialmente cuando lo merecen por hacer buena música. Esperamos escucharlos por mucho tiempo más y pronto poder escucharlos en vivo para seguir en ruta hacia esa tierra ansiada.

 

 

Desde nuestro querido Valparaíso nos llega el debut discográfico de una banda que, si bien ya tiene años de circo, comienza a dar sus primeros grandes pasos en la escena nacional gracias al lanzamiento del registro que aquí nos convoca.

Umvral está compuesto por Ricardo Curaqueo en la voz, Pablo Rivas en el bajo, Sebastián Lago a cargo de la guitarra, Rodrigo Neira en las teclas y Pablo Calbiague azotando las baquetas. Los oriundos del puerto principal nos presentan “Trascendencia”, un disco marcado por sus propias vivencias, con temáticas relevantes y que marca una etapa en la vida de la banda, tanto dentro como fuera del ámbito musical. Un disco, por lo tanto, trascendente, en palabras de la propia banda. De ahí el nombre de la placa que revisamos a continuación.

Una secuencia de sonidos modernos da inicio a Lobos de Fuego, tema que abre el debut discográfico de Umvral. A primera escucha sorprende y captura de inmediato la atención del oyente por lo particular que suena esta propuesta inicial: un teclado predominante sobre una acelerada base rítmica empapada de elementos electrónicos que acompañan acompañan una voz lúgubre y solemne, consolidando una mezcla que se aleja de los cánones típicos del Heavy Metal. Sin embargo a medida que el tema avanza se van encontrando elementos familiares que robustecen el tema y le dan forma, con potentes riffs de guitarra, un coro atrapante con un correcto trabajo en las voces, pues aun cuando el registro vocal de Ricardo Curaqueo no es particularmente virtuoso, sabe cómo sacarle provecho a su interpretación a través de buenas entonaciones y armonizaciones. A nivel de ejecución el tema es impecable, con un gran trabajo de cada uno de los intérpretes de la banda. Lobos de fuego es un tema de estructura sencilla que recuerda trabajos provenientes de la lejana Finlandia, aunque con una sonoridad propia y particular, quizá muy moderna y/o electrónica para muchos, pero sin duda es un tema interesante, en una jugada arriesgada de la banda al situarla como opening track del disco.

Los sonidos espaciales del teclado a cargo de Rodrigo Neira nos dan la bienvenida a El Cementerio. Si la primera canción era de corte innovador, esta es puro Power Metal de la escuela europea. Una estructura archiconocida pero que resulta efectiva a la hora de engancharnos, con un teclado protagonista y encargado de llevar la melodía principal, guitarras y base rítmica marcando una cadencia ágil pero con cortes y sucesiones que dan dinamismo a la canción y un coro enérgico y que atrapa. La fórmula funciona sin sobresaltos en esta canción, que recuerda a los también nacionales Fireland y Astral Lied, gracias al sonido ortodoxo y bien elaborado que se viene cultivando hace ya casi dos décadas en la escena.

Los baquetazos de Pablo Calbiague dan comienzo a Dime, un tema mid-tempo que parece bajar las revoluciones del disco, pero que muestra una interesante mixtura de sonidos, pues dentro de una rítmica reposada, pasa por distintas emociones, comenzando con un relato sentimental que va ganando fuerza con un coro motivante que desemboca en un riff oscuro, grave y desafiante, consolidando un tema muy bien logrado que se pasea por distintas emociones que recorren un hilo conductor dinámico y coherente a la vez. Si bien es cierto el tema funciona y destaca dentro del disco, creo que con una mezcla más potente el tema ganaría mucho, dado que en algunos pasajes los riffs de Sebastián suenan algo opacos, mientras que la voz de Curaqueo suena un poco plana.  Me parece que con guitarras más brillantes y una entonación más aguerrida el resultado de la canción sería aun mucho mejor.

El cuarto tema de “Trascendencia” es Ojos Rojos, y esta vez es Pablo Rivas el encargado de comenzar el tema con un riff denso que define el semblante de esta canción, que se aleja de todo atisbo de felicidad y nos sumerge en una atmósfera más lúgubre, algo oriental, con una correcta coherencia entre lo que dice la lírica y el sentimiento que nos transmite la música. Interesante los arreglos de batería que nos entrega Pablo Calbiague a lo largo de las estrofas y la aceleración rotunda que experimenta el tema hacia el solo comandado por Rodrigo Neira, entregándonos un remezón perfecto antes de enfrentar el coro final que cierra este interesante track.

Los ritmos mid-tempo siguen con Angel & Luz, en un corte que coquetea con el Hard Rock más que con el Power Metal,  en donde el protagonismo recae en el señor Curaqueo, quien acompañado de efectos de distorsión de voz y el incesante teclado de Rodrigo propone un canto más sentido y apasionado, lo cual se hace necesario y se agradece en este tipo de canciones cercanas al concepto de Power Ballad que muchos gustan utilizar. Es uno de los temas más «redonditos» que se encuentran en la placa, el mensaje es claro, la interpretación es elegante y es de fácil escucha, sin embargo diría tiene una sola falencia: ¡es demasiado corto! Yo creo que nadie se hubiera enojado si después del muy buen solo de guitarra hubieran agregado una estrofa o repetido el coro para seguir disfrutando de uno de los mejores temas de “Trascendencia”.

Y del Hard Rock nos pasamos al Power Metal nuevamente con Tu Mismo Infierno, sexto tema de la placa. Aquí Umvral nos trae un vendaval que arremete con todo y muestra una faceta más directa de la banda, entregándonos el tema más ganchero del disco. No hay mayores concesiones ni pretensiones, es un tema melódico pero agresivo, con guitarras más afiladas y protagonistas que en temas anteriores, lo cual se agradece muchísmo. Apostaría que este tema con aires a Masterplan será el favorito de la placa para muchos.

Fuego en el Cielo baja las revoluciones nuevamente, siendo este tema el más pausado y «romanticón» del disco. Notable es el trabajo de Neira en los pianos y arreglos que llenan de elegancia el tema, lo que podríamos etiquetar como el Cielo de la canción, y luego Rivas y Calbiague ponen de Fuego la canción con la potente base rítmica que van dibujando hacia el final de esta bella composición. El sonido de las guitarras también destaca por sobre otros temas, y las sólidas armonizaciones vocales de Curaqueo contribuyen a consolidar uno de los buenos temas del disco.

El penúltimo tema del disco es Fortuna, otro corte extraído directamente de la Scandinavian School of Power Metal (?). Hablando en serio, Fortuna es ¡un temazo! Tiene todos los elementos que nos deleitan del estilo: Es un tema rápido, con cortes de ritmo que dan potencia a la canción, una voz aguerrida, adornos de teclado justos y necesarios, riffs potentes y un solo de guitarra como debe ser. No hay muchas más palabras para este temón.

Finalmente, el tema encargado de dar cierre al disco es Petroushka, una composición de nada más y nada menos que 11:30 minutos de duración, que se divide en cinco movimientos: Epitafio, Lazos, Ríos de historia, Petroushka y Memorias. El tema resume muy bien la esencia de la banda, contiene todos los elementos que se descubren a medida que uno va escuchando el disco. Más allá de lo propiamente musical, es un tema que se percibe con mucha fuerza, muy honesto y con mucho feeling… no sabría decir exactamente por qué, simplemente se percibe, lo cual es magnífico. Y desde el punto de vista interpretativo, es de lo más técnico y más potente que se encuentra en “Trascendencia”, tema que se pasea cómodamente entre pasajes furiosos de doble pedal resonante, suaves melodías a cargo del piano, cambios de ritmo, pasajes recitados,  voces camufladas entre efectos electrónicos y un sinfín de elementos que componen una pieza que, como dijimos al principio, resume perfecto el espíritu de UMVRAL y busca consolidar ese sello e identidad que cada banda anhela encontrar.

“Trascendencia” es un debut alentador que se percibe honesto, profesional y gratamente original. Puntos a mejorar no hay demasiados, diría que la producción admite mejoras en lo que respecta al sonido de las guitarras que no es uniforme en todo el disco y carece de brillo en algunos pasajes, mientras que a nivel interpretativo, aun cuando en general el trabajo es muy bueno, queda la sensación que Pablo Calbiague hace un correcto trabajo en la base rítmica pero que tranquilamente puede lucirse más en los tarros por las condiciones que tiene, mientras que Curaqueo puede sacarle más partido a su voz imprimiendo más pasión al canto en pasajes donde suena un tanto plano.

Al final del día, sumando y restando, el balance es alargadamente positivo. Puede gustar o no, pero es destacable e innegable que estos chicos están buscando un sello, una marca de agua, una identidad que permita identificarlos cada vez que suene su música, y a juzgar por esta entrega, lo están logrando. Después de darle muchas vueltas al disco, las influencias y comparaciones comienzan a disiparse, y el sello de Umvral se adueña de nuestros sentidos, percibiendo esta propuesta como una obra particular, distinguible y original. Estoy seguro que más de alguien se verá gratamente sorprendido por la indiscutible calidad de este prometedor lanzamiento. Pulgares para arriba para Umvral, otro buen exponente de la camada nacional de Power Metal. Esperamos que sigan componiendo y entregándonos más de su música en el futuro, porque pasta y talento tienen de sobra.

 

 

El Metal nacional sigue produciendo, quizás no a un ritmo tan acelerado como el segundo semestre de 2015, pero se sigue lanzando material de diversa calidad y, prácticamente, para todos los gustos, de hecho, este año ya se han lanzado algunas nuevas placas y otras ya están anunciadas para los meses que vienen y es que la capacidad creativa por estas tierras por fin se está encontrando con un poco más de oportunidades, incluso gracias a la ayuda de las plataformas digitales.

En este caso, por varias razones, se nos venía quedando en el tintero el trabajo que durante el 2015 lanzó el cuarteto porteño Burning Dusk, en un estilo que en Chile no es tan cultivado como otros: hablamos del Death Metal melódico que grandes exponentes como In Flames, Arch Enemy y Dark Tranquillity hicieron famoso a mediados de la década de 1990 y que en nuestro terruño ha tenido sus exponentes también como A Hope Of Life, Vardager y Darkemist entre otros, algunos con más éxito que otros y no precisamente por diferencias de talento. Pero vamos a lo nuestro.

Desde las costas del bohemio Valparaíso nos llega el primer LP de Burning Dusk, un hito especialmente importante para estos muchachos si consideramos que como banda nacen en 1999 y tuvieron un receso entre el 2004 y el 2007, habiendo logrado lanzar hasta la fecha sólo un EP, «Shameful Angel» (2002), un claro ejemplo de lo difícil que es grabar y lanzar material en Chile, por eso «Scavenger Of Light» (2015) termina siendo un hito en la carrera de la banda.

Todo esto comienza con una intro instrumental homónima al disco. Scavenger Of Light abre con un sonido que nos hace ver dentro de una sala de hospital con equipamiento sonando hasta que, claramente, la vida se va con el acompañamiento de un piano que en menos de un minuto le da el paso a Deadbed, el lugar donde nuestro amigo de la intro dejó de existir se convierte ahora en el primer tema del disco, acá de inmediato se aprecia el gran problema del disco y que, obviamente, no es culpa de la banda: su producción. Desgraciadamente la calidad no permite apreciar clara y cómodamente la voz de Andrés Arancibia, complicando un poco seguir la línea lírica.

Posteriormente encontramos el single que lanzaron durante Diciembre para promocionar el disco a través de un lyric video, Pariah Generation, un tema que suena más agresivo que su predecesor con guitarras bien afiatadas entre ellas que logran producir ambientes de miseria importante cuando hablamos de esta generación alienada, con buenos pasajes instrumentales pero líneas líricas algo monótonas, que en ocasiones incomodan un poco, donde si bien el bajo de Arancibia se alza casi como un invitado, logra un poco más de protagonismo en sus apariciones, aunque sean pasajes muy específicos.

Off The Hook arranca con un tremendo riff de entrada que le da paso a un cuerpo instrumental muy parecido al anterior, con buenas variaciones de tiempo y pasajes que parecieran recordar al «Heartwork» de los tremendos Carcass, pero que queda en eso, un vago recuerdo de esos pasajes manteniendo su originalidad en la composición, lo que trae de nuevo la monotonía, que se entienda, no es mal tema ni mal disco, pero en ocasiones se siente algo carente de variantes en las líneas instrumentales y líricas que provocan cierta incomodidad escuchándolo.

Luego, con un poco más de velocidad y un ritmo bastante más particular que en los temas anteriores llega Cursed, un punto realmente alto en el disco, un tremendo trabajo vocal acompañado con guitarras variantes y violentas, un tremendo pasaje instrumental en el coro donde Javier Pérez y Erick Grawe demuestran que están para grandes cosas, a la vez que los tarros muestran mucho mayor juego de lo mostrado hasta ahora, permitiendo que Christian Glavich se luzca más en la batería. Si bien la línea lírica mantiene un nivel parejo casi monótono, se siente otra vibra, una intención de motivar y movilizar más que en las pistas anteriores, un tremendo tema que, en mi opinión, levanta de un golpe una producción que venía un poco al debe.

Una excelente intro abre Restless, una pieza que mantiene el nivel demostrado en la pieza anterior, pero que, encima, cuenta con un tremendo solo de guitarra que recuerda mucho a los que nos tiene acostumbrado Arch Enemy, realmente los que más se lucen a lo largo de la placa son ambas guitarras, mostrando que tienen la capacidad de hacer cosas grandes y llegar lejos, un tema que claramente no se cansa aun sin tener descanso escapando de la bruma ardiendo, una pieza que junto a la anterior nos permiten disfrutar más de esta placa.

En la vena más agresiva salta a nuestros oídos Hell To Pay, donde podemos escuchar el mejor trabajo vocal de Arancibia y un excelente trabajo en la composición de las líneas líricas, presentando un ritmo que comienza tremendamente bien para volver a caer en la monotonía en algunos pasajes. Sin embargo, pareciera que notaran que te podrías estar aburriendo para golpear inmediatamente con un quiebre rítmico que despierta a cualquiera, siendo uno de los mejores pasajes de esta pieza. Debo decir que llama altamente la atención la calidad del sonido de la batería, hay puntos en que incluso pareciera ser una batería programada, lo que también le quita un poco de gusto a la placa, aunque por otra parte, es en este track donde precisamente más se luce el bajo de Andrés Arancibia, contrapesando un poco lo que mencionamos respecto a cierta incomodidad.

Deadly Companion comienza intempestivamente preparándote para un tremendo tema de Death para nuevamente caer en la monotonía. En este tema se da una situación bastante clara donde la potencia y agresividad del tema se mantiene en todos los pasajes instrumentales y desaparece con la aparición de las líneas líricas, un detalle que decepciona un poco porque se logra sentir el potencial de la placa y de la banda en general, pero en definitiva logran sólo un buen material cuando podrían lograr algo realmente tremendo.

Terminamos este corto Larga Duración con el tema más tradicional, no obstante atravesado por un poco de Deathcore, Merrick, con un ritmo constante pero que afortunadamente carece de esa monotonía que tan presente se mantiene a lo largo del disco, donde nuevamente las guitarras de Pérez y Grawe demuestran mucho de su potencial que aún pueden explotar mucho más, es uno de los temas que más hace esperar una próxima placa, atreviéndose a utilizar una voz narradora en medio de una pieza instrumental que recuerda un poco a El Azote de los también nacionales Criminal, dejando en claro lo que ya he dicho anteriormente, tienen mucho potencial para lograr algo bueno, pero pareciera que la ansiedad de poder sacar al mundo su primer larga duración después de tantos años y la angustia de hacerlo de manera independiente les jugó una pasada algo errática, logrando un tremendo final de disco con un fade out preciso.

Debo decir que el disco lo disfruté mucho menos lo que me hubiera gustado, no es un mal disco, pero comete algunos pecados que dejan de manifiesto que a la banda aún le falta camino por recorrer. Insistimos: esto no quiero decir que sean una mala banda o sea un mal disco, pero sí que le faltó quizás disfrutar más lo que estaban haciendo y proyectarlo mejor, y no tratar de hacerlo necesariamente perfecto. Igualmente, es notorio que esta banda es de las que no la ha tenido tan fácil, considerando sus años de existencia.

En definitiva, Burning Dusk nos regala un material de ocho tracks con tres claramente superiores al resto y los demás un poco más discutibles, pero que al final del día logran un buen producto donde tienen un tremendo enemigo según yo, la producción. Desgraciadamente ese es un problema que en Chile es difícil de solucionar por los costos que significa, pero que soy capaz de apostar que para la próxima entrega de estos muchachos van a haber podido solucionar, madurando su composición tanto instrumental como lírica y logrando que un cuarteto del puerto, tras años de lucha por el Metal, salgan a luchar quemando con su bruma.

Tras la salida de Victor Smolski y André Hilgers, el presente de Rage bajo ninguna circunstancia resultaba alentador. Si bien a lo largo de toda su historia son innumerables los músicos que han pasado entre sus filas, no deja de ser cierto que esta última formación parecía a todas luces gozar de buena salud. Tanto así, que el 2011 recibimos la primera visita de los germanos a nuestro país en una noche épica que dejó con gusto a poco a aquellos que esperaron décadas para que algo así ocurriera.

Por suerte esa institución llamada Peter «Peavy» Wagner no iba a dejar que el trabajo de toda una vida quedara en el aire y prontamente declaró que la banda seguiría contra viento y marea, anunciando así a los nuevos integrantes que tomarían sus funciones lo más rápido posible. Los elegidos fueron el guitarrista venezolano Marcos Rodríguez (Soundchaser) y el baterista griego Vassilios «Lucky» Maniatopoulos (Tri State Corner). Ahora bien, en este punto surge la principal interrogante de cara a este «The Devil Strikes Again«: a estas alturas del partido, considerando el extenso catálogo y los años de carretera de Rage, ¿podrán sorprendernos en este «reinicio» de la banda?. Digo esto porque a pesar de que para muchos los elegidos en esta nueva alineación resultan ser completamente desconocidos (sin desmerecerlos, desde luego), prácticamente uno da por hecho que son buenos músicos y que su ejecución será intachable. Pero muchas veces eso no basta. La cohesión, la complicidad y el sentimiento de pertenecer a una agrupación como tal son absolutamente determinantes a la hora de presentar un álbum.

Un golpe efectista resulta ser la carátula del LP. Una calavera de un macho cabrío rodeada de gusanos que sin duda logra llamar la atención por más que sea considerada una imagen absolutamente cliché. Sobria y al hueso.

Partimos entonces con The Devil Strikes Again, que es uno de esos opening track que derechamente te dejan sin aliento. Al ser la primera canción del disco, resulta ser una prueba de fuego de cara a lo que escucharemos, y vaya que logran llamar la atención puesto que es imposible no recordar la vieja escuela con ese riff agresivo, filoso y lleno de ira cortesía de Marcos Rodríguez, quien por lo demás posteriormente comanda una sección instrumental más que interesante. Lucky no le pierde pisada, ya que gracias a su pegada rápidamente pasamos a un tema «cañero» que es totalmente efectivo. Peavy en tanto no se guarda nada respecto a su interpretación desde la primera frase, mostrándose muy enérgico y con un empuje envidiable, lo cual no hace otra cosa que aumentar la tensión hasta llegar a un coro perfectamente logrado, hecho especialmente para cantarlo con el puño en alto y con el headbanging respectivo: «Hell, what a night / now the devil strikes again / faster than light, back into my life!». No pudimos arrancar de mejor forma, ¡temazo!.

Bajamos un poco las revoluciones con My Way. La canción básicamente mantiene un ritmo firme y denso donde el baterista demuestra toda su potencia sin grandes pretensiones. Tras la intro se produce un quiebre acústico que evita la monotonía dando paso a que entre la voz con un fraseo más rasgado e intenso. Llegando al estribillo, escuchamos con más claridad las segundas voces de Marcos, que particularmente tiene un tono más alto que el de Peavy, generando un matiz bastante llamativo cuando cantan al unísono «…just my way / It’s my final call / it’s heaven or hell!». Pegajosa, precisa y llena de fuerza. Muy bien escogida como single.

Back on Track abre con un riff vertiginoso a cargo del venezolano, que digámoslo, a estas alturas ya se lleva todos los aplausos con sus intervenciones. Sin dejar de lado la senda del Speed Metal a la vena, esta composición en líneas generales mantiene un tono más reconfortante y esperanzador plasmado en la lírica que resulta ser toda una declaración de principios. Por supuesto, lo anterior en ningún caso le resta potencia a lo ya escuchado. Además, cuenta con otro quiebre acústico que se transforma en una especie de sing-along que sin dudas está pensando para interpretarlo en vivo en conjunto con la audiencia. Finalmente, suma atención con el outro, que es coronado a la perfección con un excelente solo de guitarra terminado el último estribillo.

La primera vez que escuché The Final Curtain me pareció una baja considerable en relación a sus predecesoras. No quedándome con la primera impresión decidí darle varias oportunidades junto al aumento número de escuchas del álbum y sinceramente no hubo caso. No es un mal tema, pero probablemente los tracks anteriores le juegan una mala pasada ya que es considerablemente más lenta y más sobria en su ejecución. Sin ser tan tajante, de todas maneras hay que destacar toda la sección instrumental y los constantes cambios de tiempo de Lucky Maniatopoulos.

La dupla conformada por War y Ocean Full of Tears traen de vuelta el concepto implantado en este disco. Ambas muestran la mejor faceta de la banda, donde la cohesión lograda es más que plausible. La primera parte como un hachazo de aquellos donde el doble bombo machaca todo a su haber. Posteriormente nos movemos hacia pasajes más calmados con buenos arreglos de guitarra, que ayudan a que Peavy logre una interpretación mucho más sentida. Es así como poco a poco se comienza a formar otro tema marca registrada que da paso a un coro muy melódico pero no carente de la fuerza que los caracteriza. De forma similar la segunda va variando entre partes mid-tempo y otras más veloces que dan como resultado una pieza que suda Heavy Metal clásico por los poros. Nuevamente no se pueden pasar por alto las intervenciones de Marco en cada verso y las segundas voces que van tomando protagonismo tras la voz del frontman.

De lleno en la segunda mitad del disco, Deaf, Dumb and Blind es otra de las canciones más genéricas del álbum que de alguna forma se las arregla para destacar por sobre el resto, resultando un gran aporte dentro del tracklist. Lucky es el encargado de llevar la batuta con unos beats y un trabajo de pies más que interesantes a lo largo de los cuatro minutos de duración. Por su parte, Marcos -como ya se ha hecho costumbre- se despacha un muy buen solo, mientras el resto de la banda sigue con el huracán de fondo. Tras esto, es imposible no imaginar lo bien que funcionarán las exclamaciones de «Deaf! / Dumb! / and blind!» en vivo.

Spirits of the Night te lleva de vuelta a los años 90’s desde el primer acorde. La transición entre la intro y el primero verso es simplemente espectacular. De un mid-tempo de Heavy clásico en su más puro estado, pasamos a esos riffs más callejeros y agresivos, donde tras un redoble simple, súbitamente Peavy comienza a cantar «Face of horror, walls of death / the depths in our mind…». Seguimos a tranco firme hasta que estalla el estribillo con un doble bombo incesante, que más que seguro quedará dando vueltas en la cabeza de muchos de forma inmediata: «The spirits of the night live on and on / the visions of that dream, it won’t be gone». Luego se produce un quiebre en la batería donde el headbanging no se hace esperar, situándonos en pasajes que fácilmente son los mejores instrumentalmente hablando de todo el LP. Simplemente una de las más notables, lo demás sería redundar.

Como su nombre lo indica, Time of Darkness justamente resulta ser una de las más oscuras y lúgubres de todas. Si bien mantiene el sonido esencial de «The Devil Strikes Again» -esta vez implantado con más lentitud-, por momentos resulta monótona y con falta de inspiración. Totalmente opuesta es la última canción de este trabajo, ya que The Dark Side of the Sun trae de vuelta el vértigo y la rapidez en lo que es la composición más extensa de la placa. No deja de llamar la atención como en los versos Marcos es capaz de poner la pausa a las partes más «cañeras» cada vez que Peavy comienza una frase. Luego, en el puente escuchamos melodías propias del Medio Oriente para seguir con la calma en el coro. Poco y nada dura en todo caso, ya que prontamente volvemos al Speed con todas sus letras. En la parte instrumental la base rítmica destaca de sobremanera con una coordinación perfecta que abre paso a las últimas palabras del frontman. Para despedirse, el outro está hecho para enmarcarlo y recordar que Rage lo hizo de nuevo.

Así no más. Diez canciones en las que Peavy y compañía demuestran que pueden seguir dando cátedra sin importar el paso de los años, gracias a momentos que recuerdan las mejores épocas de la agrupación pero sin dejar de lado la frescura y la renovación necesaria. Realmente da gusto cómo logran sonar como una banda hecha y derecha ya que las intenciones quedaron claras desde el primer acorde y mantuvieron firme su postura a lo largo de cada pieza musical. Para disfrutar con confianza, y por supuesto esperar a que vuelvan por estas tierras lo más pronto posible. ¡Aguante Rage!.

 

 

Una vez más nos vamos a Alemania para revisar un disco que viene a enaltecer a la banda Mob Rules, agrupación con una larga trayectoria, que tras su último trabajo “Cannibal Nation” ya nos dejaban claro el salto cualitativo que logró con el paso del tiempo. Con Klaus Dirks a la cabeza, llega a nuestros oídos su nueva placa, “Tales From Beyond”, un título sugerente para ver que historias y sonidos del más allá logran Matthias Mineur y Sven Lüdke en guitarras, Jan Halfbrodt en las teclas, Markus Brinkmann en el bajo y Nikolas Fritz en batería.

“Tales From Beyond” es un álbum compuesto por diez temas, que desde el comienzo nos hace sentir la esencia de las principales influencias del Heavy Metal. Dykemaster’s Tale se titula el primer corte e inevitablemente se nos viene a la cabeza Iron Maiden, el riff introductorio con guitarras limpias, hasta que se hace escuchar Dirks bajo una base de marcha. Se comienza a apreciar un gran trabajo de composición, en el que la simpleza será un elemento que hará resaltar los pasajes más técnicos, rápidos y pesados de este “Tales From Beyond”. Luego de esta gran introducción se da paso a la fuerza melódica con el protagonismo de guitarras a voces, y la fuerza interpretativa de Dirks. Un puente envolvente y  un coro a medio tiempo, ideal para ser llevado a la experiencia en vivo. Dykemaster’s Tale, da la puerta de entrada al disco bajo un formato de larga duración – superior a los ocho minutos -, cuya composición en ningún momento lo hace sentir monótono y menos aburrido, con un gran comienzo, gran calidad de sonido y mejor ejecución de los músicos.

Continúa el turno de Somerled, un inicio con sonidos de gaitas nos avisan de un tema de fuerza galopante, con puentes de guitarras brillantes, y cambios de ritmos que sacan a lucir la mejor cara que se le ha visto a los germanos en su trayectoria. Sin ser un tema de larga duración, nos lleva por  experiencias melódicas, densas y oscuras. Tremendo corte. Luego, con Signs, pasamos de lo clásico y melódico a un trabajo de medio tiempo, más denso y con matices progresivos.

Power Metal puro es On The Edge, desde el primer momento la batería lleva la velocidad como protagonista, haciéndose más intensa en el coro con el doble pedal. Vocalmente el coro es impecable, bello y simple. Un solo imponente que cierra con unos redobles de batería para finalizar el tema, con la intensidad con la que comenzó.

El camino experimental lo abre My Kingdom Come, tema que hace bajar las revoluciones dejadas por On The Edge. Cambios de ritmos marcan el avanzar de este tema, arreglos a destiempo en batería por parte de Fritz, hacen muy atractivo el avanzar el disco. Realmente las sensaciones son diversas.

En la línea de un Heavy más clásico y oscuro se deja caer The Healer. Mob Rules deja claro que uno de sus atributos en cada uno de sus trabajos es el incorporar detalles que se enmarcan en lo progresivo, ya sea en cierres de estrofas como particularmente sucede en The Healer, y más aún en el solo donde se logró el mejor trabajo instrumental entre teclado y guitarra.

Una pieza de alto calibre para los amantes del Power Metal es Dust Of Vengeance, de velocidad feroz, cuenta con un estribillo realmente bello, imponente con mucho magnetismo. Uno de los cortes más completos y que llenará el gusto de todo amante del género melódico. La participación de  Halfbrodt en los teclados es colosal, a lo largo del tema y más aún en el momento del solo instrumental. Qué decir de las guitarras y bajos, perfecta ejecución y acompañamiento. Dust Of Vengeance hace definir a Mob Rules como una “típica” banda de cuna alemana que nos deja la boca abierta, y agradecidos de escucharla.

Una historia contada en tres partes es la forma elegida por Mob Rules para cerrar este tremendo trabajo, reeditando el formato de composición bajo una trilogía al igual que su primer álbum “Savage Land”. De un tono más denso, progresivo y mediana velocidad, las tres partes, Through The Eye Of The Storm, A Mirror Inside y Science Save Me!, dan un cierre redondo a “Tales From Beyond”, con un formato más progresivo, cosa que no nos debe sorprender, ya que Mob Rules se siente muy cómodo en esos terrenos. Completo manejo de sensaciones, una primera parte que se abre en tonos de caos, pasando por la intriga en la segunda parte y resolución de la tercera parte. Según la edición del disco se incluye un bonus track reeditando un hit de trabajos anteriores, aprovechando el gran sonido que poseen actualmente.

Mob Rules con “Tales From Beyond” ratifica la calidad y buen momento en el que regresan tras una larga espera. Con una producción y trabajo de composición admirable, es un disco que reúne lo mejor de un Metal melódico, intenso y bien administrado en sus emociones como también en su virtuosismo.  Gran material que llena y nutre el género.

 

 

Tras el debut en vivo en nuestro país de esa institución del Heavy Metal español llamada Saratoga, no quedaron dudas de que la pausa que se tomó Niko del Hierro para renovar energías fue totalmente efectiva. Si a eso le agregamos el excelente nivel que Tete Novoa demuestra en cualquier escenario y por sobre todo el regreso a sus funciones del baterista Dani Pérez y del guitarrista Jero Ramiro, el resultado no fue otro más que un panorama bastante prometedor que poco a poco tomó forma.

Ahora bien, como fanático acérrimo de la banda, tras la presentación que brindaron por estas tierras, en mi mente solo rondaba un pensamiento: «Deben sacar un nuevo disco lo antes posible». Y lo seguía afirmando con el correr de los días ya que era la única forma en la que podían coronar el excelente momento que estaban pasando, más aún considerando que para mí, «Nemesis» (2012) fue una baja considerable dentro de su catálogo.

Así, con «Morir en el Bien, Vivir en el Mal» se pone fin a una espera de cuatro años para poder escuchar material fresco de parte de los madrileños. Partimos entonces con Perseguido, un corte que sin preámbulos va directo al hueso con un sonido en la guitarra al más puro estilo de HammerFall. De inmediato notamos el gran protagonismo de Dani Pérez tras la batería, puesto que su pegada y el trabajo con los pies no pierden intensidad en ningún momento, todo siempre seguido muy de cerca por Niko. Tete a su vez, sin exagerar su interpretación y sin recurrir a recursos extremos, demuestra por qué es uno de los mejores cantantes de España. Sin tanto brillo, en la parte media se produce un corte interesante para dar paso a la sección instrumental. Si bien el final parece un poco sobrecargado con los estribillos (el cual es muy contagioso), no deja de ser cierto que Saratoga siempre ha sabido abrir sus discos de la mejor forma posible, y esta no es la excepción. Muy buen comienzo.

Hay composiciones que de forma inmediata se convierten en tu «nueva canción favorita». Es exactamente lo que ocurre con Mi Venganza, un track épico, rapidísimo, y muy melódico que está llamado a convertirse en un himno a la altura de Resurrección (sí, leyeron bien). La introducción nos vaticina lo que nos encontraremos con el correr de los segundos, que básicamente es un huracán que no se toma pausas. Tete canta las estrofas con una potencia envidiable, generando una sensación de ansiedad mientras esperas a que llegue el coro lo antes posible, que sencillamente es espectacular: «Aprenderás a llorar y a pedir perdón / El karma vuela tan cerca de tu dolor / Seré testigo presente de tu final / Recitaré tu último verso…» . La pausa que se toma la batería antes de que explote el estribillo, solo le da una cuota de magnificencia. Como es de costumbre, Jero Ramiro se despacha un entretenido solo, antes pasar a la recta final de lo que para mí, tajantemente, es uno de los mejores temas de la «Era Tete Novoa«.

Niko del Hierro demuestra su habilidad con el bajo introduciendo la canción homónima. Morir en el Bien, Vivir en el Mal es quizás la pieza más Heavy de todo el LP. Un mid-tempo intenso, con un aire a Crystal Night de Masterplan. Sin ser lo más destacado, llama la atención por su ritmo constante y robusto.

Como el Viento fue lo primero que escuchamos de esta placa, y vaya que logró ser una carta de presentación efectiva, ya que nos dejó con ganas de escuchar el disco en su totalidad apenas se dio a conocer. Volvemos a la faceta más agresiva de la banda, que por momentos recuerda a pasajes de «El Clan de la Lucha» (2004). Contiene todo lo que uno espera de un single: cañera, pegadiza y ejecutada a la perfección instrumentalmente hablando. Jero demuestra toda su experiencia y habilidad para generar los matices necesarios que evitan que la canción sea plana y monótona. Personalmente, la imagino como opening track de las actuaciones en vivo, más aún ante una audiencia que gritará «Soy como el viento!» con todas sus fuerzas.

Bajamos un poco las revoluciones con Volverá, donde Niko y Dani llevan una base a prueba de balas, la cual se complementa de gran forma con el sonido más pesado y denso de la guitarra. Tete se muestra en un gran nivel, cantando la letra con fuerza y seguridad con un ritmo que incita al headbanging. Eso hasta que llega el estribillo, el cual es del tipo «levanta puños«. Por sobre cualquier aspecto, es un corte digerible y sencillo, superando con creces el nivel impuesto por sus predecesoras. Sucede lo mismo con Luchar o Morir, el cual es un temazo de aquellos, principalmente porque es una canción prototipo dentro de este «Morir en el Bien, Vivir en el Mal«. Vale decir, un coro muy bien logrado y melódico, Dani con un excelente performance en la batería donde de vez en cuando pega unos platillazos sencillamente notables, y finalmente Jero y Niko haciendo lo suyo por su parte.

Lo siguiente es otro de los puntos altos de este álbum. El Vals de la Rosa Herida es un track hecho para ponerle suma atención. En primer lugar se titula así en referencia al poema «Retorno al Paraíso» de Federico García Lorca. A su vez, la letra es sumamente inquietante ya que nos habla del maltrato y de la violencia de género de una forma potente y directa. Desde ya los invito a leerla detenidamente. Musicalmente abre con un redoble de batería, que da paso a una excelente interpretación de principio a fin donde la tensión del momento se siente a cada segundo. Antes de cada coro, nos encontramos con la colaboración de la cantante Aroa Martín (Khael). Si bien sus intervenciones son puntuales y acotadas, bastan y sobran para llenarlas de clase y sutileza. El clímax absoluto llega cuando canta «Tiene un lugar escondido / entre rosas se suele ocultar / lame allí sus heridas / y vuelve a bailar» con una guitarra acústica de fondo, para que luego Tete Novoa se abra paso hacia el estribillo que sentencia «Baila este último Vals / y todo acabará / otra rosa herida morirá / gira, imagina que está en medio de un salón / y oye aplaudir su exhibición«. ¡Pedazo de tema!.

El Ciprés Solitario, parte como una pieza totalmente acústica con una melodía bastante interesante que nos introduce nuevamente a una historia cruda, donde podemos encontrar amor, desamor, venganza y un asesinato a sangre fría. En un principio parece ser una de esas baladas que no pueden faltar en una entrega de Saratoga, pero de pronto pasamos a una sección mid-tempo con una guitarra eléctrica pesadísima, generando una atmósfera un tanto oscura que termina por crear un exquisito contraste en los más de cinco minutos de duración. En líneas generales, junto a El Vals de la Rosa Herida destacan de sobremanera dentro de todo lo ya escuchado puesto que básicamente ambas escapan de la estructura de composición que se nos presenta en esta placa.

Vi tiene una ambientación más callejera y desafiante que se mantiene de principio a fin. Muchos coincidirán con que fácilmente podría haber estado dentro de «Tierra de Lobos» (2005), y eso es más que suficiente para describirla. En cambio, No Pidas Perdón es un track totalmente opuesto. El teclado acompaña de gran manera cada verso de otro de los cortes más densos que encontraremos. Niko del Hierro cumple doble función, ya que es el encargado de narrar las primeras líneas antes de que Tete explote en un coro notable y lleno de ira: «No pidas perdón, eres un traidor / lárgate lejos, no debes volver/ Eres un ladrón, perro acosador / con mi rabia te puedo morder!». De fondo escuchamos una base rítmica muy potente que termina por completar una creación más que interesante.

Acercándonos ya al final, los españoles arremeten con Saliendo de la Oscuridad, otro tema clásico con los que la banda jamás se equivoca. Jero Ramiro se manda unos solos muy melódicos en los que por momentos recuerdan a Buckethead, más aún con los efectos que le imprime a la guitarra en la parte media-final. De vez en cuando Dani acelera el pulso dando un cambio de ritmo muy bien logrado que permite que la canción tome rumbos más Thrashers después de cada estribillo. Así pasamos a Etérea, la encargada de cerrar la función, donde volvemos al Power Metal con todas sus letras. Riffs vertiginosos y el doble bombo marcando a mil conforman otro gran momento del álbum. La parte instrumental es reducida pero basta y sobra para que la dupla Jero-Niko demuestren todo su talento en la sección de cuerdas. Tete pone fin a su participación de forma magistral con unos agudos y un gutural que derechamente te deja sin palabras.

La principal sensación que queda luego de digerir casi una hora de música, es que Saratoga implantó una idea y una fórmula fija con la que llegaron hasta el final: composiciones pegadizas y melódicas que sudan Power Metal por los poros. Bajo este aspecto, es probable para algunos el disco sea algo redundante, pero justamente a esta altura los madrileños no tienen margen de error para experimentar o innovar algunos aspectos dentro del tracklist. Como dijimos anteriormente, tras un cese de actividades, lo único que necesitaban eran canciones gancheras que llegaran a puerto lo más fácil posible. Es cierto que se extrañan baladones como Mar de Luz o Fe, pero esto no opaca la gran cantidad de temas que se convertirán en clásicos con el pasar del tiempo.

Apenas salió «Morir en el Bien, Vivir en el Mal», las expectativas que tenía antes de escucharlo eran altísimas y por suerte fueron superadas por mucho. Un trabajo que tanto los fans, como la banda se lo merecían tras largos años en la escena. La cantidad de puntos bajos es mínima, razón que alcanza para decir que estamos frente a un discazo.

 

 

Axel Rudi Pell presenta su nuevo trabajo, llamado “Game of Sins”, con una fórmula más que consagrada y sin ningún factor de cambio (Eternal Prisoner + Fool Fool + Tear Down the Walls + los característicos riffs del teutón + la magia interpretativa de la voz de Johnny Gioeli). Dicho esto y si eres un seguidor (como el que escribe), sabrás de antemano e incluso previo a escuchar el disco, qué tipo de composiciones puedes encontrar. Axel Rudi Pell ha ido disminuyendo la velocidad de su trabajo desde que Mike Terrana no está en sus filas y se ha volcado en la melodía y los mid-time del Hard/Heavy como estructura principal (con Terrana, la última pieza con velocidad fue Ghost In The Black, y si recordamos bien, el alemán fue creador de afilados himnos powermetaleros a doble bombo, como Buried Alive, Flyin´High, Nightmare y/o Gettin’ Dangerous, entre otros).

En este periplo, su fiel escudero en el bajo, Volker Krawczak lo sigue acompañando (desde el año 89’) en las bases rítmicas, y Ferdy Doernberg continúa entregando esa atmósfera al mando de los teclados. A pesar de que ya no cuenten con los servicios de Mike Terrana desde el “Circle Of The Oath” (2012), el experimentado reemplazo Bobby Rondinelli (ex Rainbow, ex Black Sabbath, ex Doro y ex Riot) cumple más que bien con la propuesta del alemán desde que se integró y se adapta bastante bien al estilo que plantean como agrupación. No podemos dejar de lado a Johnny Gioeli, quien supo imponer su estilo, carisma e interpretación desde que entró a la banda en el lejano “Oceans of Time” (1998) por sobre la genial voz de Jeff Scott Soto.

Lenta Fortuna (Intro) nos da el pie de inicio para Fire, la típica apertura que nos trae Axel Rudi Pell en gran parte de sus obras, con una temática de ángeles y demonios. Es una canción a medio tiempo con un coro y riffs bastante pegajosos, en el cual destacan además del sonido de cada instrumento, la producción que siempre mejora en cada disco. Podríamos decir que el germano es una máquina de melodías, a pesar de que sus estructuras son similares, sigue fiel a su estilo y siempre se las ingenia para fabricar nuevos acordes que diferencian un poco cada uno de sus arreglos compositivos.

Sons in the Night es puro Hard Rock del que nos tiene acostumbrados Axel Rudy Pell, con un solo de guitarra inspirado y en donde mejor se distinguen los elementos del quinteto. Por sobre todo, resalta la interpretación de Johnny Gioeli, quien canta el coro como si se tratara de un hit de los años 80’, desempeñándose de igual o mejor manera que en su natal Hardline.

Siendo la canción más duradera, con una atmósfera densa, predominada por los teclados de Ferdy Doernberg y dándole nombre al disco, Game of Sins contiene un riff galopante, sirve de guía para los otros instrumentos y tiene ese aire al viejo Black Sabbath, de ritmo lento. Aquí se enfatiza el ritmo que lleva Bobby Rondinelli en las baquetas, donde de a poco va haciendo juego con los tambores como si quisiera cambiar de ritmo, hasta converger en un ritmo más acelerado en los minutos finales. Por otra parte, Falling Star es muy similar a Fire, tanto que podría haber sido el inicio de este “Game of Sins”, Hard/Heavy con una letra más inspirada en la fantasía y los vaivenes de la vida.

Las baladas es la otra faceta musical en donde se desenvuelve muy bien Axel Rudi Pell. Se nota su gusto por ellas en los compilatorios que tiene en su haber («The Ballads» I, II, III y IV). La power ballad Lost In Love brilla por sí sola, apoyada principalmente por los teclados de Doernberg y la emotiva interpretación de Gioeli, muy romántica y acorde a la letra, como si se tratase de una experiencia personal. Mención honrosa a la base de guitarras acústicas de Axel Rudi Pell y el solo de guitarra que saca bajo la manga, muy inspirado.

The King of Fools es la combinación de las partes de “Game of Sins”, con una letra más trabajada y con varios cambios de ritmo, canción de medio tiempo que acelera en algunos pasajes y de la mano de un compás de batería como principal guía, siendo primordial protagonista Rondinelli, quien hace gala de toda su experiencia en estos cambios de ritmo.

Con el peso del bajo como principal apoyo, bajando las revoluciones prosigue Till the World Says Goodbye, de aire denso y lento, extensión que nos lleva a gloriosas épocas de antaño por su estructura, introduce de a poco sus riffs, siendo de similar estructura a Game of Sins. Lo siguiente, Breaking the Rules, va muy en la línea de Fool Fool del “Black Moon Pyramid” (1996), Hard Rock melódico de primera clase, con esa guitarra rasgada impuesta por Axel Rudi Pell. Puede tener similitud con otras canciones del alemán, pero se las ingenia de alguna manera para tratar de marcar diferencias, en cuanto a letras y melodía.

Forever Free es otra canción extensa que no aporta mucho. Los principales protagonistas son Krawczak, Doernberg y Rondinelli en su gran parte, posee una espaciosa organización instrumental entre las guitarras y la voz de Gioeli. Bien baja en revoluciones, pero es de las canciones que sirven para separar por ritmos unas de otras y darle un poco de variabilidad al disco. Es un claro ejemplo de la fórmula de Axel Rudi Pell.

Como bonus track, All Along the Watchtower respeta la versión original de Bob Dylan y es interpretada en los terrenos musicales de la banda, luciéndose Axel Rudi Pell en el solo introductorio y por sobre todo,  al ambiente que le dan los sintetizadores de Doernberg. Versión Hardrockera de este clásico que ha sido interpretado por grandes como Jimi Hendrix (quien junto a Ritchie Blackmore son la gran inspiración del germano).

No es el mejor trabajo de Axel Rudi Pell, pero se mantiene en la misma línea compositiva como en gran parte de sus producciones. Podemos decir que esto es una especie de garantía para sus fans más acérrimos, dado que varía muy poco en sus esquemas y es parte del espíritu de los previos trabajos a “Game of Sins”. Si debemos destacar algo de él (además de su constancia, más de veinticinco años viviendo de la música no es poco), es que siempre sabe cómo enganchar a la audiencia con algún riff y los geniales coros de Johnny Gioeli.

A estas alturas Leo Jiménez no necesita presentación alguna. Remitiéndonos a su carrera solista (considerando por supuesto a 037), «La Bestia» ha logrado posicionarse en la escena con su propuesta cruda y sincera donde simplemente se dedica a hacer Heavy Metal a la vieja usanza. Un nuevo desafío entonces es «La Factoría del Contraste«, donde sin lugar a dudas debe demostrar que la fórmula no se ha agotado y que todavía tiene mucho por entregar junto a una agrupación que parece cada vez más compenetrada. Eso sí, esta vez hay un aspecto que no se puede pasar por alto: El mismo cantante afirmaba en una entrevista que este LP sería el más personal y el más «parecido a él» en comparación a cualquier trabajo que haya publicado con anterioridad.

Es de conocimiento público el gusto que tiene Leo por hacer que sus discos suenen y luzcan lo más real posible (para muestra un botón; grabó «20 Años tras el Apocalipsis» con problemas notorios en la voz debido a una enfermedad y no se realizó ningún tipo de arreglo en la post-producción), lo que se condice absolutamente con la portada de este álbum. Literalmente es una factoría que se pondrá a tono para dar forma a los distintos tracks de esta placa.

Partimos con Soy Libertad, donde rápidamente nos damos cuenta de que el madrileño se despojó de cualquier tapujo a la hora de componer. La canción en sí es arrolladora, con una banda sonando como un verdadero cañón. Imposible no recordar a Stravaganzza o a Fear Factory por algunos momentos. Las guitarras suenan más agresivas que nunca, seguidas muy de cerca por la pegada de Carlos Expósito, quien además realiza un muy buen trabajo con los pies. Aunque parezca algo obvio decirlo, Leo entra cantando de excelente forma, con esa voz más desgarrada que ha cultivado hace ya algunos años. Una gran sorpresa es el coro «Libre, yo siempre libre / Aunque me arranques la piel / Aunque me prives de ver con claridad / Soy libertad», ya que es acompañado por un breakdown propio del Metalcore que resulta bastante curioso. Es cierto que en un comienzo el asunto parece algo confuso y disperso, pero con el pasar del tiempo la idea logra decantar y cumple con creces lo que uno espera de un opening track.

Hambre explora esa faceta más crítica y humanitaria con la que ya nos habíamos topado en «Animal Solitario» (2013). La intro no dura más de treinta segundos, pero es realmente notable. Un gran riff apoyado por el bajo y la batería que suenan muy «orgánicos» (término acuñado por el mismísimo Leo Jiménez) dan paso a que Antonio Pino haga un pequeño solo antes escuchar las primeras estrofas. La canción se transforma un mid-tempo muy bien llevado, donde lamentablemente la letra deja bastante que desear. Que no se mal entienda, el mensaje es fuerte y claro, pero paradójicamente pareciera los mejores momentos son las secciones instrumentales. Destacable es el cambio de tiempo en el estribillo ya que suena al hueso y muy auténtico. Aún así, derechamente es uno de los puntos bajos del disco.

Debo admitir que cuando se dio a conocer Con Razón o sin Razón no me gustó para nada. Pero justamente eso es lo interesante de los singles, en un comienzo pueden parecer infumables y luego al aumentar el número de escuchas se transforman en grandes canciones (entiéndase Lost in Space de Avantasia). Cañera, al hueso y por sobre todo, muy, muy pegadiza. Lo demás sería redundar. Qué duda cabe de que funcionará a la perfección una vez que sea interpretada en vivo.

Lo que sigue es D.E.P., donde Mero Mero de Cuernos de Chivo se luce con esos tonos más densos y sombríos. El tema es un homenaje a Dimebag Darrell, el cual rescata elementos del Metal más «moderno». Una pieza experimental con la que las libertades fueron absolutas.

Caballo Viejo la habíamos escuchado anteriormente en «20 Años tras el Apocalipsis» en un formato totalmente acústico. Esta vez se nos presenta en una «Electric Version», donde los nuevos elementos la convierten en un temazo de aquellos. Sigue siendo una balada con todas sus letras, pero esta vez la canción fluye de mejor forma en comparación  a la original, principalmente gracias a la batería de Expósito. Notables también son las distintas intervenciones de Antonio Pino con su guitarra, las cuales son coronadas con un gran solo que da frescura y vitalidad a la parte media-final antes de que Leo cante el verso «Recuperaré el aliento si me amas / Tiempo que se viste eterno en tu mirada / Hoy te escribo aquí estos versos y palabra s/ Y espero poder cantártelo a la cara…» de una forma muy sentida y conmovedora. Muy buena composición, de lo mejor del álbum.

¿Leo Jiménez haciendo un cover a Shakira? Sí, que no les parezca raro, el madrileño ya nos había sorprendido con versiones de cantantes que son totalmente ajenos al género. Sin ir más lejos, lo hizo en su anterior placa con Que Tendrás de su compatriota David Bisbal y lo hace ahora en «La Factoría» con Ojos Así. El resultado es sencillamente espectacular. Los primeros segundos de ambientación árabe son lúgubres y sombríos. El panorama se mantiene con las primeras estrofas, pero el coro explota de manera formidable donde el headbanging no se hace esperar. El apodo de «La Bestia» lo tiene muy bien ganado, ya que no presenta ningún problema para versionar una voz femenina y salir ganando como lo hace acá. Para los incrédulos, les recomiendo a ojos cerrados que busquen el video de Días de Verano de Amaral y escuchen lo que canta este tipo. Finalmente, súmenle un punto a Edu Fernández quien hace un excelente labor con el bajo durante todo el track.

Volvemos a los pasajes más agresivos y potentes del disco con El Dilema, un corte que instrumentalmente es un hachazo de principio a fin donde nuevamente nos topamos con grandes influencias del Metalcore. En este punto creo que la colaboración de Tony Mero (el cual es un excelente growler) con el correr del tiempo se hace cada vez más tediosa y exagerada. Si bien la situación se presta para que escuchemos este tipo de guturales, queda la sensación de que el tema suena un tanto sobrecargado.

Por el contrario, el dueto compuesto por Un Día Más y Quién le Pregunta a Él representa otro de los mejores momentos de «La Factoría del Contraste«. Ambos son un mid-tempo, donde el primero es bastante melódico con características asociables a una power ballad. El cambio de guitarras acústicas a eléctricas funciona a la perfección a medida que Leo canta con tonos más pausados pero no carentes de la potencia que lo caracteriza. Posee también excelentes arreglos de la mano de Antonio Pino que permiten alcanzar el clímax con ese estribillo muy bien logrado. Con el segundo volvemos a escuchar esas letras ácidas y punzantes. Sumo cuidado con el mensaje, el cual es una crítica abierta al maltrato animal -particularmente contra la corrida de toros- donde versos como «Siglos maltratando una mirada / Que no para de pedir / Que prefiere no nacer para sufrir / Locos torturando con espadas / Masacrando a un animal / ¿Dónde queda el arte cuando hay que matar?» son realmente filosos. Musicalmente la agrupación suena sólida en todas sus líneas, logrando una cohesión formidable entre estas dos canciones.

Que me digas Ven es otra balada que se escapa absolutamente de lo que ya hemos escuchado. Presenta un interesante dúo entre Merche (popular cantante de pop española) y Leo, donde la melancolía y el desamor no se hacen esperar. Está demás decir lo bien que cantan ambos cada una de las estrofas. Y es que es tanto el protagonismo de las voces, que instrumentalmente queda al debe y por momentos se vuelve algo monótona y repetitiva. El coro si bien está lleno de fuerza,  parece un poco sobresaturado y termina por aburrir a la segunda escucha.

Acercándonos al final, Keroseno es otro hachazo con tintes de Thrash Metal con los que la banda se siente muy cómoda. Sumando la aplastante base rítmica, cortesía de Carlos Expósito y Edu Fernández, con los riffs más «callejeros» de las guitarras, el resultado es un entretenido tema que da paso a que el madrileño vuelva a unos tonos más altos y grandilocuentes. Por la forma de cantar, a muchos se les vendrá a la mente ese cañonazo llamado Volver del álbum «Los Fuertes Sobreviven» (2011). No es lo más destacado del disco, pero es un gran golpe enérgico tras escuchar a su predecesora. Por último, y para sorpresa de varios, el ending track Ascención es una pieza instrumental donde reina la calma en una atmósfera reconfortante. La melodía y el sonido impuesto por las guitarras está lleno de clase y de sofisticación. Si me lo preguntan a mí, un broche de oro para esta nueva placa.

El disco cuenta también con cuatro bonus tracks. Tres covers, Neon Knights de Black Sabbath, Getsemaní del musical Jesucristo Superstar y Tierra de Nadie de Barón Rojo (estos dos últimos resultan ser los mejores), más el demo de la canción Es Por Ti. De esta forma se pone fin a más de una hora de música en la que Leo Jiménez alcanza una madurez y un sonido que continúa de excelente forma el camino pavimentado en «Animal Solitario«. La propuesta acá es arriesgada, puesto que desde un comienzo las ideas fluyen dejando de lado cualquier atadura o estigma que pueda influir en las composiciones, pero no deja de ser cierto que estamos frente uno de los mejores discos de toda su etapa solista. De igual manera, los músicos que lo acompañan le dan sentido a la idea que se quiso implantar ya que les supo sacar el jugo a cada uno de ellos, logrando así momentos notables que están hechos para enmarcarlos.

Al final del día, «La Bestia» no se guardó nada y sigue aumentando su leyenda.

 

Desde hace un buen tiempo que el sello discográfico Frontiers Records está sacando proyectos musicales donde su composición en cuanto a integrantes, los hace muy atractivos para quienes disfrutamos del Rock en general. La estrategia para sacar al mercado material nuevo garantizando un trabajo de calidad está basada en que los integrantes de estas “bandas proyecto” las conforman músicos ya consagrados, de vasta trayectoria y experiencia, quienes traen un sonido clásico en sus venas, y mezclarlos con músicos nuevos, que buscan o traen consigo un sonido renovado del Rock. Ahora bien, nada garantiza que estos trabajos musicales tengan una buena recepción o éxito en la audiencia, pero hasta el momento, discos tales como “Revolution Saints” o “W.E.T.”, por nombrar solo algunos, han sido de un resultado y calidad fantástica.

Bajo este esquema para el año 2016  Frontiers Record saca a la luz Nordic Union, agrupación que, como ya es costumbre, en estos proyectos su primer trabajo lo titulan de forma homónima. Nordic Union está conformado por Ronnie Atkins en la voz, quien es ya un viejo conocido para nosotros por la banda Pretty Maids, además de su presencia en Avantasia; en guitarras y bajos con un sonido de Hard Rock renovado está Erik Martensson (Eclipse y W.E.T); en batería Magnus Ulfstedt, también proveniente de la agrupación Eclipse, y de participación con Jimi Jamison en un trabajo admirable titulado “Never Too Late” del 2012Además cuenta con la presencia de Magnus Henriksson (Eclipse), Thomas Larsson (Glenn Hughes y Six Feet Under) y Fredrik Folkare (Firespawn), para la ejecución de solos de guitarras en temas particulares.

Entrando de lleno a la revisión de la placa “Nordic Union” nos encontramos con el primer corte titulado The War Has Begun, que con una sutileza acústica y sin mucho preámbulo abre paso una guitarra llena de Hard Rock, la cual se hace protagonista desde un principio. Haciendo de voz principal, Erik Martensson nos genera toda una expectativa hasta que hace su aparición Ronnie Atkins. El tema pasa de una estrofa marcada con la presencia del bajo,  un coro lleno de fuerza el cual da paso a un formidable solo de guitarra donde el medio tiempo en batería, se acelera para generar un ambiente en el que Magnus Henriksson se luce. Con inicio a voces simple, el solo de guitarra cierra con un acelerado pero preciso virtuosismo para caer a un coro final, el cual finaliza con una especie de marcha tras lo que significa el inicio de una guerra. Qué gran y prometedor inicio.

The War Has Begun abrió los fuegos de manera extraordinaria para que la marcha continúe con la inconfundible voz de Ronnie Atkins en Hypocrisy. Si se quiere marcar presencia al momento de sacar un sencillo de corte comercial, el cual contenga una composición adictiva, sonido moderno y la magia del Hard Rock de antaño, se debe hacer algo como Hypocrisy. Su comienzo con un riff en guitarra lleno de suspenso con un sutil overdrive -para quieres conocemos trabajos anteriores de Erik Martensson ya es un sello patentado-. El tema continúa con una guitarra llena de distorsión, la cual, acompañada con la participación instrumental, juega con la intensidad al bajar en el inicio de la estrofa a batería y bajo como principales protagonistas, además de sutiles matices en guitarra eléctrica. Este juego o estilo de composición, queda en su forma justa si tienes como voz principal a Ronnie Atkins para cerrar el círculo armónico a voces, creado junto a Martensson en la estrofa. Hoja aparte para el coro. Toda la potencia guardada en un comienzo desemboca en un coro lleno de fuerza vocal e instrumental. Además cuenta con una característica de estribillo pegadizo. Qué calidad y magia vocal mostrada por parte de Atkins y el acompañamiento de Martensson. Un bello solo de guitarra a cargo de Fredrik Folkare el cual oxigena la línea musical de Hypocrisy sumando cortes de batería y elevando el peso de acompañamiento. Tremenda canción, llena de fuerza con un claro mensaje de que la mentira ha ido opacando cada rayo de luz en el cual la guerra cotidiana ha ganado terreno. Por algo fue el corte elegido para realizar el video y segundo single del proyecto Nordic Union.

El álbum continúa con Wide Awake. De estilo y sonido más cercano a un Rock más moderno respecto a lo escuchado anteriormente, Erik Martensson toma el protagonismo en la voz, siendo acompañado en los coros por Atkins. Composición de tono más neutra y sencilla, Wide Awake nos lleva a experimentar de sensaciones propias del Hard Rock, a un Rock más popular en el cual su principal énfasis en la letra está en que tan atentos o despiertos estamos. Técnicamente la diferencia la aporta Thomas Larsson con sólo de guitarra más filoso y ejecutado a la perfección.

Llega el turno de la balada en Nordic Union” de la mano de Every Heartbeat, con un comienzo marcado por guitarra acústica y sintetizadores que otorgan una gran atmósfera para el desarrollo de la primera estrofa hasta el coro, donde la tenue intensidad se ve golpeada por la entrada de la batería. Este tema tiene otro coro muy bien logrado, en el cual se van sumando elementos a medida que se acercan al final, lo que hace que esta balada no sea plana, y genere un magnetismo lleno de nostalgia y fuerza.

Toda la fuerza del Hard Rock vuelve con el siguiente corte titulado When Death Is Calling, el cual fue el primer single del proyecto. La tónica se da con un comienzo poderoso para bajar los decibeles al momento del inicio de la estrofa, pero a diferencia de los temas anteriores, un poderoso riff marcado con un redoble en batería, entra para dar mucho más velocidad y densidad a una canción cargada al peso emotivo de la letra, que en algunos casos trae el avance inevitable del tiempo. Nuevamente tanto estrofas y coro se potencian en una gran calidad de Atkins junto a Martensson. El cambio de tono en mitad de When Death Is Calling muestra la versatilidad e inspiración con la que se logró trabajar en este proyecto.

Un inicio de cortes marcado por caja y guitarra dan paso a 21 Guns. Tras la dosis de puro Hard Rock entregada con el tema anterior, nuevamente Nordic Union se mueve en terrenos de un Rock más moderno, con una presencia más progresiva en los arreglos de la guitarra, como así también distorsión abierta en los coros, todos elementos de una composición con matices mucho más contemporáneos. Una letra que hace alusión a la importancia que se le da al resguardo en armas, sin pensar cuántas vidas éstas terminaran.

Continuamos con Falling, en cuyo comienzo el sintetizador nos hace pensar que tendremos una composición de corte más experimental, hasta que entra el riff de guitarra que es Hard Rock puro. Falling logra un sonido elegante, tanto para el solo como a lo largo de su desarrollo. Fácil de disfrutar, y de coro muy melódico. Gran trabajo vocal nuevamente, en este corte Atkins junto a Martensson se llevan todo el protagonismo. Y la intensidad crece con The Other Side, donde Atkins vuelve como primera voz a la estrofa y coro, y que presenta cambios de ritmos que nos dejan con una sensación de escuchar la cara más “rockera” de lo que va Nordic Union”.

Con toda la fuerza del Metal melódico comienza Point Of No Return, un inicio que bien se lo podría adjudicar cualquier banda de Power Metal, una vez avanzando hacia la estrofa vuelve a los territorios propios del Hard Rock. Pero queda claro que a esta altura del disco, el protagonismo entregado a la cabeza con Ronnie Atkins tiene como objetivo llevar a los límites la intensidad y fuerza en cada interpretación. Tanto los cortes The Other Side, Falling y Point Of No Return son canciones cortas e intensas destinadas a conformar un momento de puro Rock.

Ya acercándonos en final de este tremendo trabajo, la fórmula de un Hard Rock puro e intenso cambia rotundamente. Una nueva balada toma protagonismo. A diferencia de Every Heartbeat, la cual se enmarcaba con unos sonidos más clásicos y oscuros, True Love Awaits You se hace notar con todos los elementos que una balada romántica debe tener. Un ritmo de medio tiempo, guitarras cálidas y un solo intenso. Todo llevado una profunda sensación de búsqueda y nostalgia. Si realizamos una comparación en cuanto a recepción de audiencia, True Love Awaits You es una composición mucho más comercial y masiva de lo que es Every Heartbeat. Un gran trabajo en ambas.

Llegamos al final de este proyecto de una unión fantástica con Go,  de sonido moderno, que nos hace despedir esta revisión con un riff filoso, melódico y simple. Coros de respuestas entre Atkins y Martensson logrando un gran sonido e intensidad. Esto en el marco de la simpleza del Rock melódico, además de la elegancia entregada por sus intérpretes, Go toma mayor fuerza con cortes de batería y guitarras pesadas. En su nobleza no requiere de solos para llegar a su fin.

Sólo queda agradecer momentos y trabajos como los logrados en “Nordic Union”, ya que queda a la vista que, más allá de generar material para mantenerse en la industria a nivel de músico o sellos, nacen canciones donde cada intérprete pone el alma, resurgiendo la magia de un Rock melódico del cual se extrañará en un momento de nuestras vidas.

Prophecies Of Doom” al fin ha llegado. El tercer LP de los chilenos Thunder Lord, parte fundamental de lo que algunos están llamando “la nueva ola de Heavy Metal chileno” o “New Wave Of Chilean Heavy Metal”, donde encontramos además a Eternal Thirst, Camus, Ikelos, etc..

Sonidos de gente corriendo nos dan paso a un enfrentamiento de guitarras muy afiladas lo que marca el inicio de End Of Times. Rápidamente se suma la batería, bajo y finalmente nos dan paso a la voz rasgada de Esteban P. Hay que tener en cuenta que aquellos que busquen voces clásicas del Power Metal muy melódicas como Michael Kiske o Fabio Lione, por citar un par de ejemplos, se encontrarán con algo totalmente alejado de estos cánones. Esteban tiene una poderosa voz muy pero muy raspada, que en todo momento recuerda al gran Chris Boltendahl de Grave Digger, y siempre se siente fresca y no forzada. End Of Times es una canción rápida, de estructura muy clásica, que funciona excelente como inicio de este “Prophecies Of Doom” y que, como dice el nombre, nos habla del fin del mundo, tema que será recurrente en todo el disco.

Sin pausas llega Leave Their Corpses To The Wolves, otra canción de Heavy Metal rapidísima. Un interesantísimo trabajo de guitarras de Diego “Hunter” M., que muestra toda su pasión por el Metal en su forma más clásica pero poniéndole algo de su cosecha. Esto suena a Heavy Metal por todos lados, en un tema que nos habla de la sangrienta invasión española a América. Llegamos a Prophecies Of Doom, la cual continúa con este estilo que recuerda bandas clásicas del Heavy Metal pero con algún dejo de Power Metal alemán, cercano a Grave Digger e incluso a Gamma Ray. Claramente a esta altura ya podemos notar que Thunder Lord no tiene interés en revolucionar ni reinventar el género. ¿Quieres Heavy Metal sin sobrenombres? Thunder Lord te lo trae.

Bajamos un poco las pulsaciones en Pillán, un tema que suena un poco más denso y que quizás aprovecha mejor el sonido entregado por la voz de Esteban P., ya que por sus tonos da la impresión que se desenvuelve mejor aquí. Nota aparte la base rítmica de la batería de Eduardo N., fundamental en todo momento sin tener problemas para acelerar o bajar el paso, cosa que se nota en seguida al dar partida a The Darkness Breath, canción donde se luce especialmente dicho instrumento.

Para los conocedores de Thunder Lord, Grave Digger parece ser una fuente de inspiración importante y esto se deja ver claramente en Condemned To Death, canción con un aire pirata, muy melódica, mucho más “tranquila”, pero con mucha potencia. Es una canción escrita para ser coreada en vivo, abrazado de amigos, algo a lo Blood Brothers de Iron Maiden.

Blood Red Moon vuelve al sonido más Heavy metalero. Nos habla del salvador que llegará con la nueva “luna de rojo sangre”. Una canción más calmada, con un groove que recuerda pasajes de Iron Maiden por lo melódica. Debo decir, sin embargo, que es una canción donde no me termina de convencer el trabajo de Esteban P. en el canto. No es que desentone, es simplemente que me parece que no termina de pegar. Y el disco sigue con Useless Violence, que acelera a un ritmo mucho más thrasher, con un batería aplicando el clásico «tuca tuca» acompañada por el “Pancho” M. en las cuatro cuerdas, dando una base que recuerda más al Bay Area que a las leyendas de la NWOBHM. Claramente el sonido Thrash acompaña las líricas de la canción, que nos hablan de lo inútil de los encapuchados en la lucha para cambiar el statu quo de todo.

Seguimos con Winds Of War, que vuelve con el Heavy Metal de la mano de la pareja de guitarristas que tiene Thunder Lord y con las voces gravediggerianas que a varios pueden no gustarle, sobre todo porque da la impresión que se queda algo corto con los rangos más altos, pero hay que entender que su voz juega con otros sonidos más raspados que el clásico cantante de Heavy Metal. Es una canción que da el espacio a Esteban y a “Hunter” para lucirse, mostrando un excelente trabajo de solos y que muestra la solidez del trabajo musical de los chilenos.

Cerramos con un himno llamado Metal Thunder. Todo gran disco de Heavy Metal debe tener un himno de estadio y da la impresión que este es ese tema. Durante poco más de cinco minutos se siente esa sensación épica tan manowaresca, que invita a tomar la bandera del Metal y cantar con fuerza “We Will Rise With The Metal Thunder”. Thunder Lord cierra de manera espectacular su primer trabajo.

Prophecies Of Doom” viene a sumarse a la gran cantidad de discos chilenos de gran calidad que han salido en el último tiempo y que muestran que el Heavy Metal chileno está en uno de sus mejores momentos. Es un disco potente, que entrega Metal de la vieja escuela sin querer reinventarlo. Thunder Lord tiene muy clara la película de lo que quiere mostrar. Desde el arte del disco hasta el sonido logrado, esto es puro Heavy Metal tal como debe sonar, sin ningún extra, simplemente metal. “The Prophets Of Doom In The Streets Are Warning Our Death”.

El 1 marzo de este año, el británico Blaze Bayley, recordado por todos nosotros por su paso por la Doncella de Hierro, lanzó su octavo trabajo como solista. Desde que se anunció este trabajo, Blaze ha declarado en diversos sitios y revistas que se trataría de un álbum conceptual, sobre una de las temáticas que siempre han sido de su interés, la ciencia-ficción.

La historia de «Infinite Entanglement» trata en general de una persona que no sabe si es humana, no sabe dónde está ni qué han hecho con él. Esta historia también está plasmada en un libro que Blaze está escribiendo, tal como lo comentó en una entrevista para Rock-Radio UK durante diciembre de 2015.

En lo estrictamente musical, el LP cuenta con doce canciones y cuarenta y siete minutos de duración. El opening track se titula de igual forma que el disco, y desde ya da la impresión de que será como una historia narrada. Tras los riffs iniciales, se escucha la voz de una mujer dando las instrucciones a algo /alguien que será parte “de la misión espacial más importante de la humanidad”. Tras esta breve introducción de un minuto, arremete Blaze con la potencia que lo ha caracterizado durante su carrera, sin perder en nada su esencia que lo llevó al estrellato máximo durante los 90’. Un comienzo muy melódico, con un sonido del bajo que realza más el “golpeteo” que la profundidad, perdiéndose entre la guitarra. De inmediato salta a la vista la diferencia con su anterior largaduración «The King of Metal», cualquiera pensaría que es otra banda, con otro estilo musical, pero no… es Blaze retomando un poco los rasgos de Heavy Metal más influenciado por el NWOBHM que por los sonidos modernos que plasmó en al menos sus últimos dos LP.

Tras Infinite Entanglement, nuevamente se oyen las instrucciones de la dama en cuestión, avisándole a este ente que será la primera persona que vivirá por mil años, dando paso al segundo tema A Thousand Years. Un tema con más intención de quedar en el oído que el primero, un buen tema «oreja» que despierta las ganas de corearlo en vivo, tengo la impresión que el I Will Live for a Thousand Years será muy bien recibido por la fanaticada nacional, cuando Blaze en marco de su tour de promoción, se presente en el “Rock & Guitarras” el día 16 de julio.

Human es el tercer tema, y además el primer single del álbum. Siguiendo la tónica de A Thousand Years, nos presenta un coro con mucha llegada y con una velocidad a la similar al álbum «The King of Metal». La temática de la canción es la gran duda del ente protagonista del álbum, preguntándose si es humano, si es mitad hombre-mitad máquina y toda la confusión de no saber que es.

El cuarto tema es un cambio radical a lo que veníamos escuchando. Un tema completamente acústico con la colaboración del gran Thomas Zwijsen en la guitarra y Anne Bakeren en violín. What Will Come es un tema con estilo celta que con el avance va ganando velocidad, sin embargo la percusión se realiza con un cajón, en fin, es una excelente canción con tintes folclóricos. A mi parecer, es el mejor tema del álbum, es un quiebre que llega en el momento justo y le da un vuelco tremendo al disco. Sería interesante de escuchar en vivo, y no es tan descabellado pensando que Blaze y Thomas han realizado varios shows juntos.

Luego de la gran expresión musical de What Will Come aparece Stars Are Burning, un tema mid-tempo, que sirve para dar continuidad al disco tras el break anterior. En general un buen tema, con un coro recordable y buena elaboración instrumental. De una misma forma se puede considerar el siguiente tema, Solar Wind, otro corte mid-tempo con un coro amigable y una sección instrumental interesante, con solos de guitarra que no desparraman notas por desparramar, si no que cada nota tiene razón de ser… algo no tan común en la industria del Metal en general.

The Dreams of William Black es una introducción al tema que le sucede, Calling You Home. La introducción es una mezcla de piano y guitarra y muchas voces preguntando Where Are You?. Lo interesante es que estas voces pertenecen a fans de la banda, pues Blaze extendió una invitación a todos quienes quisieran grabar esa frase, y ojalá en diferentes idiomas para incorporarlo en su álbum. Finalizada la intro, comienza el riff de guitarra que da paso a Calling You Home. Este tema ya no parece ser un tema promedio que solo sirve para dar continuidad, tiene una energía diferente, además de que Blaze cuenta con compañía femenina en los coros y puentes, pues Michelle Sciarrotta también es parte del tema. El tema más agresivo y directo es Dark Energy 256, con un comienzo muy Futureal, y una velocidad que no cesa con el avance del tema, entrega una gran energía y un redespertar al disco.

Independence comienza con una guitarra acústica y el relato de un hombre que aconseja a nuestro William Black, el protagonista de la historia. Tras los casi dos minutos de tema en versión balada, surge una explosión de Heavy Metal directo, tomando lo mejor de su paso por Iron Maiden. Recordemos que Blaze, por aquellos años, no solo fue el cantante, sino que además aportó mucho con la composición (Man On The Edge, Look For The Truth, Futureal, Como Estáis Amigos, entre otras). La mejor parte de la canción, en lo personal, es cuando se retoma la sección acústica del comienzo, pero ya con tempo y distorsión de Heavy Metal.

El último tema, A Work of Anger, cierra un excelente trabajo. Es el clásico tema de cierre de álbum, que deja esa melancolía de un disco que se nos va y es un sentimiento que tengo con casi todos los discos de Heavy Metal, creo que lo hacen a propósito. Tras esto, se presenta el outro Shall We Begin, con cuya frase queda en duda todo lo anterior, dejando la pregunta si realmente a William le pasó todo o si lo soñó y recién todo comenzará. Para resolver lo anterior, esperemos el libro de Blaze.

En líneas generales, un muy bien disco, me deja la sensación que Blaze en esta entrega quiso acercarse más a sus influencias iniciales, y buscó conquistar al público con temas de elaboración más sencillos. Blaze dio un paso al costado (por esta vez) a ese Power Metal oscuro de sus creaciones pasadas, y regresó al lugar donde más cómodo se siente y donde sus “ohh ohh ohh” característicos siguen calzando de maravilla. ¡¡Nos vemos en julio!!

 

 

Uno creería que ya para nadie es desconocido el nombre de Myrath, pero en su momento, no resultaría sorprendente que a nadie se le hubiera ocurrido crear un sonido como el que estos tunecinos lograron popularizar, mezclando nuestro amado Power Metal con la magia de los sonidos de Medio Oriente. Ya para nadie es sorpresa que ese sonido progresivo que han venido desarrollando cada vez se pule más y más, logrando llevarte por viajes fantásticos en cada uno de sus discos.

Cuando uno escucha el demo «Double Face» (2005), que sacaron bajo el nombre de Xtazy, es posible hacerse una pequeña idea de lo que buscan lograr, pero esa idea estaba aún tan inmadura que incluso, en su primer LP, «Hope» (2007), no logran cuajarla, sonando mucho a Symphony X y sin encontrar un sonido propio. Pero en su segundo intento, «Desert Call» (2010), definitivamente encuentran su sonido, con potencia logran entremezclar su música tunecina con el Power Metal progresivo que venían cultivando, saliendo un poco más a la luz, para finalmente hacerse mundialmente conocidos sólo un año después con una maravilla de disco como lo es «Tales Of The Sands» (2011), donde con el video de Merciless Time nos regalan un viaje visual y sonoro que nos dejó esperando su próximo disco que por fin llegaría al comienzo de este año.

La magia de «Legacy«, que en estricto rigor viene a ser un disco homónimo (Myrath es legacy/legado en árabe), comienza con la cinemática intro de Jasmin, un instrumental que nos adentra en una mágica historia del Sahara, no es difícil imaginarse en un desierto bañado por la luz de la luna para luego encontrarse siendo testigos de una batalla y/o escapando de un grupo de hombres armados a lo Aladdin (sí, mi mente infantil me lleva a esa historia), para tan sólo un par de minutos después golpearnos la cara con Believer, un maravilloso llamado a la acción, con la ya típica base rítmica inicial respaldada por los sonidos orientales de tambores y demases. Como ya es costumbre, Zaher Zorgati nos muestra su tremenda capacidad vocal con vibratos de la más alta calidad, Malek Ben Arbia se luce tremendamente con sus guitarras, mientras la base rítmica a cargo de Anis Jouini en el bajo y Morgan Berthet en la batería le entregan una dinámica exquisita, lo que se ve en todo momento apoyado por el trabajo en los teclados de Elyes Bouchoucha. Sonidos maravillosos para llamarte, «cree y continúa, salta al carro, la historia sigue avanzando, ganarás o aprenderás…«. Si a todo esto le sumamos el excelente videoclip que lanzaron para este tema tenemos una película de tremenda factura.

Todo esto continúa con Get Your Freedom Back, tomando un ritmo más metalero y no tan tunecino (por decirlo de alguna forma), nos lleva a reforzar más aun la idea planteada en el track anterior. Con interesantes quiebres rítmicos, donde indudablemente los que más logran lucirse son Zorgati y Ben Arbia, con una potencia endemoniada incluso se dan el lujo de introducir un pasaje con un excelente groove donde Jouini y Berthet tienen el protagonismo total. Con tremendas líneas líricas nos llaman a convertirnos, todos, en caudillos de una guerra contra este sistema, te llaman «recupera tu libertad, puedes tenerlo todo, el opresor está allí, en el camino, pelearás un montón, es el precio que pagarás, tendrás que permanecer inquebrantable, fijo, mantente firme«. Si no te quedó claro el mensaje con el primer track, acá te lo aclaran aún más a través de unos riffs tremendamente inspirados y un ritmo que te llama a moverte y salir de tu zona de comodidad.

Nobody’s Lives nos llega con un ritmo mucho más lento, una midtempo casi power ballad, que con un sonido mucho más oriental te lleva a cuestionar tu forma de vivir la vida, porque «la vida no se está desvaneciendo, el futuro retrocede en el tiempo, no tienes una verdadera existencia, ésta no es la vida de nadie«. Lo más mágico de este track sin duda son sus pasajes cantados en árabe, no sabría decir exactamente en qué dialecto de esa zona pero árabe al fin y al cabo, lo que además de sonar maravillosamente mágico, nos muestra la intención de estos chicos de exportar su cultura, ya no sólo con los sonidos de su música si no también cantándonos en su lengua. Si bien es un punto relativamente bajo del álbum, en este caso es mejor que los puntos más altos de muchos otros trabajos de otras bandas, ese nivel es el que tienen estos tunecinos.

Cambiamos radicalmente de ritmo para iniciar The Needle, abriendo con un pesadísimo blast de batería apoyado con tonos graves de guitarra y el bajo, apoyándose con una ambientación cinemática que finalmente nos trae la voz de Zorgati, quien a mi gusto en unos de los mejores logros líricos que he escuchado, llama a ¡alejarse de los vicios! Tal cual, una mirada crítica a la juventud a «despertar de la cama de rosas porque las rosas esconden las espinas«, con el sonido más pesado y oscuro que creo nos podrían entregar, llaman a dejar la aguja, a dejar los venenos que finalmente no son la cura y enfrentar esta vida con valentía. Una temática considerablemente poco tocada en el metal en general, lo que nuevamente nos demuestra que estos muchachos no son la típica banda de Power Metal, sino que tienen mucho por decir.

Volvemos a la orquestación y el sonido cinemático con Through Your Eyes, bajando notablemente el ritmo y la potencia del track anterior, quizás el espacio más sentimental de la placa, una declaración de guerra a la tristeza, a no dejar que la pérdida de un ser querido nos detenga y nos imposibilite de seguir viviendo. Es una pieza de muy buena factura, con un excelente solo de guitarra y un ritmo bastante apacible que logra transmitir el mensaje de su lírica aun con más facilidad, invitándonos a aprender a mirar el mundo «a través de sus ojos«, los de aquel que nos dejó en esta tierra. Siento que si bien no es un punto alto tampoco es bajo, es una pausa exquisita entre toda la potencia del disco.

The Unburnt recupera un poco sus sonidos cercanos a Symphony X, sin dejar de lado su propio sonido se lanzan en una midtempo a contarnos la historia de Khaleesi, una princesa exiliada que lucha por devolverle sus derechos a su pueblo. Debo decir que no me queda claro si la canción se refiere al personaje de la ya popular serie Game Of Thrones o a un personaje propio o de la historia/mitología tunecina, no obstante, sí siento que el tema no aporta mucho al desarrollo del disco, si bien líricamente cuenta una historia llamativa, musicalmente siento que es otro punto bajo, casi como hecho por cumplir con un tema más para el disco. Claro que nuevamente debo aclarar que un tema bajo de Myrath puede ser el mejor de otras bandas así que tampoco hablamos de un mal track.

La entrada de I Want To Die nos recuerda un poco las famosas novelas turcas que todo el día nos promocionan en cierto canal de televisión chileno. Una power ballad de aquellas, como sólo estos orientales creo nos podrían entregar. Es un grito, un llanto de desamor que, por melosa que pueda ser su letra, no molesta, al contrario, logra hacer que quizás uno se conecte con una historia parecida, más de alguno puede haber sentido esas ganas de querer morir cuando ese alguien especial nos «deja atrás con un millón de lágrimas de tristeza«. Está lírica y musicalmente tan bien lograda esta balada que no echa a perder en ningún caso el producto final que es este disco, suma de una manera poco común a la mezcla de sonidos que ya nos tienen acostumbrados.

Manteniendo un poco el ritmo tranquilo nos llega Duat, que si bien mantiene el ritmo en lo bajo, nos lleva a otro viaje, distinto al del track anterior, donde incluso se siente sumamente refrescante la aparición en sus líricas de distintas figuras divinas de la mitología egipcia, mientras el protagonista de la historia se da a su viaje hacia la muerte, Anubis espera para pesar su alma, debe atravesar las tierras de Osiris e Isis sabría cómo devolverle la vida pero, que por favor sólo le recuerden y lo mantengan vivo en sus corazones. No es un tema que brille mucho desde lo musical, pero desde lo lírico le siento un gusto tremendamente bueno, con una historia muy bien lograda que al final nos entrega el mensaje de dejar a nuestros muertos descansar en paz, algo que muchas veces cuesta más de lo que parece.

Acercándonos al final, una especie de grabación antigua de un piano en un gramófono nos da la bienvenida a Endure The Silence, para darle paso al ritmo que más le acomoda a la banda, quebrando a una lenta entrada de la voz para finalmente arrancar con la midtempo que será esta canción. Acá siento que pasa lo contrario al track anterior, musicalmente es una excelente propuesta, pero líricamente deja un poco que desear (entiéndase líricamente como las letras, no las líneas vocales), mantiene la temática de desamor que ya han entregado. Lo bueno es que musicalmente, con todos los quiebres rítmicos que presenta hace que sea un tremendo tema si nos enfocamos sólo en eso y nos olvidamos que tiene letra. Con una guitarra que en varios pasajes toma un peso particular que no se escucha en todo el disco, dejando bastante espacio para que Zorgati se luzca con un registro que no cualquiera logra.

Antes de terminar, nos encontramos con Storm Of Lies, la que inicia con un sonido bastante aggro, por comparación al menos, pero que queda sólo en el inicio para darle paso al sonido que esperamos de un tema de Myrath, quizás uno es poco romántico, pero siento que otro tema cantando sobre desamor es algo molesto. La ventaja es que musical y vocalmente mantiene el nivel en alto, pero escuchar nuevamente letras de ese estilo como que tiende a molestar un poco. Con un interesante quiebre rítmico pasada la mitad del tema, donde Ben Arbia se luce descaradamente, con un riff pesado y oscuro que luego da paso a un solo tremendo, corto pero conciso y preciso. Buena preparación para el final.

Finalmente con un riff pesadísimo y cortante abre Other Side, una especie de declaración de venganza, musicalmente es uno de los puntos más pesados y oscuros del disco, donde Zorgati no se luce tanto como en otros tracks pero realiza un tremendo trabajo, se nota fuertemente la influencia de Symphony X en los riffs, hay que decirlo, pero no le quita en ningún caso mérito al trabajo que Ben Arbia realiza en las seis cuerdas. Es un tema más bien parejo, relativamente plano, musicalmente no produce mucho como podría esperarse del final track, pero líricamente deja una idea interesante, especialmente si consideramos los tracks antecesores, es como un despertar a vengarse por el dolor causado, manteniendo la linea lírica que nos venían entregando desde hace un par de canciones.

En cincuenta y cinco minutos el disco nos deja con un sabor agridulce. Musicalmente logra mantener y hasta superar lo que nos han ofrecido, sobre todo en sus dos últimas placas, pero líricamente pareciera que queda un poco al debe. Obviamente no es un mal disco, Myrath ha alcanzado un nivel compositivo tan alto que tanto musical como vocalmente hacen maravillas, pero siento que en esta placa faltó un poco en lo lírico, cargando a la línea del desamor, detalle que tiende a desagradar. Aun así, es un disco tremendamente entretenido de escuchar, especialmente sus primeros tracks, con una dinámica sonora envidiable que no cualquiera puede lograr, especialmente considerando el «Power Metal Árabe» que estos tunecinos cultivan.

Desgraciadamente parece que todavía no tienen suficiente público por estos lados del planeta, especialmente después del fiasco que fue el infame PowerShock (ProgPower y varios nombres más) que los anunció en su cartelera hace unos años en Chile para, finalmente, desaparecer en el olvido sin ninguna explicación. Por ahora, sólo cuentan con fechas por Europa pero no creo ser el único que espera poder verlos en vivo pronto porque definitivamente Myrath es creador de un sonido único dentro del Power Metal y vale la pena escuchar a todo el equipo de Zorgati, Ben Arbia, Jouini, Bouchoucha y Berthet luciendo su propio metal por Sudamérica.

Hace un par de años Iron Spell se abrió paso dentro de la escena nacional con un EP que llamaba la atención por su sonido simple y efectivo (entendiendo desde luego que esto no quita la complejidad compositiva), donde en cuatro canciones las cosas quedaron muy claras desde el principio. «Heavy Metal Witchcraft» (2013) dejó con ganas de más a aquellos que buscaban material fresco, pero no carente de influencias del Metal tradicional, que ya lleva un tiempo viviendo una especie de revival por estas tierras.

Pasando directamente al material que nos convoca, el primer golpe efectista de «Electric Conjuring» llega con la llamativa portada de este álbum (a cargo de Raúl Belisario), que de alguna forma nos prepara para lo que escucharemos durante todo el trabajo: Heavy Metal con todas sus letras, sin grandes pretensiones y experimentos.

Así sin más, una campanada da comienzo a Ave Zulbah, introducción que nos sitúa en una especie de ritual con unas voces inquietantes y lúgubres, muy bien acompañadas por el dueto de guitarras a cargo de Jason Ghost y Fire Jack, quienes prontamente muestran una gran cohesión. Rápidamente pasamos a Torches in the Woods, un temazo que suda Metal clásico por los poros. Veloz, al hueso y con una base a prueba de balas cortesía de Rocko Van Roman y Steelhammer, bajo y batería respectivamente. Punto aparte es el continuo protagonismo de los guitarristas, quienes manejan muy bien los tiempos a medida que Merciless canta sus estrofas, las cuales dan pie con un coro simple pero muy llamativo. Excelente partida.

Bajamos un poco las revoluciones con The Night of the Mothman, track con el que es imposible no sentir esa atmósfera «callejera» y lúgubre tan bien plasmada en el riff inicial. Luego, el encargado de los «Raging Screams» se roba la película llegando a unos tonos impresionantes a medida que nos relata la historia del hombre polilla. Así llegamos al estribillo «In the Night! / Omen of missfortune / In the Night! / Something dreadful will come to pass…» que está hecho para cantarlo en vivo con el puño en alto. Finalmente unos solos de guitarra de muy buena factura ponen el broche de oro a este entretenido single.

Un ritmo galopante da inicio a la algo deslucida The Witch, quizás el único punto bajo de este LP. Que no se malentienda, no es un mal corte para nada, pero por momentos suena algo redundante y predecible, más aún considerando el prometedor arranque de este álbum. Aún así, sigue la tendencia de los elementos que ya caracterizan a las composiciones de Iron Spell.

Under the Iron Spell y Stormrider llegan de muy buena forma a complementar el concepto implantado por los santiaguinos. La primera es un midtempo instrumental en la que toda la sección de cuerdas se luce de sobremanera. Imposible no recordar a las bandas más insignes del género una vez que oyes la melodía y las exquisitas armonías que posee. La segunda se nos presenta un tanto más agresiva y directa, con un grito inicial más que envidiable. Steelhammer realiza un excelente trabajo con el hi-hat llevando muy bien los tiempos y matices de toda la canción. Riff ganchero, buen coro y buenos solos de guitarra.

Derechamente mi favorita es Black Candle Light, un cañonazo Speed Metal con un aire oriental que no se toma pausas y que te vuela la cabeza desde el primer segundo. Con un estribillo como «Her death coming from black candle light!», más que pegajoso, escuchamos a un Merciless en un gran nivel, como ya se ha hecho costumbre en este «Electric Conjuring«. El bajo y la batería suenan aplastantes y se acoplan de gran manera a la dupla Jason Ghost Fire Jack, que nuevamente «las hacen todas». Nada más que acotar, pedazo de tema.

We Are Legion es otro mid-tempo que incita al headbanging de inmediato. La canción en sí es toda una declaración de principios e ideales, en la que por momentos volvemos a esos pasajes más oscuros y densos. Al incesante guitarreo punzante y afilado de fondo se le suma Rocko Van Roman con unos arreglos realmente buenos. Los «Hey! Hey! Hey!» de la parte media abren paso a otra llamativa sección de solos. Sin dudas un track más que interesante, al igual que la ya conocida Evil Gypsy, composición que ya habíamos escuchado en el demo del año 2013. Si por ese entonces ya brillaba con luces propias, esperen a escucharla con una producción mucho más cuidada y pulcra. Derrocha calidad por donde se le mire. Ojo con las segundas voces, que dan la fuerza necesaria según avanzan las estrofas.

Acercándonos ya al final, vuelve la calma con Moonlight Maniac, momento en el que escuchamos la faceta más melódica y «oreja» de la banda, eso sí, sin dejar de lado el sonido clásico que hemos escuchado desde un comienzo. Es uno de esos temas que si los escuchas de forma aleatoria te parecen buenos, pero situándonos en el contexto de esta placa, pienso que si hubiera estado mejor ubicada dentro del tracklist, tal vez llamaría más la atención. Por último, debo decir que Castle of Punitore no es la canción que esperaba para cerrar este álbum. Me hubiera gustado más intensidad y agresividad para darle el final perfecto a este debut. Ahora bien, más allá de esto, va gustando a medida que aumentan las escuchas, principalmente porque la banda nuevamente se luce en las intervenciones instrumentales. Además, contiene detalles y adornos acústicos bastante sutiles que definitivamente cumplen su función a cabalidad.

Iron Spell sin dudas entrega una producción con un sonido y nivel de composición sobresaliente, en la que la cantidad de puntos bajos es casi mínima. Es difícil sobresalir ante la gran demanda musical a la que nos enfrentamos hoy en día, pero los santiaguinos nos demuestran que se puede hacer un Heavy Metal sincero e inteligente, en el cual cada uno de sus integrantes realiza una excelente performance individual y colectivamente hablando. Destacable además es el hecho de que solo se incluyera una canción de «Heavy Metal Witchcraft» en este LP, situación que habla muy bien del compromiso de la agrupación al momento de querer entregar material nuevo, confirmando que la espera de tres años valió la pena. Un buen homenaje a los puntales del género, que a su vez es un excelente comienzo para los compatriotas. Gran, gran disco.

 

 

Si usted nunca ha escuchado hablar de Death Dealer, no se preocupe. Le contamos rápidamente que es, básicamente, una súper banda. ¿Por qué súper banda? Porque no es menor que las voces estén a cargo del gran Sean Peck, conocido por su trabajo al frente de Cage; las guitarras son propiedad del ya histórico (por decirlo de alguna forma) Ross The Boss, famoso por su historia con Manowar, y de Stu Marshall, conocido por su trabajo con Dungeon y Empires Of Eden; el trabajo en las cuatro cuerdas está a cargo de Mike Davis, quien se hiciera conocido por su trabajo con Lizzy Borden, Halford y Ozzy Osbourne; y en batería, el quizás menos conocido, Steve Bolognese.

La banda se empieza a formar el 2012 y para el año siguiente ya estaban lanzando su primer larga duración, un álbum que tranquilamente cumplía con las expectativas que se podrían crear en torno a quienes conforman el grupo. Con «Warmaster» (2013) tuvieron un excelente debut y se dejaron la vara bastante alta ellos mismos, lo que incluso hace sentir que les perjudicó levemente a la hora de sacar su segundo álbum.

Este «Hallowed Ground» abre los fuegos con Gunslinger, una pieza que inicia con un arreglo orquestal que luego se acompaña de un lento y pesado riff que le da el paso a toda la banda, logrando una buena introducción hasta que un quiebre rítmico nos trae la voz de Peck contando la historia de este pistolero, una especie de caza recompensas o sicario, contratado para matar en el viejo oeste estadounidense, lo que hacía respetando siempre a sus víctimas, una entretenida historia con un ritmo bastante rocanrolero que se encuentra con un pasaje recitado en un quiebre rítmico hacia la tranquilidad que siento pudo haber sido mejor. Un punto muy en contra que le encuentro a este track, a gusto personal obviamente, es que repita la fórmula de mencionar el nombre de la banda repetidamente en el coro, claro, se entiende, viene a ser como un personaje más de la historia, pero quizás no era necesario. Por el contrario, hago mención especial a la inclusión de una especie de tributo al gran Ennio Morricone incluyendo el comienzo de la famosa pieza The Good, The Bad and The Ugly de la película del mismo nombre.

El comienzo un tanto glam de Break The Silence no logra empañar totalmente el segundo track del álbum, una especie de llamado a rebelarse pero que queda como un poco al debe, musicalmente es bastante monótona, siendo mayormente rescatada por la sección de los solos pero que, en general, siento que es un punto muy bajo de esta placa. La intención se nota interesante, un llamado a las armas contra este sistema pero que deja la sensación de que no lograron cuajar muy bien y quedó algo musicalmente y líricamente pobre, que al final no logra transmitir bien el mensaje pensado. El track termina con el mismo efecto que comienza y sería… No es un mal tema, pero no logra convencer tanto como uno esperaría después del opening track y lo logrado en su anterior placa.

Plan Of Attack comienza con el sonido de aviones surcando el aire y un corto diálogo donde alguien indica que necesitan un plan y la respuesta es clara: «tengo un plan: atacar«. Con toda la potencia que pueden entregar estos maestros, precisamente, atacan a sus oyentes en un tema de velocidad vertiginosa y potencia vocal envidiable, la base rítmica tiene pocos momentos de descanso y los riffs de las guitarras mantienen todo el tiempo el ataque sin bajar la guardia. La sección de solos hace que tanto Ross como Stu se luzcan a la par. El plan de ataque busca vengar toda la sangre derramada por causa del rápido avance de la maldad en el mundo, una especie de fuego contra fuego si lo pensamos bien, a gusto personal este track es claramente uno de los puntos más altos de esta placa.

La cuarta pieza, Séance, comienza con un pequeño arreglo orquestal sobre el que entra Peck inspiradísimo, con un toque operático que es interrumpido de golpe por un grito que da paso al Metal que nos entrega este track, con potencia se nos invita a tomar asiento y dejar todos nuestros escepticismos fuera, entonces comienza la séance, la sesión espiritista que nos convoca. Es una pieza a la que no le siento tanta potencia como a la anterior por ejemplo, pero el concepto lírico está tan exquisitamente logrado que te atrapa y cuando te invita a la otra vida, igual te lo piensas. Encuentro interesante como logran cambiar de ritmos, incluso llegando a un pasaje casi Thrash y volver tranquilamente a lo que nos estaban entregando, con lo que logran una mixtura de ritmos, sin bajar la potencia, que te lleva por un viaje de emociones que no es fácil de lograr.

Llega el Diablo es un interludio instrumental de guitarra clásica que realmente logra transmitir algo de lo que su nombre indica, con un rasgueo exquisito te hace sentir que el señor de la oscuridad viene haciendo su entrada grandilocuente al lugar en el que estás, sin necesidad de agregar elementos además de las dos guitarras clásicas te prepara para Way Of The Gun, la declaración de principios de un pistolero que busca mantener la justicia a través de las armas, amenazando que cualquiera no esté de acuerdo tendrá que vérselas con él. Básicamente se trata de una midtempo bastante potente, la que mantiene un esquema de Heavy bien clásico, con la inclusión obvia de todos los elementos que ya nos vienen acostumbrando, incluso, aunque al escuchar más detenidamente resulta un tanto monótona, no alcanza a molestar ni aburrir, especialmente con su pasaje tipo solo de batería. Si bien no es una estrella que brille por sí sola en lo alto del firmamento, es una pieza muy bien lograda que sin resaltar sí mantiene la linea del disco.

El álbum vuelve a su potencia un poco más Thrash con K.I.L.L., acrónimo que se esclarece en el coro. La velocidad y violencia que se logra percibir en este tema también levanta el ánimo automáticamente, podría tomarse como una respuesta al llamado a las armas, ahora vamos a tomar las cosas en nuestras manos y avanzar, vamos a unirnos a las legiones de los malditos y mandar al infierno a quienes lo merecen. Éste es sin lugar a dudas el tema más agresivo del disco, donde sin perder la linea que nos ha acompañado hasta el momento, nos invita a cabecear un poco más duro, teniendo aun así pasajes superiores como los solos de las guitarras y el grito de Peck casi hacia el final.

Seguimos con I Am The Revolution, un Heavy más clásico con un grupo mucho más ordenado donde incluso las cuatro cuerdas de Davis logran lucirse más fácilmente que en el resto del disco, musicalmente nos entregan la fórmula base del disco pero, a la vez, nos regalan algunos extras como tonos más largos por parte de Peck, la presencia más protagonista del bajo de Davis y los solos más rocanroleros de ambas guitarras. Una pieza que, si bien no agrega mucho al producto final del disco, sí ayuda a mantener el promedio de lo que se venía haciendo, sosteniendo más bien la línea sin sumar ni restar.

Total Devastation inicia con arreglos orquestales medianamente pesados y oscuros, una voz tipo ultratumba nos relata que el fin del mundo, según la civilización maya, finalmente ha llegado. A pesar de esta introducción, la canción nos habla del apocalipsis bíblico visto desde el punto de vista de los que no se salvaron, llamando incansablemente a arrepentirse para no ser tragado por la misma tierra. Una pieza de bastante potencia y muy pesada, con un Peck sumamente inspirado, haciéndote sentir que, tal cual, el mundo se está acabando y, o te arrepientes o te quedas dando botes hasta que, al final, la tierra te trague. Si bien las guitarras no son tan protagonistas como la voz, aun así los riffs son de los más interesantes que se escuchan en el disco, sin detenerse ni relajarse en ningún minuto, sin bajar la complejidad que es lo más llamativo de este track.

Es hora entonces de The Anthem, la que busca ser, como su nombre lo dice, un himno del y al Heavy Metal, lo que no le veo muchas dificultades para lograrlo. Con una lírica simple y concisa, al hueso como decimos, enfocándose en los sentimientos de constancia necesarios para mantenerse en esta linea de música, algo que los metaleros chilenos tienen más que claro, cuán distinto sería si nuestras bandas pudieran vivir de sus creaciones pero bue… sin ser un tema maravilloso logra su objetivo, con un coro ganchero, un tema de Heavy Metal por donde se le mire que insiste en algo que creo todos estaremos de acuerdo, porque «escuchamos el llamado. Heavy Metal, hasta que muramos«.

Corruption Of Blood inicia derechamente con potencia, pasando a un ritmo un poco incómodo en la batería, pero que mantiene la vara que han ido imponiendo la mayoría de los tracks de este álbum. Una especie de crítica a los sistemas oligarcas que, si lo miramos bien, seguimos viviendo en manos de empresarios y políticos inescrupulosos. Así, con una importante carga de rabia, el traficante de muerte nos lleva a pararnos para gritar «no temo a ningún hombre» y reclamar lo que es nuestro en contra de esa corrupción de la sangre. Riffs que no brillan tanto pero que logran su objetivo, una base rítmica potente y sólida que mantiene esa carga de rabia que llevan las letras y una sección de solos donde, como ya nos acostumbraron, las guitarras se lucen sin vergüenza, otro de los puntos altos de esta placa, sin lugar a dudas.

Ya acercándonos al final, un arreglo orquestal tipo piratas nos introduce a Skulls And Crossbones, lo que da paso a un rápido tema más Power que nos cuenta, de manera un poco inocentona e infantil (debo decirlo), la vida que disfruta un pirata, navegando, robando, tomando ron y disfrutando a mujeres de dudosa reputación. Claro que esa crítica se la hago sólo a la letra, porque musicalmente es un tremendo tema, tiene una estructura de puro Power Metal, con riffs de guitarra sumamente «piratescos», una base rítmica que parece invitar a bailar en una taberna y bueno, un Peck bastante más relajado en sus líneas vocales logran un tema bastante dinámico y potente.

Finalmente llega U-666, que inicia con el sonido de un sonar, acompañado por percusiones que terminan dando paso a una base rítmica lenta, pesada y oscura, base rítmica que debía ser así por la historia que nos contarían. Siento que la letra de esta canción es la mejor de las presentes en este disco, contando la historia de un infame navío nazi, un submarino cargado con fuerzas oscuras y satánicas que, en su hora final, se enfrentó a la respuesta estadounidense que fue enviar un cura a bordo de un navío, hundiendo el submarino que, actualmente, aun se vería asomando a la superficie en ocasiones. Toda esta historia es contada en una siempre pesada y oscura midtempo (o un poco más acelerada quizás), con un ritmo medianamente estable, con varios quiebres rítmicos y una fuerte presencia del bajo de Davis. Simplemente un cierre de álbum notable, donde nadie se contiene y demuestran quienes son en sus respectivos instrumentos, mientras cuenta la historia del U-666, que «zarpa hacia el infierno (…), alimentado por la noche (…), tocando la campana del demonio«.

Como dijimos  al empezar este review, la banda se dejó la vara muy alta con «Warmaster» y, aunque en esta placa incluyeron temas muy bien elaboradas tanto lírica como musicalmente, también aparecen algunos temas que desgraciadamente bajan el «promedio» del disco. No estoy diciendo que sea un mal disco, pero tampoco es un disco tan bueno como su antecesor, quizás la premura de sacarlo rápido (dos años entre uno y otro), especialmente cuando todos sus miembros tienen obligaciones con sus propias bandas, les jugó un poco en contra, pero a pesar de eso es un disco fácilmente disfrutable.

Es poco probable que en algún momento se den a una gira mundial o, siquiera, toquen en vivo, pero si llegaran a hacerlo estamos seguros que valdrá la pena verlos/escucharlos. Por mientras, sólo nos queda esperar a ver con qué nos sorprenderán cuando se reúnan nuevamente, entren al estudio y nos regalen su tercera placa que, quizás, no se demore mucho en llegar. Hasta entonces, habrá que disfrutar lo que el traficante de muerte ya nos ha regalado.

¿Cuándo bajará de nivel Amon Amarth y agotará la fórmula que encontró hace diez años con “With Oden On Our Side”? Estoy empezando a creer que nunca, porque mientras más se aferra a ella, lo cierto es que mejor y mejor les sale. De aquello es prueba el décimo trabajo de los suecos, “Jomsviking”, que si bien es relativamente más diverso y se atreve con algunas sorpresas, sobresale cuando se concentra en los elementos por los cuales son más conocidos en la escena.

Es que a buenas y primeras, no hay absolutamente nada que decir de First Kill, el opening track de “Jomsviking”, porque tiene absolutamente todo lo que un fanático de Amon Amarth puede esperar. Cada cliché lo entrega de forma inspirada, impactando al oído por más que el truco ya sea conocido. Todo aquí es brillante, una habilidad compositiva -no tanto creativa- de seguir sorprendiendo con lo de siempre. De hecho, este quizás pueda perfilarse como el mejor tema de apertura de los vikingos, pese a tener contendientes que son favoritos de los seguidores y fijos en los conciertos como Twilight Of The Thunder God.

Con Wanderer, la segunda pista, Amon Amarth ya asegura la solidez de “Jomsviking” más allá de las promesas del tema anterior, por medio de un ritmo combativo y musculoso que tan bien dominan desde los días de Victorious March, y que incluye quiebres melódicos que sorprenden para guiar a parajes más pesados, sin perder la dinámica. Los leads posteriores cambian sin embargo toda la personalidad del track y le dan un toque escandinavo y muy fresco a una canción que, junto con repasar hitos, añade por encima otros elementos. Al final aparecen unas narraciones hechas por Johan Hegg que nos recuerdan que nos encontramos ante un disco conceptual, luego que desde “With Oden On Our Side” (2006) y “Deceiver Of The Gods” (2013) basaran sus letras en una deidad específica de la mitología vikinga. Esta vez se inspira en los mercenarios de elite que llevaban ese nombre, una historia nada difícil de seguir -bien simple en realidad- sobre un joven que al matar por primera vez en su vida y por accidente debe asumir las consecuencias o escapar, a pesar de estar enamorado de una aldeana. Escoge lo segundo pero jura venganza con tal de volver a verla.

Me imagino que en el camino este protagonista se vuelve en el gran guerrero que la trama invita a imaginar, pero lo cierto es que la canción no da segundo alguno para detenerse en este punto ya que sin aviso llega On A Sea Of Blood, con guitarras con frases armonizadas y pesadas que solo Olavi Mikkonen y Johan Söderberg saben repartir… los que recuerden números como Valhall Awaits Me lo sabrán. Amon Amarth puro incluso cuando aparecen riffs thrasheros y bramidos con lo que no hacen más que agigantar la leyenda de Johan Hegg.

Con One Against The Wall nos vamos al Amon Amarth de la era “The Avenger” (1999), más oscuro y deathmetalero a la usanza de Estocolmo, con corte más primitivo y martillado, donde todo es sostenido por la batería de Vomitory Tobias Gustafsson, invitado a grabar tras la salida del eterno Fredrik Andersson. Esto sin decir que el coro esconde un esfuerzo admirable de guitarras y coros de banda.

Raise Your Horns surge entonces con un riff muy grueso, cuyas marcas hacen que el tema adquiera un tenor bastante épico, siendo que sus letras en se centran en historias de batalla contadas en medio de juergas de cantina. “Raise your horns, raise them up the sky, we will drink to glory tonight”. De lo heroico se pasa a lo festivo, un coro que a simple vista parece torpe por su tono alegre pero que termina enganchando en la primera sorpresa contundente de la placa. Lo épico finalmente prevalece, en lo que puede convertirse en un gran punto alto de los próximos conciertos de Amon Amarth, ¡si esta canción tiene hasta pausas estilo Accept para que el público los siga con sus respectivos «ohs!»

Y ahora… uf, cómo no estremecerse con solo leer el nombre de la canción que sigue… The Way Of Vikings… alarma de epicidad máxima en el camino. Y la verdad sea dicha: está entre las cuatro o cinco mejores canciones que la banda haya escrito en su carrera. Parte con una solemnidad que invita a creer que la vara de lo épico volverá a sobrepasarse, y Hegg no demora en configurarla en un nuevo himno de Amon Amarth, a la altura de The Pursuit of Vikings (aunque en versión de estudio es ridículamente superior). “Faster, stronger, fight until yout dying breath / this is the way we battle, this is the way of the Jomsviking”.

Si “Jomsviking” fuera una película en lugar de un disco, The Way Of Vikings sería el main theme: intenso, grande, con vientos emulando por teclados que parecen venir del mismísimo Valhalla. Marca el tono del álbum y también su clímax, ya que de aquí en adelante el álbum se vuelve mucho más diverso en sus elementos, aunque pierde un tanto en el grado de espectacularidad de las canciones anteriores.

Es así que llega lo más curioso de la entrega, At Dawns First Light, de lo más powermetalero que el grupo haya entregado hasta la fecha. Solo la producción nuevamente a cargo de Andy Sneap, luego de debutar en “Deceiver Of The Gods”, y las voces de Johan Hegg, recuerdan  que esto se trata de Amon Amarth. Las voces limpias iniciales dan la sensación que el disco arranca de nuevo, para un corte que explota y melodiza al máximo lo escuchado en As Loke Falls hace ya tres años. Es una sorpresa compositiva que empuja al fanático a  volver a ella en un par de ocasiones para asimilarla, ya que a diferencia del opening First Kill que entregaba todo lo que uno esperaba de una banda como Amon Amarth, aquí se presenta todo lo que puede dejar  sorprendido, independientemente de si para bien o para mal.

One Thousand Burning Arrows, en cambio, es un descanso de esos “místicos” que a veces concede Amon Amarth en sus placas, como lo habrá hecho con Under the Northern Star en “With Oden On Our Side” o Doom Over Dead Man en “Surtur Rising” (2011), aunque menos ceremoniosa y un poco más rabiosa. Ahora, se entiende que la siguiente pista, Vengeance is Mine, se presente en el tracklist como un bonus, dado su estilo callejero que, en todo caso, la hacen muy entretenida. El actual cuarteto toma influencias punk y un cierto enfado que amplía los márgenes de las zonas donde sus integrantes se mueven con comodidad.

A Dream That Cannot Be trae al Amon Amarth que se expresó en discos como “Surtur Rising”, con sentidos de lo épico y lo melódico unidos en un tema grandilocuente, pero dándose el lujo absoluto de contar con la participación de Doro Pesch en las voces junto con Johan Hegg. Después del performance de Apocalyptica en Twilight Of The Thunder God (2008), me parece que este es el guest performance más destacado en la carrera de Amon Amarth, no solo por lo connotada de una invitada como la germana, sino por el papel que ella interpreta en el desarrollo del disco con solo cantar acá. Claro, si se trata del corte más teatral de la producción, e incluso quizás de la banda.

“Jomsviking” cierra con un track que apuesta dejar en trance, Back On Northern Shores, logrando una atmósfera oscura, severa y ciertamente mágica antes de tomar un giro y volver a una agresividad que recuerda a algunos discos de God Dethroned de hace unos cinco, siete años atrás. Lo diverso y la sorpresa llegan aquí a su máxima expresión, haciendo que el CD cierre con dos temas tan altos como los del principio.

Con este álbum, Amon Amarth mantiene su racha de grandes discos desde “With Oden On Our Side”, y alarga este período que podríamos denominar como “los años dorados tardíos” de la banda vikinga. Si es necesario medir, está cerca de la perfección mostrada en “With Oden On Our Side” o “Surtur Rising”, y supera aunque por poco a su antecesor “Deceiver Of The Gods”. Esto básicamente debido a dos factores: que logra sonar muy inspirado por medio de los elementos que los fanáticos más esperan y gustan del grupo, y por temas individuales que son capaces de levantarse como estrellas en el firmamento tan luminoso que ya tiene Amon Amarth.

 

 

Hablar de Primal Fear es hacer referencia a una banda cuya cuna alemana nos da garantía de disfrutar un Heavy Metal del cual esperamos que nunca se acabe. Y cómo no, si esta banda germana cuenta con unas de las voces insignes del género, Ralf Scheepers, quien dejó su vasta trayectoria de éxitos con Gamma Ray para continuar su legado con Primal Fear, quienes tienen disco con corte y altura de clásicos como “Nuclear Fire” y “Black Sun”. Dos años nos tocó esperar tras su última placa “Delivering the Black” (2014), para que el Metal se nutriera de su más pura esencia bajo el título “Rulebreaker”, placa que cuenta con un diseño de carátula simple, y cuyo título es bastante sugerente en cuanto a qué esquemas se romperán en su desarrollo.

La alineación presente en “Rulebreaker” cuenta con Francisco Jovino (batería), Mat Sinner (Bajo), Magnus Karlsson (Guitarra y samples), Alexander Beyrodt (Guitarra) y Ralf Scheepers en la voz.

El vuelo del águila comienza con Angels of Mercy, con riffs en guitarras densos, una poderosa base marcada por el doble pedal y un Ralf Scheepers mostrando su solidez vocal, sumada a los matices que su trayectoria le puede otorgar: ímpetu y fuerza, clásicos agudos pero en una justa medida. Cuán bien le hace al género un frontman que reúna todas estas cualidades. Inicio de disco prometedor, el cual nos hace un vivo llamado -en su letra- a darnos cuenta en la aniquilación cotidiana que vivimos.

The End Is Near es el tema que nos trajo el clip del disco, donde el bajo de Sinner y la batería de Jovino toman protagonismo con una base simple y directa. Es un tema para remecer las cabezas, cortes de caja que abren paso a los solos, que en vez de preferir el virtuosismo otorgan armonía y magnetismo en sus ejecuciones. En el coro de The End Is Near el mensaje es claro, advertencia ante un final inminente del cual es mejor no estar solo.

De corte más melódico, ritmo clásico, con frases de guitarras abandonando el filo, llega Bullets & Tears, que deja respirar del riff rápido y pesado del cual nos tiene acostumbrado Primal Fear, y de lo melódico pasamos a un puro Hard Rock con Rulebreaker, tema donde las estrofas acompañadas sólo por el bajo y batería, muestran un coro atractivo con el fin de potenciar el título del disco. Rulebreaker deja claro en los terrenos y matices que quisieron trabajar Ralf Scheepers, Mat Sinner y el resto de la bandadonde las armonías en guitarra toman mayor protagonismo que los riffs filosos y pesados. El desafío estaba en no dejar de sonar como Primal Fear, y el objetivo quedó más que cumplido. Gran trabajo, la letra en Rulebreaker vibra con las ganas que nacen -en algunas las personas- de romper con lo estipulado, pero que pocos se atreven. El alto costo de ser un rebelde.

Lo clásico y tradicional de Primal Fear, es In Metal We Trust. Un torbellino de poder y  velocidad, In Metal We Trust saca a lucir el perfil más Power Metal de la banda, con un Ralf protagonista de principio a fin. Acá es el momento en el cual los tonos agudos se deben hacer protagonistas en la interpretación vocal, la batería genera un gran cambio de ritmo tras un constante doble pedal, el cual cae en un riff intermedio para avanzar a los solos de guitarras. Sección del tema pensada para interactuar en vivo de manera brillante. In Metal We Trust es un homenaje o retribución al Metal como género y estilo de vida.

El corte de mayor duración y más experimental llega con We Walk Without Fear, su duración sobrepasa los diez minutos. Inicia en medio de suspenso, avanza gradualmente hasta llegar a ser apoteósico, un riff en el cual todos los instrumentos toman protagonismo. Tras un extenso comienzo llega el momento en que Ralf hace bajar las luces. Y la intensidad se traduce en un acompañamiento limpio, el cual, aumenta su intensidad para mostrar toda su fuerza en el coro. Estructura instrumental marcada por el avance gradual de intensidad, alta presencia de guitarras a voces, cortes en batería para continuar a medio tiempo, generando un ambiente de incertidumbre hasta desembocar en el solo principal. Ya con un ritmo más acelerado y volviendo a la línea melódica que marca este camino,  Ralf habla que más allá que no pensemos igual que los demás, que no creamos en lo mismo o en lo que se ha manifestado durante mucho tiempo como correcto, es necesario seguir avanzando sin miedo.

Receta conocida y fórmula efectiva es la utilizada en At War With The World. De corte más melódico y guitarras simples, la relevancia está en el contenido de la letra que nos habla de la guerra que día a día tenemos con el mundo, donde no hay tiempo para tomar conciencia, solo avanzar.  

Llega el turno de The Devil In Me, tema que nos lleva a los terrenos de Rock más puro de la banda alemana, además de mostrar a esta altura del disco cómo han logrado conjugar de gran manera un sonido propio con sus principales influencias, que son fácil de identificar en sus composiciones, por sólo nombrar algunas como Judas Priest, Gamma Ray o AC/DC.  The Devil In Me es un tema adoptable por cualquiera de las bandas mencionadas, de Rock puro llevado en riffs de guitarras que dejan el protagonismo al bajo y hi hat de batería. De ritmo marchante, la curva de sensaciones entregadas por la línea vocal es realmente admirable. Estrofa y frases de guitarras se hacen uno.

La dosis de fuerza y velocidad vuelve a explotar con Constant Heart, tema que posee estribillos o pre coros magnéticos, similares los que nos atraparon en el disco “Nuclear Fire”, y un coro potente homólogo al título de la canción. Gran fuerza en la interpretación de Ralf, el interludio al solo de guitarra es un hachazo a nuestras cabezas para disfrutar cabeceando. Un gran momento del disco, lleno de energía necesario para transmitir en su letra, la idea de no rendirse ante lo que nos parece injusto, lamentable o miserable, siempre mantener el corazón fuerte.

Uno de los momentos más importantes del disco llega con The Sky Is Burning, ya que se trata de una balada, es decir una faceta en la cual se puede pensar que Primal Fear no se siente del todo cómodo. Pero es precisamente en este perfil -menos aniquilador- donde Ralf nos hace sentir toda su calidad y experiencia.  En ste tema podemos sentir a la formación alemana mucho más íntima, en un comienzo marcado por guitarras limpias en una bella armonía, acompañado con un sutil acento de campana de plato por parte de Jovino. A medida que se avanza, estos acentos a los cierres de las primeras líneas de estrofas, se intensifican con tom de piso y platos (en batería). Gradualmente, The Sky Is Burning nos va hipnotizando hasta erizar nuestra piel en el coro, el cual no se guarda nada en cuanto a sentimiento, intensidad, fuerza y armonía. Qué tremendo despliegue por parte de los arreglos de guitarra, Magnus Karlsson y Alexander Beyrodt muestran porque están formando parte de “Rulebreaker”, con admirable versatilidad. Realmente un coro magnético, que nos dice como el cielo es cada vez más un fiel reflejo del infierno y para sentirlo no es necesario estar muerto. El solo de guitarra es realmente bello, con simpleza y acorde a la emoción contenida en la estructura de letra y composición instrumental. El cierre de The Sky Is Burning está lleno de emoción y nostalgia, Primal Fear termina conjugando todos los elementos que nos fue regalando gradualmente a medida que avanzaba esta tremenda balada. Que gran momento, un tema para atesorar.

Esta placa se despide con Raving Mad, del más puro y crudo Heavy Metal. Primal Fear cierra un gran disco con su mejor sello, introducción con un solo de batería, poderosas guitarras y bajo. Base para una interpretación aguda de golpe por parte de Ralf. El solo de guitarra realmente pulcro y lleno de fuerza, dan la línea en el cual con un repetido “Raving Mad” como coro, esta tremenda producción llega a su fin.

«Rulebreaker» es un trabajo preciso, de gran calidad, el cual sin duda llega para revitalizar la esencia pura del Heavy Metal. Un Ralf Scheepers inspirado y totalmente vigente, nos hace sentir que Primal Fear es un águila de feroz vuelo en ascenso.

 

En psicología existe un constructo llamado «disonancia cognitiva» o, fácilmente, también se le podría llamar «disonancia mental». Este concepto se refiere a una tensión que se produciría a nivel mental cuando mantenemos, al mismo tiempo, dos trenes de ideas, pensamientos, «activos» en nuestra mente pero estos dos pensamientos están en conflicto, son radicalmente contrarios o, más aun, cuando uno se comporta de forma contraria a las cosas que creemos. Para solucionar esta incomodidad existen, entre otros, dos caminos: o reforzamos una de los pensamientos por sobre el otro o creamos nuevos pensamientos, introducimos nuevos valores, que logren vincular los dos pensamientos o justificar los nuevos comportamientos. También es posible que esta disonancia no se solucione y nos lleve a un brote psicótico… literalmente volvernos locos.

Los chilenos de Disonancia Mental con su disco homónimo «Disonancia Mental» nos llevan en un paseo instrumental por estas vaguedades de la mente humana, por estas complicaciones, idas y vueltas, rarezas de lo que sería introducirse en una mente con esta dificultad que llega a un punto cúlmine. Un proyecto de Felipe Hernández, conocido por su trabajo en Vastator y Nimrod, en guitarras, bajo y voces, más el apoyo de Gerardo Barrenechea en batería y la colaboración de algunos otros, además de un excelente trabajo de producción logran un trabajo exquisito.

El álbum comienza con el acto I, donde la primera escena es Karma, con una intro de bajo que permite intromisiones de la guitarra para dar paso a unos riffs potentísimos donde la base rítmica del comienzo se mantiene casi en todo el largo del tema. Sosteniendo un leve sonido que asemeja las melodías orientales, nos lleva a comenzar este viaje quizás con una idea, una cosmovisión que todo tiene un por qué, todo va y vuelve. Potencia y elegancia en un mismo track no siempre son fáciles de lograr, especialmente cuando no hay una voz de por medio, pero acá se logra con creces.

La escena dos, Hibrys, canción que cuenta con videoclip, sigue el ataque con una potencia asesina de entrada que le da paso a una percepción de tensión, a momentos híbridos de agresividad y embotamiento, idas y venidas entre el no saber nada y la claridad absoluta ante el universo, una potentísima pieza que logra un objetivo claro que de movilizarte, de hacerte reflexionar y disfrutar con las decisiones que vas tomando.

La tercera escena, Anhedonia, cierra este acto con una entrada desolada, creando fácilmente un panorama miserable, escenas depresivas fácilmente son evocadas con las primeras notas de esta pieza, para darle paso a sonidos un poco más esperanzados. Si te preguntas qué es la anhedonia, es el triste momento cuando pierdes la capacidad de sentir placer, de interesarte por cualquier cosa, de ser capaz de sentirte satisfecho. ¿La verdad? Siento que en este track logran traspasar completamente ese sentimiento a través de tus oídos, un trabajo de composición magistral.

El acto II abre con Parasomnia, la primera escena, acá nos llevan a pasear por un mundo de ensoñaciones y dificultades para el sueño, una parasomnia es precisamente un trastorno del sueño que, si bien no nos anda trayendo muertos de sueño al otro día, sí nos despierta varias veces durante la noche para acomodarnos y seguir durmiendo. En el tema se nota claramente los momentos de sueño y los momentos de despertar, con una dificultad para seguir durmiendo pero que pareciera pasar desapercibida hasta que estamos despiertos de nuevo sólo para volver a quedarnos dormidos, entonces pareciera venir una rabieta, una puteada a esta situación y volvemos a intentar dormir hasta que por fin… suena el despertador.

La segunda escena de este acto es Demonios en mi Cabeza, con una excelente intro de bajo es quizás el tema más agresivo de esta placa, con un ritmo bastante rockanrolero en un principio pero con una potencia de aquellas, donde la guitarra realmente canta lo que le generan estos demonios, cómo uno lucha contra ellos sin saber si los quiere vencer para que desaparezcan o para mostrarles que somos más fuertes. La batería todo el rato concisa, sea un pasaje lento y tranquilo o uno potente y agresivo, mostrando que ni las cuatro cuerdas ni los tarros están de adorno en esta placa. La rabia que se logra sentir en esta pieza es inspiradora para terminar abruptamente dando espacio al final de este acto.

Disonancia Mental, tema que también cuenta con videoclip, comienza con una intro sumamente experimental que da paso a la lucha que significa esta situación. La guitarra del principio se mantiene pero entregándole el protagonismo a la agresividad y potencia que ha caracterizado al disco. Este tema es el único que presenta líneas de voz, aunque éstas son recitadas con un pasaje coral entremedio, esto definitivamente nos da la sensación que algo se está quebrando dentro de esta cabeza, con voces peleando con nosotros y nosotros peleando con esas voces, la disonancia se va haciendo más y más fuerte, la pelea se va haciendo insostenible, las voces se burlan… una obra de arte maravillosa.

El acto III nos presenta la escena 7, Sanatorio, una pieza que nos lleva claramente a un psiquiátrico, dándonos un paseo por la miseria que se vive dentro de estos, con todos aquellos que perdieron el rumbo dentro de sus propias cabezas. Debo decir que esta pieza produce sentimientos bastante complejos cuando logras enganchar con el sentido de la misma, cuando eres capaz de ver esos pasillos llenos de gente a los que los demonios en sus cabezas los vencieron. Definitivamente Hernández y Delgado logran una pieza llena de miseria y esperanzas desvaneciéndose que sí o sí mueven algo dentro de ti.

Todo esto termina con la escena 8 del acto III, La Decisión, con una guitarra clásica abriendo los fuegos como invitándote a reflexionar sobre lo que acabas de ver en el sanatorio, es acompañada entonces por la batería y el bajo en el mismo ritmo, dando una base un poco más potente pero manteniendo el sentido reflexivo hasta que no, la cosa no puede ser terminar acá tan miserablemente, un quiebre rítmico nos lleva a desafiarnos, a tomar la decisión de qué haremos con esta disonancia, ¿nos dejaremos vencer por esos demonios? ¿O buscaremos que nuestros pensamientos se alineen para terminar con la disonancia cognitiva y tener una nueva forma de pensar? Un proceso difícil en que la agresividad se siente, la rabia que produce toda esta ambigüedad, volvemos a reflexionar más tranquilos, ¿será necesaria tanta rabia para salir de acá? ¿Qué hago? Un minuto de contemplación para decidir que no, no me la ganará, hay que avanzar contra lo que incluso yo mismo creo y el sentimiento de libertad que se logra sentir hacia el final es una delicia. Cabe destacar que hay una especie de «outro», que nos lleva de alguna manera de vuelta a la realidad, como un pasaje del mundo mental al mundo real.

En cortos cuarenta y un minutos, Disonancia Mental nos da un viaje por realidades que generalmente no miramos, con un concepto de base muy psicológica que logra un efecto aún más fuerte al escucharla, una propuesta instrumental muy poco común pero que definitivamente logran desarrollar sonoramente un mundo interno con lujo de detalle. Esperamos realmente haber podido comprender el mensaje que se quiso transmitir, a través de estas composiciones.

Tal como no es fácil reseñar un disco completamente instrumental, componerlo para lograr transmitir todo lo que tienes en la cabeza y quieres compartir con quienes te escuchen debe ser aún más complejo, sin embargo, Felipe Hernández lo logra con creces, no es casualidad que en nuestro terruño Vastator y Nimrod sean bandas tan importantes, aunque quizás no tan «famosas» como otras, la mente de este maestro de la música funciona a mil por hora y en esta obra de arte nos lo deja claro. Como hemos dicho anteriormente, 2015 ha sido un año maravilloso para el Metal chileno, hemos tenido una gran cantidad de lanzamientos en todas las ramas del Metal y prácticamente ninguno lanzado a tontas y locas, todos de excelentísima calidad y cada vez sacándonos más ese peso de que por ser chilenos o «sudacas» no podíamos hacer buena música.

Atentos a las presentaciones en vivo y a los videoclips de estos maestros (ahora son un Power Trío con todas las de la ley), por ahora sólo queda esperar que de esa cabeza puedan salir nuevas ideas maestras para que plasmen en un nuevo álbum, porque Metal chileno tenemos para rato y con bandas como Disonancia Mental podemos estar tranquilos, porque la calidad sólo puede seguir aumentando.

Tras un gran debut con «Firestorm» (2014), Ambush no la tenía para nada fácil. Si bien para muchos este tipo de bandas que optan por un sonido y apariencia más bien ochentera, pueden ser catalogadas derechamente como copias de los puntales del Heavy Metal (recordando que Judas Priest es una de sus principales influencias), muy personalmente creo que exactamente ahí reside el encanto de la banda sueca, ya que en un principio establecieron su propuesta de Heavy-Speed Metal sin tapujos y sin adorno alguno.

Ahora, las principales interrogantes que se plantean antes de escuchar el disco, fueron si lograrían superar a su predecesor y de cómo se las arreglarían para sorprender y evitar una posible monotonía dentro de sus composiciones. ¿Cumplieron las expectativas? Veamos.

Possessed by Evil es exactamente lo que uno espera para un opening track. Un ritmo galopante, Oskar Jacobsson alternando su voz con unos muy buenos agudos que dan paso a un coro bastante simple, pero que cumple su función a cabalidad: «You are possessed by evil!». Finalmente un solo de guitarra muy melódico que está acompañado de gran manera por las intervenciones del doble bombo de Linus Fritzson.

En Night of Defilers bajamos un poco las revoluciones. Es el clásico mid-tempo que por momentos se asemeja bastante a Accept y más lejanamente a AC/DC, con esos ritmos y melodías pegajosas que te quedan dando vueltas inmediatamente de forma involuntaria. Si bien es un tema más bien discreto, las guitarras lo llevan de muy buena forma en sus casi cuatro minutos de duración.

Con Desecrator volvemos a esos pasajes más Speed, donde Oskar matiza de gran forma su interpretación a lo largo de todo el tema. Además instrumentalmente presenta momentos notables, especialmente las guitarras en la armonía de la parte media de Olof Engkvist y Adam Hagelin que sacan aplausos con sus intervenciones. Sin duda uno de los puntos altos de todo el álbum. En cambio con The Chain Reaction, nos presentan una canción más Hardrockera y melódica dentro de lo ya escuchado. Sin considerarla una gran composición, creo que dentro del disco cumple la función de poner una pausa para que Southstreet Brotherhood brille de gran manera. Un excelente mid-tempo donde el bajo se deja escuchar a medida que la voz canta las primeras estrofas. La batería marca el inicio del estribillo que es Heavy Metal puro, donde el «Devil’s blood on hollow ground, roaring thunder / Southstreet Brotherhood!… « te incita a cantarlo con todo, puño en alto incluido.

El sexto tema es un hachazo de aquellos. Rose of the Dawn muestra la mejor faceta de Ambush a parecer personal, ya que la base junto a las guitarras nos llevan por un ritmo más veloz y adrenalínico. Oskar nuevamente se manda una gran performance, agregando tonos agudísimos al coro, que lo complementan de gran forma. En contraste con su predecesora, Master of the Seas es bastante predecible. Si bien las guitarras dan gran énfasis a una atmósfera más oscura y pesada, la canción no presenta grandes variaciones y verdaderamente se transforma en una monotonía de más de cinco minutos.

Acercándonos ya al final del LP, un redoble marca el inicio de Faster, composición que absolutamente le hace honor a su nombre. La banda en su totalidad marcando a mil, donde los primeros versos vaticinan un coro de esos que te dan ganas de cantarlos en vivo. Puede sonar repetitivo, pero nuevamente Oskar Jacobsson  demuestra que sabe ocupar sus recursos vocales a la perfección, ya que los momentos en donde varía la voz limpia con esos agudos que parecen imposibles, son realmente notables. Personalmente, mi favorita dentro de todo el álbum.

Por último The Seventh Seal  viene a ser una especie de recopilación de todos los ritmos que pudimos escuchar en los ocho tracks anteriores. El tema va progresando entre pasajes más lentos y densos, después un mid-tempo donde toman lugar el coro y  el solo de guitarra, para luego culminar con un speed de muy buena factura.

En cuarenta minutos de duración, no cabe duda alguna que Desecrator suda Heavy Metal clásico por los poros. Haciendo el balance final, definitivamente el saldo es positivo ya que fácilmente nos regalan cinco temazos con todas sus letras. Estos brillan de sobremanera gracias a que las canciones más discretas del LP están perfectamente posicionadas dentro del tracklist. Sin grandes pretensiones, el disco se deja escuchar fácilmente gracias a la sencillez y efectividad que presenta Ambush en todas sus creaciones. Como es costumbre decir en estas ocasiones, los suecos no quieren cambiar nada de lo establecido, simplemente tratar de extender el legado de sus principales referentes.