El metal chileno se ha ido nutriendo de tremendos exponentes que cada vez nos regalan más y mejores productos discográficos, algunos con sus bandas y otros en formato solista, ese es el caso del guitarrista Erick Ávila, quien se hiciera conocido tocando con los ya reconocidos SIX MAGICS. Anteriormente, Ávila había lanzado un debut solista donde mantenía un sonido totalmente ligado al Power Metal, sin embargo, el año pasado decidió adentrarse más en la experimentación y la fusión entre lo progresivo y los sonidos de nuestra tierra. Precisamente ese es el trabajo que revisaremos a continuación.

Origen” es el nombre de la placa que lanzara el año pasado Erick Ávila, un trabajo que consta de trece temas bastante variados entre ellos donde no paseamos sólo por sentimientos evocados sino, espectacularmente, por zonas geográficas muy marcadas, logrando una fusión sonora exquisita que no cualquiera logra crear. Todo esto arranca con el tema que da nombre al disco, Origen, el que comienza con una ambientación bastante futurista donde los teclados son los principales protagonistas para dar paso a todo el metal que el guitarrista ya nos tiene acostumbrados. Una potencia tremenda se toma el track para permitir que la virtuosidad de Ávila baile sobre esa base rítmica cambiante, una pieza que abre las puertas a un viaje impresionante por paisajes sumamente distintos entre sí, recordando todo el tiempo que esto es Power Metal, subiendo y bajando las revoluciones, una entrega de calidad desbordante.

Pero como ya dijimos, el viaje que Ávila nos propone no es sólo a través de sentimientos sino también de lugares y así nos llega … Y Fuimos Cueca, donde la guitarra se tranquiliza un poco para presentarnos una tonada exquisita del centro de nuestro país en versión Metal, una fusión que algunos habían intentado antes pero sólo en pasajes cortos o en versiones menos pesadas, siendo una innovación interesante, la que, luego de un pasaje que nos lleva nuevamente un poco al espacio, nos regresa a la tierra acercándonos a una especie de cueca metalera, presentando una mixtura muy bien lograda donde ninguno de los sonidos opaca al otro.

Seguimos el viaje y ahora la batería nos trae un ritmo típico de nuestro norte y la guitarra de Erick nos da la bienvenida a Descarga Andina, donde nos presenta una especie de huayno metalero, con algunas pausas de tranquilidad. Acá nos encontramos además ya con un piano más latino, más caribeño quizás, acompañando los sonidos andinos y reforzando la fusión de estilos y ritmos, una delicada obra de arte que se forma desde ámbitos tan distintos que se configuran en un tremendo acierto compositivo.

Un ritmo más detenido nos lleva al otro extremo de nuestro país y la guitarra emulando una trutruca nos da la bienvenida a La Batalla de Tucapel, canción que presenta un sonido mucho más pesado, trayéndonos no sólo a visitar un pedazo de tierra chilena sino también un momento de nuestra historia, incorporando algunos sonidos que se acercan a los himnos y marchas de guerra, usando todos los elementos musicales posibles que nos dejen claro qué es lo que nos quiere transmitir. Uno de los puntos más altos de esta placa, sin dudas.

Texturas nos saca bruscamente de ese escenario y nos lleva a la vena más progresiva del disco, donde podemos disfrutar, tras la introducción, un ritmo de bossa nova exquisito que nos relaja todo lo que puede haber tensionado el tema anterior, recibiendo el impacto del Metal de la guitarra de Ávila de manera suave y refrescante, con una base rítmica activa, una batería que juega incansablemente y un puente tremendo que nos regala unos segundos de relajo total para empezar nuevamente a levantarnos a través de los riffs inspiradísimos que nos dejan esperando más hacia el final.

Un riff que nos recuerda al ANGRA de los 2000 nos abre la puerta para Festejo, un tema rápido pero liviano, cómodo para disfrutarlo en cualquier momento donde fácilmente se siente la onda celebrativa que quiere transmitir, disfrutándose un tremendo groove que nos acerca un poco a la cumbia quizás, pero sólo un poco, manteniendo el sentido progresivo de la pieza en todo momento.

Nuevamente levantándonos un poco fuera de la Tierra arranca Infinito, pieza donde el bajo se hace más protagonista en los primeros segundos, con guitarras que suenan más espaciales, recordando incluso algunas películas o series de ciencia ficción. Aunque nos saca fuertemente del contexto en el que nos traía el disco, es una tremenda pieza que nos lleva a disfrutar otra arista de la calidad compositiva de Ávila, manteniendo un ritmo tranquilo durante los cuatro minutos y medio que dura, llevándonos en un viaje sideral como para que observemos desde fuera todo ese mundo que nos quiere mostrar el disco.

Lamento arranca en una línea más pesada aunque sin gran potencia sino, más bien, manteniendo el ritmo anterior para dejarnos caer en una suerte de tango metalero, lo que nos regala uno de los pasajes más evocativos de la placa, acaso en las callecitas de Buenos Aires disfrutando su ambiente taciturno y bohemio. Una pieza delicada, sin arranques de locura ni potencia, sólo una composición correctísima que nos permite disfrutar sin necesidad de explotar más de lo necesario la vena metalera. Podríamos decir que tiene “ese qué sé yo”.

Luego nos vamos a un riff rasgueado donde nuevamente el bajo se hace protagonista para cabalgar en las Llanuras que nos llevan un poco al folcklore españolizado de los países más nortinos en Sudamérica. La guitarra de Ávila se luce con toques tipo flamenco y un regreso a la potencia del Power Metal, dejándonos imaginar quizás una pareja de bailaores mientras nos paseamos alrededor de la pista. Hacia el final los cortes rítmicos abruptos le entregan una agresividad exquisita que no alcanza a ser brusca, algo difícil de definir pero que le entrega otro plus más a esta pieza.

Con Ayün, la velocidad nuevamente baja llevándonos a un escenario más nostálgico, más sentimental y es que por algo lleva el nombre que decidió ponerle a este track. No es difícil imaginar una escena romántica entre los protagonistas que se nos ocurran al escuchar estas melodías. Me atrevo a decir que es uno de los puntos más altos en esta placa donde Ávila logra condensar y transmitir todo el sentimiento que encierra el concepto ayün, palabra que en mapudungun engloba todo lo relacionado con el amor.

Memorias nos pareciera trasladar al puerto de Valparaíso para disfrutar uno de sus tan tradicionales vals, mantenemos el ritmo suave y disfrutamos de las imágenes que la música nos puede evocar. Es inevitable empezar a sentir un poco de sed en un minuto a lo largo de este track, quizás un vino navegado, hasta que hacia el tercer tercio de la canción nos recuerda que esto es Power Metal y, sin cambiar demasiado el ritmo, nos levanta el ánimo para terminar por lo alto. Me atrevo a decir que quizás sea uno de los puntos más bajos de este trabajo, no obstante, sigue siendo una tremenda pieza y, sobre todo, muy pero muy bien lograda.

Me cuesta trabajo recordar a qué ritmo nos acerca Indómito, se acerca bastante a los ritmos que flotaban en nuestro país a principios de la década de los ’70 y, mezclando esa idea y el nombre, es precisamente hacia donde creo que apunta este tema, a un pueblo indómito que ha sufrido por culpa de sus compatriotas a veces y muchas más veces por culpa de la naturaleza pero que siempre se ha puesto en pie, se ha defendido, ha luchado y lo sigue haciendo. Acaso un llamado a despertar a medida que la velocidad va aumentando, aumentando y ganando potencia y agresividad hasta terminar abruptamente, quizás queriendo decir que la historia no ha terminado.

Así es como llegamos a Elian, tema que cierra este trabajo en la línea más relajada del mismo, dejando notar inspiraciones de Joe Satriani y Steve Vai, una tremenda pieza que gana algo de potencia y peso hacia el primer minuto pero que no deja de evocar esta sensación paternal, este sentimiento de observar y cuidar a alguien más. La veta progresiva acá se luce, es simplemente una maravilla de tema que no puede dejar absolutamente a nadie indiferente, nos lleva por un laberinto de emociones positivas y cálidas que se convierte en un cierre tremendo para un disco en que se nos lleva, como dije al comenzar, por un viaje emocional y geográfico.

Erick Ávila simplemente nos demuestra en este trabajo que su calidad compositiva y ejecutora están a un nivel altísimo. Una obra que tiene, además, la dificultad de ser exclusivamente instrumental, un detalle que siempre he considerado de mayor mérito puesto que no tienes líneas vocales en las que simplificar la música, hablamos de trece tracks de solamente música con altos y bajos, quiebres rítmicos y cambios varios que se sostienen por sí mismos sin una interpretación vocal de por miedo, lo que considero hace este tipo de trabajos aún más valorables.

Siempre es un orgullo poder revisar material chileno de tan alta gama, claro, por la fusión de sonidos con la que Ávila se quiso arriesgar es un poco difícil de digerir por completo a las primeras escuchas pero, desde el primer momento, se disfruta, especialmente el viaje que nos lleva a dar sólo con sonidos “metalerizados” de ritmos tan propios de nuestra tierra sudamericana, algo que hasta el momento nadie se había arriesgado a hacer y que nuestro compatriota logró con creces.

 

 

Durante estos últimos años, todos hemos sido testigos de cómo ha crecido la industria del mundo de los superhéroes, de cómo se ha ido masificando un gusto que hasta hace no mucho tiempo atrás era más bien algo de nicho y que sin duda era tildado como algo más bien nerd, ñoño y/o geek. Hoy por hoy es difícil encontrar personas que no estén familiarizadas con este universo, ya sea por la trilogía de Nolan del hombre murciélago, o por las aclamadas series de Netflix inspiradas en los superhéroes de Hell’s Kitchen o por las infinitas precuelas y secuelas de los X-Men. Quienes antes con suerte ubicábamos al Superman encarnado por Christopher Reeve y los monitos de Spidey que daban en el Canal 13, ahora sabemos perfectamente que existe un universo Marvel y uno DC, cada uno con sus héroes y villanos y que The Avengers no es La Liga de la Justicia. Y esta masificación llega al mundo por la indiscutible influencia de la industria del cine y televisión en nuestras vidas, quienes desde un par de años a esta parte han inundado las carteleras con películas y series de superhéroes como los mencionados anteriormente.

¿Y qué tiene que ver esto con el Heavy Metal? Tiene bastante que ver, porque los tentáculos de este fenómeno superhéroe van mucho más allá de los comics, cine y televisión, influenciando distintas industrias y expresiones de arte, y nuestra música no está ajena a eso. “The Dark Saga” (Iced Earth), I Am the Law (Anthrax), Holy Wars… The Punishment Due (Megadeth) o los más recientes Grailknights solo por nombrar algunos, están también inspirados en el mundo del cómics. Y la buena noticia es que el Heavy Metal nacional también tiene algo que aportar a esta especie de New Wave of Super Heroes Metal (NWOSHM).

Outsiders es una banda nacional de Metal Progresivo fundada en 2012, formada por Cristián Baeza en las voces, Yordy Pérez en guitarras, Ricardo Berríos en el bajo, Sebastián Baeza con las teclas y Nicolás Bascuñán a cargo de la percusión. Outsiders basa sus composiciones en el concepto y mitología de los principales personajes de cómics. Desde sus inicios el quinteto ha buscado consolidarse como banda pionera en la combinación de rock y viñetas, a través de composiciones enfocadas al relato de estas historias, permitiendo así dar contexto musical a la novela gráfica retratada en cada canción.

“Year One”, su disco debut lanzado durante el primer trimestre de este año, es el primer acercamiento a ese objetivo. Este largaduración está basado en superhéroes clásicos del universo DC Comics, donde las canciones relatan motivaciones y conflictos en la historia de los personajes. El álbum fue producido por Nicolás Arce (Húsar, Polímetro) en AST estudios, mientras que las backing vocals corrieron por cuenta de Rodrigo Varela (Húsar, ex-Delta), y otro conocido nuestro, Jaime Salva (Concerto, Húsar), apoyando con asesorías vocales. En la carátula, se aprecia a Outsider, personaje propio de la banda, del cual están planeando hacer cómics, canciones y quién sabe si más adelante hasta un álbum conceptual que relate su historia.

El álbum comienza con Zero Hour, una introducción instrumental compuesta por Sebastián que está basada en el evento DC del mismo nombre. Con un sonido bastante cinematográfico, esta breve intro nos sumerge inmediato en un ambiente épico y fantástico, donde los arreglos orquestales de Jean Pierre d’Alençon (Berklee College of Music USA) adornan este preludio que desemboca en First Flight, basado en la historia de Linterna Verde. Un tema que representa perfectamente el espíritu de la banda en términos musicales: una base rítmica de carácter progresivo que encaja en una estructura clásica y más bien sencilla, con un teclado protagonista de sonido moderno y galáctico a lo Star One, una guitarra más acompañante que protagonista y melodías fáciles de enganchar. La voz de Cristián es limpia y goza de un registro que le permite ir de lo grave a lo agudo de forma natural, que calza bien con la propuesta musical, pero perfectible en términos de pronunciación. En general este primer vuelo de Linterna Verde cumple bien con ser una carta de presentación y nos da una imagen bastante certera de lo que se viene en el resto del disco.

Una intro de teclados y percusión da inicio a Out of Reach, tema que tuvimos la oportunidad de conocer por adelantado gracias a un lyric video que promocionaba este trabajo. Este tema, basado en las emociones y dilemas de Flash, acelera las revoluciones y explota de buena manera las performances individuales de cada integrante, haciendo una correcta relación entre la velocidad del superhéroe y la cadencia de la canción. Muy buen trabajo de Bascuñán en la batería, llenando de adornos un muy buen corte, que mezcla ritmos, melodías y emociones de buena manera, con un trabajo dinámico de Cristián representando los diferentes estados de ánimo del protagonista en cuestión, superponiendo líneas vocales creando esta sensación de velocidad mas no caos en una de las buenas canciones que nos entrega el disco.

Solemne es la atmósfera que crea Sebastián a modo de introducción en Deepest Kingdom, cuarto tema del disco, basado en el reino submarino del nunca bien ponderado pero no menos importante Aquaman, que luego de la introducción despega a toda velocidad con un riff electrizante liderado por Yordy en las seis cuerdas. Aquí Outsiders acelera el metrónomo de muy buena forma, en un tema donde destaca la contundencia general que logra el quinteto poniendo todo su talento al servicio de la canción, destacando el trabajo de Berríos en el bajo con certeros destellos de talento y los tremendos solos protagonizados por Yordy y Sebastián, dando forma a un tema que puede no ser fácil de digerir a la primera, pero que sin duda al ponerle atención devela ser una composición de grandísima factura.

Sonidos orientales extraídos directamente del corazón de Egipto ambientan Curse of Time, canción basada en la historia de Hawkman, príncipe egipcio quien bajo la condena de un juramento estaría destinado a reencarnar una y otra vez a lo largo de la historia, sufriendo una maldición de nunca acabar. Una canción que, recordándonos el trabajo de Myrath u Orphaned Land, derrocha técnica e intensidad en términos de ejecución. Es uno de los mejores despliegues a nivel interpretativo, donde destaca el trabajo de Yordy llevando la melodía principal, la base polirrítmica que sostienen Nicolás y Ricardo es también notable durante todo el recorrido de la canción, y la voz de Cristián se escucha cómoda en esta propuesta. Es un tema que, nuevamente, podrá no enganchar de inmediato, porque no es un tema fácil ni “ganchero”, pero que con cada vuelta en nuestros reproductores se hace más grande.

Dawn of War, sexto corte de la placa, es un tema casi totalmente instrumental inspirado en la Mujer Maravilla, que comienza con un canto muy suave y una melodía armoniosa protagonizada por Cristián, pero que progresivamente va evolucionando hacia ritmos más rápidos y melodías más densas, conformando una interesante parte instrumental que deja de manifiesto la influencia de bandas como Pain of Salvation o Nevermore. Esa influencia se aprecia también en Infinite Earths, tema inspirado en el macro evento del universo DC llamado “Crisis on Infinite Earths”. En lo musical, es un tema midtempo que presenta variados recursos a lo largo de sus seis minutos, con un comienzo reflexivo, introspectivo, y que deriva en sonoridades más potentes, con hartas melodías colisionando entre sí hacia el final de la canción, dando una sensación de entropía que podemos asociar a esta crisis en que está basada.

El único tema que escapa al universo DC en esta placa lleva por nombre Diablo y está inspirado en el cómic homónimo chileno, obra de Javier Ferreras (FERRE) y Mauricio Herrera. De atmósfera oscura y más cruda, esta canción es la única interpretada en español y retrata un diálogo entre el Señor del Infierno y el protagonista de esta historia, quien termina transformándose en el vigilante sobrehumano que protegerá las calles de Santiago. Una introducción rápida y caótica, con un gran desplante técnico de Yordy, desemboca en una canción contundente, de melodía sufrida y con un coro particularmente denso y perturbado. Un acierto sin duda tanto desde el punto de vista musical como del homenaje a esta viñeta de origen nacional.

Acercándose hacia el final de “Year One”, la banda arremete con los dos superhéroes más famosos del universo DC, dos símbolos que no podían faltar: Batman y Superman. The Beginning of Tomorrow, inspirada en el alter-ego de Bruce Wayne y su búsqueda de justicia y venganza, es un tema que se percibe maduro, sobrio, que consolida sonidos y recursos explotados a lo largo del disco, con un toque de emotividad en el relato; mientras que Birthright aborda la historia del superhéroe venido de Krypton enfrentando su destino inexorable. Musicalmente hablando, también se percibe como una composición madura y muy bien cuidada, con un coro potente, en donde la habilidad de cada integrante contribuye a consolidar una obra épica de muy buena factura. Un temazo que se percibe más luminoso que su predecesor, algo que no creo sea casualidad teniendo en cuenta los protagonistas de cada historia. Cerrando el disco suena The Final Night, breve instrumental basado en el evento DC del mismo nombre, donde Sebastián y su teclado apagan las luces del disco con un ambiente solemne y espacial.

Desde la perspectiva que se mire, “Year One” es un disco muy interesante de explorar. Musicalmente es un trabajo bien cuidado, donde se nota la seriedad de la banda, que en todo momento alcanza un buen nivel interpretativo. Lírica y conceptualmente, es un buen acercamiento al mundo del cómic, tanto para los fans como para quienes no comulgamos día a día con este universo. Y lo mejor de todo es que el espíritu de las canciones, su sonoridad y las emociones que transmiten se condicen perfectamente con la historia que están relatando, no se dejaron detalles al azar lo cual se agradece. En cuanto a oportunidades de mejora, creo hubiera sido positiva la presencia de temas más gancheros, que se puedan digerir a la primera, pues eso ayuda mucho a la escucha de un disco que a la primera se puede percibir algo denso. Por otra parte, hay que cuidar la pronunciación porque en algunos pasajes hay barreras de lenguaje evidentes, y me parece que las líneas melódicas de la voz no se acoplan perfectamente al conjunto instrumental. Finalmente creo que el sonido del disco también admite cierta mejora, pues aun cuando la calidad de la producción es indiscutiblemente buena, el sonido no es todo lo prístino que podría ser y el conjunto de las pistas creo que podría sonar aún mejor.

Felicitaciones a Outsiders por este muy buen debut. Esperemos sigan desarrollando esta interesante propuesta conceptual y que en un futuro sea el propio Outsider y sus aventuras quien esté inspirando discos por otras partes del mundo.

Cuando la banda entra en silencio debido a un paro de sus actividades en vivo (que esta vez son razonables por los conocidos problemas de Jon Schaffer en el cuello que lo devolvieron al quirófano y a una lentísima recuperación), es difícil no ver enfriadas las expectativas de cara a un nuevo trabajo. Pasa el tiempo sin noticias, sin vivencias y, así, ICED EARTH, en cierto modo, se aleja del radar de los fanáticos.

Qué duro debió haber sido para el guitarrista y Stu Block este tiempo, especialmente para el cantante, que se encuentra en sus años dorados como músico e intérprete.

Sin embargo, siempre cuando la banda entra en estos recesos (1999 y 2000 por Demons & Wizards, 2004-2006 por la salud de Schaffer), surgen ideas elaboradas que, sigilosamente, empiezan a ser materializadas en una nueva producción que desde la nada se lanzan a la escena. “Incorruptible”, duodécima entrega de ICED EARTH, no es la excepción.

Ver también: ICED EARTH lanza lyric video para Seven Headed Whore, adelanto de «Incorruptible»

Y claro que surgen ideas refinadas desde un comienzo. En ese sentido, Great Heathen Army -primer track- se presenta como si fuera una canción del “Beyond The Red Mirror” de BLIND GUARDIAN, debido a su solemne intro de coros muy parecido a la de «The Ninth Wave«. No obstante, rápidamente la composición toma cuerpo de banda e introduce guitarras pesadas y un grito que -adelantemos- anticipa que el performance de Stu Block será tan enfático como el de Schaffer en su variedad riffera, rozando la experimentación dentro de los parámetros suyos.

El verso inicial tiene mucho del METALLICA ochentero circa “Master Of Puppets” (rasgueos de acá recuerdan un tanto a «Disposable Heroes«), sin perjuicio que sea lo melódico y lo powermetalero europeo lo que definitivamente vayan dando personalidad a este corte inspirado en historias vikingas de invasión a las islas británicas. Finalmente, hay que señalar que Great Heathen Army es muy representativo de lo que presentará el trabajo completo, con conclusiones iniciales que pueden ser tomadas como una relativa tónica de un “Incorruptible” variado, refinado y con experimentos dentro de elementos reconocibles del Heavy Metal.

Se trata entonces de un álbum más melódico, más elaborado y un tanto más épico en lugar de ser oscuro como “Plagues Of Babylon” o aguerrido, directo y ciento por ciento schafferiano como “Dystopia”. Y bueno, por supuesto que mantiene el sello de contar con un sinfín de guitarras empastadas con la batería del -gracias a los dioses- retornado Brent Smedley (quien es el batero de ICED EARTH por antonomasia en todos los años de este conjunto). Sin embargo, casi no se escucharán esos riffs galopeados, filosos y de alta velocidad tan característicos de Schaffer y por los cuales se ha hecho famoso en la escena. En contrapartida, ante la escasez de ese tan significativo elemento, Jon explora sonidos rítmicos no detectados antes en sus temas.

De esta forma, allí radica la enorme variedad de guitarras del álbum con líneas rítmicas que jamás pudieron haber sido concebidas en otra producción de ICED EARTH, rasgueos absolutamente inéditos para el contexto que discutimos, métricas que se atreven a rozar lo progresivo, timbres de Telecaster y otros recursos que otorgan un colorido muy particular a un trabajo que no tiene comparaciones simples con el resto del catálogo de Schaffer.

Quizás se pueda indicar, de forma analógica, que es una especie de segundo “Dark Saga”, no en el sentido estilístico sino en que era muy distinto a los álbumes que lo antecedieron pero que no había motivos para recibirlo de mala manera por la estampa de muchas de sus canciones y el performance de su cantante Matt Barlow. Lo mismo sucede con “Incorruptible”, con el cual uno puede preguntarse cómo esta o tal canción puede ser de ICED EARTH pero, que de igual modo, termina convenciendo en la mayoría de las oportunidades.  También, podría hacerse un pequeño paralelo con lo propuesto en “Horror Show”, en cuanto a ser un trabajo más melódico o, incluso, con «Framing Armageddon» por su experimentación aunque con mayor madurez, menos capas y mucho más peso, valiéndose de recursos más normales que jamás habían tenido espacio en la música de ICED EARTH.

¿Y revisaste este tema? ICED EARTH libera nuevo lyric video a la espera de «Incorruptible»: Great Heathen Army

Siguiendo la revisión tema por tema me parece que hay que advertir lo siguiente en cuanto a la principal debilidad de este disco. Esto, porque entre temas que realmente son joyas para el catálogo de ICED EARTH y el Heavy Metal de la actualidad, hay un par que son demasiado tímidos, por no decir de bajo estándar, y que son significativos para el sabor que queda al final. Por fortuna, la que sigue después de la apertura se trata de quizás la canción más espectacular que haya escrito Schaffer desde la contratación de Stu Block y que, sinceramente, pongo a la altura de su material más clásico de ICED EARTH.

¿Cómo describir entonces Black Flag (coincidencias con la serie de Netflix absolutamente intencionadas)? Parte con una especie de intro como las que hacía Ronnie James Dio con canciones como «Don’t Talk To Strangers» o en Black Sabbath con «Children Of The Sea«, relativamente calmadas pero sosteniendo una tormenta que más tarde explota con mucha fuerza con un típico ritmo en tresillos, súper reconocido en obras como «Phantom Of The Opera» de IRON MAIDEN o… no sé, una infinidad de temas que han utilizado este recurso desde la invención del Heavy Metal pero que de verdad, en esta composición, suenan como si fuera primera vez que se utilizaran. Las melodías son pletóricas y absolutamente épicas, el ritmo poderoso a emocionar y, el hecho de que su coro que dice “stories foretold of silver and gold the empire’s greed” no parezca un coro sino un envión que le entrega más fuerza y emoción al tema, hace que esta pista se convierta en una verdadera culminación del estilo. Jamás había escuchado una canción tan intensa con este tipo de ritmo y eso habla maravillas de un Schaffer que decidió no recurrir a sus recursos de siempre sino a otros, típicos del metal, para dar a conocer que él también los controla y domina.

Uf! Qué decir del performance tremendamente extraordinario de Stu Block en Black Flag, que solo con seguirlo en las letras uno queda sin aire por culpa de la emoción y la resistencia física que el tipo enseña. El aun joven cantante se maneja con una variedad y agresividad tan increíbles que, de verdad, lo ponen a la altura de las mejores interpretaciones vocales en la historia de ICED EARTH, confirmando que el canadiense le hace honor a su antecesor y a la fanaticada. Cuánta furia, brillantísima actuación de un artista que, como dijimos el 2011, le ha devuelto años de vida a un Schaffer que se siente muy cómodo, sea entregando temas típicos pero maestros como éste o haciendo experimentos como en otros tracks de “Incorruptible”. Al final, para redondear con ésta, es de esas que hace que todo un lanzamiento valga la pena y Black Flag significa tanto para “Incorruptible” como «Dracula» para “Horror Show”.

El tercer track es uno ya conocido, Raven Wing, una versión elaborada de canciones como I Died For You, Watching Over Me y Hollow Man de “The Glorious Burden” e If I Could Fly de “Plagues Of Babylon” pero con una estampa creativa y más oscura que muy bien vale considerarla. Es pesada, es colorida e intensa, como esas composiciones estilo baladas de ICED EARTH que invitan a levantar el puño con los coros. ¿Quién más logra aquello?

Acto seguido, viene uno de los primeros grandes experimentos de la placa por medio de The Veil que parte como esas introducciones que tenían cortes del primer disco de ICED EARTH (tipo «Curse The Sky«). Lamentablemente, la composición nunca levanta y se estanca como las pistas que forzaban pausas incómodas en “Framing Armageddon”. El panorama se vuelve a armar con Seven Headed Whore, la única que -aunque en forma metafórica- se acerca a las temáticas de “Dystopia” o “Plagues Of Babylon” y que, estilísticamente, si bien su tono se replicó en Boiling Point y Days Of Rage hace unos seis años, ésta simplemente termina siendo superior en su factura. Alguien se habrá imaginado a Violate del “Dark Saga” con ésta o la portada de “Days Of Purgatory” con el lyric video lanzado hace unas semanas y, lo cierto es que se trata de otra de las arrancadas memorables de un disco variadísimo que continúa con un giro de timón: The Relic (Part I). Lo primero que me recuerda su llegada es a discos de IRON MAIDEN, de la era “No Prayer For The Dying” o “Fear Of The Dark”, con un Stu Block consistente pese a bajar mucho las revoluciones de agresividad para centrarse en las melodías. Sólo el tiempo dirá si vale la pena o no rescatar esta canción pero funciona bastante bien en el contexto del tracklist tan variado.

Después, la gran sorpresa: una instrumental y nada parecida a «1776«, la última que habrá hecho Schaffer ya hace décadas (recordando que era un refrito de una composición de los ochenta). Aquí, el nombre de Ghost Dance (Awaken The Ancestors), está nuevamente muy bien puesto, invocando danzas originarias de América del Norte, caras rojas, sabiduría y una cultura cada vez más entrañable en la actual civilización. Hay cánticos en el fondo y muchos arreglos que evocan este ambiente. No es una composición directa pero sus arreglos la hacen especial, casi chamanística y con un Brent Smedley que vuelve a reclamar su asiento tras las cajas y tambores de ICED EARTH.

Brothers, en cambio, nos regresa a ese ICED EARTH de “Plagues Of Babylon”, visto en la sección no conceptual de aquel álbum, un corte más rockero al estilo de «Peacemaker» pero mucho más cálido y abierto en sus sentimientos y musicalidad. Es de esas pausas que se disfrutan mucho y que, en definitiva, terminan siendo momentos entrañables de un tracklist. Jon Schaffer piensa mucho en la dinámica de un repertorio y es allí donde Brothers hace sentido, un respiro previo a Defiance, más agresiva, partiendo con unos escuetos leads de un guitarrista como Jake Dreyer (ex en vivo y de sesión de KOBRA AND THE LOTUS), cuyo input mejor puede compararse al estilo de Ralph Santolla en “The Glorious Burden”. Aquí estamos ante un midtempo donde Stu Block nuevamente viene a desplegar un performance variado desde lo furioso a lo melódico delante de guitarras y baterías que le dan espacio para lucirse.

Ver también: Iced Earth (banda del mes marzo 2012): completa biografía hasta ese entonces

Ahora, como hemos visto, los experimentos de ICED EARTH en “Incorruptible” son bastante amigables pero ninguno es de la talla de Clear The Way (December 13th, 1862), basada en la batalla de Fredericksburg de la Guerra Civil estadounidense. Aquí se escucha algo completamente atípico para lo que Schaffer nos tiene acostumbrados pero muy adhoc a los preceptos del Power Metal europeo. Su partida con esos rasgueos tan peculiares es absolutamente inesperada y el coro en acordes mayores perfectamente podría haber salido de una canción feliz de GAMMA RAY, IRON SAVIOR o alguna otra banda de Hamburgo. Por si eso fuera poco, es complementada por una sección instrumental de un tono tan colorido y vibrante como fuera de lo común para este grupo. Jamás Schaffer, quien desafía sus propios moldes acá, había pensando musicalmente en clave tan europea pero su resultado después de unas escuchadas termina pasando muy rápido, decantando en un final de repertorio jamás explorado por ICED EARTH. Hay un trasfondo muy grande en las letras de este tema y ya no puedo esperar más a tener las letras para irlas decantando.

En relación al sonido, el haber traído de vuelta a Jim Morris a alguna fase de la producción le ha hecho muy bien a la banda luego de un “Plagues Of Babylon”, donde hay cosas en mezcla y grabación que no resultaron del todo óptimas al hacerse sin la guía de este personaje en los estudios de Grave Digger y otros lugares de Alemania. Sí, suena distinto a los discos de ICED EARTH producidos por Morris en Florida y, quizás, eso tenga que ver con que las pistas se hayan grabado en el nuevo cuartel general de Jon Schaffer, donde inevitablemente las acústicas y equipos serán otros. Esto, en cierto modo, le da frescura al trabajo aunque me parece que lo que más hace que “Incorruptible” suene como tal es el tremendo performance de Stu Block, asentado ya como artista y no como mero intérprete presionado por las expectativas y eventuales sombras.

Sigo pensando, en todo caso, que Block está forzando su timbre en ICED EARTH en cuanto a lo que exige Jon y el estilo vocal del grupo. Incluso, en varias partes donde debería ir una sola capa vocal, Stu dobla sus líneas y las canta dos veces en el mismo sólo con el fin de darle más cuerpo a su voz. A espera que eso no traiga problemas en vivo, donde el cantante no tendrá a un segundo Stu Block para apoyarlo. No le vaya a pasar lo mismo que a Edu Falaschi, quien terminó arruinando su voz en ANGRA, forzando registros que después de unos años pusieron en jaque el futuro del conjunto.

En un disco de contrastes, “Incorruptible” lleva a ICED EARTH a experimentar con lugares comunes a los cuales nunca optó por ir y que ahora lo hace de forma bastante natural y, a veces, con un éxito sorprendente. Sólo es cuando quiere rememorar sonidos de “Framing Armageddon” o “Crucible Of Man” que el trabajo baja su nivel, excepciones que por suerte son justamente eso, excepciones. Temas como Great Heathen Army, Raven Wing, Seven-Headed Whore y Clear The Way representan el alto promedio de calidad de esta placa mientras que Black Flag, un punto sublime en la historia de ICED EARTH. “Incorruptible” no es más que “Dystopia” (ese último trabajo está entre los tres o cuatro mejores de Schaffer y eso hay que aceptarlo), pero sí mucho más que “Plagues Of Babylon” y varios otros del siglo XXI, un CD melódico y agresivo, épico y conciso que pasa volando y dan ganas de volver a repasar.

Siete años han pasado desde que Labÿrinth publicara la segunda parte de “Return to Heaven Denied”. Todo parecía ir bien, Olaf Thörsen, su fundador y principal compositor volvía a su banda natal y una de las agrupaciones íconos de finales de los años ’90 volvía a hacer de las suyas, retomando el camino que fue dejando de lado por explorar otros estilos. Pero eso fue lo último que hicieron. En este lapso (2010-2017) Roberto Tiranti abandonó la banda (otra vez) y al poco tiempo anunciaban al experimentado Mark Boals (Royal Hunt, Yngwie Malmsteen y Ring of Fire entre otros) como su reemplazante. De esa unión no prosperó nada y terminaron separándose. Frontiers Records los unió nuevamente para el “Frontiers Festival” con el fin de tocar íntegramente el hito más grande en su carrera, el célebre “Return to Heaven Denied”.

Quizá por recordar el pasado y seguir en esencia con la música y trayectoria de Labÿrinth, se anunció “Architecture of a God” con unos importantes cambios de alineación (además del llamado de Frontiers Records, que los incitó a hacer este nuevo trabajo y en palabras de Olaf Thörsenel álbum más difícil de trabajar, pero el más completo y maduro que hayan hecho”). Se mantenía Roberto Tiranti en las voces, Andrea Cantarelli en una guitarra y Olaf Thörsen en la otra. Andrea de Paoli, quien fuera el tecladista por cerca de veinte años de Labÿrinth, fue reemplazado por Oleg Smirnoff (compositor y tecladista junto con Olaf Thörsen en esa obra maestra de Vision Divine llamada “Stream of Consciousness”) y por otro lado, el experimentado John Macaluso (Ark, TNT e Yngwie Malmsteen) en las baquetas. Completando la formación, se incorporó Nik Mazzucconi en el bajo.

Así, con la mitad de alineación renovada, con esta mezcla de talentos es que nace “Architecture of a God”, el octavo larga duración en la carrera de Labÿrinth y en el cual encontramos elementos que los hicieron famosos y más progresivos que de costumbre. Sin ir más lejos, de lo mejor que han hecho desde el mítico “Return to Heaven Denied” de 1998.

Fuerte y directa es Bullets, perfecto inicio de este disco y primer video clip promocional de esta obra. Se nota mucho la mano de Oleg Smirnoff en los teclados, no son solamente para dar atmósferas, ya que toman cierto protagonismo en el transcurso del disco. La voz de Roberto Tiranti permanece como en otra época y continúa siendo una de las grandes voces del género. La nueva incorporación en las baquetas muestra porque está aquí, John Macaluso suena contundente, con buenos cambios de ritmo y agresividad cuando corresponde. Los solos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli siguen tan virtuosos como de costumbre y Oleg Smirnoff se acopla perfectamente en estos duelos de guitarras y teclados. Los segundos finales con el falsete único de Roberto Tiranti, nos indica que Labÿrinth está de regreso y que estos años de espera valieron la pena.

Still Alive es algo más pausada en ritmos, pero con toques progresivos de primer nivel. La melodía impuesta por la voz de Roberto Tiranti es única, con muchos guiños al pasado “Return to Heaven Denied”, con más duelos de guitarra y teclados, demostrando el gran aporte de Oleg Smirnoff y sus segundos finales lo manifiestan más aun.

Lo que viene a continuación, es una muestra de genialidad, rapidez y agresividad de antaño, un cruce perfecto entre las partes uno y dos del “Return to Heaven Denied”, un encuentro entre Thunder y The Shooting Star ocurre con Take On My Legacy, lección de velocidad, melodía y técnica. Imposible no recordar el pasado y sentirse emocionado con este track. Roberto Tiranti haciendo juego de voces con armonías para seguir en aumento las revoluciones de la canción, quiebres ejecutados a la perfección por Olaf y Andrea, un doble bombo veloz, sientes como John Macaluso va machacando la batería acompañada con la firme base rítmica de Nik Mazzucconi.

A New Dream tiene esos toques de romanticismo que los hizo conocidos en la época de los ’90. Siendo una banda de Metal, con una sensibilidad melódica casi única para una agrupación de este estilo, no caen en lo meloso para nada. Una guitarra acústica propia de ellos da el paso a un cambio de ritmo más pausado, pero constante. En este tipo de estructuras la voz de Roberto Tiranti suena más melódica gracias a los arreglos que hace Oleg Smirnoff en los coros y uno siente cómo lo va atrapando esta canción con su gran coro.

Someone Says corresponde al segundo video clip lanzado para promocionar “Architecture of a God”, clásica canción a medio tiempo, con un coro pegajoso y melódico. Perfecta para single, con muchos arreglos acústicos y vocales marca de la casa. Sorprende como en su estilo saben renovarse y no caen jamás en el auto plagio, añadiendo nuevos elementos y estructuras a su propio estilo de música.

Random Logic es prácticamente un instrumental, muy parecido a esos quiebres de ritmo que aparecían en el “Stream of Consciousness” de Vision Divine, una melodía nostálgica a base de teclados característica de Oleg Smirnoff, unas voces de fondo en italiano y la voz de Roberto Tiranti aportando emoción. Random Logic es un preámbulo a Architecture of a God, desarrollada composición que le da el nombre al disco y la más extensa en la carrera de Labÿrinth. Una simbiosis de los elementos propios de la banda, la sentimental voz de Roberto Tiranti junto con esos arreglos acústicos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli, pero con interesantes quiebres rítmicos y progresivos. Agresividad y pausa bien entrelazadas. Sin duda, cuando Olaf se refería a “madurez”, estaba hablando en lo conseguido en esta canción.

Children es una pieza instrumental directa y además es un cover de Robert Miles. Para quien no sea adepto a otro género musical, podrá ser extraño. Para quienes seguimos la trayectoria de los italianos, no es para nada raro escuchar este tipo de composiciones en Labÿrinth y funciona muy bien para complementar el disco. En su pasado, tienen registros de este estilo (Vertigo del “No Limits” y Feel del “Return to Heaven Denied”) y son casi infaltables en sus trabajos.

Those Days es una interesante Rock Ballad y necesaria para diferenciar cada composición de “Architecture of a God”, con un apertura lenta que va en crecimiento hasta la fuerza de su coro. Nada está de relleno y cada canción está perfectamente conectada con la anterior, dándole esa versatilidad necesaria al disco.

En la recta final, We Belong to Yesterday suena como himno, parte esencial de este nuevo aire que Labÿrinth añade a su estilo. Sin ser una canción veloz, suena poderosa con sus enfáticos momentos progresivos. Sin duda, el aspecto melódico de la banda está en todas partes, los antiguos elementos y las nuevas ideas convergen en un resultado más que satisfactorio, para fans y para quienes no conozcan la gran trayectoria de Labÿrinth.

Llegó el momento de otro batacazo de velocidad, Stardust and Ashes tiene un riff triturador, acorde a como John Macaluso va asesinando su batería con cada golpe siguiendo a ese riff. Corte Power melódico a la vena con unos interesantes quiebres de ritmo, rápidos y efectivos para no bajar el ímpetu de la canción. Roberto Tiranti va cambiando tonos y sumando una buena melodía mientras desarrolla el coro. El pasado mágico de la banda vuelve con más fuerza y funciona bastante bien con sus esfuerzos creativos actuales. Y cerrando “Architecture of a God” tenemos a Diamond, un cierre de bajas revoluciones donde predomina la voz de Tiranti con gran sentimentalismo y la base absoluta de Smirnoff.

¿Valieron la pena estos siete años? De todas maneras. Si bien “Return To Heaven Denied Pt. II: A Midnight Autumn’s Dream” fue un gran trabajo, Labÿrinth se fue a la segura con la segunda parte y no arriesgaron mucho, no exploraron más opciones musicales. En consecuencia, “Architecture of a God” es el perfecto sucesor del “Return To Heaven Denied”

 

 

Convengamos en que Húsar fácilmente es una de las mejores creaciones y producciones referentes al Metal y Rock nacional a lo largo de su historia. Ives Gullé demostró con creces que había material de sobra para realizar una Ópera Rock chilena y que, de igual forma a como se hace en el extranjero, los músicos de nuestro país estaban a la altura de una idea de tales características. A su vez, contra todo pronóstico, el proyecto fue pasando varias etapas que lo posicionan en el status en el que se encuentra hoy en día. Vinieron las presentaciones en vivo, re-ediciones, conciertos acústicos, participación en festivales y la suma de todo esto finalmente decantó en una nueva creación del cantante y compositor. Hablamos de «Invasión», disco conceptual que habla del proceso de conquista de Chile liderada por Pedro de Valdivia. Como era de esperarse, casi la totalidad de los cantantes y músicos que han dado vida a la agrupación desde el año 2011 vuelven a colaborar en este LP, pero también hay algunas caras nuevas que vienen a aportar lo suyo. ¡Empecemos entonces!

El puntapié inicial es la bella introducción llamada Newen. Mientras Nico Arce -a quien le debemos la producción y dirección musical de lo que nos convoca- toca las primeras notas acústicas, de fondo escuchamos sonidos de la naturaleza que rápidamente nos transportan al lugar de los hechos. No se extrañen si la atmósfera se percibe un tanto melancólica y decaída, puesto que como veremos más adelante, es una de las emociones predominantes en todo el álbum. Una vez avanzada la melodía, escuchamos la voz del «Relator Histórico» -interpretado por el conocido locutor Mauro Torres, voz en off de Chilevisión-, quién tras un par de líneas finalmente sentencia: «Bastó tan solo una pisada de acero…». Dicho esto, comienza el primer track como tal. Fundación arremete en primera instancia con el relinchar de los caballos españoles, mientras el bombo marca el tiempo para que suenen las guitarras eléctricas con un riff bastante «étnico» acorde al contexto. En cosa de segundos entramos de lleno a un tema «cañero» y pesado en sus primeras estrofas donde Pedro de Valdivia (Ives Gullé) y Francisco de Villagra (Cristián Farías) prontamente evidencian sus intenciones con versos como «Crucé el desierto, luché contra el viento, la fiebre y el hambre no fue impedimento / Con muy pocos hombres, soldados y esclavos bajo mi mando en la expedición» y «La resistencia será castigada, aprenderán bajo la ley de Dios / Deben servir a nuestro nuevo reino y asumir su nueva condición». Así pasamos al estribillo, que si bien no es tan pegajoso y «oreja», sí logra resaltar las voces de los españoles de una forma magistral. A su vez, también escuchamos por primera vez a Michimalonco (Paulo Domic), que básicamente plantea la interrogante sobre el trato que tendrán los originarios frente a los invasores. Sobre esto último, suma atención con el quiebre que se produce casi en la mitad de la canción, donde escuchamos arreglos orquestales y un ritmo más calmado que da paso a la fundación de Santiago de la Nueva Extremadura. Solo de guitarra, coro y los agudos de Paulo cierran el primer hachazo de «Invasión«.

La tercera canción del disco derechamente es una de las mejores y más destacables. Inquisición no deja ningún detalle al azar y logra brillar con luces propias gracias a que cada pasaje es llevado con suma detención y delicadeza. Decimos esto porque súbitamente se amplía el espectro en la aparición de los personajes. Vale decir, cada uno aparece a su debido tiempo y se le da el espacio suficiente para ir perfilando su función en la historia. Vamos con cuidado entonces. Los primeros minutos son casi en su totalidad acústicos (ya que hay una pequeña intervención de las guitarras eléctricas) y orquestados en los cuales escuchamos brevemente a Pedro de Valdivia y a Inés de Suárez (América Paz) en su búsqueda de fama y victoria. En cosa de segundos pasamos a un coro que suda Medioevo por los poros. Recuerda por momentos al puente de Time Stands Still (At the Iron Hill) de Blind Guardian si se quiere ser más específico. De todas maneras, los españoles suenan dominantes al exclamar «Con sus canelos paganos haremos cruces para venerar / La Ñuke Mapu ha llegado a su fin, la Inquisición ha llegado / Virgen y santos, rosarios, símbolos que han de reverenciar / La ira de Dios se ha instaurado aquí, la Inquisición ha llegado». ¿Mi parte favorita? Por lejos es el contraste entre la línea del sacerdote Bartolomé del Pozo (Felipe del Valle) y la del Wekufe (Fox-lin Torres) antes de cada estribillo. Me explico, mientras el primero canta «Hay que bautizar, de rodillas aceptar la doctrina de fe o cabezas rodarán», el ser maligno de la mitología mapuche más tarde se desgarrará gritando «Hay que devastar, de rodillas caerán, ¿qué doctrina de fe? ¡Sus cabezas rodarán!». ¡Para enmarcar! Posteriormente, con el baterista Vincent Zbinden aplastando todo a su paso, escuchamos un extracto de la Bula papal de Pablo III donde se da cuenta del mandato de fe. A no pasar por alto el Pipe Organ de Gustavo Albuquerque en esta parte, ya que da la ambientación perfecta. Finalmente, no podemos dejar de lado la pequeña participación de Michimalonco, Colo Colo (Jaime Contreras) y Alma Mapuche -que debe este nombre a una canción de la otrora banda de Soledad Domínguez, Sol y Medianoche-, los cuales van vaticinando los males que se acercan.

La entretenida Arde Santiago abre con un riff vertiginoso y agresivo que se complementa muy bien con el doble bombo que irá marcando a mil durante gran parte de esta composición. Por su parte, nuevamente hay que destacar las intervenciones del piano y del Hammond que se hace presente sobresaliendo en los momentos precisos. Resumiendo los aspectos musicales, es uno de esos temas que Ives Gullé y Nico Arce hacen a la perfección. Hablamos de esas canciones directas, al hueso y por sobre todo, muy, muy metaleras. Basta recordar la potencia con la que sonó en la SCD cuando la estrenaron durante el show de Diciembre del 2015. Eso sí, evidentemente teniendo la versión en estudio se pueden apreciar de mejor forma algunos detalles. Por ejemplo, los exquisitos arreglos de guitarra en distintas ocasiones. En cuanto a la narración, nos situamos en el 11 de Septiembre de 1541, en la llamada «Destrucción de Santiago». Bajo la premisa de que Pedro de Valdivia se dirigía al Bío Bío para seguir combatiendo a los mapuches, Michimalonco no desaprovecha la oportunidad que se les presenta y es el encargado de liderar el ataque y posterior incendio que devastaría la ciudad. Esto último queda muy bien plasmado cuando Paulo Domic canta «A la señal encenderán sus armas para incendiar la ciudad / Y así enseñar que esta tierra nos pertenece / ¡Hoy nuestra ira cae!», mientras que por el lado de los españoles, Francisco de Villagra da cuenta del panorama al que se enfrentan cuando entona «El infierno cae al despertar, el sol a gotas quema la ciudad / El humo asfixia, no puedo respirar / Santiago arde, destrucción total». Ojo también con el coro, hecho para cantarlo con el puño en alto y gritar «¡Arde Santiago… cae Santiago!» apoyando a toda la banda.

Tras el breve interludio acústico Dies Irae -donde escuchamos madera ardiendo tras los sucesos antes descritos-, lamentablemente llegamos a uno de los puntos débiles de este trabajo. Hablamos de la algo deslucida Alma. En líneas generales, nuevamente nos topamos con los presagios poco auspiciosos de Alma Mapuche. Por su parte, Caupolicán (Jaime Salva) evidencia el odio y la ira que siente frente a lo que está ocurriendo con sus hermanos. En la vereda contraria, Pedro e Inés no echan pie atrás en el proceso de conquista. Dicho todo esto, es comprensible la atmósfera y el sentimiento que desborda esta balada, pero sencillamente no logra convencer del todo. Algunas estrofas suenan un tanto sobrecargadas y exageradas en lo que quieren transmitir, logrando que por momentos sea bastante tediosa de escuchar. Es cierto que sirve de pausa para lo que se vendrá, pero la sensación algo amarga queda presente.

Retomamos la senda con Andalién, que cuenta con un riff inicial muy en la onda de Megadeth que a su vez es acompañado con un órgano Hammond setentero que da un contraste más que interesante durante toda la primera parte de esta pieza. Terminada la intro seguimos con el Hard Rock que nos narra la traición y la posterior muerte de Michimalonco. Algo que no podemos dejar de mencionar es la primera -pero acotada- aparición de uno de los personajes más importantes en nuestra historia. Nos referimos al Toqui Lautaro (Ricardo Susarte). Más tarde, es buenísimo el breakdown orquestado que se produce una vez que irrumpe el relato de Mauro Torres al describir las emociones que embargan a los beligerantes. No puedo esperar a ver a todos los músicos en escena cantando a coro el «Causas y azares en nuestras vidas, el viento en contra, fortuna maldita / Vueltas y azares no hay luz sin tinieblas, con viento en contra hoy todo cambiará». Por otro lado, sumo cuidado con las intervenciones del guitarrista Matías Baeza en la parte media-final y en el outro. ¿Una frase para el recuerdo? Por lejos la de Colo Colo: «Han dado muerte al traidor jefe del oro, la ira del Pillán gritó ¡unir tormentas!».

El segundo interludio ocurre con Río Negro. Dados sus tres minutos de duración, marca de forma correcta el fin de la primera parte del álbum y a la vez nos prepara para un suceso que será de suma importancia para el desenlace de la historia. De esta forma, Despertar es una referencia literal a la fuga del joven mapuche Lautaro desde el campamento español hacia el Wallmapu, donde comenzará a demostrar su liderazgo en un enfrentamiento inminente entre los dos protagonistas. Sorpresivamente esta temática es llevada solamente con el piano de Gustavo Albuquerque mientras Ives y Ricardo realizan un dueto que no hace otra cosa que demostrar la complicidad y la química que han desarrollado con el pasar de los años. Frases como «Por primera vez hoy me siento aterrado / Alonso ha muerto y renace Lautaro» o «Pueblo amado te llevo en mis brazos / Tu sangre se ha derramado / Vientos de cambio serán la condena / Comienza la guerra» dan cuenta de lo que se vendrá. Desde luego que también nos topamos con arreglos orquestales y con una parte instrumental eléctrica que sirve de contraste para el último estribillo de esta bella composición.

Lo siguiente es uno de los temas más complejos y extensos de todo el LP. Vaticinio no está dentro de lo más sobresaliente, pero sí es destacable el paseo que nos da a través de estilos y matices que podemos encontrar en todo el resto de las canciones. En primer lugar se oye un recitado en mapudungun de Kelv Liwen donde habla de la resistencia y de la rebeldía de su pueblo. Luego, dado que Lautaro comienza a ser influenciado fuertemente por el Wekufe, escuchamos a este último desatando toda su ira con una ambientación muy propia del Death/Doom Metal, sobresaliendo siempre la base rítmica y las progresiones de Vincent y Nico Arce. Dicho de otra forma, Fox-lin Torres deja la vida cuando canta «Maldigo a toda tu casta, tu raza maldita y tu falso poder / Maldigo a tu hijo bastardo, tu libro sagrado, languemchëfe, ükaipue/ Destripen sus cuerpos bañados en sangre, gritos desgarrados, ¡renace Lautaro!». Posteriormente se produce un quiebre acústico que abre el paso para que Alma Mapuche justamente de su vaticinio a «una guerra sin fin». Nuevamente se arremete con una excelente ejecución en el solo de guitarra, el cual es «interrumpido» por la oración que levantan en su conjunto Pedro de Valdivia e Inés de Suárez. Como mencionamos anteriormente, uno de los tracks más ricos en detalles, que requerirá varias escuchas para apreciarlo en su totalidad.

Señoras y señores, atentísimos a lo que viene. Permítanme la licencia: ¡Qué temazo es Calma por la cresta!. Si quieren escuchar Power Metal de principio a fin aquí lo encontrarán es su más puro estado. Y qué duda cabe, si los primeros golpes de Vincent provocan que el resto de la banda deje caer todo su peso provocando un headbanging inmediato. El Pipe Organ dice presente durante toda la intro mientras que en paralelo escuchamos un excelente trabajo con el ride y el doble bombo. Por otra parte, si la sección instrumental la encuentran notable, denle las gracias a Álvaro Soms, Matías Baeza y Erick Ávila, quienes se demuestran toda su técnica y clase despachándose tres solos de gran factura. En cuanto al relato, Caupolicán y Lautaro planifican una tregua momentánea con el fin de provocar el adormecimiento de los españoles y planificar un ataque que los tome por sorpresa. Todo esto inspira a Colo Colo puesto que da su aprobación enérgicamente frente a la unión de los líderes mapuches. El plan parece dar frutos, puesto que Inés emprende viaje hacia nuevos horizontes abandonando así el asentamiento de los conquistadores. Quedan cordialmente invitados a levantar el puño y cantar «Tiempo de unidad, confirma el despertar / Ansias de luchar y esa libertad convoca nuestros cantos». Jaime Salva y Ricardo Susarte se las «mandaron». ¡A disfrutar!

El último preludio cuenta con la participación de Khano Llaitul, que literalmente las hace todas. Durante Mewlen toca el Trompe, la Pifilka y también presta su voz brevemente. Rápidamente conectamos con Misericordia, uno de los cortes más melódicos y reconfortantes de escuchar. Nos situamos tras los hechos de la Batalla de Tucapel, donde Pedro de Valdivia finalmente es tomado prisionero junto a sus secuaces. A nivel de composición por momentos encontraremos pasajes hardrockeros, otros dignos de un Power al hueso y otros más progresivos que fácilmente recuerdan a Symphony X. Atentos a uno de los clímax que se genera durante duelo que realiza Bartolomé del Pozo y Colo Colo cuando se van «una y una»: «Salva nuestras almas oh señor – Nadie te escuchará / Líbranos del enemigo – No permitas que el demonio haga su voluntad / Que el «demonio» haga su voluntad / Danos valor». Tras esto, otra vez aparece Matías Baeza con un gran solo mientras escuchamos un huracán de fondo. No los culpo si el coro «El cansancio hoy arreciará y la muerte solo apuesta / Por caminos sin destino, un misterio a develar» les queda dando vuelta tras un par de escuchas.

La mejor intervención de Alma Mapuche se produce durante una de las canciones más intensas y emotivas: Legado. Y es que escuchar la primera estrofa con detención y siguiendo a su vez de cerca el mensaje que transmite, realmente conmueve a cualquiera. Si tengo que destacar un extracto para intentar graficar lo dicho anteriormente, sin dudas que cuando Soledad Domínguez canta «Maldigo tu linaje de crueldad / Maldigo a todos los que pronto llegarán / Pues veo que ya nada será igual / Y nada cambia si la muerte has de encontrar», supera todo lo antes escuchado. Si a esto le sumamos su estilo en el fraseo similar al de Violeta Parra o bien al de Elizabeth Morris -si se quiere una referencia más actual-, se alcanza un clímax inigualable (por cierto, busquen el cover que realizó hace un tiempo a El Gavilán y se darán cuenta de lo que hablo). Ives no se queda atrás, puesto que para cerrar el tema encarna el arrepentimiento de Pedro de Valdivia de forma sublime al decir «El llanto inútil de un pueblo acabado no pertenece a este nuevo mundo/ Y hoy su sangre firmó mi legado» donde también se oye el Kultrún de Matías Llaitul junto al resto de los instrumentos mapuches. Otro de los momentos más notables se vive justo en la parte media cuando la Trutruka suena en lo alto, llegando a niveles épicos. A todo esto, ¿mencioné que es una canción totalmente acústica? Así es, bastan los acordes de Nicolás Arce y dos interpretaciones de gran nivel para dar forma a un temazo como este.

Para finalizar, evidentemente la pomposidad y las emociones llevadas al límite se harán presente durante Agonía. Si me lo preguntan a mí, este es el final que nos merecíamos y que logra poner el broche de oro a «Invasión«. Haciendo un símil con La Muerte, esta canción de igual forma consta de cinco partes. La primera es llamada Cruz de Astilla, breve introducción instrumental que logra resaltar la melodía y la orquestación de cara a Introspección. Así, escuchamos a Pedro de Valdivia con un guitarreo acústico de fondo aceptando en cierta forma su destino en el cautiverio araucano con una teatralidad y un sentimiento en el que sobran las palabras para describirlo. Si no me cree, déjese llevar por las frases de Ives que lo transportarán al momento in situ. Una vez que proclama «Triste final, hoy mi alma ha naufragado en el mar» damos el salto a Ira en sus Manos, que podríamos catalogarla como la parte «metalera» del tema. Acá hay que detenerse un segundo y estar atentos a lo que ocurrirá. Lautaro, Caupolicán y Colo Colo consultan al Wekufe sobre el destino de Valdivia y Bartolomé del Pozo. Como era de esperarse, el espíritu maligno ordena una ejecución sin piedad para los conquistadores. Todo esto es interpretado de forma magistral por cada uno de los cantantes, o sea, cuando llega el turno de los autóctonos, se aprecia un tono desafiante y victorioso. Totalmente opuestas son las líneas de Valdivia, donde incluso la banda acompaña su melancolía con pasajes más sombríos y lánguidos. Esto último se extrapola a la participación de Fox-lin Torres, puesto que por momentos vuelve la agresividad gracias a los redobles de Vincent y a los arreglos de guitarra con los que asociamos a este personaje. Pedazo de estrofa se manda al decir «Abran su pecho, devoren su alma / Absorban el poder de su palpitar / Quiero sentir su espíritu muerto / Y respirar el hedor de su carne». Segundos después seguimos con los lamentos de Ives, que darán paso a la cuarta parte instrumental denominada Ritual. Más que plausible es la progresión que se genera en este punto, ya que la banda aplasta todo a su paso siguiéndole el ritmo al notable solo de Gabriel Hidalgo. Súbitamente se realiza una pausa y entramos de lleno a Corolario, última parte de Agonía. Esta parte por lejos es mi favorita. Básicamente es la repetición del estribillo «Vientos de cambio en la eternidad / Rompieron el alma, el alma de un pueblo / Tristes sucesos que no cambiarán / Forjado con valor, fuego en la memoria / Escrita con sangre, tatuada en la piel / Rojo manantial que corre por siglos / Cuando el orgullo es más que la razón / ¿Quién asumirá toda esta historia?» que sirve como reflexión y que intenta sacar en limpio las atrocidades de este proceso histórico. Finalmente, con la misma frase que iniciamos este review, se pone término a este trabajo: «Bastó tan solo una pisada de acero».

Muchos aspectos se asoman al escuchar un disco de tal magnitud. En primera instancia, desde luego que estamos en presencia de otra obra monumental y grandilocuente que requiere ser analizada exhaustivamente por cada uno de los fanáticos. Muy personalmente, si hay algo que resalta por sobre cualquier consideración al hacer el balance final, es que el LP demuestra una unidad y cohesión que se mantiene de principio a fin. Si bien cada una de las canciones tiene una actitud y personalidad propia, no dejan de ser parte de un gran todo al conformar «Invasión«. Vale decir, la atmósfera y el hilo conductor que nos plantea Ives Gullé es absolutamente consecuente con sus letras, sus personajes y sus interpretaciones. La producción y dirección de Nicolás Arce nuevamente alcanza niveles superlativos, donde los puntos bajos son casi inexistentes. Los invitamos a internarse en el relato y a la vez aprender algo de historia con buena música de fondo.

Para finalizar, desde luego que una de las interrogantes válidas para plantearse en este punto es si este álbum supera a Húsar. Es nuestra labor averiguarlo con el tiempo. Eso sí, como mínimo está a su mismo nivel. ¡Sublime!

 

 

No es mucho lo que hemos hablado por estos lados de Symphonity, banda proveniente de República Checa, que a pesar de llevar más de dos décadas en el ruedo (sí, ¡dos décadas!) no goza de gran popularidad por estos pagos. Será por los extensos silencios entre cada lanzamiento, será por sus constantes cambios de nombre (comenzando como Otter, y luego como Nemesis), por el cómo ha distribuido su música, la verdad no lo sabemos, pero sí sabemos que su popularidad no se condice con la calidad de su música, porque desde ya les comentamos que, por calidad musical, los checos no se quedan atrás, para nada, porque este “King of Persia” es un gran trabajo que merece ser escuchado con atención.

Un buen precedente sienta el trabajo que acompaña el disco en términos gráficos y de sonido. La gran portada del disco estuvo a cargo del tremendo Andreas Marshall (Blind Guardian, Running Wild) y en las perillas fue el mismísimo Sascha Paeth quien se hizo cargo de mezclar este “King of Persia”.

Después de ocho años de silencio discográfico y dos LP en su catálogo, en esta entrega la banda apuesta por una formación poco común, teniendo dos «lead singer» que comparten protagonismo, y lo interesante es que aun cuando muchos pueden no estar familiarizados con la banda en sí, apuesto que sí lo estarán con los tremendos cantantes que aquí figuran: El primero es el enorme Olaf Hayer, ex-vocal de Luca Turilli y también ex-Dionysus, quien comparte micrófonos con Herbie Langhans, ex-Seventh Avenue, ex-Sinbreed y bien conocido por nosotros por su participación en la última entrega de Avantasia y ser parte del tour que los trajo a nuestro país. En la parte instrumental, completan el lineup Libor Krivak en guitarras, Ivo Hofmann en las teclas, Ronnie König en el bajo y la batería está a cargo de Martin»Marthus» Škaroupka, de Cradle of Filth.

El disco arranca con King of Persia, tema homónimo que desborda clase desde el primer minuto. Pasajes orientales-arábigos introducen una canción que con teclados ambiente y un riff lleno de fuerza nos trae un Power Metal melódico, sólido y elegante, muy en la onda de Kamelot, con el peso que lleva esta comparación. Momentos acelerados y otros más pausados se van intercalando a medida que el tema avanza, donde un sinfín de arreglos instrumentales adornan las voces de Olaf y Herbie que van alternando y compartiendo el protagonismo durante los nueve minutos que dura este prometedor opening track. Las voces femeninas corren por cuenta de la mezzo-soprano checa Jana Hrochová, invitada estelar, quien no hace más que embellecer este tema que se pasea cómodamente por distintas atmósferas, con instrumentos de viento y sonidos orientales que no hacen más que enriquecer un tema en esencia Power que alcanza su cúspide en un coro grandilocuente, potente y con esa base rítmica de doble pedal furioso que tanto nos gusta por estos lados.

A partir del segundo tema, los vocalistas se van alternando para cada canción, y es así como a toda velocidad comienza The Choice, al ritmo de un doble bombo atronador, una melodía muy happy y con la voz de Herbie Langhans robándose la película en esta canción, imprimiendo potencia a su voz raspada al más puro estilo de Andi Deris. Corte del más típico y puro Power Metal melódico. Es un tema que catalogaríamos como muy «oreja«, de fácil escucha y estructura clásica, que goza de uno de los mejores coros del disco probablemente, esos que se te quedan dando vueltas a la primera escucha y tarareas una semana.

Una voz en off da comienzo a In the Name of God, tema que baja un poco las revoluciones y que llega de la mano de Olaf Hayer en las voces. Aunque no llega a ser un midtempo, sí tiene una onda más reposada que los bombazos anteriores, con teclados de Ivo Hofmann como los principales encargados de llevar la melodía principal. La base rítmica dominada por el bajo al son de una batería a tres cuartos patentan otra estructura de Power Metal sacada de catálogo. Si bien es cierto la interpretación de Olaf es más que correcta, no despliega todo el caudal que sabemos él tiene, y por ahí eso impacta en que el tema se perciba algo tibio, mas no aburrido.

Manteniendo la cadencia y fórmula del tema anterior pero entrando esta vez con una dulce armonización de guitarras llega Flying, cuarto tema del álbum. Un tema fácil de escuchar y poco pretencioso, donde Herbie Langhans vuelve a comandar el canto y vaya que sabe aprovechar cada una de sus intervenciones. Es un tema correcto, que aporta a la continuidad de la placa, pero que no clasifica como un imperdible dentro de esta.

Electrocardiógrafo, piano clásico y atmósfera cargada de melancolía… otra fórmula clásica nos introduce a A Farewell That Wasn’t Meant To Be, una bella balada interpretada por Olaf Hayer que cambia la estridencia y poder por la solemnidad, manteniendo la elegancia por supuesto. El tema es muy similar a The End of This Chapter de Sonata Arctica, con la salvedad que no alcanza a evocar los mismos niveles de emotividad. Al igual que el tema anterior, no tiene mucho de innovador pero cumple con su propósito de transmitir pena y amargura. Es un tema sencillo y correcto, pero algo falto de sazón.

El disco vuelve a despegar con Children of the Light, con un Langhans soberbio en las voces y todos los intérpretes recreando una canción que dicta cátedra de cómo hacer Metal melódico. Si hubiera una escuela de Power Metal, este tema se ocuparía para enseñarle a los niños cuales son los fundamentos del estilo. La velocidad baja de nuevo con los arpegios de Libor Krivak que presentan Siren Call, composición suave y con un trabajo centrado principalmente en la voz de Olaf y la guitarra de Krivak, bastante minimalista pero correcta, aunque creo hubiera quedado mejor en otro lugar del tracklist.

Live To Tell The Tale, octavo tema del disco, es otro capítulo del libro más clásico de Power Metal, pero lejos de la estructura del doble bombo furioso a 10.000 revoluciones por minuto, la canción desborda sobriedad y armonía. Todo el tema gira entorno a la misma melodía, en donde ninguna interpretación deslumbra en particular, pero todo cuaja correctamente. Mantiene el ritmo, es cuadradito y lo más importante, funciona.

Un riff inicial a lo más Hammerfall da paso a uno de los temas más aguerridos del disco, la poderosa Unwelcome, con Langhans y Hayer compartiendo el protagonismo de una canción sorprendente, sostenido en la tremenda base rítmica que llevan König y Škaroupka, dando forma a uno de los mejores momentos de esta entrega.

Finalmente la canción encargada de cerrar el disco es Out of this World, breve instrumental de corte algo más hardrockero y melódico que no hace más que cumplir con el cierre de un disco que comienza y termina en las elegantes melodías que marcan el paso de esta muy buena entrega.

“King of Persia” es un disco fácil de escuchar, pero que requiere varias vueltas en nuestros reproductores para convencernos de lo bueno que es, sin contar los innumerables arreglos y colores que se van descubriendo con cada escucha. A pesar de ser un trabajo oreja y de fácil atención, no es un disco que enganche a la primera. Es un disco elaborado, simple en su mensaje pero complejo y muy bien cuidado a nivel de producción. Para los fans acérrimos del estilo, puede ser uno de los grandes lanzamientos del último tiempo y sin duda no se arrepentirán de escucharlo. Para aquellos que no lo son tanto, será un buen disco para tener en la biblioteca, pero me temo que para aquellos no tan adeptos, no sería la mejor puerta de entrada a un estilo que con bandas como Symphonity buscan mantenerse vigentes explotando los recursos que llevaron al auge del estilo en la década de los ’90, pero con esas ganas de hacer algo que va un poco más allá de lo ya creado, en tiempos donde muchos plantean que ya está todo inventado.

 

Para nadie es sorpresa lo difícil que es hacer música en Chile, especialmente poder llegar a plasmar eso en material discográfico pero, si a eso le sumamos residir en una de las regiones más caras del país y más alejadas de la capital, todo se multiplica. De allí que parezca del todo importante destacar los esfuerzos de aquellos que luchan contra esas trabas como los antofagastinos de Cable a Tierra, una banda cultora de buen Heavy Metal clásico que el recién terminado 2016 nos regaló un disco homónimo, su debut discográfico.

Con la voz de Ignacio Morales, las guitarras a cargo de Daniel Campusano y Cristian Tello, el bajo de Sergio Barraza y la batería de Miguel Cortés, la banda antofagastina no nos trae gran novedad, pero sí una tremenda dosis de frescura en su sonido clásico, esa que da gusto escuchar y se disfruta totalmente.

Este corto pero tremendo viaje comienza con Necrofilia, la que arranca dejando en claro la potencia que nos traen desde el mismo minuto uno, una batería muy presente, un bajo sobresaliente y un riff de guitarras que nos dan ganas de cabecear al ritmo cadente del tema. Una midtempo potentísima nos cuenta de un personaje grotesco que tiene ciertos gustos extravagantes, con la voz de Morales desgarrando muy bien sus partes y llevándonos a pasear por esa historia donde la atmósfera creada tanto por los riffs como por la base rítmica te dejan considerablemente satisfecho.

Cautivo sube un poco la velocidad lanzándonos un potentísimo riff desde el principio, regalándonos un tremendo preludio instrumental antes de la entrada de la voz donde la batería de Cortés tiene espacio de lucirse y las guitarras aún más para dar paso a un agresivo track donde Morales suaviza un poco su voz pero sin quitarle una pizca de potencia. El ritmo ronda cerca del Thrash Metal incluso pero se mantiene a este lado de la línea y entregando un tremendo producto con cambios de ritmo importantes que te mantienen durante toda su extensión atento a qué vendrá luego, sin decepcionarte en ninguno de los quiebres rítmicos que se pueden disfrutar en los casi cinco minutos y medio de este tema, con geniales armonías entre las guitarras de Campusano y Tello: una joyita.

A uno como antofagastino, Niño de Plomo lo golpea un poco de cerca, el sonido del desierto y niños jugando transportan a lo que alguna vez fue este terruño, una balada triste que cuenta la historia de lo que significó poblar esas tierras y los sufrimientos que el «niño de plomo» representa por todos los que no pudieron contar la historia. Musicalmente es uno de los temas menos lustrosos de este trabajo quizás, pero líricamente me atrevo a decir que es de los puntos más altos, por una situación que, además, se repite hasta hoy en la ciudad con la contaminación por plomo presente… sencillamente el momento más nostálgico y emocional de esta placa que hacia el final muestra sus mejores cartas musicales con la sección de los solos, fortaleciendo aun más la estructura del tema.

Un riff clasiquísimo y toda la agresividad del Heavy Metal es lo que nos golpea de frente al arrancar Sangre Enferma, velocidad sin cansancio y un levantador de ánimos tremendo luego del lapsus de tristeza que nos regaló el track anterior. Acá ya no hablamos de un lamento por lo sucedido, desconozco si fue la intención que estas dos canciones quedaran tan interrelacionadas pero ahora tenemos un llamado a reclamar por lo enferma que está nuestra sangre, lo que hace que al bajar la velocidad hacia la medianía del tema, la potencia y agresividad siga presente de manera magistral, la que regresa a la velocidad y aumenta aun más la sensación de agresividad con la voz de Morales.

En una veta mucho más melódica y menos agresiva, con una guitarra luciéndose en un muy alto nivel se nos abren las puertas para la tremenda Paso a Paso, la que provoca un poco de sentimientos encontrados, es una tremenda pieza pero a momentos da la impresión de sonar un poco monótona, especialmente en las líneas vocales, las que no son en ningún caso malas pero se siente como con poca variación, el ritmo es tremendo, la calidad compositiva regala un muy buen trabajo de guitarras y las letras son un verdadero llamado a la lucha para nunca quedarse con lo que hay sino ir, paso a paso, mucho más allá.

Rock And Roll nos dice todo desde el nombre, con un riff de guitarra sólo anticipando lo que se vendrá, siendo acompañada tímidamente por la batería que luego le da paso a un tímido bajo que finalmente estalla en un arranque de puro rock and roll, sin adornos, sin juegos escandalosos, la más pura esencia de esta música que nos mueve y que nos llena. La letra es claramente un himno al estilo de vida que generalmente se asocia a este estilo: alcohol, mujeres y rock and roll. No es un tema tremendo pero está tan bien compuesto y la letra es tan clásica que lo convierten en un trabajo muy bien logrado sin necesidad, como decía antes, de mucho más, lo que es un tremendo punto a favor ya que, hoy por hoy, muchas veces se cree que para hacer buena música hay que poner más y más adornos, acá estos chicos nos demuestran que, a veces, menos es más.

Llegamos al final de esta placa con la agresiva Destino, la que nos lleva de vuelta hacia arriba en la vorágine de este corto disco, una tremenda montaña rusa de emociones en sólo cuatro minutos porque toda la velocidad y agresividad con que arranca el tema desaparece hacia la mitad del mismo dando paso a un pasaje instrumental con excelentes riffs y un tremendo solo de guitarra que termina ese momento de tranquilidad para recordarnos que esto es Heavy Metal y devolvernos a la agresividad del track y recordarnos que la lucha contra el destino jamás termina. Un cierre de disco por todo lo alto con la voz de Morales terminando en un vacío que le da, sencillamente, un broche de oro a esta corta pero tremenda placa.

En cortos treinta y cuatro minutos estos muchachos de la desértica Antofagasta nos regalan, en siete canciones, un viaje por distintas emociones y estados anímicos, una producción autogestionada e independiente que, como es de esperar, no cuenta precisamente con la mejor producción, lo que en ningún caso le quita calidad a la música, la que demuestra estar compuesta con verdadera pasión por un estilo poco apreciado en esa ciudad.

La calidad de cada músico y de cada composición es de muy alta factura, pudiendo llegar a luchar con cualquiera si se les presentan las oportunidades necesarias y están en condiciones de tomarlas porque, seamos sinceros, el metal en Chile no es en ningún caso una mina de oro y, cuando se necesita dinero para vivir, no contamos con la posibilidad de vivir de la música, pero esperemos que estos muchachos puedan seguir componiendo y grabando para que disfrutemos de sus ideas y calidad musical, la que ojalá los pueda llevar lejos.

“Metropolis” de Polimetro está entre mis diez discos favoritos de toda la vida. Quizás, junto con “The Divine Wings Of Tragedy” (1997) de Symphony X, sea mi favorito en el contexto del metal progresivo. Y sin ninguna duda, y con mucho orgullo por la cercanía que genera el hecho de que sea una banda chilena la responsable, es mi trabajo predilecto del metal cantado en español…

Hay algo muy mágico en estas canciones, algo que me cuesta describirlo en una sola línea, sino y solamente por medio de recopilar la gran cantidad de sensaciones y detalles que en estos 17 años escuchándolas he atesorado, reflexionado y guardado con cariño, un disco que ha significado siempre y mucho para mí en momento duros, en instantes felices, en años de actividad de Polimetro y en tiempos de retiro.

Sus letras, melodías y arreglos… no es ese metal progresivo que se analiza, sino una música que se siente, que te alegra o golpea dependiendo de la etapa de tu vida, pero que siempre te acompaña… porque “Metropolis” por algún misterio no envejece. Por el contrario, su composición y también sus mensajes están absolutamente vigentes. No suena a esa banda de finales del siglo XX que te trae recuerdos del colegio, porque los temas incluso pueden llegar a sonar con más autoridad hoy en día que hace una década, y me parece que por ahí se logra vislumbrar el privilegio que significa encontrarse con este trabajo.

Porque quizás… en sus mismas limitaciones se descubre la maestría de “Metropolis”

Por ejemplo, el sonido. Estoy seguro que los hermanos Esquivel no quedaron conformes con el resultado final, que hubiesen deseado un sonido que no tuviera “nada que enviarle a una producción internacional”. Sí, al momento del lanzamiento quizás muchos hayamos pensado que “se hizo lo que se pudo” en las grabaciones, que se había hecho el mayor esfuerzo pero que en vivo la banda sonaba mucho mejor que en estudio (frase muy, pero muy recurrente de la escena en esos días), y que faltaba para llegar a los estándares ideales de la época (siempre en comparación al sonido europeo).

Sin embargo, algo sucedió después que lo que sonaba técnicamente “austero” y no tan prolijo el 2000, con los años empezó a tildarse de “sonido natural”, a modo de reacción a las producciones más artificiales que saturaban la escena a finales de la década pasada. Esto no tiene que ver con ser purista, sino con entregar algo que perdure, y el sonido de “Metropolis” solo se pudo comenzar a valorar mucho después de su lanzamiento. El tiempo le dio la razón al sonido de la placa y hoy le permite mostrar una cara muy creíble, una que trabajos entregados en la misma época, como los de Elegy y otros conjuntos progresivos europeos, no son capaces de enseñar en la actualidad, y se sienten obsoletos en lo técnico.

La batería de Patricio Esquivel en “Metropolis” se siente con carácter, el bajo de Mauricio Espinoza como la estructura potente que sostiene las guitarras directas y sin adornos de Carlos Esquivel. Aquí no vale el truco, sino la interpretación de cada música. Buen gusto incomprendido al principio, como habrá pasado con discos como “Welcome To The Other Side” (2001) de Rage, criticado por lo “débil” de su sonido “natural”, o “The Time Of The Oath” (1996) de Helloween, apuntado por la “poca claridad” de sus capas. Cierto, esas bandas alemanas habían decidido sonar así, mientras que lo de Polimetro era el resultado de tener al estudio presionando más que colaborando, pero eso no quita que “Metropolis” ahora irradie dignidad y credibilidad sónica.

Y las voces… uf, ya quería llegar a esta parte, porque es otra de las reflexiones que he guardado por muchísimo tiempo, y espero estar a la altura. Por alguna razón, sea artística o técnica por falta de tiempo o recursos, Ricardo Susarte apenas hace segundas voces en el álbum. Incluso, me atrevería a decir que en el único momento que armoniza melodías es en los ahs de Episodios, y en el primer verso de Laberintos. El cantante entonces se vale solamente de las líneas melódicas que dibuja con su voz limpia, lo que termina marcando a fuego su estilo vocal y el de la banda. Esto de dio un carácter único al álbum, un encanto difícil de describir pero también difícil de no sentir. Lo mismo puede pasar con las teclas de César Anguita, que en el transcurso de las canciones hace solo una cosa a la vez, un estilo sumamente austero que también define el estilo del grupo y su material, y diría que para más que bien.

Para concluir esta parte, “Metropolis” transmite la admirable sensación de escuchar a músicos que aprendieron de oído el progresivo, y que con poco hacen cosas extraordinarias, que de a pulso en el camino bajo los nombres Fixion y Metrópolis dieron con un sonido y un estilo compositivo que harían propios en el futuro. A estas alturas solo basta decir Fábulas, Episodios, Luz y Sombra, Dioses Negros, Sola, Hijos del Temor, Finjo Ser Fuerte, Guerras Eternas, Laberintos, para saber que estamos hablando de Polimetro y de su magia. Y no hay necesidad de mayores descripciones musicales, porque varias de estas canciones pertenecen a un colectivo, a una memoria que sufrió el 2001 por la triste disolución de la banda (cuando muchos apuntaban a una proyección internacional, truncada por diferencias al interior del núcleo), a personas que se emocionaron hasta las lágrimas la noche del 10 de octubre del 2008 en el Galpón Víctor Jara, cuando Polimetro regreso a los escenarios y volvieron a escuchar temas que uno pensaba que nunca más se tocarían en vivo.

Junto con “Enlighten the Darkness” de los germanos Angel Dust, “Metropolis” es el único álbum que puedo no oírlo en dos, tres meses, encontrarlo en la repisa después de llegar del trabajo, colocarlo para ver qué me provoca y sentir esa sensación que lo estoy escuchando por primera vez. Me asombra, me golpea, una carga emocional indescriptible. Después de unos días reposo de la experiencia, dejo el disco por unos meses, vuelvo a encontrarlo y vuelvo a enfrentarme a él, sintiendo de nuevo las mismas sensaciones que me trasmite su música. Quizás, el motivo detrás sean las letras cantadas por Ricardo Susarte, que consigue una estética hermosa con el sonido de las sílabas que une, logra nuevos significados juntando palabras u oraciones de forma tan mágica y profunda, y termina diciendo muchísimo más que lo que canta.

Por lo mismo, no creo que sea justo venir e interpretar las letras, porque para cada uno puede significar una cosa distinta. Son sumamente personales, a veces esperanzadoras, a veces perturbadoras, pero siempre emotivas, provocando nostalgias y rabias, con una intención de marcarte en un momento preciso. Un verso un día puede convertirse en un arma que te motive a seguir adelante, y en otro puede transformarse en una cachetada que te haga reflexionar sobre ti mismo y lo que te rodea. Allí radica la oscuridad y la belleza de la propuesta. En fin, definirlas sería quitarles ese encanto, la opción al descubrimiento y la interpretación. Solo sé que Ricardo Susarte es uno de los mejores letristas del metal latinoamericano cantado en español, y el escucharlo no solo aquí, sino también en “El Laberinto de los Sueños”, es un total deleite.

En un contexto más histórico, posiblemente “Metropolis” haya sido tan importante para la escena melódica chilena como lo fue “The Search” de Necrosis para el movimiento Thrash nacional de los ochenta. Puede que te gustara, puede que no, pero la salida de este disco se sentía como un triunfo de todos, una producción apoyada por un management, por un sello en Chile, por otro en Argentina, que a días de su puesta a la venta ya estaba en Feria del Disco y en tiendas de Punta Arenas… qué decir del exitosísimo lanzamiento en vivo, con André Matos de Angra invitado. Uno sentía que se gestaba una especial revolución en la escena de Heavy Metal melódico, con Polimetro, Bloden Wedd, Six Magics y Epsilon de Osorno (responsables del mejor tema de Power Metal chileno de todos los tiempos, So Far Away), con la irrupción de nuevos actos como SteelRage, Alta Densidad, Alto Voltaje, Concerto, Angeluz, Radaghast o Valkyria que recorrían Santiago a costa de tocatas, con la venida en masa de grupos internacionales y sus enormes convocatorias.

Qué hermosos eran esos años y por eso dolió tanto la separación de Polimetro, porque eran la punta de lanza de todo lo bueno que estaba pasando en Chile, de los que estaban logrando hacerse paso en lo profesional, y realmente se sintió un vacío que jamás lograría llenarse. Mientras más progresaban Six Magics o Bloden Wedd en sus carreras, más nos preguntábamos qué habría sido de Polimetro si no se hubiera disuelto. Hay que agradecer sin embargo a todos los que ayudaron a que la banda cobrara segunda vida el 2008, a tiempo para un segundo trabajo que mantiene intacta la magia del equipo Esquivel-Susarte, una química que no solo podemos disfrutar por los recuerdos de su debut discográfico. Por el renacimiento de Polimetro le debemos mucho a Husar e Ives Gulle, que convencieron a Susarte de volver a subirse a un escenario, y propiciar el reencuentro entre el cantante y los hermanos Esquivel para reestablecer relaciones y canciones.

Fácilmente “Metropolis” podrá haber tenido puntajes de 7 u 8 de 10 cuando salió a mediados del 2000, pero el tiempo le ha ayudado a que hoy ostente un perfecto 10, por todo lo que significa y transmite, con mensajes cotidianos y contingentes que han logrado trascender el día a día, una composición que emociona con lo que sabe hacer, una interpretación sencilla pero muy rica a la vez, con canciones progresivas que se forjaron en vivo y un sonido que gana adeptos con los años. A veces es sensato dejar pasar el tiempo y el tiempo no ha pasado en vano, gracias a un disco extraordinario hecho a pulso en lo artístico.

 

 

El recién pasado 2016 siguió la racha de excelente material nacional que comenzó probablemente el 2015, racha que nos dejó variadas bandas en distintos estilos con muy buen material de estudio, lo que llena de alegría y orgullo a cualquier metalero chileno porque, como ya lo venimos diciendo, esta nueva camada de bandas viene dejando la vara cada vez más alta, lo que se traduce no sólo en mejores composiciones y ejecución de las mismas, sino que, además, en mejor calidad y trabajo de producción. No se trata de que antes no se lanzara buen material en nuestro terruño, pero para nadie es desconocido que en estos últimos años la cantidad de material de buena calidad ha ido aumentando gratamente.

En este sentido, una de las bandas que ha estado dando bastante de qué hablar en la escena nacional, principalmente en la santiaguina, ha sido Lucifer’s Hammer, quienes desde el 2013 vienen entregando un excelente Heavy Metal en la línea de lo tradicional con algunos matices que los convierten en una tremenda banda con Titan en la batería, Hypnos en la guitarra principal y Hades en las voces y segunda guitarra más el apoyo, en esta oportunidad, de Alexis Ulloa en el bajo.

El primer trabajo discográfico de la banda fue el demo que liberaron el 2013 pero, este año recién pasado, Lucifer’s Hammer nos regaló su primer larga duración, su debut definitivo, «Beyond The Omens«, una dosis de tremendo y puro Heavy Metal clásico que arranca con un poderoso riff de guitarra que recuerda un poco a La Doncella pero siempre con su toque propio para iniciar con The Hammer Of The Gods que, al quiebre rítmico, nos tira toda la caballería encima y volando enseguida la cabeza. Desgraciadamente la producción no ayuda mucho a disfrutar el sonido, pero no quita que la composición y la ejecución sean altamente disfrutables. Quizás el punto más bajo sería un poco las líneas vocales en el puente, que suenan un poco forzadas, pero en ningún caso logran quitarle mérito al track ni al trabajo de Hades, con un tremendo puente instrumental hacia el tercer cuarto del tema que la da una dinámica y exquisitez tremenda para abrir paso a los solos de muy alta factura que cierran un tema genial.

Con una importante agresividad contenida a través de los tarros y buenos riffs arranca Lucifer’s Hammer, que aumenta la velocidad y nos regala un tremendo tema instrumental que nos lleva a la otra esquina, recién cantábamos al martillo de los dioses y ahora llega el martillo de Lucifer a dejarnos clavados en el piso con el poder de unos tremendos riffs y una batería avasallante, sin mencionar el tremendo trabajo de Ulloa en las cuatro cuerdas que se luce como el que más en esta canción y, claro, al no contar con voz es la oportunidad precisa para que todos los instrumentos puedan disfrutarse a concho. Un tremendo acierto la composición y su ubicación en el disco, además de su duración, la que no es común para un tema de estas características.

Con la fuerza de un riff clásico arranca Dying, más lenta, casi midtempo, en un formato que recuerda tremendamente a los buenos momentos de Judas Priest, donde uno de los más beneficiados es Hades, quien puede lucir su calidad vocal sin necesidad de mayores esfuerzos. Sobre una base rítmica clásica los riffs se pasean tranquilamente provocando una mezcla de relajo y nostalgia por los buenos tiempos de la música, con lineas líricas muy bien armadas e inspiradas que dan paso, a la mitad del tema, a la sección de los solos y armonías, donde sencillamente ambas guitarras demuestran el tremendo talento que les llevó a formar la banda y nos regalan un tremendo momento, sencillamente un punto muy alto en la placa.

Shining Blade mantiene la fórmula del track anterior, con un ritmo bastante midtempo pero en este caso con una mayor potencia y pesadez tanto en la base rítmica como en el riff. Es difícil no enganchar de inmediato con una estructura tan sencilla pero tremenda, que transporta en el tiempo a disfrutar el Metal sin necesidad de tanto adorno y por lo que simplemente es: tremenda música. Es casi un lujo escuchar una banda chilena que logra componer bajo esta premisa y lograr un muy buen resultado como lo es precisamente esta canción, que aun manteniendo la estructura casi invariable en la sección de los solos, regala un tremendo momento.

Nuevamente un riff acompañado de la potencia golpeada de la banda nos dan la bienvenida a Black Mysteries, donde la velocidad aumenta y nos encontramos con una pieza donde la voz de Hades nuevamente sube algunos tonos y, por momentos, nos recuerda un poco a algunos pasajes de W.A.S.P., con guitarras y bajo muy presentes y cómplices, acompañándose como base rítmica y melódica que permiten una versatilidad al tema que no es muy común escuchar, lo que al llegar al momento de los solos permite solapar sin ninguna complicación la falta de uno de los instrumentos (el que hace el solo) en la base, acá nuevamente nos encontramos ante un punto tremendamente alto del disco.

En una vena más melancólica, la guitarra de Hypnos y el bajo de Ulloa nos internan en Nightmares, quizás como llevándonos a soñar para que, a partir de un solo riff, nos veamos adentrándonos en una pesadilla. Lo que me parece más interesante de este track es el cómo logra hacerte sentir dentro de una pesadilla pero sin trasmitirte miedo, sino como permitiéndote disfrutarla. El ambiente creado tanto por la base rítmica como por las guitarras permiten que la voz de Hades te envuelva pasivamente y te lleve a disfrutar esta aventura oscura, quizás no tiene tanta potencia o velocidad como otros temas del disco pero, para mí, el hecho de lograr llevarte en ese viaje sin necesidad de orquestaciones o sintetizadores ni teclados suma mucho a esta placa, convirtiendo automáticamente éste en mi canción favorita del disco y diría, quizás, el punto más alto de la misma por su tremenda composición.

Ya casi en el final aumentamos la velocidad nuevamente para arrancar con Warriors, volviendo a cabalgar sobre los riffs y la tremenda base rítmica que arman Ulloa y Titan, sacándonos de ese mundo de pesadillas de un solo golpe y llamándonos a defender el Heavy Metal, sencillamente un galopante himno de Metal y poder que levantan el ánimo de un solo golpe, una puñalada de apenas tres minutos y medio, el track más corto del disco, que nos despierta y lleva a disfrutar lo más crudo y clásico de esta maldita música que es el Heavy Metal.

Y llegamos entonces al final de la placa con el tema que da nombre al disco, Beyond The Omens, la que arranca con un riff de guitarra que pareciera darnos la bienvenida a la lectura de la suerte, a observar los presagios, tras el cual arranca toda la potencia vertiginosa de la banda que nos regala la estructura más ambiciosa del disco con una base rítmica y melódica tremenda, líneas líricas y vocales muy bien elaboradas y completamente gancheras, de esas que no demoras mucho en dejar como un tema de cabecera y que se queda dando vueltas en tu cabeza, hasta que nos encontramos con el quiebre rítmico casi a la mitad del track donde nos sentimos en presencia de grandes acontecimientos, como si fuéramos testigos del cumplimiento de esos augurios y viéramos lo que está más allá de ellos. Un pasaje instrumental con espacio para la sección de solos que dejan en claro estos muchachos están para grandes cosas y esta placa es sólo el comienzo, cerrando el tema y el disco con más de tres minutos de música instrumental que nos permiten desagotar un poco la energía cargada y dar un cierre magistral a un tremendo debut.

Hablamos de apenas cuarenta minutos de música, pero no cualquier música, sino un Heavy Metal de tan buena factura que hace difícil el no querer escuchar inmediatamente de vuelta el disco, aprovechando que es bastante corto. Una apuesta excelente por lo más clásico del Metal, apelando a la capacidad musical de los instrumentos por sí solos y sin mayores adornos logran un material tremendamente disfrutable y digno de estar entre los mejores lanzamientos chilenos del 2016.

La única crítica que se le podría hacer quizás es la calidad de la producción, la que sobre todo perjudica en varios pasajes a la voz de Hades; sin embargo, no alcanza a opacar en ningún momento el tremendo trabajo de la banda en general, que logra entregarnos un debut cargado de potencia, Heavy Metal old school y, sobre todo, muy buena música. Un acierto y sólo nos queda esperar su próximo trabajo de estudio y, por mientras, estar atentos a sus presentaciones en vivo.

El espectro del Metal Sinfónico nuevamente se ve nutrido y galardonado con uno de sus mejores exponentes. Epica llega con un nuevo trabajo el cual pretende mantener con la mirada alta la dirección de su carrera. Séptimo disco de estudio, el cual se titula “The Holographic Principle” y nos trae un arte de tapa para admirar en tonos púrpuras principalmente. En su alineación estelar tenemos a unas de las más bellas exponentes como vocalista Simone Simons; voz, guitarrista y líder de la banda Mark Jansen; Isaac Delahaye también como guitarrista; Coen Janssen en los teclados; y la base rítmica dominada por Ariën van Weesenbeek y Rob van der Loo en batería y bajo respectivamente.

Sumergirse en este álbum significa abstraerse, de lo que habitualmente esperamos de esta agrupación holandesa. Un sublime y atrapante comienzo con Eidola es el puntapié para comenzar a vibrar con la fuerza instrumental y sutileza de la voz de Simons.  

Edge of the Blade, atronador inicio, pasajes bastantes densos y un coro en sintonía al ADN de la banda, da un golpe certero desde el comienzo. Elementos a destacar es el uso preciso y no invasivo de los arreglos sinfónicos y el acento a los elementos que aportan mayor peso en la composición. Como acompañamiento de corte gutural, por parte de Jansen, en pasajes de la letra y riffs de guitarras con protagonismo. Interpretación que habla de las energías que nos llevan a romper lo que nos parece falso.

A Phantasmic Parade es otra aplastante composición en donde elementos y matices de carácter progresivos saltan a lucir, mezcla que queda perfectamente acomodada a los colores aportados en la interpretación de Simons. Para qué decir el coro de tintes apocalípticos, abren paso a unos de los mejores momentos instrumentales entre sinfonías y riffs que nos arrojan a una sensación de escabullida hasta que regresamos al coro. Gran momento otorgado por estos músicos. Cada momento es una sorpresa en base a lo que lo antecedía, un gran marco instrumental para narrar un asalto a la fe establecida.

La intensidad no baja con Universal Death Squad, un protagónico doble pedal junto a una sutil melodía, van abriendo camino para un denso y pesado riff en guitarras. En esta ocasión se puede apreciar una mezcla entre una interpretación vocal que se acerca bastante a lo lírico, pero que lo administra teniendo pasajes en los que se deambula en un estilo más popular o neutro. El acompañamiento gutural también aporta valor en este tema.

Divide and Conquer es un tema que se puede clasificar de larga duración. Contiene pasajes en los que el protagonismo sutil de la cara sinfónica se hace presente, y otros muy densos en cuanto ejecución y peso de las guitarras. La interpretación de este tema se centra en un llamado a conocerse, ser y creer en uno mismo para lograr los objetivos.

Un tema que sin duda al escucharlo nos hace pensar en Epica es Beyond the Matrix. Un bello comienzo a pura fuerza de Simons, el cual finalmente es el corazón y coro de esta canción. Las estrofas estructuradas con impecables y métricos riffs, sumando un intenso doble pedal nos hacen un preámbulo perfecto para dejarnos caer en cada bello coro de esta impecable composición.

Cuenta con un momento cálido, en donde la dulzura de Simons contrasta con el gruñido de Jansen y la densidad instrumental. Perfecto solo de guitarra. Sin duda –apreciación personal– el punto más alto de “The Holographic Principle”. Su principal mensaje en la letra es el vivir plenamente el momento presente. Por otro lado, Once Upon a Nightmare es la pausa a tanta intensidad vivida hasta el momento en nuestros oídos, donde la sutileza interpretativa prevalece.

Una de las caras más oscuras del nuevo disco sale a la luz con The Cosmic Algorithm, en su mayoría domina una rápida ejecución en batería y una caótica armonía. Acá se aborda la idea de encontrar una fórmula para las principales interrogantes de la vida, tal como, el porqué de nuestra presencia en este mundo.

Jansen con su interpretación cargada a lo gutural o “gruñido” toma la delantera en Ascension – Dream State Armageddon. Este tema tiene dos caras muy bien marcadas, lo cual es una de las fórmulas usadas en la composición de este disco. La base instrumental con Jansen a la voz, es en su mayoría muy densa, con ataque de caja en batería, riffs extremadamente pesados y el respiro, como así también, el orden de las piezas las otorga la interpretación clara de Simons.

Este corte llama a encontrar un sentido a la vida más allá de simplemente respirar. Complementando esta idea, Dancing in a Hurricane otorga el elemento esperanzador, al proponer buscar la felicidad más allá de los episodios de oscuridad que haya o estén marcando nuestras vidas. Instrumentalmente, casi en su totalidad, la sutileza domina juntando elementos como sonidos de vientos y una batería a medio tiempo guiada por la interpretación de Simons. El lado oscuro y caótico de este tema también está a cargo de Jansen, pero de forma breve.  Protagonismo total a la pelirroja holandesa en este corte.

Íntimo y engañador inicio para Tear Down Your Walls, ya que, tras unos segundos de esta sutileza explota el poder de una canción protagonizada por Jansen en su interpretación, siendo Simons un bello matiz en ciertos pasajes. El poderío de riffs extremadamente pesados y coros apoteósicos son el común denominador para plantear no temer derribar lo injustamente establecido.

Llegando al final de este material, nos encontramos con una pieza maestra como The Holographic Principle – A Profound Understanding of Reality. Con características de larga duración reúne todo lo caminado a lo largo del disco, pero administrado de excelente forma. Momentos de profunda calma, otros de caos e incertidumbre. El protagonismo vocal es repartido y con roles muy claros en cuanto al tipo de energía a entregar. Los arreglos sinfónicos son para admirar, ya que, que son el marco perfecto, para que no se desborde tal cantidad de elementos sobre una pintura de tintes oscuros representando a nuestros miedos y púrpuras los tintes de esperanza.

Para muchos, y sobre todo para los amantes del Metal Sinfónico, este trabajo representa el mejor disco del año en el estilo. En lo que si no hay duda, es que estamos frente a un trabajo para admirar. Esta tremenda agrupación holandesa, liderada por Mark Jansen, fue capaz de desordenar todo lo ya conocido y esperable en sus composiciones para seguir encantando. Sus seguidores sin duda se vieron sorprendidos para bien y eso se agradece.

 

 

Freedom Call es una de esas bandas a las que uno tiene un cariño especial por distintos motivos. Uno de ellos es gracias a lo consecuente que ha sido Chris Bay a lo largo de su carrera con su propuesta de algo que algunos llaman «Happy Metal», y a la consistencia entregada en cada uno de sus álbumes (con una que otra excepción, claro está), que siempre resultan entretenidos de escuchar y analizar. Si a esto le sumamos toda la cantidad de veces en las que han estado cerca de visitar nuestro país, el resultado no es otro que decepción y resignación frente a la imposibilidad de ver a los germanos tocando esos clásicos con los que nos han sorprendido por años. Pero bueno, las cosas pasan y lo único que nos queda por ahora es disfrutar su último larga duración: «Master Of Light«.

Como es costumbre a lo largo de su discografía, el opening track Metal Is For Everyone resulta ser Freedom Call en su estado más puro. Hablamos de un Power Metal llevado al límite, con una lírica y unos estribillos pomposos que están llamados a convertirse en himnos. Tanto así, que la parte media donde se exclama una y otra vez «Metal, metal, metal is for everyone / Metal, metal, metal is the law» puede resultar un poco sobrecargada y empalagosa. Eso sí, de inmediato resalta el excelente sonido y la pulcritud alcanzada en la producción de todo el álbum. Prueba de esto último se encuentra en las secciones mid-tempo con las que arremeten antes de cada estrofa, produciendo un matiz interesante y a la vez necesario en un tema prototipo de los alemanes. Entonces, ¿es una buena canción? ¡Por supuesto que sí! Jamás se equivocan en este aspecto y por algo es su marca registrada desde hace años (con todos los pro y los contra que eso conlleva). Un comienzo más que prometedor.

Un pequeño redoble de Ramy Ali abre paso a uno de los puntos más altos del LP. Y es que Hammer Of The Gods resulta ser un golpe efectista y certero sin grandes pretensiones. Dejando de lado la velocidad y el vértigo, desde la intro ya se puede apreciar el protagonismo que irá tomando el teclado en esta pieza, haciéndose presente en cada uno de los pasajes, donde el ritmo que implantan da paso a una de las mejores interpretaciones vocales de Chris Bay en este trabajo. Porque es imposible no alucinar cuando poco a poco se va subiendo la intensidad hasta que en lo alto estalla el «Can you hear / the hammer of the Gods in the distance / Tossed through the universe beyond…» del estribillo. Pedazo de coro, señoras y señores. Pero esto no es lo único, puesto que encontramos buenos arreglos en las guitarras y una sección instrumental más que correcta. ¡Temón!

Con A World Beyond aprietan nuevamente el acelerador, volviendo así a la grandilocuencia en todo su esplendor. La particularidad aquí son los interludios y las armonías de las guitarras que suenan de principio a fin. Con un poco de buena voluntad se puede encontrar un parecido notable con Blind Guardian durante el pre-coro y el coro en sí (que es muy marcial por lo demás). Por su parte, la base rítmica conformada por Ali y Ilker Ersin no se quedan atrás, ya que comandan los cambios de tiempo de forma magistral. No ocurre lo mismo con Masters Of Light, track que explora atmósferas más densas y oscuras que por momentos carecen de brillo y terminan por opacar una canción que se le podría haber sacado mucho más provecho. Digo esto porque el cambio que se produce al cantar «Oh, a hymn for revolution / Oh, the tunes of war are calling…» resulta inesperado y sumamente interesante. Lamentablemente esto no alcanza para dejarla entre lo más destacado del disco.

De regreso en la senda de piezas de gran factura, nos topamos con la notable Kings Rise And Fall. Está demás decir que es Power Metal hecho y derecho para que el que sobran las palabras al momento de describirla. Como dijimos anteriormente, el sonido de esta placa es perfecto, logrando así que cada uno de los instrumentos se destaque a su debido tiempo. Puntualmente, acá el doble bombo pareciera arrasar todo a su paso. Y lo demás ya es tierra conocida: estribillo con el puño en alto, buen solo cortesía de Lars Rettkowitz (a quien le pertenece esta composición, por cierto) y una excelente interpretación de toda la banda. Ciertamente logra llamar la atención el hecho de que la fórmula ocupada desde «Stairway to Fairyland» (1999) pareciera no tener fecha de caducidad. Quiero decir, esta canción podría estar perfectamente en el álbum mencionado y nadie lo notaría. Sin dudas otro de los puntos altos.

En absoluto contraste con lo ya escuchado, pasamos al punto más bajo de este trabajo por lejos. Cradle Of Angels es una balada que -fallidamente- intenta estar a la altura de clásicos como Turn Back Time o The Wanderer. Los versos suenan secos y sin inspiración por más que se le intente dar la cuota épica y sobresaliente a partir del pre-coro. Siendo bastante generosos, de alguna forma podemos destacar las intervenciones de la guitarra de Lars de vez en cuando. Pero no todo es tan malo, puesto que este break nos permite apreciar de mejor forma otro (sí, otro) de los grandes momentos de este «Master Of Light«. En líneas generales, Emerald Skies no presenta variación alguna respecto a sus predecesoras, pero despliega clase y sobriedad por los poros. Es un mid-tempo muy bien llevado, donde Chris canta los primeros versos acompañado solo por la base rítmica. Luego se le unen las segundas voces y las guitarras para llegar al puente y al estribillo que son prácticamente perfectos. Muy personalmente, la transición cuando el frontman canta «Hand in hand we can find our way home» y luego pasa al «Let’s fly high over the rainbow / and along to the Emerald Skies / Let’s find to the key of salvation / You’re receiving an answer to life!», es mi momento favorito dentro de todo el LP. Ojo también con los detalles del teclado y el sing along del final. ¡Insuperable!

Hail the Legend intenta mantenerse serena durante los primeros segundos, pero todos sabemos que en cualquier momento caerán las guitarras con la batería marcando a mil. Dicho y hecho, puesto que en un par de segundos ya nos encontramos escuchando a Freedom Call tal y cómo lo conocemos. Rápidamente se viene a la mente United Alliance del «Dimensions» (2007). Lo mismo sucede con la interesante Ghost Ballet, que se asemeja a su vez a Thunder God del «Leyend Of The Shadowking» (2010) con esos sonidos más radiales que la banda a explorado en algunas ocasiones. No están dentro de lo mejor del álbum pero tampoco resultan ser desechables.

Una de las canciones más inspiradoras resulta ser Rock The Nation. La letra es toda una declaración de principios que es muy bien acompañada por una melodía alegre y reconfortante que casi involuntariamente te queda rondando en la cabeza. Que no les extrañe si luego andan cantando por ahí el «Let the good times rock the nation / let the good times rock the night / Our spirit is up rising / and the flame of hope is shining…«. Es cierto que es repetitiva y tediosa por momentos, pero Chris Bay siempre se las arregla para que temas como éste logren sobresalir de alguna manera.

Casi llegando al final, aún quedan energías para otro hachazo de Power Metal. Riders In The Sky brilla con luces propias desde que escuchamos las primeras notas del teclado. Súbitamente se le unen las guitarras con una complicidad más que plausible, dando a un ritmo que incita al headbanging antes del primer verso. Es aquí cuando el frontman nos sorprende por momentos con unas líneas un poco más rasgadas y llenas de fuerza. Todo esto para que todas las voces nos brinden otro coro para enmarcarlo: «Riders in the sky across the universe / We’ve already reached the point of no return / Riders in the sky flying through space and time / To rise again beyond the horizon line». Luego vuelven las intervenciones de la sección de cuerdas para terminar de coronar una excelente canción. Y por último, High Up es un ending track de los germanos con todas sus letras. Ritmos festivos, felicidad desbordante y estribillos por doquier. Una manera de cerrar el disco más que esperable a estas alturas.

Dejando de lado la portada y un par de composiciones que poco y nada aportan en este trabajo, el balance es más que positivo para la banda. Me aventuro a decir que hay canciones que tarde o temprano se posicionarán entre lo más destacado de toda su discografía y otras que, situándonos en el contexto que nos plantea Freedom Call desde siempre, cumplen su función a cabalidad: entretener. En esto nunca pierden el norte, y cuentan con las armas para hacerlo a la perfección. Los que critican a la banda por su poca originalidad, tendrán más motivos para criticarla. En cambio los que se dedican a escuchar y dejarse llevar por esta propuesta, tendrán más motivos para seguir siendo fan de la agrupación. ¡Para cantar y disfrutar con confianza!

 

 

Con ya más de una década en el cuerpo haciendo música, los nacionales Drake nos entregan su tercera producción discográfica, titulada “Simbiosis”, que viene a robustecer su catálogo como banda, compuesta por el LP “Entre el Inconsciente y lo Real” (2013), y el EP “Con Fe en Existir” (2007).

La banda compuesta por Felipe del Valle en la voz, Jaime Ballesteros en el bajo, Julio Parraguez en batería, y Gonzalo Núñez con Felipe Vargas en guitarras, estuvo trabajando desde Junio del presente en la producción de “Simbiosis”, con Cristian Mardones como sonidista encargado de las perillas en esta entrega, mezclando, masterizando y grabando las cuatro pistas que componen este álbum. El arte del disco nos muestra una “Simbiosis” entre una figura humana y los instrumentos musicales, el cual corrió por cuenta de José Canales, destacado ilustrador nacional.

El disco comienza de gran forma con La Respuesta, tema que fue presentado como single durante la pasada vuelta al sol. Una intro de batería in crescendo da paso a un muy buen riff, ganchero y a la vez sobrio, recordando a Queensrÿche por la elegancia de la interpretación. Felipe Del Valle muestra sus credenciales desde el primer momento, demostrando porqué es considerado una de las mejores voces de la escena actual. El pre-coro es tremendo, con las guitarras de Gonzalo y Felipe armonizando la entrada a un estribillo de medio tiempo, melódico, herencia de un Heavy Metal que cultivasen bandas como Rata Blanca y que se dejan escuchar en este tremendo temón.

El gran inicio de “Simbiosis” viene secundado por la estridencia y poder de Lo Que Debo Hacer, canción de impronta más agresiva, con un Felipe Del Valle desgarrador y un notable trabajo de Jaime y Julio en la base rítmica. Las líneas de bajo se roban el protagonismo del riff en gran parte del tema, en lo que se percibe como un acierto desde el punto de vista del trabajo de sonido, pues imprime potencia a un tema que de por sí ya es macizo. En términos de etiquetas, el tema presenta menos Power y más groove. Menos Old School y más innovador.

Atlas es otro mazazo que sigue en la línea groove del tema anterior, con riffs y efectos de guitarra que, si me permiten otra referencia, suenan muy a lo Adrenaline Mob, reforzando esta personalidad rabiosa y potente que empapa esta entrega de Drake. Y si hablamos de rabia, la aceleración hacia el final del tema es notable, con una base rítmica durísima y guitarras cargadas con pólvora, que bien podría ser parte de la BSO de «Mad Max» u otra película del estilo.

Y como reza la sabiduría colectiva, lo mejor para el final… y es que Tierra de Brujos es un TE-MA-ZO. Despliegue sideral de sentimiento, técnica y por sobre todo Heavy Metal del más exquisito que podemos encontrar por estos pagos. El trabajo rítmico de Parraguez es notable, lleno de arreglos y machacante a la vez, lo de Felipe del Valle es conmovedor también. La interpretación de cada instrumento es precisa y logra esa sinergia en donde el todo es mucho mayor a la suma de las partes. Hay sintonía, hay complicidad, hay “Simbiosis”. Es una composición que no tiene nada de mezquindad… entrega lo mejor de Drake. La armonía entre la letra y la música es perfecta, el tema tiene una onda mitológica, épica, algo misteriosa quizá, y la música acompaña este sentimiento de principio a fin. Por lejos, los mejores pasajes de este trabajo están aquí, con la banda brillando en su esplendor. De lo mejor que se ha producido en este pedazo de tierra.

“Simbiosis” es un despliegue honesto de lo que ofrece Drake, una mezcla de sonidos e influencias que tiene como hilo conductor la potencia, la pasión y la entrega en un trabajo muy profesional que de todas maneras merece la pena escuchar. Pulgares arriba para los nacionales y esperemos sigan en esta senda que los está llevando a consolidarse como otro de los grandes exponentes de la escena Heavy Metal local… escena que sin duda experimenta una simbiosis entre sus bandas y atraviesa un excelente momento que no parece querer aflojar.

 

 

La primera gran dificultad que presenta revisar esta placa es tratar de hacerlo sin ningún prejuicio y, claro, puede ser fácil decirlo, pero tenemos a Fabio Lione, voz icónica de Rhapsody Of Fire, prácticamente los principales exponentes del Power Metal épico, cantando en una banda bastante distinta apenas unos meses después de anunciar que dejaría la banda para dedicarse más a Eternal Idol entre sus otros proyectos, lo que provocó un verdadero terremoto en este mundo musical, por lo que se generó bastante animadversión en contra de la banda, especialmente cuando se liberaron los primeros adelantos y no era lo que muchos disfrutaríamos.

Y, efectivamente, el disco no es fácil de digerir, menos a la primera escucha, porque es prácticamente imposible quitarse los prejuicios antes de escucharlo. No obstante, al darle más de una oportunidad logramos darnos cuenta que, si bien no hablamos de una gran obra de arte, tampoco estamos ante una bazofia que merezca la hoguera inmediata. Hablamos de un trabajo bastante bien logrado aunque claramente no está dirigido al mismo público que las otras bandas de Lione… pero a lo que vinimos. Hace un par de días finalmente salió al mercado el debut discográfico de Eternal Idol la nueva banda en que participa Fabio Lione como vocalista junto a la joven Giorgia Colleluori, un debut esperado por muchos, algunos para basurearlo y otros para poder escuchar lo nuevo de Lione.

El álbum abre con toda la potencia de Evil Tears, un tema que arranca de inmediato con un buen Power Metal con la compañía de arreglos orquestales sintetizados que nos da la introducción perfecta para la voz suave pero portentosa de Colleluori, quien demuestra que se entrega por completo a la excelente base rítmica creada por Andrea Buratto en las cuatro cuerdas y Camillo Colleluori en las baterias, lo que se suma a unos riffs poco impresionantes quizás pero sumamente correctos de Nick Savio, quien además se encarga de los teclados armando las orquestaciones. En el puente podemos escuchar por primera vez la participación de Lione acompañando en dueto a Colleluori, en un estilo que si bien no se acerca a lo que lo hace famoso (ROF), sí tiene cierta cercanía con lo último que trabajó con Vision Divine, así que no logra escucharse tan fuera de su elemento. Un muy bien logrado tema de entrada que si bien no impresiona tampoco defrauda.

Con el trabajo de Savio en los teclados arranca Another Night Comes, una midtempo en la que ya podemos escuchar la voz de Lione en solitario en este nuevo grupo, podríamos decir que a diferencia de lo que sucede en el track anterior, aquí no es Lione acompañando a Colleluori sino a la inversa, lo que le da un tremendo dinamismo al disco, un tema de «pregunta y respuesta» que mantiene una buena potencia en una veta bastante más melódica y tranquila que la canción anterior, sintiéndose un ambiente acaso más romántico que se siente bastante cómodo, mostrando que no está nada hecho a la ligera.

Nuevamente una ambientación, ahora levemente espacial, da lugar a la guitarra de Savio para irrumpir con un sencillo pero buen riff que abre una nueva midtempoAwake In Orion, que baja considerablemente la potencia del disco, al menos en lo musical porque las líneas líricas y vocales se mantienen bastante potentes. Con tres canciones creo que ya es posible decir que Fabio y Giorgia hacen un excelente equipo en las voces de esta banda, la juventud se mezcla con la experiencia para dar un material muy bien logrado, logrando hacerte sentir un poco a la deriva alrededor del cinturón de Orión para esperar la lluvia sintiendo la rabia. Desde el coro y hacia el final el track va tomando paulatinamente más potencia, llegando a un final tremendo con la voz de Giorgia en fading sobre un sonido atmosférico espacial como escuchado a través de un gramófono o algo así… excelente final de tema.

Is The Answer Far From God? arranca con una guitarra clásica que hace recordar un poco un pasaje de Gargoyles, Angels Of Darkness de RHAPSODY, pero sólo ese pasaje sobre el que entra la voz de Giorgia, porque posteriormente la caballería acelera y entra el Metal. A pesar de esos detalles, el tema suena un poco bajo, con líneas vocales un tanto planas que parecieran buscar agradar a un público más masivo, no es un mal tema pero siento que varía mucho al principio, no obstante, luego se acercan nuevamente a la vena más Power Metal que se nota es la base de la música de la banda pero que, al parecer, su objetivo no es quedarse en eso sino ir poco más allá, lo que a algunos les gustará y a otros les molestará, pero bueno… en gustos no hay nada escrito.

Desde las profundidades del espacio parece emerger Blinded que nos devuelve a la potencia y nos entrega quizás el pasaje más agresivo del álbum, con un Lione haciendo gala de su tremendo registro vocal al empezar con notas muy bajas para luego regalarnos los típicos tonos altos a los que nos tiene acostumbrados mientras de fondo sigue en segunda voz su tono bajo, tremendo trabajo vocal en esta pieza que sin mayor velocidad entrega un potentísimo Power Metal como lo que muchos quisiéramos escuchar con esta voz, algo bastante parecido a algunos pasajes de Vision Divine que muestran, musicalmente, que esta banda rinde una especie de tributo a sus coterráneos, lo que da a la vez un toque bastante nostálgico en algunos pasajes.

Volviendo un poco al estilo central del disco pero manteniendo a la vez la oscuridad del tema anterior, con un trabajo principalmente de teclado y bajo en la entrada, arranca Sad Words Unveiled, una nueva midtempo donde la voz de Giorgia se luce con tonos más bajos pero, a la vez, la voz de Fabio se escucha un poco, sólo un poquito, más forzada que en lo que veníamos escuchando, eso no quita que el tema mantenga una buena dinámica, especialmente gracias al trabajo de Savio tanto en las guitarras como en los teclados, especialmente en la sección de solos, pudiendo también notar una mayor presencia del bajo de Buratto que no suena sólo como acompañamiento sino también como parte de la estructura del tema, lo que le suma personalidad al tema.

Desidia abre lento, con una ambientación y piano, para dar paso a todo el peso de la banda sin aumentar la velocidad lo que transmite un importante ambiente pesado y acaso miserable, pudiendo sentirse la desidia de la que hablan, nuevamente con Giorgia luciendo sus tonos bajos y Camillo Colleluori haciendo un tremendo trabajo en una mezcla de estilos de batería donde no cuesta apreciar un poco de Jazz simple y el típico doble bombo de las midtempo Power. Una pieza bastante sentimental, que creería logra fácilmente su objetivo de evocar emociones, especialmente al no terminar por lo alto sino todo lo contrario, cortar de golpe la potencia y terminar con el piano de Savio en una retirada lastimera. Por el estilo del track podría confundirse con una mala pieza pero considerando lo que pareciera quisieron transmitir, en realidad, se trata de un muy buen tema.

Con la voz de Lione acompañado sólo por una guitarra comienza Hall Of Sins, la que rápidamente da paso a un ataque frontal de guitarra y batería principalmente, donde el teclado de Savio también se luce creando una atmósfera de rabia y dando paso al protagonismo total de Buratto y sus cuatro cuerdas. Aquí la voz de Giorgia aparece sólo para el puente y el coro, siendo un tema casi exclusivamente de Fabio donde, además, se luce con su rango vocal nuevamente pero sin opacar en ningún momento el tremendo trabajo de Giorgia en sus pasajes. El solo de Savio recuerda incluso, en algunas pequeñas porciones, algunos pasajes del gran Luca Turilli y no sorprende, porque muy seguramente el «guerrero de hielo» es una de sus mayores influencias, logrando cerrar un tema excelente.

Feel’s Like I’m Dying nuevamente nos regala un poderoso riff de Savio y los tonos bajos de Lione, desgraciadamente la estructura del tema no logra convencer completamente, no tiene mayor feeling que la calidad vocal de Lione, de hecho, acá se extraña fuertemente la voz de la bella Giorgia, siendo el único en el que no participa, lo que hace el sonido al que nos venian acostumbrando a lo largo del disco se pierda y sólo tengamos a un Fabio Lione tratando de cantar algo totalmente distinto a ROF, lo que pareciera no cuajar y no logra convencer. Quizás no sea un mal tema, pero al romper drásticamente con la estructura bivocal del disco pierde mucha fuerza y desencaja dejando un gustillo a poco.

Llegamos a la balada del disco, A Song In The Wind, un elemento conocido y disfrutado por Lione, la que arranca con el piano de Savio y percusiones computarizadas para dar paso a la power ballad en la que hacia el primer cuarto tenemos un fuerte quiebre rítmico que nos lleva a un pasaje cargado de agresividad contenida. Llama la atención que, si bien nuevamente tenemos a Giorgia en las voces, su participación es considerablemente menor. Claro que acá por la estructura musical y el estilo de canto que utiliza Lione logra encajar en la totalidad del disco, sin ser un punto muy alto.

Acercándonos al final de la placa, suenan los sintetizadores, una percusión acompaña y tras una breve introducción de teclado que introducen a Stormy Days, se deja caer todo el sonido de la banda con un importante protagonismo del bajo de Buratto nuevamente, además, el tema cuenta con la predominancia de la voz de Lione otra vez. El track presenta un ritmo un tanto meloso, la voz de Giorgia se aprecia bastante poco y, en general, veo difícil decir algo más sobre el tema, se podría escuchar como un poco genérico del estilo, sin mucha variación, no es para nada un mal tema, pero siento que no mantiene el nivel que nos habían entregado en composiciones anteriores de este mismo disco y eso termina dejando un tremendo sabor a poco.

Terminamos el disco con Beyond que arranca con un sonido bastante «Nü Metal», manteniendo pasajes bastante sobrios en lo musical y regresando la voz de Giorgia a tener mayor protagonismo en conjunto con Lione, con un Camillo Colleluori teniendo el espacio suficiente para poder hacer más juegos en los tarros, un Savio que se permite mandarse un tremendo solo en las seis cuerdas, mientras arman una atmósfera un tanto densa y líneas vocales y líricas que te invitan a ir más allá para traer un quiebre rítmico que, precisamente, nos lleva más allá, aumentando la velocidad y logrando un tremendo dinamismo que convierte este tema en un excelente broche para un disco más que correcto y muy bien logrado, terminando definitivamente con la voz de Giorgia manteniendo el tono final por unos segundos hasta que el disco termina.

Como decíamos al principio, es un disco difícil de digerir a las primeras escuchas porque hay muchas cosas que se entrecruzan pero, una vez que se logra dejar los prejuicios atrás, nos encontramos con un material muy bien logrado, con un poderoso debut que nos regala al gran Fabio Lione en una faceta suya a la que no estamos tan acostumbrados pero que pareciera le queda bastante cómoda, nos regala también a excelentes músicos que tienen toda una carrera por delante y a una Giorgia Colleluori que se luce cantando con el que reconoce como su «maestro», mostrando un excelente registro y una tremenda calidad vocal.

Casi una hora de, en general, buena música que logra su objetivo y permite esperar con tranquilidad su evolución porque, claramente, la banda tiene todo el potencial compositivo y ejecutivo para hacerse de un nombre en esta escena, logrando que la rabia que generó en muchos la salida de Lione de RHAPSODY OF FIRE y el anuncio de su incorporación a esta banda, se aplaquen un poco porque, a la luz del trabajo completo de estos italianos, nos encontramos con que quizás nuestras primeras impresiones fueron erradas o, al menos, apresuradas.

Más de veinticinco años de historia en una banda es algo realmente admirable, sobre todo considerando que el Chile de 1990 estaba pasando por una transición política y social importante, donde la música mantenía una dicotomía importante entre lo altamente violento y agresivo, y lo meramente comercial. En ese ambiente el Heavy Metal no era muy considerado ni por los unos ni por los otros además que, a nivel mundial, el estilo atravesaba una crisis importante.

Es precisamente en ese contexto que nace Enigma, banda capitalina que ha mantenido la lucha durante todos estos años por seguir vigentes con todas las dificultades que significa hacer música en Chile. En esas circunstancias durante sus primeros años pudieron lanzar el demo “Apocalipsis” (1991), el demo “Hijos de la Calle” (1992) y el EP “Espacios Vacíos” (1995), pudiendo por fin lograr el sueño de toda banda y lanzar su primer larga duración “Voces Disidentes” (1997), el que fue seguido once años después por “Laberinto” (2008), dejando en claro las dificultades que han enfrentado para mantenerse.

En esta oportunidad nos referiremos al álbum “Irreversible” lanzado hace un par de meses atrás que cuenta con diez tracks que pasaremos a revisar. Todo empieza con Los 33, nombre que nos deja inmediatamente en claro de qué trata, abriendo con una introducción altamente épica que recuerda un poco a la tremenda The Ides Of March de Iron Maiden, pero con su toque propio. Lo primero que impresiona es que mantienen la línea del Heavy Metal clásico casi sin variación, donde Álvaro Paci logra excelentes armonías en los puentes con las seis cuerdas mientras que la base rítmica se escucha interesante en las cuatro cuerdas de Sebastián Bello. Una apertura de disco bastante correcta.

Esto continúa con un riff más agresivo que da la entrada para El Camino del Dolor, donde la voz de Nelson Montenegro se luce más que en el track anterior, sin tanto falsete y escuchándose notablemente más cómodo mientras la batería de José Antonio Vásquez mantiene un ritmo sumamente tradicional, sin mayores juegos o novedades, sin embargo, Paci se luce notablemente en su solo, mostrando que su nivel es tremendo en las seis cuerdas, con lo que en menos de tres minutos, el tema más corto del disco, levantan bastante más los ánimos.

El Pacto comienza con Bello luciéndose en las cuatro cuerdas, permitiendo a esta midtempo contar, de manera muy cómoda e interesante, una historia sobre una guerra por mar y tierra en contra de una confederación que, a través de un pacto secreto, complicaron la historia, si no queda claro de qué hablamos es claramente la Guerra del Pacífico (o Guerra del Salitre como le llaman en los otros dos países y muchos historiadores consideran sería el nombre más apropiado), y la Confederación Perú-Boliviana. Musicalmente logran un tremendo cometido, un tema agresivo y pausado que permite disfrutar más la historia, desgraciadamente las monótonas líneas vocales con falsetes un poco exagerados incomodan e incluso, en algún minuto, hacen que el tema aburra, aunque en los pasajes instrumentales o con tonos más bajos en la voz de Montenegro el tema agrada bastante.

Con una introducción que muy similar a otra ya escuchada en otra producción nacional, comienza Lo que Va a Venir, un tema que mantiene las revoluciones un poco bajas para llamar a pensar, es totalmente esperable que una banda que comenzó a tocar cuando se suponía todo comenzaría a ser mejor y no fue así, se dé el tiempo de criticar la situación actual, advirtiendo que nuestra sociedad (al menos una parte de ella) está despertando, por lo que hay que prepararse para lo que va a venir. Uno de los mejores momentos de la placa, tanto musical como líricamente, donde las líneas vocales muestran interesantes cambios que le dan mucho más dinamismo logrando mantener la atención.

Exactamente a la mitad del disco encontramos el tema homónimo de esta placa. Irreversible nuevamente nos muestra una faceta más progresiva, con un ritmo más lento y una cadencia que le da un toque mucho más profundo. Acá es importante destacar que si bien a lo largo del disco mantienen su línea clásica, también permiten permear nuevas influencias que le dan una interesante frescura a las composiciones como, en este caso, los reiterados quiebres rítmicos le dan total dinamismo y fluidez al tema, entreteniendo mucho y permitiendo notar a todos los miembros de la banda sumamente cómodos en sus interpretaciones, un punto de los más altos de este álbum, aunque quizás no era necesario superara los seis minutos, pero nada grave tampoco.

Un potente riff da el vamos a Final, que vuelve al Heavy Metal tradicional con un midtempo donde la agresividad se percibe fácilmente, con un tremendo pasaje medio donde el groove se toma el tema y demuestra que la calidad musical acá es tremenda, además que las líneas vocales de Montenegro nuevamente muestran una alta variación que permite disfrutar el track en su integridad, lo que no siempre es posible durante la placa.

Volvemos a la agresividad con Culpa, puro Heavy Metal a la vena con un excelente groove de fondo, una tremenda crítica a ciertas ideologías que se presentan llenas de gente hipócrita que mantiene la velocidad y agresividad a lo largo del track, la que encima aumenta hacia el final, nuevamente un punto tremendamente alto que nos mantienen expectantes y entretenidos, donde sin duda el bajo de Bello y la guitarra de Paci se llevan los mayores elogios, aunque nuevamente Montenegro se permite jugar con su voz creando una tremenda pieza vocal.

Un juego de batería le da el vamos a Grito al Más Allá, tema que se mantiene nuevamente en la vena más tradicional de la banda con un correctísimo Heavy Metal canchero que, como ya nos vienen acostumbrando, permite a Bello tener un gran protagonismo, lo que no suele ser muy común en este estilo, entregando una tremenda dosis de potencia y entretención, que es para lo que finalmente escuchamos música en primer término, al menos según opinión personal.

Casi en el final nos encontramos con un fuerte viento sobre el que Paci arranca con un sencillo groove que es acompañado por Bello para arrancar con todo con La Marcha del Fuego, una suerte de analogía sobre la marcha del tiempo asociada también a los implacables incendios que han afectado al puerto de Valparaíso. Una pieza sobria, más bien relajada, en un midtempo que logra marcar presencia de buena manera dentro de la estructura del disco. Quizás no brilla mucho como otros tracks, pero está muy bien lograda y deja satisfecho, especialmente con sus líneas líricas tremendamente potentes.

Por último nos encontramos con la guitarra de Paci en un tremendo nivel que nos da el vamos a Viviendo en mis Sueños, mucha potencia, un Montenegro sin forzar su voz manteniendo las líneas vocales en un tono bastante cómodo para la escucha que podría ser un excelente toque para un próximo disco, no siempre más agudo es mejor en el Metal. Una midtempo poderosa que logra transmitir un cierto nivel de agresividad contenida, no es un ataque abierto sino como una guerra fría a la realidad, una especie de himno que grita con toda fuerza que el Heavy Metal, con todas sus dificultades, no se acabará para estos metaleros.

No estamos frente a ninguna revelación sino frente a unos supervivientes. Si revisamos los anales del Metal nacional son pocas las bandas que han sobrevivido desde esos años, claro, existen otras bandas que han sonado también desde hace más de veinte años, pero por lo general en esos casos hablamos de bandas que estuvieron separadas por años y volvieron a juntarse hace no mucho, esa es la diferencia con Enigma, que desde 1990 se mantienen en la lucha por el Heavy Metal.

Quizás no se podría decir que es una tremenda obra maestra, pero sí es un tremendo disco de Heavy Metal tradicional que está, después de todos estos años, permeando nuevos sonidos a una banda que lleva todo ese tiempo luchando contra la sociedad y contra la máquina musical chilena que, digámoslo, no gusta de apoyar mucho estos estilos “malos” y “satánicos” como los nombraban en esos tiempos cuando se formó la banda. Hoy vemos como existen algunas bandas que nadie sabe muy bien de dónde ni cuándo salieron, y que tienen espacios en tremendos escenarios sin tener mayor potencial ni talento, mientras tenemos a estos “viejos guerreros” que no se cansan de luchar y seguir componiendo nuevo material, un lujo que pocas bandas han podido darse durante tanto tiempo en este terruño.

 

 

Gloryful es una banda que nace hace unos seis años en Alemania, lo que inmediatamente nos da la idea de que, como todo metal alemán, tienen mucho que entregar y, efectivamente, así ha sido desde su debut discográfico “The Warrior’s Code” (2013), un Heavy Metal épico que no suena muy novedoso pero logra enganchar inmediatamente con el oído, comenzando lentamente a hacerse un nombre, su segundo larga duración, “Ocean Blade” (2014), logró profundizar en eso y comenzar a darle una forma más propia al sonido de la banda, manteniendo las líricas épicas, esta vez llevándolas al mar y, mostrando mayor fiato entre los sonidos.

Este año, de la mano de Massacre Records, nos entregan su tercer larga duración “End Of The Night”, una placa que mantiene lo trabajado en las placas anteriores, indicando que al parecer ésta será la marca registrada de estos alemanes que, en realidad, no nos traen gran novedad pero sí una muy buena defensa del Heavy Metal épico porque, si bien tiene algunos pasajes, acá claramente no hablamos de Power Metal.

Comenzamos con la corta Intro: Dawn Of The Raven King, en menos de un minuto y medio nos proyecta de qué se tratará el disco, en su inicio recuerda un poco a War Of Wrath de sus coterráneos Blind Guardian pero queda inmediatamente claro que es sólo una inspiración, ya que por sobre los sonidos de guerra medieval, con espadas chocando y gritos, se alza una instrumentación sencilla con un cello que le da un sabroso toque profundo y oscuro para abrir las puertas del disco.

Ya en tierra derecha nos encontramos con This Means War, que inicia con un excelente riff rabioso donde inmediatamente se lucen las guitarras de Shredmaster J.B. y Adrian Eric Weiss, manteniendo el nivel de rabia en alto a través del tema, lo que se acrecienta con el buen trabajo vocal y el excelente coro del track con Johnny La Bomba cantando apasionadamente “this means war!”, como invitándote a seguirlo en esta declaración de guerra, además de la tremenda base rítmica que entregan Hartmut Stoof en la batería y Daniel Perl en las cuatro cuerdas. Un comienzo de disco que deja la vara bastante alta.

Continuamos con una midtempo bastante rocanrolera, The Glorriors, nombre que es una suerte de conjunción entre las palabras gloria y guerreros (en inglés obviamente), funciona bastante bien dentro de la estructura del disco, no es ninguna obra maestra ni pieza esencial, pero mantiene esa calidad lírica que le entrega un coro altamente ganchero y coreable, lo que hace una adición de buena factura a un setlist en vivo, por ejemplo, terminando de golpe dejando bastante satisfecho.

Heart Of Evil mantiene el ritmo bajo, con un riff bastante ganchero sobre una base de bajo bastante elaborada que la hace un poco, sólo un poco más exquisita de lo que pareciera a una primera escucha. La estructura musical y vocal es considerablemente sencilla y monótona, lo que convierte a este track en uno de los puntos más bajos de la placa, de hecho, el coro que venía siendo lo mejor logrado en los temas anteriores, aquí se escucha hasta forzado en algún nivel, no logrando convencer mucho. Lo que sí, las guitarras se lucen en su espacio para los solos, donde además se acelera un poco la velocidad pero no logra rescatar el tema de su esquema general, aunque líricamente se aprecia robusta, pero por lo musical cuesta darle más peso.

Lo siquiente es Hail To The King, que empieza lenta con un barrido de guitarra y unas voces gritando “Hail to the King! Hail to the King!”, lo que da paso nuevamente a la velocidad y la agresividad, devolviendo los ánimos para seguir escuchando que se habían esfumado un poco en el track anterior. La base rítmica mantiene el tema en una atmósfera agresiva y entretenida, una mezcla muy cómoda para disfrutar, manteniendo líneas vocales fluidas y dinámicas, especialmente en el puente hacia el coro que está claramente diseñado para que todo el mundo lo grite en vivo, un punto bastante alto de esta producción.

Lo que sigue es For Victory, nuevamente una midtempo pero que desde el mismo comienzo muestra personalidad y una potencia necesaria para un tema así en un disco como éste. Acá la música se mantiene en generar una atmósfera más pesada mientras que la voz de La Bomba se luce con un modelo que parece acomodarle bastante, manteniendo una fiereza de excelente calidad y, además, nuevamente llevando un coro ganchero, lo que está tremendamente bien logrado porque es increíble lo fácil que te encariñas con el puente y el coro de estos temas.

Llegamos al tema que da nombre a esta placa, End Of The Night, una especie de balada pirata. Una guitarra acústica y un violín nos dan la bienvenida y nos acompañan durante este viaje, donde la tranquilidad y la paz nos invitan a tener calma que ya pronto llegaremos al final de la noche. Con la sencillez extrema de este tema demuestran que no sólo la potencia o la agresividad entregan buenos momentos dentro de un disco de metal, debiendo también hacer notar lo cómoda que se escucha la voz de La Bomba aún en un esquema bastante distinto. Un punto distintamente alto en lo que va del disco.

God Against Man con un riff bastante común da paso nuevamente a la velocidad y agresividad característica de la banda, con un doble bombo constante que permite riffs pesados que nos permiten visualizar la rabia de los hombres enfrentándose a los dioses, un tremendo track que hacia la medianía reduce el ritmo para entregar un buen pasaje midtempo con una línea lírica y vocal tremenda, permitiendo posteriormente a las guitarras tener su espacio para los solos y armonías, que nos termina por entregar todo lo que podríamos querer escuchar en un tema como éste. No es un punto tan alto como otros ya pasados, pero es un tremendo tema.

Acercándonos al final nuevamente bajamos las revoluciones con On Fire, que empieza de forma muy suave para luego dar paso a un riff que recuerda bastante a algunos pasajes de Helloween, continuando el midtempo con una potencia importante donde Stoof logra lucirse tremendamente, siendo el tema que cuenta con mayor juego de la batería. Es un buen tema, pero como que baja mucho las revoluciones en un punto donde siento no era necesario además de ser excesivamente largo para su estructura, sin mencionar que el parecido del riff principal con el de Listen To The Flies en algún momento molesta (se escucha durante casi 3 minutos de fondo). A los tres minutos y medio nos encontramos con un quiebre rítmico que es interesante pero no logra rescatar mucho el tema, sobre todo cuando finalmente regresamos al esquema original del tema… un tema muy largo para lo que finalmente es…

Y llegamos al final de esta placa con Rise Of The Sacred Star, que inicia nuevamente con lo que yo siento como una referencia a Helloween, pero es sólo al comienzo y sólo una referencia que no alcanza a molestar. Velocidad pero con menos agresividad y menos potencia es lo que nos entrega este track final, sin embargo, logra mantener lo que creo es el mayor sello de estos alemanes y es la capacidad de componer coros gancheros, dándole un final digno a este larga duración, sin embargo, como que quedara un poquito al debe en su final, con pasajes tan inspirados dentro del disco da la impresión que no escogieron lo mejor para cerrar, lo que no quiere decir sea un mal tema, sólo que si lo comparamos con el principio del disco quizás nos quedamos un poco cortos. Terminando esta placa en un corto fade out que parece levemente forzado pero logra su objetivo.

En poco más de cuarenta y cinco minutos estos muchachos nos muestran que tienen ganas de seguir creciendo, siento que aún no encuentran su sonido definitivo pero ya están considerablemente cerca, un disco bastante entretenido y, si bien carece un poco de originalidad, lleno de pasajes potentes e inspirados que nos hacen recordar por qué nos gusta el Heavy Metal y que mezclado con líricas épicas todo se hace mucho más interesante. Esperemos que para su próxima placa hayan encontrado ese algo que parecen estar buscando y logren un tremendo disco de principio a fin.

Una de las propuestas más llamativas y particulares que se ha publicado este año en la esfera Metal nacional es el álbum “Toroide”, segundo larga duración de SinSilencio, banda con ya cerca de quince años en el ruedo pero que recién el año 2011 irrumpía en la escena con su debut discográfico “Sin Tiempo”. En esta, su segunda entrega, la banda compuesta por Mario Concha y Salvador Reyes en guitarras, Daniel Concha en el bajo y Setian Xalpa en batería nos entrega una mezcla bastante ecléctica en donde predominan sonidos cercanos al Djent, pero pasando por un generoso abanico de estilos que coquetean con lo clásico y lo moderno, lo sutil y lo agresivo, pero siempre apegados a la complejidad rítmica que muchos describirían como Metal Progresivo.

Cabe destacar que todos asumen el rol de cantar además de interpretar su propio instrumento, dada la ausencia de un vocalista estable, lo cual desemboca en caudalosas armonizaciones que dan un color especial e interesante a esta propuesta.

Las etiquetas, siempre ingratas pero necesarias para dar una referencia, se quedan un poco cortas al momento de clasificar lo que nos entrega SinSilencio, dada la mixtura de sonidos que se disfrutan en los siete temas que componen el disco. No obstante lo anterior, los riff de corte Death técnico y Djent están invariablemente omnipresentes a lo largo de casi todo el disco. Por ejemplo el tema homónimo Toroide, es un instrumental lleno de riffs oscuros que recuerdan a lo que hizo Death durante los 90’, menos brutal pero igual de técnico, lúgubre y solemne. Melodías orientales adornan un tema muy bien estructurado, con diferentes líneas melódicas que se van sucediendo a lo largo de los minutos. No hay tanta pirotecnia, pero sí mucha técnica, sincronía y fiato en el despliegue instrumental, que solo puede darse con años y años de práctica.

Moléculas es otro tema que sigue en la misma línea, riffs densos, una base rítmica compleja y llena de cortes, esta vez acompañado de voces limpias que armonizan prácticamente la totalidad de la canción. A juicio personal es la canción más mejor lograda del disco, ya que a pesar de su complejidad se deja escuchar fácilmente, la melodía del coro invita a cantar y se queda dando vueltas en la cabeza fácilmente, ayudado probablemente por la letra del tema que sin duda llama la atención… El cuestionamiento existencial del tipo: «¿Por qué las moléculas de mi cuerpo siguen juntas cuando enfrento un orgasmoooooo?» invita a poner atención sin duda alguna. Ojo con la armonización del coro final a cuatro voces más la guitarra soleando la melodía, golazo de mitad de cancha.

Como mencionábamos al comienzo de la reseña, SinSilencio también explora otras vertientes menos extremas, donde la melodía predomina por sobre la rudeza, como se puede apreciar en ese gran despliegue técnico y melódico bautizado como ADRN, un temazo más cercano a los terrenos donde los seguidores del Power Progresivo se sentirán a gusto sin duda, por la potencia, melodía y cadencia de la canción. Notable trabajo de Daniel en el bajo que aporta a la base rítmica con personalidad y melodías propias, distinguiéndose en todo momento de las guitarras. Nuevamente las armonizaciones llenan de color un tema que está en el podio del álbum. Una vertiente aún más luminosa y menos brusca es lo que se aprecia en Existo, opening track de Toroide”, donde aparece la faceta más armoniosa de la banda, como si fueran planeando un in crescendo en la experiencia de escuchar la obra.

“Toroide” también presenta canciones que son una especie de término medio, que deambulan entre lo más pesado y lo melódico,  como Hospital y Otros Tiempos. La primera con cortes muy Heavy Metal con una cadencia que va a tres cuartos de potencia que se hace muy agradable, invitando a poner atención al mensaje que a medida que el tema avanza, se va volviendo más furioso e intenso. La segunda es más progresiva, alternando ágilmente pasajes acústicos y riffs propios de un Metal que se sostiene en una base rítmica muy dinámica sostenida por Daniel y Setian. Cabe destacar que durante el desarrollo del disco hay pasajes que recuerdan sonidos provenientes del otro lado de la cordillera. No sabría decir bien por qué, quizá es la profundidad de las letras o la crudeza de algunos riffs de Mario y Salvador, pero hay reminiscencias de Hermética en la música de SinSilencio, lo cual es poco común en nuestra escena, pero en lo personal lo agradezco profundamente.

El cierre del disco viene de la mano de La Conquistada, notable y extensa versión del original de Los Jaivas que mete todos los componentes hasta ahora mencionados en la juguera, añadiendo a lo anterior la “melancolía folklórica” si se permite el concepto. Diez minutos que se disfrutan en su totalidad. Aquí las guitarras distorsionadas se complementan perfectamente con los charangos y los vientos que por cierto están más cercanos a Los Jaivas que a la de otro exponente más metálico. Hacia el final de la canción Mario y Salvador despuntan sendos solos de guitarra mientras Daniel y Setian aceleran el tranco llevando La Conquistada a un final poderoso, como tenía que ser. De lo más destacado del disco.

“Toroide” es un disco con una propuesta y sonido muy particular, bien trabajado desde el punto de la ejecución instrumental y vocal. Hay mucha técnica, pero también sentimiento y virtuosismo en su justa medida, donde lo importante es el conjunto entregado, lo cual que siempre asegurará un resultado correcto. La ausencia de un vocalista plantea un desafío no menor, el cual fue soslayado y superado con creces gracias al buen trabajo de armonizaciones presente a lo largo de toda la placa. Dentro de las cosas que se podrían mejorar, y sin perjuicio de lo anterior, creo que sería muy interesante escuchar en el futuro un trabajo de SinSilencio con un vocalista “único” que se acople a lo ya realizado e imprima un sello que aporte un matiz que complementario al grupo. Por otra parte, “Toroide” es un disco que no entra a la primera… toma varias escuchas para “agarrarle cariño” y meterse las melodías en la cabeza, porque no hay muchos temas “hit”, lo que no es necesariamente malo, pero puede plantea un riesgo de «fuga» en quienes escuchan el disco por primera vez.

Si quiere escuchar algo fresco, distinto y de buena factura, “Toroide” es un disco a tener en cuenta sin lugar a dudas. Otro gran exponente nacional que engrosa las filas del muy buen momento que está gozando la escena chilena de Heavy Metal.

 

 

La espera de ocho años finalmente terminó. Un largo periodo, que contó entre medio con dos visitas a nuestro país, en una calurosa tarde de enero de 2010, en el Club Hípico y la última hace poco más de un año y medio en el Estadio Monumental, con un recital a la carta. Son ocho años de silencio de Metallica por sí solos, aunque en este periodo lanzaron junto al tristemente fallecido Lou Reed el no menos polémico «Lulu».

Cada lanzamiento de un álbum de Metallica está rodeado por una atmósfera de incertidumbre desde el radical cambio entre el «… And Justice for All» (1998) y el álbum «Metallica» (1991), más conocido como el «Álbum Negro». Desde allí, cada disco muestra nuevas directrices de la banda, en los ’90 más orientadas a lo comercial y después ese experimento llamado «St. Anger» (2003). Afortunadamente para quienes gozamos principalmente de los discos ochenteros, llegó en 2008 el bien recibido «Death Magnetic», donde Metallica lograba dar, en buena parte, con ese estilo que los llevó a la cima y los coronó como los más grandes del Thrash Metal.

Con estos antecedentes, se anunció este nuevo trabajo como disco doble, respecto del cual, poco a poco, nos fuimos enterando de más detalles, entre ellos tres temas como «adelantos», que la banda tiene videoclips para cada una de las canciones de esta placa, y una curiosa próxima visita a Chile, al festival Lollapalooza durante abril del próximo año 2017.

El disco comienza con el tema homónimo y primer single, titulado Hardwired, un corte digno del Metallica clásico, al menos en intensidad. Sencillo y directo a la vena, quizás siguiendo la línea de las composiciones con que los californianos suelen abrir sus álbumes. Se siente de inmediato una evolución a una de las grandes críticas del álbum antecesor, que era ese sonido plástico, muy de computador con distorsiones de cartón. Al parecer, el productor Greg Fidelman, Lars y compañía entendieron el mensaje e hicieron las mejoras respectivas.

El segundo tema corresponde al tercer single, titulado Atlas, Rise!, una canción mid-tempo más enganchada a la onda noventera o a The Judas Kiss del Death Magnetic, si bien tiene un comienzo prometedor va decayendo con el pasar de los minutos, hasta que llega un magistral pasaje instrumental con toda la onda Heavy británica de los ’80. Se le pudo sacar más provecho a este segmento, sobre todo en la sección de las guitarras dobladas, donde James y Kirk tienen un doctorado en como hacer de estas partes inolvidables (Orion, Fight Fire With Fire, My Friend of Misery, entre otras).

Now That We Are Dead es el tercer tema del álbum, y la primera “novedad” para quienes ya habíamos incorporado los adelantos a nuestro ADN. Con un comienzo a medio tiempo y un riff bien del estilo de Judas Priest es un corte que progresa sin grandes sorpresas, dejando un poco de lado la potencia de las canciones iniciales, aunque con interesante trabajo de voces armónicas. Asumiendo lo odioso de las comparaciones, es una composición estilo «Load», ni más ni menos.

Lo siguiente es la ya conocida Moth Into Flame, pues fue el segundo single del álbum, canción de comienzo Heavy que acelera en el pre-coro con un riff y velocidad estilo Disposable Heroes. Cuenta con un coro bien ganchero y nuevamente, una sección instrumental muy interesante pero algo corta, quizás era mejor evitar el verso y puente final en pos de dejar fluir el inmenso talento instrumental del cuarteto norteamericano.

El quinto corte se titula Dream No More, comienza con matices oscuros, al estilo Black Sabbath, y continúa con la voz duplicada de Hetfield (una alta y una baja) al unísono. El tema se mantiene en el riff pesado y denso por sobre la agilidad característica de la banda, cayendo quizás en cierta monotonía similar a la que encontramos en pasajes de Now That We Are Dead.

La última canción del primer disco se titula Halo on Fire, con un buen comienzo a dúo entre las guitarras eléctricas que dan paso a las acústicas y a un impecable James Hetfield en su faceta de cantante más “suave”. El tema va tomando velocidad y energía con los minutos, y finalmente la sección instrumental va acabando la canción con un magnífico riff melódico de la guitarra de James y buenos solos de Kirk Hammett. Es una composición que llena desde el punto de vista emocional y que cierra de muy buena manera la primera parte.

El segundo disco comienza con Confusion, de manera muy similar al clásico tema de Diamond Head, Am I Evil?, con ese golpeteo militar de la caja, que da paso a un ritmo bien Heavy que transcurre con ciertas similitudes durante todo el tema. Una canción sin mucha variedad y que quizás apela a su título para con el auditor.

Tras cartón aparece ManUNKind, con un comienzo acústico entre un bajo y una guitarra, muy My Friend of Misery que pronto estalla en un riff a contratiempo. Un tema muy progresivo de Metallica, quizás no se veía algo así desde …And Justice for All, donde Metallica hizo un guiño a los tempos diferentes del habitual 4/4, logrando además de buenas canciones, dificultad para los músicos aficionados. Los casi siete minutos de ManUnkind muestran generosamente la calidad instrumental y lo perfilan como uno de los mejores momentos del álbum.

El tercer tema del segundo álbum se titula Here Comes Revenge, con un comienzo a trallazo limpio que desemboca en el riff principal de la canción. El tema cuenta con diferentes velocidades, el verso se sitúa en un ambiente casi sin instrumentos, un coro pegajoso y una sección instrumental de buen ritmo. Es un corte que tiene la intención de ser más, pero se torna algo repetitivo.

Am I Savage? es el nombre de la cuarta canción del segundo disco, un corte muy denso desde la perspectiva del ritmo y que se aleja de lo que Metallica hizo en su disco anterior. Va más bien en la línea de canciones como Bleeding Me de «Load». Algo similar ocurre con el tema que le sucede, titulado Murder One, son dos canciones con muy representativos del Metallica de los ’90, que no significa que sean malos, pero cuesta asimilar tanta variedad en el disco… hay para todos los gustos.

Siempre he pensado que las bandas Heavy dejan para el final temas con cierto dejo melancólico o algún corte épico, que hacen que uno desee más y más, por ejemplo, Rime of the Ancient Mariner de Iron Maiden, Lochness y Future of Mankind de Judas Priest por dar algunos ejemplos. Metallica siempre ha ido en contra de esto, por lo general cierra los discos con temas que vuelan los sesos (Dyers Eve, Damage Inc, My Apocalypse, etc) y esta vez no ha sido la excepción con la genial Spit Out The Bone, la guinda de la torta. Un tema rudo de principio a fin, que incluye un excelente solo de Robert Trujillo en la sección instrumental y que nunca decae en velocidad, destacando además unas muy bien logradas armonías vocales.

Este tema nos hace recordar los mejores días de Metallica y hace concluir que la real intención del álbum es repasar todas las épocas de la banda, desde el Thrash más «puro» hasta los temas comerciales pasando por canciones densas, y quizás la única época omitida es la del «St. Anger». ¿Es un buen disco? ¡Por supuesto! No es el mejor, no es lo que se esperaba, pero nos deja claro que Hetfield, Ulrich, Hammett y Trujillo se sienten orgullosos de cada paso que han dado en “la metálica”, desde el éxito rotundo entre los más puristas del Rock hasta los más momentos más cuestionados. Esperemos ver varias de estas nuevas canciones en el recital de abril, en especial aquellos que más nos hayan gustado, pues si hay algo que tiene el disco, definitivamente, es variedad.

 

 

No vamos a intentar en estas líneas describir la importancia que Kai Michael Hansen ha tenido para muchos de nosotros, lo hemos hecho en otras ocasiones y uno corre demasiados riesgos de caer en una majadería inaceptable. Si usted está leyendo estas líneas es porque es altísimamente probable que usted no sólo sepa quién es Kai Hansen, sino que el cantante/guitarrista/compositor de Hamburgo haya sido un elemento central en la música que usted escucha, y consecuencialmente, de su manera de ver la vida, lo que a la larga transforma al alemán en algo tan esencial para el desarrollo de la existencia de varios seres humanos como haber aprendido a gatear, a limpiarse solo, a abrocharse los zapatos o a que no hay que mezclar la ropa blanca con la ropa de color al momento de echarla a la lavadora, por sólo nombrar algunas cosillas esenciales para sobrevivir en un mundo hostil.

Pero claro que es llamativo ver al hamburgués en una “parada” algo distinta, como es este trabajo solista, con la “excusa” de celebrar treinta años de carrera en el Metal. Hemos visto a Kai –obviamente aparte de Unisonic, Gamma Ray y Helloween en los ’80 y ’90– en muchas instancias colaborativas, pasando por la gloriosa Valhalla de Blind Guardian, la espectacular Temple of Hate de Angra, sus participaciones en Avantasia, o la recién anunciada gira 2017-2018 con Helloween en un «Pumpkins United Tour» que esperamos desde ya con muchas ansias –sólo por nombrar algunas–, pero ahora el festejado es Hansen y correspondía que a él lo retribuyesen.

Así nace este “Kai Hansen & Friends – XXX Decades in Metal”, donde la figura esencial del Power Metal convoca a una serie de músicos amigos para rendirle tributo a su dilatada trayectoria. Lo que en otros músicos parecería un gustillo narcisista, en Hansen es un mínimo tributo a una carrera cargada de influencia, entretención, entusiasmo y, sobre todo, grandes composiciones. Así, junto a Eike Freese (líder de Dark Age y dueño de los Hammer Studios de Hamburgo) en guitarras, Alexander Dietz (guitarras en Heaven Shall Burn) en bajo y Daniel Wilding (Carcass) en batería, y con conspicuos invitados que iremos develando, veamos de qué se trata esta placa.

Lo primero que conocimos de esta placa fue el single Born Free, lanzado además con un entretenido videoclip donde Kai pasea en un convertible por las calles de Hamburgo, y donde narra sus inicios en el mundo de la música. La autobiografía de Hansen será un elemento central en todo este trabajo, y ya desde la primera frase (“Born in the city of Hamburg in 1963”) esto queda en evidencia, con una curiosa referencia a “No Me Moleste Mosquito”, aun más curiosa canción de The Doors. Un tema muy energético, con un gran riff, guitarras filosas, un coro marcial muy Accept, y la clásica voz de Hansen, que pese a que muestra una evidente afectación por el paso del tiempo, es valorable que se sienta honesta y no tan “maquillada” como uno ve en otros trabajos. Todos sabemos que Kai no es un extraordinario vocalista –o que al menos tiene otras virtudes más destacables que su calidad vocal–, y en esta placa queda en evidencia cierto declive que explica que Gamma Ray haya reclutado un nuevo cantante (Frank Beck). Pero este disco es de Kai, él canta y es valioso que se haga de manera sincera. Un buen inicio, de inmediato declarando intenciones y es uno de los pasajes más destacables de una placa que, como veremos, tiene ciertos altibajos y zonas algo más áridas.

Los invitados empiezan a llegar con Enemies Of Fun, un corte con un midtempo y una vibra absolutamente acceptianos y que nos confirma que en esta placa, Kai se orientará más al Heavy que al Power. En esta oportunidad acompañan a Kai nada menos que Ralf Scheepers de Primal Fear, y Piet Sielck de Iron Savior, dos glorias del Heavy/Power Metal alemán, y elementos centrales en la carrera de Kai, el primero al ser el primer cantante de Gamma Ray y el segundo por haber sido prácticamente cofundador de Helloween y ser partner de Hansen durante todos estos años. Un buen tema, que probablemente alcanzaría algún brillo mayor de haber durado menos que sus casi ocho minutos, pero que cuenta con instantes de bastante brillo, especialmente en la sección instrumental más acelerada de los tres a los cinco minutos. Luego parece alargarse un poco en exceso.

Otro tema bastante correcto es Contract Song, que también inicia con un riff bastante bueno y algo más pesado de lo que acostumbramos a escuchar en canciones de Hansen, aunque tiene una estructura similar a los singles de Gamma Ray, como Send Me A Sign, por dar un ejemplo. En este corte Kai es acompañado en las voces por un excelso personaje del Hard Rock como Dee Snider, líder de Twisted Sister, que pese a no mostrar grandes luces, siempre va a ser un aporte. Uno de los momentos más altos de la placa llega con la aceleración en la segunda mitad y los “uo-ooo” de Hansen. Buen tema para ir consolidando la idea de que estamos en presencia de un trabajo bastante sólido.

Un poco más melódica es Making Headlines, especialmente en las guitarras del inicio, que recuerdan un poco más a las últimas cosas que ha más reposadas de Gamma Ray. El invitado que llega ahora a esta conmemoración es Tobias Sammet, probablemente la gran esperanza compositiva del Heavy/Power Metal hacia el futuro. Una canción sin grandes pretensiones, un poco más opaca que las anteriores, más allá del aporte de Tobi que es bastante interesante, aportándole algo más de brillo, un muy buen solo de guitarra y un final bastante intenso.

La fiesta de cantantes alcanza su peak con Stranger In Time porque llega probablemente el invitado más esperado: Michael Kiske, un individuo que con sus cuerdas vocales es capaz de transformar un rústico pelotazo en una jugada de gol como los grandes centrodelanteros del mundo. De todas maneras este tema no es el caso, es un corte más que correcto, bastante elegante y que con el plus de la voz del calvo cantante adquiere un brillo superior, tomando en cuenta además que, junto con contar con una nueva interpretación de Tobi Sammet, participa Frank Beck, quien hace poco tiempo como decíamos se transformó en el sorpresivo nuevo cantante de Gamma Ray, y Roland Grapow con su inconfundible guitarra. Quizás el estribillo no es tan bueno como uno pudiese desear, pero el resto del tema no tiene desperdicio, especialmente la sección del medio que cuenta con las voces de Tobi, Kiske, Kai y Frank en una suerte de conversación cantada que resulta muy bien. Probablemente sea el momento de mayor inspiración de toda la placa.

La canción más larga de todo este trabajo es Fire and Ice, que cuenta como invitados a Clémentine Delauney, joven cantante francesa de la banda austriaca Visions Of Atlantis; a Marcus Bischoff, cantante de Heaven Shall Burn; al sueco Richard Sjunesson, vocalista de The Unguided; y en guitarras a Michael Weikath, quien no necesita presentación. Es el tema más largo del disco, y es bastante más denso y lento, transmitiendo una pesadumbre que uno definitivamente no encuentra comúnmente en nada que tenga que ver con Kai Hansen. La guitarra de Weikath, con esa “suciedad” tan característica, le da un valor agregado a la sección instrumental de un tema que si durara un minuto menos –quizás sin la sección donde predomina el bajo, pasados los cuatro minutos– dejaría un mejor sabor. Interesante también la sección más acelerada hacia el final, previa inserción de voces guturales que definitivamente resulta difícil de imaginar en un disco de Gamma Ray, lo que le da un punto mayor de validez a este material.

Left Behind es un tema algo extraño, lento, y que seguramente busca bajar las revoluciones. Hay momentos de este disco en que Hansen se sale de los moldes, y hay algunos que resultan bien, como al que hacíamos referencia recién con Fire and Ice, y hay otros algo malogrados como este tema, incluso vuelven las voces guturales pero en este caso a uno le da la sensación de que no quedan bien. Es cierto que Clémentine Delauney hace un muy buen trabajo, pero definitivamente cuesta mucho enganchar con el que probablemente sea el corte más olvidable de un trabajo más que correcto.

La línea más reposada se mantiene con All Or Nothing, que lamentablemente consolida el pequeño bache en el disco que se inició en el tema anterior. No es una mala canción, pero suena poco inspirada. La última colaboración de Clémentine Delauney está limitada a un segundo –o tercer– plano, el coro intenta ser emotivo pero no engancha e incluso la sección instrumental es algo mustia. Algo de energía se recobra con Burning Bridges, donde Kai invita a cantar a Eike Freese. Es un tema midtempo sin muchas pretensiones, livianito y bastante rockero, con un buen coro y un buen solo. En otras instancias no destacaría mucho, pero como veníamos de un bache de dos temas, se valora el aumento de energía que se logra, aunque sea pequeño.

Pero el tío Kai no es tonto y nos guardó un buen bocadillo para el final con Follow The Sun, indudablemente el tema más Power de todo el disco, y que nos trae al último invitado… ¡y qué invitado! Hansi Kürsch, otro portento que no requiere presentación. Excelente canción que cumple con todo el cuaderno de cargos de un buen corte de Power Metal: velocidad, melodía, un coro levantapuños, buen trabajo en los solos, un final redondo y una cucharadita de gloria. Excelente manera de terminar, muy en alto.

Es cierto que a uno le habría gustado encontrar una mayor cantidad de pasajes inspirados, y que este disco difícilmente va a ser considerado dentro de lo más granado del catálogo de Hansen, pero es un esfuerzo digno y valioso para un tipo que “ya la hizo” hace rato, siendo artífice de dos de las bandas más importantes de Power Metal de todos los tiempos. El disco se deja escuchar pese a ese bache de su último tercio, y pese a que hay escasos momentos conmovedores, es una más que correcta manera de conmemorar los treinta años en el Metal del glorioso Kai.

 

 

Cada vez se hace más gustoso poder escuchar material de bandas chilenas, lleven ya años de circo o estén recién empezando el difícil camino de la música en Chile, composiciones de excelentísima calidad, tremendos trabajos de producción, ejecutantes de muy grandes talentos en cada uno de sus instrumentos, esto parece que no va a parar y es en ese escenario donde aparecen los porteños de Neogenesis, quienes desde el 2007 vienen gestando su Power Metal latino, como creo podría llamarse lo que ofrecen. ¿Por qué latino? Porque siento que desde los sonidos de Rata Blanca que en nuestro continente hemos desarrollado un sonido bastante propio.

Durante el 2015 lanzaron el primer adelanto de lo que sería su disco debut con el single “Volviendo a Nacer”, con el que llamaron bastante la atención para, finalmente, este año lanzar “Desde las Cenizas” que marca su debut en las grandes ligas por decirle de alguna forma. Y ¡vaya qué forma de debutar!

Todo arranca con una Intro de poco menos de dos minutos, donde una orquestación bastante bien elaborada, con un telón un tanto lúgubre que se va de a poco rasgando por flautas y cuerdas que parecieran dejar ver un poco de luz para cortarse abruptamente con la irrupción de Cy, la que abre con un ritmo galopante y acelerado, donde la batería de Patricio García muestra de entrada el tremendo trabajo que realizará en el disco, junto con los riffs de Ricardo Martínez, quien además se luce de muy buena manera en el solo que lucha contra los teclados de Carlos Silva, con el acompañamiento en la base rítmica de Raymundo Meza en las cuatro cuerdas y un estilo sobrio de Daniel Sandoval en las voces. Un tema bastante correcto que no sorprende mucho, pero está muy bien hecho, especialmente las ambientaciones y el final abrupto que deja un piano como último sonido.

Esto continúa con Volviendo a Nacer, single lanzado durante el 2015, que se caracteriza por ser bastante más agresiva que su antecesora, un corte bastante más Heavy donde se utilizan algunos elementos efectos para la voz que quedan sólo en las primeras palabras. Es un tema bastante más interesante que el anterior, con muchos más cambios de ritmo, una batería que no se queda sólo en blast beats sino que García tiene la oportunidad de mostrarse un poco más, al igual que Silva. Debo decir en este punto que el mensaje altamente positivo del disco podría confundirse con un estilo acaso medianamente religioso, pero sinceramente, no toma en ningún momento alguna dirección como eso, en este caso instando a dejar lo malo atrás y darse un nuevo respiro para avanzar hacia las metas, logrando una exquisita mixtura entre líricas y música.

El siguiente track se enmarca en algo más progresivo, Tolerancia, entra con un Silva muy inspirado con el acompañamiento de Meza, quien se mantiene mucho más protagonista a lo largo de prácticamente todo el tema, que viene a ser una de las piezas más notables del disco, una base rítmica sumamente cambiante, que empieza lento, continúa rápido y vuelve a terminar en la lentitud, sencillamente un tremendo trabajo el que logran en estos poco más de tres minutos, utilizando nuevamente el recurso de la voz lejana en el principio. Acá la lírica nos trae una temática bastante más crítica, el propio nombre nos da una idea, especialmente frente a nuestra sociedad actual donde todo cambia rápidamente y, a veces, también muy drásticamente, donde además a veces pareciera que la tolerancia o no existe o es sólo para algunos.

Oscura Soledad entra nuevamente con Meza, Silva y García luciéndose en un material que mantiene la línea progresiva del track anterior, recordando incluso en un pequeño pasaje a los teclados del gran Jens Johansson, acá además las orquestaciones de fondo se lucen considerablemente y Sandoval se lanza a mostrar un poco más sus capacidades vocales, ya no se mantiene en la comodidad de los tonos medios bien ejecutados sino que sube un poco el registro, con excelentes líneas vocales. En lo lírico nos encontramos con una pieza más romántica, de una oscura soledad que se disipa, lo que permite que en lo musical también se puedan sentir distintos ambientes, incluyendo un pasaje que incluso podría llegar a percibirse como un poco de Folk, tipo tonada chilena, no precisamente tal pero podría llegar a percibirse así, además, se puede escuchar una conjunción de ritmos que lo hace el tema más rico en ese sentido, sencillamente una tremenda pieza que se alza como de las mejores del disco, siendo además el track más largo.

Continuamos con Arrecife, la que arranca inmediatamente con la velocidad desatada de estos muchachos, una especie de interludio musical que, sin parecerse musicalmente, en su estructura rememora fácilmente a la tremenda Stratosphere de los ya legendarios Stratovarius, simplemente cerca de tres minutos en los que Martínez se luce con sus riffs, Meza con una base y acompañamiento con la que junto a García logran expresar una potencia y energía impresionante y, donde obviamente, Silva no podía quedarse atrás yendo a la par y enfrentando a la guitarra… una tremenda pieza instrumental que, además de todo, tiene un exquisito fondo instrumental que no tiene nada que envidiarle a los finlandeses.

Un suave piano nos da la bienvenida a Sin Mirar Atrás, para luego ser acompañado por un arreglo orquestal de muy buen corte que permite a Sandoval lucirse en la tranquilidad para dar paso a una potentísima midtempo, una power ballad que le da el mayor de los espacios a la voz de Sandoval, con líneas vocales poderosas y una estructura lírica considerablemente profunda, claramente no es uno de los puntos más altos del disco, pero tampoco es una mala composición, sino más bien como una especie de tributo al esquema típico que nos acostumbraron los grandes exponentes del estilo. Una muy buena pieza que permite relajarse un poco después de lo que ya veníamos escuchando, subiendo cada vez más los ánimos hasta que nos encontramos con esta isla de descanso.

Ya sólo con el nombre nos podemos hacer la idea que Sonidos del Metal hace gala de un sonido bastante más clásico, sin dejar de lado los elementos propios de la banda. Musicalmente es una pieza bastante correcta pero un poco monótona, no obstante, es un excelente tributo al Heavy Metal ochentero, con una tremenda línea lírica que mantiene ese estilo que nos recuerda la fuerza que puede tener esta música, la que disfrutamos y nos atrapa desde bastante jóvenes. Siendo un tremendo tema como lo es, viene a ser quizás uno de los puntos más bajos de la placa, no por una mala composición o una mala ejecución, sino porque quizás desencaja un poco en la estructura del disco.

Cuando ya nos acercamos al final de esta placa, nos encontramos con Aferrado a Todo, la que comienza muy por lo bajo con el teclado de Silva poco a poco ganando más potencia, dando paso a una pieza que mezcla muy bien los elementos del Power Metal con algo más Progresivo, una pieza tremendamente bien elaborada que se queda un poco corta en potencia, especialmente en lo vocal, pero claramente no es una falta de Sandoval sino que así fue compuesta. Creo importante aclarar que en ningún caso es un mal tema, de hecho, los teclados de Silva son los principales protagonistas acá, con un tremendo solo de Martínez y una base sólida armada entre García y Meza, haciendo disfrutar mucho el track, pero que a comparación del resto del disco queda ligeramente corto. Con ese análisis nos damos cuenta que hasta los puntos bajos del disco son más altos que los mejores momentos de otras creaciones, lo que demuestra el nivel y la calidad de esta banda.

Entonces todo termina con el tema que le da nombre a la placa, Desde las Cenizas, un himno de y al Power Metal, que recuerda tremendamente en sus primeros segundos a las maravillas que en algún momento nos regaló Stratovarius, dando paso a un quiebre rítmico tremendo que baja todas las revoluciones para después escaparse a toda velocidad. Acá nuevamente Sandoval se luce y demuestra su tremenda calidad vocal, un grito de batalla de aquel que puede perder la batalla pero no está preparado para perder la guerra. Todo un lujo que se dieron en componer esta canción y, encima, dejarla como broche de oro de su disco debut, todos con su espacio para lucirse y dejar claro que se vienen en serio porque volverán de las cenizas las veces que sea necesario.

Sencillamente los muchachos de Neogenesis nos siguen mostrando que el Power Metal chileno está atravesando uno de sus mejores momentos, es una lástima que bandas con esta capacidad compositiva y de ejecución se encuentren con tantas complicaciones a la hora de querer compartir su música con el resto; sin embargo, estos muchachos han logrado lanzar este primer larga duración que le puede dar la pelea a cualquier producción internacional, sumándose al grupo de selectas bandas, nuevas y otras con ya bastante circo a sus espaldas, que se alzan como la que podríamos, humildemente, llamar la NWOChPM, la New Wave Of Chilean Power Metal porque realmente este estilo está reviviendo, y muchachos como Neogenesis están totalmente dispuestos a traerlo de vuelta desde las cenizas.

 

 

Qué exuberante resulta ser la propuesta de Civil War dentro de los márgenes del Power Metal, un vendaval de exintegrantes de Sabaton que prefirieron irse para soltar la pluma compositiva que nunca pudieron empuñar en esa banda, y que ahora tienen una libertad con la cual prácticamente desbordan esa creatividad contenida por tanto.

Y por supuesto que no están interesados en perder tiempo alguno con Civil War, porque a solo un año de su segundo trabajo y primero con Napalm Records, “Gods and Generals”, aparecen con un tercer lanzamiento que responde con de todo un poco en cuanto a lo powermetalero, y con el cual muchos juicios -hasta antagonistas- pueden ser válidos. Sí, porque “The Last Full Measure” tiene para cada uno de los gustos, para quienes querían en Civil War un Sabaton paralelo, para quienes esperaban que se alejaran del grupo que los vio nacer, para los que buscaban algo épico, para los que deseaban algo más directo, para los que preferían algo elaborado, para todos y sin marear, sino entretener y hacerse comprender.

Tiene de clásico, de noventero y de actual, un trabajo lleno de coloridos ordenados por la voz aguardentosa del Astral Doors Nils Patrik Johansson, y el concepto en torno a historias principalmente de Norteamérica. En ese sentido, es posible que “The Last Full Measure” sea el trabajo que siempre se haya esperado del conjunto, tanto en letras como en gráfica, dado que la portada basada en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos refleja perfectamente el espíritu del nombre de esta agrupación.

Road To Victory, la primera pista, amaga con un comienzo de teclados y golpes de sintetizador sacados de ese Nightwish del “Wishmaster”, pero después de unos segundos sin guitarras toma otro rumbo, con un coro que revive la gloria powermetalera de álbumes como “Land Of The Free” y composiciones como Man On a Mission. Logra sorprender y que uno se sienta inmerso en la magia de esos años… un temazo a rabiar inspirado, que deja la vara altísima para las nueve pistas siguientes que, por supuesto, también dejarán lo suyo en este trabajo.

Porque Deliverance, la que aparece a continuación, toma el manual powermetalero de escuela Hamburgo de segunda mitad de los noventa y ofrece una canción sublime, un coro de esos que sólo los lograba Kai Hansen en esa época, pulcro, profundo, elegante y mágico, simple pero en que el tiempo parece detenerse para otorgarle todo el protagonismo a sus melodías. Además, la interpretación vocal por parte de Johansson es absolutamente brillante, con un carisma sacado de las entrañas de Dio que llega a invocar su figura. De verdad, creo que acá se afirma la mejor composición del disco.

Y bueno, quienes recuerdan -y claro que son muchos- los temas épicos de “Theater Of Salvation” de Edguy, estoy seguro que encontrarán en Savannah -el tercer track del álbum- una pieza fascinante… pues algo celestial tiene en su coro que evoca una vibra distinta dentro del cuadro general de la producción. Un himno distinto, muy peculiar, pero que al mismo tiempo no se hace de rogar, ya que encanta de inmediato.  El ambiente es diferente y eso se nota hasta en el timbre del cantante, que lo varía bastante en los versos iniciales, incluso llegando a recordar tonos de Ben Sotto en Heavenly. Y además ofrece galopas, bombos empastados con las guitarras, incitaciones a sacarse los audífonos para empezar a saltar… un acierto compositivo que mantiene el nivel y los diversos relieves sónicos de la placa.

A no dejarse después seducir demasiado por la instrumentalización y arreglos ¿bávaros? de Tombstone. Por supuestos que son muy entretenidos… pero es que el golpe de la entrada de batería, guitarras y bajo es sequísimo, te sacude por un par de segundos hasta que logras adecuarte, una canción fiestera aunque también agresiva, lo que habla de compositores que no se toman tan en serio los peligros y simplemente se lanzan. El resultado es pintoresco y muy disfrutable.

America, por su parte, es una obra más liviana en su intensidad, por lo que pareciera ser un descanso musical dentro del tracklist de “The Last Full Measure”. Sin embargo, sorprende a mitad de trayecto con un paréntesis que recuerda a los momentos más “musicales de Broadway” de Savatage de los noventa, circa “Dead Winter Dead”, que una vez presentado sube la calidad completa de la propuesta. Ahora, como tema suelto, fuera del contexto de un tracklist que viene presentando cortes más bombásticos, la percepción mejora bastante, ya que justamente esa parte instrumental mencionada es de gran factura y contagia un ambiente muy solemne, sostenido por letras de un viaje hasta el continente con sueños de mejor vida en el Nuevo Mundo. Lástima que en la posición que está, represente una especie de pausa en el flujo del álbum.

Lo que pasa en cambio en A Tale That Should Never Be Told es harto más épico, pese a que la canción no logra entusiasmar al comienzo debido a que parte de forma muy parecida a Uprising de Sabaton. Dicha sensación, en todo caso, empieza a quedarse atrás y muy atrás en la medida que la pista despliega ante los oídos una especie de dramatismo musical atrapante, emulando una pequeña película u obra teatral en su interpretación, donde nuevamente destaca el cantante. A mi parecer, se trata de la pista que más veces hay que escuchar para asimilar en su conjunto. Es la pieza más elaborada del trabajo, con muchos paisajes simultáneos y ambientes sonoros distintos pasando uno tras otro, aunque es cierto que el ejercicio de escucharla vale muchísimo la pena.

Con Gangs Of New York, Civil War vuelve a sonar más directo pero sin perder lo épico. Por el contrario, se trata de un peculiar grito de batalla, como sugieren las letras, adornado con líneas vocales delicadas aunque sostenidas por unos riffs cortados que le otorgan tanto elegancia como agresividad al tema. Son de ese tipo de guitarras rítmicas con melodías que invitan a seguirlas con coros, son pegajosas y antémicas, elementos que le otorgan una buena posición dentro del repertorio. La sigue Gladiator, muy reminiscente al Gamma Ray post “No World Order!”, es decir, ultra veloz desde la batería y ultra melódica desde las líneas melódicas. Cargada, claro está, pero nunca estará de más la combinación de ambos elementos que sólo el Power Metal, en la historia del Metal, ha sabido aprovechar para moldear su carácter.

Ahora, los ex integrantes de Sabaton que están en Civil War parece que siempre deberán sortear el estigma de su antigua banda, en el sentido que se les apuntará con dureza cada vez que su música se acerque demasiado a la de Joakim Brodén. Esa suerte de sombra conspira contra People Of The Abyss, canción que podría ser una de las mejores de la entrega, pero que se auto sabotea justamente por sonar tan parecida a Sabaton, y The Last Full Measure, de mucha tinta a temas de “Attero Dominatus” o “The Art Of War”. En defensa de Rikard Sundén, Daniel Mÿhr y Daniel Mullback, se podría decir que nunca tuvieron la oportunidad de aportar compositivamente en Sabaton y que tras tantos años en esa banda, el tallo ya se transformó en tronco, por lo que toda similitud es aceptable. Lamentablemente, podrán sonar a de todo un poco y pasearse por todos los ánimos musicales del Power Metal, pero sonar particularmente a Sabaton les puede costar no tan barato.

Al considerar el performance del álbum por la dinámica del tracklist“The Last Full Measure” empieza como postulante a disco del año con temas ultra powermetaleros que rescatan mucho de la esencia mágica que tanto adoramos del estilo que acá nos convoca, con una variedad envidiable de recursos excelentemente logrados. Después sigue con composiciones más sofisticadas que obligan a detenerse un poco para asimilarlas, acto seguido toma un perfil más épico y de batalla, y minutos más tarde finaliza invitando a escuchar a Sabaton. Lo último no sé si es para bien o para mal, dependerá de cada uno, pero si alguien me preguntara cómo suena el Power Metal por medio de un ejemplo del 2016, “The Last Full Measure” de Civil War sería la respuesta más corta, puesto que enseña todo lo que uno esperaría describir del estilo.