Para nadie es desconocido que Judas Priest es influencia de numerosas bandas, podríamos señalar casi con propiedad la existencia de una “escuela Painkiller”, tanto por el sonido, como por la agresividad impresa a cada nota de heavy metal. Muchas bandas han nacido al alero de este heavy metal más callejero, más de cuero, con más fuerza que fineza. Como hijos de esta vertiente podemos nombrar a bandas como Metalium y el nuevo Nocturnal Rites. Sin embargo el hijo prodigo por excelencia de esta forma de ver, sentir y ejecutar el heavy metal lo encontramos en la banda alemana Primal Fear, con el agregado de que es liderada, por el que muchos consideraron sucesor del gran Rob Halford, llegando incluso a sonar su nombre para llenar la vacante que luego tomara Ripper Owens: estamos hablando del inconfundible Ralf Scheepers.

Si bien es cierto que Primal Fear es una banda relativamente nueva en la escena, sus líderes son viejos conocidos en las lides del metal. Sí por que al veterano Scheepers, que se hizo mundialmente conocido al compartir con Kai Hansen los primeros años de Gamma Ray, además de una experiencia anterior con Tyran’ Pace y un flirteo fugaz con Helloween (donde no aceptó completar la gira del Walls of Jericho, luego entraría Kiske… cosas del metal), su socio en estas lides es otro respetado personaje, el señor Matt Sinner, líder y productor de la banda Sinner por lo que la unión prometía ser explosiva.

Y esos vaticinios se cumplen, ya que desde su génesis en 1998, la banda da que hablar con su estilo aguerrido, violento y poderoso, tanto así que en Japón, donde Scheepers es Dios, ocupan el lugar 17 en pocas semanas. El éxito se diluye un poco con su segunda placa, “Jaws Of Death”, algo más débil que la anterior. Sin embargo fue sólo un lunar, puesto que Enero del 2001 ve nacer uno de los mejores discos de heavy metal, “Nuclear Fire”, un disco sobresaliente, desde todo punto de vista (y que, particularmente me hizo un fan acérrimo de esta banda).

Es por eso que hay expectativa de lo que sería este álbum, que además tiene la carátula de “conceptual”. Sumado esto a que un nuevo integrante se suma a la banda ya que Henry Wolter entró en reemplazo de Tom Naumann en las guitarras. Entonces son muchas dudas las que deben ser develadas.

Y créanlo, Primal Fear sorprende desde el primer acorde de su disco, “Countdown To Insanity”, un pueril intro (un poco descolocado según mi parecer, y es aquí donde yo veo el único pero del disco que detallaré más adelante) da inicio a la descarga, que comienza no tan acelerada como en su anterior disco, pero efectiva y poderosa “Black Sun”, es un tema no muy rápido, pero a doble bombo, más melódico, con la inconfundible voz (y los inconfundibles agudos) de Ralf. Es desde un principio donde se comienza a notar un mayor trabajo en las guitarras, mayor armonización, solos mejor ejecutados.

“Armaggedon”, es una canción single (de hecho lo es), otro tema a medio tiempo, más reposado que el anterior, repito, más simple, con un coro que posee una melodía pegajosa, y que cumple su función dentro del disco.

Unas guitarras en armonía y una velocidad impresionante dan el vamos a uno de los mejores temas del disco, mucho más speed metal. “Lightyears From Home”, es, sin duda “el” tema speed del disco, donde nuevamente brilla Primal Fear, pero esta vez como banda, que funciona cohesionada y que no destaca, deslumbra con momentos extraordinarios como en el solo, donde hay una maravilloso acople de los integrantes, o en el final de la canción donde a la banda brillando se le suma Ralf. Extraordinario.

“Revolution”, el siguiente corte, es más pausado, con un comienzo callejero, con algo de Judas y algo de Manowar, pero con un coro eminentemente Primal Fear. Vuelvo a resaltar el trabajo de Henny Wolter y Stefan Leibing en las guitarras. Tocan como si se conocieran toda la vida. Un pesado riff con un feroz martilleo a la batería Klaus Sperling dan comienzo a “Fear”, un tema de estructura simple, pero de un peso increíble, con un coro guerrero “living in a battle”, enfocado, claro está a la historia de las águilas en busca del sol negro.

El par de temas que siguen, son personalmente, lo mejor del disco, ya que Primal Fear, tanto en “Mind Control” como en “Magic Eye”, logra conjugar en forma notable la melodía con la violencia, algo que es difícil de conseguir, Primal Fear, no lo hace una vez, sino que dos. El primer tema nombrado, “Mind Control”, comienza con guitarras en armonía, con una estrofa sencilla, y un coro que logra penetrar el alma, ya sea por la forma de Ralf de Cantar o por la estructura, de verdad no sé pero produce una sensación especial. Y qué decir de “Magic Eye”, para mí la mejor del disco, con un comienzo limpio, sin distorsión tanto en las guitarras como en la voz de Ralf, desemboca en uno de los temas a medio tiempo mejor logrados del heavy metal, con un coro precioso y un solo donde realmente la dupla Wolter – Leibing se lucen en toda su integridad. Maravilloso.

“Mind Machine” es pesada, muy pesada, con un inicio donde Ralf muestra porqué es uno de los vocalistas más respetados y más queridos de la escena. Nuevamente destaca Primal Fear como banda, como conjunto. La base rítmica compuesta por Mat y Klaus se lleva los aplausos, ya que le dan el peso al tema, las guitarras suenan un poco americanas, pero nuevamente deslumbran en el solo. “Silence”, que es lo que sigue muestra a un Primal Fear más pausado, más melódico, con un Ralf cantando más suave. Es un gran tema y da una pausa a esta vorágine de violencia.

El inicio del siguiente corte, “We Go Down” refleja que a Ralf le agradan todos los momentos en la historia de Judas Priest ya que suena un poco a los últimos (y criticados) trabajos de los metal gods, sin embargo el cuerpo del tema es a medio tiempo, con un interludio vocal que desemboca en un solo (otra vez) magistral. Imagino que debe funcionar de forma perfecta en directo, tanto por el coro, como por la voz que alcanza Ralf en ciertos instantes. Cabe destacar que Primal Fear es, según los entendidos, una de las mejores bandas en directo que ha dado el heavy power metal, donde la potencia de cada corte se plasma en cada instante en escena. Es de esperar ver a semejante banda pisando nuestros lares.

Cold Day in Hell” es un tema que se acerca a la veta clásica del heavy metal. Muy influenciado por Judas Priest, tanto en la estrofa como en la estructura del coro, donde el agudo de Ralf es sacado de los mejores tiempos de Rob Halford.

Pero todo llega a puerto, y el fin de fiesta corre por cuenta de “Controlled”, un tema rápido, un tanto desordenado, que recuerda un poco a Gamma Ray, pero que da la medida justa y logra poner un digno punto final a uno de los grandes lanzamientos del presente año.

Señalé que el disco poseía un “pero”. Se supone que “Black Sun” es un disco conceptual. Si bien existe una cierta conceptualidad lírica, ésta no tiene un correlato en lo musical. Son 12 grandes temas, pero no existe un hilo conductor entre ellos, como el “Operation : Mindcrime” de Queensrÿche o cualquier disco de Rhapsody, donde se nota la unión lírico musical. En este álbum, de no ser por que el final del disco repite las notas del intro, esto pasaría desapercibido.

Sin embargo, debo señalar que estamos en presencia de un discazo, donde cada integrante brilla y hace brillar a la banda, donde no hay un momento de relajo. Es un disco que si bien no tiene las individualidades que posee “Nuclear Fire”, es mucho más parejo, no decae. Muchos dirán que existe una influencia muy marcada de Judas Priest, lo cual es cierto, pero a estas alturas es reconfortante que las influencias provengan de las raíces, de bandas con poder y talento. Primal Fear recoge todo el legado de los dioses del metal y plasma composiciones llenas de furia, pero a la vez llenas de melodía. Creo que Primal Fear está para grandes cosas, las antiguas generaciones necesitan sucesores y está claro que, a estos pasos, Primal Fear está presto a ocupar el trono.

Compuesta por el líder de Labÿrinth, Olaf Thörsen, en las guitarras, el vocalista de Rhapsody, Fabio Lione, el versátil Andrea “Tower” Torriccini en el bajo, el talentoso Andrew McPauls en los teclados y el energético Mat Stancioiu en la batería, Vision Divine lanzó hace ya un par de años su primer trabajo, titulado simplemente “Vision Divine”, en el cual muestran un sonido bastante maduro para ser una banda nueva (en gran medida debido a la experiencia de sus integrantes), factor muy importante en el reconocimiento y en la buena crítica que este trabajo tuvo en su oportunidad. El éxito que ha tenido Vision Divine, una de las bandas que encabeza toda la más bien reciente movida italiana heavy/ Power (aunque quizás un peldaño más abajo que los más consagrados, Labÿrinth y Rhapsody) hizo que llevaran a cabo un world tour que incluso los trajo a esta larga y angosta faja de tierra (junto a sus hermanos de Labÿrinth), donde hicieron un recordado show la noche del 20 de Noviembre del 2000. Como prueba de su éxito, el lanzamiento de su segunda placa ha sido algo muy esperado por los fans del Power Metal. Después de retrasarse un poco, Vision Divine ha dado a luz a su segundo trabajo, titulado “Send Me An Angel”, disco que ratifica lo que tan bien insinuó esta banda en su primer trabajo (a pesar de que respecto a éste no existen grandes diferencias), con toques aun más maduros y con un sonido bastante “propio”, todo un mérito en los tiempos de hoy.

El disco se inicia con el intro “Incipit”, que conduce al tema que le da el nombre al disco, “Send Me An Angel”, que a pesar de no ser un tema rápido o que demuestre un excesivo virtuosismo individual de los músicos de Vision Divine, llega a ser de los mejores temas del disco, con un Lione en un gran nivel, cantando con una impresionante calidez, haciendo incluso tonos raspados que no le vemos en Rhapsody. Este trabajo prosigue con “Pain”, tema muy en la onda de lo que hace Labÿrinth, matizando ritmos acelerados con riffs más “oreja”, mostrando el clásico sonido de la guitarra de Thörsen, la atmósfera que tan bien sabe crear el teclado de McPauls, y un aún mejor nivel de Lione. El disco sigue con un poderoso “Away From You”, que se inicia con riff muy intenso y un ritmo aceleradísimo, para pasar a un excelente coro (incluyendo voces femeninas), cambios de ritmo y de atmósferas (gran trabajo de McPauls), que en total convierten a este tema en uno de los puntos más altos del disco. A continuación viene “Black & White”, canción que comienza como una típica balada (con teclado y guitarra acústica), pero que se transforma en un tema muy intenso, en el que nuevamente aparecen voces femeninas en los coros (excelente detalle), y que matiza ritmos acelerados y lentos perfectamente…… “The Call” es un tema que fue tocado en vivo por Vision Divine en Chile en su show de Noviembre del 2000, y que cuenta con un inicio muy power, para posteriormente dejar eso un poco de lado y caer en una cierta monotonía que en algunos momentos se rompe, especialmente en el final.

El siguiente tema es “Taste Of A Goodbye”, buena composición con ciertas pinceladas glam rockeras que lo hacen interesante, pero no un gran tema. El mejor track del disco es sin dudas “Apocalypse Coming”, un corte absolutamente powermetalero, rapidísimo, y que es “la” gran muestra de lo que Vision Divine puede hacer : un metal fresco, con un sonido muy propio (gran mérito en esto tiene el sonido del teclado de McPauls, con toques que incluso rayando en pinceladas techno le dan una atmósfera distinta a los temas de Vision Divine), y sobre todo con Power. El disco continúa con un tema instrumental llamado “Nemesis”, en el cual la banda (y en especial McPauls) demuestra su notable versatilidad, combinando momentos que incluso recuerdan un poco a “Eye Of The Tiger” de Survivor (el tema de la película “Rocky”) con los típicos sonidos techno del teclado de McPauls, sin perder intensidad. Ya acercándonos al final, el disco prosigue con “Flame Of Hate”, una canción bastante intensa, con buenos cambios de ritmo y ejecuciones perfectas, pero que termina prometiendo más de lo que en algún momento insinúa. Para terminar, Vision Divine nos regala un cover, del conocido tema de los ochenteros noruegos de A-Ha (todo un suceso en la música pop de los ’80), “Take On Me”, en el cual Vision Divine hace un excelente trabajo, manteniendo la esencia del tema, pero agregándole una dosis de Metal que resulta bastante atractiva, especialmente para quienes conozcan la versión original de este clásico de la música pop.

Como conclusión, este disco debería ser absolutamente del agrado de quienes hayan gustado del primer trabajo de Vision Divine, pero es difícil que esta banda capte muchos nuevos fans con “Send Me An Angel”. A pesar de esto, el disco es bastante bueno, muestra muchos matices a lo largo de todos los temas, además de la gran calidad individual de sus músicos, un sonido bastante maduro y sobre todo originalidad en su sonido. Pero para quienes esperábamos un mayor crecimiento de esta banda, echamos de menos una mayor distancia con su primer trabajo, no una continuación (bastante buena por lo demás) tan marcada de lo que hicieron hace un par de años. El disco es bastante bueno, pero lo es mucho más para quienes son fanáticos de la banda y su primer trabajo.

FE CONTRA FE es un muy buen disco que tiene muchas influencias ochenteras, posee una interpretación instrumental sólida, afiatada, y la fuerza que necesita tener todo buen grupo de heavy.

Al analizar el disco, encontramos cosas obvias, y una de ellas es que las principales influencias de Alquimia las encontramos en Inglaterra. Pero, al escuchar atentamente, descubriremos que el rock norteamericano, e incluso algo del canadiense, marcan la propuesta de esta banda nacional.

Iron Maiden está presente a lo largo de todo el álbum, partiendo por el tema que abre los fuegos; “Justo aquí, justo ahora”…que tiene bastantes aires a “Two minutes to midnight”. El juego de las guitarras, la estructura de la canción, el solo de guitarra, todo tiene el sello de la doncella de acero. Es cierto que las letras tienen un componente marcadamente contemporáneo, pero la forma en que están escritas las frases complica algo su entendimiento.

En el segundo tema, “Juego sucio”, nuevamente encontramos matices claramente maidianos, mezclados sutilmente con unos pequeños toques de Riot. Es un tema simple, directo y sin grandes pretensiones, pero responde a la línea del disco. A esta altura queda claro que la mayor influencia vocal está dada por el registro de Halford. “Noche de horror” presenta una alternativa en el sonido, especialmente en la batería. Deja de ser algo opaca como en los dos temas anteriores, dándole un toque mucho más cercano al sonido del heavy actual. En el esquema general del disco es una variante interesante, en la cual, es posible apreciar con mayor claridad las virtudes de sus músicos, en especial de los dos guitarristas, aunque el esquema de los solos sea una clara muestra que Judas Priest es otro referente de la banda.

“Fe contra fe” es un tema cuya lírica refleja los últimos acontecimientos mundiales y la eterna lucha entre Occidente y Oriente, por lo menos en lo que a religión se refiere. Coincide con el título del álbum, lo que puede interpretarse como el desafío a seguir por la banda, ya que en este tema se nota un alejamiento de las raíces inglesas y de los años ochenta. Musicalmente no presenta mayores atractivos que el resto del disco, pero es un buen tema.

“Euforia” marca el regreso pleno a las raíces británicas, o tal vez a una marcada pretensión de asemejarse lo más posible a un estilo que marcó un hito en el desarrollo del heavy. La calidad del grupo se va notando a medida que las pistas se van sucediendo. Sin salir del esquema ochentero, nuevamente quedan de manifiesto las potencialidades de la banda, por mucho que la vocalización sea a veces algo repetitiva.

“Caín & Abel”, es un excelente track que la banda sabe hacer brillar muy bien en vivo… es un tema tratado en forma diferente al resto, con una mayor gama de recursos armónicos y rítmicos. No hay una gran diferencia sonora con los demás temas, pero sí en la composición. Definitivamente su autor, Pablo Guzmán, nos indica claramente el gran bagaje musical que tiene a su haber.

Pablo Saldivia debuta como compositor, al menos en este registro, con el siguiente tema, “Salvaje”. Aquí aparecen nuevas influencias, específicamente, de los legendarios Rush. Un gran aporte del bajista, que lleva al resto de la banda por nuevos senderos. Es una propuesta osada dentro del esquema del disco, que incluso puede no gustar a los fanáticos del metal más duro, ya que nos lleva a un estilo más complejo, pero que al mismo tiempo permite un mayor lucimiento de los músicos. Es lejos el punto más alto del disco.

Y al cierre, una muestra típica de los temas melódicos que caracterizaron a los grupos británicos de los años 80. Un tema himno al estilo Saxon, Judas y tantos otros. Una línea melódica fácil de seguir, uno de esos temas que, bien interpretados, pueden ser coreados por todos los asistentes a un concierto. Una muestra de lo que, retrospectivamente hablando, también realizaron algunas bandas del glam rock americano. Un tema simple, pegajoso y que invita a oírlo más de una vez. Puede que no tenga una gran calidad, pero ofrece una variante interesante.

Resumiendo, si uno busca la definición de alquimia en un diccionario, encontrará que es la búsqueda de los elementos necesarios para alcanzar un mayor grado de perfección, y este trabajo representa muy bien esta búsqueda. Los elementos están, se dejan ver en varios pasajes de cada uno de los 8 temas. La movilidad que presenta la banda dentro de diferentes variantes musicales es sin duda, uno de los mejores argumentos para tomar en cuenta a Alquimia. Es un trabajo que muestra claramente que la agrupación intenta romper los moldes típicos de los grupos chilenos… y lo logra. Tal vez falta un poco más de fe en sus propios recursos y creatividad y un poco menos en las influencias. Es un disco interesante, un disco que se puede escuchar varias veces y que no cansa…es el primer trabajo de la banda, es un muy buen trabajo, definitivamente recomendamos comprar este álbum.

Madurez es lo que mejor podría definir esta tercera placa de la agrupación de Kimberly Goss. Con un estilo más definido y alejándose un poco del estigma “grandes músicos oscuros al servicio del heavy metal”, Sinergy nos presenta un disco excelente por donde se le mire, consistente y agresivo, que no da respiro en ningún momento y que demuestra fielmente que estamos en presencia de una agrupación sólida, no de un grupo paralelo de grandes músicos como sucedió en su placa debut “Beware the Heavens” y en menor medida en su segundo trabajo, “To Hell and Back”, donde compartieron créditos músicos de la talla de Sharlee D`Angelo, Jesper Stromblad y Alexi Laiho, de los cuales, sólo Laiho, líder de Children of Bodom y novio de Kimberly siguen en la agrupación.

Del disco podemos decir que golpea desde su inicio, el que literalmente es un escupitajo en la cara, I Spit on your Grave es un tema, que si bien no es acelerado, desborda poder y agresividad, mostrándonos a una Kimberly en toda su gama vocal, mezclando voces desgarradoras y sucias, con matices más melódicos y limpios.

The Sin Trade, sigue en la senda con un impecable trabajo en las seis cuerdas, por parte de Laiho, y un magistral trabajo vocal de Kimberly en una estrofa potente y violenta, pasando por un coro más melódico y pausado.

Un inicio de batería a cargo de Tommi Lillman, el que luego dejaría la banda (ha sido siempre el vacío de Sinergy, un baterista estable, parece que Mats Carlsson sería el nuevo elegido…), da paso a una rápida – y explícita- Violated, uno de los temas sobresalientes del disco, que mezcla la agresividad descrita, con una buena dosis de velocidad.

La descarga prosigue sin tregua, a pesar de que My, Myself, My Enemy, es un tema más digerible, sin caer en lo comercial, sobresale por el trabajo armónico de las guitarras, lo que hace que el disco mantenga una consistencia y no decaiga.

Pero Sinergy también nos da un respiro, esta banda se ha caracterizado por incluir en sus discos temas lentos bastante bien estructurados, que no caen dentro de las típicas “power ballads”, y ésta no es la excepción, en Written in Stone, Kimberly pone la nota melancólica en un tema más relajado, pero con un intermedio donde la intensidad no se pierde con un extraordinario trabajo a dos voces en la guitarra que hace recordar un poco a las armonías de Iron Maiden.

Sin embargo y para deleite nuestro, el respiro es corto y da paso a un tema sencillamente excepcional, luego de la calma viene la tormenta, y Nowhere For No One es adrenalina pura. Rápido desde su inicio, agresivo vocalmente y con un final endemoniadamente veloz, transforma a este corte en el más brillante del álbum, que prosigue con Passage to the Fourth World, que quizás es el tema de menor intensidad del disco, quizás porque la formula se repite un poco y no alcanza la brillantez y el poder de los demás temas del disco.

El siguiente es el momento más oscuro del disco, Shadow Island, comienza con una introducción coral, seguida por la inconfundible y gutural voz de Alexi Laiho, que nos señala que aún queda algo de Children of Bodom en Sinergy, un tema oscuro, que se aleja un poco del contexto del disco, pero que resulta notable y marca otro de los momentos notables del álbum.

Unos gritos desesperantes dan el vamos al tema que da nombre al disco Suicide By My Side no desentona en el contexto del álbum, agresivo y poderoso, mezclando desgarros y suavidad, como ha sido la tónica del trabajo de Kimberly y Cia., que finaliza con algo muy, pero muy distinto, Remembrance es una oscura pieza instrumental de piano, que mas se acerca a un concepto “dark” que a uno más “heavy”, pero que sin embargo le da un bello final al disco.

En suma, un álbum mucho más maduro, parejo y consistente. Da la impresión que Sinergy encontró su rumbo, con músicos a tiempo completo (con la excepción de Laiho), con un estilo propio y definido. En buenahora, ya que “Suicide by my Side” es un disco excelente, bien trabajado y con grandes composiciones, que sin duda consolidarán a esta banda como tal y que dará que hablar por su música, no por el nombre de sus integrantes.

Precedido de una gran expectación llega hasta nuestros oídos este nuevo trabajo de los italianos de Rhapsody, quienes desde su irrupción en el mundo del metal casi a fines del siglo pasado, han dado mucho que hablar, con un sonido creado esencialmente por ellos: el “Hollywood Metal”, mezcla entre metal absolutamente épico con arreglos doctos, los que sumados a una historia envolvente, de un mundo nuevo, majestuoso, han hecho de esta banda un pilar importante, tanto en la escena itálica, donde han ejercido una influencia innegable en muchos grupos, y han hecho que Italia sea una importantísima fuente generadora de nuevos talentos, como en la escena mundial, donde ya podemos ver a grupos de todas las latitudes (incluído Chile) emulando los sonidos de Rhapsody.

Y la expectación radica en que, al parecer, se cierran las páginas que se han llenado de música, y que nos han transportado hacia otras tierras: “Las Crónicas de Algalord”. Este sería el último capítulo de esa maravillosa historia del guerrero de hielo, que debe buscar las tres llaves de la sabiduría y liberar a su preciosa tierra encantada de las garras de Akron y Dargor, los dioses de la oscuridad.

Además la duda de cómo se iba a acoplar Dominique Leurquin en la idea de Rhapsody. Este guitarrista y Patrick Guers en el bajo llegaron para llenar un vacío en Rhapsody, sobretodo en lo que a materia de presentaciones en directo se refiere. De hecho, “Dodo”, acompañó a Rhapsody en la gira que los trajo a nuestro país.

Y por último la pregunta de cómo sonará Rhapsody hoy, en este nuevo disco. Hay quienes señalan que Rhapsody no varía y que todos sus discos suenan igual. Nada más alejado de la realidad. Si uno se da el tiempo (o el placer) de escuchar todos los discos de Rhapsody, se dará cuenta de que ninguno es igual al otro. “Legendary Tales” es el punto de inicio a esta obra conceptual, un disco en que las orquestaciones priman, con un sonido algo más oscuro que su sucesor “Symphony of Enchanted Lands”, la mejor entrega (hasta ahora) de Rhapsody, con un sonido más sublime y donde las orquestaciones y los coros surgidos del genio de Turilli y Staropoli llegan a niveles insospechados. “Dawn of Victory” es un disco más “terrenal”, donde las guitarras adquieren mayor peso y el disco transita en una mayor crudeza. Crudeza que se acentúa un poco en su EP “Rain of the Thousand Flames”, donde se mezclan sonidos crudos, con arreglos cinematográficos.

Y es en este cuadro donde se encuadra este último trabajo que marca la pauta desde el inicio con un intro de verdad oscuro y majestuoso, In Tenebris, que abre las puertas de un mundo insospechado. Con Knightrider of Doom comienza a escribirse esta última batalla, un tema que comienza con un aire a “Emeral Sword”, pero que varía hacia un metal más extremo, con unas pesadísimas guitarras en el fondo, con una voz mejor lograda de Fabio, quien ya no se fuerza en alcanzar tonos altos, sino que le saca un extraordinario provecho a su voz más grave. El solo de este tema me hacer recordar aquellos pasajes del “Legendary Tales”, por su oscuridad y por sobretodo el sonido que Turilli le imprime a sus seis cuerdas. Sin pausa, sin respiro nos llega el tema que le da el título al álbum. Power of The Dragon Flame comienza con un pesado y distorsionado riff de bajo y guitarra, donde se marca la diferencia con un Guers más notorio que su antecesor Alessandro Lotta, que toma más protagonismo y que le da al sonido de Rhapsody un aire más brutal. Extraordinaria rapidez del pre-coro, que da paso a la majestuosidad ya típica en esta banda italiana, que ya nos muestra que estamos en presencia de un disco distinto, donde hay una mayor experimentación y un giro hacia un sonido más extremo.

Lo que sigue es un tema glorioso, March of the Swordmaster, un himno de guerra, una marcha majestuosa, donde Fabio Lione se desdobla de su rol de cantante, y toma el rol de narrador, porque logra que al cerrar los ojos veas a nuestro héroe en busca del oscuro dios. Sin duda uno de los momentos épicos mejor logrado del disco, emocionante a rabiar.

Dijimos anteriormente que Rhapsody estaba evolucionando hacia un sonido más crudo, y eso queda de manifiesto en el siguiente corte, When Demons Awake, un tema brutal, rapidísimo, con unas líricas sangrientamente explícitas, donde la sangre y cadáveres son presenciados por el guerrero nórdico en una apocalíptica visión, con una línea musical que más se acerca a una propuesta black metal, que heavy metal, y que traza las líneas de lo que le depara a Rhapsody en el futuro. Recordemos que, terminada esta saga Rhapsody se embarca en un proyecto que según Turilli sonará más “black metal”, y éste es, sin duda, un pequeño adelanto. Extraordinaria también la forma en que Alex lleva el ritmo con los bombos en el solo de Staropoli. Es una banda, que funciona toda alrededor de la historia, y que logra crear una atmósfera emocionante, y a la vez brutal.

Y el carnaval de velocidad, virtuosismo, brutalidad y técnica no cesa. Agony is my Name, es otra prueba de esto, velocidad incesante, un intermedio coral en armonía con las guitarra maravilloso, con un Fabio Lione, que no me cansaré de decirlo, cumple su mejor performance en su carrera musical, con voces limpias mezcladas con gritos desgarradores (como los que mostró en Santiago), donde le saca el máximo provecho a su voz, sin intentar hacer cosas que, luego, le costará reproducir.

Es en este instante, cuando ha pasado más de medio disco, donde llegamos a un momento tan emocionante como bello. Lamento Eroico, es otra muestra más del sentido experimental del disco, ya que ésta es una bellísima balada interpretada íntegramente en italiano, con uno de los coros más lindos que me ha tocado escuchar (cabe señalar que no soy muy fanático de las baladas), y un final donde Lione despacha todo su caudal vocal en un final a lo tenor.

Un comienzo cinematográfico da inicio a la siguiente descarga, Steelgods of the Last Apocalypse, un tema que se enmarca dentro del concepto del disco, y que si bien es más “simple” (dentro de lo que en Rhapsody se puede denominar “simple”), pero que logra encender como cualquiera de los otros,. Destacable el solo a tres voces entre Luca, Alex y Dominique en el medio del tema.

The Pride of the Tyrant es otro excelente momento del disco, con un inicio que me recuerda un poco a “Stratosphere” de Stratovarius, pero que va decantando en un tema genial, donde vuelve a lucirse la espléndida voz de Fabio Lione, en uno de los más bellos coros que ha entregado esta banda itálica.

Pero el disco va llegando a su fin, la saga va llegando a su fin, y no puede ser de mejor forma, ya que el tema que cierra el disco merece un comentario aparte. Gargoyles, Angels of Darkness, es una obra en tres partes que narra los últimos días y el cruento final de esta heroica saga. Musicalmente es superior, con un inicio en guitarra clásica a cargo de Luca, que se transforma en un pesado riff, con un coro glorioso, como los que nos tiene acostumbrado Rhapsody y con una duración de 19 minutos, que no se hacen largos en lo absoluto, ya que el tema grandes variaciones, lo que hace que este tema sea una historia dentro de la historia. Se pasea por ritmos con aires latinos, con coros majestuosos, y con un solo sacado de un álbum de Yngwie Malmsteen a los 10 minutos, que sumados a la orquestación de a cargo de Alex crean una atmósfera gloriosa. El tema cuenta con un final extraordinario, donde luego de unas narraciones comienzan nuevamente los sonidos que abrieron el disco, y que nos señalan que la lucha no ha cesado y que podemos esperar una nueva saga. ¿Cuándo?, el tiempo lo dirá.

Como resumen podemos decir que éste se transformó en el mejor disco en la historia de Rhapsody, ya que logra su objetivo de transportarte a tierras milenarias, donde las composiciones son extraordinarias y donde no hay un minuto de respiro, ni tampoco momentos bajos; Turilli, Staropoli, Holzwarth y sobretodo Lione se lucen haciendo de este álbum una excelente obra épica, mágica….. sublime.

Es sabido que, de un tiempo a esta parte, la hegemonía y casi exclusividad germana y sueca del Power Metal en el contexto europeo comenzó a dejar de ser tal. Es así como en países como Finlandia, Italia y España comenzaron a surgir montones de bandas (algunas de ellas muy buenas), comenzando si bien no a discutir, por lo menos a amagar de cierta forma el “liderazgo” alemán y sueco dentro de la escena powermetalera. Y, puntualmente, en el caso de España, bandas como Avalanch, Tierra Santa o Mägo de Oz comenzaron a hacerse conocidas más allá de sus fronteras, mostrando que hacer buen Power Metal en español (y muy español) es posible.

Pero la que nos convoca es una banda española muy distinta. Primeramente, porque cantan en inglés. Y segundo, porque su sonido y su forma de componer dista de lo que hacen por ejemplo los españolísimos Mägo de Oz o los Maiden españoles, Tierra Santa. Y no estamos hablando de otra banda que Dark Moor. Estos jóvenes madrileños comenzaron su carrera hace ya algunos años, más precisamente en 1993, período no demasiado fructífero para la escena powermetalera europea, cuando Enrik “Quike” García y Javier Rubio, dos jóvenes guitarristas, planearon hacer buen metal en aquel inhóspito ambiente. Junto a Anan Kaddouri en el bajo y Jorge Sáez en la batería conforman la primera alineación medianamente sólida de Dark Moor. Pero algo faltaba. Enrik estaba agotado de hacer el papel de vocalista y guitarrista, por lo que es sustituido en las voces por Iván Urbistondo, quien saldría dentro de poco de la banda, ante lo cual la necesidad de un buen frontman se hacía evidente … pero lo que la banda no esperaba es que a la larga no tendrían frontman, sino “frontwoman”. En efecto, la llegada de Elisa a la banda (con su voz no tan “fina” o sofisticada como otras vocalistas, como Anneke van Giersbergen de The Gathering o Sharon den Adel de Within Temptation, sino bastante más agresiva y “metalera”) , junto con la salida, debido a algunas irreconciliables diferencias, de Javier (ingresando a ésta Albert Maroto), marcó el inicio de una nueva etapa. Así, y junto a la presencia de un tecladista (Guillermo, quien sería luego reemplazado por Rodrigo Peña de Camus, conformando el sexteto actual), Dark Moor grabó 2 discos, “Shadowland” en 1999 y “Hall Of The Olden Dreams” en el año 2000. Pero lo que realmente hizo que esta banda saltase enormemente y fuese mayormente conocida a nivel internacional fue el notable cover de “Halloween”, en el tributo a Helloween llamado “Keepers Of Jericho”, aclamado por el mismísimo Kai Hansen, quien calificó a la versión de Dark Moor como el mejor cover del disco.

Por todo lo anterior, el nuevo trabajo de esta banda, “The Gates Of Oblivion”, ha generado bastantes expectativas. Y vaya que han conseguido satisfacerlas, lanzando a la luz un disco completísimo, con un bonito artwork, con momentos que recuerdan al Helloween de los “Keepers”, otros a los finlandeses de Nightwish, e inclusive algunos toques en el estilo de Rhapsody, con muchas variantes, una sólida vocalización por parte de Elisa (aunque con algunos pequeños problemas con la pronunciación del inglés, pero que casi son irrelevantes para el nivel del disco), un sonido “de banda” y sobre todo con temas sencillamente notables.

El disco abre con “In The Heart Of Stone”, poderoso tema, que combina velocidad e intensidad con toques no muy rápidos (especialmente en la parte del coro) y especialmente con una sólida ejecución individual por parte de los guitarristas de la banda. El siguiente tema es “A New World”, que recuerda por momentos a “I’m Alive” de Helloween, explotando una veta más rápida que en tema anterior, con una cantidad de matices y detalles que lo hacen muy interesante. “The Gates Of Oblivion” es una especie de intro instrumental para “Nevermore”, un tema con un comienzo muy Nightwish, que deriva en una onda quizás un poco progresiva, rompiendo con el esquema de “alternancia” entre rapidez y calma que vimos en los primeros temas. El disco prosigue con “Starsmaker (Elbereth)”, que comienza con un ritmo mid-tempo similar a los singles de Gamma Ray, pero con mucha mayor intensidad y emotividad (notable Elisa en este aspecto), para dar paso a un coro espectacular y un lucimiento individual de los guitarristas simplemente notable, en lo que es uno de los puntos más altos de este trabajo. “Mist In The Twilight” nos conduce a “By The Strange Path Of Destiny”, tema que comienza con un ritmo muy Nightwish, para posteriormente matizarlo con un sonido poderoso y un excelente coro (muy powermetalero, gran trabajo del baterista), con un solo espectacular y un final perfecto.

“The Night Of The Age” es el siguiente tema, rápido, y perfectamente ejecutado, sin mostrar algo distinto a lo que hemos visto, con todo lo que ello implica, es decir, todos los temas son muy buenos, pero a veces hace falta un “quiebre”, que rompa lo predecible que un trabajo puede llegar a ser. Y el ansiado “quiebre” llega con “Your Symphony”, una muy linda balada, que cuenta con una perfecta vocalización de Elisa, aderezada por el sonido de flautas, lo que genera una atmósfera muy agradable. “The Citadel Of The Light” es un agradable interludio para llegar a “A Truth For Me”, tema que se inicia con un sonido muy Rhapsody y que cuenta con muchos matices (y nuevamente un nivel notable de las guitarras) que lo convierten en un excelente tema. Y para terminar, el broche de oro: “Dies-Irae (Amadeus)”, una espectacular y majestuosa adaptación powermetalera de once minutos del “Requiem” de Wolfgang Amadeus Mozart, en lo que debe ser el mejor tema de la trayectoria de esta joven banda española, mostrando virtuosismo individual y afiatamiento colectivo para crear una masterpiece, que le da un toque de distinción a este trabajo.

En resumen, esta banda ha dejado de ser una promesa, para llegar a ser una realidad, convirtiéndose, quizás, en la banda española con mayor proyección a nivel mundial (sobre todo a nivel anglo). El plus que proporciona la voz de Elisa, junto a la calidad individual de sus integrantes (especialmente los guitarristas), y, por sobre todo, un alto grado de “trabajo de equipo” -que se nota mucho en el producto final-, hacen que esta banda esté obteniendo el reconocimiento que merece . Este trabajo, sin dudas el mejor de Dark Moor, marca un gran paso para la llegada de esta joven banda al olimpo del Power Metal europeo.

El guitarrista finlandés Timo Tolkki, líder de Stratovarius, ha decidido aprovechar el tiempo en el cual su banda se encuentra en receso, y concretar un viejo anhelo: grabar un disco solista, muy personal, muy “honesto”, alejado de las limitaciones que en teoría el metal impone. Es necesario recordar que hace algunos años, más precisamente en 1997, Tolkki grabó “Classical Variations and Themes”, disco solista (bastante débil) que cuenta, como el título bien lo señala, con variaciones (no muy pronunciadas, por lo demás) de melodías conocidas, como por ejemplo del Concierto de Aranjuez del compositor español Joaquín Rodrigo y de la conocida “Greensleeves”, así como con temas propios que por momentos recuerdan al Stratovarius antiguo, aunque sin brillo.

Pero “Hymn To Life”, su segundo trabajo como solista, es algo total y absolutamente diferente. No es para nada un disco de Metal. Según el propio Tolkki, quien en este trabajo canta, toca la guitarra, el bajo e incluso los teclados, “necesitaba hacer este disco, escribir estas canciones tan personales”. Y es de alguna manera comprensible, pues después de mucho tiempo al ritmo de “un disco por año” con Stratovarius, siendo el mismo Tolkki el principal y casi único compositor, se provoca un notorio agotamiento compositivo, que incluso en el mismo Stratovarius puede apreciarse (tanto “Destiny” como “Infinite” distan de la brillantez de la época de “Episode” o “Visions”). Por todo ello, Tolkki consideró como una “necesidad del alma” el grabar este disco, que, reitero, no es para nada de metal, que líricamente es muy demostrativo de los pensamientos y sentimientos de Tolkki, pero que musicalmente deja bastante que desear, no sólo por el hecho de que no sea de Metal, sino porque aun con una mente muy abierta, no se aprecia un gran nivel compositivo ni de ejecución por parte de Tolkki y su “banda”.

El “Intro” (así titulado), que mezcla el canto de pajaritos con un grito a lo Tom Araya (de Slayer), nos lleva a “Key To The Universe”, un lento y muy bonito tema, que cuenta con la inigualable voz de Michael Kiske (en un grandioso nivel, como siempre), y que llega a ser de lo más emotivo y rescatable del disco, a pesar de la ingenuidad de sus letras. El disco continúa con “Now I Understand”, que narra las sensaciones de Tolkki después de ir a un sicoterapeuta, y que puede resultar interesante y entretenido, a pesar de la débil vocalización de Tolkki. El siguiente tema es “Divine”, que si bien cae en cierta monotonía posee ciertos matices interesantes, especialmente en la parte final, con un sonido un poco más pesado e intenso respecto al resto del disco. El disco prosigue con “Little Boy – I Miss You”, tema que líricamente es muy bonito, siendo una especie de carta que Tolkki se escribe a sí mismo a la edad de 10 años, comparando sus sensaciones a esa edad con lo que es ahora … pero musicalmente es un tema lento bastante insípido, y que a la larga aburre. Luego viene “I Believe”, tema con pinceladas rockeras, un poco más entretenido y “alegre” que el tema anterior, bastante soft y a la larga digerible. El disco continúa con “Are You The One”, que cuenta con la maravillosa voz de Sharon Den Adel, vocalista de Within Temptation (a quien además podemos ver en “Farewell”, de Avantasia), lo cual le da emoción y belleza a un tema que sin su presencia habría resultado aburridísimo.

El disco prosigue con “Father”, tema que Tolkki dedica a su padre (quien se suicidó cuando Tolkki tenía sólo 13 años), y que da cuenta de una serie de emociones encontradas, cayendo incluso en cierto rencor (“you killed my innocence!”). Musicalmente, el tema es bastante extraño, con Tolkki cantando en gran parte del tema como Tom Araya en el “Undisputed Attitude” de Slayer, para luego pasar a un momento bonito y sentido … cabe señalar que este tema cae en una notable monotonía después de escucharlo por primera vez (en la cual llama poderosamente la atención). El siguiente tema es “Fresh Blue Water”, tema que, al igual que su título, es bastante refrescante, aunque cae un poco en la onda de Oasis o bandas por el estilo, aunque no aburre tanto como algunos de los temas anteriores. El disco continúa con “Dear God”, uno de los buenos temas del disco, que a pesar de ser lento y no contar con una vocalización de calidad por parte de Tolkki, es melódicamente agradable, y por momentos posee algo de fuerza, de la cual carece casi todo el disco. Ya acercándonos al final nos encontramos con “It’s Xmas Morning”, un tema bastante aburrido, con muy poco de rescatable y con una melodía muy pobre … en todo caso, pasada la mitad del tema se encuentran pequeños momentos agradables, los cuales no alcanzan a salvar este soporífero tema. Si en un disco de metal encontráramos el título del siguiente y último tema, “Hymn To Life”, seguramente pensaríamos que es un tema Power, con matices, extenso y “victorioso” … pero hay que recordar que se trata del disco solista de Timo Tolkki, y por ello, en vez de encontrar todo lo anteriormente mencionado, nos encontramos con un tema lento, aburrido como pocos, y que más encima dura poco menos de 12 minutos, de los cuales al menos 3 o 4 no consisten en otra cosa que un señor dándonos un discurso de cómo debemos afrontar la vida, parecido al intro de Winston Churchill en “Live After Death” de Iron Maiden, pero en algo así como una “extended and boring version”.

En resumen, es un disco absolutamente prescindible. Quizás ni los más fanáticos de Stratovarius puedan entenderlo, pues se trata de algo total y absolutamente alejado del tipo de música con la cual Stratovarius nos ha deleitado durante más de 12 años de carrera. Sin embargo, existen ciertas cosas rescatables, como la eternamente fantástica voz de Michael Kiske, la preciosa voz de Sharon Den Adel, y la emotividad de las letras de algunas canciones. Pero siendo objetivos y medianamente exigentes, este disco está lejos, muy lejos, de marcar algún tipo de hito en la historia del rock.

Esta prometedora banda finlandesa, nace en 1996 cuando su actual vocalista Petri Lindroos y actual batero Toni Hallio deciden, estando en el colegio, hacer una banda de metal…en aquel entonces se llamaban Requiem.

El tiempo pasa, la necesaria etapa de maduración, soledad y falta de recursos que impone el metal como prueba iniciática a todos los músicos que deciden tomar este complicado camino, termina cuando firman con el prestigioso sello Spinefarm (Nightwish, CoB) y pueden grabar su primer trabajo “Dreams of endless war” el 2001.

Entre medio del largo camino que recorren antes de llegar a Spinefarm, surje como ayuda la mano de Alexander Kuoppala (CoB) quien les aconseja sobre salas de ensayo y temas similares más operativos….además se podría inferir que la banda no sólo toma consejos en el ámbito de insumos….también en la música, porque Norther es en cuanto a sonido, definitivamente de la “escuela Children of Bodom”, una especie de heavy/power mezclado con voces black metal, todo matizado en cuanto a sonidos con el sello moderno del metal del nuevo milenio.

¿Pero qué diferencia a Norther de CoB? El concepto tras la letras…esto algo absolutamente distinto…esta es una banda épica! Claro está, Norther es cercana a la idea del True Metal, pero no con motivos del corte épico-histórico, si no más bien describen en todos los temas de “Dreams of endless war”, y de forma conceptual, una lucha iniciática personal contra los arquetipos de los tiempos oscuros que vivimos, esto es a veces algo mucho más guerrero que narrar sucesos históricos de batallas…no puedo dejar de comentar que las letras de Norther me parecieron tremendamente interesantes, esperaré con altas expectativas el siguiente trabajo de estos nórdicos.

Vamos al álbum:

Darkest Time: no es una intro, es un tema directo al hueso, melódico y potente a la vez, muestra una banda muy afiatada que suena muy bien en su conjunto, los solos de guitarra están muy bien logrados, la voz se muestra sólida y la batería aunque no suena tan potente como en la banda referente más cercana (CoB), está muy bien ecualizada, es uno de los grandes temas del disco.

Last Breath es una canción más lenta, más heavy, con mucha fuerza….las guitarras se sincronizan muy bien en sus armonías; no hay quiebres de tiempos pero no por eso se pierde el interés durante la ejecución…

Las guitarras de Released, el siguiente track, son muy black metal….rasgueando acordes de pocas notas de forma intensa y oscura…en ciertos pasajes se sigue la voz con la guitarra en las mismas melodías, para luego sentir una batería marcar de forma casi obsesiva los tiempos….a estas alturas se nota que esta banda tiene química, hay algo que la hace sólida, interesante.

Endless War también tiene muchos aires de black, pero con Victorious One vuelven las estructuras más heavy power, que hacen que este review lo hallamos publicado acá y no en la darkmetal.cl, aunque igual esto seria tema de un interesante debate! En fin, este track tiene sus sorpresas, sus matices, pero señala bien el punto que esta banda debe superar para mejorar en el siguiente álbum, y es una cierta monotonía que se aprecia entre las composiciones; más recursos no vendrían nada de mal, quizá un bajo más agresivo, etc, esto a modo de consejo, porque globalmente el trabajo es muy bueno para ser debut.

Nothing left es para mí el punto más alto del álbum, tiene muchos elementos muy interesantes….el comienzo muestra una coordinación notable entre guitarras y sintetizador, luego los acordes rasgueados, la voz acompañada en melodía, los arreglos en escalas mayores, etc etc gran tema y para todos los gustos exigentes incluso.

A continuación, una especie de clavicordio sintético da comienzo junto a unos arpegios apañados, al penúltimo tema del álbum pero último tema propio de Norther en este trabajo: The last night, que no aporta nada mejor ni peor al álbum, y aunque tiene un quiebre en la métrica drástico y bien logrado, no convence del todo y define bien lo que esta banda debe mejorar.

Para cerrar, los acordes del sintetizador del último tema me recuerdan nítidamente el ya lejano 1987, cuando una banda sueca de, ¿cómo podríamos definirla ahora? Pop-rock-metal? llamada Europe batía récords en todo el mundo con el tema “The final contdown”… estos temas antiguos y más suaves, grabados con voces desgarradas no me convencen para nada y creo que si bien está bien ejecutada la versión, no aporta nada en el álbum, y no es sólida como final….sin embargo, por otra parte, muestra claramente que los metaleros europeos son muy sinceros a la hora de reconocer sus influencias melódicas y del pop en su formación, lo que no está bien ni está mal, sencillamente está, y eso es lo auténtico….mensaje para todos los cerrados que se quedaron en los 80´s….

Este álbum carece de matices y diversidad, pero no por eso deja de ser muy bueno, en especial por ser debut; Norther promete mucho y esperamos que la influencia épica siga creciendo en Europa….y en Sudamérica también! Ya que sus recursos son ilimitados, y como lo afirma Manowar, este el True Metal.

Un periodista de la revista Rock Brigade le pregunto hace poco a Chris Boltendahl cuál era el momento que definiría como el mejor en la carrera de la banda, después de más de 20 años de trayectoria, a lo que el líder de Grave Digger contestó: “cuando tocamos en la última versión de Wacken Open Air”.

Creámosle. El 2000 y principios del 2001 fueron particularmente difíciles para el grupo. El que había sido la guitarra de Grave Digger desde 1986, Uwe Lulis, rompió relaciones a causa de diferencias musicales que trastocaron el ámbito personal. Tras su desvinculación, Lulis llegó a los tribunales de justicia para reclamar los derechos sobre el nombre de la banda. Incluso, el guitarrista había anunciado en Internet toda una nueva formación, -en la cual se contaba al también ex Grave Digger, el bajista Tomi Göttlich, con el consiguiente despido de todo el resto de la alineación actual, Boltendahl incluido (¿?) “¿Con qué derecho? -se preguntaba el cantante-, ¡si Uwe no participó en ninguno de los tres primeros discos!”.

Afortunadamente y después de muchos malos ratos, Boltendahl se quedó con el nombre, contrató los servicios del guitarrista Manni Schmidt (ex Rage), y Grave Digger comenzó de nuevo. Y reitero que debemos creerle a Chris cuando dice que su actuación en W: O: A 2001 es lo mejor que el quinteto ha hecho hasta la fecha, porque fue una verdadera catarsis luego de los oscuros meses que vivieron después del lanzamiento de Excalibur (1999), el último trabajo con Uwe.

“¡Fue una locura!”, calificó Uncle Reaper su experiencia en Wacken del año pasado. No es para menos, 30 mil fanáticos se juntaron en el marco del festival de metal más grande de Europa de estos días para ver el espectáculo, de entre otras tantas bandas, de los alemanes Grave Digger. Boltendahl y compañía sabían que era un momento muy especial para el grupo y darían lo mejor de sí para demostrar que habían salido más fuertes que nunca de la tormenta.

Tunes Of Wacken es el primer álbum oficial en vivo de Grave Digger, el único en más de veinte años de vida, pedido a gritos por sus seguidores desde hace mucho tiempo, como bien comprenderán. El peso de la trayectoria hacía indispensable la salida de este trabajo. “¡Por fin!”, debieron haber exclamado los fans después del lanzamiento.

Podría haberse pensado que las dificultades recientes mellarían la potencia del live performance de estos teutones, pero ¡¿QUÉ VÁ?! El show es un feroz martilleo de Heavy Metal de principio a fin, que no para ni siquiera en The Ballad Of Mary (Queen Of Scots). La sencillez de los temas a los cuales Grave Digger nos tiene acostumbrados permite que la banda se desenvuelva con soltura en escenario y se entretenga, irradie esa energía al público e interprete lo que hace en el estudio con exactitud, con lo cual logran una alta credibilidad musical en sus actuaciones. El nuevo integrante, Manni Schmidt, se adentra formidablemente en el espíritu “diggeriano”, tanto así que pareciera que los temas hubiesen salido de su guitarra siempre. “NO -señala Chris-, nadie se acuerda de Uwe, ni los fanáticos ni nosotros”.

El set list del concierto se basa en la llamada Trilogía Épica de Grave Digger, Tunes Of War (1996), Knights Of The Cross (1998) y Excalibur (1999), pero principalmente en el primero de los nombrados, producción considerada por muchos como la mejor del grupo. Cinco de las trece pistas corresponden a ese álbum: la intro, Scotland United, la “maidenesca” The Dark Of The Sun, The Ballad Of Mary -con arreglos de batería- y el punto más alto del show, Rebellion (The Clans Are Marching), la canción más emblemática de Grave Digger.

Junto con los temas de la Trilogía, aparece también The Reaper, del disco con el mismo nombre (1993), el single de Heart Of Darkness (1995), Circle Of Witches y, como broche de oro, la canción que se ha transformado en el himno de la banda y en corte de culto para de los fanáticos del Metal Alemán, Heavy Metal Breakdown, segundo tema del disco debut, por allá en 1984. A gusto personal, me habría encantado escuchar Back To The Roots (Symphony Of Death EP, 1994), Witch Hunter (1985) o más material de los años 80.

Pero, no por feliz coincidencia, Tunes Of Wacken termina con las tonadas mejor ponderadas de Grave Digger. Ellos sabían cuáles eran, las juntaron, las tocaron y no dejaron a ninguna alma viva en la audiencia: Lionheart, Morgane Le Fay, Knights Of The Cross, Rebellion y Heavy Metal Breakdown. Todo un acierto por parte de Boltendahl para lograr que este trabajo se transformase en un gran disco en vivo. Existe una versión DVD/VHS del concierto para quienes quieran presenciarlo también con imágenes.

Tunes Of Wacken es el mejor momento de los veteranos Grave Digger, llevado a un pedazo de plástico plateado con forma circular. La selección de los temas, la energía de la banda en vivo, el marco de Wacken Open Air, la vasta trayectoria y madurez alcanzada por estos cinco músicos, hacen de Tunes Of Wacken un muy buen álbum, de lo mejor que ha hecho un conjunto de Heavy Metal Alemán (entiéndase Sinner, Rage, Running Wild, etc.) en los últimos años en materia de placas en vivo. Hay que hacerle caso a los que saben, y Chris Boltendahl es uno de ellos. La espera valió la pena, ¿o no?

TRACK LIST
1. Intro – (Tunes Of War)
2. Scotland United – (Tunes Of War)
3. The Dark Of The Sun – (Tunes Of War)
4. The Reaper – (The Reaper)
5. The Roundtable (Forever) – (Excalibur)
6. Excalibur – (Excalibur)
7. Circle Of Witches – (Heart Of Darkness)
8. The Ballad Of Mary (Queen Of Scots) – (Tunes Of War)
9. Lionheart – (Knights Of The Cross)
10. Morgane Le Fay – (Excalibur)
11. Knights Of The Cross – (Knights Of The Cross)
12. Rebellion (The Clans Are Marching) – (Tunes Of War)
13. Heavy Metal Breakdown – (Heavy Metal Breakdown)

La madre patria vuelve a sorprendernos. Podemos señalar con propiedad que el 2001 fue un año prolífico para España en lo que a heavy metal se refiere. Mago de Oz y su espectacular “Finisterra”, Avalanch y su “Ángel caído” y Ankhara con su disco homónimo son una buena muestra de este recambio generacional en la escena hispana, que en estos momentos es mucho más que Ángeles del Infierno o Barón Rojo, bandas señeras de la movida peninsular.

Dentro de este contexto, Tierra Santa nos presenta un disco notable. Con un recorrido que le dan sus más de cinco años de trayectoria, esta banda española nos muestra lo mejor de su carrera, con su particular estilo que los ha llevado a ganarse el título de los Iron Maiden españoles. La obra que nos convoca es Sangre de Reyes, su cuarto disco.

Una suave introducción en piano y órgano, al que paulatinamente se le van agregando bajo y guitarra, en una onda inevitablemente doncellezca, dan paso a su primera descarga épica: David y el Gigante basada, claro está en la historia de David y Goliat y nos dan una primera señal de lo que será este disco: grandes coros, letras sencillas pero llenas de historia, poder y leyenda.

El segundo corte del disco, La Ciudad Secreta, comienza con una introducción que recuerda los primeros momentos del heavy metal europeo de comienzos de los ’80, con un buen (aunque no deslumbrante) trabajo vocal de Arturo.

El disco sigue con Pegazo, un tema de velocidad imparable, con un poderoso riff y estrofa, similar (nuevamente) a Maiden, de la época del Powerslave. A esta altura no hay duda que estamos en presencia de un trabajo con esencia de clásico. Notable trabajo de la dupla de guitarristas Arturo (que también canta y Ángel

Juana de Arco, es otro tema excelentemente logrado, más suave, pero no por ello menos poderoso, donde, por lo demás estamos en presencia de letras con contenido histórico, alejándose de los típicos lugares comunes en que suelen caer este tipo de bandas últimamente, llámese castillos encantados, dragones o princesas, lo que si bien no está mal, ya que la imaginación da para mucho, a la larga se hace repetitivo y monotemático. Sin duda otro temazo con un coro desbordante de pasión, que quedará, sin duda, grabado en tu inconsciente.

Y la sucesión de temas de gran factura no cesa, La Sombra de la Bestia, es quizás el tema más comercial del disco, con estampa de sinle, pero que sin embargo atrapa.

Dos Vidas sigue y da una pausa, un tema lento, bello y bastante agradable al oído ya que no es de las típicas “power ballads” bastante aburridas en su mayoría. Un agradable respiro que sin embargo tiene su fin. La Armada Invencible es otro de los puntos altos del disco un tema rapidísimo con un extraordinario trabajo armónico de las guitarras. Notable.

A esta altura del disco podemos notar que Tierra Santa es una gran banda, que si bien no está dentro de lo que se puede llamar “banda virtuosa” es bastante compacta. Ningún integrante sobresale, sin embargo cuentan con un gran sentido de “banda” donde todos destacan, pero a la vez nadie brilla, todo en su justa medida, lo que lo hace sonar afiatado.

El Laberinto del Minotauro, un tema más tranquilo, que nuevamente muestra la grandeza lírica de Tierra Santa apelando a leyendas e historias da paso a lo que según mi parecer es el tema más bajo del disco, El Amor de mi Vida, una típica balada melosa, que no aporta mucho al disco y que perfectamente pudo ser obviada ya que no sobresale ni musical ni líricamente, bastante más pobre que el resto del disco.

Pero el cierre del disco es notable. Tanto Mi Tierra como Sangre de Reyes son temas excepcionales, de gran factura, que demuestran que Tierra Santa está en un gran momento de su carrera con su característico estilo que los ha llevado a salir de sus fronteras a pesar del límite natural del idioma.

En suma, un disco fantástico, que indica que las cosas simples son más efectivas que efectistas. Tierra Santa no apela a recursos manidos, a parafernalia musical. Es directo, al grano, y eso se valora y a la larga da frutos, como éste, sin duda el mejor trabajo de la carrera de Tierra Santa

Después de salvar al Universo tras la llegada del nuevo milenio, los poderosos e inmisericordiosos metalians están de vuelta el 2002 con una nueva producción, el tercer episodio denominado Hero-Nation Chapter Three.

Metalium tiene la fama y peso de haber entregado dos trabajos de sobresaliente calidad en el pasado: Millennium Metal (1999) y State Of Triumph (2000). La banda tuvo un meteórico ascenso en la escena metalera y dio forma, junto con Primal Fear entre otros conjuntos, a la “Generación Painkiller”, llamada así por la notoria influencia de Judas Priest en estas nuevas agrupaciones alemanas. Metalium se tomó por asalto a Europa con su poderoso estilo, guitarras sucias, demoledora batería, impresionante sonido y ritmo del bajo por parte del cerebro del grupo, Lars Ratz, y la más increíble voz en la línea de Kiske del recién llegado al negocio, Henning Basse. Es fácil deducir que la vara había quedado muy alta.

Este tercer capítulo describe una evolución en la música de Metalium, el cambio más radical que ha experimentado hasta la fecha. Hero Nation es un juego de palabras que une hero y reincarnation para dar testimonio de qué trata la historia del álbum, la reencarnación del espíritu del Metalian –protagonista de las anteriores sagas– en seres humanos que cambiaron el orden cósmico en distintas culturas, civilizaciones, lugares y épocas, sean héroes o villanos, idolatrados u odiados. El Cid Campeador, Juana de Arco, Odiseo, Francisco Pizarro y Rasputín, los héroes nunca mueren es la moraleja.

Pero refirámonos a la música, lo controversial de Hero-Nation… Sí, en comparación con los álbumnes anteriores, las canciones son más melódicas, con coros en tonos mayores y dirigidas por ese rápido juego de doble bombo y caja característico del estilo, es decir, himnos Power Metal. Esta fórmula se repite en la mayoría de los temas del disco, con la excepción de Odin’s Spell, Accused To Be A Witch, Fate Conquered The Power y la balada donde Basse hace dúo con la soprano Carolin Fortenbacher, Infinite Love.

Pero sólo al llegar a la mitad del disco, uno se empieza a preguntar dónde quedó la potencia de antaño, qué pasó con el sonido de la batería –débil presencia del doble bombo– y adónde se fue el omnipresente bajo de Ratz. Hasta las guitarras perdieron esa suciedad y carácter en los solos. Tal fue mi impresión que revisé la carátula y el CD para cerciorarme de que en realidad estaba escuchando Metalium. Pero la impresionante voz Henning Basse, a mi juicio, uno de los mejores cantantes de Alemania, sigue tan espectacular como siempre.

Las canciones son parejas pero no se pueden comparar con los bombásticos temas llenos de adrenalina a los que nos tenían acostumbrados, ninguno de ellos. Revenge Of Tizona y Throne In The Sky se acercan, pero sólo eso. Mientras más veces escucho Hero-Nation, más echo de menos sensacionales canciones como Fight, Dream Of Doom o Inner Sight. Así, todos estos elementos hacen que nos topemos ante un disco típico de Power Metal, común y corriente, nada del otro mundo como lo son los escenarios de batalla del Metalian descritos en los primeros capítulos.

Cabe hablar de la participación de Don Airley en los teclados, músico invitado para la producción de Hero-Nation quien ha participado en bandas legendarias como Rainbow, White Snake, Black Sabbath y Ozzy nada menos.

Hay que destacar el excelente cover Heart Of The Tiger, versión arreglada con Metalium –según la historia, poderoso elíxir que da fuerza e inmortalidad al Metalian– de la composición del pianista concertista Illiad Scherony (al menos así se pronuncia, disculpen la inexactitud). Además, el bonus disc contiene una sensacional pista multimedia que incluye una reseña del álbum, referencia de los miembros de la banda y músicos invitados, discografía, wallpapers y protectores de pantalla, video en vivo del tema Fight y vínculos web, entre otras cosas. En ese mismo CD se pueden encontrar dos cortes en directo: Dream Of Doom (temazo) y Smoke On The Water.

Al final, a pesar de la notable producción, “yapas” y demases, Hero-Nation me decepcionó. El cambio, más que un avance, muestra un retroceso hacia un sonido más convencional y común. Las canciones son buenas, pero no para el potencial y talla de Metalium. Disculpen la majadería, pero con los dos capítulos anteriores, este grupo se llamaba METALIUM (nótense las mayúsculas). Ahora, con el tercero, pasan a ser Metalium, un grupo de Power Metal más. Pero recuerden… Heroes never gonna die!!

A Night At The Opera ha sido el álbum de Power/Heavy Metal más esperado de los últimos años, lo digo sin temor a equivocarme. La suprema calidad de Nightfall In Middle Earth (1998), el largo periodo de tiempo que se toma Blind Guardian para entregar sus trabajos y el retraso particular que ha sufrido el lanzamiento del nuevo disco no han hecho más que elevar las expectativas de los fanáticos a niveles estratosféricos. Cuántas veces hemos tratado de imaginar lo que iríamos a escuchar en A Night At The Opera, cuántas portadas le hemos dibujado en nuestra mente –y cuántas veces nos hemos imaginado a Hansi cantando en el Teatro Providencia. Antes de que viera la luz, este Lp ya ocupaba un espacio en nuestro pensamiento.

Es por eso que el corazón se me aceleró cuando abrí la caja e inserté el CD en la radio. El momento esperado por tanto tiempo por fin había llegado. No obstante, al terminar la última canción, de inmediato me di cuenta que tendría que escuchar el álbum muchas veces más para descubrir lo que tenía dentro. Era demasiado como para tomarlo a la ligera.

La portada, en donde se ilustra una desordenada orquesta compuesta por un sinnúmero de criaturas con los más diversos instrumentos, advierte ante qué estamos: una impensada cantidad de cuerdas, percusiones, arreglos orquestales y corales que, a pesar de la delgada línea entre el éxito y el fracaso, logran ser entregadas en forma impecable y al unísono. De hecho, con todos los arreglos que encontramos en el álbum, a bandas como Gamma Ray o Grave Digger les hubiera alcanzado material suficiente para grabar cuatro o cinco discos, así de denso y compacto. No por nada los bardos se encerraron a trabajar junto con el productor Charlie Bauerfeind en los estudios Twilight Hall IV entre Octubre del 2000 y diciembre del 2001 para dar forma a este monstruoso proyecto.

Pasada la confusión inicial y después de escucharlo una y otra vez, comprendí que me encontraba ante una obra maestra de incalculable valor donde se redefinen conceptos tan recurrentes dentro del Power Metal como lo son la sofisticación y lo épico, muy bien acabado, preciosista y perfecto. En comparación con LPs anteriores, A Night At The Opera no posee el carisma de Imaginations From The Other Side (1995) ni la magia de Nightfall In Middle Earth, sino una identidad particular que lo hace ser un álbum único en su especie, nunca escuchado ni siquiera imaginado, ya que, a mi parecer, NINGUNA banda de metal épico ha logrado alcanzar los niveles a los que Blind Guardian llega con este disco.

Eso se debe al simplemente fenomenal trabajo de Hansi Kürsch en las voces. Haciéndole honor al título del álbum, logra transmitir un ambiente virtualmente operático gracias a los majestuosos coros que imprime en los temas. También por la primera guitarra de André Olbrich, con ese estilo de interpretar los lead breaks que ha transformado en su sello personal. Ayuda además el nuevo sonido que Thomen Stauch aplica a su batería, más moderno y menos “thrashero”,  y complementa con dulces toques de percusión. Y la base rítmica a cargo de Marcus Siepen –guitarra– y Oliver Holzwarth –bajo– es maravillosamente complementada por los teclados y orquestaciones, no al revés.

Sin embargo,  la excelencia del álbum se debe más que nada al valor en sí de cada una de las canciones. Ante un trabajo con composiciones de tal calidad –y cantidad de ella, toda palabra queda corta para describirlas. Si esperaba que en A Night At The Opera aparecieran canciones como Bright Eyes o The Last Candle, después de escucharlo varias veces, todo deseo de que la banda mirara hacia atrás desapareció por completo. Temas como Precious Jerusalem y Wait For An Answer, el inspirador coro de Under The Ice, el pegajoso riff de Sadly Sings Destiny, la poderosa Punishment Divine, la furiosa puesta en escena de Battlefield y mucho más… ¿cómo no quedar indiferente ante todo aquello? No hace falta referirse al And Then There Was Silence, tema de largo aliento que va directo a convertirse en un clásico del metal épico.

Con respecto a la temática de A Night At The Opera, a diferencia de Nitghtfall…, no existe un concepto que una a todas las canciones, pero es posible encontrar algunas pistas conectadas por un tema en común. Ese es el caso de Precious Jerusalem,  Sadly Sings Destiny y Punishment Divine, donde se habla de hechos bíblicos y religión. Asimismo, And Then There Was Silence y Under The Ice están basadas en la epopeya La Iliada de Homero.

Otros temas a los que Hansi recurrió esta vez fueron acerca de Galileo Galilei y su encuentro con el Santo Oficio a causa de sus descubrimientos científicos (Age Of False Innocence), oscuridad y desesperanza (Wait For an Answer) y la dolorosa distancia entre un trovador y su amada, The Maiden And The Minstrel Knight, claramente una canción romántica. Tampoco se olvidó de su inigualable estilo para referirse a lo épico: Battlefield y The SoulForged, esta última basada en la saga Dragonlance.

Ya que estamos hablando del trabajo letrístico, Hansi, a pesar de su reconocido talento a la hora de versar, cae en lo que se podrían llamar “muletillas”. It’s gone, pain, lost, forevermore, end, son algunas de aquellas palabras que se pueden encontrar repetidas a lo largo del disco. Además, varios de los tópicos mencionados ya los había utilizado en Imaginations From The Other Side. Por ejemplo, en Another Holy War y The Script For My Requiem se habla de religión en términos similares, Wait For An Answer posee la misma idea de Bright Eyes y And The Story Ends, mientras que Battlefield caracteriza la pugna hijo v/s padre que se muestra en Mordred’s Song, aunque en diferentes contextos. En conclusión, las letras son tanto o más sensibles y emotivas que las del pasado, pero Hansi no quiso innovar mayormente.

Por último, la edición NEMS de A Night At The Opera contiene el bonus track La Cosecha Del Dolor, versión castellanizada de la balada Harvest Of Sorrow, la cual se encuentra en el single And Then There Was Silence. Aquí Hansi, con una pronunciación poco afortunada, hace dúo con la voz que se escucha en Magos, Espadas y Rosas (1990) de Rata Blanca, Adrián Barilari. Harvest Of Sorrow también fue grabada en varios otros idiomas y las versiones serán incluidas como bono en aquellos países donde se hable la lengua.

Ahora bien, existirá un número de personas que se sentirá desencantada con el nuevo disco por varias razones: que Blind Guardian perdió poder, que es muy parafernálico, que carece de concepto general, que las guitarras pasaron a un segundo plano y otras cosas. Habrá gente que hubiera preferido escuchar algo similar a Somewhere Far Beyond (1992) o algo como relato de El Silmarillion en Nightfall In Middle Earth. A esas personas les digo que, al menos en lo que la música concierne, Blind Guardian nunca se ha caracterizado por repetir lo hecho en el pasado. De esta forma, la banda ha logrado que todos sus discos sean distintos y tengan una estampa única. Cualquier intento entonces de recapitular lo impreso en Somewhere… o repetir la fórmula de Nightfall… significaría un retroceso en la carrera musical de esta ya veterana banda germana que está más vigente que nunca gracias a su capacidad de sorprender e impactar  a sus fanáticos cada vez que se lo proponen.

A final de cuentas, A Night At The Opera es un álbum adelantado a nuestra época, tanto así que pasará algún tiempo antes de que podamos valorizarlo en su totalidad. Y cuando lo comprendamos al fin, Blind Guardian nos entregará otra obra para que nos volvamos a preguntar hasta dónde son capaces de llegar. ¡Gracias Blind Guardian!

Partamos desde cero. Hoy existe un estilo de Heavy Metal agresivo que se caracteriza por presentar una potente guitarra rítmica acompañada con exactitud y rigurosidad por un acelerado doble bombo de batería… todo, seguido por unas ásperas cuerdas vocales, aún así melódicas. Uno de los exponentes más representativos de esta corriente es Iced Earth. Otros, más sofisticados y técnicos, los también norteamericanos Nevermore. Pero Europa no se ha quedado con los brazos cruzados y ha dado vida a bandas de línea similar: los alemanes Angel Dust son un muy buen ejemplo.

Angel Dust inició su carrera a mediados de los ochenta y lanzan dos discos, Into The Dark Past y To Dust You Will Decay, antes de que se retirara de forma indefinida de los escenarios en 1989. Pasaron los años hasta que el bajista Frank Banx, junto con el batero Dirk Assmuth, recluta a Bernd Aufermann en las guitarras, al cantante Dirk Thurisch y a Steven Banx para los teclados y decide desempolvar el ángel y resucitar al grupo. Así, el nuevo Angel Dust “debuta” con Border Of Reality en 1998, al año siguiente sacan Bleed y el 2000, el espectacular Enlighten The Darkness, álbum que relata el auge, apogeo y caída del nacionalsocialismo según la visión de su líder, Adolfo Hitler, y un puñado de jóvenes soldados alemanes.

Ahora, en el 2002 y tras la partida de Bernd Aufermann nada menos que a Running Wild, Angel Dust lanza su último trabajo llamado Of Human Bondage. Pero, para entender el “por qué” y “cómo” de su música, hay que primero referirse a su concepto y letras.

Este es un álbum esencialmente humano, no de lo cotidiano como lo hace Sonata Arctica, sino en un plano más decadente, oscuro y pesimista, por no decir mísero. De eso da cuenta el título Of Human Bondage: De la Atadura Humana, De La Limitación del Hombre, De la Cárcel del Alma, mejor se entiende. Las letras denuncian un vacío existencial, vidas sin rumbo, sin creencias ni valores por los qué morir… aun así, el hombre lucha por ideales inalcanzables… de ahí su condena. Se cuestiona la existencia de sus sentimientos más profundos como el amor, mientras que el odio, temor y sufrimiento se adueñan de su espíritu. Seem’s I’m back in a loveless world, Hatred chains our thoughts, We praise our Lord in heaven… but all our deeds are by blood and fire, Pathetics words won’t rescue me (refiriéndose al amor), o un simple pero directo I HATE YOU, son algunas de las tantas frases que se pueden encontrar del estilo.

Así, la música crea el ambiente perfecto para hablar del tema, la agresiva y contundente guitarra del nuevo integrante Ritchie Wilkison, la potencia y amplio espectro de la vocalización de Dirk Thurisch y la fuerte presencia del bajo y la batería en cada uno de los temas. ¿Y los teclados? ¿Qué hacen teclados en una banda como esta? Los efectos y secuencias de sintetizador son parte fundamental del conjunto, tanto en relevancia como en participación, ya que se transforman en los responsables de incorporar una atmósfera pulcra, melodía y sofisticación a este sonido más bien agresivo y de rítmica cuadrada, emulando orquestas y efectos electrónicos.

El resultado es sorprendente. Angel Dust recrea intensos momentos con canciones que no dan respiro como Got This Evil, The Human Bondage, InHuman, y Unite (esta última, una mezcla curiosa entre Nevermore y Papa Roach!!, leyeron bien, les invito a escucharla…), y episodios tan sobrecogedores como Disbeliever, Forever y Freedom Awaits. Lo que sobresale a mi parecer de Of Human Bondage y Angel Dust es la voz de Thurisch. Se adapta sin problema a todos los estados del álbum, tanto en los temas más agresivos como en los de mayor emotividad. Además, no sólo ocupa toda su gama vocal, sino también le agrega algunos efectos de distorsión, como se aprecia en Killer, la última pista. Su carisma, por cierto, es evidente.

Of Human Bondage es un trabajo exquisitamente oscuro, un campo de batalla donde chocan la melodía y el quiebre de ella misma, como su doble opuesto reflejado en un espejo. Un Heavy Metal de vanguardia, agresivo en música y concepto, casi cayendo en la locura se podría decir. Su genialidad se basa en su inestabilidad y caos emocional. A mi gusto sin embargo, no es el mejor disco de los arcángeles germanos. Alguien podría decir lo contrario, pero me quedo con el maravilloso Enlighten The Darkness, un trabajo igual de profundo y humano que su sucesor, pero, musicalmente, más variado y menos denso, toda una joya.

Sea cual sea el álbum, Angel Dust es una banda que merece desde hace mucho tiempo la oportunidad de ser escuchada aunque sea una vez, totalmente recomendado para gente que sigue a grupos como Iced Earth y Nevermore… que va, ¡para todos!

Lo primero que uno puede esperar (y pedir) de una banda germana, por más que sea poco conocida, es que las guitarras se escuchen fuertes y poderosas. Y en ese aspecto, hemos escuchado los últimos trabajos de bandas germanas con ya años de circo como Primal Fear, Iron Savior o Rage, donde esa máxima se cumple fielmente. Y Silent Force, banda germana compuesta por DC Cooper en las voces, Alexander Beyrodt en las guitarras, Jürgen Steinmetz en el bajo, Torsten Röhre en los teclados y Andre Hilgers en la batería, cumple con ello a cabalidad. En este, su segundo trabajo (el primero es “The Empire Of Future”, del año 2000), demuestran poseer pasta para ser un nuevo integrante (o al menos postulante aventajado) de la “Escuela Painkiller”, respecto de la cual hemos hecho referencia en otras oportunidades. Un sonido poderoso, con toques incluso -por momentos- “callejeros”, además de un buen sonido, buenos músicos y actitud metalera, hacen de este trabajo algo a considerar positivamente.

El disco comienza con el tema que le da el nombre, “Infatuator”, que posee un comienzo muy Judas Priest, una vocalización que intenta ser muy halfordiana -en especial en los tonos altos- por parte de Cooper (lográndolo en gran parte) y, sin dudas, posee el aspecto al cual hacíamos referencia al comienzo de esta revisión: un sonido protagónico de la guitarra de Beyrodt por sobre el teclado, el cual tiene una participación más que nada de acompañamiento y apoyo. Un excelente solo de Beyrodt (sin abusar del virtuosismo, pero mostrando talento) y un pegajoso y agresivo coro lo convierten en un excelente corte (a pesar de su final demasiado “Painkiller”, que la hace pecar de poco original). El poder de la guitarra continúa con “Fall Into Oblivion”, que además muestra un mayor protagonismo del teclado de Röhre -en especial en la parte del solo, gran momento- y una vocalización más grave por parte de Cooper, que demuestra manejo y versatilidad. Con una buena cantidad de matices y sobre todo sin abusar del virtuosismo, es un muy buen tema. En “Hear Me Calling (Death By Fascination)” Silent Force deja de lado la descarga de velocidad, con la gracia de que lo hacen sin perder fuerza en su “mensaje” musical. Cooper demuestra un gran dominio y “cancha” en los tonos más graves, lo que lo convierte en un potencial muy buen vocalista en vivo. Con “Promised Land”, Silent Force demuestra una excelente capacidad de complementar y armonizar ritmos “midtempo” con velocidades stratováricas, y un coro a la velocidad de la luz y muy melódico. El siguiente tema, “We Must Use The Power”, muestra sonidos similares por momentos a los suecos de Falconer, interesantes armonías vocales y letras de “terapia de grupo” automotivante (“…we must use the power, help man to survive…”), muy acordes con el desarrollo musical de este corte.

El gran problema de este disco lo constituye el cover de “All Guns Blazing” de Judas Priest. No porque sea malo (tampoco es extraordinario), de hecho tiene momentos interesantes y muy bien ejecutados … pero está absolutamente de más, y de hecho le quita originalidad a este trabajo. Como bonus track habría estado perfecta, pero no en la mitad del disco. A continuación viene una trilogía (respecto de la cual aun no encuentro el punto de unión) cuya primera parte es “Cena Libera”, pequeña intro instrumental un poco inspirada en John Williams, compuesto por el gran Victor Smolski, el “Zar de las Seis Cuerdas”, guitarrista de Rage y versátil músico, y ejecutada por la Orquesta Bielorrusa de la Radio y Televisión Estatal. La segunda parte es “Gladiator”, inspirada en la película homónima protagonizada por Russell Crowe, que posee interesantes momentos, y basa su andamiaje en un sonido muy en la onda del disco “Resurrection” de Halford, pero con variantes propias de esta banda, como quiebres en momentos precisos, y cambios de ritmo en los coros. La “Trilogía” termina con “The Blade”, uno de los mejores temas del disco, en una onda muy melódica (un fantástico riff para iniciar el tema), mezclando garra y buen ritmo con sutiles toques de piano. El siguiente tema, “Last Time”, sigue un camino un poco más lento, y sus guitarras son un poco más pesadas (sin dejar de lado las buenas melodías), llevándose el peso de la canción, todo ello mezclado con armónicos coros, que constituyen una dominante característica a lo largo de este trabajo. “World Aflame” continúa en la onda del tema anterior, aunque cuenta con un poco más de energía (especialmente en el coro), un muy buen trabajo de la batería y excelentes intervenciones del teclado (muy buen solo). Ya llegando al final del disco, Silent Force sorprende con una bonita, común y silvestre balada, “In Your Arms”, que cuenta con la excelente participación secundaria en las voces de Inka Auhagen. Es bonita, pero no pasará a la historia ni mucho menos. El disco concluye con “Northern Lights”, un pequeño outro en guitarra acústica que, si bien está un poco de más, muestra la calidad de Alexander Beyrodt en las seis cuerdas.

En definitiva, un disco muy agradable. Sin abusar del virtuosismo, Silent Force es capaz de demostrar talento, tanto en la composición como en la ejecución misma de los temas. Es de esperar que esta banda continúe en la senda que promete, y pueda transformarse, con el paso de los años, en un alto referente del power metal alemán.

Saxon, siendo uno de los grupos más carismáticos y de mayor calidad de la Invasión Británica del Heavy Metal, fue eclipsado por algunos de sus contemporáneos como Iron Maiden y Def Leppard. No cuento a Judas Priest ya que la trayectoria de estos últimos, comienza antes. Aun así, Saxon, siempre contó con una gran cantidad de fans alrededor del mundo y sus discos eran esperados por todos, lo que no evito que se la considerara como una banda de segunda línea frente a colosos como Maiden y Leppard, aún cuando sus estilos fueran muy diferentes. De hecho, el título de “Súper grupo”, como se reconocía en aquellos tiempos a las bandas más importantes, nunca le fue concedido.

Tal vez, el pecado de Saxon fue tratar de “americanizarse” antes de tiempo, tratar de competir con todo el glamour que las bandas estadounidenses agregaron a su propuesta musical como respuesta a la fuerza de la marea inglesa, quedando a la deriva entre dos estilos opuestos, lo que contrastaba con el éxito que Def Leppard conseguía en este desafío. Fueron muy pocos los seguidores de la música heavy que vieron con buenos ojos el cover que realizó Saxon del tema “Ride like the Wind” de Christopher Cross, y si bien este fue ampliamente difundido por las radios, no alcanzó para dar el salto final al continente americano.

Es más, hubo un momento en que se pensaba que la primera banda inglesa de la invasión del metal en desaparecer sería, precisamente, Saxon. Pero el tiempo dijo otra cosa. No sólo siguieron adelante, sino que mantuvieron su calidad y su sello, a pesar de las variaciones en la alineación y la poca atención que la banda parecía despertar. Cuando apareció “Metalhead”, fue un gran golpe a la cátedra y probó a todos que el águila británica aún tenía muchos vuelos que realizar… y el siguiente fue “Killing Ground”.

Este es un gran disco, lleno de nostalgia y madurez musical. Todos sus temas nos recuerdan la trayectoria del grupo que nos deleitó con temas como “Princess of the Night”, “Heavy Metal Thunder”, “Crusader” y tantos otros. “Killing Ground” es una especie de grandes éxitos, pero, no el sentido al que estamos acostumbrados, es decir, una colección de los mejores temas de una banda, sino que una reactualización de los diferentes estilos que llevaron a Biff Byford y compañía a ocupar un sitial importante en los anales del heavy metal británico.

La Intro nos lleva de inmediato a recordar el álbum “Crusader”, con sonidos de batallas y luchas sin final. El segundo tema, “Killing Ground”, tiene toda la fuerza y la fiereza del legendario “Strong Arm of the Law”, uno de los hitos más notables en la discografía de Saxon. En los primeros acordes del tema, es imposible dejar de pensar en Metallica y su memorable “For Whom the Bell Tolls”… ¡Esas campanas de fondo! Al inicio de la parte vocal, sucede algo extraño. Siendo Byford uno de los vocalistas más notables del heavy metal, el registro que se oye en las primeras notas, es muy semejante al de Don Dokken, vocalista de la banda que lleva su apellido. El resto del tema es impecablemente magnífico. Heavy al más puro estilo británico.

La tercera pista… Buen tema y buenos arreglos, pero, lamentablemente, no es original, sino un cover de King Crimson. Sin embargo, la versión que nos entrega Saxon está llena de fuerza y pasión, alejándose del sonido progresivo que distinguía a Crimson.

“Coming Home” y “Hell Freezes Over”, los dos tracks siguientes, son un claro ejemplo de los lujos que se puede dar una banda que, aunque su importancia no haya sido totalmente reconocida, no tiene nada que probarle a nadie. El ritmo, la estructura de los temas, los coros; todo nos recuerda al Saxon que conocimos a partir del año 1984, después de “Crusader”. Los riff de ambas guitarras son poderosísimos y la compañía perfecta para el nuevo ambiente que llena la voz de Biff. Dos temas cadenciosos, a lo “Sabbath”, pero, que representan claramente el sello que Saxon puso a su música durante la segunda mitad de los 80.

La sexta pista, “Dragons Lair” irrumpe poderosa y sólidamente en la estructura del disco, para llevarnos a los primeros años del heavy metal inglés. La velocidad, la instrumentación, la fuerza de las guitarras y de la batería, el ambiente del bajo… todo hace que “Dragons Lair” sea uno de los mejores temas del disco. Tan potente como cualquiera de los temas de “Denim and Leather”. La energía y la mística del tema corresponden plenamente a la propuesta de aquel mítico disco, pero, con el sonido totalmente renovado, con técnicas en los solos de guitarra que hablan por sí solas de la actualización de la banda.

“You don’t know what you’ve got” nos lleva de vuelta al clásico estilo de Saxon durante sus primeros años. Aquí, el bajo y la batería tienen un rol preponderante, aunque sus arreglos son de una complejidad que no siempre se encuentra en el trabajo de estos músicos, ya que la sencillez parecía ser la tónica de sus primeros discos. Eso no significa que sea un tema de inferior calidad, por el contrario, demuestra la maestría de la banda al pasearse sin problemas por diferentes estilos, ambientes y técnicas, con una calidad sorprendente.

“Deeds of Glory” es, a mi gusto, la mejor canción del álbum. Tiene toda la magia, la melodía, la fuerza y la mística de los clásicos himnos que esta banda nos entregó a lo largo de toda su carrera, desde el pegajoso “Suzie hold On” del disco de 1980, “Wheels of Steel”; hasta “Requiem” del excelente “Solid ball of Rock” de 1991. Un tema en que es difícil saber si es auto referente o sólo hace mención a la épica historia inglesa. Si a eso le agregamos una mezcla casi perfecta, un sonido brillante y una línea vocal que invita a escucharlo una y otra vez (y porque no, a soñar con tener a Saxon en nuestro país) y a seguir su estribillo con los puños cerrados, mirando hacia el escenario donde estará el águila inconfundible, desafiando al tiempo y a las modas pasajeras, podemos entender el porqué Saxon está destinado a ocupar un lugar entre los grandes.

“Running for the Border”. Un corte hecho para dejar en claro todo el virtuosismo musical que se aglutina en torno a la voz de Byford. El despliegue técnico de Quinn, Scarrat, Carter y Randow es demoledor. La actual alineación de Saxon demuestra en este track, que la habilidad y la técnica puestas al servicio de un buen concepto, como el que siempre tuvo Byford, solamente puede resultar en un gran tema.

Pero, aun el mejor disco puede tener un pequeño descenso o mejor dicho, un tema que resulta un poco desconcertante. Y este es el caso de “Shadows on the Wall”. No es un mal tema y creo que a muchos les gustará. Tiene fuerza y poder concentrados, como para demostrar que el horizonte está despejado en el futuro de la agrupación. Los efectos que se le agregaron a la voz no han sido una característica durante la historia de la banda y resultan demasiado ajenos a su tradición musical y forzados en su inclusión en el disco.

Finalmente, “Rock is our Life” es definitivamente un tema auto referente, como muchos otros de la discografía de Saxon. Su valor musical es casi el mismo de “Deeds of Glory”… Mística, convicción y actitud. Fuerza, melodía y enegía. Arreglos simples, pero directos, letales… Es el broche de oro para un gran disco, en cuya lírica podemos descubrir el porqué Saxon ha traspasado, ha pesar de cualquier dificultad o indiferencia, todas las barreras que se han cruzado en su carrera. Un tema pletórico de actitud y convicción en que el vuelo aún está lejos de finalizar para esta banda.

No hace falta explicar en demasía lo que significa hoy en día Dream Theater en el mundo no sólo metalero, sino rockero. Principales exponentes del metal progresivo a nivel mundial, Dream Theater se caracteriza por poseer composiciones más bien complejas, magistralmente ejecutadas por sus integrantes : el carismático canadiense James LaBrie en las voces, el notable John Petrucci en las guitarras, el sofisticado John Myung en el bajo, el impredecible Jordan Rudess en los teclados y el magistral Mike Portnoy en la batería.

La banda de Portnoy, Petrucci & Cía. viene precedida de un abrumador éxito con su anterior album, el perfecto “Metropolis II : Scenes From a Memory” (1999), disco que ha entrado por la puerta más ancha de la historia del rock debido a la increíble ejecución musical de la fascinante historia de Nicholas y su regresión a la vida de Victoria Page. Hace muy poco, Dream Theater ha lanzado un disco triple en vivo (que además está en DVD y VHS), llamado “Scenes From New York”, donde por alrededor de 3 horas deleitan con su magistral ejecución en vivo de todo el material de Metropolis II, con una puesta en escena sencillamente espectacular (incluyendo coros gospel en un par de temas), y recordando muchos de sus éxitos antiguos.

Pero limitar a Dream Theater sólo a sus últimos trabajos sería una injusticia. La banda lanzó su primer disco como Dream Theater (antes se llamaban Majesty), con su primer vocalista, Charlie Dominici, a finales de los ’80. El disco se llamó “When Dream and Day Unite”. Luego, con la llegada de James LaBrie, lanzan en 1992 el notable “Images and Words”, quizás la primera gran muestra del notable nivel compositivo y de ejecución de sus músicos. Posteriormente lanzan “Awake”, disco aclamado por la crítica y que marca la partida del tecladista Kevin Moore. Luego, con la llegada de Derek Sherinian (actual tecladista en vivo de Yngwie Malmsteen), lanzan “A Change Of Seasons”, disco con sólo un tema original (pero que dura 23 minutos), y una serie de covers. En 1997 lanzan “Falling Into Infinity”, el que quizás sea su trabajo más bajo, marcando la salida de Derek Sherinian de la banda, no sin antes lanzar su excelente disco doble en vivo, “Once In a LiveTime”. Luego, con la llegada de Jordan Rudess, tecladista del proyecto paralelo de Petrucci y Portnoy (Liquid Tension Experiment), lanzan “Metropolis II : Scenes From a Memory” … y el resto es historia conocida.

A finales del año recién pasado se anunció la salida de su nuevo trabajo, que se llamaría “Six Degrees Of Inner Turbulence”, y que contaría con “sólo” 6 temas … digo “sólo” porque este trabajo ha resultado ser un disco doble, con un tema de ¡42! minutos (y que constituye el único tema del Disco 2), que le da el nombre al disco, que en total dura algo más de 90 minutos. Dream Theater comprende que la barrera que dejó “Metropolis II : Scenes From a Memory” es prácticamente imposible de superar, por lo que ha decidido experimentar con un sonido con una dosis menor de revoluciones, y con letras alejadas del concepto de su anterior trabajo.

El nuevo trabajo de Dream Theater comienza con las campanas de “The Glass Prison”, excelente y variadísimo tema, que incluso cuenta con momentos bastante Power (mucho doble bombo por parte de Portnoy) e incluso la aparición por algunos segundos del sonido de tornamesas (típico del aggro), pero mezcladas fantásticamente con la línea progresiva del “Scenes From a Memory”, aunque quizás con un poco menos de brillo … en todo caso es uno de los mejores trabajos del disco, con una cantidad impresionante de matices. El disco prosigue con “Blind Faith”, que posee una estructura mucho más “radial” que el resto de los temas del disco, recordando un poco a “You Not Me”, del “Falling Into Infinity”, es decir, un sonido muy de “single” … si bien no es de lo mejor del disco, Dream Theater hace un buen trabajo. Luego viene “Misunderstood”, tema que se inicia de forma muy Pink Floyd, para después continuar en ciertos momentos con la estructura más bien “radial” que caracteriza al tema anterior … además, posee ciertos momentos deliciosamente cacofónicos, característicos de la época que se inicia con la llegada a la banda de Jordan Rudess. Posteriormente, y conectada con el tema anterior, aparece “The Great Debate”, tema que comienza con toques medios “galácticos” y bastante sicodélicos, con el bajo de Myung tomando un rol protagónico, para posteriormente tomar un ritmo deliciosamente progresivo, recordando bastante a los tiempos del “Awake” (con muchos cambios de ritmo), con un LaBrie sorprendiendo con excelentes tonos “raspados” y con una notable versatilidad, y una performance notable de Petrucci y Rudess, con momentos que recuerdan a Liquid Tension Experiment. El Disco 1 termina con “Dissapear”, el tema más corto del disco (poco más de 6 minutos), que quizás constituya el punto más bajo y prescindible, pues nunca alcanza a tomar el vuelo necesario como para convertirse en un buen tema … hay que recordar que Dream Theater se ha caracterizado por hacer excelentes temas “relajados”, como lo han sido “Hollow Years”, “Anna Lee”, “Wait To Sleep”, la increíble “Surrounded” y la magistral “The Spirit Carries On”. Pero lamentablemente este no es el caso.

El Disco 2, como mencioné anteriormente, está compuesto de sólo un tema, que le da el nombre al disco. Pero no es cualquier tema. En efecto, “Six Degrees Of Inner Turbulence” dura poco más de 42 minutos, el tema más extenso de la carrera de Dream Theater. Comienza con una overtura espectacular, mezclando toques que incluso recuerdan a Rhapsody con ciertos sonidos cacofónicos -tan característicos del teclado de Rudess-, e incluso con sonidos muy “de película” navideña o de Disney (no es difícil por momentos imaginarse la nieve cayendo y al Viejo Pascuero pasando frente a la ventana) … luego, con la voz de LaBrie se llega a momentos notables, con mucho feeling (algo que se le criticaba mucho a esta banda, la carencia de feeling al tocar …). La cacofonía del teclado de Rudess alcanza momentos magistrales, el bajo de John Myung muestra un nivel notable … también encontramos momentos bastante metaleros a lo largo de este increíble tema, así como reminiscencias pinkfloydianas. En definitiva, es un tema para escuchar con tiempo, para sentarse en la cama y poner el personal a full … es imposible describir de forma acuciosa todos los detalles que pueden apreciarse en este notable tema.

En resumidas cuentas, hay que saber entender este nuevo trabajo. Era muy difícil esperar (al menos siendo objetivos) que Dream Theater alcanzara o superara el magistral nivel alcanzado por su anterior trabajo. Pero, a pesar de esto, “Six Degrees Of Inner Turbulence” es un excepcional disco, con una complejidad compositiva digna de ser continuamente destacada, y que ratifica el excelente momento que vive esta banda norteamericana. Si bien no alcanza la brillantez de su trabajo anterior, Dream Theater es una banda que continúa superándose a sí misma. Es de esperar que, por esa gracia del destino, alguna vez tengamos la posibilidad de ver a esta increíble banda en nuestro país. Pero, mientras tanto, y mientras nuestros sueños lo siguen siendo, “Six Degrees Of Inner Turbulence” constituye bastante más que un premio de consuelo.

Equipo de música listo…..CD ingresado, ambiente perfecto, presiono “play” para escuchar por primera vez el nuevo trabajo de Rhapsody y qué paso??? Qué onda? De repente me encuentro como si hubiera vuelto de un viaje astral de millones de años y habían pasado sólo algo más de 40 minutos…. ya había terminado el disco, y la verdad es que no recordaba melodías (salvo las notas de la magnánima obra de Dvorak “Sinfonía del Nuevo Mundo”) sino más bien emociones y visiones de la batalla descrita que se estaba librando….este trabajo es del tipo de mis favoritos, es decir, de los que son más que música….la descripción de batallas épicas es tan antigua como la música misma…y en el metal ha encontrado el arquetipo perfecto en estos tiempos…

Este EP es como una Ópera Magna…los temas son más que himnos powermetal (aunque algunos coros tienen esta estructura), porque tanto la métrica como la composición son muy clásicas (de música clásica)….cómo me gustaría saber cuál sería la opinión de Wagner, Dvorak u otro de los maestros sobre el gran powermetal sinfónico…en fin……si alguien les dice a alguno de Uds que el powermetal no usa bien la métrica por favor pónganle 30 segundos de cualquier parte de este EP……

El viaje épico con el que comienza este nuevo relato de la saga de Algalord es con una agresiva, potente y ultra guerrera “RAIN OF A THOUSAND FLAMES” tema que consta de la clásica intro operática con voces femeninas (lo que le da un toque muy especial), para luego pasar al infierno del campo de batalla, perfectamente representado por el doble bombo de Alex Holzwarth, quien patea las semifusas a la velocidad infernal de los bateros de black metal…..por otra parte tenemos a un Fabio Lione que destaca notablemente en las voces claras y desgarradas….es importante mencionar que se presentan interesantes matices en las líneas vocales durante todo el disco. Luca Turilli hace unos interesantes solos, aunque no es lo mejor de la canción porque en los temas sinfónicos destaca el todo sobre las partes….Alex Staropoli da un matiz interesante en los sonidos de los teclados…poniéndole mística y a veces un toque de música de película de cine…

Ahora viene una muy breve “Deadly Omen”, que no es más que un puñado de hermosas notas y acordes de piano y violines sintetizados……es sólo el preámbulo para la muy operática “Queen of the Dark Horizons” …..extenso tema de más de 13 minutos, muy rico en recursos de toda especie, pero creo que a veces se nota la falta de presencia de la guitarra de Luca (me hubiera gustado escuchar más partes pesadas), es mi única crítica…hay voces femeninas fuertes estilo Carmina Burana (al comienzo) y también suaves que siguen líneas muy melódicas y hermosas, contrarrestando la oscuridad que transmiten las líricas que son muy interesantes…..Lione muestra mucha emotividad en las voces, pero como que le falta hasta ese momento al tema un toque más metalero….la aparición del quiebre métrico con el bajo marcando otros tiempos llega en el momento preciso, cubriendo la atmósfera del tema con lo que faltaba.

“Tears of a Dying Angel” comienza con la típica marcha guerrera que a todos los amantes del True Metal nos gusta…fuertes y agresivos coros operáticos dan paso a voces más melódicas que entran en interesante diálogo con los teclados…luego se alternan los motivos anteriormente mencionados; del punto de vista de la historia esta canción es muy importante, aunque musicalmente, a esta altura del CD, se echa de menos la intensidad del primer tema.

“Elnor´s Magic Valley” es como una hermosa pieza de folclore celta! muy breve como para hablar más de ella…lo de valle mágico encaja bien con los arreglos.

“The Poem´s Evil Page” es un muy buen tema que comienza con un piano y flauta inmersos en una triste melodía…la voz de Fabio está bien sintonizada con el dramatismo de la escena…luego irrumpe la calma unos coros en tonos mayores para pasar luego a una parte mas “powermetal tradicional”, este tema es de un corte similar a “Tears of a Dying Angel” y “Queen of the dark Horizons”, cambios de ritmo, voces narrativas y ambiente magno como de música de película…..

“The Wizard´s Last Rimes” es el cierre perfecto para que el trabajo sea considerado “no un EP más” sino que un CD digno a considerar….los acordes de la “Sinfonía del Nuevo Mundo” del gran Dvorak encajan perfectamente en las líneas vocales metaleras creadas por Rhapsody…en este tema Fabio Lione muestra los matices más interesantes del EP y los arreglos son dignos de llamar la atención, la guitarra marca de forma más pesada las figuras clásicas metaleras como galopas y tresillos….es un magno cierre para un gran trabajo de estos grandes músicos….

No quise comentar más allá las letras porque son parte de otro análisis muy largo. Aunque igual discrepo de algunos conceptos vertidos en las crónicas de Algalord, es una muy buena historia soporte…. y de todas maneras, Rhapsody es una banda que pasará a la historia del metal como grandes perfeccionadores del Power Metal Sinfónico….al igual como pasa cuando se escucha a Therion, el giro hacia arreglos operáticos que están haciendo crea atmósferas muy interesantes y agradables de escuchar.

Se pude concluir que en general este EP no es para nada la continuación musical del “Dawn of Victory”, tiene su propio carácter y personalidad…tampoco es una vuelta al Symphony…la verdad es que no sé con qué nos puede sorprender Rhapsody en el próximo album…… salvo el primer tema, los demás son bastante sinfónicos pero con una pincelada más operática que trabajos anteriores, el dramatismo se hace patente en cada tema, y los ambientes creados están muy bien compatibilizados con las letras de los temas, todas muy bien amoldadas a un álbum conceptual de una banda conceptual. No olvidar que es el review de un EP y dio bastante para hablar…..es que Rhapsody es Rhapsody….gran banda, grandes músicos…..estoy orgulloso que bandas como ésta estén en el metal.
To the swords, mighty Power Metal Warriors!

Evil, un título un tanto pretencioso, es el último álbum de Time Machine, banda de Power Metal Progresivo italiana actualmente formada por el cantante Pino Tozzi, Joe Taccone y Gianluca Ferro como guitarristas, Claudio Riotti con las baquetas y el bajista-tecladista Lorenzo Deho.

Desde la primera canción hasta la última, la influencia de Stratovarius se hace notar con particular fuerza, especialmente en las guitarras. Time Machine extrae esa elegancia y majestuosidad de temas como Eternity, Hunting High And Low o The Kiss Of Judas, y los interpreta de una forma más moderna y progresiva. A ello, se le agrega un toque épico, no aquel de sagas medievales, sino uno contemporáneo, bastante aterrizado y poco ambicioso, sin parafernalia ni arreglos imposibles de interpretar en un concierto, además de incorporarle un interesante distintivo religioso apocalíptico.

Con esto, Time Machine nos envuelve en un ambiente celestial, catedrático y gótico, seductoramente oscuro, que sobrecoge en más de algún momento. Where´s My Heaven?, Army Of The Dead, Eyes Of Fire, donde hace una pequeña aparición el líder de Skylark, Eddy Antonini, y Hailing Souls son ejemplos de aquello, como también lo es la excelente reproducción en la carátula de la atmósfera del disco.

Una crítica poco objetiva que se le puede hacer a Evil es que los temas no tienen poder. Es cierto que la batería no es acelerada, pero el juego de doble bombo, la dinámica presencia de dos guitarras y el mismo ambiente recreado por los coros en latín y los teclados, no deberían hacer pensar que escuchamos a una banda light. Eso sí, el grupo tendría más fuerza si no fuese por la discreto performance de Pino Tozzi. Su voz carece prácticamente de potencia y sus líneas melódicas, a ratos, son poco inspiradas.

El ambiente de Evil sirve de telón a la historia del álbum. Esta se desarrolla en el año 2001, con una sociedad decadente y sin rumbo como escenario, donde el demonio, a través del Internet, tienta las personas al camino del pecado para poder, así, apoderarse de sus almas, mientras que las guerras, pestes y desastres azotan la tierra. Para salvar al mundo, Dios decide enviar al espíritu del sacerdote inquisidor Nicholas Eymerich para devolver a las llamas del infierno al ángel caído.

Estas batallas entre el bien y el mal bajo un prisma religioso siempre me han llamado la atención, como Avantasia – The Metal Opera, por lo que no iba a dejar pasar esta oportunidad. La trama me parecía perfecta para una adaptación al cine. Pero mi decepción fue grande porque la narración de la historia está, a mi parecer, mal desarrollada. Todo el álbum es una gran introducción, excepto Angel Of Death donde en cura resucitado dice “te voy a matar maldito” y Hailing Souls que canta “te mate, somos felices por siempre”. Uno no se da ni cuenta cuando sucede la acción. La idea es interesante, pero su forma deficiente.

Pero este detalle no opaca el buen trabajo de Time Machine en este disco, Evil, totalmente recomendado para aquellos que se deleitan con la faceta emocional que Stratovarius entrega en sus temas lentos. Progresivo pero no rebuscado, épico pero no recargado, una música fresca.

De un tiempo a esta parte, el metal nacional ha ido creciendo y mejorando su nivel. Y a esto han concurrido muchos factores: un mucho mayor profesionalismo, el fijarse metas altas, la mayor y mejor difusión que muchas bandas han podido tener, y, modestamente, el aporte de esta página.

Y una de las bandas chilenas que mejor encarna el nuevo espíritu con que la nueva hornada encara a la música y al mundo, junto a otras como Angeluz o los penquistas de Harmony (sólo por nombrar un par de ellas), es Radaghast. Este sexteto santiaguino, compuesto por Rodrigo Gil en las voces, Gustavo Toledo y Pablo García en las guitarras, Daniel Toledo en el bajo, Doménico Zunino en los teclados y Álvaro Miranda en la batería (aunque este EP fue grabado por Klaudio Badilla, quien emigró de la banda después de la grabación de este trabajo, por diferencias musicales), se formó como banda “seria” a finales de 1997. Luego de un par años de tocatas, en las cuales fueron creciendo como banda, surgió la posibilidad de grabar algunas maquetas, en lo que constituyó el primer acercamiento de Radaghast a algo más profesional. Pero obviamente la banda no se estancó en aquello, y decidió apuntar a producir un demo mejor realizado, creando algunos temas nuevos y trabajando mejor los antiguos. Incluso, con el tema “Fly To Live”, participan en un concurso de bandas metal, donde obtuvieron un muy buen segundo lugar.

Así, la evolución natural los llevaría a sacar este EP, titulado “Arkan”, en el cual la banda, a pesar de que obviamente tiene bastante que mejorar para llegar más arriba, demuestra tener bastante potencial. Con temas bastante enganchadores y ejecutados de muy buena forma, una muy buena dosis de garra y adrenalina y, sobre todo, un muy buen afiatamiento como banda, Radaghast promete.

El EP comienza con “God Of Thunder”, un tema bastante melódico, muy bien construido, con una interesante línea vocal (a pesar de que existen a lo largo de este trabajo algunos problemas con el volumen de la voz), un coro muy enganchador e incluso momentos muy Iron Maiden que crean una atmósfera muy especial. Un tema que seguramente les ha dado – y les dará- muchos réditos en vivo (es ideal para abrir un show). El disco prosigue con “Fly To Live”, tema interesante, con un comienzo bastante intenso, un buen coro y un interesante juego de dos guitarras en la parte del solo, pero hay unos mínimos problemas de sonido que hacen pensar que el tema puede dar mucho más. El siguiente tema es “Live In The Eternity”, que a pesar de la, por momentos, algo débil vocalización, posee matices muy interesantes, un coro poderoso y guerrero, y momentos de un nivel bastante alto, especialmente en la parte del solo. El EP prosigue con “Freedom For All”, que posee un muy agradable comienzo, brindándonos un momento de calma, para posteriormente pasar a ser un tema muy intenso, en el cual Rodrigo logra su mejor performance en la voz, con un coro muy “italiano”, y solos bastante bien ejecutados. El disco continúa con “Fire And Pain”, corte bastante poderoso, con momentos muy melódicos, con un solo de bajo bastante interesante y un sonido muy afiatado de banda, constituyendo uno de los puntos más altos de este trabajo. Este trabajo culmina con el tema que le da el nombre, “Arkan”, tema de más de ocho minutos (quizás es un poco largo), bastante intenso y matizado y muy bien construido, con momentos que recuerdan a temas largos de Stratovarius, pero con un sonido que posee “identidad”, lo cual es sumamente positivo en una banda tan joven.

En conclusión, esta banda tiene metas muy altas, y este EP es un muy buen primer paso para comenzar a lograrlas. Quizás el sonido no sea lo 100% perfecto que uno desea, o que algunos temas podrían ser un poco menos largos, o que falte un poco de trabajo en la voz, pero no por esos detalles se puede siquiera pensar en menospreciar un trabajo muy profesional, llevado a cabo con mucho esfuerzo (como resultan las cosas en Chile), y ejecutado por músicos de mucha proyección. Es de esperar que esta banda comience dentro de poco a lograr la madurez necesaria para dar el gran salto, lo que sólo se da con constancia, trabajo y esfuerzo, cualidades que se ven ciertamente reflejadas en este trabajo.

Symphony X se arroja al mercado con su primer disco -doble- en vivo, después de cinco placas de estudio. Live On The Edge Of Forever es su nombre, fue grabado en octubre del 2000 y junio del 2001 en Europa, durante la gira de V: The New Mythology Suite, tour en el que tuvimos el privilegio de tener a esta excelente banda norteamericana tocando el 19 de noviembre del 2000 en nuestro país.

Hay que dejarlo en claro, Live On The Edge Of Forever no es un gran disco en vivo. El set list –que, además es parecido al set que tocaron en Chile– es pobre por dos motivos. Primero, parten reproduciendo de manera exacta el V, canción por canción, en el mismo orden que aparece en el álbum. Sin embargo, por algún motivo paran en Death Of Balance, no lo terminan. Era lógico pensar que se iba a tocar el disco completo, como sí lo hace Dream Theater en la actualidad con el Metropolis Part 2. Segundo, el recorrido por el resto de la discografía deja bastante que desear. Sólo tocan tres temas de Twilight In Olympus (1998) y ninguno del Symphony X (debut, 1994) ni del The Damnation Game (1995). En cambio, son cinco las canciones que se pueden encontrar del cual es considerado el mejor trabajo de la banda hasta la fecha: The Divine Wings Of Tragedy, incluyendo el tema título que dura 19 minutos, momento que es, a mi parecer, el punto más alto del álbum.

Dejando eso a un lado, el disco muestra lo que presenciamos cuando Symphony X vino a Chile: la excelencia de los músicos y de sus únicas creaciones. Todos los integrantes están a gran nivel. Michael Romeo logra reproducir de forma exacta los solos y rasgueos, seguido del teclado de Michael Pinnella, que no sólo muestra virtuosismo sino, además, estilo propio. Jason Rullo asombra por su habilidad en la batería y Michael Lepond ha demostrado ser tan bueno como Thomas Miller, su antecesor. Y Russell Allen también tiene la oportunidad de demostrar que en vivo es tan potente e incansable como en el estudio se le escucha… gran voz. ¿Y las canciones? Son interpretadas a la perfección.

Desafortunadamente, el sonido final de Live On The Edge Forever no hace justicia al trabajo de la banda en el escenario. Los instrumentos y las voces se escuchan como si estuvieran aisladas entre sí y no logran sonar en conjunto. Symphony X merecía una mejor producción, de todas maneras.

En resumidas cuentas, Live On The Edge Forever fracasa en su intento de mostrar en plenitud a Symphony X, una de las mejores bandas de progresivo sinfónico existentes. A mi juicio, no se ven varias de las mejores canciones del grupo y el resultado final de la producción no acompaña al igual que el pobre set list del álbum que, además, es el set list de la gira, como lo pudimos ver en su visita (eso sí, con algunos cambios). Que no se malentienda, Symphony X es una buena banda en vivo, pero en este disco se refleja como en un espejo sucio.