Partamos desde cero. Hoy existe un estilo de Heavy Metal agresivo que se caracteriza por presentar una potente guitarra rítmica acompañada con exactitud y rigurosidad por un acelerado doble bombo de batería… todo, seguido por unas ásperas cuerdas vocales, aún así melódicas. Uno de los exponentes más representativos de esta corriente es Iced Earth. Otros, más sofisticados y técnicos, los también norteamericanos Nevermore. Pero Europa no se ha quedado con los brazos cruzados y ha dado vida a bandas de línea similar: los alemanes Angel Dust son un muy buen ejemplo.

Angel Dust inició su carrera a mediados de los ochenta y lanzan dos discos, Into The Dark Past y To Dust You Will Decay, antes de que se retirara de forma indefinida de los escenarios en 1989. Pasaron los años hasta que el bajista Frank Banx, junto con el batero Dirk Assmuth, recluta a Bernd Aufermann en las guitarras, al cantante Dirk Thurisch y a Steven Banx para los teclados y decide desempolvar el ángel y resucitar al grupo. Así, el nuevo Angel Dust “debuta” con Border Of Reality en 1998, al año siguiente sacan Bleed y el 2000, el espectacular Enlighten The Darkness, álbum que relata el auge, apogeo y caída del nacionalsocialismo según la visión de su líder, Adolfo Hitler, y un puñado de jóvenes soldados alemanes.

Ahora, en el 2002 y tras la partida de Bernd Aufermann nada menos que a Running Wild, Angel Dust lanza su último trabajo llamado Of Human Bondage. Pero, para entender el “por qué” y “cómo” de su música, hay que primero referirse a su concepto y letras.

Este es un álbum esencialmente humano, no de lo cotidiano como lo hace Sonata Arctica, sino en un plano más decadente, oscuro y pesimista, por no decir mísero. De eso da cuenta el título Of Human Bondage: De la Atadura Humana, De La Limitación del Hombre, De la Cárcel del Alma, mejor se entiende. Las letras denuncian un vacío existencial, vidas sin rumbo, sin creencias ni valores por los qué morir… aun así, el hombre lucha por ideales inalcanzables… de ahí su condena. Se cuestiona la existencia de sus sentimientos más profundos como el amor, mientras que el odio, temor y sufrimiento se adueñan de su espíritu. Seem’s I’m back in a loveless world, Hatred chains our thoughts, We praise our Lord in heaven… but all our deeds are by blood and fire, Pathetics words won’t rescue me (refiriéndose al amor), o un simple pero directo I HATE YOU, son algunas de las tantas frases que se pueden encontrar del estilo.

Así, la música crea el ambiente perfecto para hablar del tema, la agresiva y contundente guitarra del nuevo integrante Ritchie Wilkison, la potencia y amplio espectro de la vocalización de Dirk Thurisch y la fuerte presencia del bajo y la batería en cada uno de los temas. ¿Y los teclados? ¿Qué hacen teclados en una banda como esta? Los efectos y secuencias de sintetizador son parte fundamental del conjunto, tanto en relevancia como en participación, ya que se transforman en los responsables de incorporar una atmósfera pulcra, melodía y sofisticación a este sonido más bien agresivo y de rítmica cuadrada, emulando orquestas y efectos electrónicos.

El resultado es sorprendente. Angel Dust recrea intensos momentos con canciones que no dan respiro como Got This Evil, The Human Bondage, InHuman, y Unite (esta última, una mezcla curiosa entre Nevermore y Papa Roach!!, leyeron bien, les invito a escucharla…), y episodios tan sobrecogedores como Disbeliever, Forever y Freedom Awaits. Lo que sobresale a mi parecer de Of Human Bondage y Angel Dust es la voz de Thurisch. Se adapta sin problema a todos los estados del álbum, tanto en los temas más agresivos como en los de mayor emotividad. Además, no sólo ocupa toda su gama vocal, sino también le agrega algunos efectos de distorsión, como se aprecia en Killer, la última pista. Su carisma, por cierto, es evidente.

Of Human Bondage es un trabajo exquisitamente oscuro, un campo de batalla donde chocan la melodía y el quiebre de ella misma, como su doble opuesto reflejado en un espejo. Un Heavy Metal de vanguardia, agresivo en música y concepto, casi cayendo en la locura se podría decir. Su genialidad se basa en su inestabilidad y caos emocional. A mi gusto sin embargo, no es el mejor disco de los arcángeles germanos. Alguien podría decir lo contrario, pero me quedo con el maravilloso Enlighten The Darkness, un trabajo igual de profundo y humano que su sucesor, pero, musicalmente, más variado y menos denso, toda una joya.

Sea cual sea el álbum, Angel Dust es una banda que merece desde hace mucho tiempo la oportunidad de ser escuchada aunque sea una vez, totalmente recomendado para gente que sigue a grupos como Iced Earth y Nevermore… que va, ¡para todos!

Lo primero que uno puede esperar (y pedir) de una banda germana, por más que sea poco conocida, es que las guitarras se escuchen fuertes y poderosas. Y en ese aspecto, hemos escuchado los últimos trabajos de bandas germanas con ya años de circo como Primal Fear, Iron Savior o Rage, donde esa máxima se cumple fielmente. Y Silent Force, banda germana compuesta por DC Cooper en las voces, Alexander Beyrodt en las guitarras, Jürgen Steinmetz en el bajo, Torsten Röhre en los teclados y Andre Hilgers en la batería, cumple con ello a cabalidad. En este, su segundo trabajo (el primero es “The Empire Of Future”, del año 2000), demuestran poseer pasta para ser un nuevo integrante (o al menos postulante aventajado) de la “Escuela Painkiller”, respecto de la cual hemos hecho referencia en otras oportunidades. Un sonido poderoso, con toques incluso -por momentos- “callejeros”, además de un buen sonido, buenos músicos y actitud metalera, hacen de este trabajo algo a considerar positivamente.

El disco comienza con el tema que le da el nombre, “Infatuator”, que posee un comienzo muy Judas Priest, una vocalización que intenta ser muy halfordiana -en especial en los tonos altos- por parte de Cooper (lográndolo en gran parte) y, sin dudas, posee el aspecto al cual hacíamos referencia al comienzo de esta revisión: un sonido protagónico de la guitarra de Beyrodt por sobre el teclado, el cual tiene una participación más que nada de acompañamiento y apoyo. Un excelente solo de Beyrodt (sin abusar del virtuosismo, pero mostrando talento) y un pegajoso y agresivo coro lo convierten en un excelente corte (a pesar de su final demasiado “Painkiller”, que la hace pecar de poco original). El poder de la guitarra continúa con “Fall Into Oblivion”, que además muestra un mayor protagonismo del teclado de Röhre -en especial en la parte del solo, gran momento- y una vocalización más grave por parte de Cooper, que demuestra manejo y versatilidad. Con una buena cantidad de matices y sobre todo sin abusar del virtuosismo, es un muy buen tema. En “Hear Me Calling (Death By Fascination)” Silent Force deja de lado la descarga de velocidad, con la gracia de que lo hacen sin perder fuerza en su “mensaje” musical. Cooper demuestra un gran dominio y “cancha” en los tonos más graves, lo que lo convierte en un potencial muy buen vocalista en vivo. Con “Promised Land”, Silent Force demuestra una excelente capacidad de complementar y armonizar ritmos “midtempo” con velocidades stratováricas, y un coro a la velocidad de la luz y muy melódico. El siguiente tema, “We Must Use The Power”, muestra sonidos similares por momentos a los suecos de Falconer, interesantes armonías vocales y letras de “terapia de grupo” automotivante (“…we must use the power, help man to survive…”), muy acordes con el desarrollo musical de este corte.

El gran problema de este disco lo constituye el cover de “All Guns Blazing” de Judas Priest. No porque sea malo (tampoco es extraordinario), de hecho tiene momentos interesantes y muy bien ejecutados … pero está absolutamente de más, y de hecho le quita originalidad a este trabajo. Como bonus track habría estado perfecta, pero no en la mitad del disco. A continuación viene una trilogía (respecto de la cual aun no encuentro el punto de unión) cuya primera parte es “Cena Libera”, pequeña intro instrumental un poco inspirada en John Williams, compuesto por el gran Victor Smolski, el “Zar de las Seis Cuerdas”, guitarrista de Rage y versátil músico, y ejecutada por la Orquesta Bielorrusa de la Radio y Televisión Estatal. La segunda parte es “Gladiator”, inspirada en la película homónima protagonizada por Russell Crowe, que posee interesantes momentos, y basa su andamiaje en un sonido muy en la onda del disco “Resurrection” de Halford, pero con variantes propias de esta banda, como quiebres en momentos precisos, y cambios de ritmo en los coros. La “Trilogía” termina con “The Blade”, uno de los mejores temas del disco, en una onda muy melódica (un fantástico riff para iniciar el tema), mezclando garra y buen ritmo con sutiles toques de piano. El siguiente tema, “Last Time”, sigue un camino un poco más lento, y sus guitarras son un poco más pesadas (sin dejar de lado las buenas melodías), llevándose el peso de la canción, todo ello mezclado con armónicos coros, que constituyen una dominante característica a lo largo de este trabajo. “World Aflame” continúa en la onda del tema anterior, aunque cuenta con un poco más de energía (especialmente en el coro), un muy buen trabajo de la batería y excelentes intervenciones del teclado (muy buen solo). Ya llegando al final del disco, Silent Force sorprende con una bonita, común y silvestre balada, “In Your Arms”, que cuenta con la excelente participación secundaria en las voces de Inka Auhagen. Es bonita, pero no pasará a la historia ni mucho menos. El disco concluye con “Northern Lights”, un pequeño outro en guitarra acústica que, si bien está un poco de más, muestra la calidad de Alexander Beyrodt en las seis cuerdas.

En definitiva, un disco muy agradable. Sin abusar del virtuosismo, Silent Force es capaz de demostrar talento, tanto en la composición como en la ejecución misma de los temas. Es de esperar que esta banda continúe en la senda que promete, y pueda transformarse, con el paso de los años, en un alto referente del power metal alemán.

Saxon, siendo uno de los grupos más carismáticos y de mayor calidad de la Invasión Británica del Heavy Metal, fue eclipsado por algunos de sus contemporáneos como Iron Maiden y Def Leppard. No cuento a Judas Priest ya que la trayectoria de estos últimos, comienza antes. Aun así, Saxon, siempre contó con una gran cantidad de fans alrededor del mundo y sus discos eran esperados por todos, lo que no evito que se la considerara como una banda de segunda línea frente a colosos como Maiden y Leppard, aún cuando sus estilos fueran muy diferentes. De hecho, el título de “Súper grupo”, como se reconocía en aquellos tiempos a las bandas más importantes, nunca le fue concedido.

Tal vez, el pecado de Saxon fue tratar de “americanizarse” antes de tiempo, tratar de competir con todo el glamour que las bandas estadounidenses agregaron a su propuesta musical como respuesta a la fuerza de la marea inglesa, quedando a la deriva entre dos estilos opuestos, lo que contrastaba con el éxito que Def Leppard conseguía en este desafío. Fueron muy pocos los seguidores de la música heavy que vieron con buenos ojos el cover que realizó Saxon del tema “Ride like the Wind” de Christopher Cross, y si bien este fue ampliamente difundido por las radios, no alcanzó para dar el salto final al continente americano.

Es más, hubo un momento en que se pensaba que la primera banda inglesa de la invasión del metal en desaparecer sería, precisamente, Saxon. Pero el tiempo dijo otra cosa. No sólo siguieron adelante, sino que mantuvieron su calidad y su sello, a pesar de las variaciones en la alineación y la poca atención que la banda parecía despertar. Cuando apareció “Metalhead”, fue un gran golpe a la cátedra y probó a todos que el águila británica aún tenía muchos vuelos que realizar… y el siguiente fue “Killing Ground”.

Este es un gran disco, lleno de nostalgia y madurez musical. Todos sus temas nos recuerdan la trayectoria del grupo que nos deleitó con temas como “Princess of the Night”, “Heavy Metal Thunder”, “Crusader” y tantos otros. “Killing Ground” es una especie de grandes éxitos, pero, no el sentido al que estamos acostumbrados, es decir, una colección de los mejores temas de una banda, sino que una reactualización de los diferentes estilos que llevaron a Biff Byford y compañía a ocupar un sitial importante en los anales del heavy metal británico.

La Intro nos lleva de inmediato a recordar el álbum “Crusader”, con sonidos de batallas y luchas sin final. El segundo tema, “Killing Ground”, tiene toda la fuerza y la fiereza del legendario “Strong Arm of the Law”, uno de los hitos más notables en la discografía de Saxon. En los primeros acordes del tema, es imposible dejar de pensar en Metallica y su memorable “For Whom the Bell Tolls”… ¡Esas campanas de fondo! Al inicio de la parte vocal, sucede algo extraño. Siendo Byford uno de los vocalistas más notables del heavy metal, el registro que se oye en las primeras notas, es muy semejante al de Don Dokken, vocalista de la banda que lleva su apellido. El resto del tema es impecablemente magnífico. Heavy al más puro estilo británico.

La tercera pista… Buen tema y buenos arreglos, pero, lamentablemente, no es original, sino un cover de King Crimson. Sin embargo, la versión que nos entrega Saxon está llena de fuerza y pasión, alejándose del sonido progresivo que distinguía a Crimson.

“Coming Home” y “Hell Freezes Over”, los dos tracks siguientes, son un claro ejemplo de los lujos que se puede dar una banda que, aunque su importancia no haya sido totalmente reconocida, no tiene nada que probarle a nadie. El ritmo, la estructura de los temas, los coros; todo nos recuerda al Saxon que conocimos a partir del año 1984, después de “Crusader”. Los riff de ambas guitarras son poderosísimos y la compañía perfecta para el nuevo ambiente que llena la voz de Biff. Dos temas cadenciosos, a lo “Sabbath”, pero, que representan claramente el sello que Saxon puso a su música durante la segunda mitad de los 80.

La sexta pista, “Dragons Lair” irrumpe poderosa y sólidamente en la estructura del disco, para llevarnos a los primeros años del heavy metal inglés. La velocidad, la instrumentación, la fuerza de las guitarras y de la batería, el ambiente del bajo… todo hace que “Dragons Lair” sea uno de los mejores temas del disco. Tan potente como cualquiera de los temas de “Denim and Leather”. La energía y la mística del tema corresponden plenamente a la propuesta de aquel mítico disco, pero, con el sonido totalmente renovado, con técnicas en los solos de guitarra que hablan por sí solas de la actualización de la banda.

“You don’t know what you’ve got” nos lleva de vuelta al clásico estilo de Saxon durante sus primeros años. Aquí, el bajo y la batería tienen un rol preponderante, aunque sus arreglos son de una complejidad que no siempre se encuentra en el trabajo de estos músicos, ya que la sencillez parecía ser la tónica de sus primeros discos. Eso no significa que sea un tema de inferior calidad, por el contrario, demuestra la maestría de la banda al pasearse sin problemas por diferentes estilos, ambientes y técnicas, con una calidad sorprendente.

“Deeds of Glory” es, a mi gusto, la mejor canción del álbum. Tiene toda la magia, la melodía, la fuerza y la mística de los clásicos himnos que esta banda nos entregó a lo largo de toda su carrera, desde el pegajoso “Suzie hold On” del disco de 1980, “Wheels of Steel”; hasta “Requiem” del excelente “Solid ball of Rock” de 1991. Un tema en que es difícil saber si es auto referente o sólo hace mención a la épica historia inglesa. Si a eso le agregamos una mezcla casi perfecta, un sonido brillante y una línea vocal que invita a escucharlo una y otra vez (y porque no, a soñar con tener a Saxon en nuestro país) y a seguir su estribillo con los puños cerrados, mirando hacia el escenario donde estará el águila inconfundible, desafiando al tiempo y a las modas pasajeras, podemos entender el porqué Saxon está destinado a ocupar un lugar entre los grandes.

“Running for the Border”. Un corte hecho para dejar en claro todo el virtuosismo musical que se aglutina en torno a la voz de Byford. El despliegue técnico de Quinn, Scarrat, Carter y Randow es demoledor. La actual alineación de Saxon demuestra en este track, que la habilidad y la técnica puestas al servicio de un buen concepto, como el que siempre tuvo Byford, solamente puede resultar en un gran tema.

Pero, aun el mejor disco puede tener un pequeño descenso o mejor dicho, un tema que resulta un poco desconcertante. Y este es el caso de “Shadows on the Wall”. No es un mal tema y creo que a muchos les gustará. Tiene fuerza y poder concentrados, como para demostrar que el horizonte está despejado en el futuro de la agrupación. Los efectos que se le agregaron a la voz no han sido una característica durante la historia de la banda y resultan demasiado ajenos a su tradición musical y forzados en su inclusión en el disco.

Finalmente, “Rock is our Life” es definitivamente un tema auto referente, como muchos otros de la discografía de Saxon. Su valor musical es casi el mismo de “Deeds of Glory”… Mística, convicción y actitud. Fuerza, melodía y enegía. Arreglos simples, pero directos, letales… Es el broche de oro para un gran disco, en cuya lírica podemos descubrir el porqué Saxon ha traspasado, ha pesar de cualquier dificultad o indiferencia, todas las barreras que se han cruzado en su carrera. Un tema pletórico de actitud y convicción en que el vuelo aún está lejos de finalizar para esta banda.

No hace falta explicar en demasía lo que significa hoy en día Dream Theater en el mundo no sólo metalero, sino rockero. Principales exponentes del metal progresivo a nivel mundial, Dream Theater se caracteriza por poseer composiciones más bien complejas, magistralmente ejecutadas por sus integrantes : el carismático canadiense James LaBrie en las voces, el notable John Petrucci en las guitarras, el sofisticado John Myung en el bajo, el impredecible Jordan Rudess en los teclados y el magistral Mike Portnoy en la batería.

La banda de Portnoy, Petrucci & Cía. viene precedida de un abrumador éxito con su anterior album, el perfecto “Metropolis II : Scenes From a Memory” (1999), disco que ha entrado por la puerta más ancha de la historia del rock debido a la increíble ejecución musical de la fascinante historia de Nicholas y su regresión a la vida de Victoria Page. Hace muy poco, Dream Theater ha lanzado un disco triple en vivo (que además está en DVD y VHS), llamado “Scenes From New York”, donde por alrededor de 3 horas deleitan con su magistral ejecución en vivo de todo el material de Metropolis II, con una puesta en escena sencillamente espectacular (incluyendo coros gospel en un par de temas), y recordando muchos de sus éxitos antiguos.

Pero limitar a Dream Theater sólo a sus últimos trabajos sería una injusticia. La banda lanzó su primer disco como Dream Theater (antes se llamaban Majesty), con su primer vocalista, Charlie Dominici, a finales de los ’80. El disco se llamó “When Dream and Day Unite”. Luego, con la llegada de James LaBrie, lanzan en 1992 el notable “Images and Words”, quizás la primera gran muestra del notable nivel compositivo y de ejecución de sus músicos. Posteriormente lanzan “Awake”, disco aclamado por la crítica y que marca la partida del tecladista Kevin Moore. Luego, con la llegada de Derek Sherinian (actual tecladista en vivo de Yngwie Malmsteen), lanzan “A Change Of Seasons”, disco con sólo un tema original (pero que dura 23 minutos), y una serie de covers. En 1997 lanzan “Falling Into Infinity”, el que quizás sea su trabajo más bajo, marcando la salida de Derek Sherinian de la banda, no sin antes lanzar su excelente disco doble en vivo, “Once In a LiveTime”. Luego, con la llegada de Jordan Rudess, tecladista del proyecto paralelo de Petrucci y Portnoy (Liquid Tension Experiment), lanzan “Metropolis II : Scenes From a Memory” … y el resto es historia conocida.

A finales del año recién pasado se anunció la salida de su nuevo trabajo, que se llamaría “Six Degrees Of Inner Turbulence”, y que contaría con “sólo” 6 temas … digo “sólo” porque este trabajo ha resultado ser un disco doble, con un tema de ¡42! minutos (y que constituye el único tema del Disco 2), que le da el nombre al disco, que en total dura algo más de 90 minutos. Dream Theater comprende que la barrera que dejó “Metropolis II : Scenes From a Memory” es prácticamente imposible de superar, por lo que ha decidido experimentar con un sonido con una dosis menor de revoluciones, y con letras alejadas del concepto de su anterior trabajo.

El nuevo trabajo de Dream Theater comienza con las campanas de “The Glass Prison”, excelente y variadísimo tema, que incluso cuenta con momentos bastante Power (mucho doble bombo por parte de Portnoy) e incluso la aparición por algunos segundos del sonido de tornamesas (típico del aggro), pero mezcladas fantásticamente con la línea progresiva del “Scenes From a Memory”, aunque quizás con un poco menos de brillo … en todo caso es uno de los mejores trabajos del disco, con una cantidad impresionante de matices. El disco prosigue con “Blind Faith”, que posee una estructura mucho más “radial” que el resto de los temas del disco, recordando un poco a “You Not Me”, del “Falling Into Infinity”, es decir, un sonido muy de “single” … si bien no es de lo mejor del disco, Dream Theater hace un buen trabajo. Luego viene “Misunderstood”, tema que se inicia de forma muy Pink Floyd, para después continuar en ciertos momentos con la estructura más bien “radial” que caracteriza al tema anterior … además, posee ciertos momentos deliciosamente cacofónicos, característicos de la época que se inicia con la llegada a la banda de Jordan Rudess. Posteriormente, y conectada con el tema anterior, aparece “The Great Debate”, tema que comienza con toques medios “galácticos” y bastante sicodélicos, con el bajo de Myung tomando un rol protagónico, para posteriormente tomar un ritmo deliciosamente progresivo, recordando bastante a los tiempos del “Awake” (con muchos cambios de ritmo), con un LaBrie sorprendiendo con excelentes tonos “raspados” y con una notable versatilidad, y una performance notable de Petrucci y Rudess, con momentos que recuerdan a Liquid Tension Experiment. El Disco 1 termina con “Dissapear”, el tema más corto del disco (poco más de 6 minutos), que quizás constituya el punto más bajo y prescindible, pues nunca alcanza a tomar el vuelo necesario como para convertirse en un buen tema … hay que recordar que Dream Theater se ha caracterizado por hacer excelentes temas “relajados”, como lo han sido “Hollow Years”, “Anna Lee”, “Wait To Sleep”, la increíble “Surrounded” y la magistral “The Spirit Carries On”. Pero lamentablemente este no es el caso.

El Disco 2, como mencioné anteriormente, está compuesto de sólo un tema, que le da el nombre al disco. Pero no es cualquier tema. En efecto, “Six Degrees Of Inner Turbulence” dura poco más de 42 minutos, el tema más extenso de la carrera de Dream Theater. Comienza con una overtura espectacular, mezclando toques que incluso recuerdan a Rhapsody con ciertos sonidos cacofónicos -tan característicos del teclado de Rudess-, e incluso con sonidos muy “de película” navideña o de Disney (no es difícil por momentos imaginarse la nieve cayendo y al Viejo Pascuero pasando frente a la ventana) … luego, con la voz de LaBrie se llega a momentos notables, con mucho feeling (algo que se le criticaba mucho a esta banda, la carencia de feeling al tocar …). La cacofonía del teclado de Rudess alcanza momentos magistrales, el bajo de John Myung muestra un nivel notable … también encontramos momentos bastante metaleros a lo largo de este increíble tema, así como reminiscencias pinkfloydianas. En definitiva, es un tema para escuchar con tiempo, para sentarse en la cama y poner el personal a full … es imposible describir de forma acuciosa todos los detalles que pueden apreciarse en este notable tema.

En resumidas cuentas, hay que saber entender este nuevo trabajo. Era muy difícil esperar (al menos siendo objetivos) que Dream Theater alcanzara o superara el magistral nivel alcanzado por su anterior trabajo. Pero, a pesar de esto, “Six Degrees Of Inner Turbulence” es un excepcional disco, con una complejidad compositiva digna de ser continuamente destacada, y que ratifica el excelente momento que vive esta banda norteamericana. Si bien no alcanza la brillantez de su trabajo anterior, Dream Theater es una banda que continúa superándose a sí misma. Es de esperar que, por esa gracia del destino, alguna vez tengamos la posibilidad de ver a esta increíble banda en nuestro país. Pero, mientras tanto, y mientras nuestros sueños lo siguen siendo, “Six Degrees Of Inner Turbulence” constituye bastante más que un premio de consuelo.

Equipo de música listo…..CD ingresado, ambiente perfecto, presiono “play” para escuchar por primera vez el nuevo trabajo de Rhapsody y qué paso??? Qué onda? De repente me encuentro como si hubiera vuelto de un viaje astral de millones de años y habían pasado sólo algo más de 40 minutos…. ya había terminado el disco, y la verdad es que no recordaba melodías (salvo las notas de la magnánima obra de Dvorak “Sinfonía del Nuevo Mundo”) sino más bien emociones y visiones de la batalla descrita que se estaba librando….este trabajo es del tipo de mis favoritos, es decir, de los que son más que música….la descripción de batallas épicas es tan antigua como la música misma…y en el metal ha encontrado el arquetipo perfecto en estos tiempos…

Este EP es como una Ópera Magna…los temas son más que himnos powermetal (aunque algunos coros tienen esta estructura), porque tanto la métrica como la composición son muy clásicas (de música clásica)….cómo me gustaría saber cuál sería la opinión de Wagner, Dvorak u otro de los maestros sobre el gran powermetal sinfónico…en fin……si alguien les dice a alguno de Uds que el powermetal no usa bien la métrica por favor pónganle 30 segundos de cualquier parte de este EP……

El viaje épico con el que comienza este nuevo relato de la saga de Algalord es con una agresiva, potente y ultra guerrera “RAIN OF A THOUSAND FLAMES” tema que consta de la clásica intro operática con voces femeninas (lo que le da un toque muy especial), para luego pasar al infierno del campo de batalla, perfectamente representado por el doble bombo de Alex Holzwarth, quien patea las semifusas a la velocidad infernal de los bateros de black metal…..por otra parte tenemos a un Fabio Lione que destaca notablemente en las voces claras y desgarradas….es importante mencionar que se presentan interesantes matices en las líneas vocales durante todo el disco. Luca Turilli hace unos interesantes solos, aunque no es lo mejor de la canción porque en los temas sinfónicos destaca el todo sobre las partes….Alex Staropoli da un matiz interesante en los sonidos de los teclados…poniéndole mística y a veces un toque de música de película de cine…

Ahora viene una muy breve “Deadly Omen”, que no es más que un puñado de hermosas notas y acordes de piano y violines sintetizados……es sólo el preámbulo para la muy operática “Queen of the Dark Horizons” …..extenso tema de más de 13 minutos, muy rico en recursos de toda especie, pero creo que a veces se nota la falta de presencia de la guitarra de Luca (me hubiera gustado escuchar más partes pesadas), es mi única crítica…hay voces femeninas fuertes estilo Carmina Burana (al comienzo) y también suaves que siguen líneas muy melódicas y hermosas, contrarrestando la oscuridad que transmiten las líricas que son muy interesantes…..Lione muestra mucha emotividad en las voces, pero como que le falta hasta ese momento al tema un toque más metalero….la aparición del quiebre métrico con el bajo marcando otros tiempos llega en el momento preciso, cubriendo la atmósfera del tema con lo que faltaba.

“Tears of a Dying Angel” comienza con la típica marcha guerrera que a todos los amantes del True Metal nos gusta…fuertes y agresivos coros operáticos dan paso a voces más melódicas que entran en interesante diálogo con los teclados…luego se alternan los motivos anteriormente mencionados; del punto de vista de la historia esta canción es muy importante, aunque musicalmente, a esta altura del CD, se echa de menos la intensidad del primer tema.

“Elnor´s Magic Valley” es como una hermosa pieza de folclore celta! muy breve como para hablar más de ella…lo de valle mágico encaja bien con los arreglos.

“The Poem´s Evil Page” es un muy buen tema que comienza con un piano y flauta inmersos en una triste melodía…la voz de Fabio está bien sintonizada con el dramatismo de la escena…luego irrumpe la calma unos coros en tonos mayores para pasar luego a una parte mas “powermetal tradicional”, este tema es de un corte similar a “Tears of a Dying Angel” y “Queen of the dark Horizons”, cambios de ritmo, voces narrativas y ambiente magno como de música de película…..

“The Wizard´s Last Rimes” es el cierre perfecto para que el trabajo sea considerado “no un EP más” sino que un CD digno a considerar….los acordes de la “Sinfonía del Nuevo Mundo” del gran Dvorak encajan perfectamente en las líneas vocales metaleras creadas por Rhapsody…en este tema Fabio Lione muestra los matices más interesantes del EP y los arreglos son dignos de llamar la atención, la guitarra marca de forma más pesada las figuras clásicas metaleras como galopas y tresillos….es un magno cierre para un gran trabajo de estos grandes músicos….

No quise comentar más allá las letras porque son parte de otro análisis muy largo. Aunque igual discrepo de algunos conceptos vertidos en las crónicas de Algalord, es una muy buena historia soporte…. y de todas maneras, Rhapsody es una banda que pasará a la historia del metal como grandes perfeccionadores del Power Metal Sinfónico….al igual como pasa cuando se escucha a Therion, el giro hacia arreglos operáticos que están haciendo crea atmósferas muy interesantes y agradables de escuchar.

Se pude concluir que en general este EP no es para nada la continuación musical del “Dawn of Victory”, tiene su propio carácter y personalidad…tampoco es una vuelta al Symphony…la verdad es que no sé con qué nos puede sorprender Rhapsody en el próximo album…… salvo el primer tema, los demás son bastante sinfónicos pero con una pincelada más operática que trabajos anteriores, el dramatismo se hace patente en cada tema, y los ambientes creados están muy bien compatibilizados con las letras de los temas, todas muy bien amoldadas a un álbum conceptual de una banda conceptual. No olvidar que es el review de un EP y dio bastante para hablar…..es que Rhapsody es Rhapsody….gran banda, grandes músicos…..estoy orgulloso que bandas como ésta estén en el metal.
To the swords, mighty Power Metal Warriors!

Evil, un título un tanto pretencioso, es el último álbum de Time Machine, banda de Power Metal Progresivo italiana actualmente formada por el cantante Pino Tozzi, Joe Taccone y Gianluca Ferro como guitarristas, Claudio Riotti con las baquetas y el bajista-tecladista Lorenzo Deho.

Desde la primera canción hasta la última, la influencia de Stratovarius se hace notar con particular fuerza, especialmente en las guitarras. Time Machine extrae esa elegancia y majestuosidad de temas como Eternity, Hunting High And Low o The Kiss Of Judas, y los interpreta de una forma más moderna y progresiva. A ello, se le agrega un toque épico, no aquel de sagas medievales, sino uno contemporáneo, bastante aterrizado y poco ambicioso, sin parafernalia ni arreglos imposibles de interpretar en un concierto, además de incorporarle un interesante distintivo religioso apocalíptico.

Con esto, Time Machine nos envuelve en un ambiente celestial, catedrático y gótico, seductoramente oscuro, que sobrecoge en más de algún momento. Where´s My Heaven?, Army Of The Dead, Eyes Of Fire, donde hace una pequeña aparición el líder de Skylark, Eddy Antonini, y Hailing Souls son ejemplos de aquello, como también lo es la excelente reproducción en la carátula de la atmósfera del disco.

Una crítica poco objetiva que se le puede hacer a Evil es que los temas no tienen poder. Es cierto que la batería no es acelerada, pero el juego de doble bombo, la dinámica presencia de dos guitarras y el mismo ambiente recreado por los coros en latín y los teclados, no deberían hacer pensar que escuchamos a una banda light. Eso sí, el grupo tendría más fuerza si no fuese por la discreto performance de Pino Tozzi. Su voz carece prácticamente de potencia y sus líneas melódicas, a ratos, son poco inspiradas.

El ambiente de Evil sirve de telón a la historia del álbum. Esta se desarrolla en el año 2001, con una sociedad decadente y sin rumbo como escenario, donde el demonio, a través del Internet, tienta las personas al camino del pecado para poder, así, apoderarse de sus almas, mientras que las guerras, pestes y desastres azotan la tierra. Para salvar al mundo, Dios decide enviar al espíritu del sacerdote inquisidor Nicholas Eymerich para devolver a las llamas del infierno al ángel caído.

Estas batallas entre el bien y el mal bajo un prisma religioso siempre me han llamado la atención, como Avantasia – The Metal Opera, por lo que no iba a dejar pasar esta oportunidad. La trama me parecía perfecta para una adaptación al cine. Pero mi decepción fue grande porque la narración de la historia está, a mi parecer, mal desarrollada. Todo el álbum es una gran introducción, excepto Angel Of Death donde en cura resucitado dice “te voy a matar maldito” y Hailing Souls que canta “te mate, somos felices por siempre”. Uno no se da ni cuenta cuando sucede la acción. La idea es interesante, pero su forma deficiente.

Pero este detalle no opaca el buen trabajo de Time Machine en este disco, Evil, totalmente recomendado para aquellos que se deleitan con la faceta emocional que Stratovarius entrega en sus temas lentos. Progresivo pero no rebuscado, épico pero no recargado, una música fresca.

De un tiempo a esta parte, el metal nacional ha ido creciendo y mejorando su nivel. Y a esto han concurrido muchos factores: un mucho mayor profesionalismo, el fijarse metas altas, la mayor y mejor difusión que muchas bandas han podido tener, y, modestamente, el aporte de esta página.

Y una de las bandas chilenas que mejor encarna el nuevo espíritu con que la nueva hornada encara a la música y al mundo, junto a otras como Angeluz o los penquistas de Harmony (sólo por nombrar un par de ellas), es Radaghast. Este sexteto santiaguino, compuesto por Rodrigo Gil en las voces, Gustavo Toledo y Pablo García en las guitarras, Daniel Toledo en el bajo, Doménico Zunino en los teclados y Álvaro Miranda en la batería (aunque este EP fue grabado por Klaudio Badilla, quien emigró de la banda después de la grabación de este trabajo, por diferencias musicales), se formó como banda “seria” a finales de 1997. Luego de un par años de tocatas, en las cuales fueron creciendo como banda, surgió la posibilidad de grabar algunas maquetas, en lo que constituyó el primer acercamiento de Radaghast a algo más profesional. Pero obviamente la banda no se estancó en aquello, y decidió apuntar a producir un demo mejor realizado, creando algunos temas nuevos y trabajando mejor los antiguos. Incluso, con el tema “Fly To Live”, participan en un concurso de bandas metal, donde obtuvieron un muy buen segundo lugar.

Así, la evolución natural los llevaría a sacar este EP, titulado “Arkan”, en el cual la banda, a pesar de que obviamente tiene bastante que mejorar para llegar más arriba, demuestra tener bastante potencial. Con temas bastante enganchadores y ejecutados de muy buena forma, una muy buena dosis de garra y adrenalina y, sobre todo, un muy buen afiatamiento como banda, Radaghast promete.

El EP comienza con “God Of Thunder”, un tema bastante melódico, muy bien construido, con una interesante línea vocal (a pesar de que existen a lo largo de este trabajo algunos problemas con el volumen de la voz), un coro muy enganchador e incluso momentos muy Iron Maiden que crean una atmósfera muy especial. Un tema que seguramente les ha dado – y les dará- muchos réditos en vivo (es ideal para abrir un show). El disco prosigue con “Fly To Live”, tema interesante, con un comienzo bastante intenso, un buen coro y un interesante juego de dos guitarras en la parte del solo, pero hay unos mínimos problemas de sonido que hacen pensar que el tema puede dar mucho más. El siguiente tema es “Live In The Eternity”, que a pesar de la, por momentos, algo débil vocalización, posee matices muy interesantes, un coro poderoso y guerrero, y momentos de un nivel bastante alto, especialmente en la parte del solo. El EP prosigue con “Freedom For All”, que posee un muy agradable comienzo, brindándonos un momento de calma, para posteriormente pasar a ser un tema muy intenso, en el cual Rodrigo logra su mejor performance en la voz, con un coro muy “italiano”, y solos bastante bien ejecutados. El disco continúa con “Fire And Pain”, corte bastante poderoso, con momentos muy melódicos, con un solo de bajo bastante interesante y un sonido muy afiatado de banda, constituyendo uno de los puntos más altos de este trabajo. Este trabajo culmina con el tema que le da el nombre, “Arkan”, tema de más de ocho minutos (quizás es un poco largo), bastante intenso y matizado y muy bien construido, con momentos que recuerdan a temas largos de Stratovarius, pero con un sonido que posee “identidad”, lo cual es sumamente positivo en una banda tan joven.

En conclusión, esta banda tiene metas muy altas, y este EP es un muy buen primer paso para comenzar a lograrlas. Quizás el sonido no sea lo 100% perfecto que uno desea, o que algunos temas podrían ser un poco menos largos, o que falte un poco de trabajo en la voz, pero no por esos detalles se puede siquiera pensar en menospreciar un trabajo muy profesional, llevado a cabo con mucho esfuerzo (como resultan las cosas en Chile), y ejecutado por músicos de mucha proyección. Es de esperar que esta banda comience dentro de poco a lograr la madurez necesaria para dar el gran salto, lo que sólo se da con constancia, trabajo y esfuerzo, cualidades que se ven ciertamente reflejadas en este trabajo.

Symphony X se arroja al mercado con su primer disco -doble- en vivo, después de cinco placas de estudio. Live On The Edge Of Forever es su nombre, fue grabado en octubre del 2000 y junio del 2001 en Europa, durante la gira de V: The New Mythology Suite, tour en el que tuvimos el privilegio de tener a esta excelente banda norteamericana tocando el 19 de noviembre del 2000 en nuestro país.

Hay que dejarlo en claro, Live On The Edge Of Forever no es un gran disco en vivo. El set list –que, además es parecido al set que tocaron en Chile– es pobre por dos motivos. Primero, parten reproduciendo de manera exacta el V, canción por canción, en el mismo orden que aparece en el álbum. Sin embargo, por algún motivo paran en Death Of Balance, no lo terminan. Era lógico pensar que se iba a tocar el disco completo, como sí lo hace Dream Theater en la actualidad con el Metropolis Part 2. Segundo, el recorrido por el resto de la discografía deja bastante que desear. Sólo tocan tres temas de Twilight In Olympus (1998) y ninguno del Symphony X (debut, 1994) ni del The Damnation Game (1995). En cambio, son cinco las canciones que se pueden encontrar del cual es considerado el mejor trabajo de la banda hasta la fecha: The Divine Wings Of Tragedy, incluyendo el tema título que dura 19 minutos, momento que es, a mi parecer, el punto más alto del álbum.

Dejando eso a un lado, el disco muestra lo que presenciamos cuando Symphony X vino a Chile: la excelencia de los músicos y de sus únicas creaciones. Todos los integrantes están a gran nivel. Michael Romeo logra reproducir de forma exacta los solos y rasgueos, seguido del teclado de Michael Pinnella, que no sólo muestra virtuosismo sino, además, estilo propio. Jason Rullo asombra por su habilidad en la batería y Michael Lepond ha demostrado ser tan bueno como Thomas Miller, su antecesor. Y Russell Allen también tiene la oportunidad de demostrar que en vivo es tan potente e incansable como en el estudio se le escucha… gran voz. ¿Y las canciones? Son interpretadas a la perfección.

Desafortunadamente, el sonido final de Live On The Edge Forever no hace justicia al trabajo de la banda en el escenario. Los instrumentos y las voces se escuchan como si estuvieran aisladas entre sí y no logran sonar en conjunto. Symphony X merecía una mejor producción, de todas maneras.

En resumidas cuentas, Live On The Edge Forever fracasa en su intento de mostrar en plenitud a Symphony X, una de las mejores bandas de progresivo sinfónico existentes. A mi juicio, no se ven varias de las mejores canciones del grupo y el resultado final de la producción no acompaña al igual que el pobre set list del álbum que, además, es el set list de la gira, como lo pudimos ver en su visita (eso sí, con algunos cambios). Que no se malentienda, Symphony X es una buena banda en vivo, pero en este disco se refleja como en un espejo sucio.

Nobles caballeros y guerreros, ¡preparaos nuevamente para la batalla! ¡Ajustad las armaduras y cabalgad con orgullo vuestros raudos corceles hacia la justa! ¡Levantad las espadas y los estandartes! ¡El acero está de vuestra parte!… Así es, ¡Grave Digger ha vuelto para destruir a todos sus enemigos!… Pero, un momento, ¿qué es esto? ¿Dónde están los dragones, los castillos y las espadas? ¿Es lo que estoy escuchando Grave Digger?  Y las sagas medievales, ¿ya no las hacen? ¿No sólo las letras, también la música cambió? Comencemos de nuevo…

Hijos del mal y criaturas de la noche, ¡prepárense para una velada de sangre! ¡Tomen sus palas y caven hondo en la tierra bajo la luz de la Luna Llena! Así es, ¡Grave Digger ha vuelto para enterrar vivo a todo pestilente ser humano, matar a sus mujeres y vender sus almas!

Al fin, justo a tiempo, esta veterana banda alemana está de regreso con un cambio de imagen. El quinteto colgó sus armaduras para poder entrar a un ambiente más tétrico, tenebroso y oscuro, de muerte y malévolos sepultureros, como nunca antes, de mejor manera que en los viejos tiempos.

No sólo hay una renovación con respecto a las letras, sino también, en menor medida, referente a la música. Si Excalibur, el trabajo anterior, es el trabajo más power que ha producido la banda, el flamante álbum The Grave Digger es el más heavy y agresivo que Boltendahl & Cia. ha hecho desde la época del Symphony Of Death, allá por 1992 (sí, incluso más heavy que Heart Of Darkness).

Después de la era conceptual (una historia en cada placa) y épica de Grave Digger, la cual se ve reflejada en los tres trabajos anteriores –Tunes Of War (1996), Knights Of The Cross (1998) y Excalibur (1999)–, el cambio de actitud llega justo a tiempo porque, hay que decirlo, los seguidores estaban saturados y empezando a aburrirse: ni la música ni las letras habían evolucionado en forma alguna, por lo que The Grave Digger se ha transformado en un trabajo muy bien ponderado, tanto por la crítica como por los metaleros.

Independiente a eso, The Grave Digger marca una nueva era en la carrera de la banda debido a la llegada del ex guitarrista de Rage, Manni Schmidt, músico innegablemente más sofisticado y versátil que, el que desde 1985, había sido pieza fundamental dentro del grupo: Uwe Lulis. Manni se ha adaptado perfectamente a las exigencias de la banda y, tan importante como eso, a las expectativas de los fanáticos. Hay que decirlo también, con un disco como éste, nadie debería echar de menos a Lulis.

Pero no hay que malinterpretar, Grave Digger sigue siendo Grave Digger. De lo que se habla más bien es de una vuelta a las raíces del grupo. El Grave Digger de hoy, maduro, consolidado y con experiencia, no ese que empezó hace ya 21 años, se reencuentra con su propuesta original. ¿Cuál es el resultado? Un disco espectacular.

The Grave Digger no se trata de un disco conceptual, en donde se narre una historia ni mucho menos, a pesar de que todas las canciones tratan del mismo tópico. Todos los temas son buenos. Los que a gusto personal destaco son Son Of Evil, The Grave Digger (temazo), Raven,  King Pest y Funeral Procession. En la balada Silence, se puede apreciar a “Uncle Reaper” (como ahora se hace llamar el frontman de la banda, Chris Boltendahl) como nunca se le había escuchado en el pasado, alcanzando unos tonos muy “dulces”. Es verdad, “Uncle Reaper” ha mejorado en su canto. Sin embargo, a la gente que no le gusta su timbre, con este disco no va a cambiar de opinión. Por otro lado, los temas de que tratan las letras de las canciones son más “ad hoc” para su garganta. Con la voz que tiene Boltendahl, es más fácil imaginarse a un destripador que a un noble y justo caballero de la mesa redonda.

¿Se puede decir que The Grave Digger es lo mejor que ha grabado la banda? Es, sin duda un trabajo increíble, pero es difícil sentenciar cual es el mejor de estos germanos. Los tres discos anteriores – más Heart Of Darkness– son también muy buenos, el problema es que Tunes Of War, Knights Of The Cross Y Excalibur parecieran ser el mismo disco y la gente se estaba empezando a aburrir. ¿Y que es lo más emocionante? Que discos de igual o mejor calidad están por venir. ¿Por qué? Sólo consideren que todas las canciones del álbum fueron escritas por Chris, Manni y Jens Becker (tremendo bajista que al fin está jugando un rol más protagónico en la banda) en sólo siete días (¡!), todos unos héroes (sin gloria en Chile aún) del metal. Imagínense si hubieran tenido más tiempo.

Look behind you, he walks beside you…THE REAPER HAS RETURNED!

Esta banda nacional, cuyo nombre significa “Dioses del Amanecer” en la mitología celta gaélica, se dio a conocer formalmente en la escena con su disco “Times Go On”, en 1998 (aunque ya llevaban varios años de tocatas y un demo), un buen trabajo en el cual la calidad del sonido estuvo bastante lejos de acompañarlos. A pesar de esto, este cuarteto compuesto por Daniel Elbelman en las voces y las guitarras – líder y fundador de la banda-, Patota Atxondo en las guitarras, F. Bull en el bajo y Max Acuña en la batería, comenzó a hacerse paulatinamente un nombre en la escena nacional, hasta que en el presente año 2001 lanzan su segundo disco, “Raging Planet”, que cuenta con un sonido muy superior a su anterior trabajo, mejores temas, y por sobre todo originalidad. Destacable es la voz de Daniel Elbelman (a pesar de que suena un poco bajo en cuanto a volumen, por lo cual se aprecia mucho más en vivo, debido en gran parte al notable desdoblamiento de funciones que muestra al tocar tan bien la guitarra), uno de los buenos frontman existentes en la escena nacional.

El disco abre con una intro que nos lleva a “Raging Planet”, un buen tema para comenzar, que constituye una especie de resumen de lo que encontraremos en el disco: un buen power metal no tan “feliz” como el que hacen otras bandas, sino con un “sonido sucio” potente y muy bien logrado, un Elbelman luciendo muy buenos tonos altos y un buen trabajo de las guitarras de Elbelman y Patota Atxondo, con matices que lo hacen interesante. Luego viene “As The Rain & The Rainbow” (mi preferido del disco) con un excelente coro y letras que marcan algo que caracteriza a esta banda: los buenos lyrics, alejados de los míticos dragones y reyes, tan comunes en el metal de hoy en día, lo cual no quiere decir que este tipo de lyrics sean malos ni mucho menos, sino que al ser una temática que engancha mucho con la musicalización del power metal, hace que muchas -demasiadas- bandas recurran a él. El siguiente tema es “Lord Of The Final Sin”, tema que cuenta con un comienzo espectacular, para después, en cierta forma, decaer en su intensidad … a pesar de ello, es un tema que posee variedad y matices interesantes en la composición, que reafirman la idea de la originalidad de la banda. El disco prosigue con “Liberty”, canción que en mi opinión abusa un poco de los cambios de ritmo…. sin embargo para quienes gustan de una rica métrica es un muy destacable ingrediente, que eventualmente complementaría bien con el tema conceptual del album … Dan Elbelman se luce en los tonos altos, y los solos están muy bien construidos (incluso citando un pequeño pasaje de “Greensleeves”). Luego viene “Skyland II”, tema instrumental que vendría a ser la continuación de “Skyland”, de su disco anterior, y que muestra en plenitud la calidad de esta banda nacional, pues no es la típica instrumental que hace lucir individualmente a los músicos (como diciendo “hey, miren cuán rápido puedo tocar”), sino que constituye un punto alto en cuanto al sonido “como banda” de Bloden-Wedd, mostrando que el todo es más que la suma de sus partes. El disco sigue con “Winter Son” (otro de mis preferidos), un tema bastante matizado, con toques bastante power alemanes y progresivos que lo hacen ser una excelente composición. Posteriormente sigue “Angels From Future”, un gran corte, con un comienzo muy melódico y siguiendo una línea más progresiva que el resto del disco, lo cual le da un toque de mayor variedad a este trabajo. Para terminar, Bloden-Wedd nos regala una hermosa balada, “By My Side”, ejecutada perfectamente, en la que se destaca la mística producida entre voz y el piano, lo que le da una atmósfera muy especial y emotiva. Como bonus track, “Raging Planet” trae otra versión, más larga, de “As The Rain & The Rainbow”.
En resumen, estamos en presencia de un gran disco de power metal, de nivel internacional. Más aun, Bloden-Wedd al fin puede demostrar con hechos su buen nivel. De esta banda pueden decirse muchas cosas positivas, entre las que destaca que no son “la copia” de algo, lo cual es sumamente meritorio, y más aun tratándose de una banda nacional. Debido a todo lo anterior, y a la madurez y a la gran calidad individual de sus integrantes, no cabe otra opción que señalar que Bloden-Wedd es una banda con un muy buen presente, pero que promete además un futuro esplendor … es de esperar que sigamos apoyando a las bandas nacionales, y sobre todo si son buenas, como este excelente cuarteto santiaguino.
Nos vemos el 20 en Arte Matta!

Desde los primeros tiempos de André Matos en Angra se supo de la gran amistad existente entre este connotadísimo vocalista y tecladista brasileño con el alemán Sascha Paeth, guitarrista de Heavens Gate y productor de, entre otras bandas, los italianos de Rhapsody. Por diversas razones la idea por aquellos entonces gestada de hacer un proyecto juntos se fue postergando, hasta que con la salida de Matos de Angra comenzó a tomar más cuerpo esta idea que se hallaba en ciernes. Así, poco a poco se fue sabiendo que la dupla Matos-Paeth estaba trabajando en un proyecto más bien alejado del Power Metal, con elementos rockeros, pop e incluso influencias de música ochentera e incluso setentera norteamericana. Así nacería “Virgo”, nombre que nació debido a que ambos músicos tienen este signo zodiacal, pero además coincide el hecho de que el símbolo del signo zodiacal Virgo forma las letras “MP”, de “Matos-Paeth”. Ya con los temas elaborados, esta dupla recibiría la colaboración de Miro en los teclados, Olaf Reitmeier en el bajo y Robert Hunecke-Rizzo en batería, para llevar a cabo este proyecto musical que, repito, se aleja considerablemente del metal, pero que muestra el talento compositivo y ejecutivo de estos dos grandes músicos que, sin temor a explorar otras vetas musicales, han elaborado un trabajo muy interesante, de gran calidad, sensibilidad y frescura.

El disco comienza con “To Be …”, un variadísimo tema que mezcla matices notables de guitarra acústica con fantásticas pinceladas rockeras e incluso elementos que, como muy recurrentemente sucede a lo largo del disco, recuerdan a los inmortales genios del classic rock, los ingleses de Queen. Un Matos increíble como siempre en las voces y una hermosa y suave orquestación convierten a este tema en una pieza excelente. Luego sigue “Crazy Me”, un muy buen tema que combina de forma interesante elementos hardrockeros con elementos pop, para pasar a momentos fantásticos con coros gospel e incluso toques progresivos. El disco continúa con “Take Me Home”, excelente tema que con una base sugerentemente sencilla muestra elementos melódicos sencillamente notables, un Matos increíble y una atmósfera sin dudas hipnotizante. El single del disco, que incluso tiene video clip, es un entretenido tema, llamado “Baby Doll”, hard rock en su más pura esencia, con incrustaciones pop interesantísimas y algunos cambios de ritmo casi powermetaleros que le dan un toque distinto a este tema. El disco prosigue con una hermosísima balada, “No Need To Have An Answer “, que es quizás una de las mejores muestras de lo que canta Matos, y que posee elementos muy emocionantes, como los fantásticos coros gospel y la belleza de la parte final. El siguiente tema es “Discovery”, un tema que irradia frescura (incluso comienza con armónica), con un sonido muy norteamericano y que tiende a experimentar una veta inexplorada por muchos músicos, convirtiendo un tema con una construcción sencilla a un producto con ribetes geniales.

Este excelente trabajo prosigue con “Street To Babylon”, tema que, a pesar de que quizás marca el punto menos alto del disco, mantiene un sonido bastante fresco, influencias pop muy agradables y notables detalles en “segundo plano” muy bien trabajados y sin caer en excesos. El disco continúa con “River”, un tema muy setentero, que mezcla momentos muy cálidos con la guitarra de Paeth y el solidísimo Matos en las voces con coros gospel (muy en la onda de algunos temas de Joe Cocker) y la intensidad y frescura tan característicos de este trabajo. Y para quienes, a pesar de lo bueno que resulta ser este trabajo, aun echan de menos una pequeña dosis de Power, está “Blowing Away”, un fresquísimo tema que rompe con la temática experimental del disco, sorprendiendo con un pequeño golpe de electricidad que, a pesar de no ser 100% powermetalero, resulta muy agradable para los oídos sedientos de un poco más de guitarras y vocalizaciones power. Ya acercándonos al final del disco encontramos “I Want You To Know”, un hardrockero tema (muy en la onda del “Readiness To Sacrifice” de Michael Kiske, pero mucho mejor hecho) que posee un sonido muy sencillo (casi de “fogata”), y es precisamente esta simplicidad, acompañada de momentos geniales con la aparición de fantásticos coros gospel, la que la convierte en un excelente tema. Y el disco concluye con un fantástico tema llamado “Fiction” que, con un ritmo que posee notables toques de blues y un Matos cantando cálida y relajadamente, se convierte en uno de los momentos más altos de este trabajo.

Hay que decir, a modo de consideración final, que muchas veces las experimentaciones musicales llevadas a cabo por músicos que se han dado a conocer y se han hecho un nombre en el Power Metal -sin ir más lejos, dos grandes como Michael Kiske y Timo Tolkki-, no han resultado del todo satisfactorias, no sólo para los fans ávidos de buen Power Metal y quizás con una mente menos abierta, sino para muchos de los seguidores que saben apreciar la buena música aunque no sea de la que más nos agrade. Pero este no es el caso. La calidad compositiva y la versatilidad tanto de André Matos como de Sascha Paeth no sorprende, pero sí es digna de un gran reconocimiento. La calidad de este trabajo quizás no supere la prueba de los más acérrimos seguidores tanto de Angra como de Heavens Gate, en cuanto en este disco no hay más que un 1% de Metal propiamente tal, pero sí será capaz de llamar la atención de quienes siempre esperamos un poco más. Y ese “algo más” está presente en este trabajo, que puede ser el camino para que algunos fanáticos abramos un poco nuestras mentes hacia otros sonidos que, aunque no sean del Power que amamos, pueden resultar muy interesantes.

Suele suceder que, cuando una banda lanza un disco que podríamos considerar dentro de la categoría de grandes discos, el sucesor de éste es esperado con ansias, y suele suceder que no llene las expectativas que uno se ha forjado en él. Ejemplos hay muchísimos,  Queensrÿche nunca fue el mismo del “Operation : Mindcrime”, a Helloween le costó mucho igualar el trabajo magistral de los Keepers, Children of Bodom decayó respecto de su Hatebreeder con el Follow the Reaper, y así hay ejemplos por montones.

¿Dónde pretendo llegar con esto?… las expectativas cifradas en el nuevo disco de los españoles AVALANCH eran altas, ya que su disco antecesor “Llanto de un Héroe”, fue sencillamente excepcional, uno se preguntaba si este nuevo album podría llegar al nivel del anterior.

Vamos por parte. Este disco parte con intro que mezcla lo clásico y lo rockanrolero, Hacia la Luz, para luego comenzar con la primera gran descarga del disco Tierra de Nadie, un tema rápido filoso, donde se luce la guitarra del genio creador de AVALANCH, Alberto Rionda, un riff a toda velocidad y un solo de gran estatura.

Luego un intro muy sinfónico da lugar al segundo tema del disco, que le da nombre El Ángel Caído, un tema sobresaliente, con un riff pesado y oscuro, pasando a un coro muy speed, con un gran trabajo de Alberto Ardines en la batería.

El panorama sigue alentador, con el siguiente tema Xana, un tema más bien relajado, pero muy bien logrado.

El instrumental La Buena Nueva,  precede a uno de los mejores temas del disco Levántate y Anda, un tema muy en la onda Judas Priest, directo al grano, poderoso, a la vena. Gran momento del disco.

Pero las aprensiones señaladas al comienzo de la crítica comienzan a hacerse patentes con los temas siguientes, que no aportan mucho al disco, sobretodo en materia lírica, donde las letras comienzan a hacerse repetitivas y las fórmulas también empiezan a repetirse. Alma en Pena, es un buen corte, sin embargo apela a una fórmula repetida, la de la estrofa a medio tiempo con un coro más rápido, fórmula que también se hace patente en Delirios de Grandeza, un tema absolutamente prescindible. Algo similar sucede tanto en Corazón Negro, un corte que si bien no es deficiente, tiene una pobreza franciscana en sus letras, lo que se repite en la balada Antojo de un Dios, con una de las letras más bajas que me ha tocado oir (sin llegar al nivel de algunos temas de Stratovarius en todo caso), lo que hace que nuevamente se pierda un tema que podría ser muy bueno (la melodía del coro es hermosa)

Sin embargo estos muchachos oriundos de Oviedo, nos tenían reservada su mayor joya para el final, El Séptimo Día a modo de introducción, da paso a una de las más grandes obras de AVALANCH, que lejos es lo mejor de su disco Las Ruinas del Edén, una obra en tres partes donde AVALANCH logra transportarnos a otro mundo, quizás el paraíso, para mostrarnos este intenso diálogo entre Dios, aburrido del trato que le dan los hombres, y un hombre que se ha escapado del rebaño, musicalmente es el tema mejor logrado del disco, con la intervención de la soprano lírica Tina Gutiérrez, los percusionistas cubanos Omar Bouza y Edel Pérez y con la gran performance de Leo el vocalista del grupo SARATOGA en el papel de hombre quien aparece en la segunda parte del tema. Sin duda el mejor tema del disco, que cierra con una instrumental al igual que su anterior disco, pero distinta en cuanto a la forma, ya que “Llanto de un Héroe”, era un tema rápido, muy al estilo de Yngwie Malmsteen, sin embargo Santa Bárbara, nombre del corte que cierra el disco, es más lenta, podríamos decir que más melancólica.

Como resumen podríamos señalar que El Ángel Caído, es un buen disco, con momentos notables, pero que no alcanza el nivel logrado por su anterior placa, sin embargo está dentro de lo destacado del año, y nos muestra que en la madre patria, se están haciendo buenas cosas, se está trabajando duro, y fruto de ello es que la escena española cada día es más fuerte con bandas que están dando que hablar, como Tierra Santa, Ankhara, Dark Moor, Mago de Oz, entre otras. Y entre ellas está Avalanch, que les lleva un poco de ventaja, ya que este es su tercer disco, con un disco en vivo entre medio, con un sonido absolutamente internacional, con un trabajo de portada sencillamente notable, a cargo del maestro Luis Royo, y con un futuro más que promisorio.

Quizás este sexteto alemán no sea muy conocido dentro de la escena powermetalera, pero sin duda debe ser una de las bandas más afiatadas que he escuchado en el último tiempo. Posee un vocalista simplemente genial como Oliver Hartmann, que participó como el Papa Clemente en el disco de Tobias Sammet “Avantasia-The Metal Opera”, dos muy respetables guitarristas como Olaf Lenk y Reinald König, y en el resto de los instrumentos encontramos a Uli Müller en el teclado, a Jochen Schnur en el bajo y a Jürgen “Sledgehammer” Lucas en la batería. En sus 2 anteriores trabajos, “Heart of Steel” y principalmente en “No Escape”, At Vance muestra un poderío rítmico y armónico sencillamente notable. Pero vamos a “Dragonchaser”.

El disco abre con el title-track, “Dragonchaser”, un corte poderoso y melódico muy en la onda del señor Yngwie Malmsteen (de quien se asegura su próxima visita a estas tierras! Esperemos que sea cierto …). Posteriormente, con “Ages Of Glory”, la descarga de velocidad mezclada con el notable afiatamiento armónico de At Vance alcanza una de sus mejores expresiones, además del notable trabajo del señor Hartmann en las voces, que le da un toque muy especial a esta banda. En el tercer tema del disco, “Crucified”, At Vance baja un poco la intensidad de su descarga musical, pero sin perder el hilo del disco … un gran tema en todo caso. Luego, At Vance nos sorprende gratamente con una notable versión powermetalera de la 5ª Sinfonía de Beethoven, a la cual en lo personal creo que pudieron haber aprovechado un poco mejor, pero eso no quita que el trabajo de los guitarristas sea simplemente notable. El disco continúa con un tema con un título bastante usado en las arenas del metal, “Heaven Can Wait”, tema bastante más calmo (con algunos toques similares a “Mother Russia” de Iron Maiden) pero no por ello menos intenso que los otros temas que conforman el disco. Luego, At Vance nos muestra una de las joyas del disco … esta banda se caracteriza por hacer covers del grupo sueco ABBA, como lo han hecho ya bastantes bandas power metaleras (sin ir más lejos, connotados como Helloween o Yngwie Malmsteen).De hecho, en sus anteriores discos, At Vance hace versiones de “Money” y de “S.O.S”, temas de esta legendaria agrupación sueca que mucho ha influido a las bandas de power metal. Pero lo que hace At Vance con “The Winner Takes It All” es simplemente genial, Oliver Hartmann demuestra ser uno de los mejores vocalistas de la escena, más allá de su capacidad vocal, pues proyecta un feeling increíble con lo que está cantando, lo cual sin duda es mucho más difícil cuando se trata de un cover … pero Hartmann es notable y lo demuestra. Luego, “My Bleeding Heart” nos muestra que At Vance también puede hacer temas lentos … en lo personal no es uno de mis temas preferidos, pero calza perfectamente en el contexto del disco. Ya en tierra derecha del disco, “Two Knights” es un tema que si bien no es velocísimo ni virtuoso en extremo, es un gran referente del disco, pues el afiatamiento de esta banda se hace patente de forma manifiesta. Ya casi terminando, el último latigazo de power metal lo da “Too Late”, un corte muy rápido e intenso muy en la onda de Stratovarius … y para cerrar, “Ases Death”, en la cual el señor Olaf Lenk, uno de los buenos guitarristas que he escuchado en el último tiempo, hace hablar a su guitarra en un solo un tanto largo pero acertado para finalizar el disco.

En resumen, el tercer disco de esta banda alemana no defrauda a quienes hemos escuchado sus trabajos anteriores, “No Escape” y “Heart Of Steel”. Al contrario, “Dragonchaser” muestra a At Vance en la misma línea, haciendo un power metal bastante melódico, quizás privilegiando este aspecto por sobre un ritmo un poco más veloz o agresivo, pero sin dudas, de calidad. Además, es una banda digna de ser reconocida tanto por su afiatamiento como por su extraordinario vocalista, quien además de su calidad vocal muestra una notable dosis de sentimiento, el cual proyecta en cada una de sus intervenciones en el disco. Si más que decir, un disco absolutamente recomendado para quienes gustan del buen power metal alemán.

No es mucho de lo que se puede hablar acerca de singles y EPs, pero este caso es diferente. Primero, porque se trata de Blind Guardian, una de las bandas con más prestigio en el metal europeo. Segundo, estos teutones se caracterizan por sacar discos en un intervalo de entre 3 a 4 años: por la ansiedad provocada por una larga espera, cada trabajo de Hansi & Cia. es altamente valorado por todos sus mas acérrimos seguidores, entre los cuales me declaro. Y tercero, Blind Guardian ha hecho algo totalmente insólito: lanzar como single promocional del futuro nuevo álbum, que saldrá en febrero próximo, un tema de catorce minutos de duración… ¡Catorce minutos! Es sabido que un single tiene la función de “atraer” a un público más general, y …And Then There Was Silence tiene de todo menos menos la propiedad de ser, lo que en términos periodísticos se denomina, un “gancho”. No va a ver estación de radio alguna que vaya a colocar la canción en su versión íntegra.

La canción es llamada And Then There Was Silence, un tema de monstruoso poderío épico, basada en la Iliada de Homero, epopeya en la cual se relata la Guerra de Troya. Todavía no me puedo explicar cómo Blind Guardian se las ingenia para ir siempre superándose y alcanzando otros niveles disco tras disco que graban. Emoción, magia, poder, melodía, encanto y mucho más, es lo posee este tema. Cada vez que se escucha, se descubren en ella nuevos matices, y en la siguiente otros, y muchos otros después de ser escuchada por enésima vez. Hasta ahora, And Then There Was Silence ha sido la única composición de larga duración que me hubiera gustado que durara unos cinco minutos más. ¿Y las letras? Impresionantes. Hansi Kürsch se ha transformado, además de un tremendo cantante, en un excelente letrista. Logra entrar en la sique de los personajes de la Iliada y reflejar con gran maestría cual es su sentir: sus alegrías, tristezas, miedos y temores más ocultos, etcétera. A través de la intimidad de Cassandra, Aquiles, entre otros, se logra dar cuenta de los hechos de una manera en que sólo Hansi sabe. Si se han dado cuenta, decir que And Then There Was Silence es un “temón”, sólo se transmitiría una pequeña parte de lo que es en realidad.

El lado B del single corresponde a la balada Harvest Of Sorrow (no confundir con Harvester Of Sorrow de Metallica). Es, totalmente, el polo opuesto al tema principal del EP: dura menos de cuatro minutos y es inalcanzablemente más sencilla, pero igual de emotiva.

En tercer lugar, por último, encontramos una pista multimedia, en el cual aparece el video clip de Born In A Mourning Hall, canción del Imaginations From The Other Side (1995).

Anteriormente, la banda había dicho que, en vez del clip, iba a colocar otro tema. Sin embargo, el video cae muy bien, especialmente a nosotros, que vivimos en un lugar donde no hay canales de televisión que paseen videos de metal.

Los temas son majestuosos, pero encuentro dos problemas con respecto al EP. Primero, la portada, obra de Anry, a mi gusto, es horrenda, nada que ver con las increíbles ilustraciones de la Tierra Media que Andreas Marschall (responsable también de las carátulas de Grave Digger, HammerFall, Running Wild, Nocturnal Rites, entre otros) dibujó en los discos anteriores. Es de esperar que en el próximo LP, vuelva Marshall a poner su estampa. Segundo, me salta una duda: con temas tan complejos, con tantos arreglos y coros, ¿cómo lo hará Blind Guardian para reproducirlos fielmente en vivo? Eso, señores, habría que verlo…

Lo que más me llamó la atención cuando escuché por primera vez el Theater Of Salvation (otro álbum de Edguy), hace un par de años, fue cómo diablos esta banda, con la poca experiencia que contaban, era capaz de hacer algo tan bueno como lo que tenía en mis manos, y me emocionaba pensar que sus mejores discos estaban aún por venir.

Y así fue. Esperé a que se concretara el proyecto de Tobias Sammet, Avantasia, el cual me fascinó, al igual que el remake de The Savage Poetry, pero nunca pensé que Mandrake iba a ser tan bueno. Sólo tengo elogios para esta nueva placa. Lo que pasa es que es lo mejor que ha sacado Edguy hasta la fecha. Más importante, Tobias y compañía, con este trabajo, han logrado consolidar una identidad propia, además de confirmar que hace ya mucho tiempo que Edguy dejó de ser una promesa dentro del metal teutón.

Mandrake sigue la línea del Theater…, es decir, un power metal sencillo y sin adornos, agradable, entretenido y emotivo, pero en versión mejorada. Se aprecia como la banda ha mejorado tanto en la composición como en performance. Las canciones son un poco más heavy, más variadas y pegajosas, mientras que el trabajo de guitarra de Jens Ludwig y Dirk Sauer muestra un gran progreso. Ni hablar de Tobias, hoy uno de los mejores cantantes del género.

Personalmente, pienso que este disco, en lo que se refiere a la música, no tiene puntos bajos. Tears Of Mandrake, la fabulosa Jerusalem, All The Clowns y especialmente Painting On The Wall, cualquiera de ellas está tallada para transformarse en un “hit” (si existe dicho termino en el metal) por la facilidad cómo dichas melodías se graban en la cabeza. Es posible encontrar también algunos himnos de Power Metal (temas rápidos y con coros en tonos mayores) tales como Fallen Angels, Save Us Now y Golden Dawn. Esta última, además de ser poderosa y variada, es extremadamente emotiva, por lo que, sin exagerar, llega nivel de temas como Eagle Fly Free (!)… con eso todo está dicho. Junta con Nailed To The Wheel, de corte más heavy, es mi canción predilecta del Mandrake.

Lo único flojo, a mi parecer, es la producción: el sonido es muy a lo Stratovarius, lo que se justifica porque Mandrake fue mezclado y masterizado en Finnvox-Studio, el mismo lugar donde se cuecen las obras de los finlandeses. Sería bueno que para el próximo disco buscaran un sonido exclusivo para la banda.

No sólo estamos hablando del mejor trabajo de Edguy, sino de uno que los va a llevar hacia las ligas mayores del power metal, además de hacer una gira mundial. Es de esperar que para el próximo año Tobias y los suyos toquen en suelo chileno.

Con una renovada y fortalecida estructura, la “Diosa del Fuego” vuelve a la batalla. Después del quiebre en su formación hace un tiempo, (debido a la salida de la banda de André Matos, Luis Mariutti y Ricardo Confessori), Angra ha tardado poco en reestructurarse. Con Eduardo “Edú” Falaschi como nuevo vocalista, Felipe Andreoli como nuevo bajista, Aquiles Priester como nuevo baterista, más los conocidos y excelentes guitarristas Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt, el nuevo trabajo de esta renovada banda demuestra categoría, tanto en las composiciones como en la ejecución misma, mezclando sus ya conocidas armonías con sensacionales ritmos progresivos y algunos toques de percusión brasileña ya tan característicos de esta banda.

“Rebirth”…. abre con la intro “In Excelsis”, para transportarnos de inmediato a una nueva era… así es, el siguiente tema “Nova Era” brilla por sí solo, es sencillamente espectacular; veloz, melódico, con sutiles toques progresivos y un notable trabajo de Aquiles Priester en batería, el que permite apreciar claramente excelentes solos y un sonido fresco, limpio, que hace notar inmediatamente la comunión que se vive dentro de la banda … “la nueva era lleva a los ángeles de vuelta a la vida” es “la” frase del disco.

El álbum continúa con “Millennium Sun”, tema progresivo, con un comienzo algo suave (violines, piano y voz) y un coro fascinante, que nos muestra una gran performance de Falaschi pasando de tonos bajos a altos sin mayores complicaciones y con muchos recursos… una excelente construcción melódica que constituye uno de los puntos más altos del disco. El disco prosigue con “Acid Rain”, tema cuya versión demo fue conocida ya hace un tiempo y que fue re-grabado para el disco … posee una majestuosa e intensa introducción coral, seguida por un riff bastante progresivo, un coro absolutamente powermetalero (nuevamente gran performance de Edú) e incluso toques de percusión brasileña; todos estos elementos hacen que este tema constituya un paradigma de lo que Angra puede y sabe hacer muy bien. Si existía antes de escuchar el disco, alguna duda acerca de la capacidad vocal de Edú Falaschi por quienes no conocían su banda anterior “Symbols”, creo que esas potenciales dudas quedan absolutamente aclaradas con “Heroes Of Sand”, tema lento que si bien no cuenta con una excesiva complejidad compositiva, nos muestra a un Falaschi (quien además compuso el tema) en un notable nivel, sin mucho que envidiarle a vocalistas con mayor trayectoria o reconocimiento en la escena. El disco continúa con “Unholy Wars”, tema que al escucharlo por primera vez recuerda a “Carolina IV” del disco “Holy Land”, con un intro bastante brasileño, para proseguir con un latigazo metalero, cambios de ritmo sensacionales y excelentes toques progresivos ….

Luego nos encontramos con el tema que da el nombre al álbum: “Rebirth”; canción algo lenta pero intensa, con una introducción cálida matizada con la voz de Falaschi y la guitarra clásica de fondo…….posteriormente aparecen  bastantes quiebres (incluyendo un solo bastante “powermetal”) que lo hacen un tema algo “fuera de lo común”, pero muy interesante. El disco sigue con “Judgement Day”, tema que combina perfectamente lo progresivo con el power, mostrando un excelente trabajo de Felipe Andreoli en el bajo y del tecladista invitado a grabar el disco, Günter Werno (de Vanden Plas) … se aprecian también notables rendimientos individuales y sutiles toques de percusión brasileña tanto al comienzo como al final del tema, los que terminan por hacerlo sumamente interesante. El siguiente tema es “Running Alone”, con una introducción coral bastante en la onda de Edguy y Avantasia, y con una construcción al comienzo bastante más “alemana” que los otros temas, pero con espectaculares quiebres progresivos, especialmente en la parte de los solos (con una simbiosis espectacular entre el sonido del teclado, las guitarras y la batería), y una sucesión de inagotables cambios de ritmo, para terminar de forma espectacular … sin duda es uno de los puntos más altos del disco. Para terminar, Angra nos regala una versión adaptada por Kiko Loureiro del Opus 28 en Do menor de Frédéric Chopin, llamada “Visions Prelude”, la que cuenta con un excelente nivel de Falaschi (notable su sensibilidad al cantar un “cover”), y es un broche de oro para este gran trabajo.

En cuanto a los nuevos músicos, Edú Falaschi es un excelente vocalista, por algo Iron Maiden lo dejó como finalista para reemplazar a Bruce Dickinson cuando partió luego del “Fear of the Dark”; Felipe Andreoli resulta toda una revelación, mostrando un talento y una personalidad impensada e inesperada en el sonido de su bajo (considerando sus 20 años), superando notablemente las expectativas creadas desde la partida de Luis Mariutti; Aquiles Priester es un baterista extremadamente técnico pero con fuerza, con un espectacular dominio en especial de los platillos, además tiene una dosis de consistencia sumamente meritoria considerando los miles de cambios de ritmo que pasan por sus baquetas a lo largo del disco.

En resumidas cuentas, el tradicional toque que Angra siempre ha dado a sus composiciones se mantiene intacto, pero ahora con energía renovada y más heavy metal… “Rebirth” muestra un sonido excelente, muy bien producido, con temas excelentes (y algunos sencilla y sorprendentemente notables), con muy pocos puntos bajos y con gratísimas revelaciones, como lo son sus tres nuevos músicos. En definitiva, Angra sorprende con un álbum fresco, cargado de energía y melódicamente fascinante. Es de esperar (y seguramente así será) que su sonido en vivo refleje toda la energía que “Rebirth” trae consigo, y que el Domingo 25 de Noviembre los metaleros de corazón vibremos con el renacimiento de la “Diosa del Fuego”.

Manticora es una de las bandas más sorprendentes que ha surgido en la escena power europea en el último tiempo. Desde Dinamarca, traen un sonido relativamente nuevo y fresco, una propuesta diferente a lo que se está haciendo en países como Italia o Finlandia. La banda está fuertemente influenciada por el trabajo antiguo de Blind Guardian, la fuerza de Iced Earth y la magia de los Keeper de Helloween. Todo esto es magistralmente unido para dar forma a una música potente y melódica, con una hechizadora y original atmósfera épica oscura.

Los agresivos riffs de las guitarras están adheridos con precisión a una batería de terrible potencia, a lo Iced Earth (lo que pone en evidencia la huella que estos americanos han marcado en el viejo continente) y el teclado de estilo neoclásico, en la que se incluyen solos, le da un matiz inusual nunca visto en otras bandas power de tal agresividad. Pero es la voz de Lars F. Larsen, de registro bajo, claro y al mismo tiempo potente, la cual le da toda una nueva dimensión a la propuesta global de Manticora. Sin embargo, la voz flaquea notoriamente al momento, que no son muchos, de alcanzar los tonos más altos.

Darkness With Tales To Tell es el segundo trabajo de la agrupación, después de hacer su debut en 1999 con Roots Of Eternity. La producción, con lo que respecta al sonido, es increíble, pero en ciertos momentos, ojo, no en todos, se abusa de la computación (lo cual se está haciendo común en casi todas las bandas melódicas de la última generación) como en el caso de la batería programada en vez de utilizar la percusión analógica. Dicho elemento le resta realismo al resultado final, dando una cierta sensación de “artificialidad”.

Hablando de la música misma, luego de una pequeña introducción que sumerge al que la escucha en el ambiente del disco, arremete como una explosión de furia The Chance Of Dying In A Dream, sorprendentemente rápida y potente, pero nada más. La canción no varía en lo absoluto en ningún momento, por lo que el éxtasis del principio se transforma en hostigamiento después de un par de minutos. Éste no es un tema descartable, debido a su rapidez es un buen tema para empezar, pero sí el punto más bajo del álbum. Pero Dynasty Of Fear, a continuación, composición de mucho mayor creatividad y variedad, reivindica por completo a la banda. Es, sin duda, uno de las mejores canciones de la placa. Luego, viene la canción Dragon’s Mist, la de más larga duración, el corte épico del disco con una potencia y majestuosidad constante, acompañado de un corte que da paso a una excelente sección instrumental, con pieza de piano incluido. Otro de los puntos altos del Darkness… es el siguiente tema, Felice, el cual cuenta con una introducción “baladesca” y luego toma un matiz similar al veloz galope de Iced Earth, además de escucharse unas voces femeninas (a mi parecer, lo mejor del disco). Unida a la pista anterior, The Nightfall War irrumpe con rapidez y potencia la cual es complementada con un dramatismo lírico y atmósfera oscura. Más adelante, la balada The Puzzle juega como un papel de “break” en el disco, al igual que Critical Mass, un tema de marcada raíz progresiva en su línea general, mientras que Lost Souls se devuelve a la tónica del álbum, es decir, potencia y oscuridad. Sin embargo, aquel tema no llega ni a los talones del siguiente: The Twilight Shadow, otro de los momentos cumbres del disco. Lo que ofrece esta canción, además de agresividad (entendido dentro de los parámetros del metal melódico), es un sonido más heavy al estilo de bandas como Gamma Ray. Para finalizar, se encuentra el tema Shadows With Tales To Tell, título casi idéntico al del álbum. El papel de capítulo final lo hace bien, pero deja un gusto a poco, cuando se podía esperar más del cuasi tema título de la obra. Pero quienes gozan en demasía de la rapidez, este tema les vendrá de perillas.

Además, el arte de portada, cortesía del suizo Chris Kallias, es notable, totalmente adecuada al concepto del disco y su música: un espeso bosque teñido de rojo en la que se encuentra un guerrero muerto; siniestro, oscuro y misterioso, reflejo exacto de Manticora.

Uf… ¡Qué buena banda!

Es sabido que Gamma Ray es una de las bandas más importantes dentro de la escena metalera mundial. Nace más o menos en 1989 como un proyecto del maestro de Kai Hansen, guitarrista recientemente retirado de Helloween, y Ralf Scheepers, ex vocalista en aquel entonces de Tyran Pace, dueño de una de las mejores voces en la historia del power metal. Acompañados de Mathias Burchardt en la batería y de Uwe Wessel en el bajo, dieron vida a “Heading For Tomorrow”, su primer disco. Luego, con la llegada de Dirk Schlächter a las guitarras, prosiguieron con un EP llamado “Heaven Can Wait” y con su segundo LP, “Sigh No More” (estos 2 últimos con Uli Kusch, ahora lamentablemente ex-Helloween, en la batería). En 1993 lanzan “Insanity and Genius”, disco en el cual se incorpora Jan Rubach en el bajo y Thomas Nack en la batería, y que marca la partida de Ralf Scheepers, actual vocalista de Primal Fear.

Con la partida de Ralf, Kai Hansen toma las voces en “Land Of The Free”, uno de los mejores discos de la historia del power metal, mejorando notablemente su rango vocal respecto a “Walls Of Jericho”, el primer disco de Helloween (de 1985) que lo tiene también en las voces. Después de lanzar “Alive ’95”, su disco en vivo, Jan y Thomas se van de la banda, dejando lugar a Henjo Richter en las guitarras, Dan Zimmermann en la batería y pasando Dirk Schlächter de la guitarra al bajo, dando lugar al actual line-up de Gamma Ray, y lanzando muy buenos discos como lo son “Somewhere Out In Space” y “Power Plant” (disco con cuya gira vinieron a Chile en 1999). El año recién pasado lanzaron “Blast From The Past”, un album doble que contiene 3 temas de todos los discos de Gamma Ray, rehechos con el actual line-up.

Hecha esta pequeña introducción histórica, estamos en condiciones de hablar de “No World Order”, el nuevo disco de esta ya histórica banda, compuesta por el señor Kai Hansen (en voces y guitarras), Henjo Richter (guitarras y teclados), Dirk Schlächter (bajo) y Dan Zimmermann (batería), que ha mantenido en alto la bandera del power metal ya por largos años. La carátula del disco, diseñada por Hervé Monjeaud, va dentro de lo que han sido las carátulas de Gamma Ray en el último tiempo, con las ya clásicas pirámides en el cielo, los demoniosmedios Maiden, la onda futurista…. El sonido evoluciona hace una onda un poco más oscura y grave, pero sin perder el clásico y característico sonido de Gamma Ray, que matiza cierta suciedad con la limpidez de los tiempos de la batería. Además, marca una tendencia en las bandas alemanas : su sonido se va haciendo un poco menos rápido, pero más pesado, como se ve en “The Dark Ride” de Helloween, al contrario de lo que han estado haciendo las bandas italianas de aparición más reciente en la escena power metalera. Pero vamos a lo que nos interesa : la música.

El notable intro, “Induction”, en la onda de Carmina Burana, nos lleva al primer latigazo del disco, “Dethrone Tyranny”, un tema compuesto por Dan Zimmermann que invita a ponerse de pie, muy en la onda gloriosa de “Man On A Mission”, con un juego entre las guitarras más que notable, con una construcción rítmica espectacular (fantásticos cambios de ritmo) , un coro increíble … para mi gusto, el mejor tema del disco. Luego, el disco prosigue con “The Heart Of The Unicorn”, tema con un riff bastante pesado, bastantes cambios de ritmo (que ya van marcando la tónica del disco) y una de las mejores performances vocales de Kai Hansen a lo largo de su carrera … es un gran tema, quizás mucho más aprovechable en vivo.

El disco continúa con “Heaven Or Hell”, el single del disco, tema muy parecido a “Send Me A Sign” del disco “Power Plant”, que cuenta con uno de los toques más comerciales del disco (entendiendo lo “comercial” dentro de un contexto de metal, y seguramente también formará parte del setlist de Gamma Ray en vivo. Continuando con el disco, encontramos “New World Order”, tema cuyo primer riff es bastante similar a “Rat Bat Blue” de Deep Purple, y en cuyo solo encontramos prácticamente un extracto de un clásico: “I Want Out” de Helloween … pero a pesar de estas reminiscencias a otras bandas, es un tema con mucha onda, y bastante bueno también para ser tocado en vivo (especialmente en la parte del “o-ooo- oooh”).

Luego encontramos “Damn The Machine”, un tema que rompe un poco con el esquema del disco, pues tiene un riff bastante lento y pesado al principio (bastante en la onda de “Escalation 666” de Helloween), pero que al escucharlo una y otra vez es mejor y mejor … quizás sea un tema que no les agrade mucho a los más recalcitrantes fans de la rapidez en el power metal, pero en lo personal me parece un excelente tema. El disco continúa con “Rapid Fire” … ¡¡¡perdón!!! con “Solid”, tema casi sospechosamente similar al mencionado clásico de Judas Priest, con algunos toques similares a “Changes” de los mismos Gamma Ray … es un buen tema, que estaba originalmente concebido para Iron Savior (la ex banda paralela de Kai Hansen), y cuya fórmula es más propia de la agresividad del metal más “callejero” (como, por ejemplo, lo que hace Primal Fear) que la onda más ultra melódica.

El disco prosigue con “Fire Below”, quizás el tema más prescindible del disco, sin mucho carácter, aunque seguramente andará mejor en vivo. El disco continúa con “Follow Me”, demasiado parecido a “Hunting High And Low” de Stratovarius, pero al escucharlo más se encuentran detalles más originales, transformándose en un tema bastante bueno. Casi terminando el disco, aparece “Eagle”, un excelente tema, a pesar de no ser extremadamente rápido, tiene actitud y principalmente tiene un cierto contenido emotivo, incluyendo la parte del diálogo de las guitarras bastante en la onda de Iron Maiden, con un quiebre espectacular en la parte del solo, y llega a ser de los puntos más altos del disco … al final, el grito del águila que ya conocimos en “Eagle Fly Free” de Helloween. Es bastante extraño terminar un disco con una balada, pero Gamma Ray toma el riesgo de hacerlo, con “Lake Of Tears”, una hermosa balada que tiene la particularidad de ser ciertamente más melancólica que muchas baladas power metaleras. Cabe señalar que la versión japonesa de “No World Order”; incluye un bonus track, llamado “Trouble”.

En resumen, si bien en “No World Order” los “déja-vu” musicales aparecen más de lo recomendable, es un buen trabajo. Posee un sonido tenuemente más oscuro respecto a sus trabajos anteriores, lo cual le da un toque bastante especial. Si bien no es el mejor disco de Gamma Ray (no llega a los niveles de un “Land Of The Free”) y deja con gusto a poco, es un disco digno de escucharse y de tenerse en la cabecera por bastante tiempo. No es un disco “desechable” ni mucho menos, y al escucharlo más y más se encuentran toques de distinción que hacen de “No World Order” un trabajo absolutamente recomendable, incluso para quienes han escuchado poco de esta banda, pero especialmente para sus fans más recalcitrantes … no los decepcionará.

Esta banda finlandesa, integrada por Tony Kakko (voz y teclados), Jani Liimatainen (Guitarra), Tommy Portimo (batería), Marko Paasikoski (bajo), y el gran Mikko Harkin (teclados), quien trabajó con el espectacular guitarrista Jarno Keskinen en KenZiner, tuvo una explosiva aparición en la escena metalera con su gran disco “Ecliptica”, en 1999. En éste, su segundo LP, se muestran con la misma fuerza y el mismo shock melódico de sus composiciones, aunque un poco más maduros. “Silence” aparece después de haber lanzado el año recién pasado el EP “Successor”, donde mostraron ciertas debilidades, especialmente en lo que se refiere a su sonido en vivo, pues si bien muchos temas los hicieron en versiones más rápidas, carecieron de potencia especialmente en el sonido de la guitarra.Pero vamos a “Silence”.

El intro, “… Of Silence”, medio en la onda “Operation: Mindcrime” de Queensrÿche, conduce al primer gran tema del disco, “Weballergy”, velocísimo y ultramelódico, sin innovar mucho respecto a los temas más rápidos de “Ecliptica”, pero con un mayor protagonismo de los teclados del pequeño maestro Mikko Harkin, quien para mi gusto, con los años se convertirá en el mejor tecladista de la escena. El disco sigue con otro gran tema, “False News Travel Fast”, quizás menos frenético que el tema anterior, pero con una gran performance de Tony Kakko en las voces (con un par de gritos sospechosamente parecidos a Timo Kotipelto, aunque el mismo Tony dijo que no le gustaba mucho Stratovarius … je), y mostrando interesantes cambios de ritmo. Luego, en “The End of This Chapter”, Sonata Arctica demuestra ser una banda que está madurando, pues sin ser este un tema que le guste mucho a quienes buscan en esta banda rapidez y virtuosismo, funcionan muy bien como banda, sin intentar que tan rápido pueden ser los solos de guitarra o qué tan alto puede llegar Kakko en las voces … en el fondo, el tema tiene feeling. “Black Sheep”, el siguiente tema, va más en la onda melódica que rápida, no es el mejor tema del disco pero tampoco desentona, destacando los solos, tanto de Jani como de Mikko. Luego, “Land Of The Free” (nada que ver con Gamma Ray), vuelven al doble bombo, y aunque no es un tema especialmente rápido o desenfrenadamente melódico, tiene cosas bastante interesantes. La primera balada del disco, “Last Drop Falls”, es bastante bonita, con un Kakko en un gran nivel, pero no alcanza a deslumbrar pues no hay mucha novedad respecto a millones de otras baladas metaleras. Luego, tenemos la versión re-hecha de “San Sebastian”, un gran tema dado a conocer en “Successor”, y que en lo personal me agrada un poco más que en la versión anterior, se nota que trabajaron en el tema y le dieron una onda un poco distinta, sin perder la esencia del tema, que es bastante rápido y melódico, en la onda de Stratovarius. Posteriormente, Sonata Arctica experimenta con “Sing in Silence”, que para definirlo bien habría que decir que es el típico tema que las bandas tocan en vivo y que podría perfectamente ser dejado de lado por un tema que se echó de menos en un recital … es decir, no es un mal tema, pero tampoco tiene mucho de destacable, tiene eso sí un final abrupto que lo hace ser un tema bastante extraño aunque no desentona. Posteriormente, el tema instrumental del disco, “Revontulet”, es un pequeño y virtuoso bocadillo, muy agradable para nuestros powermetaleros paladares. Luego, la segunda balada del disco, “Tallulah”, es mucho más sencilla que la anterior, y quizás la letra tenga algo que ver con un famoso santuario de la naturaleza así llamado que queda en Estados Unidos … es sabido que estos muchachos de Sonata Arctica tienen letras bastante poco convencionales, jamás hablan de dragones o princesas, sino de cosas cotidianas como niñas embarazadas (en “Mary-Lou”) o adicciones a internet (en “Blank File”).

Luego, el single del disco, “Wolf & Raven”, es un excelente e intenso tema, recomendado para quienes anden en búsqueda de velocidad y virtuosismo, nuevamente muy en la onda de Stratovarius (aunque los temas rápidos de Sonata Arctica empiezan inmediatamente con la descarga de velocidad que desarrollarán en el tema, a diferencia de Stratovarius que generalmente hace un pequeño intro en cada tema rápido …). El disco “concluye” con “The Power Of One”, otro gran ejemplo de la madurez que poco a poco va alcanzando esta banda … es un tema de 10 minutos, con toques magistrales especialmente en el feeling que tiene este tema, con muchos cambios de “ambiente” más que de ritmo, y con un excelente trabajo musical … totalmente recomendado para quienes no se cieguen a buscar sólo rapidez en esta banda. Antes dije que el disco “concluía” con “The Power Of One” … pero no es así, pues nos queda el último tema, un bonus track llamado “Respect The Wilderness”, que debe ser uno de los mejores bonus tracks que he escuchado (junto con “The Final Sacrifice” de Avantasia), con un coro notable y el mensaje ecológico ya característico de estos pequeños genios finlandeses. En resumidas cuentas, este disco gusta mucho más a la segunda o tercera vez que se le escucha. Es posible que a la primera vez el disco no enganche tanto en nuestros selectos paladares, pero al revisarlo una y otra vez nos podemos percatar que se trata de un muy buen trabajo, con una banda que como muchas pudo haberse quedado sólo en una sorpresiva y violenta irrupción en la escena powermetalera … pero al parecer, ellos no lo tienen planeado así … para bien nuestro!.

Hay que reconocer cuando las cosas son buenas, más allá de alguna especie de subjetivismo como la de este caso, que la banda sea chilena. Nos encontramos ante una agrupación con un sonido auténtico, sin acusar ninguna copia descarada dentro de las que son sus influencias: una mezcla del mejor metal alemán (Gamma Ray, Iron Savior) con tendencia al estilo thrash americano de la década de los ochenta, una pincelada del estilo heavy de Judas Priest más solos de guitarra melódicos en extremo. Alguien, perfectamente, podría decir que estoy definiendo el estilo de bandas como Primal Fear o Metalium. Estamos hablando de las mismas influencias, eso está claro, pero Witchblade las aprovecha y mezcla de una manera distinta que sus colegas alemanes… con un resultado mucho más que satisfactorio. Las canciones del disco debut de Witchblade se caracterizan, más que nada, por una potencia inusual en bandas power. Gran rapidez (Fire!), solidísimos argumentos musicales (Evil against Evil, Northern men, Prophet of the Sand) e impredecibles cambios dentro de cada tema, factor que mantiene siempre la atención del que escucha el disco, al máximo.

El trabajo de las guitarras de Soledad Genúa y Gabriel Hidalgo es sobresaliente, las notas más bajas pegadas codo a codo con el doble bombo, y buen acople en los rápidos y excelentes solos. La batería de Rodrigo Espinoza cumple también un rol destacado con una ejecución agresiva muy exacta y el bajo de Paulo Domic, de marcado estilo thrash, se acopla perfectamente con la percusión, entregando interesantes matices. Las voces de Freddy Alexis son buenas y hay coros muy inspirados y bien logrados. Por otro lado, la temática de las letras es variada: las hay épicas, sobre el mal, vikingos, sociedad inclusive. Con tantos matices revueltos perfectamente se podría llegar a una especie de saturación y desorden, y ese es otro mérito de Witchblade: saben muy bien canalizar cada aspecto de su música, para no volverse cansadores para el oído. Gran mérito para la principal compositora del álbum Soledad Genúa y también para Gabriel Hidalgo, integrantes que ya no están en la banda (esperamos pronto verlos en un nuevo proyecto).

Y, por último, tenemos la portada. Ésta no dice nada acerca del estilo de la banda, sólo que Witchblade arde en llamas, sencillo pero sugerente. Sin duda estamos ante una gran banda chilena. Y lo mejor de todo es que sus mejores discos están todavía por venir (sólo si compramos el disco original y no lo pirateamos).

¡PREPÁRENSE PARA SENTIR LA HOJA DE LA BRUJA!