Hablar de White Wizzard es hablar de Heavy Metal a secas. Los oriundos de California comenzaron su carrera hace ya diez años y son sin lugar a dudas uno de los estandartes del revival de Heavy Metal tradicional que ha experimentado la escena durante la última década. Y esto no es casualidad porque los yankees se han ganado su sitial a punta de buenos discos: “Over the Top” (2010), “Flying Tigers” (2011) y “The Devil’s Cut” (2013), todos ellos en la vena más clásica del Heavy Metal, compartiendo la misma filosofía que predican Enforcer, Skull Fist o los nacionales Iron Spell, por sólo nombrar algunos.

Luego de sucesivos cambios de formación y cinco años de espera desde su último LP, White Wizzard nos presenta “Infernal Overdrive” con Wyatt Anderson en la voz, James LaRue en guitarras, el líder sempiterno Jon Leon en el bajo y Devin Lesback en la percusión.

El disco arranca con el single y homónimo Infernal Overdrive. Una introducción de redobles furiosos marca de inmediato un tono de agresividad y velocidad que se aleja del Heavy más tradicional, entrando en un terreno infernal, más agresivo, y que incluso coquetea ese Thrash Metal que cultivasen bandas tipo Forbidden. Sin embargo, el Wizzard se debe al Heavy Metal y es así como rápidamente la canción devela una influencia brutal, innegable y hasta cuestionable: Painkiller. Los primeros versos son casi un calco del clásico de Judas Priest. Si es un homenaje o un plagio, no lo sabemos, eso queda a criterio de cada uno. En general, Infernal Override es un viaje al sonido más noventero del género, más rápido y entrópico en comparación a la propuesta más NWOBHM que la banda acostumbra a presentar. Es un comienzo diferente, pero auspicioso.

Con Storm the Shores, los californianos vuelven a sus raíces con un sonido más tradicional y cercano a la NWOBHM, propuesta que por supuesto manejan a la perfección y disfrutan haciendo. El bajo de Leon aumenta sus decibeles, mientras que LaRue da clases de armonización y elegancia con esas típicas escalas maidenescas de principios de los 80′. Todo esto bajo la sólida percusión de Devin Lesback, que fiel al estilo, despliega ese ritmo galopante y lleno de arreglos, que también es marca registrada de Nicko McBrain y la doncella.

Siguiendo la misma linea musical, Pretty May entrega otra combinación de recursos clásicos que estructuran un tema sólido, de espíritu viejo y manufactura moderna, tal como uno esperaría al ponerle play a cualquier disco de White Wizzard. Es menos cautivante que su predecesor, pero que justifica su espacio en esta placa.

Cuatro golpes de hi-hat introducen Chasing Dragons, composición que quiebra de cierta manera la tendencia que viene presentando el disco. Aun cuando la formula es evidentemente Heavy, cierto elementos melódicos acercan este tema a propuestas más Power. Los ocho minutos de canción se pasean por diferentes sonidos que se entremezclan cómodamente, dando forma a un blend interesante, no tan directo, pero sólido al final del día.

El quinto tema es Voyage of the Wolf Raiders, segundo de los cuatro temas de la placa que se extienden por más de ocho minutos. Un comienzo acústico y de carácter nostálgico abre esta pieza musical, que evoluciona hacia riffs y melodías que es imposible no contrastar con el catálogo de la Doncella de mediados de los 80’. Se pueden identificar fácilmente tres o cuatro recursos que tributan lo hecho en canciones como Rime of the Ancient Mariner. Más allá de todo juicio en términos de influencia/tributo/homenaje, Voyage of the Wolf Raiders es un gran esfuerzo compositivo, muy bien logrado y brillantemente ejecutado.

Las influencias de Judas Priest, especialmente en términos vocales, vuelven al ruedo con Critical Mass. El trabajo vocal de Anderson sobresale del resto de las performances (y justifica su alias Screamin’ Demon), alcanzando notas ridículamente agudas, a veces innecesarias. Armonías complejas reemplazan los clásicos riffs en acordes mayores y el shredding de la guitarra da energía y vida a una canción de cadencia veloz y espíritu caótico. Diametralmente opuesta es Cocoon, séptimo tema de este larga duración, donde la banda baja las revoluciones del metrónomo y transmite sentimientos profundos y melancólicos más que de euforia y caos, gracias a la voz desgarrada de Anderson.

Similar a la propuesta anterior, Metamorphosis es un tema denso y reposado. En esta parte del disco White Wizzard parece querer intercambiar los cabeceos incesantes por la introspección reflexiva. No es que sean temas intrínsecamente lentos, pero tienen una atmósfera mucho menos putera que lo presentado en la primera mitad del disco.

Finalmente, cerrando “Infernal Overdrive” llegan los once minutos que llevan por nombre The Illusion’s Tears. En línea con los tema anteriores, la propuesta es menos infernal y más solemne. Guitarras sobrias, una base rítmica más pausada y un Anderson más contenido protagonizan una composición que deambula por pasajes que ilustran un White Wizzard menos callejero y más maduro… eso al menos hasta el minuto ocho de canción, cuando activan el interruptor metálico y vuelven a la carga con un riff cargado a la cafeína y con guiños a Kill the King de Rainbow, en lo que pareciera ser una estampa de Heavy Metal encargada de cerrar este larga duración de la misma manera que empezó.

En consecuencia, “Infernal Overdrive” es un trabajo positivo que termina de consolidar una nueva faceta de White Wizzard, pues da la impresión que se muestran como una banda más madura, con composiciones menos cañeras y más complejas. Entrando de lleno en el terreno de los juicios personales, honestamente no sé si esta es la fórmula ganadora. Por una parte, muy bien, evolucionaron… pero parece que eran más disfrutables cuando tenían una propuesta más simple y directa. ¿Será realmente así? Difícil de juzgar. Lo que sí es cierto es “Infernal Overdrive” es un buen disco de Heavy Metal que sigue pavimentando el camino de White Wizzard como uno de los grandes exponentes del revival de Heavy Metal que venimos disfrutando hace ya un par de años. Yo no soy devoto de los revival y la gran mayoría no me prenden para nada, pero hay que saber reconocer cuando la música es buena, y los californianos algo saben de eso.

Hernán Borquez

Siempre se cuentan muchas historias acerca de la magia que rondan las tierras de la isla de Chiloé, lugar de origen de los muchachos de Camus. A modo de comentario personal, conocí esta banda en el homenaje al fallecido Pablo Garriga (Eternal Thirst) que se realizó hace ya algunos años, y fueron uno de los puntos más altos de la jornada. Tras varios cambios en su formación (especialmente en cuanto a las voces), presentan su segundo disco llamado “Resistir”, sucesor de “Senderos de Libertad”.

Esta segunda placa de los ancuditanos nos presenta un trabajo que tuvo un largo tiempo de preparación, y abre los fuegos con una intro que se caracteriza por contar con todos sus elementos en una medida justa y precisa que da paso a No Pierdas La Fe, en donde se puede apreciar la gran influencia del Power Metal de Helloween y Gamma Ray, pero condimentado con el sello que ya se vio en los temas del disco anterior (por favor escuchen Ya Todo Se Vendió), sobre todo con un salto de calidad con respecto al sonido registrado en el primer disco. Todo se percibe y se escucha mucho mejor. Cambios de ritmo, guitarras en armonía, la presencia de la batería y el cambio de tono en el riff principal, el cual deja paso a un Heavy Metal de corte muy clásico donde la voz de Francisco “Caluga” Almonacid luce e impone su sello, junto con sentirse muy bien acoplada, como si hubiera estado desde el primer día en la banda.

Desde La Proa parte con un acercamiento inicial con tintes de Hard Rock, pasando por un midtempo y un coro con donde si bien el que destaca es Francisco en las voces, el trabajo conjunto de Max y Javier en bajo y batería respectivamente sientan una base sólida que destaca la voz principal y los coros de Andrés “Mengo” Ibáñez, que hacen el contraste perfecto poniendo un toque más “callejero”. Esta canción fue uno de los primeros adelantos del disco, y se siente como una invitación a recorrer el Canal de Chacao, tomar un bote y adentrarse dentro del agua para sentir esa atmósfera especial de la isla, dejando atrás todas las preocupaciones de la vida y dejarte llevar en un viaje.

Resistir presenta una faceta diferente, con un tiempo más lento pero mucho más rockera y llena de fuerza y matices entre estrofas, acompañados por un sonido más grave en las guitarras que por pasajes hace recordar al sonido de Van Halen… pero sin duda el broche de oro de esta pista es el coro “Y resistir / De pie hasta el fin…” interpretado por Mengo que te deja más que claro que este disco tiene tanto talento y música como cojones y actitud para repartir.

Camus trata de dejar siempre en claro sus orígenes, principios e historias de vida que han formado la identidad de su gente, y todas estas experiencias se ponen a disposición de la música en canciones como La Goleta, donde se nos cuenta de manera soberbia la historia de veintitrés marinos que dejaron todo por perseguir el sueño de conquistar la pampa y dejar su marca en tierras aún más australes. En cuanto a lo musical, a lo largo del disco encontramos un trabajo de guitarras impecable, tanto en las bases rítmicas y los solos, pero sin duda alguna se lucen de mayor forma en el trabajo armónico.

El midtempo En El Silencio está ubicada perfectamente en el listado de canciones para bajar un poco las revoluciones y preparar el terreno para el tercio final del disco: Lafquen, Almas De Acero y Jaguar, todas de una altísima factura, pero lo que más destaca en este cierre del disco es la expresión del compromiso de cada uno de los integrantes con su música, su tierra y sus ideales.

Este disco es sin duda alguna un gran paso adelante en la carrera de esta banda, dejando en claro que muchas veces no es necesario contar con todos los recursos del mundo para realizar un buen trabajo, siempre se que haga con ganas, respeto y actitud.

Sebastian Aguirre

Siempre es un gusto revisar nuevo material chileno, porque es una demostración de cómo la escena nacional no sólo crece en cantidad de bandas y recitales, sino que también crece en calidad compositiva y trabajos en discográficos, siendo precisamente estos últimos los que se convertían en el principal problema para la mayoría de las bandas hace un tiempo, ya que se hacía una empresa casi imposible de concretar para muchos.

Rising Angel, proyecto del guitarrista Juan Carlos Ponce, es una de esas bandas que aceptaron el desafío de hacer música y con ella crear una carrera discográfica, la que comienza con su demo “Ángeles Caídos” (2010), el EP “(R)evolución” (2013) y el single “Libérame” (2013), continuando hoy con su primer larga duración llamado “Un Nuevo Destino”. En esta oportunidad, Ponce fue acompañado por el baterista Vincent Zbinden (Húsar/Invasión, Maze), el vocalista Jaime Salva (Húsar/Invasión, ex Valkiria, ex Concerto) y el guitarrista Nicolás Arce (Húsar/Invasión, Maze, ex Battlerage).

Ahora, ya sabiendo de quienes hablamos y a quienes estaremos escuchando, sólo nos queda revisar este debut que ya con los nombres que participan nos genera altas expectativas.

Todo esto inicia con La Última Frontera, la que es a la vez uno de los singles de este trabajo, abriendo el disco con un corto riff en crescendo acompañado de la batería que dan paso al cuerpo total del tema. Un muy correcto Power Metal de moderada velocidad, donde cada uno de los integrantes muestra un poco quienes son y de entrada se nota una tremenda calidad compositiva pudiendo disfrutar líneas líricas, vocales e instrumentales perfectamente encajadas logrando un tremendo opening track. Desgraciadamente en la sección de solos pareciera que, en la necesidad de desmarcarse totalmente de sus influencias y mostrarse original termina cayendo en algunos pequeños errores, los que no quitan prácticamente nada al excelente tema que es, pero creemos necesario mencionarlo.

Subimos un poco la velocidad y arrancamos de golpe con Sideral, con un ritmo más estable y un Salva más relajado en potencia pero con una tonalidad levemente más alta, hasta el quiebre rítmico de tremenda factura que nos regalan casi al minuto. Se mantiene con una fórmula exquisita de velocidad media con riffs relativamente sencillos pero potentes sin necesidad de ser pesados, entregándonos un puente y coro tremendos que no dejan nada al arbitrio. Se nota la dedicación puesta, especialmente en la sección de solos donde no se aprecia el problema del track anterior, dándose, incluso, el lujo de continuar con el solo por detrás de las líneas vocales que regresan. Simplemente uno de los más altos puntos de esta placa.

Libérame arranca al mismo ritmo que nos vienen entregando, con las guitarras luciéndose mucho más para dejarnos un pasaje que recuerda con un poco de nostalgia a Stratovarius, manteniendo una rica base de bajo sobre la cual la voz de Salva se pasea para volver al sonido característico de la banda. El trabajo de la batería de Zbinden es un tremendo aporte a la dinamicidad del tema, ya que la base rítmica muestra cambios interesantes que no son abruptos ni continuos, logrando un disfrute mayor al oído, desgraciadamente, en la sección de solos pareciera que la producción falla a la hora de terminar su parte la guitarra, lo que provoca una pequeña molestia que, gracias a la alta factura del track, no alcanza a dañar mucho su estructura.

Esto continúa con Ángeles Caídos, donde se disfrutan riffs más oscuros sin necesidad de agregar peso ni cambiar la potencia, sólo con una pequeña variación en la entonación de la guitarra lo que es tremendamente exquisito a la escucha. Las líneas líricas del puente y coro son un trabajo tremendo, la voz reclamando mientras voces de fondo le contestan es una estructura poco común que se convierte en un producto relativamente innovador y muy bien logrado. En la sección de solos nuevamente nos encontramos con algunos problemas de producción, al parecer, ya que las guitarras no cierran bien sus respectivas participaciones, lo que, sin embargo, no alcanza a empañar el tremendo tema que es éste, especialmente cuando la voz se libera y muestra tranquilamente todas sus luces hacia el final.

En la medianía de este trabajo nos encontramos con Directo al Amanecer, que nuevamente nos recuerda un poco a Stratovarius con su estructura melódica, lo que pareciera dejar claro quiénes serían algunas de sus principales influencias. Las líneas vocales se muestran relativamente relajadas en comparación a los cortes anteriores, siendo la batería uno de los que más aprovecha de lucirse con sus constantes juegos y cambios mientras todo lo demás mantiene una estructura poco arriesgada, por decirlo de alguna manera, lo que permite que incluso uno de los puntos más bajos de esta placa, según mi apreciación claro está, sea una tremenda pieza de Power Metal, quizás no se convierta en una de las más memorables, pero definitivamente nos entrega la confianza que aun lo menos destacado de Rising Angel es de una calidad superior.

Con una ambientación de la guitarra arranca Al Diablo Respondes, la que nos trae riffs más pesados y potentes que, a la vez, nos traen elementos quizás un poco más rockeros, una estructura relativamente básica que transmite sin mayor problemas su mensaje tanto musical como lírico, especialmente al llegar al momento del coro, sin dejar de disfrutar claramente la tremenda sección de solos, aunque algunos de los elementos traídos de estilos menos “metaleros” podrían quizás no gustar a todos pero, al sumar y restar, no restan de manera importante a la calidad del tema y lo mantienen en la altura del disco.

Muchos podrían decir que un disco de Power Metal no es tal sin una balada y así nos encontramos con Ya No Estás, donde lo primero que descoloca un poco es que la voz de Salva pareciera escucharse un poco fuerte por sobre los instrumentos, al entrar en la sección más “power” pareciera arreglarse un poco pero sigue notándose. El estilo de la guitarra y la estructura del tema no dejan de recordar en ocasiones a la tremenda “If I Could Fly” de la Calabaza, no siendo en ningún caso un plagio o una copia, de hecho, es claramente una composición propia y de muy buena calidad pero creo es innegable el papel que jugó esa tremenda balada en la composición de esta otra tremenda balada. Un momento de tranquilidad y relajo que nos sigue regalando un tremendo disco.

Revolución llega, precisamente, a revolucionar los ánimos que quedaron relajados con la balada anterior y de entrada nos despiertan y llaman a movilizarnos. La estructura potente sin necesidad de ser tremendamente rápida, además de los quiebres rítmicos nos traen un tema de los más agresivos de la placa, una llamada a la acción en distintos ámbitos y eso es lo mejor para mi gusto, no llamamos a la revolución política o social solamente, llamamos a revolucionarse contra lo que necesite ser transformado, incluso nosotros mismos si es necesario, sin importar lo que se arriesgue si la causa es justa.

Volviendo a un sonido un poco más clásico y Heavy nos encontramos con Un Nuevo Destino, la que nuevamente nos trae esa estructura “stratovarística”, presentando un detalle nuevo que le da un toque excelente ya que al volver a las estrofas luego del primer puente la guitarra sigue tocando por detrás del riff principal y la línea vocal, un detalle exquisito que le otorga una tremenda dinamicidad y demuestra que Ponce no está para nada corto de ideas, especialmente porque para después del coro ya la guitarra es la protagonista tanto en la estrofa como en el puente, una especie de crescendo a lo largo del track que es tremendamente disfrutable y le da paso a una tremenda sección de solos. Sin lugar a dudas estamos frente a otro de los puntos más altos de este trabajo.

Todo tiene su final y así llegamos a Errores, la que arranca en el mismo nivel que nos dejó su antecesora. No cuesta mucho darse cuenta del tremendo nivel de Zbinden al escuchar los juegos y cambios que introduce en la batería en cada track, algo que definitivamente permite que los tracks sólo sumen, especialmente en este caso donde, por alguna razón, se hace un poco más fácil prestarle atención, mientras las guitarras se lucen haciendo su tremendo trabajo y las cuatro cuerdas mantienen la base rítmica con sus propios juegos. Si ya nos venían regalando tremendos momentos claramente decidieron que no podían bajar ni un poco los brazos para cerrar el disco y así lo hicieron, un broche de oro para un tremendo debut donde nadie pierde su oportunidad de mostrar que tan bueno y grande es en lo que hace.

Un trabajo de diez temas que en cincuenta y un minutos nos muestran el tremendo nivel compositivo de Ponce y el tremendo trabajo logrado por quienes le acompañaron en este disco, logrando cubrir todas las expectativas y dejar la vara bastante alta para un segundo trabajo que ojalá no debamos esperar mucho para disfrutar. Si bien no es el primer trabajo en estudio de Rising Angel sí es su primer larga duración, un trabajo que siempre es una odisea y más aún en nuestro país.

Quizás en la producción hubo algunos detalles que podrían mejorarse, como el cierre de las guitarras al terminar los solos, pero definitivamente nos vienen a dejar en claro que ya es imposible que el Metal chileno vuelva a jugar a los potreros, tenemos bandas de sobra para jugar de igual a igual en las grandes ligas. Cada día nuevas bandas logran aceptar el desafío componiendo y creando tremendos trabajos musicales como lo que en esta oportunidad nos regala Rising Angel, como queriendo decir “aquí en Chile ya no le tememos a nadie”. Ahora sólo queda esperar que esa mente pueda encontrar compañeros estables de camino para seguir disfrutando de su tremenda calidad como banda, por lo pronto, anotar en la agenda que el próximo 07 de Abril se presentarán en la Sala Master de Santiago para realizar el lanzamiento del disco como corresponde y donde podremos disfrutar en vivo todo lo revisado en este espacio.

 

Sebastian Miranda

Tras años y años de espera, los oriundos del puerto de San Antonio por fin logran publicar su larga duración titulado «Out Of The Ashes Into the Light«, con el cual prometen saldar una deuda histórica con sus seguidores y por sobre todo, con ellos mismos. Porque en estos tiempos, parece imposible que una agrupación de casi quince años de vida recién a estas alturas del partido nos presente su debut discográfico de manera oficial. Harto en lo que fijarse entonces. Vamos directo a lo que nos convoca.

Into the Light es una introducción un tanto genérica dentro del estilo, pero que logra resaltar principalmente gracias a la orquestación, al teclado y a ese toque neoclásico que suda por los poros. Además, logra conectar de gran forma con el primer hachazo como tal, la entretenida New Kingdom. Inmediatamente damos cuenta del excelente sonido y de las marcadas influencias que salen a flote con las primeras notas. Vale decir, fácilmente nos encontramos con pasajes que recuerdan a Yngwie Malmsteen, Symphony X o a Hand of Doom de Manowar, por nombrar una referencia más puntual. Ojo, que quede claro desde ya, los porteños prontamente muestran sus propias armas con dobles bombos, guitarras punzantes y solos e interludios frenéticos que abren paso a un estribillo que se hace esperar un tanto, pero que finalmente logra cumplir su función: «Eternal nights, no more nights/ No one ever compromise/ Now the King is here/ He will stay here by your side«. Luego, la sección instrumental deslumbra de gran manera gracias a la participación del tecladista JJ Roldan y del guitarrista Esteban Hulloa V. Suma atención a los detalles acá, que marcan un gran comienzo para el LP.

Con Dreams (Don’t Fade) cambiamos radicalmente en todos los aspectos en relación a su antecesora. Básicamente el ritmo es mucho más «calmado» y la atmósfera se siente bastante más densa y pastosa. Todo esto comandado por la excelente base rítmica a cargo de Sebastian Pontigo y Cristopher Farías (batería y bajo, respectivamente), los cuales crean una muralla sólida mientras Marcelo Carvajal canta los primeros versos. Si bien la canción es un tanto plana y con falta de lucidez en cada estrofa, lo cierto es que con llegada las intervenciones de ambos guitarristas y del teclado de JJ, el asunto toma otros rumbos y nos topamos con progresiones dignas de aplaudir durante toda la parte media-final, para que, por último, el frontman haga su retorno cantando el último coro.

Y para recuperar la velocidad y el vértigo, la notable Into Your Eyes llega a poner la cosas en su lugar. Con total seguridad podemos afirmar que es una de las mejores composiciones de todo el álbum. Para hacerlo lo más sencillo y preciso posible, si quieren escuchar Power Metal hecho y derecho, acá lo encontrarán por miles. ¡Temazo señoras y señores! No los culpo si luego andan cantando el «Into your eyes evil spirits passing by/ As will die in the darkness in disguise/ No one will know if our lost was ever strong/ As I’m searching and searching to go on» inconscientemente. Para enmarcar.

Siguiendo en la senda progresiva, Wings Without Destiny es el prefacio ideal para que The Master of Sorrow explote con la intensidad y la fuerza que ya han demostrado con creces. Ojo al cambio que se produce cuando comienza la primera estrofa, donde el trabajo de pies de Sebastian Pontigo es descollante. Ahora, hablando en líneas generales, es una composición sin grandes pretensiones y fácil de digerir. El coro es llevadero y los versos cuentan con un huracán de fondo cortesía de Esteban Hulloa V. y Esteban Hulloa C. Y como ya es costumbre, la sección de solos es alucinante.

Pero un álbum también necesita contrastes y diversas emociones para evitar la monotonía. Por esta razón, Who’s to Blame es una balada que llega en el momento justo como un punto de inflexión tras los cañonazos iniciales. A no perderle la pista a la orquestación y a los arreglos en el teclado que suenan de fondo, ya que se acoplan de gran forma a la melodía implantada en su lírica. Y si de contrastes se trata, con Dark Wings el asunto funciona a la perfección. Fácilmente podríamos hablar de una canción «prototipo» dentro de este «Out Of The Ashes Into The Light«. Vale decir, no hace otra cosa que confirmar los atributos y virtudes de la banda que ya hemos escuchado y analizado. A no perder la calma, esto definitivamente no es un aspecto negativo. Precisamente la virtud está en arreglárselas de cualquier manera para que la fórmula utilizada siga dando frutos a pesar de todo.

Tras el último interludio orquestado llamado End of Days, Wondering Why es otro de los puntos altos-altísimos. Para que se hagan una idea a la rápida, el riff inicial junto a los arreglos del teclado recuerdan a Stratovarius en su mejor época. Power Metal de principios del milenio en más puro estado. Una ambientación reconfortante para dar paso a una pequeña pausa en la intensidad durante las líneas de Marcelo Carvajal, que luego llegan a lo alto en un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: «You wonder why we won’t survive/ You never seem to compromise/ And still we pay«. Interludio del teclado, solos donde se van «uno y uno» y el último coro para cerrar. Listo. Al bolsillo. ¡Temón!

Casi llegando al término, la dupla conformada por Nobody Knows e Infinite Desire nuevamente trae consigo los contrastes entre una canción y otra. Porque además de las diferencias que se aprecian de por sí -ya que la primera es una balada y la segunda un hachazo de aquellos-, por sobre todas las cosas hablamos del momento más bajo del disco en comparación a uno de los más altos (sí, otro más). En serio. Tanto así, que con Infinite Desire logras pasar el trago amargo de su predecesora y derechamente te dan ganas de escucharla una y otra vez. ¡Cómo suena la base rítmica!, ¡cómo suenan los solos!, ¡y qué manera de cantar el «Infinity a great desire, a dream/ To live forever and free…«! Esteban Hulloa V. derechamente se lució con esta composición. A disfrutar y a no perderle pisada a cada intervención de las guitarras. Finalmente, el outro Out of the Ashes nuevamente muestra toda la influencia del neoclásico en las teclas de JJ.

Desde luego que el balance final es más que positivo. Como mencionamos anteriormente, si bien hay canciones que cumplen con el estándar básico de un álbum de Power Metal Progresivo, lo cierto es que cada una logra encontrar la forma para destacar y para no ser pasada por alto. Por el contrario, la no despreciable cantidad de temazos con todas sus letras que encontramos en este disco, realmente es un aspecto para aplaudir y para destacar una y otra vez. Podemos afirmar entonces que la espera valió la pena totalmente. Nada es dejado al azar y la pulcritud en el sonido y en la ejecución de cada nota que escuchamos, demuestra el nivel de compromiso y de seriedad de los porteños. Para concluir de manera más precisa, hablamos de un discazo por donde se le mire.

 

Gino Olivares

Anton Kabanen fue el artífice de Battle Beast, uno de los grandes proyectos musicales del género insigne de esta página. Fue miembro fundador y principal compositor de los escandinavos hasta su salida, dos meses después de haber publicado “Unholy Savior”.

Tal fue el revuelo de su partida, que no tuvo problemas en formar una nueva banda y encontrar un sello rápidamente. El baterista Sami Hänninen (ex Brymir) se contactó con Anton directamente cuando supo que había separado caminos con Battle Beast, a fin de ser considerado por él si formaba una nueva banda. Yannis Papadopoulos (ex vocalista de Wardrum) fue contactado por Anton a través de internet, después de haber visto varios videos de él en YouTube versionando canciones y escuchar su trabajo en Wardrum. Después de conocer a Anton en persona, Yannis se unió al “proyecto” en ese entonces. Posteriormente acudió al llamado un amigo de Anton y primera opción para la guitarra, el experimentado Kasperi Heikkinen (Conquest, ex U.D.O.). Sólo faltaba el bajo y en ese período, los húngaros de Wisdom estaban en busca de un guitarrista, así que Anton Kabanen se unió a Wisdom como guitarrista, con la condición de que Máté Molnár, uno de los miembros fundadores de Wisdom se uniera al bajo en esta nueva aventura llamada Beast in Black. El sello Nuclear Blast apostó por esta idea y lanzaron su primer disco titulado “Berserker” con el gigante discográfico cuando estuvo finalizado el trabajo.

Anton Kabanen es un fan declarado de Kentaro Miura. En su época en Battle Beast, compuso varias canciones relacionadas a Berserk (The Band of The Hawk, Iron Hand, Victory, Golden Age, Kingdom, Out of Control, The Black Swordsman y Fight, Kill, Die). Con esta premisa,  “Berserker” nace influenciado musicalmente por grandes exponentes del Heavy Metal de los ’80 (como Judas Priest, Manowar o Accept por nombrar algunos) y la obra en sí, sin ser conceptual, se inspira en el trabajo de Kentaro Miura, el eterno manga llamado Berserk (publicado inicialmente en el año 1989 por Monthly Animal House y que continúa siendo difundida hasta la fecha por la revista Young Animal).  El artwork infundido en “Berserker”, es esbozado por Roman Ismailov (quien había dibujado la carátula de “Steel”) y muestra a “la bestia”, símbolo de Battle Beast y ahora de Beast in Black emulando a Guts (o Gattsu en su versión japonesa protagonista de la obra), con un brazo metálico y una gran hacha aparentando a la imponente espada matadragones. De fondo podemos ver a Midland a un lado derecho y por el otro costado, a Zodd el inmortal junto al Caballero Calavera.

El disco abre con Beast In Black, una canción enérgica, muy pegadiza y con excelentes e imaginativos duelos de guitarra, gran acierto para abrir este disco y presentar al grupo. La base rítmica es contundente y la voz de Yannis suena potente, apoyada en el coro por el trabajo de Anton en las voces (que ya conocíamos desde su paso por Battle Beast). Esta apertura, nos relata el conflicto interno que tiene Guts con su bestia interior, un animal en forma de perro endemoniado que se apodera de él. En su ira insana, odio y rabia, Guts usa su espada matadragones para vengarse de Griffith y asesinar a todos sus apóstoles.

Blind And Frozen fue el primer single/video publicado por la banda y fue la carta de presentación de Beast in Black al mundo. Nadie quedó indiferente ante la particular voz de Yannis, de un inicio con un registro vocal alto y posteriormente sutil. Tiene varios tintes femeninos en su registro y su amplio rango hacen que escuchar esta canción por primera vez, nos deje con la boca abierta. El griego es muy versátil, en momentos tiene una voz poderosa y a la vez delicada. Un acierto en cuanto a melodía y posterior desarrollo. La expectación en cuanto a la voz era muy grande, Yannis vino a ser el “reemplazo” de dos fieras como Nitte Valo y Noora Louhimo. Temazo desde el primer segundo, no le sobra ni le falta nada. Canción concebida para ser un himno.

Blood Of A Lion pareciera ser tomado del primer trabajo de Battle Beast, canción desechada incluso en “Unholy Savior” y usada en este disco. Otro himno que debe funcionar bastante bien en vivo, con unas melodías súper pegajosas. Mientras transcurren sus primeros segundos, va in crescendo y siendo más intensa hasta su coro. La voz de Yannis también va tomando cierta agresividad en la interpretación y el coro apoyado nuevamente por la singular voz rasposa de Anton. Nuevamente entramos en el conflicto interno de Guts con su bestia interna, pero esta vez, tomando fuerza de ella. Los teclados suenan épicos y la base rítmica suena contundente hacia el último tramo de la canción.

Born Again es algo más melódica, extremadamente ochentera en su comienzo y romántica. Nos relata el recuerdo de los primeros momentos de intimidad de Guts con Casca (o Kiasca en su versión japonesa) y como el protagonista desea recuperar lo que tuvieron hasta antes del eclipse. Yannis se vuele a lucir con su variabilidad, jugando en tonos altos agudos y rasposos, muy cercano al trabajo de Halford en Judas Priest, guardando las proporciones.

Zodd The Immortal es un hachazo de principio a fin, doble bombo a toda máquina y una base rítmica cortante. Es la canción más agresiva y pesada del disco, con un Yannis sonando brutal y demostrando que los tonos bajos no son un problema para él. El primer solo de guitarra es bien elaborado y armonizado, un buen paso para la segunda estrofa y coro de la canción, en donde las guitarras vuelven a ser protagonistas en un segundo solo, dando paso a un quiebre bastante interesante y violento. Zodd el Inmortal o Nosferatu Zodd es un personaje de Berserk, apóstol del quinto ángel y la canción refleja muy bien a este ser, un ente agresivo que ha dedicado su existencia al combate. Cada batalla en la que se dice que ha muerto, vuelve a reaparecer.

The Fifth Angel parte con una introducción del instante en que “la mano de dios” le da la iniciación a Femto en su creación (nombre que adopta Griffith cuando pasa a formar parte de este grupo) y del costo que debe incurrir para obtener el reino que desea, entregando en sacrificio a la “banda del Halcón”, que fue eliminada por sus sirvientes demoníacos y la posterior violación de Casca a manos de Femto en presencia de Guts. Acá comienza la razón de ser de Guts en el resto de la historia y su venganza contra “la mano de dios”. La composición es a medio tiempo y es donde encontramos la mayor presencia de teclados, un duelo de guitarras y melodías pegajosas. Mucho más tirada al Hard Rock.

Crazy, Mad, Insane es prácticamente sacada de otro disco u otra banda, muy al estilo de Abba por estructura y melodía o Modern Talking incluso, una canción bastante comercial y popera. Anton está influenciado por las canciones pop con sintetizadores de los años ’80 y había incursionado en algo similar en Battle Beast con Touch in the night. Corte influenciado por la música disco y dance. Independiente de las preferencias musicales y del disco en sí, es una canción muy pegajosa. Sería raro escucharla en vivo. Muy raro. En cierta medida, la letra no pega mucho con la música, debido a que interpreta a lo que siente Guts contra Griffith y su reino de luz creado en base a su pacto con la “mano de dios”.

En la segunda mitad del disco y siendo un bonus track, Hell For All Eternity sigue la estructura presentada en este trabajo, un coro bien pulido que se quedará dando vueltas en tu cabeza y un desarrollo certero, que va amplificando las revoluciones a medida que suenan los compases. Inconscientemente comenzarás a mover tu cabeza a medida que avanza el tiempo. El quiebre es buenísimo y el final es estruendoso con el doble bombo a toda marcha.

Eternal Fire tiene un coro bastante similar a The Final Countdown de Europe, más veloz que la canción anterior y donde nuevamente los teclados son protagonistas. Incluso su comienzo tiene un leve coqueteo con los suecos. El galopante riff que acompaña el desarrollo de la canción tiene ciertas reminiscencias también, excepto que la velocidad de la batería impuesta por Sami toma protagonismo en la canción durante los duelos de guitarra.

Cerca del final, nos encontramos con otro bonus track, la ganchera Go To Hell. Es de esas canciones que no entiendes el motivo de ser un extra, es una grandísima canción que te obligará a mover tu cabeza al ritmo de la canción, Yannis vuelve a sonar pomposo en los tonos altos. El coro simplemente es majestuoso, trae toda esa esencia ochentera a la memoria y mención honrosa a los solos de guitarra, muy elegantes y efectivos. La batería de Sami suena contundente, como si se fuera a desbocar en cualquier momento.

La siguiente canción fue la que más escuché mientras escribía la reseña. End Of The World es una pieza colosal, épica y reúne todos los elementos que quiere entregar Beast in Black. Teclados que sirven de guía, el ritmo de la batería dominada por Sami y el bajo de Máté  van estampando la marcha desde un principio y siguen en su conjunto tomando cada vez más fuerza, sobre todo cuando el bombo empieza a sonar fuertemente para ir marcando el paso. La participación activa de Anton en el coro sigue aumentando esta poderío hasta el quiebre, con unos solo de guitarra muy virtuosos, donde van turnándose Anton y Kasperi. De lo mejor que nos entrega este “Berserker”.

Al cierre, tenemos la balada Ghost In The Rain, que fue escrita originalmente para Battle Beast. Mientras llegamos a la calma y nos deleitamos con la voz de Yannis, da para pensar que hubo otras artistas invitadas en esta canción, pero es solo la voz de Yannis en distintos matices. Una clausura de clase para cerrar esta magnífica obra, una balada que suena enérgica y emocionante.

En esencia, debido al principal compositor y sus influencias, podríamos decir que es Battle Beast con otra formación o Battle Beast 2.0, pero Beast in Black retoma lo que quedo a medio camino en “Unholy Savior” marcando una clara línea divisoria a la anterior agrupación. Heavy Metal que bordea el Power Metal muy ochentero, con estribillos gancheros, teclados hímnicos y solos de guitarra muy inspirados. De los mejores discos del 2017.

 

Herrant

 

De manera similar al concepto visual de la carátula, Minerva se divide en dos matices que se resuelven dentro de su lanzamiento “Los Ecos Del Viento”. La banda se compone por Pablo Leal en bajo, Felipe Maturana y Álvaro Fuentes en guitarra, Hans Leiva en batería y Pablo Díaz en vocales. Cinco miembros bajo el nombre de la deidad grecolatina de la artesanía y la guerra, que se manifiesta a través del Death Metal melódico que producen con sobrada técnica. Luego de tres lanzamientos de corta duración, el primer LP de Minerva nace de la mano técnica de Nicolás Arce (Polímetro, Húsar, BattleRage entre otros) junto al productor de discos de Criminal y Lock Up, Dan Biggin (Criminal, Pentagram Chile), dueño de los estudios HVR, lugar donde el mastering “Ecos” fue realizado. La mezcla y producción, por su parte, se realizó en AST.

El álbum comienza con el intro MP20L6, una escalada de tensión que prepara las ansias para la primera canción En Sí Mismo. Un pesado inicio de sonidos profundos y luego de guitarras abriendo paso a la melodía, acompañado de sonidos digitales que luego del primer verso gutural se suspenden hacia la abertura espacial del coro, anormalmente melódico y desautomatizador, ya que, nos desvía de la asociación rápida que se podría hacer de esta banda con la escena de Gotemburgo (que definitivamente es influencia). Las voces se pasean por notas limpias, además de guturales altos y bajos, y se hacen múltiples en los énfasis estructurales de la canción, narrando en tercera persona versos dedicados a la introspección de un sujeto pasando hacia otro estado de conciencia. Lo que llama la atención, es que Minerva tiñe el sonido de una manera mucho más “cristalina” que, por ejemplo, Dark Tranquillity, compartiendo muchos elementos en común, pero entregando otro carácter, en donde la voz limpia de Pablo Díaz juega un rol importante. Creí En Ti es un ejemplo de esto: la aparente antítesis del blast beat lento a través del midtempo, tan propio de las canciones pesadas, se antepone la predominancia de la melodía en el coro. En similitud de logro con Soilwork (en especial los discos «Figure Number Five« y «Stabbing the Drama«), el contenido lírico es para nada hermético, dejando claro el mensaje y la audibilidad de cada palabra hecha viva desde la pluma, tomando distancia de aquellas bandas que prefieren una aproximación más sublime en la presentación de los contenidos y el tono en general que adquieren los instrumentos.

Detrás De La Máscara, que también es la canción que le dio el nombre al EP del 2016, sigue en la misma línea, pero esta vez relegando la voz limpia como voz de soporte. Los sonidos digitales también cuentan con más participación, encargados de conducir la canción a través de sus humores. La presencia de las guitarras es ineludible, en especial la sección rítmica, acentuada por el pedal de distorsión que caracteriza la canción. También es el caso con la canción siguiente Despierta, que acelera la cadencia del álbum con un comienzo fuerte, para luego evolucionar hacia el desarrollo paulatino del coro. Este luego se repite continuamente hasta finalizar con aquella voz interna, alternándose en cada oreja, que comanda el despertar que titula la canción.

Mis Fuerzas Para Luchar se encarga de bajar las revoluciones y reforzar la temática platónica que ofrece la banda. Como Dante en busca de Beatriz, el hablante lírico se abre paso a través de los miedos, motivado por la esperanza y los recuerdos. El primer verso, acompañado de una sección acústica, da un cálido matiz para una voz dual, suspirada y limpia, para efecto dramático. La guitarra líder comienza tímidamente a dar indicios de una disonancia melódica que luego se haría parte del quiebre instrumental y culminaría en el coro.

Tiempo Atrás (Ahogado en un Mar de Dolor) se percibe como una continuación temática que muestra en mayor énfasis el lado oscuro de esta trágica vía lírica. A este punto, las letras indican claramente la ordalía del héroe, sólo queda navegar en dolor. Esta canción se queda con mi preferencia en el uso de los sonidos digitales, que hacia el epílogo de la canción resaltan de manera asombrosa junto a los riffs y la presencia inconfundible del bajo fuzzy prestidigitado por Pablo Leal (“tengo en mis manos la llave para terminar con este infierno…”).

Con un inicio similar a Detrás De La Máscara, el octavo track, titulado Grítalo Al Viento, da justo en el blanco si se está en búsqueda de algo más clásico: una canción sin muchos valles de intensidad y con riffs variados que mantienen la atención constante sobre la pista. El duelo de guitarras—a cargo de Maturana y Fuentes—es pulcro y esquemático en sus progresiones, con un moderado tapping y sin ningún tipo de sobrecargo o cacofonía de tonos.

De un estilo similar, continúa el caballo de batalla de Minerva desde el 2015: Antihéroe, un tema movido y amigable con el headbanger. Los complementos digitales que aparecen en el coro pasan a segundo plano y, para ser honesto, podrían perfectamente ser prescindidos. De manera contraria, los instrumentos brillan y se roban la película, haciendo éste el segmento más “prendido” del álbum.

Y hacia el final de “Ecos”, Minerva deleita con un toque más oscuro en su sonoridad mediante Umbral del Miedo. La voz de Díaz, como en los primeros temas, contrasta esta atmósfera con un coro melódico conducido por el mismo efecto espacial de la misma sección de Antihéroe. Y es debido a estos riffs más oscuros que este décimo track se diferencia de las demás canciones del disco, por añadidura, la canción resulta más familiar y fácil de asociar a los últimos trabajos de Dark Tranquillity. Es una buena polarización conforme al tema siguiente que titula el disco: Ecos del Viento, una balada en la cual Díaz se luce en los registros bajos del verso. Conforme a la progresión de la canción, los instrumentos se van añadiendo hasta realizar un clímax anunciado por el solo de guitarra y posteriormente escoltado por el arreglo de violines. De vuelta a la solitaria guitarra acústica, el tema finaliza en un fade out de manera quizás muy abrupta conforme al momentum que iba tomando la canción. De todas maneras, una finalización de broche que da por concluido al álbum bautizado bajo el mismo nombre.

Minerva es una banda de una línea muy clara y de influencias marcadas, sin embargo, su postura es original y presenta otra substancia en comparación a la mayoría de bandas que resaltan más la faceta Death que por sobre la melódica. Si las guitarras son el lúpulo y la batería la cebada, el bajo aquí cumple un fundamental rol como levadura, ya que es el pilar que le da continuidad al sonido que muchas veces fluctúa en acordes eléctricos disonantes y riffs muteados, junto a la batería veloz y la dualidad gutural/limpia de las vocales. Grande Minerva, aguante el Metal en español.

 

Gabriel Rocha

El Metal latinoamericano, desgraciadamente, siempre se encuentra con barreras, sobre todo económicas, que le dificultan tremendamente hacerse conocido, condenando a muchas bandas a morir en el intento de salir incluso de sus ciudades. Y qué decir sobre hacerse conocidos fuera de su país. Así, ese es el primer mérito de los colombianos de Aura Ignis, quienes con su propuesta de Heavy Power Metal buscan dejar su huella en esta difícil escena.

El grupo conformado por Edwin Rodríguez en las voces, Milton Salinas en la guitarra y los teclados, Edgar Barrera en el bajo y José Osorio en la batería nos traen su disco debut independiente, “Prisioneros del Dolor”, un trabajo hecho a pulso que logra su objetivo de dar a conocer las composiciones y calidad ejecutoria de los oriundos de Tunja, en la región colombiana de Boyacá.

Todo arranca con la intro Hacia el Averno, un trabajo instrumental que crea y transmite muy bien un ambiente infernal, como si fueras en la barcaza de Caronte atravesando el Aqueronte y las puertas del infierno te empezaran a deslumbrar, tras los cerca de dos minutos introductorios un riff sobrio acompañado de una ambientación de teclados nos traen El Juramento, donde una de las cosas que más cuesta digerir es la línea vocal, sin referirme a la calidad del vocalista, sus líneas son muy monótonas y esto se mantiene a lo largo del disco, lo que complica un poco el disfrutar del trabajo en su totalidad. Quizás no es necesario una voz tan raspada como la usa Rodríguez porque, por ejemplo, el apoyo vocal que presta Salinas queda muy bien, especialmente sobre la base rítmica y los riffs de guitarras que, aunque les falta un poco más de definición en lo que refiere a producción, se notan de muy buena calidad.

Perdido arranca con un ritmo más cabalgado, donde uno de los detalles que más destaca es la definición con que se escuchan las líneas del bajo de Barrera, sin necesidad de “triggerear” mucho como algunas bandas caen en hacer, quizás gracias a sus influencias. Si bien no es muy novedoso el track desde lo sonoro, sí logra subir el nivel de lo que nos trajo el tema anterior, especialmente en lo que refiere a las líneas vocales aunque sin escapar mucho de la monotonía que mencionábamos en un comienzo, sin embargo, va dejando en claro la tremenda calidad compositiva de Salinas.

Esto continúa con la canción que da nombre al disco, Prisioneros del Dolor, un tema que impresiona inmediatamente con una atmósfera más oscura, un riff más pesado y agresivo que sirve de introducción a un track cargado de Heavy Metal. Musicalmente es tremendo, pero desgraciadamente la línea lírica del coro como que no encaja del todo bien, en alguna parte pareciera demasiado forzada para la estructura del tema lo que te deja un poco descolocado. Es una buena canción, pero que falla en eso, porque todo lo demás sigue confirmando que Salinas tiene muy buenas ideas, especialmente en sus líricas con contenido espiritual pero sin caer en lo religioso.

Con un juego de batería y un buen grito de Heavy Metal arranca Sin Salida, un tema que siento no necesitaba la presencia tan protagonista del teclado ya que su aporte es bastante mínimo en la estructura de la canción, que pareciera ralentizarse con la ambientación del teclado. Mención especial al primer solo de guitarra, donde se aprecia la influencia que la gran Calabaza tiene sobre estos colombianos. La “guerra” de solos entre la guitarra y el teclado de Salinas es algo interesante, especialmente considerando que ambas partes las toca el mismo personaje, un tema que además permite la batería de Osorio pueda lucirse un poco más y no sólo con un ritmo estable.

Con una ambientación oscura, como de pobreza y soledad, arranca Una Luz en la Oscuridad, una especie de power ballad que me atrevo a decir es uno de los puntos más bajos del disco. Si bien se entiende la idea de incluirla pareciera que le faltó un poco de maduración a la idea compositiva. Además, una estructura donde generalmente los vocalistas tienen la oportunidad de lucir toda su calidad vocal en este caso no cumple el objetivo, lo que deja como con un sabor a poco. Lejos lo mejor es la sección de los solos donde nuevamente Salinas se luce sin mucho esfuerzo, por desgracia la estructura del tema no termina de convencer, al menos a mí y, finalmente, pareciera no ser muy necesario en el compilado final aunque, creería, que la decisión de incluirla pasa más por el contenido de su letra que por el contenido musical porque vaya qué profunda, especialmente en el ambiente que crean las demás canciones.

Con un sonido quizás típico del Metal latinoamericano irrumpe Sin Miedo a Morir, con un riff pesado y lento que prepara para un grito de guerra que desgraciadamente pierde mucha fuerza al entrar la voz de Rodríguez, una línea vocal mal trabajada para mi gusto, donde además las letras parecen no calzar del todo bien en sus respectivos espacios instrumentales, lo que es un tanto triste porque la letra de la canción es considerablemente buena.

Shibböleth (Grito de Guerra) nos da la bienvenida con una introducción bastante más Power, con el teclado como protagonista inicial y un riff pesado pero no violento, lo que sumado a la velocidad cadente nos va haciendo sentir que la rabia está a punto de explotar y así los riff violentos de la vieja escuela del Heavy Metal entran y cambian rotundamente el ambiente, la guerra empieza y Rodríguez nos invita a acompañarle. Acá finalmente se puede disfrutar con confianza el trabajo vocal de Rodríguez, desgraciadamente siento que se exige innecesariamente en la última frase del coro, queriendo alcanzar un tono para el que su voz no está hecha. Sin embargo, en la generalidad del tema, finalmente podemos escuchar una relación precisa entre todas las partes, la letra, la voz, la melodía, la base rítmica, todo se suma para lograr el punto más alto de este álbum.

La batería de Osorio se luce en la introducción a Tu Alma en Juego, la que baja un poco su velocidad con el primer riff para traernos una midtempo potente que nuevamente nos regala una buena suma entre todas las partes de la ecuación, una sobria pero potente base rítmica, riffs pesados y levemente agresivos, líneas líricas y vocales bien armadas y trabajadas. Una muy buena apuesta que claramente gana su lugar en el disco sin mayor esfuerzo, claro que sin superar a su antecesora que dejó la vara bastante alta pero que sigue demostrando que la calidad de Salinas a la hora de componer es considerablemente alta.

Todo esto termina, al menos oficialmente, con Tu Libertad, claramente un himno desde el mismo primer segundo, con la estructura más Power Metal del disco. Una llamada a movilizarte por ti mismo y lograr tus objetivos, una estructura sencilla, sin mayores ambiciones que logra tranquilamente su objetivo de cerrar un trabajo que repuntó notablemente hacia el final, una base rítmica que no sorprende pero que acomoda mucho el escucharla, una estructura melódica de muy alta calidad donde la guitarra y los teclados de Salinas son siempre los protagonistas, una estructura lírica y vocal mejor lograda que en la mayoría del disco entregando un cierre de buena factura para un disco que aprueba pero con mucha ayuda y, sobre todo, gracias a sus tres últimos temas que le ayudaron a subir muchos puntos.

El mayor error para mi gusto que cometieron estos tunjanos es el bonus track que se incluye al final del disco, una nueva versión de Shibböleth (Grito de Guerra) pero esta vez con voces guturales. El tema en su formato original logra todos los objetivos y se alza como lo mejor de este trabajo, realmente un tremendo tema de Heavy Metal que me hace imposible entender la idea de agregar una versión tirando a Black Metal del mismo, siento que es querer tirarle barro a una pintura que te había quedado genial (sin ánimos de despreciar al Black Metal, un estilo que también disfruto bastante).

En resumen, el debut de los colombianos de Aura Ignis nos trae diez temas de calidad variante, donde sólo tres canciones realmente sobresalen y sólo una realmente decae, las demás se encuentran en un limbo que queda un poco más sujeto a interpretación. Lejos, lo más destacable del disco es la tremenda calidad compositiva que nos regala Milton Salinas, una mente que se nota tiene muchas ideas por entregar que sólo necesita ordenarlas un poco mejor para que todas las piezas de sus creaciones calcen de manera perfecta y podamos celebrar un segundo disco sin puntos bajos y que nos permita disfrutar a cabalidad su genio musical.

Otros detalles más técnicos que destacan en este trabajo tiene que ver con que nuestro país también forma parte del disco ya que la masterización estuvo a cargo de Sebastián Puente en los estudios Audiocustom en Santiago, además del tremendo trabajo de arte que estuvo a cargo nada más y nada menos que del tremendo Felipe Machado, por lo que siento y creo que esto es sólo el comienzo de una historia musical muy rica que espero no se vea truncada por todos los obstáculos que tiene la música en Latinoamérica.

Sebastián Miranda

Uno de los nombres más importantes dentro del Death Metal melódico, sin lugar a dudas, es Arch Enemy. Muchos dirían incluso que inventaron el estilo y, si no lo hicieron, ayudaron bastante a masificarlo y promoverlo. Desgraciadamente, la historia musical de la banda ha variado tremendamente desde el ya lejano y mítico “Black Earth” (1996), lo que ha provocado una relación de amor/odio con su música que todos conocemos.

En lo personal, siento que la llegada de Alissa White-Gluz a encargarse de las voces le dio un nuevo aire que los acerca levemente a su sonido original, enfatizando ese levemente, devolviendo quizás un poco de alma a la banda, siendo “Will To Power” (2017) ya el segundo trabajo que lanzan con ella y lo que revisaremos ahora.

Todo comienza con Set Flame To The Night, una intro que arranca con la guitarra de Michael Amott lanzando un riff altamente melódico sobre una ambientación que hace pensar en protestas y cosas por el estilo, siendo acompañado por Jeff Loomis quien acaba de regresar a la banda y finalmente uniéndoseles Sharlee D’Angelo en las cuatro cuerdas y Daniel Erlandsson en una sencilla percusión para dar paso a The Race, donde tras una corta entrada instrumental entra de lleno la voz de White-Gluz haciendo gala de las razones para su elección. De inmediato se siente cierta comodidad con la música, recordando algunos pasajes antiguos, claro que manteniendo las distancias correspondientes, sin embargo, me atrevo a decir que de inmediato suena más Arch Enemy que todos los trabajos con Angela Gossow, con una letra a la que ya nos vienen acostumbrando hace bastante tiempo de crítica social y política logrando su objetivo de abrir en buena lid este trabajo.

Esto continúa con menos velocidad con Blood In The Water, manteniendo la misma idea lírica que sostiene los últimos trabajos de la banda, lo que es de esperar en un disco con este nombre. Una cosa que de inmediato se siente que falta es la velocidad, la que se siente como reprimida en algunos pasajes, musicalmente funciona excelente, está muy bien compuesta y transmite cierta energía pero pareciera quedar al debe. Sí, las guitarras de Amott y Loomis cumplen luciéndose en sus momentos pero la base rítmica como que no alcanza a calentar y la voz parece quedar al debe en varios pasajes.

The World Is Yours nos trae de vuelta un poco de velocidad pero sigue sintiéndose un poco reprimida, sin embargo, mejora considerablemente la sensación respecto al track anterior, lo malo es que a la hora del coro pareciera tomar un tono casi Disney, algo que últimamente usan bastante pero que a algunos sigue sin gustarnos, no suena del todo mal pero tiene algo que no cuaja bien. Es difícil decidir si es un buen tema porque es casi 50/50, considerando que hablamos de Death Metal melódico, pasajes muy potentes y agresivos mezclados con otros que no se entiende como son parte del mismo track… creo que es de esos temas que definitivamente despiertan sentimientos encontrados.

Manteniendo esa línea del tema anterior nos encontramos con The Eagle Flies Alone, la que incluso arranca con un piano que en el videoclip le permite a Alissa hacer unos movimientos tipo de ballet… ya el arranque es un poco extraño. Mantiene una estructura lenta pero con potencia que logra dejar un poco más satisfecho que su antecesora, no es tanto mejor pero tiene una base rítmica y melódica más elaborada. Una especie de himno al inconformismo y llamado a no adaptarse al establishment, lo que hace el tema un poco más chocante porque está compuesto precisamente para que más gente lo prefiera y no sólo los metaleros, uff… es difícil de evaluar el track…

Reason To Believe nos trae nuevamente las guitarras de Amott y Loomis en un vacío introductorio, las que son acompañadas por la bella voz limpia de White-Gluz, quien antes de entrar netamente a los guturales nos regala una voz de Heavy Metal guerrero, un tema sumamente cambiante que se acerca más al Heavy que al Death Metal, una especie de llamado a los desechados, los despreciados, a no quedarse en el pozo donde muchos les pueden haber empujado sino a creer e intentarlo de nuevo. Si bien no es un tema que esperaríamos encontrar en un trabajo de estos suecos, sin lugar a dudas es un excelente tema, tanto desde lo musical como desde su letra.

Volvemos a la violencia y lo que queremos escuchar con Murder Scene, velocidad desde el mismo arranque y gran parte de toda la potencia que nos puede entregar la banda. Una base rítmica interesante con varios quiebres y cambios que permiten a las guitarras bailar con mayor libertad y deleitarnos con una muy buena pieza de Death Metal melódico, que ya lo veníamos extrañando un poco. La letra quizás viene a ser el punto bajo, una especie de himno despechado, el reclamo o lamento del despreciado por su expareja, sin embargo, logra su objetivo de transmitir que “this once-so-sacred place is now a murder scene”.

Bajamos nuevamente la velocidad para arrancar con First Day In Hell, con un ambiente que te hace sentir en las puertas del infierno, nos trae un ritmo un tanto cadente pero con una potencia exquisita a su comienzo, para aumentar levemente la velocidad. Uno de los mayores aciertos aquí es la estructura de la letra, una suerte de bitácora de los primeros días en el infierno que va narrando el episodio, una estructura bastante interesante que no deja lugar a coros ni puentes líricos, lo que se suma a la potente estructura musical por lo que me atrevería a decir que es uno de los puntos altos del disco. El interludio instrumental de Saturnine nos trae una pequeña visita de Jens Johansson en los teclados con la compañía de la guitarra de Amott.

Prácticamente en el ambiente que generó el interludio predecesor arranca Dreams Of Retribution, dando paso a una velocidad bastante rápida pero relativamente poco pesada, sonando nuevamente más Heavy que Death Metal, no suena mal para nada pero cuesta digerirlo cuando piensas qué tipo de banda estás escuchando. Un grito de venganza que logra su objetivo de movilizar emociones pero no tan pesado y violento como quizás debió ser, donde también nos acompaña Jens Johansson, lo que se nota sobre todo en el final que es bastante al estilo de Stratovarius.

Volvemos un poco a la potencia con My Shadow And I, un corte relativamente más rápido y potente pero que pareciera no cuajar muy bien, especialmente las líneas vocales que suenan sumamente monótonas, lo que se ve mejorado por los buenísimos riffs de guitarra, especialmente los pasajes de solos donde simplemente se lucen. La base rítmica armada por D’Angelo y Erlandsson logra generar cierta comodidad pero pareciera que fuera de esos trabajos que cada uno hizo en su casa y llegaron a la sala a reunir las partes… deja una sensación algo extraña este track.

Terminamos oficialmente el disco con A Fight I Must Win, la que arranca con arreglos instrumentales que dejan claro la intención es que este tema suene a himno, al entrar las guitarras escucho a otra banda pero no lo logro recordar a quien, o sea, no me suena muy original, sin embargo, luego entra el sonido “archenemyniano” y la cosa cambia, no siento sea un buen tema ya que nuevamente parece no cuajar del todo bien, se siente que las piezas no calzan completamente entre ellas y  deja una sensación bastante particular al escucharlo. Tampoco es un mal tema sino, de nuevo, algo difícil de evaluar. Hacia la segunda mitad empieza a acomodarse mejor y el saborcillo que no te dejaba tranquilo disminuye un poco, aunque siento que no termina de convencer aún con su final orquestal. City Baby Attacked By Rats, un cover a Charged G.B.H. es el bonus track que cierra definitivamente el disco, un sonido más punk con un pequeño toque de Death Metal logran mejorar levemente la sensación que deja el tema anterior, el final oficial del disco, levantando un poco el ánimo pero sin lograr mucho más que eso.

Desgraciadamente, ya sabemos que Arch Enemy ha cambiado su estilo de una manera considerable y su sonido hoy, para muchos, deja bastante que desear. Este trabajo en particular siento que tenía mucho más potencial, especialmente si consideramos el regreso de Jeff Loomis pero, dado que no participó de la composición, su presencia en la banda no resalta mucho, entregando finalmente un disco mediano, que tiene pasajes que lo llevan a brillar pero otros que lo arrastran muy abajo.

Insisto que, para mí, es bastante mejor de lo genérico que venían haciendo con Gossow en las voces pero aun así me atrevo a decir que alcanzan a aprobar sólo rasguñando, algo que en lo personal me parece triste cuando hablamos de una banda tan grande como Arch Enemy, esperemos que su próximo trabajo logre alcanzar más potencia y acercarse un poco al Death Metal que todos esperamos escuchar de ellos.

“As above, so below… and below you shall remain…” (Likfassna). Bandas como Portrait son las que se manifiestan en un underground intenso, global (factor no menor, como prueban los nacionales Night Sight) y que se podría decir que es una permutación, tanto en sonido como temáticas, de la nueva ola de Heavy Británico: punto cúlmine del ocultismo psicodélico, la continuidad mágica del folk, el sentimiento del blues y la actitud del punk. Formado el 2005 e impermeabilizado ante las innumerables variaciones del Heavy Metal de las últimas décadas, su sonido es de igual manera clásico como innovador. Dentro de sus principales influencias podemos escuchar la mano siniestra de Mercyful Fate, el Speed/Power germano y, por supuesto, la NWOBHM. Un eco en medio de la escena anti-cósmica sueca que tuvo a bandas como Watain y Dissection bajo su ensombrecido alero, dominado—pero no limitado—por el Black Metal que inició su país vecino. “Burn the World” se lanza bajo el sello Metal Blade Records, en formato vinilo con cuatro canciones a cada lado, un formato jamás superado y que no depende solamente del nostálgico coleccionista para su persistente fabricación. Portrait se ha empeñado en cumplir con esto en los anteriores lanzamientos. Lógicamente, también se puede encontrar en Digipak y servicios de streaming.

El lado A comienza con Burn the World y es antecedido por un sublime coro inicial titulado Saturn Return (encargado de plantear la referencia astral y mitológica como concepto del álbum). El arsenal de los músicos se presenta en un allegro moderado, que luego de un desgarrador grito de Per Lengstedt, aumenta de tempo para iniciar los versos de esta primera etapa: la limpieza—a través del fuego—de la Tierra y del establecimiento del humano moderno. El legado de Hank Shermann y Michael Denner (Danger Zone, Mercyful Fate, Denner/Shermann) se hace presente a lo largo del disco a través de la prestidigitación del “Axeman”, legalmente conocido como Christian Lidell, quien realiza un trabajo impecable no solo con la dualidad de las guitarras, sino que también en la clave de Fa. Cada riff es una obra maestra llena de acordes complementarios y notas menores que le añaden un rango melódico adecuado para una voz como la de Lengstedt, cuya amplitud queda demostrada en canciones como las geniales marchas Likfassna y Martyrs.

A lo largo de Portrait, la voz se mantiene constantemente remaneciendo al maestro del falsetto Kim Bendix Petersen, por lo tanto, la asociación sonora es completamente natural. Flaming Blood comienza con un genial juego de platos bajo el ataque de Anders Persson, miembro pilar de la banda junto al “Axeman”. Este es el despertar y posterior llamado de guerra de aquellos “revividos” por el espíritu guía saturnino, una canción que se mantiene constante en su rítmica hasta la aparición del duelo virtual de guitarras y que plantea el escenario previo a Mine to Reap, canción que finaliza el lado A y hace referencia a la hoz de Cronos, quien es la homologación titánica de Saturno.

El lado B guarda aún más sorpresas. Abre con Martyrs, un verdadero himno apologético al Heavy clásico, en especial a «Point of Entry» de Judas Priest: oscuro, constante, pesado, y con un coro que desciende de tono para favorecer una contraparte épica complementada, además, con un breve interludio narrado acompañado de un arpeggio atmosférico. Cuando Further She Rode viene a calmar las aguas y a atenuar las luces, aparece como un trueno To Die For, que personalmente postulo como el gran tema del disco. Cuatro minutos y medio cargados de adrenalina, con un pre-coro que tienta a girar la perilla de volumen. La batalla de solos se hace, de hecho, más cruda en comparación a la musicalidad que demuestran las guitarras (y el dramático sólo de teclado órgano) en Likfassna; con un sonido reverberado y el wah-wah bajo el pie sin soltar la cadencia de la batería, obligando a cabecear durante toda la canción sin respiro alguno. Portrait acostumbra a cerrar con canciones que se toman mayor libertad al construir ambiente e ir revelando los riffs de a poco, y Pure of Heart no es la excepción, aunque, en esta ocasión su duración es percibida como menor debido al quiebre y punto de reinicio en mitad de la canción.

Esperemos que, poco a cumplirse una década de su debut homónimo, y con dos nuevos miembros (Robin Holmberg en segunda guitarra y Fredrik Petersson en el encordado grueso), el otrora ex Power Trío emprenda pie en ruta con sus colegas y compatriotas RAM (¡ojo ahí con el nuevo disco!) en esta cruzada por reformular el Heavy Metal desde su base luciferinamente rebelde y libre de excesivas reformulaciones de paradigmas musicales. Con estos dos, no hay por donde equivocarse. Recomendamos sumergirse de cabeza en la discografía de Portrait, sobre todo en «Crossroads» si quedaste con la vibra de King Diamond este pasado 29 de octubre.

Probablemente esta sea la primera vez que nos abocamos a reseñar el trabajo de una banda que en realidad no existe como tal, sino que más bien es la renderización “en carne y hueso” de un puñado de guerreros proveniente del universo de los videojuegos y que además de blandir espadas y martillos, interpretan esta música que tanto nos gusta.

Pues entonces, ¿de qué se trata esto realmente? Hace algunos años atrás, RIOT Games (Compañía desarrolladora de videojuegos) tuvo la idea de que cinco personajes del juego «League of Legends» se unirían para formar el mejor grupo de Metal del cyber-mundo LOL. De esta iniciativa salió el disco “Smite and Ignite” que, lejos de pasar inadvertido, capturó la atención del círculo metalero cosechando un éxito respetable con algunas de las canciones de dicha placa. Este hecho provocó que RIOT Games se tomara este proyecto aún más en serio y planificara lo que sería la producción de un segundo disco y con una alineación más que robusta para catapultar definitivamente este spin-off dentro de la órbita metalera mundial.

Es así como llega a nuestros oídos “II: Grasp of the Undying”, segundo larga duración de la cyber-banda Pentakill. Esta placa fue grabada y asistida por grandes nombres de la escena actual, lo cual le da un peso específico difícil de pasar por alto. A Rich Johnson y Per Johansson, Danny Lohner y Mike Pitman entre otros, se suma la gran Noora Louhimo de Battle Beast, el legendario Tommy Lee (Mötley Crue) aportando desde la batería, y quien más que uno de los regalones de la casa y la escena mundial para encarnar la voz principal de este proyecto, el vikingo del norte, Mr. Jorn Lande.

Vale decir que resulta indudable que la marca LOL posee un arrastre gigantesco en términos comerciales, considerando que según el periódico británico The Guardian, “II: Grasp of the Undying” ha tenido un éxito rotundo en términos de ventas: ha alcanzado el top 40 en Billboard, y el número 1 en la sección de Metal de iTunes, hecho remarcable si consideramos la naturaleza ficticia de este proyecto. Dicho esto, no nos queda más que revisar de qué está hecho este material y si es tan bueno como señala la prensa internacional.

El disco arranca con Cull, de comienzo acústico, con efectos y armonías que nos recuerdan los trabajos de Lande como solista. Guitarras distorsionadas y el redoble de los cueros transforman el suave inicio en una descarga de ese Heavy/Power Metal que tanto nos apasiona. Una canción llena de colores, arreglos instrumentales y sucesiones de ritmo que acompañan la voz desgarrada del vikingo, dando forma a una canción que imprime fuerza y lo que es más importante, mucha pasión. Buena elección como opening track.

Con Mortal Reminder el disco entra en tierra derecha sin especulaciones. Un riff agresivo, doble pedal a fondo y atmósfera más oscura que luminosa dan paso a una de las mejores canciones del disco. Muy buen trabajo en los teclados alternando el mood de la canción en los momentos precisos, a veces más siniestro, a veces más solemne, desembocando en un caos final que consolida el primer mazazo del registro. En el tercer track, Tear of the Goddess, irrumpe en escena Noora Louhimo con una interpretación impecable para una canción ídem. Toques de modernidad, algo de Metal progresivo y abundante elegancia son los principales ingredientes de esta composición de ritmo ligero y melodía pegajosa.

Infinity Edge arranca muy bien con un sólido riff de guitarra y la fuerte presencia de sintetizadores, creando esa particular atmósfera de modernidad y frescura que caracterizan a este disco. La voz de Per Johansson entra en escena, quien es poseedor de un timbre muy particular, tipo Nils K. Rue (Pagan’s Mind), quien se va mimetizando con el estilo vocal desgarrado de Jorn que una vez más nos deleita con reminiscencias del mismísimo David Coverdale. Correcto tema que quizá no entra a la primera, pero que gana a medida que se va escuchando.

El quinto corte, Dead Man’s Plate, comienza con un riff bastante denso y teclados que delinean un aura siniestra, dando forma a una composición que baja las revoluciones del metrónomo, pero que marca paso firme y que nos trae de vuelta ese sonido propio de JORN. Arreglos vocales con una distorsión un tanto aggro aparecen hacia el final del tema, que se percibe más bien plano, ausente de partes que te inviten a cantar o cabecear como corresponde.

Lo que sigue es lamentable: The Hex core mk2 es un experimento que se acerca demasiado al aggro/industrial y no aporta en absolutamente nada al disco. Es un semi-instrumental que a pesar de contar con Tommy Lee en los cueros, se puede ir directamente por el desagüe. Por suerte el siguiente tema, The Bloodthirster, trae el heavy metal de vuelta. Una propuesta de sonido moderno como es la tónica del disco, pero con un interesante trabajo de guitarras y melodías desafiantes en los sintetizadores anteceden la extraordinaria voz de Jorn Lande, que llena absolutamente cualquier espacio que deje la composición. El noruego es la estrella del equipo y de eso no hay duda. Uno de los buenos temas de la placa.

El disco sigue con Frozen Heart, que con un riff bien Nevermoreano, un bajo sonando más poderoso que nunca y aires algo Djent, nos trae de vuelta la voz de Noora, quien está vez a dúo con Jorn Lande protagonizan una canción melódica pero a la vez densa, de cielos nublados y algo misteriosa en su concepción. Y ya entrando en la recta final aparece la bomba del disco, Rapid Firecannon, una furiosa inyección de thrash metal irrumpe a mil por hora, recordando en algunos pasajes los mejores tiempos del thrash ochentero. Ya quisiéramos escuchar algo así en el actual Megadeth o Anthrax. Doble pedal a ritmo endemoniado, guitarras estridentes y un Jorn más desgarrado que nunca entregan los pasajes más rescatables del disco sin duda alguna.

Cerrando el disco suena Blade of the Ruined king, una pieza de música sinfónica al más puro estilo Rhapsodiano, que la verdad deslumbra por su elegancia y magnificencia. Muy bien logrado el final de la placa. Cinematográfico, épico y bien metalero por supuesto.

Finalmente, ¿qué podemos rescatar de este particular trabajo? En el lado positivo de la balanza, está el hecho de que esta placa consolida a Pentakill como un proyecto musical serio, dejando de ser simplemente una idea loca de banda ficticia para promocionar un juego, y esto primordialmente por la calidad y consistencia del producto entregado. Se percibe como algo absolutamente serio y el contexto videojuego pasa a ser una mera anécdota. También cabe destacar que el nivel interpretativo de la banda en general es de primera línea, con dos o tres composiciones de alta factura .Demás está mencionar el gran nivel exhibido por nuestro noruego regalón Jorn Lande. En el lado negativo de la balanza se encuentra la falta de consistencia que haga sentir el disco como un todo… se percibe como una colección de canciones con distintas influencias más que un álbum compacto. Tampoco encuentras temas que te vuelen la cabeza a la primera escucha. Y lo peor del disco es sin duda la inclusión de esa mala versión de metal industrial llamada The Hex core mk2.

Sumando y restando, el disco es disfrutable. Muchos lo encontrarán derechamente bueno, y otros, ligeramente sobre el promedio. Yo me quedo con la sensación de que cumple y es una agradable sorpresa gestada de un proyecto que vive como spin-off y no como una banda 100% dedicada a la producción de material propio. Sin embargo, aún tiene camino por recorrer si la intención es acercarse a las grandes ligas del Heavy Metal. Veremos si Pentakill seguirá vivo para entregar una tercera parte durante los próximos años, o si el periplo musical de este videojuego llega hasta aquí nomás. Mis dardos apuntan al tercer capítulo de esta historia.

Eluveitie hace ya varios años viene siendo uno de los principales exponentes del Folk Metal a lo largo y ancho del orbe. Una banda que ha sabido mezclar de manera magistral sus raíces folclóricas con un excelente Heavy Metal y voces guturales que, a veces, acercan su sonido más al Death Metal, sonido que ha ido variando para permitir la irrupción de las voces femeninas logrando una mixtura aún más exquisita.

El año 2016 experimentaron un cambio importante en su formación cuando una de sus vocalistas Anna Murphy, quien además tocaba el hurdy gurdy, junto al guitarrista Ivo Henzy y el baterista Merlin Sutter deciden dejar la banda, formando más tarde la recién debutada banda Cellar Darling. Así, para este nuevo trabajo, la banda se ve compuesta por nueve integrantes, varios de los cuales ejecutan labores vocales, por lo que hoy Eluveitie son Chrigel Glanzmann (vocalista principal y multinstrumentista), Kay Brem (bajista), Rafael Salzmann (guitarrista), Nicole Ansperger (violinista y vocalista), Matteo Sisti (flautas, gaitas y guitarras acústicas), Alain Ackermann (baterista), Jonas Wolf (guitarrista), Michalina Malisz (hurdy gurdy) y, la más nueva incorporación, Fabienne Erni (vocalista, arpas y mandolina). Es así como este 2017 nos traen su séptimo larga duración, “Evocation II: Pantheon”, una secuela a su exitoso álbum del 2009, un trabajo con sonidos nuevos, tanto en lo instrumental como en lo vocal, lo que lo hace bastante interesante aunque desde el primer minuto debemos tener claro que no escucharemos lo que quizás esperaríamos escuchar.

Todo arranca con Dvreddv, una introducción de menos de minuto y medio que nos atrae lentamente al disco desde un bosque donde las voces de brujas o quizás del mismo viento nos invitan, hasta que irrumpe la voz de Fabienne con un suave canto para que prestemos atención a lo que se viene.

Una oración es lo que sigue en Epona, la diosa de los caballos, la fertilidad y la naturaleza, donde de inmediato impresiona un sonido bastante más folclórico que metalero, lo que de entrada nos regala un aire considerablemente fresco y poderoso en relación al mensaje que pareciera la banda quiere entregar, donde la voz de Erni se toma toda la canción y la de Glanzmann sólo aparece como un apoyo. El coro es sumamente ganchero y, como el buen folk, hasta medio bailable, una tremenda ofrenda musical para esa “gran madre, poderosa reina”, es a todas luces un tremendo opening track que no necesita tarrerío ni instrumentos eléctricos para sonar potente, algo que, en todo caso ya sabíamos porque éste fue uno de los singles promocionales, con video incluido, del álbum.

Svcellos II (Sequel), un interludio instrumental, arranca en el mismo bosque que la intro, con una especie de invocación por parte de un grupo de voces para luego continuar esta vez con una flauta contándonos en su idioma una historia que luego será acompañada de una flauta más y una tímida guitarra. Continuamos en lo instrumental con Nantosvelta, la diosa del agua, la que aparece como la segunda parte de lo que escuchábamos anteriormente, ahora las flautas son acompañadas con guitarras más entusiasmadas que comienzan nuevamente a levantar los ánimos para luego introducir la batería y, por último, una voz femenina nos da el vamos para un último minuto que incluso recuerda un poco a «Elnor’s Magic Valley» de Rhapsody, en conjunto, estos dos tracks instrumentales crean un ambiente tan genial que, sobre todo el segundo, podría escucharse una y otra vez sin aburrir porque en menos de tres minutos está lleno de quiebres rítmicos.

Otro interludio será Tovtatis, una nueva oración al dios tribal que se mantiene en una nota más compungida, con la voz de Fabienne rezando con toda tranquilidad en un ambiente sonoro notablemente somero acompañada por el hurdy gurdy y sonidos de viento, dejando más que claro la intención de la banda en este trabajo donde te logras sentir en ese bosque participando de todo este ritual ancestral en honor a todos los dioses. Entonces arrancamos con Lvgvs, dios de la creación y el aprendizaje, la que comienza como saliendo de ese bosque, para darnos un pasaje introductorio en flauta que luego es acompañado por los demás instrumentos sin adoptar en ningún momento un sonido muy metalero pero sin perder ni un poco de potencia o fuerza, aún en los pasajes más tranquilos. Nuevamente no hay mucha novedad que señalar porque este trabajo también fue uno de los singles promocionales del disco, pero no se puede negar que levanta el ánimo y te hace querer volver a la naturaleza con sólo escucharlo.

Nuevamente nos encontramos con un interludio instrumental en Grannos, el dios de las fuentes termales, el que empieza lento, casi como una tímida oración, tomando poco a poco mayor velocidad como queriendo compartir el tipo de dios que representa para, luego del relajo inicial, invitar casi a bailar con la alegría que transmite, un tremendo tema que es una muestra más de lo mejor del folk que estos suizos nos pueden regalar. Cernvnnos, la diosa de la fertilidad, la vida, los animales, la salud y el inframundo, es una oración nuevamente calma que continúa con esta idea de transmitirnos como ellos perciben a cada uno de sus dioses paganos, ninguno igual al otro y todos con su propia particularidad, regalándonos una vez más un pasaje potentísimo en el último minuto del track, algo que gusta tremendamente a quien escribe y ojalá a quien lo escuche.

Pero esto no sería un disco completo si no tuviéramos un tema dedicado al dios de la guerra, Catvrix, una oración o dedicación de guerreros a su causa, del primer minuto genera sentimientos distintos a las canciones anteriores, te sientes parte de ese ejército dedicando su vida a la guerra para proteger a su gente, la irrupción de la voz de Fabienne también le da un toque aún más tremendo en medio de las voces de los guerreros. En medio de ese bosque la voz de Fabienne nos da la bienvenida a Artio, diosa oso de la vida salvaje y principal protectora, una nueva oración que esta vez incluso te hace sentir hasta conmovido, las líneas vocales compuestas para este track tienen una carga mucho más emocional, logrando mover ciertas fibras internas que te llegan a dar escalofríos sin necesidad de utilizar potencia ni nada, sólo con una tremenda voz femenina y una orquestación de fondo sencilla pero maravillosa.

Nos encontramos con un nuevo pasaje instrumental, Aventia, la diosa de las fuentes de agua fresca, una flauta con un tono grave nos acompaña en este paseo, donde nos pareciera ver el río correr y una especie de hada bailar sobre él porque sí, cerrando los ojos y simplemente disfrutando estos tracks tu mente logra imaginar lo que la banda quiere transmitir. Hacia la medianía del tema parecieran aparecer los hombres festejando las bendiciones de Aventia, la que toma un poco más de potencia hacia el final del tema, aumentando incluso la velocidad como invitando a ser parte de esa fiesta.

Ogmios, dios de la elocuencia, arranca con un sonido que nos recuerda la inmortal «Inis Mona«, de hecho, pareciera ser una especie de autoplagio musical ya que derechamente es la misma melodía pero en versión acústica, quizás podría complicar un poco su disfrute porque es imposible tu cabeza no se vaya corriendo a esa joya que es el “Slania” (2008), lo que no lo hace un mal tema pero sí pareciera no haber sido una buena idea incluirlo en un estilo mucho más delicado que su versión original. En una línea más experimental aparece Esvs, la que nuevamente pareciera ser una oración, con una guitarra como principal protagonista, donde la voz de Erni se pasea de una manera angelical por sobre la base rítmica y melódica que crean especialmente para ella, una experiencia sonora tremenda aunque por momentos pareciera no encajar del todo en el trabajo final. El pasaje en que la voz de Fabienne se escucha casi en vacío es tremendo y el acompañamiento de las demás voces a coro le dan un toque tan profundo como profano, simplemente una maravilla.

Nos empezamos a acercar al final con Antvmnos, la que arranca nuevamente con la guitarra pero esta vez bajo la lluvia, con un ritmo notablemente más lento y quizás hasta nostálgico, con una melodía bastante clásica, tradicional, que por más que lo intenté no pude recordar su nombre dentro del folklore celta. Una adición de muy alta calidad que nos regala un momento de descanso y relajo que pareciera no querer evocar más que esas sensaciones. Tarvos II (Seqvel) nuevamente nos remonta un poco a “Slania”, como continuación del tema presentado en dicho disco, donde finalmente podemos escuchar un poco la voz de Glanzmann como protagonista de un corto pasaje, levantando todos los sentidos que pudieran haber quedado adormecidos con el relajo del track anterior con su ritmo y melodía.

La tripleta final comienza con Belenos que nos devuelve a lo lento y a lo duro que puede ser recordar ciertas cosas con sólo el sonido de sus instrumentos, la nostalgia envuelve este tema instrumental pero sin llevar a la tristeza sino más bien a una especie de resiliencia, como queriendo recordar que todo sucede por alguna razón y siempre se debe recordar. Un tema difícil de descifrar o de comentar pero que tiene su posición bien ganada en el disco. Continuamos con Taranis que viene a ser quizás el tema más potente y pesado del disco pero que aun así no se desalinea en ningún momento del resto, no se escapa como cautivo liberado hacia el Metal sino que en la línea folclórica y acústica que nos regalan nos trae un poco más de potencia, especialmente al momento de irrumpir las voces que gritan desde la distancia su llamado casi final para dar paso al cierre del disco, Nemeton, donde nos sentimos como en las puertas del inframundo, viendo como pasan y pasan almas mientras escuchamos voces conversar sin que nos dé miedo, porque la evocación ha terminado y ya pudimos conocer todo el panteón.

Dieciocho tracks en cincuenta y tres minutos nos regalaron un viaje por lo profundo del bosque para conocer a las distintas deidades que los suizos nos quisieron presentar, un trabajo que demuestra Eluveitie no está atado a un sonido en particular y que, si bien hacen un excelente Metal, para la banda (o para Glanzmann que es el único miembro original que queda) lo importante es compartir sus raíces, sus creencias y su bagaje cultural con el mundo, porque definitivamente este disco de Folk es de primerísima calidad, aun sin contar con el Metal que quizás se podría haber esperado. Ahora, es hora de ir y ponerle play al disco, sentarse en un sillón (o mejor aún si puedes hacerlo en el pasto con audífonos) y disfrutar de “Evocation II: Pantheon” sin preocuparte de nada más que escucharlo como una sola pieza.

Es difícil decir si el cambio de miembros afectó en algo al sonido de la banda porque no podemos comparar un disco de Metal con éste pero no queda duda que el genio musical en la banda y la capacidad ejecutoria de cada uno de los elegidos para formar parte de ella es superlativo. Hablamos de una banda que ya tiene casi quince años, que ha tenido importantes cambios y, aun así, nos sigue regalando tremendos registros como éste. ¿Le falta más Metal? Quizás, desde algún punto de vista, podría ser necesario pero en lo personal siento que el folklore europeo tiene esa ventaja de poder sonar metalero sin necesidad de ser Metal y eso Eluveitie lo tiene más que claro.

 

 

Un oscuro comienzo de un cambio de paradigma. Hace dos años, Night Sight hizo su debut con «No Way Out«, treinta y tres minutos cargados de Thrash en la línea de Slayer, como lo contamos en su oportunidad en la revisión de este discazo. Sin embargo, ahora es el turno de «The Beginning«, un disco que sin dejar su esencia Thrash «Bay Area», explora mucho más las melodías del Heavy Metal y evoca una oscuridad anterior hacia los tímpanos; haciendo resurgir el recuerdo del «Show No Mercy«, del «Killing is my Business…«, de Mercyful Fate y los numerosos e influyentes grupos de la “nueva ola del Heavy Metal británico”, que parecieran ser irreplicables en su mística old school. Night Sight se conforma en la actualidad por Mauricio Soto en la batería, Franco Troncoso en las guitarras y José Marvel en las voces. Quien domina el encordado grueso todavía es incertidumbre y públicamente no se han dado a conocer roles activos en el presente álbum, esperamos que en algún futuro la banda nos ilumine con respecto a esto.

Una solitaria y rápida guitarra aparece luego de una moderada canción introductoria para efectos de intriga, este es el comienzo de Amnesia, un potente tema resuelto en dos intensos minutos en donde lo único que se extraña es un sonido más análogo y expandido de los platos de la batería, en esta ocasión, del ride que acompaña el coro y pre-coro. Este sonido pulcro y limpio de la batería se extiende a lo largo del disco, restándole el efecto avasallador que tiene, por ejemplo, la batería reverberada de Pete Sandoval o Dave Lombardo. En otras bandas no sería una característica tan clave, pero una batería imperfecta vaya que reforzaría ese toque «vieja escuela» que posee este disco.

El bajo se hace notar en la banda con un estilo percutivo y marcado en la frecuencia aguda, imposible no notarlo, imposible no cabecear con él. Su presencia rítmica se hace notar fuerte en Other Side of the Mirror, canción que explota en los oídos después de las primeras líneas del verso y con unos riffs que ya quisiera MegaDave. La temática paranoica de la canción continua con Don’t Speak on my Mind, que se va presentando prudentemente para luego sorprender y estallar con una subida de tempo en el coro, donde José nos muestra en el coro a armonía dual que su voz distorsionada no sólo funciona para los tonos bajos de Other Side Of The Mirror, sino para incluso gritos en falsete que, sin exagerar, median entre el joven Tom Araya y King Diamond, y si no lo creen, es cosa de escuchar el track siguiente: Blinded, que deja en claro que este disco supera al anterior en insanidad. Se trata de una canción relativamente sencilla, pero que por sus aceleraciones y desaceleraciones también es una de las más dinámicas del disco. Ese coro fantasmal que introduce el disco y que como leitmotiv acompaña el resto de los coros, le da el toque de horror a esta pesadilla del hombre materialista y codicioso.

Y continuando con la lírica condenatoria, Fuck Off es una cátedra de Thrash a riff cabalgado que nuevamente engancha con la transición de sus componentes rítmicos. Lamentablemente, los platos condenan la canción—sobre todo uno de los crash, que derechamente no suena bien—, junto con la caja, que si bien no suena mal, los fills quedan planos y con poco matiz en una canción que depende de ellos para conectar el acelerado coro. Del séptimo track, Who Are You?, destaca por sus letras cargadas de una visión nihilista e irónica sobre la corta vida humana. Su musicalización es bastante simple y estándar en comparación a las otras canciones; aspecto que está lejos de ser una característica negativa, sino todo lo contrario, ya que la melodía se hace más importante que el ritmo, probando así que Night Sight tiene la capacidad de hacer buen Heavy Metal clásico.

Mi predilección se la lleva Those, canción donde las guitarras se hacen protagonistas con increíbles solos que no se extienden más allá de la cuenta, más un interludio de acústica de doce cuerdas que junto a los suspiros de José le dan un toque siniestro preciso. Poco tiempo pasa para dejar de comparar el inicio con Tornado of Souls, esta canción representa la magia que envuelve la composición de este álbum, que aparte de la furia juvenil de bandas legendarias, también contiene un tinte de madurez de los elementos atmosféricos que se logran transmitir con melodías bien trabajadas. Y eso que no soy fanático de los fade-outs, el final de la canción es simplemente genial, me hizo pensar en las armonías de Andy LaRocque (Death, King Diamond), uno de mis guitarristas favoritos. Lo mismo se puede decir de la canción que finaliza el disco: En Coma, tema en nuestra lengua que tiene todos los elementos de culto, tanto del Thrash como del Heavy, separados cada uno por la mitad de la canción respectivamente. Un mosaico de ritmos que pasa rápido por los oídos, pese a que no tenga tanta diferencia de tiempo con las otras canciones, y que bien está elegida como single, ya que adelanta el potencial que trae este disco.

 

 

Para nadie es un misterio que luego de la publicación de «From Afar» (2010), Ensiferum ha divagado entre álbumes poco consistentes que cada vez los alejan más de su peak tanto en composición, como en popularidad alrededor del mundo. No es de extrañarse entonces si surgen opiniones divididas respecto al presente de la banda. Es así como «Two Paths» asoma como una gran oportunidad para reivindicarse y retomar el rumbo que los convirtió en uno de los pilares fundamentales de esa ola de Folk Metal que nos azotó hace algunos años.

La intro Ajattomasta Unesta es épica como pocas. No mentimos al decir que bastan un par de compases para situarse dentro de una batalla de grandes proporciones. Al ritmo marcial se le suma una tenue voz femenina que solo logra ir subiendo la tensión segundo a segundo hasta que la banda deja caer todo su peso donde la armonía en las guitarras y los arreglos orquestales destacan por sí solos. Rápidamente pasamos a For Those About to Fight for Metal, que con total seguridad afirmamos que es uno de los puntos más altos del álbum. De inmediato es necesario recalcar que la acordeonista Netta Skog aparece en los créditos como compositora. Entonces, básicamente es el opening track al que nos tienen acostumbrados y que ya resulta ser marca registrada de la casa. Riffs gancheros y repetitivos, doble bombo a más no poder, arreglos corales y orquestales, que finalmente abren paso a un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: «For those about to fight for metal/ Gods of war salute you all/ For those who’ll never lower their blade/ We’re blood brothers till the end«. ¡En vivo será notable!

Al igual que su predecesora, Way of the Warrior se encuentra dentro de lo más destacado del LP. En primer lugar, imposible no elogiar la gran pegada de Janne Parviainen durante todo el tema. Logra llevar con total soltura cada uno de los pasajes, haciendo que la canción fluya y se transforme en un hachazo de aquellos. Así, el grito inicial de Petri Lindroos no hace otra cosa que incitar al caos y al descontrol mientras escuchamos un huracán de fondo. Considerando esto último, desde luego que el trabajo de las guitarras es arrollador a medida que se intercalan los riffs más pesados y los interludios antes de cada estrofa. Los frases desgarradoras son acompañadas de forma precisa hasta que llegamos al coro «It’s the way of the warrior/ This path before me/ Destined to be the king/ Of battlefields!» que rápidamente te queda dando vuelta en la cabeza. Por último, suma atención con las segundas voces y con la parte instrumental, ya que nada es dejado al azar. Al hueso y sin pretensiones.

En absoluto contraste, Two Paths es una pieza un tanto más densa y algo más difícil de digerir. Los «dos caminos» se ven reflejados en la interpretación vocal de ambos guitarristas (voz limpia y gutural). Y esto la verdad es que es un poco contraproducente, ya que la voz de Markus cuesta encajar dentro de la primera estrofa y el primer estribillo. Suena un tanto fuera de lugar y por momentos le falta fuerza en su interpretación. Eso sí, una vez que Petri entra de lleno en el tema, este recién agarra un poco de fuerza y de empuje mientras Janne y Sami aplastan todo de fondo. Lamentablemente la idea era bastante buena y predecible, pero se ve un tanto opacada por la gran diferencia que mencionamos anteriormente.

Volvemos al vértigo en todo su esplendor con la notable King of Storms. Nuevamente Janne se luce de principio a fin con un trabajo sobre el ride ejecutado a la perfección. Eso como primer aspecto a destacar. Luego, junto a las guitarras más filosas y «callejeras», encontramos arreglos orquestales más bien discretos, pero que en su conjunto logran que en cada una de las partes donde se hacen presentes se alcance una gran cohesión. Además, suma atención con la parte de los solos en la sección media-final, que si bien no es tan extensa, no se guardaron absolutamente nada. Lo demás ya es tierra conocida. Gritos, coros épicos y un headbanging que no se toma pausas.

Y bueno, una de las mejores formas de aprovechar a Netta Skog es su gran talento para el canto. De esta forma, Feast with Valkyries está interpretada en su totalidad por la acordeonista. El ritmo mid-tempo acompaña de forma óptima la historia que se cuenta y la forma que tiene la finesa para entonar cada una de las frases. A su vez, el estribillo fue hecho para cantar y bailar de acuerdo al festín en el que nos sitúan: «High to the skies, across the seas/ Woods of the north and mountain peaks/ The song will sound through history/ Tonight we’ll feast with valkyries«. La función de entretener y llamar la atención de forma positiva se cumple a cabalidad. ¡A disfrutar!

Don’t You Say es quizás una de las más llamativas considerando el concepto general de este trabajo. Resulta un tanto «extraña» puesto que más bien hablamos de un corte que oscila entre un Rock más radial y festivo, pero sin dejar el típico sonido Folk de los fineses. Esto último se aprecia desde un comienzo cuando escuchamos el ritmo de la batería y la melodía principal que acompaña toda la canción. A destacar también la constante participación de Netta tanto en los coros como en la instrumentalización. A su vez, no se sorprendan si el fraseo de Markus Toivonen les recuerda a Christopher Bowes (Alestorm) durante gran parte de la lírica. Lo cierto es que es una mezcla que en el balance final termina por convencer de gran manera. Quedan cordialmente invitados a cantar el «Don’t you say it’s the same old story/ don’t you say I came too late…«.

De lleno en la segunda mitad del LP, I Will Never Kneel asoma por lejos como uno de los puntos más bajos dentro de todo el tracklist. Si bien en un comienzo pareciera ser otro tema directo al hueso, cada vez que escuchamos el «I will never kneel…» entramos en un letargo y en una monotonía que cada vez resulta menos provechosa. Lo único destacable quizás es el pasaje donde nuevamente Netta Skog logra una interpretación vocal sobresaliente y muy acorde a la atmósfera que se crea en la parte media. Pero esto es solo algo pasajero, puesto que pocos segundos después volvemos a los aspectos negativos ya descritos. Por el contrario, God Is Dead probablemente es la composición más festiva y vertiginosa de todas. Con algunos tintes propios de Turisas (¿coincidencia?), todo parece ser un caos y una celebración digna de los paganos. Aún así, bastante poco es lo que llega a aportar en el balance general. Se sostiene solo por la calidad de su predecesora y su ubicación dentro del álbum.

Casi finalizando, Hail to the Victor es otra pieza densa y pesada que no logra renovar energías considerando que prácticamente es el ending track. Más aún considerando que la letra intenta ser épica y grandilocuente conforme la canción va desarrollándose. Es así como nunca toma la fuerza necesaria y se queda corta dentro de su propuesta. La parte instrumental logra refrescar un tanto los ánimos, pero súbitamente se pierde la inspiración con el «Hail to the Victor…»  al igual como ocurre en I Will Never Kneel. Luego Unettomaan Aikaan asoma como el outro donde el acordeón, la sección de cuerdas y la misma voz femenina que abre este trabajo se hacen presente.

Por último, y a modo de bonus track se nos presenta la «versión alternativa» de God Is Dead y Don’t You Say. A ojos cerrados esta última es la más recomendable, ya que en esta ocasión las voces están a cargo de de Petri y vaya que las cosas cambian. La intención no es desmerecer ni quitar mérito a la propuesta original, pero resulta bastante interesante tener la perspectiva de los guturales interpretando el estribillo con una potencia envidiable. Ojo ahí.

A modo de conclusión, a todas luces «Two Paths» está lleno de altibajos y de contrastes que no resultan muy placenteros. La baja considerable en las composiciones de la segunda mitad de la placa no se puede pasar por alto. Y es una lástima, puesto que los temazos que abren el disco pueden resultar opacados injustamente. Ahora, centrándonos en los aspectos positivos, la participación de Netta es el primero de ellos. Gran, gran acierto al incluirla en el trabajo vocal de cada una de las pistas. Los coros suenan poderosos y brillan con luces propias. Por otro lado, la base rítmica a cargo de Janne y Sami es simplemente descollante. Nada más que acotar al respecto. Finalmente -y volviendo unas líneas atrás-, las canciones más destacadas con total seguridad están llamadas a convertirse en clásicos instantáneos. Solo esperen a ver lo bien que funcionarán en vivo y en directo.

 

 

 

Tuvimos que esperar diez años para poder volver a escuchar toda la potencia de Nocturnal Rites, un tiempo en el que llegamos a pensar incluso que quizás nunca volveríamos a disfrutar de esos tremendos riffs que nos regala la mente de Fredrik Mannberg, interpretados por él mismo y por el talentoso Per Nilsson, que vino a unirse a la banda este mismo año, además de la icónica voz de Jonny Lindqvist.

Diez años de espera no fueron para nada en vano porque finalmente terminan con el lanzamiento de “Phoenix”, trabajo para el que nos fueron preparando con distintos singles como Before We Waste Away, A Heart As Black As Coal”, Repent My Sins y What’s Killing Me, los que empezaron a acelerar los corazones de todos quienes esperábamos con ansias el regreso de uno de los íconos del Power Metal.

Todo esto arranca con A Song For You, una midtempo poderosa que parece estar dedicada a todos los que aguardamos durante diez años la esperanza de volver a escuchar a los suecos y hoy nos deleitamos en este opening track, uno que no deja indiferente desde el segundo uno porque, a diferencia de lo común en un disco, arranca con un riff lento y pesado sobre el que de inmediato la voz de Lindqvist se hace presente con líneas vocales que nos transmiten un montón de energía sin mayor esfuerzo, con una tremenda base rítmica del siempre presente Nils Eriksson y sus cuatro cuerdas además de la batería de Owe Lingvall. Un regreso a las canchas correctísimo por donde se le mire.

Repent My Sins la conocimos hace poco como uno de los singles anteriores al lanzamiento de este trabajo. Acá podemos disfrutar de líneas vocales mucho más dinámicas donde la voz de Lindqvist se pasea un poco más por su rango de voz, con un tono quizás no tan nostálgico como el que se pudo apreciar en el track anterior sino más esperanzado, por decirlo de alguna forma, con un pequeño quiebre rítmico en medio de la sección de solos donde caemos levemente en ese ambiente oscuro que pareciera ser parte fundamental del sonido de estos muchachos. Si bien los riffs evocan emociones quizás un poco más alegres, es precisamente en esos pasajes más oscuros donde uno pareciera sentirse un poco más “en casa” con Nocturnal Rites.

Lo siguiente también lo conocimos antes, A Heart As Black As Coal, la que ya agarra más potencia y peso que las dos canciones anteriores, con riffs más oscuros que nos transmiten un poco de rabia. Al quiebre rítmico pasado la mitad del track le cae la responsabilidad de permitirnos disfrutar más a destajo de los solos de las guitarras de Mannberg y Nilsson, una tremenda sección en este bien elaborado tema que nos trae un pequeñísimo problema: los ritmos contenidos que nos vienen entregando, ya que, hasta este punto, se extrañan un poco ritmos más desatados pero, sin embargo, no deja de ser un tremendo trabajo.

Lo primero que conocimos de este regreso fue Before We Waste Away, la que mantiene este ritmo que veníamos escuchando pero se empieza a acercar un poquito a la velocidad que uno quisiera escuchar de estos muchachos. Acá lo que más sobresale son, claramente, las líneas vocales, especialmente en el coro donde la voz se ve reforzada, dándole un toque de pomposidad preciso, ni exagerado ni somero, repitiendo la fórmula del quiebre rítmico para la sección de los solos lo que le ha venido dando a todas las canciones una dinamicidad interesante… creo no hay mucha más novedad que podamos decir sobre la primera canción que conocimos de este regreso.

Entonces arrancamos con el último single antes del lanzamiento, What’s Killing Me, la que reduce considerablemente la velocidad en la estructura rítmica pero sin afectar mayormente el contenido final, regalándonos una midtempo donde el ritmo es, por decirlo de alguna forma, más juguetón, aún en su cadencia, lo que le entrega a esta pieza un toque dinámico que no pasa desapercibido pero que tampoco es exagerado. Mención especial para el riff de las guitarras que suenan tremendamente pesadas sin sonar “malas” en el sentido del Metal “malulo” y, como ya nos acostumbraron, el quiebre rítmico para la sección de solos es un lujo más en esta tremenda placa.

Y, de repente, justo en el punto medio del disco, ¡paf! Llega la velocidad con The Poisonous Seed, una base rítmica relajadamente rápida, con un alto juego de la batería, que nos regala un toque medio arabesco, lo que permite que, al terminar la canción, todos se hayan podido lucir en cada uno de sus instrumentos, Mannberg y Nilsson en la sección de solos, Lingvall y Eriksson con la base rítmica y Lindqvist con un trabajo vocal digno de su talla, líneas vocales y líricas sumamente inspiradas sin necesidad de forzar su voz ni exigirse. Yo me atrevería a decir que es uno de los puntos más altos de esta placa que ya nos venía entregando puntos altos, quizás podríamos decir que el permitirse soltarse un poco para este track les resultó positivo con creces.

Bajamos levemente las revoluciones pero aumentamos el peso cuando arranca Used To Be God, la que luego de los riffs iniciales da un espacio en vacío a la voz de Lindqvist que le entrega un toque épico inmediato al track, para volver con todo a la potencia y velocidad que mantiene esa epicidad e intenta llevarla a otro nivel. Mención aparte merece la estructura lírica de esta canción ya que su contenido es sumamente profundo, la queja o lamentación de quien se sintiera o fuera un dios y lo perdiera todo. Como ya dijera antes, pareciera que les queda considerablemente cómodo este ritmo más desatado, lo que se aprecia especialmente en los juegos de batería que no sólo acompaña la base rítmica sino que, además, se muestra mucho más dinámica. Simplemente otro punto alto.

Bajamos nuevamente un poco la velocidad para Nothing Can Break Me, la que incluye unos sonidos medio electrónicos, quizás hasta medio espaciales. Acá es posible asemejar la estructura rítmica y melódica a estilos un poco más alejados del Metal, de hecho, a la oreja al menos parece ser uno de los punto más bajos de esta placa, un tema un tanto genérico que no logra movilizar muchas emociones y que, finalmente en el resultado final del disco, pasa casi sin pena ni gloria. Creo importante aclarar que no es un mal tema, para nada, pero con lo que nos entregan en este trabajo y con las capacidades de la banda se siente como que pudo ser mejor.

Con un riff más pesado nos llega la velocidad de The Ghost Inside Me, el que encima se da el lujo de regalarnos un pasaje ¡con violines! Si el tema anterior pareció genérico acá se desquitan/disculpan y nuevamente recibimos todo lo que quisiéramos escuchar de Nocturnal Rites, una base rítmica detalladamente exquisita, con variados cambios y quiebres rítmicos, con riffs poderosos y dinámicos, con líneas vocales y líricas de muy alta factura y, demás está decir quizás, una tremenda sección de solos donde ambas guitarras se lucen a más no poder, luego de la cual nos encontramos nuevamente con la voz de Lindqvist en vacío para después ser acompañado por varias voces en un coro final tremendamente épico cerrando un tema que sencillamente te golpea la cabeza todas las veces que puede.

Welcome To The End entra con toda la rabia que pareciera haber quedado estancada en el tema anterior, nuevamente con un pequeño acompañamiento de violines, con un riff rabioso y pesado y, además, una base rítmica imparable. Si el disco venía regalándonos grandes momentos, éste, sin lugar a dudas, se alza entre los mejores momentos del álbum, un trabajo que se nota le queda sumamente cómodo a los suecos con todos esos cambios, una estructura musical auditivamente deliciosa que te hace exclamar, perdonando mi francés, “¡puta que son buenos estos huevones!”. La potencia y velocidad no se toman ningún descanso, las líneas líricas y vocales están tan bien elaboradas junto a toda la estructura rítmica y melódica que te hace olvidar cualquier punto bajo que puedas haber escuchado en los temas anteriores y, dándote la bienvenida al final, te levanta el ánimo a lo más alto justo antes de terminar este nuevo trabajo.

Desgraciadamente, todo tiene su final y es así como llegamos a Flames, una nueva midtempo que del principio ya suena a himno, una especie de power ballad que relaja todas las neuronas, partículas y cualquier parte de nosotros que haya quedado pidiendo agua con los temas anteriores para regalarnos un cierre tranquilo, notablemente inspirado y que nos recuerda, nuevamente, que el buen Power Metal no siempre es pura velocidad sino que todo va en la calidad compositiva y ejecutoria de una banda, claro ejemplo encontramos en este track que nos regala un sencillo espacio de nostalgia y relajo… simplemente un cierre monumental para un regreso monumental.

Y así, con las llamas desde donde renace el fénix, terminamos este tremendo álbum que viene a terminar los diez años de espera que tuvimos desde “The 8th Sin” (2007), un trabajo tremendo por donde se le mire, quizás con un tema que deja una sensación un poco incierta pero que, sumando y restando, aprueba con creces y sin ningún lugar a dudas. Los suecos nos hicieron esperar pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que cualquier espera valió la pena al escuchar este regreso que, además, cuenta con un trabajo de arte realizado por un chileno como Claudio Bergamín, o sea, no sólo podemos disfrutar el tremendo trabajo musical que nos regala la banda sino que también la obra de un compatriota en su portada.

Lo único que podemos esperar ahora que, muy a pesar nuestro, los once tracks de esta placa terminaron, es que no tengamos que esperar nuevamente diez años para poder disfrutar de la tremenda calidad de Nocturnal Rites y, quizás rezando a todos los dioses del Rock y el Metal, alguna vez poder verlos en nuestro país para disfrutar su sonido en vivo. Hasta que eso pase, tenemos una nueva obra maestra para escuchar todas las veces que queramos junto a las joyas anteriores de estos suecos que, aunque pasen veinte años antes de su nuevo trabajo, seguramente lo estaremos esperando y lo disfrutaremos tanto como hicimos con cada uno de sus lanzamientos.

 

 

A buena mesura del conocimiento de nuestros lectores, el nombre Nicolás Arce no es desconocido si pensamos en el prestidigitador de cuerdas en las filas de la Ópera Metal nacional Húsar, de Ivés Gullé. Maze, el proyecto liderado por el también productor—de bandas como Polímetro y Battlerage, entre otras—sale a la luz después de siete años de génesis. Y además de Arce en la guitarra, sintetizadores y bajos de estudio, Maze cuenta con la voz de Rodrigo Varela (Afterglow, Húsar), Vincent Zbinden en batería y su más reciente incorporación, Diego Contreras (Violent Passion Surrogate) en el bajo.

El EP se titula «Misery for Breakfast» y se compone de cinco canciones originales, más un cover a la legendaria banda noruega A-Ha; un eco de aquellos tiempos donde el pop tenía tendencias vanguardistas gracias a que los maquiavélicos estrategas de mercado global estaban recién haciendo sus planes para robar el sintetizador. Esta canción versionada y elegida para cerrar el lanzamiento es el exitoso single The Sun Always Shines on TV. La canción, pese a que incorpora riffs y doble-pedal para reemplazar el trémolo constante de la canción original, logra escapar de la tentación del versionado mediocre según los recursos genéricos del Metal (como mal acostumbra Children of Bodom). Sin embargo, también cometen la sana insolencia—como todo buen cover debiera cometer—de quitarle autoridad al sintetizador para acentuar el toque propio. Al iniciar dando mención a la canción final del disco, pretendo trasladar a letras la impresión personal que tuve sobre esta banda: un estilo que—como ellos bien definen—tiene base en el Prog y Power Metal, pero que saca provecho de los sonidos sintéticos de forma melódica y cinemática.

Los dos primeros temas, F.E.A.R. y Endless Streams, dan una fuerte impresión de la capacidad que tiene la banda para mezclar estos dos mundos. En ambas, Varela hace buen uso de su talento al adecuar la intensidad de su voz a los segmentos de la canción que lo requieren. Sin embargo, su registro vocal impresiona aún más en la segunda canción, con un coro cuya altura tonal es comparable a la habilidad que Cedric Bixler-Zavala (At the Drive-In, The Mars Volta) tiene para lograr cohesionar un canto suspirado con uno rompe-cristales. Hacia el tercer tema, The Best Things of My Life, la banda mantiene con más moderación las intromisiones atmosféricas de los sintetizadores, lo que da como resultado la consideración de este tema como el más Power del disco. Una canción que, también por su contenido lírico en torno a la nostalgia, trae a la memoria a Stream of Counciousness, el mejor disco de Vision Divine a mi parecer. Resulta paradójico que el sonido de las frecuencias altas de la batería (platos y caja) pierdan definición y claridad en comparación al bombo y los toms (que suenan espectacular); sin embargo, con la gran cantidad de sonoridades de estos dos primeros temas, la banda opta por no saturar el volumen, lo que es un prudente acierto y una posible consecuencia de nivelar los metales percutivos.

Y luego de la explosión del tercer tema, vienen en buen lugar las power-ballads a entregar dinamismo, reforzando así la impredictibilidad de este lanzamiento. Así como en el caso de los vinilos, que daban cierta cohesión a las canciones del lado A con respecto al lado B (gran ejemplo: Sad Wings of Destiny de Judas Priest), el lado B de «Misery for Breakfast» inicia con You Step Into My Darkness. Se trata de un tema tipo I Walk Beside You de Dream Theater, que—como bien indica el título—posee una devoción declarada por parte del hablante lírico, cuya pasión se refuerza en la compañía de las guitarras en el coro. En claroscuro, The Void muestra una actitud sentimental más estoica y desesperanzada, sacando a relucir todo el potencial de los instrumentos, incluido el bajo que a lo largo del disco se muestra más bien tímido (asunto que de todas formas promete cambio a futuro con la total incorporación e influencia de Contreras). Guiado por una rítmica de cuerdas de metal acústicas, la guitarra a manos de Arce se lleva el protagonismo, intercalándose en los momentos adecuados con pesados acordes, para luego cerrar el tema pedaleando el wah en los solos.        

Con un debut impresionante, Maze rompe el silencio de su gestación con un sonido que no se ha visto frecuente en el Metal melódico nacional. Sin duda, el futuro de esta banda se escucha prometedor.

 

 

Un despertar hacia la luz. Luego de dos años de gestación, la esperada ópera Metal “Land of Light”, llega a nuestros oídos bajo la grabación y producción de su creador, el guitarrista y compositor noruego Frode Hovd (Memorized Dreams), mezclas a cargo del maestro Roland Grapow (Helloween, Masterplan) y masterizado por Jacob Hansen (Beyond Twilight, Invocator). Un ambicioso proyecto que reúne a numerosos talentos del Power, Prog y Speed Metal. Su resultado es una impresionante evocación del Power Metal de inicios de los ‘90 hasta mediados de los años 2000. A contrario de óperas como Ayreon del holandés Arjen Lucassen o Húsar del compositor nacional Ives Gullé, los vocalistas no representan un personaje en particular sino personajes esporádicos.

El concepto temático del álbum narra una historia épica de un grupo de elegidos en una lucha de la luz contra la oscuridad, ángeles versus seres del infierno. Los contrastes cuentan con su simbología correspondiente, es decir, la luz asociada a la esperanza y la oscuridad a la perdición. Esta narración lírica está apoyada por lo publicado en la página oficial, la cual entrega más detalles de esta lucha. En resumen, en el siglo XIII se descubre en la perdida Babilonia unos manuscritos con contenido gnóstico y topográfico (algo así como los pergaminos del Mar Muerto o el Cilindro de Ciro), cuyo contenido se rumorea que fue escrito por el Creador mismo. De su contenido se extrae la existencia de esta “tierra de luz”, un mundo fuera del acceso e intervención de los humanos. Dicho descubrimiento está bajo la custodia de Roma hasta el tiempo presente y vuelve a las conciencias cuando surge un escenario apocalíptico que necesitará de la intervención de los lightbringers, seres divinos que esperan en la Tierra el llamado a la guerra del Thor del judeo-cristianismo, el arcángel Miguel. La historia, de todos modos, se abstrae lo suficiente para dejar estos antecedentes como un trasfondo, en comparación con, por ejemplo, “Temple of Shadows” de Angra, en donde el camino del héroe configura el propósito de cada canción.

Excitare Ad Lucem es el intro encargado de anteceder el primer escenario donde se ubican los héroes de esta historia. La canción ligada, Another Life abre con una marcha que contrasta con la esperanzadora voz a cargo de uno de los tres estadounidenses en el proyecto, Todd Michael Hall (Reverence, Jack Starr’s Burning Starr), que desde el 2013 es miembro de Riot V (remanente del mítico Riot), Rick Altzi, talentoso vocalista de At Vance que asumió el sublime desafío de reemplazar a Jorn Lande en Masterplan. Como vocalistas de apoyo cuenta con los suecos Kristoffer Göbel (Falconer) y  David Åkesson (Qantice)… ¡Todo un coro! Siguiendo los patrones de la ópera, la marcha de presentación asciende a notas mayores, se mantiene en su punto más alto durante el coro y luego desciende en un interludio dramático con una suerte de monólogo para transmitir las incertidumbres del conflicto por venir (“Find the glorious white light. Search disguised full of glory. Feel the dark in your mind’s sweet hope. Do we dare to believe?”). Sin embargo, yo me quedo con la sección rápida que lidera Todd luego del primer coro que cierra Rick Altzi, ya que, su voz muestra una breve reminiscencia a Rob Halford y es una bajada de tono que al mismo tiempo da pedal al ritmo, que impulsa el resto de la canción y te dice que “no todo es esperanza acá”. Esta canción, además, tiene el agrado de presentar a Uli Kusch detrás de los platos y cueros, cuyo currículum suma los titanes de Alemania, GammaRay y Helloween, y el Masterplan de Roland Grapow.

Guardians of the Light introduce al vocalista Yannis Papadopoulos (Until Rain, Wardrum) que demuestra gran versatilidad, acompañado de la voz de Åkesson, y cantando en dualidad en un coro que nada tiene que envidiarle a los “Metal Opera” de Avantasia. La canción tampoco cede en intensidad durante los versos (“There’s a dark and unspeakable creature roaming the night…”), que sin mucha intervención melódica, se mantienen pesados para cederle el trabajo a las voces, un recurso muy propio de bandas como Nocturnal Rites con Afterlife y Kamelot en The Black Halo. Los pre-coros e interludios se construyen como una rapsodia, intercalando intensidades e incorporando, incluso, una voz gutural que acentúa el aspecto sombrío del pasaje. El guitarrista de Falconer, Jimmy Hedlund se luce en esta partida con un solo moderado, pero con genial calidad de tapping. En esta canción, los encargados de la batería y el bajo son Andreas Nergård (Rudhira) y Filip Andel (Within Silence), respectivamente, y la guitarra rítmica a cargo del compositor Frode Hovd.

El disco cuenta con dos canciones para dar una pausa al tempo acelerado y alzar la llama del encendedor: Sands of Time y Trail of Tears. La primera me pilló por sorpresa al darme cuenta que el vocalista no era Roy Khan (Conception, Kamelot), sino el compatriota de Papadopoulos, Vasilis Georgiou, quien me dejó especulando mentalmente con la posibilidad de que le quite el puesto a Tommy Karevik (actual vocalista de Kamelot). Esta balada cuenta con el aporte mezzosoprano de la también griega Mina Giannopoulou (Karmic Link, The Rain I Bleed). Pero la canción downtempo que se lleva mi predilección es la segunda mencionada (séptimo track): Trail of Tears. Y ya que nos adelantamos en el disco, cabe señalar que ésta canción corresponde a la ordalía de los héroes, en términos más claros, al punto en que flaquea la posibilidad de una victoria, pero no se pierde la esperanza. La capacidad dramática de Mathias Blad (Falconer) le viene como anillo al hobbit, con intensidad y emoción que va in crescendo al contar los lentos segundos. Luego del coro, Mathias continúa (“Rise you mighty eagle, soar across the sky…”) y da un breve interludio a la canción para dar paso al solo de la mano y guitarra de Christer Harøy (Divided Multitude), para luego, junto con la voz acompañante del noruego Marius Danielsen (MD’s Legend of Valley Doom), cerrar la canción. El encargado del bajo es el hermano de Christer y compañero de banda, Rayner Harøy.

Para Lost In The Darkness Below , que narra el inicio de las aventuras a través de la oscuridad, los elegidos para las voces fueron los noruegos Pellek (Per Fredrik Åsly) y Marit Børresen, junto con un pequeño segmento de Roland Grapow con voz de narrador a lo Christopher Lee en Rhapsody of Fire. El primero cuenta con una banda nombrada según su alias, de la que Børresen es también miembro, que posee una cantidad ridícula de covers que también pública en YouTube (plataforma en la cual muchas vistas ha tenido cierta virulenta canción en español que por higiene me niego a nombrar). Su registro es bastante alto, lo que le viene bien a esta canción de Power Metal sin rodeos ni disfraces, es decir, Power a la vena. De todas formas, la voz de Børresen se roba la canción, ya que le da un contraste grave preciso en el verso, además de tomar las riendas en el coro y quedar como voz principal, siendo complementada por Pellek.

Test of Time inicia con un riff melódico en mímesis del coro, un recurso para nada desconocido dentro del Power Metal de la era Kiske de Helloween. La parte lírica describe un espacio metafísico fuera de la dimensión temporal de la Tierra. Este lugar es una especie de limbo en donde los pecadores encuentran redención o condena según la valía de sus actos. Los invitados para vocalizar este tema son Rob Lundgren, quien ha trabajado en diversos proyectos musicales como Powerdrive y The Chronicles Project, junto a Tommy Johansson, vocalista y guitarrista de Golden Resurrection y ReinXeed, que también pasó a formar parte de Sabaton el 2016. El coro no es nada inesperado, pero el verso y pre-coro—cuyo acompañamiento de arpa sintetizada despierta cierta nostalgia—definitivamente quedan sonando en la cabeza, postulando a este tema como uno de los fuertes del disco.

Where Reality Ends nos acerca, desde la ordalía, hacia el clímax de la historia. La «orquesta sintetizada», a cargo de Paolo Campitelli (Kaledon), tiene una presencia marcada a lo largo de la canción y funciona en complemento con las guitarras. La voz de Papadopoulos regresa—con guturales incluidos—para aportar, en conjunto con el estadounidense Eli Prinsen (The Sacrified), los matices vocales. La batería nuevamente está a cargo del maestro Uli Kusch con sus reconocidos fills que sacan todo el potencial de la caja (snare). From the Ashes también marca su inicio con la guitarra siguiendo la melodía del coro. Su contenido lírico, al igual que las otras canciones, deambula por imágenes ya conocidas y símbolos asociados a la mítica clásica, siendo figura central de esta canción el ave fénix junto a otras representaciones aladas. Esta indica, evidentemente, la resurrección de la esperanza en la redención de los hombres justos. En este tema contamos con la voz de Bernt Fjellestad (Guardians of Time) con Linus «Mr. Gul» Abrahamson (Andromeda, Anton Johansson’s Galahad Suite) en guitarra líder y bajo.

Finalmente, el clímax se resuelve en Answers in a Dream, con el regreso del dúo Michael Hall/Åkesson, pero que lamentablemente queda corta de trascendencia al estar situada entre la novena y la décimoprimera—y final—canción. Es más bien una esperanzadora antesala pronta al desenlace y carece de la tensión propia de un momento crucial que se ha estado esperando a lo largo del álbum. Luego, la canción homónima del disco, Land of Light, reúne a varios de los vocalistas anteriores (punto más alto, como Sign of the Cross de Avantasia) e incluye a Siegfried «The Dragonslayer» Samer (Dragony) y al inconfundible Fabio Lione (Angra, Rhapsody) en las voces. Sin embargo, no es la única eminencia que se enlistó para esta canción, pues también cuenta con el tercer estadounidense, el bajista Mike LePond de Symphony X, cuya habilidad indiscutida no logra sacarse debidamente a relucir por la poca consideración del bajo a lo largo del disco, sin duda un punto en contra para el proyecto. Los sintetizadores están a cargo de Peter Crowley, quien queda a la altura de la canción y se funde bien entre las melodías cambiantes de la composición, incluso dándose el lujo de incluir una gaitas y flautas en un segmento en donde fácilmente se podría haber tentado con vientos más «etéreos». Similar a «Keeper of the Seven Keys» de Helloween, el tema recorre valles de intensidad y cambios de tempo.

Frode Hovd, un músico que no conocemos del todo, promete bastante potencial al elaborar un hipotético «Metal Opera pt. III» y hacer que se sienta la distancia del nuevo Avantasia en relación de sus dos primeros discos. Proyectos con esta cantidad de músicos no son fáciles de encumbrar, es por eso que a veces se olvidan aspectos—como el sonido del bajo—o se priorizan otros que se estiman más protagónicos. Dentro de las cosas que espero en una posible secuela–además de la parte técnica y cualitativa—mayor madurez en cuanto al desarrollo de la historia a fin de no caer en clichés poco desarrollados. La ausencia de dragones y elfos no da inmunidad para no caer en este error.

 

 

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de conocer a CLAYMOREAN, una banda de Heavy/Power Metal de un pequeño poblado serbio que nos regaló un disco debut magistral como lo fue “Unbroken” (2015). Cabe aclarar que, si bien la columna vertebral de la banda ya existía hace algún tiempo bajo el nombre de CLAYMORE, decidieron cambiar el nombre debido a la confusión que significaba llevar el mismo nombre que otros medios, especialmente una animación japonesa bastante conocida, además, al hacer este cambio hubieron algunos cambios que consideran importantes en su formación por lo que ellos mismos insisten en que esto es una nueva banda.

Aclarado ese pequeño detalle, hoy vinimos a revisar su segunda placa que desde el nombre y la portada ya nos evocan sentimientos quizás más oscuros, así impresiona “Sounds From A Dying World” desde que nos dieron a conocer la portada hace ya algunos meses, pero definitivamente esa apreciación no se queda sólo en lo visual sino que el sonido del mismo disco nos lleva a una atmósfera mucho más oscura de lo que nos regalaron en su debut por lo que, posiblemente, más de alguno necesitará darle un par de escuchadas antes de disfrutarlo a concho.

Este nuevo larga duración arranca con toda la potencia de The Road To Damnation, donde de frentón nos encontramos con un sonido más pesado y oscuro en los riffs y la base rítmica, lo que se ve aún más reforzado cuando la voz de Dejana Garčević hace su aparición con un tono mucho más grave y menos angelical de lo que nos regalara en la primera placa, haciendo lujo de las dotes “heavymetaleras” de su voz, con un carraspeado exquisito que le da el toque preciso de agresividad a un sonido pesado que ya nos regalan las guitarras de Vladimir Garčević y Uroš Kovačević, es un comienzo que quizás no se esperaba pero que anima inmediatamente a seguir escuchando lo que se viene por delante.

La velocidad baja un resto y nos lleva a un paseo un poco más épico con Old Mountain, quizás hasta con un toque más folk que se siente refrescante y muy bien ejecutado, aquí la batería tiene mucho más juego y permite que la voz de Dejana se acomode cual canción de cuna en las estrofas, con una guitarra simple y liviana que permite sea la voz la protagonista hasta que llegamos al puente, donde todo el Metal vuelve y la dulce Dejana se convierte en toda una guerrera llamando a la batalla para dar paso a un coro melódico y estilizado. Este tema tiene la particularidad de viajar por pasajes tan distintos entre sí que se disfruta en cualquiera de sus momentos, especialmente gracias a esas diferencias de ritmos. Sin lugar a dudas uno de los momentos más altos de la placa.

Esto continúa con Cimmeria, la que nuevamente arranca con riffs pesados y lentos, acompañados de líneas exquisitamente definidas del bajo de Goran Garčević. Ahora Dejana se permite ser potente y melódica a la vez, mostrando toda su tremenda calidad vocal mientras las guitarras nos regalan unos riffs de muy alto corte y, en la mezcla, se logra un himno de Power Metal guerrero sin necesidad de acudir a la agresividad, algo que no siempre se logra. Distinción aparte para la sección de solos donde la guitarra de Vlad “Invictus” Garčević se luce indiscutiblemente y para el final a dos voces de Dejana, como se dice por allí: un «manjarsh».

Lo siguiente ya lo conocimos pues fue el primer single de este trabajo y hablamos de Blood-Red Shield. Un comienzo por todo lo bajo de la velocidad, del ritmo y de los ánimos en general, donde nuevamente podemos disfrutar la “versión angelical” de la voz de Dejana, quien se luce además al cambiar, junto a la música, su cadencia y potencia. Sin aumentar prácticamente la velocidad y casi manteniendo la base rítmica inicial todo cobra potencia y peso, con las guitarras haciendo un juego exquisito entre riff y punteo, con una base melódica tan delicada como oscura, la que sufre un quiebre a los tres minutos para agregar mayor agresividad al trabajo pero manteniendo ese ritmo lastimero, el que sólo se ve ligeramente acelerado por el solo de la guitarra.

Súbitamente volvemos a la potencia con Rage Of The White Wolf, la que recuerda en su comienzo un poco a algunos pasajes de TÝR, lo que se diferencia inmediatamente cuando nos regalan todo su Heavy Metal, quizás en honor a un lobo cazador, con una velocidad que levanta todos los ánimos, una Dejana acompañándonos con su voz melodiosa a través de este paseo hasta que post coro nos lanza de esos gritos que nos recuerdan el llamado a la batalla que estamos escuchando. Recordándonos que esto se trata de “fire and blood”, que la rabia no se acaba tan fácilmente y la música de estos serbios nos mantiene siempre alertas. Un acierto musical por donde se le mire.

The Final Journey tiene un pequeño problema y es que, al comenzar, te parece que acabas de escucharla porque tiene cierto parecido a Old Mountain. No es un autoplagio ni nada parecido, tienen importantes diferencias pero pareciera que la estructura es tan parecida que a la simple escucha da la impresión de repetirse el sonido. Fuera de eso, una vez superada la parte introductoria nos dejamos caer de lleno en Heavy del bueno, manteniendo todo el rato un estilo tradicional que en vivo simplemente debe romper cuellos al momento del coro porque es uno de los temas más gancheros de la placa, que te llama a cabecear y dejar el alma cantando “last song of countless voices, last breath of ancient home”, antes del tremendo coro, otro punto notablemente alto de este trabajo, a pesar del detalle inicial.

Ya casi terminando este corto recorrido nos vamos a las profundidades de la locura y la soledad con Blackest Void, casi un saludo a la inmortal Black Sabbath de los viejos de Birmingham. Un toque tan oscuro como pesado que se ve quebrado por la voz de Dejana, quien de a poco va levantando la potencia de su voz manteniendo esa estructura “sabbathica”, que se disfruta de una manera impresionante porque, aunque el oído pueda asimilarlas, en ningún momento da la impresión de ser una copia o plagio y, encima, el coro nos transporta como por sobre ese vacío para que lo podamos ver desde arriba y nos deja caer nuevamente al centro de él, donde nuevamente la voz de Dejana nos arrulla y continúa con el viaje. Si bien es una de las piezas menos Heavy Metal de la placa, es tan melódica y rítmicamente exquisita que cuando llega el solo de Vlad ya estamos totalmente entregados al vacío y ya nada puede evitar disfrutarlo con todo…

Y como nada termina hasta que termina, los serbios nos regalan un cover a Cloven Hoof y, es así, como terminamos este trabajo con Astral Rider. Levantando todos los ánimos y sensaciones adormecidas con el tema anterior, ahora con una dosis de puro Heavy Metal que levanta a cualquiera. Una patada en la cara para que cualquiera que se haya quedado pegado en el “vacío más oscuro” vuelva a la realidad con toda la potencia que Garčević y Kovačević nos pueden regalar, especialmente a la hora de los solos que es el momento más metalero del tema, los solos más cancheros de toda la placa, simplemente un cierre de tremenda factura tributando a unos grandes del Heavy Metal clásico, dejando claro que estos muchachos son los “nightriders on the astral planes” y nos seguirán regalando tremendos momentos de Metal.

Con sólo cuarenta minutos CLAYMOREAN se conforma y nos regala un tremendo registro, mostrando una evolución importante e interesante desde su anterior placa (y más aún si consideramos la historia anterior de la banda), donde nos encontramos con más variación de ritmos, con líneas vocales considerablemente maduras y serias, con guitarras mucho más confiadas y seguras, donde ya no hablamos sólo de una banda de un pequeño país que sólo promete mucho sino que podemos disfrutar toda su potencia y calidad compositiva.

Como adelantaba al principio, quizás cuesta un poco digerir esta placa debido a sus importantes diferencias con su trabajo anterior pero, sin lugar a dudas, es un excelente álbum de Heavy Metal que no puede dejar indiferente a nadie con sus tremendos quiebres rítmicos. Un trabajo que, con sólo siete temas originales y un cover, nos logra regalar tanto creo que deja claro que la banda tiene mucho más para entregar. Al consultarle a la banda por qué tan pocos temas con toda confianza indican que poner más tracks hubiera comprometido la atmósfera que lograron en el disco y, como cantidad no significa calidad, no quisieron poner en riesgo el álbum y ¡vaya que tomaron una buena decisión!

 

 

Siente el rugir del metal de las entrañas de la tierra. Sé testigo de la salvaje naturaleza del caos. “Time of Collapse” es el título del álbum debut de la banda de Heavy/Speed metal, 7° Richter. Con epicentro en Curicó, esta manifestación sónica está conformada por su compositor principal, Cristian Cordero, y Pablo Allendes en las guitarras; Jorge Rojas en el bajo; y los ex Iceberg, Juan Valderrama en la batería y César Yuivar como vocalista, junto a Natalia Soto como voz de soporte.

El track encargado para abrir el álbum es Mindquake, una potente introducción instrumental que se acerca en efecto doppler y libera una descarga de Metal a la vena. Guiados por un sonido—quizás demasiado—seco de la batería, los instrumentos se exponen por primera vez a fin de aclimatar nuestros oídos a lo que está por venir, pero no sin antes interrumpir el momentum y bajar el tempo para un espectacular cierre melódico. Lo que nos lleva al segundo tema, Demons Alive, en donde la lucha interna de un hombre que pierde la batalla contra sus demonios se relata a través de la voz de César, que hace su aparición demostrando su poderosa voz y expresión en los tonos altos—muy similar al estilo de Henning Basse (Metalium, Firewind)—, escoltado por Natalia en los coros e interludio.

La canción homónima al álbum, Time of Collapse, lleva a pensar en la ilustración de este, a cargo de Jaime Guerrero Salamanca, que tiene a la muerte como motivo principal, utilizando diversas claves y referencias visuales —tales como el cuervo, el as de picas y “La puerta del Infierno” de Rodin— para reforzar la semiótica de este apocalíptico escenario, pero más importante aún, para entregar la atmósfera apropiada para el disco. Con una conducción efectiva a mano de las guitarras, la canción juega con las intensidades de los riffs, que se encargan de estructurar sus segmentos, cuyo resultado—más la temática de corte distópico—resulta fácil de comparar a la calidad de Iced Earth.

La participación de Natalia Soto adquiere importancia definitiva en Inorganic Fields, ya que, junto a Yuivar, logra un gran contraste melódico a la progresión de acordes menores que definen el coro. Luego tenemos la condición humana del hijo de Dios, que es la temática principal de Blood Divine, track que bautizó el primer demo de la banda el año 2012. Se caracteriza por ser una canción bastante dinámica, rápida y con un interludio instrumental que cae bien a todo fan de Iron Maiden. Sin duda, canción candidata a convertirse en un futuro clásico de “7 grados”.

La sexta canción, Stolen Lives, cuya temática pareciera ser una secuela de Demons Alive, impresiona dando un giro atmosférico, más intrigante y oscuro. Posterior a los acordes iniciales, una caracterización demoníaca resuena tras la presencia vocal de César, un acierto sencillo que tiñe la canción con el carácter que exige su contenido lírico y los riffs en tonos siniestros.

Y a propósito de siniestros, otro de los “clásicos” del demo, Bajo La Sombra De La Cruz es un ejemplo del potencial que tienen los riffs neoclásicos para hacer poderosa una canción que nuevamente tiene mucho en común con Iced Earth, parecido que se acentúa, además, con los desgarradores gritos de César para complementar su propia voz durante los versos. Su contenido lírico se queda algo corto de la profundidad que los otros temas expresan, posiblemente debido a que está escrito como una declaración acusatoria directa, al estilo de Spiritual Dictator de Gamma Ray. De todas formas, bienvenido es el uso del español en sus letras, que también es el caso de Tentación y Sangre de tu corazón, canciones que suenan muy bien en el idioma y eximen a la banda de caer en errores gramaticales y pronunciaciones duras. Muy lejos de cambiar la sonoridad estética que brindan los fonemas anglosajones, las canciones en español suenan igual de potentes que aquellas en inglés, incluso tratando tópicos más dantescos (en el sentido amoroso); ejemplo de esto es Sangre De Tu Corazón, temazo de inicio a fin donde Natalia nuevamente entrega geniales intervenciones.

Sin pretensiones de parecer chanta de matinal con esta declaración, doy por escrito que tendremos más sacudidas de 7 grados en el futuro, ya que este debut no da la sensación que se trata de una banda emergente, sino de una banda de miembros con evidente experiencia, que ha sacado a la superficie solo la punta de un iceberg profundo.

 

 

Para aquellos que tuvieron el placer de asistir en junio de este 2017 al festival que trajo a Carcass de vuelta a nuestra tierra, la guitarra de Sergio Aravena no es extraña a sus oídos. El músico oriundo de Rancagua—guitarrista de las bandas Thrash Forahneo y Torturer, así como también de la banda Heavy/Power, Rebelion—, hace un giro introspectivo sobre su carrera y lanza el primer EP de su nuevo proyecto personal: SAR, donde, además de la guitarra, ejecuta el bajo y programa las baterías. Elaborado de forma independiente en su estudio personal, Instrumental Dark, del sello Best Foe, cuenta con la masterización y mezclas del brasileño Victor Hugo Targino, quien—además de lanzar Perfidy como guitarrista junto a Forahneo— también ha sido hombre tras perillas en el LP «Age of Decadence» de los nacionales Necrosis.

La canción encargada de abrir esta sublime sinfonía de la noche y de lo onírico es Sueño Fantasma, comenzando inmediatamente con una marcha que juega con lo melódico y lo pesado en la sección de guitarras. El bajo no se queda atrás, al principio con una línea algo tímida, adquiere notoriedad melódica pasado el minuto, distanciándose de la guitarra rítmica y complementando los acordes abiertos de esta. Pero esta montaña rusa de sweep pickings todavía no acaba con las sorpresas, ya que luego de mantenerte enganchado, el vagón se suelta en un espacio abierto donde el tempo se acelera y el cabeceo se hace inevitable.

La secuela de este extraño sueño es casi inevitable, la Pesadilla número uno toma la atmósfera antecedida y la lleva a la incomodidad extrema con notas oscuras escoltadas por barridos aún más amplios que los primeros. Lo que hace a estas canciones tan necesarias en el género, es que su potencia y virtuosismo no se excede en demostraciones de elementos técnicos, muy por el contrario, respetan la integridad expresiva de la canción, sin desvirtuarse hacia un barroquismo de notas indescifrables.

La anomalía de tempo bajo viene acompañada del feeling en la tercera canción, titulada Sonámbulo, donde la guitarra pasa a través de la vibración profunda del bajo que va marcando sus notas principales. Este paseo onírico, en similitud con For the Love of God de Steve Vai, también posee un interludio en el cual los bends sostenidos se acentúan bajo el efecto hipnotizante del wah-wah, sin embargo, en Sonámbulo no hay temor alguno de romper el esquema y reemplazar el tacto de una guitarra con chorus por un ritmo distorsionado y pesado que entrega un clímax adecuado para el tema.

Finalmente, el cuarto y quinto track, Nocturno e Insomnio, son dos caras de una misma moneda—al igual que las dos primeras canciones—que dejan testimoniado el estilo de Aravena, no necesariamente en búsqueda de un punto de comunión, sino en explotar el contraste entre el Metal extremo y la guitarra neoclásica en transiciones de intensidad. Este álbum, además de ser una experiencia sonora impecable, es una referencia cualitativa concreta a la hora de imaginar el nutrido potencial de los músicos que conforman la escena metalera del país.

 

 

Tras cinco años de ausencia, los oriundos de Talca nos presentan su tercer trabajo discográfico con el que están dispuestos a seguir abriéndose paso dentro de la escena nacional, algo que hoy en día parece ser cada vez más difícil, principalmente al considerar la cantidad no despreciable de bandas chilenas que han mejorado de forma notable su producción y su profesionalismo en su propuesta. De esta manera, H&H promete no echar pie atrás y con «Resilience» prometen seguir la senda de ese discazo llamado «Unbreakable Will» (2012). Empecemos entonces.

Paths Of Doom es una pequeña pieza instrumental que sirve como introducción de cara a lo que escucharemos en los próximos cuarenta minutos. Si bien es una composición bastante breve, desde el primer segundo se logra apreciar la pulcritud y el excelente sonido que nos presentan, donde la sección de cuerdas logra recrear una atmósfera densa y lúgubre, muy acorde a la portada del álbum. Rápidamente pasamos a la poderosa Bringer of Death, single que fue dado a conocer hace un par de meses. Atención aquí, ya que los talquinos no se guardan nada y arrasan con todo a su paso, siempre comandados por la dupla de Matías y Daniel González (batería y bajo, respectivamente). Desde luego que también las guitarras son absolutas protagonistas, puesto que se despachan unos solos y una armonía en la parte instrumental digna de aplausos. Finalmente, el estribillo es pegadizo y del tipo «levanta puños»: «Bringer of death – spreading his hate all over the world / Bringer of death – straight out of hell / He will spit his wrath, merciless, he’ll tear you apart / Bringer of death – stay out of his way». Excelente comienzo.

La rapidez y el vértigo no se toman pausa durante la interesante Molester. Nuevamente he de destacar el sonido crudo y directo que logra justificar cada uno de los pasajes de este tema. Decimos esto porque básicamente se va alternando el ritmo más pausado del verso con la violencia y la velocidad implantada en las guitarras y en la batería durante el coro. Por cierto, excelente labor la del frontman Camilo Jara de principio a fin, quién a través de la lírica lanza una fuerte crítica hacia la pedofilia y hacia la iglesia católica en general. Suma atención durante el «Get down, on your knees / God will set you free, trust in me!…». En tanto, historia conocida en lo que a Aldo Núñez y Nelson González se refiere: solos y técnica de un gran nivel. Lo cual se repite con Imposter, quizás una de las más progresivas de este trabajo, que si bien no trae una nueva perspectiva en relación a sus predecesoras, resulta sobresaliente dentro del tracklist principalmente gracias a la naturalidad que posee al conectar cada uno de los pasajes que se van presentando. Si a esto le sumamos la calma entre el puente y el estribillo, el resultado no es otro más que una canción de gran factura. El dato freak por excelencia es el gran parecido entre el riff de la parte instrumental con el de As I Am de Dream Theater. ¡Notable!

Otro de los puntos altos sin lugar a dudas es Resilience, composición que da nombre al disco. Y es que es imposible no vaticinar el hachazo que se vendrá tras escuchar las primeras notas de la intro. Ojo, si bien a modo de resumen es básicamente un tema cañero y a la vena, a su vez logra ser uno de los más melódicos y que más detalles posee. Los arreglos de guitarra logran darle frescura y tonos más esperanzadores que se condicen con la letra, dando cuenta de la gran labor de parte del vocalista al escribirla. Así es como escuchamos versos tan potentes como «I live everyday as if it were my last / Tasting the good things in life / Nothing will ever stand on my way / Cause I won’t be weak again!». Lo demás corresponde a un análisis personal sobre las sorpresas que contiene.

Entrando de lleno en la segunda mitad del LP, con Cancha Rayada y Deceiver se produce un contraste más que notorio. Como su nombre lo indica, la primera relata los sucesos vividos en el desastre de Cancha Rayada durante la independencia de Chile, así rápidamente nos transporta a un thrash ochentero que desborda ese sonido callejero tan propio de una banda como Ambush, por ejemplo. De esta forma, nos topamos con guitarras punzantes y un doble bombo marcando a mil que nunca desacelera. En tanto, la segunda es mucho más densa y un poco más difícil de digerir. Desde el primer segundo se nota un tratamiento distinto en la ejecución de Aldo y Nelson, llevando tal vez al límite el concepto implantando en esta placa. Ambas no logran estar dentro de lo más destacado, ya que quizás por su posición dentro del tracklist se ven opacadas por sus predecesoras.

Acercándonos ya al término de «Resilience«, The Warning solamente llega a reforzar todo lo que ya hemos escuchado hasta el este punto: Canciones poco pretenciosas, efectivas y que van directo al hueso. A modo muy personal -y a pesar de que en esta pieza no hace «nada del otro mundo»-, considero que Daniel González realiza su mejor performance dentro del presente trabajo. Solo basta poner atención a las progresiones del coro y a la parte de los solos para que se den cuenta de lo que hablo. Finalmente, el ending track es a su vez el tema más extenso del disco, con un poco de más de siete minutos de duración. Bajo esta premisa, es de esperarse que Down sea lo más dinámica y variada posible. Pues bien, en parte esto se cumple, puesto que prácticamente nos dan un paseo por varios estilos dentro del Heavy, y por momentos vaya que salen ganando, pero no deja de ser cierto que en el balance final le falta lucidez y esa cuota de sorpresa para lograr poner el broche de oro como corresponde. Por favor, a no asustarse con esto último, la canción en sí es buenísima, solo que le faltó un poco de consistencia para cerrar el LP de forma óptima.

A pesar de que durante la segunda mitad se produce una baja un tanto considerable en relación a los puntos más altos ya analizados, desde luego que los talquinos muestran una compenetración y un nivel superlativo dentro de cada una de las funciones de sus integrantes. Por instantes nos regalan pasajes musicales y un nivel de composición más que envidiable, que junto a un sonido y una producción demoledora terminan por entregar un gran álbum en este año 2017.