Para nadie es sorpresa lo difícil que es hacer música en Chile, especialmente poder llegar a plasmar eso en material discográfico pero, si a eso le sumamos residir en una de las regiones más caras del país y más alejadas de la capital, todo se multiplica. De allí que parezca del todo importante destacar los esfuerzos de aquellos que luchan contra esas trabas como los antofagastinos de Cable a Tierra, una banda cultora de buen Heavy Metal clásico que el recién terminado 2016 nos regaló un disco homónimo, su debut discográfico.

Con la voz de Ignacio Morales, las guitarras a cargo de Daniel Campusano y Cristian Tello, el bajo de Sergio Barraza y la batería de Miguel Cortés, la banda antofagastina no nos trae gran novedad, pero sí una tremenda dosis de frescura en su sonido clásico, esa que da gusto escuchar y se disfruta totalmente.

Este corto pero tremendo viaje comienza con Necrofilia, la que arranca dejando en claro la potencia que nos traen desde el mismo minuto uno, una batería muy presente, un bajo sobresaliente y un riff de guitarras que nos dan ganas de cabecear al ritmo cadente del tema. Una midtempo potentísima nos cuenta de un personaje grotesco que tiene ciertos gustos extravagantes, con la voz de Morales desgarrando muy bien sus partes y llevándonos a pasear por esa historia donde la atmósfera creada tanto por los riffs como por la base rítmica te dejan considerablemente satisfecho.

Cautivo sube un poco la velocidad lanzándonos un potentísimo riff desde el principio, regalándonos un tremendo preludio instrumental antes de la entrada de la voz donde la batería de Cortés tiene espacio de lucirse y las guitarras aún más para dar paso a un agresivo track donde Morales suaviza un poco su voz pero sin quitarle una pizca de potencia. El ritmo ronda cerca del Thrash Metal incluso pero se mantiene a este lado de la línea y entregando un tremendo producto con cambios de ritmo importantes que te mantienen durante toda su extensión atento a qué vendrá luego, sin decepcionarte en ninguno de los quiebres rítmicos que se pueden disfrutar en los casi cinco minutos y medio de este tema, con geniales armonías entre las guitarras de Campusano y Tello: una joyita.

A uno como antofagastino, Niño de Plomo lo golpea un poco de cerca, el sonido del desierto y niños jugando transportan a lo que alguna vez fue este terruño, una balada triste que cuenta la historia de lo que significó poblar esas tierras y los sufrimientos que el “niño de plomo” representa por todos los que no pudieron contar la historia. Musicalmente es uno de los temas menos lustrosos de este trabajo quizás, pero líricamente me atrevo a decir que es de los puntos más altos, por una situación que, además, se repite hasta hoy en la ciudad con la contaminación por plomo presente… sencillamente el momento más nostálgico y emocional de esta placa que hacia el final muestra sus mejores cartas musicales con la sección de los solos, fortaleciendo aun más la estructura del tema.

Un riff clasiquísimo y toda la agresividad del Heavy Metal es lo que nos golpea de frente al arrancar Sangre Enferma, velocidad sin cansancio y un levantador de ánimos tremendo luego del lapsus de tristeza que nos regaló el track anterior. Acá ya no hablamos de un lamento por lo sucedido, desconozco si fue la intención que estas dos canciones quedaran tan interrelacionadas pero ahora tenemos un llamado a reclamar por lo enferma que está nuestra sangre, lo que hace que al bajar la velocidad hacia la medianía del tema, la potencia y agresividad siga presente de manera magistral, la que regresa a la velocidad y aumenta aun más la sensación de agresividad con la voz de Morales.

En una veta mucho más melódica y menos agresiva, con una guitarra luciéndose en un muy alto nivel se nos abren las puertas para la tremenda Paso a Paso, la que provoca un poco de sentimientos encontrados, es una tremenda pieza pero a momentos da la impresión de sonar un poco monótona, especialmente en las líneas vocales, las que no son en ningún caso malas pero se siente como con poca variación, el ritmo es tremendo, la calidad compositiva regala un muy buen trabajo de guitarras y las letras son un verdadero llamado a la lucha para nunca quedarse con lo que hay sino ir, paso a paso, mucho más allá.

Rock And Roll nos dice todo desde el nombre, con un riff de guitarra sólo anticipando lo que se vendrá, siendo acompañada tímidamente por la batería que luego le da paso a un tímido bajo que finalmente estalla en un arranque de puro rock and roll, sin adornos, sin juegos escandalosos, la más pura esencia de esta música que nos mueve y que nos llena. La letra es claramente un himno al estilo de vida que generalmente se asocia a este estilo: alcohol, mujeres y rock and roll. No es un tema tremendo pero está tan bien compuesto y la letra es tan clásica que lo convierten en un trabajo muy bien logrado sin necesidad, como decía antes, de mucho más, lo que es un tremendo punto a favor ya que, hoy por hoy, muchas veces se cree que para hacer buena música hay que poner más y más adornos, acá estos chicos nos demuestran que, a veces, menos es más.

Llegamos al final de esta placa con la agresiva Destino, la que nos lleva de vuelta hacia arriba en la vorágine de este corto disco, una tremenda montaña rusa de emociones en sólo cuatro minutos porque toda la velocidad y agresividad con que arranca el tema desaparece hacia la mitad del mismo dando paso a un pasaje instrumental con excelentes riffs y un tremendo solo de guitarra que termina ese momento de tranquilidad para recordarnos que esto es Heavy Metal y devolvernos a la agresividad del track y recordarnos que la lucha contra el destino jamás termina. Un cierre de disco por todo lo alto con la voz de Morales terminando en un vacío que le da, sencillamente, un broche de oro a esta corta pero tremenda placa.

En cortos treinta y cuatro minutos estos muchachos de la desértica Antofagasta nos regalan, en siete canciones, un viaje por distintas emociones y estados anímicos, una producción autogestionada e independiente que, como es de esperar, no cuenta precisamente con la mejor producción, lo que en ningún caso le quita calidad a la música, la que demuestra estar compuesta con verdadera pasión por un estilo poco apreciado en esa ciudad.

La calidad de cada músico y de cada composición es de muy alta factura, pudiendo llegar a luchar con cualquiera si se les presentan las oportunidades necesarias y están en condiciones de tomarlas porque, seamos sinceros, el metal en Chile no es en ningún caso una mina de oro y, cuando se necesita dinero para vivir, no contamos con la posibilidad de vivir de la música, pero esperemos que estos muchachos puedan seguir componiendo y grabando para que disfrutemos de sus ideas y calidad musical, la que ojalá los pueda llevar lejos.

“Metropolis” de Polimetro está entre mis diez discos favoritos de toda la vida. Quizás, junto con “The Divine Wings Of Tragedy” (1997) de Symphony X, sea mi favorito en el contexto del metal progresivo. Y sin ninguna duda, y con mucho orgullo por la cercanía que genera el hecho de que sea una banda chilena la responsable, es mi trabajo predilecto del metal cantado en español…

Hay algo muy mágico en estas canciones, algo que me cuesta describirlo en una sola línea, sino y solamente por medio de recopilar la gran cantidad de sensaciones y detalles que en estos 17 años escuchándolas he atesorado, reflexionado y guardado con cariño, un disco que ha significado siempre y mucho para mí en momento duros, en instantes felices, en años de actividad de Polimetro y en tiempos de retiro.

Sus letras, melodías y arreglos… no es ese metal progresivo que se analiza, sino una música que se siente, que te alegra o golpea dependiendo de la etapa de tu vida, pero que siempre te acompaña… porque “Metropolis” por algún misterio no envejece. Por el contrario, su composición y también sus mensajes están absolutamente vigentes. No suena a esa banda de finales del siglo XX que te trae recuerdos del colegio, porque los temas incluso pueden llegar a sonar con más autoridad hoy en día que hace una década, y me parece que por ahí se logra vislumbrar el privilegio que significa encontrarse con este trabajo.

Porque quizás… en sus mismas limitaciones se descubre la maestría de “Metropolis”

Por ejemplo, el sonido. Estoy seguro que los hermanos Esquivel no quedaron conformes con el resultado final, que hubiesen deseado un sonido que no tuviera “nada que enviarle a una producción internacional”. Sí, al momento del lanzamiento quizás muchos hayamos pensado que “se hizo lo que se pudo” en las grabaciones, que se había hecho el mayor esfuerzo pero que en vivo la banda sonaba mucho mejor que en estudio (frase muy, pero muy recurrente de la escena en esos días), y que faltaba para llegar a los estándares ideales de la época (siempre en comparación al sonido europeo).

Sin embargo, algo sucedió después que lo que sonaba técnicamente “austero” y no tan prolijo el 2000, con los años empezó a tildarse de “sonido natural”, a modo de reacción a las producciones más artificiales que saturaban la escena a finales de la década pasada. Esto no tiene que ver con ser purista, sino con entregar algo que perdure, y el sonido de “Metropolis” solo se pudo comenzar a valorar mucho después de su lanzamiento. El tiempo le dio la razón al sonido de la placa y hoy le permite mostrar una cara muy creíble, una que trabajos entregados en la misma época, como los de Elegy y otros conjuntos progresivos europeos, no son capaces de enseñar en la actualidad, y se sienten obsoletos en lo técnico.

La batería de Patricio Esquivel en “Metropolis” se siente con carácter, el bajo de Mauricio Espinoza como la estructura potente que sostiene las guitarras directas y sin adornos de Carlos Esquivel. Aquí no vale el truco, sino la interpretación de cada música. Buen gusto incomprendido al principio, como habrá pasado con discos como “Welcome To The Other Side” (2001) de Rage, criticado por lo “débil” de su sonido “natural”, o “The Time Of The Oath” (1996) de Helloween, apuntado por la “poca claridad” de sus capas. Cierto, esas bandas alemanas habían decidido sonar así, mientras que lo de Polimetro era el resultado de tener al estudio presionando más que colaborando, pero eso no quita que “Metropolis” ahora irradie dignidad y credibilidad sónica.

Y las voces… uf, ya quería llegar a esta parte, porque es otra de las reflexiones que he guardado por muchísimo tiempo, y espero estar a la altura. Por alguna razón, sea artística o técnica por falta de tiempo o recursos, Ricardo Susarte apenas hace segundas voces en el álbum. Incluso, me atrevería a decir que en el único momento que armoniza melodías es en los ahs de Episodios, y en el primer verso de Laberintos. El cantante entonces se vale solamente de las líneas melódicas que dibuja con su voz limpia, lo que termina marcando a fuego su estilo vocal y el de la banda. Esto de dio un carácter único al álbum, un encanto difícil de describir pero también difícil de no sentir. Lo mismo puede pasar con las teclas de César Anguita, que en el transcurso de las canciones hace solo una cosa a la vez, un estilo sumamente austero que también define el estilo del grupo y su material, y diría que para más que bien.

Para concluir esta parte, “Metropolis” transmite la admirable sensación de escuchar a músicos que aprendieron de oído el progresivo, y que con poco hacen cosas extraordinarias, que de a pulso en el camino bajo los nombres Fixion y Metrópolis dieron con un sonido y un estilo compositivo que harían propios en el futuro. A estas alturas solo basta decir Fábulas, Episodios, Luz y Sombra, Dioses Negros, Sola, Hijos del Temor, Finjo Ser Fuerte, Guerras Eternas, Laberintos, para saber que estamos hablando de Polimetro y de su magia. Y no hay necesidad de mayores descripciones musicales, porque varias de estas canciones pertenecen a un colectivo, a una memoria que sufrió el 2001 por la triste disolución de la banda (cuando muchos apuntaban a una proyección internacional, truncada por diferencias al interior del núcleo), a personas que se emocionaron hasta las lágrimas la noche del 10 de octubre del 2008 en el Galpón Víctor Jara, cuando Polimetro regreso a los escenarios y volvieron a escuchar temas que uno pensaba que nunca más se tocarían en vivo.

Junto con “Enlighten the Darkness” de los germanos Angel Dust, “Metropolis” es el único álbum que puedo no oírlo en dos, tres meses, encontrarlo en la repisa después de llegar del trabajo, colocarlo para ver qué me provoca y sentir esa sensación que lo estoy escuchando por primera vez. Me asombra, me golpea, una carga emocional indescriptible. Después de unos días reposo de la experiencia, dejo el disco por unos meses, vuelvo a encontrarlo y vuelvo a enfrentarme a él, sintiendo de nuevo las mismas sensaciones que me trasmite su música. Quizás, el motivo detrás sean las letras cantadas por Ricardo Susarte, que consigue una estética hermosa con el sonido de las sílabas que une, logra nuevos significados juntando palabras u oraciones de forma tan mágica y profunda, y termina diciendo muchísimo más que lo que canta.

Por lo mismo, no creo que sea justo venir e interpretar las letras, porque para cada uno puede significar una cosa distinta. Son sumamente personales, a veces esperanzadoras, a veces perturbadoras, pero siempre emotivas, provocando nostalgias y rabias, con una intención de marcarte en un momento preciso. Un verso un día puede convertirse en un arma que te motive a seguir adelante, y en otro puede transformarse en una cachetada que te haga reflexionar sobre ti mismo y lo que te rodea. Allí radica la oscuridad y la belleza de la propuesta. En fin, definirlas sería quitarles ese encanto, la opción al descubrimiento y la interpretación. Solo sé que Ricardo Susarte es uno de los mejores letristas del metal latinoamericano cantado en español, y el escucharlo no solo aquí, sino también en “El Laberinto de los Sueños”, es un total deleite.

En un contexto más histórico, posiblemente “Metropolis” haya sido tan importante para la escena melódica chilena como lo fue “The Search” de Necrosis para el movimiento Thrash nacional de los ochenta. Puede que te gustara, puede que no, pero la salida de este disco se sentía como un triunfo de todos, una producción apoyada por un management, por un sello en Chile, por otro en Argentina, que a días de su puesta a la venta ya estaba en Feria del Disco y en tiendas de Punta Arenas… qué decir del exitosísimo lanzamiento en vivo, con André Matos de Angra invitado. Uno sentía que se gestaba una especial revolución en la escena de Heavy Metal melódico, con Polimetro, Bloden Wedd, Six Magics y Epsilon de Osorno (responsables del mejor tema de Power Metal chileno de todos los tiempos, So Far Away), con la irrupción de nuevos actos como SteelRage, Alta Densidad, Alto Voltaje, Concerto, Angeluz, Radaghast o Valkyria que recorrían Santiago a costa de tocatas, con la venida en masa de grupos internacionales y sus enormes convocatorias.

Qué hermosos eran esos años y por eso dolió tanto la separación de Polimetro, porque eran la punta de lanza de todo lo bueno que estaba pasando en Chile, de los que estaban logrando hacerse paso en lo profesional, y realmente se sintió un vacío que jamás lograría llenarse. Mientras más progresaban Six Magics o Bloden Wedd en sus carreras, más nos preguntábamos qué habría sido de Polimetro si no se hubiera disuelto. Hay que agradecer sin embargo a todos los que ayudaron a que la banda cobrara segunda vida el 2008, a tiempo para un segundo trabajo que mantiene intacta la magia del equipo Esquivel-Susarte, una química que no solo podemos disfrutar por los recuerdos de su debut discográfico. Por el renacimiento de Polimetro le debemos mucho a Husar e Ives Gulle, que convencieron a Susarte de volver a subirse a un escenario, y propiciar el reencuentro entre el cantante y los hermanos Esquivel para reestablecer relaciones y canciones.

Fácilmente “Metropolis” podrá haber tenido puntajes de 7 u 8 de 10 cuando salió a mediados del 2000, pero el tiempo le ha ayudado a que hoy ostente un perfecto 10, por todo lo que significa y transmite, con mensajes cotidianos y contingentes que han logrado trascender el día a día, una composición que emociona con lo que sabe hacer, una interpretación sencilla pero muy rica a la vez, con canciones progresivas que se forjaron en vivo y un sonido que gana adeptos con los años. A veces es sensato dejar pasar el tiempo y el tiempo no ha pasado en vano, gracias a un disco extraordinario hecho a pulso en lo artístico.

 

 

El recién pasado 2016 siguió la racha de excelente material nacional que comenzó probablemente el 2015, racha que nos dejó variadas bandas en distintos estilos con muy buen material de estudio, lo que llena de alegría y orgullo a cualquier metalero chileno porque, como ya lo venimos diciendo, esta nueva camada de bandas viene dejando la vara cada vez más alta, lo que se traduce no sólo en mejores composiciones y ejecución de las mismas, sino que, además, en mejor calidad y trabajo de producción. No se trata de que antes no se lanzara buen material en nuestro terruño, pero para nadie es desconocido que en estos últimos años la cantidad de material de buena calidad ha ido aumentando gratamente.

En este sentido, una de las bandas que ha estado dando bastante de qué hablar en la escena nacional, principalmente en la santiaguina, ha sido Lucifer’s Hammer, quienes desde el 2013 vienen entregando un excelente Heavy Metal en la línea de lo tradicional con algunos matices que los convierten en una tremenda banda con Titan en la batería, Hypnos en la guitarra principal y Hades en las voces y segunda guitarra más el apoyo, en esta oportunidad, de Alexis Ulloa en el bajo.

El primer trabajo discográfico de la banda fue el demo que liberaron el 2013 pero, este año recién pasado, Lucifer’s Hammer nos regaló su primer larga duración, su debut definitivo, “Beyond The Omens“, una dosis de tremendo y puro Heavy Metal clásico que arranca con un poderoso riff de guitarra que recuerda un poco a La Doncella pero siempre con su toque propio para iniciar con The Hammer Of The Gods que, al quiebre rítmico, nos tira toda la caballería encima y volando enseguida la cabeza. Desgraciadamente la producción no ayuda mucho a disfrutar el sonido, pero no quita que la composición y la ejecución sean altamente disfrutables. Quizás el punto más bajo sería un poco las líneas vocales en el puente, que suenan un poco forzadas, pero en ningún caso logran quitarle mérito al track ni al trabajo de Hades, con un tremendo puente instrumental hacia el tercer cuarto del tema que la da una dinámica y exquisitez tremenda para abrir paso a los solos de muy alta factura que cierran un tema genial.

Con una importante agresividad contenida a través de los tarros y buenos riffs arranca Lucifer’s Hammer, que aumenta la velocidad y nos regala un tremendo tema instrumental que nos lleva a la otra esquina, recién cantábamos al martillo de los dioses y ahora llega el martillo de Lucifer a dejarnos clavados en el piso con el poder de unos tremendos riffs y una batería avasallante, sin mencionar el tremendo trabajo de Ulloa en las cuatro cuerdas que se luce como el que más en esta canción y, claro, al no contar con voz es la oportunidad precisa para que todos los instrumentos puedan disfrutarse a concho. Un tremendo acierto la composición y su ubicación en el disco, además de su duración, la que no es común para un tema de estas características.

Con la fuerza de un riff clásico arranca Dying, más lenta, casi midtempo, en un formato que recuerda tremendamente a los buenos momentos de Judas Priest, donde uno de los más beneficiados es Hades, quien puede lucir su calidad vocal sin necesidad de mayores esfuerzos. Sobre una base rítmica clásica los riffs se pasean tranquilamente provocando una mezcla de relajo y nostalgia por los buenos tiempos de la música, con lineas líricas muy bien armadas e inspiradas que dan paso, a la mitad del tema, a la sección de los solos y armonías, donde sencillamente ambas guitarras demuestran el tremendo talento que les llevó a formar la banda y nos regalan un tremendo momento, sencillamente un punto muy alto en la placa.

Shining Blade mantiene la fórmula del track anterior, con un ritmo bastante midtempo pero en este caso con una mayor potencia y pesadez tanto en la base rítmica como en el riff. Es difícil no enganchar de inmediato con una estructura tan sencilla pero tremenda, que transporta en el tiempo a disfrutar el Metal sin necesidad de tanto adorno y por lo que simplemente es: tremenda música. Es casi un lujo escuchar una banda chilena que logra componer bajo esta premisa y lograr un muy buen resultado como lo es precisamente esta canción, que aun manteniendo la estructura casi invariable en la sección de los solos, regala un tremendo momento.

Nuevamente un riff acompañado de la potencia golpeada de la banda nos dan la bienvenida a Black Mysteries, donde la velocidad aumenta y nos encontramos con una pieza donde la voz de Hades nuevamente sube algunos tonos y, por momentos, nos recuerda un poco a algunos pasajes de W.A.S.P., con guitarras y bajo muy presentes y cómplices, acompañándose como base rítmica y melódica que permiten una versatilidad al tema que no es muy común escuchar, lo que al llegar al momento de los solos permite solapar sin ninguna complicación la falta de uno de los instrumentos (el que hace el solo) en la base, acá nuevamente nos encontramos ante un punto tremendamente alto del disco.

En una vena más melancólica, la guitarra de Hypnos y el bajo de Ulloa nos internan en Nightmares, quizás como llevándonos a soñar para que, a partir de un solo riff, nos veamos adentrándonos en una pesadilla. Lo que me parece más interesante de este track es el cómo logra hacerte sentir dentro de una pesadilla pero sin trasmitirte miedo, sino como permitiéndote disfrutarla. El ambiente creado tanto por la base rítmica como por las guitarras permiten que la voz de Hades te envuelva pasivamente y te lleve a disfrutar esta aventura oscura, quizás no tiene tanta potencia o velocidad como otros temas del disco pero, para mí, el hecho de lograr llevarte en ese viaje sin necesidad de orquestaciones o sintetizadores ni teclados suma mucho a esta placa, convirtiendo automáticamente éste en mi canción favorita del disco y diría, quizás, el punto más alto de la misma por su tremenda composición.

Ya casi en el final aumentamos la velocidad nuevamente para arrancar con Warriors, volviendo a cabalgar sobre los riffs y la tremenda base rítmica que arman Ulloa y Titan, sacándonos de ese mundo de pesadillas de un solo golpe y llamándonos a defender el Heavy Metal, sencillamente un galopante himno de Metal y poder que levantan el ánimo de un solo golpe, una puñalada de apenas tres minutos y medio, el track más corto del disco, que nos despierta y lleva a disfrutar lo más crudo y clásico de esta maldita música que es el Heavy Metal.

Y llegamos entonces al final de la placa con el tema que da nombre al disco, Beyond The Omens, la que arranca con un riff de guitarra que pareciera darnos la bienvenida a la lectura de la suerte, a observar los presagios, tras el cual arranca toda la potencia vertiginosa de la banda que nos regala la estructura más ambiciosa del disco con una base rítmica y melódica tremenda, líneas líricas y vocales muy bien elaboradas y completamente gancheras, de esas que no demoras mucho en dejar como un tema de cabecera y que se queda dando vueltas en tu cabeza, hasta que nos encontramos con el quiebre rítmico casi a la mitad del track donde nos sentimos en presencia de grandes acontecimientos, como si fuéramos testigos del cumplimiento de esos augurios y viéramos lo que está más allá de ellos. Un pasaje instrumental con espacio para la sección de solos que dejan en claro estos muchachos están para grandes cosas y esta placa es sólo el comienzo, cerrando el tema y el disco con más de tres minutos de música instrumental que nos permiten desagotar un poco la energía cargada y dar un cierre magistral a un tremendo debut.

Hablamos de apenas cuarenta minutos de música, pero no cualquier música, sino un Heavy Metal de tan buena factura que hace difícil el no querer escuchar inmediatamente de vuelta el disco, aprovechando que es bastante corto. Una apuesta excelente por lo más clásico del Metal, apelando a la capacidad musical de los instrumentos por sí solos y sin mayores adornos logran un material tremendamente disfrutable y digno de estar entre los mejores lanzamientos chilenos del 2016.

La única crítica que se le podría hacer quizás es la calidad de la producción, la que sobre todo perjudica en varios pasajes a la voz de Hades; sin embargo, no alcanza a opacar en ningún momento el tremendo trabajo de la banda en general, que logra entregarnos un debut cargado de potencia, Heavy Metal old school y, sobre todo, muy buena música. Un acierto y sólo nos queda esperar su próximo trabajo de estudio y, por mientras, estar atentos a sus presentaciones en vivo.

El espectro del Metal Sinfónico nuevamente se ve nutrido y galardonado con uno de sus mejores exponentes. Epica llega con un nuevo trabajo el cual pretende mantener con la mirada alta la dirección de su carrera. Séptimo disco de estudio, el cual se titula “The Holographic Principle” y nos trae un arte de tapa para admirar en tonos púrpuras principalmente. En su alineación estelar tenemos a unas de las más bellas exponentes como vocalista Simone Simons; voz, guitarrista y líder de la banda Mark Jansen; Isaac Delahaye también como guitarrista; Coen Janssen en los teclados; y la base rítmica dominada por Ariën van Weesenbeek y Rob van der Loo en batería y bajo respectivamente.

Sumergirse en este álbum significa abstraerse, de lo que habitualmente esperamos de esta agrupación holandesa. Un sublime y atrapante comienzo con Eidola es el puntapié para comenzar a vibrar con la fuerza instrumental y sutileza de la voz de Simons.  

Edge of the Blade, atronador inicio, pasajes bastantes densos y un coro en sintonía al ADN de la banda, da un golpe certero desde el comienzo. Elementos a destacar es el uso preciso y no invasivo de los arreglos sinfónicos y el acento a los elementos que aportan mayor peso en la composición. Como acompañamiento de corte gutural, por parte de Jansen, en pasajes de la letra y riffs de guitarras con protagonismo. Interpretación que habla de las energías que nos llevan a romper lo que nos parece falso.

A Phantasmic Parade es otra aplastante composición en donde elementos y matices de carácter progresivos saltan a lucir, mezcla que queda perfectamente acomodada a los colores aportados en la interpretación de Simons. Para qué decir el coro de tintes apocalípticos, abren paso a unos de los mejores momentos instrumentales entre sinfonías y riffs que nos arrojan a una sensación de escabullida hasta que regresamos al coro. Gran momento otorgado por estos músicos. Cada momento es una sorpresa en base a lo que lo antecedía, un gran marco instrumental para narrar un asalto a la fe establecida.

La intensidad no baja con Universal Death Squad, un protagónico doble pedal junto a una sutil melodía, van abriendo camino para un denso y pesado riff en guitarras. En esta ocasión se puede apreciar una mezcla entre una interpretación vocal que se acerca bastante a lo lírico, pero que lo administra teniendo pasajes en los que se deambula en un estilo más popular o neutro. El acompañamiento gutural también aporta valor en este tema.

Divide and Conquer es un tema que se puede clasificar de larga duración. Contiene pasajes en los que el protagonismo sutil de la cara sinfónica se hace presente, y otros muy densos en cuanto ejecución y peso de las guitarras. La interpretación de este tema se centra en un llamado a conocerse, ser y creer en uno mismo para lograr los objetivos.

Un tema que sin duda al escucharlo nos hace pensar en Epica es Beyond the Matrix. Un bello comienzo a pura fuerza de Simons, el cual finalmente es el corazón y coro de esta canción. Las estrofas estructuradas con impecables y métricos riffs, sumando un intenso doble pedal nos hacen un preámbulo perfecto para dejarnos caer en cada bello coro de esta impecable composición.

Cuenta con un momento cálido, en donde la dulzura de Simons contrasta con el gruñido de Jansen y la densidad instrumental. Perfecto solo de guitarra. Sin duda –apreciación personal– el punto más alto de “The Holographic Principle”. Su principal mensaje en la letra es el vivir plenamente el momento presente. Por otro lado, Once Upon a Nightmare es la pausa a tanta intensidad vivida hasta el momento en nuestros oídos, donde la sutileza interpretativa prevalece.

Una de las caras más oscuras del nuevo disco sale a la luz con The Cosmic Algorithm, en su mayoría domina una rápida ejecución en batería y una caótica armonía. Acá se aborda la idea de encontrar una fórmula para las principales interrogantes de la vida, tal como, el porqué de nuestra presencia en este mundo.

Jansen con su interpretación cargada a lo gutural o “gruñido” toma la delantera en Ascension – Dream State Armageddon. Este tema tiene dos caras muy bien marcadas, lo cual es una de las fórmulas usadas en la composición de este disco. La base instrumental con Jansen a la voz, es en su mayoría muy densa, con ataque de caja en batería, riffs extremadamente pesados y el respiro, como así también, el orden de las piezas las otorga la interpretación clara de Simons.

Este corte llama a encontrar un sentido a la vida más allá de simplemente respirar. Complementando esta idea, Dancing in a Hurricane otorga el elemento esperanzador, al proponer buscar la felicidad más allá de los episodios de oscuridad que haya o estén marcando nuestras vidas. Instrumentalmente, casi en su totalidad, la sutileza domina juntando elementos como sonidos de vientos y una batería a medio tiempo guiada por la interpretación de Simons. El lado oscuro y caótico de este tema también está a cargo de Jansen, pero de forma breve.  Protagonismo total a la pelirroja holandesa en este corte.

Íntimo y engañador inicio para Tear Down Your Walls, ya que, tras unos segundos de esta sutileza explota el poder de una canción protagonizada por Jansen en su interpretación, siendo Simons un bello matiz en ciertos pasajes. El poderío de riffs extremadamente pesados y coros apoteósicos son el común denominador para plantear no temer derribar lo injustamente establecido.

Llegando al final de este material, nos encontramos con una pieza maestra como The Holographic Principle – A Profound Understanding of Reality. Con características de larga duración reúne todo lo caminado a lo largo del disco, pero administrado de excelente forma. Momentos de profunda calma, otros de caos e incertidumbre. El protagonismo vocal es repartido y con roles muy claros en cuanto al tipo de energía a entregar. Los arreglos sinfónicos son para admirar, ya que, que son el marco perfecto, para que no se desborde tal cantidad de elementos sobre una pintura de tintes oscuros representando a nuestros miedos y púrpuras los tintes de esperanza.

Para muchos, y sobre todo para los amantes del Metal Sinfónico, este trabajo representa el mejor disco del año en el estilo. En lo que si no hay duda, es que estamos frente a un trabajo para admirar. Esta tremenda agrupación holandesa, liderada por Mark Jansen, fue capaz de desordenar todo lo ya conocido y esperable en sus composiciones para seguir encantando. Sus seguidores sin duda se vieron sorprendidos para bien y eso se agradece.

 

 

Freedom Call es una de esas bandas a las que uno tiene un cariño especial por distintos motivos. Uno de ellos es gracias a lo consecuente que ha sido Chris Bay a lo largo de su carrera con su propuesta de algo que algunos llaman “Happy Metal”, y a la consistencia entregada en cada uno de sus álbumes (con una que otra excepción, claro está), que siempre resultan entretenidos de escuchar y analizar. Si a esto le sumamos toda la cantidad de veces en las que han estado cerca de visitar nuestro país, el resultado no es otro que decepción y resignación frente a la imposibilidad de ver a los germanos tocando esos clásicos con los que nos han sorprendido por años. Pero bueno, las cosas pasan y lo único que nos queda por ahora es disfrutar su último larga duración: “Master Of Light“.

Como es costumbre a lo largo de su discografía, el opening track Metal Is For Everyone resulta ser Freedom Call en su estado más puro. Hablamos de un Power Metal llevado al límite, con una lírica y unos estribillos pomposos que están llamados a convertirse en himnos. Tanto así, que la parte media donde se exclama una y otra vez “Metal, metal, metal is for everyone / Metal, metal, metal is the law” puede resultar un poco sobrecargada y empalagosa. Eso sí, de inmediato resalta el excelente sonido y la pulcritud alcanzada en la producción de todo el álbum. Prueba de esto último se encuentra en las secciones mid-tempo con las que arremeten antes de cada estrofa, produciendo un matiz interesante y a la vez necesario en un tema prototipo de los alemanes. Entonces, ¿es una buena canción? ¡Por supuesto que sí! Jamás se equivocan en este aspecto y por algo es su marca registrada desde hace años (con todos los pro y los contra que eso conlleva). Un comienzo más que prometedor.

Un pequeño redoble de Ramy Ali abre paso a uno de los puntos más altos del LP. Y es que Hammer Of The Gods resulta ser un golpe efectista y certero sin grandes pretensiones. Dejando de lado la velocidad y el vértigo, desde la intro ya se puede apreciar el protagonismo que irá tomando el teclado en esta pieza, haciéndose presente en cada uno de los pasajes, donde el ritmo que implantan da paso a una de las mejores interpretaciones vocales de Chris Bay en este trabajo. Porque es imposible no alucinar cuando poco a poco se va subiendo la intensidad hasta que en lo alto estalla el “Can you hear / the hammer of the Gods in the distance / Tossed through the universe beyond…” del estribillo. Pedazo de coro, señoras y señores. Pero esto no es lo único, puesto que encontramos buenos arreglos en las guitarras y una sección instrumental más que correcta. ¡Temón!

Con A World Beyond aprietan nuevamente el acelerador, volviendo así a la grandilocuencia en todo su esplendor. La particularidad aquí son los interludios y las armonías de las guitarras que suenan de principio a fin. Con un poco de buena voluntad se puede encontrar un parecido notable con Blind Guardian durante el pre-coro y el coro en sí (que es muy marcial por lo demás). Por su parte, la base rítmica conformada por Ali y Ilker Ersin no se quedan atrás, ya que comandan los cambios de tiempo de forma magistral. No ocurre lo mismo con Masters Of Light, track que explora atmósferas más densas y oscuras que por momentos carecen de brillo y terminan por opacar una canción que se le podría haber sacado mucho más provecho. Digo esto porque el cambio que se produce al cantar “Oh, a hymn for revolution / Oh, the tunes of war are calling…” resulta inesperado y sumamente interesante. Lamentablemente esto no alcanza para dejarla entre lo más destacado del disco.

De regreso en la senda de piezas de gran factura, nos topamos con la notable Kings Rise And Fall. Está demás decir que es Power Metal hecho y derecho para que el que sobran las palabras al momento de describirla. Como dijimos anteriormente, el sonido de esta placa es perfecto, logrando así que cada uno de los instrumentos se destaque a su debido tiempo. Puntualmente, acá el doble bombo pareciera arrasar todo a su paso. Y lo demás ya es tierra conocida: estribillo con el puño en alto, buen solo cortesía de Lars Rettkowitz (a quien le pertenece esta composición, por cierto) y una excelente interpretación de toda la banda. Ciertamente logra llamar la atención el hecho de que la fórmula ocupada desde “Stairway to Fairyland” (1999) pareciera no tener fecha de caducidad. Quiero decir, esta canción podría estar perfectamente en el álbum mencionado y nadie lo notaría. Sin dudas otro de los puntos altos.

En absoluto contraste con lo ya escuchado, pasamos al punto más bajo de este trabajo por lejos. Cradle Of Angels es una balada que -fallidamente- intenta estar a la altura de clásicos como Turn Back Time o The Wanderer. Los versos suenan secos y sin inspiración por más que se le intente dar la cuota épica y sobresaliente a partir del pre-coro. Siendo bastante generosos, de alguna forma podemos destacar las intervenciones de la guitarra de Lars de vez en cuando. Pero no todo es tan malo, puesto que este break nos permite apreciar de mejor forma otro (sí, otro) de los grandes momentos de este “Master Of Light“. En líneas generales, Emerald Skies no presenta variación alguna respecto a sus predecesoras, pero despliega clase y sobriedad por los poros. Es un mid-tempo muy bien llevado, donde Chris canta los primeros versos acompañado solo por la base rítmica. Luego se le unen las segundas voces y las guitarras para llegar al puente y al estribillo que son prácticamente perfectos. Muy personalmente, la transición cuando el frontman canta “Hand in hand we can find our way home” y luego pasa al “Let’s fly high over the rainbow / and along to the Emerald Skies / Let’s find to the key of salvation / You’re receiving an answer to life!”, es mi momento favorito dentro de todo el LP. Ojo también con los detalles del teclado y el sing along del final. ¡Insuperable!

Hail the Legend intenta mantenerse serena durante los primeros segundos, pero todos sabemos que en cualquier momento caerán las guitarras con la batería marcando a mil. Dicho y hecho, puesto que en un par de segundos ya nos encontramos escuchando a Freedom Call tal y cómo lo conocemos. Rápidamente se viene a la mente United Alliance del “Dimensions” (2007). Lo mismo sucede con la interesante Ghost Ballet, que se asemeja a su vez a Thunder God del “Leyend Of The Shadowking” (2010) con esos sonidos más radiales que la banda a explorado en algunas ocasiones. No están dentro de lo mejor del álbum pero tampoco resultan ser desechables.

Una de las canciones más inspiradoras resulta ser Rock The Nation. La letra es toda una declaración de principios que es muy bien acompañada por una melodía alegre y reconfortante que casi involuntariamente te queda rondando en la cabeza. Que no les extrañe si luego andan cantando por ahí el “Let the good times rock the nation / let the good times rock the night / Our spirit is up rising / and the flame of hope is shining…“. Es cierto que es repetitiva y tediosa por momentos, pero Chris Bay siempre se las arregla para que temas como éste logren sobresalir de alguna manera.

Casi llegando al final, aún quedan energías para otro hachazo de Power Metal. Riders In The Sky brilla con luces propias desde que escuchamos las primeras notas del teclado. Súbitamente se le unen las guitarras con una complicidad más que plausible, dando a un ritmo que incita al headbanging antes del primer verso. Es aquí cuando el frontman nos sorprende por momentos con unas líneas un poco más rasgadas y llenas de fuerza. Todo esto para que todas las voces nos brinden otro coro para enmarcarlo: “Riders in the sky across the universe / We’ve already reached the point of no return / Riders in the sky flying through space and time / To rise again beyond the horizon line”. Luego vuelven las intervenciones de la sección de cuerdas para terminar de coronar una excelente canción. Y por último, High Up es un ending track de los germanos con todas sus letras. Ritmos festivos, felicidad desbordante y estribillos por doquier. Una manera de cerrar el disco más que esperable a estas alturas.

Dejando de lado la portada y un par de composiciones que poco y nada aportan en este trabajo, el balance es más que positivo para la banda. Me aventuro a decir que hay canciones que tarde o temprano se posicionarán entre lo más destacado de toda su discografía y otras que, situándonos en el contexto que nos plantea Freedom Call desde siempre, cumplen su función a cabalidad: entretener. En esto nunca pierden el norte, y cuentan con las armas para hacerlo a la perfección. Los que critican a la banda por su poca originalidad, tendrán más motivos para criticarla. En cambio los que se dedican a escuchar y dejarse llevar por esta propuesta, tendrán más motivos para seguir siendo fan de la agrupación. ¡Para cantar y disfrutar con confianza!

 

 

Con ya más de una década en el cuerpo haciendo música, los nacionales Drake nos entregan su tercera producción discográfica, titulada “Simbiosis”, que viene a robustecer su catálogo como banda, compuesta por el LP “Entre el Inconsciente y lo Real” (2013), y el EP “Con Fe en Existir” (2007).

La banda compuesta por Felipe del Valle en la voz, Jaime Ballesteros en el bajo, Julio Parraguez en batería, y Gonzalo Núñez con Felipe Vargas en guitarras, estuvo trabajando desde Junio del presente en la producción de “Simbiosis”, con Cristian Mardones como sonidista encargado de las perillas en esta entrega, mezclando, masterizando y grabando las cuatro pistas que componen este álbum. El arte del disco nos muestra una “Simbiosis” entre una figura humana y los instrumentos musicales, el cual corrió por cuenta de José Canales, destacado ilustrador nacional.

El disco comienza de gran forma con La Respuesta, tema que fue presentado como single durante la pasada vuelta al sol. Una intro de batería in crescendo da paso a un muy buen riff, ganchero y a la vez sobrio, recordando a Queensrÿche por la elegancia de la interpretación. Felipe Del Valle muestra sus credenciales desde el primer momento, demostrando porqué es considerado una de las mejores voces de la escena actual. El pre-coro es tremendo, con las guitarras de Gonzalo y Felipe armonizando la entrada a un estribillo de medio tiempo, melódico, herencia de un Heavy Metal que cultivasen bandas como Rata Blanca y que se dejan escuchar en este tremendo temón.

El gran inicio de “Simbiosis” viene secundado por la estridencia y poder de Lo Que Debo Hacer, canción de impronta más agresiva, con un Felipe Del Valle desgarrador y un notable trabajo de Jaime y Julio en la base rítmica. Las líneas de bajo se roban el protagonismo del riff en gran parte del tema, en lo que se percibe como un acierto desde el punto de vista del trabajo de sonido, pues imprime potencia a un tema que de por sí ya es macizo. En términos de etiquetas, el tema presenta menos Power y más groove. Menos Old School y más innovador.

Atlas es otro mazazo que sigue en la línea groove del tema anterior, con riffs y efectos de guitarra que, si me permiten otra referencia, suenan muy a lo Adrenaline Mob, reforzando esta personalidad rabiosa y potente que empapa esta entrega de Drake. Y si hablamos de rabia, la aceleración hacia el final del tema es notable, con una base rítmica durísima y guitarras cargadas con pólvora, que bien podría ser parte de la BSO de “Mad Max” u otra película del estilo.

Y como reza la sabiduría colectiva, lo mejor para el final… y es que Tierra de Brujos es un TE-MA-ZO. Despliegue sideral de sentimiento, técnica y por sobre todo Heavy Metal del más exquisito que podemos encontrar por estos pagos. El trabajo rítmico de Parraguez es notable, lleno de arreglos y machacante a la vez, lo de Felipe del Valle es conmovedor también. La interpretación de cada instrumento es precisa y logra esa sinergia en donde el todo es mucho mayor a la suma de las partes. Hay sintonía, hay complicidad, hay “Simbiosis”. Es una composición que no tiene nada de mezquindad… entrega lo mejor de Drake. La armonía entre la letra y la música es perfecta, el tema tiene una onda mitológica, épica, algo misteriosa quizá, y la música acompaña este sentimiento de principio a fin. Por lejos, los mejores pasajes de este trabajo están aquí, con la banda brillando en su esplendor. De lo mejor que se ha producido en este pedazo de tierra.

“Simbiosis” es un despliegue honesto de lo que ofrece Drake, una mezcla de sonidos e influencias que tiene como hilo conductor la potencia, la pasión y la entrega en un trabajo muy profesional que de todas maneras merece la pena escuchar. Pulgares arriba para los nacionales y esperemos sigan en esta senda que los está llevando a consolidarse como otro de los grandes exponentes de la escena Heavy Metal local… escena que sin duda experimenta una simbiosis entre sus bandas y atraviesa un excelente momento que no parece querer aflojar.

 

 

La primera gran dificultad que presenta revisar esta placa es tratar de hacerlo sin ningún prejuicio y, claro, puede ser fácil decirlo, pero tenemos a Fabio Lione, voz icónica de Rhapsody Of Fire, prácticamente los principales exponentes del Power Metal épico, cantando en una banda bastante distinta apenas unos meses después de anunciar que dejaría la banda para dedicarse más a Eternal Idol entre sus otros proyectos, lo que provocó un verdadero terremoto en este mundo musical, por lo que se generó bastante animadversión en contra de la banda, especialmente cuando se liberaron los primeros adelantos y no era lo que muchos disfrutaríamos.

Y, efectivamente, el disco no es fácil de digerir, menos a la primera escucha, porque es prácticamente imposible quitarse los prejuicios antes de escucharlo. No obstante, al darle más de una oportunidad logramos darnos cuenta que, si bien no hablamos de una gran obra de arte, tampoco estamos ante una bazofia que merezca la hoguera inmediata. Hablamos de un trabajo bastante bien logrado aunque claramente no está dirigido al mismo público que las otras bandas de Lione… pero a lo que vinimos. Hace un par de días finalmente salió al mercado el debut discográfico de Eternal Idol la nueva banda en que participa Fabio Lione como vocalista junto a la joven Giorgia Colleluori, un debut esperado por muchos, algunos para basurearlo y otros para poder escuchar lo nuevo de Lione.

El álbum abre con toda la potencia de Evil Tears, un tema que arranca de inmediato con un buen Power Metal con la compañía de arreglos orquestales sintetizados que nos da la introducción perfecta para la voz suave pero portentosa de Colleluori, quien demuestra que se entrega por completo a la excelente base rítmica creada por Andrea Buratto en las cuatro cuerdas y Camillo Colleluori en las baterias, lo que se suma a unos riffs poco impresionantes quizás pero sumamente correctos de Nick Savio, quien además se encarga de los teclados armando las orquestaciones. En el puente podemos escuchar por primera vez la participación de Lione acompañando en dueto a Colleluori, en un estilo que si bien no se acerca a lo que lo hace famoso (ROF), sí tiene cierta cercanía con lo último que trabajó con Vision Divine, así que no logra escucharse tan fuera de su elemento. Un muy bien logrado tema de entrada que si bien no impresiona tampoco defrauda.

Con el trabajo de Savio en los teclados arranca Another Night Comes, una midtempo en la que ya podemos escuchar la voz de Lione en solitario en este nuevo grupo, podríamos decir que a diferencia de lo que sucede en el track anterior, aquí no es Lione acompañando a Colleluori sino a la inversa, lo que le da un tremendo dinamismo al disco, un tema de “pregunta y respuesta” que mantiene una buena potencia en una veta bastante más melódica y tranquila que la canción anterior, sintiéndose un ambiente acaso más romántico que se siente bastante cómodo, mostrando que no está nada hecho a la ligera.

Nuevamente una ambientación, ahora levemente espacial, da lugar a la guitarra de Savio para irrumpir con un sencillo pero buen riff que abre una nueva midtempoAwake In Orion, que baja considerablemente la potencia del disco, al menos en lo musical porque las líneas líricas y vocales se mantienen bastante potentes. Con tres canciones creo que ya es posible decir que Fabio y Giorgia hacen un excelente equipo en las voces de esta banda, la juventud se mezcla con la experiencia para dar un material muy bien logrado, logrando hacerte sentir un poco a la deriva alrededor del cinturón de Orión para esperar la lluvia sintiendo la rabia. Desde el coro y hacia el final el track va tomando paulatinamente más potencia, llegando a un final tremendo con la voz de Giorgia en fading sobre un sonido atmosférico espacial como escuchado a través de un gramófono o algo así… excelente final de tema.

Is The Answer Far From God? arranca con una guitarra clásica que hace recordar un poco un pasaje de Gargoyles, Angels Of Darkness de RHAPSODY, pero sólo ese pasaje sobre el que entra la voz de Giorgia, porque posteriormente la caballería acelera y entra el Metal. A pesar de esos detalles, el tema suena un poco bajo, con líneas vocales un tanto planas que parecieran buscar agradar a un público más masivo, no es un mal tema pero siento que varía mucho al principio, no obstante, luego se acercan nuevamente a la vena más Power Metal que se nota es la base de la música de la banda pero que, al parecer, su objetivo no es quedarse en eso sino ir poco más allá, lo que a algunos les gustará y a otros les molestará, pero bueno… en gustos no hay nada escrito.

Desde las profundidades del espacio parece emerger Blinded que nos devuelve a la potencia y nos entrega quizás el pasaje más agresivo del álbum, con un Lione haciendo gala de su tremendo registro vocal al empezar con notas muy bajas para luego regalarnos los típicos tonos altos a los que nos tiene acostumbrados mientras de fondo sigue en segunda voz su tono bajo, tremendo trabajo vocal en esta pieza que sin mayor velocidad entrega un potentísimo Power Metal como lo que muchos quisiéramos escuchar con esta voz, algo bastante parecido a algunos pasajes de Vision Divine que muestran, musicalmente, que esta banda rinde una especie de tributo a sus coterráneos, lo que da a la vez un toque bastante nostálgico en algunos pasajes.

Volviendo un poco al estilo central del disco pero manteniendo a la vez la oscuridad del tema anterior, con un trabajo principalmente de teclado y bajo en la entrada, arranca Sad Words Unveiled, una nueva midtempo donde la voz de Giorgia se luce con tonos más bajos pero, a la vez, la voz de Fabio se escucha un poco, sólo un poquito, más forzada que en lo que veníamos escuchando, eso no quita que el tema mantenga una buena dinámica, especialmente gracias al trabajo de Savio tanto en las guitarras como en los teclados, especialmente en la sección de solos, pudiendo también notar una mayor presencia del bajo de Buratto que no suena sólo como acompañamiento sino también como parte de la estructura del tema, lo que le suma personalidad al tema.

Desidia abre lento, con una ambientación y piano, para dar paso a todo el peso de la banda sin aumentar la velocidad lo que transmite un importante ambiente pesado y acaso miserable, pudiendo sentirse la desidia de la que hablan, nuevamente con Giorgia luciendo sus tonos bajos y Camillo Colleluori haciendo un tremendo trabajo en una mezcla de estilos de batería donde no cuesta apreciar un poco de Jazz simple y el típico doble bombo de las midtempo Power. Una pieza bastante sentimental, que creería logra fácilmente su objetivo de evocar emociones, especialmente al no terminar por lo alto sino todo lo contrario, cortar de golpe la potencia y terminar con el piano de Savio en una retirada lastimera. Por el estilo del track podría confundirse con una mala pieza pero considerando lo que pareciera quisieron transmitir, en realidad, se trata de un muy buen tema.

Con la voz de Lione acompañado sólo por una guitarra comienza Hall Of Sins, la que rápidamente da paso a un ataque frontal de guitarra y batería principalmente, donde el teclado de Savio también se luce creando una atmósfera de rabia y dando paso al protagonismo total de Buratto y sus cuatro cuerdas. Aquí la voz de Giorgia aparece sólo para el puente y el coro, siendo un tema casi exclusivamente de Fabio donde, además, se luce con su rango vocal nuevamente pero sin opacar en ningún momento el tremendo trabajo de Giorgia en sus pasajes. El solo de Savio recuerda incluso, en algunas pequeñas porciones, algunos pasajes del gran Luca Turilli y no sorprende, porque muy seguramente el “guerrero de hielo” es una de sus mayores influencias, logrando cerrar un tema excelente.

Feel’s Like I’m Dying nuevamente nos regala un poderoso riff de Savio y los tonos bajos de Lione, desgraciadamente la estructura del tema no logra convencer completamente, no tiene mayor feeling que la calidad vocal de Lione, de hecho, acá se extraña fuertemente la voz de la bella Giorgia, siendo el único en el que no participa, lo que hace el sonido al que nos venian acostumbrando a lo largo del disco se pierda y sólo tengamos a un Fabio Lione tratando de cantar algo totalmente distinto a ROF, lo que pareciera no cuajar y no logra convencer. Quizás no sea un mal tema, pero al romper drásticamente con la estructura bivocal del disco pierde mucha fuerza y desencaja dejando un gustillo a poco.

Llegamos a la balada del disco, A Song In The Wind, un elemento conocido y disfrutado por Lione, la que arranca con el piano de Savio y percusiones computarizadas para dar paso a la power ballad en la que hacia el primer cuarto tenemos un fuerte quiebre rítmico que nos lleva a un pasaje cargado de agresividad contenida. Llama la atención que, si bien nuevamente tenemos a Giorgia en las voces, su participación es considerablemente menor. Claro que acá por la estructura musical y el estilo de canto que utiliza Lione logra encajar en la totalidad del disco, sin ser un punto muy alto.

Acercándonos al final de la placa, suenan los sintetizadores, una percusión acompaña y tras una breve introducción de teclado que introducen a Stormy Days, se deja caer todo el sonido de la banda con un importante protagonismo del bajo de Buratto nuevamente, además, el tema cuenta con la predominancia de la voz de Lione otra vez. El track presenta un ritmo un tanto meloso, la voz de Giorgia se aprecia bastante poco y, en general, veo difícil decir algo más sobre el tema, se podría escuchar como un poco genérico del estilo, sin mucha variación, no es para nada un mal tema, pero siento que no mantiene el nivel que nos habían entregado en composiciones anteriores de este mismo disco y eso termina dejando un tremendo sabor a poco.

Terminamos el disco con Beyond que arranca con un sonido bastante “Nü Metal”, manteniendo pasajes bastante sobrios en lo musical y regresando la voz de Giorgia a tener mayor protagonismo en conjunto con Lione, con un Camillo Colleluori teniendo el espacio suficiente para poder hacer más juegos en los tarros, un Savio que se permite mandarse un tremendo solo en las seis cuerdas, mientras arman una atmósfera un tanto densa y líneas vocales y líricas que te invitan a ir más allá para traer un quiebre rítmico que, precisamente, nos lleva más allá, aumentando la velocidad y logrando un tremendo dinamismo que convierte este tema en un excelente broche para un disco más que correcto y muy bien logrado, terminando definitivamente con la voz de Giorgia manteniendo el tono final por unos segundos hasta que el disco termina.

Como decíamos al principio, es un disco difícil de digerir a las primeras escuchas porque hay muchas cosas que se entrecruzan pero, una vez que se logra dejar los prejuicios atrás, nos encontramos con un material muy bien logrado, con un poderoso debut que nos regala al gran Fabio Lione en una faceta suya a la que no estamos tan acostumbrados pero que pareciera le queda bastante cómoda, nos regala también a excelentes músicos que tienen toda una carrera por delante y a una Giorgia Colleluori que se luce cantando con el que reconoce como su “maestro”, mostrando un excelente registro y una tremenda calidad vocal.

Casi una hora de, en general, buena música que logra su objetivo y permite esperar con tranquilidad su evolución porque, claramente, la banda tiene todo el potencial compositivo y ejecutivo para hacerse de un nombre en esta escena, logrando que la rabia que generó en muchos la salida de Lione de RHAPSODY OF FIRE y el anuncio de su incorporación a esta banda, se aplaquen un poco porque, a la luz del trabajo completo de estos italianos, nos encontramos con que quizás nuestras primeras impresiones fueron erradas o, al menos, apresuradas.

Más de veinticinco años de historia en una banda es algo realmente admirable, sobre todo considerando que el Chile de 1990 estaba pasando por una transición política y social importante, donde la música mantenía una dicotomía importante entre lo altamente violento y agresivo, y lo meramente comercial. En ese ambiente el Heavy Metal no era muy considerado ni por los unos ni por los otros además que, a nivel mundial, el estilo atravesaba una crisis importante.

Es precisamente en ese contexto que nace Enigma, banda capitalina que ha mantenido la lucha durante todos estos años por seguir vigentes con todas las dificultades que significa hacer música en Chile. En esas circunstancias durante sus primeros años pudieron lanzar el demo “Apocalipsis” (1991), el demo “Hijos de la Calle” (1992) y el EP “Espacios Vacíos” (1995), pudiendo por fin lograr el sueño de toda banda y lanzar su primer larga duración “Voces Disidentes” (1997), el que fue seguido once años después por “Laberinto” (2008), dejando en claro las dificultades que han enfrentado para mantenerse.

En esta oportunidad nos referiremos al álbum “Irreversible” lanzado hace un par de meses atrás que cuenta con diez tracks que pasaremos a revisar. Todo empieza con Los 33, nombre que nos deja inmediatamente en claro de qué trata, abriendo con una introducción altamente épica que recuerda un poco a la tremenda The Ides Of March de Iron Maiden, pero con su toque propio. Lo primero que impresiona es que mantienen la línea del Heavy Metal clásico casi sin variación, donde Álvaro Paci logra excelentes armonías en los puentes con las seis cuerdas mientras que la base rítmica se escucha interesante en las cuatro cuerdas de Sebastián Bello. Una apertura de disco bastante correcta.

Esto continúa con un riff más agresivo que da la entrada para El Camino del Dolor, donde la voz de Nelson Montenegro se luce más que en el track anterior, sin tanto falsete y escuchándose notablemente más cómodo mientras la batería de José Antonio Vásquez mantiene un ritmo sumamente tradicional, sin mayores juegos o novedades, sin embargo, Paci se luce notablemente en su solo, mostrando que su nivel es tremendo en las seis cuerdas, con lo que en menos de tres minutos, el tema más corto del disco, levantan bastante más los ánimos.

El Pacto comienza con Bello luciéndose en las cuatro cuerdas, permitiendo a esta midtempo contar, de manera muy cómoda e interesante, una historia sobre una guerra por mar y tierra en contra de una confederación que, a través de un pacto secreto, complicaron la historia, si no queda claro de qué hablamos es claramente la Guerra del Pacífico (o Guerra del Salitre como le llaman en los otros dos países y muchos historiadores consideran sería el nombre más apropiado), y la Confederación Perú-Boliviana. Musicalmente logran un tremendo cometido, un tema agresivo y pausado que permite disfrutar más la historia, desgraciadamente las monótonas líneas vocales con falsetes un poco exagerados incomodan e incluso, en algún minuto, hacen que el tema aburra, aunque en los pasajes instrumentales o con tonos más bajos en la voz de Montenegro el tema agrada bastante.

Con una introducción que muy similar a otra ya escuchada en otra producción nacional, comienza Lo que Va a Venir, un tema que mantiene las revoluciones un poco bajas para llamar a pensar, es totalmente esperable que una banda que comenzó a tocar cuando se suponía todo comenzaría a ser mejor y no fue así, se dé el tiempo de criticar la situación actual, advirtiendo que nuestra sociedad (al menos una parte de ella) está despertando, por lo que hay que prepararse para lo que va a venir. Uno de los mejores momentos de la placa, tanto musical como líricamente, donde las líneas vocales muestran interesantes cambios que le dan mucho más dinamismo logrando mantener la atención.

Exactamente a la mitad del disco encontramos el tema homónimo de esta placa. Irreversible nuevamente nos muestra una faceta más progresiva, con un ritmo más lento y una cadencia que le da un toque mucho más profundo. Acá es importante destacar que si bien a lo largo del disco mantienen su línea clásica, también permiten permear nuevas influencias que le dan una interesante frescura a las composiciones como, en este caso, los reiterados quiebres rítmicos le dan total dinamismo y fluidez al tema, entreteniendo mucho y permitiendo notar a todos los miembros de la banda sumamente cómodos en sus interpretaciones, un punto de los más altos de este álbum, aunque quizás no era necesario superara los seis minutos, pero nada grave tampoco.

Un potente riff da el vamos a Final, que vuelve al Heavy Metal tradicional con un midtempo donde la agresividad se percibe fácilmente, con un tremendo pasaje medio donde el groove se toma el tema y demuestra que la calidad musical acá es tremenda, además que las líneas vocales de Montenegro nuevamente muestran una alta variación que permite disfrutar el track en su integridad, lo que no siempre es posible durante la placa.

Volvemos a la agresividad con Culpa, puro Heavy Metal a la vena con un excelente groove de fondo, una tremenda crítica a ciertas ideologías que se presentan llenas de gente hipócrita que mantiene la velocidad y agresividad a lo largo del track, la que encima aumenta hacia el final, nuevamente un punto tremendamente alto que nos mantienen expectantes y entretenidos, donde sin duda el bajo de Bello y la guitarra de Paci se llevan los mayores elogios, aunque nuevamente Montenegro se permite jugar con su voz creando una tremenda pieza vocal.

Un juego de batería le da el vamos a Grito al Más Allá, tema que se mantiene nuevamente en la vena más tradicional de la banda con un correctísimo Heavy Metal canchero que, como ya nos vienen acostumbrando, permite a Bello tener un gran protagonismo, lo que no suele ser muy común en este estilo, entregando una tremenda dosis de potencia y entretención, que es para lo que finalmente escuchamos música en primer término, al menos según opinión personal.

Casi en el final nos encontramos con un fuerte viento sobre el que Paci arranca con un sencillo groove que es acompañado por Bello para arrancar con todo con La Marcha del Fuego, una suerte de analogía sobre la marcha del tiempo asociada también a los implacables incendios que han afectado al puerto de Valparaíso. Una pieza sobria, más bien relajada, en un midtempo que logra marcar presencia de buena manera dentro de la estructura del disco. Quizás no brilla mucho como otros tracks, pero está muy bien lograda y deja satisfecho, especialmente con sus líneas líricas tremendamente potentes.

Por último nos encontramos con la guitarra de Paci en un tremendo nivel que nos da el vamos a Viviendo en mis Sueños, mucha potencia, un Montenegro sin forzar su voz manteniendo las líneas vocales en un tono bastante cómodo para la escucha que podría ser un excelente toque para un próximo disco, no siempre más agudo es mejor en el Metal. Una midtempo poderosa que logra transmitir un cierto nivel de agresividad contenida, no es un ataque abierto sino como una guerra fría a la realidad, una especie de himno que grita con toda fuerza que el Heavy Metal, con todas sus dificultades, no se acabará para estos metaleros.

No estamos frente a ninguna revelación sino frente a unos supervivientes. Si revisamos los anales del Metal nacional son pocas las bandas que han sobrevivido desde esos años, claro, existen otras bandas que han sonado también desde hace más de veinte años, pero por lo general en esos casos hablamos de bandas que estuvieron separadas por años y volvieron a juntarse hace no mucho, esa es la diferencia con Enigma, que desde 1990 se mantienen en la lucha por el Heavy Metal.

Quizás no se podría decir que es una tremenda obra maestra, pero sí es un tremendo disco de Heavy Metal tradicional que está, después de todos estos años, permeando nuevos sonidos a una banda que lleva todo ese tiempo luchando contra la sociedad y contra la máquina musical chilena que, digámoslo, no gusta de apoyar mucho estos estilos “malos” y “satánicos” como los nombraban en esos tiempos cuando se formó la banda. Hoy vemos como existen algunas bandas que nadie sabe muy bien de dónde ni cuándo salieron, y que tienen espacios en tremendos escenarios sin tener mayor potencial ni talento, mientras tenemos a estos “viejos guerreros” que no se cansan de luchar y seguir componiendo nuevo material, un lujo que pocas bandas han podido darse durante tanto tiempo en este terruño.

 

 

Gloryful es una banda que nace hace unos seis años en Alemania, lo que inmediatamente nos da la idea de que, como todo metal alemán, tienen mucho que entregar y, efectivamente, así ha sido desde su debut discográfico “The Warrior’s Code” (2013), un Heavy Metal épico que no suena muy novedoso pero logra enganchar inmediatamente con el oído, comenzando lentamente a hacerse un nombre, su segundo larga duración, “Ocean Blade” (2014), logró profundizar en eso y comenzar a darle una forma más propia al sonido de la banda, manteniendo las líricas épicas, esta vez llevándolas al mar y, mostrando mayor fiato entre los sonidos.

Este año, de la mano de Massacre Records, nos entregan su tercer larga duración “End Of The Night”, una placa que mantiene lo trabajado en las placas anteriores, indicando que al parecer ésta será la marca registrada de estos alemanes que, en realidad, no nos traen gran novedad pero sí una muy buena defensa del Heavy Metal épico porque, si bien tiene algunos pasajes, acá claramente no hablamos de Power Metal.

Comenzamos con la corta Intro: Dawn Of The Raven King, en menos de un minuto y medio nos proyecta de qué se tratará el disco, en su inicio recuerda un poco a War Of Wrath de sus coterráneos Blind Guardian pero queda inmediatamente claro que es sólo una inspiración, ya que por sobre los sonidos de guerra medieval, con espadas chocando y gritos, se alza una instrumentación sencilla con un cello que le da un sabroso toque profundo y oscuro para abrir las puertas del disco.

Ya en tierra derecha nos encontramos con This Means War, que inicia con un excelente riff rabioso donde inmediatamente se lucen las guitarras de Shredmaster J.B. y Adrian Eric Weiss, manteniendo el nivel de rabia en alto a través del tema, lo que se acrecienta con el buen trabajo vocal y el excelente coro del track con Johnny La Bomba cantando apasionadamente “this means war!”, como invitándote a seguirlo en esta declaración de guerra, además de la tremenda base rítmica que entregan Hartmut Stoof en la batería y Daniel Perl en las cuatro cuerdas. Un comienzo de disco que deja la vara bastante alta.

Continuamos con una midtempo bastante rocanrolera, The Glorriors, nombre que es una suerte de conjunción entre las palabras gloria y guerreros (en inglés obviamente), funciona bastante bien dentro de la estructura del disco, no es ninguna obra maestra ni pieza esencial, pero mantiene esa calidad lírica que le entrega un coro altamente ganchero y coreable, lo que hace una adición de buena factura a un setlist en vivo, por ejemplo, terminando de golpe dejando bastante satisfecho.

Heart Of Evil mantiene el ritmo bajo, con un riff bastante ganchero sobre una base de bajo bastante elaborada que la hace un poco, sólo un poco más exquisita de lo que pareciera a una primera escucha. La estructura musical y vocal es considerablemente sencilla y monótona, lo que convierte a este track en uno de los puntos más bajos de la placa, de hecho, el coro que venía siendo lo mejor logrado en los temas anteriores, aquí se escucha hasta forzado en algún nivel, no logrando convencer mucho. Lo que sí, las guitarras se lucen en su espacio para los solos, donde además se acelera un poco la velocidad pero no logra rescatar el tema de su esquema general, aunque líricamente se aprecia robusta, pero por lo musical cuesta darle más peso.

Lo siquiente es Hail To The King, que empieza lenta con un barrido de guitarra y unas voces gritando “Hail to the King! Hail to the King!”, lo que da paso nuevamente a la velocidad y la agresividad, devolviendo los ánimos para seguir escuchando que se habían esfumado un poco en el track anterior. La base rítmica mantiene el tema en una atmósfera agresiva y entretenida, una mezcla muy cómoda para disfrutar, manteniendo líneas vocales fluidas y dinámicas, especialmente en el puente hacia el coro que está claramente diseñado para que todo el mundo lo grite en vivo, un punto bastante alto de esta producción.

Lo que sigue es For Victory, nuevamente una midtempo pero que desde el mismo comienzo muestra personalidad y una potencia necesaria para un tema así en un disco como éste. Acá la música se mantiene en generar una atmósfera más pesada mientras que la voz de La Bomba se luce con un modelo que parece acomodarle bastante, manteniendo una fiereza de excelente calidad y, además, nuevamente llevando un coro ganchero, lo que está tremendamente bien logrado porque es increíble lo fácil que te encariñas con el puente y el coro de estos temas.

Llegamos al tema que da nombre a esta placa, End Of The Night, una especie de balada pirata. Una guitarra acústica y un violín nos dan la bienvenida y nos acompañan durante este viaje, donde la tranquilidad y la paz nos invitan a tener calma que ya pronto llegaremos al final de la noche. Con la sencillez extrema de este tema demuestran que no sólo la potencia o la agresividad entregan buenos momentos dentro de un disco de metal, debiendo también hacer notar lo cómoda que se escucha la voz de La Bomba aún en un esquema bastante distinto. Un punto distintamente alto en lo que va del disco.

God Against Man con un riff bastante común da paso nuevamente a la velocidad y agresividad característica de la banda, con un doble bombo constante que permite riffs pesados que nos permiten visualizar la rabia de los hombres enfrentándose a los dioses, un tremendo track que hacia la medianía reduce el ritmo para entregar un buen pasaje midtempo con una línea lírica y vocal tremenda, permitiendo posteriormente a las guitarras tener su espacio para los solos y armonías, que nos termina por entregar todo lo que podríamos querer escuchar en un tema como éste. No es un punto tan alto como otros ya pasados, pero es un tremendo tema.

Acercándonos al final nuevamente bajamos las revoluciones con On Fire, que empieza de forma muy suave para luego dar paso a un riff que recuerda bastante a algunos pasajes de Helloween, continuando el midtempo con una potencia importante donde Stoof logra lucirse tremendamente, siendo el tema que cuenta con mayor juego de la batería. Es un buen tema, pero como que baja mucho las revoluciones en un punto donde siento no era necesario además de ser excesivamente largo para su estructura, sin mencionar que el parecido del riff principal con el de Listen To The Flies en algún momento molesta (se escucha durante casi 3 minutos de fondo). A los tres minutos y medio nos encontramos con un quiebre rítmico que es interesante pero no logra rescatar mucho el tema, sobre todo cuando finalmente regresamos al esquema original del tema… un tema muy largo para lo que finalmente es…

Y llegamos al final de esta placa con Rise Of The Sacred Star, que inicia nuevamente con lo que yo siento como una referencia a Helloween, pero es sólo al comienzo y sólo una referencia que no alcanza a molestar. Velocidad pero con menos agresividad y menos potencia es lo que nos entrega este track final, sin embargo, logra mantener lo que creo es el mayor sello de estos alemanes y es la capacidad de componer coros gancheros, dándole un final digno a este larga duración, sin embargo, como que quedara un poquito al debe en su final, con pasajes tan inspirados dentro del disco da la impresión que no escogieron lo mejor para cerrar, lo que no quiere decir sea un mal tema, sólo que si lo comparamos con el principio del disco quizás nos quedamos un poco cortos. Terminando esta placa en un corto fade out que parece levemente forzado pero logra su objetivo.

En poco más de cuarenta y cinco minutos estos muchachos nos muestran que tienen ganas de seguir creciendo, siento que aún no encuentran su sonido definitivo pero ya están considerablemente cerca, un disco bastante entretenido y, si bien carece un poco de originalidad, lleno de pasajes potentes e inspirados que nos hacen recordar por qué nos gusta el Heavy Metal y que mezclado con líricas épicas todo se hace mucho más interesante. Esperemos que para su próxima placa hayan encontrado ese algo que parecen estar buscando y logren un tremendo disco de principio a fin.

Una de las propuestas más llamativas y particulares que se ha publicado este año en la esfera Metal nacional es el álbum “Toroide”, segundo larga duración de SinSilencio, banda con ya cerca de quince años en el ruedo pero que recién el año 2011 irrumpía en la escena con su debut discográfico “Sin Tiempo”. En esta, su segunda entrega, la banda compuesta por Mario Concha y Salvador Reyes en guitarras, Daniel Concha en el bajo y Setian Xalpa en batería nos entrega una mezcla bastante ecléctica en donde predominan sonidos cercanos al Djent, pero pasando por un generoso abanico de estilos que coquetean con lo clásico y lo moderno, lo sutil y lo agresivo, pero siempre apegados a la complejidad rítmica que muchos describirían como Metal Progresivo.

Cabe destacar que todos asumen el rol de cantar además de interpretar su propio instrumento, dada la ausencia de un vocalista estable, lo cual desemboca en caudalosas armonizaciones que dan un color especial e interesante a esta propuesta.

Las etiquetas, siempre ingratas pero necesarias para dar una referencia, se quedan un poco cortas al momento de clasificar lo que nos entrega SinSilencio, dada la mixtura de sonidos que se disfrutan en los siete temas que componen el disco. No obstante lo anterior, los riff de corte Death técnico y Djent están invariablemente omnipresentes a lo largo de casi todo el disco. Por ejemplo el tema homónimo Toroide, es un instrumental lleno de riffs oscuros que recuerdan a lo que hizo Death durante los 90’, menos brutal pero igual de técnico, lúgubre y solemne. Melodías orientales adornan un tema muy bien estructurado, con diferentes líneas melódicas que se van sucediendo a lo largo de los minutos. No hay tanta pirotecnia, pero sí mucha técnica, sincronía y fiato en el despliegue instrumental, que solo puede darse con años y años de práctica.

Moléculas es otro tema que sigue en la misma línea, riffs densos, una base rítmica compleja y llena de cortes, esta vez acompañado de voces limpias que armonizan prácticamente la totalidad de la canción. A juicio personal es la canción más mejor lograda del disco, ya que a pesar de su complejidad se deja escuchar fácilmente, la melodía del coro invita a cantar y se queda dando vueltas en la cabeza fácilmente, ayudado probablemente por la letra del tema que sin duda llama la atención… El cuestionamiento existencial del tipo: “¿Por qué las moléculas de mi cuerpo siguen juntas cuando enfrento un orgasmoooooo?” invita a poner atención sin duda alguna. Ojo con la armonización del coro final a cuatro voces más la guitarra soleando la melodía, golazo de mitad de cancha.

Como mencionábamos al comienzo de la reseña, SinSilencio también explora otras vertientes menos extremas, donde la melodía predomina por sobre la rudeza, como se puede apreciar en ese gran despliegue técnico y melódico bautizado como ADRN, un temazo más cercano a los terrenos donde los seguidores del Power Progresivo se sentirán a gusto sin duda, por la potencia, melodía y cadencia de la canción. Notable trabajo de Daniel en el bajo que aporta a la base rítmica con personalidad y melodías propias, distinguiéndose en todo momento de las guitarras. Nuevamente las armonizaciones llenan de color un tema que está en el podio del álbum. Una vertiente aún más luminosa y menos brusca es lo que se aprecia en Existo, opening track de Toroide”, donde aparece la faceta más armoniosa de la banda, como si fueran planeando un in crescendo en la experiencia de escuchar la obra.

“Toroide” también presenta canciones que son una especie de término medio, que deambulan entre lo más pesado y lo melódico,  como Hospital y Otros Tiempos. La primera con cortes muy Heavy Metal con una cadencia que va a tres cuartos de potencia que se hace muy agradable, invitando a poner atención al mensaje que a medida que el tema avanza, se va volviendo más furioso e intenso. La segunda es más progresiva, alternando ágilmente pasajes acústicos y riffs propios de un Metal que se sostiene en una base rítmica muy dinámica sostenida por Daniel y Setian. Cabe destacar que durante el desarrollo del disco hay pasajes que recuerdan sonidos provenientes del otro lado de la cordillera. No sabría decir bien por qué, quizá es la profundidad de las letras o la crudeza de algunos riffs de Mario y Salvador, pero hay reminiscencias de Hermética en la música de SinSilencio, lo cual es poco común en nuestra escena, pero en lo personal lo agradezco profundamente.

El cierre del disco viene de la mano de La Conquistada, notable y extensa versión del original de Los Jaivas que mete todos los componentes hasta ahora mencionados en la juguera, añadiendo a lo anterior la “melancolía folklórica” si se permite el concepto. Diez minutos que se disfrutan en su totalidad. Aquí las guitarras distorsionadas se complementan perfectamente con los charangos y los vientos que por cierto están más cercanos a Los Jaivas que a la de otro exponente más metálico. Hacia el final de la canción Mario y Salvador despuntan sendos solos de guitarra mientras Daniel y Setian aceleran el tranco llevando La Conquistada a un final poderoso, como tenía que ser. De lo más destacado del disco.

“Toroide” es un disco con una propuesta y sonido muy particular, bien trabajado desde el punto de la ejecución instrumental y vocal. Hay mucha técnica, pero también sentimiento y virtuosismo en su justa medida, donde lo importante es el conjunto entregado, lo cual que siempre asegurará un resultado correcto. La ausencia de un vocalista plantea un desafío no menor, el cual fue soslayado y superado con creces gracias al buen trabajo de armonizaciones presente a lo largo de toda la placa. Dentro de las cosas que se podrían mejorar, y sin perjuicio de lo anterior, creo que sería muy interesante escuchar en el futuro un trabajo de SinSilencio con un vocalista “único” que se acople a lo ya realizado e imprima un sello que aporte un matiz que complementario al grupo. Por otra parte, “Toroide” es un disco que no entra a la primera… toma varias escuchas para “agarrarle cariño” y meterse las melodías en la cabeza, porque no hay muchos temas “hit”, lo que no es necesariamente malo, pero puede plantea un riesgo de “fuga” en quienes escuchan el disco por primera vez.

Si quiere escuchar algo fresco, distinto y de buena factura, “Toroide” es un disco a tener en cuenta sin lugar a dudas. Otro gran exponente nacional que engrosa las filas del muy buen momento que está gozando la escena chilena de Heavy Metal.

 

 

La espera de ocho años finalmente terminó. Un largo periodo, que contó entre medio con dos visitas a nuestro país, en una calurosa tarde de enero de 2010, en el Club Hípico y la última hace poco más de un año y medio en el Estadio Monumental, con un recital a la carta. Son ocho años de silencio de Metallica por sí solos, aunque en este periodo lanzaron junto al tristemente fallecido Lou Reed el no menos polémico “Lulu”.

Cada lanzamiento de un álbum de Metallica está rodeado por una atmósfera de incertidumbre desde el radical cambio entre el “… And Justice for All” (1998) y el álbum “Metallica” (1991), más conocido como el “Álbum Negro”. Desde allí, cada disco muestra nuevas directrices de la banda, en los ’90 más orientadas a lo comercial y después ese experimento llamado “St. Anger” (2003). Afortunadamente para quienes gozamos principalmente de los discos ochenteros, llegó en 2008 el bien recibido “Death Magnetic”, donde Metallica lograba dar, en buena parte, con ese estilo que los llevó a la cima y los coronó como los más grandes del Thrash Metal.

Con estos antecedentes, se anunció este nuevo trabajo como disco doble, respecto del cual, poco a poco, nos fuimos enterando de más detalles, entre ellos tres temas como “adelantos”, que la banda tiene videoclips para cada una de las canciones de esta placa, y una curiosa próxima visita a Chile, al festival Lollapalooza durante abril del próximo año 2017.

El disco comienza con el tema homónimo y primer single, titulado Hardwired, un corte digno del Metallica clásico, al menos en intensidad. Sencillo y directo a la vena, quizás siguiendo la línea de las composiciones con que los californianos suelen abrir sus álbumes. Se siente de inmediato una evolución a una de las grandes críticas del álbum antecesor, que era ese sonido plástico, muy de computador con distorsiones de cartón. Al parecer, el productor Greg Fidelman, Lars y compañía entendieron el mensaje e hicieron las mejoras respectivas.

El segundo tema corresponde al tercer single, titulado Atlas, Rise!, una canción mid-tempo más enganchada a la onda noventera o a The Judas Kiss del Death Magnetic, si bien tiene un comienzo prometedor va decayendo con el pasar de los minutos, hasta que llega un magistral pasaje instrumental con toda la onda Heavy británica de los ’80. Se le pudo sacar más provecho a este segmento, sobre todo en la sección de las guitarras dobladas, donde James y Kirk tienen un doctorado en como hacer de estas partes inolvidables (Orion, Fight Fire With Fire, My Friend of Misery, entre otras).

Now That We Are Dead es el tercer tema del álbum, y la primera “novedad” para quienes ya habíamos incorporado los adelantos a nuestro ADN. Con un comienzo a medio tiempo y un riff bien del estilo de Judas Priest es un corte que progresa sin grandes sorpresas, dejando un poco de lado la potencia de las canciones iniciales, aunque con interesante trabajo de voces armónicas. Asumiendo lo odioso de las comparaciones, es una composición estilo “Load”, ni más ni menos.

Lo siguiente es la ya conocida Moth Into Flame, pues fue el segundo single del álbum, canción de comienzo Heavy que acelera en el pre-coro con un riff y velocidad estilo Disposable Heroes. Cuenta con un coro bien ganchero y nuevamente, una sección instrumental muy interesante pero algo corta, quizás era mejor evitar el verso y puente final en pos de dejar fluir el inmenso talento instrumental del cuarteto norteamericano.

El quinto corte se titula Dream No More, comienza con matices oscuros, al estilo Black Sabbath, y continúa con la voz duplicada de Hetfield (una alta y una baja) al unísono. El tema se mantiene en el riff pesado y denso por sobre la agilidad característica de la banda, cayendo quizás en cierta monotonía similar a la que encontramos en pasajes de Now That We Are Dead.

La última canción del primer disco se titula Halo on Fire, con un buen comienzo a dúo entre las guitarras eléctricas que dan paso a las acústicas y a un impecable James Hetfield en su faceta de cantante más “suave”. El tema va tomando velocidad y energía con los minutos, y finalmente la sección instrumental va acabando la canción con un magnífico riff melódico de la guitarra de James y buenos solos de Kirk Hammett. Es una composición que llena desde el punto de vista emocional y que cierra de muy buena manera la primera parte.

El segundo disco comienza con Confusion, de manera muy similar al clásico tema de Diamond Head, Am I Evil?, con ese golpeteo militar de la caja, que da paso a un ritmo bien Heavy que transcurre con ciertas similitudes durante todo el tema. Una canción sin mucha variedad y que quizás apela a su título para con el auditor.

Tras cartón aparece ManUNKind, con un comienzo acústico entre un bajo y una guitarra, muy My Friend of Misery que pronto estalla en un riff a contratiempo. Un tema muy progresivo de Metallica, quizás no se veía algo así desde …And Justice for All, donde Metallica hizo un guiño a los tempos diferentes del habitual 4/4, logrando además de buenas canciones, dificultad para los músicos aficionados. Los casi siete minutos de ManUnkind muestran generosamente la calidad instrumental y lo perfilan como uno de los mejores momentos del álbum.

El tercer tema del segundo álbum se titula Here Comes Revenge, con un comienzo a trallazo limpio que desemboca en el riff principal de la canción. El tema cuenta con diferentes velocidades, el verso se sitúa en un ambiente casi sin instrumentos, un coro pegajoso y una sección instrumental de buen ritmo. Es un corte que tiene la intención de ser más, pero se torna algo repetitivo.

Am I Savage? es el nombre de la cuarta canción del segundo disco, un corte muy denso desde la perspectiva del ritmo y que se aleja de lo que Metallica hizo en su disco anterior. Va más bien en la línea de canciones como Bleeding Me de “Load”. Algo similar ocurre con el tema que le sucede, titulado Murder One, son dos canciones con muy representativos del Metallica de los ’90, que no significa que sean malos, pero cuesta asimilar tanta variedad en el disco… hay para todos los gustos.

Siempre he pensado que las bandas Heavy dejan para el final temas con cierto dejo melancólico o algún corte épico, que hacen que uno desee más y más, por ejemplo, Rime of the Ancient Mariner de Iron Maiden, Lochness y Future of Mankind de Judas Priest por dar algunos ejemplos. Metallica siempre ha ido en contra de esto, por lo general cierra los discos con temas que vuelan los sesos (Dyers Eve, Damage Inc, My Apocalypse, etc) y esta vez no ha sido la excepción con la genial Spit Out The Bone, la guinda de la torta. Un tema rudo de principio a fin, que incluye un excelente solo de Robert Trujillo en la sección instrumental y que nunca decae en velocidad, destacando además unas muy bien logradas armonías vocales.

Este tema nos hace recordar los mejores días de Metallica y hace concluir que la real intención del álbum es repasar todas las épocas de la banda, desde el Thrash más “puro” hasta los temas comerciales pasando por canciones densas, y quizás la única época omitida es la del “St. Anger”. ¿Es un buen disco? ¡Por supuesto! No es el mejor, no es lo que se esperaba, pero nos deja claro que Hetfield, Ulrich, Hammett y Trujillo se sienten orgullosos de cada paso que han dado en “la metálica”, desde el éxito rotundo entre los más puristas del Rock hasta los más momentos más cuestionados. Esperemos ver varias de estas nuevas canciones en el recital de abril, en especial aquellos que más nos hayan gustado, pues si hay algo que tiene el disco, definitivamente, es variedad.

 

 

No vamos a intentar en estas líneas describir la importancia que Kai Michael Hansen ha tenido para muchos de nosotros, lo hemos hecho en otras ocasiones y uno corre demasiados riesgos de caer en una majadería inaceptable. Si usted está leyendo estas líneas es porque es altísimamente probable que usted no sólo sepa quién es Kai Hansen, sino que el cantante/guitarrista/compositor de Hamburgo haya sido un elemento central en la música que usted escucha, y consecuencialmente, de su manera de ver la vida, lo que a la larga transforma al alemán en algo tan esencial para el desarrollo de la existencia de varios seres humanos como haber aprendido a gatear, a limpiarse solo, a abrocharse los zapatos o a que no hay que mezclar la ropa blanca con la ropa de color al momento de echarla a la lavadora, por sólo nombrar algunas cosillas esenciales para sobrevivir en un mundo hostil.

Pero claro que es llamativo ver al hamburgués en una “parada” algo distinta, como es este trabajo solista, con la “excusa” de celebrar treinta años de carrera en el Metal. Hemos visto a Kai –obviamente aparte de Unisonic, Gamma Ray y Helloween en los ’80 y ’90– en muchas instancias colaborativas, pasando por la gloriosa Valhalla de Blind Guardian, la espectacular Temple of Hate de Angra, sus participaciones en Avantasia, o la recién anunciada gira 2017-2018 con Helloween en un “Pumpkins United Tour” que esperamos desde ya con muchas ansias –sólo por nombrar algunas–, pero ahora el festejado es Hansen y correspondía que a él lo retribuyesen.

Así nace este “Kai Hansen & Friends – XXX Decades in Metal”, donde la figura esencial del Power Metal convoca a una serie de músicos amigos para rendirle tributo a su dilatada trayectoria. Lo que en otros músicos parecería un gustillo narcisista, en Hansen es un mínimo tributo a una carrera cargada de influencia, entretención, entusiasmo y, sobre todo, grandes composiciones. Así, junto a Eike Freese (líder de Dark Age y dueño de los Hammer Studios de Hamburgo) en guitarras, Alexander Dietz (guitarras en Heaven Shall Burn) en bajo y Daniel Wilding (Carcass) en batería, y con conspicuos invitados que iremos develando, veamos de qué se trata esta placa.

Lo primero que conocimos de esta placa fue el single Born Free, lanzado además con un entretenido videoclip donde Kai pasea en un convertible por las calles de Hamburgo, y donde narra sus inicios en el mundo de la música. La autobiografía de Hansen será un elemento central en todo este trabajo, y ya desde la primera frase (“Born in the city of Hamburg in 1963”) esto queda en evidencia, con una curiosa referencia a “No Me Moleste Mosquito”, aun más curiosa canción de The Doors. Un tema muy energético, con un gran riff, guitarras filosas, un coro marcial muy Accept, y la clásica voz de Hansen, que pese a que muestra una evidente afectación por el paso del tiempo, es valorable que se sienta honesta y no tan “maquillada” como uno ve en otros trabajos. Todos sabemos que Kai no es un extraordinario vocalista –o que al menos tiene otras virtudes más destacables que su calidad vocal–, y en esta placa queda en evidencia cierto declive que explica que Gamma Ray haya reclutado un nuevo cantante (Frank Beck). Pero este disco es de Kai, él canta y es valioso que se haga de manera sincera. Un buen inicio, de inmediato declarando intenciones y es uno de los pasajes más destacables de una placa que, como veremos, tiene ciertos altibajos y zonas algo más áridas.

Los invitados empiezan a llegar con Enemies Of Fun, un corte con un midtempo y una vibra absolutamente acceptianos y que nos confirma que en esta placa, Kai se orientará más al Heavy que al Power. En esta oportunidad acompañan a Kai nada menos que Ralf Scheepers de Primal Fear, y Piet Sielck de Iron Savior, dos glorias del Heavy/Power Metal alemán, y elementos centrales en la carrera de Kai, el primero al ser el primer cantante de Gamma Ray y el segundo por haber sido prácticamente cofundador de Helloween y ser partner de Hansen durante todos estos años. Un buen tema, que probablemente alcanzaría algún brillo mayor de haber durado menos que sus casi ocho minutos, pero que cuenta con instantes de bastante brillo, especialmente en la sección instrumental más acelerada de los tres a los cinco minutos. Luego parece alargarse un poco en exceso.

Otro tema bastante correcto es Contract Song, que también inicia con un riff bastante bueno y algo más pesado de lo que acostumbramos a escuchar en canciones de Hansen, aunque tiene una estructura similar a los singles de Gamma Ray, como Send Me A Sign, por dar un ejemplo. En este corte Kai es acompañado en las voces por un excelso personaje del Hard Rock como Dee Snider, líder de Twisted Sister, que pese a no mostrar grandes luces, siempre va a ser un aporte. Uno de los momentos más altos de la placa llega con la aceleración en la segunda mitad y los “uo-ooo” de Hansen. Buen tema para ir consolidando la idea de que estamos en presencia de un trabajo bastante sólido.

Un poco más melódica es Making Headlines, especialmente en las guitarras del inicio, que recuerdan un poco más a las últimas cosas que ha más reposadas de Gamma Ray. El invitado que llega ahora a esta conmemoración es Tobias Sammet, probablemente la gran esperanza compositiva del Heavy/Power Metal hacia el futuro. Una canción sin grandes pretensiones, un poco más opaca que las anteriores, más allá del aporte de Tobi que es bastante interesante, aportándole algo más de brillo, un muy buen solo de guitarra y un final bastante intenso.

La fiesta de cantantes alcanza su peak con Stranger In Time porque llega probablemente el invitado más esperado: Michael Kiske, un individuo que con sus cuerdas vocales es capaz de transformar un rústico pelotazo en una jugada de gol como los grandes centrodelanteros del mundo. De todas maneras este tema no es el caso, es un corte más que correcto, bastante elegante y que con el plus de la voz del calvo cantante adquiere un brillo superior, tomando en cuenta además que, junto con contar con una nueva interpretación de Tobi Sammet, participa Frank Beck, quien hace poco tiempo como decíamos se transformó en el sorpresivo nuevo cantante de Gamma Ray, y Roland Grapow con su inconfundible guitarra. Quizás el estribillo no es tan bueno como uno pudiese desear, pero el resto del tema no tiene desperdicio, especialmente la sección del medio que cuenta con las voces de Tobi, Kiske, Kai y Frank en una suerte de conversación cantada que resulta muy bien. Probablemente sea el momento de mayor inspiración de toda la placa.

La canción más larga de todo este trabajo es Fire and Ice, que cuenta como invitados a Clémentine Delauney, joven cantante francesa de la banda austriaca Visions Of Atlantis; a Marcus Bischoff, cantante de Heaven Shall Burn; al sueco Richard Sjunesson, vocalista de The Unguided; y en guitarras a Michael Weikath, quien no necesita presentación. Es el tema más largo del disco, y es bastante más denso y lento, transmitiendo una pesadumbre que uno definitivamente no encuentra comúnmente en nada que tenga que ver con Kai Hansen. La guitarra de Weikath, con esa “suciedad” tan característica, le da un valor agregado a la sección instrumental de un tema que si durara un minuto menos –quizás sin la sección donde predomina el bajo, pasados los cuatro minutos– dejaría un mejor sabor. Interesante también la sección más acelerada hacia el final, previa inserción de voces guturales que definitivamente resulta difícil de imaginar en un disco de Gamma Ray, lo que le da un punto mayor de validez a este material.

Left Behind es un tema algo extraño, lento, y que seguramente busca bajar las revoluciones. Hay momentos de este disco en que Hansen se sale de los moldes, y hay algunos que resultan bien, como al que hacíamos referencia recién con Fire and Ice, y hay otros algo malogrados como este tema, incluso vuelven las voces guturales pero en este caso a uno le da la sensación de que no quedan bien. Es cierto que Clémentine Delauney hace un muy buen trabajo, pero definitivamente cuesta mucho enganchar con el que probablemente sea el corte más olvidable de un trabajo más que correcto.

La línea más reposada se mantiene con All Or Nothing, que lamentablemente consolida el pequeño bache en el disco que se inició en el tema anterior. No es una mala canción, pero suena poco inspirada. La última colaboración de Clémentine Delauney está limitada a un segundo –o tercer– plano, el coro intenta ser emotivo pero no engancha e incluso la sección instrumental es algo mustia. Algo de energía se recobra con Burning Bridges, donde Kai invita a cantar a Eike Freese. Es un tema midtempo sin muchas pretensiones, livianito y bastante rockero, con un buen coro y un buen solo. En otras instancias no destacaría mucho, pero como veníamos de un bache de dos temas, se valora el aumento de energía que se logra, aunque sea pequeño.

Pero el tío Kai no es tonto y nos guardó un buen bocadillo para el final con Follow The Sun, indudablemente el tema más Power de todo el disco, y que nos trae al último invitado… ¡y qué invitado! Hansi Kürsch, otro portento que no requiere presentación. Excelente canción que cumple con todo el cuaderno de cargos de un buen corte de Power Metal: velocidad, melodía, un coro levantapuños, buen trabajo en los solos, un final redondo y una cucharadita de gloria. Excelente manera de terminar, muy en alto.

Es cierto que a uno le habría gustado encontrar una mayor cantidad de pasajes inspirados, y que este disco difícilmente va a ser considerado dentro de lo más granado del catálogo de Hansen, pero es un esfuerzo digno y valioso para un tipo que “ya la hizo” hace rato, siendo artífice de dos de las bandas más importantes de Power Metal de todos los tiempos. El disco se deja escuchar pese a ese bache de su último tercio, y pese a que hay escasos momentos conmovedores, es una más que correcta manera de conmemorar los treinta años en el Metal del glorioso Kai.

 

 

Cada vez se hace más gustoso poder escuchar material de bandas chilenas, lleven ya años de circo o estén recién empezando el difícil camino de la música en Chile, composiciones de excelentísima calidad, tremendos trabajos de producción, ejecutantes de muy grandes talentos en cada uno de sus instrumentos, esto parece que no va a parar y es en ese escenario donde aparecen los porteños de Neogenesis, quienes desde el 2007 vienen gestando su Power Metal latino, como creo podría llamarse lo que ofrecen. ¿Por qué latino? Porque siento que desde los sonidos de Rata Blanca que en nuestro continente hemos desarrollado un sonido bastante propio.

Durante el 2015 lanzaron el primer adelanto de lo que sería su disco debut con el single “Volviendo a Nacer”, con el que llamaron bastante la atención para, finalmente, este año lanzar “Desde las Cenizas” que marca su debut en las grandes ligas por decirle de alguna forma. Y ¡vaya qué forma de debutar!

Todo arranca con una Intro de poco menos de dos minutos, donde una orquestación bastante bien elaborada, con un telón un tanto lúgubre que se va de a poco rasgando por flautas y cuerdas que parecieran dejar ver un poco de luz para cortarse abruptamente con la irrupción de Cy, la que abre con un ritmo galopante y acelerado, donde la batería de Patricio García muestra de entrada el tremendo trabajo que realizará en el disco, junto con los riffs de Ricardo Martínez, quien además se luce de muy buena manera en el solo que lucha contra los teclados de Carlos Silva, con el acompañamiento en la base rítmica de Raymundo Meza en las cuatro cuerdas y un estilo sobrio de Daniel Sandoval en las voces. Un tema bastante correcto que no sorprende mucho, pero está muy bien hecho, especialmente las ambientaciones y el final abrupto que deja un piano como último sonido.

Esto continúa con Volviendo a Nacer, single lanzado durante el 2015, que se caracteriza por ser bastante más agresiva que su antecesora, un corte bastante más Heavy donde se utilizan algunos elementos efectos para la voz que quedan sólo en las primeras palabras. Es un tema bastante más interesante que el anterior, con muchos más cambios de ritmo, una batería que no se queda sólo en blast beats sino que García tiene la oportunidad de mostrarse un poco más, al igual que Silva. Debo decir en este punto que el mensaje altamente positivo del disco podría confundirse con un estilo acaso medianamente religioso, pero sinceramente, no toma en ningún momento alguna dirección como eso, en este caso instando a dejar lo malo atrás y darse un nuevo respiro para avanzar hacia las metas, logrando una exquisita mixtura entre líricas y música.

El siguiente track se enmarca en algo más progresivo, Tolerancia, entra con un Silva muy inspirado con el acompañamiento de Meza, quien se mantiene mucho más protagonista a lo largo de prácticamente todo el tema, que viene a ser una de las piezas más notables del disco, una base rítmica sumamente cambiante, que empieza lento, continúa rápido y vuelve a terminar en la lentitud, sencillamente un tremendo trabajo el que logran en estos poco más de tres minutos, utilizando nuevamente el recurso de la voz lejana en el principio. Acá la lírica nos trae una temática bastante más crítica, el propio nombre nos da una idea, especialmente frente a nuestra sociedad actual donde todo cambia rápidamente y, a veces, también muy drásticamente, donde además a veces pareciera que la tolerancia o no existe o es sólo para algunos.

Oscura Soledad entra nuevamente con Meza, Silva y García luciéndose en un material que mantiene la línea progresiva del track anterior, recordando incluso en un pequeño pasaje a los teclados del gran Jens Johansson, acá además las orquestaciones de fondo se lucen considerablemente y Sandoval se lanza a mostrar un poco más sus capacidades vocales, ya no se mantiene en la comodidad de los tonos medios bien ejecutados sino que sube un poco el registro, con excelentes líneas vocales. En lo lírico nos encontramos con una pieza más romántica, de una oscura soledad que se disipa, lo que permite que en lo musical también se puedan sentir distintos ambientes, incluyendo un pasaje que incluso podría llegar a percibirse como un poco de Folk, tipo tonada chilena, no precisamente tal pero podría llegar a percibirse así, además, se puede escuchar una conjunción de ritmos que lo hace el tema más rico en ese sentido, sencillamente una tremenda pieza que se alza como de las mejores del disco, siendo además el track más largo.

Continuamos con Arrecife, la que arranca inmediatamente con la velocidad desatada de estos muchachos, una especie de interludio musical que, sin parecerse musicalmente, en su estructura rememora fácilmente a la tremenda Stratosphere de los ya legendarios Stratovarius, simplemente cerca de tres minutos en los que Martínez se luce con sus riffs, Meza con una base y acompañamiento con la que junto a García logran expresar una potencia y energía impresionante y, donde obviamente, Silva no podía quedarse atrás yendo a la par y enfrentando a la guitarra… una tremenda pieza instrumental que, además de todo, tiene un exquisito fondo instrumental que no tiene nada que envidiarle a los finlandeses.

Un suave piano nos da la bienvenida a Sin Mirar Atrás, para luego ser acompañado por un arreglo orquestal de muy buen corte que permite a Sandoval lucirse en la tranquilidad para dar paso a una potentísima midtempo, una power ballad que le da el mayor de los espacios a la voz de Sandoval, con líneas vocales poderosas y una estructura lírica considerablemente profunda, claramente no es uno de los puntos más altos del disco, pero tampoco es una mala composición, sino más bien como una especie de tributo al esquema típico que nos acostumbraron los grandes exponentes del estilo. Una muy buena pieza que permite relajarse un poco después de lo que ya veníamos escuchando, subiendo cada vez más los ánimos hasta que nos encontramos con esta isla de descanso.

Ya sólo con el nombre nos podemos hacer la idea que Sonidos del Metal hace gala de un sonido bastante más clásico, sin dejar de lado los elementos propios de la banda. Musicalmente es una pieza bastante correcta pero un poco monótona, no obstante, es un excelente tributo al Heavy Metal ochentero, con una tremenda línea lírica que mantiene ese estilo que nos recuerda la fuerza que puede tener esta música, la que disfrutamos y nos atrapa desde bastante jóvenes. Siendo un tremendo tema como lo es, viene a ser quizás uno de los puntos más bajos de la placa, no por una mala composición o una mala ejecución, sino porque quizás desencaja un poco en la estructura del disco.

Cuando ya nos acercamos al final de esta placa, nos encontramos con Aferrado a Todo, la que comienza muy por lo bajo con el teclado de Silva poco a poco ganando más potencia, dando paso a una pieza que mezcla muy bien los elementos del Power Metal con algo más Progresivo, una pieza tremendamente bien elaborada que se queda un poco corta en potencia, especialmente en lo vocal, pero claramente no es una falta de Sandoval sino que así fue compuesta. Creo importante aclarar que en ningún caso es un mal tema, de hecho, los teclados de Silva son los principales protagonistas acá, con un tremendo solo de Martínez y una base sólida armada entre García y Meza, haciendo disfrutar mucho el track, pero que a comparación del resto del disco queda ligeramente corto. Con ese análisis nos damos cuenta que hasta los puntos bajos del disco son más altos que los mejores momentos de otras creaciones, lo que demuestra el nivel y la calidad de esta banda.

Entonces todo termina con el tema que le da nombre a la placa, Desde las Cenizas, un himno de y al Power Metal, que recuerda tremendamente en sus primeros segundos a las maravillas que en algún momento nos regaló Stratovarius, dando paso a un quiebre rítmico tremendo que baja todas las revoluciones para después escaparse a toda velocidad. Acá nuevamente Sandoval se luce y demuestra su tremenda calidad vocal, un grito de batalla de aquel que puede perder la batalla pero no está preparado para perder la guerra. Todo un lujo que se dieron en componer esta canción y, encima, dejarla como broche de oro de su disco debut, todos con su espacio para lucirse y dejar claro que se vienen en serio porque volverán de las cenizas las veces que sea necesario.

Sencillamente los muchachos de Neogenesis nos siguen mostrando que el Power Metal chileno está atravesando uno de sus mejores momentos, es una lástima que bandas con esta capacidad compositiva y de ejecución se encuentren con tantas complicaciones a la hora de querer compartir su música con el resto; sin embargo, estos muchachos han logrado lanzar este primer larga duración que le puede dar la pelea a cualquier producción internacional, sumándose al grupo de selectas bandas, nuevas y otras con ya bastante circo a sus espaldas, que se alzan como la que podríamos, humildemente, llamar la NWOChPM, la New Wave Of Chilean Power Metal porque realmente este estilo está reviviendo, y muchachos como Neogenesis están totalmente dispuestos a traerlo de vuelta desde las cenizas.

 

 

Qué exuberante resulta ser la propuesta de Civil War dentro de los márgenes del Power Metal, un vendaval de exintegrantes de Sabaton que prefirieron irse para soltar la pluma compositiva que nunca pudieron empuñar en esa banda, y que ahora tienen una libertad con la cual prácticamente desbordan esa creatividad contenida por tanto.

Y por supuesto que no están interesados en perder tiempo alguno con Civil War, porque a solo un año de su segundo trabajo y primero con Napalm Records, “Gods and Generals”, aparecen con un tercer lanzamiento que responde con de todo un poco en cuanto a lo powermetalero, y con el cual muchos juicios -hasta antagonistas- pueden ser válidos. Sí, porque “The Last Full Measure” tiene para cada uno de los gustos, para quienes querían en Civil War un Sabaton paralelo, para quienes esperaban que se alejaran del grupo que los vio nacer, para los que buscaban algo épico, para los que deseaban algo más directo, para los que preferían algo elaborado, para todos y sin marear, sino entretener y hacerse comprender.

Tiene de clásico, de noventero y de actual, un trabajo lleno de coloridos ordenados por la voz aguardentosa del Astral Doors Nils Patrik Johansson, y el concepto en torno a historias principalmente de Norteamérica. En ese sentido, es posible que “The Last Full Measure” sea el trabajo que siempre se haya esperado del conjunto, tanto en letras como en gráfica, dado que la portada basada en la Guerra de Secesión de los Estados Unidos refleja perfectamente el espíritu del nombre de esta agrupación.

Road To Victory, la primera pista, amaga con un comienzo de teclados y golpes de sintetizador sacados de ese Nightwish del “Wishmaster”, pero después de unos segundos sin guitarras toma otro rumbo, con un coro que revive la gloria powermetalera de álbumes como “Land Of The Free” y composiciones como Man On a Mission. Logra sorprender y que uno se sienta inmerso en la magia de esos años… un temazo a rabiar inspirado, que deja la vara altísima para las nueve pistas siguientes que, por supuesto, también dejarán lo suyo en este trabajo.

Porque Deliverance, la que aparece a continuación, toma el manual powermetalero de escuela Hamburgo de segunda mitad de los noventa y ofrece una canción sublime, un coro de esos que sólo los lograba Kai Hansen en esa época, pulcro, profundo, elegante y mágico, simple pero en que el tiempo parece detenerse para otorgarle todo el protagonismo a sus melodías. Además, la interpretación vocal por parte de Johansson es absolutamente brillante, con un carisma sacado de las entrañas de Dio que llega a invocar su figura. De verdad, creo que acá se afirma la mejor composición del disco.

Y bueno, quienes recuerdan -y claro que son muchos- los temas épicos de “Theater Of Salvation” de Edguy, estoy seguro que encontrarán en Savannah -el tercer track del álbum- una pieza fascinante… pues algo celestial tiene en su coro que evoca una vibra distinta dentro del cuadro general de la producción. Un himno distinto, muy peculiar, pero que al mismo tiempo no se hace de rogar, ya que encanta de inmediato.  El ambiente es diferente y eso se nota hasta en el timbre del cantante, que lo varía bastante en los versos iniciales, incluso llegando a recordar tonos de Ben Sotto en Heavenly. Y además ofrece galopas, bombos empastados con las guitarras, incitaciones a sacarse los audífonos para empezar a saltar… un acierto compositivo que mantiene el nivel y los diversos relieves sónicos de la placa.

A no dejarse después seducir demasiado por la instrumentalización y arreglos ¿bávaros? de Tombstone. Por supuestos que son muy entretenidos… pero es que el golpe de la entrada de batería, guitarras y bajo es sequísimo, te sacude por un par de segundos hasta que logras adecuarte, una canción fiestera aunque también agresiva, lo que habla de compositores que no se toman tan en serio los peligros y simplemente se lanzan. El resultado es pintoresco y muy disfrutable.

America, por su parte, es una obra más liviana en su intensidad, por lo que pareciera ser un descanso musical dentro del tracklist de “The Last Full Measure”. Sin embargo, sorprende a mitad de trayecto con un paréntesis que recuerda a los momentos más “musicales de Broadway” de Savatage de los noventa, circa “Dead Winter Dead”, que una vez presentado sube la calidad completa de la propuesta. Ahora, como tema suelto, fuera del contexto de un tracklist que viene presentando cortes más bombásticos, la percepción mejora bastante, ya que justamente esa parte instrumental mencionada es de gran factura y contagia un ambiente muy solemne, sostenido por letras de un viaje hasta el continente con sueños de mejor vida en el Nuevo Mundo. Lástima que en la posición que está, represente una especie de pausa en el flujo del álbum.

Lo que pasa en cambio en A Tale That Should Never Be Told es harto más épico, pese a que la canción no logra entusiasmar al comienzo debido a que parte de forma muy parecida a Uprising de Sabaton. Dicha sensación, en todo caso, empieza a quedarse atrás y muy atrás en la medida que la pista despliega ante los oídos una especie de dramatismo musical atrapante, emulando una pequeña película u obra teatral en su interpretación, donde nuevamente destaca el cantante. A mi parecer, se trata de la pista que más veces hay que escuchar para asimilar en su conjunto. Es la pieza más elaborada del trabajo, con muchos paisajes simultáneos y ambientes sonoros distintos pasando uno tras otro, aunque es cierto que el ejercicio de escucharla vale muchísimo la pena.

Con Gangs Of New York, Civil War vuelve a sonar más directo pero sin perder lo épico. Por el contrario, se trata de un peculiar grito de batalla, como sugieren las letras, adornado con líneas vocales delicadas aunque sostenidas por unos riffs cortados que le otorgan tanto elegancia como agresividad al tema. Son de ese tipo de guitarras rítmicas con melodías que invitan a seguirlas con coros, son pegajosas y antémicas, elementos que le otorgan una buena posición dentro del repertorio. La sigue Gladiator, muy reminiscente al Gamma Ray post “No World Order!”, es decir, ultra veloz desde la batería y ultra melódica desde las líneas melódicas. Cargada, claro está, pero nunca estará de más la combinación de ambos elementos que sólo el Power Metal, en la historia del Metal, ha sabido aprovechar para moldear su carácter.

Ahora, los ex integrantes de Sabaton que están en Civil War parece que siempre deberán sortear el estigma de su antigua banda, en el sentido que se les apuntará con dureza cada vez que su música se acerque demasiado a la de Joakim Brodén. Esa suerte de sombra conspira contra People Of The Abyss, canción que podría ser una de las mejores de la entrega, pero que se auto sabotea justamente por sonar tan parecida a Sabaton, y The Last Full Measure, de mucha tinta a temas de “Attero Dominatus” o “The Art Of War”. En defensa de Rikard Sundén, Daniel Mÿhr y Daniel Mullback, se podría decir que nunca tuvieron la oportunidad de aportar compositivamente en Sabaton y que tras tantos años en esa banda, el tallo ya se transformó en tronco, por lo que toda similitud es aceptable. Lamentablemente, podrán sonar a de todo un poco y pasearse por todos los ánimos musicales del Power Metal, pero sonar particularmente a Sabaton les puede costar no tan barato.

Al considerar el performance del álbum por la dinámica del tracklist“The Last Full Measure” empieza como postulante a disco del año con temas ultra powermetaleros que rescatan mucho de la esencia mágica que tanto adoramos del estilo que acá nos convoca, con una variedad envidiable de recursos excelentemente logrados. Después sigue con composiciones más sofisticadas que obligan a detenerse un poco para asimilarlas, acto seguido toma un perfil más épico y de batalla, y minutos más tarde finaliza invitando a escuchar a Sabaton. Lo último no sé si es para bien o para mal, dependerá de cada uno, pero si alguien me preguntara cómo suena el Power Metal por medio de un ejemplo del 2016, “The Last Full Measure” de Civil War sería la respuesta más corta, puesto que enseña todo lo que uno esperaría describir del estilo.

 

 

Quinto álbum del proyecto en solitario de Eduardo “Edu” Falaschi, quien de la mano de la alineación compuesta por la dupla de guitarristas Marcelo Barbosa y Diogo Mafra, el bajista Raphael Dafras y el baterista Pedro Tinello, tiene la misión de enmendar el rumbo tras la publicación del irregular “Unfold“. Ahora bien, tras años de seguir de cerca a Almah, hay dos cosas que nunca faltarán al momento de poner play a los nuevos lanzamientos: el cantante buscará cualquier medio para entregar material fresco dándole rienda suelta a sus composiciones, y la ejecución instrumental será intachable en cada tema.

Pues bien, desde un comienzo no se puede pasar por alto la bella portada que nos presenta este “E.V.O“. Una estatua femenina en medio de un jardín que recuerda la mitología griega en todo su esplendor. Un golpe efectista que sirve como carta de presentación más que plausible. Veamos entonces que nos propone este trabajo.

El opening track Age Of Aquarius logra sorprender sobremanera por varios motivos. En primer lugar es la canción más extensa del álbum (un poco más de siete minutos de duración), señal inequívoca de que el frontman no quiso guardarse nada de cara a lo que escucharemos. Luego, ciertamente llama la atención la calma y la paciencia con la que poco a poco comienza a tomar forma el tema. Decimos esto porque durante los primeros segundos escuchamos una voz femenina con sonidos propios de la naturaleza que perfectamente podrían haber sido una pista aparte simplemente llamada Intro. Después pasamos a una sección de cuerdas con arreglos orquestales que abren camino a que el cantante entone los primeros versos sonando bastante inspirado, para que finalmente -pasando los dos minutos de duración- la banda deje caer su poderío mientras Edu grita “…the dawning of the Aquarius!” con una fuerza envidiable. De aquí en adelante lo que escuchamos es sencillamente espectacular. Power Metal hecho y derecho señores. Comenzar a detallar lo bien que lo hace cada músico en su función está de más. Ya se nos había adelantado que el disco tendría alguna conexión con el mítico “Rebirth” (2001) no solo en el concepto de “cambio” y de “renovación” (desde ya los invito a leer la letra detenidamente), sino que por momentos es imposible no acordarse de “Acid Rain” o de “Unholy Wars“. De lo mejor del disco, ¡cómo suena Falaschi en el coro!

Rápidamente pasamos a Speranza, la cual no hace otra cosa que hacerle honor a su nombre. Los “Oh oh oh…” del vocalista dan el puntapié para que la banda nos regale pasajes con una atmósfera muy reconfortante, acompañada con una letra sencilla y efectiva que lamentablemente se hace monótona a ratos. Está lejos de ser lo más destacado del LP, pero aún así Marcelo y Diogo se las arreglan para sobresalir con sus intervenciones en la parte instrumental. De igual forma, The Brotherhood es una balada que sigue demostrando una gran compenetración de esta nueva alineación. Edu comienza a cantar las primeras líneas con ayuda del teclado para luego pasar a un estribillo con una bella melodía que te queda dando vueltas en la cabeza durante la primera escucha: “Hand in hand, sown the fields of war / We will stand together as only one / Honoring our memories / Brotherhood“. Al ser una canción genérica y “simple” (que se entiendan las comillas por favor), justamente cumple con creces el no sonar sobrecargada ni exagerada en su ejecución. Los arreglos de guitarras suenan frescos y el teclado es protagonista en su justa medida. Por su parte, Raphael Dafras y Pedro Tinello llevan muy bien la base rítmica dando la calma necesaria a cada segundo.

Innocence es un mid-tempo más denso y oscuro donde de inmediato destaca el trabajo del teclado y de las guitarras durante los versos. La fórmula es bastante simple y la vez certera: La primera estrofa es cantada solo con la base rítmica y el teclado, mientras que  en la segunda se suman las cuerdas para ir subiendo la tensión hasta llegar al coro. El sonido por momentos es crudo y al hueso, razón de sobra para decir que esta canción podría haber formado parte de “Unfold“.

Otro de los puntos altos sin duda es la entretenida Higher. Simplemente es Power Metal a la vieja usanza. Doble bombo a mil, buenos riffs, una sección instrumental impecable y un coro pegadizo hecho para cantarlo con el puño en alto: “Higher, higher / Climb the hills and glimpse the land / We still go higher!“. Nada más que agregar, lo demás sería ser redundante. Muy por el contrario, y esto lo digo muy personalmente, Infatuated es por lejos el punto más bajo de este lanzamiento. Es cierto que cuenta con los tintes y los elementos de una creación propia de Almah -y más aún de este álbum en particular- pero la monotonía del coro al cantar “To get all you want, to live, you better runaway now / All you want, to live, you better find a way out…” es tal, que derechamente aburre desde un principio. Es una lástima que los excesos de la voz opaquen la impecable ejecución del resto de los músicos, en especial los constantes cambios de tiempo de Pedro.

Entrando de lleno en la segunda mitad del álbum, Pleased To Meet You logra brillar con luces propias a partir del primer segundo. Un redoble de batería abre paso a ritmos y melodías un poco más frenéticas que luego derivan en un headbanging generalizado. Para los más nostálgicos, al igual que con Age Of Aquarius, acá es innegable la influencia y el sello de Angra en varios pasajes del track. Escuchamos a su vez, una de las mejores interpretaciones de Edu Falaschi dentro de este trabajo. Pero ojo, el resto de la banda no se queda atrás, ya que cuando les llega el turno de lucirse lo hacen con creces e incluso te dejan con ganas de seguir escuchando esos solos llenos de virtuosismo y de pulcritud.

Final Warning e Indigo son la dupla mid-tempo marca registrada por excelencia de Almah. Una vez digeridas, es quizás donde mejor se aprecia la faceta más progresiva de la banda. Vale decir, ambas son pesadísimas e intensas, pero en el puente/pre-coro tienen ese matiz que precisamente hace que el estribillo logre destacar como es debido. Por otra parte, no se puede dejar de elogiar la ejecución de Raphael, ya que suena sólido en todas sus líneas. Y como lo mencionamos anteriormente, la banda nos deja con gusto a poco durante la partes instrumentales, ya que en pocos segundos demuestran una gran categoría de la cual se podría sacar mucho más provecho. Dos piezas muy complejas y arriesgadas, pero exquisitas en los detalles al milímetro.

Al comenzar Corporate War, súmenle inmediatamente otro punto al frontman, ya que se la juega con unos tonos más sombríos y lúgubres, ganando en su performance por donde se le mire mientras canta “Burn / Electric power in watts / Global hunger…“. Además, los arreglos de guitarra y el doble dombo de Pedro acompañan muy bien el fraseo en cada estrofa. Es una composición más “seca” y con falta de lucidez, pero con buena voluntad igual se puede incluir dentro de las que logran llamar tu atención. Como ha sido la tónica de esta segunda mitad, Marcelo y Diogo suenan más callejeros e incisivos en cada riff. De esta forma llegamos al final del LP con Capital Punishment. Derechamente digo que es el ending track que esperaba escuchar dada las características de sus predecesoras. Si bien su temática es una crítica social abierta contra el sistema actual, por momentos se nos presenta con melodías un poco más esperanzadoras. Nuevamente el teclado es protagonista cuando lo amerita (antes de cada coro, por ejemplo), la banda suena como cañón desde el primer segundo y Edu logra cautivarte con ese “Oh! no more illusions / I’m not a number…” que termina por coronar un excelente tema. Por último, un fade out con otro solo marca registrada pone fin a esta placa.

Sin dudas E.V.O. supera con creces al álbum que lo antecede. Fácilmente hay cuatro o cinco canciones que se llevan un aplauso cerrado desde el primer minuto, pero no deja de ser cierto que por momento existe un letargo en el resto de los tracks que conforman el disco. Si bien los puntos bajos se pueden analizar exhaustivamente y destacar sus virtudes dejando de lado cualquier prejuicio, al final del día no logran convencer del todo y se ven fuertemente opacados por cada uno de los clímax ya analizados. Aún así, y por sobre cualquier aspecto, el disco es consecuente consigo mismo. Vale decir, el concepto, la ambientación y la interpretación es prolija de principio a fin, dejando en claro que Edu Falaschi no echó pie atrás en la creación del presente trabajo.

 

 

Algunos considerarán que se han vuelto en una banda nostálgica de sí misma. Otros, que es un grupo que ha vuelto a mostrar autoestima y confianza, que se vuelve a querer y que ha querido celebrarlo tratando de recobrar esa vibra de los álbumes que lo pusieron en la mirada del Heavy/Power Metal durante el cambio de siglo.

¿Dónde está la línea entre el reciclaje y un renacer? Me parece que en el caso del HammerFall post-receso hay que inclinarse por lo segundo, en especial, si por varios años de la década del 2000 lanzaron trabajos con piloto automático, de composición por defecto y producción artificial por fórmula.

“Build To Last” reafirma esa sensación percibida en su antecesor “(r)Evolution”, de una banda con hambre, con canciones que si bien rescatan mucho del pasado, logran sonar bastante frescas, incluso con sorpresas, y ojo… una buena cantidad de temazos, porque me gustaría advertir lo siguiente: el adelanto Hammer High no le hace justicia al real nivel de la entrega. Porque ya no es un regreso, sino una actitud que aquellos que se enamoraron del Power Metal en la época del ’97 y ’98 podrán sentir su valor.

Ejemplos de esta lucidez son varios: Dethrone and Defy será un momento inolvidable para los fanáticos de “Glory To The Brave” y “Keeper Of The Seven Keys Part I”, épica y veloz, con garra, poder y melodía, paralelas de guitarra que se roban la película, riffs de Dronjak con mucho sabor a los de “Legacy of Kings”, intensidad firme de una batería e incitaciones vocales para corear con el corazón. Hay canciones que encierran los valores del Power Metal y me parece que esta es una de esas, de esas que te pueden hacer sentir orgulloso del estilo. Que HammerFall lo logre después de tantas canciones y discos letargosos es algo que no hay que dar por hecho.

Stormbreaker es incluso más épica, pesada y de fuertes marcas de guitarra acompañadas por la batería… y cuando uno todavía está asumiendo el comienzo, un cambio inesperado trae un coros y solos a full velocidad, con un HammerFall pocas veces tan glorioso y descarriado. Debe ser de las composiciones más espectaculares en la carrera de esta banda, y muy posiblemente la más sorprendente de la actual década, pese a su molde Power tradicional. No me crean, escúchenla. Y prudencia… porque se puede decir algo parecido de The Star Of Home, otro vendaval riffero y melódico que llega a emocionar. Es que sentir magia con lo que uno quiere sentir magia porque es tu música favorita es impagable, y además reconfortante viniendo de una banda que tan bien le hizo al Metal tradicional en su tiempo.

En Built To Last, el tema título, aparece una influencia que por mucho estuvo escondida –o no bien presentada– en HammerFall: Manowar. Es un himno épico que con orgullo lleva la bandera del álbum y de ese Heavy Metal nostálgico pero fresco al mismo tiempo. “Templars of steel – We came here to win / Never will kneel – We never give in / This is our deal – The future ’n’ past / Built to Last!”

Otra canción que sorprende es la ochentera y hansiana New Breed, un midtempo bastante elaborado que sin embargo no se complica en el paso, un coro grande en capas vocales que amplifica el grito de “Heavy Metal Warriors” de las letras. Y qué mencionar de la sección de solos de Pontus Norgren y las paralelas de guitarra, donde realmente se encuentra el carácter de esta pista. No quiero dejar de comentar acá el opening track, Bring It!, también ochentera, una versión a la HammerFall de Freewheel Burning que llama la atención de inmediato por su groove tanto en las guitarras como en las melodías de Cans en los versos. Los suecos también son onderos, el track de más vieja escuela dentro de los parámetros de su estilo compositivo que ahora está muy recompuesto, pero sin olvidarse de los elementos Power Metal que se intensifican en los leads armonizados que ensalzan la pegajosa base rítmica.

Sobre los adelantos, me atrevería a decir que Hammer High, si bien busca presentarse como un himno metalero, se trata del tema más default de “Built To Last”, con un estribillo tan sencillo como efectivo aunque al mismo tiempo poco memorable. Por el contrario, The Sacred Vow es una muy sorprendente mezcla entre Hearts Of Fire de “Crimson Thunder” y Templars Of Steel de “Renegade”, pasando de un espectro a otro con mucha soltura, una canción que se perfila como estrella en vivo para la gira en promoción de la placa, si Joacim Cans es capaz de reproducir esos tonos tan altos en un concierto.  Pero lo cierto es que su encanto se incrementa con cada escuchada, con sus melodías marcándose a fuego en la mente.

“Built To Last” también muestra una balada, Twilight Princess, con la típica factura de HammerFall en esta disciplina, la cual me parece nunca ha sido su fuerte salvo dos ocasiones, Glory To The Brave y The Fallen One. Básicamente se posiciona como un respiro dentro del álbum y aunque empieza de gran manera, la entrada de la batería a los dos minutos y medio le quita cierta intensidad, volviéndola un tanto genérica.

Algo sí que no se había escuchando en un trabajo de HammerFall es el sorpresivo track final, Second To None, que incluye teclados emulando clavicordios, rasgueos de guitarra a medio distorsionar que adornan el ritmo de la batería, una melodía nostálgica que da cuenta de que el álbum está por terminar, una sección instrumental intensa por el grueso de las guitarras… en fin, el corte peculiar de un “Built To Last” que cierra con mucha clase, variedad y buen gusto.

Si HammerFall rescató la escena a fines de los noventa, ahora se rescata a sí mismo y termina por reconquistar con una actitud refrendada en grandes canciones. Lo están haciendo muy tarde, pero lo están haciendo, con un trabajo que ofrece minutos prodigiosos de gloria powermetalera.

 

 

La expectación no es menor ante un nuevo trabajo de estudio de los finlandeses de Sonata Arctica, más aun si tomamos como referencia su hasta entonces último álbum “Pariah’s Child”, que revitalizó su discografía en el año 2014, incluso sin llegar a ser del agrado de toda su fanaticada.

Como un quinteto compuesto por Tony Kakko (voz), Elias Viljanen  (guitarra), Henrik Klingenberg (teclado), Pasi Kauppinen (bajo) y Tommy Portimo (batería), llega el momento de  “The Ninth Hour”, título que justamente llena el espacio número nueve de la línea de tiempo discográfica. Para empezar, algo que llama gratamente la atención, es la calidad en el arte de tapa o carátula. El desarrollo de esta sublime imagen, a cargo de Janne Pitkänen, sin duda entra en el podio de las mejores portadas entre los trabajos de Sonata Arctica, y lo más significativo, nos abre las puertas a los principales elementos que nos podemos encontrar una vez sumergidos en “The Ninth Hour”, el cual es producido y lanzado bajo el alero de Nuclear Blast.

El concepto que atraviesa a “The Ninth Hour” en sus letras está enfocado principalmente a las consecuencias que puede haber para la humanidad enceguecida por el ritmo actual de vida, como se sugiere en la portada, un mundo en que la naturaleza carece de la existencia humana u otro donde el hombre se hace parte de un equilibrio natural y armónico.  Si bien es un argumento fuertemente usado en el último tiempo por diferentes bandas, no deja de ser válido y necesario de desarrollar. Todo esto son pinceles y apreciaciones conceptuales que deberían tomar mayor fuerza con la composición y arreglos musicales.

Pero entremos de lleno a la revisión de los once cortes que trae este disco. El primer tema y uno de los singles de este trabajo es Closer to an Animal, en cuyo comienzo si bien parece existir todo lo necesario para quedar sorprendido, termina siendo una composición bastante tibia y plana en su desarrollo. Quizás con una interpretación vocal más intensa y jugada por parte de Kakko  hubiera logrado el equilibrio y atracción necesario para la canción que abre este trabajo. El peso a este tema se le puede atribuir a la letra, que se enmarca en cómo la codicia nos aleja de nuestra esencia natural o animal.

Otro de los adelantos previos al lanzamiento de “The Ninth Hour” fue Life, track que sube el grado de intensidad en todas sus líneas –sobre todo en la parte instrumental de los solos y coro–, nos acerca lentamente a lo que esperamos normalmente de Sonata Arctica. Hasta que llegamos a un golpe certero con Fairytale, que es una composición que logra el sonido y fórmula con la que esta agrupación encantó en un momento a su público. De corte melódico y mayor peso, Fairytale mantiene la expectación y sorpresa a medida que avanza. Un coro muy bien logrado es solo un excelente puente para lo que se viene. Excelentes cambios de ritmos, cortes y densidad en los solos. Realmente se puede considerar que Fairytale es un tema redondo, un gran momento de “The Ninth Hour”.

Que quede claro que no siempre se le pide velocidad a una banda para considerar una canción buena o mala, una composición puede tener intensidad y conmover siendo de perfil veloz o lenta, con peso o suave. Y es precisamente lo que Sonata Arctica nos trae con We Are What We Are. El elemento adicional, como el sonido de una flauta en su comienzo, genera una conexión especial y un ambiente ideal para hablar de nuestras raíces olvidadas. Acá la intensidad se hace latente en un sentido y bello coro.  La emocionalidad es la constante durante todo el tema, otro gran momento del disco.

El vuelco a la fuerza, con mayor velocidad y agregando elementos progresivos en el desarrollo de su composición llega con Till Death’s Done Us Apart. Acá el factor sorpresa se ocupa bastante en cambios drásticos de intensidad, tanto instrumentalmente como en la faceta interpretativa de la voz. Una atractiva composición que saca a lucir los ingredientes nuevos, para la fórmula final de este disco. No es una canción en la que se puedan apreciar todos sus colores y matices a la primera, por lo que se recomienda darle más de una vuelta. Resultará una atractiva composición.

Bajamos la velocidad y escuchamos a Among The Shooting Stars. El medio tiempo domina durante todo su desarrollo, pero lamentablemente volvemos a la falta de sorpresa. De cualquier forma, siempre es una fórmula efectiva cuando se trata de aludir a la nostalgia en este tipo de composiciones, representada en la imagen del característico lobo de Sonata Arctica.

Rise a Night es velocidad sin miramientos. Una receta conocida y necesaria si hablamos de unas de las bandas representativas del género. La faceta de los teclados de Klingenberg es fundamental, ya que es el bálsamo ante la velocidad en todas las líneas instrumentales. Rise a Night está bien lograda, si lo denominamos “el tema Power Metal”, que sí o sí debe estar en cada disco de los finlandeses.

En el camino experimental encontramos a Fly, Navigate, Communicate, canción que nos trae al paladar muchas sensaciones de cómo iniciamos esta revisión con Closer To An Animal, sólo que acá sí se logran pasajes más interesantes en cuanto a quiebres instrumentales, manejo de intensidad, pero sin brillar mucho en verdad.  En este camino, experimentando y buscando un sonido renovado sin abandonar su sello, rozan el Pop a momentos. Y lo siguiente, Candle Lawns, es una balada cautivante. Acá realmente la interpretación y letra logran conmover,  sobre todo en una narración que alude a como el tiempo va desvaneciendo momentos y situaciones en su pasar. Los matices emocionales están en una justa medida.

Uno los temas más llamativos a simple vista de “The Ninth Hour”, por su larga duración, es White Pearl, Black Oceans (Part II: By the Grace of the Ocean). La continuación de una gran composición, haciendo referencia a la original White Pearl, Black Oceans de “Reckoning Night” (2004) Sin lugar a dudas uno de los riesgos más grandes a la hora de desarrollar una obra extensa, es no caer en lo repetitivo o monótono, y lamentablemente esta segunda parte no estuvo a la altura de su predecesora. En un comienzo logra una atmósfera que cautiva pero que a medida que avanzan y avanzan los minutos se desvanece. No se puede negar la cantidad de arreglos y elementos presentes en esta canción, sobre todo a nivel sinfónico, pero esto no siempre es garantía de un buen resultado. El interés no era menor para ver como se resolvía esta gran historia, adentrada en el mar.

Llegamos al fin de “The Ninth Hour”  junto a On the Faultline (Closure To An Animal), una canción en cuya mayor parte sólo se aprecia la voz de Kakko acompañada del teclado de Klingenberg. Ideal para comenzar a despedir la experiencia entregada por la última placa de Sonata Arctica.

Podemos enmarcar este disco dentro de las obras donde la banda busca renovar su línea musical sin abandonar su sello y sonido característico, sin escatimar en riesgos con miras hacia el resultado final. Quizás confían en su fanaticada y por ende en una recepción incondicional. Personalmente siento que “The Ninth Hour”, pese a que no brilla, es un buen material que podría marcar un paso para un futuro disco que sí logre encantar como lo hizo alguna vez esta gran banda.

 

 

Hace algún tiempo que no revisábamos discos del recuerdo, y qué mejor momento para hacerlo que en medio de la conmemoración de los veinte años de “Holy Land”, el segundo disco de los brasileños de Angra, sin dudas una de las bandas más importantes de Metal salidas desde este sector del mundo, y que ha logrado desde sus inicios mantener un sello, una esencia, un “sabor” que los distingue palmariamente de otras grandes bandas del estilo. Esa influencia brasileña e indigenista de su música, junto a elementos progresivos y otros neoclásicos y sinfónicos, son parte relevante de una estructura diferente al resto y que incluso los ha hecho una agrupación más entrañable y querida que otras.

Qué duda cabe: “Holy Land” juega un papel determinante en el catálogo de los paulistas. Una placa que desborda inspiración por todas partes, desde el primer hasta el último segundo, por cierto con algunos momentos más destacados que otros –como todo en la vida–, y que de todas maneras consolidó en aquel tiempo lo sólidamente insinuado un fantástico primer disco como “Angels Cry”. Producido por Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth, a gusto personal, “Holy Land” es el disco donde Angra alcanza su madurez, encuentra definitivamente su sonido –que en su primera placa estaba algo más orientada a lo neoclásico–, toma mayores riesgos, busca ser un aporte innovador y nos regala joyas que perduran hasta el día de hoy.

Ya con su arte de tapa –con el mapa antiguo y la brújula en Brasil– y con los sonidos de la introducción Crossing uno ya puede ir haciéndose una pequeña idea de para dónde nos quieren llevar los brasileños, aunque sin lograr a esas alturas imaginarnos el nivel de aventura que nos harán vivir. Esta intro fue compuesta por Giovanni Pierluigi da Palestrina, compositor italiano del siglo XVI, y su nombre original es O Crux Ave, situándonos en la Europa de mitad del milenio pasado, poniéndonos la camisa con vuelitos escandalosos luego de pedirle dinero y especies valiosas a los reyes de turno y subiéndonos al barco para ir a encontrar nuevos mundos, con el sonido del mar y la lluvia torrencial.

La conexión de Crossing con Nothing To Say es estremecedora y es una declaración de principios de Angra: el teclado con su volumen creciente y, sobre todo, la percusión afro/brasileña, van a ser protagonistas durante gran parte del disco. Es increíble como un riff con solamente una nota es capaz de generar todo un ambiente y expectación, produciendo su primera gran explosión con la percusión/batucada que hace “terminar el inicio” de este tema, por decirlo de alguna forma. Ahí se quedan solos Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt para dar pie al movimiento más Power de esta obra maestra, donde ya el barco zarpa hacia nuevas tierras con el bajo potente de Luis Mariutti y la batería de Ricardo Confessori. Y qué decir del ingreso de André Matos, con sus agudos inconfundibles, irrepetibles y a estas alturas casi incantables, con un puente hermoso y un coro magistral y levantapuños con el “Living forevermore, leaving today / Back from this land, I’ve got nothing to say!!”. Los pasajes inspirados de este tema son demasiados como para relatarlos uno por uno, y es difícil priorizarlos, desde lo más Power europeo hasta el quiebre neoclásico tan “Angels Cry” y su final definitivamente perfecto. Demasiada música esto, pásenle la copa a los brasileños y vámonos todos para la casa, en serio.

El desafío de hacer un disco a la altura de un tema como el anterior era enorme, y Angra lo hace de buena manera con un corte de otra índole, como Silence And Distance, otra obra maestra pero cortada con un cuchillo distinto. Matos y el piano nos hacen creer que es una balada, y si lo fuera sería una muy bonita. Pero cuando el tema agarra intensidad con los instrumentos restantes se convierte realmente en otra cosa, una delicia con tintes progresivos, quizás un poquito menos “arrojada” que Nothing To Say pero de ninguna manera menos inspirada. El coro, francamente hermoso con la voz de Matos acompañada por otras voces en segundo plano, también es de los momentos más fascinantes de este trabajo. Y terminar como al inicio también les funciona. Brillante.

Carolina IV, a criterio personal, es tranquila y simplemente una de las diez mejores canciones de Heavy/Power Metal de la historia, y quien escribe estas líneas es capaz de defender esta aseveración parapetándose con una AK-47 o de la manera que sea necesaria. Con este metafórico viaje a bordo de una carabela llamada Carolina IV, a la usanza de las embarcaciones de aquellas épocas con nombres femeninos, la exploración de Angra alcanza otro nivel, no sólo por los sonidos tribales y las incrustaciones neoclásicas, sino que acudiendo además a un coro que le canta a Iemanjá, o Janaína, que es una “orisha” ancestral de la religión yoruba africana, trasladada a América en el tiempo del tráfico de esclavos, que simboliza a la reina de los mares y que quiere decir algo así como “madre cuyos hijos son peces”.

A estas alturas si una persona está leyendo estas líneas sabe de qué tratan los diez minutos de Carolina IV y esta reseña no pretende ser tan descriptiva, pero si hay un concepto con el que uno podría intentar definirla es el de sincretismo musical. El sincretismo –muy básicamente– es un concepto que generalmente se aplica en el ámbito religioso, con la unión y comunión de dos o más rasgos muy diferentes, y ejemplos tenemos varios, especialmente con la llegada del cristianismo y la adaptación de cultos ancestrales a sus normas, como lo que se ve La Tirana o las misas en Isla de Pascua con rituales Rapa Nui. En Carolina IV los elementos clásicos, progresivos, tribales y por supuesto de Heavy Metal encuentran una amalgama sin igual, una obra maestra irrepetible, y nos lleva a tomar un río hacia el cielo cada vez que tenemos la suerte de escucharla. Sólo aportar con un dato que no mucha gente sabe: la sección ultra brasileña en flauta que comienza pasados los 4:18 es una referencia/homenaje a la canción “Bebê”, del compositor y multiinstrumentista brasileño Hermeto Pascoal. Modestamente les sugiero que busquen alguna foto en Google del compositor y es ver al Viejito Pascuero tocando acordeón, es una cosa entrañable.

Pero volvamos al disco. Es claro que Holy Land es una canción que sería prácticamente imposible de incluir en algún otro disco de Heavy Metal de la historia, o que al menos suene armónica y contextualizada. Pero no sólo en este disco cabe perfecto, sino que además el disco se llama así, lo que le da otro brillo y la hace aun más “defendible”. Porque es cierto que no es una canción derechamente de Metal, quizás ni siquiera sea de Rock, pero más allá de las etiquetas, es un tema que probablemente sólo podría haber compuesto Angra, y el sello de identidad de la banda está pocas veces mejor consagrado que en Holy Land. Con su ritmo atrapante, orgullosamente brasileño desde el primer hasta el último segundo –pese a ser cantada en inglés–, a no pocos metaleros fundamentalistas les provoca al menos alguna gana de mover la patita, por último a escondidas para mantener la imagen, no le contemos a nadie, pero seamos sinceros.

Quizás The Shaman no sea tan brillante como los temas de la primera mitad del disco, probablemente sea un poco menos fácil de escuchar que las anteriores, algo menos “oreja”, pero es un tema interesantísimo. Es posible estimar que es la canción más progresiva del disco. Ya los navegantes, luego de su larga travesía para llegar a la tierra santa, se encuentran con un chamán que les da un consejo tan sencillo como contundente: calentar el alma cuando el cuerpo se congele. La parte narrada (extraída del trabajo “Música Popular do Norte Nº 4” de Marcus Pereira) le aporta un aura más misteriosa a un tema con momentos muy altos, especialmente con el trabajo de las voces de Matos interpretando a distintos personajes en el precoro.

Make Believe es un tema realmente bonito, la primera balada del disco, probablemente con menos influjo tribal e indigenista que el resto de este trabajo, pero no por ello menos emotivo. Probablemente una crítica que se le pueda hacer al disco dice relación con el volumen del teclado de Matos en contraposición a las guitarras, apreciación que personalmente considero válida, aunque cuesta imaginarse a “Holy Land” con otro tipo de sonido. Y quizás sea en Make Believe donde ello sea algo más evidente que en resto de las canciones de esta placa. De todas formas el vuelo y la intensidad que va tomando el tema hacia el final no tienen desperdicio, particularmente cuando emergen las guitarras de Kiko y Rafa en plenitud. Ojo con la versión acústica también, que para varios es aun mejor que la original.

Probablemente Z.I.T.O. sea el tema más clásicamente Power de todo el disco. Con su inicio a percusión y teclado que dan un aura de viaje misterioso, nos lleva a un ritmo Power prácticamente incesante. Quizás para algunos los agregados de teclado en los riffs estén un poco de más, pero personalmente me parecen increíbles y precisos. Y qué decir del coro con su “Like a teenager discovery / What’s more delightful than this? / Try to remember how good it was / Feeling the life as it is / To believe!” con las segundas voces apoyando, siguen siendo estremecedoras pese al inexorable paso del tiempo. Ojalá algún día sepamos lo que realmente quiere decir “Z.I.T.O.”, un secreto bien guardado por la banda y respecto del cual han circulado diversas versiones, nunca confirmadas, como que sería la sigla de “Zur Incognita Terra Oceanus” (sigla que parece algo acomodaticia al concepto del disco), o que se refieren al diminutivo de un conocido (cosa que parece más probable tomando en cuenta los diminutivos en portugués, de hecho al exfutbolista Zico le dicen así porque se llama Arthur Antunes Coimbra y de pequeño le decían Arthurzico). Aunque quizás sea mejor que siga siendo un misterio.

Deep Blue no es una balada común. La influencia de la música sacra de hace varios siglos es muy evidente, aunque obviamente modernizada, primero con la voz de Matos y luego con el desarrollo instrumental. Uno realmente puede imaginarse observando la inmensidad del mar, sin más compañía que uno mismo, reflexionando acerca de la vida y pensando como dice el coro: “Waiting for someday when the ocean and sky / will cover up the land in deep blue / Renaissance is over and I wonder: / Should I always be the same once again?”. La influencia sacra se nota muchísimo en el comienzo y sobre todo hacia mediados del tema con los arreglos corales, con esa lentitud y pesadumbre que confirman el aire de espiritualidad reflexiva de esta canción.

La bella balada acústica Lullaby For Lucifer, con la guitarra de Bittencourt y la voz de Matos, junto el sonido de las aves y el mar, en poco más de dos minutos cierra las puertas, con delicadeza y sensibilidad, a un trabajo atrevido, definidor del sonido de la banda e incluso vanguardista. Los créditos no van sólo para los cinco músicos y la producción, sino que además para toda la amplia serie de músicos que colaboraron con instrumentos tan ajenos conceptualmente al Metal como el berimbau, el djembe o el didgeridoo, por sólo nombrar algunos.

Personalmente, conocí a la banda en esos años, cuando su “último” disco era precisamente este, antes de “Fireworks” y por lo mismo antes que vinieran a Chile, lo cual es algo que ayuda a decir que es una placa que ha envejecido muy bien, que como decíamos, desparrama inspiración en prácticamente todas las canciones, y que pese a sus increíblemente múltiples influencias, Angra fue capaz de hacerlas sonar como un todo compacto, hacerle sentir al oyente que todas partes, por diversas que sean, forman parte de un mismo contexto. Un disco maravilloso, alucinante y extremadamente valiente, y que con justos merecimientos es calificado por muchos no sólo como el mejor disco de la banda, sino que uno de las mejores placas del Heavy/Power Metal, al menos de los años ’90. Para disfrutarlo por siempre.

 

 

Tras una extensa, exitosa y bella gira junto a Avantasia, el multifacético Oliver Hartmann vuelve a estar en nuestro foco con esta nueva placa llamada “Shadows & Silhouettes”, quinto disco solista del alemán, cuya tendencia en esta faceta siempre ha sido sorprender mostrando un sonido particular y personal, sacándonos de los márgenes sonoros en los que por naturaleza esperaríamos escuchar, tanto como vocalista o guitarrista, lo cual no es, ni ha sido para nada algo malo ni mucho menos decepcionante.

En “Shadows & Silhouettes”, Hartmann cuenta en su cuerpo instrumental con  Markus Kullmann en batería, en bajo Armin Donderer, el bosnio Jimmy Kresic en teclado y Mario Reck en guitarra. La voz principal, además de su rol como guitarrista, por supuesto está a cargo del señor Oliver Hartmann.  La producción musical estuvo en manos de un especialista, nada menos que Sascha Paeth.

El disco cuenta con un diseño de carátula muy bien logrado en base al título elegido. En un tablero de ajedrez sólo se aprecia la pieza de un caballo, cuya silueta es simplificada para la dinámica del juego, pero si proyectamos su sombra, ésta se refleja en todo su esplendor corporal. Muy sugerente para lo que nos podemos encontrar musicalmente.

En sus cuatro trabajos anteriores como solista, Hartmann quiso desarrollar un sonido más íntimo en sus composiciones, tanto en lo instrumental como en sus letras. No era tarea fácil salir de un sonido tan identificado en el Power Metal sin perder su esencia. “Shadows & Silhouettes”  viene a mostrar este sonido y lado más íntimo, definido en un Rock melódico de tremenda calidad, mostrando elegancia, prestancia y una madurez musical para disfrutar. El Rock llevado a tres ejes es lo que encontraremos en este disco: alegre, nostálgico e intenso, y también nos llevará por sonidos netamente acústicos.

Shadow In My Eyes es una canción a lo más escuela de Kansas, en donde la calidad interpretativa de Hartmann y los sutiles arreglos en teclado embellecen la composición. En la misma línea acústica tenemos a The Letting Go y Still The Same. Con la presencia de un sonido Folk elegante y alegre, cierra esta performance acústica When Your Mama Was A Hippie.

La nostalgia se hace sentir fuerte en “Shadows & Silhouettes”  junto a canciones como Glow y Jaded Heart, que realmente estremecen. Este último es un tema que va progresando en su intensidad, y la cantidad de elementos instrumentales se funden en un coro genial. Esta estructura para llevar las emociones de menos a más lo hace uno de los temas más atractivos del disco. El solo de guitarra es preciso y perfecto para lo que transmite un corazón cuando ya está fatigado.

Otro momento íntimo llega con el corte finaliza el disco, Last Goodbye. Acá predomina un camino armado por el teclado. La voz de Hartmann desenvuelve todos los colores que se hacen presente en una despedida, siempre cargado al tono nostálgico que por naturaleza tienen estos momentos y situaciones. Esta canción cuenta, a parecer personal con el mejor solo de guitarra.

El comienzo del disco, es contrario a los momentos revisados hasta aquí. Un Rock melódico y alegre da inicio a “Shadows & Silhouettes”: Irresistible da rienda suelta a una calidad vocal a la cual nos tiene acostumbrado Hartmann, ya a estas alturas en todas sus facetas.

Con dinamismo y magnetismo el Rock sigue sonando en High On You, que con una línea de composición motivadora y de simples arreglos toma de la mano a Amazing, otros de los temas al cual se le puede atribuir unos de los momentos más altos del disco. En Amazing se conjugan los tres ejes o principales elementos mencionados en el inicio: cuenta con un coro alegre, sus estrofas navegan por la nostalgia pero sin abandonar la intensidad. Una gran pieza de Rock, como I Would Murder For You, donde la intensidad se hace aun mayor y Hartmann da rienda suelta a la rapidez, lógicamente dentro de los márgenes definidos en esta revisión.

Cerraremos la revisión del camino de las doce canciones que trae “Shadows & Silhouettes” con Too Good To Be True, ya que es una composición que está potenciada por un overdrive en guitarra. No muchos se atreven a caminar por este sonido que a momentos suena muy limpio, y en otros otorga la suciedad justa para dejar expuestas debilidades o precisiones de los guitarristas. En este caso son sólo precisiones para acompañar con fraseos a cada final cantado por Hartmann.

La versatilidad presente en “Shadows & Silhouettes” sólo nos habla de la calidad, madurez y las ganas de querer compartir con todos, la tremenda experiencia que a través de los años Oliver Hartmann ha podido reunir. La forma de disfrutar la música en sus diferentes facetas e intensidades, se logra percibir de una manera natural, tanto en su sonido e interpretación.

 

 

Hace un tiempo ya que venimos hablando respecto a la gran cantidad y calidad de producciones nacionales que el Metal nos viene dejando en distintos estilos, especialmente desde el 2015 y lo que ya llevamos de 2016, lo que nos demuestra varias cosas como, entre otras, que las bandas se lo están tomando realmente en serio y que la producción de calidad se va haciendo más y más accesible, permitiendo contar con álbumes que no tienen prácticamente nada que envidiar a producciones extranjeras.

En la vena del Heavy Metal más tradicional podemos encontrar a los muchachos de Ikelós, quienes ya llevan algunos años dando vueltas en el circuito muchas veces reconocido como underground, de hecho, hace un par de años ya nos habían regalado su primer demo “Into The Nightmare” (2013), ofreciéndonos tres tracks más una intro que dieron de qué hablar, por lo que muchos esperaban ansiosos el anunciado EP que revisamos hoy. “The Presence” (2016) llega de la mano del sello español Metal Crusaders, trayéndonos cuatro canciones nuevas y la remasterización del primer demo.

Todo esto comienza con la tremenda Ikelós, la que abre con una guitarra cadente que nos introduce en un mundo de pesadilla para ser acompañada por un armónico de guitarras donde Javier Alvaradejo y Diego Sánchez dan un buen aviso respecto a de qué se trata este “dios de las pesadillas”. Con un ritmo galopante y agresivo, sumado a una melodía oscura y medianamente pesada, nos dan un paseo por un universo bastante macabro donde, si bien utilizan una fórmula sencilla, mantienen una potencia y una capacidad de integrar elementos originales que vale la pena disfrutar varias veces, especialmente considerando el registro vocal poco común en el Heavy Metal que nos entrega Jaime “Violent Mind” González, ya que si bien las líneas vocales no presentan gran complejidad, logran su objetivo de principio a fin.

Continuamos con The House Of Horrors, la que nos mantiene en este submundo pero con un poco menos de miedo, con más ganas de enfrentar la casa de los horrores que salir corriendo para rápidamente darnos cuenta que estamos atrapados, que esta mansión y lo que dentro de ella nos esperaba quiere consumirnos totalmente, un efecto tremendo que se ve magnificado aún más al momento de combinar una especie de solo de guitarra con la voz de Jaime entonando el coro, una combinación tremenda que nos da paso a una risa enferma, un puente instrumental y finalmente la sección de solos donde definitivamente terminan de lucirse las guitarras, además de la tremenda base rítmica que logran César Mogollones en las cuatro cuerdas y Manuel Aniñir en los tarros, ascendiendo en un espiral de locura hasta desencadenar en el final, una tremenda pieza que fácilmente podría considerarse la mejor del disco.

Puro Heavy Metal nos golpea la cabeza cuando arranca Nanjing, la que nos cuenta un poco la historia de la masacre que el imperio japonés desató en la ciudad china con ese nombre después de la caída de Shanghai, una verdadera montaña rusa de sonidos, velocidades y ritmos que te llevan a un viaje igual de vertiginoso a través de distintas emociones, con líneas líricas muy bien elaboradas y una composición que demuestra de qué están hechos estos muchachos, además de una ejecución tremenda que moviliza a cualquiera, es simplemente cosa de observar cuando esta canción suena en vivo, el recibimiento que tiene del público es fenomenal. Es sumamente interesante como un tema con esta velocidad y agresividad puede a la vez despertar tanta melancolía y, creo, eso lo logran por la tremenda combinación que logran entre la rabia de la música y la tristeza de la letra. Simplemente una obra maestra.

El último tema nuevo que la banda nos comparte es la un poco más hardrockera Deep Dream, la que de entrada presenta una grave falencia para mi gusto y es la monotonía de la línea vocal. No obstante, es una muy buena pieza en lo musical, con un interesante cambio de ritmo que pasa de la velocidad inicial a un genial lento fúnebre con líricas más recitadas que cantadas, dándole un poco más de dinamicidad al track, lo que se mantiene posteriormente en un pasaje midtempo que permite disfrutar el tema en su conjunto, especialmente las secciones instrumentales, donde las guitarras se lucen en demasía aprovechando la base rítmica poderosa para terminar de golpe, dando un final a lo que sería el EP propiamente tal.

Entonces nos encontramos con los temas que conformaron el demo debut de estos muchachos, al que no nos vamos a referir en esta oportunidad porque ya lo revisamos en su momento pero puedes volver a leer el review aquí. Pero sí nos referiremos al porqué de su incorporación en este nuevo lanzamiento: en este sentido, el demo fue remezclado y remasterizado por Cristóbal Espinoza durante el 2015, logrando un producto con algunos cambios que no son perceptibles a una sola escucha, pero con un poco de atención es posible notar la mayor profundidad en los sonidos, tanto en los instrumentos como en la voz, lo que se evidencia en que los temas grabados para este EP y los remezclados del demo suenan con la misma calidad y ecualización, siendo un tremendo acierto el haber tomado esta decisión. Presenta una variación en el tracklist, siendo en este caso Intro, Growing Fear, Into The Nightmare y Dreamcatcher, siendo el cambio la inversión de los dos últimos temas.

Desgraciadamente debo comentar que se repite un detalle negativo que es altamente común en las bandas chilenas: me refiero a la mala pronunciación del inglés. Si bien la dificultad para componer en inglés es considerablemente menor que la existente para componer en español (probablemente por un tema de adecuación de tempos, sobre todo), y el grabar en inglés facilita la posibilidad de abrir un mercado extranjero, creo que es importante entender la importancia de una buena pronunciación del idioma, es un detalle mínimo quizás, pero creo que necesario.

Se podría decir que estos muchachos ya están listos para un largaduración y esperemos puedan lanzarlo sin tanta espera, especialmente ahora que cuentan con el apoyo de un sello, porque merecen ser escuchados en distintos lugares con su carga de Heavy Metal tradicional y llevar a todo el mundo a pasear por sus dominios. Por ahora, manténganse atentos a las fechas en vivo de Ikelós y busquen este material que no creo pueda decepcionar a nadie, porque el dios de las pesadillas busca nuevas víctimas y tú debes ser la próxima.