Desde la mítica cuidad sueca de Gotemburgo nos llega el primer trabajo de la joven banda de Power Metal Vandor. Este álbum debut titulado “In the Land of Vandor” ha sido autoproducido por la banda, quienes aclaran no haber utilizado ningún tipo de trucos en la grabación y edición del disco. La banda fue fundada por los hermanos Vide Bjerde (voz principal y guitarra) y Alve Bjerde (bajo y coros) el año 2015. Luego de audiciones la formación fue completada por Jack L. Stroem (guitarra principal y coros) y Uno Rosengren (teclado y coros). A ellos se suma el respetado baterista de sesión Robin Risander. El disco fue mezclado y masterizado en los Estados Unidos por Jason Carter en los estudios Wavelength. La llamativa carátula fue diseñada por el artista Vincent Wennerström.

El disco abre con una corta introducción de teclado llamada Dark Times, con un tono lúgubre que recuerda la música de juegos de Super Nintendo como Castlevania y que prepara el ambiente para el primer cañonazo de la jornada. Nos referimos a Wrath of The Night, canción llena de energía y melodía, en la vena Power Metal europeo de finales de los ’90. Mucho doble bombo y acelerados solos de guitarra y teclado. Desde el comienzo destaca el trabajo de voz de Vide y las voces de acompañamiento. Lo que descoloca un poco es el interludio, donde aprietan el freno de forma repentina e incorporan un ritmo reggae y un sonido de teclado a estilo Marillion ochentero que quedan un poco fuera de lugar. Hacia el final el tema retoma su momentum.

Continúan a toda velocidad con Beneath The Sky, canción disponible en plataformas de streaming desde diciembre pasado. Este es un tema de corte clásico que también recuerda la mejor época del Power europeo. El sonido de bajo de Alve es demoledor, recordando el estilo y la técnica de Markus Grosskopf, junto a la sólida dupla de guitarristas que también hace de las suyas con riffs a la Helloween de los 80. Un acierto y una muestra de su determinación por traer el Power Metal más clásico de vuelta. Warriors of Time por su parte, tiene un comienzo en falso muy melódico, agarrando vuelo y luego desacelerando. Vandor no tiene miedo a experimentar con bruscos cambios de intensidad que te mantienen aferrado a tu asiento mientras ellos conducen. La línea vocal es una de las más destacables del álbum.

Luego es el turno de Possessive Eyes, quizás la canción más comercial y contagiosa del disco, también disponible en streaming. Desde esa intro juguetona de bajo y ese melódico riff de guitarra inicial, es un tema que se impregna inmediatamente en tu cerebro. Creo que he tenido el coro repitiéndose en mi cabeza por una semana desde que lo escuché por primera vez. Pero no todo es pomposidad, Vandor también tiene sus raíces progresivas y arremeten con Uncover The Earth, una canción de más de trece minutos. Lleno de cambios de atmósfera, este tema demuestra una tremenda confianza por parte de la banda en sus capacidades a la hora de componer y ejecutar piezas musicales más complejas. El segmento acústico con la hermosa voz invitada de Anja Hedenskog le añade incluso más matices a esta épica obra.

Serving Their Need es una canción de medio tiempo en la que predominan los teclados y los juegos de voces. El registro vocal Vide en esta canción es un poco más grave y relajado, sintiéndose a la vez más natural y menos forzado que en el resto del disco. De todas maneras, basado en los videos en vivo de la banda que circulan por internet, Vide es capaz de alcanzar los tonos agudos sin problema. Puntos extras además por tocar la guitarra al mismo tiempo como si nada. La colaboración de Anja le agrega nuevamente más colores a la paleta musical de Vandor. With Bleeding Hands I Stand es una correcta balada con interesantes arreglos vocales e instrumentales, pero que en líneas generales quizás falla un poco en sorprender o resaltar entra las otras canciones.

En The Land of Vandor nuevamente pisan el acelerador hasta el fondo sin misericordia. La melodía y la estructura le dan una estampa de himno de guerra, pero sin caer en excesos o clichés, haciéndolo uno de los temas más destacables del álbum. El agudo grito de Vide en la sección final de la canción te pone una vez más los pelos de punta antes de concluir. In The Shadows es la outro, nuevamente basada en teclado y con una suave lluvia que traen de vuelta la calma luego de esta exhibición de majestuosidad. Cuando creíamos que todo había acabado, nos sorprenden con una pista escondida. Se trata de una versión acústica de Possessive Eyes, con la que se aseguran de que te aprendas el coro si es que no lo agarraste a la primera.

Tenemos en frente a una verdadera promesa del Power Metal sueco, que trae a colación los elementos más característicos de la época dorada de este subgénero musical. Lo que les falta en producción y en experiencia lo compensan con energía y pelotas para atreverse a hacer Metal clásico, honesto y a la vena. Se agradece que mantengan un sonido orgánico y sin abuso de técnicas de estudio. Luego de este prometedor debut, estos jóvenes guerreros nórdicos no descansan y ya se encuentran preparando su segunda entrega. Además, han anunciado el lanzamiento oficial de la canción Well of Salvation que contará con la colaboración de Tommy Johansson, guitarrista de Sabaton. Quedamos atentos a las noticias de Vandor, y esperamos que adquieran suficiente popularidad para verlos de gira por Europa y por qué no, en Sudamérica.

Review: David Araneda

El Metal chileno siempre será, en buena parte, una de las principales razones de ser de este portal. Precisamente por eso se busca estar atentos y apoyar con la difusión del trabajo de nuestras bandas connacionales puedan lograr lanzar en un negocio tan ingrato como el de la música en Chile. En ese sentido varias bandas han logrado mantener vivo el espíritu y el sonido del Power Metal en nuestro terruño y entre ellas destaca Resilience, banda que ya lleva media década regalándonos material de muy buena calidad entre un single, dos EP y dos larga duración.

Por eso su plan funcionó de maravillas cuando nos sorprendieron a todos a finales del pasado 2018 con el lanzamiento imprevisto de “Renacer”, un nuevo EP que en cuatro tracks nos regalan su nueva propuesta en la que destacan la incorporación de Rodrigo Varela (Maze, Húsar) en las voces, el regreso del tecladista Elías Martínez (Elías, Vellatore, ex Ethernia) a la banda y la llegada de Nicolás Vásquez (Fireland, The Power Of The Pudú) en las guitarras, quienes se reúnen con Marcelo Oyanadel en las cuatro cuerdas y Hugo Ibarra en la batería para traernos este nuevo material.

Todo esto arranca con Instinto Siniestro, con una reposada entrada en piano nos da paso a un riff pesado, potente pero a la vez tranquilo, con una Varela que desde el primer minuto deja claro porque fue el elegido para continuar con la historia musical de esta aún joven banda. Una midtempo que si bien no logra impresionar mayormente por no presentar alguna novedad mayor, es una tremenda composición, especialmente las líneas líricas y la sección de solos que incluyen al teclado de Martínez, donde junto con Vásquez muestran hasta donde puede llegar el Power Metal chileno, porque la base rítmica que nos regalan Ibarra y Oyanadel terminan haciendo cuajar un tremendo himno.

Esto continúa con Revolución, la que arranca con la música sonando a lo lejos a través de un equipo de mala calidad, con un riff altamente metalero, muy Heavy ochentero pero con todos los aires de frescura que nos puede traer este tiempo. Un llamado a, precisamente, armar una revolución contra el destino y el sistema, con tremendo desempeño de todos, nadie se queda corto aunque lejos el trabajo de Varela puede tomarse como uno de los más notables, especialmente al considerar la evolución de la banda, sin dejar de lado que la reincorporación de Martínez le da un toque de Power Metal incluso a este que es puro Heavy.

Como alguna vez antes lo dijimos en algún review, un disco de Power Metal no es tal si no tiene una power ballad. Bueno, Nada Más es precisamente la confirmación de aquella idea y acá el trabajo de Martínez y Varela en conjunto es la demostración pura que en Chile tenemos buenos músicos, que la velocidad no lo es todo, que la potencia y “lo pesado” no es lo único que forma parte del Metal. Aunque deja un poco un poco triste al terminar de escucharla, nunca está demás darse un respiro y este track nos da ese espacio.

Como dijimos, esto se trata de un trabajo corto y, como tal, termina con Renacer, la que abre con un toque espacial de la mano del teclado de Martínez, no suena totalmente cómodo porque se aleja un poco (quizás bastante) del Metal que esperaríamos, pero no alcanza a avanzar ni un minuto de canción y ya tenemos un tremendo track de Power Metal que no abandona esa ambientación espacial, con una base rítmica tremenda, debo decir que tal como me gustan, con quiebres rítmicos y diversos juegos de batería a lo largo del tema, pasando por distintos momentos y ambientes. Los solos de teclado y guitarra para qué decir, simplemente un lujo de composición que en algún momento lleva a recordar un poco lo que están realizando bandas como The Night Flight Orchestra,pero esto es claramente Power Metal.

Como esto no termina hasta que termina, este trabajo termina con un bonus track que corresponde a una nueva versión 2018 de Ecos de tu Nombre, canción que forma parte de “Contra el Viento” (2016), el último larga duración de la banda del 2016. Quizás no sea correcto comparar las versiones toda vez que no son las mismas personas quienes están detrás pero no se puede negar que, al menos en cuanto a producción, esta nueva versión suena mucho mejor y, hay que decirlo, la maduración de cada uno de estos nuevos miembros tanto como los antiguos más la calidad de cada uno nos regala un tema de mucho mayor factura que el original, tanto en lo vocal como en lo musical.

Apenas diecinueve minutos dura este pequeño trabajo que nos regala un respiro de frescura en este verano caluroso (al menos en Santiago), ideal para ganarle a los tacos a la hora de ir al trabajo o para simplemente quedarse en casa o donde sea disfrutando del descanso, una inyección de energía de mano de uno de los mejores exponentes del Power Metal chileno de los últimos años que no defrauda en ningún sentido. En cada una de las composiciones se nota la madurez y la calidad compositiva y ejecutante de sus miembros y deja claro que tenemos Resilience para rato.

Al ser un trabajo tan corto, nadie puede negar que deja con un pequeño sabor a poco, deja ese bichito mordisqueando los oídos por querer escuchar más, especialmente cuando se considera que todo el proceso de preparación, grabación, edición y lanzamiento demoró tan sólo un mes… ¡Qué nos hubieran regalado si hubieran tenido más tiempo! Por ahora, sólo nos queda esperar que retomen fuerzas tras su gira por Colombia y nos regalen el tremendo de su nueva formación en vivo y en un nuevo larga duración.

Review: Sebastián Miranda

La banda sueca de Metal Progresivo Evergrey nos trae su undécimo álbum de estudio, titulado “The Atlantic” y publicado a través de AFM Records. Esta placa marca la tercera parte dentro de una trilogía acerca de la aventura de la vida, la cual comenzó en 2014 con “Hymns For The Broken” y continuó en 2016 con “The Storm Within”. La formación de la banda se ha mantenido sin cambios desde el comienzo de esta trilogía, dando cuenta de su cohesión. Durante este pequeño receso Tom Englund, el líder y vocalista de la banda, se unió también a las filas de la agrupación estadounidense Redemption en reemplazo de Ray Alder, para su lanzamiento de 2018 “Long Night’s Journey Into Day”.

Con respecto al concepto y temáticas de “The Atlantic”, Tom Englund comentó: “Se trata sobre las relaciones, la belleza y la oscuridad, sobre la fortuna y el duelo, sobre el amor, el odio, la desesperación, la dicha y todo lo relacionado con ello. La vida es un como un viaje a través del océano, con destino a una costa distante”. “The Atlantic” fue producido por el propio Englund junto al baterista Jonas Ekdahl, siendo mezclado y masterizado por Jacob Hansen. Por su parte, Giannis Nakos estuvo a carga de la interesante portada, dominada por tonalidades de amarillo y que nos muestra un pequeño bote navegando en una impetuosa tormenta, tratando de no sucumbir frente a la furia del mar.

El disco comienza sin mayores preámbulos con A Silent Arc, sencillo de adelanto lanzado ya en diciembre pasado. La canción abre de forma repentina con uno de los riffs más pesados de la discografía de Evergrey, y al entrar la voz llama la atención el furioso estilo vocal de Tom. Esta es una apertura bastante agresiva para los estándares de la banda, pero luego de la tormenta llega la calma y hacia el coro esta furia inicial se diluye en pasajes bastante melódicos. De inmediato se hace evidente el magistral manejo de los tiempos, los contrastes y las atmósferas por parte de Tom y compañía. En sus casi ocho minutos de duración, la banda despliega en esta canción toda su majestuosidad y clase.

Sin descansar retoman con Weightless, tema para el cual grabaron un videoclip en que la batería de Jonas Ekdahl se enciende en llamas, logrando un efecto visual alucinante. La canción abre con un rockero riff a medio tiempo, dando paso a una melódica y pegajosa línea vocal, con un coro de esos que te quedan dando vuelta en la cabeza desde la primera escucha. All I Have también abre de manera impetuosa, dando paso a un melancólico estribillo y un coro con tintes de pop casi romántico. Los sutiles cambios de intensidad y la sobriedad del estilo de Evergrey permite que no caigan en clichés, manteniendo su integridad musical. El trabajo de guitarras de Henrik Danhage y Tom Englund destaca hacia el final del tema.

A Secret Atlantis sigue un poco la misma fórmula anterior, es decir, comienza de manera furiosa e imparable, pero de a poco van pisando el freno en la medida que el tema progresa. Tom Englund aprovecha esta canción para explorar otras áreas de su registro, por momentos con tonos muy graves, pero alcanzando también otras notas bastantes altas. Las letras reflejan el dolor y la desesperación de estar en alta mar con la incertidumbre de no saber lo que nos depara el futuro. The Tidal es un corto instrumental a base de teclado en el que Rikard Zander muestra todas sus habilidades y que sirve como interludio antes de entrar de lleno en la segunda mitad del álbum.

End Of Silence es una canción de tono solemne, con una melodía muy nostálgica y un acompañamiento de piano sublime. El ritmo se mantiene bastante relajado la mayor parte del tema, tomado vuelo solo hacia el final en la sección instrumental en la que se fusionan las dos guitarras y el teclado, dando origen a fascinantes armonías. Currents fue el tercer adelanto de “The Atlantic” y funciona como una síntesis del álbum, resumiendo esa metáfora conceptual de la vida en el mar y la existencia misma, con sus dificultades y repentinos cambios. Sin llegar a provocar el mismo encanto que los otros dos adelantos, esta canción cuenta con interesantes arreglos de teclado, armonías vocales y solos de guitarras.

Departure es una de las canciones que más se destacan por su estructura, rompiendo la fórmula a que nos tenían acostumbrados. El comienzo es pausado y progresa poco a poco hacia patrones rítmicos más complejos, llenos de virtuosismo instrumental. En esta canción destaca el aporte del bajista Johan Niemann, dándole peso a las múltiples progresiones del tema. Y acercándonos al final de este viaje, el disco cierra con un par de temas que en mi opinión no alcanzan el nivel del resto. Primero tenemos This Beacon, que a pesar de su dramático inicio y metafórica letra, no ofrece grandes novedades. Para finalizar, This Ocean es un tema más enérgico y correcto en lo musical, pero que también deja un gusto a poco.

Si bien es cierto “The Atlantic” es un disco que va de más a menos, con un comienzo soberbio pero desinflándose un poco hacia el final, es también un lanzamiento que muestra por extensos momentos a Evergrey en la cima de sus capacidades y de su grandeza. Hay por lo menos cuatro canciones que están destinadas a convertirse en clásicos de la banda. Este álbum probablemente les abrirá el paso a nuevos horizontes, ya que la banda se embarcará pronto en una gira que los llevará por las principales ciudades de Europa y algunos festivales de verano, incluyendo el trigésimo aniversario de Wacken Open Air. Esperamos tenerlos también en Sudamérica algún día. Los reyes del Metal Progresivo sueco han llegado para quedarse.

Review: David Araneda

Nunca ha sido fácil escuchar un disco de Polímetro, pueden pasar meses o incluso años hasta que uno pueda dimensionarlo. Aquello va más allá de la naturaleza progresiva de su música, y se adentra en los sentimientos tan hondos que llegan a producir con sus canciones.

En lo musical, “Retrospectiva” es un trabajo que enseña todos los sellos característicos de la banda (los quiebres, los riffs, las voces, los patrones de batería, etc.), pero con una producción más moderna y recursos mucho más pesados, sin perder la sensibilidad ni profundidad que siempre han distinguido sus composiciones. ¿En las letras? Un esfuerzo conceptual que termina en un álbum lleno de dolor, oscurísimo, que llega a generar claustrofobia por la angustia y la pena que genera, sobre la experiencia de una familia separada -como tantas- tras el golpe del ’73 y la dictadura en Chile, no quedándose solo en retratar hechos conocidos, sino dejando al desnudo las secuelas de todas las personas retratadas con tanto cuidado por el conjunto.

Si habrá sido primero la idea de relatar una historia y a partir de ello empezaran a escribir la música, o viceversa, lo concreto es que el tracklist está construido en función de un concepto, lo que significa que nos encontraremos con intros, estructuras poco usuales en trabajos de temas individuales, lo que ya significa otra novedad con respecto a los lanzamientos anteriores. Sí, “Retrospectiva” es un conceptual hecho y derecho, que sin embargo es muy simple de entender en su historia, ya que solo hay que prestar atención a las letras para asimilarlo, sin la necesidad de parar en cada pista para leer notas aparte, como muchas veces podrá suceder en otros casos. Aquello, en todo caso, no quita que sea muy difícil escucharlo, justamente debido a la carga emotiva de esas letras tan simples en forma, pero tan duras en su contenido.

Las intros -así es, dos- de Semilla Consciente y Sueños nos advierten, desde el ánimo música, que “Retrospectiva” es un álbum bien planeado desde el punto de vista conceptual, pero que también es muy triste e intenso. Nos dejan en una posición de hasta desear que la banda y la historia tengan compasión de uno… y pues vaya que lo la tendrán…

Ahora, el comienzo de Fragmentos es una declaración estilística de principios de este Polímetro 3.0: un riff pesadísimo de Carlos Esquivel, seguido por el estruendo de los primeros y profundos baquetazos de su hermano Patricio, seguido por un despliegue heavymetalero moderno y aguerrido.

No solo se escucha más peso, también la producción es de corte mucho más moderno. En este aspecto, sorprende que la banda haya decidido cambiar de productor para este disco, pasando de Nicolás Arce (Húsar) en “El Laberinto de los Sueños” al estudio Espacio Yungay en “Retrospectiva”. El cambio trae consigo un elemento diferenciador y que llega justo a tiempo, porque de esta manera el grupo se distancia de lo hecho por Húsar y Ricardo Susarte en el proyecto de Ives Gullé. Y esto me parece muy importante, ya que el tercer trabajo de Polímetro no solo es conceptual, sino casi incluso una ópera, pues además una historia con varios personajes (como Húsar), con la distinción de que todos los protagonistas son interpretados por el mismo Susarte.

El sonido de producción, junto con las nuevas decisiones estilísticas como la guitarra con siete cuerdas de Esquivel y la interpretación del bajista Sebastián Poblete, le da toda una nueva dimensión a la presentación actual de Polímetro que brilla en esta pista, complementada con un coro aguerrido y melódico, riffs y patrones rítmicos que me recuerdan al Nevermore del «Enemies of Reality», para luego seguir con una sección instrumental ciento por ciento Polímetro, con todos los trademark que los fanáticos de esta banda adoramos… pero bajo la mirada de esta remozada propuesta. Otra forma de explicarlo sería diciendo que Carlos Esquivel sigue haciendo lo que siempre ha sabido hacer, los mismos riffs y quiebres que ya muy bien deben ser asociados a su nombre, aunque hecho mediante otro instrumento, si después de todo, una guitarra de siete cuerdas cuenta con toda otra lógica interpretativa.

Sin embargo, es en la pista siguiente, Destino 09.11, donde se revela el espíritu de este trabajo, uno que encierra dolor, tristeza, de una tragedia que rompe la inocencia, de optimismo que no sería correspondido por los eventos… si uno conoce el estilo de las letras de Polímetro, si uno recuerda algunas como «Tus eridas nunca cerrarán», y sabe cómo decantan las canciones de la banda, entenderá muy bien que la verdad de la frase de Amanda (la hija) «madre, él volverá, mi hermano también lo hará, ellos no hacen ningún mal, nos los devolverán» es otra. Y es ahí cuando a uno se le encoge el corazón, los dientes se aprietan, la quijada empieza a doler y la mirada se pone borrosa. Es un tema terriblemente doloroso, incontenible, que hace que la razón esté nublada cuando arriba la sección instrumental, que sinceramente cuesta mucho recordar después del golpe del inicio.

«Mi Amanda… te debo contar…» En Noviembre, los peores temores se hacen realidad, en una pista donde escuchamos a un Polímetro muy británico progresivo en su composición, algo similar a lo que nos tiene acostumbrados Threshold en este tipo de temas, una balada in crescendo que termina siendo uno de los grandes instantes de este trabajo. El solo de Esquivel es tan simple como bello, y no es el único de esta clase que regala en esta entrega.

Después de esta canción, el disco se vuelve emocionalmente claustrofóbico, desesperante en su historia, muy oscuro. Y es por esta carga que el álbum se torna difícil de escuchar. Aquí es cuando llega El Cubo, en que la sensación de encierro es palpable en todos sus siete minutos. Varias secciones instrumentales dejan poco espacio a las letras, pero cuando ellas salen, la angustia es capaz de capturarlo todo.

En Iluminados son los teclados de Mauricio Eyzaguirre y el ritmo trepidante de Patricio Esquivel los que se encargan de aportar un gran toque moderno, complementado por las marcas secas de Carlos Esquivel, y contrastado con las voces de Susarte que, como pocas veces en el pasado, incluye segundas voces y armonías. Al tercer minuto la pista hace un reset y parte con otros patrones intensos y de vanguardia instrumental, nuevamente sacando a flote ese sonido tan único que Polímetro ha sabido cultivar en cada trabajo, independiente de los matices que vaya añadiendo. Lo sobresaliente de esto es si bien los tres álbumes de la banda son distintos, todos comprometen elementos que hacen que el estilo sea sumamente consistente, sea el timbre de Susarte, los tiempos en las guitarras, los patrones en la batería, las letras, la construcción tan única de las frases… algo que hace que la música grite Polímetro a todas sus anchas.

Entre los nuevos elementos están las cuerdas, y Visiones da una gran muestra de aquello en su entrada, para luego romper con otra sección instrumental con marca registrada de Polímetro, en versión moderna y pesada, gracias también en parte al bajista Sebastián Poblete que particularmente brilla en esta composición, desde lo rítmico a lo melódico. «Otra vez, políticos vendiéndome», canta Ricardo acá en una especie de flashback a «Fábulas» del “Metrópolis”, algo que nos devuelve a la familia retratada en “Retrospectiva”, con dos de los protagonistas al final de sus fuerzas, aceptando lo peor después de pensar que podrían volver a sus seres queridos. La resignación ocurre en los segundos finales del tema, dejándote una sensación de amargura durante la primera parte siguiente track, Renacer. No obstante, en el camino nos recuperamos de la impresión, en especial cuando la composición toma fuerza y deja a Ricardo Susarte interpretando a Daniel (el hijo de la familia), enfrentando a su torturador.

El contraste se da en Todos Morirán, una canción pesada, más simple y directa, que no espera nada para sacar uno de los coros más memorables de la placa, tendiendo un puente a lo hecho hace unos años en “El Laberinto de los Sueños”. Ahora, a partir de Desaparecer, nos volvemos a encontrar con testimonios dolorosísimos, esta vez por parte de la madre, Elisa, un alma cansada por la ausencia de su marido y su hijo, que primero se aferra a la esperanza y después ella misma la tilda de ser una ilusión. El tiempo ha pasado y nada se ha cerrado, una vigilia que angustia, dentro de una composición que busca transmitir calma y calor sin respuesta.

Deja Vú (Santa María), en lo musical, vuelve a poner de lleno la marcha metalera de este disco que, varias veces, enseña los momentos más pesados en la carrera de Polímetro. Esta vez, el tema también es vistoso, vanguardista, con teclados y bajo de absoluta presencia, una letra oscurísima sobre recuerdos de un centro de detención en dictadura.

Ahora, quizás la composición más dura de “Retrospectiva” sea El Fantasma de la Esperanza, con una vida que se apaga sin haber tenido respuestas de lo sucedido. Se trata solo de un corte introductorio para el tema título y final del disco, pero desde el grito del inicio hasta su desarrollo con tintes nuevamente al estilo Threshold, pasando por uno de los mejores leads que Carlos Esquivel haya grabado en su carrera, la pieza pone los sentimientos de dolor a flor de piel. Esto, para cerrar el trabajo con un title-track otra vez pesado y lleno de recursos progresivos en su camino, pero siempre cercanos al oyente gracias la voz de Ricardo su interpretación de los personajes que acá se enfrentan: la madre y el traidor.

Lo que vemos en el tercer disco de Polímetro es una banda que se atreve a tomar riesgos, a hacer cosas diferentes y lograr que esos toques distintos sigan teniendo el sello de sus músicos. Pero, más importante que aquello, nos enfrenta a un lanzamiento muy crudo en su concepto, próximo, trágico, muy difícil de escuchar sin sentirse tocado. Por eso, será de esos álbumes que uno tendrá guardado, lo volverá a escuchar después de un tiempo y provocará nuevamente los sentimientos que genera. Imposible quedar indiferente ante una obra de este tipo, y solo los años dirán en qué lugar quedará dentro de la discografía del metal chileno y de la propia banda. Mientras tanto, “Retrospectiva” revuelve el piso y deja algo más que música…

Jorge Ciudad

La banda sueca de Death Metal melódico Soilwork acaba de lanzar su undécimo álbum de estudio titulado “Verkligheten” (“La Realidad”, en sueco) a través de Nuclear Blast Records. Para los fans de esta agrupación han pasado casi tres y medio años sin escuchar nuevo material de la banda desde el lanzamiento de “The Ride Majestic” en 2015, exceptuando la recopilación “Death Resonance” de 2016. En este tiempo algunos de los integrantes de la banda se han mantenido bastante ocupados en otros exitosos proyectos como la banda de rock melódico The Night Flight Orchestra, quienes han lanzado dos discos de estudio en este periodo y estarán presentes en la próxima versión del Wacken Open Air.

Además, durante este receso el baterista Dirk Verbeuren dejó la banda luego de doce años para unirse a Megadeth, entrando en su reemplazo su joven aprendiz de solo veintiséis años Bastian Thusgaard. Otro de los cambios en la formación de Soilwork fue la salida del bajista Markus Wibom, reemplazado por Taylor Nordberg. El resto de la agrupación se mantiene inalterada con Björn «Speed» Strid en las voces, la dupla de guitarristas Sylvain Coudret y David Andersson, junto a Sven Karlsson en los teclados. Tomando en cuenta el tiempo transcurrido, la creciente popularidad de The Night Flight Orchestra y los cambios de formación, las expectativas y la presión sobre “Verkligheten” eran bastante altas.

El disco abre con una corta pero peculiar introducción instrumental denominada Verkligheten, que marca un suave y sutil inicio para un disco que estará lleno de sobresaltos. El sonido de teclado se funde con el comienzo del primer tema propiamente tal: nos referimos a Arrival. Esta fue la primera canción de adelanto, lanzada ya octubre pasado como lyric video. Este corte nos muestra a Soilwork en todo su esplendor, con un sonido melodeath furioso con toques futuristas. El coro es épico, mezclando de manera excepcional las voces limpias y guturales de Speed. La pareja de guitarristas acompaña a toda velocidad y también se roba la película. Un gran comienzo para esta esperada placa.

Acto seguido, vuelven al ataque con Bleeder Despoiler, que comienza de forma prometedora con interesantes riffs de guitarra noventeros llenos de groove. Sin embargo, al llegar al coro la canción se vuelve un poco predecible y repetitiva, sin lograr quedarse registrada en la memoria del oyente. Full Moon Shoals, es por su parte mucho más pegadiza, con un coro casi pop en el que predominan las voces limpias. El sonido se acerca más al metalcore, el cual no es de mis subgéneros favoritos del Metal, pero que en el caso de Soilwork suena bastante auténtico. Hacia el final de la canción tiran toda la carne a la parrilla con ritmos acelerados y guturales por doquier.

The Nurturing Glance abre con guitarras limpias, dando paso primero a un riff melódico y luego a un estribillo de corte hard rockero, culminando en un pegajoso coro marca registrada. Tanto Coudret como Andersson se manejan a la perfección cuando se trata de mezclar distintos estilos de guitarra en una misma canción. When The Universe Spoke repite la fórmula de intro con guitarras limpias, pero en este caso estalla en un blastbeast alucinante, lleno de melodía pero con mucha agresividad. Es uno de los temas mejor logrados del disco a mi juicio. Puntos extras para Bastian Thusgaard, quien se mantiene preciso y sincronizado con el resto de la banda a pesar de la gran velocidad.

Stålfågel (“Pájaro de Acero” en sueco) es una de las más canciones interesantes del álbum, ya que se aleja bastante del sonido típico de Soilwork y se acerca más a lo que nos tienen acostumbrado The Night Flight Orchestra. Es un tema con estampa retrofuturista, desde la base de teclados ochenteros hasta su llamativo videoclip de animación. El trabajo de Sven Karlsson en los teclados es realmente sublime, creando una atmósfera única, épica y apoteósica. Como curiosidad, de fondo se escucha una voz gutural femenina y todos los dardos apuntan a que se trataría de Alissa White-Gluz (Arch Enemy), pero por momento esta información no puede ser corroborada de forma fidedigna en la red.

The Wolves Are Back In Town es un tema correcto pero que sufre por su posición entre canciones más interesantes, pasando un poco desapercibido. Witan es por su parte una canción que vuelve inyectarle frescura al disco, principalmente gracias a su contagioso coro, uno de los más efectivos del álbum. Y eso ya es decir mucho, ya que estos suecos no se miden al momento de ponerle extra-queso a los coros. The Ageless Whisper comienza con el suave mensaje de una chica y un ritmo relajado hasta explotar en un intenso despliegue de riffs, con cambios de intensidad además de un coro brillante, lleno de dramatismo. El breve interludio instrumental con toques jazz-fusión es impagable.

Needles And Kin es otro tema veloz, lleno de adrenalina y que cuenta con la colaboración de Tomi Joutsen de Amorphis. En el duelo de guturales el finlandés saca la ventaja con una voz más profunda y potente, pero Speed se luce en las voces limpias, un área que ha podido explorar sin culpas en su proyecto paralelo. La versión normal del disco cierra con You Aquiver, una canción de ritmo casi bailable, muy melódica y enérgica. Para los coleccionistas más acérrimos las versiones digipack y en vinilo doble incluyen también el EP “Underworld”, que contiene tres canciones inéditas (Summerburned And Winterblown, In This Master’s Tale y The Undying Eye), más la versión original de Needles And Kin.

En conclusión, “Verkligheten” es un disco extremadamente dinámico, paseándose con comodidad por innumerables subgéneros musicales. La variedad de estilos incorporados, la calidad de los músicos involucrados, juntos a esos pegadizos coros melódicos, hacen de Soilwork una banda sumamente atractiva para aquellos que mantengan sus mentes abiertas a una experiencia musical fuera de lo esperable. Quizás sin inventar nada nuevo, estos suecos han aprendido a mezclar los ingredientes de manera correcta para dar forma a un entretenido álbum que dará mucho que hablar durante este año. Probablemente no será el disco favorito de los amantes del Metal vieja escuela o más tradicional, pero uno asumiría que ellos tampoco le siguen la pista a esta banda hace mucho tiempo.

Review: David Araneda

 

Luego de su prometedor álbum debut “The Fire Within” de 2016, la banda de Heavy Metal Eternity’s End vuelve al ataque con su segundo lanzamiento de larga duración, titulado “Unyielding”. Este álbum viene con importantes cambios en la formación del grupo, comenzando por la salida del veterano vocalista inglés Ian Parry, dando el paso al brasileño Iuri Sanson (ex-Hibria). A esto se agrega la llegada del archiconocido Mike LePond de Symphony X, además de la incorporación de un segundo guitarrista fijo, el canadiense Phil Tougas. A ellos se suman los miembros fundadores Christian Münzner (guitarra), Jimmy Pitts (teclado) y Hannes Grossmann (batería).

Münzner, líder y compositor principal, explicó en una reciente entrevista que los cambios en la formación tuvieron que ver en parte con la nueva dirección musical del proyecto, queriendo llevar al extremo la técnica y la velocidad, con un enfoque más agresivo que en su disco debut. Además, estos cambios se vieron influidos por los proyectos a futuro de cada músico, ya que Eternity’s End es actualmente una prioridad para Münzner, quien incluso contempla la posibilidad de tocar en vivo con la banda. Por otra parte, tenemos cuatro nacionalidades en un grupo de seis integrantes, por lo que parece difícil reunirlos a todos al mismo tiempo.

Pero entrando de lleno en la música, el disco abre sin mayores preámbulos a toda velocidad con Into Timeless Realms, donde notamos de inmediato la intención de reinventar el sonido de la banda hacia un Heavy Metal más directo y menos rockero que “The Fire Within”. El tema nos noquea como un martillazo en la nuca y permite que los nuevos integrantes se luzcan. El aporte de LePond es claro desde el comienzo, con vertiginosos arreglos de bajo. La voz de Sanson también se ajusta perfecto a este nuevo sonido, alcanzando notas agudas solo audibles para murciélagos. Gran apertura para esta aventura futurista.

Cyclopean Force es la encargada de continuar la acción, y desde el grito inicial “All Right!” sabemos que nos espera una canción gloriosa y llena de energía. El ritmo es un poco más variado, pasando desde medios tiempos hasta explosivos segmentos de velocidad extrema. En la línea vocal predominan más los tonos medios, revelando otras áreas del registro de Iuri, que en este caso se siente más natural y menos forzado. Unyielding, tema que da el nombre a la placa, marca una pisada de freno y un descanso después de tan frenético inicio, permitiéndoles explorar el lado más melódico de su sonido.

Blood Brothers (The Oath), el primer adelanto del álbum, es un temazo de corte clásico con estampa épica y de batalla. Destacan las armonías de guitarra sincronizadas a la perfección de Münzner y Tougas, que parecieran haber tocado juntos toda la vida. El coro es pegadizo y las voces de acompañamiento recuerdan a HammerFall. Por su parte, Dreaming of Cimmerian Shadows es un interesante instrumental en el que profundizan en la parte técnica, con alucinantes solos de guitarra y con el inconmensurable aporte de Jimmy Pitts, quien se lleva los aplausos por su trabajo en los teclados. Son los mejores pasajes del disco.

Horizonless es una canción más calmada e introspectiva, que sirve para darle un poco de equilibrio y un respiro al disco, pero que al final de cuentas pasa rápidamente al olvido. Es uno de los puntos débiles del álbum en mi humilde opinión. Por el contrario, Under Crimson Moonlight es todo lo que esperamos de una obra del género Power Metal: veloz, pomposa y melódica, con un coro destinado a ser gritado con el puño en alto a todo volumen. La atmósfera es más cercana al disco debut de Eternity’s End, recordándonos también por momentos los primeros álbumes de Symphony X.

Si la idea de Münzner era explotar un sonido más agresivo y sin concesiones, Necromantic Worship es la perfecta declaración de principios para esta nueva actitud. La canción es brutal de comienzo a fin y en particular es destacable el trabajo de Hannes Grossmann en la batería, acompañando a la perfección los innumerables cambios de ritmo. Triumphant Ascent es una canción correcta de medio tiempo, aunque se siente por momentos repetitiva y falta de ese elemento sorpresa que hacen de una composición algo memorable. Quizás esta es una de las críticas que se pueden hacer de este trabajo en general, la falta de elementos innovadores.

La cosa mejora substancialmente con Beyond the Gates of Salvation, tema que cierra el disco y con la cual esta historia llega a su fin. Se trata de un bombazo nuevamente lleno de virtuosismo, velocidad y melodía. La estructura es más compleja que en el resto de las canciones, con un interludio de bajo y teclado en la sección central que es un verdadero manjar para los oídos. La edición japonesa del disco incluye The Arsenal como bonus track. Como curiosidad, esta canción fue cantada por Piet Sielck de Iron Savior, quien además coprodujo el disco. Tendremos que esperar un tiempo para escuchar este tema en el resto del mundo.

En resumen, “Unyielding” es un excelente sucesor para “The Fire Within” y marca una evolución hacia un sonido más directo y agresivo, dejando de lado las influencias más rockeras del primer álbum. A pesar de no ofrecer muchas novedades desde el punto compositivo, es una innegable muestra de virtuosismo y ejecución musical. Especialmente la pareja letal de guitarristas compuesta por Christian Münzner y Phil Tougas va a dar mucho que hablar entre los amantes del Power Metal de corte más técnico. Esperamos que las cosas se den para poder disfrutar en vivo la potencia de este interesante proyecto musical, que de a poco va tomando fuerza y forma.

Review: David Araneda

La banda japonesa de Heavy Metal Lovebites, compuesta exclusivamente por mujeres, acaba de publicar su segundo disco de larga duración y su cuarto lanzamiento en menos de dos años. Estamos hablando de “Clockwork Immortality”, continuación de “Awakening from Abyss”, lanzado recién el año pasado, y a los que se suman también dos EP. Las niponas han sabido captar la atención de la prensa especializada, obteniendo el premio a la Mejor Banda Nueva en los últimos Metal Hammer Awards y presentándose en la versión 2018 del Wacken Open Air frente a miles de fanáticos.

En un género musical mayoritariamente compuesto por músicos varones, es siempre interesante escuchar bandas de Metal integradas sólo por féminas. A pesar de haber muchas bandas de renombre internacional comandadas por vocalistas femeninas, son pocas las agrupaciones mainstream en las que todas las integrantes son mujeres. Si a eso le sumamos el factor exótico de provenir de Japón, hay muchas razones que hacen de Lovebites una banda interesante de escuchar. La formación actual está compuesta por Asami (voz), Miho (bajista y líder de la banda), Haruna (batería), Midori (guitarra) y Miyako (guitarra y teclado).

El disco abre con Addicted, que desde su técnica introducción en guitarra acústica nos deja claro que estas chicas van en serio, progresando de manera veloz hacia un ritmo Heavy Metal contundente y sin concesiones. El tema tiene un cierto aire a intro de Animé, la voz de Asami destaca por su potencia y no es excesivamente chillona para lo que podríamos haber esperado. Sin respiro continúan con Pledge of the Saviour, tema que fluye naturalmente con batería y guitarras galopantes a lo Iron Maiden, con un coro pegajoso y efectivo. Los vertiginosos solos de guitarras son también brillantes. Excelente comienzo.

Rising fue lanzada como single de adelanto en noviembre y fue acompañada por un vistoso videoclip grabado junto al mar. Es un tema bastante interesante, con una estrofa inspirada en el sonido de Stratovarius, pero en la que saben agregar sus propios elementos. Según Miyako, el interludio de música clásica es un tributo a Chopin. Seguimos con Empty Daydream, canción claramente más comercial, con contagioso ritmo Power pop/disco, una línea vocal irresistible e incluso una sección central con teclados techno. A pesar de la mezcla de estilos el resultado es alucinante, siendo uno de mis temas favoritos del disco.

Cuando piensas que las chicas van a pisar el freno, estas se lanzan al ataque sin bajar la guardia con Mastermind 01. Esto ya parece una declaración de principios, dejando en claro que no se vienen con juegos. El coro es bastante melódico pero a la vez es tan acelerado que logra mantener el momentum del disco. Las niponas llevan su actitud rebelde incluso al siguiente nivel con M.D.O., una verdadera patada en la quijada. Este tema es aún más feroz que el anterior, con riffs de guitarra y ritmo cercanos al thrash, con un coro incluso algo punkie.

Journey to the Otherside me dio la sensación de estar escuchando un poco más de lo mismo. No es una mala canción pero falla en sorprender luego de una seguidilla de temas buenos. Una de las más flojitas del álbum. La cosa se vuelve a arreglar con The Final Collision, que desde su comienzo con dramáticos teclados capta nuestra atención nuevamente y nos lleva en un viaje musical lleno de emociones. La dupla de guitarras se luce tanto en los riffs como en los solos. Debemos destacar una vez más el trabajo vocal de Asami, alcanzando notas altas sin perder fuerza.

Nos acercamos hacia el final con We the United, canción de corte Power Metal que parece sacada directamente de un álbum de Helloween. La estrofa y el coro son épicos hasta decir basta, convirtiéndose instantáneamente en un himno de batalla. Otro de los puntos altos del disco. Tal como en un episodio de Animé cierran con Epilogue, la canción más larga y también la única balada entre tantos temas rápidos. La voz de Asami brilla nuevamente, y el acompañamiento de guitarra y teclado son también soberbios. Les mentiría si les dijera que no me emocioné un poquito al escuchar esta canción.

Cuando ya pensaba que este 2018 no traería más sorpresas musicales, “Clockwork Immortality” fue un agradable descubrimiento. El disco es entretenido de principio a fin y derribó muchos de los prejuicios que tenía antes de escucharlo. Lovebites deja claro que no son un truco publicitario, evolucionando enormemente con cada nuevo lanzamiento. Junto a su llamativa imagen, creo que estas chicas tienen el potencial para ascender al mainstream del Metal en los años venideros. Quizás no sea la banda adecuada para los amantes del Metal más purista, pero es completamente recomendable para quienes estén dispuestos a disfrutar de unas chicas japonesas pateando traseros.

Review: David Araneda

Jon Schaffer es un tipo que sabe mantenerse ocupado. Luego del lanzamiento de “Incorruptible” en 2017 con su banda principal y el anuncio de fechas en vivo con Demons & Wizards para el próximo año, el mandamás de Iced Earth se reunió con algunos de sus viejos camaradas para regrabar una selección de canciones originalmente lanzadas en los tres demos de Purgatory. Junto a los miembros originales Gene Adam (voz) y Bill Owen (guitarras), la formación fue completada por el bajista Ruben Drake (Demons & Wizards), el baterista Mark Prator (ex‐Iced Earth) y el guitarrista Jim Morris (Demons & Wizards, productor de Iced Earth).

Hasta el momento, estos temas se encontraban disponibles solo a través de rudimentarias cintas auto producidas entre 1985 y 1987, sin haber visto la luz oficialmente. Las canciones están inspiradas en novelas y películas de terror, lo que da cuenta de la obsesión de Schaffer con estos temas desde el inicio de su carrera, lo que marca la antesala de “Horror Show” (2001), disco conceptual de Iced Earth . Algunos de los protagonistas de las historias de terror incluso se repiten, pero el sonido y estilo musical son completamente diferentes. Estamos hablando de un sonido más primitivo y técnicamente más rudimentario.

In Your Dreams da el comienzo a este EP, con un sonido de teclado espeluznante al cual se unen rápidamente las guitarras y la voz. El tema está basado en Freddy Krueger de la franquicia conocida en Latinoamérica como «Pesadilla», y la letra de la canción es por momentos un poquito embarazosa. A pesar de un largo periodo de inactividad, la voz de Adam se mantiene bastante semejante a las grabaciones originales de Purgatory y Iced Earth. El interludio le da un efecto dramático y digno del soundtrack de película de terror. En general, es un buen comienzo.

En seguida es el turno de Dracula, corte obviamente inspirado en el famoso conde de Transilvania. Es un tema de lento comienzo con guitarra limpia y voz tenebrosa, para luego dar paso a un grito estilo King Diamond y un acompañamiento claramente inspirado en Iron Maiden. Este tema fue lanzado como single de adelanto hace algunas semanas y nos daba una idea de lo que se venía. El coro es bastante pegadizo y los arreglos de guitarra muy bien logrados. Este es quizás el tema más destacable del EP y por esto es evidente que se haya lanzado con anticipación.

In Jason’s Mind es la tercera entrega de esta compilación, esta vez inspirada en el villano de la franquicia de películas slasher «Viernes 13». El sonido y el concepto del álbum nos llevan por momentos de vuelta a los años ’80, algo muy común hoy en día, con nostálgicas series al estilo de «Stranger Things» y múltiples remakes de películas ochenteras. La letra es nuevamente un poco ridícula, siendo claramente escrita por una mente adolescente. La melodía y la línea vocal de la canción son un poco repetitivas, pero el trabajo de guitarra y bajo me parecieron interesantes.

El siguiente villano en aparecer es Jack, el infame destripador de Londres. No confundir con el tema del mismo nombre que aparece en Horror Show”. Musicalmente esta vendría a ser una versión mucho más arcaica, con un sonido que recuerda a los discos iniciales de Mercyful Fate y Annihilator. A pesar de las claras influencias de otras bandas de Metal ochenteras en el sonido de Purgatory, la identidad de los riffs marca registrada de Schaffer ya se puede vislumbrar en esta canción. Otro de los puntos destacables del EP.

El disco cierra con Burning Oasis, otra que lleva el mismo nombre de una canción de Iced Earth, en este caso sacada del clásico “Burnt Offerings” (1995). La letra y la música son completamente distintas, y esta versión incluso difiere sustancialmente con respecto a la originalmente lanzada en el primer demo de Purgatory en 1985, que duraba diez minutos. En este caso, es un tema de casi seis minutos de duración, con un estilo más progresivo y complejo, acercándose al sonido noventero de Iced Earth. El trabajo de Ruben Drake en el bajo merece mención aparte.

En resumen, Jon Schaffer’s Purgatory EP es el perfecto regalo de Navidad para los fanáticos de la época temprana de Iced Earth, a la espera de nuevo material de la banda. A pesar de lo primitivo de las composiciones, este tratamiento con técnicas de grabación modernas permite hacerle justicia a estos temas, nunca antes lanzados de forma oficial. Quedamos a la espera de las anunciadas regrabaciones del catálogo inicial de Iced Earth, lo que abre una ventana a una posible reunión con Matt Barlow, sin olvidar tampoco el proyecto Demons & Wizards, del cual podemos esperar nuevo material en el futuro cercano.

Review: David Araneda

El pasado 30 de noviembre fue lanzada la segunda parte de la trilogía «Legend of Valley Doom», proyecto del noruego Marius Danielsen, vocalista y guitarrista de la banda Darkest Sins. Mientras que la preparación de la primera parte de esta entrega tardó casi una década antes de ver la luz en 2015, la secuela y parte central de la historia fue gestada en menos de tres años. A estas alturas, el concepto de «súper banda» de Metal con múltiples músicos de renombre invitados a participar en obras épicas conceptuales no es una novedad, con marcas establecidas hace más de veinte años como los son Ayreon y Avantasia. Este concepto se ha expandido incluso fuera de los límites del metal épico, con versiones más cercanas al thrash como Metal Alliance. De todas maneras, este tipo de proyectos siempre generan grandes expectativas entre los fanáticos, quizás por simple curiosidad.

En el caso de «Legend of Valley Doom Part II«, Danielsen se aseguró de reclutar una verdadera armada no solo de vocalistas, sino que también músicos de acompañamiento, incluyendo nada más ni nada menos que quince guitarristas y seis bajistas. La lista es interminable, pero en ella destacan nombres como Michael Kiske, Tim Ripper Owens, Blaze Bayley, Olaf Hayer y Mark Boals en las voces; Bruce Kulick y Matias Kupiainen en las guitarras; y leyendas como Jari Kainulainen y Magnus Rosén en el bajo. El puesto más fijo vendría a ser el del baterista Stian Kristoffersen (Pagan’s Mind), mientras que los teclados están a cargo de Peter Danielsen (Darkest Sins) y Steve Williams (Power Quest). Dada la enorme cantidad de músicos involucrados, por momentos se hace difícil identificar quién está cantando o tocando, por lo que vamos a destacar solamente las participaciones más reconocibles.

El disco abre con King Thorgan’s Hymn, tema introductorio que comienza con una narración que resume la primera parte de la trilogía. El narrador nos cuenta como la gente de Valley Doom se reúne para honrar la memoria del Rey Thorgan, quien se enfrentó de manera valiente al Dark Lord en la batalla de Bargor-Zun, siendo derrotado. Como consecuencia de esto, los habitantes de Valley Doom se ven obligados a migrar hacia el oeste con dirección al Reino de Eunomia. Luego de esta expositiva narración, comienza una marcha fúnebre de corte medieval con Michael Kiske en la voz principal pero acompañado por otras voces solistas y un multitudinario coro. Al ser un tema de tributo al rey caído, obviamente lleva un ritmo lento y solemne, preparando la atmósfera para el primer bombazo Power Metal propiamente tal del álbum.

Nos referimos a Rise of the Dark Empire, tema de ritmo acelerado que da la patada inicial a esta nueva aventura épica llena de emoción. Se trata de un tema Power Metal tradicional, con mucho doble bombo, riffs y solos de guitarra vertiginosos a cargo de Matias Kupiainen (Stratovarius), Marius Danielsen y Sigurd Kårstad (Darkest Sins), juntos a abundantes arreglos orquestales de teclado de la mano de Peter Danielsen. En las voces destaca la excelente participación de Mark Boals (ex-Yngwie Malmsteen), Simon Byron (Sunset) y el mismísimo Marius Danielsen. La canción cumple su función como apertura de este segundo capítulo, aunque el coro se siente a ratos un tanto predecible y trillado. Quizás lo más destacable es la sección final del tema, de ritmo más lento y con un solo de guitarra inspirado y lleno de sentimiento.

La historia continúa con Gates of Eunomia, otra pieza narrativa que expone el desarrollo de la historia, en la que nuestros héroes luego de caminar por semanas se acercan a las puertas del Reino de Eunomia, la Tierra de la Esperanza. Este corto interludio cuenta con un gran trabajo de los vocalistas involucrados. Tower of Knowledge, por su parte, también comienza con una narración y a esta altura nos comenzamos a cuestionar si son necesarias tantas explicaciones para llevar la historia adelante. Además, para un tema de casi seis minutos de duración, la melodía y el ritmo son bastante repetitivos. Este tema fue lanzado como sencillo de adelanto, lo que me parece una extraña elección considerando que es una pieza expositiva que no se sostiene muy bien fuera del contexto conceptual del álbum.

Por el contrario, Visions of the Night, que fue otro de los adelantos para el cual incluso se lanzó un videoclip, retoma la potencia y velocidad que todos esperamos de una ópera Power Metal. Este tema funciona para despertarnos del letargo entre tanta narración, con doble bombo imparable y pomposos arreglos corales. Gran acierto de Danielsen. Crystal Mountainsa su vez, es uno de los cortes más largos del disco, que comienza con una especie de cantos gregorianos y se mantiene por casi siete minutos con un ritmo y una melodía bastante monótonos. Es destacable el desfile de talentos vocales y la sección intermedia de mayor velocidad, dándole un poco de dinamismo a una pieza que por momentos se alarga demasiado. Da la sensación de que Marius a veces se aferra mucho a ideas que no son tan buenas.

La situación mejora bastante con By the Dragon’s Breath, tema que progresa desde un comienzo lento y solemne en la voz de Blaze Bayley, y que luego del primer minuto despega con un grito desgarrador estilo Jørn Lande, alcanzando proporciones épicas durante su desarrollo. El coro es uno de los más pegajosos del álbum y se queda impregnado inmediatamente en la memoria del oyente. El trabajo de guitarras gemelas estilo Iron Maiden es también fabuloso. Otro de los puntos altos del disco, sin lugar a dudas. Under the Silver Moon es una balada acústica muy bien lograda, con interesantes arreglos de teclado y coros magnificentes, con una letra un poquito cursi pero que encaja perfecto en el contexto de la historia. Este tema lento nos permite tomar un pequeño respiro antes de aproximarnos al clímax del disco.

Angel of Light abre de forma dramática y desde el primer grito ya sabemos que estamos en presencia de un temazo. Michael Kiske como siempre se roba la película, el trabajo de guitarras también es notable y Stian Kristoffersen se luce tras el kit de batería. En mi opinión esta es la gema del álbum, un tema que funciona desde la primera escucha y que me trajo recuerdos de la primera vez que escuché Reach Out for the Light de Avantasia. La aventura continúa con Princess Lariana’s Forest, de nueve minutos de duración pero que en este caso están plenamente justificados por los múltiples cambios de tempo, atmósfera y melodía. El segmento central con la dulce voz de Anniken Rasmussen es uno de los momentos más conmovedores del álbum. Luego de una interesante sección acelerada, todo vuelve la calma y de a poco nos vamos preparando para el gran final.

Cerrando esta aventura, Temple of the Ancient God, otro de los sencillos de adelanto lanzado ya en octubre, es otro de los grandes aciertos del disco. Es un tema que a pesar de su larga duración no pierde intensidad ni frescura, con una sección rítmica llena de energía y un coro pegajoso que recuerda los mejores tiempos de Edu Falaschi con Angra. El segmento final nos trae nuevamente una narración que sirve como puente al último tema, We Stand Together, balada que parece sacada de un musical de colegio. El desfile de voces es interesante, y la canción cumple su propósito de dar el cierre a esta segunda parte de la trilogía de Valley Doom. Como curiosidad, las versiones en formato físico del disco traen como bonus track los temas Tower of Knowledge (CD) y Crystal Mountains (vinilo) con el legendario Vinny Appice en la batería.

En líneas generales, «Legend of Valley Doom Part II» es un álbum que no decepciona, con más momentos destacables que puntos negativos. Algunos temas se alargan innecesariamente y el exceso de narraciones por momentos detienen el flujo natural de la música. El sonido se mantiene dentro de los cánones esperados para una ópera Power Metal, quizás fallando un poco en la parte innovativa. Por otra parte, hay que reconocer la ambición de Marius Danielsen por la cantidad y la calidad de los músicos involucrados en este proyecto, bastante autogestionado. A pesar de la cantidad de invitados, la identidad de la música se mantiene intacta y consistente a lo largo del álbum. En comparación con la primera entrega, se nota una positiva evolución en cuanto a la producción, ejecución y calidad de las composiciones. Quedamos entonces atentos a la tercera parte, con la que concluye esta trilogía de Valley Doom.

Review: David Araneda

En esta tribuna siempre es bien recibido el Metal nacional y, en lo personal, cuando ese Metal viene de las zonas desérticas de nuestro norte o, más aun, desde mi natal Antofagasta, es como que llenara más de orgullo. Aunque siempre hacemos el mismo alcance, es importante no olvidar lo difícil que es lanzar material discográfico en este terruño, de hecho, como una gran parte de trabajos producidos en Chile, este es otro material autogestionado con el aporte de dos grandes colaboradores del metal antofagastino: el productor Daniel Naranjo de Organic Waves Studios y el diseñador Gonzalo Jara.

Este nuevo Extermega nace gracias a la incesante inquietud de Sergio Rivera (guitarra) y los hermanos Fernando (guitarra) y Danilo (bajo) Durán, viejos conocidos de la escena local que formaron parte de algunas de las primeras bandas de Power Metal en la ciudad, Twilight y Epical respectivamente. En esta oportunidad unieron fuerzas con los teclados de Fabián Avila, la batería de Raúl Barrera y la voz de Joseph Fernández para crear su debut discográfico, “Portal”, donde entremezclan canciones en inglés y en español además de variadas influencias musicales.

Todo comienza con Lost In Silence, primer single además del trabajo, desde un arranque en la oscuridad del desierto aparece el teclado de Ávila creando una atmósfera épica que da paso a un riff casi esperanzador para que la voz gutural de Fernández nos entregue el lamento de alguien ya agotado de la vida. La base rítmica elaborada por Barrera y las cuatro cuerdas de Durán apoyan de manera precisa el ambiente del que siente que el tiempo se acabó y es hora de dejarse perdido en el silencio… un tremendo arranque para un muy buen trabajo.

Ahora cambiamos de idioma para escuchar en español Visión Asesina, la que arranca con un toque tremendamente heavy entre el bajo y el teclado que le dan paso a una guitarra tímida que crean la base para que la voz limpia de Fernández nos recrimine que está listo para olvidar. Musicalmente pareciera no estar tan bien elaborada como la anterior, con una estructura bastante más monótona pero que no aburre ni molesta, sólo que no logra generar lo que su antecesora, además de ser un ¾ que impacta un poco tras el tremendo comienzo. Eso sí, se logra sentir como la oscuridad interior va ganando terreno para que la visión asesina se apodere del protagonista de la historia.

Entre los Demás nos trae una melodía de clásico Heavy Metal, invadida por la voz, limpia y gutural a dos pistas, de Fernández. Manteniendo el estilo clásico, entremezclando voces limpias con guturales, nos trae una declaración de principios, un llamado al inconformismo y dejar de ser uno más entre los demás. Si bien no es un track que brille por sí solo es un tremendo material que mantiene alta la calidad del disco, especialmente hacia el tercer tercio del tema donde un quiebre rítmico y la sección de solos lucen deliciosamente.

De golpe nos llega Autumn, con un sonido más pesado de entrada que recuerda algunos pasajes de Death Metal melódico para bajar las revoluciones, nuevamente de golpe y entregarnos una suerte de Power Ballad, una canción de desamor enfocada en la belleza del otoño y la muerte que trae a nuestra vista. Un relajo en el álbum que, si bien quizás pudo ser omitido, no viene mal tampoco, está bien elaborado y logra su objetivo individual pero da la sensación de no encajar completamente en la estructura del disco. Quizás el punto más bajo del trabajo que, de todas maneras, es de bastante buena calidad.

Volvemos al español con Trance, que tal como nos podría hacer esperar su nombre, arranca con una atmósfera entre psicodélica y meditabunda para dar paso a un golpe potente entre las guitarras y la base rítmica. Con la predominancia de las voces limpias nos lleva a un paseo por lo que parece ser una descripción de la parálisis del sueño y terrores nocturnos, algo realmente horrible para quien lo sufre. El ritmo de tres cuartos acelera hacia la medianía de la canción donde la guitarra de Rivera y Durán nos regalan, junto al teclado Ávila, una tremenda sección de solos, recordando pasajes de Stratovarius por momentos pero manteniendo siempre un toque personal. Un tremendo tema que levanta suavemente los ánimos relajados con el track anterior.

Condenados, a pesar de su nombre, es un track cantado en inglés, que arranca con un toque bastante Death Melódico, que nos regala un sonido exquisito mientras va creando una atmósfera oscura, decadente, que nos hace sentir la miseria de la condena recibida. No brilla tanto como quizás otros temas pero mantiene enganchado al disco, con un quiebre rítmico a la mitad del tema que le da paso a un pasaje protagonizado por el bajo de Durán que pareciera abrir las puertas del infierno. No se logra comprender del todo por qué en la misma canción se mezcla español con inglés, pero no le quita peso al tema.

Niños Cabezas Gachas arranca con un riff cargado de rabia, rabia bien justificada cuando nos cuentan una historia de esos niños que deambulan por la ciudad, esos que aprendieron a andar con la cabeza gacha porque nadie los quiere mirar. Un ritmo y melodía que mantiene la línea general del disco pero con un contenido lírico poderoso, el Heavy Metal de protesta pocas veces escuchado en nuestro país. Un tremendo acierto por donde se le mire con una tremenda sección de solos donde ambos guitarristas lucen de lo mejor de sus repertorios en medio de una ambientación triste y de miseria, donde logras ver a esos niños pidiendo una moneda o algo para comer. Un tremendo logro la transmisión de sentimientos que se logra acá.

Acercándonos al final de este debut nos encontramos con Lines In The Sand, la que arranca con un sonido pesado y lento, que da paso a una sección tipo balada donde la voz de Fernández se lamenta a la vez que expresa su rabia, un sonido que se acerca a  una especie de Heavy Doom, recordando un poco a Paradise Lost o bandas de ese estilo. Cuesta un poco digerirlo porque quedaste con ganas de mantener el ritmo y potencia del track anterior, pero este también es un tremendo tema, con otro espíritu que el anterior pero que mantiene la calidad y el nivel tanto compositivo como musical. Simplemente otro punto alto del disco con otro enfoque totalmente distinto a lo demás.

Ya en el final aparece el que me atrevo a decir es el mejor tema de este trabajo, podríamos decir que abren el disco con un puñetazo en el mentón para terminar con una patada mientras estás en el piso. Tierra de Brujos, que nada tiene que ver con la canción del mismo nombre de Drake, en una ambientación tremenda de oscuridad, tormenta y campanadas de iglesia se dejan caer las guitarras para que toda la banda les siga junto al grito gutural de Fernández en esta historia que arranca lenta, tranquila, contando la historia de ese mágico pueblo de Salamanca, ese famoso nido de brujería en la Cuarta Región. Ten cuidado, no le respondas al brujo que te llama, manteniendo un ritmo lírico altamente cambiante, produciendo una incomodidad deliciosa como si alguien te estuviera observando mientras escuchas, para darle paso a un coro que tiene todas las características para convertirse en un himno, de esos tracks que en vivo deben funcionar como los dioses (o demonios según sea su preferencia). El quiebre rítmico antes de los solos nos trae una guitarra acampesinada, que nos va arrastrando al medio de un ritual de brujos… tremendamente bien logrado todo en este tema, especialmente ese vals que cierra definitivamente… uff! Típico de película de terror. Un cierre realmente magistral para un tremendo trabajo.

En cincuenta y cinco minutos nos regalaron nueve canciones que varían en nivel y calidad pero, raya para la suma, aprueba con creces y quizás hasta honores. Un trabajo difícil de clasificar o enmarcar en un estilo ya que entremezcla elementos de Heavy, Power, Death, Doom y quizás algún otro que no advertimos con total claridad, como decíamos al principio, con lo difícil que es hacer Metal en Chile y, más aun, registrarla en un trabajo discográfico, el buen material siempre es celebrado y éste es uno de esos casos. Una buena producción, tremendas composiciones, aún más tremenda la ejecución de cada uno de los miembros de Extermega.

Por el norte los escenarios ya los conocen, esperemos que en algún momento se puedan hacer presentes en la capital para compartir su tremendo talento y que no pase mucho tiempo antes que podamos disfrutar de su segundo trabajo, por ahora, a perder el miedo a atravesar el portal y dejarse llevar desde el desierto, perdido en el silencio, hasta la tierra de brujos porque sencillamente lo van a disfrutar.

Por: Seba Miranda

Desde Irlanda desembarca con fuerza el noveno disco de Primordial bajo el humilde y desconocido sello Metal Blade Records y grabado en Camelot Studios. “Exile Amongst the Ruins” es un álbum que he de declarar dentro de los mejores del 2018 en el mundo del Metal en general. La banda de Dublín no ha sufrido grandes cambios en su formación, pero sí ha evolucionado desde el Black Metal que más fácilmente categorizaba sus inicios, hacia las marchas épicas cargadas de folklore celta que se hacen imposibles de no corear con puño al cénit.

El tañido de las campanas anuncia el inicio del disco y dos guitarras en afinación DADGAD resuenan con un eco a través de esta atmósfera de oscuro romanticismo a la que nos vamos adentrando. Nail Their Tongues hace su aparición con un sonido demoledor y nítido. Es imposible que el Rickenbacker de Pól McAmlaigh suene a bajo perfil en las frecuencias bajas, la presencia del bajo incluso desafía la batería que se introduce como si fuera un tambor de guerra. En esta marcha aparece limpio y grave Alan Averill Nemtheanga, vociferando versos hacia el oscuro tiempo de la Reforma protestante, donde el conservador Martín Lutero dictaba su exhorto hacia la Iglesia Católica (imperante en la isla hogar de la banda). La evolución de Primordial es evidente en el carácter de su sonido; sin embargo, no reniegan ni hacen apostasía del Black como se puede escuchar en el blast beat que da énfasis y conclusión a este primer tema, acompañado de la presencia gutural que Nemtheanga manifiesta a ratos.

El segundo, To Hell or the Hangman, que según las palabras del vocalista, narra un suceso de 1493 en donde Walter Lynch fue ahorcado por su propio padre, el alcalde de la localidad de Galway, James Lynch, luego de un incidente en donde el primero asesinó un comerciante español y asociado de su padre en un arrebato emocional causado por celos. A esta historia-leyenda se le llama “The Warden of Galway” y el oscuro incidente pasa por un galope constante que va dando forma progresiva a la canción. El tema engancha instantáneamente, una vez que se escucha es imposible dejar la historia e ignorar el angustiado coro de un personaje condenado.

La primera canción del eje temático del álbum, Where Lie the Gods transporta a la tierra mítica, al pasado antiguo y politeísta escenario de viejos ritos olvidados a ritmo del tambor grave. Con un carácter de influencia del Doom Metal, la canción es un lóbrego navegar de riffs que se mezclan a la perfección con pasajes acústicos, un acierto que en este disco es más moderado que los anteriores, ya que, no cuenta con flautas o mandolinas por parte de Ciáran McUliam, que se encarga de las guitarras, entre otras aproximaciones instrumentales ligado al folklore. Sin embargo, la falta de los elementos anteriormente descritos no supone menor absorción ni complemento folclórico. El trabajo con el encordado acústico se mezcla a la perfección con la distorsión reverberada de su contraparte rítmica Micheál O’Floinn, ambos dominan la característica del Black Metal de crear atmósferas con distorsión.

La canción central, homónima al disco, continúa con este navegar adentrándose en aún mayor oscuridad a través del relato que tiene como protagonista a los espectros que merodean las ruinas, esperando una batalla que nunca viene. Un interludio largo mantiene la tensión de la canción para retomar en un himno-lamento que termina Exile Amongst the Ruins.

En la obligación de elegir una canción sólida que introduzca a la banda, sería el quinto tema, ya que el lado épico de Primordial despierta con Upon Our Spiritual Deathbed, introduciéndose a través de una marcha que se abre paso por riffs perdidos en el eco ambiental. La canción se solidifica y Nemtheanga hace su aparición con una voz dura y de gran volumen. El coro a dos voces resalta el escenario bélico del personaje que transmite la voz.

Si hay algo que conocen bien los guerreros etéreos descritos por Primordial, es la muerte con la que conviven y resaltan sus últimas pasiones. Este es el sello que puede identificarse con la trayectoria de la banda, que ha alcanzado una madurez musical distinguida. Stolen Years es un ejemplo de esto último, que, aunque sea la canción más corta del álbum, posee una profundidad ejemplar, un carácter retrospectivo y nostálgico imbuido en sus letras, con una belleza simple y a ritmo lento.

Los habitantes de cualquier isla del mundo tienen en el ADN de su cultura el respeto que se le tiene al mar, un ente sabio, dador de vida y recursos, pero también iracundo e incompasivo con los que reciben su furia en navíos indefensos. Sunken Lungs impresiona de sobremanera con su rítmica peculiar, desafiante y desproporcionado juego de caja y platos que toma protagonismo, esta vez por sobre el bajo de McAmlaigh, y emula una suerte de oleaje que hace a la canción latir. Este incorregible vals a dos tiempos de las almas perdidas en la profundidad del mar es una canción osada y desautomatizadora.

Last Call cierra el álbum con impresionantes diez minutos de desarrollo que se aproximan al Doom clásico. La voz nuevamente se alza en el verso, por sobre el tono general que conducen los encordados para luego quebrar el ritmo y recomponerse hacia el siguiente segmento. Lamento lírico dinámico en melodía y siempre cambiante, se construye sin apuro y lentamente va adquiriendo la intensidad del metal que plantea Primordial, entre vaivenes y reuniones.

Está claro, Primordial no tiene la misma tonalidad guerrera de bandas como Sabaton o Turisas. Si ellos se quedan con los héroes, Primordial se queda con el fantasma del mártir iracundo que siente el sabor de la sangre en su boca, sangre que en tiempos remotos regó los verdes campos de Irlanda y el Reino Unido. No hay nada más épico que transmitir aquellos sucesos reformando el folclor local para canalizarlo con la potencia del Metal con los relatos que cuentan las piedras de las ruinas.

Por: Gabriel Rocha

 “Nadie conoce la historia detrás de las sombras…”  (trad. verso King Vampire). Desde Concepción nace la leyenda de un regente olvidado y su trono de horrores pasados. Bloodline lanza su prometido álbum debut del sello independiente Burner Records del guitarrista Ignacio Albarrán de Soulburner. La banda—además de Ignacio, que también se ocupa de las voces—se compone por Eduardo Cid en segunda guitarra, Rubén Saavedra en bajo y Manuel Valenzuela en batería. Un cuarteto cuyo talento y energía ya ha sido demostrado ante escenarios locales de audiencia moderada, pero sólida.

Nunca será en vano, y mucho menos despreciado, iniciar con una introducción instrumental. Masquerade se encarga de establecer el ambiente lóbrego de los relatos en torno a la figura principal, el rey vampiro, en un arreglo animato de cuerdas graves, clavicordio y coros masculinos y femeninos. La introducción es conclusiva, por tanto, los riffs melódicos realizan su entrada en Creature Born from Pain luego de un breve silencio. Una dosis de Heavy Metal invade desde el canal auditivo, fácil de acomodar en la nostalgia debido al juego de las guitarras con las octavas y batería rápida que identifica al Power de los 90’s, antes de que se hiciera común el ver a bandas icónicas de aquellos tiempos en búsqueda de horizontes ligados al Prog. Sólo cabe suponer que es eso lo que hace que Creature Born from Pain o la rápida Will of Kill se sientan como canciones que pareciera que nos han acompañado desde hace mucho antes, como si fuera un recuerdo de vida pasada. El amplio registro de Ignacio se complementa con voces múltiples a lo largo de la canción, sutiles coros agudos, y también bajos se pueden escuchar por debajo de la presencia vocal de Albarrán, resonando como un delay o eco que da énfasis a los diferentes segmentos de las canciones. Imposible ignorar el parecido de la voz de Ignacio con el noruego Roy Khan (Conception, Kamelot), y sin decir más, los temazos Blackened Crown y Lilith dan el carácter necesario para evidenciar su similitud.

Al pasar las canciones, el álbum no parece doblegar su postura. A diferencia de otros grupos que se encargan de narrar una historia, Bloodline no acude al barroquismo de, por ejemplo, Symphony X: no realiza mayores devaneos o matices musicales o atmosféricos entre sus canciones, por lo que cada canción tiene un cuerpo definido y conclusivo, por lo tanto, rapsódico; unido temáticamente con diferentes caracteres y tratamientos melódicos. Las canciones responden a un esquema marcado mientras las letras se encargan de un aspecto temático que conforman el mosaico que es la leyenda del Rey Vampiro. Desde el silencio comienza in crescendo la imperdible Final Eden hacia un galopar que se va armando como una bola de nieve, pasando a través de diferentes intensidades por el verso, pre-coro y coro. Caso similar es la canción central y homónima del disco, King Vampire, que, abriéndose paso con naturalidad rítmica, se engancha en un coro difícil de sacar de la cabeza, para luego continuar raudo por las ondas.

Otra de las características llamativas del disco son las canciones que pasan a través de valles tanto melódicos como rítmicos. Destaco a Forbidden y Shadows of the Night dentro de esta agrupación tentativa. Sin embargo, no hay mayor oda neoclásica que We Will Rise, un guiño a los maestros de antaño desde el departamento del Heavy Metal.

El lenguaje dual de las guitarras está en su mayor expresión, la mezcla es pareja, y si bien el rango de volumen de la mezcla es derechamente plano y equitativo, los instrumentos suenan con pulcritud profesional que evidencia la experiencia de Ignacio detrás de perillas. Como broche final, el pasaje instrumental Acheronta Movebo presume el fin del álbum con una clara referencia al poeta Virgilio, pagano inmortal. Sin embargo, es necesario realizar una breve mención a los bonus tracks, ya que, entre estos se encuentra la versión en español de Lilith, madre de los vampiros y seductora de los hombres desde la creación del primero de estos. Es bueno que un tema en español se cuele en el disco, nos recuerda la localidad de la banda y que el Power chileno sigue vigente, imbatible e independiente.

Por: Gabriel Rocha

Seamos honestos. Cuando te enfrentas a un disco llamado “Dinosaur Warfare: Legend of the Power Saurus”, y su portada ilustra una mezcla bizarra entre los Dinoplatívolos y Guardians of the Galaxy, es algo difícil tomárselo con toda la seriedad del mundo. Sin embargo, como PowerMetal.cl es una web seria y responsable, comprometida con las cruzadas fantásticas propias del género (por muy extravagantes que sean éstas), siempre juzgaremos los trabajos por su música y no por lo “llamativo” de la temática del disco.

Dicho lo anterior, empezamos esta reseña consignando que Victorius es una banda alemana que a pesar de no ser muy conocida por estos lados, tienen una trayectoria respetable con cuatro discos a su haber, con los cuales han sabido cosechar críticas más bien positivas en diversos medios de la web. Aun así, esto no ha sido suficiente para poner su nombre en lo alto de la órbita metalera mundial.

En esta ocasión, influenciados por el videojuego FarCry y su expansión de dinosaurios y robots, la propia banda señala que “Deep from the age of prehistoric dinosaurs comes VICTORIUS – saving the world from a fucking alien invasion. Alongside the holy dinoforce these five madmen play Jurassic Power Metal with lots of high tech stuff and laser cannons”… ¿Algo más que agregar? No creo… Así, la banda comandada por David Bassin (vocalista) decide lanzar un EP con cinco canciones más una intro con la esperanza de allanar su camino hacia la primera división del Power Metal europeo. El resto de la banda se compone por Dirk Scharsich y Florian Zack en guitarras, Andreas Dockhorn en el bajo y Frank Koppe tras la batería.

El EP comienza con Saurus Infernus Galacticus, que pese a lo rimbombante de su nombre, es una de las introducciones más irrelevantes en la historia de la música metálica. Un rugido que no asusta a nadie entre sonidos de pistolas marcianas es la antesala de Dinosaur Warfare, un track de Power Metal melódico hiperventilado en su máxima expresión. Una voz de timbre dulzón, melodías rebosantes de felicidad y coros que recuerdan a representantes del Metal más acelerado como GloryHammer o Dragonforce. Es un tema de recursos bien trabajados aunque extremadamente cliché. La propuesta no es particularmente potente pero es coherente y cumple su cometido.

Legend of the Power Saurus hace gala de su colorido título, continuando con en el despliegue de positivismo exacerbado. Esto es Power Rangers Metal por donde se le mire. La banda trata de contar una historia que debiera ser cautivante; sin embargo, dicho concepto aparece algo distante en el horizonte de una composición livianita, algo plana y mundana. La fórmula de este Power Metal está tan esparcida y multiplicada que se necesita algo más que velocidad, técnica y melodías impecables para cautivar al radioescucha. Reminiscencias a los Power Rangers se hacen presentes en una canción que no entusiasma lo suficiente para hacer ¡Morfosis, amigos!

En el cuarto track Lazer Tiger Tooth los muchachos de Victorius se ponen un poquito más las pilas, pues aun cuando no quiebran ningún esquema, el tema sí muestra más emoción y evoca esas ganas de levantar el puño y cantar, muy presumiblemente por la mayor cantidad de matices vocales aquí presentes, y un coro de esos que entran a la primera y son facilitos de entonar y/o chamullar.

Con Razor Blade Raptor la banda nuevamente reemplaza un poquito de glucosa por pimienta, y con unos riffs notablemente más guerreros, los alemanes nos entregan una composición más sobria y cabeceable que las anteriores, acercándose a un concepto más Heavy/Power que puramente Power melódico.

Cerrando el EP llega Flames of Armageddon, la cual sigue la tendencia evolutiva de este trabajo, que a medida que avanza sacrifica felicidad y velocidad, dando paso a composiciones más sobrias y con más actitud, algo que personalmente se agradece. Esta última pista del EP es Heavy/Power europeo de mayor intensidad, con sólidos riffs y líneas vocales algo más aguerridas en comparación a las vocalizaciones imberbes y sin testosterona que iniciaban el disco. Un coro de esos bien épicos termina de moldear el que es, probablemente, el mejor tema del disco.

En resumen, el resultado es algo dispar. Por una parte, temas extremadamente felices en la primera parte del EP que no cautivan demasiado, contrastan con el buen cometido logrado en los últimos dos temas que coquetean más de cerca con el Heavy/Power metal que tanto disfrutamos por estos lados. Desde ese punto de vista, el orden de las canciones en este EP es un poco desafortunado, porque hay un riesgo inherente de fuga luego de escuchar las primeras canciones. Creo que el orden era precisamente invertir las canciones, o por último mezclarlas. En consecuencia, “Dinosaur Warfare: Legend of the Power Saurus” en un disco rescatable que será bien apreciado por los amantes del Metal más bien veloz y «feliz» (algo totalmente esperable juzgando la portada y nombre del EP)… pero para quienes no comulgan con el estilo, será uno más de los tantos discos que pasan sin pena ni gloria.

Hernán Bórquez

Pucha que se agradecen las propuestas como la que nos ofrece Wishing Well. Música con sentimiento, elegante, de melodías pegajosas y por sobre todo, rockera hasta la médula.

“Rat Race” es puro Hard Rock y sentimiento, producido por un puñado de talentosos músicos en donde destaca la presencia de uno de los nuestros, Rafael Castillo, el mismo de Fireland, que en esta ocasión deja la capa de superhéroe powermetalero y se pone un outfit setentero, un traje púrpura como veremos a continuación.

Wishing Well es una banda finlandesa que editó su primer disco “Chasing Rainbows” en 2016, cuando su propuesta era ligeramente distinta. En ese entonces, la banda hacía una amalgama de Rock/Heavy Metal un poquito más “genérico”, contando con Peter J. Goodman como vocalista principal y teniendo al gigantesco Graham Bonnet (Rainbow, Michael Schenker Group, Alcatrazz) como invitado especial, lo que da cuenta del calibre del debut de los fineses. Dos años más tarde, Wishing Well lanza su segundo larga duración “Rat Race”, que marca el debut de Rafael Castillo como vocalista de la banda. La inclusión de Rafa, sumado a la adición de un Hammond en la propuesta musical, da cuenta de un giro musical que a mi juicio no pudo ser mejor, el cual revisamos a continuación.

El disco comienza con Wheeling and Dealing, una de las propuestas más rápidas de la placa, donde el clásico sonido del Hammond sumado a los riff de Anssi Korkiakoski, de inmediato nos muestran «pa’ donde va la cosa«… esto es como la MKIII de Deep Purple pero en esteroides. Una intro in crescendo da paso a un bombazo que despliega una base rítmica potente, un Rafa que transmite toneladas de energía y un coro brillante, donde ningún detalle es dejado al azar y la fusión de elementos cuaja extremadamente bien. Sólido comienzo.

El segundo tema es uno de mis favoritos del disco, Children of Paradise, el que es sin duda un gran homenaje a Rainbow/Deep Purple, donde Rafa y compañía logran un cometido absolutamente notable. Si este tema se publicaba en los 70’… mamita querida. Un himno inmediato. El riff es tremendo, memorable desde la primera reproducción, y el coro de niños cantando el estribillo a modo de outro es un arreglo sencillamente perfecto. Cuánta elegancia en un solo tema. Impresionante.

Sleepless Nights sigue en la línea de los temas anteriores, entregando armonizaciones de guitarra y órgano impecables y atrayentes, creando melodías de Heavy Rock memorables y a prueba de todo. Pilgim Caravan, de corte algo más reposado, experimenta con sonidos orientales, algo gitanescos tambien, en donde instrumentos tradicionales y desenchufados se entremezclan perfectamente con la base rockera, entregando una canción que se asemeja bastante a algunas canciones del Europe dosmilero que tanto aplaudimos por estos lados.

Rat Race, quinto track del disco, es un tema muy entretenido y con una dinámica interesante, pues va variando la base rítmica, desplegando arreglos y colores que estructuran una propuesta bastante única. La suma de ideas consolidan un todo que hace todo el sentido del mundo, pero esta misma»versatilidad» hace que la canción sea un pelito más sesuda y menos «vacilona» que las anteriores.

Falling Out Of Love, tal como el título sugiere, es una canción romanticona, de estructura simple y directa. La colaboración femenina presente en largos pasajes de la canción armoniza a la perfección la interpretación de Rafa. “Rat Race” continúa con A Little Dream, un breve instrumental acústico, muy bonito por cierto, que pone la calma del disco. El trino de pájaros adorna una canción que bien podría ser utilizada como música de relajación.

Grain of Sand también es una canción lenta que explota todas las bondades interpretativas de la banda. Por una parte, la combinación de guitarras distorsionadas con el órgano hammond es una mezcla que innegablemente embelleció para siempre la música Rock por allá por los 60’-70’, recurso que Wishing Well utiliza extraordinariamente. Y por otra parte es menester mencionar el impecable cometido de Rafa, quien carraspea su voz de forma fenomenal, dándole a ésta un matiz distinto a lo que nos tiene acostumbrado en Fireland.

Siguiendo con las revoluciones a mid-tempo, You Can’t Keep a Good Man Down es una pieza de rock bien solemne que una vez más, proyecta una sombra púrpura inexorable.

Finalmente, con un riff de esos que producía Tony Iommi a comienzos de los 70’, la banda da paso a The Day of Doom. De atmósfera solemne, tiempos medios y armonizaciones maidenescas, la última pista del disco ofrece un cierre correcto, que resume de manera sobria los sonidos y recursos desplegados a lo largo del disco.

Para cerrar esta reseña quiero ser bien claro: “Rat Race” es un muy buen disco con algunos temas extraordinarios. Es cierto que algunas fórmulas no son 100% originales y que muchas veces suenan a propuestas ya conocidas, pero nadie podrá negar que este es un registro extremadamente bien logrado y honesto. Sus composiciones son muy ricas y cada compás de música aquí presentado está muy bien pensado y brillantemente ejecutado. Más de alguno podrá criticar que Wishing Well es la versión finlandesa de Deep Purple, algo que sería difícil de discutir, pero si el resultado musical es tan bueno, ¿realmente importa? Además, tampoco es que tengamos muchos Rainbows o Purples por estos días… por lo cual disfrutar de un exponente de esta calidad se agradece enormemente.

Por último, volver a decir que Rafael Castillo hace un gran trabajo en la voz. Su inclusión le vino muy bien a la banda y parte de la frescura con que llegan sus temas, pasa por la interpretación de nuestro compatriota. A quienes disfrutan del Rock clásico y las raíces del Heavy Metal, no pierdan más el tiempo: busquen este disco en Spotify, pónganle play y disfruten el viaje en el tiempo que ofrece Wishing Well.

Hernán Bórquez

Nadie puede negar la tremenda carrera que se ha forjado Judas Priest a lo largo de su historia y lo referenciales que se han convertido en el Heavy Metal, una banda de aquellas que no pueden quedar fuera de ningún ranking y que han servido de influencia para varias generaciones de metaleros. Tampoco nadie puede olvidar o negar sus altos y bajos musicales que han provocado admiración y casi odio, como el incomprendido por muchos “Nostradamus” (2008). Pero aun así, las noticias de la banda siempre han sido bien recibidas y nos han mantenido a la espera de su nuevo material.

Sin saber exactamente qué esperar, empezamos a recibir noticias de su nuevo trabajo, entonces pudimos escuchar los primeros singles y la cosa se veía más clara. Parecía que el nuevo álbum sería una vuelta a los mejores tiempos de banda y nos regalarían tremendos temas, aun con un Glenn Tipton cada vez más afectado por su Parkinson, especialmente en una era donde todos los grandes estandartes de este estilo empiezan a alcanzar su ocaso con la muerte de Lemmy, la separación (o alejamiento de los escenarios para no equivocarnos) de Black Sabbath y así con varios otros. Sin embargo, “Firepower” parece ser un grito de vitalidad en medio de este ambiente.

Todo arranca con la potencia del riff de Tipton y de fondo la voz de Halford se asoma in crescendo para dar paso a un instantáneo himno de Heavy Metal con Firepower, golpeando caras a puñetazos de entrada con “with weapons drawn, we claim the future / advancing far through every storm”, ¿pensaste que eran unos viejitos viviendo de su pasado? ¡JA! Precisamente porque buscan el futuro, Halford no se empeña en sonar como antaño sino que con un tono levemente más bajo demuestra que sigue manteniendo su tremenda calidad y que, además, puede darse el lujo de llegar a buenos tonos altos, “neutralizando” a cualquiera que pensara distinto.

Bajando un poco la velocidad aparece Lightning Strike, la que arranca exquisitamente con la voz del Metal God y la guitarra “cantando” la misma nota. Quizás suena un poco menos Heavy pero no baja para nada en calidad, al contrario, recién en el segundo tema y ya nos regalan una dinamicidad rítmica y melódica tremenda que no hace más que dejar en claro que la sabiduría de los años acumulados entre Halford y Tipton se mezcla de maravillas con juventud de Faulkner, porque mientras esperas que el rayo caiga, debes tener claridad que el rayo sí o sí caerá.

Un riff pesado y oscuro nos da la bienvenida a Evil Never Dies, donde la velocidad no es el fuerte, sino la oscuridad transmitida a través de la música y la letra, con Halford cantando dentro de sus registros más bajos para darse el lujo de llegar a ese tono rasgado y alto en el coro que sólo él puede regalarnos. La sección instrumental nos transporta a una especie de panorama apocalíptico donde podemos prepararnos con toda tranquilidad para lo que se viene, con un puente vocal relajado que nos abre las puertas al solo de guitarra «marca Priest». Básicamente, sin ser un tema de puro Heavy Metal siento que es uno de los puntos más altos de esta placa.

Con un sonido un poco sci-fi arranca Never The Heroes, la que se mantiene en lo pesado y lento pero con un tono quizás más nostálgico, como tiene que ser. Una crítica poderosa a la guerra y cómo se pelean. Héroes que nunca lo fueron, sino simples sacrificios de guerras a las que, en realidad, no pertenecían. Una base rítmica que sin necesidad de mayor agresividad logra transmitir una especie de encierro, lo que sumado a la voz de Halford y el trabajo de las guitarras te mantienen sintiendo esa tristeza y rabia por saberse simples carne de cañón.

Necromancer nos trae ciertas reminiscencias del Judas de antaño pero con esta nueva vitalidad, un riff pesado y oscuro que mantiene un ambiente de rabia a lo largo de todo el track, donde además la voz de Halford no se esfuerza tanto y le permite mantenerse en su tremendo nivel, quizás pensando en incluirlo sí o sí como un momento de descanso en los setlist en vivo, porque sin grandes luces ni elementos se alza como un tema preciso, conciso y tremendo, algo propio de estos dioses.

Un sonido aún más clásico es el que arranca con Children Of The Sun, un himno de principio a fin que llama a los hijos del Sol a alzarse en estos tiempos para cambiar el mundo uno por uno. Es un tremendo tema, pero siento que queda un poco al debe, aunque la sección instrumental con los juegos de cuerdas es de excelentísima calidad como nos tienen acostumbrados y la voz del gran Rob derrocha sentimiento en todo minuto. Además la sección de solos es tan magistral como siempre, pero la estructura general y la sumatoria queda un poco corta, sin embargo, el final logra redimirlo.

Un piano nos abre los sentidos para la instrumental Guardians, el que se va haciendo acompañar por guitarras que recuerdan un poco al último trabajo de Arch Enemy y claro, si tenemos al mismo productor (Andy Sneap) tiene sentido, terminando con un pase de gol que le da la entrada a Rising From Ruins, la que nos trae más melodía, más Power Metal si se quiere decir, dejando claro en su letra que nada detiene a esta máquina y se alza aun desde las ruinas. Nuevamente encontramos a un Halford cantando cómodamente en tonos más bajos subiendo recién para el coro pero sin esforzarse demasiado, lo que le permite darse vueltas por el extremo de su registro dejando en claro su tremenda versatilidad vocal, aun a sus años, porque a pesar de esto el tema no pierde ni un poquito en potencia.

Flame Thrower arranca con un riff de lo más clásico y nos devuelve al Heavy Metal tradicional, donde cada uno se pasea por los elementos a los que tienen acostumbrados y se nota que si bien la influencia de Faulkner fue tremenda a la hora de rejuvenecer el sonido de la banda, los mayores siguen llevando la batuta y sus ideas siguen siendo tanto clásicas como frescas, algo que no muchas bandas logran. Pero claro, si hablamos de los mismos que nos regalaron tremendos himnos incombustibles del Heavy Metal, no se puede esperar menos.

Con un comienzo de tonos un poco futuristas y volviendo luego a lo pesado llega Spectre, un tema que mantiene un poco la línea de sus últimos trabajos, con elementos clásicos de la banda de todas formas pero, en lo musical, un tema que fácilmente pudo haber quedado fuera del álbum y no se hubiera extrañado mucho. No es para nada un mal tema, pero de todas formas es esperable que entre catorce canciones más de alguna flaquée un poco, y siento que entre esas se encuentra este track, un tema bien hecho pero sin mayor brillo.

Volviendo al Heavy Metal clásico nos encontramos de golpe con Traitors Gate, con una estructura potente y relativamente rápida, que nos transmite la rabia de la letra sin mayor problema, una base rítmica más bien sencilla sobre la que las guitarras se lucen de manera exquisita, además de la voz de Halford, que se da el lujo de gritar en su conocido registro, aunque sea sólo unos segundos, subiendo nuevamente los ánimos, incluso en su sección instrumental con tintes épicos que le dan una tremenda versatilidad al tema.

Llegamos al tema más corto de la placa, No Surrender, el que en menos de tres minutos nos regala una inyección de potencia y puro Heavy Metal, claramente un himno que será infaltable en la próxima gira que promocionará este trabajo. No necesita más tiempo porque cuenta con los elementos precisos y concisos para ser un tremendo tema y sencillamente no le dan chance a la posibilidad de fallar, una decisión que a veces no se toma y se termina extendiendo innecesariamente una canción que podría durar menos. Acá, claramente, los años de circo de la banda y del productor mostraron lo que se aprende en el camino.

En la vena más nostálgica arranca Lone Wolf, con un riff creando ambiente para un track pesado y estilizado. Una estructura lírica bastante clásica, sin mayor sorpresa, y el apoyo musical tremendo de las guitarras, todo sobre una base rítmica dinámica y poderosa arman un tremendo mid-tempo que nos acerca al final con toda la calidad que se puede esperar. Si bien no es un tema que se alce entre los puntos más altos del disco, es una tremenda pieza que se queda arriba, como justo por debajo de los más ilustres tracks que pudimos escuchar hasta ahora, especialmente con su final.

Todo tiene su final y así llegamos a Sea Of Red, la que de entrada se presenta claramente como el término del disco. Con unas guitarras clásicas abriendo paso en una especie de balada a la voz del Metal God, Halford, quien aprovecha de lucirse en su faceta más elegante sobre esa tenue guitarra hasta que la balada toma un poco más de potencia en el coro, manteniendo su estructura de despedida y volviendo a la estructura de estrofa. Entonces definitivamente entramos a la sección de Power Ballad, donde estos veteranos nos demuestran que el buen Metal no está hecho sólo de momentos pesados, rápidos y/o potentes, sino que a veces lo emotivo también funciona de excelente manera, especialmente si le agregamos algunos detalles un poco sinfónicos (detalles y muy poco, pero están).

En menos de una hora los de Birmingham nos regalan una vuelta al Heavy Metal como sólo ellos pueden hacerlo. Puedes ser un fanático acérrimo o un novato, creer que son lo mejor que ha creado el Metal o tenerlos como una banda más, pero tanto si crees que Judas Priest es lo más grande como si todavía no comprendes su grandeza, no puedes negar el discazo que estás escuchando. “Firepower” nos entrega la posibilidad de disfrutar una banda incombustible, a la que parece que ni la edad de sus miembros ni la enfermedad de su guitarrista le puede arrebatar el trono de ser los Dioses del Metal porque con esta placa queda más que claro que ¡el Heavy Metal no ha muerto y el Sacerdote de Judas ha regresado!

En el año 2014, Mike LePond (bajista de Symphony X) decidió empezar su proyecto solista all-star en compañía de su compañero sinfónico Michael Romeo, «Metal» Mike Chlasciak y Allan Tecchio (Watchtower, Seven Witches), con quienes lanzó “Silent Assassins”, que si bien es cierto pudo haber pasado inadvertido para muchos, el disco no estuvo ajeno de muy buenas críticas.

Cuatro años más tarde, el trío LePond-Romeo-Tecchio reclutan algunos vocalistas de apoyo (Andry Lagiou, Noa Gruman, Veronica Freeman, Phyllis Rutter) y guitarristas invitados (Lance Barnewold, Rod Rivera), quienes comandados por el prodigio de las cuatro cuerdas dan vida a la presente entrega llamada “Pawn and Prophecy”.

El disco arranca con Masters of the Hell, un tema entretenidísimo que las tiene todas: comienza con un coro de voces bien powermetalero y melódico, luego sigue con un riff medio crossover que desemboca en estrofas frenéticas, en donde los gritos de Tecchio y la doble pedalera endemoniada del PC de Michael Romeo invitan a moshear con todo lo que se tiene. El coro es la única parte que parece entregar un poco de calma en una canción llena de pasajes frenéticos y que termina de la misma forma que empieza, melódico y poderoso al mismo tiempo. Una soberana patada en la cabeza para inaugurar el presente álbum.

Black Legend se titula el segundo tema del disco y vaya que bien le calza el nombre a la canción porque al igual que el track anterior, es un pedazo de temón. Eso sí, tiene otra onda, esto es Hard Rock, y del bueno. Una mezcla perfecta entre Rock & Roll y Heavy Metal que destila sentimiento y actitud… esto sumado a una ejecución instrumental perfecta guiada por la potente base rítmica que comanda el bajo de Mike LePond, no hace más que consolidar un tema sólido y directo que seguro encuentra su espacio en el espíritu rocanrolero que todo metalero lleva dentro.

Otro giro musical nos presenta el tercer tema de la placa, Antichrist. Una mezcla interesante de sonidos más modernos, pero a su vez muy enraizados en el Heavy Metal de fines de los 90’ es lo que presentan los asesinos silenciosos en este track. Algo de Adrenaline Mob se percibe, algo de Symphony X tambien, pero definitivamente también hay algo de Judas Priest, lo que hace de Antichrist una canción interesante, compacta, maciza y que por sobre todo, que funciona muy bien.

Si la estrella del show es Mike LePond, obviamente la especialidad de la casa es el instrumento de cuatro cuerdas (aunque en el caso de LePond, serian probablemente cinco o seis), y en I Am the Bull, el bajo es sin duda el protagonista principal. La canción se estructura entorno a dicho instrumento, y la performance de Mike es sencillamente notable… es menester recalcar que pese al protagonismo intencionado que tiene el bajo en esta canción, el instrumento está al servicio de la composición, y no al revés. El resultado es una canción algo más reposada que las anteriores pero igual de buena, y que curiosamente no se percibe solamente como un solo de bajo extendido, aun cuando en cierto modo lo es.

Avengers of Eden es otro de los cañonazos que entran al podio de “Pawn and Prophecy”. Aqui la formula es sencilla, no hay mezcla de estilos ni experimentos parecidos. La propuesta es directa y puta que se disfruta. Un trallazo de esos que duran tres minutos nada más, con un riff endemoniado que no te suelta, un ritmo de doble-pedal-estilo-metralleta incesante, un bajo que suena más fuerte que nunca y un coro que entra a la primera y te obliga a levantar el puño y cantar como si no hubiera un mañana. ¡Puta el tema bueno hueón ohhh!

Probablemente suene repetitivo y sea difícil de creer que todos los temas son así de buenos, pero adivinen que, Hordes of Fire es ¡igual de excelente que los anteriores! Con una cadencia un poquito más reposada, esta canción vuelve a adentrarse en esos terrenos en donde el Hard Rock y el Heavy Metal conviven en armonía, donde lo mejor de cada género contribuye a crear un monstruito que crece orgánicamente con cada escucha. A nivel compositivo el tema brilla con luz propia, pues además de la pasión y técnica que se despliega en cada compás, la cantidad y calidad de arreglos que hay en Hordes of Fire es notable.

Con The Mulberry Tree, penúltimo tema del disco, llega otra vuelta de tuerca porque aquí las distorsiones, los gritos y el mosh quedan afuera de la ecuación, y son sonidos acústicos los que protagonizan una canción que se percibe como una mixtura de tres elementos principales: música celta, guitarra española y un relato al más puro estilo Tenacious D. Sí, suena super raro, pero créanme cuando les digo que el híbrido funciona perfecto. Mención aparte a Rod Rivera en los pasajes de guitarra flamenca y a Tecchio, quien interpreta de forma perfecta la historia que nos van contando en The Mulberry Tree.

Finalmente, la guinda de la torta llega con el tema homónimo del disco, basado en la obra de William Shakespeare “Macbeth”. Pawn and Prophecy dura nada más ni nada menos que… ¡Veintiún minutos! Cual Transatlantic o Shadow Gallery, estos tipos ni se arrugan para interpretar un tema de veintiún minutos que es, adivinen qué… ¡glorioso! No es ningún misterio que los temas así de largos casi nunca calientan a nadie, porque son prácticamente inescuchables, pero este tema se deja escuchar con facilidad, es entretenido y se pasea por todos los estilos posibles que tuvieron cabida en temas anteriores… y más. No es una epopeya épica como The Odyssey (Symphony X) o un ejercicio exhaustivo de progresiones y virtuosismo en la onda de Transatlantic… Aquí hay Heavy Metal, Hard rock, Metal progresivo, shreddings, rocanrol, coros angelicales y gritos desgarrados, todo brillantemente ensamblado. Hay pasajes que podrían ser extraídos de la discografía de Elvis Presley, Symphony X, ZZ Top, Racer X, Deep Purple, Savatage, Led Zeppelin, Therion y Jethro Tull, ¡todo junto! Aquí los créditos son para Mike LePond por semejante composición, que podría haber sido separada fácilmente en cuatro canciones distintas por razones de índole comercial, pero el hilo conductor es tan coherente que hace sentido que sea una sola gran obra. Mención aparte a los mini solos de bajo entre cada una de las partes que componen la canción, marca registrada de LePond, que no solo son un despliegue de talento sino que se perciben como un conector apropiado para cada una de las partes del tema. Y que no se me olvide reconocer el trabajo de Tecchio que hace un trabajo excelente cantando y, más que eso, relatando la historia. Tampoco se puede dejar de destacar al siempre robusto Michael Romeo, encargado de dar vida a las extraordinarias líneas de guitarras que presenta esta composición, todos acompañados por las tremendas atmósferas interpretadas por el otro sinfónico invitado, míster Michael Pinnella. El resultado es impresionante, una canción sencillamente extraordinaria.

Al momento de concluir y evaluar este disco, la verdad es que no hay otros calificativos que agregar a las loas ya mencionadas. Mike LePond hizo un trabajo genial en “Pawn and Prophecy”. Una hora de música que te vuela la cabeza sin descanso. Probablemente no es un disco que vaya a cambiar la historia del Metal, porque no inventa nada nuevo, más bien amalgama distintas influencias de manera soberbia, dándole un sello, un toque personal y distintivo. Logra un sonido característico, suena a algo que no hemos escuchado antes, lo cual es encomiable. Por otra parte, tampoco es un disco que vaya a quedar en el olimpo de los mejores discos jamás producidos, pero ciertamente estará dentro de lo más selecto de su carrera y será uno de los grandes lanzamientos de este año.

“Pawn and Prophecy” es un disco honesto, innovador, apasionado y que derrocha talento, gracias a sus composiciones directas pero a la vez llenas de arreglos. Todo coronado por una obra de veintiún minutos que no deja detalles al azar y es reflejo de un trabajo serio, virtuoso y apasionado. Golazo de Mr. LePond y compañía. 666% recomendado.

 

Hernan Borquez

“Cuando no hubo compasión, el final vino sin razón” (trad. Labyrinths). El Metal nacional se vuelve a sacudir con fuerza con «The Cycle«, el último lanzamiento de la banda de Death Metal Recrucide, precedido por el memorable álbum «Svpremacy«. La banda está compuesta por Cristian Medina en batería, Hernán Muñoz y Rodrigo Alpe en las guitarras, además de Rodrigo Zepeda en vocales y bajo. Cuarenta y dos minutos de potencia y energía de la mano de los artesanos de este sonido sublime, que en vivo se potencia aún más.

Bajo el sello LQC Records, la mezcla y co-producción (junto a José Luis Corral) está a cargo de Francisco Arenas, en cuyo estudio se realizó también la grabación. Los arreglos corren a cargo de Lasse Lambert en LSD Studios en la ciudad de Lübeck, Alemania, y la enorme portada y concepto visual está a cargo de Aldo Rojas.

Sin obertura ni introducciones, «The Cycle« comienza pedal a fondo con Disowned, un brutal llamado a la sublevación, directo al grano y sin mayores segmentaciones que pondrá a prueba tus parlantes y audífonos ante la potencia sónica que te destraba del silencio en el que estabas sumido anteriormente. Con los sentidos calibrados para recibir el sonido de Recrucide, entra Spiral en la lista, uno de aquellos temas que definitivamente quedan grabados en la retina auricular. Una equilibrada composición que se enfoca primero en crear una atmósfera, conteniendo, en líneas recitadas, la aparición del lado bestial de la voz de Zepeda hasta el momento del cambio de marcha («Go! Go! Go!»). El complemento lírico recrea a la perfección la seductiva y autoritaria marcha de una espiral que despoja corduras lineales y existenciales.

Por su parte, Illumination recorre la idea de la fe ciega y el andar arbitrario hacia “la luz”. Los solos de Muñoz y Alpe son introducidos y desarrollados con maestría, en lo cual ayuda mucho la atmósfera a medio tempo, que permite sonidos disonantes que sacan jugo al rango dinámico del sonido. Imposible no cabecear el cierre de este tema.

Time es una canción muy brillante en cuanto al sonido de las cuerdas, pese a tener una batería poderosa y dinámica. El bajo es muy perceptible, muy presente, como si constituyera el corpus del tema entero, guiando la batería y el cabalgar de las guitarras.

El título del álbum es muy apropiado no sólo para el concepto temático, sino también para visualizar el fluir de las canciones. La sola idea del “ciclo” evoca imágenes interesantes al escuchar el álbum: tensiones gravitacionales, rupturas temporales, ejes, esferas, etcétera, pero antes de ponernos lovecraftianos, hay que mirar desde la otra vereda, porque los escritos de Zepeda también reflejan una dimensión concreta y “humana”. El potente groove de Insane, junto con Ira y The Guilty, son un ejemplo más evidente de esta característica. Pero volviendo a la música, Ira es un potente viaje up-tempo a través del blast de la batería de Medina. La canción está flanqueada por Insane y Labyrinths (o Labyrinth), generando así una especie de isla entre canciones que comparten el mismo tempo. Pese a que Labyrinths es la segunda canción más corta del disco (sin contar el outro Candelabrvm III), no se siente de tal manera, cosa que adjudico al enriquecimiento instrumental que posee. Las secciones líricas son un largo bis dividido por el espectacular solo de Muñoz y concluido por un demoledor ritmo a guitarras “muteadas”.

El mayor logro de Recrucide es el gran rango de expresión musical que poseen, además de ser muy moderados para conformar el sonido—casi minimalistas—sin arriesgar el valor atmosférico de la composición por sobre lo extremo que puede llegar a ser el Death Metal. Este aspecto se evidencia en todo el disco, pero la oda nihilista Zero es un ejemplo destacado de esta característica. Stay Away reúne todos los aspectos musicales de Recrucide, esto me dio la idea de invertir “el orden del ciclo” y escucharlo a la inversa, dejando Candelabrvm III como intro, sin embargo, nada se compara a escucharlos en vivo.

Gabriel Rocha

Echo the horns and thus we reborn in glory” (“ØMNI – Silence Inside”) El decimosexto día del presente mes de febrero fue el lanzamiento de «ØMNI», el nuevo disco de la banda paulista Angra, bajo el sello earMUSIC y la producción de Jens Bogren. Angra, que por décadas ha puesto nuestro continente en el mapa del Metal internacional, nos sorprende con un álbum muy bien logrado, que, si bien no tiene una narrativa interna, comparte muchos aspectos con «Temple of Shadows» como, por ejemplo, la capacidad de alternar sonidos pesados y devenires melódicos, lo que se traduce en mayor énfasis en la composición integral. El significado etimológico del latín omni es “todo”, justamente lo que parece buscar este álbum en la identidad artística de Angra.

Actualmente conformado por Rafael Bittencourt y Marcelo Barbosa en guitarras, Felipe Andreoli en bajo, Bruno Valverde en batería y Fabio Lione como vocalista, Angra nos entrega en primer término Light of Trascendence, que abre el álbum de manera muy similar a Spread Your Fire! de «Temple of Shadows«, es decir, postulándose como la canción más orientada hacia el Power Metal y con mayoría de elementos en común con la constelación de bandas que forman el género. Muy cerca de esta definición se encuentra también Travelers of Time, en cuyos primeros segundos podemos reconocer el sello de Angra al integrar la percusión batucada en la parte rítmica. Con una buena utilización de voces de complemento, llama la atención el pre-coro y las secciones instrumentales que luego se abren hacia el verso vocalizado por Rafael Bittencourt, una genialidad que también marca el sello de Angra, sobre todo desde «Temple of Shadows«, que es, en concepto personal, el cénit de la banda.

No es raro en Angra -ni en muchas bandas que conocemos- escuchar la participación de invitados, generalmente de gran trayectoria. La ventana escogida para esto es Black Widow’s Web, que cuenta con la voz de Sandy Leah Lima, integrante del precoz dúo de hermanos convenientemente llamado Sandy & Júnior, que durante los ’90 sonó profusamente en radios brasileñas con su música pop. La otra invitada es la inconfundible Alissa White-Gluz, frontwoman de Arch Enemy desde el 2014, año en que dejó su anterior banda The Agonist. El intro de la canción queda a cargo de la primera invitada mencionada, cuya dulce voz abre la canción como si fuera un libro de cuentos de hadas. Sin embargo, con la caída de tono del segundo acorde de guitarra, queda claro que el cuento tendrá un giro oscuro. Después del primer verso de Fabio, aparece la voz gutural de Alissa para añadirse al resto de la canción en alternancia con el maestro lírico de Rhapsody. En el coro se logra una evocación bastante particular: la voz de Lione en este álbum se siente más adaptada al sonido de Angra que en el álbum anterior, «Secret Garden«; por consecuencia -como también pasa a ratos con Travelers of Time– se puede sentir el estilo de Edu Falaschi (Almah) en la voz de Lione con una sutileza casi sugestiva o psicológica. Da para pensar en el talento de Fabio para adaptar el estilo, o, por otra parte, en cómo la propiedad, conciencia y conocimiento que Angra posee sobre la voz adecuada para la banda fue moldeando al vocalista italiano.

Inevitable no acordarse de «Rebirth« con Insania, canción que inicia con un coro orquestado emulando la mística del álbum anteriormente mencionado. Felipe Andreoli destaca en el arreglo del bajo, demostrando una vez más su enorme talento que viene acompañando a Angra desde el nuevo milenio.

Debo confesar que tengo cierta debilidad por las baladas de la diosa del fuego, Always More es una de las que formará parte del conjunto de canciones donde hay joyas como Rebirth, Sprouts of Time, Abandoned Fate y Lease of Life, entre otras. Sin embargo, me atrevo a decir que el laurel va para The Bottom of my Soul, compuesta e interpretada por el capitán de la nave, Rafael Bittencourt. Su oculto talento vocal ya ha sido demostrado con Silent Call, pero en esta ocasión, la interpretación no va hacia la templanza, sino a la angustia, un sentimiento que Rafa plasma en su voz y le da una intensidad única al coro. Simplemente majestuosa.

Angra no deja de lado su virtuosismo, War Horns es de aquellas canciones que conforman el lado progresivo de la banda. Como no se le puede decir invitado a alguien que es de la casa, no se puede tratar como invitado al gran Kiko Loureiro, quien colaboró con su talento en el solo y composición de esta canción. La visita del actual escudero de Dave Mustaine trajo consigo esa capacidad de crítica distópica que se suele ver en Megadeth; en fusión con las temáticas teológicas de Bittencourt, el resultado es una canción potente en contenido, citando pasajes de la Biblia que auguran el comienzo de un apocalipsis armado.

Caveman nos trae de vuelta -y en acento- los elementos folclóricos que caracterizan a Angra. La temática es muy interesante ya que posee relación evidente con el “mito (o alegoría) de la caverna” descrita en «La República» de Platón. Esta consiste, en síntesis, en la tensión de realidades sensibles e ideológicas del ser humano, donde un individuo, parte de un grupo de prisioneros ideológicos, debe enfrentar las sombras con la verdad de la luz proveniente del exterior de la caverna y todo lo real que habita fuera de ella (“From thoughts without words / Just shadows of real things”). Básicamente “Matrix” o “Alicia en el país de las maravillas”. Por otra parte, Magic Mirror deleita en el aspecto técnico y progresivo, con un interludio elaborado que atrapa en su dinamismo, al igual que Newborn Me y su escala de ritmos. De todas formas, hay que dibujar la línea de comparación con «Secret Garden» (y también «Aqua«), ya que en «ØMNI« no prima el aspecto técnico que destaca a Magic Mirror.

El cierre del álbum se conforma por una canción homóloga del álbum dividida en dos partes temáticas: Silence Inside y Infinite Nothing. Con climas muy dispares entre sí, la primera se va abriendo paso de forma dramática. Con el dúo Bittencourt/Lione en las voces, los versos se conforman entre la guitarra en wah-wah y las sinfonías que luego dan más carácter a la canción y la sumergen en mayor oscuridad hasta cerrar en un fade acompañado de instrumentos folk. Infinite Nothing, por su parte, es una sinfonía encore a modo de outro como Gate XIII del glorioso «Temple of Shadows«.

Angra logró en «ØMNI» lo que ha tratado de hacer desde esta nueva etapa: conformar los elementos que le dan cohesión a su música sin que ninguno se haga sombra entre ellos. Con ansias se espera la gira de este nuevo capítulo, que celebra los casi treinta años de la banda como líder del Prog-Power sudamericano.

 

Gabriel Rocha

Hablar de White Wizzard es hablar de Heavy Metal a secas. Los oriundos de California comenzaron su carrera hace ya diez años y son sin lugar a dudas uno de los estandartes del revival de Heavy Metal tradicional que ha experimentado la escena durante la última década. Y esto no es casualidad porque los yankees se han ganado su sitial a punta de buenos discos: “Over the Top” (2010), “Flying Tigers” (2011) y “The Devil’s Cut” (2013), todos ellos en la vena más clásica del Heavy Metal, compartiendo la misma filosofía que predican Enforcer, Skull Fist o los nacionales Iron Spell, por sólo nombrar algunos.

Luego de sucesivos cambios de formación y cinco años de espera desde su último LP, White Wizzard nos presenta “Infernal Overdrive” con Wyatt Anderson en la voz, James LaRue en guitarras, el líder sempiterno Jon Leon en el bajo y Devin Lesback en la percusión.

El disco arranca con el single y homónimo Infernal Overdrive. Una introducción de redobles furiosos marca de inmediato un tono de agresividad y velocidad que se aleja del Heavy más tradicional, entrando en un terreno infernal, más agresivo, y que incluso coquetea ese Thrash Metal que cultivasen bandas tipo Forbidden. Sin embargo, el Wizzard se debe al Heavy Metal y es así como rápidamente la canción devela una influencia brutal, innegable y hasta cuestionable: Painkiller. Los primeros versos son casi un calco del clásico de Judas Priest. Si es un homenaje o un plagio, no lo sabemos, eso queda a criterio de cada uno. En general, Infernal Override es un viaje al sonido más noventero del género, más rápido y entrópico en comparación a la propuesta más NWOBHM que la banda acostumbra a presentar. Es un comienzo diferente, pero auspicioso.

Con Storm the Shores, los californianos vuelven a sus raíces con un sonido más tradicional y cercano a la NWOBHM, propuesta que por supuesto manejan a la perfección y disfrutan haciendo. El bajo de Leon aumenta sus decibeles, mientras que LaRue da clases de armonización y elegancia con esas típicas escalas maidenescas de principios de los 80′. Todo esto bajo la sólida percusión de Devin Lesback, que fiel al estilo, despliega ese ritmo galopante y lleno de arreglos, que también es marca registrada de Nicko McBrain y la doncella.

Siguiendo la misma linea musical, Pretty May entrega otra combinación de recursos clásicos que estructuran un tema sólido, de espíritu viejo y manufactura moderna, tal como uno esperaría al ponerle play a cualquier disco de White Wizzard. Es menos cautivante que su predecesor, pero que justifica su espacio en esta placa.

Cuatro golpes de hi-hat introducen Chasing Dragons, composición que quiebra de cierta manera la tendencia que viene presentando el disco. Aun cuando la formula es evidentemente Heavy, cierto elementos melódicos acercan este tema a propuestas más Power. Los ocho minutos de canción se pasean por diferentes sonidos que se entremezclan cómodamente, dando forma a un blend interesante, no tan directo, pero sólido al final del día.

El quinto tema es Voyage of the Wolf Raiders, segundo de los cuatro temas de la placa que se extienden por más de ocho minutos. Un comienzo acústico y de carácter nostálgico abre esta pieza musical, que evoluciona hacia riffs y melodías que es imposible no contrastar con el catálogo de la Doncella de mediados de los 80’. Se pueden identificar fácilmente tres o cuatro recursos que tributan lo hecho en canciones como Rime of the Ancient Mariner. Más allá de todo juicio en términos de influencia/tributo/homenaje, Voyage of the Wolf Raiders es un gran esfuerzo compositivo, muy bien logrado y brillantemente ejecutado.

Las influencias de Judas Priest, especialmente en términos vocales, vuelven al ruedo con Critical Mass. El trabajo vocal de Anderson sobresale del resto de las performances (y justifica su alias Screamin’ Demon), alcanzando notas ridículamente agudas, a veces innecesarias. Armonías complejas reemplazan los clásicos riffs en acordes mayores y el shredding de la guitarra da energía y vida a una canción de cadencia veloz y espíritu caótico. Diametralmente opuesta es Cocoon, séptimo tema de este larga duración, donde la banda baja las revoluciones del metrónomo y transmite sentimientos profundos y melancólicos más que de euforia y caos, gracias a la voz desgarrada de Anderson.

Similar a la propuesta anterior, Metamorphosis es un tema denso y reposado. En esta parte del disco White Wizzard parece querer intercambiar los cabeceos incesantes por la introspección reflexiva. No es que sean temas intrínsecamente lentos, pero tienen una atmósfera mucho menos putera que lo presentado en la primera mitad del disco.

Finalmente, cerrando “Infernal Overdrive” llegan los once minutos que llevan por nombre The Illusion’s Tears. En línea con los tema anteriores, la propuesta es menos infernal y más solemne. Guitarras sobrias, una base rítmica más pausada y un Anderson más contenido protagonizan una composición que deambula por pasajes que ilustran un White Wizzard menos callejero y más maduro… eso al menos hasta el minuto ocho de canción, cuando activan el interruptor metálico y vuelven a la carga con un riff cargado a la cafeína y con guiños a Kill the King de Rainbow, en lo que pareciera ser una estampa de Heavy Metal encargada de cerrar este larga duración de la misma manera que empezó.

En consecuencia, “Infernal Overdrive” es un trabajo positivo que termina de consolidar una nueva faceta de White Wizzard, pues da la impresión que se muestran como una banda más madura, con composiciones menos cañeras y más complejas. Entrando de lleno en el terreno de los juicios personales, honestamente no sé si esta es la fórmula ganadora. Por una parte, muy bien, evolucionaron… pero parece que eran más disfrutables cuando tenían una propuesta más simple y directa. ¿Será realmente así? Difícil de juzgar. Lo que sí es cierto es “Infernal Overdrive” es un buen disco de Heavy Metal que sigue pavimentando el camino de White Wizzard como uno de los grandes exponentes del revival de Heavy Metal que venimos disfrutando hace ya un par de años. Yo no soy devoto de los revival y la gran mayoría no me prenden para nada, pero hay que saber reconocer cuando la música es buena, y los californianos algo saben de eso.

Hernán Borquez

Siempre se cuentan muchas historias acerca de la magia que rondan las tierras de la isla de Chiloé, lugar de origen de los muchachos de Camus. A modo de comentario personal, conocí esta banda en el homenaje al fallecido Pablo Garriga (Eternal Thirst) que se realizó hace ya algunos años, y fueron uno de los puntos más altos de la jornada. Tras varios cambios en su formación (especialmente en cuanto a las voces), presentan su segundo disco llamado “Resistir”, sucesor de “Senderos de Libertad”.

Esta segunda placa de los ancuditanos nos presenta un trabajo que tuvo un largo tiempo de preparación, y abre los fuegos con una intro que se caracteriza por contar con todos sus elementos en una medida justa y precisa que da paso a No Pierdas La Fe, en donde se puede apreciar la gran influencia del Power Metal de Helloween y Gamma Ray, pero condimentado con el sello que ya se vio en los temas del disco anterior (por favor escuchen Ya Todo Se Vendió), sobre todo con un salto de calidad con respecto al sonido registrado en el primer disco. Todo se percibe y se escucha mucho mejor. Cambios de ritmo, guitarras en armonía, la presencia de la batería y el cambio de tono en el riff principal, el cual deja paso a un Heavy Metal de corte muy clásico donde la voz de Francisco “Caluga” Almonacid luce e impone su sello, junto con sentirse muy bien acoplada, como si hubiera estado desde el primer día en la banda.

Desde La Proa parte con un acercamiento inicial con tintes de Hard Rock, pasando por un midtempo y un coro con donde si bien el que destaca es Francisco en las voces, el trabajo conjunto de Max y Javier en bajo y batería respectivamente sientan una base sólida que destaca la voz principal y los coros de Andrés “Mengo” Ibáñez, que hacen el contraste perfecto poniendo un toque más “callejero”. Esta canción fue uno de los primeros adelantos del disco, y se siente como una invitación a recorrer el Canal de Chacao, tomar un bote y adentrarse dentro del agua para sentir esa atmósfera especial de la isla, dejando atrás todas las preocupaciones de la vida y dejarte llevar en un viaje.

Resistir presenta una faceta diferente, con un tiempo más lento pero mucho más rockera y llena de fuerza y matices entre estrofas, acompañados por un sonido más grave en las guitarras que por pasajes hace recordar al sonido de Van Halen… pero sin duda el broche de oro de esta pista es el coro “Y resistir / De pie hasta el fin…” interpretado por Mengo que te deja más que claro que este disco tiene tanto talento y música como cojones y actitud para repartir.

Camus trata de dejar siempre en claro sus orígenes, principios e historias de vida que han formado la identidad de su gente, y todas estas experiencias se ponen a disposición de la música en canciones como La Goleta, donde se nos cuenta de manera soberbia la historia de veintitrés marinos que dejaron todo por perseguir el sueño de conquistar la pampa y dejar su marca en tierras aún más australes. En cuanto a lo musical, a lo largo del disco encontramos un trabajo de guitarras impecable, tanto en las bases rítmicas y los solos, pero sin duda alguna se lucen de mayor forma en el trabajo armónico.

El midtempo En El Silencio está ubicada perfectamente en el listado de canciones para bajar un poco las revoluciones y preparar el terreno para el tercio final del disco: Lafquen, Almas De Acero y Jaguar, todas de una altísima factura, pero lo que más destaca en este cierre del disco es la expresión del compromiso de cada uno de los integrantes con su música, su tierra y sus ideales.

Este disco es sin duda alguna un gran paso adelante en la carrera de esta banda, dejando en claro que muchas veces no es necesario contar con todos los recursos del mundo para realizar un buen trabajo, siempre se que haga con ganas, respeto y actitud.

Sebastian Aguirre