Para nadie es un misterio que luego de la publicación de “From Afar” (2010), Ensiferum ha divagado entre álbumes poco consistentes que cada vez los alejan más de su peak tanto en composición, como en popularidad alrededor del mundo. No es de extrañarse entonces si surgen opiniones divididas respecto al presente de la banda. Es así como “Two Paths” asoma como una gran oportunidad para reivindicarse y retomar el rumbo que los convirtió en uno de los pilares fundamentales de esa ola de Folk Metal que nos azotó hace algunos años.

La intro Ajattomasta Unesta es épica como pocas. No mentimos al decir que bastan un par de compases para situarse dentro de una batalla de grandes proporciones. Al ritmo marcial se le suma una tenue voz femenina que solo logra ir subiendo la tensión segundo a segundo hasta que la banda deja caer todo su peso donde la armonía en las guitarras y los arreglos orquestales destacan por sí solos. Rápidamente pasamos a For Those About to Fight for Metal, que con total seguridad afirmamos que es uno de los puntos más altos del álbum. De inmediato es necesario recalcar que la acordeonista Netta Skog aparece en los créditos como compositora. Entonces, básicamente es el opening track al que nos tienen acostumbrados y que ya resulta ser marca registrada de la casa. Riffs gancheros y repetitivos, doble bombo a más no poder, arreglos corales y orquestales, que finalmente abren paso a un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: “For those about to fight for metal/ Gods of war salute you all/ For those who’ll never lower their blade/ We’re blood brothers till the end“. ¡En vivo será notable!

Al igual que su predecesora, Way of the Warrior se encuentra dentro de lo más destacado del LP. En primer lugar, imposible no elogiar la gran pegada de Janne Parviainen durante todo el tema. Logra llevar con total soltura cada uno de los pasajes, haciendo que la canción fluya y se transforme en un hachazo de aquellos. Así, el grito inicial de Petri Lindroos no hace otra cosa que incitar al caos y al descontrol mientras escuchamos un huracán de fondo. Considerando esto último, desde luego que el trabajo de las guitarras es arrollador a medida que se intercalan los riffs más pesados y los interludios antes de cada estrofa. Los frases desgarradoras son acompañadas de forma precisa hasta que llegamos al coro “It’s the way of the warrior/ This path before me/ Destined to be the king/ Of battlefields!” que rápidamente te queda dando vuelta en la cabeza. Por último, suma atención con las segundas voces y con la parte instrumental, ya que nada es dejado al azar. Al hueso y sin pretensiones.

En absoluto contraste, Two Paths es una pieza un tanto más densa y algo más difícil de digerir. Los “dos caminos” se ven reflejados en la interpretación vocal de ambos guitarristas (voz limpia y gutural). Y esto la verdad es que es un poco contraproducente, ya que la voz de Markus cuesta encajar dentro de la primera estrofa y el primer estribillo. Suena un tanto fuera de lugar y por momentos le falta fuerza en su interpretación. Eso sí, una vez que Petri entra de lleno en el tema, este recién agarra un poco de fuerza y de empuje mientras Janne y Sami aplastan todo de fondo. Lamentablemente la idea era bastante buena y predecible, pero se ve un tanto opacada por la gran diferencia que mencionamos anteriormente.

Volvemos al vértigo en todo su esplendor con la notable King of Storms. Nuevamente Janne se luce de principio a fin con un trabajo sobre el ride ejecutado a la perfección. Eso como primer aspecto a destacar. Luego, junto a las guitarras más filosas y “callejeras”, encontramos arreglos orquestales más bien discretos, pero que en su conjunto logran que en cada una de las partes donde se hacen presentes se alcance una gran cohesión. Además, suma atención con la parte de los solos en la sección media-final, que si bien no es tan extensa, no se guardaron absolutamente nada. Lo demás ya es tierra conocida. Gritos, coros épicos y un headbanging que no se toma pausas.

Y bueno, una de las mejores formas de aprovechar a Netta Skog es su gran talento para el canto. De esta forma, Feast with Valkyries está interpretada en su totalidad por la acordeonista. El ritmo mid-tempo acompaña de forma óptima la historia que se cuenta y la forma que tiene la finesa para entonar cada una de las frases. A su vez, el estribillo fue hecho para cantar y bailar de acuerdo al festín en el que nos sitúan: “High to the skies, across the seas/ Woods of the north and mountain peaks/ The song will sound through history/ Tonight we’ll feast with valkyries“. La función de entretener y llamar la atención de forma positiva se cumple a cabalidad. ¡A disfrutar!

Don’t You Say es quizás una de las más llamativas considerando el concepto general de este trabajo. Resulta un tanto “extraña” puesto que más bien hablamos de un corte que oscila entre un Rock más radial y festivo, pero sin dejar el típico sonido Folk de los fineses. Esto último se aprecia desde un comienzo cuando escuchamos el ritmo de la batería y la melodía principal que acompaña toda la canción. A destacar también la constante participación de Netta tanto en los coros como en la instrumentalización. A su vez, no se sorprendan si el fraseo de Markus Toivonen les recuerda a Christopher Bowes (Alestorm) durante gran parte de la lírica. Lo cierto es que es una mezcla que en el balance final termina por convencer de gran manera. Quedan cordialmente invitados a cantar el “Don’t you say it’s the same old story/ don’t you say I came too late…“.

De lleno en la segunda mitad del LP, I Will Never Kneel asoma por lejos como uno de los puntos más bajos dentro de todo el tracklist. Si bien en un comienzo pareciera ser otro tema directo al hueso, cada vez que escuchamos el “I will never kneel…” entramos en un letargo y en una monotonía que cada vez resulta menos provechosa. Lo único destacable quizás es el pasaje donde nuevamente Netta Skog logra una interpretación vocal sobresaliente y muy acorde a la atmósfera que se crea en la parte media. Pero esto es solo algo pasajero, puesto que pocos segundos después volvemos a los aspectos negativos ya descritos. Por el contrario, God Is Dead probablemente es la composición más festiva y vertiginosa de todas. Con algunos tintes propios de Turisas (¿coincidencia?), todo parece ser un caos y una celebración digna de los paganos. Aún así, bastante poco es lo que llega a aportar en el balance general. Se sostiene solo por la calidad de su predecesora y su ubicación dentro del álbum.

Casi finalizando, Hail to the Victor es otra pieza densa y pesada que no logra renovar energías considerando que prácticamente es el ending track. Más aún considerando que la letra intenta ser épica y grandilocuente conforme la canción va desarrollándose. Es así como nunca toma la fuerza necesaria y se queda corta dentro de su propuesta. La parte instrumental logra refrescar un tanto los ánimos, pero súbitamente se pierde la inspiración con el “Hail to the Victor…”  al igual como ocurre en I Will Never Kneel. Luego Unettomaan Aikaan asoma como el outro donde el acordeón, la sección de cuerdas y la misma voz femenina que abre este trabajo se hacen presente.

Por último, y a modo de bonus track se nos presenta la “versión alternativa” de God Is Dead y Don’t You Say. A ojos cerrados esta última es la más recomendable, ya que en esta ocasión las voces están a cargo de de Petri y vaya que las cosas cambian. La intención no es desmerecer ni quitar mérito a la propuesta original, pero resulta bastante interesante tener la perspectiva de los guturales interpretando el estribillo con una potencia envidiable. Ojo ahí.

A modo de conclusión, a todas luces “Two Paths” está lleno de altibajos y de contrastes que no resultan muy placenteros. La baja considerable en las composiciones de la segunda mitad de la placa no se puede pasar por alto. Y es una lástima, puesto que los temazos que abren el disco pueden resultar opacados injustamente. Ahora, centrándonos en los aspectos positivos, la participación de Netta es el primero de ellos. Gran, gran acierto al incluirla en el trabajo vocal de cada una de las pistas. Los coros suenan poderosos y brillan con luces propias. Por otro lado, la base rítmica a cargo de Janne y Sami es simplemente descollante. Nada más que acotar al respecto. Finalmente -y volviendo unas líneas atrás-, las canciones más destacadas con total seguridad están llamadas a convertirse en clásicos instantáneos. Solo esperen a ver lo bien que funcionarán en vivo y en directo.

 

 

 

Tuvimos que esperar diez años para poder volver a escuchar toda la potencia de Nocturnal Rites, un tiempo en el que llegamos a pensar incluso que quizás nunca volveríamos a disfrutar de esos tremendos riffs que nos regala la mente de Fredrik Mannberg, interpretados por él mismo y por el talentoso Per Nilsson, que vino a unirse a la banda este mismo año, además de la icónica voz de Jonny Lindqvist.

Diez años de espera no fueron para nada en vano porque finalmente terminan con el lanzamiento de “Phoenix”, trabajo para el que nos fueron preparando con distintos singles como Before We Waste Away, A Heart As Black As Coal”, Repent My Sins y What’s Killing Me, los que empezaron a acelerar los corazones de todos quienes esperábamos con ansias el regreso de uno de los íconos del Power Metal.

Todo esto arranca con A Song For You, una midtempo poderosa que parece estar dedicada a todos los que aguardamos durante diez años la esperanza de volver a escuchar a los suecos y hoy nos deleitamos en este opening track, uno que no deja indiferente desde el segundo uno porque, a diferencia de lo común en un disco, arranca con un riff lento y pesado sobre el que de inmediato la voz de Lindqvist se hace presente con líneas vocales que nos transmiten un montón de energía sin mayor esfuerzo, con una tremenda base rítmica del siempre presente Nils Eriksson y sus cuatro cuerdas además de la batería de Owe Lingvall. Un regreso a las canchas correctísimo por donde se le mire.

Repent My Sins la conocimos hace poco como uno de los singles anteriores al lanzamiento de este trabajo. Acá podemos disfrutar de líneas vocales mucho más dinámicas donde la voz de Lindqvist se pasea un poco más por su rango de voz, con un tono quizás no tan nostálgico como el que se pudo apreciar en el track anterior sino más esperanzado, por decirlo de alguna forma, con un pequeño quiebre rítmico en medio de la sección de solos donde caemos levemente en ese ambiente oscuro que pareciera ser parte fundamental del sonido de estos muchachos. Si bien los riffs evocan emociones quizás un poco más alegres, es precisamente en esos pasajes más oscuros donde uno pareciera sentirse un poco más “en casa” con Nocturnal Rites.

Lo siguiente también lo conocimos antes, A Heart As Black As Coal, la que ya agarra más potencia y peso que las dos canciones anteriores, con riffs más oscuros que nos transmiten un poco de rabia. Al quiebre rítmico pasado la mitad del track le cae la responsabilidad de permitirnos disfrutar más a destajo de los solos de las guitarras de Mannberg y Nilsson, una tremenda sección en este bien elaborado tema que nos trae un pequeñísimo problema: los ritmos contenidos que nos vienen entregando, ya que, hasta este punto, se extrañan un poco ritmos más desatados pero, sin embargo, no deja de ser un tremendo trabajo.

Lo primero que conocimos de este regreso fue Before We Waste Away, la que mantiene este ritmo que veníamos escuchando pero se empieza a acercar un poquito a la velocidad que uno quisiera escuchar de estos muchachos. Acá lo que más sobresale son, claramente, las líneas vocales, especialmente en el coro donde la voz se ve reforzada, dándole un toque de pomposidad preciso, ni exagerado ni somero, repitiendo la fórmula del quiebre rítmico para la sección de los solos lo que le ha venido dando a todas las canciones una dinamicidad interesante… creo no hay mucha más novedad que podamos decir sobre la primera canción que conocimos de este regreso.

Entonces arrancamos con el último single antes del lanzamiento, What’s Killing Me, la que reduce considerablemente la velocidad en la estructura rítmica pero sin afectar mayormente el contenido final, regalándonos una midtempo donde el ritmo es, por decirlo de alguna forma, más juguetón, aún en su cadencia, lo que le entrega a esta pieza un toque dinámico que no pasa desapercibido pero que tampoco es exagerado. Mención especial para el riff de las guitarras que suenan tremendamente pesadas sin sonar “malas” en el sentido del Metal “malulo” y, como ya nos acostumbraron, el quiebre rítmico para la sección de solos es un lujo más en esta tremenda placa.

Y, de repente, justo en el punto medio del disco, ¡paf! Llega la velocidad con The Poisonous Seed, una base rítmica relajadamente rápida, con un alto juego de la batería, que nos regala un toque medio arabesco, lo que permite que, al terminar la canción, todos se hayan podido lucir en cada uno de sus instrumentos, Mannberg y Nilsson en la sección de solos, Lingvall y Eriksson con la base rítmica y Lindqvist con un trabajo vocal digno de su talla, líneas vocales y líricas sumamente inspiradas sin necesidad de forzar su voz ni exigirse. Yo me atrevería a decir que es uno de los puntos más altos de esta placa que ya nos venía entregando puntos altos, quizás podríamos decir que el permitirse soltarse un poco para este track les resultó positivo con creces.

Bajamos levemente las revoluciones pero aumentamos el peso cuando arranca Used To Be God, la que luego de los riffs iniciales da un espacio en vacío a la voz de Lindqvist que le entrega un toque épico inmediato al track, para volver con todo a la potencia y velocidad que mantiene esa epicidad e intenta llevarla a otro nivel. Mención aparte merece la estructura lírica de esta canción ya que su contenido es sumamente profundo, la queja o lamentación de quien se sintiera o fuera un dios y lo perdiera todo. Como ya dijera antes, pareciera que les queda considerablemente cómodo este ritmo más desatado, lo que se aprecia especialmente en los juegos de batería que no sólo acompaña la base rítmica sino que, además, se muestra mucho más dinámica. Simplemente otro punto alto.

Bajamos nuevamente un poco la velocidad para Nothing Can Break Me, la que incluye unos sonidos medio electrónicos, quizás hasta medio espaciales. Acá es posible asemejar la estructura rítmica y melódica a estilos un poco más alejados del Metal, de hecho, a la oreja al menos parece ser uno de los punto más bajos de esta placa, un tema un tanto genérico que no logra movilizar muchas emociones y que, finalmente en el resultado final del disco, pasa casi sin pena ni gloria. Creo importante aclarar que no es un mal tema, para nada, pero con lo que nos entregan en este trabajo y con las capacidades de la banda se siente como que pudo ser mejor.

Con un riff más pesado nos llega la velocidad de The Ghost Inside Me, el que encima se da el lujo de regalarnos un pasaje ¡con violines! Si el tema anterior pareció genérico acá se desquitan/disculpan y nuevamente recibimos todo lo que quisiéramos escuchar de Nocturnal Rites, una base rítmica detalladamente exquisita, con variados cambios y quiebres rítmicos, con riffs poderosos y dinámicos, con líneas vocales y líricas de muy alta factura y, demás está decir quizás, una tremenda sección de solos donde ambas guitarras se lucen a más no poder, luego de la cual nos encontramos nuevamente con la voz de Lindqvist en vacío para después ser acompañado por varias voces en un coro final tremendamente épico cerrando un tema que sencillamente te golpea la cabeza todas las veces que puede.

Welcome To The End entra con toda la rabia que pareciera haber quedado estancada en el tema anterior, nuevamente con un pequeño acompañamiento de violines, con un riff rabioso y pesado y, además, una base rítmica imparable. Si el disco venía regalándonos grandes momentos, éste, sin lugar a dudas, se alza entre los mejores momentos del álbum, un trabajo que se nota le queda sumamente cómodo a los suecos con todos esos cambios, una estructura musical auditivamente deliciosa que te hace exclamar, perdonando mi francés, “¡puta que son buenos estos huevones!”. La potencia y velocidad no se toman ningún descanso, las líneas líricas y vocales están tan bien elaboradas junto a toda la estructura rítmica y melódica que te hace olvidar cualquier punto bajo que puedas haber escuchado en los temas anteriores y, dándote la bienvenida al final, te levanta el ánimo a lo más alto justo antes de terminar este nuevo trabajo.

Desgraciadamente, todo tiene su final y es así como llegamos a Flames, una nueva midtempo que del principio ya suena a himno, una especie de power ballad que relaja todas las neuronas, partículas y cualquier parte de nosotros que haya quedado pidiendo agua con los temas anteriores para regalarnos un cierre tranquilo, notablemente inspirado y que nos recuerda, nuevamente, que el buen Power Metal no siempre es pura velocidad sino que todo va en la calidad compositiva y ejecutoria de una banda, claro ejemplo encontramos en este track que nos regala un sencillo espacio de nostalgia y relajo… simplemente un cierre monumental para un regreso monumental.

Y así, con las llamas desde donde renace el fénix, terminamos este tremendo álbum que viene a terminar los diez años de espera que tuvimos desde “The 8th Sin” (2007), un trabajo tremendo por donde se le mire, quizás con un tema que deja una sensación un poco incierta pero que, sumando y restando, aprueba con creces y sin ningún lugar a dudas. Los suecos nos hicieron esperar pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que cualquier espera valió la pena al escuchar este regreso que, además, cuenta con un trabajo de arte realizado por un chileno como Claudio Bergamín, o sea, no sólo podemos disfrutar el tremendo trabajo musical que nos regala la banda sino que también la obra de un compatriota en su portada.

Lo único que podemos esperar ahora que, muy a pesar nuestro, los once tracks de esta placa terminaron, es que no tengamos que esperar nuevamente diez años para poder disfrutar de la tremenda calidad de Nocturnal Rites y, quizás rezando a todos los dioses del Rock y el Metal, alguna vez poder verlos en nuestro país para disfrutar su sonido en vivo. Hasta que eso pase, tenemos una nueva obra maestra para escuchar todas las veces que queramos junto a las joyas anteriores de estos suecos que, aunque pasen veinte años antes de su nuevo trabajo, seguramente lo estaremos esperando y lo disfrutaremos tanto como hicimos con cada uno de sus lanzamientos.

 

 

A buena mesura del conocimiento de nuestros lectores, el nombre Nicolás Arce no es desconocido si pensamos en el prestidigitador de cuerdas en las filas de la Ópera Metal nacional Húsar, de Ivés Gullé. Maze, el proyecto liderado por el también productor—de bandas como Polímetro y Battlerage, entre otras—sale a la luz después de siete años de génesis. Y además de Arce en la guitarra, sintetizadores y bajos de estudio, Maze cuenta con la voz de Rodrigo Varela (Afterglow, Húsar), Vincent Zbinden en batería y su más reciente incorporación, Diego Contreras (Violent Passion Surrogate) en el bajo.

El EP se titula “Misery for Breakfast” y se compone de cinco canciones originales, más un cover a la legendaria banda noruega A-Ha; un eco de aquellos tiempos donde el pop tenía tendencias vanguardistas gracias a que los maquiavélicos estrategas de mercado global estaban recién haciendo sus planes para robar el sintetizador. Esta canción versionada y elegida para cerrar el lanzamiento es el exitoso single The Sun Always Shines on TV. La canción, pese a que incorpora riffs y doble-pedal para reemplazar el trémolo constante de la canción original, logra escapar de la tentación del versionado mediocre según los recursos genéricos del Metal (como mal acostumbra Children of Bodom). Sin embargo, también cometen la sana insolencia—como todo buen cover debiera cometer—de quitarle autoridad al sintetizador para acentuar el toque propio. Al iniciar dando mención a la canción final del disco, pretendo trasladar a letras la impresión personal que tuve sobre esta banda: un estilo que—como ellos bien definen—tiene base en el Prog y Power Metal, pero que saca provecho de los sonidos sintéticos de forma melódica y cinemática.

Los dos primeros temas, F.E.A.R. y Endless Streams, dan una fuerte impresión de la capacidad que tiene la banda para mezclar estos dos mundos. En ambas, Varela hace buen uso de su talento al adecuar la intensidad de su voz a los segmentos de la canción que lo requieren. Sin embargo, su registro vocal impresiona aún más en la segunda canción, con un coro cuya altura tonal es comparable a la habilidad que Cedric Bixler-Zavala (At the Drive-In, The Mars Volta) tiene para lograr cohesionar un canto suspirado con uno rompe-cristales. Hacia el tercer tema, The Best Things of My Life, la banda mantiene con más moderación las intromisiones atmosféricas de los sintetizadores, lo que da como resultado la consideración de este tema como el más Power del disco. Una canción que, también por su contenido lírico en torno a la nostalgia, trae a la memoria a Stream of Counciousness, el mejor disco de Vision Divine a mi parecer. Resulta paradójico que el sonido de las frecuencias altas de la batería (platos y caja) pierdan definición y claridad en comparación al bombo y los toms (que suenan espectacular); sin embargo, con la gran cantidad de sonoridades de estos dos primeros temas, la banda opta por no saturar el volumen, lo que es un prudente acierto y una posible consecuencia de nivelar los metales percutivos.

Y luego de la explosión del tercer tema, vienen en buen lugar las power-ballads a entregar dinamismo, reforzando así la impredictibilidad de este lanzamiento. Así como en el caso de los vinilos, que daban cierta cohesión a las canciones del lado A con respecto al lado B (gran ejemplo: Sad Wings of Destiny de Judas Priest), el lado B de “Misery for Breakfast” inicia con You Step Into My Darkness. Se trata de un tema tipo I Walk Beside You de Dream Theater, que—como bien indica el título—posee una devoción declarada por parte del hablante lírico, cuya pasión se refuerza en la compañía de las guitarras en el coro. En claroscuro, The Void muestra una actitud sentimental más estoica y desesperanzada, sacando a relucir todo el potencial de los instrumentos, incluido el bajo que a lo largo del disco se muestra más bien tímido (asunto que de todas formas promete cambio a futuro con la total incorporación e influencia de Contreras). Guiado por una rítmica de cuerdas de metal acústicas, la guitarra a manos de Arce se lleva el protagonismo, intercalándose en los momentos adecuados con pesados acordes, para luego cerrar el tema pedaleando el wah en los solos.        

Con un debut impresionante, Maze rompe el silencio de su gestación con un sonido que no se ha visto frecuente en el Metal melódico nacional. Sin duda, el futuro de esta banda se escucha prometedor.

 

 

Un despertar hacia la luz. Luego de dos años de gestación, la esperada ópera Metal “Land of Light”, llega a nuestros oídos bajo la grabación y producción de su creador, el guitarrista y compositor noruego Frode Hovd (Memorized Dreams), mezclas a cargo del maestro Roland Grapow (Helloween, Masterplan) y masterizado por Jacob Hansen (Beyond Twilight, Invocator). Un ambicioso proyecto que reúne a numerosos talentos del Power, Prog y Speed Metal. Su resultado es una impresionante evocación del Power Metal de inicios de los ‘90 hasta mediados de los años 2000. A contrario de óperas como Ayreon del holandés Arjen Lucassen o Húsar del compositor nacional Ives Gullé, los vocalistas no representan un personaje en particular sino personajes esporádicos.

El concepto temático del álbum narra una historia épica de un grupo de elegidos en una lucha de la luz contra la oscuridad, ángeles versus seres del infierno. Los contrastes cuentan con su simbología correspondiente, es decir, la luz asociada a la esperanza y la oscuridad a la perdición. Esta narración lírica está apoyada por lo publicado en la página oficial, la cual entrega más detalles de esta lucha. En resumen, en el siglo XIII se descubre en la perdida Babilonia unos manuscritos con contenido gnóstico y topográfico (algo así como los pergaminos del Mar Muerto o el Cilindro de Ciro), cuyo contenido se rumorea que fue escrito por el Creador mismo. De su contenido se extrae la existencia de esta “tierra de luz”, un mundo fuera del acceso e intervención de los humanos. Dicho descubrimiento está bajo la custodia de Roma hasta el tiempo presente y vuelve a las conciencias cuando surge un escenario apocalíptico que necesitará de la intervención de los lightbringers, seres divinos que esperan en la Tierra el llamado a la guerra del Thor del judeo-cristianismo, el arcángel Miguel. La historia, de todos modos, se abstrae lo suficiente para dejar estos antecedentes como un trasfondo, en comparación con, por ejemplo, “Temple of Shadows” de Angra, en donde el camino del héroe configura el propósito de cada canción.

Excitare Ad Lucem es el intro encargado de anteceder el primer escenario donde se ubican los héroes de esta historia. La canción ligada, Another Life abre con una marcha que contrasta con la esperanzadora voz a cargo de uno de los tres estadounidenses en el proyecto, Todd Michael Hall (Reverence, Jack Starr’s Burning Starr), que desde el 2013 es miembro de Riot V (remanente del mítico Riot), Rick Altzi, talentoso vocalista de At Vance que asumió el sublime desafío de reemplazar a Jorn Lande en Masterplan. Como vocalistas de apoyo cuenta con los suecos Kristoffer Göbel (Falconer) y  David Åkesson (Qantice)… ¡Todo un coro! Siguiendo los patrones de la ópera, la marcha de presentación asciende a notas mayores, se mantiene en su punto más alto durante el coro y luego desciende en un interludio dramático con una suerte de monólogo para transmitir las incertidumbres del conflicto por venir (“Find the glorious white light. Search disguised full of glory. Feel the dark in your mind’s sweet hope. Do we dare to believe?”). Sin embargo, yo me quedo con la sección rápida que lidera Todd luego del primer coro que cierra Rick Altzi, ya que, su voz muestra una breve reminiscencia a Rob Halford y es una bajada de tono que al mismo tiempo da pedal al ritmo, que impulsa el resto de la canción y te dice que “no todo es esperanza acá”. Esta canción, además, tiene el agrado de presentar a Uli Kusch detrás de los platos y cueros, cuyo currículum suma los titanes de Alemania, GammaRay y Helloween, y el Masterplan de Roland Grapow.

Guardians of the Light introduce al vocalista Yannis Papadopoulos (Until Rain, Wardrum) que demuestra gran versatilidad, acompañado de la voz de Åkesson, y cantando en dualidad en un coro que nada tiene que envidiarle a los “Metal Opera” de Avantasia. La canción tampoco cede en intensidad durante los versos (“There’s a dark and unspeakable creature roaming the night…”), que sin mucha intervención melódica, se mantienen pesados para cederle el trabajo a las voces, un recurso muy propio de bandas como Nocturnal Rites con Afterlife y Kamelot en The Black Halo. Los pre-coros e interludios se construyen como una rapsodia, intercalando intensidades e incorporando, incluso, una voz gutural que acentúa el aspecto sombrío del pasaje. El guitarrista de Falconer, Jimmy Hedlund se luce en esta partida con un solo moderado, pero con genial calidad de tapping. En esta canción, los encargados de la batería y el bajo son Andreas Nergård (Rudhira) y Filip Andel (Within Silence), respectivamente, y la guitarra rítmica a cargo del compositor Frode Hovd.

El disco cuenta con dos canciones para dar una pausa al tempo acelerado y alzar la llama del encendedor: Sands of Time y Trail of Tears. La primera me pilló por sorpresa al darme cuenta que el vocalista no era Roy Khan (Conception, Kamelot), sino el compatriota de Papadopoulos, Vasilis Georgiou, quien me dejó especulando mentalmente con la posibilidad de que le quite el puesto a Tommy Karevik (actual vocalista de Kamelot). Esta balada cuenta con el aporte mezzosoprano de la también griega Mina Giannopoulou (Karmic Link, The Rain I Bleed). Pero la canción downtempo que se lleva mi predilección es la segunda mencionada (séptimo track): Trail of Tears. Y ya que nos adelantamos en el disco, cabe señalar que ésta canción corresponde a la ordalía de los héroes, en términos más claros, al punto en que flaquea la posibilidad de una victoria, pero no se pierde la esperanza. La capacidad dramática de Mathias Blad (Falconer) le viene como anillo al hobbit, con intensidad y emoción que va in crescendo al contar los lentos segundos. Luego del coro, Mathias continúa (“Rise you mighty eagle, soar across the sky…”) y da un breve interludio a la canción para dar paso al solo de la mano y guitarra de Christer Harøy (Divided Multitude), para luego, junto con la voz acompañante del noruego Marius Danielsen (MD’s Legend of Valley Doom), cerrar la canción. El encargado del bajo es el hermano de Christer y compañero de banda, Rayner Harøy.

Para Lost In The Darkness Below , que narra el inicio de las aventuras a través de la oscuridad, los elegidos para las voces fueron los noruegos Pellek (Per Fredrik Åsly) y Marit Børresen, junto con un pequeño segmento de Roland Grapow con voz de narrador a lo Christopher Lee en Rhapsody of Fire. El primero cuenta con una banda nombrada según su alias, de la que Børresen es también miembro, que posee una cantidad ridícula de covers que también pública en YouTube (plataforma en la cual muchas vistas ha tenido cierta virulenta canción en español que por higiene me niego a nombrar). Su registro es bastante alto, lo que le viene bien a esta canción de Power Metal sin rodeos ni disfraces, es decir, Power a la vena. De todas formas, la voz de Børresen se roba la canción, ya que le da un contraste grave preciso en el verso, además de tomar las riendas en el coro y quedar como voz principal, siendo complementada por Pellek.

Test of Time inicia con un riff melódico en mímesis del coro, un recurso para nada desconocido dentro del Power Metal de la era Kiske de Helloween. La parte lírica describe un espacio metafísico fuera de la dimensión temporal de la Tierra. Este lugar es una especie de limbo en donde los pecadores encuentran redención o condena según la valía de sus actos. Los invitados para vocalizar este tema son Rob Lundgren, quien ha trabajado en diversos proyectos musicales como Powerdrive y The Chronicles Project, junto a Tommy Johansson, vocalista y guitarrista de Golden Resurrection y ReinXeed, que también pasó a formar parte de Sabaton el 2016. El coro no es nada inesperado, pero el verso y pre-coro—cuyo acompañamiento de arpa sintetizada despierta cierta nostalgia—definitivamente quedan sonando en la cabeza, postulando a este tema como uno de los fuertes del disco.

Where Reality Ends nos acerca, desde la ordalía, hacia el clímax de la historia. La “orquesta sintetizada”, a cargo de Paolo Campitelli (Kaledon), tiene una presencia marcada a lo largo de la canción y funciona en complemento con las guitarras. La voz de Papadopoulos regresa—con guturales incluidos—para aportar, en conjunto con el estadounidense Eli Prinsen (The Sacrified), los matices vocales. La batería nuevamente está a cargo del maestro Uli Kusch con sus reconocidos fills que sacan todo el potencial de la caja (snare). From the Ashes también marca su inicio con la guitarra siguiendo la melodía del coro. Su contenido lírico, al igual que las otras canciones, deambula por imágenes ya conocidas y símbolos asociados a la mítica clásica, siendo figura central de esta canción el ave fénix junto a otras representaciones aladas. Esta indica, evidentemente, la resurrección de la esperanza en la redención de los hombres justos. En este tema contamos con la voz de Bernt Fjellestad (Guardians of Time) con Linus “Mr. Gul” Abrahamson (Andromeda, Anton Johansson’s Galahad Suite) en guitarra líder y bajo.

Finalmente, el clímax se resuelve en Answers in a Dream, con el regreso del dúo Michael Hall/Åkesson, pero que lamentablemente queda corta de trascendencia al estar situada entre la novena y la décimoprimera—y final—canción. Es más bien una esperanzadora antesala pronta al desenlace y carece de la tensión propia de un momento crucial que se ha estado esperando a lo largo del álbum. Luego, la canción homónima del disco, Land of Light, reúne a varios de los vocalistas anteriores (punto más alto, como Sign of the Cross de Avantasia) e incluye a Siegfried “The Dragonslayer” Samer (Dragony) y al inconfundible Fabio Lione (Angra, Rhapsody) en las voces. Sin embargo, no es la única eminencia que se enlistó para esta canción, pues también cuenta con el tercer estadounidense, el bajista Mike LePond de Symphony X, cuya habilidad indiscutida no logra sacarse debidamente a relucir por la poca consideración del bajo a lo largo del disco, sin duda un punto en contra para el proyecto. Los sintetizadores están a cargo de Peter Crowley, quien queda a la altura de la canción y se funde bien entre las melodías cambiantes de la composición, incluso dándose el lujo de incluir una gaitas y flautas en un segmento en donde fácilmente se podría haber tentado con vientos más “etéreos”. Similar a “Keeper of the Seven Keys” de Helloween, el tema recorre valles de intensidad y cambios de tempo.

Frode Hovd, un músico que no conocemos del todo, promete bastante potencial al elaborar un hipotético “Metal Opera pt. III” y hacer que se sienta la distancia del nuevo Avantasia en relación de sus dos primeros discos. Proyectos con esta cantidad de músicos no son fáciles de encumbrar, es por eso que a veces se olvidan aspectos—como el sonido del bajo—o se priorizan otros que se estiman más protagónicos. Dentro de las cosas que espero en una posible secuela–además de la parte técnica y cualitativa—mayor madurez en cuanto al desarrollo de la historia a fin de no caer en clichés poco desarrollados. La ausencia de dragones y elfos no da inmunidad para no caer en este error.

 

 

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de conocer a CLAYMOREAN, una banda de Heavy/Power Metal de un pequeño poblado serbio que nos regaló un disco debut magistral como lo fue “Unbroken” (2015). Cabe aclarar que, si bien la columna vertebral de la banda ya existía hace algún tiempo bajo el nombre de CLAYMORE, decidieron cambiar el nombre debido a la confusión que significaba llevar el mismo nombre que otros medios, especialmente una animación japonesa bastante conocida, además, al hacer este cambio hubieron algunos cambios que consideran importantes en su formación por lo que ellos mismos insisten en que esto es una nueva banda.

Aclarado ese pequeño detalle, hoy vinimos a revisar su segunda placa que desde el nombre y la portada ya nos evocan sentimientos quizás más oscuros, así impresiona “Sounds From A Dying World” desde que nos dieron a conocer la portada hace ya algunos meses, pero definitivamente esa apreciación no se queda sólo en lo visual sino que el sonido del mismo disco nos lleva a una atmósfera mucho más oscura de lo que nos regalaron en su debut por lo que, posiblemente, más de alguno necesitará darle un par de escuchadas antes de disfrutarlo a concho.

Este nuevo larga duración arranca con toda la potencia de The Road To Damnation, donde de frentón nos encontramos con un sonido más pesado y oscuro en los riffs y la base rítmica, lo que se ve aún más reforzado cuando la voz de Dejana Garčević hace su aparición con un tono mucho más grave y menos angelical de lo que nos regalara en la primera placa, haciendo lujo de las dotes “heavymetaleras” de su voz, con un carraspeado exquisito que le da el toque preciso de agresividad a un sonido pesado que ya nos regalan las guitarras de Vladimir Garčević y Uroš Kovačević, es un comienzo que quizás no se esperaba pero que anima inmediatamente a seguir escuchando lo que se viene por delante.

La velocidad baja un resto y nos lleva a un paseo un poco más épico con Old Mountain, quizás hasta con un toque más folk que se siente refrescante y muy bien ejecutado, aquí la batería tiene mucho más juego y permite que la voz de Dejana se acomode cual canción de cuna en las estrofas, con una guitarra simple y liviana que permite sea la voz la protagonista hasta que llegamos al puente, donde todo el Metal vuelve y la dulce Dejana se convierte en toda una guerrera llamando a la batalla para dar paso a un coro melódico y estilizado. Este tema tiene la particularidad de viajar por pasajes tan distintos entre sí que se disfruta en cualquiera de sus momentos, especialmente gracias a esas diferencias de ritmos. Sin lugar a dudas uno de los momentos más altos de la placa.

Esto continúa con Cimmeria, la que nuevamente arranca con riffs pesados y lentos, acompañados de líneas exquisitamente definidas del bajo de Goran Garčević. Ahora Dejana se permite ser potente y melódica a la vez, mostrando toda su tremenda calidad vocal mientras las guitarras nos regalan unos riffs de muy alto corte y, en la mezcla, se logra un himno de Power Metal guerrero sin necesidad de acudir a la agresividad, algo que no siempre se logra. Distinción aparte para la sección de solos donde la guitarra de Vlad “Invictus” Garčević se luce indiscutiblemente y para el final a dos voces de Dejana, como se dice por allí: un “manjarsh”.

Lo siguiente ya lo conocimos pues fue el primer single de este trabajo y hablamos de Blood-Red Shield. Un comienzo por todo lo bajo de la velocidad, del ritmo y de los ánimos en general, donde nuevamente podemos disfrutar la “versión angelical” de la voz de Dejana, quien se luce además al cambiar, junto a la música, su cadencia y potencia. Sin aumentar prácticamente la velocidad y casi manteniendo la base rítmica inicial todo cobra potencia y peso, con las guitarras haciendo un juego exquisito entre riff y punteo, con una base melódica tan delicada como oscura, la que sufre un quiebre a los tres minutos para agregar mayor agresividad al trabajo pero manteniendo ese ritmo lastimero, el que sólo se ve ligeramente acelerado por el solo de la guitarra.

Súbitamente volvemos a la potencia con Rage Of The White Wolf, la que recuerda en su comienzo un poco a algunos pasajes de TÝR, lo que se diferencia inmediatamente cuando nos regalan todo su Heavy Metal, quizás en honor a un lobo cazador, con una velocidad que levanta todos los ánimos, una Dejana acompañándonos con su voz melodiosa a través de este paseo hasta que post coro nos lanza de esos gritos que nos recuerdan el llamado a la batalla que estamos escuchando. Recordándonos que esto se trata de “fire and blood”, que la rabia no se acaba tan fácilmente y la música de estos serbios nos mantiene siempre alertas. Un acierto musical por donde se le mire.

The Final Journey tiene un pequeño problema y es que, al comenzar, te parece que acabas de escucharla porque tiene cierto parecido a Old Mountain. No es un autoplagio ni nada parecido, tienen importantes diferencias pero pareciera que la estructura es tan parecida que a la simple escucha da la impresión de repetirse el sonido. Fuera de eso, una vez superada la parte introductoria nos dejamos caer de lleno en Heavy del bueno, manteniendo todo el rato un estilo tradicional que en vivo simplemente debe romper cuellos al momento del coro porque es uno de los temas más gancheros de la placa, que te llama a cabecear y dejar el alma cantando “last song of countless voices, last breath of ancient home”, antes del tremendo coro, otro punto notablemente alto de este trabajo, a pesar del detalle inicial.

Ya casi terminando este corto recorrido nos vamos a las profundidades de la locura y la soledad con Blackest Void, casi un saludo a la inmortal Black Sabbath de los viejos de Birmingham. Un toque tan oscuro como pesado que se ve quebrado por la voz de Dejana, quien de a poco va levantando la potencia de su voz manteniendo esa estructura “sabbathica”, que se disfruta de una manera impresionante porque, aunque el oído pueda asimilarlas, en ningún momento da la impresión de ser una copia o plagio y, encima, el coro nos transporta como por sobre ese vacío para que lo podamos ver desde arriba y nos deja caer nuevamente al centro de él, donde nuevamente la voz de Dejana nos arrulla y continúa con el viaje. Si bien es una de las piezas menos Heavy Metal de la placa, es tan melódica y rítmicamente exquisita que cuando llega el solo de Vlad ya estamos totalmente entregados al vacío y ya nada puede evitar disfrutarlo con todo…

Y como nada termina hasta que termina, los serbios nos regalan un cover a Cloven Hoof y, es así, como terminamos este trabajo con Astral Rider. Levantando todos los ánimos y sensaciones adormecidas con el tema anterior, ahora con una dosis de puro Heavy Metal que levanta a cualquiera. Una patada en la cara para que cualquiera que se haya quedado pegado en el “vacío más oscuro” vuelva a la realidad con toda la potencia que Garčević y Kovačević nos pueden regalar, especialmente a la hora de los solos que es el momento más metalero del tema, los solos más cancheros de toda la placa, simplemente un cierre de tremenda factura tributando a unos grandes del Heavy Metal clásico, dejando claro que estos muchachos son los “nightriders on the astral planes” y nos seguirán regalando tremendos momentos de Metal.

Con sólo cuarenta minutos CLAYMOREAN se conforma y nos regala un tremendo registro, mostrando una evolución importante e interesante desde su anterior placa (y más aún si consideramos la historia anterior de la banda), donde nos encontramos con más variación de ritmos, con líneas vocales considerablemente maduras y serias, con guitarras mucho más confiadas y seguras, donde ya no hablamos sólo de una banda de un pequeño país que sólo promete mucho sino que podemos disfrutar toda su potencia y calidad compositiva.

Como adelantaba al principio, quizás cuesta un poco digerir esta placa debido a sus importantes diferencias con su trabajo anterior pero, sin lugar a dudas, es un excelente álbum de Heavy Metal que no puede dejar indiferente a nadie con sus tremendos quiebres rítmicos. Un trabajo que, con sólo siete temas originales y un cover, nos logra regalar tanto creo que deja claro que la banda tiene mucho más para entregar. Al consultarle a la banda por qué tan pocos temas con toda confianza indican que poner más tracks hubiera comprometido la atmósfera que lograron en el disco y, como cantidad no significa calidad, no quisieron poner en riesgo el álbum y ¡vaya que tomaron una buena decisión!

 

 

Siente el rugir del metal de las entrañas de la tierra. Sé testigo de la salvaje naturaleza del caos. “Time of Collapse” es el título del álbum debut de la banda de Heavy/Speed metal, 7° Richter. Con epicentro en Curicó, esta manifestación sónica está conformada por su compositor principal, Cristian Cordero, y Pablo Allendes en las guitarras; Jorge Rojas en el bajo; y los ex Iceberg, Juan Valderrama en la batería y César Yuivar como vocalista, junto a Natalia Soto como voz de soporte.

El track encargado para abrir el álbum es Mindquake, una potente introducción instrumental que se acerca en efecto doppler y libera una descarga de Metal a la vena. Guiados por un sonido—quizás demasiado—seco de la batería, los instrumentos se exponen por primera vez a fin de aclimatar nuestros oídos a lo que está por venir, pero no sin antes interrumpir el momentum y bajar el tempo para un espectacular cierre melódico. Lo que nos lleva al segundo tema, Demons Alive, en donde la lucha interna de un hombre que pierde la batalla contra sus demonios se relata a través de la voz de César, que hace su aparición demostrando su poderosa voz y expresión en los tonos altos—muy similar al estilo de Henning Basse (Metalium, Firewind)—, escoltado por Natalia en los coros e interludio.

La canción homónima al álbum, Time of Collapse, lleva a pensar en la ilustración de este, a cargo de Jaime Guerrero Salamanca, que tiene a la muerte como motivo principal, utilizando diversas claves y referencias visuales —tales como el cuervo, el as de picas y “La puerta del Infierno” de Rodin— para reforzar la semiótica de este apocalíptico escenario, pero más importante aún, para entregar la atmósfera apropiada para el disco. Con una conducción efectiva a mano de las guitarras, la canción juega con las intensidades de los riffs, que se encargan de estructurar sus segmentos, cuyo resultado—más la temática de corte distópico—resulta fácil de comparar a la calidad de Iced Earth.

La participación de Natalia Soto adquiere importancia definitiva en Inorganic Fields, ya que, junto a Yuivar, logra un gran contraste melódico a la progresión de acordes menores que definen el coro. Luego tenemos la condición humana del hijo de Dios, que es la temática principal de Blood Divine, track que bautizó el primer demo de la banda el año 2012. Se caracteriza por ser una canción bastante dinámica, rápida y con un interludio instrumental que cae bien a todo fan de Iron Maiden. Sin duda, canción candidata a convertirse en un futuro clásico de “7 grados”.

La sexta canción, Stolen Lives, cuya temática pareciera ser una secuela de Demons Alive, impresiona dando un giro atmosférico, más intrigante y oscuro. Posterior a los acordes iniciales, una caracterización demoníaca resuena tras la presencia vocal de César, un acierto sencillo que tiñe la canción con el carácter que exige su contenido lírico y los riffs en tonos siniestros.

Y a propósito de siniestros, otro de los “clásicos” del demo, Bajo La Sombra De La Cruz es un ejemplo del potencial que tienen los riffs neoclásicos para hacer poderosa una canción que nuevamente tiene mucho en común con Iced Earth, parecido que se acentúa, además, con los desgarradores gritos de César para complementar su propia voz durante los versos. Su contenido lírico se queda algo corto de la profundidad que los otros temas expresan, posiblemente debido a que está escrito como una declaración acusatoria directa, al estilo de Spiritual Dictator de Gamma Ray. De todas formas, bienvenido es el uso del español en sus letras, que también es el caso de Tentación y Sangre de tu corazón, canciones que suenan muy bien en el idioma y eximen a la banda de caer en errores gramaticales y pronunciaciones duras. Muy lejos de cambiar la sonoridad estética que brindan los fonemas anglosajones, las canciones en español suenan igual de potentes que aquellas en inglés, incluso tratando tópicos más dantescos (en el sentido amoroso); ejemplo de esto es Sangre De Tu Corazón, temazo de inicio a fin donde Natalia nuevamente entrega geniales intervenciones.

Sin pretensiones de parecer chanta de matinal con esta declaración, doy por escrito que tendremos más sacudidas de 7 grados en el futuro, ya que este debut no da la sensación que se trata de una banda emergente, sino de una banda de miembros con evidente experiencia, que ha sacado a la superficie solo la punta de un iceberg profundo.

 

 

Para aquellos que tuvieron el placer de asistir en junio de este 2017 al festival que trajo a Carcass de vuelta a nuestra tierra, la guitarra de Sergio Aravena no es extraña a sus oídos. El músico oriundo de Rancagua—guitarrista de las bandas Thrash Forahneo y Torturer, así como también de la banda Heavy/Power, Rebelion—, hace un giro introspectivo sobre su carrera y lanza el primer EP de su nuevo proyecto personal: SAR, donde, además de la guitarra, ejecuta el bajo y programa las baterías. Elaborado de forma independiente en su estudio personal, Instrumental Dark, del sello Best Foe, cuenta con la masterización y mezclas del brasileño Victor Hugo Targino, quien—además de lanzar Perfidy como guitarrista junto a Forahneo— también ha sido hombre tras perillas en el LP Age of Decadence” de los nacionales Necrosis.

La canción encargada de abrir esta sublime sinfonía de la noche y de lo onírico es Sueño Fantasma, comenzando inmediatamente con una marcha que juega con lo melódico y lo pesado en la sección de guitarras. El bajo no se queda atrás, al principio con una línea algo tímida, adquiere notoriedad melódica pasado el minuto, distanciándose de la guitarra rítmica y complementando los acordes abiertos de esta. Pero esta montaña rusa de sweep pickings todavía no acaba con las sorpresas, ya que luego de mantenerte enganchado, el vagón se suelta en un espacio abierto donde el tempo se acelera y el cabeceo se hace inevitable.

La secuela de este extraño sueño es casi inevitable, la Pesadilla número uno toma la atmósfera antecedida y la lleva a la incomodidad extrema con notas oscuras escoltadas por barridos aún más amplios que los primeros. Lo que hace a estas canciones tan necesarias en el género, es que su potencia y virtuosismo no se excede en demostraciones de elementos técnicos, muy por el contrario, respetan la integridad expresiva de la canción, sin desvirtuarse hacia un barroquismo de notas indescifrables.

La anomalía de tempo bajo viene acompañada del feeling en la tercera canción, titulada Sonámbulo, donde la guitarra pasa a través de la vibración profunda del bajo que va marcando sus notas principales. Este paseo onírico, en similitud con For the Love of God de Steve Vai, también posee un interludio en el cual los bends sostenidos se acentúan bajo el efecto hipnotizante del wah-wah, sin embargo, en Sonámbulo no hay temor alguno de romper el esquema y reemplazar el tacto de una guitarra con chorus por un ritmo distorsionado y pesado que entrega un clímax adecuado para el tema.

Finalmente, el cuarto y quinto track, Nocturno e Insomnio, son dos caras de una misma moneda—al igual que las dos primeras canciones—que dejan testimoniado el estilo de Aravena, no necesariamente en búsqueda de un punto de comunión, sino en explotar el contraste entre el Metal extremo y la guitarra neoclásica en transiciones de intensidad. Este álbum, además de ser una experiencia sonora impecable, es una referencia cualitativa concreta a la hora de imaginar el nutrido potencial de los músicos que conforman la escena metalera del país.

 

 

Tras cinco años de ausencia, los oriundos de Talca nos presentan su tercer trabajo discográfico con el que están dispuestos a seguir abriéndose paso dentro de la escena nacional, algo que hoy en día parece ser cada vez más difícil, principalmente al considerar la cantidad no despreciable de bandas chilenas que han mejorado de forma notable su producción y su profesionalismo en su propuesta. De esta manera, H&H promete no echar pie atrás y con “Resilience” prometen seguir la senda de ese discazo llamado “Unbreakable Will” (2012). Empecemos entonces.

Paths Of Doom es una pequeña pieza instrumental que sirve como introducción de cara a lo que escucharemos en los próximos cuarenta minutos. Si bien es una composición bastante breve, desde el primer segundo se logra apreciar la pulcritud y el excelente sonido que nos presentan, donde la sección de cuerdas logra recrear una atmósfera densa y lúgubre, muy acorde a la portada del álbum. Rápidamente pasamos a la poderosa Bringer of Death, single que fue dado a conocer hace un par de meses. Atención aquí, ya que los talquinos no se guardan nada y arrasan con todo a su paso, siempre comandados por la dupla de Matías y Daniel González (batería y bajo, respectivamente). Desde luego que también las guitarras son absolutas protagonistas, puesto que se despachan unos solos y una armonía en la parte instrumental digna de aplausos. Finalmente, el estribillo es pegadizo y del tipo “levanta puños”: “Bringer of death – spreading his hate all over the world / Bringer of death – straight out of hell / He will spit his wrath, merciless, he’ll tear you apart / Bringer of death – stay out of his way”. Excelente comienzo.

La rapidez y el vértigo no se toman pausa durante la interesante Molester. Nuevamente he de destacar el sonido crudo y directo que logra justificar cada uno de los pasajes de este tema. Decimos esto porque básicamente se va alternando el ritmo más pausado del verso con la violencia y la velocidad implantada en las guitarras y en la batería durante el coro. Por cierto, excelente labor la del frontman Camilo Jara de principio a fin, quién a través de la lírica lanza una fuerte crítica hacia la pedofilia y hacia la iglesia católica en general. Suma atención durante el “Get down, on your knees / God will set you free, trust in me!…”. En tanto, historia conocida en lo que a Aldo Núñez y Nelson González se refiere: solos y técnica de un gran nivel. Lo cual se repite con Imposter, quizás una de las más progresivas de este trabajo, que si bien no trae una nueva perspectiva en relación a sus predecesoras, resulta sobresaliente dentro del tracklist principalmente gracias a la naturalidad que posee al conectar cada uno de los pasajes que se van presentando. Si a esto le sumamos la calma entre el puente y el estribillo, el resultado no es otro más que una canción de gran factura. El dato freak por excelencia es el gran parecido entre el riff de la parte instrumental con el de As I Am de Dream Theater. ¡Notable!

Otro de los puntos altos sin lugar a dudas es Resilience, composición que da nombre al disco. Y es que es imposible no vaticinar el hachazo que se vendrá tras escuchar las primeras notas de la intro. Ojo, si bien a modo de resumen es básicamente un tema cañero y a la vena, a su vez logra ser uno de los más melódicos y que más detalles posee. Los arreglos de guitarra logran darle frescura y tonos más esperanzadores que se condicen con la letra, dando cuenta de la gran labor de parte del vocalista al escribirla. Así es como escuchamos versos tan potentes como “I live everyday as if it were my last / Tasting the good things in life / Nothing will ever stand on my way / Cause I won’t be weak again!”. Lo demás corresponde a un análisis personal sobre las sorpresas que contiene.

Entrando de lleno en la segunda mitad del LP, con Cancha Rayada y Deceiver se produce un contraste más que notorio. Como su nombre lo indica, la primera relata los sucesos vividos en el desastre de Cancha Rayada durante la independencia de Chile, así rápidamente nos transporta a un thrash ochentero que desborda ese sonido callejero tan propio de una banda como Ambush, por ejemplo. De esta forma, nos topamos con guitarras punzantes y un doble bombo marcando a mil que nunca desacelera. En tanto, la segunda es mucho más densa y un poco más difícil de digerir. Desde el primer segundo se nota un tratamiento distinto en la ejecución de Aldo y Nelson, llevando tal vez al límite el concepto implantando en esta placa. Ambas no logran estar dentro de lo más destacado, ya que quizás por su posición dentro del tracklist se ven opacadas por sus predecesoras.

Acercándonos ya al término de “Resilience“, The Warning solamente llega a reforzar todo lo que ya hemos escuchado hasta el este punto: Canciones poco pretenciosas, efectivas y que van directo al hueso. A modo muy personal -y a pesar de que en esta pieza no hace “nada del otro mundo”-, considero que Daniel González realiza su mejor performance dentro del presente trabajo. Solo basta poner atención a las progresiones del coro y a la parte de los solos para que se den cuenta de lo que hablo. Finalmente, el ending track es a su vez el tema más extenso del disco, con un poco de más de siete minutos de duración. Bajo esta premisa, es de esperarse que Down sea lo más dinámica y variada posible. Pues bien, en parte esto se cumple, puesto que prácticamente nos dan un paseo por varios estilos dentro del Heavy, y por momentos vaya que salen ganando, pero no deja de ser cierto que en el balance final le falta lucidez y esa cuota de sorpresa para lograr poner el broche de oro como corresponde. Por favor, a no asustarse con esto último, la canción en sí es buenísima, solo que le faltó un poco de consistencia para cerrar el LP de forma óptima.

A pesar de que durante la segunda mitad se produce una baja un tanto considerable en relación a los puntos más altos ya analizados, desde luego que los talquinos muestran una compenetración y un nivel superlativo dentro de cada una de las funciones de sus integrantes. Por instantes nos regalan pasajes musicales y un nivel de composición más que envidiable, que junto a un sonido y una producción demoledora terminan por entregar un gran álbum en este año 2017.

 

 

Una solitaria figura encapuchada abre una puerta cuyo luminoso interior contrasta con la penumbra del santuario en donde se encuentra… ¿ad portas de un nuevo comienzo? “Legendary Years” es el título del último lanzamiento de Rhapsody of Fire, producido por Seeb Levermann de la banda alemana Order Ogan, y que consiste en una selección de canciones de años anteriores—como sugiere el título, legendarios—regrabadas con la formación actual de la banda. Para el no iniciado en la trayectoria de Rhapsody (posteriormente Rhapsody of Fire), este lanzamiento podría parecer una simple recopilación de temas claves. Sin embargo, para la audiencia de la banda originaria de Trieste, este lanzamiento está lejos de ser un álbum de bajo perfil, pues sin duda dará mucho que hablar a los seguidores de la banda liderada por el tecladista y compositor Alex Staropoli, ya que, su contexto y finalidad no puede omitirse a la hora de su apreciación.

Han pasado siete años desde que la banda dirigida por Staropoli sufrió una importante división: Luca Turilli abandona la banda, luego del lanzamiento de “From Chaos to Eternity”, para continuarla bajo su liderazgo intelectual exclusivo, reclutando nuevos miembros, pero invitando también al destacado bajista Patrice Guers y al guitarrista rítmico Dominique Leurquin (Luca Turilli’s Dreamquest). Al igual que el baterista  Alex Holzwarth (Angra, Avantasia, Sieges Even), ambos músicos de nacionalidad francesa acompañaron a Rhapsody of Fire desde “Symphony of Enchanted Lands II – The Dark Secret”, secuela de la saga “Emerald Sword”, que dio inicio a esta nueva era que presenció—como si la modificación del nombre fuera un mal augurio—las inconformidades que distanciaron a estas dos mentes creativas que fundaron Thundercross (pre-Rhapsody).

Casos como éstos no son ajenos en el género. Algunos se caracterizan por ser retrospectivamente productivos (Metallica/Megadeth, Scorpions/UFO), así como otros por ser más destructivos y caóticos (Queensrÿche, Stratovarius). En este caso, la banda entregó sólidos discos luego de la partida de Turilli, pero tal hazaña no los liberó de caer en otra discordia. A mitad del año pasado nos enteramos de una nueva trágica pérdida para Rhapsody of Fire: la partida del inconfundible Fabio Lione (Vision Divine, Angra), así como también de Alex Holzwarth. Con estas bajas se da por concluido el segundo período de la banda. Ante la incertidumbre de los fans, a finales del 2016 Alex Staropoli anuncia, con un pequeño juego de adivinanzas por Facebook, el nuevo vocalista de la banda: Giaccomo Voli, que luego de adquirir notoriedad en su exitosa participación en la versión Italiana del show cazatalentos “The Voice”, militó en la banda Teodasia y lanzó un EP como solista llamado “Ancora nell’ombra” el 2015. A fines de mayo del presente año, “Legendary Tales” salió a la venta, dando a conocer su debut en Rhapsody of Fire. Si encaja o no encaja es materia de opinión—se dirá bien a la hora de las composiciones originales—, pero nadie puede dudar de su valentía al debutar con el listado de canciones que posee el disco.

La canción encargada de abrir este álbum es nada más y nada menos que Dawn of Victory del álbum homónimo, poderoso himno que narra la liberación de Ancelot del dominio de Dargor. Destaco nuevamente la valentía de Voli porque la comparación es inevitable y es un precio a asumir al versionar canciones de aquella dorada era. Es así como se intuye que esta canción, junto a Dargor, Shadowlord of the Black Mountain y Rain of a Thousand Flames, fue un desafío para el vocalista de Correggio debido al rango melódico bajo de los versos y pre-coros, principalmente por la falta de potencia que muestra en ellos. Sin embargo, en canciones como Knightrider of Doom y Land of Immortals, Voli entra con mayor confianza y comodidad, demostrando que su voz se adecua a los tonos altos. El inconfundible riff comienza de forma inmediata—a falta de sinfonía introductoria como Lux Triumphans en su caso—, y evidencia una de las características de la regrabación y mezcla; me refiero al sonido de las guitarras, que apuesta por tener mayor presencia que aquellas grabadas en las versiones originales bajo la producción de Sascha Paeth (Heaven’s Gate). Lo mismo se puede decir de la batería a cargo del alemán Manu Lotter (Emil Bulls, Farewell to Arms), que a lo largo del álbum hace notar su expandida configuración, agregando más rellenos y platos a la pauta original. Un trabajo que, en cierta medida, hacía falta para las versiones originales debido a la dificultad que en ese entonces Rhapsody tuvo en el tema de la batería antes de que llegara Alex Holzwarth. Recordemos que Daniele Carbonera abandonó la banda por motivos que, en síntesis de lo testimoniado por Turilli y Staropoli, corresponden a la habilidad que exigía la composición, para luego ser reemplazado por el anónimo “Thunderforce”, de quien se especula que pudo haber sido el mismo Carbonera mezclado con baterías programadas o Robert Hunecke-Rizzo en colaboración con Sascha Paeth. Sin embargo, la mejoría cobró un precio en las frecuencias bajas, ya que en esta ocasión, el bajo a cargo de Alessandro Sala (Sinestesia) quedó fuera de notoriedad significante en comparación a las versiones de Alessandro Lotta (Wingdom) y Sascha Paeth.

El encargado de reemplazar a Luca Turilli luego de su partida fue también su compañero de curso y miembro de Thundercross el año 93’, Roberto de Micheli (Steel Crown, Sinestesia). Para aquellos que esperaban comparar a estos dos guitarristas en igualdad de condiciones (en estudio) este álbum ofrece esa morbosa y lúdica posibilidad. Como dije anteriormente, los riffs suenan más pesados y definidos en su parte rítmica, pero hay ocasiones en donde la guitarra líder cae en el error de perder limpieza (error demasiado común en el metal, lamentablemente), el mejor ejemplo de esto es el inicio de Beyond the Gates of Infinity, donde luego del quiebre del intro, la guitarra de Turilli queda sola. En este caso, la novedad en la canción—aparte de la aumentada presencia de las guitarras acústicas—es el juego de guitarra líder y rítmica alternada en ambos canales de audio, pero la exagerada perilla del gain le hace flaco favor a esta espectacular partida. Como todos sabemos, Turilli es un guitarrista neo-clásico y su magia reside en el complemento de su instrumento con los bronces, coros y arpas, por consecuencia, me es imposible preferir un sonido más pesado y voluminoso a uno que a veces juega con perderse bajo la sinfonía que lo acompaña. Y, pese a que también afecta mucho la limpieza en los sweep-pickings (muy frecuentes en los solos de Turilli), solo diré que es un arma de doble filo que probó gran utilidad para los cambios de intensidad en Wings of Destiny, canción en donde también Giacomo Voli se luce y le da un toque diferente, más orgánico en comparación al estilo operístico de Fabio Lione.

Este año tuve el agrado de asistir a la reunión y gira de despedida de Rhapsody y que tenemos la posibilidad de repetir luego del anuncio de una segunda parte… pero, así como Black Sabbath sin Bill Ward o Guns N’ Roses sin Izzy Stradlin, la palabra reunión todavía me parece extraña debido a la ausencia del anteriormente mencionado Alex Staropoli. Una muestra de su potencial es el favorito de muchos: Symphony of the Enchanted Lands, por lo tanto es de esperar que las canciones que pertenecen a ese disco tengan una muestra de la experiencia y actualización de Staropoli en estas casi dos décadas que distancian su lanzamiento. The Dark Tower of Abyss tiene más que merecida esta oportunidad, su resultado fue un pulido increíble que no se puede dejar pasar a la hora de escuchar “Legendary Years”.

Hay varias “indignaciones” que imagino propias de un fan. Además de la extrañeza de re-grabar canciones con la sospecha de un fin más práctico que artístico, las dos sagas que han aportado el contenido de las letras de Rhapsody of Fire hasta “From Chaos to Eternity” dejan en claro que Luca Turilli es el ideólogo detrás de esta narrativa, por lo tanto, sin intención de acusar a Staropoli, parece un gesto casi iconoclasta el hecho de que el tracklist no respete el orden cronológico de las historias contenidas en cada canción, cosa que sí cumple la recopilación “Tales of the Emerald Sword Saga”. Pero, de todas maneras, recomiendo girar este disco no sólo por curiosidad natural, sino porque—como la ilustración simboliza—esta es la presentación de los ingredientes que continuarán con el legado de Rhapsody en caso de que la alineación del tour efectivamente se esté despidiendo y la reconciliación de los originales quede en el lado oscuro de la puerta.

 

 

A estas alturas de la vida es poco lo que se puede agregar acerca del retorno de Accept, una banda respecto de la cual varios creímos, hasta hace algunos años, que ya nos había entregado todo lo que podía, y que la salida definitiva de Udo Dirkschneider había sido una daga que finalmente desangraría cualquier intento de retorno por parte de una banda extremadamente talentosa, pero que parecía haber dejado atrás sus días de merecida gloria. Por suerte estábamos equivocadísimos, y el resurgir de Accept tras la tremendamente sabia incorporación del enorme Mark Tornillo ha sido catalogado por muchos como uno de los retornos más potentes en la historia del Heavy Metal, con justa razón.

En ese sentido, lo que la banda nos ha entregado con el impactante “Blood Of The Nations”, seguido por los no menos grandiosos “Stalingrad” y “Blind Rage”, ha generado un catálogo de tal magnitud que sus temas son tan gozados en vivo como sus imperecederos clásicos de los ’80. Que la respuesta del público sea similar con Metal Heart y con Teutonic Terror o Stalingrad es suficiente resumen para destacar el estado de forma de un quinteto que, liderado por el interminable Wolf Hoffmann y su fiel escudero Peter Baltes, debió encontrar en el mercado dos buenos refuerzos tras la partida de Herman Frank y de Stefan Schwarzmann, dos connotados y experimentados músicos que quizás se hayan sentido algo incómodos con su labor más bien “de reparto” en la actualidad de Accept. Por suerte, las incorporaciones en 2015 fueron de gran nivel, con un Uwe Lulis que destiló talento en las seis cuerdas durante muchos años en otra máquina germana como Grave Digger, y el joven Christopher Williams en la batería, a quienes ya vimos en vivo como parte de la banda, pero que ahora verían su debut en las lides de los discos inéditos.

Accept es, en estos momentos, una apuesta segura, que ha logrado evolucionar desde un retorno increíble hasta convertirse en una máquina confiable y con un nivel de falla cercano al mínimo. Tan es así que la salida de un nuevo disco casi resulta como una especie de revisión técnica para esta máquina, para certificar su vigencia y su nula depreciación, y donde quizás el único elemento de cierta incertidumbre tendría que ver con cómo sonaría este trabajo con las nuevas incorporaciones anteriormente señaladas.

Y la verdad es que, anticipándonos un poco a la reflexión final, Accept pasa esta nueva revisión técnica con la suficiencia de los campeones, como ese lanzador del martillo que sólo necesita un intento para marcar su supremacía respecto a los demás competidores y luego de saludar al público, vuelve a ponerse el buzo y descansa mientras otros se desgañitan intentando lograr sus mejores marcas de la temporada para pasar a la final. Algo así pasa con este nuevo trabajo, “The Rise Of Chaos”, conceptuado por Wolf Hoffmann como un disco que habla de la destrucción del mundo actual, en el sentido de que “Lo que hay ahora puede desaparecer mañana y eso es irritante porque ocurre a todo nivel de cosas y nadie sabe qué vendrá después”. El arte de tapa, a cargo de Gyula Havancsák, muestra una escenografía de la banda, pero “claramente destruida como después de una catástrofe”, según el propio Wolf.

OK, demasiado preámbulo. ¿Qué tiene Accept para ofrecernos en este 2017? Bueno, partir con un sablazo como Die By The Sword tiene mucho de declaración de principios, con esa frase bíblica que ha sido traducida al español como “el que a hierro mata, a hierro muere”, y que no por haber sido utilizada hace más de treinta años por Slayer pierde brillo por ser ahora usada por Accept. Wolf demuestra de inmediato que su capacidad compositiva y riffera no sólo sigue absolutamente intacta, sino que reverdece sus laureles con una cotidianeidad y naturalidad que sorprenden. Porque no estamos hablando de riffs revolucionarios, pero es francamente impresionante que, a estas alturas del partido, esa guitarra suene tan fresca, limpia y contundente con notas que ya hemos escuchado varias veces. Un estribillo tan sencillo como “if you live by the sword, YOU WILL DIE BY THE SWORD!” resuena como una metralla con esa marcialidad tan característica del sonido de los alemanes, que estremece con esos “o-o-o-oh” y que ya nos hace cortar las huinchas por esperar la entrada de los músicos a escena con la introducción de este mismo tema. Un solo con el “sello de calidad Hoffmann” termina de configurar un inicio atronador, y que ya vimos con su colosal interpretación en el recién pasado show de la banda en el Festival de Wacken.

Bajando un poquitito la velocidad, pero no la intensidad, Hole In The Head quizás no marque historia o vaya a trascender demasiado en el tiempo, pero mantiene un nivel parejo, nuevamente con un riff a prueba de balas, y con un coro desafiante, agresivo y que sin dudas debe ser imposible de cantar sin empuñar la mano con su “I need you… LIKE A HOLE IN THE HEAD!”. Es más que seguro que será uno de los temas nuevos que la banda va a defender en vivo, y que recuerda a temas “de transición” en los shows en vivo como Bulletproof, por ejemplo.

Lo primero que escuchamos de Accept versión 2017 fue The Rise Of Chaos, con otro riff glorioso y pesado por parte de Wolf, que ya justifica el resto del tema. La banda recupera ese midtempo más acelerado que vimos en el inicio del disco, y donde se hace necesario destacar la enorme base rítmica que emerge desde las cuerdas del legendario Peter Baltes, otro de los nombres derechamente insustituibles de un Accept que no puede entenderse sin él. También en este punto hay que destacar el trabajo de Andy Sneap en las perillas, un disco que suena limpio, sin sobreproducción y sin dejar en el aire un ápice de la contundencia que nos entrega la banda. Aquí, nos regalan un puente muy melódico y un nuevo coro con esa entrañable marcialidad que sólo a Accept le sale tan bien.

Es cierto que en principio Koolaid parece un nombre algo ridículo para una canción, pero es necesario contar que tiene una de las letras más interesantes de este trabajo. En una historia que fuese ya tratada por Manowar con Guyana (Cult Of The Damned) en el “Sign Of The Hammer”, el tema nos cuenta acerca de un pastor estadounidense llamado Jim Jones, que en los años ’50 creó una secta llamada “El Templo del Pueblo”, que luego del creciente rechazo que estaba teniendo en San Francisco, California, en 1977 decidió partir hacia Guyana, país vecino a Venezuela, junto a más de 900 feligreses, y donde edificó una comunidad de nombre “Jonestown”. Para hacer más corta la historia, la conducta del amigo Jones comenzó paulatinamente a ser delirante y sostenía que el Apocalipsis estaba por llegar, y luego de la investigación por parte de un congresista estadounidense y algunos disidentes –a quienes mandó a matar a balazos, por supuesto–, ordenó el suicidio masivo de todos sus seguidores. Pues bien, muchos de esos 912 fallecidos –entre ellos, un montón de niños– ingirieron una mezcla entre cianuro y algunos medicamentos, en un delicioso vasito de jugo de la versión gringa de nuestro “Sip-Sup”. Exacto, usted adivinó: la marca del jugo era “Kool-aid”. Esta especie de “suicidio masivo” –que en realidad es una masacre– incluso generó la expresión “drinking the Kool-aid” en Estados Unidos, que muy básicamente se refiere a hacer algo peligroso debido a la presión social por hacerlo (citando a cualquier mamá de este sector del mundo: “o sea, si tu amigo se tira de un puente tú vas a hacer lo mismo”). En lo musical, la sencillez y el filo de la guitarra de Hoffmann y un ritmo más reposado determinan todo el camino de este tema, con un estribillo que nos manda a no tomarnos el Koolaid, “no matter what the preacher says”, y algo más melódica que los temas anteriores, con un trabajo a doble guitarra al momento de los solos que se antoja muy interesante en vivo y que ya pudimos apreciar en el show de la banda en Wacken.

Otra faceta de Accept llega con No Regrets, uno de los temas con mayor velocidad de todo el disco, con un trabajo soberbio de Christopher Williams en los tarros, con un coro tan sencillo como atronador con “I’ve got no regrets … No regrets / Nothing to forget … I’ve got no regrets”, y con uno de los mejores solos de todo este trabajo, en un contexto absolutamente reglamentario y catedrático para cualquier banda o músico que quiera hacer Heavy/Power Metal.

La letra más entretenida del disco sin dudas debe ser la de Analog Man, un tema muy en clave AC/DC y que es un homenaje de la banda a los rockeros más bien “viejos” que no se hallan mucho con las nuevas tecnologías, los que rebobinaban los cassettes con lápices Bic y hasta el día de hoy rinden culto al vinilo como formato confiable. Con gemas como “My cell phone’s smarter than me / I can’t keep up, my brains are beginning to burn” o “Don’t need no wifi, just want my hi-fi / Don’t need no data plan / Computers crashing, I want to smash ‘em / I just don’ t understand”, la banda sin dudas rinde tributo a buena parte de su fanaticada de la “vieja escuela” de hombres análogos debiendo sobrevivir en este infierno digital donde todo es más fácil, pero menos romántico. El detalle del sonido del primer internet hacia el final del tema hace aun más destacable un tema derechamente querible a la primera.

Otro riff catedrático e incluso por momentos armónico marca el inicio de uno de los mejores cortes de toda esta placa, What’s Done Is Done, a lo hecho pecho” nomás, “What is done is done / when the bullet’s left the gun”, que rítmica y melódicamente recuerda un poco a los temas más intensos de Rata Blanca, como la gloriosa Círculo de Fuego de “El Reino Olvidado”. Quizás baje un poquito –sólo un poco, recuerden que estamos hablando de Accept, que tiene a una metralla como Peter Baltes afirmando la estantería– la potencia de la banda y aumenta el énfasis en los aspectos más melódicos, pero los alemanes demuestran que en ese territorio levemente distinto, también ejercen el admirable camino de la docencia. El final con voces armónicas y la guitarra afilada en segundo plano es otro de los puntos más destacables de este solidísimo trabajo.

La consistencia de este trabajo se mantiene con Worlds Colliding, que retoma el filo del cuchillo y el midtempo más clásico de Accept. Una de las gracias de esta banda es su sencillez compositiva, que se aprecia en temas como este, y que hace pensar que componer Heavy Metal es una tarea casi simple. Pero por algo ellos –y no muchos más– tienen este nivel de maestría y casi todo el resto está compuesto por grumetes que pasan una mopa limpiando la cubierta del barco de la grandeza que tipos como Wolf Hoffmann capitanean con una taza de té frente al timón contemplando el horizonte en lontananza. Una nueva cátedra de calidad en función de una idea sin más pretensiones que mostrar la categoría, intensidad y fuerza de siempre, con un Mark Tornillo demostrando que ningún saco le queda grande. Además, ¿quién no ha sentido que uno es su peor enemigo, y que tiene dos mundos chocando en su interior? Excelente tema.

Sin dudas uno de los momentos más destacados de esta placa –probablemente el corte favorito de varios fanáticos– llega con Carry The Weight, el penúltimo tema del disco, y que probablemente sea el más veloz de todos (quizás junto a algunos pasajes de No Regrets). Una bestialidad energética y que llama a no hacerse el superhéroe ni cargar con los problemas de todo el mundo, con un estribillo fabuloso, un trabajo de las guitarras excelso, y una base rítmica con Baltes y Williams a prueba de cualquier bala. Las armonías vocales en el precoro, y el solo de Wolf, con una guitarra afilada en segundo plano, destacan por sí mismos.

El cierre, con Race To Extinction, carga con cierta pesadumbre inicial –formidable el trabajo, nuevamente, de Christopher Williams, especialmente en esta fase primaria del tema–, y luego el bajo de Peter Baltes resuena por todos lados. Un precoro nuevamente con armonías vocales –en la onda de Tornillo, por supuesto, sin delicadezas– lleva a un estribillo que quizás sea el menos inspirado de toda la placa, aunque sin ser malo, por supuesto. Ciertamente el pasaje de los solos de guitarra es de lo más destacado de un tema que probablemente subiría su cotización si no fuese el último de esta placa, y deja una pequeña sensación de gusto a poco, porque además el final del tema no resulta todo lo contundente que uno desearía. Como que faltó un tema más, quizás o un final un poquito más redondo, aunque por contrapartida, el disco se hace extremadamente corto, lo cual siempre habla bien de la calidad del trabajo.

A estas alturas por supuesto que no le vamos a pedir a Accept que reinvente la rueda ni mucho menos. Pero nos tienen “malacostumbrados” y eso es una realidad, pues la calidad de sus placas precedentes realmente ha convertido a la actualidad de la banda no sólo en una digna sucesora de su época clásica, sino que derechamente la pone a la par de sus tiempos más gloriosos. “The Rise Of Chaos” es un disco sin ningún punto derechamente bajo, quizás cuenta con un poco menos de destellos y de emociones que las placas anteriores, quizás por ahí haya faltado alguna referencia clásica en la guitarra de Wolf que se las gastó todas con su “Headbangers Symphony”, pero como decimos en Chile, eso a estas alturas ya es “quejarse de lleno”. La consistencia de los alemanes es una férrea muestra que el fuego está lejísimos de apagarse, que incluso se dan el espacio para bromear con sus edades (como en Analog Man), pero vengan, atrévanse y tírenle un pelotazo en la cara a Accept, y van a ver cómo la para de pecho. Hay Accept para rato y eso siempre es una buena noticia.

 

 

Ya nos acostumbramos a disfrutar de buenas producciones chilenas porque, definitivamente, el Metal nacional ha entrado en su mayoría de edad y ya no hay vuelta atrás. La conjugación de mayor acceso a tecnologías de grabación y mejores instrumentos con la aparición de una camada de talentosos y esforzados músicos hace posible que varias bandas se estén abriendo paso a nivel internacional tanto con sus trabajos grabados como con, incluso, presentaciones fuera de nuestras tierras.

En este contexto tenemos a Eternal Thirst, la banda de la sed eterna (por sangre según algunos más metaleros, por cerveza según otros) que este año nos regalan un trabajo de estudio, su tercer largaduración, al que decidieron titular “The Hellish Fight Goes On” y que nos trae diez tracks de puro Heavy Metal clásico y enrabiado, marcando el debut discográfico de Rodrigo Contreras en las voces, quien viene a unirse a las cuatro cuerdas de Hugo Álvarez, las guitarras de Hugo Sánchez y Javier Alarcón, además de la batería de Francisco Vera.

Así, abriendo los fuegos, nos encontramos con The One Who Fights Will Never Die, la que arranca con una intro un poco confusa para el oído donde se escucha el choque de espadas en medio de sonidos electrónicos creando como una atmósfera futurista, quizás haciendo una alusión a la inmortalidad al estilo Highlander, introducción que da paso inmediatamente al poder del Heavy sediento, con un riff potentísimo y una base rítmica rápida que no pierde fuerza en ningún momento y sin mayores cambios hasta pasada la mitad del tema, donde nos encontramos con un exquisito quiebre rítmico que, en vivo, claramente te permitirá descansar el cuello un rato. Es una apertura que deja claro lo que la banda quiere compartir y el lugar que le corresponderá a Rodrigo dentro del conjunto, quien muestra tener las cualidades necesarias para ser la voz al frente de esta máquina, reforzando este concepto con el excelente final de la canción.

Con un riff que recuerda un poco a Judas Priest arranca In League With One Who Has No Name, un tema que suena aún más clásico que el anterior, con una base rítmica galopante que invita a formar un lindo mosh pit y disfrutar con todo, contando con un tremendo momento de calidad al llegar a los solos, donde tanto Sánchez como Alarcón demuestran que la calidad la tienen de sobra. Ciertamente el nivel en este punto lo podemos considerar como ascendente en comparación a su antecesora, lo que nos va prometiendo un tremendo disco para disfrutar de principio a fin.

Esto continúa con una midtempo deliciosa llamada Anemas Dungeons en alusión a la famosa prisión bizantina, donde, gracias al estilo rítmico, las líneas vocales de Contreras se pueden disfrutar en su totalidad, pudiendo mostrar más tranquilamente su calidad vocal que, a veces, se desaprovecha con líneas vocales muy planas a lo largo del disco pero que sin lugar a dudas encuentra su espacio para lucirse a ultranza aquí. Pasando la mitad del track aceleramos un poco el ritmo pero manteniendo intacta la estructura del tema y regalando una de las piezas más exquisita del disco, siendo la estructura musical más dinámica entre las que cuentan con voz, terminando aún más rápido que en su segundo momento.

A la orden de All Beasts Arise toda la caballería de los sedientos se larga a correr cual horda que se lanza a la pelea. Un pasaje instrumental de tremenda calidad que te permite apreciar sin ninguna distracción toda la calidad que cada uno de los músicos tiene para ofrecer a esta mezcla final que se llama Eternal Thirst, una banda que se nota tremendamente afiatada con sus ya más de diez años de carrera, aún con un baterista que cumple 3 años junto a ellos y un vocalista que lleva recién su primer año, sencillamente la calidad compositiva y ejecutora que demuestran no puede dejar indiferente a nadie.

Nail The Banner Of War arranca con un riff potente y lento, donde pareciera que todas esas bestias que se alzaron en el track anterior reciben una arenga de parte de un caudillo que los llama a clavar el pendón de la guerra en la tierra a conquistar, la velocidad no es un protagonista acá sino la potencia y la oscuridad que se alcanza a percibir. La sección de los solos es bastante correcta pero carece un poco de la genialidad que se alcanza a disfrutar en los temas anteriores, lo que siempre puede pasar, un tremendo track que termina nuevamente, como si fuera una fórmula del disco, con la voz de Contreras en su máxima expresión.

En la medianía del disco nos encontramos con Power Of Fire, con un toque que nuevamente hace pensar en Judas Priest sin parecer una copia o algo poco original, siendo quizás uno de los detalles más importantes en la banda, si bien en ocasiones ciertos sonidos te pueden recordar a otra banda en ningún momento se duda que el sonido pertenezca a otro que no sea Eternal Thirst. Acá nos enfrentamos un poco a ciertos problemas en la composición de las líneas vocales, si bien Contreras hace un tremendo trabajo en su capacidad y calidad, las líneas vocales tienden a mantener una cierta monotonía que sólo se quiebra en el mismo final, detalle que reduce levemente la efectividad del track que, aun así, se mantiene por lo alto.

Manteniendo la velocidad un poco más tranquila y la potencia arriba arranca Into The Tower Of Fear, el tema más largo de este trabajo que se extiende por casi nueve minutos, lo que permite que la segunda mitad del mismo sea prácticamente un interludio musical. La voz de Contreras se escucha cómoda pero mantiene cierto nivel de monotonía nuevamente, lo que, en todo caso, no invalida para nada su tremendo trabajo vocal que le da un toque de potencia importante a la ejecución de cada instrumento. A los tres minutos nos encontramos con un quiebre rítmico que nos lleva a las profundidades de esa torre, nos da un pequeño paseo por un sonido que recuerda un poco a The Rime Of The Ancient Mariner, dejando clara la influencia del NWOBHM, el paseo continúa por distintos ritmos hasta que nos encontramos nuevamente con la voz de Contreras para darle un tremendo cierre a este track, terminando con unos solos inmejorables.

Como estábamos muy tranquilos, nos suben de vuelta a la máquina y nos arrasan con el comienzo de Breaking The Tomb, una patada en la cabeza instantánea que se relaja un poco luego de la introducción dando paso a Contreras en un ritmo bastante más tranquilo hasta que, cerca de la mitad, aceleramos nuevamente la bestia y nos arrastra con ellos. Esta canción en vivo claramente es un momento de mosh pit inmediato, un llamado a la batalla bajo el escenario sin duda, el que funciona tremendamente bien en los dos momentos rítmicos que presenta, aunque claramente se disfruta mucho más en la violencia y agresividad de las secciones rápidas.

Battalion arranca como queriendo comenzar un himno, queriendo instaurarlo, el segundo momento más largo de este trabajo nos regala ocho minutos de Heavy Metal que inicia con tranquilidad y descansa un poco luego del primer grito de Contreras para dar paso a una base rítmica galopante que te hace sentir totalmente vivo, con ganas de salir a seguir el batallón de luchadores que convoca, con una guitarra lanzando un riff de aquellos que se agradecen y nos hace recordar por qué debemos luchar por el Metal. Si bien es un tremendo tema que no falla en su estructura musical, quizás peca un poco en su extensión, lo que hace se vuelva un poco repetitiva y, por lo tanto monótona, lo bueno es que como es un tremendo tema no aburre ni nada, pero claramente hubiera logrado su objetivo sin necesidad de extenderlo por ocho minutos.

Ya en el cierre del álbum nos encontramos con Spears Instead Of Hands, el que aparece como un bonus pero que, claramente, forma parte integral de este larga duración. Nuevamente, con la tranquilidad rítmica que ha caracterizado este trabajo, las guitarras nos regalan un riff tremendamente pesado por donde se le mire, dejando caer todo ese peso sobre la voz de Contreras que, a pesar de mantener líneas vocales relativamente planas, demuestra una vez más porque está ocupando ese puesto como heredero del legado que nos dejó Pablo Garriga (QEPD), un trabajo que carga con un importante peso simbólico que Renzo Palomino pudo cubrir en su momento y que ahora, un vocalista que hace su primera aparición en un trabajo de esta envergadura, ha demostrado ser capaz de defender. Es un end track correcto, sin mayores sobresaltos y con una muy buena composición, el que en ocasiones acelera, especialmente en los coros, pero no abandona en ningún momento la estructura base lo que permite disfrutar sin mayor esfuerzo de todo el tema en su conjunto, sobre todo el momento de los solos donde tanto Sánchez como Alarcón nos regalan unos pasajes del mejor Heavy Metal nacional, cerrando el disco casi con una invitación a esperar su próximo trabajo.

En definitiva, los diez temas que componen este “The Hellish Fight Goes On” merecen cada escucha que uno le pueda dar porque, sin lugar a dudas, Eternal Thirst es una de las más importantes bandas del que yo me he atrevido a llamar New Wave Of Chilean Heavy Metal, donde cada vez son más bandas las que nos están poniendo en el mapa del Metal gracias a música como la que componen y nos regalan estos sedientos de alcohol y/o sangre. Como país ya no somos sólo consumidores del mejor Metal mundial sino que, de a poquito, con paso lento pero seguro, nos vamos metiendo entre los mejores productores de esta música que todos disfrutamos. A modo personal sólo les pediría que trabajaran un poco más las líneas vocales, que la voz de Contreras pudiera jugar más y demostrar con total dinamicidad y libertad su calidad y capacidad.

Ciertamente este no será el mejor trabajo de Eternal Thirst, porque estoy seguro que el próximo será mucho mejor y el que le siga a ese será aún mucho mejor. Esta banda nos viene regalando una escalada de calidad en cada uno de sus álbumes y, aún más si esta alineación se puede mantener en el tiempo, no cabe duda alguna que su camino sólo apunta hacia arriba, tanto en lo que a composición y ejecución refiere como a las probabilidades de abrirse camino en los mercados más grandes y exigentes. Por ahora, sólo nos queda esperar lo que nos traerán en su próximo largaduración y, por mientras, estar atentos a sus presentaciones porque si en el disco suenan bien, nadie se puede perder la oportunidad de disfrutar toda su energía en el escenario presentando temas de este tremendo álbum.

 

 

Sentimientos encontrados. Dos palabras que componen la expresión que más se ajusta a lo que nos pasa al momento de escuchar el nuevo trabajo de Masterplan. Y es que este “PumpKings” irrumpe en la historia de Masterplan como una iniciativa de Roland Grapow, que busca recrear canciones de su autoría durante su paso por Helloween entre los años 1990 y 2000. Sin necesidad de escuchar el disco, inmediatamente surgen preguntas y conjeturas respecto a esta nuevo registro… ¿Será esto una buena idea? ¿Era necesario re-grabar canciones de la calabaza con otra banda? ¿Tendrá esto algo que ver con la reunión histórica de Helloween (Pumpkins United Tour) que no consideró a Grapow? Independiente del resultado de este disco, los juicios de valor son inevitables.

“PumpKings” se lanzó vía AFM Records y está compuesto por once tracks que se encuentran en los discos “Pink Bubbles Go Ape”, “Chameleon”, “Master of the Rings”, “The Time of the Oath” y “The Dark Ride”. En general, y en palabras que adelantaba el mismo Grapow, las versiones aquí expuestas son un poco más pesadas que las originales, lo que supone un aire fresco para algunas canciones que no gozaron de demasiada popularidad en sus años, y una atrevida propuesta para algunos clásicos de la banda.

Ahora bien, prejuicios afuera, lo que nos corresponde es hacer un juicio respecto a la calidad de la entrega de Roland Grapow y compañía, en esta arriesgada aventura de reversionar canciones de Helloween. Los restantes integrantes de Masterplan que dan vida a esta obra son Jari Kainulainen en bajo, Axel Mackenrott  en los teclados, Martin “Marthus” Skaroupka a cargo de la batería y el gran Rick Altzi con la titánica misión de relevar a Michael Kiske y Andi Deris, quienes acompañan a Grapow, mente maestra del disco.

El disco arranca con The Chance, uno de los últimos grandes temas que nos dejó Michael Kiske antes de abandonar Helloween. Inmediatamente queda de manifiesto que el trabajo interpretativo es impecable como es de esperarse, sin embargo, también se nota rápidamente que esta versión no tiene el mismo carisma ni calidez de la versión original. Rick Altzi es un buen vocalista sin dudas, pero no se escucha demasiado natural en este temazo, sino más bien un poco forzado, a veces contenido, en una ejecución vocal que se encuentra a medio camino entre lo que ofrece Kiske y Deris. Si bien es cierto el trabajo es correcto, el resultado final se percibe un poco tibio debido a la sombra gigante que proyecta Michael Kiske en cada una de sus interpretaciones.

Siguiendo con el material de ”Pink Bubbles Go Ape”, el disco sigue con las re-grabaciones de Someone’s Crying y Mankind, y la sensación es similar… A pesar de ser versiones un poco más contundentes y fortachonas que el material original, el problema es que no se sienten naturales. Si aislamos el trabajo de Altzi del resto de las pistas, seguro califica como un trabajo despampanante, sobre todo si le ponemos atención al portentoso coro de Mankind, pero lamentablemente esto no se trata de ejecuciones aisladas, y es ahí en el resultado general en donde la cosa no termina de convencer un 100%.

En Step Out Of Hell la interpretación nueva gana más puntos, pues los nuevos arreglos a cargo de Roland Grapow y Axel Mackenrott traen un aire fresco que le viene muy bien a la canción, en gran medida porque la voz de Rick Altzi no suena contenida, sino que se acomoda mucho mejor que en los temas anteriores. Y es que, innegablemente, cuando el vocalista suena cómodo y bien, el resultado de la canción difícilmente va a ser malo. Un más que correcto homenaje a canción una poco cotizada en el catálogo de la calabaza.

Situación diametralmente opuesta es la que ocurre en el siguiente track, Mr. Ego, clasicazo proveniente del “Master of the Rings”, donde no hay nada intrínsecamente mal en la ejecución, es un temazo sin duda alguna, pero la versión original supera con creces a esta nueva versión, con lo cual todo queda dicho. Si el cover “no le gana” al original, entonces queda en duda la justificación de lanzar la nueva versión. De nuevo, la interpretación es correcta, pero en feeling, no compite con el track original.

Otro de los grandes nombres que se encuentran en este “PumpKings” es la tremenda Still We Go, joya extraída (y a veces injustamente olvidada) del gran “Master of the Rings”, y el juicio aquí puede ser un poco injusto, porque Grapow y compañía llenaron de arreglos una canción que gana en majestuosidad, fuerza y grandilocuencia respecto a la versión original, pero como dicen los sabios, a veces menos es más. Es como esas versiones del tributo “Keepers of Jericho” o de Soulspell de los clásicos de Helloween, donde el trabajo interpretativo es sumamente prolijo y orquestal, pero la simplicidad y precisión de las versiones originales siguen superando a la sofisticación de los cover. Habrá muchas personas que alucinarán con esta versión de la canción por la gran performance de Altzi, por su “orquestalidad” y toque épico, pero si he de quedarme con una canción, sin duda me quedo con la original.

Escalation 666 es sin duda una de las canciones olvidadas en el repertorio de Helloween y que no suma demasiada popularidad entre los seguidores de la calabaza, sin embargo es una de las propuestas más interesantes que nos dejó “The Dark Ride”… Probablemente así también lo entiende Roland Grapow, quien nos entrega una buena versión de la canción, tanto o más pesada que su versión original. Altzi se nota cómodo interpretando las líneas de Andi Deris y los teclados de Mackenrott le dan una atmósfera más que correcta a la canción, consolidando un experimento funciona bien esta vez. Y siguiendo en esa línea, otra joya que nos produce una sensación agridulce es The Time Of The Oath, porque goza de una interpretación a prueba de balas, con un gran trabajo en la ejecución y también en el sentimiento, con una de las mejores vocalizaciones que nos regala Altzi en el disco… Sin embargo las comparaciones, a veces odiosas e injustas, son inevitables y Andi Deris es el dueño indiscutido de esta canción. Le da ese no sé qué a las canciones que las hace inexorablemente suyas. Es una muy buena versión, pero no supera a la original.

El disco continúa con un extracto del nunca bien ponderado “Chameleon“, y la elegida es Music, probablemente el tema menos relevante de la placa. Y aquí también se percibe un resultado mixto, ya que esta vez la versión de Masterplan es muy correcta y bien presentada, pero el tema es algo flojito dentro del repertorio de la calabaza, entonces por más bien que lo interpretes, difícilmente brillará por lo señalado anteriormente.

Sonidos de feria, circo ambulante y juegos estivales entre otras yerbas (más un grito clandestino de Ozzy Osbourne, cortesía de esta nueva versión) nos dan la inconfundible entrada a The Dark Ride, uno de los mejores temas del disco homónimo. Aquí pasa lo mismo que en Mr. Ego, donde la versión original tiene un carisma y sello que es difícil de superar… la interpretación es correctísima y la voz de Altzi se escucha muy bien aquí, pero la sombra de Deris priva a esta y otras canciones de brillar con luces propias (si es eso posible en un disco de covers).

Y cerrando el disco, otro temón de antaño: Take Me Home… y la verdad es que pasa exactamente lo mismo que en el tema anterior. Muy buena versión de un tema entretenido, lúdico y de paso ligero. Pero es sólo eso, una buena versión. Eso sí, es una de la mejores versiones del disco, se siente como un cierre correcto para este trabajo.

En consecuencia, el veredicto es agridulce. La mitad de las versiones son muy buenas, la otra mitad es correcta, y no mucho más que eso. Las versiones originales opacan a la mayoría de estos covers, y eso es difícil de negar. Solamente resultan rescatables las interpretaciones y ejecuciones, sin duda, pero en cuanto a feeling y mérito, muy poco. Es una lástima decirlo, pero el lanzamiento del disco se percibe como una obligación e idea comercial más que una entrega honesta de la música que hace Masterplan. Esperamos con ansias una nueva entrega original de la banda, porque esto no es más que un tentempié en medio de su carrera.

 

 

En Febrero de 2017 se anunciaba oficialmente el nacimiento de The Unity, un nuevo proyecto musical que contaría en sus filas con dos miembros de Gamma Ray, Michael Ehré (ex-Metalium, ex-Uli Jon Roth) y el gran Henjo Ritcher, poniéndolos inmediatamente en el radar del mundo Heavy Metal, aun antes de saber de qué se trata realmente la propuesta. Y es que el peso específico de GR en lo que significa el género no admite ninguna discusión, aspecto indirectamente positivo para The Unity en términos de promoción.

Además de los ya mencionados Michael y Henjo, la banda cuenta con Gianba Manenti en la voz principal, Stef E. en guitarras, Jogi Sweers en el bajo y el tecladista Sascha Onnen, todos ellos miembros de LOVE.MIGHT.KILL, banda paralela de Ehré, que se ha venido haciendo un nombre en Europa hace un buen rato, lo que consolida una formación más que interesante para los seguidores del estilo.

Durante Mayo del presente, la banda lanza su debut homónimo “The Unity” vía SPV/Steamhammer Records. La producción del disco estuvo en manos del propio Ehré en B Castle Studio y el arte es obra de Alexander Mertsch, colaborador de bandas como Deep Purple y Gamma Ray. En cuanto a lo musical, The Unity se aleja un poco del Power Metal tradicional que profesa Gamma Ray, y se adentra en los terrenos del Hard Rock, movida bastante usual dentro del género que nos convoca (¿Aló, Edguy?) y que pasamos a revisar a continuación.

El disco comienza con Rise And Fall, un buen opening que cumple con todas las características que uno espera en un debut como este: Es directo y de melodía fácil, poco pretencioso y bien catchy, que pavimenta de manera correcta la entrada al disco como tal. Una introducción estruendosa da paso a una canción que rápidamente se desmarca de Gamma Ray y recuerda los tiempos mozos de Masterplan, en donde inmediatamente llama la atención el buen desempeño de Gianba Manenti, poseedor de un gran registro vocal, donde su voz carraspeada recuerda grandes exponentes de este estilo de canto, tipo Russell Allen, Jorn Lande o nuestro compatriota Ronnie Romero. Un coro mid-tempo y de ritmo galopante invita a levantar el puño y cantar, apelando a la emotividad del Metal melódico y que con toques Hard Rock consolida una propuesta interesante que nos da una buena idea de lo que se viene en el resto del álbum.

A continuación No More Lies, single que promociona el disco, empieza con un extenso monólogo que sigue con un riff que a modo personal no convence demasiado. El canto de Gianba es acompañado por una base de batería y bajo en donde lo más destacable es la interpretación vocal y la calidad de sonido de la mezcla general, donde cada instrumento suena muy bien, sin duda un excelente trabajo en las perillas. El coro es correcto, mas no cautivante. Después de un gran comienzo, esta canción se percibe un poco más tibia, con algunos dejos del Europe moderno, gracias a las atmósferas de Sascha en las teclas y las guitarras estridentes de Henjo y Stef, pero que no termina de cuajar a pesar de la buena ejecución general.

God Of Temptation, tercer track del disco, es un mid-tempo que sigue recordando sonoridades del Hard Rock más moderno que practican bandas como JORN o Europe dosmilero, sostenido por un riff lento pero intenso por parte de Henjo y Stef, más el omnipresente teclado de Sascha que se encarga de ambientar el tema con aires de solemnidad. Es un tema más bien genérico, donde lo más rescatable es la interpretación aguerrida de Gianba, además de ciertos pasajes que dan la sensación que pueden funcionar bien en vivo. Siguiendo la línea anterior y de la mano del sintetizador de Sascha llega Firesign, donde la base rítmica machacante de Michael y Jogi y la voz cada vez más aguerrida de Gianba marca presencia en un tema que tampoco innova demasiado, pero que definitivamente tiene más sal y pimienta que el anterior, tanto en interpretación como en sentimiento, lo cual obviamente es muy positivo. Durante toda la canción se desarrolla un trabajo de voces muy interesante, con armonías y coros precisos y potentes, soportados por un excelente trabajo en las guitarras. Un riff potente y guerrero tipo Accept, se funde simbióticamente con un coro melódico y alegre a lo Avantasia, que invita a cantar con el puño y corazón en alto mientras las cuerdas vocales de Gianba suben hacia el infinito, consolidando uno de los mejores momentos del álbum.

Always Just You nos recuerda el Hard Rock que proliferaba por allá por los 90’, con un ambiente bien romanticón y de ritmo mid-tempo. La fórmula es conocida, piano de fondo, voces en off, la voz sentida de Gianba y los instrumentos acelerando de a poco, mientras la guitarra solea en un tema que parece que va a despegar, pero se queda dando vueltas en lo mismo, haciéndolo un poco cansino y repetitivo. Por suerte, rápidamente la banda trae de vuelta lo que mejor sabe hacer: Close To Crazy es un tema que mezcla muy bien el poder del Happy y la estructura del Heavy Rock. Es una canción que se presenta entretenida, entrópica a ratos, eléctrica y muy vacilona. Más de algún dejo de los discos solistas de Paul Gilbert se deja entrever en ciertos compases de este entretenido tema. Muy buena labor de Henjo en los solos, poniendo su instrumento al servicio del espíritu de la canción, y Gianba interpretando un estribillo que queda a la primera. A pesar de no ser un tema novedoso ni excelso en términos compositivo, cumple bastante bien con ser honesto y happy.

Otra vuelta carnero en el jukebox de la banda nos trae The Wishing Well, un tema que se resume en una palabra: Whitesnake. Aunque para ser más justo, en realidad la similitud es mayor con las versiones que JORN hace de canciones de Whitesnake. Es un tema 100% ochentero, pero que suena moderno, no es nostálgico ni revival. Da la sensación de que hace 20 años atrás hubiera pegado una barbaridad, pero no ahora, como que le falta la chaucha pal peso. En vivo funcionará bien por los sing along que invita a hacer, porque los teclados tipo Hammond te tocan el corazón de una, y el canto a lo David Coverdale es difícil de resistir, pero no convence ciento por ciento. No obstante lo anterior, puede considerarse como uno de los aciertos del disco.

El octavo track del disco es Edens Fall, canción de cadencia paciente y espíritu sentimental, también sacada del catálogo ochentero. Buenas armonizaciones entre las guitarras marcan el paso de una canción que cumple con la continuidad del disco, pero que una vez más no entregan demasiado y da la sensación que el piloto automático hizo la pega junto con el sexteto. A pesar de los buenos arreglos vocales y los adornos instrumentales, se percibe algo tibia en entrega.

The Unity se va un poco más al pasado ahora, y directamente desde la década del 70’ nos traen Redeemer, un tema que es puro Rainbow (O Deep Purple, juzgue usted). Es una canción interesante, con mucho sentimiento, una gran ejecución instrumental, recordando a ratos la propuesta de Inglorious. El sintetizador de Michael recuerda de buena manera lo que hacía Jon Lord de forma tan magistral, mientras que Henjo también se luce en un solo a lo Uli Jon Roth. El cambio de ritmo después del solo es sensacional, combinando y complementando de muy buena manera teclados y guitarras. Una canción muy bien lograda, que si bien es cierto se percibe como un tributo y no como algo demasiado propio, se agradece.

Super Distortion, décima pista del disco, no es más que un interludio entre canciones, y que a pesar de estar bien ejecutado, no aporta en nada, solo sirve de introducción a Killer Instinct, un tema Heavy/Power que va en la línea de Masterplan, que en líneas generales está bien, pero que no despega y no calienta demasiado. Mucho nombre para tan poco tema dirían los más gamer. Es un tema correcto, pero que lamentablemente no logra los niveles de emotividad que uno puede esperar y exigir de una banda como esta.

Cerrando el disco aparece Never Forget, canción que representa fielmente el espíritu de esta banda. Es un tema happy amalgamado con elementos Hard Rock que funciona bastante bien. Tal y como se puede apreciar en todo el disco, cada elemento está muy bien cuidado, con un Michael llevando el protagonismo de las melodías y un Gianba transmitiendo gran sentimiento en cada verso. De lo más catchy/cheese que tiene el disco, así como también de lo más honesto que podremos encontrar a lo largo de los 58 minutos que dura este larga duración.

En resumen, la sensación general que nos deja el debut de The Unity es un poco agridulce. El disco se percibe algo plano, sin demasiados tropiezos, pero tampoco es una propuesta realmente consistente, por cuanto pareciera ser que que no va a trascender mayormente. No es un mal disco, en lo absoluto, pero no evoca muchas emociones. Es un disco que entrega buenos momentos de Heavy Metal, y buenos momentos de Hard Rock, y que en ciertos momentos encuentra una amalgama interesante, pero que carece de dinamita. No tiene la explosión del Heavy Metal, ni tampoco la emoción cautivante del Hard Rock. Es un híbrido que cumple, pero que no cuajó 100%… Quizá las exigencias son mayores considerando los miembros que forman The Unity, y eso inconscientemente hace tirar la balanza para abajo, pero bien sabemos que los grandes nombres generan grandes expectativas.

Desde el lado positivo, el gran ganador es claramente el vocalista Gianba Manenti, poseedor de una gran voz y que la saca a relucir en gran parte del registro. Por otra parte, es también positivo que el disco avanza rápido y es fácil de escuchar, probablemente porque todas las canciones son más bien “oreja” y no se abusa de complejidades innecesarias. Aquí no hay riesgo, es una apuesta segura, pero que paga poco. No inventaron la rueda, pero tampoco es que lo hagan de maravillas rememorando el pasado.

En síntesis, a los fans de este estilo medio híbrido, y a los más acérrimos de la marca Happy seguramente les va a gustar, porque no es irreverente, es un disco fácil… pero a quienes buscan un poquito más, o a quienes les gusta derechamente el Hard Rock de corte ochentero, no creo que el experimento les resulte demasiado atractivo. “The Unity” es un disco agradable, pero que probablemente pase sin pena ni gloria por la biblioteca musical de quienes aprecian las corrientes del Metal en su forma más tradicional.

 

 

Hace largos años que WarCry lleva el estandarte del Metal español alrededor del mundo con una prestancia y una base de fanáticos que cualquier banda de la escena soñaría con tener. Y por supuesto que se ha visto reflejado en nuestro país, ya que solo basta recordar el éxito absoluto que han sido sus tres visitas a nuestras tierras, tanto en convocatoria como en la ejecución y producción de la banda en sí. Entonces, un nuevo disco de los asturianos no podía pasar desapercibido para toda Hispanoamérica. Veamos qué tiene para ofrecernos “Donde el Silencio se Rompió”.

Partimos con la hardrockera Rebelde. Si bien durante los primeros segundos, el riff y el trabajo del teclado suenan gancheros y efectivos, una vez que comienza la primera estrofa entramos a un corte bastante denso que básicamente es un adelanto de lo que encontraremos en todo el álbum. El primer aspecto a mencionar sin duda es el “efecto altavoz” implantando en las líneas de Víctor García. Es cierto que logra ambientar y situarnos de mejor forma en la temática desarrollada, pero dudo que el cantante necesite de estos recursos para lograr transmitir el mensaje. Aún así, desde luego que se agradece la fuerza y la garra que los españoles desbordan a cada segundo. Digo esto porque principalmente es una canción genérica, pero que de alguna manera se las arregla para cumplir como opening track. Ojo con el outro y con la frase “Escucha bien, te lo prometo / No tendrás paz si no estoy…¡muerto!”, por lejos lo más destacable.

El panorama no cambia mucho con Resistencia, otro mid-tempo llevado con calma donde la guitarra por momentos pasa a segundo plano y se ve opacada por la base rítmica y por Santi Novoa. Todo esto abre paso a un estribillo marca registrada lleno de pomposidad que sin dudas funcionará a la perfección en vivo y en directo: “Y aún así / Contra toda opción, resistiré / No hay rendición, resistiré / Grita mi interior, resistiré / Escucha mi voz, resistiré”. Siendo justos, cumple pero no deslumbra.

Uno de los puntos más altos del LP llega con la entretenida Cielo e Infierno. Pablo García abre el tema con un riff más que interesante que cada vez va tomando más fuerza una vez que se le unen sus compañeros. Lo mejor de todo es que sin necesidad de implantar demasiada velocidad y recursos extremos, nos encontramos con una composición bastante dinámica y llena de vitalidad. Las estrofas de Víctor poco a poco van subiendo de intensidad hasta el puente donde se exclama “Miro nervioso el reloj y pasa el tiempo tan veloz/ Se que me tengo que marchar y solo pienso en regresar” para que luego el coro estalle en lo alto con unos excelentes arreglos de teclado de fondo. Más que seguro que el “Intentaré volver a unir el cielo y el infierno/ Piel contra piel, pegado a ti, sintiéndote ardiendo” les quedará dando vuelta de inmediato. Por último, a pesar de que el solo de guitarra es breve, este llega a ser un aporte continuando con la melodía del track. Gran, gran momento.

Si hay algo que caracteriza a los asturianos son sus canciones llenas de declaraciones de principios. Y esta placa no podía quedarse atrás en este aspecto, puesto que Así Soy posee un ritmo que te prepara para una batalla épica mientras todos gritan “Eh! eh! eh!”. La letra -que básicamente nos habla del orgullo de ser Heavy- está llena de frases dignas del True Metal que en primera instancia pueden sonar totalmente clichés, pero que a la larga termina por convencer de alguna forma. En todo caso, por lejos lo mejor es el pedazo de solo que se despacha Pablo García. Realmente está hecho para enmarcarlo.

Ya no Volverán trae de vuelta la voz de Víctor a través de un altavoz durante cada estrofa. Sí, esta no es razón suficiente como para crucificar una canción, pero no puedo dejar de encontrarlo innecesario, más aún si se tiene un frontman de esta talla. Ahora bien, más allá de eso, nos topamos con un tema lleno de melodías y de arreglos que hacen que fluya de mejor forma junto al excelente trabajo del doble bombo. Por otro lado, el contraste creado entre los versos más nostálgicos y los más reconfortantes cómo “Pero el mundo cambia y los años pasan, ya ves / Y es que el tiempo avanza / Y debes correr junto a él, y crecer” terminan por conformar una pieza más que correcta. Lamentablemente la situación empeora un tanto con Necesito Escapar, uno los puntos más bajos del disco. El problema es que suena un tanto sobrecargada dentro de su teatralidad, vale decir, está la atmósfera espacial, los sonidos industriales y un estribillo “sureño” con pandero incluido. Demasiados elementos para solo un track que terminan por colapsarlo en detalles.

De lleno en la segunda mitad del LP, Luchar y Avanzar suena directa y al hueso desde las primeras notas. Probablemente sea el mejor resumen de la esencia de “Donde el Silencio se Rompió”: rockera a más no poder y con un coro hecho para cantarlo con el puño en alto. Como era de esperarse, los arreglos de guitarra y de teclado no se quedan atrás, puesto que a su debido tiempo se van haciendo presentes mientras Rafael Yugueros aplasta todo a su paso. Por cierto, cuánta calle demuestra la banda cuando Víctor canta “Y no puedo pararme a llorar/ Solo puedo luchar y avanzar”, con total seguridad uno de los mejores momentos instrumentalmente hablando. Antes de la última tanda de estribillos, una correcta sección de solos cortesía de Roberto y Santi pone el broche de oro a uno los clímax del presente trabajo.

Y suma atención con lo que sigue, puesto que seguimos en la senda ganadora sin lugar a dudas. Por toda la Eternidad nos transporta a una historia de desamor precisa y concisa que contiene frases tan potentes como “Dicen que lo conoció años atrás/ Él se marchó y no lo pudo superar”. Una de las particularidades a destacar es que fácilmente podríamos hablar de una de las composiciones más progresivas y con más tintes de Power Metal europeo dentro del tracklist. Eso sí, todo es ejecutado con elegancia y sutileza sin caer en la exageración. Porque como mencionamos anteriormente, es una pieza trágica y así nos lo hacen saber desde la primera frase. Como ya es costumbre, no los culpo si el “Decidió detener el tiempo/ Se quedó en el mejor recuerdo/ Y le amó por toda la eternidad” les queda dando vuelta en la cabeza. Muy por el contrario, Odio tiene un sonido más plástico y “radial” si se quiere llamar de alguna forma, con lo cual de forma negativa se logra desmarcar del resto de sus pares.

Otra de mis favoritas desde luego que es Muerte o Victoria. Nuevamente nos encontramos con el prototipo donde la guitarra queda un tanto atrás mientras Roberto Yugueros y Roberto García llevan cada verso del tema, pero lo cierto es que en ningún momento suena redundante o monótono, principalmente gracias a la interpretación de Víctor, donde se encuentra notablemente cómodo con estos ritmos más pausados. El estribillo, que desborda el mensaje y el espíritu de WarCry por los poros, es sencillamente notable: “No hay rendición/ Solo con valor se alcanza la gloria/ Busca dentro de ti/ Debes elegir muerte o victoria”. Ojo, también traen de vuelta el pandero y suena bastante convincente. Y eso no es todo, puesto que el outro es una demostración de calidad musical y de cómo crear una atmósfera emotiva como pocas hemos escuchado antes. No exagero al decir que es uno de esos pasajes que quisiéramos que nunca acabaran. ¡Temón con todas sus letras!

Y bueno, lo único que falta para poder decir que efectivamente estamos escuchando un álbum de los españoles, es la infaltable balada donde los sentimientos afloran desde el primer segundo. No te Abandonaré intenta ponerse a la altura de clásicos como El Amor de una Madre o Un Mar de Estrellas, y la verdad es que no tiene nada que envidiarles, puesto que la performance de Santi, y por consiguiente la del vocalista, roza la perfección. Los invito a que lean la letra con detención y dejarse llevar por esta misma.

A modo de conclusión, no es un misterio que “Donde el Silencio se Rompió” es un LP lleno de contrastes y porque no decirlo, también de altibajos. Vale decir, y hablando de una manera más drástica, hay un par de canciones totalmente prescindibles que poco y nada llegan a aportar dentro de la placa y otras que cumplen a regañadientes. Pero quedarnos con esta impresión sería una injusticia para la no despreciable cantidad de temazos que contiene. Con un par de escuchas las ideas van decantando y el solo hecho de imaginar la potencia con la que sonarán en vivo no dejará indiferente a ningún fanático. WarCry apostó por una propuesta consecuente a sus ideales y eso vaya que es valorable en estos tiempos.

 

 

El metal chileno se ha ido nutriendo de tremendos exponentes que cada vez nos regalan más y mejores productos discográficos, algunos con sus bandas y otros en formato solista, ese es el caso del guitarrista Erick Ávila, quien se hiciera conocido tocando con los ya reconocidos SIX MAGICS. Anteriormente, Ávila había lanzado un debut solista donde mantenía un sonido totalmente ligado al Power Metal, sin embargo, el año pasado decidió adentrarse más en la experimentación y la fusión entre lo progresivo y los sonidos de nuestra tierra. Precisamente ese es el trabajo que revisaremos a continuación.

Origen” es el nombre de la placa que lanzara el año pasado Erick Ávila, un trabajo que consta de trece temas bastante variados entre ellos donde no paseamos sólo por sentimientos evocados sino, espectacularmente, por zonas geográficas muy marcadas, logrando una fusión sonora exquisita que no cualquiera logra crear. Todo esto arranca con el tema que da nombre al disco, Origen, el que comienza con una ambientación bastante futurista donde los teclados son los principales protagonistas para dar paso a todo el metal que el guitarrista ya nos tiene acostumbrados. Una potencia tremenda se toma el track para permitir que la virtuosidad de Ávila baile sobre esa base rítmica cambiante, una pieza que abre las puertas a un viaje impresionante por paisajes sumamente distintos entre sí, recordando todo el tiempo que esto es Power Metal, subiendo y bajando las revoluciones, una entrega de calidad desbordante.

Pero como ya dijimos, el viaje que Ávila nos propone no es sólo a través de sentimientos sino también de lugares y así nos llega … Y Fuimos Cueca, donde la guitarra se tranquiliza un poco para presentarnos una tonada exquisita del centro de nuestro país en versión Metal, una fusión que algunos habían intentado antes pero sólo en pasajes cortos o en versiones menos pesadas, siendo una innovación interesante, la que, luego de un pasaje que nos lleva nuevamente un poco al espacio, nos regresa a la tierra acercándonos a una especie de cueca metalera, presentando una mixtura muy bien lograda donde ninguno de los sonidos opaca al otro.

Seguimos el viaje y ahora la batería nos trae un ritmo típico de nuestro norte y la guitarra de Erick nos da la bienvenida a Descarga Andina, donde nos presenta una especie de huayno metalero, con algunas pausas de tranquilidad. Acá nos encontramos además ya con un piano más latino, más caribeño quizás, acompañando los sonidos andinos y reforzando la fusión de estilos y ritmos, una delicada obra de arte que se forma desde ámbitos tan distintos que se configuran en un tremendo acierto compositivo.

Un ritmo más detenido nos lleva al otro extremo de nuestro país y la guitarra emulando una trutruca nos da la bienvenida a La Batalla de Tucapel, canción que presenta un sonido mucho más pesado, trayéndonos no sólo a visitar un pedazo de tierra chilena sino también un momento de nuestra historia, incorporando algunos sonidos que se acercan a los himnos y marchas de guerra, usando todos los elementos musicales posibles que nos dejen claro qué es lo que nos quiere transmitir. Uno de los puntos más altos de esta placa, sin dudas.

Texturas nos saca bruscamente de ese escenario y nos lleva a la vena más progresiva del disco, donde podemos disfrutar, tras la introducción, un ritmo de bossa nova exquisito que nos relaja todo lo que puede haber tensionado el tema anterior, recibiendo el impacto del Metal de la guitarra de Ávila de manera suave y refrescante, con una base rítmica activa, una batería que juega incansablemente y un puente tremendo que nos regala unos segundos de relajo total para empezar nuevamente a levantarnos a través de los riffs inspiradísimos que nos dejan esperando más hacia el final.

Un riff que nos recuerda al ANGRA de los 2000 nos abre la puerta para Festejo, un tema rápido pero liviano, cómodo para disfrutarlo en cualquier momento donde fácilmente se siente la onda celebrativa que quiere transmitir, disfrutándose un tremendo groove que nos acerca un poco a la cumbia quizás, pero sólo un poco, manteniendo el sentido progresivo de la pieza en todo momento.

Nuevamente levantándonos un poco fuera de la Tierra arranca Infinito, pieza donde el bajo se hace más protagonista en los primeros segundos, con guitarras que suenan más espaciales, recordando incluso algunas películas o series de ciencia ficción. Aunque nos saca fuertemente del contexto en el que nos traía el disco, es una tremenda pieza que nos lleva a disfrutar otra arista de la calidad compositiva de Ávila, manteniendo un ritmo tranquilo durante los cuatro minutos y medio que dura, llevándonos en un viaje sideral como para que observemos desde fuera todo ese mundo que nos quiere mostrar el disco.

Lamento arranca en una línea más pesada aunque sin gran potencia sino, más bien, manteniendo el ritmo anterior para dejarnos caer en una suerte de tango metalero, lo que nos regala uno de los pasajes más evocativos de la placa, acaso en las callecitas de Buenos Aires disfrutando su ambiente taciturno y bohemio. Una pieza delicada, sin arranques de locura ni potencia, sólo una composición correctísima que nos permite disfrutar sin necesidad de explotar más de lo necesario la vena metalera. Podríamos decir que tiene “ese qué sé yo”.

Luego nos vamos a un riff rasgueado donde nuevamente el bajo se hace protagonista para cabalgar en las Llanuras que nos llevan un poco al folcklore españolizado de los países más nortinos en Sudamérica. La guitarra de Ávila se luce con toques tipo flamenco y un regreso a la potencia del Power Metal, dejándonos imaginar quizás una pareja de bailaores mientras nos paseamos alrededor de la pista. Hacia el final los cortes rítmicos abruptos le entregan una agresividad exquisita que no alcanza a ser brusca, algo difícil de definir pero que le entrega otro plus más a esta pieza.

Con Ayün, la velocidad nuevamente baja llevándonos a un escenario más nostálgico, más sentimental y es que por algo lleva el nombre que decidió ponerle a este track. No es difícil imaginar una escena romántica entre los protagonistas que se nos ocurran al escuchar estas melodías. Me atrevo a decir que es uno de los puntos más altos en esta placa donde Ávila logra condensar y transmitir todo el sentimiento que encierra el concepto ayün, palabra que en mapudungun engloba todo lo relacionado con el amor.

Memorias nos pareciera trasladar al puerto de Valparaíso para disfrutar uno de sus tan tradicionales vals, mantenemos el ritmo suave y disfrutamos de las imágenes que la música nos puede evocar. Es inevitable empezar a sentir un poco de sed en un minuto a lo largo de este track, quizás un vino navegado, hasta que hacia el tercer tercio de la canción nos recuerda que esto es Power Metal y, sin cambiar demasiado el ritmo, nos levanta el ánimo para terminar por lo alto. Me atrevo a decir que quizás sea uno de los puntos más bajos de este trabajo, no obstante, sigue siendo una tremenda pieza y, sobre todo, muy pero muy bien lograda.

Me cuesta trabajo recordar a qué ritmo nos acerca Indómito, se acerca bastante a los ritmos que flotaban en nuestro país a principios de la década de los ’70 y, mezclando esa idea y el nombre, es precisamente hacia donde creo que apunta este tema, a un pueblo indómito que ha sufrido por culpa de sus compatriotas a veces y muchas más veces por culpa de la naturaleza pero que siempre se ha puesto en pie, se ha defendido, ha luchado y lo sigue haciendo. Acaso un llamado a despertar a medida que la velocidad va aumentando, aumentando y ganando potencia y agresividad hasta terminar abruptamente, quizás queriendo decir que la historia no ha terminado.

Así es como llegamos a Elian, tema que cierra este trabajo en la línea más relajada del mismo, dejando notar inspiraciones de Joe Satriani y Steve Vai, una tremenda pieza que gana algo de potencia y peso hacia el primer minuto pero que no deja de evocar esta sensación paternal, este sentimiento de observar y cuidar a alguien más. La veta progresiva acá se luce, es simplemente una maravilla de tema que no puede dejar absolutamente a nadie indiferente, nos lleva por un laberinto de emociones positivas y cálidas que se convierte en un cierre tremendo para un disco en que se nos lleva, como dije al comenzar, por un viaje emocional y geográfico.

Erick Ávila simplemente nos demuestra en este trabajo que su calidad compositiva y ejecutora están a un nivel altísimo. Una obra que tiene, además, la dificultad de ser exclusivamente instrumental, un detalle que siempre he considerado de mayor mérito puesto que no tienes líneas vocales en las que simplificar la música, hablamos de trece tracks de solamente música con altos y bajos, quiebres rítmicos y cambios varios que se sostienen por sí mismos sin una interpretación vocal de por miedo, lo que considero hace este tipo de trabajos aún más valorables.

Siempre es un orgullo poder revisar material chileno de tan alta gama, claro, por la fusión de sonidos con la que Ávila se quiso arriesgar es un poco difícil de digerir por completo a las primeras escuchas pero, desde el primer momento, se disfruta, especialmente el viaje que nos lleva a dar sólo con sonidos “metalerizados” de ritmos tan propios de nuestra tierra sudamericana, algo que hasta el momento nadie se había arriesgado a hacer y que nuestro compatriota logró con creces.

 

 

Durante estos últimos años, todos hemos sido testigos de cómo ha crecido la industria del mundo de los superhéroes, de cómo se ha ido masificando un gusto que hasta hace no mucho tiempo atrás era más bien algo de nicho y que sin duda era tildado como algo más bien nerd, ñoño y/o geek. Hoy por hoy es difícil encontrar personas que no estén familiarizadas con este universo, ya sea por la trilogía de Nolan del hombre murciélago, o por las aclamadas series de Netflix inspiradas en los superhéroes de Hell’s Kitchen o por las infinitas precuelas y secuelas de los X-Men. Quienes antes con suerte ubicábamos al Superman encarnado por Christopher Reeve y los monitos de Spidey que daban en el Canal 13, ahora sabemos perfectamente que existe un universo Marvel y uno DC, cada uno con sus héroes y villanos y que The Avengers no es La Liga de la Justicia. Y esta masificación llega al mundo por la indiscutible influencia de la industria del cine y televisión en nuestras vidas, quienes desde un par de años a esta parte han inundado las carteleras con películas y series de superhéroes como los mencionados anteriormente.

¿Y qué tiene que ver esto con el Heavy Metal? Tiene bastante que ver, porque los tentáculos de este fenómeno superhéroe van mucho más allá de los comics, cine y televisión, influenciando distintas industrias y expresiones de arte, y nuestra música no está ajena a eso. “The Dark Saga” (Iced Earth), I Am the Law (Anthrax), Holy Wars… The Punishment Due (Megadeth) o los más recientes Grailknights solo por nombrar algunos, están también inspirados en el mundo del cómics. Y la buena noticia es que el Heavy Metal nacional también tiene algo que aportar a esta especie de New Wave of Super Heroes Metal (NWOSHM).

Outsiders es una banda nacional de Metal Progresivo fundada en 2012, formada por Cristián Baeza en las voces, Yordy Pérez en guitarras, Ricardo Berríos en el bajo, Sebastián Baeza con las teclas y Nicolás Bascuñán a cargo de la percusión. Outsiders basa sus composiciones en el concepto y mitología de los principales personajes de cómics. Desde sus inicios el quinteto ha buscado consolidarse como banda pionera en la combinación de rock y viñetas, a través de composiciones enfocadas al relato de estas historias, permitiendo así dar contexto musical a la novela gráfica retratada en cada canción.

“Year One”, su disco debut lanzado durante el primer trimestre de este año, es el primer acercamiento a ese objetivo. Este largaduración está basado en superhéroes clásicos del universo DC Comics, donde las canciones relatan motivaciones y conflictos en la historia de los personajes. El álbum fue producido por Nicolás Arce (Húsar, Polímetro) en AST estudios, mientras que las backing vocals corrieron por cuenta de Rodrigo Varela (Húsar, ex-Delta), y otro conocido nuestro, Jaime Salva (Concerto, Húsar), apoyando con asesorías vocales. En la carátula, se aprecia a Outsider, personaje propio de la banda, del cual están planeando hacer cómics, canciones y quién sabe si más adelante hasta un álbum conceptual que relate su historia.

El álbum comienza con Zero Hour, una introducción instrumental compuesta por Sebastián que está basada en el evento DC del mismo nombre. Con un sonido bastante cinematográfico, esta breve intro nos sumerge inmediato en un ambiente épico y fantástico, donde los arreglos orquestales de Jean Pierre d’Alençon (Berklee College of Music USA) adornan este preludio que desemboca en First Flight, basado en la historia de Linterna Verde. Un tema que representa perfectamente el espíritu de la banda en términos musicales: una base rítmica de carácter progresivo que encaja en una estructura clásica y más bien sencilla, con un teclado protagonista de sonido moderno y galáctico a lo Star One, una guitarra más acompañante que protagonista y melodías fáciles de enganchar. La voz de Cristián es limpia y goza de un registro que le permite ir de lo grave a lo agudo de forma natural, que calza bien con la propuesta musical, pero perfectible en términos de pronunciación. En general este primer vuelo de Linterna Verde cumple bien con ser una carta de presentación y nos da una imagen bastante certera de lo que se viene en el resto del disco.

Una intro de teclados y percusión da inicio a Out of Reach, tema que tuvimos la oportunidad de conocer por adelantado gracias a un lyric video que promocionaba este trabajo. Este tema, basado en las emociones y dilemas de Flash, acelera las revoluciones y explota de buena manera las performances individuales de cada integrante, haciendo una correcta relación entre la velocidad del superhéroe y la cadencia de la canción. Muy buen trabajo de Bascuñán en la batería, llenando de adornos un muy buen corte, que mezcla ritmos, melodías y emociones de buena manera, con un trabajo dinámico de Cristián representando los diferentes estados de ánimo del protagonista en cuestión, superponiendo líneas vocales creando esta sensación de velocidad mas no caos en una de las buenas canciones que nos entrega el disco.

Solemne es la atmósfera que crea Sebastián a modo de introducción en Deepest Kingdom, cuarto tema del disco, basado en el reino submarino del nunca bien ponderado pero no menos importante Aquaman, que luego de la introducción despega a toda velocidad con un riff electrizante liderado por Yordy en las seis cuerdas. Aquí Outsiders acelera el metrónomo de muy buena forma, en un tema donde destaca la contundencia general que logra el quinteto poniendo todo su talento al servicio de la canción, destacando el trabajo de Berríos en el bajo con certeros destellos de talento y los tremendos solos protagonizados por Yordy y Sebastián, dando forma a un tema que puede no ser fácil de digerir a la primera, pero que sin duda al ponerle atención devela ser una composición de grandísima factura.

Sonidos orientales extraídos directamente del corazón de Egipto ambientan Curse of Time, canción basada en la historia de Hawkman, príncipe egipcio quien bajo la condena de un juramento estaría destinado a reencarnar una y otra vez a lo largo de la historia, sufriendo una maldición de nunca acabar. Una canción que, recordándonos el trabajo de Myrath u Orphaned Land, derrocha técnica e intensidad en términos de ejecución. Es uno de los mejores despliegues a nivel interpretativo, donde destaca el trabajo de Yordy llevando la melodía principal, la base polirrítmica que sostienen Nicolás y Ricardo es también notable durante todo el recorrido de la canción, y la voz de Cristián se escucha cómoda en esta propuesta. Es un tema que, nuevamente, podrá no enganchar de inmediato, porque no es un tema fácil ni “ganchero”, pero que con cada vuelta en nuestros reproductores se hace más grande.

Dawn of War, sexto corte de la placa, es un tema casi totalmente instrumental inspirado en la Mujer Maravilla, que comienza con un canto muy suave y una melodía armoniosa protagonizada por Cristián, pero que progresivamente va evolucionando hacia ritmos más rápidos y melodías más densas, conformando una interesante parte instrumental que deja de manifiesto la influencia de bandas como Pain of Salvation o Nevermore. Esa influencia se aprecia también en Infinite Earths, tema inspirado en el macro evento del universo DC llamado “Crisis on Infinite Earths”. En lo musical, es un tema midtempo que presenta variados recursos a lo largo de sus seis minutos, con un comienzo reflexivo, introspectivo, y que deriva en sonoridades más potentes, con hartas melodías colisionando entre sí hacia el final de la canción, dando una sensación de entropía que podemos asociar a esta crisis en que está basada.

El único tema que escapa al universo DC en esta placa lleva por nombre Diablo y está inspirado en el cómic homónimo chileno, obra de Javier Ferreras (FERRE) y Mauricio Herrera. De atmósfera oscura y más cruda, esta canción es la única interpretada en español y retrata un diálogo entre el Señor del Infierno y el protagonista de esta historia, quien termina transformándose en el vigilante sobrehumano que protegerá las calles de Santiago. Una introducción rápida y caótica, con un gran desplante técnico de Yordy, desemboca en una canción contundente, de melodía sufrida y con un coro particularmente denso y perturbado. Un acierto sin duda tanto desde el punto de vista musical como del homenaje a esta viñeta de origen nacional.

Acercándose hacia el final de “Year One”, la banda arremete con los dos superhéroes más famosos del universo DC, dos símbolos que no podían faltar: Batman y Superman. The Beginning of Tomorrow, inspirada en el alter-ego de Bruce Wayne y su búsqueda de justicia y venganza, es un tema que se percibe maduro, sobrio, que consolida sonidos y recursos explotados a lo largo del disco, con un toque de emotividad en el relato; mientras que Birthright aborda la historia del superhéroe venido de Krypton enfrentando su destino inexorable. Musicalmente hablando, también se percibe como una composición madura y muy bien cuidada, con un coro potente, en donde la habilidad de cada integrante contribuye a consolidar una obra épica de muy buena factura. Un temazo que se percibe más luminoso que su predecesor, algo que no creo sea casualidad teniendo en cuenta los protagonistas de cada historia. Cerrando el disco suena The Final Night, breve instrumental basado en el evento DC del mismo nombre, donde Sebastián y su teclado apagan las luces del disco con un ambiente solemne y espacial.

Desde la perspectiva que se mire, “Year One” es un disco muy interesante de explorar. Musicalmente es un trabajo bien cuidado, donde se nota la seriedad de la banda, que en todo momento alcanza un buen nivel interpretativo. Lírica y conceptualmente, es un buen acercamiento al mundo del cómic, tanto para los fans como para quienes no comulgamos día a día con este universo. Y lo mejor de todo es que el espíritu de las canciones, su sonoridad y las emociones que transmiten se condicen perfectamente con la historia que están relatando, no se dejaron detalles al azar lo cual se agradece. En cuanto a oportunidades de mejora, creo hubiera sido positiva la presencia de temas más gancheros, que se puedan digerir a la primera, pues eso ayuda mucho a la escucha de un disco que a la primera se puede percibir algo denso. Por otra parte, hay que cuidar la pronunciación porque en algunos pasajes hay barreras de lenguaje evidentes, y me parece que las líneas melódicas de la voz no se acoplan perfectamente al conjunto instrumental. Finalmente creo que el sonido del disco también admite cierta mejora, pues aun cuando la calidad de la producción es indiscutiblemente buena, el sonido no es todo lo prístino que podría ser y el conjunto de las pistas creo que podría sonar aún mejor.

Felicitaciones a Outsiders por este muy buen debut. Esperemos sigan desarrollando esta interesante propuesta conceptual y que en un futuro sea el propio Outsider y sus aventuras quien esté inspirando discos por otras partes del mundo.

Cuando la banda entra en silencio debido a un paro de sus actividades en vivo (que esta vez son razonables por los conocidos problemas de Jon Schaffer en el cuello que lo devolvieron al quirófano y a una lentísima recuperación), es difícil no ver enfriadas las expectativas de cara a un nuevo trabajo. Pasa el tiempo sin noticias, sin vivencias y, así, ICED EARTH, en cierto modo, se aleja del radar de los fanáticos.

Qué duro debió haber sido para el guitarrista y Stu Block este tiempo, especialmente para el cantante, que se encuentra en sus años dorados como músico e intérprete.

Sin embargo, siempre cuando la banda entra en estos recesos (1999 y 2000 por Demons & Wizards, 2004-2006 por la salud de Schaffer), surgen ideas elaboradas que, sigilosamente, empiezan a ser materializadas en una nueva producción que desde la nada se lanzan a la escena. “Incorruptible”, duodécima entrega de ICED EARTH, no es la excepción.

Ver también: ICED EARTH lanza lyric video para Seven Headed Whore, adelanto de “Incorruptible”

Y claro que surgen ideas refinadas desde un comienzo. En ese sentido, Great Heathen Army -primer track- se presenta como si fuera una canción del “Beyond The Red Mirror” de BLIND GUARDIAN, debido a su solemne intro de coros muy parecido a la de “The Ninth Wave“. No obstante, rápidamente la composición toma cuerpo de banda e introduce guitarras pesadas y un grito que -adelantemos- anticipa que el performance de Stu Block será tan enfático como el de Schaffer en su variedad riffera, rozando la experimentación dentro de los parámetros suyos.

El verso inicial tiene mucho del METALLICA ochentero circa “Master Of Puppets” (rasgueos de acá recuerdan un tanto a “Disposable Heroes“), sin perjuicio que sea lo melódico y lo powermetalero europeo lo que definitivamente vayan dando personalidad a este corte inspirado en historias vikingas de invasión a las islas británicas. Finalmente, hay que señalar que Great Heathen Army es muy representativo de lo que presentará el trabajo completo, con conclusiones iniciales que pueden ser tomadas como una relativa tónica de un “Incorruptible” variado, refinado y con experimentos dentro de elementos reconocibles del Heavy Metal.

Se trata entonces de un álbum más melódico, más elaborado y un tanto más épico en lugar de ser oscuro como “Plagues Of Babylon” o aguerrido, directo y ciento por ciento schafferiano como “Dystopia”. Y bueno, por supuesto que mantiene el sello de contar con un sinfín de guitarras empastadas con la batería del -gracias a los dioses- retornado Brent Smedley (quien es el batero de ICED EARTH por antonomasia en todos los años de este conjunto). Sin embargo, casi no se escucharán esos riffs galopeados, filosos y de alta velocidad tan característicos de Schaffer y por los cuales se ha hecho famoso en la escena. En contrapartida, ante la escasez de ese tan significativo elemento, Jon explora sonidos rítmicos no detectados antes en sus temas.

De esta forma, allí radica la enorme variedad de guitarras del álbum con líneas rítmicas que jamás pudieron haber sido concebidas en otra producción de ICED EARTH, rasgueos absolutamente inéditos para el contexto que discutimos, métricas que se atreven a rozar lo progresivo, timbres de Telecaster y otros recursos que otorgan un colorido muy particular a un trabajo que no tiene comparaciones simples con el resto del catálogo de Schaffer.

Quizás se pueda indicar, de forma analógica, que es una especie de segundo “Dark Saga”, no en el sentido estilístico sino en que era muy distinto a los álbumes que lo antecedieron pero que no había motivos para recibirlo de mala manera por la estampa de muchas de sus canciones y el performance de su cantante Matt Barlow. Lo mismo sucede con “Incorruptible”, con el cual uno puede preguntarse cómo esta o tal canción puede ser de ICED EARTH pero, que de igual modo, termina convenciendo en la mayoría de las oportunidades.  También, podría hacerse un pequeño paralelo con lo propuesto en “Horror Show”, en cuanto a ser un trabajo más melódico o, incluso, con “Framing Armageddon” por su experimentación aunque con mayor madurez, menos capas y mucho más peso, valiéndose de recursos más normales que jamás habían tenido espacio en la música de ICED EARTH.

¿Y revisaste este tema? ICED EARTH libera nuevo lyric video a la espera de “Incorruptible”: Great Heathen Army

Siguiendo la revisión tema por tema me parece que hay que advertir lo siguiente en cuanto a la principal debilidad de este disco. Esto, porque entre temas que realmente son joyas para el catálogo de ICED EARTH y el Heavy Metal de la actualidad, hay un par que son demasiado tímidos, por no decir de bajo estándar, y que son significativos para el sabor que queda al final. Por fortuna, la que sigue después de la apertura se trata de quizás la canción más espectacular que haya escrito Schaffer desde la contratación de Stu Block y que, sinceramente, pongo a la altura de su material más clásico de ICED EARTH.

¿Cómo describir entonces Black Flag (coincidencias con la serie de Netflix absolutamente intencionadas)? Parte con una especie de intro como las que hacía Ronnie James Dio con canciones como “Don’t Talk To Strangers” o en Black Sabbath con “Children Of The Sea“, relativamente calmadas pero sosteniendo una tormenta que más tarde explota con mucha fuerza con un típico ritmo en tresillos, súper reconocido en obras como “Phantom Of The Opera” de IRON MAIDEN o… no sé, una infinidad de temas que han utilizado este recurso desde la invención del Heavy Metal pero que de verdad, en esta composición, suenan como si fuera primera vez que se utilizaran. Las melodías son pletóricas y absolutamente épicas, el ritmo poderoso a emocionar y, el hecho de que su coro que dice “stories foretold of silver and gold the empire’s greed” no parezca un coro sino un envión que le entrega más fuerza y emoción al tema, hace que esta pista se convierta en una verdadera culminación del estilo. Jamás había escuchado una canción tan intensa con este tipo de ritmo y eso habla maravillas de un Schaffer que decidió no recurrir a sus recursos de siempre sino a otros, típicos del metal, para dar a conocer que él también los controla y domina.

Uf! Qué decir del performance tremendamente extraordinario de Stu Block en Black Flag, que solo con seguirlo en las letras uno queda sin aire por culpa de la emoción y la resistencia física que el tipo enseña. El aun joven cantante se maneja con una variedad y agresividad tan increíbles que, de verdad, lo ponen a la altura de las mejores interpretaciones vocales en la historia de ICED EARTH, confirmando que el canadiense le hace honor a su antecesor y a la fanaticada. Cuánta furia, brillantísima actuación de un artista que, como dijimos el 2011, le ha devuelto años de vida a un Schaffer que se siente muy cómodo, sea entregando temas típicos pero maestros como éste o haciendo experimentos como en otros tracks de “Incorruptible”. Al final, para redondear con ésta, es de esas que hace que todo un lanzamiento valga la pena y Black Flag significa tanto para “Incorruptible” como “Dracula” para “Horror Show”.

El tercer track es uno ya conocido, Raven Wing, una versión elaborada de canciones como I Died For You, Watching Over Me y Hollow Man de “The Glorious Burden” e If I Could Fly de “Plagues Of Babylon” pero con una estampa creativa y más oscura que muy bien vale considerarla. Es pesada, es colorida e intensa, como esas composiciones estilo baladas de ICED EARTH que invitan a levantar el puño con los coros. ¿Quién más logra aquello?

Acto seguido, viene uno de los primeros grandes experimentos de la placa por medio de The Veil que parte como esas introducciones que tenían cortes del primer disco de ICED EARTH (tipo “Curse The Sky“). Lamentablemente, la composición nunca levanta y se estanca como las pistas que forzaban pausas incómodas en “Framing Armageddon”. El panorama se vuelve a armar con Seven Headed Whore, la única que -aunque en forma metafórica- se acerca a las temáticas de “Dystopia” o “Plagues Of Babylon” y que, estilísticamente, si bien su tono se replicó en Boiling Point y Days Of Rage hace unos seis años, ésta simplemente termina siendo superior en su factura. Alguien se habrá imaginado a Violate del “Dark Saga” con ésta o la portada de “Days Of Purgatory” con el lyric video lanzado hace unas semanas y, lo cierto es que se trata de otra de las arrancadas memorables de un disco variadísimo que continúa con un giro de timón: The Relic (Part I). Lo primero que me recuerda su llegada es a discos de IRON MAIDEN, de la era “No Prayer For The Dying” o “Fear Of The Dark”, con un Stu Block consistente pese a bajar mucho las revoluciones de agresividad para centrarse en las melodías. Sólo el tiempo dirá si vale la pena o no rescatar esta canción pero funciona bastante bien en el contexto del tracklist tan variado.

Después, la gran sorpresa: una instrumental y nada parecida a “1776“, la última que habrá hecho Schaffer ya hace décadas (recordando que era un refrito de una composición de los ochenta). Aquí, el nombre de Ghost Dance (Awaken The Ancestors), está nuevamente muy bien puesto, invocando danzas originarias de América del Norte, caras rojas, sabiduría y una cultura cada vez más entrañable en la actual civilización. Hay cánticos en el fondo y muchos arreglos que evocan este ambiente. No es una composición directa pero sus arreglos la hacen especial, casi chamanística y con un Brent Smedley que vuelve a reclamar su asiento tras las cajas y tambores de ICED EARTH.

Brothers, en cambio, nos regresa a ese ICED EARTH de “Plagues Of Babylon”, visto en la sección no conceptual de aquel álbum, un corte más rockero al estilo de “Peacemaker” pero mucho más cálido y abierto en sus sentimientos y musicalidad. Es de esas pausas que se disfrutan mucho y que, en definitiva, terminan siendo momentos entrañables de un tracklist. Jon Schaffer piensa mucho en la dinámica de un repertorio y es allí donde Brothers hace sentido, un respiro previo a Defiance, más agresiva, partiendo con unos escuetos leads de un guitarrista como Jake Dreyer (ex en vivo y de sesión de KOBRA AND THE LOTUS), cuyo input mejor puede compararse al estilo de Ralph Santolla en “The Glorious Burden”. Aquí estamos ante un midtempo donde Stu Block nuevamente viene a desplegar un performance variado desde lo furioso a lo melódico delante de guitarras y baterías que le dan espacio para lucirse.

Ver también: Iced Earth (banda del mes marzo 2012): completa biografía hasta ese entonces

Ahora, como hemos visto, los experimentos de ICED EARTH en “Incorruptible” son bastante amigables pero ninguno es de la talla de Clear The Way (December 13th, 1862), basada en la batalla de Fredericksburg de la Guerra Civil estadounidense. Aquí se escucha algo completamente atípico para lo que Schaffer nos tiene acostumbrados pero muy adhoc a los preceptos del Power Metal europeo. Su partida con esos rasgueos tan peculiares es absolutamente inesperada y el coro en acordes mayores perfectamente podría haber salido de una canción feliz de GAMMA RAY, IRON SAVIOR o alguna otra banda de Hamburgo. Por si eso fuera poco, es complementada por una sección instrumental de un tono tan colorido y vibrante como fuera de lo común para este grupo. Jamás Schaffer, quien desafía sus propios moldes acá, había pensando musicalmente en clave tan europea pero su resultado después de unas escuchadas termina pasando muy rápido, decantando en un final de repertorio jamás explorado por ICED EARTH. Hay un trasfondo muy grande en las letras de este tema y ya no puedo esperar más a tener las letras para irlas decantando.

En relación al sonido, el haber traído de vuelta a Jim Morris a alguna fase de la producción le ha hecho muy bien a la banda luego de un “Plagues Of Babylon”, donde hay cosas en mezcla y grabación que no resultaron del todo óptimas al hacerse sin la guía de este personaje en los estudios de Grave Digger y otros lugares de Alemania. Sí, suena distinto a los discos de ICED EARTH producidos por Morris en Florida y, quizás, eso tenga que ver con que las pistas se hayan grabado en el nuevo cuartel general de Jon Schaffer, donde inevitablemente las acústicas y equipos serán otros. Esto, en cierto modo, le da frescura al trabajo aunque me parece que lo que más hace que “Incorruptible” suene como tal es el tremendo performance de Stu Block, asentado ya como artista y no como mero intérprete presionado por las expectativas y eventuales sombras.

Sigo pensando, en todo caso, que Block está forzando su timbre en ICED EARTH en cuanto a lo que exige Jon y el estilo vocal del grupo. Incluso, en varias partes donde debería ir una sola capa vocal, Stu dobla sus líneas y las canta dos veces en el mismo sólo con el fin de darle más cuerpo a su voz. A espera que eso no traiga problemas en vivo, donde el cantante no tendrá a un segundo Stu Block para apoyarlo. No le vaya a pasar lo mismo que a Edu Falaschi, quien terminó arruinando su voz en ANGRA, forzando registros que después de unos años pusieron en jaque el futuro del conjunto.

En un disco de contrastes, “Incorruptible” lleva a ICED EARTH a experimentar con lugares comunes a los cuales nunca optó por ir y que ahora lo hace de forma bastante natural y, a veces, con un éxito sorprendente. Sólo es cuando quiere rememorar sonidos de “Framing Armageddon” o “Crucible Of Man” que el trabajo baja su nivel, excepciones que por suerte son justamente eso, excepciones. Temas como Great Heathen Army, Raven Wing, Seven-Headed Whore y Clear The Way representan el alto promedio de calidad de esta placa mientras que Black Flag, un punto sublime en la historia de ICED EARTH. “Incorruptible” no es más que “Dystopia” (ese último trabajo está entre los tres o cuatro mejores de Schaffer y eso hay que aceptarlo), pero sí mucho más que “Plagues Of Babylon” y varios otros del siglo XXI, un CD melódico y agresivo, épico y conciso que pasa volando y dan ganas de volver a repasar.

Siete años han pasado desde que Labÿrinth publicara la segunda parte de “Return to Heaven Denied”. Todo parecía ir bien, Olaf Thörsen, su fundador y principal compositor volvía a su banda natal y una de las agrupaciones íconos de finales de los años ’90 volvía a hacer de las suyas, retomando el camino que fue dejando de lado por explorar otros estilos. Pero eso fue lo último que hicieron. En este lapso (2010-2017) Roberto Tiranti abandonó la banda (otra vez) y al poco tiempo anunciaban al experimentado Mark Boals (Royal Hunt, Yngwie Malmsteen y Ring of Fire entre otros) como su reemplazante. De esa unión no prosperó nada y terminaron separándose. Frontiers Records los unió nuevamente para el “Frontiers Festival” con el fin de tocar íntegramente el hito más grande en su carrera, el célebre “Return to Heaven Denied”.

Quizá por recordar el pasado y seguir en esencia con la música y trayectoria de Labÿrinth, se anunció “Architecture of a God” con unos importantes cambios de alineación (además del llamado de Frontiers Records, que los incitó a hacer este nuevo trabajo y en palabras de Olaf Thörsenel álbum más difícil de trabajar, pero el más completo y maduro que hayan hecho”). Se mantenía Roberto Tiranti en las voces, Andrea Cantarelli en una guitarra y Olaf Thörsen en la otra. Andrea de Paoli, quien fuera el tecladista por cerca de veinte años de Labÿrinth, fue reemplazado por Oleg Smirnoff (compositor y tecladista junto con Olaf Thörsen en esa obra maestra de Vision Divine llamada “Stream of Consciousness”) y por otro lado, el experimentado John Macaluso (Ark, TNT e Yngwie Malmsteen) en las baquetas. Completando la formación, se incorporó Nik Mazzucconi en el bajo.

Así, con la mitad de alineación renovada, con esta mezcla de talentos es que nace “Architecture of a God”, el octavo larga duración en la carrera de Labÿrinth y en el cual encontramos elementos que los hicieron famosos y más progresivos que de costumbre. Sin ir más lejos, de lo mejor que han hecho desde el mítico “Return to Heaven Denied” de 1998.

Fuerte y directa es Bullets, perfecto inicio de este disco y primer video clip promocional de esta obra. Se nota mucho la mano de Oleg Smirnoff en los teclados, no son solamente para dar atmósferas, ya que toman cierto protagonismo en el transcurso del disco. La voz de Roberto Tiranti permanece como en otra época y continúa siendo una de las grandes voces del género. La nueva incorporación en las baquetas muestra porque está aquí, John Macaluso suena contundente, con buenos cambios de ritmo y agresividad cuando corresponde. Los solos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli siguen tan virtuosos como de costumbre y Oleg Smirnoff se acopla perfectamente en estos duelos de guitarras y teclados. Los segundos finales con el falsete único de Roberto Tiranti, nos indica que Labÿrinth está de regreso y que estos años de espera valieron la pena.

Still Alive es algo más pausada en ritmos, pero con toques progresivos de primer nivel. La melodía impuesta por la voz de Roberto Tiranti es única, con muchos guiños al pasado “Return to Heaven Denied”, con más duelos de guitarra y teclados, demostrando el gran aporte de Oleg Smirnoff y sus segundos finales lo manifiestan más aun.

Lo que viene a continuación, es una muestra de genialidad, rapidez y agresividad de antaño, un cruce perfecto entre las partes uno y dos del “Return to Heaven Denied”, un encuentro entre Thunder y The Shooting Star ocurre con Take On My Legacy, lección de velocidad, melodía y técnica. Imposible no recordar el pasado y sentirse emocionado con este track. Roberto Tiranti haciendo juego de voces con armonías para seguir en aumento las revoluciones de la canción, quiebres ejecutados a la perfección por Olaf y Andrea, un doble bombo veloz, sientes como John Macaluso va machacando la batería acompañada con la firme base rítmica de Nik Mazzucconi.

A New Dream tiene esos toques de romanticismo que los hizo conocidos en la época de los ’90. Siendo una banda de Metal, con una sensibilidad melódica casi única para una agrupación de este estilo, no caen en lo meloso para nada. Una guitarra acústica propia de ellos da el paso a un cambio de ritmo más pausado, pero constante. En este tipo de estructuras la voz de Roberto Tiranti suena más melódica gracias a los arreglos que hace Oleg Smirnoff en los coros y uno siente cómo lo va atrapando esta canción con su gran coro.

Someone Says corresponde al segundo video clip lanzado para promocionar “Architecture of a God”, clásica canción a medio tiempo, con un coro pegajoso y melódico. Perfecta para single, con muchos arreglos acústicos y vocales marca de la casa. Sorprende como en su estilo saben renovarse y no caen jamás en el auto plagio, añadiendo nuevos elementos y estructuras a su propio estilo de música.

Random Logic es prácticamente un instrumental, muy parecido a esos quiebres de ritmo que aparecían en el “Stream of Consciousness” de Vision Divine, una melodía nostálgica a base de teclados característica de Oleg Smirnoff, unas voces de fondo en italiano y la voz de Roberto Tiranti aportando emoción. Random Logic es un preámbulo a Architecture of a God, desarrollada composición que le da el nombre al disco y la más extensa en la carrera de Labÿrinth. Una simbiosis de los elementos propios de la banda, la sentimental voz de Roberto Tiranti junto con esos arreglos acústicos de Olaf Thörsen y Andrea Cantarelli, pero con interesantes quiebres rítmicos y progresivos. Agresividad y pausa bien entrelazadas. Sin duda, cuando Olaf se refería a “madurez”, estaba hablando en lo conseguido en esta canción.

Children es una pieza instrumental directa y además es un cover de Robert Miles. Para quien no sea adepto a otro género musical, podrá ser extraño. Para quienes seguimos la trayectoria de los italianos, no es para nada raro escuchar este tipo de composiciones en Labÿrinth y funciona muy bien para complementar el disco. En su pasado, tienen registros de este estilo (Vertigo del “No Limits” y Feel del “Return to Heaven Denied”) y son casi infaltables en sus trabajos.

Those Days es una interesante Rock Ballad y necesaria para diferenciar cada composición de “Architecture of a God”, con un apertura lenta que va en crecimiento hasta la fuerza de su coro. Nada está de relleno y cada canción está perfectamente conectada con la anterior, dándole esa versatilidad necesaria al disco.

En la recta final, We Belong to Yesterday suena como himno, parte esencial de este nuevo aire que Labÿrinth añade a su estilo. Sin ser una canción veloz, suena poderosa con sus enfáticos momentos progresivos. Sin duda, el aspecto melódico de la banda está en todas partes, los antiguos elementos y las nuevas ideas convergen en un resultado más que satisfactorio, para fans y para quienes no conozcan la gran trayectoria de Labÿrinth.

Llegó el momento de otro batacazo de velocidad, Stardust and Ashes tiene un riff triturador, acorde a como John Macaluso va asesinando su batería con cada golpe siguiendo a ese riff. Corte Power melódico a la vena con unos interesantes quiebres de ritmo, rápidos y efectivos para no bajar el ímpetu de la canción. Roberto Tiranti va cambiando tonos y sumando una buena melodía mientras desarrolla el coro. El pasado mágico de la banda vuelve con más fuerza y funciona bastante bien con sus esfuerzos creativos actuales. Y cerrando “Architecture of a God” tenemos a Diamond, un cierre de bajas revoluciones donde predomina la voz de Tiranti con gran sentimentalismo y la base absoluta de Smirnoff.

¿Valieron la pena estos siete años? De todas maneras. Si bien “Return To Heaven Denied Pt. II: A Midnight Autumn’s Dream” fue un gran trabajo, Labÿrinth se fue a la segura con la segunda parte y no arriesgaron mucho, no exploraron más opciones musicales. En consecuencia, “Architecture of a God” es el perfecto sucesor del “Return To Heaven Denied”

 

 

Convengamos en que Húsar fácilmente es una de las mejores creaciones y producciones referentes al Metal y Rock nacional a lo largo de su historia. Ives Gullé demostró con creces que había material de sobra para realizar una Ópera Rock chilena y que, de igual forma a como se hace en el extranjero, los músicos de nuestro país estaban a la altura de una idea de tales características. A su vez, contra todo pronóstico, el proyecto fue pasando varias etapas que lo posicionan en el status en el que se encuentra hoy en día. Vinieron las presentaciones en vivo, re-ediciones, conciertos acústicos, participación en festivales y la suma de todo esto finalmente decantó en una nueva creación del cantante y compositor. Hablamos de “Invasión”, disco conceptual que habla del proceso de conquista de Chile liderada por Pedro de Valdivia. Como era de esperarse, casi la totalidad de los cantantes y músicos que han dado vida a la agrupación desde el año 2011 vuelven a colaborar en este LP, pero también hay algunas caras nuevas que vienen a aportar lo suyo. ¡Empecemos entonces!

El puntapié inicial es la bella introducción llamada Newen. Mientras Nico Arce -a quien le debemos la producción y dirección musical de lo que nos convoca- toca las primeras notas acústicas, de fondo escuchamos sonidos de la naturaleza que rápidamente nos transportan al lugar de los hechos. No se extrañen si la atmósfera se percibe un tanto melancólica y decaída, puesto que como veremos más adelante, es una de las emociones predominantes en todo el álbum. Una vez avanzada la melodía, escuchamos la voz del “Relator Histórico” -interpretado por el conocido locutor Mauro Torres, voz en off de Chilevisión-, quién tras un par de líneas finalmente sentencia: “Bastó tan solo una pisada de acero…”. Dicho esto, comienza el primer track como tal. Fundación arremete en primera instancia con el relinchar de los caballos españoles, mientras el bombo marca el tiempo para que suenen las guitarras eléctricas con un riff bastante “étnico” acorde al contexto. En cosa de segundos entramos de lleno a un tema “cañero” y pesado en sus primeras estrofas donde Pedro de Valdivia (Ives Gullé) y Francisco de Villagra (Cristián Farías) prontamente evidencian sus intenciones con versos como “Crucé el desierto, luché contra el viento, la fiebre y el hambre no fue impedimento / Con muy pocos hombres, soldados y esclavos bajo mi mando en la expedición” y “La resistencia será castigada, aprenderán bajo la ley de Dios / Deben servir a nuestro nuevo reino y asumir su nueva condición”. Así pasamos al estribillo, que si bien no es tan pegajoso y “oreja”, sí logra resaltar las voces de los españoles de una forma magistral. A su vez, también escuchamos por primera vez a Michimalonco (Paulo Domic), que básicamente plantea la interrogante sobre el trato que tendrán los originarios frente a los invasores. Sobre esto último, suma atención con el quiebre que se produce casi en la mitad de la canción, donde escuchamos arreglos orquestales y un ritmo más calmado que da paso a la fundación de Santiago de la Nueva Extremadura. Solo de guitarra, coro y los agudos de Paulo cierran el primer hachazo de “Invasión“.

La tercera canción del disco derechamente es una de las mejores y más destacables. Inquisición no deja ningún detalle al azar y logra brillar con luces propias gracias a que cada pasaje es llevado con suma detención y delicadeza. Decimos esto porque súbitamente se amplía el espectro en la aparición de los personajes. Vale decir, cada uno aparece a su debido tiempo y se le da el espacio suficiente para ir perfilando su función en la historia. Vamos con cuidado entonces. Los primeros minutos son casi en su totalidad acústicos (ya que hay una pequeña intervención de las guitarras eléctricas) y orquestados en los cuales escuchamos brevemente a Pedro de Valdivia y a Inés de Suárez (América Paz) en su búsqueda de fama y victoria. En cosa de segundos pasamos a un coro que suda Medioevo por los poros. Recuerda por momentos al puente de Time Stands Still (At the Iron Hill) de Blind Guardian si se quiere ser más específico. De todas maneras, los españoles suenan dominantes al exclamar “Con sus canelos paganos haremos cruces para venerar / La Ñuke Mapu ha llegado a su fin, la Inquisición ha llegado / Virgen y santos, rosarios, símbolos que han de reverenciar / La ira de Dios se ha instaurado aquí, la Inquisición ha llegado”. ¿Mi parte favorita? Por lejos es el contraste entre la línea del sacerdote Bartolomé del Pozo (Felipe del Valle) y la del Wekufe (Fox-lin Torres) antes de cada estribillo. Me explico, mientras el primero canta “Hay que bautizar, de rodillas aceptar la doctrina de fe o cabezas rodarán”, el ser maligno de la mitología mapuche más tarde se desgarrará gritando “Hay que devastar, de rodillas caerán, ¿qué doctrina de fe? ¡Sus cabezas rodarán!”. ¡Para enmarcar! Posteriormente, con el baterista Vincent Zbinden aplastando todo a su paso, escuchamos un extracto de la Bula papal de Pablo III donde se da cuenta del mandato de fe. A no pasar por alto el Pipe Organ de Gustavo Albuquerque en esta parte, ya que da la ambientación perfecta. Finalmente, no podemos dejar de lado la pequeña participación de Michimalonco, Colo Colo (Jaime Contreras) y Alma Mapuche -que debe este nombre a una canción de la otrora banda de Soledad Domínguez, Sol y Medianoche-, los cuales van vaticinando los males que se acercan.

La entretenida Arde Santiago abre con un riff vertiginoso y agresivo que se complementa muy bien con el doble bombo que irá marcando a mil durante gran parte de esta composición. Por su parte, nuevamente hay que destacar las intervenciones del piano y del Hammond que se hace presente sobresaliendo en los momentos precisos. Resumiendo los aspectos musicales, es uno de esos temas que Ives Gullé y Nico Arce hacen a la perfección. Hablamos de esas canciones directas, al hueso y por sobre todo, muy, muy metaleras. Basta recordar la potencia con la que sonó en la SCD cuando la estrenaron durante el show de Diciembre del 2015. Eso sí, evidentemente teniendo la versión en estudio se pueden apreciar de mejor forma algunos detalles. Por ejemplo, los exquisitos arreglos de guitarra en distintas ocasiones. En cuanto a la narración, nos situamos en el 11 de Septiembre de 1541, en la llamada “Destrucción de Santiago”. Bajo la premisa de que Pedro de Valdivia se dirigía al Bío Bío para seguir combatiendo a los mapuches, Michimalonco no desaprovecha la oportunidad que se les presenta y es el encargado de liderar el ataque y posterior incendio que devastaría la ciudad. Esto último queda muy bien plasmado cuando Paulo Domic canta “A la señal encenderán sus armas para incendiar la ciudad / Y así enseñar que esta tierra nos pertenece / ¡Hoy nuestra ira cae!”, mientras que por el lado de los españoles, Francisco de Villagra da cuenta del panorama al que se enfrentan cuando entona “El infierno cae al despertar, el sol a gotas quema la ciudad / El humo asfixia, no puedo respirar / Santiago arde, destrucción total”. Ojo también con el coro, hecho para cantarlo con el puño en alto y gritar “¡Arde Santiago… cae Santiago!” apoyando a toda la banda.

Tras el breve interludio acústico Dies Irae -donde escuchamos madera ardiendo tras los sucesos antes descritos-, lamentablemente llegamos a uno de los puntos débiles de este trabajo. Hablamos de la algo deslucida Alma. En líneas generales, nuevamente nos topamos con los presagios poco auspiciosos de Alma Mapuche. Por su parte, Caupolicán (Jaime Salva) evidencia el odio y la ira que siente frente a lo que está ocurriendo con sus hermanos. En la vereda contraria, Pedro e Inés no echan pie atrás en el proceso de conquista. Dicho todo esto, es comprensible la atmósfera y el sentimiento que desborda esta balada, pero sencillamente no logra convencer del todo. Algunas estrofas suenan un tanto sobrecargadas y exageradas en lo que quieren transmitir, logrando que por momentos sea bastante tediosa de escuchar. Es cierto que sirve de pausa para lo que se vendrá, pero la sensación algo amarga queda presente.

Retomamos la senda con Andalién, que cuenta con un riff inicial muy en la onda de Megadeth que a su vez es acompañado con un órgano Hammond setentero que da un contraste más que interesante durante toda la primera parte de esta pieza. Terminada la intro seguimos con el Hard Rock que nos narra la traición y la posterior muerte de Michimalonco. Algo que no podemos dejar de mencionar es la primera -pero acotada- aparición de uno de los personajes más importantes en nuestra historia. Nos referimos al Toqui Lautaro (Ricardo Susarte). Más tarde, es buenísimo el breakdown orquestado que se produce una vez que irrumpe el relato de Mauro Torres al describir las emociones que embargan a los beligerantes. No puedo esperar a ver a todos los músicos en escena cantando a coro el “Causas y azares en nuestras vidas, el viento en contra, fortuna maldita / Vueltas y azares no hay luz sin tinieblas, con viento en contra hoy todo cambiará”. Por otro lado, sumo cuidado con las intervenciones del guitarrista Matías Baeza en la parte media-final y en el outro. ¿Una frase para el recuerdo? Por lejos la de Colo Colo: “Han dado muerte al traidor jefe del oro, la ira del Pillán gritó ¡unir tormentas!”.

El segundo interludio ocurre con Río Negro. Dados sus tres minutos de duración, marca de forma correcta el fin de la primera parte del álbum y a la vez nos prepara para un suceso que será de suma importancia para el desenlace de la historia. De esta forma, Despertar es una referencia literal a la fuga del joven mapuche Lautaro desde el campamento español hacia el Wallmapu, donde comenzará a demostrar su liderazgo en un enfrentamiento inminente entre los dos protagonistas. Sorpresivamente esta temática es llevada solamente con el piano de Gustavo Albuquerque mientras Ives y Ricardo realizan un dueto que no hace otra cosa que demostrar la complicidad y la química que han desarrollado con el pasar de los años. Frases como “Por primera vez hoy me siento aterrado / Alonso ha muerto y renace Lautaro” o “Pueblo amado te llevo en mis brazos / Tu sangre se ha derramado / Vientos de cambio serán la condena / Comienza la guerra” dan cuenta de lo que se vendrá. Desde luego que también nos topamos con arreglos orquestales y con una parte instrumental eléctrica que sirve de contraste para el último estribillo de esta bella composición.

Lo siguiente es uno de los temas más complejos y extensos de todo el LP. Vaticinio no está dentro de lo más sobresaliente, pero sí es destacable el paseo que nos da a través de estilos y matices que podemos encontrar en todo el resto de las canciones. En primer lugar se oye un recitado en mapudungun de Kelv Liwen donde habla de la resistencia y de la rebeldía de su pueblo. Luego, dado que Lautaro comienza a ser influenciado fuertemente por el Wekufe, escuchamos a este último desatando toda su ira con una ambientación muy propia del Death/Doom Metal, sobresaliendo siempre la base rítmica y las progresiones de Vincent y Nico Arce. Dicho de otra forma, Fox-lin Torres deja la vida cuando canta “Maldigo a toda tu casta, tu raza maldita y tu falso poder / Maldigo a tu hijo bastardo, tu libro sagrado, languemchëfe, ükaipue/ Destripen sus cuerpos bañados en sangre, gritos desgarrados, ¡renace Lautaro!”. Posteriormente se produce un quiebre acústico que abre el paso para que Alma Mapuche justamente de su vaticinio a “una guerra sin fin”. Nuevamente se arremete con una excelente ejecución en el solo de guitarra, el cual es “interrumpido” por la oración que levantan en su conjunto Pedro de Valdivia e Inés de Suárez. Como mencionamos anteriormente, uno de los tracks más ricos en detalles, que requerirá varias escuchas para apreciarlo en su totalidad.

Señoras y señores, atentísimos a lo que viene. Permítanme la licencia: ¡Qué temazo es Calma por la cresta!. Si quieren escuchar Power Metal de principio a fin aquí lo encontrarán es su más puro estado. Y qué duda cabe, si los primeros golpes de Vincent provocan que el resto de la banda deje caer todo su peso provocando un headbanging inmediato. El Pipe Organ dice presente durante toda la intro mientras que en paralelo escuchamos un excelente trabajo con el ride y el doble bombo. Por otra parte, si la sección instrumental la encuentran notable, denle las gracias a Álvaro Soms, Matías Baeza y Erick Ávila, quienes se demuestran toda su técnica y clase despachándose tres solos de gran factura. En cuanto al relato, Caupolicán y Lautaro planifican una tregua momentánea con el fin de provocar el adormecimiento de los españoles y planificar un ataque que los tome por sorpresa. Todo esto inspira a Colo Colo puesto que da su aprobación enérgicamente frente a la unión de los líderes mapuches. El plan parece dar frutos, puesto que Inés emprende viaje hacia nuevos horizontes abandonando así el asentamiento de los conquistadores. Quedan cordialmente invitados a levantar el puño y cantar “Tiempo de unidad, confirma el despertar / Ansias de luchar y esa libertad convoca nuestros cantos”. Jaime Salva y Ricardo Susarte se las “mandaron”. ¡A disfrutar!

El último preludio cuenta con la participación de Khano Llaitul, que literalmente las hace todas. Durante Mewlen toca el Trompe, la Pifilka y también presta su voz brevemente. Rápidamente conectamos con Misericordia, uno de los cortes más melódicos y reconfortantes de escuchar. Nos situamos tras los hechos de la Batalla de Tucapel, donde Pedro de Valdivia finalmente es tomado prisionero junto a sus secuaces. A nivel de composición por momentos encontraremos pasajes hardrockeros, otros dignos de un Power al hueso y otros más progresivos que fácilmente recuerdan a Symphony X. Atentos a uno de los clímax que se genera durante duelo que realiza Bartolomé del Pozo y Colo Colo cuando se van “una y una”: “Salva nuestras almas oh señor – Nadie te escuchará / Líbranos del enemigo – No permitas que el demonio haga su voluntad / Que el “demonio” haga su voluntad / Danos valor”. Tras esto, otra vez aparece Matías Baeza con un gran solo mientras escuchamos un huracán de fondo. No los culpo si el coro “El cansancio hoy arreciará y la muerte solo apuesta / Por caminos sin destino, un misterio a develar” les queda dando vuelta tras un par de escuchas.

La mejor intervención de Alma Mapuche se produce durante una de las canciones más intensas y emotivas: Legado. Y es que escuchar la primera estrofa con detención y siguiendo a su vez de cerca el mensaje que transmite, realmente conmueve a cualquiera. Si tengo que destacar un extracto para intentar graficar lo dicho anteriormente, sin dudas que cuando Soledad Domínguez canta “Maldigo tu linaje de crueldad / Maldigo a todos los que pronto llegarán / Pues veo que ya nada será igual / Y nada cambia si la muerte has de encontrar”, supera todo lo antes escuchado. Si a esto le sumamos su estilo en el fraseo similar al de Violeta Parra o bien al de Elizabeth Morris -si se quiere una referencia más actual-, se alcanza un clímax inigualable (por cierto, busquen el cover que realizó hace un tiempo a El Gavilán y se darán cuenta de lo que hablo). Ives no se queda atrás, puesto que para cerrar el tema encarna el arrepentimiento de Pedro de Valdivia de forma sublime al decir “El llanto inútil de un pueblo acabado no pertenece a este nuevo mundo/ Y hoy su sangre firmó mi legado” donde también se oye el Kultrún de Matías Llaitul junto al resto de los instrumentos mapuches. Otro de los momentos más notables se vive justo en la parte media cuando la Trutruka suena en lo alto, llegando a niveles épicos. A todo esto, ¿mencioné que es una canción totalmente acústica? Así es, bastan los acordes de Nicolás Arce y dos interpretaciones de gran nivel para dar forma a un temazo como este.

Para finalizar, evidentemente la pomposidad y las emociones llevadas al límite se harán presente durante Agonía. Si me lo preguntan a mí, este es el final que nos merecíamos y que logra poner el broche de oro a “Invasión“. Haciendo un símil con La Muerte, esta canción de igual forma consta de cinco partes. La primera es llamada Cruz de Astilla, breve introducción instrumental que logra resaltar la melodía y la orquestación de cara a Introspección. Así, escuchamos a Pedro de Valdivia con un guitarreo acústico de fondo aceptando en cierta forma su destino en el cautiverio araucano con una teatralidad y un sentimiento en el que sobran las palabras para describirlo. Si no me cree, déjese llevar por las frases de Ives que lo transportarán al momento in situ. Una vez que proclama “Triste final, hoy mi alma ha naufragado en el mar” damos el salto a Ira en sus Manos, que podríamos catalogarla como la parte “metalera” del tema. Acá hay que detenerse un segundo y estar atentos a lo que ocurrirá. Lautaro, Caupolicán y Colo Colo consultan al Wekufe sobre el destino de Valdivia y Bartolomé del Pozo. Como era de esperarse, el espíritu maligno ordena una ejecución sin piedad para los conquistadores. Todo esto es interpretado de forma magistral por cada uno de los cantantes, o sea, cuando llega el turno de los autóctonos, se aprecia un tono desafiante y victorioso. Totalmente opuestas son las líneas de Valdivia, donde incluso la banda acompaña su melancolía con pasajes más sombríos y lánguidos. Esto último se extrapola a la participación de Fox-lin Torres, puesto que por momentos vuelve la agresividad gracias a los redobles de Vincent y a los arreglos de guitarra con los que asociamos a este personaje. Pedazo de estrofa se manda al decir “Abran su pecho, devoren su alma / Absorban el poder de su palpitar / Quiero sentir su espíritu muerto / Y respirar el hedor de su carne”. Segundos después seguimos con los lamentos de Ives, que darán paso a la cuarta parte instrumental denominada Ritual. Más que plausible es la progresión que se genera en este punto, ya que la banda aplasta todo a su paso siguiéndole el ritmo al notable solo de Gabriel Hidalgo. Súbitamente se realiza una pausa y entramos de lleno a Corolario, última parte de Agonía. Esta parte por lejos es mi favorita. Básicamente es la repetición del estribillo “Vientos de cambio en la eternidad / Rompieron el alma, el alma de un pueblo / Tristes sucesos que no cambiarán / Forjado con valor, fuego en la memoria / Escrita con sangre, tatuada en la piel / Rojo manantial que corre por siglos / Cuando el orgullo es más que la razón / ¿Quién asumirá toda esta historia?” que sirve como reflexión y que intenta sacar en limpio las atrocidades de este proceso histórico. Finalmente, con la misma frase que iniciamos este review, se pone término a este trabajo: “Bastó tan solo una pisada de acero”.

Muchos aspectos se asoman al escuchar un disco de tal magnitud. En primera instancia, desde luego que estamos en presencia de otra obra monumental y grandilocuente que requiere ser analizada exhaustivamente por cada uno de los fanáticos. Muy personalmente, si hay algo que resalta por sobre cualquier consideración al hacer el balance final, es que el LP demuestra una unidad y cohesión que se mantiene de principio a fin. Si bien cada una de las canciones tiene una actitud y personalidad propia, no dejan de ser parte de un gran todo al conformar “Invasión“. Vale decir, la atmósfera y el hilo conductor que nos plantea Ives Gullé es absolutamente consecuente con sus letras, sus personajes y sus interpretaciones. La producción y dirección de Nicolás Arce nuevamente alcanza niveles superlativos, donde los puntos bajos son casi inexistentes. Los invitamos a internarse en el relato y a la vez aprender algo de historia con buena música de fondo.

Para finalizar, desde luego que una de las interrogantes válidas para plantearse en este punto es si este álbum supera a Húsar. Es nuestra labor averiguarlo con el tiempo. Eso sí, como mínimo está a su mismo nivel. ¡Sublime!

 

 

No es mucho lo que hemos hablado por estos lados de Symphonity, banda proveniente de República Checa, que a pesar de llevar más de dos décadas en el ruedo (sí, ¡dos décadas!) no goza de gran popularidad por estos pagos. Será por los extensos silencios entre cada lanzamiento, será por sus constantes cambios de nombre (comenzando como Otter, y luego como Nemesis), por el cómo ha distribuido su música, la verdad no lo sabemos, pero sí sabemos que su popularidad no se condice con la calidad de su música, porque desde ya les comentamos que, por calidad musical, los checos no se quedan atrás, para nada, porque este “King of Persia” es un gran trabajo que merece ser escuchado con atención.

Un buen precedente sienta el trabajo que acompaña el disco en términos gráficos y de sonido. La gran portada del disco estuvo a cargo del tremendo Andreas Marshall (Blind Guardian, Running Wild) y en las perillas fue el mismísimo Sascha Paeth quien se hizo cargo de mezclar este “King of Persia”.

Después de ocho años de silencio discográfico y dos LP en su catálogo, en esta entrega la banda apuesta por una formación poco común, teniendo dos “lead singer” que comparten protagonismo, y lo interesante es que aun cuando muchos pueden no estar familiarizados con la banda en sí, apuesto que sí lo estarán con los tremendos cantantes que aquí figuran: El primero es el enorme Olaf Hayer, ex-vocal de Luca Turilli y también ex-Dionysus, quien comparte micrófonos con Herbie Langhans, ex-Seventh Avenue, ex-Sinbreed y bien conocido por nosotros por su participación en la última entrega de Avantasia y ser parte del tour que los trajo a nuestro país. En la parte instrumental, completan el lineup Libor Krivak en guitarras, Ivo Hofmann en las teclas, Ronnie König en el bajo y la batería está a cargo de Martin”Marthus” Škaroupka, de Cradle of Filth.

El disco arranca con King of Persia, tema homónimo que desborda clase desde el primer minuto. Pasajes orientales-arábigos introducen una canción que con teclados ambiente y un riff lleno de fuerza nos trae un Power Metal melódico, sólido y elegante, muy en la onda de Kamelot, con el peso que lleva esta comparación. Momentos acelerados y otros más pausados se van intercalando a medida que el tema avanza, donde un sinfín de arreglos instrumentales adornan las voces de Olaf y Herbie que van alternando y compartiendo el protagonismo durante los nueve minutos que dura este prometedor opening track. Las voces femeninas corren por cuenta de la mezzo-soprano checa Jana Hrochová, invitada estelar, quien no hace más que embellecer este tema que se pasea cómodamente por distintas atmósferas, con instrumentos de viento y sonidos orientales que no hacen más que enriquecer un tema en esencia Power que alcanza su cúspide en un coro grandilocuente, potente y con esa base rítmica de doble pedal furioso que tanto nos gusta por estos lados.

A partir del segundo tema, los vocalistas se van alternando para cada canción, y es así como a toda velocidad comienza The Choice, al ritmo de un doble bombo atronador, una melodía muy happy y con la voz de Herbie Langhans robándose la película en esta canción, imprimiendo potencia a su voz raspada al más puro estilo de Andi Deris. Corte del más típico y puro Power Metal melódico. Es un tema que catalogaríamos como muy “oreja, de fácil escucha y estructura clásica, que goza de uno de los mejores coros del disco probablemente, esos que se te quedan dando vueltas a la primera escucha y tarareas una semana.

Una voz en off da comienzo a In the Name of God, tema que baja un poco las revoluciones y que llega de la mano de Olaf Hayer en las voces. Aunque no llega a ser un midtempo, sí tiene una onda más reposada que los bombazos anteriores, con teclados de Ivo Hofmann como los principales encargados de llevar la melodía principal. La base rítmica dominada por el bajo al son de una batería a tres cuartos patentan otra estructura de Power Metal sacada de catálogo. Si bien es cierto la interpretación de Olaf es más que correcta, no despliega todo el caudal que sabemos él tiene, y por ahí eso impacta en que el tema se perciba algo tibio, mas no aburrido.

Manteniendo la cadencia y fórmula del tema anterior pero entrando esta vez con una dulce armonización de guitarras llega Flying, cuarto tema del álbum. Un tema fácil de escuchar y poco pretencioso, donde Herbie Langhans vuelve a comandar el canto y vaya que sabe aprovechar cada una de sus intervenciones. Es un tema correcto, que aporta a la continuidad de la placa, pero que no clasifica como un imperdible dentro de esta.

Electrocardiógrafo, piano clásico y atmósfera cargada de melancolía… otra fórmula clásica nos introduce a A Farewell That Wasn’t Meant To Be, una bella balada interpretada por Olaf Hayer que cambia la estridencia y poder por la solemnidad, manteniendo la elegancia por supuesto. El tema es muy similar a The End of This Chapter de Sonata Arctica, con la salvedad que no alcanza a evocar los mismos niveles de emotividad. Al igual que el tema anterior, no tiene mucho de innovador pero cumple con su propósito de transmitir pena y amargura. Es un tema sencillo y correcto, pero algo falto de sazón.

El disco vuelve a despegar con Children of the Light, con un Langhans soberbio en las voces y todos los intérpretes recreando una canción que dicta cátedra de cómo hacer Metal melódico. Si hubiera una escuela de Power Metal, este tema se ocuparía para enseñarle a los niños cuales son los fundamentos del estilo. La velocidad baja de nuevo con los arpegios de Libor Krivak que presentan Siren Call, composición suave y con un trabajo centrado principalmente en la voz de Olaf y la guitarra de Krivak, bastante minimalista pero correcta, aunque creo hubiera quedado mejor en otro lugar del tracklist.

Live To Tell The Tale, octavo tema del disco, es otro capítulo del libro más clásico de Power Metal, pero lejos de la estructura del doble bombo furioso a 10.000 revoluciones por minuto, la canción desborda sobriedad y armonía. Todo el tema gira entorno a la misma melodía, en donde ninguna interpretación deslumbra en particular, pero todo cuaja correctamente. Mantiene el ritmo, es cuadradito y lo más importante, funciona.

Un riff inicial a lo más Hammerfall da paso a uno de los temas más aguerridos del disco, la poderosa Unwelcome, con Langhans y Hayer compartiendo el protagonismo de una canción sorprendente, sostenido en la tremenda base rítmica que llevan König y Škaroupka, dando forma a uno de los mejores momentos de esta entrega.

Finalmente la canción encargada de cerrar el disco es Out of this World, breve instrumental de corte algo más hardrockero y melódico que no hace más que cumplir con el cierre de un disco que comienza y termina en las elegantes melodías que marcan el paso de esta muy buena entrega.

“King of Persia” es un disco fácil de escuchar, pero que requiere varias vueltas en nuestros reproductores para convencernos de lo bueno que es, sin contar los innumerables arreglos y colores que se van descubriendo con cada escucha. A pesar de ser un trabajo oreja y de fácil atención, no es un disco que enganche a la primera. Es un disco elaborado, simple en su mensaje pero complejo y muy bien cuidado a nivel de producción. Para los fans acérrimos del estilo, puede ser uno de los grandes lanzamientos del último tiempo y sin duda no se arrepentirán de escucharlo. Para aquellos que no lo son tanto, será un buen disco para tener en la biblioteca, pero me temo que para aquellos no tan adeptos, no sería la mejor puerta de entrada a un estilo que con bandas como Symphonity buscan mantenerse vigentes explotando los recursos que llevaron al auge del estilo en la década de los ’90, pero con esas ganas de hacer algo que va un poco más allá de lo ya creado, en tiempos donde muchos plantean que ya está todo inventado.