Minerva – Los Ecos Del Viento

De manera similar al concepto visual de la carátula, Minerva se divide en dos matices que se resuelven dentro de su lanzamiento “Los Ecos Del Viento”. La banda se compone por Pablo Leal en bajo, Felipe Maturana y Álvaro Fuentes en guitarra, Hans Leiva en batería y Pablo Díaz en vocales. Cinco miembros bajo el nombre de la deidad grecolatina de la artesanía y la guerra, que se manifiesta a través del Death Metal melódico que producen con sobrada técnica. Luego de tres lanzamientos de corta duración, el primer LP de Minerva nace de la mano técnica de Nicolás Arce (Polímetro, Húsar, BattleRage entre otros) junto al productor de discos de Criminal y Lock Up, Dan Biggin (Criminal, Pentagram Chile), dueño de los estudios HVR, lugar donde el mastering “Ecos” fue realizado. La mezcla y producción, por su parte, se realizó en AST.

El álbum comienza con el intro MP20L6, una escalada de tensión que prepara las ansias para la primera canción En Sí Mismo. Un pesado inicio de sonidos profundos y luego de guitarras abriendo paso a la melodía, acompañado de sonidos digitales que luego del primer verso gutural se suspenden hacia la abertura espacial del coro, anormalmente melódico y desautomatizador, ya que, nos desvía de la asociación rápida que se podría hacer de esta banda con la escena de Gotemburgo (que definitivamente es influencia). Las voces se pasean por notas limpias, además de guturales altos y bajos, y se hacen múltiples en los énfasis estructurales de la canción, narrando en tercera persona versos dedicados a la introspección de un sujeto pasando hacia otro estado de conciencia. Lo que llama la atención, es que Minerva tiñe el sonido de una manera mucho más “cristalina” que, por ejemplo, Dark Tranquillity, compartiendo muchos elementos en común, pero entregando otro carácter, en donde la voz limpia de Pablo Díaz juega un rol importante. Creí En Ti es un ejemplo de esto: la aparente antítesis del blast beat lento a través del midtempo, tan propio de las canciones pesadas, se antepone la predominancia de la melodía en el coro. En similitud de logro con Soilwork (en especial los discos “Figure Number Five y “Stabbing the Drama“), el contenido lírico es para nada hermético, dejando claro el mensaje y la audibilidad de cada palabra hecha viva desde la pluma, tomando distancia de aquellas bandas que prefieren una aproximación más sublime en la presentación de los contenidos y el tono en general que adquieren los instrumentos.

Detrás De La Máscara, que también es la canción que le dio el nombre al EP del 2016, sigue en la misma línea, pero esta vez relegando la voz limpia como voz de soporte. Los sonidos digitales también cuentan con más participación, encargados de conducir la canción a través de sus humores. La presencia de las guitarras es ineludible, en especial la sección rítmica, acentuada por el pedal de distorsión que caracteriza la canción. También es el caso con la canción siguiente Despierta, que acelera la cadencia del álbum con un comienzo fuerte, para luego evolucionar hacia el desarrollo paulatino del coro. Este luego se repite continuamente hasta finalizar con aquella voz interna, alternándose en cada oreja, que comanda el despertar que titula la canción.

Mis Fuerzas Para Luchar se encarga de bajar las revoluciones y reforzar la temática platónica que ofrece la banda. Como Dante en busca de Beatriz, el hablante lírico se abre paso a través de los miedos, motivado por la esperanza y los recuerdos. El primer verso, acompañado de una sección acústica, da un cálido matiz para una voz dual, suspirada y limpia, para efecto dramático. La guitarra líder comienza tímidamente a dar indicios de una disonancia melódica que luego se haría parte del quiebre instrumental y culminaría en el coro.

Tiempo Atrás (Ahogado en un Mar de Dolor) se percibe como una continuación temática que muestra en mayor énfasis el lado oscuro de esta trágica vía lírica. A este punto, las letras indican claramente la ordalía del héroe, sólo queda navegar en dolor. Esta canción se queda con mi preferencia en el uso de los sonidos digitales, que hacia el epílogo de la canción resaltan de manera asombrosa junto a los riffs y la presencia inconfundible del bajo fuzzy prestidigitado por Pablo Leal (“tengo en mis manos la llave para terminar con este infierno…”).

Con un inicio similar a Detrás De La Máscara, el octavo track, titulado Grítalo Al Viento, da justo en el blanco si se está en búsqueda de algo más clásico: una canción sin muchos valles de intensidad y con riffs variados que mantienen la atención constante sobre la pista. El duelo de guitarras—a cargo de Maturana y Fuentes—es pulcro y esquemático en sus progresiones, con un moderado tapping y sin ningún tipo de sobrecargo o cacofonía de tonos.

De un estilo similar, continúa el caballo de batalla de Minerva desde el 2015: Antihéroe, un tema movido y amigable con el headbanger. Los complementos digitales que aparecen en el coro pasan a segundo plano y, para ser honesto, podrían perfectamente ser prescindidos. De manera contraria, los instrumentos brillan y se roban la película, haciendo éste el segmento más “prendido” del álbum.

Y hacia el final de “Ecos”, Minerva deleita con un toque más oscuro en su sonoridad mediante Umbral del Miedo. La voz de Díaz, como en los primeros temas, contrasta esta atmósfera con un coro melódico conducido por el mismo efecto espacial de la misma sección de Antihéroe. Y es debido a estos riffs más oscuros que este décimo track se diferencia de las demás canciones del disco, por añadidura, la canción resulta más familiar y fácil de asociar a los últimos trabajos de Dark Tranquillity. Es una buena polarización conforme al tema siguiente que titula el disco: Ecos del Viento, una balada en la cual Díaz se luce en los registros bajos del verso. Conforme a la progresión de la canción, los instrumentos se van añadiendo hasta realizar un clímax anunciado por el solo de guitarra y posteriormente escoltado por el arreglo de violines. De vuelta a la solitaria guitarra acústica, el tema finaliza en un fade out de manera quizás muy abrupta conforme al momentum que iba tomando la canción. De todas maneras, una finalización de broche que da por concluido al álbum bautizado bajo el mismo nombre.

Minerva es una banda de una línea muy clara y de influencias marcadas, sin embargo, su postura es original y presenta otra substancia en comparación a la mayoría de bandas que resaltan más la faceta Death que por sobre la melódica. Si las guitarras son el lúpulo y la batería la cebada, el bajo aquí cumple un fundamental rol como levadura, ya que es el pilar que le da continuidad al sonido que muchas veces fluctúa en acordes eléctricos disonantes y riffs muteados, junto a la batería veloz y la dualidad gutural/limpia de las vocales. Grande Minerva, aguante el Metal en español.

 

Gabriel Rocha

Aura Ignis – Prisioneros del Dolor

El Metal latinoamericano, desgraciadamente, siempre se encuentra con barreras, sobre todo económicas, que le dificultan tremendamente hacerse conocido, condenando a muchas bandas a morir en el intento de salir incluso de sus ciudades. Y qué decir sobre hacerse conocidos fuera de su país. Así, ese es el primer mérito de los colombianos de Aura Ignis, quienes con su propuesta de Heavy Power Metal buscan dejar su huella en esta difícil escena.

El grupo conformado por Edwin Rodríguez en las voces, Milton Salinas en la guitarra y los teclados, Edgar Barrera en el bajo y José Osorio en la batería nos traen su disco debut independiente, “Prisioneros del Dolor”, un trabajo hecho a pulso que logra su objetivo de dar a conocer las composiciones y calidad ejecutoria de los oriundos de Tunja, en la región colombiana de Boyacá.

Todo arranca con la intro Hacia el Averno, un trabajo instrumental que crea y transmite muy bien un ambiente infernal, como si fueras en la barcaza de Caronte atravesando el Aqueronte y las puertas del infierno te empezaran a deslumbrar, tras los cerca de dos minutos introductorios un riff sobrio acompañado de una ambientación de teclados nos traen El Juramento, donde una de las cosas que más cuesta digerir es la línea vocal, sin referirme a la calidad del vocalista, sus líneas son muy monótonas y esto se mantiene a lo largo del disco, lo que complica un poco el disfrutar del trabajo en su totalidad. Quizás no es necesario una voz tan raspada como la usa Rodríguez porque, por ejemplo, el apoyo vocal que presta Salinas queda muy bien, especialmente sobre la base rítmica y los riffs de guitarras que, aunque les falta un poco más de definición en lo que refiere a producción, se notan de muy buena calidad.

Perdido arranca con un ritmo más cabalgado, donde uno de los detalles que más destaca es la definición con que se escuchan las líneas del bajo de Barrera, sin necesidad de “triggerear” mucho como algunas bandas caen en hacer, quizás gracias a sus influencias. Si bien no es muy novedoso el track desde lo sonoro, sí logra subir el nivel de lo que nos trajo el tema anterior, especialmente en lo que refiere a las líneas vocales aunque sin escapar mucho de la monotonía que mencionábamos en un comienzo, sin embargo, va dejando en claro la tremenda calidad compositiva de Salinas.

Esto continúa con la canción que da nombre al disco, Prisioneros del Dolor, un tema que impresiona inmediatamente con una atmósfera más oscura, un riff más pesado y agresivo que sirve de introducción a un track cargado de Heavy Metal. Musicalmente es tremendo, pero desgraciadamente la línea lírica del coro como que no encaja del todo bien, en alguna parte pareciera demasiado forzada para la estructura del tema lo que te deja un poco descolocado. Es una buena canción, pero que falla en eso, porque todo lo demás sigue confirmando que Salinas tiene muy buenas ideas, especialmente en sus líricas con contenido espiritual pero sin caer en lo religioso.

Con un juego de batería y un buen grito de Heavy Metal arranca Sin Salida, un tema que siento no necesitaba la presencia tan protagonista del teclado ya que su aporte es bastante mínimo en la estructura de la canción, que pareciera ralentizarse con la ambientación del teclado. Mención especial al primer solo de guitarra, donde se aprecia la influencia que la gran Calabaza tiene sobre estos colombianos. La “guerra” de solos entre la guitarra y el teclado de Salinas es algo interesante, especialmente considerando que ambas partes las toca el mismo personaje, un tema que además permite la batería de Osorio pueda lucirse un poco más y no sólo con un ritmo estable.

Con una ambientación oscura, como de pobreza y soledad, arranca Una Luz en la Oscuridad, una especie de power ballad que me atrevo a decir es uno de los puntos más bajos del disco. Si bien se entiende la idea de incluirla pareciera que le faltó un poco de maduración a la idea compositiva. Además, una estructura donde generalmente los vocalistas tienen la oportunidad de lucir toda su calidad vocal en este caso no cumple el objetivo, lo que deja como con un sabor a poco. Lejos lo mejor es la sección de los solos donde nuevamente Salinas se luce sin mucho esfuerzo, por desgracia la estructura del tema no termina de convencer, al menos a mí y, finalmente, pareciera no ser muy necesario en el compilado final aunque, creería, que la decisión de incluirla pasa más por el contenido de su letra que por el contenido musical porque vaya qué profunda, especialmente en el ambiente que crean las demás canciones.

Con un sonido quizás típico del Metal latinoamericano irrumpe Sin Miedo a Morir, con un riff pesado y lento que prepara para un grito de guerra que desgraciadamente pierde mucha fuerza al entrar la voz de Rodríguez, una línea vocal mal trabajada para mi gusto, donde además las letras parecen no calzar del todo bien en sus respectivos espacios instrumentales, lo que es un tanto triste porque la letra de la canción es considerablemente buena.

Shibböleth (Grito de Guerra) nos da la bienvenida con una introducción bastante más Power, con el teclado como protagonista inicial y un riff pesado pero no violento, lo que sumado a la velocidad cadente nos va haciendo sentir que la rabia está a punto de explotar y así los riff violentos de la vieja escuela del Heavy Metal entran y cambian rotundamente el ambiente, la guerra empieza y Rodríguez nos invita a acompañarle. Acá finalmente se puede disfrutar con confianza el trabajo vocal de Rodríguez, desgraciadamente siento que se exige innecesariamente en la última frase del coro, queriendo alcanzar un tono para el que su voz no está hecha. Sin embargo, en la generalidad del tema, finalmente podemos escuchar una relación precisa entre todas las partes, la letra, la voz, la melodía, la base rítmica, todo se suma para lograr el punto más alto de este álbum.

La batería de Osorio se luce en la introducción a Tu Alma en Juego, la que baja un poco su velocidad con el primer riff para traernos una midtempo potente que nuevamente nos regala una buena suma entre todas las partes de la ecuación, una sobria pero potente base rítmica, riffs pesados y levemente agresivos, líneas líricas y vocales bien armadas y trabajadas. Una muy buena apuesta que claramente gana su lugar en el disco sin mayor esfuerzo, claro que sin superar a su antecesora que dejó la vara bastante alta pero que sigue demostrando que la calidad de Salinas a la hora de componer es considerablemente alta.

Todo esto termina, al menos oficialmente, con Tu Libertad, claramente un himno desde el mismo primer segundo, con la estructura más Power Metal del disco. Una llamada a movilizarte por ti mismo y lograr tus objetivos, una estructura sencilla, sin mayores ambiciones que logra tranquilamente su objetivo de cerrar un trabajo que repuntó notablemente hacia el final, una base rítmica que no sorprende pero que acomoda mucho el escucharla, una estructura melódica de muy alta calidad donde la guitarra y los teclados de Salinas son siempre los protagonistas, una estructura lírica y vocal mejor lograda que en la mayoría del disco entregando un cierre de buena factura para un disco que aprueba pero con mucha ayuda y, sobre todo, gracias a sus tres últimos temas que le ayudaron a subir muchos puntos.

El mayor error para mi gusto que cometieron estos tunjanos es el bonus track que se incluye al final del disco, una nueva versión de Shibböleth (Grito de Guerra) pero esta vez con voces guturales. El tema en su formato original logra todos los objetivos y se alza como lo mejor de este trabajo, realmente un tremendo tema de Heavy Metal que me hace imposible entender la idea de agregar una versión tirando a Black Metal del mismo, siento que es querer tirarle barro a una pintura que te había quedado genial (sin ánimos de despreciar al Black Metal, un estilo que también disfruto bastante).

En resumen, el debut de los colombianos de Aura Ignis nos trae diez temas de calidad variante, donde sólo tres canciones realmente sobresalen y sólo una realmente decae, las demás se encuentran en un limbo que queda un poco más sujeto a interpretación. Lejos, lo más destacable del disco es la tremenda calidad compositiva que nos regala Milton Salinas, una mente que se nota tiene muchas ideas por entregar que sólo necesita ordenarlas un poco mejor para que todas las piezas de sus creaciones calcen de manera perfecta y podamos celebrar un segundo disco sin puntos bajos y que nos permita disfrutar a cabalidad su genio musical.

Otros detalles más técnicos que destacan en este trabajo tiene que ver con que nuestro país también forma parte del disco ya que la masterización estuvo a cargo de Sebastián Puente en los estudios Audiocustom en Santiago, además del tremendo trabajo de arte que estuvo a cargo nada más y nada menos que del tremendo Felipe Machado, por lo que siento y creo que esto es sólo el comienzo de una historia musical muy rica que espero no se vea truncada por todos los obstáculos que tiene la música en Latinoamérica.

Sebastián Miranda

Arch Enemy – Will To Power

Uno de los nombres más importantes dentro del Death Metal melódico, sin lugar a dudas, es Arch Enemy. Muchos dirían incluso que inventaron el estilo y, si no lo hicieron, ayudaron bastante a masificarlo y promoverlo. Desgraciadamente, la historia musical de la banda ha variado tremendamente desde el ya lejano y mítico “Black Earth” (1996), lo que ha provocado una relación de amor/odio con su música que todos conocemos.

En lo personal, siento que la llegada de Alissa White-Gluz a encargarse de las voces le dio un nuevo aire que los acerca levemente a su sonido original, enfatizando ese levemente, devolviendo quizás un poco de alma a la banda, siendo “Will To Power” (2017) ya el segundo trabajo que lanzan con ella y lo que revisaremos ahora.

Todo comienza con Set Flame To The Night, una intro que arranca con la guitarra de Michael Amott lanzando un riff altamente melódico sobre una ambientación que hace pensar en protestas y cosas por el estilo, siendo acompañado por Jeff Loomis quien acaba de regresar a la banda y finalmente uniéndoseles Sharlee D’Angelo en las cuatro cuerdas y Daniel Erlandsson en una sencilla percusión para dar paso a The Race, donde tras una corta entrada instrumental entra de lleno la voz de White-Gluz haciendo gala de las razones para su elección. De inmediato se siente cierta comodidad con la música, recordando algunos pasajes antiguos, claro que manteniendo las distancias correspondientes, sin embargo, me atrevo a decir que de inmediato suena más Arch Enemy que todos los trabajos con Angela Gossow, con una letra a la que ya nos vienen acostumbrando hace bastante tiempo de crítica social y política logrando su objetivo de abrir en buena lid este trabajo.

Esto continúa con menos velocidad con Blood In The Water, manteniendo la misma idea lírica que sostiene los últimos trabajos de la banda, lo que es de esperar en un disco con este nombre. Una cosa que de inmediato se siente que falta es la velocidad, la que se siente como reprimida en algunos pasajes, musicalmente funciona excelente, está muy bien compuesta y transmite cierta energía pero pareciera quedar al debe. Sí, las guitarras de Amott y Loomis cumplen luciéndose en sus momentos pero la base rítmica como que no alcanza a calentar y la voz parece quedar al debe en varios pasajes.

The World Is Yours nos trae de vuelta un poco de velocidad pero sigue sintiéndose un poco reprimida, sin embargo, mejora considerablemente la sensación respecto al track anterior, lo malo es que a la hora del coro pareciera tomar un tono casi Disney, algo que últimamente usan bastante pero que a algunos sigue sin gustarnos, no suena del todo mal pero tiene algo que no cuaja bien. Es difícil decidir si es un buen tema porque es casi 50/50, considerando que hablamos de Death Metal melódico, pasajes muy potentes y agresivos mezclados con otros que no se entiende como son parte del mismo track… creo que es de esos temas que definitivamente despiertan sentimientos encontrados.

Manteniendo esa línea del tema anterior nos encontramos con The Eagle Flies Alone, la que incluso arranca con un piano que en el videoclip le permite a Alissa hacer unos movimientos tipo de ballet… ya el arranque es un poco extraño. Mantiene una estructura lenta pero con potencia que logra dejar un poco más satisfecho que su antecesora, no es tanto mejor pero tiene una base rítmica y melódica más elaborada. Una especie de himno al inconformismo y llamado a no adaptarse al establishment, lo que hace el tema un poco más chocante porque está compuesto precisamente para que más gente lo prefiera y no sólo los metaleros, uff… es difícil de evaluar el track…

Reason To Believe nos trae nuevamente las guitarras de Amott y Loomis en un vacío introductorio, las que son acompañadas por la bella voz limpia de White-Gluz, quien antes de entrar netamente a los guturales nos regala una voz de Heavy Metal guerrero, un tema sumamente cambiante que se acerca más al Heavy que al Death Metal, una especie de llamado a los desechados, los despreciados, a no quedarse en el pozo donde muchos les pueden haber empujado sino a creer e intentarlo de nuevo. Si bien no es un tema que esperaríamos encontrar en un trabajo de estos suecos, sin lugar a dudas es un excelente tema, tanto desde lo musical como desde su letra.

Volvemos a la violencia y lo que queremos escuchar con Murder Scene, velocidad desde el mismo arranque y gran parte de toda la potencia que nos puede entregar la banda. Una base rítmica interesante con varios quiebres y cambios que permiten a las guitarras bailar con mayor libertad y deleitarnos con una muy buena pieza de Death Metal melódico, que ya lo veníamos extrañando un poco. La letra quizás viene a ser el punto bajo, una especie de himno despechado, el reclamo o lamento del despreciado por su expareja, sin embargo, logra su objetivo de transmitir que “this once-so-sacred place is now a murder scene”.

Bajamos nuevamente la velocidad para arrancar con First Day In Hell, con un ambiente que te hace sentir en las puertas del infierno, nos trae un ritmo un tanto cadente pero con una potencia exquisita a su comienzo, para aumentar levemente la velocidad. Uno de los mayores aciertos aquí es la estructura de la letra, una suerte de bitácora de los primeros días en el infierno que va narrando el episodio, una estructura bastante interesante que no deja lugar a coros ni puentes líricos, lo que se suma a la potente estructura musical por lo que me atrevería a decir que es uno de los puntos altos del disco. El interludio instrumental de Saturnine nos trae una pequeña visita de Jens Johansson en los teclados con la compañía de la guitarra de Amott.

Prácticamente en el ambiente que generó el interludio predecesor arranca Dreams Of Retribution, dando paso a una velocidad bastante rápida pero relativamente poco pesada, sonando nuevamente más Heavy que Death Metal, no suena mal para nada pero cuesta digerirlo cuando piensas qué tipo de banda estás escuchando. Un grito de venganza que logra su objetivo de movilizar emociones pero no tan pesado y violento como quizás debió ser, donde también nos acompaña Jens Johansson, lo que se nota sobre todo en el final que es bastante al estilo de Stratovarius.

Volvemos un poco a la potencia con My Shadow And I, un corte relativamente más rápido y potente pero que pareciera no cuajar muy bien, especialmente las líneas vocales que suenan sumamente monótonas, lo que se ve mejorado por los buenísimos riffs de guitarra, especialmente los pasajes de solos donde simplemente se lucen. La base rítmica armada por D’Angelo y Erlandsson logra generar cierta comodidad pero pareciera que fuera de esos trabajos que cada uno hizo en su casa y llegaron a la sala a reunir las partes… deja una sensación algo extraña este track.

Terminamos oficialmente el disco con A Fight I Must Win, la que arranca con arreglos instrumentales que dejan claro la intención es que este tema suene a himno, al entrar las guitarras escucho a otra banda pero no lo logro recordar a quien, o sea, no me suena muy original, sin embargo, luego entra el sonido “archenemyniano” y la cosa cambia, no siento sea un buen tema ya que nuevamente parece no cuajar del todo bien, se siente que las piezas no calzan completamente entre ellas y  deja una sensación bastante particular al escucharlo. Tampoco es un mal tema sino, de nuevo, algo difícil de evaluar. Hacia la segunda mitad empieza a acomodarse mejor y el saborcillo que no te dejaba tranquilo disminuye un poco, aunque siento que no termina de convencer aún con su final orquestal. City Baby Attacked By Rats, un cover a Charged G.B.H. es el bonus track que cierra definitivamente el disco, un sonido más punk con un pequeño toque de Death Metal logran mejorar levemente la sensación que deja el tema anterior, el final oficial del disco, levantando un poco el ánimo pero sin lograr mucho más que eso.

Desgraciadamente, ya sabemos que Arch Enemy ha cambiado su estilo de una manera considerable y su sonido hoy, para muchos, deja bastante que desear. Este trabajo en particular siento que tenía mucho más potencial, especialmente si consideramos el regreso de Jeff Loomis pero, dado que no participó de la composición, su presencia en la banda no resalta mucho, entregando finalmente un disco mediano, que tiene pasajes que lo llevan a brillar pero otros que lo arrastran muy abajo.

Insisto que, para mí, es bastante mejor de lo genérico que venían haciendo con Gossow en las voces pero aun así me atrevo a decir que alcanzan a aprobar sólo rasguñando, algo que en lo personal me parece triste cuando hablamos de una banda tan grande como Arch Enemy, esperemos que su próximo trabajo logre alcanzar más potencia y acercarse un poco al Death Metal que todos esperamos escuchar de ellos.

Portrait – Burn The World

“As above, so below… and below you shall remain…” (Likfassna). Bandas como Portrait son las que se manifiestan en un underground intenso, global (factor no menor, como prueban los nacionales Night Sight) y que se podría decir que es una permutación, tanto en sonido como temáticas, de la nueva ola de Heavy Británico: punto cúlmine del ocultismo psicodélico, la continuidad mágica del folk, el sentimiento del blues y la actitud del punk. Formado el 2005 e impermeabilizado ante las innumerables variaciones del Heavy Metal de las últimas décadas, su sonido es de igual manera clásico como innovador. Dentro de sus principales influencias podemos escuchar la mano siniestra de Mercyful Fate, el Speed/Power germano y, por supuesto, la NWOBHM. Un eco en medio de la escena anti-cósmica sueca que tuvo a bandas como Watain y Dissection bajo su ensombrecido alero, dominado—pero no limitado—por el Black Metal que inició su país vecino. “Burn the World” se lanza bajo el sello Metal Blade Records, en formato vinilo con cuatro canciones a cada lado, un formato jamás superado y que no depende solamente del nostálgico coleccionista para su persistente fabricación. Portrait se ha empeñado en cumplir con esto en los anteriores lanzamientos. Lógicamente, también se puede encontrar en Digipak y servicios de streaming.

El lado A comienza con Burn the World y es antecedido por un sublime coro inicial titulado Saturn Return (encargado de plantear la referencia astral y mitológica como concepto del álbum). El arsenal de los músicos se presenta en un allegro moderado, que luego de un desgarrador grito de Per Lengstedt, aumenta de tempo para iniciar los versos de esta primera etapa: la limpieza—a través del fuego—de la Tierra y del establecimiento del humano moderno. El legado de Hank Shermann y Michael Denner (Danger Zone, Mercyful Fate, Denner/Shermann) se hace presente a lo largo del disco a través de la prestidigitación del “Axeman”, legalmente conocido como Christian Lidell, quien realiza un trabajo impecable no solo con la dualidad de las guitarras, sino que también en la clave de Fa. Cada riff es una obra maestra llena de acordes complementarios y notas menores que le añaden un rango melódico adecuado para una voz como la de Lengstedt, cuya amplitud queda demostrada en canciones como las geniales marchas Likfassna y Martyrs.

A lo largo de Portrait, la voz se mantiene constantemente remaneciendo al maestro del falsetto Kim Bendix Petersen, por lo tanto, la asociación sonora es completamente natural. Flaming Blood comienza con un genial juego de platos bajo el ataque de Anders Persson, miembro pilar de la banda junto al “Axeman”. Este es el despertar y posterior llamado de guerra de aquellos “revividos” por el espíritu guía saturnino, una canción que se mantiene constante en su rítmica hasta la aparición del duelo virtual de guitarras y que plantea el escenario previo a Mine to Reap, canción que finaliza el lado A y hace referencia a la hoz de Cronos, quien es la homologación titánica de Saturno.

El lado B guarda aún más sorpresas. Abre con Martyrs, un verdadero himno apologético al Heavy clásico, en especial a “Point of Entry” de Judas Priest: oscuro, constante, pesado, y con un coro que desciende de tono para favorecer una contraparte épica complementada, además, con un breve interludio narrado acompañado de un arpeggio atmosférico. Cuando Further She Rode viene a calmar las aguas y a atenuar las luces, aparece como un trueno To Die For, que personalmente postulo como el gran tema del disco. Cuatro minutos y medio cargados de adrenalina, con un pre-coro que tienta a girar la perilla de volumen. La batalla de solos se hace, de hecho, más cruda en comparación a la musicalidad que demuestran las guitarras (y el dramático sólo de teclado órgano) en Likfassna; con un sonido reverberado y el wah-wah bajo el pie sin soltar la cadencia de la batería, obligando a cabecear durante toda la canción sin respiro alguno. Portrait acostumbra a cerrar con canciones que se toman mayor libertad al construir ambiente e ir revelando los riffs de a poco, y Pure of Heart no es la excepción, aunque, en esta ocasión su duración es percibida como menor debido al quiebre y punto de reinicio en mitad de la canción.

Esperemos que, poco a cumplirse una década de su debut homónimo, y con dos nuevos miembros (Robin Holmberg en segunda guitarra y Fredrik Petersson en el encordado grueso), el otrora ex Power Trío emprenda pie en ruta con sus colegas y compatriotas RAM (¡ojo ahí con el nuevo disco!) en esta cruzada por reformular el Heavy Metal desde su base luciferinamente rebelde y libre de excesivas reformulaciones de paradigmas musicales. Con estos dos, no hay por donde equivocarse. Recomendamos sumergirse de cabeza en la discografía de Portrait, sobre todo en “Crossroads” si quedaste con la vibra de King Diamond este pasado 29 de octubre.

Pentakill – II: Grasp of the Undying

Probablemente esta sea la primera vez que nos abocamos a reseñar el trabajo de una banda que en realidad no existe como tal, sino que más bien es la renderización “en carne y hueso” de un puñado de guerreros proveniente del universo de los videojuegos y que además de blandir espadas y martillos, interpretan esta música que tanto nos gusta.

Pues entonces, ¿de qué se trata esto realmente? Hace algunos años atrás, RIOT Games (Compañía desarrolladora de videojuegos) tuvo la idea de que cinco personajes del juego League of Legends” se unirían para formar el mejor grupo de Metal del cyber-mundo LOL. De esta iniciativa salió el disco “Smite and Ignite” que, lejos de pasar inadvertido, capturó la atención del círculo metalero cosechando un éxito respetable con algunas de las canciones de dicha placa. Este hecho provocó que RIOT Games se tomara este proyecto aún más en serio y planificara lo que sería la producción de un segundo disco y con una alineación más que robusta para catapultar definitivamente este spin-off dentro de la órbita metalera mundial.

Es así como llega a nuestros oídos “II: Grasp of the Undying”, segundo larga duración de la cyber-banda Pentakill. Esta placa fue grabada y asistida por grandes nombres de la escena actual, lo cual le da un peso específico difícil de pasar por alto. A Rich Johnson y Per Johansson, Danny Lohner y Mike Pitman entre otros, se suma la gran Noora Louhimo de Battle Beast, el legendario Tommy Lee (Mötley Crue) aportando desde la batería, y quien más que uno de los regalones de la casa y la escena mundial para encarnar la voz principal de este proyecto, el vikingo del norte, Mr. Jorn Lande.

Vale decir que resulta indudable que la marca LOL posee un arrastre gigantesco en términos comerciales, considerando que según el periódico británico The Guardian, “II: Grasp of the Undying” ha tenido un éxito rotundo en términos de ventas: ha alcanzado el top 40 en Billboard, y el número 1 en la sección de Metal de iTunes, hecho remarcable si consideramos la naturaleza ficticia de este proyecto. Dicho esto, no nos queda más que revisar de qué está hecho este material y si es tan bueno como señala la prensa internacional.

El disco arranca con Cull, de comienzo acústico, con efectos y armonías que nos recuerdan los trabajos de Lande como solista. Guitarras distorsionadas y el redoble de los cueros transforman el suave inicio en una descarga de ese Heavy/Power Metal que tanto nos apasiona. Una canción llena de colores, arreglos instrumentales y sucesiones de ritmo que acompañan la voz desgarrada del vikingo, dando forma a una canción que imprime fuerza y lo que es más importante, mucha pasión. Buena elección como opening track.

Con Mortal Reminder el disco entra en tierra derecha sin especulaciones. Un riff agresivo, doble pedal a fondo y atmósfera más oscura que luminosa dan paso a una de las mejores canciones del disco. Muy buen trabajo en los teclados alternando el mood de la canción en los momentos precisos, a veces más siniestro, a veces más solemne, desembocando en un caos final que consolida el primer mazazo del registro. En el tercer track, Tear of the Goddess, irrumpe en escena Noora Louhimo con una interpretación impecable para una canción ídem. Toques de modernidad, algo de Metal progresivo y abundante elegancia son los principales ingredientes de esta composición de ritmo ligero y melodía pegajosa.

Infinity Edge arranca muy bien con un sólido riff de guitarra y la fuerte presencia de sintetizadores, creando esa particular atmósfera de modernidad y frescura que caracterizan a este disco. La voz de Per Johansson entra en escena, quien es poseedor de un timbre muy particular, tipo Nils K. Rue (Pagan’s Mind), quien se va mimetizando con el estilo vocal desgarrado de Jorn que una vez más nos deleita con reminiscencias del mismísimo David Coverdale. Correcto tema que quizá no entra a la primera, pero que gana a medida que se va escuchando.

El quinto corte, Dead Man’s Plate, comienza con un riff bastante denso y teclados que delinean un aura siniestra, dando forma a una composición que baja las revoluciones del metrónomo, pero que marca paso firme y que nos trae de vuelta ese sonido propio de JORN. Arreglos vocales con una distorsión un tanto aggro aparecen hacia el final del tema, que se percibe más bien plano, ausente de partes que te inviten a cantar o cabecear como corresponde.

Lo que sigue es lamentable: The Hex core mk2 es un experimento que se acerca demasiado al aggro/industrial y no aporta en absolutamente nada al disco. Es un semi-instrumental que a pesar de contar con Tommy Lee en los cueros, se puede ir directamente por el desagüe. Por suerte el siguiente tema, The Bloodthirster, trae el heavy metal de vuelta. Una propuesta de sonido moderno como es la tónica del disco, pero con un interesante trabajo de guitarras y melodías desafiantes en los sintetizadores anteceden la extraordinaria voz de Jorn Lande, que llena absolutamente cualquier espacio que deje la composición. El noruego es la estrella del equipo y de eso no hay duda. Uno de los buenos temas de la placa.

El disco sigue con Frozen Heart, que con un riff bien Nevermoreano, un bajo sonando más poderoso que nunca y aires algo Djent, nos trae de vuelta la voz de Noora, quien está vez a dúo con Jorn Lande protagonizan una canción melódica pero a la vez densa, de cielos nublados y algo misteriosa en su concepción. Y ya entrando en la recta final aparece la bomba del disco, Rapid Firecannon, una furiosa inyección de thrash metal irrumpe a mil por hora, recordando en algunos pasajes los mejores tiempos del thrash ochentero. Ya quisiéramos escuchar algo así en el actual Megadeth o Anthrax. Doble pedal a ritmo endemoniado, guitarras estridentes y un Jorn más desgarrado que nunca entregan los pasajes más rescatables del disco sin duda alguna.

Cerrando el disco suena Blade of the Ruined king, una pieza de música sinfónica al más puro estilo Rhapsodiano, que la verdad deslumbra por su elegancia y magnificencia. Muy bien logrado el final de la placa. Cinematográfico, épico y bien metalero por supuesto.

Finalmente, ¿qué podemos rescatar de este particular trabajo? En el lado positivo de la balanza, está el hecho de que esta placa consolida a Pentakill como un proyecto musical serio, dejando de ser simplemente una idea loca de banda ficticia para promocionar un juego, y esto primordialmente por la calidad y consistencia del producto entregado. Se percibe como algo absolutamente serio y el contexto videojuego pasa a ser una mera anécdota. También cabe destacar que el nivel interpretativo de la banda en general es de primera línea, con dos o tres composiciones de alta factura .Demás está mencionar el gran nivel exhibido por nuestro noruego regalón Jorn Lande. En el lado negativo de la balanza se encuentra la falta de consistencia que haga sentir el disco como un todo… se percibe como una colección de canciones con distintas influencias más que un álbum compacto. Tampoco encuentras temas que te vuelen la cabeza a la primera escucha. Y lo peor del disco es sin duda la inclusión de esa mala versión de metal industrial llamada The Hex core mk2.

Sumando y restando, el disco es disfrutable. Muchos lo encontrarán derechamente bueno, y otros, ligeramente sobre el promedio. Yo me quedo con la sensación de que cumple y es una agradable sorpresa gestada de un proyecto que vive como spin-off y no como una banda 100% dedicada a la producción de material propio. Sin embargo, aún tiene camino por recorrer si la intención es acercarse a las grandes ligas del Heavy Metal. Veremos si Pentakill seguirá vivo para entregar una tercera parte durante los próximos años, o si el periplo musical de este videojuego llega hasta aquí nomás. Mis dardos apuntan al tercer capítulo de esta historia.

Eluveitie – Evocation II: Pantheon

Eluveitie hace ya varios años viene siendo uno de los principales exponentes del Folk Metal a lo largo y ancho del orbe. Una banda que ha sabido mezclar de manera magistral sus raíces folclóricas con un excelente Heavy Metal y voces guturales que, a veces, acercan su sonido más al Death Metal, sonido que ha ido variando para permitir la irrupción de las voces femeninas logrando una mixtura aún más exquisita.

El año 2016 experimentaron un cambio importante en su formación cuando una de sus vocalistas Anna Murphy, quien además tocaba el hurdy gurdy, junto al guitarrista Ivo Henzy y el baterista Merlin Sutter deciden dejar la banda, formando más tarde la recién debutada banda Cellar Darling. Así, para este nuevo trabajo, la banda se ve compuesta por nueve integrantes, varios de los cuales ejecutan labores vocales, por lo que hoy Eluveitie son Chrigel Glanzmann (vocalista principal y multinstrumentista), Kay Brem (bajista), Rafael Salzmann (guitarrista), Nicole Ansperger (violinista y vocalista), Matteo Sisti (flautas, gaitas y guitarras acústicas), Alain Ackermann (baterista), Jonas Wolf (guitarrista), Michalina Malisz (hurdy gurdy) y, la más nueva incorporación, Fabienne Erni (vocalista, arpas y mandolina). Es así como este 2017 nos traen su séptimo larga duración, “Evocation II: Pantheon”, una secuela a su exitoso álbum del 2009, un trabajo con sonidos nuevos, tanto en lo instrumental como en lo vocal, lo que lo hace bastante interesante aunque desde el primer minuto debemos tener claro que no escucharemos lo que quizás esperaríamos escuchar.

Todo arranca con Dvreddv, una introducción de menos de minuto y medio que nos atrae lentamente al disco desde un bosque donde las voces de brujas o quizás del mismo viento nos invitan, hasta que irrumpe la voz de Fabienne con un suave canto para que prestemos atención a lo que se viene.

Una oración es lo que sigue en Epona, la diosa de los caballos, la fertilidad y la naturaleza, donde de inmediato impresiona un sonido bastante más folclórico que metalero, lo que de entrada nos regala un aire considerablemente fresco y poderoso en relación al mensaje que pareciera la banda quiere entregar, donde la voz de Erni se toma toda la canción y la de Glanzmann sólo aparece como un apoyo. El coro es sumamente ganchero y, como el buen folk, hasta medio bailable, una tremenda ofrenda musical para esa “gran madre, poderosa reina”, es a todas luces un tremendo opening track que no necesita tarrerío ni instrumentos eléctricos para sonar potente, algo que, en todo caso ya sabíamos porque éste fue uno de los singles promocionales, con video incluido, del álbum.

Svcellos II (Sequel), un interludio instrumental, arranca en el mismo bosque que la intro, con una especie de invocación por parte de un grupo de voces para luego continuar esta vez con una flauta contándonos en su idioma una historia que luego será acompañada de una flauta más y una tímida guitarra. Continuamos en lo instrumental con Nantosvelta, la diosa del agua, la que aparece como la segunda parte de lo que escuchábamos anteriormente, ahora las flautas son acompañadas con guitarras más entusiasmadas que comienzan nuevamente a levantar los ánimos para luego introducir la batería y, por último, una voz femenina nos da el vamos para un último minuto que incluso recuerda un poco a “Elnor’s Magic Valley” de Rhapsody, en conjunto, estos dos tracks instrumentales crean un ambiente tan genial que, sobre todo el segundo, podría escucharse una y otra vez sin aburrir porque en menos de tres minutos está lleno de quiebres rítmicos.

Otro interludio será Tovtatis, una nueva oración al dios tribal que se mantiene en una nota más compungida, con la voz de Fabienne rezando con toda tranquilidad en un ambiente sonoro notablemente somero acompañada por el hurdy gurdy y sonidos de viento, dejando más que claro la intención de la banda en este trabajo donde te logras sentir en ese bosque participando de todo este ritual ancestral en honor a todos los dioses. Entonces arrancamos con Lvgvs, dios de la creación y el aprendizaje, la que comienza como saliendo de ese bosque, para darnos un pasaje introductorio en flauta que luego es acompañado por los demás instrumentos sin adoptar en ningún momento un sonido muy metalero pero sin perder ni un poco de potencia o fuerza, aún en los pasajes más tranquilos. Nuevamente no hay mucha novedad que señalar porque este trabajo también fue uno de los singles promocionales del disco, pero no se puede negar que levanta el ánimo y te hace querer volver a la naturaleza con sólo escucharlo.

Nuevamente nos encontramos con un interludio instrumental en Grannos, el dios de las fuentes termales, el que empieza lento, casi como una tímida oración, tomando poco a poco mayor velocidad como queriendo compartir el tipo de dios que representa para, luego del relajo inicial, invitar casi a bailar con la alegría que transmite, un tremendo tema que es una muestra más de lo mejor del folk que estos suizos nos pueden regalar. Cernvnnos, la diosa de la fertilidad, la vida, los animales, la salud y el inframundo, es una oración nuevamente calma que continúa con esta idea de transmitirnos como ellos perciben a cada uno de sus dioses paganos, ninguno igual al otro y todos con su propia particularidad, regalándonos una vez más un pasaje potentísimo en el último minuto del track, algo que gusta tremendamente a quien escribe y ojalá a quien lo escuche.

Pero esto no sería un disco completo si no tuviéramos un tema dedicado al dios de la guerra, Catvrix, una oración o dedicación de guerreros a su causa, del primer minuto genera sentimientos distintos a las canciones anteriores, te sientes parte de ese ejército dedicando su vida a la guerra para proteger a su gente, la irrupción de la voz de Fabienne también le da un toque aún más tremendo en medio de las voces de los guerreros. En medio de ese bosque la voz de Fabienne nos da la bienvenida a Artio, diosa oso de la vida salvaje y principal protectora, una nueva oración que esta vez incluso te hace sentir hasta conmovido, las líneas vocales compuestas para este track tienen una carga mucho más emocional, logrando mover ciertas fibras internas que te llegan a dar escalofríos sin necesidad de utilizar potencia ni nada, sólo con una tremenda voz femenina y una orquestación de fondo sencilla pero maravillosa.

Nos encontramos con un nuevo pasaje instrumental, Aventia, la diosa de las fuentes de agua fresca, una flauta con un tono grave nos acompaña en este paseo, donde nos pareciera ver el río correr y una especie de hada bailar sobre él porque sí, cerrando los ojos y simplemente disfrutando estos tracks tu mente logra imaginar lo que la banda quiere transmitir. Hacia la medianía del tema parecieran aparecer los hombres festejando las bendiciones de Aventia, la que toma un poco más de potencia hacia el final del tema, aumentando incluso la velocidad como invitando a ser parte de esa fiesta.

Ogmios, dios de la elocuencia, arranca con un sonido que nos recuerda la inmortal “Inis Mona“, de hecho, pareciera ser una especie de autoplagio musical ya que derechamente es la misma melodía pero en versión acústica, quizás podría complicar un poco su disfrute porque es imposible tu cabeza no se vaya corriendo a esa joya que es el “Slania” (2008), lo que no lo hace un mal tema pero sí pareciera no haber sido una buena idea incluirlo en un estilo mucho más delicado que su versión original. En una línea más experimental aparece Esvs, la que nuevamente pareciera ser una oración, con una guitarra como principal protagonista, donde la voz de Erni se pasea de una manera angelical por sobre la base rítmica y melódica que crean especialmente para ella, una experiencia sonora tremenda aunque por momentos pareciera no encajar del todo en el trabajo final. El pasaje en que la voz de Fabienne se escucha casi en vacío es tremendo y el acompañamiento de las demás voces a coro le dan un toque tan profundo como profano, simplemente una maravilla.

Nos empezamos a acercar al final con Antvmnos, la que arranca nuevamente con la guitarra pero esta vez bajo la lluvia, con un ritmo notablemente más lento y quizás hasta nostálgico, con una melodía bastante clásica, tradicional, que por más que lo intenté no pude recordar su nombre dentro del folklore celta. Una adición de muy alta calidad que nos regala un momento de descanso y relajo que pareciera no querer evocar más que esas sensaciones. Tarvos II (Seqvel) nuevamente nos remonta un poco a “Slania”, como continuación del tema presentado en dicho disco, donde finalmente podemos escuchar un poco la voz de Glanzmann como protagonista de un corto pasaje, levantando todos los sentidos que pudieran haber quedado adormecidos con el relajo del track anterior con su ritmo y melodía.

La tripleta final comienza con Belenos que nos devuelve a lo lento y a lo duro que puede ser recordar ciertas cosas con sólo el sonido de sus instrumentos, la nostalgia envuelve este tema instrumental pero sin llevar a la tristeza sino más bien a una especie de resiliencia, como queriendo recordar que todo sucede por alguna razón y siempre se debe recordar. Un tema difícil de descifrar o de comentar pero que tiene su posición bien ganada en el disco. Continuamos con Taranis que viene a ser quizás el tema más potente y pesado del disco pero que aun así no se desalinea en ningún momento del resto, no se escapa como cautivo liberado hacia el Metal sino que en la línea folclórica y acústica que nos regalan nos trae un poco más de potencia, especialmente al momento de irrumpir las voces que gritan desde la distancia su llamado casi final para dar paso al cierre del disco, Nemeton, donde nos sentimos como en las puertas del inframundo, viendo como pasan y pasan almas mientras escuchamos voces conversar sin que nos dé miedo, porque la evocación ha terminado y ya pudimos conocer todo el panteón.

Dieciocho tracks en cincuenta y tres minutos nos regalaron un viaje por lo profundo del bosque para conocer a las distintas deidades que los suizos nos quisieron presentar, un trabajo que demuestra Eluveitie no está atado a un sonido en particular y que, si bien hacen un excelente Metal, para la banda (o para Glanzmann que es el único miembro original que queda) lo importante es compartir sus raíces, sus creencias y su bagaje cultural con el mundo, porque definitivamente este disco de Folk es de primerísima calidad, aun sin contar con el Metal que quizás se podría haber esperado. Ahora, es hora de ir y ponerle play al disco, sentarse en un sillón (o mejor aún si puedes hacerlo en el pasto con audífonos) y disfrutar de “Evocation II: Pantheon” sin preocuparte de nada más que escucharlo como una sola pieza.

Es difícil decir si el cambio de miembros afectó en algo al sonido de la banda porque no podemos comparar un disco de Metal con éste pero no queda duda que el genio musical en la banda y la capacidad ejecutoria de cada uno de los elegidos para formar parte de ella es superlativo. Hablamos de una banda que ya tiene casi quince años, que ha tenido importantes cambios y, aun así, nos sigue regalando tremendos registros como éste. ¿Le falta más Metal? Quizás, desde algún punto de vista, podría ser necesario pero en lo personal siento que el folklore europeo tiene esa ventaja de poder sonar metalero sin necesidad de ser Metal y eso Eluveitie lo tiene más que claro.

 

 

Night Sight – The Beginning

Un oscuro comienzo de un cambio de paradigma. Hace dos años, Night Sight hizo su debut con “No Way Out, treinta y tres minutos cargados de Thrash en la línea de Slayer, como lo contamos en su oportunidad en la revisión de este discazo. Sin embargo, ahora es el turno de “The Beginning, un disco que sin dejar su esencia Thrash “Bay Area”, explora mucho más las melodías del Heavy Metal y evoca una oscuridad anterior hacia los tímpanos; haciendo resurgir el recuerdo del “Show No Mercy, del “Killing is my Business…, de Mercyful Fate y los numerosos e influyentes grupos de la “nueva ola del Heavy Metal británico”, que parecieran ser irreplicables en su mística old school. Night Sight se conforma en la actualidad por Mauricio Soto en la batería, Franco Troncoso en las guitarras y José Marvel en las voces. Quien domina el encordado grueso todavía es incertidumbre y públicamente no se han dado a conocer roles activos en el presente álbum, esperamos que en algún futuro la banda nos ilumine con respecto a esto.

Una solitaria y rápida guitarra aparece luego de una moderada canción introductoria para efectos de intriga, este es el comienzo de Amnesia, un potente tema resuelto en dos intensos minutos en donde lo único que se extraña es un sonido más análogo y expandido de los platos de la batería, en esta ocasión, del ride que acompaña el coro y pre-coro. Este sonido pulcro y limpio de la batería se extiende a lo largo del disco, restándole el efecto avasallador que tiene, por ejemplo, la batería reverberada de Pete Sandoval o Dave Lombardo. En otras bandas no sería una característica tan clave, pero una batería imperfecta vaya que reforzaría ese toque “vieja escuela” que posee este disco.

El bajo se hace notar en la banda con un estilo percutivo y marcado en la frecuencia aguda, imposible no notarlo, imposible no cabecear con él. Su presencia rítmica se hace notar fuerte en Other Side of the Mirror, canción que explota en los oídos después de las primeras líneas del verso y con unos riffs que ya quisiera MegaDave. La temática paranoica de la canción continua con Don’t Speak on my Mind, que se va presentando prudentemente para luego sorprender y estallar con una subida de tempo en el coro, donde José nos muestra en el coro a armonía dual que su voz distorsionada no sólo funciona para los tonos bajos de Other Side Of The Mirror, sino para incluso gritos en falsete que, sin exagerar, median entre el joven Tom Araya y King Diamond, y si no lo creen, es cosa de escuchar el track siguiente: Blinded, que deja en claro que este disco supera al anterior en insanidad. Se trata de una canción relativamente sencilla, pero que por sus aceleraciones y desaceleraciones también es una de las más dinámicas del disco. Ese coro fantasmal que introduce el disco y que como leitmotiv acompaña el resto de los coros, le da el toque de horror a esta pesadilla del hombre materialista y codicioso.

Y continuando con la lírica condenatoria, Fuck Off es una cátedra de Thrash a riff cabalgado que nuevamente engancha con la transición de sus componentes rítmicos. Lamentablemente, los platos condenan la canción—sobre todo uno de los crash, que derechamente no suena bien—, junto con la caja, que si bien no suena mal, los fills quedan planos y con poco matiz en una canción que depende de ellos para conectar el acelerado coro. Del séptimo track, Who Are You?, destaca por sus letras cargadas de una visión nihilista e irónica sobre la corta vida humana. Su musicalización es bastante simple y estándar en comparación a las otras canciones; aspecto que está lejos de ser una característica negativa, sino todo lo contrario, ya que la melodía se hace más importante que el ritmo, probando así que Night Sight tiene la capacidad de hacer buen Heavy Metal clásico.

Mi predilección se la lleva Those, canción donde las guitarras se hacen protagonistas con increíbles solos que no se extienden más allá de la cuenta, más un interludio de acústica de doce cuerdas que junto a los suspiros de José le dan un toque siniestro preciso. Poco tiempo pasa para dejar de comparar el inicio con Tornado of Souls, esta canción representa la magia que envuelve la composición de este álbum, que aparte de la furia juvenil de bandas legendarias, también contiene un tinte de madurez de los elementos atmosféricos que se logran transmitir con melodías bien trabajadas. Y eso que no soy fanático de los fade-outs, el final de la canción es simplemente genial, me hizo pensar en las armonías de Andy LaRocque (Death, King Diamond), uno de mis guitarristas favoritos. Lo mismo se puede decir de la canción que finaliza el disco: En Coma, tema en nuestra lengua que tiene todos los elementos de culto, tanto del Thrash como del Heavy, separados cada uno por la mitad de la canción respectivamente. Un mosaico de ritmos que pasa rápido por los oídos, pese a que no tenga tanta diferencia de tiempo con las otras canciones, y que bien está elegida como single, ya que adelanta el potencial que trae este disco.

 

 

Ensiferum – Two Paths

Para nadie es un misterio que luego de la publicación de “From Afar” (2010), Ensiferum ha divagado entre álbumes poco consistentes que cada vez los alejan más de su peak tanto en composición, como en popularidad alrededor del mundo. No es de extrañarse entonces si surgen opiniones divididas respecto al presente de la banda. Es así como “Two Paths” asoma como una gran oportunidad para reivindicarse y retomar el rumbo que los convirtió en uno de los pilares fundamentales de esa ola de Folk Metal que nos azotó hace algunos años.

La intro Ajattomasta Unesta es épica como pocas. No mentimos al decir que bastan un par de compases para situarse dentro de una batalla de grandes proporciones. Al ritmo marcial se le suma una tenue voz femenina que solo logra ir subiendo la tensión segundo a segundo hasta que la banda deja caer todo su peso donde la armonía en las guitarras y los arreglos orquestales destacan por sí solos. Rápidamente pasamos a For Those About to Fight for Metal, que con total seguridad afirmamos que es uno de los puntos más altos del álbum. De inmediato es necesario recalcar que la acordeonista Netta Skog aparece en los créditos como compositora. Entonces, básicamente es el opening track al que nos tienen acostumbrados y que ya resulta ser marca registrada de la casa. Riffs gancheros y repetitivos, doble bombo a más no poder, arreglos corales y orquestales, que finalmente abren paso a un estribillo hecho para cantarlo con el puño en alto: “For those about to fight for metal/ Gods of war salute you all/ For those who’ll never lower their blade/ We’re blood brothers till the end“. ¡En vivo será notable!

Al igual que su predecesora, Way of the Warrior se encuentra dentro de lo más destacado del LP. En primer lugar, imposible no elogiar la gran pegada de Janne Parviainen durante todo el tema. Logra llevar con total soltura cada uno de los pasajes, haciendo que la canción fluya y se transforme en un hachazo de aquellos. Así, el grito inicial de Petri Lindroos no hace otra cosa que incitar al caos y al descontrol mientras escuchamos un huracán de fondo. Considerando esto último, desde luego que el trabajo de las guitarras es arrollador a medida que se intercalan los riffs más pesados y los interludios antes de cada estrofa. Los frases desgarradoras son acompañadas de forma precisa hasta que llegamos al coro “It’s the way of the warrior/ This path before me/ Destined to be the king/ Of battlefields!” que rápidamente te queda dando vuelta en la cabeza. Por último, suma atención con las segundas voces y con la parte instrumental, ya que nada es dejado al azar. Al hueso y sin pretensiones.

En absoluto contraste, Two Paths es una pieza un tanto más densa y algo más difícil de digerir. Los “dos caminos” se ven reflejados en la interpretación vocal de ambos guitarristas (voz limpia y gutural). Y esto la verdad es que es un poco contraproducente, ya que la voz de Markus cuesta encajar dentro de la primera estrofa y el primer estribillo. Suena un tanto fuera de lugar y por momentos le falta fuerza en su interpretación. Eso sí, una vez que Petri entra de lleno en el tema, este recién agarra un poco de fuerza y de empuje mientras Janne y Sami aplastan todo de fondo. Lamentablemente la idea era bastante buena y predecible, pero se ve un tanto opacada por la gran diferencia que mencionamos anteriormente.

Volvemos al vértigo en todo su esplendor con la notable King of Storms. Nuevamente Janne se luce de principio a fin con un trabajo sobre el ride ejecutado a la perfección. Eso como primer aspecto a destacar. Luego, junto a las guitarras más filosas y “callejeras”, encontramos arreglos orquestales más bien discretos, pero que en su conjunto logran que en cada una de las partes donde se hacen presentes se alcance una gran cohesión. Además, suma atención con la parte de los solos en la sección media-final, que si bien no es tan extensa, no se guardaron absolutamente nada. Lo demás ya es tierra conocida. Gritos, coros épicos y un headbanging que no se toma pausas.

Y bueno, una de las mejores formas de aprovechar a Netta Skog es su gran talento para el canto. De esta forma, Feast with Valkyries está interpretada en su totalidad por la acordeonista. El ritmo mid-tempo acompaña de forma óptima la historia que se cuenta y la forma que tiene la finesa para entonar cada una de las frases. A su vez, el estribillo fue hecho para cantar y bailar de acuerdo al festín en el que nos sitúan: “High to the skies, across the seas/ Woods of the north and mountain peaks/ The song will sound through history/ Tonight we’ll feast with valkyries“. La función de entretener y llamar la atención de forma positiva se cumple a cabalidad. ¡A disfrutar!

Don’t You Say es quizás una de las más llamativas considerando el concepto general de este trabajo. Resulta un tanto “extraña” puesto que más bien hablamos de un corte que oscila entre un Rock más radial y festivo, pero sin dejar el típico sonido Folk de los fineses. Esto último se aprecia desde un comienzo cuando escuchamos el ritmo de la batería y la melodía principal que acompaña toda la canción. A destacar también la constante participación de Netta tanto en los coros como en la instrumentalización. A su vez, no se sorprendan si el fraseo de Markus Toivonen les recuerda a Christopher Bowes (Alestorm) durante gran parte de la lírica. Lo cierto es que es una mezcla que en el balance final termina por convencer de gran manera. Quedan cordialmente invitados a cantar el “Don’t you say it’s the same old story/ don’t you say I came too late…“.

De lleno en la segunda mitad del LP, I Will Never Kneel asoma por lejos como uno de los puntos más bajos dentro de todo el tracklist. Si bien en un comienzo pareciera ser otro tema directo al hueso, cada vez que escuchamos el “I will never kneel…” entramos en un letargo y en una monotonía que cada vez resulta menos provechosa. Lo único destacable quizás es el pasaje donde nuevamente Netta Skog logra una interpretación vocal sobresaliente y muy acorde a la atmósfera que se crea en la parte media. Pero esto es solo algo pasajero, puesto que pocos segundos después volvemos a los aspectos negativos ya descritos. Por el contrario, God Is Dead probablemente es la composición más festiva y vertiginosa de todas. Con algunos tintes propios de Turisas (¿coincidencia?), todo parece ser un caos y una celebración digna de los paganos. Aún así, bastante poco es lo que llega a aportar en el balance general. Se sostiene solo por la calidad de su predecesora y su ubicación dentro del álbum.

Casi finalizando, Hail to the Victor es otra pieza densa y pesada que no logra renovar energías considerando que prácticamente es el ending track. Más aún considerando que la letra intenta ser épica y grandilocuente conforme la canción va desarrollándose. Es así como nunca toma la fuerza necesaria y se queda corta dentro de su propuesta. La parte instrumental logra refrescar un tanto los ánimos, pero súbitamente se pierde la inspiración con el “Hail to the Victor…”  al igual como ocurre en I Will Never Kneel. Luego Unettomaan Aikaan asoma como el outro donde el acordeón, la sección de cuerdas y la misma voz femenina que abre este trabajo se hacen presente.

Por último, y a modo de bonus track se nos presenta la “versión alternativa” de God Is Dead y Don’t You Say. A ojos cerrados esta última es la más recomendable, ya que en esta ocasión las voces están a cargo de de Petri y vaya que las cosas cambian. La intención no es desmerecer ni quitar mérito a la propuesta original, pero resulta bastante interesante tener la perspectiva de los guturales interpretando el estribillo con una potencia envidiable. Ojo ahí.

A modo de conclusión, a todas luces “Two Paths” está lleno de altibajos y de contrastes que no resultan muy placenteros. La baja considerable en las composiciones de la segunda mitad de la placa no se puede pasar por alto. Y es una lástima, puesto que los temazos que abren el disco pueden resultar opacados injustamente. Ahora, centrándonos en los aspectos positivos, la participación de Netta es el primero de ellos. Gran, gran acierto al incluirla en el trabajo vocal de cada una de las pistas. Los coros suenan poderosos y brillan con luces propias. Por otro lado, la base rítmica a cargo de Janne y Sami es simplemente descollante. Nada más que acotar al respecto. Finalmente -y volviendo unas líneas atrás-, las canciones más destacadas con total seguridad están llamadas a convertirse en clásicos instantáneos. Solo esperen a ver lo bien que funcionarán en vivo y en directo.

 

 

Nocturnal Rites – Phoenix

 

Tuvimos que esperar diez años para poder volver a escuchar toda la potencia de Nocturnal Rites, un tiempo en el que llegamos a pensar incluso que quizás nunca volveríamos a disfrutar de esos tremendos riffs que nos regala la mente de Fredrik Mannberg, interpretados por él mismo y por el talentoso Per Nilsson, que vino a unirse a la banda este mismo año, además de la icónica voz de Jonny Lindqvist.

Diez años de espera no fueron para nada en vano porque finalmente terminan con el lanzamiento de “Phoenix”, trabajo para el que nos fueron preparando con distintos singles como Before We Waste Away, A Heart As Black As Coal”, Repent My Sins y What’s Killing Me, los que empezaron a acelerar los corazones de todos quienes esperábamos con ansias el regreso de uno de los íconos del Power Metal.

Todo esto arranca con A Song For You, una midtempo poderosa que parece estar dedicada a todos los que aguardamos durante diez años la esperanza de volver a escuchar a los suecos y hoy nos deleitamos en este opening track, uno que no deja indiferente desde el segundo uno porque, a diferencia de lo común en un disco, arranca con un riff lento y pesado sobre el que de inmediato la voz de Lindqvist se hace presente con líneas vocales que nos transmiten un montón de energía sin mayor esfuerzo, con una tremenda base rítmica del siempre presente Nils Eriksson y sus cuatro cuerdas además de la batería de Owe Lingvall. Un regreso a las canchas correctísimo por donde se le mire.

Repent My Sins la conocimos hace poco como uno de los singles anteriores al lanzamiento de este trabajo. Acá podemos disfrutar de líneas vocales mucho más dinámicas donde la voz de Lindqvist se pasea un poco más por su rango de voz, con un tono quizás no tan nostálgico como el que se pudo apreciar en el track anterior sino más esperanzado, por decirlo de alguna forma, con un pequeño quiebre rítmico en medio de la sección de solos donde caemos levemente en ese ambiente oscuro que pareciera ser parte fundamental del sonido de estos muchachos. Si bien los riffs evocan emociones quizás un poco más alegres, es precisamente en esos pasajes más oscuros donde uno pareciera sentirse un poco más “en casa” con Nocturnal Rites.

Lo siguiente también lo conocimos antes, A Heart As Black As Coal, la que ya agarra más potencia y peso que las dos canciones anteriores, con riffs más oscuros que nos transmiten un poco de rabia. Al quiebre rítmico pasado la mitad del track le cae la responsabilidad de permitirnos disfrutar más a destajo de los solos de las guitarras de Mannberg y Nilsson, una tremenda sección en este bien elaborado tema que nos trae un pequeñísimo problema: los ritmos contenidos que nos vienen entregando, ya que, hasta este punto, se extrañan un poco ritmos más desatados pero, sin embargo, no deja de ser un tremendo trabajo.

Lo primero que conocimos de este regreso fue Before We Waste Away, la que mantiene este ritmo que veníamos escuchando pero se empieza a acercar un poquito a la velocidad que uno quisiera escuchar de estos muchachos. Acá lo que más sobresale son, claramente, las líneas vocales, especialmente en el coro donde la voz se ve reforzada, dándole un toque de pomposidad preciso, ni exagerado ni somero, repitiendo la fórmula del quiebre rítmico para la sección de los solos lo que le ha venido dando a todas las canciones una dinamicidad interesante… creo no hay mucha más novedad que podamos decir sobre la primera canción que conocimos de este regreso.

Entonces arrancamos con el último single antes del lanzamiento, What’s Killing Me, la que reduce considerablemente la velocidad en la estructura rítmica pero sin afectar mayormente el contenido final, regalándonos una midtempo donde el ritmo es, por decirlo de alguna forma, más juguetón, aún en su cadencia, lo que le entrega a esta pieza un toque dinámico que no pasa desapercibido pero que tampoco es exagerado. Mención especial para el riff de las guitarras que suenan tremendamente pesadas sin sonar “malas” en el sentido del Metal “malulo” y, como ya nos acostumbraron, el quiebre rítmico para la sección de solos es un lujo más en esta tremenda placa.

Y, de repente, justo en el punto medio del disco, ¡paf! Llega la velocidad con The Poisonous Seed, una base rítmica relajadamente rápida, con un alto juego de la batería, que nos regala un toque medio arabesco, lo que permite que, al terminar la canción, todos se hayan podido lucir en cada uno de sus instrumentos, Mannberg y Nilsson en la sección de solos, Lingvall y Eriksson con la base rítmica y Lindqvist con un trabajo vocal digno de su talla, líneas vocales y líricas sumamente inspiradas sin necesidad de forzar su voz ni exigirse. Yo me atrevería a decir que es uno de los puntos más altos de esta placa que ya nos venía entregando puntos altos, quizás podríamos decir que el permitirse soltarse un poco para este track les resultó positivo con creces.

Bajamos levemente las revoluciones pero aumentamos el peso cuando arranca Used To Be God, la que luego de los riffs iniciales da un espacio en vacío a la voz de Lindqvist que le entrega un toque épico inmediato al track, para volver con todo a la potencia y velocidad que mantiene esa epicidad e intenta llevarla a otro nivel. Mención aparte merece la estructura lírica de esta canción ya que su contenido es sumamente profundo, la queja o lamentación de quien se sintiera o fuera un dios y lo perdiera todo. Como ya dijera antes, pareciera que les queda considerablemente cómodo este ritmo más desatado, lo que se aprecia especialmente en los juegos de batería que no sólo acompaña la base rítmica sino que, además, se muestra mucho más dinámica. Simplemente otro punto alto.

Bajamos nuevamente un poco la velocidad para Nothing Can Break Me, la que incluye unos sonidos medio electrónicos, quizás hasta medio espaciales. Acá es posible asemejar la estructura rítmica y melódica a estilos un poco más alejados del Metal, de hecho, a la oreja al menos parece ser uno de los punto más bajos de esta placa, un tema un tanto genérico que no logra movilizar muchas emociones y que, finalmente en el resultado final del disco, pasa casi sin pena ni gloria. Creo importante aclarar que no es un mal tema, para nada, pero con lo que nos entregan en este trabajo y con las capacidades de la banda se siente como que pudo ser mejor.

Con un riff más pesado nos llega la velocidad de The Ghost Inside Me, el que encima se da el lujo de regalarnos un pasaje ¡con violines! Si el tema anterior pareció genérico acá se desquitan/disculpan y nuevamente recibimos todo lo que quisiéramos escuchar de Nocturnal Rites, una base rítmica detalladamente exquisita, con variados cambios y quiebres rítmicos, con riffs poderosos y dinámicos, con líneas vocales y líricas de muy alta factura y, demás está decir quizás, una tremenda sección de solos donde ambas guitarras se lucen a más no poder, luego de la cual nos encontramos nuevamente con la voz de Lindqvist en vacío para después ser acompañado por varias voces en un coro final tremendamente épico cerrando un tema que sencillamente te golpea la cabeza todas las veces que puede.

Welcome To The End entra con toda la rabia que pareciera haber quedado estancada en el tema anterior, nuevamente con un pequeño acompañamiento de violines, con un riff rabioso y pesado y, además, una base rítmica imparable. Si el disco venía regalándonos grandes momentos, éste, sin lugar a dudas, se alza entre los mejores momentos del álbum, un trabajo que se nota le queda sumamente cómodo a los suecos con todos esos cambios, una estructura musical auditivamente deliciosa que te hace exclamar, perdonando mi francés, “¡puta que son buenos estos huevones!”. La potencia y velocidad no se toman ningún descanso, las líneas líricas y vocales están tan bien elaboradas junto a toda la estructura rítmica y melódica que te hace olvidar cualquier punto bajo que puedas haber escuchado en los temas anteriores y, dándote la bienvenida al final, te levanta el ánimo a lo más alto justo antes de terminar este nuevo trabajo.

Desgraciadamente, todo tiene su final y es así como llegamos a Flames, una nueva midtempo que del principio ya suena a himno, una especie de power ballad que relaja todas las neuronas, partículas y cualquier parte de nosotros que haya quedado pidiendo agua con los temas anteriores para regalarnos un cierre tranquilo, notablemente inspirado y que nos recuerda, nuevamente, que el buen Power Metal no siempre es pura velocidad sino que todo va en la calidad compositiva y ejecutoria de una banda, claro ejemplo encontramos en este track que nos regala un sencillo espacio de nostalgia y relajo… simplemente un cierre monumental para un regreso monumental.

Y así, con las llamas desde donde renace el fénix, terminamos este tremendo álbum que viene a terminar los diez años de espera que tuvimos desde “The 8th Sin” (2007), un trabajo tremendo por donde se le mire, quizás con un tema que deja una sensación un poco incierta pero que, sumando y restando, aprueba con creces y sin ningún lugar a dudas. Los suecos nos hicieron esperar pero creo que todos podemos estar de acuerdo en que cualquier espera valió la pena al escuchar este regreso que, además, cuenta con un trabajo de arte realizado por un chileno como Claudio Bergamín, o sea, no sólo podemos disfrutar el tremendo trabajo musical que nos regala la banda sino que también la obra de un compatriota en su portada.

Lo único que podemos esperar ahora que, muy a pesar nuestro, los once tracks de esta placa terminaron, es que no tengamos que esperar nuevamente diez años para poder disfrutar de la tremenda calidad de Nocturnal Rites y, quizás rezando a todos los dioses del Rock y el Metal, alguna vez poder verlos en nuestro país para disfrutar su sonido en vivo. Hasta que eso pase, tenemos una nueva obra maestra para escuchar todas las veces que queramos junto a las joyas anteriores de estos suecos que, aunque pasen veinte años antes de su nuevo trabajo, seguramente lo estaremos esperando y lo disfrutaremos tanto como hicimos con cada uno de sus lanzamientos.

 

 

Maze – Misery for Breakfast

A buena mesura del conocimiento de nuestros lectores, el nombre Nicolás Arce no es desconocido si pensamos en el prestidigitador de cuerdas en las filas de la Ópera Metal nacional Húsar, de Ivés Gullé. Maze, el proyecto liderado por el también productor—de bandas como Polímetro y Battlerage, entre otras—sale a la luz después de siete años de génesis. Y además de Arce en la guitarra, sintetizadores y bajos de estudio, Maze cuenta con la voz de Rodrigo Varela (Afterglow, Húsar), Vincent Zbinden en batería y su más reciente incorporación, Diego Contreras (Violent Passion Surrogate) en el bajo.

El EP se titula “Misery for Breakfast” y se compone de cinco canciones originales, más un cover a la legendaria banda noruega A-Ha; un eco de aquellos tiempos donde el pop tenía tendencias vanguardistas gracias a que los maquiavélicos estrategas de mercado global estaban recién haciendo sus planes para robar el sintetizador. Esta canción versionada y elegida para cerrar el lanzamiento es el exitoso single The Sun Always Shines on TV. La canción, pese a que incorpora riffs y doble-pedal para reemplazar el trémolo constante de la canción original, logra escapar de la tentación del versionado mediocre según los recursos genéricos del Metal (como mal acostumbra Children of Bodom). Sin embargo, también cometen la sana insolencia—como todo buen cover debiera cometer—de quitarle autoridad al sintetizador para acentuar el toque propio. Al iniciar dando mención a la canción final del disco, pretendo trasladar a letras la impresión personal que tuve sobre esta banda: un estilo que—como ellos bien definen—tiene base en el Prog y Power Metal, pero que saca provecho de los sonidos sintéticos de forma melódica y cinemática.

Los dos primeros temas, F.E.A.R. y Endless Streams, dan una fuerte impresión de la capacidad que tiene la banda para mezclar estos dos mundos. En ambas, Varela hace buen uso de su talento al adecuar la intensidad de su voz a los segmentos de la canción que lo requieren. Sin embargo, su registro vocal impresiona aún más en la segunda canción, con un coro cuya altura tonal es comparable a la habilidad que Cedric Bixler-Zavala (At the Drive-In, The Mars Volta) tiene para lograr cohesionar un canto suspirado con uno rompe-cristales. Hacia el tercer tema, The Best Things of My Life, la banda mantiene con más moderación las intromisiones atmosféricas de los sintetizadores, lo que da como resultado la consideración de este tema como el más Power del disco. Una canción que, también por su contenido lírico en torno a la nostalgia, trae a la memoria a Stream of Counciousness, el mejor disco de Vision Divine a mi parecer. Resulta paradójico que el sonido de las frecuencias altas de la batería (platos y caja) pierdan definición y claridad en comparación al bombo y los toms (que suenan espectacular); sin embargo, con la gran cantidad de sonoridades de estos dos primeros temas, la banda opta por no saturar el volumen, lo que es un prudente acierto y una posible consecuencia de nivelar los metales percutivos.

Y luego de la explosión del tercer tema, vienen en buen lugar las power-ballads a entregar dinamismo, reforzando así la impredictibilidad de este lanzamiento. Así como en el caso de los vinilos, que daban cierta cohesión a las canciones del lado A con respecto al lado B (gran ejemplo: Sad Wings of Destiny de Judas Priest), el lado B de “Misery for Breakfast” inicia con You Step Into My Darkness. Se trata de un tema tipo I Walk Beside You de Dream Theater, que—como bien indica el título—posee una devoción declarada por parte del hablante lírico, cuya pasión se refuerza en la compañía de las guitarras en el coro. En claroscuro, The Void muestra una actitud sentimental más estoica y desesperanzada, sacando a relucir todo el potencial de los instrumentos, incluido el bajo que a lo largo del disco se muestra más bien tímido (asunto que de todas formas promete cambio a futuro con la total incorporación e influencia de Contreras). Guiado por una rítmica de cuerdas de metal acústicas, la guitarra a manos de Arce se lleva el protagonismo, intercalándose en los momentos adecuados con pesados acordes, para luego cerrar el tema pedaleando el wah en los solos.        

Con un debut impresionante, Maze rompe el silencio de su gestación con un sonido que no se ha visto frecuente en el Metal melódico nacional. Sin duda, el futuro de esta banda se escucha prometedor.

 

 

Aldaria – Land Of Light

Un despertar hacia la luz. Luego de dos años de gestación, la esperada ópera Metal “Land of Light”, llega a nuestros oídos bajo la grabación y producción de su creador, el guitarrista y compositor noruego Frode Hovd (Memorized Dreams), mezclas a cargo del maestro Roland Grapow (Helloween, Masterplan) y masterizado por Jacob Hansen (Beyond Twilight, Invocator). Un ambicioso proyecto que reúne a numerosos talentos del Power, Prog y Speed Metal. Su resultado es una impresionante evocación del Power Metal de inicios de los ‘90 hasta mediados de los años 2000. A contrario de óperas como Ayreon del holandés Arjen Lucassen o Húsar del compositor nacional Ives Gullé, los vocalistas no representan un personaje en particular sino personajes esporádicos.

El concepto temático del álbum narra una historia épica de un grupo de elegidos en una lucha de la luz contra la oscuridad, ángeles versus seres del infierno. Los contrastes cuentan con su simbología correspondiente, es decir, la luz asociada a la esperanza y la oscuridad a la perdición. Esta narración lírica está apoyada por lo publicado en la página oficial, la cual entrega más detalles de esta lucha. En resumen, en el siglo XIII se descubre en la perdida Babilonia unos manuscritos con contenido gnóstico y topográfico (algo así como los pergaminos del Mar Muerto o el Cilindro de Ciro), cuyo contenido se rumorea que fue escrito por el Creador mismo. De su contenido se extrae la existencia de esta “tierra de luz”, un mundo fuera del acceso e intervención de los humanos. Dicho descubrimiento está bajo la custodia de Roma hasta el tiempo presente y vuelve a las conciencias cuando surge un escenario apocalíptico que necesitará de la intervención de los lightbringers, seres divinos que esperan en la Tierra el llamado a la guerra del Thor del judeo-cristianismo, el arcángel Miguel. La historia, de todos modos, se abstrae lo suficiente para dejar estos antecedentes como un trasfondo, en comparación con, por ejemplo, “Temple of Shadows” de Angra, en donde el camino del héroe configura el propósito de cada canción.

Excitare Ad Lucem es el intro encargado de anteceder el primer escenario donde se ubican los héroes de esta historia. La canción ligada, Another Life abre con una marcha que contrasta con la esperanzadora voz a cargo de uno de los tres estadounidenses en el proyecto, Todd Michael Hall (Reverence, Jack Starr’s Burning Starr), que desde el 2013 es miembro de Riot V (remanente del mítico Riot), Rick Altzi, talentoso vocalista de At Vance que asumió el sublime desafío de reemplazar a Jorn Lande en Masterplan. Como vocalistas de apoyo cuenta con los suecos Kristoffer Göbel (Falconer) y  David Åkesson (Qantice)… ¡Todo un coro! Siguiendo los patrones de la ópera, la marcha de presentación asciende a notas mayores, se mantiene en su punto más alto durante el coro y luego desciende en un interludio dramático con una suerte de monólogo para transmitir las incertidumbres del conflicto por venir (“Find the glorious white light. Search disguised full of glory. Feel the dark in your mind’s sweet hope. Do we dare to believe?”). Sin embargo, yo me quedo con la sección rápida que lidera Todd luego del primer coro que cierra Rick Altzi, ya que, su voz muestra una breve reminiscencia a Rob Halford y es una bajada de tono que al mismo tiempo da pedal al ritmo, que impulsa el resto de la canción y te dice que “no todo es esperanza acá”. Esta canción, además, tiene el agrado de presentar a Uli Kusch detrás de los platos y cueros, cuyo currículum suma los titanes de Alemania, GammaRay y Helloween, y el Masterplan de Roland Grapow.

Guardians of the Light introduce al vocalista Yannis Papadopoulos (Until Rain, Wardrum) que demuestra gran versatilidad, acompañado de la voz de Åkesson, y cantando en dualidad en un coro que nada tiene que envidiarle a los “Metal Opera” de Avantasia. La canción tampoco cede en intensidad durante los versos (“There’s a dark and unspeakable creature roaming the night…”), que sin mucha intervención melódica, se mantienen pesados para cederle el trabajo a las voces, un recurso muy propio de bandas como Nocturnal Rites con Afterlife y Kamelot en The Black Halo. Los pre-coros e interludios se construyen como una rapsodia, intercalando intensidades e incorporando, incluso, una voz gutural que acentúa el aspecto sombrío del pasaje. El guitarrista de Falconer, Jimmy Hedlund se luce en esta partida con un solo moderado, pero con genial calidad de tapping. En esta canción, los encargados de la batería y el bajo son Andreas Nergård (Rudhira) y Filip Andel (Within Silence), respectivamente, y la guitarra rítmica a cargo del compositor Frode Hovd.

El disco cuenta con dos canciones para dar una pausa al tempo acelerado y alzar la llama del encendedor: Sands of Time y Trail of Tears. La primera me pilló por sorpresa al darme cuenta que el vocalista no era Roy Khan (Conception, Kamelot), sino el compatriota de Papadopoulos, Vasilis Georgiou, quien me dejó especulando mentalmente con la posibilidad de que le quite el puesto a Tommy Karevik (actual vocalista de Kamelot). Esta balada cuenta con el aporte mezzosoprano de la también griega Mina Giannopoulou (Karmic Link, The Rain I Bleed). Pero la canción downtempo que se lleva mi predilección es la segunda mencionada (séptimo track): Trail of Tears. Y ya que nos adelantamos en el disco, cabe señalar que ésta canción corresponde a la ordalía de los héroes, en términos más claros, al punto en que flaquea la posibilidad de una victoria, pero no se pierde la esperanza. La capacidad dramática de Mathias Blad (Falconer) le viene como anillo al hobbit, con intensidad y emoción que va in crescendo al contar los lentos segundos. Luego del coro, Mathias continúa (“Rise you mighty eagle, soar across the sky…”) y da un breve interludio a la canción para dar paso al solo de la mano y guitarra de Christer Harøy (Divided Multitude), para luego, junto con la voz acompañante del noruego Marius Danielsen (MD’s Legend of Valley Doom), cerrar la canción. El encargado del bajo es el hermano de Christer y compañero de banda, Rayner Harøy.

Para Lost In The Darkness Below , que narra el inicio de las aventuras a través de la oscuridad, los elegidos para las voces fueron los noruegos Pellek (Per Fredrik Åsly) y Marit Børresen, junto con un pequeño segmento de Roland Grapow con voz de narrador a lo Christopher Lee en Rhapsody of Fire. El primero cuenta con una banda nombrada según su alias, de la que Børresen es también miembro, que posee una cantidad ridícula de covers que también pública en YouTube (plataforma en la cual muchas vistas ha tenido cierta virulenta canción en español que por higiene me niego a nombrar). Su registro es bastante alto, lo que le viene bien a esta canción de Power Metal sin rodeos ni disfraces, es decir, Power a la vena. De todas formas, la voz de Børresen se roba la canción, ya que le da un contraste grave preciso en el verso, además de tomar las riendas en el coro y quedar como voz principal, siendo complementada por Pellek.

Test of Time inicia con un riff melódico en mímesis del coro, un recurso para nada desconocido dentro del Power Metal de la era Kiske de Helloween. La parte lírica describe un espacio metafísico fuera de la dimensión temporal de la Tierra. Este lugar es una especie de limbo en donde los pecadores encuentran redención o condena según la valía de sus actos. Los invitados para vocalizar este tema son Rob Lundgren, quien ha trabajado en diversos proyectos musicales como Powerdrive y The Chronicles Project, junto a Tommy Johansson, vocalista y guitarrista de Golden Resurrection y ReinXeed, que también pasó a formar parte de Sabaton el 2016. El coro no es nada inesperado, pero el verso y pre-coro—cuyo acompañamiento de arpa sintetizada despierta cierta nostalgia—definitivamente quedan sonando en la cabeza, postulando a este tema como uno de los fuertes del disco.

Where Reality Ends nos acerca, desde la ordalía, hacia el clímax de la historia. La “orquesta sintetizada”, a cargo de Paolo Campitelli (Kaledon), tiene una presencia marcada a lo largo de la canción y funciona en complemento con las guitarras. La voz de Papadopoulos regresa—con guturales incluidos—para aportar, en conjunto con el estadounidense Eli Prinsen (The Sacrified), los matices vocales. La batería nuevamente está a cargo del maestro Uli Kusch con sus reconocidos fills que sacan todo el potencial de la caja (snare). From the Ashes también marca su inicio con la guitarra siguiendo la melodía del coro. Su contenido lírico, al igual que las otras canciones, deambula por imágenes ya conocidas y símbolos asociados a la mítica clásica, siendo figura central de esta canción el ave fénix junto a otras representaciones aladas. Esta indica, evidentemente, la resurrección de la esperanza en la redención de los hombres justos. En este tema contamos con la voz de Bernt Fjellestad (Guardians of Time) con Linus “Mr. Gul” Abrahamson (Andromeda, Anton Johansson’s Galahad Suite) en guitarra líder y bajo.

Finalmente, el clímax se resuelve en Answers in a Dream, con el regreso del dúo Michael Hall/Åkesson, pero que lamentablemente queda corta de trascendencia al estar situada entre la novena y la décimoprimera—y final—canción. Es más bien una esperanzadora antesala pronta al desenlace y carece de la tensión propia de un momento crucial que se ha estado esperando a lo largo del álbum. Luego, la canción homónima del disco, Land of Light, reúne a varios de los vocalistas anteriores (punto más alto, como Sign of the Cross de Avantasia) e incluye a Siegfried “The Dragonslayer” Samer (Dragony) y al inconfundible Fabio Lione (Angra, Rhapsody) en las voces. Sin embargo, no es la única eminencia que se enlistó para esta canción, pues también cuenta con el tercer estadounidense, el bajista Mike LePond de Symphony X, cuya habilidad indiscutida no logra sacarse debidamente a relucir por la poca consideración del bajo a lo largo del disco, sin duda un punto en contra para el proyecto. Los sintetizadores están a cargo de Peter Crowley, quien queda a la altura de la canción y se funde bien entre las melodías cambiantes de la composición, incluso dándose el lujo de incluir una gaitas y flautas en un segmento en donde fácilmente se podría haber tentado con vientos más “etéreos”. Similar a “Keeper of the Seven Keys” de Helloween, el tema recorre valles de intensidad y cambios de tempo.

Frode Hovd, un músico que no conocemos del todo, promete bastante potencial al elaborar un hipotético “Metal Opera pt. III” y hacer que se sienta la distancia del nuevo Avantasia en relación de sus dos primeros discos. Proyectos con esta cantidad de músicos no son fáciles de encumbrar, es por eso que a veces se olvidan aspectos—como el sonido del bajo—o se priorizan otros que se estiman más protagónicos. Dentro de las cosas que espero en una posible secuela–además de la parte técnica y cualitativa—mayor madurez en cuanto al desarrollo de la historia a fin de no caer en clichés poco desarrollados. La ausencia de dragones y elfos no da inmunidad para no caer en este error.

 

 

Claymorean – Sounds From A Dying World

Hace un par de años tuvimos la oportunidad de conocer a CLAYMOREAN, una banda de Heavy/Power Metal de un pequeño poblado serbio que nos regaló un disco debut magistral como lo fue “Unbroken” (2015). Cabe aclarar que, si bien la columna vertebral de la banda ya existía hace algún tiempo bajo el nombre de CLAYMORE, decidieron cambiar el nombre debido a la confusión que significaba llevar el mismo nombre que otros medios, especialmente una animación japonesa bastante conocida, además, al hacer este cambio hubieron algunos cambios que consideran importantes en su formación por lo que ellos mismos insisten en que esto es una nueva banda.

Aclarado ese pequeño detalle, hoy vinimos a revisar su segunda placa que desde el nombre y la portada ya nos evocan sentimientos quizás más oscuros, así impresiona “Sounds From A Dying World” desde que nos dieron a conocer la portada hace ya algunos meses, pero definitivamente esa apreciación no se queda sólo en lo visual sino que el sonido del mismo disco nos lleva a una atmósfera mucho más oscura de lo que nos regalaron en su debut por lo que, posiblemente, más de alguno necesitará darle un par de escuchadas antes de disfrutarlo a concho.

Este nuevo larga duración arranca con toda la potencia de The Road To Damnation, donde de frentón nos encontramos con un sonido más pesado y oscuro en los riffs y la base rítmica, lo que se ve aún más reforzado cuando la voz de Dejana Garčević hace su aparición con un tono mucho más grave y menos angelical de lo que nos regalara en la primera placa, haciendo lujo de las dotes “heavymetaleras” de su voz, con un carraspeado exquisito que le da el toque preciso de agresividad a un sonido pesado que ya nos regalan las guitarras de Vladimir Garčević y Uroš Kovačević, es un comienzo que quizás no se esperaba pero que anima inmediatamente a seguir escuchando lo que se viene por delante.

La velocidad baja un resto y nos lleva a un paseo un poco más épico con Old Mountain, quizás hasta con un toque más folk que se siente refrescante y muy bien ejecutado, aquí la batería tiene mucho más juego y permite que la voz de Dejana se acomode cual canción de cuna en las estrofas, con una guitarra simple y liviana que permite sea la voz la protagonista hasta que llegamos al puente, donde todo el Metal vuelve y la dulce Dejana se convierte en toda una guerrera llamando a la batalla para dar paso a un coro melódico y estilizado. Este tema tiene la particularidad de viajar por pasajes tan distintos entre sí que se disfruta en cualquiera de sus momentos, especialmente gracias a esas diferencias de ritmos. Sin lugar a dudas uno de los momentos más altos de la placa.

Esto continúa con Cimmeria, la que nuevamente arranca con riffs pesados y lentos, acompañados de líneas exquisitamente definidas del bajo de Goran Garčević. Ahora Dejana se permite ser potente y melódica a la vez, mostrando toda su tremenda calidad vocal mientras las guitarras nos regalan unos riffs de muy alto corte y, en la mezcla, se logra un himno de Power Metal guerrero sin necesidad de acudir a la agresividad, algo que no siempre se logra. Distinción aparte para la sección de solos donde la guitarra de Vlad “Invictus” Garčević se luce indiscutiblemente y para el final a dos voces de Dejana, como se dice por allí: un “manjarsh”.

Lo siguiente ya lo conocimos pues fue el primer single de este trabajo y hablamos de Blood-Red Shield. Un comienzo por todo lo bajo de la velocidad, del ritmo y de los ánimos en general, donde nuevamente podemos disfrutar la “versión angelical” de la voz de Dejana, quien se luce además al cambiar, junto a la música, su cadencia y potencia. Sin aumentar prácticamente la velocidad y casi manteniendo la base rítmica inicial todo cobra potencia y peso, con las guitarras haciendo un juego exquisito entre riff y punteo, con una base melódica tan delicada como oscura, la que sufre un quiebre a los tres minutos para agregar mayor agresividad al trabajo pero manteniendo ese ritmo lastimero, el que sólo se ve ligeramente acelerado por el solo de la guitarra.

Súbitamente volvemos a la potencia con Rage Of The White Wolf, la que recuerda en su comienzo un poco a algunos pasajes de TÝR, lo que se diferencia inmediatamente cuando nos regalan todo su Heavy Metal, quizás en honor a un lobo cazador, con una velocidad que levanta todos los ánimos, una Dejana acompañándonos con su voz melodiosa a través de este paseo hasta que post coro nos lanza de esos gritos que nos recuerdan el llamado a la batalla que estamos escuchando. Recordándonos que esto se trata de “fire and blood”, que la rabia no se acaba tan fácilmente y la música de estos serbios nos mantiene siempre alertas. Un acierto musical por donde se le mire.

The Final Journey tiene un pequeño problema y es que, al comenzar, te parece que acabas de escucharla porque tiene cierto parecido a Old Mountain. No es un autoplagio ni nada parecido, tienen importantes diferencias pero pareciera que la estructura es tan parecida que a la simple escucha da la impresión de repetirse el sonido. Fuera de eso, una vez superada la parte introductoria nos dejamos caer de lleno en Heavy del bueno, manteniendo todo el rato un estilo tradicional que en vivo simplemente debe romper cuellos al momento del coro porque es uno de los temas más gancheros de la placa, que te llama a cabecear y dejar el alma cantando “last song of countless voices, last breath of ancient home”, antes del tremendo coro, otro punto notablemente alto de este trabajo, a pesar del detalle inicial.

Ya casi terminando este corto recorrido nos vamos a las profundidades de la locura y la soledad con Blackest Void, casi un saludo a la inmortal Black Sabbath de los viejos de Birmingham. Un toque tan oscuro como pesado que se ve quebrado por la voz de Dejana, quien de a poco va levantando la potencia de su voz manteniendo esa estructura “sabbathica”, que se disfruta de una manera impresionante porque, aunque el oído pueda asimilarlas, en ningún momento da la impresión de ser una copia o plagio y, encima, el coro nos transporta como por sobre ese vacío para que lo podamos ver desde arriba y nos deja caer nuevamente al centro de él, donde nuevamente la voz de Dejana nos arrulla y continúa con el viaje. Si bien es una de las piezas menos Heavy Metal de la placa, es tan melódica y rítmicamente exquisita que cuando llega el solo de Vlad ya estamos totalmente entregados al vacío y ya nada puede evitar disfrutarlo con todo…

Y como nada termina hasta que termina, los serbios nos regalan un cover a Cloven Hoof y, es así, como terminamos este trabajo con Astral Rider. Levantando todos los ánimos y sensaciones adormecidas con el tema anterior, ahora con una dosis de puro Heavy Metal que levanta a cualquiera. Una patada en la cara para que cualquiera que se haya quedado pegado en el “vacío más oscuro” vuelva a la realidad con toda la potencia que Garčević y Kovačević nos pueden regalar, especialmente a la hora de los solos que es el momento más metalero del tema, los solos más cancheros de toda la placa, simplemente un cierre de tremenda factura tributando a unos grandes del Heavy Metal clásico, dejando claro que estos muchachos son los “nightriders on the astral planes” y nos seguirán regalando tremendos momentos de Metal.

Con sólo cuarenta minutos CLAYMOREAN se conforma y nos regala un tremendo registro, mostrando una evolución importante e interesante desde su anterior placa (y más aún si consideramos la historia anterior de la banda), donde nos encontramos con más variación de ritmos, con líneas vocales considerablemente maduras y serias, con guitarras mucho más confiadas y seguras, donde ya no hablamos sólo de una banda de un pequeño país que sólo promete mucho sino que podemos disfrutar toda su potencia y calidad compositiva.

Como adelantaba al principio, quizás cuesta un poco digerir esta placa debido a sus importantes diferencias con su trabajo anterior pero, sin lugar a dudas, es un excelente álbum de Heavy Metal que no puede dejar indiferente a nadie con sus tremendos quiebres rítmicos. Un trabajo que, con sólo siete temas originales y un cover, nos logra regalar tanto creo que deja claro que la banda tiene mucho más para entregar. Al consultarle a la banda por qué tan pocos temas con toda confianza indican que poner más tracks hubiera comprometido la atmósfera que lograron en el disco y, como cantidad no significa calidad, no quisieron poner en riesgo el álbum y ¡vaya que tomaron una buena decisión!

 

 

7° Richter – Time Of Collapse

Siente el rugir del metal de las entrañas de la tierra. Sé testigo de la salvaje naturaleza del caos. “Time of Collapse” es el título del álbum debut de la banda de Heavy/Speed metal, 7° Richter. Con epicentro en Curicó, esta manifestación sónica está conformada por su compositor principal, Cristian Cordero, y Pablo Allendes en las guitarras; Jorge Rojas en el bajo; y los ex Iceberg, Juan Valderrama en la batería y César Yuivar como vocalista, junto a Natalia Soto como voz de soporte.

El track encargado para abrir el álbum es Mindquake, una potente introducción instrumental que se acerca en efecto doppler y libera una descarga de Metal a la vena. Guiados por un sonido—quizás demasiado—seco de la batería, los instrumentos se exponen por primera vez a fin de aclimatar nuestros oídos a lo que está por venir, pero no sin antes interrumpir el momentum y bajar el tempo para un espectacular cierre melódico. Lo que nos lleva al segundo tema, Demons Alive, en donde la lucha interna de un hombre que pierde la batalla contra sus demonios se relata a través de la voz de César, que hace su aparición demostrando su poderosa voz y expresión en los tonos altos—muy similar al estilo de Henning Basse (Metalium, Firewind)—, escoltado por Natalia en los coros e interludio.

La canción homónima al álbum, Time of Collapse, lleva a pensar en la ilustración de este, a cargo de Jaime Guerrero Salamanca, que tiene a la muerte como motivo principal, utilizando diversas claves y referencias visuales —tales como el cuervo, el as de picas y “La puerta del Infierno” de Rodin— para reforzar la semiótica de este apocalíptico escenario, pero más importante aún, para entregar la atmósfera apropiada para el disco. Con una conducción efectiva a mano de las guitarras, la canción juega con las intensidades de los riffs, que se encargan de estructurar sus segmentos, cuyo resultado—más la temática de corte distópico—resulta fácil de comparar a la calidad de Iced Earth.

La participación de Natalia Soto adquiere importancia definitiva en Inorganic Fields, ya que, junto a Yuivar, logra un gran contraste melódico a la progresión de acordes menores que definen el coro. Luego tenemos la condición humana del hijo de Dios, que es la temática principal de Blood Divine, track que bautizó el primer demo de la banda el año 2012. Se caracteriza por ser una canción bastante dinámica, rápida y con un interludio instrumental que cae bien a todo fan de Iron Maiden. Sin duda, canción candidata a convertirse en un futuro clásico de “7 grados”.

La sexta canción, Stolen Lives, cuya temática pareciera ser una secuela de Demons Alive, impresiona dando un giro atmosférico, más intrigante y oscuro. Posterior a los acordes iniciales, una caracterización demoníaca resuena tras la presencia vocal de César, un acierto sencillo que tiñe la canción con el carácter que exige su contenido lírico y los riffs en tonos siniestros.

Y a propósito de siniestros, otro de los “clásicos” del demo, Bajo La Sombra De La Cruz es un ejemplo del potencial que tienen los riffs neoclásicos para hacer poderosa una canción que nuevamente tiene mucho en común con Iced Earth, parecido que se acentúa, además, con los desgarradores gritos de César para complementar su propia voz durante los versos. Su contenido lírico se queda algo corto de la profundidad que los otros temas expresan, posiblemente debido a que está escrito como una declaración acusatoria directa, al estilo de Spiritual Dictator de Gamma Ray. De todas formas, bienvenido es el uso del español en sus letras, que también es el caso de Tentación y Sangre de tu corazón, canciones que suenan muy bien en el idioma y eximen a la banda de caer en errores gramaticales y pronunciaciones duras. Muy lejos de cambiar la sonoridad estética que brindan los fonemas anglosajones, las canciones en español suenan igual de potentes que aquellas en inglés, incluso tratando tópicos más dantescos (en el sentido amoroso); ejemplo de esto es Sangre De Tu Corazón, temazo de inicio a fin donde Natalia nuevamente entrega geniales intervenciones.

Sin pretensiones de parecer chanta de matinal con esta declaración, doy por escrito que tendremos más sacudidas de 7 grados en el futuro, ya que este debut no da la sensación que se trata de una banda emergente, sino de una banda de miembros con evidente experiencia, que ha sacado a la superficie solo la punta de un iceberg profundo.

 

 

SAR – Instrumental Dark

Para aquellos que tuvieron el placer de asistir en junio de este 2017 al festival que trajo a Carcass de vuelta a nuestra tierra, la guitarra de Sergio Aravena no es extraña a sus oídos. El músico oriundo de Rancagua—guitarrista de las bandas Thrash Forahneo y Torturer, así como también de la banda Heavy/Power, Rebelion—, hace un giro introspectivo sobre su carrera y lanza el primer EP de su nuevo proyecto personal: SAR, donde, además de la guitarra, ejecuta el bajo y programa las baterías. Elaborado de forma independiente en su estudio personal, Instrumental Dark, del sello Best Foe, cuenta con la masterización y mezclas del brasileño Victor Hugo Targino, quien—además de lanzar Perfidy como guitarrista junto a Forahneo— también ha sido hombre tras perillas en el LP Age of Decadence” de los nacionales Necrosis.

La canción encargada de abrir esta sublime sinfonía de la noche y de lo onírico es Sueño Fantasma, comenzando inmediatamente con una marcha que juega con lo melódico y lo pesado en la sección de guitarras. El bajo no se queda atrás, al principio con una línea algo tímida, adquiere notoriedad melódica pasado el minuto, distanciándose de la guitarra rítmica y complementando los acordes abiertos de esta. Pero esta montaña rusa de sweep pickings todavía no acaba con las sorpresas, ya que luego de mantenerte enganchado, el vagón se suelta en un espacio abierto donde el tempo se acelera y el cabeceo se hace inevitable.

La secuela de este extraño sueño es casi inevitable, la Pesadilla número uno toma la atmósfera antecedida y la lleva a la incomodidad extrema con notas oscuras escoltadas por barridos aún más amplios que los primeros. Lo que hace a estas canciones tan necesarias en el género, es que su potencia y virtuosismo no se excede en demostraciones de elementos técnicos, muy por el contrario, respetan la integridad expresiva de la canción, sin desvirtuarse hacia un barroquismo de notas indescifrables.

La anomalía de tempo bajo viene acompañada del feeling en la tercera canción, titulada Sonámbulo, donde la guitarra pasa a través de la vibración profunda del bajo que va marcando sus notas principales. Este paseo onírico, en similitud con For the Love of God de Steve Vai, también posee un interludio en el cual los bends sostenidos se acentúan bajo el efecto hipnotizante del wah-wah, sin embargo, en Sonámbulo no hay temor alguno de romper el esquema y reemplazar el tacto de una guitarra con chorus por un ritmo distorsionado y pesado que entrega un clímax adecuado para el tema.

Finalmente, el cuarto y quinto track, Nocturno e Insomnio, son dos caras de una misma moneda—al igual que las dos primeras canciones—que dejan testimoniado el estilo de Aravena, no necesariamente en búsqueda de un punto de comunión, sino en explotar el contraste entre el Metal extremo y la guitarra neoclásica en transiciones de intensidad. Este álbum, además de ser una experiencia sonora impecable, es una referencia cualitativa concreta a la hora de imaginar el nutrido potencial de los músicos que conforman la escena metalera del país.

 

 

H&H – Resilience

Tras cinco años de ausencia, los oriundos de Talca nos presentan su tercer trabajo discográfico con el que están dispuestos a seguir abriéndose paso dentro de la escena nacional, algo que hoy en día parece ser cada vez más difícil, principalmente al considerar la cantidad no despreciable de bandas chilenas que han mejorado de forma notable su producción y su profesionalismo en su propuesta. De esta manera, H&H promete no echar pie atrás y con “Resilience” prometen seguir la senda de ese discazo llamado “Unbreakable Will” (2012). Empecemos entonces.

Paths Of Doom es una pequeña pieza instrumental que sirve como introducción de cara a lo que escucharemos en los próximos cuarenta minutos. Si bien es una composición bastante breve, desde el primer segundo se logra apreciar la pulcritud y el excelente sonido que nos presentan, donde la sección de cuerdas logra recrear una atmósfera densa y lúgubre, muy acorde a la portada del álbum. Rápidamente pasamos a la poderosa Bringer of Death, single que fue dado a conocer hace un par de meses. Atención aquí, ya que los talquinos no se guardan nada y arrasan con todo a su paso, siempre comandados por la dupla de Matías y Daniel González (batería y bajo, respectivamente). Desde luego que también las guitarras son absolutas protagonistas, puesto que se despachan unos solos y una armonía en la parte instrumental digna de aplausos. Finalmente, el estribillo es pegadizo y del tipo “levanta puños”: “Bringer of death – spreading his hate all over the world / Bringer of death – straight out of hell / He will spit his wrath, merciless, he’ll tear you apart / Bringer of death – stay out of his way”. Excelente comienzo.

La rapidez y el vértigo no se toman pausa durante la interesante Molester. Nuevamente he de destacar el sonido crudo y directo que logra justificar cada uno de los pasajes de este tema. Decimos esto porque básicamente se va alternando el ritmo más pausado del verso con la violencia y la velocidad implantada en las guitarras y en la batería durante el coro. Por cierto, excelente labor la del frontman Camilo Jara de principio a fin, quién a través de la lírica lanza una fuerte crítica hacia la pedofilia y hacia la iglesia católica en general. Suma atención durante el “Get down, on your knees / God will set you free, trust in me!…”. En tanto, historia conocida en lo que a Aldo Núñez y Nelson González se refiere: solos y técnica de un gran nivel. Lo cual se repite con Imposter, quizás una de las más progresivas de este trabajo, que si bien no trae una nueva perspectiva en relación a sus predecesoras, resulta sobresaliente dentro del tracklist principalmente gracias a la naturalidad que posee al conectar cada uno de los pasajes que se van presentando. Si a esto le sumamos la calma entre el puente y el estribillo, el resultado no es otro más que una canción de gran factura. El dato freak por excelencia es el gran parecido entre el riff de la parte instrumental con el de As I Am de Dream Theater. ¡Notable!

Otro de los puntos altos sin lugar a dudas es Resilience, composición que da nombre al disco. Y es que es imposible no vaticinar el hachazo que se vendrá tras escuchar las primeras notas de la intro. Ojo, si bien a modo de resumen es básicamente un tema cañero y a la vena, a su vez logra ser uno de los más melódicos y que más detalles posee. Los arreglos de guitarra logran darle frescura y tonos más esperanzadores que se condicen con la letra, dando cuenta de la gran labor de parte del vocalista al escribirla. Así es como escuchamos versos tan potentes como “I live everyday as if it were my last / Tasting the good things in life / Nothing will ever stand on my way / Cause I won’t be weak again!”. Lo demás corresponde a un análisis personal sobre las sorpresas que contiene.

Entrando de lleno en la segunda mitad del LP, con Cancha Rayada y Deceiver se produce un contraste más que notorio. Como su nombre lo indica, la primera relata los sucesos vividos en el desastre de Cancha Rayada durante la independencia de Chile, así rápidamente nos transporta a un thrash ochentero que desborda ese sonido callejero tan propio de una banda como Ambush, por ejemplo. De esta forma, nos topamos con guitarras punzantes y un doble bombo marcando a mil que nunca desacelera. En tanto, la segunda es mucho más densa y un poco más difícil de digerir. Desde el primer segundo se nota un tratamiento distinto en la ejecución de Aldo y Nelson, llevando tal vez al límite el concepto implantando en esta placa. Ambas no logran estar dentro de lo más destacado, ya que quizás por su posición dentro del tracklist se ven opacadas por sus predecesoras.

Acercándonos ya al término de “Resilience“, The Warning solamente llega a reforzar todo lo que ya hemos escuchado hasta el este punto: Canciones poco pretenciosas, efectivas y que van directo al hueso. A modo muy personal -y a pesar de que en esta pieza no hace “nada del otro mundo”-, considero que Daniel González realiza su mejor performance dentro del presente trabajo. Solo basta poner atención a las progresiones del coro y a la parte de los solos para que se den cuenta de lo que hablo. Finalmente, el ending track es a su vez el tema más extenso del disco, con un poco de más de siete minutos de duración. Bajo esta premisa, es de esperarse que Down sea lo más dinámica y variada posible. Pues bien, en parte esto se cumple, puesto que prácticamente nos dan un paseo por varios estilos dentro del Heavy, y por momentos vaya que salen ganando, pero no deja de ser cierto que en el balance final le falta lucidez y esa cuota de sorpresa para lograr poner el broche de oro como corresponde. Por favor, a no asustarse con esto último, la canción en sí es buenísima, solo que le faltó un poco de consistencia para cerrar el LP de forma óptima.

A pesar de que durante la segunda mitad se produce una baja un tanto considerable en relación a los puntos más altos ya analizados, desde luego que los talquinos muestran una compenetración y un nivel superlativo dentro de cada una de las funciones de sus integrantes. Por instantes nos regalan pasajes musicales y un nivel de composición más que envidiable, que junto a un sonido y una producción demoledora terminan por entregar un gran álbum en este año 2017.

 

 

Rhapsody of Fire – Legendary Years

Una solitaria figura encapuchada abre una puerta cuyo luminoso interior contrasta con la penumbra del santuario en donde se encuentra… ¿ad portas de un nuevo comienzo? “Legendary Years” es el título del último lanzamiento de Rhapsody of Fire, producido por Seeb Levermann de la banda alemana Order Ogan, y que consiste en una selección de canciones de años anteriores—como sugiere el título, legendarios—regrabadas con la formación actual de la banda. Para el no iniciado en la trayectoria de Rhapsody (posteriormente Rhapsody of Fire), este lanzamiento podría parecer una simple recopilación de temas claves. Sin embargo, para la audiencia de la banda originaria de Trieste, este lanzamiento está lejos de ser un álbum de bajo perfil, pues sin duda dará mucho que hablar a los seguidores de la banda liderada por el tecladista y compositor Alex Staropoli, ya que, su contexto y finalidad no puede omitirse a la hora de su apreciación.

Han pasado siete años desde que la banda dirigida por Staropoli sufrió una importante división: Luca Turilli abandona la banda, luego del lanzamiento de “From Chaos to Eternity”, para continuarla bajo su liderazgo intelectual exclusivo, reclutando nuevos miembros, pero invitando también al destacado bajista Patrice Guers y al guitarrista rítmico Dominique Leurquin (Luca Turilli’s Dreamquest). Al igual que el baterista  Alex Holzwarth (Angra, Avantasia, Sieges Even), ambos músicos de nacionalidad francesa acompañaron a Rhapsody of Fire desde “Symphony of Enchanted Lands II – The Dark Secret”, secuela de la saga “Emerald Sword”, que dio inicio a esta nueva era que presenció—como si la modificación del nombre fuera un mal augurio—las inconformidades que distanciaron a estas dos mentes creativas que fundaron Thundercross (pre-Rhapsody).

Casos como éstos no son ajenos en el género. Algunos se caracterizan por ser retrospectivamente productivos (Metallica/Megadeth, Scorpions/UFO), así como otros por ser más destructivos y caóticos (Queensrÿche, Stratovarius). En este caso, la banda entregó sólidos discos luego de la partida de Turilli, pero tal hazaña no los liberó de caer en otra discordia. A mitad del año pasado nos enteramos de una nueva trágica pérdida para Rhapsody of Fire: la partida del inconfundible Fabio Lione (Vision Divine, Angra), así como también de Alex Holzwarth. Con estas bajas se da por concluido el segundo período de la banda. Ante la incertidumbre de los fans, a finales del 2016 Alex Staropoli anuncia, con un pequeño juego de adivinanzas por Facebook, el nuevo vocalista de la banda: Giaccomo Voli, que luego de adquirir notoriedad en su exitosa participación en la versión Italiana del show cazatalentos “The Voice”, militó en la banda Teodasia y lanzó un EP como solista llamado “Ancora nell’ombra” el 2015. A fines de mayo del presente año, “Legendary Tales” salió a la venta, dando a conocer su debut en Rhapsody of Fire. Si encaja o no encaja es materia de opinión—se dirá bien a la hora de las composiciones originales—, pero nadie puede dudar de su valentía al debutar con el listado de canciones que posee el disco.

La canción encargada de abrir este álbum es nada más y nada menos que Dawn of Victory del álbum homónimo, poderoso himno que narra la liberación de Ancelot del dominio de Dargor. Destaco nuevamente la valentía de Voli porque la comparación es inevitable y es un precio a asumir al versionar canciones de aquella dorada era. Es así como se intuye que esta canción, junto a Dargor, Shadowlord of the Black Mountain y Rain of a Thousand Flames, fue un desafío para el vocalista de Correggio debido al rango melódico bajo de los versos y pre-coros, principalmente por la falta de potencia que muestra en ellos. Sin embargo, en canciones como Knightrider of Doom y Land of Immortals, Voli entra con mayor confianza y comodidad, demostrando que su voz se adecua a los tonos altos. El inconfundible riff comienza de forma inmediata—a falta de sinfonía introductoria como Lux Triumphans en su caso—, y evidencia una de las características de la regrabación y mezcla; me refiero al sonido de las guitarras, que apuesta por tener mayor presencia que aquellas grabadas en las versiones originales bajo la producción de Sascha Paeth (Heaven’s Gate). Lo mismo se puede decir de la batería a cargo del alemán Manu Lotter (Emil Bulls, Farewell to Arms), que a lo largo del álbum hace notar su expandida configuración, agregando más rellenos y platos a la pauta original. Un trabajo que, en cierta medida, hacía falta para las versiones originales debido a la dificultad que en ese entonces Rhapsody tuvo en el tema de la batería antes de que llegara Alex Holzwarth. Recordemos que Daniele Carbonera abandonó la banda por motivos que, en síntesis de lo testimoniado por Turilli y Staropoli, corresponden a la habilidad que exigía la composición, para luego ser reemplazado por el anónimo “Thunderforce”, de quien se especula que pudo haber sido el mismo Carbonera mezclado con baterías programadas o Robert Hunecke-Rizzo en colaboración con Sascha Paeth. Sin embargo, la mejoría cobró un precio en las frecuencias bajas, ya que en esta ocasión, el bajo a cargo de Alessandro Sala (Sinestesia) quedó fuera de notoriedad significante en comparación a las versiones de Alessandro Lotta (Wingdom) y Sascha Paeth.

El encargado de reemplazar a Luca Turilli luego de su partida fue también su compañero de curso y miembro de Thundercross el año 93’, Roberto de Micheli (Steel Crown, Sinestesia). Para aquellos que esperaban comparar a estos dos guitarristas en igualdad de condiciones (en estudio) este álbum ofrece esa morbosa y lúdica posibilidad. Como dije anteriormente, los riffs suenan más pesados y definidos en su parte rítmica, pero hay ocasiones en donde la guitarra líder cae en el error de perder limpieza (error demasiado común en el metal, lamentablemente), el mejor ejemplo de esto es el inicio de Beyond the Gates of Infinity, donde luego del quiebre del intro, la guitarra de Turilli queda sola. En este caso, la novedad en la canción—aparte de la aumentada presencia de las guitarras acústicas—es el juego de guitarra líder y rítmica alternada en ambos canales de audio, pero la exagerada perilla del gain le hace flaco favor a esta espectacular partida. Como todos sabemos, Turilli es un guitarrista neo-clásico y su magia reside en el complemento de su instrumento con los bronces, coros y arpas, por consecuencia, me es imposible preferir un sonido más pesado y voluminoso a uno que a veces juega con perderse bajo la sinfonía que lo acompaña. Y, pese a que también afecta mucho la limpieza en los sweep-pickings (muy frecuentes en los solos de Turilli), solo diré que es un arma de doble filo que probó gran utilidad para los cambios de intensidad en Wings of Destiny, canción en donde también Giacomo Voli se luce y le da un toque diferente, más orgánico en comparación al estilo operístico de Fabio Lione.

Este año tuve el agrado de asistir a la reunión y gira de despedida de Rhapsody y que tenemos la posibilidad de repetir luego del anuncio de una segunda parte… pero, así como Black Sabbath sin Bill Ward o Guns N’ Roses sin Izzy Stradlin, la palabra reunión todavía me parece extraña debido a la ausencia del anteriormente mencionado Alex Staropoli. Una muestra de su potencial es el favorito de muchos: Symphony of the Enchanted Lands, por lo tanto es de esperar que las canciones que pertenecen a ese disco tengan una muestra de la experiencia y actualización de Staropoli en estas casi dos décadas que distancian su lanzamiento. The Dark Tower of Abyss tiene más que merecida esta oportunidad, su resultado fue un pulido increíble que no se puede dejar pasar a la hora de escuchar “Legendary Years”.

Hay varias “indignaciones” que imagino propias de un fan. Además de la extrañeza de re-grabar canciones con la sospecha de un fin más práctico que artístico, las dos sagas que han aportado el contenido de las letras de Rhapsody of Fire hasta “From Chaos to Eternity” dejan en claro que Luca Turilli es el ideólogo detrás de esta narrativa, por lo tanto, sin intención de acusar a Staropoli, parece un gesto casi iconoclasta el hecho de que el tracklist no respete el orden cronológico de las historias contenidas en cada canción, cosa que sí cumple la recopilación “Tales of the Emerald Sword Saga”. Pero, de todas maneras, recomiendo girar este disco no sólo por curiosidad natural, sino porque—como la ilustración simboliza—esta es la presentación de los ingredientes que continuarán con el legado de Rhapsody en caso de que la alineación del tour efectivamente se esté despidiendo y la reconciliación de los originales quede en el lado oscuro de la puerta.

 

 

Accept – The Rise Of Chaos

A estas alturas de la vida es poco lo que se puede agregar acerca del retorno de Accept, una banda respecto de la cual varios creímos, hasta hace algunos años, que ya nos había entregado todo lo que podía, y que la salida definitiva de Udo Dirkschneider había sido una daga que finalmente desangraría cualquier intento de retorno por parte de una banda extremadamente talentosa, pero que parecía haber dejado atrás sus días de merecida gloria. Por suerte estábamos equivocadísimos, y el resurgir de Accept tras la tremendamente sabia incorporación del enorme Mark Tornillo ha sido catalogado por muchos como uno de los retornos más potentes en la historia del Heavy Metal, con justa razón.

En ese sentido, lo que la banda nos ha entregado con el impactante “Blood Of The Nations”, seguido por los no menos grandiosos “Stalingrad” y “Blind Rage”, ha generado un catálogo de tal magnitud que sus temas son tan gozados en vivo como sus imperecederos clásicos de los ’80. Que la respuesta del público sea similar con Metal Heart y con Teutonic Terror o Stalingrad es suficiente resumen para destacar el estado de forma de un quinteto que, liderado por el interminable Wolf Hoffmann y su fiel escudero Peter Baltes, debió encontrar en el mercado dos buenos refuerzos tras la partida de Herman Frank y de Stefan Schwarzmann, dos connotados y experimentados músicos que quizás se hayan sentido algo incómodos con su labor más bien “de reparto” en la actualidad de Accept. Por suerte, las incorporaciones en 2015 fueron de gran nivel, con un Uwe Lulis que destiló talento en las seis cuerdas durante muchos años en otra máquina germana como Grave Digger, y el joven Christopher Williams en la batería, a quienes ya vimos en vivo como parte de la banda, pero que ahora verían su debut en las lides de los discos inéditos.

Accept es, en estos momentos, una apuesta segura, que ha logrado evolucionar desde un retorno increíble hasta convertirse en una máquina confiable y con un nivel de falla cercano al mínimo. Tan es así que la salida de un nuevo disco casi resulta como una especie de revisión técnica para esta máquina, para certificar su vigencia y su nula depreciación, y donde quizás el único elemento de cierta incertidumbre tendría que ver con cómo sonaría este trabajo con las nuevas incorporaciones anteriormente señaladas.

Y la verdad es que, anticipándonos un poco a la reflexión final, Accept pasa esta nueva revisión técnica con la suficiencia de los campeones, como ese lanzador del martillo que sólo necesita un intento para marcar su supremacía respecto a los demás competidores y luego de saludar al público, vuelve a ponerse el buzo y descansa mientras otros se desgañitan intentando lograr sus mejores marcas de la temporada para pasar a la final. Algo así pasa con este nuevo trabajo, “The Rise Of Chaos”, conceptuado por Wolf Hoffmann como un disco que habla de la destrucción del mundo actual, en el sentido de que “Lo que hay ahora puede desaparecer mañana y eso es irritante porque ocurre a todo nivel de cosas y nadie sabe qué vendrá después”. El arte de tapa, a cargo de Gyula Havancsák, muestra una escenografía de la banda, pero “claramente destruida como después de una catástrofe”, según el propio Wolf.

OK, demasiado preámbulo. ¿Qué tiene Accept para ofrecernos en este 2017? Bueno, partir con un sablazo como Die By The Sword tiene mucho de declaración de principios, con esa frase bíblica que ha sido traducida al español como “el que a hierro mata, a hierro muere”, y que no por haber sido utilizada hace más de treinta años por Slayer pierde brillo por ser ahora usada por Accept. Wolf demuestra de inmediato que su capacidad compositiva y riffera no sólo sigue absolutamente intacta, sino que reverdece sus laureles con una cotidianeidad y naturalidad que sorprenden. Porque no estamos hablando de riffs revolucionarios, pero es francamente impresionante que, a estas alturas del partido, esa guitarra suene tan fresca, limpia y contundente con notas que ya hemos escuchado varias veces. Un estribillo tan sencillo como “if you live by the sword, YOU WILL DIE BY THE SWORD!” resuena como una metralla con esa marcialidad tan característica del sonido de los alemanes, que estremece con esos “o-o-o-oh” y que ya nos hace cortar las huinchas por esperar la entrada de los músicos a escena con la introducción de este mismo tema. Un solo con el “sello de calidad Hoffmann” termina de configurar un inicio atronador, y que ya vimos con su colosal interpretación en el recién pasado show de la banda en el Festival de Wacken.

Bajando un poquitito la velocidad, pero no la intensidad, Hole In The Head quizás no marque historia o vaya a trascender demasiado en el tiempo, pero mantiene un nivel parejo, nuevamente con un riff a prueba de balas, y con un coro desafiante, agresivo y que sin dudas debe ser imposible de cantar sin empuñar la mano con su “I need you… LIKE A HOLE IN THE HEAD!”. Es más que seguro que será uno de los temas nuevos que la banda va a defender en vivo, y que recuerda a temas “de transición” en los shows en vivo como Bulletproof, por ejemplo.

Lo primero que escuchamos de Accept versión 2017 fue The Rise Of Chaos, con otro riff glorioso y pesado por parte de Wolf, que ya justifica el resto del tema. La banda recupera ese midtempo más acelerado que vimos en el inicio del disco, y donde se hace necesario destacar la enorme base rítmica que emerge desde las cuerdas del legendario Peter Baltes, otro de los nombres derechamente insustituibles de un Accept que no puede entenderse sin él. También en este punto hay que destacar el trabajo de Andy Sneap en las perillas, un disco que suena limpio, sin sobreproducción y sin dejar en el aire un ápice de la contundencia que nos entrega la banda. Aquí, nos regalan un puente muy melódico y un nuevo coro con esa entrañable marcialidad que sólo a Accept le sale tan bien.

Es cierto que en principio Koolaid parece un nombre algo ridículo para una canción, pero es necesario contar que tiene una de las letras más interesantes de este trabajo. En una historia que fuese ya tratada por Manowar con Guyana (Cult Of The Damned) en el “Sign Of The Hammer”, el tema nos cuenta acerca de un pastor estadounidense llamado Jim Jones, que en los años ’50 creó una secta llamada “El Templo del Pueblo”, que luego del creciente rechazo que estaba teniendo en San Francisco, California, en 1977 decidió partir hacia Guyana, país vecino a Venezuela, junto a más de 900 feligreses, y donde edificó una comunidad de nombre “Jonestown”. Para hacer más corta la historia, la conducta del amigo Jones comenzó paulatinamente a ser delirante y sostenía que el Apocalipsis estaba por llegar, y luego de la investigación por parte de un congresista estadounidense y algunos disidentes –a quienes mandó a matar a balazos, por supuesto–, ordenó el suicidio masivo de todos sus seguidores. Pues bien, muchos de esos 912 fallecidos –entre ellos, un montón de niños– ingirieron una mezcla entre cianuro y algunos medicamentos, en un delicioso vasito de jugo de la versión gringa de nuestro “Sip-Sup”. Exacto, usted adivinó: la marca del jugo era “Kool-aid”. Esta especie de “suicidio masivo” –que en realidad es una masacre– incluso generó la expresión “drinking the Kool-aid” en Estados Unidos, que muy básicamente se refiere a hacer algo peligroso debido a la presión social por hacerlo (citando a cualquier mamá de este sector del mundo: “o sea, si tu amigo se tira de un puente tú vas a hacer lo mismo”). En lo musical, la sencillez y el filo de la guitarra de Hoffmann y un ritmo más reposado determinan todo el camino de este tema, con un estribillo que nos manda a no tomarnos el Koolaid, “no matter what the preacher says”, y algo más melódica que los temas anteriores, con un trabajo a doble guitarra al momento de los solos que se antoja muy interesante en vivo y que ya pudimos apreciar en el show de la banda en Wacken.

Otra faceta de Accept llega con No Regrets, uno de los temas con mayor velocidad de todo el disco, con un trabajo soberbio de Christopher Williams en los tarros, con un coro tan sencillo como atronador con “I’ve got no regrets … No regrets / Nothing to forget … I’ve got no regrets”, y con uno de los mejores solos de todo este trabajo, en un contexto absolutamente reglamentario y catedrático para cualquier banda o músico que quiera hacer Heavy/Power Metal.

La letra más entretenida del disco sin dudas debe ser la de Analog Man, un tema muy en clave AC/DC y que es un homenaje de la banda a los rockeros más bien “viejos” que no se hallan mucho con las nuevas tecnologías, los que rebobinaban los cassettes con lápices Bic y hasta el día de hoy rinden culto al vinilo como formato confiable. Con gemas como “My cell phone’s smarter than me / I can’t keep up, my brains are beginning to burn” o “Don’t need no wifi, just want my hi-fi / Don’t need no data plan / Computers crashing, I want to smash ‘em / I just don’ t understand”, la banda sin dudas rinde tributo a buena parte de su fanaticada de la “vieja escuela” de hombres análogos debiendo sobrevivir en este infierno digital donde todo es más fácil, pero menos romántico. El detalle del sonido del primer internet hacia el final del tema hace aun más destacable un tema derechamente querible a la primera.

Otro riff catedrático e incluso por momentos armónico marca el inicio de uno de los mejores cortes de toda esta placa, What’s Done Is Done, a lo hecho pecho” nomás, “What is done is done / when the bullet’s left the gun”, que rítmica y melódicamente recuerda un poco a los temas más intensos de Rata Blanca, como la gloriosa Círculo de Fuego de “El Reino Olvidado”. Quizás baje un poquito –sólo un poco, recuerden que estamos hablando de Accept, que tiene a una metralla como Peter Baltes afirmando la estantería– la potencia de la banda y aumenta el énfasis en los aspectos más melódicos, pero los alemanes demuestran que en ese territorio levemente distinto, también ejercen el admirable camino de la docencia. El final con voces armónicas y la guitarra afilada en segundo plano es otro de los puntos más destacables de este solidísimo trabajo.

La consistencia de este trabajo se mantiene con Worlds Colliding, que retoma el filo del cuchillo y el midtempo más clásico de Accept. Una de las gracias de esta banda es su sencillez compositiva, que se aprecia en temas como este, y que hace pensar que componer Heavy Metal es una tarea casi simple. Pero por algo ellos –y no muchos más– tienen este nivel de maestría y casi todo el resto está compuesto por grumetes que pasan una mopa limpiando la cubierta del barco de la grandeza que tipos como Wolf Hoffmann capitanean con una taza de té frente al timón contemplando el horizonte en lontananza. Una nueva cátedra de calidad en función de una idea sin más pretensiones que mostrar la categoría, intensidad y fuerza de siempre, con un Mark Tornillo demostrando que ningún saco le queda grande. Además, ¿quién no ha sentido que uno es su peor enemigo, y que tiene dos mundos chocando en su interior? Excelente tema.

Sin dudas uno de los momentos más destacados de esta placa –probablemente el corte favorito de varios fanáticos– llega con Carry The Weight, el penúltimo tema del disco, y que probablemente sea el más veloz de todos (quizás junto a algunos pasajes de No Regrets). Una bestialidad energética y que llama a no hacerse el superhéroe ni cargar con los problemas de todo el mundo, con un estribillo fabuloso, un trabajo de las guitarras excelso, y una base rítmica con Baltes y Williams a prueba de cualquier bala. Las armonías vocales en el precoro, y el solo de Wolf, con una guitarra afilada en segundo plano, destacan por sí mismos.

El cierre, con Race To Extinction, carga con cierta pesadumbre inicial –formidable el trabajo, nuevamente, de Christopher Williams, especialmente en esta fase primaria del tema–, y luego el bajo de Peter Baltes resuena por todos lados. Un precoro nuevamente con armonías vocales –en la onda de Tornillo, por supuesto, sin delicadezas– lleva a un estribillo que quizás sea el menos inspirado de toda la placa, aunque sin ser malo, por supuesto. Ciertamente el pasaje de los solos de guitarra es de lo más destacado de un tema que probablemente subiría su cotización si no fuese el último de esta placa, y deja una pequeña sensación de gusto a poco, porque además el final del tema no resulta todo lo contundente que uno desearía. Como que faltó un tema más, quizás o un final un poquito más redondo, aunque por contrapartida, el disco se hace extremadamente corto, lo cual siempre habla bien de la calidad del trabajo.

A estas alturas por supuesto que no le vamos a pedir a Accept que reinvente la rueda ni mucho menos. Pero nos tienen “malacostumbrados” y eso es una realidad, pues la calidad de sus placas precedentes realmente ha convertido a la actualidad de la banda no sólo en una digna sucesora de su época clásica, sino que derechamente la pone a la par de sus tiempos más gloriosos. “The Rise Of Chaos” es un disco sin ningún punto derechamente bajo, quizás cuenta con un poco menos de destellos y de emociones que las placas anteriores, quizás por ahí haya faltado alguna referencia clásica en la guitarra de Wolf que se las gastó todas con su “Headbangers Symphony”, pero como decimos en Chile, eso a estas alturas ya es “quejarse de lleno”. La consistencia de los alemanes es una férrea muestra que el fuego está lejísimos de apagarse, que incluso se dan el espacio para bromear con sus edades (como en Analog Man), pero vengan, atrévanse y tírenle un pelotazo en la cara a Accept, y van a ver cómo la para de pecho. Hay Accept para rato y eso siempre es una buena noticia.

 

 

Eternal Thirst – The Hellish Fight Goes On

Ya nos acostumbramos a disfrutar de buenas producciones chilenas porque, definitivamente, el Metal nacional ha entrado en su mayoría de edad y ya no hay vuelta atrás. La conjugación de mayor acceso a tecnologías de grabación y mejores instrumentos con la aparición de una camada de talentosos y esforzados músicos hace posible que varias bandas se estén abriendo paso a nivel internacional tanto con sus trabajos grabados como con, incluso, presentaciones fuera de nuestras tierras.

En este contexto tenemos a Eternal Thirst, la banda de la sed eterna (por sangre según algunos más metaleros, por cerveza según otros) que este año nos regalan un trabajo de estudio, su tercer largaduración, al que decidieron titular “The Hellish Fight Goes On” y que nos trae diez tracks de puro Heavy Metal clásico y enrabiado, marcando el debut discográfico de Rodrigo Contreras en las voces, quien viene a unirse a las cuatro cuerdas de Hugo Álvarez, las guitarras de Hugo Sánchez y Javier Alarcón, además de la batería de Francisco Vera.

Así, abriendo los fuegos, nos encontramos con The One Who Fights Will Never Die, la que arranca con una intro un poco confusa para el oído donde se escucha el choque de espadas en medio de sonidos electrónicos creando como una atmósfera futurista, quizás haciendo una alusión a la inmortalidad al estilo Highlander, introducción que da paso inmediatamente al poder del Heavy sediento, con un riff potentísimo y una base rítmica rápida que no pierde fuerza en ningún momento y sin mayores cambios hasta pasada la mitad del tema, donde nos encontramos con un exquisito quiebre rítmico que, en vivo, claramente te permitirá descansar el cuello un rato. Es una apertura que deja claro lo que la banda quiere compartir y el lugar que le corresponderá a Rodrigo dentro del conjunto, quien muestra tener las cualidades necesarias para ser la voz al frente de esta máquina, reforzando este concepto con el excelente final de la canción.

Con un riff que recuerda un poco a Judas Priest arranca In League With One Who Has No Name, un tema que suena aún más clásico que el anterior, con una base rítmica galopante que invita a formar un lindo mosh pit y disfrutar con todo, contando con un tremendo momento de calidad al llegar a los solos, donde tanto Sánchez como Alarcón demuestran que la calidad la tienen de sobra. Ciertamente el nivel en este punto lo podemos considerar como ascendente en comparación a su antecesora, lo que nos va prometiendo un tremendo disco para disfrutar de principio a fin.

Esto continúa con una midtempo deliciosa llamada Anemas Dungeons en alusión a la famosa prisión bizantina, donde, gracias al estilo rítmico, las líneas vocales de Contreras se pueden disfrutar en su totalidad, pudiendo mostrar más tranquilamente su calidad vocal que, a veces, se desaprovecha con líneas vocales muy planas a lo largo del disco pero que sin lugar a dudas encuentra su espacio para lucirse a ultranza aquí. Pasando la mitad del track aceleramos un poco el ritmo pero manteniendo intacta la estructura del tema y regalando una de las piezas más exquisita del disco, siendo la estructura musical más dinámica entre las que cuentan con voz, terminando aún más rápido que en su segundo momento.

A la orden de All Beasts Arise toda la caballería de los sedientos se larga a correr cual horda que se lanza a la pelea. Un pasaje instrumental de tremenda calidad que te permite apreciar sin ninguna distracción toda la calidad que cada uno de los músicos tiene para ofrecer a esta mezcla final que se llama Eternal Thirst, una banda que se nota tremendamente afiatada con sus ya más de diez años de carrera, aún con un baterista que cumple 3 años junto a ellos y un vocalista que lleva recién su primer año, sencillamente la calidad compositiva y ejecutora que demuestran no puede dejar indiferente a nadie.

Nail The Banner Of War arranca con un riff potente y lento, donde pareciera que todas esas bestias que se alzaron en el track anterior reciben una arenga de parte de un caudillo que los llama a clavar el pendón de la guerra en la tierra a conquistar, la velocidad no es un protagonista acá sino la potencia y la oscuridad que se alcanza a percibir. La sección de los solos es bastante correcta pero carece un poco de la genialidad que se alcanza a disfrutar en los temas anteriores, lo que siempre puede pasar, un tremendo track que termina nuevamente, como si fuera una fórmula del disco, con la voz de Contreras en su máxima expresión.

En la medianía del disco nos encontramos con Power Of Fire, con un toque que nuevamente hace pensar en Judas Priest sin parecer una copia o algo poco original, siendo quizás uno de los detalles más importantes en la banda, si bien en ocasiones ciertos sonidos te pueden recordar a otra banda en ningún momento se duda que el sonido pertenezca a otro que no sea Eternal Thirst. Acá nos enfrentamos un poco a ciertos problemas en la composición de las líneas vocales, si bien Contreras hace un tremendo trabajo en su capacidad y calidad, las líneas vocales tienden a mantener una cierta monotonía que sólo se quiebra en el mismo final, detalle que reduce levemente la efectividad del track que, aun así, se mantiene por lo alto.

Manteniendo la velocidad un poco más tranquila y la potencia arriba arranca Into The Tower Of Fear, el tema más largo de este trabajo que se extiende por casi nueve minutos, lo que permite que la segunda mitad del mismo sea prácticamente un interludio musical. La voz de Contreras se escucha cómoda pero mantiene cierto nivel de monotonía nuevamente, lo que, en todo caso, no invalida para nada su tremendo trabajo vocal que le da un toque de potencia importante a la ejecución de cada instrumento. A los tres minutos nos encontramos con un quiebre rítmico que nos lleva a las profundidades de esa torre, nos da un pequeño paseo por un sonido que recuerda un poco a The Rime Of The Ancient Mariner, dejando clara la influencia del NWOBHM, el paseo continúa por distintos ritmos hasta que nos encontramos nuevamente con la voz de Contreras para darle un tremendo cierre a este track, terminando con unos solos inmejorables.

Como estábamos muy tranquilos, nos suben de vuelta a la máquina y nos arrasan con el comienzo de Breaking The Tomb, una patada en la cabeza instantánea que se relaja un poco luego de la introducción dando paso a Contreras en un ritmo bastante más tranquilo hasta que, cerca de la mitad, aceleramos nuevamente la bestia y nos arrastra con ellos. Esta canción en vivo claramente es un momento de mosh pit inmediato, un llamado a la batalla bajo el escenario sin duda, el que funciona tremendamente bien en los dos momentos rítmicos que presenta, aunque claramente se disfruta mucho más en la violencia y agresividad de las secciones rápidas.

Battalion arranca como queriendo comenzar un himno, queriendo instaurarlo, el segundo momento más largo de este trabajo nos regala ocho minutos de Heavy Metal que inicia con tranquilidad y descansa un poco luego del primer grito de Contreras para dar paso a una base rítmica galopante que te hace sentir totalmente vivo, con ganas de salir a seguir el batallón de luchadores que convoca, con una guitarra lanzando un riff de aquellos que se agradecen y nos hace recordar por qué debemos luchar por el Metal. Si bien es un tremendo tema que no falla en su estructura musical, quizás peca un poco en su extensión, lo que hace se vuelva un poco repetitiva y, por lo tanto monótona, lo bueno es que como es un tremendo tema no aburre ni nada, pero claramente hubiera logrado su objetivo sin necesidad de extenderlo por ocho minutos.

Ya en el cierre del álbum nos encontramos con Spears Instead Of Hands, el que aparece como un bonus pero que, claramente, forma parte integral de este larga duración. Nuevamente, con la tranquilidad rítmica que ha caracterizado este trabajo, las guitarras nos regalan un riff tremendamente pesado por donde se le mire, dejando caer todo ese peso sobre la voz de Contreras que, a pesar de mantener líneas vocales relativamente planas, demuestra una vez más porque está ocupando ese puesto como heredero del legado que nos dejó Pablo Garriga (QEPD), un trabajo que carga con un importante peso simbólico que Renzo Palomino pudo cubrir en su momento y que ahora, un vocalista que hace su primera aparición en un trabajo de esta envergadura, ha demostrado ser capaz de defender. Es un end track correcto, sin mayores sobresaltos y con una muy buena composición, el que en ocasiones acelera, especialmente en los coros, pero no abandona en ningún momento la estructura base lo que permite disfrutar sin mayor esfuerzo de todo el tema en su conjunto, sobre todo el momento de los solos donde tanto Sánchez como Alarcón nos regalan unos pasajes del mejor Heavy Metal nacional, cerrando el disco casi con una invitación a esperar su próximo trabajo.

En definitiva, los diez temas que componen este “The Hellish Fight Goes On” merecen cada escucha que uno le pueda dar porque, sin lugar a dudas, Eternal Thirst es una de las más importantes bandas del que yo me he atrevido a llamar New Wave Of Chilean Heavy Metal, donde cada vez son más bandas las que nos están poniendo en el mapa del Metal gracias a música como la que componen y nos regalan estos sedientos de alcohol y/o sangre. Como país ya no somos sólo consumidores del mejor Metal mundial sino que, de a poquito, con paso lento pero seguro, nos vamos metiendo entre los mejores productores de esta música que todos disfrutamos. A modo personal sólo les pediría que trabajaran un poco más las líneas vocales, que la voz de Contreras pudiera jugar más y demostrar con total dinamicidad y libertad su calidad y capacidad.

Ciertamente este no será el mejor trabajo de Eternal Thirst, porque estoy seguro que el próximo será mucho mejor y el que le siga a ese será aún mucho mejor. Esta banda nos viene regalando una escalada de calidad en cada uno de sus álbumes y, aún más si esta alineación se puede mantener en el tiempo, no cabe duda alguna que su camino sólo apunta hacia arriba, tanto en lo que a composición y ejecución refiere como a las probabilidades de abrirse camino en los mercados más grandes y exigentes. Por ahora, sólo nos queda esperar lo que nos traerán en su próximo largaduración y, por mientras, estar atentos a sus presentaciones porque si en el disco suenan bien, nadie se puede perder la oportunidad de disfrutar toda su energía en el escenario presentando temas de este tremendo álbum.

 

 

Masterplan – PumpKings

Sentimientos encontrados. Dos palabras que componen la expresión que más se ajusta a lo que nos pasa al momento de escuchar el nuevo trabajo de Masterplan. Y es que este “PumpKings” irrumpe en la historia de Masterplan como una iniciativa de Roland Grapow, que busca recrear canciones de su autoría durante su paso por Helloween entre los años 1990 y 2000. Sin necesidad de escuchar el disco, inmediatamente surgen preguntas y conjeturas respecto a esta nuevo registro… ¿Será esto una buena idea? ¿Era necesario re-grabar canciones de la calabaza con otra banda? ¿Tendrá esto algo que ver con la reunión histórica de Helloween (Pumpkins United Tour) que no consideró a Grapow? Independiente del resultado de este disco, los juicios de valor son inevitables.

“PumpKings” se lanzó vía AFM Records y está compuesto por once tracks que se encuentran en los discos “Pink Bubbles Go Ape”, “Chameleon”, “Master of the Rings”, “The Time of the Oath” y “The Dark Ride”. En general, y en palabras que adelantaba el mismo Grapow, las versiones aquí expuestas son un poco más pesadas que las originales, lo que supone un aire fresco para algunas canciones que no gozaron de demasiada popularidad en sus años, y una atrevida propuesta para algunos clásicos de la banda.

Ahora bien, prejuicios afuera, lo que nos corresponde es hacer un juicio respecto a la calidad de la entrega de Roland Grapow y compañía, en esta arriesgada aventura de reversionar canciones de Helloween. Los restantes integrantes de Masterplan que dan vida a esta obra son Jari Kainulainen en bajo, Axel Mackenrott  en los teclados, Martin “Marthus” Skaroupka a cargo de la batería y el gran Rick Altzi con la titánica misión de relevar a Michael Kiske y Andi Deris, quienes acompañan a Grapow, mente maestra del disco.

El disco arranca con The Chance, uno de los últimos grandes temas que nos dejó Michael Kiske antes de abandonar Helloween. Inmediatamente queda de manifiesto que el trabajo interpretativo es impecable como es de esperarse, sin embargo, también se nota rápidamente que esta versión no tiene el mismo carisma ni calidez de la versión original. Rick Altzi es un buen vocalista sin dudas, pero no se escucha demasiado natural en este temazo, sino más bien un poco forzado, a veces contenido, en una ejecución vocal que se encuentra a medio camino entre lo que ofrece Kiske y Deris. Si bien es cierto el trabajo es correcto, el resultado final se percibe un poco tibio debido a la sombra gigante que proyecta Michael Kiske en cada una de sus interpretaciones.

Siguiendo con el material de ”Pink Bubbles Go Ape”, el disco sigue con las re-grabaciones de Someone’s Crying y Mankind, y la sensación es similar… A pesar de ser versiones un poco más contundentes y fortachonas que el material original, el problema es que no se sienten naturales. Si aislamos el trabajo de Altzi del resto de las pistas, seguro califica como un trabajo despampanante, sobre todo si le ponemos atención al portentoso coro de Mankind, pero lamentablemente esto no se trata de ejecuciones aisladas, y es ahí en el resultado general en donde la cosa no termina de convencer un 100%.

En Step Out Of Hell la interpretación nueva gana más puntos, pues los nuevos arreglos a cargo de Roland Grapow y Axel Mackenrott traen un aire fresco que le viene muy bien a la canción, en gran medida porque la voz de Rick Altzi no suena contenida, sino que se acomoda mucho mejor que en los temas anteriores. Y es que, innegablemente, cuando el vocalista suena cómodo y bien, el resultado de la canción difícilmente va a ser malo. Un más que correcto homenaje a canción una poco cotizada en el catálogo de la calabaza.

Situación diametralmente opuesta es la que ocurre en el siguiente track, Mr. Ego, clasicazo proveniente del “Master of the Rings”, donde no hay nada intrínsecamente mal en la ejecución, es un temazo sin duda alguna, pero la versión original supera con creces a esta nueva versión, con lo cual todo queda dicho. Si el cover “no le gana” al original, entonces queda en duda la justificación de lanzar la nueva versión. De nuevo, la interpretación es correcta, pero en feeling, no compite con el track original.

Otro de los grandes nombres que se encuentran en este “PumpKings” es la tremenda Still We Go, joya extraída (y a veces injustamente olvidada) del gran “Master of the Rings”, y el juicio aquí puede ser un poco injusto, porque Grapow y compañía llenaron de arreglos una canción que gana en majestuosidad, fuerza y grandilocuencia respecto a la versión original, pero como dicen los sabios, a veces menos es más. Es como esas versiones del tributo “Keepers of Jericho” o de Soulspell de los clásicos de Helloween, donde el trabajo interpretativo es sumamente prolijo y orquestal, pero la simplicidad y precisión de las versiones originales siguen superando a la sofisticación de los cover. Habrá muchas personas que alucinarán con esta versión de la canción por la gran performance de Altzi, por su “orquestalidad” y toque épico, pero si he de quedarme con una canción, sin duda me quedo con la original.

Escalation 666 es sin duda una de las canciones olvidadas en el repertorio de Helloween y que no suma demasiada popularidad entre los seguidores de la calabaza, sin embargo es una de las propuestas más interesantes que nos dejó “The Dark Ride”… Probablemente así también lo entiende Roland Grapow, quien nos entrega una buena versión de la canción, tanto o más pesada que su versión original. Altzi se nota cómodo interpretando las líneas de Andi Deris y los teclados de Mackenrott le dan una atmósfera más que correcta a la canción, consolidando un experimento funciona bien esta vez. Y siguiendo en esa línea, otra joya que nos produce una sensación agridulce es The Time Of The Oath, porque goza de una interpretación a prueba de balas, con un gran trabajo en la ejecución y también en el sentimiento, con una de las mejores vocalizaciones que nos regala Altzi en el disco… Sin embargo las comparaciones, a veces odiosas e injustas, son inevitables y Andi Deris es el dueño indiscutido de esta canción. Le da ese no sé qué a las canciones que las hace inexorablemente suyas. Es una muy buena versión, pero no supera a la original.

El disco continúa con un extracto del nunca bien ponderado “Chameleon“, y la elegida es Music, probablemente el tema menos relevante de la placa. Y aquí también se percibe un resultado mixto, ya que esta vez la versión de Masterplan es muy correcta y bien presentada, pero el tema es algo flojito dentro del repertorio de la calabaza, entonces por más bien que lo interpretes, difícilmente brillará por lo señalado anteriormente.

Sonidos de feria, circo ambulante y juegos estivales entre otras yerbas (más un grito clandestino de Ozzy Osbourne, cortesía de esta nueva versión) nos dan la inconfundible entrada a The Dark Ride, uno de los mejores temas del disco homónimo. Aquí pasa lo mismo que en Mr. Ego, donde la versión original tiene un carisma y sello que es difícil de superar… la interpretación es correctísima y la voz de Altzi se escucha muy bien aquí, pero la sombra de Deris priva a esta y otras canciones de brillar con luces propias (si es eso posible en un disco de covers).

Y cerrando el disco, otro temón de antaño: Take Me Home… y la verdad es que pasa exactamente lo mismo que en el tema anterior. Muy buena versión de un tema entretenido, lúdico y de paso ligero. Pero es sólo eso, una buena versión. Eso sí, es una de la mejores versiones del disco, se siente como un cierre correcto para este trabajo.

En consecuencia, el veredicto es agridulce. La mitad de las versiones son muy buenas, la otra mitad es correcta, y no mucho más que eso. Las versiones originales opacan a la mayoría de estos covers, y eso es difícil de negar. Solamente resultan rescatables las interpretaciones y ejecuciones, sin duda, pero en cuanto a feeling y mérito, muy poco. Es una lástima decirlo, pero el lanzamiento del disco se percibe como una obligación e idea comercial más que una entrega honesta de la música que hace Masterplan. Esperamos con ansias una nueva entrega original de la banda, porque esto no es más que un tentempié en medio de su carrera.

 

 

The Unity – The Unity

En Febrero de 2017 se anunciaba oficialmente el nacimiento de The Unity, un nuevo proyecto musical que contaría en sus filas con dos miembros de Gamma Ray, Michael Ehré (ex-Metalium, ex-Uli Jon Roth) y el gran Henjo Ritcher, poniéndolos inmediatamente en el radar del mundo Heavy Metal, aun antes de saber de qué se trata realmente la propuesta. Y es que el peso específico de GR en lo que significa el género no admite ninguna discusión, aspecto indirectamente positivo para The Unity en términos de promoción.

Además de los ya mencionados Michael y Henjo, la banda cuenta con Gianba Manenti en la voz principal, Stef E. en guitarras, Jogi Sweers en el bajo y el tecladista Sascha Onnen, todos ellos miembros de LOVE.MIGHT.KILL, banda paralela de Ehré, que se ha venido haciendo un nombre en Europa hace un buen rato, lo que consolida una formación más que interesante para los seguidores del estilo.

Durante Mayo del presente, la banda lanza su debut homónimo “The Unity” vía SPV/Steamhammer Records. La producción del disco estuvo en manos del propio Ehré en B Castle Studio y el arte es obra de Alexander Mertsch, colaborador de bandas como Deep Purple y Gamma Ray. En cuanto a lo musical, The Unity se aleja un poco del Power Metal tradicional que profesa Gamma Ray, y se adentra en los terrenos del Hard Rock, movida bastante usual dentro del género que nos convoca (¿Aló, Edguy?) y que pasamos a revisar a continuación.

El disco comienza con Rise And Fall, un buen opening que cumple con todas las características que uno espera en un debut como este: Es directo y de melodía fácil, poco pretencioso y bien catchy, que pavimenta de manera correcta la entrada al disco como tal. Una introducción estruendosa da paso a una canción que rápidamente se desmarca de Gamma Ray y recuerda los tiempos mozos de Masterplan, en donde inmediatamente llama la atención el buen desempeño de Gianba Manenti, poseedor de un gran registro vocal, donde su voz carraspeada recuerda grandes exponentes de este estilo de canto, tipo Russell Allen, Jorn Lande o nuestro compatriota Ronnie Romero. Un coro mid-tempo y de ritmo galopante invita a levantar el puño y cantar, apelando a la emotividad del Metal melódico y que con toques Hard Rock consolida una propuesta interesante que nos da una buena idea de lo que se viene en el resto del álbum.

A continuación No More Lies, single que promociona el disco, empieza con un extenso monólogo que sigue con un riff que a modo personal no convence demasiado. El canto de Gianba es acompañado por una base de batería y bajo en donde lo más destacable es la interpretación vocal y la calidad de sonido de la mezcla general, donde cada instrumento suena muy bien, sin duda un excelente trabajo en las perillas. El coro es correcto, mas no cautivante. Después de un gran comienzo, esta canción se percibe un poco más tibia, con algunos dejos del Europe moderno, gracias a las atmósferas de Sascha en las teclas y las guitarras estridentes de Henjo y Stef, pero que no termina de cuajar a pesar de la buena ejecución general.

God Of Temptation, tercer track del disco, es un mid-tempo que sigue recordando sonoridades del Hard Rock más moderno que practican bandas como JORN o Europe dosmilero, sostenido por un riff lento pero intenso por parte de Henjo y Stef, más el omnipresente teclado de Sascha que se encarga de ambientar el tema con aires de solemnidad. Es un tema más bien genérico, donde lo más rescatable es la interpretación aguerrida de Gianba, además de ciertos pasajes que dan la sensación que pueden funcionar bien en vivo. Siguiendo la línea anterior y de la mano del sintetizador de Sascha llega Firesign, donde la base rítmica machacante de Michael y Jogi y la voz cada vez más aguerrida de Gianba marca presencia en un tema que tampoco innova demasiado, pero que definitivamente tiene más sal y pimienta que el anterior, tanto en interpretación como en sentimiento, lo cual obviamente es muy positivo. Durante toda la canción se desarrolla un trabajo de voces muy interesante, con armonías y coros precisos y potentes, soportados por un excelente trabajo en las guitarras. Un riff potente y guerrero tipo Accept, se funde simbióticamente con un coro melódico y alegre a lo Avantasia, que invita a cantar con el puño y corazón en alto mientras las cuerdas vocales de Gianba suben hacia el infinito, consolidando uno de los mejores momentos del álbum.

Always Just You nos recuerda el Hard Rock que proliferaba por allá por los 90’, con un ambiente bien romanticón y de ritmo mid-tempo. La fórmula es conocida, piano de fondo, voces en off, la voz sentida de Gianba y los instrumentos acelerando de a poco, mientras la guitarra solea en un tema que parece que va a despegar, pero se queda dando vueltas en lo mismo, haciéndolo un poco cansino y repetitivo. Por suerte, rápidamente la banda trae de vuelta lo que mejor sabe hacer: Close To Crazy es un tema que mezcla muy bien el poder del Happy y la estructura del Heavy Rock. Es una canción que se presenta entretenida, entrópica a ratos, eléctrica y muy vacilona. Más de algún dejo de los discos solistas de Paul Gilbert se deja entrever en ciertos compases de este entretenido tema. Muy buena labor de Henjo en los solos, poniendo su instrumento al servicio del espíritu de la canción, y Gianba interpretando un estribillo que queda a la primera. A pesar de no ser un tema novedoso ni excelso en términos compositivo, cumple bastante bien con ser honesto y happy.

Otra vuelta carnero en el jukebox de la banda nos trae The Wishing Well, un tema que se resume en una palabra: Whitesnake. Aunque para ser más justo, en realidad la similitud es mayor con las versiones que JORN hace de canciones de Whitesnake. Es un tema 100% ochentero, pero que suena moderno, no es nostálgico ni revival. Da la sensación de que hace 20 años atrás hubiera pegado una barbaridad, pero no ahora, como que le falta la chaucha pal peso. En vivo funcionará bien por los sing along que invita a hacer, porque los teclados tipo Hammond te tocan el corazón de una, y el canto a lo David Coverdale es difícil de resistir, pero no convence ciento por ciento. No obstante lo anterior, puede considerarse como uno de los aciertos del disco.

El octavo track del disco es Edens Fall, canción de cadencia paciente y espíritu sentimental, también sacada del catálogo ochentero. Buenas armonizaciones entre las guitarras marcan el paso de una canción que cumple con la continuidad del disco, pero que una vez más no entregan demasiado y da la sensación que el piloto automático hizo la pega junto con el sexteto. A pesar de los buenos arreglos vocales y los adornos instrumentales, se percibe algo tibia en entrega.

The Unity se va un poco más al pasado ahora, y directamente desde la década del 70’ nos traen Redeemer, un tema que es puro Rainbow (O Deep Purple, juzgue usted). Es una canción interesante, con mucho sentimiento, una gran ejecución instrumental, recordando a ratos la propuesta de Inglorious. El sintetizador de Michael recuerda de buena manera lo que hacía Jon Lord de forma tan magistral, mientras que Henjo también se luce en un solo a lo Uli Jon Roth. El cambio de ritmo después del solo es sensacional, combinando y complementando de muy buena manera teclados y guitarras. Una canción muy bien lograda, que si bien es cierto se percibe como un tributo y no como algo demasiado propio, se agradece.

Super Distortion, décima pista del disco, no es más que un interludio entre canciones, y que a pesar de estar bien ejecutado, no aporta en nada, solo sirve de introducción a Killer Instinct, un tema Heavy/Power que va en la línea de Masterplan, que en líneas generales está bien, pero que no despega y no calienta demasiado. Mucho nombre para tan poco tema dirían los más gamer. Es un tema correcto, pero que lamentablemente no logra los niveles de emotividad que uno puede esperar y exigir de una banda como esta.

Cerrando el disco aparece Never Forget, canción que representa fielmente el espíritu de esta banda. Es un tema happy amalgamado con elementos Hard Rock que funciona bastante bien. Tal y como se puede apreciar en todo el disco, cada elemento está muy bien cuidado, con un Michael llevando el protagonismo de las melodías y un Gianba transmitiendo gran sentimiento en cada verso. De lo más catchy/cheese que tiene el disco, así como también de lo más honesto que podremos encontrar a lo largo de los 58 minutos que dura este larga duración.

En resumen, la sensación general que nos deja el debut de The Unity es un poco agridulce. El disco se percibe algo plano, sin demasiados tropiezos, pero tampoco es una propuesta realmente consistente, por cuanto pareciera ser que que no va a trascender mayormente. No es un mal disco, en lo absoluto, pero no evoca muchas emociones. Es un disco que entrega buenos momentos de Heavy Metal, y buenos momentos de Hard Rock, y que en ciertos momentos encuentra una amalgama interesante, pero que carece de dinamita. No tiene la explosión del Heavy Metal, ni tampoco la emoción cautivante del Hard Rock. Es un híbrido que cumple, pero que no cuajó 100%… Quizá las exigencias son mayores considerando los miembros que forman The Unity, y eso inconscientemente hace tirar la balanza para abajo, pero bien sabemos que los grandes nombres generan grandes expectativas.

Desde el lado positivo, el gran ganador es claramente el vocalista Gianba Manenti, poseedor de una gran voz y que la saca a relucir en gran parte del registro. Por otra parte, es también positivo que el disco avanza rápido y es fácil de escuchar, probablemente porque todas las canciones son más bien “oreja” y no se abusa de complejidades innecesarias. Aquí no hay riesgo, es una apuesta segura, pero que paga poco. No inventaron la rueda, pero tampoco es que lo hagan de maravillas rememorando el pasado.

En síntesis, a los fans de este estilo medio híbrido, y a los más acérrimos de la marca Happy seguramente les va a gustar, porque no es irreverente, es un disco fácil… pero a quienes buscan un poquito más, o a quienes les gusta derechamente el Hard Rock de corte ochentero, no creo que el experimento les resulte demasiado atractivo. “The Unity” es un disco agradable, pero que probablemente pase sin pena ni gloria por la biblioteca musical de quienes aprecian las corrientes del Metal en su forma más tradicional.