Pyramaze es una banda que merece más atención de la que ha recibido por el público general. Aun cuando medios especializados no escatiman en elogios, etiquetándolos muchas veces como maestros del Power Prog, los daneses no son precisamente una de las bandas más renombradas del género y su nombre todavía aparece «en chiquitito» en los grandes carteles del circuito festivalero. A modo personal, no fue sino hasta el 2018 que recién vine a escucharlos por recomendación de un buen amigo canario, quien me dijo “escucha el “Disciples of the Sun” y me cuentas”. ¡Y vaya que pedazo de recomendación! Un álbum que representa a la perfección y define lo que entendemos como este subgénero PowerProg. Un disco vertiginoso, melódico, agresivo, complejo en su composición pero fácil de escuchar. Tremendo. A este discazo le siguió Contingent”, otro muy buen larga duración que elongaba la discografía en el mismo canon musical del «Disciples». Con esto, mis expectativas eran bastante altas paraEpitaph”.

Tres fueron los singles que la banda publicó antes del lanzamiento oficial del disco: Particles, World Foregone y Stroke of Magic. Después de escucharlos por primera vez, mi sensación no fue de las mejores, más que nada porque me pareció estar escuchando otra banda… el vértigo y velocidad que había sido la tónica de los discos anteriores había mutado hacia estructuras rítmicas mucho más mid-tempo, mientras que el sonido más prog escaseaba dando paso a colores más poperos. «Algo pasó aquí», pensé. Luego de un rápido googleo, resulta que la banda había firmado por AFM Records de cara al lanzamiento de este disco y adelantaron que “Epitaph” demostraría ser “su obra más accesible y melódica a la fecha”, lo cual habla por sí solo y no resiste mayor análisis. En cualquier caso, ya sea porque el sello metió mano, o que la banda simplemente evolucionó, las primeras impresiones no fueron las mejores.

Más allá de los singles y una vez apreciado el disco en toda su magnitud, las sensaciones son, quizás, ligeramente más positivas, toda vez que el shock inicial del nuevo sonido queda atrás y que estos adelantos no son precisamente las mejores canciones del álbum. Sin embargo, el disco está indiscutiblemente orientado hacia un sonido mucho más comercial, y la vena progresiva definitivamente pierde prioridad y prácticamente desaparece en el agregado del álbum, lo cual es lamentable. Canciones como Steal my Crown, Particle, Indestructuble o Birds of Prey son ejemplo de lo anterior, cuajando una mezcla que se acerca más al Heavy/Power/AOR que prolifera en bandas Frontiers por ejemplo. Esta movida podrá satisfacer nuevos paladares, pero para quienes disfrutamos del Pyramaze tradicional, es más bien decepcionante.

Canciones como Stroke of Magic, Knights Shining Armour o Trascendence (esta ultima con la colaboración de Brittney Slayes de Unleash the Archers) amalgaman un poco mejor el sonido más tradicional de Pyramaze con los elementos intrínsecamente más “oreja” que trae esta nueva fórmula compositiva, logrando incorporar de forma menos brusca esta renovada dirección musical. Dentro de lo rescatable se encuentra The Time Traveller, una épica de doce minutos que cierra el disco y cuenta con la colaboración de Matt Barlow (ex-Iced Earth) y Lance King (ex vocalista de la banda, ex-Balance of Power, entre otros), la cual cuenta con pasajes más rápidos y reminiscentes de su etapa pre-AFM, donde si podemos encontrar secciones notables. Uno queda con la sensación de que cada vez que Pyramaze acelera el metrónomo y le mete doble pedalera a un tema, sale algo interesante, pero lamentablemente estos compases escasean a lo largo del álbum y son pocas las canciones que dejan un buen sabor de boca.

Me gustaría evaluar de forma más generosa este álbum, pero sumando y restando, simplemente no veo lo positivo en el cambio de dirección que tomó la banda. Además, incluso si dejamos de lado orientación más comercial del disco, un punto que me hace mucho ruido es que casi todas las canciones suenan iguales. Creo que con este sonido Pyramaze se suma al ejército de bandas que deambulan en el terreno Heavy/Power/AOR/Un-poquitito-prog y que sellos como AFM y Frontiers promueven tan fervientemente por estos días. Entonces, cuando una banda pierde eso que la hace distinto al resto, la evaluación no puede ser muy buena. El disco no es intrínsecamente malo, así que los fanáticos de este sonido más accesible seguramente lo van a disfrutar. Si este disco lo sacaba otra banda probablemente el juicio seria menos ácido, pero el nombre de Pyramaze «no le pega» a esta música, y desde ese prisma, “Epitaph” no será recordado como un highlight en la discografía de la banda.

Por: Hernán Bórquez

Sin lugar a dudas, España se ha ido potenciando durante estos últimos años como una fortaleza en el mundo del Metal, exportando su música en diferentes del globo terráqueo. Y una de las bandas que ha marcado tal precedente de todas maneras es Lords Of Black, llegando a tocar incluso en la edición de 2017 del festival Wacken Open Air.

Esta vez la banda presenta su reciente placa “Alchemy of Souls, Part I”, que será lanzada por medio de Frontiers Music SRL el 6 de noviembre y que cuenta con una nueva formación comandada por Tony Hernando en la guitarra, Dani Criado en el bajo, Johan Núñez en la batería y, por supuesto, el chileno Ronnie Romero en las voces.

El disco abre con Dying to Live Again, primer single lanzado por la agrupación y que comienza con un enérgico riff, el cual proporciona el puntapié inicial para un potente ensamble cargado de fuerza, disipándose en el estribillo de la canción junto a la potente voz de Romero, continuando así con un matizado interludio sucedido por el coro hasta llegar a su fin. Un tema sencillo, pero marcado por su intensidad.

Into the Black es una canción un tanto más directa y con un ritmo estable de principio a fin, haciendo énfasis en los matices de la voz y guitarra para proporcionar una cuota de dinámica a un tema cargado de sensaciones.

No se deja nada a la imaginación con el inicio de Deliverance Lost, con una poderosa entrada dirigida por el doble pedal y que cambia drásticamente con los armoniosos acordes de la guitarra, que da el pase a la voz y suministrando una grata atmósfera que se mantiene a lo largo de la canción cuando el ensamble entra en escena. Sin lugar a dudas, una interesante canción y uno de los puntos altos del álbum.

Sacrifice es otro tema que posee un ritmo estable, sin embargo, la sonoridad prima en la canción, y se puede escuchar con un novedoso inicio comandado por los riffs del bajo que proporcionan una cuota de misterio a la canción que avanza con mucha energía hasta el final. Sutil tema que, pese a no tener grandes matices, logra cautivar al oyente.

La misma línea del tema anterior encontramos a Brightest Star, en donde los acordes y los arpegios suministran una cuota de misterio a la canción y que posteriormente se entremezclan con el ensamble, arrastrando el ritmo hasta su fin. Sobrio tema, sin grandes emociones.

La efusividad sube con Closer to Your Fall, donde los energizantes riffs del ensamble junto a la voz alcanzan la cima en el coro, que posteriormente es sellado por la guitarra, con un electrizante solo cargado de emoción. Interesante canción cargada de entusiasmo y que tal vez es otro de los puntos altos del disco.

En lo siguiente, Shadows Kill Twice, su emotivo comienzo por un instante nos hace pensar que se está en presencia de una balada. Sin embargo, todo cambia cuando el ensamble entra y los riffs comienzan a sonar de una manera enigmática, haciendo de este un efusivo tema y con muchos matices desde el inicio.

Disease in Disguise también va por la senda que viene gestando el disco hasta ahora, con pomposos ritmos que varían un poco cuando entra en escena el solo de guitarra. Otro tema que quizás pase sin pena ni gloria.

En Tides of Blood encontramos sonidos más cercanos al Hard Rock, en donde las guitarras y riffs pesados son el principal elemento en conjunto de una voz rebelde que proporciona toda la potencia necesaria.

Ya acercándonos al final, nos encontramos con el tema más extenso del disco, con un poco más de diez minutos de duración. Alchemy of Souls está marcado por un inicio dirigido por una sutil guitarra clásica, que es el punto de partida para que el ensamble entre con potencia, de manera que la voz pueda tomar el control de la situación hasta el solo de guitarra, que pone toda la magia y entusiasmo al interludio, continuando así con la canción hasta el final. Gran tema y muy matizado, que sorprende al oyente con sus potentes riffs.

El final llega con You Came to Me, versionada en piano, que pone todo el dramatismo y emoción con la notable interpretación de Ronnie, explayándose de manera magistral junto a la orquestación y el piano. Sólido final con una grata atmósfera de nostalgia.

A modo de conclusión, se podría decir que este nuevo disco de la banda sigue en parte la senda de “Icons of the New Days” (2018), con elementos más progresivos y pesados, sin dejar por supuesto de lado las voces melódicas y los electrizantes solos de guitarra, que cumplen un papel fundamental desde un inicio del álbum. Quizás, de todas formas, “Alchemy of Souls, Pt. I” sea un disco que apela más a la potencia y fuerza de la banda, y que deja un poco de lado la característica efusividad que describen sus dos primeras placas, suministrando al oyente una cuota de energía a medida que avanzan las canciones.

Por: Samuel Lorca

El undécimo trabajo de estudio de los franceses Nightmare, “Aeternam”, arranca con un riff como perdido en el tiempo que va subiendo su potencia hasta que la acompaña la batería para abrirle la puerta a Temple Of Acheron, una composición pesada y oscura que deja bastante satisfecho aunque no brilla de manera especial, excepto por el trabajo vocal de Marianne “Maddie” Dien, que se luce con distintos matices y el sonido que logran en la sección de solos, donde se asoma un guiño al Black Metal.

Con un poco más de violencia arranca Divine Nemesis, que mantiene el ritmo y los riffs pesados, con una Maddie mostrando más rabia en su voz y un trabajo en las guitarras de Franck Milleliri y Matt Asselberghs de muy buena calidad, siendo un punto bastante alto del álbum, llevando a lo clásico en el puente antes de los solo, que le da un toque excelente.

Casi en la misma línea arranca The Passenger, adentrándose en un sonido más oscuro en plan ocultista, con un ritmo cadente que acompaña de manera magistral las líricas y un coro que pareciera traer algo de esperanza en medio de todo, pero las letras aclaran que no es así.

Con un sonido un tanto lejano del bajo de Yves Campion, que marca el riff de las guitarras y toda la base rítmica con el tremendo aporte de Niels Quiais en los tarros, se nos viene encima Downfall Of A Tyrant, track que se aleja un poco de la oscuridad, manteniendo la potencia de lo pesado, dejando pasajes donde las cuatro cuerdas pueden lucir más, convirtiéndose en un punto muy alto de la placa.

Nuevamente Campion nos da la bienvenida, esta vez al Crystal Lake, dando paso a un pasaje tremendo en que la voz de Maddie se pasea cual fantasma sobre la línea de bajo, dejando unos minutos de pasividad hasta un golpe de potencia que despierta a los muertos para mantener la cadencia de la pesadilla.

Lights On nos trae un pequeño revival con un sonido clásico, como sacado de un disco ochentero pero con la suficiente frescura para disfrutar este midtempo que musicalmente no brilla mucho, pero mantiene una tremenda línea vocal, solos de fino corte y las energías en el nivel preciso.

El title track hace su entrada con un tremendo toque de Thrash Metal, riffs acelerados y violentos nos dan la bienvenida a Aeternam, que levanta a cualquiera que pudiera haber quedado un poco descolocado con el track anterior, un clásico instantáneo de los franceses podría decirse, puede ser fácilmente el punto más alto de esta placa.

Con un rabioso y pesado riff llega Under The Ice, correcto tema, sin muchas luces propias dentro de lo que ha venido siendo el álbum pero con muy buenos pasajes musicales, incluyendo algunas voces guturales sobre un riff algo influenciado por el Black Metal, pero que termina siendo una mezcla que no cuaja muy bien y deja con un sabor a poco, como que tenía más potencial musical.

Casi con la misma fórmula pero mejor elaborada se deja caer Black September, un ritmo constante que recuerda un poco a lo que viene haciendo Arch Enemy hace un tiempo, pero que mantiene su sonido propio, con una batería solida y riffs potentes que le dan un buen pase a las voces guturales que acompañan a Maddie en los pasajes precisos. Justo cuando empieza a parecer un poco monótona viene el quiebre rítmico que da paso a los solos y cierra como otro buen track, aunque sin ser nada del otro mundo.

Así llegamos al final que arranca con una pesadilla escuchada por radio o algo por el estilo, lo que da paso a Anneliese, en el mismo ritmo que el track anterior nos cuenta sobre una posesión demoniaca y la lucha en su exorcismo, una pequeña ópera con (pudimos reconocer) tres protagonistas: Anneliese, el demonio y el exorcista. Buen cierre para un muy buen álbum, entretenido de principio a fin igual que el disco, con un toque más teatral que permite disfrutar el capitulo final de este trabajo que, en menos de cincuenta minutos, entrega buenas piezas y termina recordando la eterna lucha entre el bien y el mal como dirían algunos.

Un debut más que correcto para Marianne “Maddie” Dien, dejando con ganas de más después de todos estos años de carrera, no cualquier banda se mantiene activa desde 1979 y sigue apostando a nuevos sonidos, especialmente cuando consideramos que Francia no es famosa por exportar muchas bandas de Metal en cualquiera de sus variedades, aunque sí encontramos muy grandes exponentes del género y, claramente, Nightmare es uno de ellos en la veta más Heavy y Power Metal, lo que nos deja esperando una próxima entrega que, considerando el tiempo que nos ha permitido (u obligado) tener la pandemia, podría llegar dentro de poco.

Por: Seba Miranda

Dos años después del aclamado «To Kill To Live To Kill», la banda danesa de Thrash y Power Metal progresivo Manticora regresa con «To Live To Kill To Live», la segunda parte de su saga conceptual basada en el libro escrito por el vocalista Lars Larsen, titulado «To Kill To Live To Kill». Parece un trabalenguas, ¿no?

El álbum trae un cambio importante en la formación de la banda, con Kasper Gram reintegrándose a la banda después de la partida de Sebastian Andersen; e incorporando también al baterista sueco de ascendencia chilena Lawrence Dinamarca como miembro permanente después de grabar el álbum anterior y unirse a la gira. Cabe mencionar que “To Kill To Live To Kill / To Live To Kill To Live” será publicado como triple vinilo a través de ViciSolum Productions, convirtiéndose en el primer lanzamiento de la banda en este formato.

El álbum comienza con Katana – The Moths and The Dragonflies / Katana – Mud, un verdadero festín para tus sentidos que se aproxima a los quince minutos, incluyendo casi todos los géneros de Metal conocidos por la humanidad. En un movimiento audaz, característico de la naturaleza ambiciosa de la banda, nos llevan en una montaña rusa, cambiando de marcha entre un furioso Thrash Metal moderno y un épico Power Metal, con muchos elementos progresivos al estilo de Dream Theater. Las voces son en su mayoría limpias, con excelentes arreglos corales, pero también incluye gritos guturales y narraciones para crear el ambiente adecuado. Es una pista muy cinematográfica y una obra de arte por derecho propio. Aplausos a Manticora por tener el coraje de abrir con una canción como esta, demostrando una tremenda confianza en sus habilidades y mucho respeto por su fanaticada.

Luego viene To Nanjing, un breve y suave interludio fuertemente inspirado en la música japonesa, que nos ayuda a tomar un respiro antes de continuar nuestro viaje. The Farmer’s Tale, Pt. 3, Pt. 3 – Eaten By The Beasts es una pieza más oscura, lanzada como adelanto con un videoclip sombrío, mostrando algunos riffs pesados, solos de guitarra increíbles y un gran trabajo de la sección rítmica. No es casualidad que el baterista Lawrence Dinamarca también sea conocido como «el Gene Hoglan sueco», debido a su exquisita precisión y su extraordinaria energía. Slaughter In The Desert Room es mi canción favorita del álbum, destacando la voz femenina de June Dark de la banda Clandestine, que combina perfectamente con la voz operática de Lars. Los riffs son melódicos pero a la vez llenos de groove, mientras la batería es imparable, incluyendo blast beats y quiebres alucinantes.

Through The Eyes Of The Killer – Filing Teeth tiene un tono más doom, con un tempo más lento y riffs más pesados, creando una atmósfera aterradora complementada con voces guturales, junto a melodías y ritmos funerarios. Por otro lado, Katana – Death Of The Meaning Of Life es una muestra grandilocuente y por momentos brutal de velocidad y técnica, sin perder el sentido de la melodía y la cuidadosa elaboración de cada canción.

Tasered / Ice Cage es otra de nuestras favoritas, un exquisito banquete de Power Metal con riffs irresistibles, mucha energía y nuevamente un enfoque muy operático por parte de Lars Larsen, quien derrama sus tripas en una interpretación vocal soberbia e histriónica. Goodbye Tina pone algunos elementos sobre la mesa, con un toque más sentimental pero logrando no caer en lo cursi. Funciona perfectamente como una especie de balada progresiva, recordándonos al Queensrÿche clásico.

Tasered / Removal es otra muestra excepcional de intensidad y maestría musical, incorporando más voces guturales, riffs rapidísimos y ritmos aplanadores, convirtiéndose en una pista perfecta para hacer headbanging en vivo. Para agregar algo de drama, tenemos Stalin Strikes, un interludio completamente instrumental y macabro que seguramente te hará temblar, mientras que Ten Thousand Cold Nights es una breve narración en japonés que la mayoría de nosotros no entenderá (aunque la banda es muy popular en Japón).

La pista final de esta obra conceptual de dos partes es la brillante Katana – Beheaded, una canción compleja y altamente dinámica de siete minutos de duración con coros épicos, pero también llena de grandiosas secciones instrumentales que incluyen solos de guitarra alucinantes, potentes líneas de bajo y una percusión feroz. Una guinda gloriosa para poner sobre este sangriento pastel, que está destinado a ser cortado con una espada japonesa.

Con «To Live To Kill To Live», Manticora nos entrega una obra maestra moderna impecable sin puntos débiles, agregando nuevas dinámicas y elementos interesantes en comparación con la primera entrega de esta saga, convirtiéndose probablemente en su álbum más ecléctico hasta la fecha. El disco fluye perfectamente de principio a fin, con una gran producción e interpretaciones destacadas por todos los involucrados, mostrando cuán afiatada e inspirada está la formación actual de la banda después de años de ausencia antes de esta nueva era. No es aventurado decir a estas alturas que «To Live To Kill To Live» aparecerá de seguro en varias listas de los mejores álbumes del año, y definitivamente estaremos ansioso por verlos de vivo, más aun considerando su increíble show en Wacken 2019. Esperemos que «la nueva normalidad» incluya una nueva gira de Manticora y que los traiga finalmente por tierras sudamericanas.

Por: David Araneda

A call to arms echoed through the Highlands… a simple death is not enough, no chance of giving up” (extracto de Gathering of the Clans). Más de dos décadas nos separan del legendario «Tunes of War» y hace diez años exactos Grave Digger continúa la historia de las tierras altas con «The Clans Will Rise Again». Bajo el sello Napalm Records, Chris Boltendahl y compañía traen una ansiada dosis del Heavy Metal al que nos tienen acostumbrados.

Luego de un inicio como corresponde con Days of Revenge, que ejemplifica la unión de dos mundos musicales, The Clansman’s Journey trae las gaitas (interpretadas por Paul Grothe y Andreas Grothusen) y tambores (a cargo del grupo francés Les Tambours du Bronx, quienes no son ajenos al Heavy Metal), para darle el pase a las guitarras y batería. Una transición que se completa con el primer tema propiamente tal: All for the Kingdom. Como el nombre bien anticipa, es un llamado a las armas para la defensa del reinado de Malcolm II, situándonos de inmediato en la Escocia del primer milenio. Como buen primer tema, el cabeceo es asegurado y el coro es fácil de pegar en la memoria auditiva. Por un breve lapsus, Axel Ritt—el maestro “Ironfinger”— nos traslada desde la Escocia de la Plena Edad Media hasta el barroco del siglo XVII con un impresionante solo neoclásico que cierra en conjunto con Jens Becker al bajo; melodía que pertenece a la universalmente conocida “Tocata y fuga en Re menor” del otro célebre Johann Sebastian (además de Mastropiero, por supuesto).

Lions of the Sea” abre con acompañamientos vocales (hums) siguiendo el motivo del coro, voces de aquellas que se hacen inevitable ser seguidas por las audiencias en vivo (a las que eventualmente volveremos a ser parte de). Grave Digger no está para “pasar gato por liebre”, no es poco común encontrar instrumentos VST que cumplan esta tarea y, está bien, es un recurso, pero la banda prefiere contar con voces orgánicas para efectos multivocales que van muy a la par con el tema central. La narración pareciera adelantarse unas décadas hacia la Batalla de Largs, evento en el que el rey Alexander II (descendiente de Malcolm II) se enfrenta contra la flota noruega liderada por el rey Haakon IV. Este es un ejemplo de un sello característico del sepulturero: la canción es un entretejido de narración e himno, a la costumbre de la lírica marcial.

El hombre-símbolo más reconocido de la historia escocesa y el concepto más acuñado para referirse a él tienen lugar en el álbum como la quinta canción: Freedom nos describe las reputadas hazañas de William Wallace y el espíritu que logró avivar en quienes lo acompañaron en las batallas por la independencia de Escocia, relatos que conocemos bajo la lírica de Harry, el juglar ciego. Se trata, a todas luces, de una canción de arenga y con su debido interludio actuado. Temas como estos hacen recordar la influencia de Grave Digger en bandas de corte folk como Finntroll y Ensiferum. Como todos sabemos, en más de algún inglés las proezas de Wallace se internalizaron como temor e incertezas sobrenaturales: había que controlar una sublevación encabezada por un gigante con la fuerza de diez hombres. Sin embargo, todos sabían que no era inmortal. El orgullo de los escoceses fue dañado con la humillación y muerte dada a Sir William, y las llamas de la independencia sufrieron una suerte de ordalía.

The Heart of Scotland se aferra a este clima en donde surgen las dudas; pero también las más fieras reivindicaciones de lealtad al rey Robert the Bruce. Seguramente para muchos este es el punto en el cual la magia del “Tunes of War” se hace más presente y las canciones se comienzan a teñir con esos recuerdos de ese discazo. Esto desde una perspectiva estrictamente musical, ya que es lógico hacer la conexión por estos dos insignes personajes. Nuevamente los tambores (¿bodhrans?) y las gaitas añaden el ambiente necesario previo a la canción, esta vez con una melodía más marcial, por lo que la transición se hace mucho más lógica e imperceptible cuando Markus Kniep entra marchando con la batería. Un coro imperdible y un solo de las llamadas small pipes de parte del músico Florian Bohm convierten a esta canción en aquellas a nombrar a la hora de recordar la saga de los clanes según los germanos.

No es justo comparar Thousand Tears con la insuperable The Ballad of Mary (Queen of Scots), pero me atreveré a decir que la primera cuenta con un pre-coro mucho mejor y más dinámico musicalmente. Y además de ese gran acierto, la balada cuenta con la presencia y gran registro de la frontwoman de BattleBeast, Noora Louhimo, que trae sus dos facetas vocales de talentoso contraste, un deleite para fans de ambas bandas.

Para retomar los ánimos, la energía se desata con Union of the Crown. El tema pasa galopante y rápido por los oídos: la canción no cuenta con grandes dinamismos, más bien lo contrario, se adhiere a la fórmula del Power Metal al grano con sólo dos versos y coros inalterados (esto último no es ajeno a la banda). Y así, como las letras narra una premonición o mal augurio, la canción siguiente, My Final Fight, se adentra en la Batalla de Culloden que toma lugar en el siglo XVIII y resultó en una derrota del pretendiente Carlos Eduardo de los jacobitas. El carácter musical continúa—al igual que el espacio-tiempo narrativo—y resulta en una canción también breve al oído e incluso más galopante en estilo (casi en énfasis de la antecesora). Y con estas palabras cuesta no evocar en la imaginación la imagen de un caballo y sobre él un jinete herido entre un mar de casacas rojas, tartanes y barro.

Las guitarras se introducen con la uñeta deslizada por las cuerdas y nos vamos hacia lo pesado de corte tradicional: Gathering of the Clans y Barbarian obedecen al estilo con que reza todo seguidor de la Iglesia de Judas Priest, ambos temas altamente cabeceables y como sacados del “The Clans Will Rise Again” (que se destacó por este carácter). Mientras Gathering of the Clans se pasea en un oleaje melódico y con un coro muy parecido a la melodía de The Dark of the Sun, Barbarian mantiene el arte férreo: la expresión tanteando entre pausas y una lírica estoica. Personalmente me quedo con este tema como mi favorito del álbum, es un hacha afilada y un martillo al mismo tiempo.

Y mientras las gaitas suenan nuevamente para anunciar la canción que le da el título al disco, Fields of Blood, sugiero servirse una pinta o un escocés para acompañar esta elegía que cierra este trabajo. En sus diez minutos de duración, la banda aprovecha dos interludios—el primero acompañado de guitarra acústica—para adentrarse un poco más a la memoria de los caídos. Como es de esperar, la melancolía cae hacia el segundo interludio del tema y con unos versos dedicados al llamado “Corazon Valiente”. Finalmente, luego de la coda de Fields of Blood, la marcha instrumental Requiem for the Fallen comienza a sonar a modo de punto final de este nuevo mosaico dedicado a los mártires de las Tierras Altas.

Un álbum meritorio para abrir una nueva década de Grave Digger y digno de mantenerse en la memoria de los fieles. Créditos al ilustrador de esta, para mí la mejor carátula de la historia del sepulturero, el ruso Alexander Tartsus quien además le rinde un tributo visual a Andreas Marschall, el ilustrador del Grim Reaper a lo piper que adorna la portada del “Tunes of War” (al ser incluido en ella como un espectro). No cabe duda que los germanos veteranos del Heavy Metal iniciaron bien este año.

Por: Gabriel Rocha

Primal Fear debe ser una de las bandas más prolíficas de la escena del Power Metal. A veintidós años de su excelente debut homónimo, los alemanes lanzan su decimotercer disco de estudio titulado “Metal Commando”, y que los trae de vuelta a su sello discográfico original Nuclear Blast luego de seis álbumes bajo el alero de Frontiers. A la ya establecida formación con tres guitarristas compuesta por Alex Beyrodt, Tom Naumann y Magnus Karlsson, junto a los fundadores Ralf Scheepers y Mat Sinner, se suma el nuevo baterista Michael Ehré (actual baterista de Gamma Ray, entre otros innumerables galardones). La deslucida carátula quizás no sea la más impresionante en la carrera de los teutones, pero como cita el dicho: “no hay que juzgar a un libro por su portada”.

El álbum abre con el primer sencillo de adelanto, I Am Alive, un tema potente y directo, con riffs bastante melódicos y ritmo enérgico que te ponen de buen ánimo inmediatamente. El gran despliegue vocal del incombustible Ralf se aprecia de inmediato con líneas vocales pegajosas y sus armonías marca registrada. Un gran comienzo que se extiende con la entretenida Along Came the Devil, una canción de medio tiempo llena de actitud rockera, cadenas y cuero, con un coro más comercial y contagioso. A pesar de dejarnos gusto a poco como primer adelanto del álbum, es una de esas canciones que crece con cada escucha. El trío de guitarristas se luce con dúos de guitarras gemelas y una tercera guitarra que sigue marcando el riff principal.

A continuación, tenemos un manjar para los fanáticos de la época inicial de la banda, me refiero a la brillante Halo. Sin caer en recursos nostálgicos innecesarios, los teutones se sacan un cañonazo de Power Metal directo a la vena y que podría fácilmente formar parte de “Nuclear Fire”. Es un tema que tiene todo para convertirse en un clásico de Primal Fear: veloz y melódico, bombástico y épico, se me acaban los adjetivos para describirlo. Uno de los puntos más altos del disco y una de sus mejores canciones, sin lugar a dudas. Con Hear me Calling pisan el freno y nos dejan retomar el aliento luego de tan frenético arranque. Es una pseudo balada bastante tibia que pasa un poco desapercibida, pero que en el contexto del álbum sirve para limpiar el paladar.

The Lost & The Forgotten se destaca por un enfoque más agresivo en los riffs, con actitud callejera y un Ralf inspiradísimo con sus afilados agudos y echándole la foca a medio mundo. Para los adictos a la velocidad, My Name is Fear es justo lo que estaban esperando, con un Michael Ehré impecable tras los parches, aplicando un imparable doble bombo como si su vida dependiera de eso. Nuevamente tenemos alucinantes armonías y solos de guitarra a toda velocidad cortesía de Karlsson y compañía. En contraste, I Will Be Gone es una suave balada acústica que te transporta directo a fines de los 80s, como si se tratara de una banda de Glam Metal tratando de crear un hit para MTV. Es una canción atípica para Primal Fear, pero funciona bien a pesar de todo.

Luego de este breve descanso, la excelente Raise Your Fists nos despierta de sopetón como una bocanada de aire fresco. Es una canción destinada para ser interpretada en vivo y hacer participar al público en el coro gritando a todo pulmón con el puño en alto. Los riffs son juguetones, el ritmo es contagioso y casi bailable, con muchas vibras ochenteras. Howl of The Banshee es otro de esos temas que recuerda a los triunfales inicios de la banda, con potentes riffs llenos energía y esas melodías vocales que solo un capo como Ralf puede crear una y otra vez. El dinamismo y la versatilidad de la banda se hace evidente cuando logran mezclar una gran cantidad de influencias e ideas en un solo disco sin perder su esencia.

Con Afterlife estamos nuevamente en presencia de un tema pesado y demoledor, con gran cometido por parte de Michael Ehré, dándole duro a la bataca mientras que Scheepers se manda una performance que justifica el haber sido considerado en su momento para reemplazar a Rob Halford. Mal que mal, la influencia de Judas Priest en el sonido de los alemanes es innegable, aunque con los años hayan desarrollado su propio estilo. Para cerrar tenemos Infinity, una épica montaña rusa de trece minutos que te hace pasar por todo tipo de sensaciones, con momentos llenos de ferocidad, extensas secciones instrumentales y delicados pasajes acústicos. Es probablemente la canción más ambiciosa en la carrera de los germanos, y le da un broche de oro a esa nueva entrega.

Con “Metal Commando”, Primal Fear demuestra que, a pesar de sacar discos año por medio, están muy lejos de quedarse sin ideas, siendo capaces de sorprendernos con una refrescante, balanceada y variada colección de himnos metaleros. La producción y la mezcla son impecables, con un gran sonido moderno especialmente en la batería. El núcleo compositivo liderado por el legendario Mat Sinner parece estar más inspirado que nunca, con una vuelta al sonido que los hizo populares a comienzos del nuevo milenio, y que les permite regresar en gloria y majestad al sello que los vio nacer. Es una lástima que la gira de promoción junto a Freedom Call haya sido pospuesta hasta el próximo año, pero seguiremos esperando atentamente la oportunidad de presenciar al comando de Metal alemán en acción una vez más.

Por: David Araneda

Finlandia es un país donde el Metal es un estilo de vida. De esta forma, cualquier banda que salga de aquel país posee un sello de calidad de tan solo mencionar el nombre del cual son originarios. Una de las bandas que posee tal sello calidad es Ensiferum, y que esta vez presenta su más reciente trabajo de estudio: «Thalassic«, disco que fue lanzado a través del sello discográfico Metal Blade Records. La banda la componen Petri Lindross (voz y guitarra), Markus Toivonen (guitarra), Sami Hinkka (voz y bajo) y Janne Parviainen (batería).

El disco parte con Seafarer’s Dream, una épica introducción al más estilo medieval, como puntapié al primer single que lanzó la agrupación: Rum, Women, Victory, que desde un comienzo deja las cosas claras con su impecable sonido, que por lo demás es muy dinámico de principio a fin.

Andromeda es una canción que también se había escuchado con anticipación, pues es el segundo sencillo que la banda presentó, caracterizado por un sonido más folk, mientras que los sonidos pomposos siguen con The Defence of the Sampo, poderoso tema donde las orquestas junto a los riffs del conjunto van dibujando uno de los temas más enérgicos del disco. La velocidad llega con Run from the Crushing Tide, que trae el lado más brutal y poderoso de la banda, con riffs y doble pedal lleno de energía.

La mitad del álbum llega con For Sirens, una canción que por así decirlo, baja un tanto las revoluciones, sin dejar de lado la energía entregada por la voz y los riffs que son comandados por un ritmo folk. La velocidad que se venía gestando hasta ahora disminuye con One with the Sea, en una poderosa balada marcada por la fuerza que entrega la voz.

Midsummer Magic es una curiosa y sólida canción, llena de energía, marcada por un pintoresco tono folk en un principio, pero que a la larga se transforma en un enérgico himno. Y el final lo marca Cold Northland (Väinämöinen Part III), un tema extenso, de casi nueve minutos de acción, en el se que desenvuelve lo más épico y poderoso de la agrupación, partiendo de una forma muy calma que después es protagonizada por la fuerza y energía del ensamble junto con sonidos orquestados, incrementándose en la mitad con la brutalidad de la voz, que también es resaltada por los potentes riffs, que la postre cambian y vuelve a lo que era el tema en un principio, para poner el broche de oro al final.

«Thalassic» es sin lugar a duda un grandioso disco, marcado de muchos matices, partiendo desde la música clásica hasta la folk. Un dinámico y asombroso trabajo de Ensiferum, que no hace más que reflejar el inmenso poderío que refleja tan solo al escuchar su nombre y de dónde vienen.

Por: Samuel Lorca

Hëiligen, banda conformada por Renzo Palomino en la voz, Hugo Sánchez en la guitarra, Javier Alarcón en el bajo y Jonathan Marín en la batería, presenta su segundo trabajo de estudio después del EP “Return to the Battle” (2016) y primer disco de larga duración, titulado “Shadows in the Church”, álbum que plasma toda la magia e influencias en el característico y asombroso sonido que posee esta agrupación.

El álbum da inicio con The Curse of the Priest, una grandiosa introducción, con mucho sentimiento y magia, que se rompe cuando comienza Shadows in the Church, directa y sólida, con riffs muy enérgicos, al igual que cuando entra la voz, proporcionando a la canción una clara y potente energía que se ve reflejada en el solo de la guitarra, continuando de la misma forma hasta el final. Electrizante tema de Heavy Metal sin concesiones.

El riff de Inquisitor al comienzo del tema sin duda hace presagiar otro potente corte, lleno de fuerza, donde queda de manifiesto el virtuosismo de las guitarras, con enérgicos riffs y solos de guitarra que pareciesen sacar chispas, sin dejar de lado la sonoridad y melodía característica que los marca. Excelente canción, con una ejecución bien llevada de principio a fin.

Con Prisoner Of Faith bajan un poco las revoluciones -sólo un poco-, un ritmo al principio más constante y que cambia un poco antes de la mitad, con un potente doble pedal que introduce a las guitarras al interludio, creando una atmósfera de encanto con pequeños tintes de misterio, para nuevamente volver al principio con un canto cargado de fuerza. Fino corte, con muchos matices.

Gladiator sigue la senda que había introducido el tema anterior en un principio, un ritmo constante y enérgico que guía a la canción en su totalidad. Pese al ritmo firme que lleva el corte, presenta muchos matices, destacando un sólido y preciso solo de bajo en el interludio, acompañado de sutiles riffs de guitarras. Una interesante canción, llena de elegancia.

Rage of the Gods es el primer single lanzado por la banda, otra canción que, al igual como se viene gestando el disco, está plagada de energía y fuerza. Un tema muy veloz con potentes riffs de guitarras y un gran solo que marca el medio tiempo de la canción y de esta manera continuar con la potencia creada.

Into the Valley of Champions es un corte instrumental precisamente llevado por el ensamble como antesala a Victory, canción que también posee un inmenso entusiasmo como el corte anterior. Este es el segundo sencillo lanzado por la banda y que cuenta con la participación de Jaime Contreras (Steelrage), creando una enérgica atmósfera en las voces y de esta manera sellar una canción sublime. Potente corte, con mucho poder.

Tyrant (Dyonisius I) es otra canción rápida de este disco y que cuenta la historia del gobernante Dionisio I de Siracusa, varios siglos antes de Cristo. El tema comienza con unos riffs clásicos de Heavy Metal que se incrementan a medida el ensamble aparece como puntapié para que el canto se haga presente y de esta manera crear un electrizante ambiente. El interludio nuevamente es avasallador, no dejando nada a su paso. Un gran tema que hace recordar In the Mirror de Loudness por algunos instantes.

El final corre por parte de Hëiligen, la canción más extensa del disco con un poco más de nueve minutos de duración, donde la banda despliega todo el potencial que posee. El corte comienza de una manera muy misteriosa, con poderosos riffs que anteceden a las voces, que se despliega de la misma forma. Pasada la mitad del tema, su rumbo es rápido, con un electrizante ensamble que da el vamos al interludio de guitarra, proporcionando la cuota de virtuosismo al tema, que posteriormente continúa como se venía gestando al principio hasta su final.

Las palabras que más destacan a “Shadows in the Church” sin duda son potencia, energía, fuerza y poder, que describen con precisión todo lo relacionado a la musicalidad de la banda. Sólido álbum que, de alguna forma, marca un nuevo rumbo para la agrupación en cuanto a sonido y potencia. Excelente disco de Hëiligen, que pone en lo más alto al Metal nacional.

Por: Samuel Lorca

Los noventa fueron un tiempo sumamente difícil para el Heavy Metal clásico. El Grunge y las bandas alternativas dominaban el lado mainstream del Rock, mientras que la escena underground evolucionaba constantemente en direcciones más extremas. El mundo del Metal se expandió más allá de los límites de Inglaterra, Estados Unidos y Alemania, con gran cantidad de bandas y nuevos subgéneros emergiendo todo el tiempo. Gigantes británicos como Black Sabbath, Judas Priest y Iron Maiden experimentaron cambios importantes en sus formaciones y tuvieron que luchar para mantener el nivel de popularidad alcanzado en las décadas anteriores. En el caso de la Doncella, la década comenzó con la partida del guitarrista Adrian Smith, seguido por el icónico vocalista Bruce Dickinson. A pesar de que la era de Blaze Bayley tiene sus férreos defensores, por muchos es considerada como el período más oscuro de la banda, con reacciones bastante tibias a sus lanzamientos de estudio y presentaciones en vivo, mientras que la carrera en solitario de Bruce comenzaba a despegar.

Afortunadamente para los fanáticos del sonido clásico de Iron Maiden, los noventa no durarían para siempre y el nuevo milenio trajo consigo la promesa de un nuevo álbum con Dickinson y Smith de vuelta en la banda, convirtiéndose en un sexteto con tres guitarras por primera vez en la historia de “La Bestia”. Después del exitoso «Ed Hunter Tour» que acompañó el lanzamiento de ese imposible juego de PC (¿alguien habrá logrado terminarlo alguna vez?), su tan esperado duodécimo álbum de estudio titulado «Brave New World» finalmente vería la luz a través de EMI, un buen 29 de mayo de 2000. El concepto de la canción homónima y la portada del álbum se basaron en la novela distópica de Aldous Huxley del mismo nombre. Como curiosidad, cabe comentar que la mitad superior de la alucinante cubierta fue diseñada por el legendario Derek Riggs, en lo que sería su última contribución en una portada de un álbum de Iron Maiden hasta la fecha.

Asumiendo que la mayoría estamos más que familiarizados con este álbum, voy a poner énfasis en su importancia para la resurrección de la carrera de Iron Maiden y, por qué no, de todo el género del Heavy Metal clásico a principios de la década de 2000. En un mundo dominado en gran medida por bandas que mezclaban elementos de Hip Hop con sonidos metaleros, apareciendo constantemente en MTV con los pantalones abajo en lugar de mezclilla y cuero, definitivamente necesitábamos que alguien le recordara al mundo que el Heavy Metal clásico no estaba muerto y que venía por su segundo impulso. El Heavy y Power Metal europeo de culto venía dando la batalla por años, pero necesitábamos una banda de peso para lidiar la senda de esta nueva generación. Después de todo, este sería el álbum que les permitiría encabezar eventos como la tercera edición del legendario Rock in Rio, y que además los traería por segunda vez a nuestro país en esa mágica noche de enero en la Pista Atlética junto a Halford.

Mirando hacia atrás, «Brave New World» nos dejó himnos de primera calidad para cantar con el brazo en alto, como lo son The Wicker Man, la canción homónima y la favorita de muchos, Blood Brothers. Las presentaciones en vivo de esta última se convertirían en un punto culminante de sus giras recientes, quedando inmortalizada para la posteridad en esa conmovedora versión de «En Vivo!», reuniendo a cincuenta mil almas en un canto unísono celebrando la hermandad en el Metal. El lado más progresivo de su música también brillaría en dramáticos y largos temas como Dream of Mirrors, The Nomad y The Thin Line Between Love and Hate. También habría espacio para números más directos como Out of the Silent Planet, The Fallen Angel y The Mercenary, los cuales podrían pasar fácilmente por uno de sus clásicos de los ochenta, si no fuera por la producción. Personalmente hablando, la verdadera joya en el álbum siempre será la épica Ghost of the Navigator, una canción que me sigue dando escalofríos veinte años después.

La incorporación de un tercer guitarrista les dio la oportunidad de experimentar con arreglos cada vez más complejos, llevando el concepto de «twin guitars» a un nuevo nivel, logrando un sonido masivo con la ayuda del entonces recién llegado y ahora productor de cabecera Kevin Shirley. La exquisita elaboración y prolija ejecución de las canciones transmiten una sensación de grandeza y pomposidad que sugieren la intención de la banda por recuperar su trono en el reino del Metal. Tras su lanzamiento, algunos críticos señalaron que «Brave New World» era simplemente un intento descarado y sin inspiración para revivir los viejos tiempos de la banda y reactivar su economía, pero yo no puedo estar más en desacuerdo con esa afirmación. Llegaría incluso a decir que este es su mejor disco de estudio desde ese lejano «Seventh Son of a Seventh Son» y probablemente sea el último álbum de Iron Maiden donde cada una de las canciones se disfrutan de principio a fin, sin atisbo alguno de relleno.

«Brave New World» significó un nuevo comienzo para la que es probablemente la banda de Metal más influyente de la historia, quienes tuvieron que pagar sus deudas una vez más luego de lograr la aclamación universal durante los años ochenta. Está claro que Iron Maiden se ha vuelto más intrincado y bombástico que nunca durante las últimas dos décadas, y que sus shows en vivo siguen siendo una de las producciones más impresionantes que puedas presenciar en el negocio de la música, pero en lo que respecta a álbumes de estudio, éste siempre tendrá un especial lugar en el corazón de muchos metaleros. La objetividad y la música generalmente no se llevan muy bien, pero el hecho de que este disco haya salido cuando muchos de nosotros comenzábamos por la senda del Metal, inspirándonos a seguir este camino por ya dos décadas, habla del impacto que una sola obra de arte puede tener en una persona. Estoy seguro de que no soy el único.

Por David Araneda

A través del tiempo, el Metal Progresivo ha ido cambiando paulatinamente, donde bandas Rush King Crimson, por nombrar algunas fuentes más ligadas al Rock, han logrado servir de inspiración para agrupaciones que hoy en día son un claro estandarte del género, como lo son Dream Theater, Symphony X y otras.

Una de las bandas que es parte de la nueva generación es Haken, y que esta vez presenta su nuevo disco titulado “Virus”, que ve la luz a través del sello discográfico InsideOut Music. El conjunto norteamericano esta compuesto por Ross Jennings (voz), Richard Hendshall (guitarra), Charles Griffiths (guitarra), Conner Green (bajo), Diego Tejeida (teclados) y Raymond Hearne (batería).

Los fuegos abren con el primer single lanzado por la banda: Prosthetic, canción directa y potente desde un comienzo que no deja nada a la imaginación, con riffs de guitarras llenos de fuerza y poder junto al ensamble hasta llegar a la voz, donde hay una calma relativa antes que todo estalle en el estribillo y así continuar con el tema intercalando con el coro hasta su final. Fuerte y potente corte que despliega toda la energía de la agrupación.

Invasion es el tercer sencillo que presentó el conjunto, además de ser una de las canciones más interesantes del álbum, y se puede notar desde el inicio de una manera muy calmada que se incrementa a medida que avanza en el tiempo, alcanzado el peak en el coro donde todo el sentimiento del canto se hace presente. Interesante tema cargado de matices, desde el principio hasta el final.

Carousel es otro punto sólido del disco con sus diez minutos y fracción. El comienzo es sumamente tranquilo, solo la voz y una guitarra aparecen como los principales protagonistas hasta que entra el ensamble de golpe para meterse de lleno al tema. Sin duda, y tal como lo señala el título, este corte es un carrusel de sensaciones en donde se puede escuchar lo más pacífico de la banda hasta lo más rudo que tienen, con muchas progresiones, cambios de compases, djent, arpeggios, etc.. Sólo queda decir que es un sólido tema en el que la banda saca a relucir lo mejor de sus armas que han desarrollado a lo largo de su carrera musical.

The Strain es una canción que juega mucho con las sonoridades y armonías, en donde los arpeggios y acordes son rol predominante durante todo el proceso. Tal vez el canto por algunos pasajes es un tanto flojo, pero ese sabor agridulce queda atrás cuando las sonoridades cumplen su papel, transformando la canción en un sutil y discreto campo de sensaciones.

Canary Yellow es el segundo single que presentó la banda, canción lenta y muy melancólica llevada a cabo de una forma muy precisa, en donde se puede divisar el lado más emotivo del conjunto, con atmósferas nostálgicas, melancólicas y tranquilas caracterizadas por un ritmo abrazador. Certero corte que pone una cuota de pasividad al disco.

La mitad del álbum llega con Messiah Complex, un tema de algo más de diecisiete minutos, donde se evidencia toda la calidad y maestría de la banda. Este extenso tema esta subdividido en circo partes. La primera parte es Ivory Tower, un corte sumamente sutil apenas arranca, donde la guitarra se explaya sigilosamente hasta adentrarse en los riffs, que se desvanecen cuando la voz hace su aparición, logrando una tranquilizante atmósfera. El tema continúa ya directamente con el ensamble en su totalidad, logrando una sincronía con mucha sonoridad y elegancia hasta que aparece A Glutton for Punishment, una segunda parte sumamente potente y directa, con electrizantes riffs y solos de guitarras que por instantes se transforma en una intensa batalla, que es resaltada por la banda en su totalidad. La tercera parte es Marigold, que con un comienzo intrigante, pretende cautivar al oyente con sus acordes. Sin embargo, esa pacífica entrada se rompe abruptamente para dar paso a la brutalidad de los riffs, destruyendo todo lo que se interponga en el camino junto a la voz. De más está señalar que la esencia progresiva a esta altura del álbum está correctamente diseñada. La cuarta parte es The Sect, y es algo muy similar a lo que ocurrió en la parte anterior, en donde destaca el uso de sonidos de videojuegos arcade que son utilizados sutilmente, proporcionando un pintoresco toque a la canción. La quinta y última parte de este extenso tema llega con Ectobius Rex, que desde un principio impone magnificencia con pomposos riffs que posteriormente se vuelven más agresivos para meterse de lleno a la canción. Buena sonoridad y elegancia con mucha fuerza.

El fin lo pone Only Stars, un tema atmosférico y tranquilo, donde los protagonistas son la voz y los sintetizadores, que marcan una armónica melodía hasta su fin. Fino tema para finalizar un disco cargado de fuerza y poder.

Sin lugar a duda, este trabajo de Haken marcará un antes y un después en su carrera musical, donde ha alcanzado una solidez que aún deben seguir forjando. Excelente álbum, que los hace llegar a lo más alto del Metal Progresivo a nivel mundial, y ganando un prestigio a través la innovación que han desarrollado entorno a este género, poniéndolos a la vanguardia del recambio que servirá de inspiración para las bandas venideras.

Por: Samuel Lorca

CONCEPTION – STATE OF DECEPTION

El regreso de Roy Khan a la música ha causado mucha expectación después de que en 2011 el cantante anunciara su salida de Kamelot. La voz del noruego durante ese largo periodo se hizo extrañar grandemente entre la fanaticada que seguía al vocalista, y fue desde entonces que, en 2018, Conception anunció que volverían a la acción con sus miembros originales, y más aun lanzando un EP titulado “My Dark Symphony” en ese mismo año, lo cual encendió las alarmas en el medio. Este año la banda presentó un nuevo disco de larga duración desde 1997 titulado “State of Deception”, el quinto álbum de estudio que hace volver a soñar a los fans que alguna vez lo hicieron como hace veinte años atrás. La banda está formada, además de Roy Khan en la voz, por Tore Østby en la guitarra, Arve Heimdal en la batería, Ingar Amlien en el bajo y Lars Kvistum en el teclado.

El disco comienza con in:Deception, como tema introductorio a Of Raven and Pigs, canción con mucho dinamismo y poder que está marcada por la letra y voz de Roy, que relata el conflicto entre la sociedad y el estado. En Waywardly Broken baja un poco las revoluciones, en donde se presenta un tema con un ritmo constante que arrastra la canción dando un protagonismo esencial a la voz, algo muy diferente de lo que ocurre en No Rewind, donde los cambios de ritmos y melodías se hacen muy notorios, proporcionando al tema una particular brutalidad. The Mansion es la balada del disco, que cuenta con la presencia de Elize Ryd (Amaranthe), en el cual saca a relucir una sutil y sólida interpretación llena de sentimiento y melodía junto a la voz de Roy, un hermoso tema. By the Blues es una canción más efusiva, pese a la discreción de los riffs, pero que logra un particular resultado con un toque noventero, sencillo tema que no deja de ser novedoso. En Anybody out There se puede oír algo más sinfónico, con discretos pizzicatos tocados por el violín y el cello al inicio de la canción y que acompañan al canto durante las estrofas, que posteriormente detonan en el coro como una magistral sinfonía, algo que también se puede escuchar en She Dragon, entrando desde un inicio con una clara interpretación orquestal que se combina junto a los enérgicos riffs del ensamble. El final del disco llega con la remasterización del tema Feather Moves, que pertenece a su sencillo “re:conception” lanzado también en 2018 como anticipo al EP “My Dark Symphony”.

Sin duda, el regreso de Conception ha sido muy gratificante desde la posición de un oyente, en donde el Metal Progresivo que hacían en aquella época sigue intacto y con nuevos elementos incorporados en relación con la actualidad. “State of Deception” en síntesis, es una mezcla de discreción y sonido que se ven resaltados por la sinfonía de fondo, en donde el elemento progresivo se hace notar fehacientemente.

Por: Samuel Lorca

DYNAZTY – THE DARK DELIGHT

Con algo más de diez años de experiencia, los suecos Dynazty, han podido progresar y mantener firme su esencia que tanto los caracteriza, con un sonido potente y una gran variedad de matices que hacen que la banda nunca pierda la frescura y se reinvente a cada álbum, logrando así un intenso Metal melódico. Esta vez los nórdicos presentan su reciente trabajo titulado “The Dark Delight”, un poderoso y ambicioso disco lleno de fuerza y melodía. La banda se compone por Nils Molin (voz), Love Magnusson (guitarra), Mikael Lavér (guitarra), Jonathan Olsson (Bass) y Georg Härnsten Egg (batería).

Todo parte con Presence of Mind, un tema directo y al grano que presenta un estribillo vivido y pegadizo para dar paso al tema en efecto, electrizante, con mucha potencia y sonoridad. Paradise of the Architect es otro tema con mucha potencia que también posee un coro con mucha sonoridad y energía, en donde los riffs hacen gala de su poderío, como lo demuestra posteriormente The Black con mucha fuerza, suministrando una presencia magistral a la voz. From Sound to Silence tiene una entrada misteriosa que se rompe en cuanto comienza el riff, destacando la presencia de HenrikGG6Englund de Amaranthe que proporciona todo el lado oscuro a la canción con voces guturales. Y después de toda la potencia y energía entregada por la banda hasta este momento llega Hologram, un tema que de cierta forma suministra algo de calma y nostalgia, dando así una atmósfera muy emotiva y serena. Si bien el disco hasta ahora es firme y elocuente, con Heartless Madness lo es aún más, haciendo al oyente vibrar con un pomposo sonido cargado de euforia que llega al éxtasis con las frases: “Show me heaven/I need your heartless madness”. Los sonidos pegadizos y enérgicos se extienden con Waterfall, una canción que pese a su energía, proporciona una sensación de tristeza que queda aún más evidenciada en su letra, pero por supuesto, el ritmo no deja de impresionar.

La otra mitad del álbum continua con Threading the Needle, que es una canción muy similar a los temas iniciales del disco, con potentes riffs llenos de energía, mientras que en The Man and the Elements se puede percatar un toque más folk, en el cual los punteos de la guitarra lo dejan en evidencia, colocando así, un grato ambiente al más estilo nórdico. Apex es un tema directo que incorpora ritmos electrónicos que dirigen a la canción en su totalidad, algo diametralmente opuesto a lo presentado en The Road to Redemption, que incorpora elementos country, dando un ambiente del viejo oeste. The Dark Delight es un tema que tiene algunos tintes parecidos a Tears of a Mandrake de Edguy, haciendo de esta canción una prominente pieza cargada de energía y emoción, en donde la banda deja toda el alma, haciendo un cierre perfecto del disco. El final de manera definitiva llega con el bonus track The Shoulder Devil, una canción con pomposas sinfonías y potentes riffs que marcan un inicio brutal y que se ven reflejados nuevamente en el coro potenciando al canto. Vigoroso y rutilante final.

Sólido, es la palabra que mejor describe este último trabajo de Dynazty, en el cual han dejado claro que el paso del tiempo los ha hecho una banda con mucho potencial y energía que aún tienen por entregar. En definitiva, “The Dark Delight” es uno de los trabajos más sólidos que se ha escuchado desde lo que va de este 2020, con canciones correctamente interpretadas y distribuidas de correcta manera.

Por: Samuel Lorca

SERENITY – THE LAST KNIGHT

Una de las bandas que ha mostrado un gran auge en el metal sinfónico es Serenity, que con sus ya casi veinte años de trayectoria han podido construir un camino lleno de éxitos. Esta vez toca analizar su más reciente placa, lanzada vía Napalm Records: “The Last Knight”, que relata en parte, la vida de Maximiliano I de Habsburgo, emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. La banda la componen Georg Nauhauser (voz), Christian Hermsdorfer (guitarra), Fabio D’Amore (bajo) y Andreas Schipflinger (batería).

El disco da comienzo con The Last Knight, un épico y sonoro tema orquestal que es una introducción a Invictus, una canción que desde el comienzo entrega riffs con mucha potencia y energía que van dirigiendo la canción hacía un intenso y potente coro. Set the World on Fire cuenta con la participación de Herbie Langhans, como se vio en el videoclip presentado para este tema, en donde demuestra todos sus dotes vocales en un sencillo y pegadizo coro lleno de melodía. Otro tema que sigue el hilo pegadizo y lleno de sonoridad es Keeper of the Knights, con un riff de guitarra que introduce a tema, transformándose así en un melódico tema que, con poco, saca a relucir toda la magia de la banda. Souls and Sins es un corte un tanto más lento y que no presenta grandes matices, con un riff que arrastra la canción hasta su culmine en donde se presenta un cambio de tono, que es quizá lo más llamativo del tema, y que pareciera que sigue de igual forma con My Kingdom Comes, pero rápidamente esto cambia con la potente entrada del ensamble, presentando así una canción bastante atmosférica y muy matizada.

Queen of Avalon es una canción muy directa, con una introducción pegada al folk, pero sin dejar de lado la sinfonía que caracteriza a la banda que se ve reflejada notoriamente durante el estribillo. La calma corre por parte de My Farewell, una balada cargada de emoción y que sin grandes alardes logra cautivar al oyente. Down to Hell no se deja nada a la imaginación desde un comienzo, con un enérgico riff que va poniendo una cuota de inquietud a medida que avanza el tema, sin embargo se rompe durante el coro, en donde la melodía y heroísmo se hacen presente tal como ocurre con Wings of Pride, con una introducción dada por unos arpegios y que cambia abruptamente por unos potentes riffs que se ven resaltados aún más durante el estribillo, que también se ve reflejado por una heroica Call to Arms, cargada de energía, que avanza con mucho vigor hasta su fin. Una versión acústica para Souls and Sins cierra el disco de forma melódica y elegante.

Este es sin duda un gran álbum de Serenity, y que los consolida como una banda exponente del Metal sinfónico, en donde, con potencia, energía y vigor han podido demostrar toda la virtuosidad que han forjado durante su carrera. Sin duda, un sólido y sutil álbum que pone a esta agrupación en lo más alto del metal mundial.

Por: Samuel Lorca

Mekong Delta – Tales of a Future Past

Ciertamente Alemania es un gran referente del Metal mundial, con bandas que han dejado marcas en la conciencia colectiva de los fanáticos, cambiando vidas al ritmo de la música. Esta vez Mekong Delta, uno de los grandes representantes del Metal germano, presenta su último trabajo, titulado “Tales of a Future Past” que cuenta con Martin LeMar (voz), Peter Sjöberg (guitarra), Erik Adam Grösch (guitarra), RalphRalfHubert (Bajo) y Alex Landenburg (batería) en su formación.

El álbum parte con el tema introductorio Landscape 1: Into the Void, puntapié para Metal Entropy, canción sumamente enérgica, con unos riffs pronunciados que van dirigiendo a un tema con una línea musical muy potente y electrizante. A Colony of Liar Men tiene un inicio lento que posteriormente se rompe con los riffs del ensamble que se van entrelazando a medida que avanza la canción, haciendo de este un tema muy dinámico. Landscape 2: Waste Land es otro tema instrumental con pomposos arreglos orquestales, que colocan una cuota de misterio y magia al disco. Mindeater posee un inicio directo y potente, con un riff seguido de un doble pedal con mucha fuerza hasta llegar a las voces, en donde predomina un ambiente thrash y que va continuando con la misma esencia, algo que también se divisa en The Hollow Men, donde enérgicos y electrizantes riffs son su principal núcleo.

Otro corte instrumental es Landscape 3: Inharent, que como se viene gestando el álbum hasta ahora, es una canción potente y enérgica en el que los riffs hacen gala de su fuerza y poder resaltados por el ensamble. When all Hope is Gone es el tema más extenso del disco, con casi diez minutos, en el que se aprecia una canción plagada de matices, con ambiente misteriosos, lúgubres y poderosos que proporcionan elocuencia al tema junto a los arreglos orquestales, algo totalmente opuesto a lo que se escucha en A Farewell to Eternity, canción cargada de magia y esperanza que refleja toda la emoción y templanza de la banda. El final llega con Landscape 4: Pleasant Ground, una instrumental muy efusiva y sonora con algunos tintes sacados de la música barroca, ciertamente interesante.

En modo de conclusión, “Tales of a Future Past” es un disco lleno de matices y contrastes en el que se reúnen muchos elementos, con el fin de proporcionar un álbum innovador y con una esencia única. Sin duda un gran y sólido trabajo de Mekong Delta.

Por: Samuel Lorca

El Metal progresivo ha tenido, durante el último tiempo, un sorprendente auge, que también le ha permitido ir transformándose. Donde antes los cambios de ritmos y melodías eran «suficientes», por llamarlo de alguna manera, hoy en día esos mismos elementos son combinados con elementos extraídos de la música electrónica, creando diferentes matices, sensaciones y opiniones entre los seguidores de este género.

En ese contexto, esta vez desde tierras australianas, Caligula’s Horse presenta su reciente placa titulada “Rise Radiant” que ve la luz por medio del sello discográfico InsideOut Music. La agrupación musical la componen Jim Grey (voz), Sam Vallen (guitarra), Adrian Goleby (guitarra), Dale Prinsse (bajo) y Josh Griffin (batería).

El disco abre con el primer sencillo lanzado por la banda: The Tempest, un tema directo y potente cargado de energía, como el conjunto lo ha ido forjando hasta ahora, en donde la sonoridad, los ritmos y cambios de compases son los principales elementos que diseñan la canción. Cabe destacar particularmente la melodía durante el coro, en donde el ensamble va creando la sonoridad para dar un singular realce a la voz. Sin duda, un sólido corte con mucha elocuencia y efusividad.

Slow Violence es el segundo single que lanzó la banda, que posee un comienzo muy sigiloso que se rompe en cuanto los riffs de ensamble se hacen presente, y que continúan de una forma más pausada para dar el paso al canto. En este tema, nuevamente el coro posee un aspecto melódico que es resaltada por la voz. Un correcto tema, con mucho encanto.

Hasta ahora, todo lo melodioso y tranquilo cambia con Salt, una canción que inicia con un tímido piano que actúa como puntapié para que el tema continúe de forma brutal. Esto no se extiende por mucho, pues al entrar al canto, las revoluciones bajan rotundamente y se va extendiendo hasta el estribillo en donde otra vez la sonoridad se hace notar. A la mitad del tema, nuevamente las revoluciones bajan, transformando así a la canción en un sube y baja de sensaciones. Corte con mucho matiz y prolijidad.

Resonate es un tema lento, en donde únicamente las voces en compañía de los sintetizadores y la percusión son los únicos protagonistas que actúan a lo largo de la canción. Sencillo y pacífico, que, sin grandes elementos, logran cautivar al oyente.

El inicio de Oceanrice es muy tranquilo, hasta que los riffs del ensamble entran abruptamente para guiar a un tema lleno de potencia y energía que logra su peak en el coro, donde se puede apreciar de nuevo la fortaleza que ésta posee y como logra cautivar al oyente con la sonoridad que se va gestando hasta ahora en el álbum. Fino tema y con mucho dinamismo.

Valkirie es el tercer sencillo que ha presentado la banda, en donde se muestra todo el lado más brutal que la agrupación posee, y que desde un comienzo pretenden manifestar con un directo tema que no deja nada a la imaginación, partiendo con un marcado riff al inicio, solapado por los sintetizadores que marcan la agresividad de los riffs prolongándose de esta manera durante todo el tema en conjunto con la voz. Certero tema, sumamente enérgico.

Autumn es una balada muy melancólica y cargada de emoción, y que se evidencia apenas comienza, con una guitarra muy dulce arpegiando mientras se explaya la voz, guiando así hasta un sublime interludio de bajo que introduce al solo de guitarra y de esta manera continuar con un tema que suministra una atmósfera de calma, haciendo que el oyente se transporte a un lugar pacífico y sereno. Acertado corte, muy bien construido, con un pomposo final.

El final del álbum llega con The Ascent, un extenso tema de casi once minutos en donde queda de manifiesto todo el virtuosismo y destreza de la agrupación, con un comienzo sumamente enérgico y pesado que avanza hasta el canto, donde todo se frena abruptamente para que la voz domine serenamente por algunos pasajes que se intercalan con la brutalidad del ensamble, que marca presencia con el doble pedal en cortos intervalos de tiempo. Este es un tema muy matizado, y que quizá resume todo lo anteriormente elaborado por la banda. Sólido tema que no es más que la consagración del álbum.

Rise Radiant” marca un acertado punto de una agrupación que, con casi diez años de trayectoria, ha logrado cautivar a los oyentes y ganar muchos adeptos alrededor del mundo, dejando en claro el virtuosismo, potencia y energía que la banda aún tiene por entregar. Un disco bastante sólido, audaz y melodioso, en el cual plasman todo el trabajo desarrollado a lo largo de este tiempo.

Por: Samuel Lorca

Estamos ante el noveno disco de Firewind tras veinte años de carrera y esto trae consigo bastantes cambios, partiendo por la salida de Bob Katsionis y la de Henning Basse. Por un lado, Katsionis fue de los principales compositores junto a Gus G mientras estuvo en la banda y una alteración en estas directrices y de frontman siempre genera incertidumbre, sobre todo para grupos con años de trayectoria. En este caso, Basse se alejó por motivos personales que no le permitían seguir aportando con su voz en el próximo ciclo de giras y continuar con ellos.

Siendo este el escenario, ahora Gus G se encarga de la guitarra y los teclados, quitando cierto protagonismo que le daba Katsionis a este último instrumento, pasando ahora a tener sintetizadores en segundo plano y que generan principalmente bases rítmicas. Por otra parte, la potente voz de Herbie Langhans (Avantasia) es muy similar a la de Stephen Fredrick (ex Kenziner y primer vocalista de Firewind), aportando desde un concluyente punto de vista, una experiencia muy cercana a las propuestas iniciales del conjunto.

En términos muy generales, vuelven a la línea de sus primeros discos. En ese sentido, nada ha cambiado en su nuevo álbum, simplemente titulado “Firewind”. Nos encontraremos con fantásticos riffs y solos del talentoso Gus G, la gran voz de Langhans con ese aire a DIO refina todas y cada una de las nuevas canciones de este actual Firewind. Completando la formación y manteniéndose estable en el tiempo, sigue con ellos el bajista Petros Christo y el baterista Jo Nunez.

Este lanzamiento abre con Welcome To The Empire y desde su inicio sabemos que, a pesar de los cambios, todo sigue como siempre. Esa inconfundible combinación de guitarras acústicas y sintetizadores de base, proporcionan el ambiente correcto para un protagónico solo de guitarra, que se desarrolla con velocidad creciente. Con estos elementos, percibimos y esperamos ese riff poderoso de apertura, sonido clásico de Firewind y como mencionábamos en un principio, la poderosa voz de Langhans se hace notar y demuestra su habilidad en el coro. En efecto, el poderoso Firewind que conocemos está de vuelta.

Siguiendo por esta vía, en un terreno más pesado y completamente cercano a “Burning Earth” (2003), Devour es machacador, la batería va galopando junto al bajo y Langhans navega en distintos tonos mientras Gus G va comandando la música.

Rising Fire es el single debut y el primer adelanto que conocimos de “Firewind”. Cuando escuchamos el trabajo por primera vez y sobre todo esta canción, estábamos tan curiosos por la nueva formación como cualquier otro fanático puede estar, sin el antiguo co-compositor, tecladista y guitarrista Katsionis. Sin embargo, no había por qué preocuparse. En cierta manera, esa esencia que emanaban en el 2000 se mantiene y la energía de esa época sigue muy presente en Break Away, no dejarás de repetir ese pegajoso coro y definitivamente el solo, elaborado con ciertos toques neoclásicos que te encantarán.

Mientras que Overdrive aprovecha el talento de Langhans en la voz, se visten con un ritmo genial que recuerda a Dio en la época de Black Sabbath, el coro podría haber salido directamente de las grandes bandas de los años ’80. Inicialmente Overdrive estuvo pensado como un bonus track, pero (según Gus G) fue “cobrando vida por sí sola” y se consideró dentro de “Firewind”.

Firewind no ha abandonado la línea conceptual del anterior “Immortals” (2017) y tres de sus melodías están conectadas líricamente, siendo estas Orbitual Sunrise, Longing To Know You  y Space Cowboy.  El trio conforma una historia de ciencia ficción sobre la sobreexplotación de la naturaleza vista a través de los ojos de un astronauta solitario, orbitando la tierra en su cápsula espacial. Analizándolas por separado, Orbitual Sunrise tiene ese galope de antaño y ochentero, con unos teclados que acompañan en la base rítmica y Nunez brilla con cada cambio de ritmo. A estas alturas, siempre es bien recibida una balada y Longing To Know You es emotiva y épica, de esas que van tomando fuerza a medida que pasan los segundos y llena de arreglos, muy en sintonía de esas power ballads que escuchábamos en el primer disco de Dream Evil y del cual Gus G fue parte (estamos hablando de Losing You). La trilogía cierra con Space Cowboy, de toque hardrockero, con un estilo retro acompañado de un buen coro, elementos que también podemos encontrar en Perfect Strangers.

Llegando a la recta final y en un terreno conocido y bien explotado por Firewind, All My Life tiene esa vibra poderosa del Metal gracias a la sobresaliente interpretación de Langhans, demostrando una vez más sus credenciales. El cierre no podría haber sido de otra manera, un grand finale por así decirlo. Si esperabas esa explosión de velocidad y agresividad de sus anteriores trabajos, Kill The Pain te dejará satisfecho, siendo la más pesada, veloz y agresiva de estas nuevas canciones y dejándonos con ganas de más.

Firewind una vez más ha traído todo ese potencial que conocimos en sus primeros años, haciendo de “Firewind” un sucesor más que digno de su obra conceptual de “Immortals” (2017). Nos traen una mezcla emocionante de Hard Rock y Power Metal actual. El álbum homónimo representa el regreso a las raíces y apogeos de Firewind, recordándonos especialmente a la temporada con Frederick en “Burning Earth” (2002). Ahora al mando en solitario, se nota que Gus G es un mejor compositor cuando se trata de canciones agresivas y poderosas, siendo desde este punto de vista, un producto bastante personal.

Por: Herrant

Nightwish es, sin dudas, una de esas bandas que marca un camino. Una especie de «dominio» a nivel mundial que, con tremendos y trascendentes trabajos en su haber, han podido desarrollar un sonido sólido y potente a medida que pasa el tiempo, en donde los cambios en las voces parecen no haber causado mayor daño en el conjunto; es más, le ha permitido reinventarse y explorar nuevos territorios.

Esta vez, los finlandeses comandados por su estandarte creativo Tuomas Holopainen, rodeado por grandes músicos como Floor Jansen (voz), Emppu Vuorinen (guitarra), Marco Hietala (bajo y voces), Kai Hahto (batería) y Troy Donockley (gaita, silbidos y voces), presentan su noveno y muy esperado álbum, titulado “Human. :ll: Nature.”, donde las expectativas no se hacen esperar por los fanáticos.

El álbum abre con Music, tema que parte de una manera inquietante y que se intensifica cuando los tambores comienzan a sonar, tal cual fuera un ritual, siendo éstos silenciados abruptamente, para dar comienzo a la calma con un teclado de fondo mientras la coral hace de lo suyo junto al ensamble, bajando la intensidad para que la voz entre pacífica y sutilmente, avanzando hasta que la batería en conjunto con el bajo den la entrada al acople y comience la mágica de la banda, alcanzando éxtasis con los versos: «Music/ Fanning the flames of a mystery/ Deepening the listening/ Losing/ Yourself to the endless symphony/ Of now,» siguiendo de esta manera hasta terminar la canción con unos matices entre medio. Sin duda, un sólido comienzo del disco.

La obra sigue con Noise, unos de los sencillos lanzados por la banda previamente, tema potente que no deja nada a la imaginación y que recurre a sonidos y ritmos anteriormente escuchados, tal como lo fueran Shudder Before the BeautifulEndless Forms Most Beautiful«, 2015) o StorytimeImaginaerum«, 2011). En síntesis, un tema muy pegadizo y electrizante, con potentes riffs, orquestas y coros monumentales, nada que no se haya visto antes, pero con la factura esperada de una banda como esta.

Shoemaker es un corte más lento, i se le puede llamar de esa forma -dada la forma en que se viene gestando el álbum-, en donde se puede apreciar un tema con tintes de folk y progresivo, con un riff arrastrando la canción casi en su totalidad, con diversas discontinuidades entre medio. Sin embargo, el tema tiene un momento interesante sobre el final, con un relato seguido de un triunfal coro que pone el punto cúllime a la canción. Un gran final para un tema bastante atmosférico y que deja un sabor agridulce.

Harvest es otro de los singles presentados por el conjunto, con un inicio al son de los tambores abriendo paso a la voz de Troy, proporcionando una agradable tonada llena de encanto y melodía hasta llegar a la mitad del tema, donde el folk toma el dominio de la canción hasta el final. Esto quizás, no es algo que uno acostumbra a ver en Nightwish, pero sin duda aporta algo de dinamismo al álbum.

El disco sigue con Pan, uno de los puntos altos del disco, con potentes y electrizantes riffs cargados de energía, que es de alguna manera la esencia de la banda, en donde se puede apreciar el protagonismo de Vuorinen junto a su guitarra, proporcionando toda la energía a los coros y arreglos orquestales. Certero y directo tema.

El lado del folk nuevamente se hace presente con How’s The Heart?, un sutil corte con un estribillo plagado de emoción y sonoridad, que pone un sentimiento de gozo a medida que se repite. Este es tal vez una de las canciones más resalta en el álbum, pese a su simplicidad, en donde lo que más se aprecia es la sonoridad y melodía que tiene.

Procession posee un interesante comienzo, poniendo una atmósfera de intriga a medida que avanza y que crece en cuanto parte la voz, arrastrado esto durante gran parte del tema, hasta llegar casi al final en donde alcanza su clímax y continúa así hasta un incierto final. Un tema sin grandes matices, que pasa en el álbum relativamente sin pena ni gloria.

Tribal es un tema breve, pero por otra parte uno de los más experimentales que ha hecho la banda, con címbalos y tambores que, tal como lo menciona el titulo de la canción, evocan a rituales y cánticos de tribus, sin dejar de lado los enérgicos y pesados riffs que se vienen gestando. Potente corte que aprueba el examen que se acostumbra a hacer con temas que salen de la zona de confort.

Los dotes vocales de Marco Hietala se hacen presente en Endlessness, canción con un ritmo bastante pausado, en donde el bajista se desenvuelve de una forma macabra, creando una sensación de angustia, resaltada por los arreglos orquestales. Ya sobre el final, aparece la voz de Floor proporcionando la calma, y que se fusiona con la voz de Marco para terminar el tema.

El disco llega a su fin con All the Works of Nature Which Adorn the World, un extenso tema orquestal de más de treinta minutos dividido en ocho movimientos: Vista, The Blue, The Green, Moors, Aurorae, Quiet As The Snow, Anthropocene y Ad Astra, que hacen viajar por la mente a distintos parajes, apelando a los sentimientos y la emoción del oyente. Es muy difícil de describir o quizás resumir los pasajes y emociones que genera un tema tan extenso, aunque quizás no se llegue al punto que uno espera en el final de un disco. Requerirá varios exámenes -y probablemente también el paso del tiempo- para poder saber si esta, emotiva, atmosférica y arriesgada sinfonía ingresa dentro de lo que esperaban los seguidores de Nightwish.

En síntesis, podemos decir sin demasiado temor al error que la esencia de la banda aún esta presente en la mayor parte del álbum, con pomposos arreglos orquestales, sólidos coros operáticos con la imponente voz de Floor Jansen, potentes y electrizantes riffs. Sin embargo, son necesarias muchísimas más escuchas para lograr digerir si el afán innovador y compositiva y rebeldemente transgresor de Tuomas Holopainen le haya jugado una pasada algo excesiva -redundando en el folk, bordeando por instantes lo progresivo y quizás sobrepasando límites con las orquestaciones que tanto los caracterizan-, o si se trata realmente de obras magistrales que se enriquecen con el paso del tiempo y las diversas revisiones que se puede hacer. El disco deja la sensación de que la potencia, la actitud y esa cosa «imperial» que posee Nightwish sigue allí, viva y sana, pero que no termina de explotar completamente en un trabajo sólido, de factura incuestionable, pero que requiere un trabajo extra del auditor para lograr convencerlo.

Por: Samuel Lorca 

Jorn – Heavy Rock Radio II – Executing the Classics

Qué se puede decir de Jorn Lande que no se haya dicho a estas alturas. El noruego, además de poseer una de las voces más prodigiosas del metal y haber conquistado la escena Power gracias a sus trabajos en Masterplan y Avantasia, destaca por su fanatismo irrenunciable hacia la escena AOR/Hard Rock. Basta mirar su discografía solista para encontrarse con una lista interminable de covers y homenajes a referentes de dicha escena. Lo anterior, sumado a su incesante necesidad de re-versionar su material original, ha producido una extensa discografía con ya veinte discos a su haber. Sin embargo, sólo nueve de ellos cuentan con material original, el resto se reparte entre compilaciones, discos en vivo, discos de covers y re-grabaciones.

Y para comenzar esta década, por supuesto que no podía faltar otro disco más de covers. “Heavy Rock Radio II – Executing the Classics” es la secuela del entretenido “Heavy Rock Radio” (2016) que incluyera versiones de auténticos clásicos de titanes como Queen, Iron Maiden, Rainbow, Black Sabbath y Journey. Sin embargo, esta vez Jorn se decanta por versionar temas más suaves, ergo más lejanos a las raíces del Heavy Metal. A excepción de las versiones de Mystery (DIO) y Bad Attitude (Deep Purple), el disco no contiene demasiado “Heavy” como reza el título, sino que es más bien “Soft”. Jorn reinterpreta a artistas como Bryan Adams, Peter Gabriel y Santana… así como también a otros menos conocidos como Russ Ballard, Don Henley o Pages. Desafortunadamente, el resultado en general es más bien cansino y carente de vértigo. No hay nada intrínsecamente malo en las versiones, pero la verdad es que no entusiasman demasiado tampoco. El disco pasa lento y sin sobresaltos, y Jorn tampoco hace gala de todas sus capacidades vocales, entregando interpretaciones que son correctas y poco más. Destacaría las versiones de Lonely Nights (Bryan Adams) y Needle & Pins (The Searchers) que tienen una onda entretenida, pero no mucho más que eso. Curiosamente, lo mejor del disco está en los bonus track, que son re-
ediciones de otros cover antiguamente publicados, a todas luces mejores que las versiones presentadas en este álbum.

En síntesis, creo que Jorn se beneficiaría al recordar el antiguo proverbio que dice que “menos es más”, ya que copar su discografía con tanto disco no-original (llámese compilación, covers o en vivo) lejos de engalanar su catálogo, tiende a restar. No porque sus trabajos sean malos, sino porque algunas entregas son innecesarias, como es el caso de “Heavy Rock Radio II – Executing the Classics”. Ni tan Heavy ni tan clásico, se deja escuchar pero pasa sin pena ni gloria, a diferencia de sus otros discos de covers que son más memorables (sobre todo el primero de su carrera, “Unlocking the Past”, que no tiene desperdicio). Me parece que cuatro discos de covers ya es una cuota más que suficiente y esperemos que el noruego se enfoque en producciones originales… porque si saca algo medianamente similar a cualquiera de sus primeros cuatro discos, estaremos celebrando un nuevo discazo en su carrera.

Por: Hernán Bórquez

 

Serious Black – Suite 226

El ensamble internacional Serious Black vuelve al ataque con su cuarta entrega de estudio en cinco años, titulada “Suite 226”. La banda, que originalmente reunió a estrellas de la escena Power Metal como Roland Grapow y Thomen Stauch, ha sufrido múltiples cambios en su alineación, pero mantiene en sus filas a los fundadores Urban Breed (voz), Dominik Sebastian (guitarra) y Mario Lochert (bajo). Este álbum marca el debut en estudio del baterista Ramy Ali, que llegó para reemplazar a otro viejo conocido, el infaltable Alex Holzwarth. “Suite 226” es una obra conceptual que cuenta la historia de un personaje que ha pasado años en una celda hasta el punto de volverse loco e imaginar que es un rey con súbditos y una armada a su disposición. La banda comentó que con este álbum intentarían volver a sus raíces Power Metal luego de experimentar con elementos Hard Rock en sus últimos dos lanzamientos.

La historia comienza con un par de temas de medio tempo y bastante pegajosos como los sencillos de adelanto Let It Go y When the Stars are Right, entregándonos el primer bombazo Power Metal propiamente tal con Solitude Étude, que se encumbra inmediatamente entre los mejores momentos del disco. Se suceden una serie de canciones con tono más melódico y coros pegadizos como Fate of All Humanity, Castiel, Heaven Shall Burn y Way Back Home, que ayudan a desarrollar la historia y mantienen el momentum de la placa. Ya hacia el final nos encontramos con tres temas que se destacan por sobre el resto: me refiero a la dinámica We Still Stand Tall, la emotivísima Come Home (para mí la joya del disco y una de las mejores Power Ballads que he escuchado últimamente), para cerrar con la épica y operática Suite 226, que incorpora interesantes elementos de música oriental en sus ocho minutos de duración.

“Suite 226” es un disco entretenido que fluye perfectamente de comienzo a fin, incluyendo la necesaria variedad de elementos para hacerlo una experiencia refrescante y satisfactoria. Como todo en la vida, tiene momentos felices y otros llenos de melancolía, pero manteniendo un hilo conductor a través de la narración. Entendiendo el trasfondo de la historia, es evidente que la performance de Urban Breed esté llena de histrionismo, cambios de ánimo y brotes de locura, logrando un gran cometido. Las guitarras y teclados se complementan en su justa medida, con una mezcla balanceada y creo que el producto final es bastante más inspirado que lo que mostraron con “Magic” y “Mirrorworld”. No es un álbum perfecto, pero es claramente un repunte en su carrera y les dará la oportunidad de mostrarse ante un público más masivo en su próximo tour europeo en el que acompañarán a otros titanes del Power Metal como HammerFall y Battle Beast.

Por: David Araneda   

Temperance – Viridian

En enero, la banda italiana Temperance, lanzó su tercer álbum de estudio titulado “Viridian” a través de la discográfica Napalm Records, un disco cargado de energía y potencia que plasma todo el virtuosismo que este conjunto, compuesto por Alessia Scolletti (voz), Marco Pastorino (guitarra), Michele Guaitoli (voz y teclados), Luca Negro (bajo) y Alfonso Mocerino (batería), ha exhibido desde sus inicios.

Mission Imposible es el corte encargado de abrir el disco y que no deja nada a la imaginación; de inmediato la potencia se hace notar desde el primer riff cargado de fuerza, tal cual lo demuestra su sucesor, I Am The Fire de una manera espectacular. Start Another Round es una canción con un comienzo directo, guiado por las voces de Alessia y Michele, proporcionando toda la energía y elocuencia a la canción. En My Demons Can’t Sleep sigue la potencia y rapidez de los riffs con voces muy melódicas, tal cual se ve reflejado en Viridian, con un doble pedal discreto pero lleno de energía. Let It Beat es una canción más sutil, en donde el ritmo en cierta forma baja, pero su atmósfera es realmente agradable.

La calma es de Scent of Dye, un tema con mucha nostalgia, cargado de emociones, que pone a disposición del escucha un cálido ambiente lleno de matices para volver a la carga con The Cult of Mystery, en donde nuevamente la banda saca a relucir toda la potencia que viene gestando. Nanook es una canción con muchos matices, con un comienzo lento que va progresando con riffs hasta entrar de lleno a un tema más enérgico. Gaia es una canción lena de sonoridad, a tal punto de parecer un himno hacia la madre tierra tal como lo describe la letra del tema. Catch the Dream es un tema netamente a capella, con un coro detrás de las voces dibujando la melodía que en efecto es la esencia de la canción. El final lo pone Lost in the Christmas Dream, despidiendo un álbum entre la nostalgia y melodía.

Desde la perspectiva de oyente, se puede decir que “Viridian” sin duda es un gran trabajo de principio a fin, cargado de matices, potencia y energía que se envuelven en las sinfonías, melodías y nostalgia como anteriormente queda señalado. Sólido disco de esta banda italiana que promete mucho.

Por: Samuel Lorca

 

Blood River – Three Stories for Sleepless Nights

Siempre es un placer revisar trabajos nacionales y más aun cuando la banda proviene de tus mismos pagos, como decimos en Aysén. Por supuesto que la satisfacción es aún mayor cuando el trabajo es profesional y de innegable calidad compositiva e interpretativa, como  es el caso de Blood River. Esta banda proveniente de Coyhaique ya cuenta con un LP a su haber, “The Quiet of the Seas” lanzado el año 2017, y en esta oportunidad nos presenta el EP llamado “Three Stories for Sleepless Nights” que revisamos a continuación.

Un teclado atmosférico de aires nórdicos introduce Human Extermination, el excelente opener del EP que da una mirada oscura al poder de la madre tierra y su desdén por la raza humana. La canción deambula por terrenos de Death Metal melódico, recordando a ratos el sonido de Gotemburgo y similares provenientes de tierras escandinavas. Destacan los duelos de voces guturales y que le dan un toque dramático y teatral a la obra que recuerda a lo lejos trabajos tempraneros de Dark Tranquillity, Emperor y Dragonlord entre otros. In the Depths of the River es otro tema de semblante oscuro, ritmo endemoniado y
adornado con arreglos melódicos que seguramente seguidores de Children of Bodom reconocerán familiares. Blasts beats y patrones cercanos al Black sinfónico también tienen cabida en esta exploración a relatos oscuros que rodean al imponente Río Simpson. The Black Horseman cierra el EP con los compases menos desenfrenados del trabajo, que se pasean por las influencias antes mencionadas pero de forma más reposada y lúgubre, con un trabajo más prominente de las guitarras en desmedro del teclado en la estructura general.

Three Stories for Sleepless Nights” es sin duda un muy buen apronte a su segundo disco. Es una propuesta interesante, bien trabajada, altamente disfrutable y que se deja escuchar con facilidad. También se agradece cuando las bandas rescatan nuestro folklore y abordan temáticas atingentes al territorio propio. Desde el punto de vista compositivo e interpretativo, no hay mayores reparos. Los muchachos manejan sus instrumentos de forma impecable. La mezcla sí admite mejoras y creo que una producción profesional puede darle mucho al sonido general de la banda. Personalmente, creo que la inclusión de teclados con timbre estridente y demasiada presencia en la mezcla final puede ser un arma de doble filo, no así los teclados atmosféricos que entregan una ambientación al sonido en cuestión. Sumando y restando, este trabajo deja un saldo largamente positivo y sigue enriqueciendo nuestra gran escena nacional. Pulgares arriba para los coyhaiquinos y quedamos al aguaite de su segundo larga duración, que debería ver la luz a mediados de este año. Aguante Blood River y aguante el Patagonian Metal, carajo.

Por: Hernán Bórquez

Testament pertenece al selecto grupo de bandas que jamás ha lanzado un disco malo en su historia. Quizás a mediados de los 90’s sufrieron un pequeño bajón en relación con los estándares de calidad a los que nos tienen acostumbrados, pero la verdad es que desde ese retorno triunfal con “The Gathering” los norteamericanos han lanzado discazo tras discazo, siendo una de las bandas clásicas del Thrash Metal que mejor se ha mantenido con el paso del tiempo. “Titans of Creation” viene a ser su decimotercer álbum de estudio y el segundo con la formación actual tras el celebrado “Brotherhood of the Snake” de 2017. El contexto en que se lanza este disco no deja de ser interesante dada la inusitada contingencia actual, en un mundo paralizado a raíz del COVID-19 y que incluso ha afectado personalmente a miembros de la banda y de su equipo técnico.

La placa abre con la galopante Children of the Next Level, que avanza rompiendo todo a su paso como una aplanadora y que muestra los mejores elementos de Testament: base rítmica imparable, riffs de guitarra llenos de groove y melodía, técnicos pero a la vez incluyendo el nivel necesario de agresividad y pesadez, junto a la inconfundible voz de Chuck Billy, uno de los pocos vocalistas que ha sumado en cuanto a calidad vocal con los años. Le sigue la apocalíptica WW III, un bombazo thrasher con todas sus letras, brutal y acelerado pero no por eso menos pegajoso. Es una canción con el potencial de desatar moshs de proporciones bíblicas en sus presentaciones en vivo y es de esperar que la incluyan en el setlist de la próxima gira. La línea vocal es una de las más memorables del disco, incluyendo pasajes melódicos pero también esos guturales marca registrada del gran Chuck.

Con Dream Deceiver retoman sus influencias de Heavy Metal clásico, con una propuesta más melódica y un sonido más limpio, complementado por un contagioso coro que se queda grabado a la primera. El trabajo de la pareja de guitarristas conformada por Eric Peterson y Alex Skolnick es realmente deslumbrante, y es que no todas las bandas pueden jactarse de contar con un maestro de los riffs y un solista eximio como lo son estos dos titanes de las seis cuerdas. A continuación tenemos el primer single de adelanto del disco, la genial Night Of the Witch, con la cual nos sorprendieron a principios de año. Se trata de una canción bastante pesada y agresiva, llena de dinamismo y contrastes, con ritmo contagioso y gran cometido por parte del legendario Gene Hoglan. Otro clásico instantáneo para poner en la vitrina de los mejores temas en una amplia discografía.

Por su parte, City of Angels abre de forma interesante con una magistral intro de bajo cortesía del tremendo Steve DiGiorgio, que imprime su inigualable estilo personal lleno de personalidad y clase. Es una canción claramente más lenta y que nos lleva de vuelta al sonido de los discos noventeros de Testament como «Low». Acercándose a los siete minutos, es la canción más extensa del álbum y se vuelve algo «latera» hacia el final. Ishtars Gate es un tema de medio tiempo en que tenemos nuevamente un sonido de bajo predominante, sobresaliendo por encima de las guitarras. A pesar de que Steve no aporte directamente en la composición de canciones, su contribución al sonido actual de la banda es innegable, y eso lo puede confirmar cualquiera que los haya visto en vivo interpretando sus clásicos ochenteros, sin desmerecer al histórico bajista Greg Christian.

Y ya que le estamos tirando flores a DiGiorgio, sigamos en la misma senda con Symptoms, donde el maestro se vuelve a lucir con su exquisita técnica, dando paso a un gran trabajo de los guitarristas estrella, ambos inspiradísimos. Gene Hoglan también hace de las suyas tras el drumkit, añadiendo complejas métricas y contundentes fills a la mezcla. False Prophet trae de vuelta la velocidad y frenetismo del Thrash de la vieja escuela, pero con un sonido más moderno y mejor pulido, incorporando también elementos de Groove Metal que le agregan ese sabor especial y un necesario contraste con las secciones rápidas. Luego tenemos The Healers, otro claro ejemplo de la vitalidad y relevancia de la banda, combinando brutalidad con melodía, con una base instrumental de lujo sobre la cual Alex Skolnick deja en claro que es uno de los guitarristas más virtuosos de la escena thrashera actual.

En Code Of Hammurabi vuelven a recurrir al infalible talento de DeGiorgio en la introducción, pero en esta ocasión despegan de inmediato a toda velocidad con una explosión de vertiginosos riffs e imparable percusión por parte del gran “Reloj Atómico” Hoglan. Otro de esos temas hechos para cabecear hasta quedar con tortícolis y dejarlo todo en el moshpit. Como si esto no fuera suficiente, los norteamericanos tiran toda la carne a la parrilla por última vez con Curse of Osiris, quizás la canción más agresiva del disco, incluyendo interesantes voces guturales de acompañamiento cortesía del propio Eric Peterson, similar a lo que ha mostrado en el pasado con su proyecto de black metal sinfónico Dragonlord. A modo de conclusión tenemos la pequeña pieza instrumental Catacombs, de ritmo marchante y con solemnes melodías, marcando el final del viaje luego de una hora de exquisita brutalidad.

Con “Titans of Creation” estamos sin lugar a dudas frente a otro gran acierto en la extensa discografía de Testament. La inclusión de Gene Hoglan y Steve DiGiorgio en conjunto con el triunvirato clásico compuesto por Peterson, Billy y Skolnick hace de Testament una máquina imparable tanto en estudio como en vivo, y que vale la pena presenciar una y otra vez. Es increíble la capacidad de esta banda para generar material de tal calidad luego de más de treinta y cinco años de carrera, y no por nada son uno de los principales candidatos para colarse entre los Big Four del Thrash luego del retiro de Slayer. Creo que la encarnación actual de Testament tiene aún mucho que entregar a futuro, ya que se encuentran en un momento de madurez creativa y un nivel inspiración que los pone muy por lejos de otras viejas glorias del Thrash que no logran recrear la magia de sus años mozos. ¡Larga vida a los Titanes de la Creación!

Por: David Araneda

En lo que viene a ser su tercer lanzamiento de larga duración en sus cuatro años de existencia, las heroínas japonesas del Power Metal Lovebites vuelven a las pistas con “Electric Pentagram”, una placa muy esperada luego del excelente “Clockwork Immortality” de 2018.

Las niponas han captado rápidamente la atención de la prensa y la fanaticada tanto su país natal como en Europa, presentándose en algunos de los festivales más connotados de la escena incluyendo Wacken Open Air, Download UK y Graspop, además de acompañar a Dragonforce en su último tour por el Reino Unido. En este nuevo álbum el personal se mantiene intacto tanto a nivel de la banda como el resto de los involucrados, destacándose la producción de Steve Jacobs, la mezcla de Mikko Karmila y la masterización de Mika Jussila. Por su parte, el arte estuvo nuevamente a cargo de David López Gómez y Carlos Vicente León.

“Electric Pentagram” abre con la furiosa Thunder Vengeance, un bombazo Power Metal a toda velocidad mezclado con algunos elementos thrash, incluyendo algunos de los riffs más agresivos que estas chicas hayan producido hasta ahora. La voz e incluso la pronunciación de Asami le dan ese toque característico que te hacen reconocer la banda inmediatamente, además del sonido de guitarra que han desarrollado Midori y Miyako, una de las parejas de guitarristas más explosivas en la actualidad. Siguen con Holy War, una canción más cercana al Power Metal sinfónico, con abundantes arreglos de teclados pero no por eso menos contundente dado su ritmo imparable de doble bombo. Incluye los elementos clásicos del género como son esas melodías épicas y virtuosas partes de guitarra, pero también incorporan algunos ingredientes más modernos como ese freno que aplican a mitad de camino y que funciona para limpiar el paladar luego de tanta pomposidad.

Golden Destination arranca con ritmo galopante y guitarras gemelas, convirtiéndose en una carta de amor a Iron Maiden, una de las mayores influencias de la banda. La línea vocal evoluciona desde el Heavy Metal épico hacia una dirección más popera en la medida que nos acercamos al coro, inyectándole más frescura y enganche al disco. La adorable Miho toma la oportunidad para lucirse con un solo de bajo y una línea predominante en honor a su maestro Steve Harris. En Raise Some Hell las niponas sacan a flote su actitud rebelde con pesadísimos riffs afilados que parecen sacados directamente de “Painkiller”. Pero no se engañen, esto no se trata de una copia si no que ellas saben imprimirle su sello único, con un estribillo pegajoso y una letra que invita a rockear toda la noche. Un tremendo acierto y que de seguro se convertirá en pieza fundamental de sus presentaciones en vivo.

Con Today Is the Day pisan un poquito el freno para incursionar en terrenos más melódicos y modernos, lo que se evidencia en la construcción de los riffs y el uso prominente de teclados. El coro es más cercano a lo que nosotros conocemos como música de Animé (sin intención peyorativa), y a pesar de ser un tema correcto se diluye un poco al estar entre dos de las mejores canciones del disco. Lo que viene a continuación es simplemente un clásico instantáneo, y es que When Destinies Align lo tiene todo: energía bombástica, melodías atrapantes, una letra optimista y una Asami inspiradísima dándolo todo para entregar una performance épica que culmina con ese agudo grito hacía el final de la canción. Se entiende perfectamente que haya sido el primer sencillo de adelanto porque te deja una impresión instantánea sobre el verdadero potencial que tienen estas guerreras del sol naciente.

En A Frozen Serenade coquetean abiertamente con otros estilos más cercanos al Pop Rock con tintes ochenteros y también bastante influido por el pop japonés, convirtiéndose en la canción más comercial del disco por así decirlo. Pero no por eso no está exenta de elementos metaleros hacia el final, con velocidad creciente y agregando también exquisitos arreglos acústicos que hacen de este extraño experimento un verdadero éxito. Dancing With the Devil es otro tema que incorpora nuevos ingredientes, en este caso unos riffs hardrockeros sacados de la era gloriosa del Hair Metal de los ochenta. Incluso el estilo de cantar de Asami es más juguetón, demostrando su versatilidad y talento. Aprecio que estas chicas se atrevan a salir de su zona de confort y nos entreguen una interesante mezcla de estilos que, por muy dispares que parezcan, funcionan a cabalidad a nivel global. Quizás los más puristas estarán en desacuerdo.

Con Signs of Deliverance vuelven a lo que mejor saben hacer, un power metal muy fresco y elegante lleno de influencias europeas que encuentran sus raíces en bandas como Helloween. La labor de Haruna, la pequeña gigante tras el kit de batería, es realmente monumental, agregando una serie innumerable de detalles en su interpretación mientras las guitarristas nos deleitan con su virtuosismo. Otro de los puntos a destacar en esta nueva placa. Set the World on Fire, por su parte, tiene un enfoque más agresivo, con riffs thrasheros que nos llevan de vuelta a los primeros álbumes de Blind Guardian, progresando hacia un estilo más melódico al llegar al coro. La batería es nuevamente imparable, mientras que Midori y Miyako se lucen a toda velocidad en una prolongada y alucinante competencia de solos. Nada que envidiarle a otras parejas de guitarristas como Herman Li y Sam Totman.

The Unbroken es una canción que ha crecido exponencialmente en mí con cada escucha. Al principio la sentí un poco fuera de lugar por su estilo algo extravagante, casi sacado de un musical. Pero la verdad es que con el tiempo me ha convencido al punto que la considero como una de las canciones más destacables del disco. El ritmo y la melodía son tan alegres y juguetonas que finalmente terminan por conquistar hasta al más amargado. Para concluir tenemos Swan Song, una intensa pieza épica llena de arreglos de corte neoclásico e impecable desde el punto de vista instrumental. La melodía vocal es más melancólica en contraste al resto del disco, lo que se complementa con los teclados de fondo y cuyo efecto va aumentando hacia el cierre de la canción, dejándonos con una nota un poco triste luego de tanta pomposidad. Luego de setenta minutos, llegamos al final de este viaje místico.

“Electric Pentagram” marca un paso importante en la evolución de esta joven banda que a mi parecer cuenta con el potencial para convertirse en las reinas indiscutidas del Power Metal en la presente década. En esta ocasión, las niponas han optado por un enfoque aún más variado y ecléctico en la composición, tomando más riesgos e incorporando ingredientes bastante inesperados en la receta. Quizás con un par de canciones menos estaríamos hablando de un disco perfecto, pero a pesar de esto el resultado final es consistente, refrescante y de gran calidad, confirmando el gran momento que vive Lovebites. Espero que esta racha ganadora se prolongue por muchos años, ya que necesitamos más bandas como estas en la escena, bandas que posean el carisma que tuvieron los fundadores del género pero que a la vez se atrevan a incursionar más allá de los patrones preestablecidos en búsqueda de su propia identidad musical.

Por: David Araneda

Luego de quince años de espera por fin tenemos un nuevo álbum de Demons & Wizards, superbanda internacional que, como todos bien sabemos, reunió a las mentes maestras de Blind Guardian y Iced Earth a finales de los noventa y comienzos de los 2000. Desde que Hansi Kürsch y Jon Schaffer anunciaron la gira de reunión tras casi dos décadas fuera de los escenarios y luego de un exitoso tour que los llevó a protagonizar algunos de los festivales de Metal más concurridos en Europa incluyendo el aniversario 30 de Wacken Open Air, hemos estado a la espera de noticias sobre un nuevo álbum de estudio. Por suerte la fecha ha llegado: el 21 de febrero la tercera entrega de Demons & Wizards, titulada ingeniosamente “III”, verá finalmente la luz a través de Century Media Records.

Me atrevería a decir que “III” es uno de los lanzamientos de Metal más esperados del año, tanto por el tiempo transcurrido desde ese lejano “Touched by the Crimson King” de 2005, como por el peso de estas figuras insignes que siempre acaparan la atención de la fanaticada cada vez que se involucran en algún proyecto. Al contrario de lo acontecido en la gira de reunión del año pasado, que tuvo como músicos invitados a algunos viejos conocidos de Blind Guardian, por motivos de logística la formación que grabó “III” estuvo compuesta por músicos de acompañamiento norteamericanos. Destacan el aporte de Brent Smedley en batería y Ruben Drake en bajo, junto a las guitarras adicionales de Jake Dreyer y Jim Morris, además de un numeroso coro.

El álbum abre con Diabolic, primer adelanto del disco. Las sigilosas guitarras y etéreos sonidos de fondo generan una tensión que crece lentamente hasta que estalla ese primer riff distorsionado de Schaffer y la canción toma un giro bastante pesado y oscuro para los estándares de Demons & Wizards. La inconfundible voz de Hansi le imprime ese personal estilo que ha cultivado con Blind Guardian, pero con la diferencia de que la producción suena mucho más orgánica que los últimos trabajos de los bardos, lo que se nota especialmente en el exquisito sonido de la batería. El freno hacia el final del tema, retomando el tono inicial, hace que el círculo se cierre y nos deja tomar un aliento antes de continuar el viaje. Un temazo indiscutible por donde se lo mire.

Por su parte, Invincible es más directa y convencional en su estructura, pero no por eso menos efectiva. El riff principal y la línea vocal son bastante melódicos y accesibles, con arreglos corales pomposos y muy bien logrados, pero quizás se queda un poco corto de ideas como para instalarse entre las composiciones más destacadas que nos haya dejado este dúo. Por el contrario, Wolves In The Winter llama la atención desde un comienzo con su actitud más agresiva y sonido pesado, con un inspirado Schaffer entregando esos afiladísimos riffs llenos de tripletes que lo han hecho famoso. Es una canción más fiel al estilo de la banda norteamericana pero Hansi también deja su estampa, aportando con su carisma y magia en los estribillos. Otro de los aciertos de esta nueva placa.

Final Warning trae consigo una mezcla interesante de elementos, con un inicio suave progresando hacia un tempo más complejo, comandado por impetuosas guitarras cabalgantes acompañadas a la perfección por un sólido Brent Smedley tras el kit de batería. Con justa razón Jon Schaffer es reconocido como uno de los mejores y más influyentes guitarristas rítmicos de la escena. Es el tema más corto del álbum, terminando de forma algo abrupta, dejándote colgado en un precipicio. En Timeless Spirit el maestro Schaffer experimenta con guitarras acústicas llenas de sentimiento, intercaladas con segmentos más heavy, ampliando la paleta musical de Demons & Wizards a lo largo de sus nueve minutos de duración. La performance vocal de Hansi es nuevamente soberbia, agregando mucho dramatismo y emoción en la interpretación. Sería un lujo tener la oportunidad de escucharla en vivo.

En Dark Side Of Her Majesty, nuestro querido bardo se toma la batuta con su vozarrón incomparable y épicos coros masivos que protagonizan esta canción de medio tiempo, que comienza de forma prometedora pero con el paso del tiempo se diluye volviéndose algo redundante. Es un tema correcto y cumple su función como puente entre las dos mitades del disco, pero al fin y al cabo pasa un poco al olvido. Midas Disease es otra canción de medio tempo y con estructura repetitiva, y a pesar de poseer un estilo más rockero y una melodía bastante pegajosa, a esta altura se empieza a percibir la falta de contrastes y de temas que sobresalgan de la media o que llenen las altísimas expectativas de los fanáticos. Estos son quizás los pasajes más flojitos del disco, aunque para nada empañan por completo el flujo del álbum.

La cosa mejora bastante con New Dawn, una canción que trae de vuelta los necesarios matices y capas sónicas que captan nuestra atención nuevamente. Los cambios de intensidad y juegos de luz versus oscuridad son una de las claves del éxito de Demons & Wizards, ya que estos permiten a Jon Schaffer ocupar su arsenal de sortilegios a diestra y siniestra. Lo mismo aplica para Universal Truth, tema que incluye además como novedades el uso predominante de teclados y una línea de bajo más protagónica por momentos. La labor de Hansi es nuevamente monumental, alcanzando niveles de expresividad inusitados y llevándose todos los pergaminos por sus líneas vocales que siguen mejorando con el paso de los años. Creo que su experiencia con el disco de Blind Guardian Twilight Orchestra lo ha hecho crecer aún más como vocalista.

Para los que extrañaban algo más siniestro, Split es quizás el tema más pesado del álbum, contundente de comienzo a fin, con ritmo cabeceable y con una actitud más agresiva. Es un bombazo garantizado para sus presentaciones en vivo y me recuerda la época gloriosa de Iced Earth en los 90’s. Me imagino que se convertirá en una de las favoritas de los nostálgicos de la era Matt Barlow. Para finalizar tenemos Children of Cain, la canción más larga del disco, superando por poquito los diez minutos. Es un tema complejo, lleno de detalles y cambios de atmósfera, incorporando entre otras cosas elementos folk y acústicos. Por su tono cinemático es la forma perfecta de concluir el álbum de forma épica, dándole el broche de oro y un cierre redondo a esta esperada placa.

Sumando y restando, “III” es un lanzamiento que cumple a cabalidad con las altas expectativas generadas, haciendo justicia a los pergaminos de esta banda y también a la larga espera. Tanto Hansi Kürsch como Jon Schaffer han madurado enormemente con el paso de los años y esto se nota tanto en la composición como en la ejecución de los temas. Da la sensación que mientras más complejas y largas las canciones mejor se representa el verdadero espíritu de Demons & Wizards, explotando todo el potencial de esta colaboración. Se agradece que, de los cuatro ingenieros de sonido que trabajaron supervisando la grabación y producción de este álbum, la influencia de Charlie Bauerfeind en la mezcla final se haya mantenido al mínimo, ya que el resultado suena bastante menos artificial que los últimos discos de Blind Guardian.

Creo que “III” es un álbum que se beneficia de múltiples escuchas y merece ser decantado con calma y una pizca de paciencia. No todas las canciones son clásicos instantáneos y requieren unas cuantas vueltas antes de poder entregar un veredicto final. Quizás los más apresurados van a descartar o criticar el disco luego de una primera escucha ya que su contenido no viene procesado y listo para el consumo en tiempos en que el trastorno atencional digital es la regla. Podemos afirmar que la magia y la química entre El Demonio y El Mago están intactas luego de quince años, esperando que no tengan que pasar otros veinte años para verlos de gira otra vez y que el próximo álbum llegue antes de 2035. Pase lo que pase en el futuro, por el momento solo nos queda disfrutar esta grandiosa vuelta a las pistas de Demons & Wizards.

Por: David Araneda

Sons of Apollo es sin duda alguna uno de los “supergrupos” con más renombre y peso específico de toda la escena. No solo de la escena progresiva, sino del Rock y Metal en general. Desde el anuncio de su formación, hace unos cuatro años atrás más o menos, había muchas expectativas por lo que esta banda podría hacer, toda vez que la alineación de la banda es una constelación de estrellas con más densidad que la Vía Láctea.

Para quienes no estén familiarizados con el nombre de la banda, sí lo estarán con sus integrantes y el sinfín de bandas que conforman el extraordinario “pedigree” de la banda, a saber: Mike Portnoy (The Winery Dogs, Flying Colors, Transatlantic, ex-Dream Theater, entre tantas otras…), Billy Sheehan (Mr.Big, The Winery Dogs, ex-Steve Vai, ex-David Lee Roth), Ron Bumblefoot Thal (ex-Guns N’ Roses), Derek Sherinian (Black Country Communion, ex-Dream Theater, ex-Alice Cooper, ex-Planet X) y Jeff Scott Soto (Talisman, SOTO, ex-Journey, ex-Yngwie Malmsteen…) en la voz. Ahí nomás.

A la luz de todo el talento presente, había un evidente morbo por lo que semejante alineación de leyendas podría producir… lo que al mismo tiempo conllevaba ese miedo inevitable a que los norteamericanos resultasen ser otros de los tantos supergrupos que no pueden explotar todas sus virtudes individuales en función del colectivo y/o simplemente fracasan. Sin embargo, para nuestra suerte, los hijos de Apolo la rompieron toda. La dejaron chiquitita con su maravillosos debut discográfico bautizado “Psychotic Symphony” (2017). La mezcla de virtuosismo y rockerismo que aportaba cada uno de ellos resultó ser dinamita pura y su química en vivo funcionó perfectamente. Las expectativas para este segundo disco serían entonces bastante elevadas y la vara quedó altísima. El morbo, ahora, es saber si lograrán o no superar ese debut tan magistral.

El nombre de este nuevo álbum es “MMXX” en honor a la nueva década que comienza, y fue producido por los mismísimos Mike Portnoy y Derek Sherinian en su estudio The Del Fuvio Brothers a través del sello Inside Out Music. Sin más preámbulo, revisamos la segunda entrega del supergrupo norteamericano del momento.

El disco abre con Goodbye to infinity, primer single que nos habían adelantado los norteamericanos en las vísperas de este lanzamiento. Y que pedazo de opening que es esta canción. Desde el primer compás exhibe el sello que la dupla Portnoy/Sherinian consumara en su paso por Dream Theater. El comienzo del tema nos lleva inexorablemente a la época de “Falling Into Infinity” gracias a la atmósfera que crean las teclas del gran Derek Sherinian. Un más que grato viaje en el tiempo. Eso sí, el sonido de Sons of Apollo es indudablemente más rockero que el de DT, lo cual queda de manifiesto en los siguientes compases en donde los riffs de Bumblefoot y la voz de Jeff Scott Soto le dan un cariz más rocanrolero a esta exquisita composición.

Y es que la onda de Sons of Apollo es precisamente esa, un incesante deambular entre lo netamente progresivo y lo hardrockero. Sin ir más lejos, el comienzo de Wither to Black, más rudo y directo que el tema anterior, nos acerca a las estructuras rockeras de The Winery Dogs, otra de las bandas del multiverso Portnoyiano. No obstante, estos compases se fusionan rápidamente con sonidos más progresivos, conformando vueltas armónicas bastante únicas en la escena y que se han vuelto el sello propio y marca registrada de los hijos de Apolo.

Hablando de sello propio, el siguiente tema, Asphyxiation, representa perfectamente la esencia de la banda: melodías accesibles, arreglos vocales rockeros, coros gancheros, pero imbuidos en una estructura claramente progresiva, con patrones rítmicos irregulares y secciones complejas que dejan de manifiesto la inconmensurable técnica de cada uno de sus integrantes. Desolate July baja un cambio y le da un respiro muy bien ubicado al disco, con una estructura sencilla (para los estándares de la banda), melodía fácil, emotiva y un coro lleno de sentimiento, de esos que permiten al señor Soto lucir toda su capacidad interpretativa.

King of Delusion, quinto tema de la placa, explora el aspecto más progresivo de la banda. En una composición de casi nueveminutos de aura oscura y mucho sentimiento. A través del relato desgarrador de Soto, SOA nos lleva por un viaje en donde tanto Derek como Ron brillan en cada una de sus intervenciones, de la mano de un impecable Mike Portnoy que explota muchos recursos que recuerdan de inmediato a su época de fines de los 90’ con Dream Theater.

Fall to Ascend y Resurrection Day son otro par de temazos de esta placa que representa fielmente la esencia más pura de Sons of Apollo (sobre todo el primero), sirviendo como temas “modelo” para cualquier persona que no conozca la banda y quiera hacerse una buena idea de lo que es SOA en solo un par de minutos. Temas con mucho groove, coros infecciosos, ritmos alternantes y abundantes pasajes de virtuosismo con sentido.

Como bien sabemos, no hay banda progresiva que se precie de serlo que no incluya, al menos, un tema largo por disco. Y los norteamericanos no son la excepción. Consecuentemente, no es sorpresa que cerrando el disco aparezca el tema más extenso en la discografía de la banda, New World Today. En esencia, es una gran recopilación de todos los elementos musicales que conforman a SOA y hemos destacado a lo largo del review… melodías fáciles y complejidades técnicas por doquier ensamblados en el marco del ya patentado sonido progresivo/hardrockero/apoloniano. Dieciséis minutos de genialidad progresiva e interpretativa cierran un álbum sólido y digno sucesor de su aplastante debut discográfico.

Como señalamos al principio de la reseña, la vara estaba muy alta para esta segunda entrega, y creo es seguro decir que la banda cumple con las expectativas al producir un disco maduro, consistente y que goza de grandes momentos. Cae en la esfera del los gustos el determinar cuál disco es mejor, si este o el primero de la banda; personalmente, yo me quedo con el debut, pero me imagino que habrá mucha gente que preferirá esta segunda entrega por sobre el debut pues su calidad está fuera de todo análisis. Asimismo, “MMXX” viene a terminar de consolidar el sonido de Sons of Apollo, que a pesar de ser una banda nueva, ya puede jactarse de haber instalado un sonido propio y característico dentro de la escena metalera mundial. Y me parece que en gran parte, este exitoso camino que recorren los hijos de Apolo radica en que cada uno de los integrantes aporta inmensamente al resultado final, a diferencias de otras bandas en donde hay una o dos cabezas compositivas. No hace mucho leía un artículo en donde Mike decía que SOA era un monstruo de cinco cabezas… y al escuchar este álbum, uno puede entender inmediatamente porqué. Sin duda, los norteamericanos han pasado la prueba de fuego del paradigma de los «supergrupos». Sons of Apollo ya no es un proyecto, sino un grupo propiamente tal, y como tal, ha de afrontar la siguiente prueba de fuego que amenaza a las agrupaciones de este calibre (especialmente a Mike Portnoy)… la prueba del tiempo. Es de esperar que la superen y nos traigan el sucesor de “MMXX” más temprano que tarde.

Por: Hernán Bórquez

Ya tenemos a los primeros héroes de la tercera década del siglo XXI. Son los suecos de Brothers of Metal, que luego de un increíble debut con “Prophecy Of Ragnarök”, oficialmente lanzado fines de 2018 (lo subieron a Spotify en 2017 y por el éxito de streaming, AFM Records los fichó), se tomaron escenarios europeos importantes como Sweden Rock o el Sabaton Open Air, y prepararon esta segunda carga de parafernalia vikinga que los pone como uno de los espectáculos a los que hay que prestar atención en estos años.

Con tres cantantes como Ylva Eriksson (Voz de las Valkirias), Joakim Lindbäck Eriksson (Gritos de Guerra) y Mats Nilsson (Lengua de los Dioses), tres guitarristas, un bajista y un batero, Johan Johansson (Yunque y Tambores de Guerra), Brothers of Metal entrega sin duda una propuesta extravagante a la primera escuchada, pero que entretendrá a todos quienes estén dispuestos a dejarse llevar. Porque ojo, muy temprano convencen. Así ocurrió con su sorprendente primer disco y su extraordinaria balada Yggdrasil, tan bella como profunda y contagiosa, o sus himnos de True Metal como Fire, Blood and Steel, sus descargas powermetaleras como Prophecy of Ragnarok, coronando un trabajo ultracolorido, descomprometido, sin tapujos en defensa y honor al Metal.

El segundo lanzamiento de Brothers of Metal, “Emblas Saga”, es una entrega que hay que escuchar un par de veces más, pero vale muchísimo la pena tenerle un poquito de paciencia. Es una obra menos truemetalera, más refinada en su producción, más moderna en su estilo, a la europea, tomando elementos de referentes actuales como Sabaton en cortes como Brothers Unite, pero sin contenerse para ofrecer momentos seriamente épicos y totalmente inmersivos como el tema título, que realmente parece ser una película de vikingos con todas sus atmósferas, partiendo por la maravillosa intro vocal de Ylva Eriksson, y siguiendo con los relatos y las capas que transcurren en más de siete minutos de maestría powermetalera sinfónica.

Otra pista como One, muestra teclados que sonarán familiares para todos quienes hayan jugado RPGs como The Elder’s Scrolls: Oblivion, para llegar más tarde a un coro tan simple como sublime, melodioso, cálido, hasta nostálgico, con timbres hermosos de la voz de Ylva, y un solo que también humedece la piel. Bajo un estilo igual de fantasioso en sus notas se presenta también el corte final, To the Skies and Beyond, agregando componentes folk y festivos en otra composición en que la vocalista se luce con su forma tan sencilla pero evocativa de cantar.

Los guiños más grandes a Manowar -y quizás los únicos- que hay musicalmente en “Emblas Saga”, están en el primer single, Njord, con elementos característicos del True Metal partiendo por las voces de Joakim Lindbäck Eriksson, el ritmo y los coros. No es del todo representativo del “Emblas Saga”, pero sí y mucho de la banda, un tema que muy bien habría sonado como uno más del tracklist en “Prophecy Of Ragnarök”, pero que se guardó o se pospuso para esta segunda producción.

Ahora, el Power y Heavy Metal sueco tiene una escuela muy distinguible desde el primer álbum de Hammerfall, “Glory to the Brave”, y dicha faceta la domina excelentemente Brothers of Metal en este disco. Muestras como Ride of the Valkyries, enseñan un vendaval de fuerza y melodía escandinava que se encarama como uno de los grandes himnos de la placa. Qué decir de Kaunaz Dagaz, con elementos estilo Nightwish de la era Floor Jansen y una armazón guitarrera sacada de los mejores días de Dream Evil. Mientras, Theft of the Hammer es para el apetito de los fanáticos de las primeras etapas de Nocturnal Rites.

Todo esto nos remonta a los años gloriosos del Power Metal a fines de los noventa, lo que nos dice algo a lo que hay que tenerle respeto y admiración: las nuevas bandas realmente son fanáticas del Metal, como cualquiera de nosotros. Es importante señalar que esta banda literalmente es un grupo de amigos que un día se dio cuenta que tenía varias canciones para grabar, fueron a un estudio y las subieron a Spotify, para escucharlas entre ellos. Lo que no se imaginaron fue que esas composiciones serían coreadas en futuros conciertos y que los llevaría a tener una carrera. Los ocho integrantes de Brothers of Metal deben tener a los mismos héroes que nosotros, las mismas motivaciones, la misma forma de ver el metal. Es inaceptable cuando otros grupos con trayectoria reniegan de sus influencias metaleras y casi tratan a Judas Priest o Iron Maiden como colegas más que como los maestros que son. Brothers of Metal, en cambio, celebra sus gustos, hace gala de sus raíces, y los comparte sin ningún complejo. Con el tiempo seguramente irán evolucionando a sonidos o mensajes más propios, pero hacer honor a todo lo que te ha formado musicalmente es un arte por sí solo, y en esa etapa tan bonita como ingenua se encuentra ahora este conjunto.

Seguimos ahora con otros puntos que tenemos que destacar de “Emblas Saga”, y uno de esos es la variada Powersnake, pista inicial que no demora en confirmar que el disco es más refinado que el anterior. Mucho más callejera es por supuesto Chain Breaker, un musculoso midtempo con estética alemana, protagonizado por un riff exquisito y heavymetalero, muy pensado, aunque naturalmente bien puesto en la composición. También llama la atención Hel, por su oscuridad y dramatismo, acorde al viaje que describe al plano de los muertos. El coro, si bien cuesta descubrirlo, nuevamente es magnificente y épico, desembocando en el corte más torcido del LP.

“Emblas Saga” también cuenta con Weaver of Fate, una balada que tendrá que salir a competir con el eventual clásico Yggdrasil de “Prophecy Of Ragnarök”. Es una comparación inevitable, porque ese track de debut es una temprana obra maestra. No obstante, Weaver of Fate sabe defenderse con la configuración de un ambiente cálido, y quizás el mejor lead de toda la segunda placa.

En esta parte del mundo, en Chile específicamente, nos cuesta muchísimo dejarnos entretener con el Power Metal sin cuestionárnoslo, y somos muy graves para escuchar nuevas bandas. Buscamos seriedad, buscamos innovación, y todo lo que es parafernalia y tradición nos resulta un poco “más de lo mismo”. Sin embargo, la tendencia del Power Metal ha llevado a que justamente este tipo de bandas sea la que tenga la bandera del Metal melódico flameando tan alto en Europa. Brothers of Metal tiene esa vocación, de lograr identificarnos con el movimiento, de sentirnos parte de algo especial, y eso no debemos olvidarlo jamás.

Por lo pronto, la variedad de este trabajo muestra una devoción por el Metal que contagia, que llega a emocionar, que nos baja de esa torre de marfil tan analítica a la que tanto nos hemos acostumbrado a estar, y que no nos permite entretenernos cuando nos invitan a hacerlo. La música para algunos no es competencia, sino convivencia, hermandad, y esta nueva generación representada por Brothers of Metal y tantas bandas más que iremos a escuchar en esta década, lo tiene más que claro.

Por: Jorge Ciudad