Después de tomarse un tiempo y ordenar las cosas en casa, Triboulet llegan con una formación renovada a presentarnos “Quest for Hope”, obra conceptual correspondiente a su segundo trabajo de larga duración. En esta incursión encontramos en las voces a Paulo Domic (ex Inquisición), América Paz (ex Polímetro) en el bajo y Miguel Quiroga tras las baquetas. Para completar la alineación, se mantienen Nicolás Sáez en teclados y Benjamín Bello (ex Rising Angel) junto con Maximiliano Jaque en guitarras.

Presentados los protagonistas, nos dirigimos directamente con “Quest for Hope”, que en su historia sitúa a la tierra en un tiempo de catástrofe y su desarrollo se prolonga en más de una hora musical.

Abriendo el disco nos encontramos con Earthlings, una interesante introducción que nos lleva a un ambiente futurista y de desolación, perfecto para dar pie a New Horizon, una canción que va a media máquina en cuanto a tiempo, de base comandada por la batería y exponiendo los elementos musicales a medida que avanzan los minutos. Paulo Domic hace un excelente trabajo en las voces y la atmósfera creada por las guitarras de Bello y Jaque va aumentando en fuerza, estableciendo varios pasajes progresivos para que los solos de guitarra y teclado tomen protagonismo. Una base contundente por parte de América  y Quiroga. En definitiva, lo que esperamos de un arranque de disco, fuerza, técnica y una lograda melodía.

Hope va en mayores revoluciones, poderosa composición con las guitarras de protagonistas en su inicio y en gran parte de este viaje, Melodic Power en plena esencia. La ambientación generada por Nicolás Sáez en teclados es perfecta, siendo partícipe en instantes muy claves. La banda suena muy afiatada y el coro es bastante perfecto y pegadizo.

Outlaws tiene unos riffs bastante pesados, headbang asegurado desde el primer segundo con atrayentes quiebres de ritmo, revelándonos un mayor nivel de complejidad y madurez alcanzada por el grupo. Domic es acompañado en varios momentos con voces de apoyo, mostrando una mayor versatilidad en su interpretación y el compás sigue fuertemente marcado por la batería de Quiroga.

En línea progresiva continúa The Awakening,  con una tónica más experimental desde su apertura hasta los solos. La voz de Domic es potente, usando su recurso de voz rasposa y va creando un buen contraste con las voces limpias que lo van apoyando. El trabajo de guitarras de Bello y Jaque nos siguen enseñando que esta asociación está funcionando muy bien.

Con un enfoque AOR, Nowhere to Nowhere es el quiebre en la estructura del disco, una balada efectiva que da descanso a los compases musicales presentados anteriormente.

Si conociste a Triboulet por su anterior trabajo (“The March of the Fallen”) y extrañabas la música más vertiginosa presentada en esa placa, The Day the Earth Stood Still viene a compensar en parte esa búsqueda. Velocidad y melodía se unen desde un comienzo para dar paso a una base rítmica marcada por América y Quiroga, donde volvemos a disfrutar de los riffs y la fuerte cohesión que tiene la agrupación ahora en cada cambio de tiempo.

Con Ignorance Is Bliss vuelven a los cambios de estructura, con teclados discretos de base que aportan de manera justa y no exagerando su participación en los momentos veloces y los calmados. La interpretación de Domic nos vuelve a expresar diferentes matices y muestra todo su esplendor en los segundos finales de esta pieza.

Los arreglos iniciales de White Canvas tienen un interesante toque oriental, anticipando que la velocidad se quedó atrás y da paso a la perspectiva progresiva patente en esta placa. En terrenos similares y de una madurez compositiva sigue To the End, en una faceta cercana al Rock progresivo con tintes metálicos, acentuando el trabajo vocal en grupo y a nivel individual, la instrumentalización de cada uno tiene espacio suficiente para brillar y destacar por sí mismos.

En la recta final, Last Goodbye es la segunda balada, con una diferencia marcada en ritmos y ejecución respecto de Nowhere to Nowhere, aumentando su intensidad y bajándola a medida que pasa el tiempo, formando un vaivén interesante de oír.

Para cerrar, Disclosure es un final extenso y épico. Sus nueve minutos nos detallan fragmentos oscuros y complejos, con énfasis en las guitarras siendo líderes en toda esta estructura y poderosas en sus minutos finales con grandes duelos de guitarra y teclados.

Quest for Hope” es un trabajo interesante de escuchar y marca un antes y un después en cuanto a nivel compositivo de Triboulet, que desde su reorganización está definiendo un sonido particular y con expertise por la trayectoria de sus integrantes. Sus composiciones van desde el Power, Heavy, Rock y sobre todo el Metal Progresivo, generando una mezcla con bastante consistencia.

Review: Pedro Herrera

A estas alturas del juego Avantasia no necesita mayores introducciones. Esta ópera de Rock y Metal comandada por Tobias Sammet viene captando la atención de los fanáticos hace veinte años, generando con cada lanzamiento una gran expectación dado a la cantidad de músicos invitados. Con el tiempo su estilo musical ha evolucionado desde el Power Metal hacia algo más bien misceláneo. Esta vez nos toca analizar “Moonglow”, octava placa de estudio de esta agrupación y que verá la luz a través de Nuclear Blast. Para este nuevo lanzamiento la formación de acompañamiento se mantuvo sin alteraciones, con Sascha Paeth en las cuerdas, Michael Rodenberg (a.k.a. “Miro”) en teclados y orquestaciones, y Felix Bohnke en batería.

Luego de un breve receso después del “Ghostlights Tour” de Avantasia y la recopilación “Monuments” de Edguy, Sammet se encontró sin obligaciones contractuales y con plena libertad para planificar el futuro de estos dos proyectos. Esta libertad le permitió a Tobias inspirarse con naturalidad y sin apuros, tomándose recreos creativos en Inglaterra. Esto es relevante al analizar las temáticas de “Moonglow”, un álbum conceptual que cuenta la historia de una criatura incomprendida que busca refugio en la oscuridad. Tanto las letras de las canciones como la fabulosa carátula (una brillante ilustración creada por Alexander Jansson) fueron influenciadas por novelas de la época Victoriana como las de Arthur Machen y Algernon Blackwood.

Pero entrando de lleno en la música, el disco abre con Ghost in the Moon, largo corte de casi diez minutos de duración. La suave apertura de piano y melódico tono nos recuerda lo realizado por Avantasia en sus últimos lanzamientos, con un estilo cercano al AOR ochentero tipo Meat Loaf. Las auto-referencias de Sammet a sus trabajos anteriores se reflejan en frases como “mystery of a blood red rose”, que nos hace sentir inmersos en un universo avantasiano con vida propia. Tobi se acapara las voces principales y se luce con dramatismo en su interpretación. Como siempre, los arreglos vocales y orquestales son de primer nivel, marcando un prometedor comienzo para este viaje musical.

Acto seguido, tiran toda la carne a la parrilla con Book of Shallows, tema contundente y directo, con una lista de vocalistas realmente alucinante. Escuchamos por primera vez la inconfundible voz de Hansi Kürsch de Blind Guardian, junto a viejos conocidos como Jørn Lande y Ronnie Atkins. Pero quizás la incorporación más sorprendente es la de Mille Petrozza, líder de Kreator, llevando a Avantasia a niveles inéditos de agresividad, pero guardando las proporciones ya que la pomposidad se mantiene intacta.

Moonglow fue el segundo adelanto y sembró la duda en algunos por su estructura simple y una melodía digna de Disney Channel. Personalmente, me convence más con cada escucha, sobre todo la dulce voz de Candice Night, que le otorga una cualidad de ensueño a la canción.

The Raven Child es una de las joyas del disco, con sus once épicos minutos llenos de magia y fantasía que nos deleitaron hace ya un par de meses. Desde una sutil apertura con sonidos medievales y la voz del bardo Hansi que nos transportan a otras épocas, pasando a momentos de mayor intensidad con la aparición de la mente maestra Tobi y el vikingo Lande, Rey Midas del rock. Creo que Jørn podría cantar reggaeton sin perder la clase… ¡que vozarrón por el amor de Jebús! Vale decir que este tema no está exento de referencias a trabajos anteriores de Avantasia, y que a nadie le hubiese llamado la atención si se hubiese titulado “The Scarecrow Part II”.

Luego arremeten con Starlight, un tema de medio tiempo, con sonido cercano al Heavy/Power melódico más tradicional. El caballero danés Ronnie Atkins se luce una vez más en un dueto de antología junto a Sammet. La melodía es bastante oreja y ondera, con energía y ritmo lleno de vibras positivas. Happy Metal en su máxima expresión.

Invincible es la balada de rigor, con el gran Geoff Tate haciendo gala de sus pergaminos. El otrora frontman de Queensrÿche demuestra por qué es considerado como una de las mejores voces de la historia del rock. En un breve duelo vocal lleno de sentimiento junto a Tobi y con base de piano, preparan la antesala para otro momento épico de “Moonglow”. Nos referimos a Alchemy, de estructura más progresiva y que cuenta nuevamente con el inconmensurable aporte de Tate, dando una clase maestra de potencia vocal. El coro es uno de los más pegajosos y adictivos del álbum, junto a exquisitos matices orquestales cortesía de Miro. Un acierto por donde se lo mire.

Luego tenemos The Piper at the Gates of Dawn, uno de los temas más destacables del disco en términos de cantidad de vocalistas compartiendo labores. A Sammet, Atkins, Tate y Lande se suman Eric Martin y Bob Catley, conformando un verdadero dream team internacional. Musicalmente estamos frente a un efectivo corte de Power Metal melódico, de esos con harto doble bombo que los fanáticos siempre agradecemos.

Lavender es por su parte una vuelta al sonido AOR que Tobi siempre reserva para las apariciones de Bob Catley. Valoro la intención de darle variedad al disco pero en este caso se quedan un poco cortos en términos de novedad y frescura. El que no se queda corto es Requiem for a Dream, el cañonazo mortal que estábamos esperando desde el comienzo, y en el que podemos distinguir por primera vez al gran Michael Kiske. Michi nos ha deleitado en cada lanzamiento de Avantasia y esta no es la excepción, como siempre su trabajo vocal es soberbio y deslumbrante. Los arreglos de bajo à la Grosskopf le otorgan un aire de Helloween, a la espera del nuevo álbum de las calabazas.

El disco cierra con Maniac, una peculiar versión del clásico ochentero de Michael Sembello. En una curiosa decisión, este tema no aparece como bonus track sino que forma parte oficial del disco. A pesar del buen trabajo de Sammet y Martin en las voces, este cover queda un poco fuera de lugar, ya que suena más a banda de matrimonio que a ópera Rock. De todas maneras, Tobi es un tipo conocido por su gran sentido del humor y por ser un camaleón musical que siempre se atreve a sorprendernos con este tipo de cartas bajo la manga. La edición limitada incluye también la canción Heart, un tributo personal de Sammet a la legendaria banda Journey y su clásico vocalista Steve Perry.

Sumando y restando, “Moonglow” es un trabajo de primer nivel que reúne una vez más a las voces más destacadas del universo rockero y metalero actual. Sammet es sin lugar a dudas un genio creativo cuyas ideas parecen no agotarse ni perder vigencia con el paso del tiempo. A pesar de no ofrecer grandes novedades, la cantidad de referencias al mundo del Rock en esta placa elevan a Tobi a la categoría del Tarantino del Metal, mezclando y reutilizando de forma magistral los ingredientes en su justa medida para crear una experiencia musical única y memorable. Se agradece sobre todo la variedad y dinamismo de las composiciones, además de una producción sin fallas y un concepto visual de lujo.

“Moonglow” se instala con comodidad en la parte alta de la discografía de Avantasia, quizás solo detrás de “The Metal Opera”, “The Scarecrow” y “The Mystery of Time”. No todas las canciones alcanzan la marca de obra maestra o clásico instantáneo, pero tampoco hay temas desechables. Además, el orden del tracklist fluye de manera natural y consistente, sin aburrir en ningún momento. La inclusión de vocalistas con timbres tan característicos como los de Hansi Kürsch, Mille Petrozza y Candice Night, le añade nuevos matices al repertorio de esta ópera Rock, que se apronta a comenzar un tour mundial que se perfila desde ya como uno de los actos en vivo más esperados del año. ¡Avantasia está de vuelta, señoras y señores!

Review: David Araneda

A finales del año recién pasado vio la luz “El Cristal”, EP debut de los santiaguinos Volumen 11, un proyecto Hard Rock/AOR que está compuesto por varios reconocidos integrantes de la escena Heavy Metal capitalina.

La banda partió metiendo ruido con Mauro Valencia (SteelRage, ex-La Pilsen Doble Trío), David Plaza (SteelRage, ex-Triboulet) y Hugo Sánchez (Hëiligen, ex-SteelRage, ex-Eternal Thirst), donde Mauro era el encargado de las voces. Más tarde, reclutarían a William Guerra (Fearless) y en la búsqueda de un nuevo cantante suman a Jaime Contreras (SteelRage, Húsar), quien completaría el line up actual de la banda. En la búsqueda de rescatar el sonido setentero y ochentero de bandas como Journey y Thin Lizzy, la misma banda se encarga de la grabación y producción de este debut discográfico.

El Cristal, tema homónimo de esta entrega, inmediatamente setea las expectativas de lo que nos ofrece Volumen 11: Hard Rock sin demasiadas pretensiones, melódico, de sonido orgánico y nostálgico de aquella gloriosa época donde las los tuneos digitales eran una extravagancia y no pan de cada día. Y digámoslo altiro, la entrada de los capitalinos es tremenda pues el disco empieza con todo. Una intro potente, con ciertas reminiscencias de Mr.Big/The Winery Dogs, abre un tema extremadamente sólido, que es robusto en su estructura y base rítmica, melódico en esencia y muy entretenido de escuchar. La voz de Jaime calza perfecto en la propuesta de la banda, con matices más callejeros a los que solemos escucharle en SteelRage. El coro, si bien sencillo, cumple con ser catchy. Hacia el final, los licks de guitarra revelan la sangre metalera del grupo y una última vuelta al coro cierra este muy buen single.

El segundo tema de esta entrega, Alcánzame, es de estructura más sencilla que su predecesor y se percibe más directo también. Un tema rockero tremendamente oreja, radial, y sin ningún tipo de pretensiones. Aquí la atmósfera rocanrolera deja de manifiesto el espíritu de una banda que, a pesar de tener un background más metalero, se desenvuelve perfectamente bien en estos dominios. Otro aspecto que acerca a Volumen 11 a todo tipo de público son sus letras, que además de ser en español, relatan situaciones cotidianas fáciles de asimilar y compartir.

Desde Mi Ventana es la versión acústica de un tema que, en principio, sería uno de los más rápidos de la placa. Además de acústica, la canción es por supuesto lenta y romántica, como dicta el manual del AOR. A falta de teclados atmosféricos, buenos son los arpegios, y las armonizaciones vocales, además de bien ejecutadas, dan calidez a un tema que pide a gritos fogata a la luz de las estrellas. Me quedo con muchas ganas de escuchar su versión rockera porque, si bien es cierto es disfrutable, tiene pinta de que ganaría varios porotos con guitarras en overdrive y una bataca comandando la base rítmica.

Cerrando el EP llega Cerca De Mí, un tema que, a pesar de lo sencillo, se transformó en mi pista favorita del disco, y creo que es por los sentimientos que evoca una letra cargada de nostalgia, calle y corazón. Aun cuando el opening del disco parece superior desde un punto de vista compositivo, este tema se gana inmediatamente un espacio en nuestras bibliotecas musicales. Será por su melodía llena de gracia, su relato nostálgico o por su coro insoportablemente disfrutable, no lo sé. Pero como dicen por ahí, cuando una weá es wena, es wena nomas po’. Pa’ que tanta vuelta. Cerca De Mí podría perfectamente ser el opening track de una teleserie noventera, medio picada a joven, de esas que transmitían tipo 5 de la tarde por cadena nacional. “Tan solo una ficha bastó para llegar al final del arcade de la esquina, donde jugábamos hasta que nos iban a buscar”… ¡¡cómo no sentirse identificado con esa letra!! Hacia el final, la armonización de las voces de todos los integrantes de la banda le da un gran cierre a este registro.

El saldo es largamente positivo en el debut discográfico de Volumen 11. Su propuesta podrá gustar o no, pero lo que es innegable, y se debe agradecer, es la honestidad y calidad de la banda. Si bien es cierto la originalidad no es el fuerte de este acto, sí lo es su integridad. “El Cristal” transmite 100% cual es la convicción musical de la banda. Y me parece que esa convicción es un factor crítico de éxito en cualquier viaje musical. Esto hace todo el sentido del mundo en el planeta Volumen 11, porque a nivel de composición, interpretación y sonido, los santiaguinos encuentran convergencia y armonía. Hay pocos puntos bajos relacionados al registro en sí… quizá el orden de los temas no es el mejor, considerando que Alcánzame me parece un poco más bajo que sus pares, y con la balada acústica a continuación hace que el registro pierda un poco de fuerza. Fuera de eso, todo muy positivo. Estoy seguro que todos los metaleros de corazón rocanrolero esperarán atentos el primer larga duración de la banda, que debería la luz durante este año. Al menos habemos varios que lo estaremos esperando. Aguante el Rock nacional. Aguante Volumen 11.

Review: Hernán Bórquez

Hablar de Beast in Black es ineludiblemente hablar de Anton Kabanen y por ende, hablar también un poquito de Battle Beast y su historia. Así lo refleja la entrevista que acabamos de publicar en PowerMetal.cl, donde las comparaciones en circunstancias como esta se hacen, muchas veces, inevitables. El caso de Kabanen y sus dos “bestias” es uno que ha dado bastante que hablar en tierras europeas, ya que el ex-mastermind de Battle Beast fue obligado a salir de la banda que él mismo creó y llevó a la primera división del Metal. Con el desafío de empezar de nuevo, Kabanen formó Beast in Black y rápidamente “Berserker” vio la luz, un trabajo que dejaba claro que la dirección musical de Anton permaneció prácticamente inmutable, y que incluso desde un punto de vista estético y extra-musical las similitudes entre ambas agrupaciones eran evidentes. Para fortuna de todos, la nueva apuesta de Kabanen resultó, porque “Berserker” tuvo un cálido recibimiento en la comunidad y las loas no fueron escasas para el debut de la nueva bestia. Por esta razón, las expectativas para su segunda entrega no serían nada de bajas. Muy por el contrario, la industria metalera ha estado muy atenta a este segundo lanzamiento, con las esperanzas puestas en que “From Hell With Love” sea una sólida continuación del exitoso debut de la banda.

Para quienes no estén familiarizados con el estilo que cultiva Beast in Black (y/o Battle Beast), se puede decir que los finlandeses practican un Heavy metal bastante particular y fácilmente identificable, pues tiene grandes influencias de la música “retro” de los ’80, donde los teclados tienen un gran protagonismo y las composiciones muchas veces invitan más a bailar que a cabecear. Es un punto de encuentro entre la música disco, el AOR y el Heavy Metal que converge y ha funcionado bastante bien para ellos.

“From Hell With Love” abre fuegos con Cry Out For a Hero, que posee todos los elementos que un opening debería tener: buen ritmo, melodía fácil, duración prudente, un coro memorable y que, sin tomar grandes riesgos, despliega el espíritu de la banda, continuando así la propuesta que cultivaron en su disco debut. Sin duda, una buena muestra del Heavy/Power que se produce de tan buena manera en tierras finlandesas. La voz de Yannis Papadopoulos es una de las fortalezas de la banda y se muestra más agresiva que en “Berserker”. Los teclados acompañan incansablemente cada uno de los riff de guitarra que estructuran este corte, lo cual le quita algo de poder a la canción en mi opinión, aunque el resultado global sigue siendo muy bueno.

El homónimo From Hell With Love cambia la solidez del Heavy Metal por los colores y atmósfera de la música más glamorosa de los ’80. Es una pieza menos “cañera” y algo más reposada que el opening del disco. La voz de Yannis también es menos aguerrida, lo cual se condice con el espíritu de la canción. Hay algunos efectos (como los redobles de batería ficticia dignos de cumbia villera) que no caerán muy bien en paladares más tradicionales, aun cuando la propuesta general es hace sentido. No es un mal tema, para nada, pero va 100% en la vena más “bailable” de Beast in Black.

En esta misma línea llega Sweet True Lies, que es definitivamente una de las canciones menos metaleras del disco. Es puro Bon Jovi, de ese bien mainstream que es el delirio de tanta chiquilla rockera. Con todo lo glamoroso que es, Sweet True Lies es uno de los temas destaca en el disco, porque es oreja, invita a cantar, bailar, rockear y no deja indiferente para nada. Eso sin mencionar el coro, que debe ser uno de los estribillos más pegajosos que he escuchado en el último tiempo.

Un giro de 180 grados llega con Repentless, cuarto tema de esta entrega. Tal como se esperaría de un título así, la canción es bastante más Heavy que sus predecesoras, y si bien es cierto no es nada comparable al Repentless de Slayer, posiblemente sea el corte más agresivo de su catálogo. Tiene un gustito a Sabaton, además de claras reminiscencias a Nightwish. Es lo más cercano a una marcha de guerra que ha producido Beast in Black. Un coro memorable y un excelente solo de guitarra contribuyen a hacer de este tema uno de los puntos más altos del disco.

Die By The Blade es un blend que funciona bastante bien… las partes suaves y glamorosas contrastan de buena forma con las partes más heavy. Es una composición que no suena forzada, sino que más bien como una mezcla que fluye. Creado para ser un hit (y por ende lanzado como single), Die by the blade destaca como uno de los temas más orgánicos de la placa, y a todas luces será un imperdible en vivo.

Otra vuelta de tuerca llega con la balada del disco, Oceandeep. El versátil Yannis suena como cantante femenina en este corte, haciendo gala de su camaleónico timbre. La imagen de Nightwish vuelve a aparecer en el horizonte, no solo porque el título del track parece un juego de palabras asociado a la banda de Holopainen, sino por las semejanzas musicales también. De todas maneras, es una muy linda composición que aporta variedad al registro.

Unlimited Sin es otro tema concebido para entrar a la primera y quedarse dando vueltas en nuestras cabezas desde la primera escucha. Es un mid-tempo donde el teclado es el claro protagonista de la composición. En la misma línea llega True Believer, un tema muy AOR de cadencia menos dinámica y más cercano a ritmos bailables de finales de los ’80 y que no logra despegar del todo. Afortunadamente, This is War llega al rescate y vuelve a acelerar las revoluciones del disco. Tal como su nombre sugiere, este track es una marcha de guerra que invita a reemplazar los atuendos de baile por trajes de camuflaje, donde el espíritu de batalla trae de vuelta ese elemento épico que bandas como Sabaton y Civil War han sabido explotar a lo largo del tiempo. Si no fuera por un quiebre de ritmo que introduce una pausa y le quita intensidad al tema, sería un track redondo.

Heart of Steel, décimo corte del LP, es un buen mid-tempo en términos generales que, a pesar de no deslumbrar, resume muy bien el espíritu de Beast in Black, deambulando entre los dominios del AOR y el Power Metal. Finalmente, el disco cierra con No Surrender, composición que trae de vuelta la energía, la dinámica, poder y alegría del Power Metal europeo. Una jugada acertada sin dudas, que deja un buen sabor de boca a quienes tanto disfrutamos el estilo que aquí nos convoca.

Sumando y restando, “From Hell With Love” es un buen álbum que entrega una propuesta honesta y fiel al legado de la música que Anton Kabanen ha venido creando hace ya quince años. La mayoría de las canciones suenan orgánicas y la propuesta es consistente. No hay muchas sorpresas. Creo que la mayor virtud de esta entrega, sin lugar a dudas, es que el disco ofrece música muy entretenida, fácil de escuchar y altamente disfrutable de principio a fin. Ahora bien, lo negativo es que con cada vuelta que da el disco, este se va percibiendo algo superficial y un poco liviano. No me parece pueda llegar a transformarse en un imperdible del estilo. Es un disco, podríamos decir, políticamente correcto. Difícil que caiga mal pues no tiene puntos bajos, pero tampoco rompe esquemas ni dicta cátedra.

Dicho lo anterior, si te gusta el Metal con matices glamorosos de corte ochentero, definitivamente tienes que darle una oportunidad a este disco. Por contraparte, si lo tuyo es más tradicional y no tienes ganas de escuchar propuestas de Metal un poco más innovadoras, siéntete libre de pasar de largo. En cualquier caso, “To Hell With Love” es un paso correcto en la carrera de los finlandeses. Beast in Black es una de esas bandas que difícilmente dejará indiferente a alguien, y mientras Kabanen y compañía sigan escribiendo de la forma honesta en que lo hacen ahora, seguirán sumando adeptos a su ya respetable séquito de seguidores y de seguro seguirán pavimentando su camino hacia los escenarios más importantes de Europa y el mundo.

Review: Hernán Bórquez

Después de un hiato de cinco años, los gigantes holandeses del rock sinfónico Within Temptation han vuelto a lanzar un álbum de estudio titulado “Resist”. Durante este largo receso, la líder y voz principal Sharon den Adel tuvo que lidiar con una serie de problemas personales, además de una crisis de identidad musical que afectó al todo el grupo. Algunos fanáticos incluso temieron lo peor con los rumores de disolución de la banda, reforzados por la creación de My Indigo, proyecto solitario de den Adel. Este proyecto se acercó mucho más al pop electrónico, alejado de las influencias sinfónicas de su banda madre y sembró la duda sobre el futuro de Within Temptation.

Para la suerte de los fanáticos, la banda anunció el año pasado que estaban preparando la continuación de “Hydra” (2014), comenzando además una gira europea y confirmando su participación en festivales de verano en 2019. Den Adel señaló que para este nuevo lanzamiento la banda tomaría inspiración en la música moderna, pero dándole un toque oscuro. Luego del lanzamiento de cuatro sencillos de adelanto pudimos darnos cuenta de que esta oscuridad se reflejaría principalmente en las temáticas y tonalidades musicales. Luego de la dirección más comercial de sus últimos lanzamientos, tampoco esperábamos que Within Temptation hiciera un giro en “U” y volviera a las raíces más metaleras.

El álbum abre con The Reckoning, primer sencillo disponible ya desde septiembre pasado y para el cual grabaron un futurista videoclip. Como ya es la tónica de los últimos discos de Within Temptation, “Resist” también contiene colaboraciones con otros vocalistas, siendo este el turno de Jacoby Shaddix de Papa Roach. La canción está dominada por un sonido de teclado bastante pesado, dándole un toque moderno. Las voces de Sharon y Jacoby se fusionan en un coro pegajoso, épico y melódico. Endless War es un experimento bastante raro, mezclando elementos pop con canto lírico y orquestaciones sinfónicas con bases hip hop. Es como si Rihanna y Nightwish tuvieran un hijo.

Raise Your Banner vendría a ser una canción más tradicional dentro de los cánones musicales de la banda. El invitado de honor fue el sueco Anders Fridén, conocido por su trabajo al frente de In Flames. La mezcla de voces limpias y guturales de Anders le agrega matices a la canción y el coro con estampa de himno de batalla es efectivo desde la primera escucha. Con Supernova se acercan una vez más a un sonido electro pop con influencias de bandas como Muse. Los teclados de Martijn Spierenburg siguen dominando la atmósfera general del álbum, con un ritmo juguetón y contagiosa melodía que contrastan con letras melancólicas.

En Holy Ground vuelven a explotar la veta electrónica y el fraseo de Sharon es por momentos hasta rapero. La letra es un poco infantil y me da la impresión de estar escuchando a Avril Lavigne. In Vain, otro de los adelantos, retoma desde el comienzo la oscuridad prometida para este nuevo lanzamiento y es ejecutada magistralmente. La estructura y melodía de esta canción hace que se convierta es una de las más adictivas. Con Firelight toman una dirección más R&B con la colaboración del cantante belga Jasper Steverlinck. El duelo es uno de los más destacados del álbum, ya que las voces se complementan a la perfección.

Mad World es mi favorita personal del disco, con un sonido irresistible para un nostálgico del pop ochentero. Es una canción llena de energía y hace que hasta el más tieso de los metaleros comience a bailar. Con Mercy Mirror incursionan en un pop contemporáneo amigable para las radioemisoras, pero que se vuelve un poco predecible y repetitivo. El disco cierra de forma magistral con Trophy Hunter, un tema más pesado y orientado a la guitarra, dejando de lado por un momento los omnipresentes teclados. El trabajo de Sharon es impecable, con una línea vocal pegadiza y efectiva, mostrando su potencial como una de las voces más destacadas del Rock contemporáneo.

En conclusión, “Resist” es un disco entretenido y variado, mezclando de forma soberbia elementos que van desde el Rock sinfónico al pop electrónico. Con este lanzamiento, Within Temptation marca una transición completa desde sus raíces metaleras hacia un sonido más accesible para el público masivo, lo que se ha reflejado en sus incides de ventas. Antes del lanzamiento del álbum la banda ya había estrenado la mitad de estas canciones en vivo, mostrando la confianza en la calidad del material. La voz de Sharon y los teclados de Spierenburg siguen siendo los componentes más distinguibles de esta imparable maquinaria, que ha despejado todas las posibles dudas sobre su continuidad y vigencia.

Review: David Araneda

Now you feel a knife in your chest deep inside. Pain and fear in your mind… Now die!” (extracto de Death From Inside). Desde el 2013 los santiaguinos Terror Society ponen un pie en la escena metalera nacional y este año el EP “Under Chaos” es lanzado oficialmente para el deleite de las hordas que los han acompañado en diferentes escenarios locales. Una inyección de combustible a los sentidos, Thrash Metal indomable y crudo, sin excentricidades ni producciones elaboradas. Sonido clásico y rango dinámico de cinta que recuerda a los cassettes de Warpath de finales de los ’80. Terror Society se conforma por Alex en guitarra y voz, Jairo en batería, Randall en el bajo y Luis en guitarra solista. La selección del EP son cuatro potentes temas que no dejan espacio para respirar o pestañear.

El primero, Death From Inside, inicia a tempo alto, introduciendo el sonido de la banda y sorprendiendo en las cuatro cuerdas para después desacelerar al verso con las guitarras guiando la pauta. La desgarradora voz de Alex, al estilo de Tom Angelripper, otorga a las canciones el salvajismo energético que transmite el cuarteto. Claros en su esencia, el tema que titula al disco, Terror Society, mantiene los riffs en constante intensidad mientras que los cambios de ritmo se encargan de entregarle matices a esta ola sónica.

En Killer Demon (o Killer Demon From the Sky), la banda explora la melodía como conductor de la máquina, resultando en un sonido que evoca a ratos a Iron Maiden —sobre todo en el interludio y final—, sonando peculiarmente a los primeros trabajos de Slayer en los versos. El cierre del tema no deja a nadie indiferente. El solo, caótico y rápido, es como escuchar a Jeff Hanneman junto a Steve Harris con el pedal a fondo. Finalmente, Sins da una impresión de las fatales sensaciones de un alma que aterriza en el ardiente infierno. Es una montaña rusa en el tempo y bastante acotada en la parte cantada. Los instrumentos se encargan de llevar el oído enganchado por este juego de ritmos y aceleraciones.

Terror Society promete bastante sus futuros lanzamientos. Sin duda este EP se siente como punta de iceberg y dan ganas de verlos en vivo para sentir la energía que transmiten. Volver a lo clásico es una forma de innovación y de traer de vuelta los sonidos que dieron el paso al extremo del NWOBHM.

Review: Gabriel Rocha

Un horizonte, un nuevo aire para respirar…” (extracto de Iconoclasta). Con agrado presentamos el álbum de los talquinos Círculo de Furia, cuarteto compuesto por Leonardo Troncoso como vocalista/guitarrista, Aldo Acevedo como guitarrista, Francisco Morales en el bajo y Sergio Troncoso en la batería. “Horizonte” se convierte en un ejemplar del Metal melódico con las tendencias progresivas de la última década, mezclando pasajes atmosféricos con pesados segmentos técnicos de corte djent. Todas las líricas están en español, un gran plus a juicio personal, para demostrar que no debería existir auto-imposición del inglés de parte de las bandas a la hora de pensar en las letras.

El carácter elemental del álbum se inscribe textualmente con el instrumental introductorio, Aeria, que sirve como telón para Recargado, canción que evidencia la pulcritud de la mezcla a cargo del virtuoso nacional Gabriel Hidalgo, respetando la sonoridad de cada instrumento junto a la producción posterior y efectos. Un sonido espacial y de ambiente, sin embargo nítido, en donde la guitarra marca su presencia con distorsión afilada símil a los equipos y pedales del Death Metal sueco. Para Sin Piedad, las guitarras optan por separar sus caminos en dos contrastes: una “dando aire” con delay y chorus mientras la otra cae en ritmo con todo el potencial del rango extendido de las 8 cuerdas. Sin embargo, no es el único contraste que nos entrega “Horizonte.

El disco se mantiene interesante en su fluctuación—de diversas duraciones—entre la intensidad de las sonoridades. La melodía cobra más protagonismo en canciones como Cayendo Despacio y Déjame Aquí. La voz de Leonardo, de gran modulación y claridad, es la encargada de llevar el coro por el sendero “humanizante”, generando empatía con emociones más acuosas e íntimas. De todas formas, sería un error seguir atomizando el álbum en dos caras opuestas, Etéreo e Iconoclasta nos muestran ese gran espacio gris, pero de mil matices, que explora Círculo de Furia en sus canciones. A mi parecer, estas dos canciones son la cúspide de “Horizonte”, la primera de gran articulación y momentum, la segunda con un coro de aquellos difíciles de olvidar.

Enemigo es, junto con Laberinto, una de las canciones más pesadas del álbum por sus potentes versos guturales; sin embargo, paradójicamente tienen los coros más “amigables” como si se tratara de una diferenciación de volúmenes espaciales. Por otro lado, tenemos Crimen, que es otro ejemplo del lado brutal del cuarteto, pero que no rompe la voz en limpio. El pre-coro adquiere especial notoriedad en este tema (evidencia una buena construcción a nivel de composición), pero el protagonismo lo roba el segmento instrumental y los solos que se deslizan por los canales auditivos. El broche de oro, Ilusión, da la sensación de que se construye andando, los instrumentos se añaden al bajo y llevan la voz de la mano a lo largo de esta, la más minimalista de las canciones de Círculo de Furia. 

El Metal Nacional se deleita añadiendo otro ejemplar al registro. El virtuosismo técnico de la banda no frena las ansias de crear música con la capacidad de conectarse, pese a que la mitología no sea concepto explícito dentro del disco, ya que, de todas maneras hay una búsqueda: un inicio de la aventura desde lo más alto, desde el aire. Un álbum recomendado con energía a los fans de Dark Tranquillity, Haken y/o Leprous.

Review: Gabriel Rocha

Desde la mítica cuidad sueca de Gotemburgo nos llega el primer trabajo de la joven banda de Power Metal Vandor. Este álbum debut titulado “In the Land of Vandor” ha sido autoproducido por la banda, quienes aclaran no haber utilizado ningún tipo de trucos en la grabación y edición del disco. La banda fue fundada por los hermanos Vide Bjerde (voz principal y guitarra) y Alve Bjerde (bajo y coros) el año 2015. Luego de audiciones la formación fue completada por Jack L. Stroem (guitarra principal y coros) y Uno Rosengren (teclado y coros). A ellos se suma el respetado baterista de sesión Robin Risander. El disco fue mezclado y masterizado en los Estados Unidos por Jason Carter en los estudios Wavelength. La llamativa carátula fue diseñada por el artista Vincent Wennerström.

El disco abre con una corta introducción de teclado llamada Dark Times, con un tono lúgubre que recuerda la música de juegos de Super Nintendo como Castlevania y que prepara el ambiente para el primer cañonazo de la jornada. Nos referimos a Wrath of The Night, canción llena de energía y melodía, en la vena Power Metal europeo de finales de los ’90. Mucho doble bombo y acelerados solos de guitarra y teclado. Desde el comienzo destaca el trabajo de voz de Vide y las voces de acompañamiento. Lo que descoloca un poco es el interludio, donde aprietan el freno de forma repentina e incorporan un ritmo reggae y un sonido de teclado a estilo Marillion ochentero que quedan un poco fuera de lugar. Hacia el final el tema retoma su momentum.

Continúan a toda velocidad con Beneath The Sky, canción disponible en plataformas de streaming desde diciembre pasado. Este es un tema de corte clásico que también recuerda la mejor época del Power europeo. El sonido de bajo de Alve es demoledor, recordando el estilo y la técnica de Markus Grosskopf, junto a la sólida dupla de guitarristas que también hace de las suyas con riffs a la Helloween de los 80. Un acierto y una muestra de su determinación por traer el Power Metal más clásico de vuelta. Warriors of Time por su parte, tiene un comienzo en falso muy melódico, agarrando vuelo y luego desacelerando. Vandor no tiene miedo a experimentar con bruscos cambios de intensidad que te mantienen aferrado a tu asiento mientras ellos conducen. La línea vocal es una de las más destacables del álbum.

Luego es el turno de Possessive Eyes, quizás la canción más comercial y contagiosa del disco, también disponible en streaming. Desde esa intro juguetona de bajo y ese melódico riff de guitarra inicial, es un tema que se impregna inmediatamente en tu cerebro. Creo que he tenido el coro repitiéndose en mi cabeza por una semana desde que lo escuché por primera vez. Pero no todo es pomposidad, Vandor también tiene sus raíces progresivas y arremeten con Uncover The Earth, una canción de más de trece minutos. Lleno de cambios de atmósfera, este tema demuestra una tremenda confianza por parte de la banda en sus capacidades a la hora de componer y ejecutar piezas musicales más complejas. El segmento acústico con la hermosa voz invitada de Anja Hedenskog le añade incluso más matices a esta épica obra.

Serving Their Need es una canción de medio tiempo en la que predominan los teclados y los juegos de voces. El registro vocal Vide en esta canción es un poco más grave y relajado, sintiéndose a la vez más natural y menos forzado que en el resto del disco. De todas maneras, basado en los videos en vivo de la banda que circulan por internet, Vide es capaz de alcanzar los tonos agudos sin problema. Puntos extras además por tocar la guitarra al mismo tiempo como si nada. La colaboración de Anja le agrega nuevamente más colores a la paleta musical de Vandor. With Bleeding Hands I Stand es una correcta balada con interesantes arreglos vocales e instrumentales, pero que en líneas generales quizás falla un poco en sorprender o resaltar entra las otras canciones.

En The Land of Vandor nuevamente pisan el acelerador hasta el fondo sin misericordia. La melodía y la estructura le dan una estampa de himno de guerra, pero sin caer en excesos o clichés, haciéndolo uno de los temas más destacables del álbum. El agudo grito de Vide en la sección final de la canción te pone una vez más los pelos de punta antes de concluir. In The Shadows es la outro, nuevamente basada en teclado y con una suave lluvia que traen de vuelta la calma luego de esta exhibición de majestuosidad. Cuando creíamos que todo había acabado, nos sorprenden con una pista escondida. Se trata de una versión acústica de Possessive Eyes, con la que se aseguran de que te aprendas el coro si es que no lo agarraste a la primera.

Tenemos en frente a una verdadera promesa del Power Metal sueco, que trae a colación los elementos más característicos de la época dorada de este subgénero musical. Lo que les falta en producción y en experiencia lo compensan con energía y pelotas para atreverse a hacer Metal clásico, honesto y a la vena. Se agradece que mantengan un sonido orgánico y sin abuso de técnicas de estudio. Luego de este prometedor debut, estos jóvenes guerreros nórdicos no descansan y ya se encuentran preparando su segunda entrega. Además, han anunciado el lanzamiento oficial de la canción Well of Salvation que contará con la colaboración de Tommy Johansson, guitarrista de Sabaton. Quedamos atentos a las noticias de Vandor, y esperamos que adquieran suficiente popularidad para verlos de gira por Europa y por qué no, en Sudamérica.

Review: David Araneda

El Metal chileno siempre será, en buena parte, una de las principales razones de ser de este portal. Precisamente por eso se busca estar atentos y apoyar con la difusión del trabajo de nuestras bandas connacionales puedan lograr lanzar en un negocio tan ingrato como el de la música en Chile. En ese sentido varias bandas han logrado mantener vivo el espíritu y el sonido del Power Metal en nuestro terruño y entre ellas destaca Resilience, banda que ya lleva media década regalándonos material de muy buena calidad entre un single, dos EP y dos larga duración.

Por eso su plan funcionó de maravillas cuando nos sorprendieron a todos a finales del pasado 2018 con el lanzamiento imprevisto de “Renacer”, un nuevo EP que en cuatro tracks nos regalan su nueva propuesta en la que destacan la incorporación de Rodrigo Varela (Maze, Húsar) en las voces, el regreso del tecladista Elías Martínez (Elías, Vellatore, ex Ethernia) a la banda y la llegada de Nicolás Vásquez (Fireland, The Power Of The Pudú) en las guitarras, quienes se reúnen con Marcelo Oyanadel en las cuatro cuerdas y Hugo Ibarra en la batería para traernos este nuevo material.

Todo esto arranca con Instinto Siniestro, con una reposada entrada en piano nos da paso a un riff pesado, potente pero a la vez tranquilo, con una Varela que desde el primer minuto deja claro porque fue el elegido para continuar con la historia musical de esta aún joven banda. Una midtempo que si bien no logra impresionar mayormente por no presentar alguna novedad mayor, es una tremenda composición, especialmente las líneas líricas y la sección de solos que incluyen al teclado de Martínez, donde junto con Vásquez muestran hasta donde puede llegar el Power Metal chileno, porque la base rítmica que nos regalan Ibarra y Oyanadel terminan haciendo cuajar un tremendo himno.

Esto continúa con Revolución, la que arranca con la música sonando a lo lejos a través de un equipo de mala calidad, con un riff altamente metalero, muy Heavy ochentero pero con todos los aires de frescura que nos puede traer este tiempo. Un llamado a, precisamente, armar una revolución contra el destino y el sistema, con tremendo desempeño de todos, nadie se queda corto aunque lejos el trabajo de Varela puede tomarse como uno de los más notables, especialmente al considerar la evolución de la banda, sin dejar de lado que la reincorporación de Martínez le da un toque de Power Metal incluso a este que es puro Heavy.

Como alguna vez antes lo dijimos en algún review, un disco de Power Metal no es tal si no tiene una power ballad. Bueno, Nada Más es precisamente la confirmación de aquella idea y acá el trabajo de Martínez y Varela en conjunto es la demostración pura que en Chile tenemos buenos músicos, que la velocidad no lo es todo, que la potencia y “lo pesado” no es lo único que forma parte del Metal. Aunque deja un poco un poco triste al terminar de escucharla, nunca está demás darse un respiro y este track nos da ese espacio.

Como dijimos, esto se trata de un trabajo corto y, como tal, termina con Renacer, la que abre con un toque espacial de la mano del teclado de Martínez, no suena totalmente cómodo porque se aleja un poco (quizás bastante) del Metal que esperaríamos, pero no alcanza a avanzar ni un minuto de canción y ya tenemos un tremendo track de Power Metal que no abandona esa ambientación espacial, con una base rítmica tremenda, debo decir que tal como me gustan, con quiebres rítmicos y diversos juegos de batería a lo largo del tema, pasando por distintos momentos y ambientes. Los solos de teclado y guitarra para qué decir, simplemente un lujo de composición que en algún momento lleva a recordar un poco lo que están realizando bandas como The Night Flight Orchestra,pero esto es claramente Power Metal.

Como esto no termina hasta que termina, este trabajo termina con un bonus track que corresponde a una nueva versión 2018 de Ecos de tu Nombre, canción que forma parte de “Contra el Viento” (2016), el último larga duración de la banda del 2016. Quizás no sea correcto comparar las versiones toda vez que no son las mismas personas quienes están detrás pero no se puede negar que, al menos en cuanto a producción, esta nueva versión suena mucho mejor y, hay que decirlo, la maduración de cada uno de estos nuevos miembros tanto como los antiguos más la calidad de cada uno nos regala un tema de mucho mayor factura que el original, tanto en lo vocal como en lo musical.

Apenas diecinueve minutos dura este pequeño trabajo que nos regala un respiro de frescura en este verano caluroso (al menos en Santiago), ideal para ganarle a los tacos a la hora de ir al trabajo o para simplemente quedarse en casa o donde sea disfrutando del descanso, una inyección de energía de mano de uno de los mejores exponentes del Power Metal chileno de los últimos años que no defrauda en ningún sentido. En cada una de las composiciones se nota la madurez y la calidad compositiva y ejecutante de sus miembros y deja claro que tenemos Resilience para rato.

Al ser un trabajo tan corto, nadie puede negar que deja con un pequeño sabor a poco, deja ese bichito mordisqueando los oídos por querer escuchar más, especialmente cuando se considera que todo el proceso de preparación, grabación, edición y lanzamiento demoró tan sólo un mes… ¡Qué nos hubieran regalado si hubieran tenido más tiempo! Por ahora, sólo nos queda esperar que retomen fuerzas tras su gira por Colombia y nos regalen el tremendo de su nueva formación en vivo y en un nuevo larga duración.

Review: Sebastián Miranda

La banda sueca de Metal Progresivo Evergrey nos trae su undécimo álbum de estudio, titulado “The Atlantic” y publicado a través de AFM Records. Esta placa marca la tercera parte dentro de una trilogía acerca de la aventura de la vida, la cual comenzó en 2014 con “Hymns For The Broken” y continuó en 2016 con “The Storm Within”. La formación de la banda se ha mantenido sin cambios desde el comienzo de esta trilogía, dando cuenta de su cohesión. Durante este pequeño receso Tom Englund, el líder y vocalista de la banda, se unió también a las filas de la agrupación estadounidense Redemption en reemplazo de Ray Alder, para su lanzamiento de 2018 “Long Night’s Journey Into Day”.

Con respecto al concepto y temáticas de “The Atlantic”, Tom Englund comentó: “Se trata sobre las relaciones, la belleza y la oscuridad, sobre la fortuna y el duelo, sobre el amor, el odio, la desesperación, la dicha y todo lo relacionado con ello. La vida es un como un viaje a través del océano, con destino a una costa distante”. “The Atlantic” fue producido por el propio Englund junto al baterista Jonas Ekdahl, siendo mezclado y masterizado por Jacob Hansen. Por su parte, Giannis Nakos estuvo a carga de la interesante portada, dominada por tonalidades de amarillo y que nos muestra un pequeño bote navegando en una impetuosa tormenta, tratando de no sucumbir frente a la furia del mar.

El disco comienza sin mayores preámbulos con A Silent Arc, sencillo de adelanto lanzado ya en diciembre pasado. La canción abre de forma repentina con uno de los riffs más pesados de la discografía de Evergrey, y al entrar la voz llama la atención el furioso estilo vocal de Tom. Esta es una apertura bastante agresiva para los estándares de la banda, pero luego de la tormenta llega la calma y hacia el coro esta furia inicial se diluye en pasajes bastante melódicos. De inmediato se hace evidente el magistral manejo de los tiempos, los contrastes y las atmósferas por parte de Tom y compañía. En sus casi ocho minutos de duración, la banda despliega en esta canción toda su majestuosidad y clase.

Sin descansar retoman con Weightless, tema para el cual grabaron un videoclip en que la batería de Jonas Ekdahl se enciende en llamas, logrando un efecto visual alucinante. La canción abre con un rockero riff a medio tiempo, dando paso a una melódica y pegajosa línea vocal, con un coro de esos que te quedan dando vuelta en la cabeza desde la primera escucha. All I Have también abre de manera impetuosa, dando paso a un melancólico estribillo y un coro con tintes de pop casi romántico. Los sutiles cambios de intensidad y la sobriedad del estilo de Evergrey permite que no caigan en clichés, manteniendo su integridad musical. El trabajo de guitarras de Henrik Danhage y Tom Englund destaca hacia el final del tema.

A Secret Atlantis sigue un poco la misma fórmula anterior, es decir, comienza de manera furiosa e imparable, pero de a poco van pisando el freno en la medida que el tema progresa. Tom Englund aprovecha esta canción para explorar otras áreas de su registro, por momentos con tonos muy graves, pero alcanzando también otras notas bastantes altas. Las letras reflejan el dolor y la desesperación de estar en alta mar con la incertidumbre de no saber lo que nos depara el futuro. The Tidal es un corto instrumental a base de teclado en el que Rikard Zander muestra todas sus habilidades y que sirve como interludio antes de entrar de lleno en la segunda mitad del álbum.

End Of Silence es una canción de tono solemne, con una melodía muy nostálgica y un acompañamiento de piano sublime. El ritmo se mantiene bastante relajado la mayor parte del tema, tomado vuelo solo hacia el final en la sección instrumental en la que se fusionan las dos guitarras y el teclado, dando origen a fascinantes armonías. Currents fue el tercer adelanto de “The Atlantic” y funciona como una síntesis del álbum, resumiendo esa metáfora conceptual de la vida en el mar y la existencia misma, con sus dificultades y repentinos cambios. Sin llegar a provocar el mismo encanto que los otros dos adelantos, esta canción cuenta con interesantes arreglos de teclado, armonías vocales y solos de guitarras.

Departure es una de las canciones que más se destacan por su estructura, rompiendo la fórmula a que nos tenían acostumbrados. El comienzo es pausado y progresa poco a poco hacia patrones rítmicos más complejos, llenos de virtuosismo instrumental. En esta canción destaca el aporte del bajista Johan Niemann, dándole peso a las múltiples progresiones del tema. Y acercándonos al final de este viaje, el disco cierra con un par de temas que en mi opinión no alcanzan el nivel del resto. Primero tenemos This Beacon, que a pesar de su dramático inicio y metafórica letra, no ofrece grandes novedades. Para finalizar, This Ocean es un tema más enérgico y correcto en lo musical, pero que también deja un gusto a poco.

Si bien es cierto “The Atlantic” es un disco que va de más a menos, con un comienzo soberbio pero desinflándose un poco hacia el final, es también un lanzamiento que muestra por extensos momentos a Evergrey en la cima de sus capacidades y de su grandeza. Hay por lo menos cuatro canciones que están destinadas a convertirse en clásicos de la banda. Este álbum probablemente les abrirá el paso a nuevos horizontes, ya que la banda se embarcará pronto en una gira que los llevará por las principales ciudades de Europa y algunos festivales de verano, incluyendo el trigésimo aniversario de Wacken Open Air. Esperamos tenerlos también en Sudamérica algún día. Los reyes del Metal Progresivo sueco han llegado para quedarse.

Review: David Araneda

Nunca ha sido fácil escuchar un disco de Polímetro, pueden pasar meses o incluso años hasta que uno pueda dimensionarlo. Aquello va más allá de la naturaleza progresiva de su música, y se adentra en los sentimientos tan hondos que llegan a producir con sus canciones.

En lo musical, “Retrospectiva” es un trabajo que enseña todos los sellos característicos de la banda (los quiebres, los riffs, las voces, los patrones de batería, etc.), pero con una producción más moderna y recursos mucho más pesados, sin perder la sensibilidad ni profundidad que siempre han distinguido sus composiciones. ¿En las letras? Un esfuerzo conceptual que termina en un álbum lleno de dolor, oscurísimo, que llega a generar claustrofobia por la angustia y la pena que genera, sobre la experiencia de una familia separada -como tantas- tras el golpe del ’73 y la dictadura en Chile, no quedándose solo en retratar hechos conocidos, sino dejando al desnudo las secuelas de todas las personas retratadas con tanto cuidado por el conjunto.

Si habrá sido primero la idea de relatar una historia y a partir de ello empezaran a escribir la música, o viceversa, lo concreto es que el tracklist está construido en función de un concepto, lo que significa que nos encontraremos con intros, estructuras poco usuales en trabajos de temas individuales, lo que ya significa otra novedad con respecto a los lanzamientos anteriores. Sí, “Retrospectiva” es un conceptual hecho y derecho, que sin embargo es muy simple de entender en su historia, ya que solo hay que prestar atención a las letras para asimilarlo, sin la necesidad de parar en cada pista para leer notas aparte, como muchas veces podrá suceder en otros casos. Aquello, en todo caso, no quita que sea muy difícil escucharlo, justamente debido a la carga emotiva de esas letras tan simples en forma, pero tan duras en su contenido.

Las intros -así es, dos- de Semilla Consciente y Sueños nos advierten, desde el ánimo música, que “Retrospectiva” es un álbum bien planeado desde el punto de vista conceptual, pero que también es muy triste e intenso. Nos dejan en una posición de hasta desear que la banda y la historia tengan compasión de uno… y pues vaya que lo la tendrán…

Ahora, el comienzo de Fragmentos es una declaración estilística de principios de este Polímetro 3.0: un riff pesadísimo de Carlos Esquivel, seguido por el estruendo de los primeros y profundos baquetazos de su hermano Patricio, seguido por un despliegue heavymetalero moderno y aguerrido.

No solo se escucha más peso, también la producción es de corte mucho más moderno. En este aspecto, sorprende que la banda haya decidido cambiar de productor para este disco, pasando de Nicolás Arce (Húsar) en “El Laberinto de los Sueños” al estudio Espacio Yungay en “Retrospectiva”. El cambio trae consigo un elemento diferenciador y que llega justo a tiempo, porque de esta manera el grupo se distancia de lo hecho por Húsar y Ricardo Susarte en el proyecto de Ives Gullé. Y esto me parece muy importante, ya que el tercer trabajo de Polímetro no solo es conceptual, sino casi incluso una ópera, pues además una historia con varios personajes (como Húsar), con la distinción de que todos los protagonistas son interpretados por el mismo Susarte.

El sonido de producción, junto con las nuevas decisiones estilísticas como la guitarra con siete cuerdas de Esquivel y la interpretación del bajista Sebastián Poblete, le da toda una nueva dimensión a la presentación actual de Polímetro que brilla en esta pista, complementada con un coro aguerrido y melódico, riffs y patrones rítmicos que me recuerdan al Nevermore del “Enemies of Reality”, para luego seguir con una sección instrumental ciento por ciento Polímetro, con todos los trademark que los fanáticos de esta banda adoramos… pero bajo la mirada de esta remozada propuesta. Otra forma de explicarlo sería diciendo que Carlos Esquivel sigue haciendo lo que siempre ha sabido hacer, los mismos riffs y quiebres que ya muy bien deben ser asociados a su nombre, aunque hecho mediante otro instrumento, si después de todo, una guitarra de siete cuerdas cuenta con toda otra lógica interpretativa.

Sin embargo, es en la pista siguiente, Destino 09.11, donde se revela el espíritu de este trabajo, uno que encierra dolor, tristeza, de una tragedia que rompe la inocencia, de optimismo que no sería correspondido por los eventos… si uno conoce el estilo de las letras de Polímetro, si uno recuerda algunas como “Tus eridas nunca cerrarán”, y sabe cómo decantan las canciones de la banda, entenderá muy bien que la verdad de la frase de Amanda (la hija) “madre, él volverá, mi hermano también lo hará, ellos no hacen ningún mal, nos los devolverán” es otra. Y es ahí cuando a uno se le encoge el corazón, los dientes se aprietan, la quijada empieza a doler y la mirada se pone borrosa. Es un tema terriblemente doloroso, incontenible, que hace que la razón esté nublada cuando arriba la sección instrumental, que sinceramente cuesta mucho recordar después del golpe del inicio.

“Mi Amanda… te debo contar…” En Noviembre, los peores temores se hacen realidad, en una pista donde escuchamos a un Polímetro muy británico progresivo en su composición, algo similar a lo que nos tiene acostumbrados Threshold en este tipo de temas, una balada in crescendo que termina siendo uno de los grandes instantes de este trabajo. El solo de Esquivel es tan simple como bello, y no es el único de esta clase que regala en esta entrega.

Después de esta canción, el disco se vuelve emocionalmente claustrofóbico, desesperante en su historia, muy oscuro. Y es por esta carga que el álbum se torna difícil de escuchar. Aquí es cuando llega El Cubo, en que la sensación de encierro es palpable en todos sus siete minutos. Varias secciones instrumentales dejan poco espacio a las letras, pero cuando ellas salen, la angustia es capaz de capturarlo todo.

En Iluminados son los teclados de Mauricio Eyzaguirre y el ritmo trepidante de Patricio Esquivel los que se encargan de aportar un gran toque moderno, complementado por las marcas secas de Carlos Esquivel, y contrastado con las voces de Susarte que, como pocas veces en el pasado, incluye segundas voces y armonías. Al tercer minuto la pista hace un reset y parte con otros patrones intensos y de vanguardia instrumental, nuevamente sacando a flote ese sonido tan único que Polímetro ha sabido cultivar en cada trabajo, independiente de los matices que vaya añadiendo. Lo sobresaliente de esto es si bien los tres álbumes de la banda son distintos, todos comprometen elementos que hacen que el estilo sea sumamente consistente, sea el timbre de Susarte, los tiempos en las guitarras, los patrones en la batería, las letras, la construcción tan única de las frases… algo que hace que la música grite Polímetro a todas sus anchas.

Entre los nuevos elementos están las cuerdas, y Visiones da una gran muestra de aquello en su entrada, para luego romper con otra sección instrumental con marca registrada de Polímetro, en versión moderna y pesada, gracias también en parte al bajista Sebastián Poblete que particularmente brilla en esta composición, desde lo rítmico a lo melódico. “Otra vez, políticos vendiéndome”, canta Ricardo acá en una especie de flashback a “Fábulas” del “Metrópolis”, algo que nos devuelve a la familia retratada en “Retrospectiva”, con dos de los protagonistas al final de sus fuerzas, aceptando lo peor después de pensar que podrían volver a sus seres queridos. La resignación ocurre en los segundos finales del tema, dejándote una sensación de amargura durante la primera parte siguiente track, Renacer. No obstante, en el camino nos recuperamos de la impresión, en especial cuando la composición toma fuerza y deja a Ricardo Susarte interpretando a Daniel (el hijo de la familia), enfrentando a su torturador.

El contraste se da en Todos Morirán, una canción pesada, más simple y directa, que no espera nada para sacar uno de los coros más memorables de la placa, tendiendo un puente a lo hecho hace unos años en “El Laberinto de los Sueños”. Ahora, a partir de Desaparecer, nos volvemos a encontrar con testimonios dolorosísimos, esta vez por parte de la madre, Elisa, un alma cansada por la ausencia de su marido y su hijo, que primero se aferra a la esperanza y después ella misma la tilda de ser una ilusión. El tiempo ha pasado y nada se ha cerrado, una vigilia que angustia, dentro de una composición que busca transmitir calma y calor sin respuesta.

Deja Vú (Santa María), en lo musical, vuelve a poner de lleno la marcha metalera de este disco que, varias veces, enseña los momentos más pesados en la carrera de Polímetro. Esta vez, el tema también es vistoso, vanguardista, con teclados y bajo de absoluta presencia, una letra oscurísima sobre recuerdos de un centro de detención en dictadura.

Ahora, quizás la composición más dura de “Retrospectiva” sea El Fantasma de la Esperanza, con una vida que se apaga sin haber tenido respuestas de lo sucedido. Se trata solo de un corte introductorio para el tema título y final del disco, pero desde el grito del inicio hasta su desarrollo con tintes nuevamente al estilo Threshold, pasando por uno de los mejores leads que Carlos Esquivel haya grabado en su carrera, la pieza pone los sentimientos de dolor a flor de piel. Esto, para cerrar el trabajo con un title-track otra vez pesado y lleno de recursos progresivos en su camino, pero siempre cercanos al oyente gracias la voz de Ricardo su interpretación de los personajes que acá se enfrentan: la madre y el traidor.

Lo que vemos en el tercer disco de Polímetro es una banda que se atreve a tomar riesgos, a hacer cosas diferentes y lograr que esos toques distintos sigan teniendo el sello de sus músicos. Pero, más importante que aquello, nos enfrenta a un lanzamiento muy crudo en su concepto, próximo, trágico, muy difícil de escuchar sin sentirse tocado. Por eso, será de esos álbumes que uno tendrá guardado, lo volverá a escuchar después de un tiempo y provocará nuevamente los sentimientos que genera. Imposible quedar indiferente ante una obra de este tipo, y solo los años dirán en qué lugar quedará dentro de la discografía del metal chileno y de la propia banda. Mientras tanto, “Retrospectiva” revuelve el piso y deja algo más que música…

Jorge Ciudad

La banda sueca de Death Metal melódico Soilwork acaba de lanzar su undécimo álbum de estudio titulado “Verkligheten” (“La Realidad”, en sueco) a través de Nuclear Blast Records. Para los fans de esta agrupación han pasado casi tres y medio años sin escuchar nuevo material de la banda desde el lanzamiento de “The Ride Majestic” en 2015, exceptuando la recopilación “Death Resonance” de 2016. En este tiempo algunos de los integrantes de la banda se han mantenido bastante ocupados en otros exitosos proyectos como la banda de rock melódico The Night Flight Orchestra, quienes han lanzado dos discos de estudio en este periodo y estarán presentes en la próxima versión del Wacken Open Air.

Además, durante este receso el baterista Dirk Verbeuren dejó la banda luego de doce años para unirse a Megadeth, entrando en su reemplazo su joven aprendiz de solo veintiséis años Bastian Thusgaard. Otro de los cambios en la formación de Soilwork fue la salida del bajista Markus Wibom, reemplazado por Taylor Nordberg. El resto de la agrupación se mantiene inalterada con Björn “Speed” Strid en las voces, la dupla de guitarristas Sylvain Coudret y David Andersson, junto a Sven Karlsson en los teclados. Tomando en cuenta el tiempo transcurrido, la creciente popularidad de The Night Flight Orchestra y los cambios de formación, las expectativas y la presión sobre “Verkligheten” eran bastante altas.

El disco abre con una corta pero peculiar introducción instrumental denominada Verkligheten, que marca un suave y sutil inicio para un disco que estará lleno de sobresaltos. El sonido de teclado se funde con el comienzo del primer tema propiamente tal: nos referimos a Arrival. Esta fue la primera canción de adelanto, lanzada ya octubre pasado como lyric video. Este corte nos muestra a Soilwork en todo su esplendor, con un sonido melodeath furioso con toques futuristas. El coro es épico, mezclando de manera excepcional las voces limpias y guturales de Speed. La pareja de guitarristas acompaña a toda velocidad y también se roba la película. Un gran comienzo para esta esperada placa.

Acto seguido, vuelven al ataque con Bleeder Despoiler, que comienza de forma prometedora con interesantes riffs de guitarra noventeros llenos de groove. Sin embargo, al llegar al coro la canción se vuelve un poco predecible y repetitiva, sin lograr quedarse registrada en la memoria del oyente. Full Moon Shoals, es por su parte mucho más pegadiza, con un coro casi pop en el que predominan las voces limpias. El sonido se acerca más al metalcore, el cual no es de mis subgéneros favoritos del Metal, pero que en el caso de Soilwork suena bastante auténtico. Hacia el final de la canción tiran toda la carne a la parrilla con ritmos acelerados y guturales por doquier.

The Nurturing Glance abre con guitarras limpias, dando paso primero a un riff melódico y luego a un estribillo de corte hard rockero, culminando en un pegajoso coro marca registrada. Tanto Coudret como Andersson se manejan a la perfección cuando se trata de mezclar distintos estilos de guitarra en una misma canción. When The Universe Spoke repite la fórmula de intro con guitarras limpias, pero en este caso estalla en un blastbeast alucinante, lleno de melodía pero con mucha agresividad. Es uno de los temas mejor logrados del disco a mi juicio. Puntos extras para Bastian Thusgaard, quien se mantiene preciso y sincronizado con el resto de la banda a pesar de la gran velocidad.

Stålfågel (“Pájaro de Acero” en sueco) es una de las más canciones interesantes del álbum, ya que se aleja bastante del sonido típico de Soilwork y se acerca más a lo que nos tienen acostumbrado The Night Flight Orchestra. Es un tema con estampa retrofuturista, desde la base de teclados ochenteros hasta su llamativo videoclip de animación. El trabajo de Sven Karlsson en los teclados es realmente sublime, creando una atmósfera única, épica y apoteósica. Como curiosidad, de fondo se escucha una voz gutural femenina y todos los dardos apuntan a que se trataría de Alissa White-Gluz (Arch Enemy), pero por momento esta información no puede ser corroborada de forma fidedigna en la red.

The Wolves Are Back In Town es un tema correcto pero que sufre por su posición entre canciones más interesantes, pasando un poco desapercibido. Witan es por su parte una canción que vuelve inyectarle frescura al disco, principalmente gracias a su contagioso coro, uno de los más efectivos del álbum. Y eso ya es decir mucho, ya que estos suecos no se miden al momento de ponerle extra-queso a los coros. The Ageless Whisper comienza con el suave mensaje de una chica y un ritmo relajado hasta explotar en un intenso despliegue de riffs, con cambios de intensidad además de un coro brillante, lleno de dramatismo. El breve interludio instrumental con toques jazz-fusión es impagable.

Needles And Kin es otro tema veloz, lleno de adrenalina y que cuenta con la colaboración de Tomi Joutsen de Amorphis. En el duelo de guturales el finlandés saca la ventaja con una voz más profunda y potente, pero Speed se luce en las voces limpias, un área que ha podido explorar sin culpas en su proyecto paralelo. La versión normal del disco cierra con You Aquiver, una canción de ritmo casi bailable, muy melódica y enérgica. Para los coleccionistas más acérrimos las versiones digipack y en vinilo doble incluyen también el EP “Underworld”, que contiene tres canciones inéditas (Summerburned And Winterblown, In This Master’s Tale y The Undying Eye), más la versión original de Needles And Kin.

En conclusión, “Verkligheten” es un disco extremadamente dinámico, paseándose con comodidad por innumerables subgéneros musicales. La variedad de estilos incorporados, la calidad de los músicos involucrados, juntos a esos pegadizos coros melódicos, hacen de Soilwork una banda sumamente atractiva para aquellos que mantengan sus mentes abiertas a una experiencia musical fuera de lo esperable. Quizás sin inventar nada nuevo, estos suecos han aprendido a mezclar los ingredientes de manera correcta para dar forma a un entretenido álbum que dará mucho que hablar durante este año. Probablemente no será el disco favorito de los amantes del Metal vieja escuela o más tradicional, pero uno asumiría que ellos tampoco le siguen la pista a esta banda hace mucho tiempo.

Review: David Araneda

 

Luego de su prometedor álbum debut “The Fire Within” de 2016, la banda de Heavy Metal Eternity’s End vuelve al ataque con su segundo lanzamiento de larga duración, titulado “Unyielding”. Este álbum viene con importantes cambios en la formación del grupo, comenzando por la salida del veterano vocalista inglés Ian Parry, dando el paso al brasileño Iuri Sanson (ex-Hibria). A esto se agrega la llegada del archiconocido Mike LePond de Symphony X, además de la incorporación de un segundo guitarrista fijo, el canadiense Phil Tougas. A ellos se suman los miembros fundadores Christian Münzner (guitarra), Jimmy Pitts (teclado) y Hannes Grossmann (batería).

Münzner, líder y compositor principal, explicó en una reciente entrevista que los cambios en la formación tuvieron que ver en parte con la nueva dirección musical del proyecto, queriendo llevar al extremo la técnica y la velocidad, con un enfoque más agresivo que en su disco debut. Además, estos cambios se vieron influidos por los proyectos a futuro de cada músico, ya que Eternity’s End es actualmente una prioridad para Münzner, quien incluso contempla la posibilidad de tocar en vivo con la banda. Por otra parte, tenemos cuatro nacionalidades en un grupo de seis integrantes, por lo que parece difícil reunirlos a todos al mismo tiempo.

Pero entrando de lleno en la música, el disco abre sin mayores preámbulos a toda velocidad con Into Timeless Realms, donde notamos de inmediato la intención de reinventar el sonido de la banda hacia un Heavy Metal más directo y menos rockero que “The Fire Within”. El tema nos noquea como un martillazo en la nuca y permite que los nuevos integrantes se luzcan. El aporte de LePond es claro desde el comienzo, con vertiginosos arreglos de bajo. La voz de Sanson también se ajusta perfecto a este nuevo sonido, alcanzando notas agudas solo audibles para murciélagos. Gran apertura para esta aventura futurista.

Cyclopean Force es la encargada de continuar la acción, y desde el grito inicial “All Right!” sabemos que nos espera una canción gloriosa y llena de energía. El ritmo es un poco más variado, pasando desde medios tiempos hasta explosivos segmentos de velocidad extrema. En la línea vocal predominan más los tonos medios, revelando otras áreas del registro de Iuri, que en este caso se siente más natural y menos forzado. Unyielding, tema que da el nombre a la placa, marca una pisada de freno y un descanso después de tan frenético inicio, permitiéndoles explorar el lado más melódico de su sonido.

Blood Brothers (The Oath), el primer adelanto del álbum, es un temazo de corte clásico con estampa épica y de batalla. Destacan las armonías de guitarra sincronizadas a la perfección de Münzner y Tougas, que parecieran haber tocado juntos toda la vida. El coro es pegadizo y las voces de acompañamiento recuerdan a HammerFall. Por su parte, Dreaming of Cimmerian Shadows es un interesante instrumental en el que profundizan en la parte técnica, con alucinantes solos de guitarra y con el inconmensurable aporte de Jimmy Pitts, quien se lleva los aplausos por su trabajo en los teclados. Son los mejores pasajes del disco.

Horizonless es una canción más calmada e introspectiva, que sirve para darle un poco de equilibrio y un respiro al disco, pero que al final de cuentas pasa rápidamente al olvido. Es uno de los puntos débiles del álbum en mi humilde opinión. Por el contrario, Under Crimson Moonlight es todo lo que esperamos de una obra del género Power Metal: veloz, pomposa y melódica, con un coro destinado a ser gritado con el puño en alto a todo volumen. La atmósfera es más cercana al disco debut de Eternity’s End, recordándonos también por momentos los primeros álbumes de Symphony X.

Si la idea de Münzner era explotar un sonido más agresivo y sin concesiones, Necromantic Worship es la perfecta declaración de principios para esta nueva actitud. La canción es brutal de comienzo a fin y en particular es destacable el trabajo de Hannes Grossmann en la batería, acompañando a la perfección los innumerables cambios de ritmo. Triumphant Ascent es una canción correcta de medio tiempo, aunque se siente por momentos repetitiva y falta de ese elemento sorpresa que hacen de una composición algo memorable. Quizás esta es una de las críticas que se pueden hacer de este trabajo en general, la falta de elementos innovadores.

La cosa mejora substancialmente con Beyond the Gates of Salvation, tema que cierra el disco y con la cual esta historia llega a su fin. Se trata de un bombazo nuevamente lleno de virtuosismo, velocidad y melodía. La estructura es más compleja que en el resto de las canciones, con un interludio de bajo y teclado en la sección central que es un verdadero manjar para los oídos. La edición japonesa del disco incluye The Arsenal como bonus track. Como curiosidad, esta canción fue cantada por Piet Sielck de Iron Savior, quien además coprodujo el disco. Tendremos que esperar un tiempo para escuchar este tema en el resto del mundo.

En resumen, “Unyielding” es un excelente sucesor para “The Fire Within” y marca una evolución hacia un sonido más directo y agresivo, dejando de lado las influencias más rockeras del primer álbum. A pesar de no ofrecer muchas novedades desde el punto compositivo, es una innegable muestra de virtuosismo y ejecución musical. Especialmente la pareja letal de guitarristas compuesta por Christian Münzner y Phil Tougas va a dar mucho que hablar entre los amantes del Power Metal de corte más técnico. Esperamos que las cosas se den para poder disfrutar en vivo la potencia de este interesante proyecto musical, que de a poco va tomando fuerza y forma.

Review: David Araneda

La banda japonesa de Heavy Metal Lovebites, compuesta exclusivamente por mujeres, acaba de publicar su segundo disco de larga duración y su cuarto lanzamiento en menos de dos años. Estamos hablando de “Clockwork Immortality”, continuación de “Awakening from Abyss”, lanzado recién el año pasado, y a los que se suman también dos EP. Las niponas han sabido captar la atención de la prensa especializada, obteniendo el premio a la Mejor Banda Nueva en los últimos Metal Hammer Awards y presentándose en la versión 2018 del Wacken Open Air frente a miles de fanáticos.

En un género musical mayoritariamente compuesto por músicos varones, es siempre interesante escuchar bandas de Metal integradas sólo por féminas. A pesar de haber muchas bandas de renombre internacional comandadas por vocalistas femeninas, son pocas las agrupaciones mainstream en las que todas las integrantes son mujeres. Si a eso le sumamos el factor exótico de provenir de Japón, hay muchas razones que hacen de Lovebites una banda interesante de escuchar. La formación actual está compuesta por Asami (voz), Miho (bajista y líder de la banda), Haruna (batería), Midori (guitarra) y Miyako (guitarra y teclado).

El disco abre con Addicted, que desde su técnica introducción en guitarra acústica nos deja claro que estas chicas van en serio, progresando de manera veloz hacia un ritmo Heavy Metal contundente y sin concesiones. El tema tiene un cierto aire a intro de Animé, la voz de Asami destaca por su potencia y no es excesivamente chillona para lo que podríamos haber esperado. Sin respiro continúan con Pledge of the Saviour, tema que fluye naturalmente con batería y guitarras galopantes a lo Iron Maiden, con un coro pegajoso y efectivo. Los vertiginosos solos de guitarras son también brillantes. Excelente comienzo.

Rising fue lanzada como single de adelanto en noviembre y fue acompañada por un vistoso videoclip grabado junto al mar. Es un tema bastante interesante, con una estrofa inspirada en el sonido de Stratovarius, pero en la que saben agregar sus propios elementos. Según Miyako, el interludio de música clásica es un tributo a Chopin. Seguimos con Empty Daydream, canción claramente más comercial, con contagioso ritmo Power pop/disco, una línea vocal irresistible e incluso una sección central con teclados techno. A pesar de la mezcla de estilos el resultado es alucinante, siendo uno de mis temas favoritos del disco.

Cuando piensas que las chicas van a pisar el freno, estas se lanzan al ataque sin bajar la guardia con Mastermind 01. Esto ya parece una declaración de principios, dejando en claro que no se vienen con juegos. El coro es bastante melódico pero a la vez es tan acelerado que logra mantener el momentum del disco. Las niponas llevan su actitud rebelde incluso al siguiente nivel con M.D.O., una verdadera patada en la quijada. Este tema es aún más feroz que el anterior, con riffs de guitarra y ritmo cercanos al thrash, con un coro incluso algo punkie.

Journey to the Otherside me dio la sensación de estar escuchando un poco más de lo mismo. No es una mala canción pero falla en sorprender luego de una seguidilla de temas buenos. Una de las más flojitas del álbum. La cosa se vuelve a arreglar con The Final Collision, que desde su comienzo con dramáticos teclados capta nuestra atención nuevamente y nos lleva en un viaje musical lleno de emociones. La dupla de guitarras se luce tanto en los riffs como en los solos. Debemos destacar una vez más el trabajo vocal de Asami, alcanzando notas altas sin perder fuerza.

Nos acercamos hacia el final con We the United, canción de corte Power Metal que parece sacada directamente de un álbum de Helloween. La estrofa y el coro son épicos hasta decir basta, convirtiéndose instantáneamente en un himno de batalla. Otro de los puntos altos del disco. Tal como en un episodio de Animé cierran con Epilogue, la canción más larga y también la única balada entre tantos temas rápidos. La voz de Asami brilla nuevamente, y el acompañamiento de guitarra y teclado son también soberbios. Les mentiría si les dijera que no me emocioné un poquito al escuchar esta canción.

Cuando ya pensaba que este 2018 no traería más sorpresas musicales, “Clockwork Immortality” fue un agradable descubrimiento. El disco es entretenido de principio a fin y derribó muchos de los prejuicios que tenía antes de escucharlo. Lovebites deja claro que no son un truco publicitario, evolucionando enormemente con cada nuevo lanzamiento. Junto a su llamativa imagen, creo que estas chicas tienen el potencial para ascender al mainstream del Metal en los años venideros. Quizás no sea la banda adecuada para los amantes del Metal más purista, pero es completamente recomendable para quienes estén dispuestos a disfrutar de unas chicas japonesas pateando traseros.

Review: David Araneda

Jon Schaffer es un tipo que sabe mantenerse ocupado. Luego del lanzamiento de “Incorruptible” en 2017 con su banda principal y el anuncio de fechas en vivo con Demons & Wizards para el próximo año, el mandamás de Iced Earth se reunió con algunos de sus viejos camaradas para regrabar una selección de canciones originalmente lanzadas en los tres demos de Purgatory. Junto a los miembros originales Gene Adam (voz) y Bill Owen (guitarras), la formación fue completada por el bajista Ruben Drake (Demons & Wizards), el baterista Mark Prator (ex‐Iced Earth) y el guitarrista Jim Morris (Demons & Wizards, productor de Iced Earth).

Hasta el momento, estos temas se encontraban disponibles solo a través de rudimentarias cintas auto producidas entre 1985 y 1987, sin haber visto la luz oficialmente. Las canciones están inspiradas en novelas y películas de terror, lo que da cuenta de la obsesión de Schaffer con estos temas desde el inicio de su carrera, lo que marca la antesala de “Horror Show” (2001), disco conceptual de Iced Earth . Algunos de los protagonistas de las historias de terror incluso se repiten, pero el sonido y estilo musical son completamente diferentes. Estamos hablando de un sonido más primitivo y técnicamente más rudimentario.

In Your Dreams da el comienzo a este EP, con un sonido de teclado espeluznante al cual se unen rápidamente las guitarras y la voz. El tema está basado en Freddy Krueger de la franquicia conocida en Latinoamérica como “Pesadilla”, y la letra de la canción es por momentos un poquito embarazosa. A pesar de un largo periodo de inactividad, la voz de Adam se mantiene bastante semejante a las grabaciones originales de Purgatory y Iced Earth. El interludio le da un efecto dramático y digno del soundtrack de película de terror. En general, es un buen comienzo.

En seguida es el turno de Dracula, corte obviamente inspirado en el famoso conde de Transilvania. Es un tema de lento comienzo con guitarra limpia y voz tenebrosa, para luego dar paso a un grito estilo King Diamond y un acompañamiento claramente inspirado en Iron Maiden. Este tema fue lanzado como single de adelanto hace algunas semanas y nos daba una idea de lo que se venía. El coro es bastante pegadizo y los arreglos de guitarra muy bien logrados. Este es quizás el tema más destacable del EP y por esto es evidente que se haya lanzado con anticipación.

In Jason’s Mind es la tercera entrega de esta compilación, esta vez inspirada en el villano de la franquicia de películas slasher “Viernes 13”. El sonido y el concepto del álbum nos llevan por momentos de vuelta a los años ’80, algo muy común hoy en día, con nostálgicas series al estilo de “Stranger Things” y múltiples remakes de películas ochenteras. La letra es nuevamente un poco ridícula, siendo claramente escrita por una mente adolescente. La melodía y la línea vocal de la canción son un poco repetitivas, pero el trabajo de guitarra y bajo me parecieron interesantes.

El siguiente villano en aparecer es Jack, el infame destripador de Londres. No confundir con el tema del mismo nombre que aparece en Horror Show”. Musicalmente esta vendría a ser una versión mucho más arcaica, con un sonido que recuerda a los discos iniciales de Mercyful Fate y Annihilator. A pesar de las claras influencias de otras bandas de Metal ochenteras en el sonido de Purgatory, la identidad de los riffs marca registrada de Schaffer ya se puede vislumbrar en esta canción. Otro de los puntos destacables del EP.

El disco cierra con Burning Oasis, otra que lleva el mismo nombre de una canción de Iced Earth, en este caso sacada del clásico “Burnt Offerings” (1995). La letra y la música son completamente distintas, y esta versión incluso difiere sustancialmente con respecto a la originalmente lanzada en el primer demo de Purgatory en 1985, que duraba diez minutos. En este caso, es un tema de casi seis minutos de duración, con un estilo más progresivo y complejo, acercándose al sonido noventero de Iced Earth. El trabajo de Ruben Drake en el bajo merece mención aparte.

En resumen, Jon Schaffer’s Purgatory EP es el perfecto regalo de Navidad para los fanáticos de la época temprana de Iced Earth, a la espera de nuevo material de la banda. A pesar de lo primitivo de las composiciones, este tratamiento con técnicas de grabación modernas permite hacerle justicia a estos temas, nunca antes lanzados de forma oficial. Quedamos a la espera de las anunciadas regrabaciones del catálogo inicial de Iced Earth, lo que abre una ventana a una posible reunión con Matt Barlow, sin olvidar tampoco el proyecto Demons & Wizards, del cual podemos esperar nuevo material en el futuro cercano.

Review: David Araneda

El pasado 30 de noviembre fue lanzada la segunda parte de la trilogía “Legend of Valley Doom”, proyecto del noruego Marius Danielsen, vocalista y guitarrista de la banda Darkest Sins. Mientras que la preparación de la primera parte de esta entrega tardó casi una década antes de ver la luz en 2015, la secuela y parte central de la historia fue gestada en menos de tres años. A estas alturas, el concepto de “súper banda” de Metal con múltiples músicos de renombre invitados a participar en obras épicas conceptuales no es una novedad, con marcas establecidas hace más de veinte años como los son Ayreon y Avantasia. Este concepto se ha expandido incluso fuera de los límites del metal épico, con versiones más cercanas al thrash como Metal Alliance. De todas maneras, este tipo de proyectos siempre generan grandes expectativas entre los fanáticos, quizás por simple curiosidad.

En el caso de “Legend of Valley Doom Part II“, Danielsen se aseguró de reclutar una verdadera armada no solo de vocalistas, sino que también músicos de acompañamiento, incluyendo nada más ni nada menos que quince guitarristas y seis bajistas. La lista es interminable, pero en ella destacan nombres como Michael Kiske, Tim Ripper Owens, Blaze Bayley, Olaf Hayer y Mark Boals en las voces; Bruce Kulick y Matias Kupiainen en las guitarras; y leyendas como Jari Kainulainen y Magnus Rosén en el bajo. El puesto más fijo vendría a ser el del baterista Stian Kristoffersen (Pagan’s Mind), mientras que los teclados están a cargo de Peter Danielsen (Darkest Sins) y Steve Williams (Power Quest). Dada la enorme cantidad de músicos involucrados, por momentos se hace difícil identificar quién está cantando o tocando, por lo que vamos a destacar solamente las participaciones más reconocibles.

El disco abre con King Thorgan’s Hymn, tema introductorio que comienza con una narración que resume la primera parte de la trilogía. El narrador nos cuenta como la gente de Valley Doom se reúne para honrar la memoria del Rey Thorgan, quien se enfrentó de manera valiente al Dark Lord en la batalla de Bargor-Zun, siendo derrotado. Como consecuencia de esto, los habitantes de Valley Doom se ven obligados a migrar hacia el oeste con dirección al Reino de Eunomia. Luego de esta expositiva narración, comienza una marcha fúnebre de corte medieval con Michael Kiske en la voz principal pero acompañado por otras voces solistas y un multitudinario coro. Al ser un tema de tributo al rey caído, obviamente lleva un ritmo lento y solemne, preparando la atmósfera para el primer bombazo Power Metal propiamente tal del álbum.

Nos referimos a Rise of the Dark Empire, tema de ritmo acelerado que da la patada inicial a esta nueva aventura épica llena de emoción. Se trata de un tema Power Metal tradicional, con mucho doble bombo, riffs y solos de guitarra vertiginosos a cargo de Matias Kupiainen (Stratovarius), Marius Danielsen y Sigurd Kårstad (Darkest Sins), juntos a abundantes arreglos orquestales de teclado de la mano de Peter Danielsen. En las voces destaca la excelente participación de Mark Boals (ex-Yngwie Malmsteen), Simon Byron (Sunset) y el mismísimo Marius Danielsen. La canción cumple su función como apertura de este segundo capítulo, aunque el coro se siente a ratos un tanto predecible y trillado. Quizás lo más destacable es la sección final del tema, de ritmo más lento y con un solo de guitarra inspirado y lleno de sentimiento.

La historia continúa con Gates of Eunomia, otra pieza narrativa que expone el desarrollo de la historia, en la que nuestros héroes luego de caminar por semanas se acercan a las puertas del Reino de Eunomia, la Tierra de la Esperanza. Este corto interludio cuenta con un gran trabajo de los vocalistas involucrados. Tower of Knowledge, por su parte, también comienza con una narración y a esta altura nos comenzamos a cuestionar si son necesarias tantas explicaciones para llevar la historia adelante. Además, para un tema de casi seis minutos de duración, la melodía y el ritmo son bastante repetitivos. Este tema fue lanzado como sencillo de adelanto, lo que me parece una extraña elección considerando que es una pieza expositiva que no se sostiene muy bien fuera del contexto conceptual del álbum.

Por el contrario, Visions of the Night, que fue otro de los adelantos para el cual incluso se lanzó un videoclip, retoma la potencia y velocidad que todos esperamos de una ópera Power Metal. Este tema funciona para despertarnos del letargo entre tanta narración, con doble bombo imparable y pomposos arreglos corales. Gran acierto de Danielsen. Crystal Mountainsa su vez, es uno de los cortes más largos del disco, que comienza con una especie de cantos gregorianos y se mantiene por casi siete minutos con un ritmo y una melodía bastante monótonos. Es destacable el desfile de talentos vocales y la sección intermedia de mayor velocidad, dándole un poco de dinamismo a una pieza que por momentos se alarga demasiado. Da la sensación de que Marius a veces se aferra mucho a ideas que no son tan buenas.

La situación mejora bastante con By the Dragon’s Breath, tema que progresa desde un comienzo lento y solemne en la voz de Blaze Bayley, y que luego del primer minuto despega con un grito desgarrador estilo Jørn Lande, alcanzando proporciones épicas durante su desarrollo. El coro es uno de los más pegajosos del álbum y se queda impregnado inmediatamente en la memoria del oyente. El trabajo de guitarras gemelas estilo Iron Maiden es también fabuloso. Otro de los puntos altos del disco, sin lugar a dudas. Under the Silver Moon es una balada acústica muy bien lograda, con interesantes arreglos de teclado y coros magnificentes, con una letra un poquito cursi pero que encaja perfecto en el contexto de la historia. Este tema lento nos permite tomar un pequeño respiro antes de aproximarnos al clímax del disco.

Angel of Light abre de forma dramática y desde el primer grito ya sabemos que estamos en presencia de un temazo. Michael Kiske como siempre se roba la película, el trabajo de guitarras también es notable y Stian Kristoffersen se luce tras el kit de batería. En mi opinión esta es la gema del álbum, un tema que funciona desde la primera escucha y que me trajo recuerdos de la primera vez que escuché Reach Out for the Light de Avantasia. La aventura continúa con Princess Lariana’s Forest, de nueve minutos de duración pero que en este caso están plenamente justificados por los múltiples cambios de tempo, atmósfera y melodía. El segmento central con la dulce voz de Anniken Rasmussen es uno de los momentos más conmovedores del álbum. Luego de una interesante sección acelerada, todo vuelve la calma y de a poco nos vamos preparando para el gran final.

Cerrando esta aventura, Temple of the Ancient God, otro de los sencillos de adelanto lanzado ya en octubre, es otro de los grandes aciertos del disco. Es un tema que a pesar de su larga duración no pierde intensidad ni frescura, con una sección rítmica llena de energía y un coro pegajoso que recuerda los mejores tiempos de Edu Falaschi con Angra. El segmento final nos trae nuevamente una narración que sirve como puente al último tema, We Stand Together, balada que parece sacada de un musical de colegio. El desfile de voces es interesante, y la canción cumple su propósito de dar el cierre a esta segunda parte de la trilogía de Valley Doom. Como curiosidad, las versiones en formato físico del disco traen como bonus track los temas Tower of Knowledge (CD) y Crystal Mountains (vinilo) con el legendario Vinny Appice en la batería.

En líneas generales, “Legend of Valley Doom Part II” es un álbum que no decepciona, con más momentos destacables que puntos negativos. Algunos temas se alargan innecesariamente y el exceso de narraciones por momentos detienen el flujo natural de la música. El sonido se mantiene dentro de los cánones esperados para una ópera Power Metal, quizás fallando un poco en la parte innovativa. Por otra parte, hay que reconocer la ambición de Marius Danielsen por la cantidad y la calidad de los músicos involucrados en este proyecto, bastante autogestionado. A pesar de la cantidad de invitados, la identidad de la música se mantiene intacta y consistente a lo largo del álbum. En comparación con la primera entrega, se nota una positiva evolución en cuanto a la producción, ejecución y calidad de las composiciones. Quedamos entonces atentos a la tercera parte, con la que concluye esta trilogía de Valley Doom.

Review: David Araneda

En esta tribuna siempre es bien recibido el Metal nacional y, en lo personal, cuando ese Metal viene de las zonas desérticas de nuestro norte o, más aun, desde mi natal Antofagasta, es como que llenara más de orgullo. Aunque siempre hacemos el mismo alcance, es importante no olvidar lo difícil que es lanzar material discográfico en este terruño, de hecho, como una gran parte de trabajos producidos en Chile, este es otro material autogestionado con el aporte de dos grandes colaboradores del metal antofagastino: el productor Daniel Naranjo de Organic Waves Studios y el diseñador Gonzalo Jara.

Este nuevo Extermega nace gracias a la incesante inquietud de Sergio Rivera (guitarra) y los hermanos Fernando (guitarra) y Danilo (bajo) Durán, viejos conocidos de la escena local que formaron parte de algunas de las primeras bandas de Power Metal en la ciudad, Twilight y Epical respectivamente. En esta oportunidad unieron fuerzas con los teclados de Fabián Avila, la batería de Raúl Barrera y la voz de Joseph Fernández para crear su debut discográfico, “Portal”, donde entremezclan canciones en inglés y en español además de variadas influencias musicales.

Todo comienza con Lost In Silence, primer single además del trabajo, desde un arranque en la oscuridad del desierto aparece el teclado de Ávila creando una atmósfera épica que da paso a un riff casi esperanzador para que la voz gutural de Fernández nos entregue el lamento de alguien ya agotado de la vida. La base rítmica elaborada por Barrera y las cuatro cuerdas de Durán apoyan de manera precisa el ambiente del que siente que el tiempo se acabó y es hora de dejarse perdido en el silencio… un tremendo arranque para un muy buen trabajo.

Ahora cambiamos de idioma para escuchar en español Visión Asesina, la que arranca con un toque tremendamente heavy entre el bajo y el teclado que le dan paso a una guitarra tímida que crean la base para que la voz limpia de Fernández nos recrimine que está listo para olvidar. Musicalmente pareciera no estar tan bien elaborada como la anterior, con una estructura bastante más monótona pero que no aburre ni molesta, sólo que no logra generar lo que su antecesora, además de ser un ¾ que impacta un poco tras el tremendo comienzo. Eso sí, se logra sentir como la oscuridad interior va ganando terreno para que la visión asesina se apodere del protagonista de la historia.

Entre los Demás nos trae una melodía de clásico Heavy Metal, invadida por la voz, limpia y gutural a dos pistas, de Fernández. Manteniendo el estilo clásico, entremezclando voces limpias con guturales, nos trae una declaración de principios, un llamado al inconformismo y dejar de ser uno más entre los demás. Si bien no es un track que brille por sí solo es un tremendo material que mantiene alta la calidad del disco, especialmente hacia el tercer tercio del tema donde un quiebre rítmico y la sección de solos lucen deliciosamente.

De golpe nos llega Autumn, con un sonido más pesado de entrada que recuerda algunos pasajes de Death Metal melódico para bajar las revoluciones, nuevamente de golpe y entregarnos una suerte de Power Ballad, una canción de desamor enfocada en la belleza del otoño y la muerte que trae a nuestra vista. Un relajo en el álbum que, si bien quizás pudo ser omitido, no viene mal tampoco, está bien elaborado y logra su objetivo individual pero da la sensación de no encajar completamente en la estructura del disco. Quizás el punto más bajo del trabajo que, de todas maneras, es de bastante buena calidad.

Volvemos al español con Trance, que tal como nos podría hacer esperar su nombre, arranca con una atmósfera entre psicodélica y meditabunda para dar paso a un golpe potente entre las guitarras y la base rítmica. Con la predominancia de las voces limpias nos lleva a un paseo por lo que parece ser una descripción de la parálisis del sueño y terrores nocturnos, algo realmente horrible para quien lo sufre. El ritmo de tres cuartos acelera hacia la medianía de la canción donde la guitarra de Rivera y Durán nos regalan, junto al teclado Ávila, una tremenda sección de solos, recordando pasajes de Stratovarius por momentos pero manteniendo siempre un toque personal. Un tremendo tema que levanta suavemente los ánimos relajados con el track anterior.

Condenados, a pesar de su nombre, es un track cantado en inglés, que arranca con un toque bastante Death Melódico, que nos regala un sonido exquisito mientras va creando una atmósfera oscura, decadente, que nos hace sentir la miseria de la condena recibida. No brilla tanto como quizás otros temas pero mantiene enganchado al disco, con un quiebre rítmico a la mitad del tema que le da paso a un pasaje protagonizado por el bajo de Durán que pareciera abrir las puertas del infierno. No se logra comprender del todo por qué en la misma canción se mezcla español con inglés, pero no le quita peso al tema.

Niños Cabezas Gachas arranca con un riff cargado de rabia, rabia bien justificada cuando nos cuentan una historia de esos niños que deambulan por la ciudad, esos que aprendieron a andar con la cabeza gacha porque nadie los quiere mirar. Un ritmo y melodía que mantiene la línea general del disco pero con un contenido lírico poderoso, el Heavy Metal de protesta pocas veces escuchado en nuestro país. Un tremendo acierto por donde se le mire con una tremenda sección de solos donde ambos guitarristas lucen de lo mejor de sus repertorios en medio de una ambientación triste y de miseria, donde logras ver a esos niños pidiendo una moneda o algo para comer. Un tremendo logro la transmisión de sentimientos que se logra acá.

Acercándonos al final de este debut nos encontramos con Lines In The Sand, la que arranca con un sonido pesado y lento, que da paso a una sección tipo balada donde la voz de Fernández se lamenta a la vez que expresa su rabia, un sonido que se acerca a  una especie de Heavy Doom, recordando un poco a Paradise Lost o bandas de ese estilo. Cuesta un poco digerirlo porque quedaste con ganas de mantener el ritmo y potencia del track anterior, pero este también es un tremendo tema, con otro espíritu que el anterior pero que mantiene la calidad y el nivel tanto compositivo como musical. Simplemente otro punto alto del disco con otro enfoque totalmente distinto a lo demás.

Ya en el final aparece el que me atrevo a decir es el mejor tema de este trabajo, podríamos decir que abren el disco con un puñetazo en el mentón para terminar con una patada mientras estás en el piso. Tierra de Brujos, que nada tiene que ver con la canción del mismo nombre de Drake, en una ambientación tremenda de oscuridad, tormenta y campanadas de iglesia se dejan caer las guitarras para que toda la banda les siga junto al grito gutural de Fernández en esta historia que arranca lenta, tranquila, contando la historia de ese mágico pueblo de Salamanca, ese famoso nido de brujería en la Cuarta Región. Ten cuidado, no le respondas al brujo que te llama, manteniendo un ritmo lírico altamente cambiante, produciendo una incomodidad deliciosa como si alguien te estuviera observando mientras escuchas, para darle paso a un coro que tiene todas las características para convertirse en un himno, de esos tracks que en vivo deben funcionar como los dioses (o demonios según sea su preferencia). El quiebre rítmico antes de los solos nos trae una guitarra acampesinada, que nos va arrastrando al medio de un ritual de brujos… tremendamente bien logrado todo en este tema, especialmente ese vals que cierra definitivamente… uff! Típico de película de terror. Un cierre realmente magistral para un tremendo trabajo.

En cincuenta y cinco minutos nos regalaron nueve canciones que varían en nivel y calidad pero, raya para la suma, aprueba con creces y quizás hasta honores. Un trabajo difícil de clasificar o enmarcar en un estilo ya que entremezcla elementos de Heavy, Power, Death, Doom y quizás algún otro que no advertimos con total claridad, como decíamos al principio, con lo difícil que es hacer Metal en Chile y, más aun, registrarla en un trabajo discográfico, el buen material siempre es celebrado y éste es uno de esos casos. Una buena producción, tremendas composiciones, aún más tremenda la ejecución de cada uno de los miembros de Extermega.

Por el norte los escenarios ya los conocen, esperemos que en algún momento se puedan hacer presentes en la capital para compartir su tremendo talento y que no pase mucho tiempo antes que podamos disfrutar de su segundo trabajo, por ahora, a perder el miedo a atravesar el portal y dejarse llevar desde el desierto, perdido en el silencio, hasta la tierra de brujos porque sencillamente lo van a disfrutar.

Por: Seba Miranda

Desde Irlanda desembarca con fuerza el noveno disco de Primordial bajo el humilde y desconocido sello Metal Blade Records y grabado en Camelot Studios. “Exile Amongst the Ruins” es un álbum que he de declarar dentro de los mejores del 2018 en el mundo del Metal en general. La banda de Dublín no ha sufrido grandes cambios en su formación, pero sí ha evolucionado desde el Black Metal que más fácilmente categorizaba sus inicios, hacia las marchas épicas cargadas de folklore celta que se hacen imposibles de no corear con puño al cénit.

El tañido de las campanas anuncia el inicio del disco y dos guitarras en afinación DADGAD resuenan con un eco a través de esta atmósfera de oscuro romanticismo a la que nos vamos adentrando. Nail Their Tongues hace su aparición con un sonido demoledor y nítido. Es imposible que el Rickenbacker de Pól McAmlaigh suene a bajo perfil en las frecuencias bajas, la presencia del bajo incluso desafía la batería que se introduce como si fuera un tambor de guerra. En esta marcha aparece limpio y grave Alan Averill Nemtheanga, vociferando versos hacia el oscuro tiempo de la Reforma protestante, donde el conservador Martín Lutero dictaba su exhorto hacia la Iglesia Católica (imperante en la isla hogar de la banda). La evolución de Primordial es evidente en el carácter de su sonido; sin embargo, no reniegan ni hacen apostasía del Black como se puede escuchar en el blast beat que da énfasis y conclusión a este primer tema, acompañado de la presencia gutural que Nemtheanga manifiesta a ratos.

El segundo, To Hell or the Hangman, que según las palabras del vocalista, narra un suceso de 1493 en donde Walter Lynch fue ahorcado por su propio padre, el alcalde de la localidad de Galway, James Lynch, luego de un incidente en donde el primero asesinó un comerciante español y asociado de su padre en un arrebato emocional causado por celos. A esta historia-leyenda se le llama “The Warden of Galway” y el oscuro incidente pasa por un galope constante que va dando forma progresiva a la canción. El tema engancha instantáneamente, una vez que se escucha es imposible dejar la historia e ignorar el angustiado coro de un personaje condenado.

La primera canción del eje temático del álbum, Where Lie the Gods transporta a la tierra mítica, al pasado antiguo y politeísta escenario de viejos ritos olvidados a ritmo del tambor grave. Con un carácter de influencia del Doom Metal, la canción es un lóbrego navegar de riffs que se mezclan a la perfección con pasajes acústicos, un acierto que en este disco es más moderado que los anteriores, ya que, no cuenta con flautas o mandolinas por parte de Ciáran McUliam, que se encarga de las guitarras, entre otras aproximaciones instrumentales ligado al folklore. Sin embargo, la falta de los elementos anteriormente descritos no supone menor absorción ni complemento folclórico. El trabajo con el encordado acústico se mezcla a la perfección con la distorsión reverberada de su contraparte rítmica Micheál O’Floinn, ambos dominan la característica del Black Metal de crear atmósferas con distorsión.

La canción central, homónima al disco, continúa con este navegar adentrándose en aún mayor oscuridad a través del relato que tiene como protagonista a los espectros que merodean las ruinas, esperando una batalla que nunca viene. Un interludio largo mantiene la tensión de la canción para retomar en un himno-lamento que termina Exile Amongst the Ruins.

En la obligación de elegir una canción sólida que introduzca a la banda, sería el quinto tema, ya que el lado épico de Primordial despierta con Upon Our Spiritual Deathbed, introduciéndose a través de una marcha que se abre paso por riffs perdidos en el eco ambiental. La canción se solidifica y Nemtheanga hace su aparición con una voz dura y de gran volumen. El coro a dos voces resalta el escenario bélico del personaje que transmite la voz.

Si hay algo que conocen bien los guerreros etéreos descritos por Primordial, es la muerte con la que conviven y resaltan sus últimas pasiones. Este es el sello que puede identificarse con la trayectoria de la banda, que ha alcanzado una madurez musical distinguida. Stolen Years es un ejemplo de esto último, que, aunque sea la canción más corta del álbum, posee una profundidad ejemplar, un carácter retrospectivo y nostálgico imbuido en sus letras, con una belleza simple y a ritmo lento.

Los habitantes de cualquier isla del mundo tienen en el ADN de su cultura el respeto que se le tiene al mar, un ente sabio, dador de vida y recursos, pero también iracundo e incompasivo con los que reciben su furia en navíos indefensos. Sunken Lungs impresiona de sobremanera con su rítmica peculiar, desafiante y desproporcionado juego de caja y platos que toma protagonismo, esta vez por sobre el bajo de McAmlaigh, y emula una suerte de oleaje que hace a la canción latir. Este incorregible vals a dos tiempos de las almas perdidas en la profundidad del mar es una canción osada y desautomatizadora.

Last Call cierra el álbum con impresionantes diez minutos de desarrollo que se aproximan al Doom clásico. La voz nuevamente se alza en el verso, por sobre el tono general que conducen los encordados para luego quebrar el ritmo y recomponerse hacia el siguiente segmento. Lamento lírico dinámico en melodía y siempre cambiante, se construye sin apuro y lentamente va adquiriendo la intensidad del metal que plantea Primordial, entre vaivenes y reuniones.

Está claro, Primordial no tiene la misma tonalidad guerrera de bandas como Sabaton o Turisas. Si ellos se quedan con los héroes, Primordial se queda con el fantasma del mártir iracundo que siente el sabor de la sangre en su boca, sangre que en tiempos remotos regó los verdes campos de Irlanda y el Reino Unido. No hay nada más épico que transmitir aquellos sucesos reformando el folclor local para canalizarlo con la potencia del Metal con los relatos que cuentan las piedras de las ruinas.

Por: Gabriel Rocha

 “Nadie conoce la historia detrás de las sombras…”  (trad. verso King Vampire). Desde Concepción nace la leyenda de un regente olvidado y su trono de horrores pasados. Bloodline lanza su prometido álbum debut del sello independiente Burner Records del guitarrista Ignacio Albarrán de Soulburner. La banda—además de Ignacio, que también se ocupa de las voces—se compone por Eduardo Cid en segunda guitarra, Rubén Saavedra en bajo y Manuel Valenzuela en batería. Un cuarteto cuyo talento y energía ya ha sido demostrado ante escenarios locales de audiencia moderada, pero sólida.

Nunca será en vano, y mucho menos despreciado, iniciar con una introducción instrumental. Masquerade se encarga de establecer el ambiente lóbrego de los relatos en torno a la figura principal, el rey vampiro, en un arreglo animato de cuerdas graves, clavicordio y coros masculinos y femeninos. La introducción es conclusiva, por tanto, los riffs melódicos realizan su entrada en Creature Born from Pain luego de un breve silencio. Una dosis de Heavy Metal invade desde el canal auditivo, fácil de acomodar en la nostalgia debido al juego de las guitarras con las octavas y batería rápida que identifica al Power de los 90’s, antes de que se hiciera común el ver a bandas icónicas de aquellos tiempos en búsqueda de horizontes ligados al Prog. Sólo cabe suponer que es eso lo que hace que Creature Born from Pain o la rápida Will of Kill se sientan como canciones que pareciera que nos han acompañado desde hace mucho antes, como si fuera un recuerdo de vida pasada. El amplio registro de Ignacio se complementa con voces múltiples a lo largo de la canción, sutiles coros agudos, y también bajos se pueden escuchar por debajo de la presencia vocal de Albarrán, resonando como un delay o eco que da énfasis a los diferentes segmentos de las canciones. Imposible ignorar el parecido de la voz de Ignacio con el noruego Roy Khan (Conception, Kamelot), y sin decir más, los temazos Blackened Crown y Lilith dan el carácter necesario para evidenciar su similitud.

Al pasar las canciones, el álbum no parece doblegar su postura. A diferencia de otros grupos que se encargan de narrar una historia, Bloodline no acude al barroquismo de, por ejemplo, Symphony X: no realiza mayores devaneos o matices musicales o atmosféricos entre sus canciones, por lo que cada canción tiene un cuerpo definido y conclusivo, por lo tanto, rapsódico; unido temáticamente con diferentes caracteres y tratamientos melódicos. Las canciones responden a un esquema marcado mientras las letras se encargan de un aspecto temático que conforman el mosaico que es la leyenda del Rey Vampiro. Desde el silencio comienza in crescendo la imperdible Final Eden hacia un galopar que se va armando como una bola de nieve, pasando a través de diferentes intensidades por el verso, pre-coro y coro. Caso similar es la canción central y homónima del disco, King Vampire, que, abriéndose paso con naturalidad rítmica, se engancha en un coro difícil de sacar de la cabeza, para luego continuar raudo por las ondas.

Otra de las características llamativas del disco son las canciones que pasan a través de valles tanto melódicos como rítmicos. Destaco a Forbidden y Shadows of the Night dentro de esta agrupación tentativa. Sin embargo, no hay mayor oda neoclásica que We Will Rise, un guiño a los maestros de antaño desde el departamento del Heavy Metal.

El lenguaje dual de las guitarras está en su mayor expresión, la mezcla es pareja, y si bien el rango de volumen de la mezcla es derechamente plano y equitativo, los instrumentos suenan con pulcritud profesional que evidencia la experiencia de Ignacio detrás de perillas. Como broche final, el pasaje instrumental Acheronta Movebo presume el fin del álbum con una clara referencia al poeta Virgilio, pagano inmortal. Sin embargo, es necesario realizar una breve mención a los bonus tracks, ya que, entre estos se encuentra la versión en español de Lilith, madre de los vampiros y seductora de los hombres desde la creación del primero de estos. Es bueno que un tema en español se cuele en el disco, nos recuerda la localidad de la banda y que el Power chileno sigue vigente, imbatible e independiente.

Por: Gabriel Rocha

Seamos honestos. Cuando te enfrentas a un disco llamado “Dinosaur Warfare: Legend of the Power Saurus”, y su portada ilustra una mezcla bizarra entre los Dinoplatívolos y Guardians of the Galaxy, es algo difícil tomárselo con toda la seriedad del mundo. Sin embargo, como PowerMetal.cl es una web seria y responsable, comprometida con las cruzadas fantásticas propias del género (por muy extravagantes que sean éstas), siempre juzgaremos los trabajos por su música y no por lo “llamativo” de la temática del disco.

Dicho lo anterior, empezamos esta reseña consignando que Victorius es una banda alemana que a pesar de no ser muy conocida por estos lados, tienen una trayectoria respetable con cuatro discos a su haber, con los cuales han sabido cosechar críticas más bien positivas en diversos medios de la web. Aun así, esto no ha sido suficiente para poner su nombre en lo alto de la órbita metalera mundial.

En esta ocasión, influenciados por el videojuego FarCry y su expansión de dinosaurios y robots, la propia banda señala que “Deep from the age of prehistoric dinosaurs comes VICTORIUS – saving the world from a fucking alien invasion. Alongside the holy dinoforce these five madmen play Jurassic Power Metal with lots of high tech stuff and laser cannons”… ¿Algo más que agregar? No creo… Así, la banda comandada por David Bassin (vocalista) decide lanzar un EP con cinco canciones más una intro con la esperanza de allanar su camino hacia la primera división del Power Metal europeo. El resto de la banda se compone por Dirk Scharsich y Florian Zack en guitarras, Andreas Dockhorn en el bajo y Frank Koppe tras la batería.

El EP comienza con Saurus Infernus Galacticus, que pese a lo rimbombante de su nombre, es una de las introducciones más irrelevantes en la historia de la música metálica. Un rugido que no asusta a nadie entre sonidos de pistolas marcianas es la antesala de Dinosaur Warfare, un track de Power Metal melódico hiperventilado en su máxima expresión. Una voz de timbre dulzón, melodías rebosantes de felicidad y coros que recuerdan a representantes del Metal más acelerado como GloryHammer o Dragonforce. Es un tema de recursos bien trabajados aunque extremadamente cliché. La propuesta no es particularmente potente pero es coherente y cumple su cometido.

Legend of the Power Saurus hace gala de su colorido título, continuando con en el despliegue de positivismo exacerbado. Esto es Power Rangers Metal por donde se le mire. La banda trata de contar una historia que debiera ser cautivante; sin embargo, dicho concepto aparece algo distante en el horizonte de una composición livianita, algo plana y mundana. La fórmula de este Power Metal está tan esparcida y multiplicada que se necesita algo más que velocidad, técnica y melodías impecables para cautivar al radioescucha. Reminiscencias a los Power Rangers se hacen presentes en una canción que no entusiasma lo suficiente para hacer ¡Morfosis, amigos!

En el cuarto track Lazer Tiger Tooth los muchachos de Victorius se ponen un poquito más las pilas, pues aun cuando no quiebran ningún esquema, el tema sí muestra más emoción y evoca esas ganas de levantar el puño y cantar, muy presumiblemente por la mayor cantidad de matices vocales aquí presentes, y un coro de esos que entran a la primera y son facilitos de entonar y/o chamullar.

Con Razor Blade Raptor la banda nuevamente reemplaza un poquito de glucosa por pimienta, y con unos riffs notablemente más guerreros, los alemanes nos entregan una composición más sobria y cabeceable que las anteriores, acercándose a un concepto más Heavy/Power que puramente Power melódico.

Cerrando el EP llega Flames of Armageddon, la cual sigue la tendencia evolutiva de este trabajo, que a medida que avanza sacrifica felicidad y velocidad, dando paso a composiciones más sobrias y con más actitud, algo que personalmente se agradece. Esta última pista del EP es Heavy/Power europeo de mayor intensidad, con sólidos riffs y líneas vocales algo más aguerridas en comparación a las vocalizaciones imberbes y sin testosterona que iniciaban el disco. Un coro de esos bien épicos termina de moldear el que es, probablemente, el mejor tema del disco.

En resumen, el resultado es algo dispar. Por una parte, temas extremadamente felices en la primera parte del EP que no cautivan demasiado, contrastan con el buen cometido logrado en los últimos dos temas que coquetean más de cerca con el Heavy/Power metal que tanto disfrutamos por estos lados. Desde ese punto de vista, el orden de las canciones en este EP es un poco desafortunado, porque hay un riesgo inherente de fuga luego de escuchar las primeras canciones. Creo que el orden era precisamente invertir las canciones, o por último mezclarlas. En consecuencia, “Dinosaur Warfare: Legend of the Power Saurus” en un disco rescatable que será bien apreciado por los amantes del Metal más bien veloz y “feliz” (algo totalmente esperable juzgando la portada y nombre del EP)… pero para quienes no comulgan con el estilo, será uno más de los tantos discos que pasan sin pena ni gloria.

Hernán Bórquez