Desde los primeros años de esta década que HammerFall está viviendo una muy buena etapa musical.  Después de tres discos de estudio prácticamente iguales, el 2011 se atrevieron a romper la rutina, hacer algo distinto con «Infected», cambiar de temática, de actitud y -más importante- del sonido de juguete que les forzaba a tener el alemán Charlie Bauerfeind. Digan lo que digan, fue una tremenda bocanada de aire fresco. Luego, con «(r)Evolution» volvieron a encantarse con la producción y la presentación de fines de los noventa, en un reencuentro con aquello que los definió en sus momentos más relevantes, por los años de “Glory to the Brave” y “Legacy of Kings”.

Built to Last” continuaba por ese camino de una banda que se sentía rejuvenecida, aunque sin la intención de romper moldes, sino de extender la racha, lo que ciertamente se logró. ¿Pero hasta cuándo era posible sostener ese momentum, en especial si hablamos de una banda que durante toda la primera década del siglo XXI puso piloto automático a sus discos? Daba susto otro estancamiento en reiterativos lugares comunes porque… digámoslo, HammerFall es uno de nuestros bastiones del Power Metal, uno de los responsables del resurgimiento del Heavy Metal en Europa a fines de los noventa, con canciones que gritaban con orgullo el amor por lo tradicional y lo mágico del Power, una sensación que muchos que éramos adolescentes en la época de «Glory to the Brave», no queremos dejar de sentir.

Para esas personas, puedo decir que “Dominion” terminará sacando una sonrisa a más de alguno, con un repertorio de nivel muy alto, y también consistente, con cada canción más convincente que la anterior en esa particular tarea. Al final del disco, uno se siente como en casa, una vibra que ya empieza a sentirse tímidamente al escuchar el track inicial, Never Forgive, Never Forget, 100% HammerFall pero en clave Helloween en velocidad y paralelas, mostrando que la banda no quiere dejar de sorprender, al mismo tiempo de enseñar que no se ha olvidado de saber hacer lo que los hizo leyendas un día.

Ahora, el tema título nos lleva a los midtempos tipo Let the Hammerfall de «Legacy Of Kings», un riff grueso y atronador, acompañado de un ritmo tan pegadizo como pesado. NUNCA podré digerir el tono alto en las líneas vocales de Joacim Cans y que ya lleva tantos años siendo su trademark, ya que siento que ablanda el sonido completo de la banda, sin embargo el resto de los elementos de la canción se maneja con un drive muy contundente.

Testify, que viene a continuación, se muestra sumamente priestera en sus riffs principales. No obstante, lo que más destaca son los gritos que invocan al título de la canción. Y ojo con el solo de Pontus Norgren, en magnífico homenaje a Glenn Tipton. Se trata de una pista con muchísima energía, desde la composición hasta el sonido.

Dominion” continúa con One Against the World, una canción que si queremos poner entre las pistas más antémicas de HammerFall, tendrá algo qué decir al respecto. La batería de David Wallin y el bajo de Fredrik Larsson son absolutos truenos galopantes, en una configuración muy noventera de lo que se entiende como épico, para pasar sin aviso a unos leads que parecieran ser una adaptación del riff principal de Fear of the Dark de Maiden. Nuevamente es Joacim quien ablanda el resultado final, pero los tímpanos quedan vibrando con cada golpe de los instrumentos de este tema.

Ahora, lo que me gustaría decir de (We Make) Sweden Rock es que no hay que dejarla pasar solamente como el “single simplón” del trabajo. Una cosa muy distinta es escucharlo en YouTube o algún stream en la calle, con audífonos, solo notando las melodías como lo primero y lo único, y otra es hacerlo en la casa con los parlantes al máximo. “Dominion” es un trabajo para escucharlo de verdad, sentir la intención de todas sus capas, y percibir la solidez sónica de un trabajo muy bien logrado. La canción en particular tiene todo el espíritu de los singles de HammerFall entre 2002 y 2006, melódicos pero contundentes y con una producción a la altura.

Siempre será difícil explicar después cómo una balada puede ser uno de los principales momentos de un álbum, pero creo que Second to None es absolutamente brillante. Trae consigo el performance más extraordinario de Cans en el disco, en tonos y líneas. El piano es sobrio pero oscuro, muy sentido, haciendo un contraste con la irrupción de las guitarras y las baterías. HammerFall logra sonar con mucha seriedad, sin que aquello signifique un sacrificio en emociones. Y los suecos no solo saben cómo hacer este tipo de composiciones, también entienden en qué parte del tracklist deben estar, y la pieza en ese lugar juega un papel fundamental.

La placa, de esta forma, vuelve a comenzar con riff sacado de los dos primeros álbumes de HammerFall con el tema Scars of Generation, pero con una repentina vocación powermetalera en las melodías, la batería y los coros. Aquí se puede percibir aquel HammerFall que muchos consideramos como clásico: pesado, emocionante, mágico y orgulloso, con todos los elementos que hicieron que alguna vez nos enamoráramos de esta banda, y pensáramos que era la segunda venida de Helloween o Manowar al mundo. Temazo, y no hay mucho más que pueda decirse, solo que la entrega va de más a más.

Un nuevo midtempo se acerca con Dead by Dawn, quizá con el coro más oreja de todo el trabajo, una canción que puede recordar tanto a la etapa dosmilera de HammerFall como a material más antiguo como Stone Cold. Al final, muestra a un conjunto que no se siente que esté desgastando su fórmula haciendo lo mismo, algo que sí ocurría -y con mucha lástima- antes de la salida de «Infected«. Será madurez, será mejor sonido, será sabiduría, pero HammerFall se hace respetar dominando su arte, como sucede también con la variada y épica Bloodline, con fuertes raíces del «Legacy of Kings«, y con cambios que le dan un toque fresco a otro gran despliegue. Quizás pueda ser el corte que mejor funcione en vivo, por su energía, velocidad, melodía y todas sus líneas que invitan a cualquiera a seguirlas con las voces o los puños. Otra vez Pontus suena pletórico con sus solos, y otra vez la banda suena reencantada con su espíritu. Es más, mientras más canciones pasan, más se convence uno que “Dominion” es superior -al menos- a «Built to Last».

Dicha sensación no se detiene con Chain of Command, ochentera a rabiar, contagiosa y muy festiva, otro pequeño recreo en la propuesta. Y, por último, qué se puede decir del cierre con Yet I Smile, la pista más inusual de todo este álbum, solemne y extraordinaria, oscura y reflexiva, con leads principales muy al tono de ese Maiden que transitaba hacia los noventa. Cargada de emoción, deja un sentimiento de intranquilidad y poco consuelo, y eso que no siquiera estoy mencionando las letras. Todo un logro de la banda completa, una pequeña obra maestra.

Estamos al menos una década y media atrasados para pensar que un disco de HammerFall va a ser uno de los más destacados del año, porque trabajos de este tipo ya no están hechos para marcar épocas, pero lo concreto es que cuesta dar con puntos débiles en este disco. No es solo actitud, tampoco solo buen sonido, “Dominion” es una propuesta excelsamente consistente, y hace honor a lo que HammerFall significa para muchos. Volver a reencontrarse con ello es impagable, con HammerFall en conexión con su legado.

Review: Jorge Ciudad

Hace un poco menos de diez años, la banda sueca Narnia, liderada por el guitarrista Carl Johan «CJ» Grimmark, anunciaba su disolución y junto con ello su efusiva esencia que los acompañó hasta ese momento. Un gran pesar causaba la ausencia de una banda ícono entre el mundo del Power Metal, que se despedía después de grandiosos discos que brindaron. Sin embargo, en 2016 la banda anunciaba su regreso, y no conforme con eso lanzarían su disco homónimo “Narnia”, sellando así su regreso definitivo, que incluso lo tendrá por nuestras tierras el 12 de septiembre, junto a Tourniquet y a los legendarios Stryper.

En la actualidad, la banda continúa mostrando un gran nivel, presentando su nueva placa titulada “From Darkness to Light”. Además de Grimmark, encargado de la guitarra y los coros, la banda cuenta entre sus filas con Christian Rivel-Liljegren como vocalista, Jonatan Samuelsson en bajo, Martin Härenstam en los teclados y Andreas Johansson en batería.

Toda la acción parte con A Crack in the Sky, una potente canción que no deja nada a la imaginación, con una épica introducción guiada por el teclado, seguida de los riffs que van construyendo una interesante sonoridad para que la voz se introduzca hasta llegar al coro, clímax del tema, en donde se hace sentir toda la magia que pretende expresar junto al interludio que, con unas electrizantes guitarras, hace que el tema no pierda el ritmo. Excelente canción digna de una obertura.

El disco sigue con You Are the Air That I Breathe, un corte que comienza sutilmente con un riff de guitarra, para que posteriormente se sume por completo el ensamble a un compás 2/4 que dirige a la canción hasta su punto cúlmine. Quizás es una canción plana por algunos instantes, aunque presenta muchos matices que se hace notar en las estrofas, coro y solos de guitarra.

Has the River Run Dry? continúa por la senda de la «discreción», si se le quiere llamar así. Una canción algo monótona, pero que a su vez exhibe diversos puntos que van diseñando un melódico tema. Una canción de medio tiempo con Rock muy marcado.

Esta «discreción» se rompe con The Armor of God, un veloz y potente tema en donde el doble pedal se hace sentir como la energía de un trueno, y que es acompañado por los riffs de la guitarra y el bajo guiados por la melodía del teclado. Certero tema, directo a las venas, que con un intenso coro marca toda su esencia hasta llegar a un tranquilo final, protagonizado por el piano que señala el final del camino.

MNFST, por su parte, es un tema más ochentero, con un teclado dando el inicio para que posteriormente se explaye la guitarra con un pegadizo riff que va guiando la mayor parte del tema, y con un intenso coro que hace explotar lo mejor de la canción. Interesante corte que, al igual que otros temas señalados anteriormente, presenta muchos matices en cuanto a melodías.

El misterio lo pone The War That Tore the Land, con un armonioso arpeggio en conjunto con el teclado para abrir paso a la voz que introduce a los riffs, que después se ven abruptamente silenciados por una voz infantil cantando “¡Aleluya!, ¡Amén!” en solitario, luego con un coro que van entrelazando el tema junto a los riffs para terminar la pequeña voz entonando un “¡Amén!”. Un atmosférico corte marcado por la armonía.

Sail On muestra el lado más progresivo del álbum, con pesadas guitarras orientando al ensamble durante todo el tema, especialmente en la parte del estribillo donde se puede apreciar el matiz que hacen, con un riff ligero que después es marcado por staccatos. Este es uno de los temas más técnicos que presenta el disco, dejando ver el virtuosismo de los músicos de la banda.

La efusividad la da I Will Follow, una correcta canción que parte con mucha determinación entre el teclado y los riffs, salvo al entrar al canto, donde es acompañado por finos arpeggios. El estribillo quizá es algo uniforme, pero es compensado por un correcto solo de guitarra.

El final del álbum llega con From Darkness to Light, corte seccionado en dos partes. La parte I da comienzo de una manera majestuosa entre el teclado y los riffs, que finalmente se rompen con un nostálgico piano que da paso al canto en conjunto con una guitarra acústica, proporcionando una sensación de tristeza y esperanza a su vez que van dibujando una hermosa balada. La parte II es netamente instrumental, y comienza justo donde termina la anterior parte, en donde se puede apreciar todo el sentimiento que desprenden cada una de las notas que hace la guitarra, acompañado de un emotivo piano que se desliga del ensamble para finalizar de una manera sumamente emotiva.

Concluyendo, este uno de los discos más elaborados que presenta Narnia en los últimos años, en donde se podría decir que las palabras que priman son: progresividad, sutileza, sonoridad y matices, marcando así un cuidadoso camino hacia lo progresivo apelando a melodías algo más complejas y con mucha sonoridad, que es temple de la banda forjada desde sus inicios. Sin dudas, un correcto álbum.

Samuel Lorca

«Del mio vagar, cercavo il più profundo censo. Fuggente a mondi opachi e fragili…” (letra de Amata Immortale)

Hay varias maneras en la que un artista puede establecer un perímetro en su legado compositivo. Dependiendo del grado de autoría, las bandas paralelas pueden adquirir facetas tanto inmersivas como experimentales. Luca Turilli no es ajeno a esta experiencia. Los discos lanzados bajo su nombre, especialmente «King of the Nordic Twilight», tuvieron en su tiempo una fácil asociación al Rhapsody de ese entonces tanto en sonido como en estética. Los nombres de las canciones, la carátula, la tipografía… ¡todo gritaba que alguien de Rhapsody estaba detrás!

De todas formas, después de algunos años la diadema de Rhapsody pareció quedarse en la cabeza de Alex Staropoli, quien se mantuvo desarrollando la continuidad y el sonido del Thundercross que conocemos, además conservando en su alineación la característica voz de Fabio Lione. Por otra parte, Luca Turilli se atrevió a añadir otros ingredientes para construir una mirada más dramática/sci-fi para los lanzamientos de su versión de Rhapsody, quizás sacando a flote elementos que subyacían en la banda y no podían salir a flote en un contexto temático muy medieval. En fin, es como si el primero se quedara con el mármol y el otro con los adornos de la estatua. Rhapsody of Fire, es decir, el Rhapsody de Staropoli mantiene el enfoque con bastante a su favor para los nostálgicos puristas, sobre todo después del lanzamiento de «Zero Gravity», donde la brecha que los divide se ha hecho más pronunciada que nunca, pese a que Lione, después de la gira de “reunión y despedida” (comillas al cuadrado), decidiera prestar su voz para el presente álbum. Cabe pensar en la posibilidad de que efectivamente se despidieron del Rhapsody de ayer para estrenar uno nuevo. No sé… yo hubiera preferido un nuevo nombre en vez de un logo bastante inerte y frío, pero no podemos olvidar que en el álbum contamos con Alex Holzwarth en batería, Patrice Guers en el bajo y Dominique Leurquin como guitarra rítmica, todos veteranos de “The Dark Secret” la saga secuela a “The Emerald Sword”.

La primera canción, Phoenix Rising, es una verdadera iconoclastia. Atrás quedan las introducciones instrumentales para dar paso a una breve cinemática sonora con efectos pomposos y cataclísmicos tipo film de acción hollywoodense, y de fondo, segmentos de la grabación del control de despegue del Apollo 11. La guitarra de Turilli mantiene el estilo staccato tan característico de siempre, acusando, sin embargo, el uso de rango extendido (siete cuerdas, al menos) y un rol más atmosférico que en lanzamientos previos. El momentum de la canción se quiebra en un trémolo techno “bajo el agua” y un guitarreo acústico acompañado de una voz femenina (¿VST quizás?). El solo de guitarra es acotado y los acompañamientos sinfónicos más característicos de Rhapsody quedan limitados al coro.

D.N.A. (Demon and Angel) inicia bastante apresurado (como todas las canciones que inician con coro cantado), los versos de Lione junto a la invitada, la sueca Elize Ryd, mantienen una cadencia firme y prolongada. Por si fuera poco, los acompañamientos sintéticos se mezclan con los coros sinfónicos para crear esta épica tecnológica-arcana. Esta canción muestra el carácter del nuevo Rhapsody que venía trabajando Turilli desde «Prometheus». Una canción difícil de reconocer bajo la etiqueta Rhapsody, pero descompuesta algo de sentido comienza a hacer luego que decides no imaginarte al personaje lírico bailando en una disco. Hay que decirlo, el verso y el pre-coro son intencionalmente “punchi-punchi”. Ryd entrega un contraste femenino adecuado, sin embargo, su voz—por muy virtuosa que sea—a estas alturas parece competitivamente genérica en el Power Metal, creo que Arjen Lucassen todavía sigue un paso adelante en su selección de personal lírico-dramático, a veces sacando joyas de voces de variados rangos.

El tema que bautiza el disco, Zero Gravity, responde a las canciones más fáciles de reconocer. Viene como un respiro a un álbum que amenazaba con sonar demasiado diferente al Rhapsody que llevamos en el corazón. Más bien como un ancla para hacerle honor al nombre y lo que hay detrás de él. Nada que decir que no se haya dicho antes para algún disco del Rhapsody of Fire post «Emerald Sword Saga«.

También es el caso de Amata Immortale, de aquellas joyas que inician como lamento-monólogo y luego se convierte en rapsodia de voces donde se echa de menos la presencia basso de Christopher Lee. Otro caso también podría ser Arcanum (DaVinci’s Enigma): ¡que no te engañe la intro tipo leitmotiv de “la tentación del anillo único versión 2.0.x.x”! Detrás de ese manto hay una canción imperdible y digna del legado, donde, pese a la falta de nuestro querido Saruman, Lione maneja los tonos bajos majestuosamente. A mi parecer, esta se lleva el laurel del álbum, ¡y por lejos! No me molestaría en absoluto escuchar un disco de Rhapsody exclusivamente en italiano con este tipo de canciones, ya que en inglés la banda pareciera sintetizarse mucho y perder la estética romántica para quedar en descripciones cortas y versos no sucesivos.

Oceano, la última canción, quiebra un poco el esquema: si hay un género en que los italianos se han destacado mundialmente es en la balada pop (tipo Andrea Bocelli, Tiziano Ferro, Ramazzotti, etcétera) y esta canción lleva su influencia y con el toque épico. Genial cierre del disco.

En contraparte, Fast Radio Burst es una canción insigne de este nuevo Rhapsody, hecho de Metal pesado moderno, que es capaz de convencer al fan acérrimo de darle una oportunidad al nuevo paradigma. Los solos entran de forma majestuosa en un quiebre rítmico y se desarrollan hacia el pre-coro final.

Decoding the Multiverse, entra en un contraste de piano versus riff pesado; una formula de pausa-inercia muy similar a la composición de Kamelot u otras bandas que siguen el curso moderno del Power Metal Progresivo. Una canción con varias caras, con segmento instrumental bastante técnico y agradable al oído hasta que aparece el innecesario teclado-emulando-guitarra que nunca deja de sorprenderme por su insistencia en aparecer en el género, ¿cuándo lo jubilamos? Staropoli al parecer ya lo hizo.

Luego de Origins –la canción que no estuvo como introducción del álbum-, que consiste en un pasaje instrumental, bastante bien elaborado, se abre Multidimensional; otro ejemplo de esta composición que impera en el Power Metal de esta última década, esta vez vertiendo el sonido hacia una similitud con Symphony X y su agrado por los segmentos rapsódicos que alargan el corpus de las canciones, algo que podría decirse también del siguiente tema a revisar: la séptima canción, I Am, cuenta con el invitado Mark Basile acompañando a Fabio en la voz, una voz juvenil de rango similar que se maneja bien a través de la canción base y el interludio rapsódico.

“Zero Gravity” fue lanzado el 5 de julio de 2019 bajo Nuclear Blast y producido por los titulares Turilli y Lione. Todo indica que vamos a seguir con esta lucha-no-tan-lucha de dos Rhapsody, ya que ambas dieron señales de actividad importante. Mientras, nosotros seguimos en esta placentera confusión.

Review: Gabriel Rocha

Los titanes del Heavy Metal sueco, Sabaton, vuelven al ataque con su noveno álbum de estudio “The Great War” con el que además celebran sus veinte años de existencia. Con el paso del tiempo, esta banda ha escalado rápidamente posiciones en popularidad y ventas entre el público metalero a nivel internacional, tocando como cabeza de cartel en festivales europeos de renombre y lanzando incluso su propio festival, el Sabaton Open Air, que se celebra anualmente en Agosto y que ya lleva doce ediciones a su haber. Esto habla del impacto de una de las pocas bandas de Heavy Metal surgida en las últimas décadas capaz de alcanzar este tipo de arrastre y devoción por parte de los fanáticos.

En esta ocasión, los suecos se embarcaron en la ambiciosa misión de lanzar un disco conceptual sobre la Primera Guerra Mundial, luego de cumplirse cien años desde el final de este conflicto bélico. A través de su carrera, Sabaton ha puesto un gran hincapié en el contenido histórico de sus canciones, incluso lanzando un canal de YouTube dedicado a esto. Como prueba de lo anterior, “The Great War” viene disponible en dos versiones, una versión histórica con narraciones antes de cada canción y una versión normal sin estas. Otra de las novedades es la primera participación en estudio del guitarrista Tommy Johansson, quien reemplazó a Thobbe Englund en 2016 y ha girado con la banda desde entonces.

El disco arranca con The Future of Warfare, que abre con una sigilosa intro de teclado, dando paso a una sección rítmica bastante progresiva y con toques más modernos que lo que acostumbramos a escuchar en esta banda. La temática se centra en las nuevas tecnologías de guerra desarrolladas durante este conflicto, destacando el rol de los tanques.

Continúan con Seven Pillars of Wisdom, basada en la historia de Lawrence de Arabia. Se trata de una canción de ritmo casi galopante, bastante dinámica y con gran trabajo de guitarra por parte de Tommy Johansson y Chris Rörland. Llama la atención lo preciso y corto de los temas, avanzando a paso firme sin darse muchas vueltas.

82nd All the Way trata sobre una sección de infantería aérea estadounidense y trae de vuelta los elementos de Metal «fiestero» característicos de la banda, una mezcla entre disco, pop y Metal ochentero. Quizás se siente un poco liviano con respecto al resto del disco, pero como mencionamos antes los temas pasan rápidamente y no te alcanzas a hastiar.

The Attack of the Dead Men se desplaza hacia el frente oriental de esta guerra donde se enfrentaron las armadas soviéticas y alemanas. Musicalmente es una canción algo más solemne e incluye ciertos elementos de Metal industrial que agregan variedad y frescura al disco. El solo de guitarra y la performance vocal de Joakim Brodén se destacan también.

Con Devil Dogs, de paso marchante y melodía inocentona, vuelven al frente occidental, específicamente a la Batalla del bosque de Belleau en Francia. La canción me deja un gusto a nada y pasa un poco desapercibida, siendo quizás mi menos preferida dentro de un álbum bastante parejo hasta el momento.

The Red Baron trata sobre el famoso piloto alemán Manfred von Richthofen y fue el segundo sencillo de adelanto que nos deleitó hace unas semanas con su contagioso ritmo y llamativo sonido de teclado retro, dándole un toque de Hard Rock setentero a la Uriah Heep. A pesar de lo livianito que parece a la primera escucha, es un tema que crece al escucharlo más de una vez.

Great War es una canción que sintetiza el espíritu del álbum, explorando de forma crítica las circunstancias y consecuencias de esta guerra con un tono más sombrío. Es un tema con estampa épica y con un coro que demanda ser cantado con el puño al aire, destacándose en su sección final, con paso más acelerado y un solo de guitarra alucinante.

A continuación tenemos A Ghost in the Trenches, que vendría a ser mi canción favorita del disco y que relata las peripecias de Francis Pegahmagabow, un célebre francotirador canadiense. Desde el comienzo se siente como una inyección de energía que te obliga a cabecear frenéticamente, con una línea melódica pegajosa hasta decir basta. Todo un acierto.

Fields of Verdun comienza como un puñetazo en la cara con la poderosa batería de Hannes van Dahl, dando paso a una serie de riffs de guitarra a la Kai Hansen, con fuertes influencias de los clásicos de Gamma Ray. La ejecución instrumental es impecable y el coro se te queda incrustado en la memoria de forma inmediata, siendo otro de los puntos altos del disco.

The End of the War to End All Wars vendría ser la canción más introspectiva del álbum, con orquestaciones y coros multitudinarios que ayudan a cerrar el disco con un aire épico y triunfal. Y para finalizar tenemos la outro In Flanders Fields, un canto gregoriano que sirve como epílogo para esta obra conceptual.

“The Great War” es un álbum correcto y que fluye de principio a fin sin momentos aburridos ni rellenos, pero que tampoco sorprende en demasía. Hay algunos elementos experimentales bastante interesantes en algunas canciones que llaman la atención de manera positiva, pero en general la banda se mantiene fiel a la receta que los ha hecho famosos. La versión histórica de este ambicioso proyecto sobresale por la atmósfera que crean las narraciones, poniendo en contexto las temáticas abarcadas en las letras. Quizás no sea el disco del año ni el mejor de su discografía, pero sin lugar a duda contiene más de algún himno épico que se quedará dando vueltas en tu cabeza por semanas. All Hail Sabaton!

Review: David Araneda

Thornbridge es una banda alemana que se toma su tiempo en hacer las cosas: un demo durante el 2012, un primer trabajo publicado el 2016 y ahora tenemos su segundo e interesante disco, llamado “Theatrical Masterpiece”, con portada dibujada por Juanjo Castellano Rosado (arte de Portrait).

Si vamos a su estructura,  en lo musical se encuentra robustamente influenciado por sus compatriotas Blind Guardian y otro poco de Gamma Ray. A nivel estructural, su contenido lírico va enfocado a la tortura y opresión de la Edad Media, concretamente en la Inquisición y caza de brujas. Con esa información, podemos irnos directamente a la música, que sin pretensiones y con esos exponentes de referencia, ya sabemos de entrada que podemos esperar.

El inicio instrumental de Take To The Oars nos aventura a una ambientación bien épica, preparando el paso a Theatrical Masterpiece, un excelente comienzo que demuestra directamente de que estamos hablando: Power Metal veloz y melódico de escuela alemana. La presencia de múltiples voces va enfatizada por los cambios de ritmo de batería, un gran trabajo de riffs y grandilocuentes solos. Perfecto como “apertura” y lo que esperamos generalmente como primer batazo.

La siguiente es Keeper Of The Royal Treasure, donde encontramos más reminiscencias en la forma que hace sus coros y estructuras Gamma Ray. Debo destacar el poderoso coro, muy noventero y con un gran papel de Jörg Naneder, que llena de voces al unísono para llenar el espacio, siendo imposible quedar indiferente a la interpretación, debido a lo pegajoso que es el coro (¡todo un himno!).

El disco continúa con Revelation, con fuerte influencia de Blind Guardian de la época del  “Somewhere far beyond”, desde la voz y tonalidades, quiebres de ritmo impulsados por el baterista Maximilian Glück y hasta los pasajes liderados por la guitarra de Patrick Rogalski, que sin ser idénticos, la inspiración de André Olbrich (Blind Guardian) se hace notar. Si escuchara Revelation por primera vez sin saber el nombre de la banda, diría que es Blind Guardian del “Somewhere” o del “Imaginations”.

Demon In Your Heart va más pausado que las anteriores canciones y en un ambiente más pesado, pero sigue siendo una interpretación con mucha fuerza, enfocada en sus coros y el solo de guitarra que cambia las direcciones que lleva la canción, llevándonos a esa gloriosa época de los 80’ con los duelos de guitarra que trabajaba Helloween, virtuosismo y armonías que te enganchan al primer oído.

A esta altura puedes aventurarte a pensar que todo podría seguir en la misma senda, pero Journey To The Other Side es una canción en dónde se atreven un poco a mostrarnos ritmos más personales y lejos de las estructuras anteriores. El excelente trabajo vocal de Jörg Naneder atrapa mucho, no es el vocalista más distintivo del género, pero su amplia gama es impresionante, navegando en diferentes tonalidades según lo requiera el ritmo de la canción (agudos, guturales, etc.).

Con Ember In The Winter Grove nos podemos sentir engañados, tiene inicio de balada y podríamos esperar una power ballad, pero no lo es. Nos tergiversa su melodía para iniciar una canción bastante cañera, de esas que te dan ganas de sacudir tu cabeza al ritmo de la batería, que va marcando el tiempo en cada estrofa. Contiene unas voces guturales que siguen aumentando la fuerza y pegan muy bien al ritmo llevado, saliéndose un poco de las estructuras para llevarnos a composiciones más propias y ejecutadas con gran destreza.

Trace Of Destruction sigue en la estructura anterior, pero la guitarra líder es protagonista en todo momento, acompañando cada estructura e impulsando aún más las melodías del coro. La batería de Maximilian Glück está muy presente, agregando diferentes matices a estructuras clásicas del Power Metal, haciéndolo un poco más variado pero sin salir de las bases clásicas de los ritmos de este tipo de canción.

The Helmsman deja la velocidad para ir a medio tiempo dando más énfasis al ritmo del bajo por Patrick Burghard, es una composición muy bien lograda y su melodía te obliga a seguir con entusiasmo la canción entera, que fácilmente puede quedar en tu mente después de escucharla un par de veces por su gran base rítmica.

Set The Sails es prácticamente el cierre y así como partió “Theatrical Masterpiece”, debe terminar de la misma manera, con un golpe veloz y melódico, estimulada permanente por la influencia del viejo Blind Guardian en el cerebro de la banda, solos inspiradísimos y cortantes. Estas referencias no son para nada malas, al contrario, al ser fan de esta corriente musical aprecias de sobremanera lo que entrega Thornbridge.

The Dragon’s Sleeping es la clausura, instrumental con una maravillosa guitarra acústica, pero que no aporta nada a “Theatrical Masterpiece” y perfectamente podían haber terminado con la canción anterior o ponerla como punto de quiebre para este trabajo, que cuenta con una duración aproximada de cuarenta y cinco minutos, corta para tener once canciones (dos de ellas instrumentales) y respecto a lo que hacen bandas del mismo estilo, donde los trabajos llegan a la hora de ejecución.

Como se mencionó antes, Thornbridge  nos presenta un trabajo inspiradísimo en otras bandas sin ser plagio. No es una obra maestra al respecto de su originalidad, pero es un álbum interesante con muchos contenidos que reviven el legado del Power Metal alemán de la vieja escuela.

Review: Herrant

 

Luego de un receso de cinco años desde “Angels of the Apocalypse”, Timo Tolkki anunció el lanzamiento de la tercera entrega de su proyecto Avalon, nuevamente bajo el alero de Frontiers Records.

Tras su salida de Stratovarius, el icónico guitarrista finlandés se ha embarcado en una serie de proyectos musicales con resultados bastante incongruentes. Con respecto a Avalon, el disco debut “The Land of New Hope” (2013) generó cierto interés entre los fanáticos, mientras que el ya mencionado “Angels of the Apocalypse” (2014) tuvo una recepción bastante más fría a pesar de la calidad de los músicos involucrados. Los principales dardos apuntaron a la deficiente producción del disco, junto a lo poco novedoso de las composiciones. Y es que los altísimos estándares que el maestro finlandés estableció durante su época dorada en los noventas le han jugado en contra a la hora de satisfacer las expectativas de sus seguidores.

En este contexto es que analizamos “Return to Eden”, disco que cuenta con además de Tolkki en las guitarras principales, una alineación de músicos de sesión italianos conformada por Aldo Lonobile (guitarras, producción), Giulio Capone (batería), Antonio Agate (teclados) y Andrea Buratto (bajo). Tal como ha sido la tónica en las previas entregas de Avalon, las voces están a cargo de una fina selección de vocalistas de la esfera mundial del Heavy y Power Metal. Sin embargo, en esta ocasión nadie se ha repetido el plato y los escogidos para debutar son Todd Michael Hall (Riot V), Anneke van Giersbergen (ex-The Gathering, Vuur, solista), Mariangela Demurtas (Tristania), Zak Stevens (Savatage) y Eduard Hovinga (ex-Elegy, Mother of Sin). Con esta impresionante lista de cantantes y después de tan larga espera, los fieles fanáticos que siguen a Timo en las buenas y en las malas seguramente estarán ansiosos por escuchar nuevo material del eximio compositor.

El álbum abre con Enlighten, una solemne introducción de teclado con orquestaciones pomposas, dando paso a una fuerte lluvia que prepara la atmósfera para el primer cañonazo de la jornada. Nos referimos a Promises, sencillo de adelanto con el que fuimos sorprendidos hace unas semanas. Desde el poderoso riff inicial junto a los vertiginosos arreglos de guitarra y teclados sabemos que estamos frente una canción épica, con todos los elementos que hicieron de Tolkki uno de los compositores más destacados del Power Metal. La pegajosa línea vocal, interpretada magistralmente por la potente voz de Todd Michael Hall, le agrega peso y categoría a un tema que se perfila inmediatamente como unos de los puntos altos del disco. No es coincidencia que Todd haya sido el elegido para la difícil tarea de tomar el micrófono en los renovados Riot V, elevándose a la categoría de los grandes vocalistas del Heavy Metal contemporáneo.

Return to Eden es una correcta canción, de ritmo más pausado y que se destaca desde el punto vista instrumental por sus interesantes orquestaciones que emulan el sonido de gaitas célticas. Hall se luce nuevamente en las voces y Mariangela Demurtas nos sorprende por primera vez con su dulce voz que encaja a la perfección. Por otra parte, la participación de Zak Stevens es un poco menos convincente y llamativa, pero sin llegar a arruinar la canción. Hear My Call fue el segundo adelanto de la placa y cuenta con el inconmensurable aporte y sello único de Anneke van Giersbergen. Personalmente no tengo problemas con que la música de Avalon se aleje del Power Metal tradicional, explorando un sonido más popero y melódico que se acerca a lo que Anneke viene haciendo en su carrera solista. A mi parecer esta colaboración es un acierto, a pesar de lo que algunos puristas puedan objetar.

A continuación tenemos Now And Forever, la tercera y última colaboración vocal en el disco por parte del gran Todd Michael Hall, en la cual nuevamente entrega una interpretación sublime desde el punto de vista técnico. Se trata de un tema más cercano al estilo que Tolkki cultivó en sus últimos años con Stratovarius, manteniéndose en el rango del medio tempo sin muchos cambios de intensidad, haciéndolo quizás un poco repetitivo y predecible a final de cuentas.

Miles Away arranca de forma prometedora con el sonido inconfundible de guitarra del maestro, entregándonos una introducción llena de sentimiento y que lo lleva de vuelta a los mejores momentos de su carrera. Por su parte, la anémica interpretación vocal de Zak Stevens vuelve a dejar cierta disconformidad, quizás sea solo cosa de gustos, pero da la impresión de que el tipo cantara sin ganas, haciendo que la canción se sienta insípida.

Afortunadamente la cosa mejora bastante con la furiosa Limits, un bombazo de puro Power Metal a la vena y que cuenta con la poderosa voz de Eduard Hovinga, muy adecuada para el estilo musical en cuestión. La instrumentación es vertiginosa e impecable, trayendo a colación todos los ingredientes que definen a un tema clásico en su categoría y elevándose como otro de los momentos memorables de la placa.

We Are the Ones es la segunda colaboración de Anneke van Giersbergen, que con su voz angelical le aporta dinamismo y personalidad a una entretenida canción que nuevamente se mantiene en un terreno más melódico comparado con el resto del disco. Por su parte, Godsend es una tibia balada interpretada de manera correcta por Mariangela Demurtas, pero que se queda un poco corta en elementos sorpresivos o innovadores desde el punto compositivo, sin lograr despegar ni convencer del todo.

Give Me Hope es un nuevo intento de volver al sonido Power Metal clásico, con la afilada voz de Eduard Hovinga que logra un buen cometido. En términos de frescura y relevancia, esta canción se queda un peldaño más abajo que las otras canciones rápidas del disco. Algo similar sucede con Wasted Dreams, la tercera colaboración de Zak Stevens que, aunque en esta oportunidad le ponga algo más de empuje a su interpretación, no alcanza para hacer que la canción se destaque dentro del montón.

La encargada de cerrar la placa de forma magistral es Guiding Star, una de las joyitas del disco a mi parecer. En esta canción todas las piezas caen en el lugar correcto, con refrescantes cambios de intensidad y atmósfera, un gran trabajo de guitarra por parte de Tolkki, junto a una interpretación vocal impecable cortesía de Mariangela Demurtas. Un broche de oro para esta tercera entrega de Avalon.

“Return to Eden” marca una mejora substancial con respecto a su placa antecesora en términos de producción y composición, aunque está lejos de ser un disco perfecto. Después de tantos años, el maestro Tolkki es aún capaz de deleitarnos con sus habilidades en las seis cuerdas y nos entrega al menos cinco canciones de primer nivel, pero también cae por momentos en esa falta de ideas que han hecho su carrera post Stratovarius tan irregular. La mayoría de los vocalistas involucrados cumplen con su labor de forma satisfactoria, destacándose en particular la participación de Todd Michael Hall y Anneke van Giersbergen. Por el momento, no sabemos a ciencia cierta cuál será la siguiente jugada en la carrera de Timo Tolkki, pero este parece ser un paso en la dirección correcta y que le permitirá mantener su vigencia como una de las figuras más insignes de la historia del Power Metal europeo.

Review: David Araneda

Han pasado ocho años desde “Forevermore”, la última entrega de estudio con canciones inéditas de los legendarios Whitesnake. En el intertanto la banda no ha estado para nada inactiva; muy por el contrario, han hecho largas giras mundiales, han lanzado una serie de reediciones de sus álbumes más celebrados de los 80’ (“Slide It In”, “1987” y “Slip Of The Tongue”), múltiples discos en vivo (“Live In Japan”, “The Purple Tour”), además de una colección de versiones acústicas (“Unzipped”) y otra de clásicos revisitados de los tiempos de Coverdale en Deep Purple (“The Purple Album”).

A pesar de que la industria musical ha cambiado enormemente desde que Whitesnake comenzó su camino hace más de cuarenta años, y considerando que hoy en día las bandas publican material con mucha menor frecuencia, era inevitable pensar en un lanzamiento de estudio con material fresco para justificar una nueva gira. En este contexto es que la banda radicada en los Estados Unidos, pero comandada por el incombustible vocalista británico David Coverdale, anunció hace unos meses el lanzamiento de “Flesh & Blood”, su decimotercera entrega de estudio que verá la luz en mayo bajo el alero de Frontiers Records.

El disco abre con Good To See You Again, que ataca con un potente riff de guitarra y la voz inconfundible del señor Coverdale. Para sus 67 años, la verdad es que su voz se mantiene en gran nivel. El ritmo y la melodía son contagiosos, pero sin caer en excesos, con un sonido más cercano a la época de “Slide It In”. Por su parte, Gonna Be Alright tiene un tono más flirteante, con prominentes teclados cortesía de Michele Luppi. Esta canción nos trae de vuelta a los años más glameros de Whitesnake, pero sin perder la compostura y manteniendo su integridad.

Shut Up & Kiss Me fue el primer adelanto y es entendible que así haya sido, ya que resalta inmediatamente como una de las canciones más pegajosas del disco. Es un tema que reúne todos los requisitos para ser un clásico: ritmo bailable, guitarras juguetonas y una línea vocal irresistible. Hey You (You Make Me Rock) baja un pelito las revoluciones con un tempo más pausado, pero con un pesado riff que le agrega contundencia. El interludio de la sección media, que incluye un soberbio solo de guitarra, le añade matices a un disco que por el momento se aleja poco de los cánones del Hard Rock.

Por su parte, Always & Forever es una canción bastante más melódica y ligera, quizás un poco descolocante por su tono popero que la hace sentir un poco desechable. Siguiendo en la misma línea, When I Think Of You (Color Me Blue) es la power ballad de rigor, un tema correcto en general, pero que no alcanza la altura de clásicos como Is This Love o The Deeper The Love. Con Trouble Is Your Middle Name retoman la energía y actitud rockera, con un tono fiestero y un coro bastante efectivo, aunque un poco repetitivo por momentos. Estos son quizás los pasajes más flojos del álbum.

Flesh & Blood, el tema que la da el nombre a la placa, también le da un nuevo impulso lleno de frescura, con gran trabajo de la dupla de guitarristas compuesta por Reb Beach y Joel Hoekstra. Es una canción con aires setenteros y con claros tintes de Led Zeppelin. Well I Never sigue con la tónica de riffs hardrockeros y con una soberbia labor del maestro tras los tambores Tommy Aldridge, otro veterano de mil batallas que se reniega a colgar los botines. Heart Of Stone es una canción con un tono más sombrío y melancólico, mostrando una faceta más bluesera en la interpretación de Coverdale.

Get Up es uno de los temas más enérgicos del disco, con ritmo frenético para los estándares de la banda. Una vez más los guitarristas toman el protagonismo, luciéndose tanto en los riffs como en los solos. Con After All hacen un interesante experimento, incursionando en terrenos acústicos tal como lo hiciera Coverdale a comienzos de los 90’s junto a Jimmy Page. El resultado es más que satisfactorio y le agrega variedad al disco, preparándonos para un desenlace triunfal. Nos referimos a Sands Of Time, un tema de corte épico, cuya melodía incorpora influencias de Medio Oriente y que cierra esta placa con un apoteósico solo de guitarra, como debe ser.

“Flesh & Blood” marca un exitoso regreso a las pistas para Whitesnake, después de tantos años sin publicar nuevo material de estudio. Es un disco variado, entretenido y lleno de actitud, con más de algún himno de estadio que se quedará dando vueltas en tu cabeza desde la primera escucha. Quizás globalmente no alcance la grandiosidad de sus trabajos más celebrados, pero tiene los suficientes méritos para justificar la reputación de la banda como uno de los íconos del Hard Rock a nivel mundial. Sin tomar riesgos excesivos, Coverdale ha sabido incorporar algunos elementos innovadores en la composición, permitiéndole prolongar el legado de esta verdadera institución musical. Sólo queda decir, ¡larga vida a la Serpiente Blanca!

Review: David Araneda

 

Luego del exitoso “Jomsviking” (2016), obra conceptual que los catapultó hacia el olimpo del universo del Metal, los vikingos suecos vuelven al ataque con su undécima placa de estudio titulada “Berserker”. El núcleo creativo de la banda se mantuvo intacto con los guitarristas Olavi Mikkonen y Johan Söderberg junto al bajista Ted Lundström a cargo de las composiciones, mientras que el carismático vocalista Johan Hegg siguió como el letrista principal. “Berserker” marca el debut en estudio con Amon Amarth del baterista Jocke Wallgren, quien se uniera a la banda para la gira anterior. Como curiosidad, cabe mencionar que Jocke nació en Chile pero se crió en Suecia.

Recordemos que Amon Amarth viene de celebrar sus veinticinco años de existencia con “The Pursuit of Vikings: 25 Years in the Eye of the Storm”, lanzamiento que incluyó dos conciertos en vivo grabados durante el festival Summer Breeze, además de un documental sobre la historia de la banda. Con una creciente popularidad que se ha reflejado tanto en la venta de discos como en sus exitosas giras como cabeza de cartel y su participación en los principales festivales de Metal, las expectativas para “Berserker” estaban por los cielos. En esta ocasión la producción estuvo a cargo de Jay Ruston, luego de fructíferas colaboraciones con Andy Sneap.

El disco abre con Fafner’s Gold, tema que comienza con una solemne introducción de guitarra acústica, estableciendo una atmósfera épica que culmina en una explosión de riffs melodeath marca registrada y la característica voz gutural de Hegg. Es un tema que sigue la fórmula que los ha hecho famosos y que en este caso funciona a la perfección, convirtiéndose en un clásico instantáneo. Continúan con Crack the Sky, corte de medio tiempo y con riffs sobrecargados de groove, destacando por su base rítmica que invita a cabecear con el puño en alto. Estructuralmente es un tema quizás algo monótono y repetitivo, pero no por eso menos contundente.

Con Mjolner, Hammer of Thor exploran terrenos más cercanos al Heavy Metal melódico, con un ritmo y melodía contagiosas de comienzo a fin y un gran trabajo en las guitarras por parte de Olavi Mikkonen y Johan Söderberg. Por su parte, Shield Wall es otra de esas canciones que invitan al headbanging y a corear a todo pulmón, incluyendo interesantes cambios de intensidad a través de su desarrollo. Valkyria es un himno de guerra con todas sus letras, y desde el punto de vista instrumental se destaca como una de las piezas más inspiradas del disco, incluyendo interesantes arreglos de bajo en su sección media y una dramática outro de piano.

Raven’s Flight fue el primer single de “Berserker” y nos dio una idea bastante cercana a lo que podíamos esperar con este lanzamiento: una amalgama perfecta entre técnica, brutalidad y melodía, con un festín de guitarras a lo Iron Maiden y un inspiradísimo Hegg entregando una de las líneas vocales más pegajosas del álbum. Acto seguido Ironside, de ritmo marchante, mantiene el imparable ímpetu de esta maquinaria musical y te hace sentir como si estuvieras en el campo de batalla. Es interesante como a pesar de explotar las mismas temáticas a lo largo de su carrera, estos vikingos siempre logran recrear la atmósfera correcta.

Con The Berserker at Stamford Bridge frenan un poco la nave, es una canción más pausada y densa, con un tono más introspectivo y que les permite adentrarse en otras profundidades de su sonido. When Once Again We Can Set Our Sails es otro efectivo himno de guerra con implacables guitarras melódicas que te enganchan desde la primera escucha y que ayudan a mantener el momentum de esta placa. Sköll and Hati se eleva como uno de los puntos altos del álbum, con un estilo thrashero pero sin perder la esencia del sonido de Amon Amarth. Esperamos que la toquen en vivo, ya que se presta para un moshpit de proporciones bíblicas.

Acercándonos hacia el final de esta aventura, los guerreros nórdicos siguen al ataque a toda velocidad con Wings of Eagles, otra canción que va directo a la yugular y en la que no reparan en tirar toda la caballería al frente. El coro recuerda de cierta forma a bandas de Power Metal épico como Rhapsody, pero en versión vikinga. Cierran con la majestuosa Into The Dark, un tema de larga duración y estructura compleja, con un tono más melancólico y desolador comparado al resto del disco. La antorcha se extingue lentamente con arreglos de teclado que una vez más añaden dramatismo y nos avisan que el fin ha llegado.

“Berserker” es una excelente colección de himnos de batalla que nos muestra a una banda en la plenitud de su madurez. A estas alturas, Amon Amarth saben exactamente lo que sus seguidores esperan de ellos y no están dispuestos a dar un paso en falso que ponga en riesgo su posición dentro del mundo del Metal. Gracias a una eficiente fórmula que han perfeccionado con el paso de los años, estos vikingos seguramente seguirán atrayendo tanto a fanáticos del Metal extremo como a aquellos que prefieren algo más melódico. No queda más que aplaudirlos y agradecerles por seguir por esa senda victoriosa que les tomó tanto tiempo construir.

Review: David Araneda

Les presentamos el último trabajo de los canadienses Gatekeeper, denominado “Grey Maiden”, un EP que recorre diversos matices que la banda a demostrado a lo largo de sus años de actividad, con Jean-Pierre Abboud en la voz y coros, Jeffrey Black en la guitarra rítmica/líder y coros, Kenny Kroecher en la guitarra líder, David Messier en el bajo y coros y Tommy Tro en la batería.

El EP abre con Grey Maiden, un tema que comienza con rápidos riffs dando paso a un potente ensamble al que posteriormente se incorpora la voz, ofreciendo un Heavy Metal al más puro estilo de la vieja escuela demostrándolo en su máxima esencia durante el coro y el interludio musical marcado por una guitarra particularmente melódica, haciendo de esta canción una electrizante sinfonía.

Tale of Twins comienza con unos riffs más pesados que se ven marcados notoriamente por la batería para abrir camino al canto y así continuar unos instantes con esa potencia que después se ve intervenido por un melódico dúo de guitarras que cada cierto tiempo va marcando un interludio. Los compases cambian en la mitad del tema, que dan paso a un épico solo de guitarra, con diferentes matices que proporcionan todo el poder que éste merece, dejando un tema sumamente dinámico de principio a fin.

El EP continua con Moss, una balada con algunos pasajes que recuerdan a The Bard’s Song de Blind Guardian, con un dúo de guitarras acústicas que van marcando melódicos arpeggios durante el tema y que son acompañados por un violín en diversos pasajes de la canción. Un armonioso y atmosférico corte que sin duda es uno de los puntos más alto de este trabajo.

Richard III es la canción que marca el final del EP, que tiene un comienzo lento con una guitarra eléctrica dando un arpeggio pausado junto al bajo, para dar protagonismo a la voz y así todo el conjunto terminar diluyéndose en el que posteriormente un poderoso riff seguido por un bajo marcando una nota den el vamos a un enérgico tema hasta llegar a unos dinámicos y excepcionales solos de guitarra, que sin duda son la parte alta del tema, ofreciendo todo el virtuosismo a la canción y así llegar a un final que se diluye con unos pronunciados riffs.

A través de sus ya casi diez años de carrera, Gatekeeper ha expresado de manera muy vigorosa que el Heavy Metal sigue firme en la actualidad, con un sonido potente y enérgico que hace gala del tradicional Metal y sin dejar de lado lo épico de las letras que buena parte de los fanáticos de este género quiere seguir escuchando. Un pequeño trozo de Heavy Metal, pero sin duda un buen paso para las siguientes generaciones.

Hace más de diez años, en una maravillosa noche veraniega, en un anfiteatro a las orillas del mar en Antofagasta, en medio de bandas de Death y Thrash Metal que hacían disfrutar a los más rudos y malditos del lugar, subió a escenario una banda de adolescentes y jóvenes muy jóvenes para presentar su Heavy Metal. Fueron objeto de ciertas burlas por su apariencia glam, pero al momento de comenzar a tocar cerraron un montón de bocas. Así conocí el nombre de Exxocet, una banda en la que podemos considerar como fundador a Ricci Love, único integrante sobreviviente de esos tiempos.

La banda se reformula un tiempo después en Santiago y terminan lanzando su disco debut “Rock & Roll Under Attack” (2016), álbum que los catapultó rápidamente por su potencia y excelente calidad compositiva y de producción, a pesar de varias dificultades que tuvieron para lanzarlo. Así, hoy nos regalan una nueva joya, la que explica por qué los hemos visto teloneando a Dee Snider y The Dead Daisies.

Así, la banda formada por Ricci Love y Lukky Sparxx en las guitarras, Chris Lion en las voces, Danny Crow en el bajo y Tom Azzter en la batería, quien dejó la banda con posterioridad a la grabación del disco, nos entregan ahora “Mighty Jungle”, un trabajo en el que se logran identificar variadas influencias que llevan a estos muchachos a un nuevo nivel musical para ellos creando su propio sello distintivo.

Todo arranca con la Intro, casi minuto y medio que comienza con sonidos selváticos que nos van adentrando a esta selva poderosa, hasta que empiezan a aparecer sonidos humanos, ritmos que se convierten en una batucada y le dan paso a la batucada metalera con la que arranca Cannibal Carnival, el sonido introductorio a este track hace imposible no recordar a Angra, lo que no impide identificar claramente el tema como algo propio de Exxocet, donde suena el sonido al que nos venían acostumbrando con la potencia de Lion en sus líneas vocales, la base rítmica festivalera de Azzter y Crow más las guitarras carreteras de Sparxx y Love. Con algunos gritos guturales en ocasiones muy bien colocados, con un quiebre rítmico exquisito a media canción y una sección de solos donde cada quien deja en claro sus capacidades. En definitiva, este disco arranca de entrada por todo lo alto.

Continuamos con el title track, Mighty Jungle, la que inicia con las guitarras a lo lejos para llevarnos a través de un ritmo levemente más relajado, que nos recuerda un poco Mötley Crüe quizás, ese midtempo canchero con un coro tremendamente ganchero, puro Glam Metal ochentero revitalizado por estos muchachos que nacieron con suerte al finalizar esa década. Un gustito de esos que hay que darse de vez en cuando con un toque moderno al prestar atención a las guitarras y la batería sobre todo, nuevamente destacando el tremendo trabajo vocal de Lion.

Alive la conocimos hace un tiempo, pues fue el segundo single de este trabajo, acelerando un poco pero manteniendo el ambiente nos deja más que claro la evolución y maduración de la banda al considerar su disco debut, tanto lírica como musicalmente. Uno de los detalles que más vengo disfrutando son los quiebres rítmicos que dan paso a la sección de solos. Es imposible no motivarse con este track, sus riffs potentes y fiesteros invitan a moverte con ganas y sentirte vivo, claramente.

No podía faltar la power ballad, misión cumplida por Goodbye I Say My Love, que recuerda un poco a Whitesnake incluso, manteniendo siempre su sello propio y luciendo las bases rítmicas cambiantes, los riffs cuidadosamente sólidos y las capas de voces que apoyan el trabajo central de Lion, ni siquiera aunque a uno no le agraden los pasajes más «románticos» puede llegar a molestarle este track. Un trabajo tremendamente bien logrado y con una sección de solos que incluso podría llegar a emocionarte si te pilla pensando en alguien específico.

Con un juego de la batería de Azzter arranca Night & Day, un tema que nos devuelve a la velocidad y potencia con la adición de elementos potentes como un pie de coro “tartamudo”, un detalle entretenido de escuchar y un ritmo que mueve de manera muy exquisita la batería acompañada del bajo de Crow, con una sección quizás nostálgica con sonidos típicos de los ’80 como de los videojuegos y películas de sci-fi. Es que realmente a este punto uno comienza a pensar que no hay forma que estos muchachos nos defrauden de alguna manera.

Como uno podría esperar, nos encontramos con un track en español, Tal para Cual, que arranca con un riff un poco más enojado y mantiene un ritmo medio que permite sentir esa rabia. Uno de los puntos más relevantes o que al menos siento necesario indicar es que, por lo general, cuando una banda canta en un idioma distinto, suele sentirse una diferencia en el tono del vocalista, aquí Chris Lion hace el mismo tremendo trabajo, sin mediar ninguna diferencia más que el idioma, para un tema tremendamente rápido que termina siendo el más corto del álbum.

Summer Nites nos lleva de vuelta a las fiestas y al sonido más rocanrolero de la banda, quizás el tema más genérico del álbum que ni siquiera por eso aburre o tiene algo malo, sino que podríamos decir que viene a ser el punto más bajo de un trabajo que viene tan alto hasta el momento que, aún así, es un muy buen tema, logrado de manera impecable, con un trabajo tremendo en los solos y con un Lion poniendo todo su talento en la bandeja.

Antes de terminar nos quedamos con el primer single y video de este trabajo, Screams From The South, el que arranca de inmediato con un tremendo riff que va siendo acompañado por la batería de Azzter hasta entrar de lleno a este reino de rabia contenida, un tema crítico que se mantiene en uno de los mejores niveles, llamando la atención sobre los despojos que se han hecho en estas tierras al sur del mundo. Nuevamente la base rítmica creada por Crow y Azzter sobre la que bailan las guitarras de Sparxx y Love es de tremenda factura, permitiendo a Lion lucirse casi sin esfuerzos, una combinación de talentos y esfuerzos que siento logran uno de sus mejores resultados en esta canción, con esos solos y esos riffs… magistral.

Todo llega a su fin y, en este caso, ese fin es Rock & Roll, donde un riff con toda la potencia del Heavy Metal nos invita a acompañar el tremendo grito de Lion para un track de puro y maldito Rock & Roll y Heavy Metal, con riffs poderosos que recuerdan un poco a Judas Priest en algunas secciones, golpeando con fuerza la cabeza de cualquiera que lo escuche y llamando a levantar el puño y gritar junto con la banda que ¡¡el Rock & Roll no ha muerto señores!! Si veníamos hablando de un tremendo trabajo, definitivamente su cierre está a la altura y te deja esperando más, especialmente cuando escuchas esos solos de guitarra, es que acá ni Ricci Love ni Lukky Sparxx se guardan algo, simplemente un broche de oro para un trabajo de altísimo nivel.

Mighty Jungle” es sin lugar a dudas un tremendo trabajo que nos deja claro hacia donde apunta la banda, demostrando que no tienen nada que envidiarle a ninguna banda extranjera, pudiendo estar codo a codo con cualquiera de ellas. Es refrescante escuchar sonidos como los que nos ofrecen estos muchachos, algo sencillo pero a la vez con una tremenda elaboración, sin ser pretencioso ni querer ser más de lo que realmente es, lo que finalmente les ayuda a acercarse con toda tranquilidad a la cima.

Exxocet se viene haciendo un nombre hace rato, tiene una base de fans potente, la “exxonation”, que dan fe del tremendo sonido que nos regalan y hoy, con este trabajo, nos dejan en claro que sólo quieren devorarse el mundo, nada más que eso y, con la tremenda calidad y talento con la que cuenta cada uno ellos, acompañados de aquí en más por Martín Fénix en la batería, estoy seguro que tendremos noticias cada vez más grandes de esa banda cuyo nombre escuché hace más de diez años en un festival de bandas en Antofagasta, porque Exxocet nació para ser gigante y siguen caminando hacia su objetivo con paso seguro.

Por: Seba Miranda

No es posible hablar de un nuevo trabajo de Iron Savior sin entender que significa ser Iron Savior. Para los que no conocen a la banda (¿existen?), les contamos que es, desde hace muchos años, el principal proyecto de Piet Sielck. ¿Y quién es este calvo y porqué es importante saberlo? Pues partamos de que la banda que el mundo conoce como Helloween, antes de llamarse así tuvo varios nombres y en un principio, cuando se llamaba Gentry, ahí estaba Sielck junto al no menos importante Kai Hansen. Tiempo después, Piet Sielck se juntaría de nuevo con su ex-compañero y darían vida a Iron Savior, banda que después dejaría Hansen para dedicarse exclusivamente a Gamma Ray y pasaría a ser el proyecto personal de Sielck.

Pero, además de eso, y es importante saber todo esto al momento de analizar “Kill Or Get Killed”, Sielck es un personaje fundamental en el sonido del Power Metal, en especial del nacido en Alemania. El tipo trabajó como ingeniero en prácticamente todos los discos de Blind Guardian en los años 90′ (desde el “Tales…” hasta el “Nigthfall…”); además, trabajó con leyendas como Gamma Ray, Grave Digger y Paragon, y ha sido parte de darle sonido a nuevas bandas como Eternity’s End, Elvenstorm, Legend Of Valley Doom y Airborn. En el fondo, hablar de Piet Sielck y de Iron Savior es hablar de la esencia del Power Metal.

Y después de toda esta introducción ponemos play al disco y en seguida nos llegada un combo en la cara de Power Metal Alemán con Kill Or Get Killed, canción que da título al trabajo. Una canción que a la vez puede ser el mensaje de Piet al mundo: “Matar O Morir”. Canción que tiene todos los clichés del estilo: doble bombo, melodías épicas y un coro para cantar alzando el puño al cielo. Además se nota que Iron Savior ya es una agrupación consolidada con la base rítmica que le dan Jan-Sören Eckert en bajo (quien está en la banda desde 1998) y Patrick Klose en batería (llegado el 2017 pero con pasado en Scanner y Dawn Of Destiny)

Continuamos con Roaring Thunder, tema con sigue mostrando el dominio de Sielck y compañía para producir Power de calidad sin caer en la tentación de repetirse. Algo que muchos podrán criticar de Iron Savior es que sus discos entre sí suenan parecidos, pero no hay que olvidar que estamos hablando del proyecto de uno de los padres (y que muchas veces la gente olvida) del Metal Poderoso. Ojo con el solo de la otra “hacha” de los teutones Joachim “Piesel” Küstner (quien lleva en el grupo casi veinte años).

Eternal Quest es el tema que sigue y que ya conocíamos puesto que fue el adelanto del disco. No mucho más que decir que continúa la tónica de hacer Power Metal de libro y que fue una buena manera de empezar la promoción del LP.

Un inicio muy pero muy ochentero da paso a From Dust And Rubble, canción mucho más pausada pero con un poderoso coro llamado a ser todo un himno. “Nacido del polvo y escombros, luchando por ser libre por siempre”: otro pedazo de mensaje de Piet Sielck a los amantes del Metal. Nuevamente las guitarras de Küstner se lucen. Otro detalle que se nota de la producción de Sielck es la capacidad de que suene muy limpio todo pero sin caer en el sonido algo más «plástico» que encontramos hoy en varias bandas del estilo.

La velocidad vuelve con Sinner And Saints. ¡Qué máquina de crear temas épicos es Iron Savior! Hay bandas que pasan disco tras disco tratando de lograr crear melodías que queden dando vuelta en la cabeza de los fans y Iron Savior saca en cada disco colecciones de canciones para la posteridad.

El disco sigue con otro de los singles y a la vez declaración de principios: Stand Up And Fight. Esta ya la habíamos escuchado como adelanto en un video que era un verdadero “carpool” con Piet Sielck pasándolo bien mientras maneja junto a Piesel Küstner tocando una guitarra infalible (si no lo han visto dense un minuto y disfruten de como hacer un video musical casi sin gastar dinero). Sobre la canción en sí, otro himno de Power Metal con un mensaje claro: ¡PARATE Y PELEA!. A esta altura queda claro que Iron Savior quiere dejar claro que no está muerto quien pelea y que el metal poderoso tradicional es una invitación a enfrentar las vicisitudes de la vida con genitales de acero.

Con Heroes Ascending vuelve a aumentar la velocidad con el doble bombo de Klose y la ametralladora de Eckert llevando el ritmo, pero Never Stop Believing es otra cosa. ¿Han tenido la sensación al escuchar una canción por primera vez que la han escuchado antes? Pero no en el sentido de copiar algo sino como un ritmo que saben que estaba dentro de ustedes y que ahora está en sus oídos. Eso pasa con este temazo. No solo con otro mensaje positivo a cagar (¡Nunca dejaremos de creer!) sino con un ritmo totalmente pegajoso. Melodía pura. Y que decir de ese inicio de guitarras que podría ser parte de la banda sonora de una película ochentera. Canción que incluso hasta se podría bailar y que está llamada a convertirse en un clásico.

Bajamos las revoluciones para lo que vendría a ser la balada de “Kill Or Get Killed”. Nos referimos a Until We Meet Again. Un mid tempo que claramente no alcanza para ser balada pero dado la velocidad y lo feliz del trabajo completo, esta es la pausa que pone Piet Sielck antes del final. Un tema interesante dado lo distinto que es con el resto de lo que venía siendo el disco. Quizás un poco largo (casi ocho minutos entendiendo que casi todos las canciones no superan los cinco) pero permite darse el tiempo de escuchar el talento en guitarras de la dupla Sielck/Küstner acompañados con una pesadísima base de bajos y baterías. Ojo con la letra que es bastante, bastante triste, lejos de lo positivo que venía siendo el disco.

El final se acerca y volvemos a levantar los puños junto a Iron Savior para cantar Legends Of Glory en honor al “Valiente” (hear the legends of the Bold). ¿Será el mismo de ese temas llamado Tales Of The Bold? No olvidemos que muchas de las canciones de la discografía de Iron Savior hablan del “Salvador De Hierro”, un ser intergaláctico que lucha contra el mal en el universo. Volviendo a la canción, otra vez Piet Sielck demostrando la facilidad que tiene para crear himnos que fácilmente se pueden integrar a un setlist en vivo para tener a los fans con los puños en alto cantando a todo pulmón.

Como bonus track y para cerrar el disco llega un cover de Sin City, clásico de AC/DC que se aleja del sonido Power para irse al mundo más del Hard Rock, un homenaje a todas las influencias que llevaron a Sielck a ser músico. Es un buen tema, pero quizás está lejos de lo que venía siendo la temática del disco. En todo caso, ello no quiere decir que no sea una gran versión.

Piet Sielck es la historia del Power Metal. Él ha cargado con el sonido y la bandera del Power Metal desde sus inicios (ya hablamos de que el fue fundador de lo que después se convirtió en Helloween) hasta el día de hoy. Se ha adaptado a la tecnología, ha aprendido nuevos trucos, ha entendido como debe sonar hoy sin dejar de ser lo que es. Y todo eso se expresa en Iron Savior, su hijo. En lo que respecta a comparaciones, parece ser un disco mucho más equilibrado que todo lo que había hecho desde “Battering Ram” (todos buenos discos en todo caso). “Kill Or Get Killed” es un tremendo álbum, casi sin puntos bajos, lleno de canciones cortas y directas, himnos que fácilmente podrían ser parte del setlist en vivo. Y hay que tener claro que Iron Savior no tiene en sus planes venir a proponer ideas nuevas de como debe ser el Power Metal, para nada. Esto es Power Metal de manual. Y sabemos que “El Salvador de Hierro” seguirá vivo para decirnos con grandes himnos que hay que seguir luchando por los sueños y que el Metal seguirá aquí y no morirá.

We’ll never stop believing Always keep on dreaming We’ll keep the faith and carry on”

Review: Karim Saba

La banda finlandesa Battle Beast vuelva a la carga con su quinta placa de estudio y segunda desde la salida de su guitarrista fundador Anton Kabanen, actual líder de sus coterráneos Beast In Black. Luego de un sólido “Bringer of Pain” (2017), que marcó un giro hacia un estilo más comercial con abundantes elementos Pop, tenemos la tarea de analizar una nueva entrega titulada “No More Hollywood Endings”, lanzada a través de Nuclear Blast Records. La agrupación ha logrado captar la atención de los fanáticos del Metal melódico, sobre todo por la inconfundible voz de la joven Noora Louhimo, una de las revelaciones y promesas de los últimos años en cuanto a vocalistas femeninas en el mundo del metal.

El disco abre de manera enérgica con Unbroken, una mezcla perfecta entre Metal sinfónico y Pop ochentero, que trae a colación de inmediato las diversas influencias de la música de Battle Beast. La perfomance vocal de Noora es extraordinaria, llena de pasión y potencia. La melodía es pegajosa y también lo son los acompañamientos de teclado. Le sigue la canción que da el nombre al disco, No More Hollywood Endings, con un riff de teclado inicial que rememora la intro de Black Diamond de Stratovarius pero tocada en cámara lenta. Es un tema muy teatral y fue acompañado por un videoclip lleno de histrionismo, en el que Noora se luce una vez más demostrando su enorme calidad vocal.

Siguiendo con el otro sencillo de adelanto, Eden es nuevamente una canción llena de energía positiva, muy melódica y contagiosa. A pesar de que el sonido de Battle Beast por momentos se siente muy sobrecargado a los teclados, el trabajo de guitarra de Joona Björkroth y Juuso Soinio destaca en este tema. Unfairy Tales, a pesar de una letra muy contingente que habla de los peligros de las redes sociales, musicalmente hablando es un homenaje al Rock ochentero que no convence del todo. Y hablando de no convencer, Endless Summer es una canción netamente Pop, y tan excesivamente cursi, que probablemente generará bastante discusión entre los fans. Me parece que está fuera de lugar, incluso en un contexto de Metal melódico.

El disco recupera el aliento con The Hero, un bombazo que trae de vuelta esa voz raspada de Noora que ya habíamos comenzado a extrañar. Es un tema bailable con claras influencias de Bonnie Tyler y Michael Sembello, pero en esteroides y actualizado al 2019. Janne Björkroth, tecladista, compositor y productor de la banda, se luce en todas sus funciones. Piece of Me abre con un pesado riff de guitarra muy hard rockero y una Noora inspiradísima, mostrando un estilo vocal más agresivo y lleno de actitud. Es una canción entretenida, con una letra atrevida y con arreglos de teclado que le agregan un toque juguetón y retro-futurista. Esperamos que la incluyan en el setlist para disfrutarla en toda su magnitud.

I Wish es una balada llena de sentimiento, en la que destaca la inclusión de una sección de cuerdas reales y una dramática orquestación de primer nivel. La letra y la interpretación de Noora transmiten una sensación de melancolía, pero al final de cuentas se siente que es una canción un poco prefabricada y carente de chispa. Raise Your Fists, desde su solemne introducción nos advierte que se trata de un himno de batalla, reuniendo estos elementos cinematográficos que definen el Power Metal épico, aunque por otra parte nuevamente falla en sorprender, y es que a estas alturas es un subgénero bastante sobreexplotado. Es un tema correcto en términos generales, pero que deja un gusto a poco.

Por el contrario, The Golden Horde es una de las canciones más interesantes y sorprendentes del disco. Abre de manera engañosa con un sampler de teclado que recuerda al Eurodance pero repentinamente se convierte en un cañonazo imparable de Power Metal con todos los ingredientes precisos: baterías bombásticas, guitarras vertiginosas y una línea vocal tan melódica como potente. El resultado es fantástico y te despierta de inmediato como una patada en la cabeza. Para cerrar la versión normal del disco tenemos World on Fire, otra canción de ritmo bailable y melodía pegajosa, con el peso y energía suficiente para finalizar esta placa con una nota positiva. Las ediciones especiales incluyen además dos bonus tracks titulados Bent And Broken y My Last Dream.

“No More Hollywood Endings” es un álbum irregular que me deja con sensaciones encontradas. Comienza de manera prometedora, pero de a poco va perdiendo fuerza y frescura para recuperarse solo en la recta final. Aprecio el esfuerzo de la banda por renovarse y experimentar con distintos sonidos, pero en esta ocasión no aciertan en todos los intentos, sobre todo cuando se alejan demasiado del sonido que los ha hecho populares. En términos de producción el disco es impecable, y la voz de Noora se asoma como el arma secreta de la banda, pero algunos pasajes faltos de inspiración y originalidad en términos de composición lo relevan a un segundo plano tomando en cuenta la calidad de sus entregas anteriores.

Review: David Araneda

Para quien escribe, los peruanos Blizzard Hunter son uno de los mejores exponentes de la New Wave of Traditional Heavy Metal que ha visto nacer el continente sudamericano, gracias a su impresionante disco debut “Heavy Metal to the Vein” (disco que revisamos aquí). Los incaicos irrumpieron en la escena el año 2015 con un larga duración impecable, lleno de talento y pasión que acaparó miradas en diversos lugares del globo. Y fue tanto así que su segundo registro oficial es un disco en vivo llamado “Live at Padova” grabado en Italia durante el 2016.

Dos años y medio después y con cambio de alineación de por medio, el quinteto banda-sangre compuesto por Sebastián “Dragon” Palma en la voz, Lucho Sánchez y Ramon Lau en guitarras, Lalos “Indu” Salas en el bajo y Bruno Gadea en los tambores, nos presenta un EP de tres temas originales y tres covers, el cual revisamos a continuación.

El registro parte con Outrage, una canción que mantiene todo el sonido tradicional ofrecido en el disco debut pero de ritmo más pausado y menos explosivo. Aunque no por eso menos bueno. Por el contrario, la composición goza de excelentes recursos técnicos, armonías y una pulcritud a prueba de todo. Como siempre, la banda despliega una ejecución impecable a nivel instrumental y el “Dragón” Palma, quien sigue haciendo gala de un registro superlativo, se escucha más sólido que en su debut discográfico, evidenciando mejoras en su performance vocal.

My Sinister Ghost vuelve a mostrar un Blizzard Hunter menos frenético pero más maduro, con un comienzo acústico de excelente factura desemboca en compases de puro Heavy Metal que me parece dan forma a una de sus mejores composiciones a la fecha. El trabajo melódico de esta canción es sencillamente soberbio. Es de esos temas que te los cantas completitos, y no solo las partes vocalizadas, sino que los riffs de guitarra, los solos, y todo lo que hace de forma extraordinaria la dupla Sánchez/Lau. Compositivamente hablando, la estructura es muy rica y dinámica, paseándose por muchos ritmos que suben y bajan la cadencia del tema de forma brillante.

Cerrando los temas originales, The King of Raging Steel sigue en la línea de los temas anteriores, quizás menos al hueso, pero tremendamente rico y bien trabajado. Un tema de sentimiento épico, con reminiscencias del Helloween clásico, del Queensrÿche más tempranero quizás, y que sin dudas invita a sacudir la melena y cantar ese pedazo de coro que entra de una y no te suelta más.

Cerrando este EP, Blizzard Hunter nos regala tres muy buenas versiones de clásicos del Heavy Metal mundial, respetuosos de sus versiones originales pero también con su twist personal: Love Gun de KISS, Queen of the Reich de Queensrÿche y Soldier of Fortune de LOUDNESS. Love Gun es similar a su versión original, aunque la voz de Palma, radicalmente distinta a la de Paul Stanley, le da un interesante giro a la canción. Queen of the Reich por su parte, suena más tradicional y algo más cruda que su contraparte original. Definitivamente menos elegante pero más true y callejera. Finalmente, Soldier of Fortune rinde tributo de forma excelente a una de las bandas más grande del Heavy Metal oriental, produciendo un cover lleno de vértigo y sentimiento del cual los japoneses estarían sin duda orgullosos.

“A Lesson In Time” es un muy buen registro que marca ligero cambio en el sonido de la banda. Los peruanos bajan un poco las revoluciones con respecto a su disco debut, pero mantienen ese mismo espíritu de hacer Heavy Metal tradicional, y me parece que ganan desde el punto de vista compositivo. Si bien es cierto se echa de menos un poco el frenesí y la locura, la madurez trae consigo cosas positivas que quedan de manifiesto en composiciones como My Sinister Ghost y The King of Raging Steel. Pulgares arriba para Blizzard Hunter, una banda que a punta de esfuerzo, talento y excelentes trabajos sigue haciéndose un nombre en la escena del Heavy Metal mundial, dejando en alto la bandera del país hermano. Bienaventurados nuestros compatriotas sureños que tendrán la oportunidad de verlos prontamente en Puerto Montt, porque de seguro los incaicos se traen un show de aquellos. Por acá seguimos atentos al futuro de la banda y esperamos con ansias el segundo larga duración del cazador de ventiscas.

Review: Hernán Bórquez

 

March to the sound… to the sound of 666” (extracto de Splendor Demon Majesty). Mats Björkman, Lars Johansson, Jan Lindh y el capitán Leif Edling (The Doomsday Kingdom, Krux) han seleccionado al legendario Johan Längquist para posicionarse al frente de Candlemass, regresando así a sus filas luego de toda una trayectoria desde el inolvidable debut, “Epicus Doomicus Metallicus”. El 22 del pasado mes de febrero, “The Door to Doom” sale a la luz bajo el sello Napalm Records, producido por Marcus Jidell (Royal Hunt, Soen). ¡Los reyes del doom épico están de vuelta!

La puerta se abre y una resonancia de guitarras da la bienvenida. Splendor Demon Majesty quiebra la disonancia y la banda se muestra ante tus oídos con riffs que suenan como pasos de gigante. La intensidad se acelera y Johan comienza a cantar la bienvenida al altivo demonio que ilustran las letras. ¡Nada de sutilezas! El primer track deja los pelos de punta al estilo Candlemass: canciones de segmentos sencillos, solos groovy de “Lasse” Johansson y conducidos líricamente por la pluma de Leif, que increíblemente logra hundir la atmósfera a oscuras profundidades sin recurrir al barroquismo victoriano de los exponentes literarios que alimentan el imaginario de Candlemass y del Heavy Metal de semiótica más oscura. El sonido general del álbum se caracteriza por esa “textura de espesor granulado” al que nos tienen acostumbrados, y particularmente símil al álbum homónimo («Candlemass«) lanzado el 2005, que marcó un hito similar en la banda, ya que para entonces había regresado el inconfundible Messiah Marcolin al estudio.

Under the Ocean lleva la narrativa hacia las profundidades del océano y la paranoia del hablante lírico al sentir e imaginar espíritus danzantes que surgen del mar. Una canción de inicio templado, luego marchante, donde Jan va marcando las coyunturas rítmicas con—notoriamente pesados—golpes en la batería y las guitarras se complementan con efectos en el coro, complemento para caracterizar las ondulaciones del mar. Sin ser un fanático de las canciones con fade out, debo confesar que le calza perfecto al final de esta.

Luego del silencio, el timbal a las manos de Jan comienza a entregar un latido in crescendo. La lovecraftiana Astrorolus – The Great Octopus nos entrega una dosis de horror cósmico en la descripción de esta deidad-bestia del fin de los tiempos. La canción obtuvo gran notoriedad por su invitado especial, el también siniestro, padre del Doom Metal, Tony Iommi (Black Sabbath), que junto a la dupla Lasse/Mappe, encaja un solo con pedal wah como él sabe. El pesado ritmo del coro evoca mucho al trabajo de Leif en Avatarium, logrando recabar en el contraste con los versos algo de la psicodélica ambientación de la banda, pero esta vez con Längquist rugiendo en vez de la dulce voz de Jennie-Ann Smith como voz principal, aunque es una de las colaboradoras del disco.

Para el final del “lado A” del álbum, nos encontramos con Bridge of the Blind, experiencia de corta duración (3:40 aproximadamente) que se aleja del batir intenso y entra en un pasaje donde predominan las guitarras acústicas, complementadas por el solo eléctrico a downtempo. Hacia el final de la canción, un mellotrón y su suave fundido vintage acompaña sutilmente a la balada. El mayor acierto de esta canción es la rareza de su coro, que, siendo melódico y flanqueado en esta dimensión de sonidos pesados, recuerda a las baladas de Uriah Heep.

El quinto track, Death’s Wheel, se muestra como una canción sencilla, groovy y fácil de cabecear, como, por ejemplo, el clásico Bewitched de la era Marcolin. Sin embargo, debe ser mencionado el cambio de intensidad desautomatizador que viene a mitad de canción y durante el solo. Ese segmento instrumental refresca el tema y convierte esta piedra en joya.

Black Trinity, donde la melodía vocal varía de forma notoria, demuestra la manera en que se niega a envejecer la voz de Johan Längquist, incluso arriesgando que este lanzamiento sea comparado a los últimos EP (ojo, Death Thy Lover es imperdible), grabados por Mats Levén con su versátil rango vocal que ha demostrado en su numeroso currículum, mención especial a su paso por Therion y At Vance, y junto a Leif, en el inconcluso Abstrakt Algebra y Krux.

Es así como viene House of Doom, tema que no imaginé que podría ser desasociado de la voz de Levén, pero Johan lo acuña como Marcolin acuñó Under the Oak en aquellos tiempos. Pero, sin ser fanboy, cabe aclarar que hay que guardar las proporciones, ya que Messiah sigue siendo el vocalista más lírico y difícil de emular que ha tenido CandlemassHouse of Doom abre con un tañido de campanas entre el caer de la lluvia, se convierte en el tema más rápido y coro más amplio, además de recordable. Apostaría a que será un fijo en los setlist de esperadas futuras presentaciones en vivo. Los efectos añadidos, al igual que las demás canciones, son precisos y moderados, como los susurros del coro y los órganos que le roban el protagonismo al solo de guitarra (¡incluso amenazando con concluir la canción antes del segmento de Lasse!).

Finalmente, el octavo tema, The Omega Circle se acerca a la composición melódica trabajada durante la era de Robert Lowe (Solitude Aeturnus), vocalista que hizo gran impacto en estudio, pero lamentablemente no pudo extenderse hacia las presentaciones en vivo. Estos temas tenían la particularidad que se iban abriendo hacia segmentos totalmente diferentes, generalmente cerrados durante el verso y con un coro sorpresivamente melódico. En esta ocasión, en el coro contamos con las voces añadidas de los anteriormente mencionados Jennie-Ann Smith y Mats Levén.

Candlemass tiene la capacidad de mantenerse en una línea tradicional que se mantiene interesante e infranqueable, probablemente por la voluntad de Leif Edling de abstraer sus experimentaciones hacia otros proyectos, claro, con la excepción de los discos—a mi parecer infravalorados—“Dactylis Glomerata” y “From the 13th Sun”. Este lanzamiento es posible encontrarlo en bonus, el cual incluye el EP “The House of Doom” donde la versión de Mats Levén de la canción homónima es incluida junto a Flowers of Deception, Fortuneteller y Dolls on a Wall. El disco se siente como un sucesor de “Epicus Doomicus Metallicus”, sin ser similar a este, sino evolucionado, incorporando pasajes desde la trayectoria de Candlemass post-regreso de Marcolin. Imperdible.

Review: Gabriel Rocha

Sabido es que en la época de los ’80 hubo un gran auge en el Metal, especialmente en Europa, en el que emblemáticas bandas tuvieron sus inicios, marcando en los años venideros a muchas generaciones con su potente música. Ejemplo de ello es Helloween en Alemania, Stratovarius en Finlandia, sólo por nombrar algunas. Y en Rusia, una de las bandas pioneras en el Metal es Aria (Ария) que, con más de treinta años de actividad, ha marcado el sendero de muchos grupos dentro de su región.

Hoy analizamos su reciente disco «Проклятье морей» (“Curse Of The Seas”) (2018), un asombroso y potente trabajo que posiciona a la banda en lo más alto del Heavy Metal como lo fueron en sus inicios, en donde se les ha llegado a llamar «los Iron Maiden rusos», por su sonido similar al de sus pares ingleses. Cabe señalar este quinteto, compuesto por Mikhail Zhitnyakov (Михаил Житняков) en voces, Vladimir Kholstinin (Владимир Холстинин) y Sergei Popov (Сергей Попов) en guitarras, Vitaly Dubinin (Виталий Дубинин) en bajo y Maxim Udalov (Максим Удалов) en batería, cantan en ruso: veremos al final si ello influye o no.

El primer corte del álbum es Гонка за славой (Race of Glory), canción con un comienzo muy potente marcado por riffs rápidos al que inmediatamente se le unen la batería y el bajo, para que la voz entre de forma enérgica y potente, proporcionando el más puro y clásico Heavy Metal con un electrizante solo de guitarra, llevando a la banda a sus inicios tal como lo fueron sus discos «С кем ты?» (“Whom Are You With?”) (1986) y «Герой асфальта» (“Hero of Asphalt”) (1987).

Варяг (Varyag) comienza tranquilamente, con un piano y violines que le abren paso a potentes riffs que instantáneamente marcan la línea melódica del tema, que se mantiene hasta el solo de guitarra donde hay un sutil cambio de ritmo en donde las guitarras hacen un dúo muy melódico para después volver al canto y terminar con una guitarra diluyéndose lentamente.

Эра Люцифера (The Lucifer Eraes un tema que tiene un comienzo bastante sencillo y que predomina durante todo el tema, llevando un riff continuo y con una que otra variación hasta el solo de guitarra, donde unos riffs lentos marcan el fondo en el cual se desenvuelve la guitarra y que después da paso a un dúo de guitarras con punteos sumamente melódicos.

La placa continúa con Трудно быть богом (It’s Hard To Be a God), un interesante tema con muchos arreglos sinfónicos, con el cual pretenden innovar un poco más sin dejar de lado las características Heavy con las cuales se identifican. El final de la canción es muy atractivo, con una guitarra que va explayándose con un sencillo punteo hasta terminar con una nota que va en crescendo hasta su fin.

Пусть будет так (So Be Ites la canción más lenta del álbum, una balada característica de los ’80 , en donde una guitarra lleva los arpeggios junto con una batería marcando el ritmo, mientras que la otra guitarra despliega su magia con punteos muy sentimentales hasta entrar al coro, en donde la voz le da toda la pasión al tema abriendo camino a un especial y nostálgico solo de guitarra, dejando así una balada con mucha melodía y sentimiento.

En Всё начинается там, где кончается ночь (Everything Begins Where the Night Ends) se puede apreciar un tema directo y sin vacilaciones, con punteos y riffs predominando durante toda la canción, con un coro melódico y electrizante en el que vuelven al clásico Heavy tal cual lo demostraba la banda anteriormente, en donde un atractivo solo al más puro estilo de Iron Maiden se desenvuelva enérgicamente, dejando un poderoso tema desde el inicio hasta el final.

Живой (Alive) es un corte que posee muchos matices desde el groove hasta el progresivo, con un pasaje en particular muy similar a On The Backs Of Angels de Dream Theater. Un tema muy dinámico y elaborado que dejan al receptor con una grata sensación, marcando así uno de los puntos más altos del álbum.

Убить дракона (Kill The Dragon) parte con un marcado -aunque algo monótono- riff que se extiende a lo largo de la canción, dándole una persistencia muy particular a tal punto que el tema se torna hasta divertido. Un corte muy marcado por la línea musical que este lleva, lo que hacer destacar la canción de una forma específica.

El disco continua con Дым без огня (Smoke Without Fire), un pausado tema en que se presentan muchas variaciones, partiendo con un arpeggio que le da paso a los riffs y al canto en donde se presenta un tradicional solo de guitarra. Hasta ahí parece un corte más del álbum con mucho Heavy Metal, pero cuando el tema se dispone a llegar a su fin aparece una guitarra acústica proporcionando una maravillosa serenidad y concluyendo con arpeggios que son tocados pausadamente hasta quedar en silencio. Excelente canción con un final muy asombroso.

От заката до рассвета (From Dusk Till Dawn) vuelve con lo mejor del Heavy, dejando atrás toda la magia y la armonía que hasta ahí se había percibido, concediendo una canción con mucha rapidez y potencia, tema que no necesita mucha explicación más que decir que se trata de muy buen Heavy Metal.

El disco concluye con Проклятье морей (Curse Of The Seas), un extenso tema que reúne todos los ingredientes puestos en el álbum, con un comienzo marcado por un arpeggio que después son cambiados por potentes riffs y con pasajes que proporcionan una atmósfera muy melodiosa y melancólica, en donde la voz cumple un rol fundamental para dar el sentimiento a la canción. Un tema que describe por qué los llaman los Iron Maiden rusos.

Aria, una agrupación con mucha trayectoria en el mundo del Heavy Metal, sigue diciendo con este álbum que continúan firmes y con más fuerza que nunca para proporcional toda la magia que ellos tienen para entregar, un Metal electrizante, melódico y directo a la vena para hacer recordar los viejos tiempos en el Heavy Metal era lo único que importaba. Excelente álbum que supera cualquier duda o aprensión respecto al idioma y que demuestra que si hay Heavy Metal, todos entendemos.

Review: Samuel Lorca

 

 

 

El Metal Sinfónico siempre ha sido un género que tiende a polarizar opiniones dada su grandilocuencia y pomposidad. Desde su nacimiento en 1997 con el extraordinario “Legendary Tales” de Rhapsody -uno de los discos más reveladores del Metal- se gestó un nuevo estilo musical que creció de forma exponencial a comienzos del tercer milenio. El vertiginoso desarrollo del estilo pronto colapsó las vitrinas del Metal, llegando a un punto de saturación donde muchísimas bandas europeas, sobre todo italianas, no consiguieron sostener el éxito de un estilo que siempre tuvo en Rhapsody (of Fire) a su mayor estandarte y parangón para cualquier banda que saliera al ruedo.

En este contexto, fueron pocas las bandas hispano parlantes que lograron posicionarse en lo alto del estilo, siendo Opera Magna una de ellas. Los españoles han sabido hacerse un nombre en la escena gracias a trabajos de altísimo estándar, ganándose el derecho a ser constantemente considerados una de las mejores exponentes del Metal español. Hoy revisamos su último trabajo, “Del Amor y Otros Demonios – Acto III”, EP que viene a cerrar la fantastica trilogía del mismo nombre que vio el lanzamientos de sus dos primeros actos en 2014 y 2015. Los cuatro años de espera sugerían que los oriundos de Valencia no dejarían detalle al azar y prepararían un grand finale que hiciera justicia a los primeros dos actos. Y vaya que lo consiguieron.

Requiem Por Un Vivo es la intro que da inicio a este registro. De corte muy operático, esta bella pieza se percibe muy solemne y más elegante que pomposa, dando paso a una de las canciones más majestuosas que ha visto el estilo en el último tiempo: Mi Reino, El Olvido. Un despliegue perfecto de sinfonía y furia metálica que converge en un tema que recuerda la era clásica de Rhapsody, al nivel de las mejores composiciones de la saga de la espada esmeralda. Sin duda de lo mejor que se ha producido en la península ibérica en estas materias. La característica voz de José Vicente Broseta, a la que puede costar un poco acostumbrarse, despliega una buenísima performance y le da un sello muy distinguible a la banda. Las orquestaciones son brillantes también. No son exageradamente pomposas y todo los arreglos están al servicio de la canción. Un temazo con todas sus letras.

Una Piedra en Dos Mitades, tal como el nombre sugiere, esta es una pieza dividida en dos partes. La primera mitad es un instrumental que comienza a cargo del piano de Rubén Casas,  donde melodías de misterio e intriga desembocan rápidamente en un compases orquestados que recuerdan algunos pasajes de Trans-Siberian Orchestra y también las obras más épicas de Symphony X. Nuevamente, la interpretación es de altísima factura.  La segunda parte de la canción es cantada, mucho más lenta y operática, donde Broseta canta a dúo con Marta Barbé, quien colabora de manera brillante en este track. Es un canto más desgarrado, que busca remecer las emociones de quien escucha, que luego de la solemnidad vuelve a la carga recuperando la cadencia del disco.

El cuarto tema es In Nomine, otro despliegue de de un power sinfónico heroico, épico y que recuerda esos temas marchantes de guitarra profunda y estribillo rimbombante que los oriundos de Trieste llevaron a la cumbre del estilo en el “Dawn of Victory”. Imposible no emocionarse con un coro que invita y exige levantar el puño y cantar como si no hubiera un mañana.

Cerrando este trabajo, Opera Magna presenta un corte de once minutos titulado Lo Soñado y lo Vivido que, como podrán imaginar, es una composición que lo tiene todo. Es un barrido perfecto de lo presentado a lo largo de la carrera de los valencianos. Estos once fantásticos minutos de odisea épica cierran la trilogía tal y como dicta el manual del Metal Sinfónico. Pasajes de calma, de furia, de grandilocuencia, de sencillez, pasajes recitados, cantados y orquestados. La mezcla es y suena perfecta. Por momentos, esta pieza recuerda a Húsar de Ives Gullé, gracias a ese componente dramático que traspasa lo meramente musical y sitúa al oyente en medio de un relato que bordea lo teatral. Hacia el final, el piano de Rubén interpreta lo que fácilmente podría ser una composición de W. A. Mozart, lo cual recuerda la increíble capacidad de estos músicos metaleros para hacer música neoclásica con una asombrosa facilidad. Un cierre tremendamente épico y a la altura de lo que merecía esta trilogía.

En síntesis, el “Del Amor y Otros Demonios – Acto III” es un trabajo fenomenal, que ilumina el futuro no sólo de Opera Magna, sino de un género completo. Esto, sumado al tremendo regreso de Rhapsody of Fire, consolidan un inicio de año más que prometedor para los fanáticos del estilo. Trabajo 100% recomendado no solo para los seguidores de la banda, sino para todo quien disfrute de las corrientes más épicas y melódicas del Metal.

Queensrÿche es una banda cuya evolución a lo largo de los años ha sido bastante curiosa. En su etapa inicial desde su épico EP debut hasta “Empire” (1990) alcanzaron reconocimiento y popularidad a nivel mundial, con un peak creativo marcado por su obra maestra “Operation: Mindcrime” (1988). Por su parte, los noventa fueron una época de grandes cambios y experimentación con resultados irregulares y muchos pensamos que la banda no volvería a recuperar su nivel luego de la salida de Chris de Garmo, guitarrista fundador y creador de algunas de sus mejores composiciones.

Los conflictos a nivel individual y grupal llevaron a esta formación a una crisis que culminaría con la bullada salida de su icónico vocalista Geoff Tate en 2012, incluyendo una batalla legal por el nombre de la banda que fue ganada por los tres miembros fundadores restantes. Luego de incorporar a Todd La Torre en la difícil misión de reemplazar a una de las voces más destacadas de la historia del Rock, la agrupación oriunda de Seattle ha lanzado dos álbumes bastante consistentes, Queensrÿche (2013) y Condition Hüman (2015), otorgándoles un nuevo impulso en su dilatada carrera.

En este contexto nos toca analizar “The Verdict”, la tercera entrega de este renovado Queensrÿche que ve la luz a través de Century Media y que trae consigo un importante cambio. Por primera vez, el baterista fundador Scott Rockenfield no participó en la gestación ni grabación del disco tras comenzar un receso indefinido luego del nacimiento de su hijo. Lo más interesante es que las labores de percusión fueron asumidas por el mismísimo Todd La Torre, quien ha tocado la batería desde su adolescencia, aunque vale la pena aclarar que Rockenfield no ha dejado oficialmente la banda.

“The Verdict” comienza de manera sorpresiva sin ningún tipo de introducción con la canción Blood of the Levant, abriendo con un riff y acompañamiento rockero a medio tiempo, a los que se une la potente voz de La Torre, luciéndose con brillantes agudos y una tonelada de actitud. A pesar de las evidentes similitudes con Tate, La Torre ha ido desarrollado su propio estilo, quizás más enérgico y agresivo, sin olvidar los quince años de diferencia. La pareja de guitarristas Michael Wilton y Parker Lundgren se complementa a la perfección a nivel de armonías y solos. Prometedor comienzo.

Man the Machine marca de inmediato uno de los puntos altos del disco con su ritmo acelerado y una melodía pegajosa, con un La Torre inspiradísimo tanto en las voces como detrás del drumkit. Es comprensible que esta haya sido la escogida como primer adelanto de la nueva placa, ya que funciona como una verdadera declaración de principios por parte de la banda. El enfoque es bastante directo y en tu cara, lleno de energía y sin dar lugar a rellenos ni excesos. Espero con ansias escuchar esta canción en vivo, ya que está hecha para ser coreada y cabeceada.

Con Light-Years bajan un poco las revoluciones y exploran el lado más progresivo de su sonido, con signaturas de tiempo más complejas y múltiples cambios de ritmo. Eddie Jackson se luce con sus arreglos de bajo y no me canso de insistir en el sorprendente rendimiento de La Torre en batería, despejando las posibles dudas que algunos tenían sobre su capacidad. Por su parte, Inside Out sorprende con su inicio sigiloso marcado por melodías inspiradas en Medio Oriente, tomando vuelo hacia el estribillo. El trabajo del dúo de guitarristas antes de la sección final es lo más destacable de este tema.

Continúan con Propaganda Fashion, que avanza de manera furiosa, a toda velocidad y con una letra crítica de la sociedad contemporánea. Llama la atención el enfoque directo de estas composiciones, lejos de los excesos que caracterizaron la época desde “Promised Land” hasta “Dedicated to Chaos”.

Luego viene la que sería para mi la joya del disco, me refiero a Dark Reverie. Es un tema que resume los mejores elementos de Queensrÿche, con una atmósfera sombría, una línea vocal muy melancólica y un despliegue de musicalidad impresionante y teclados de fondo que me recuerdan el sonido ochentero de la banda. Un manjars.

Bent comienza con un extraño sonido que te hará sospechar que el cable de tus audífonos se ha estropeado. Es un tema bastante denso y de mayor duración, gozando de una estructura más compleja y notables cambios de intensidad. Todd La Torre se luce nuevamente con su amplio rango vocal que va desde una voz profunda y lúgubre hasta agudos impecables. A su vez, Inner Unrest es una canción que abre de forma prometedora con mucha onda, pegajosos riffs de guitarra y un ritmo contagioso, pero que a la larga se vuelve un poco repetitiva y tediosa.

Launder the Conscience es otro de los puntos altos del disco, retomando la energía e ímpetu con paso acelerado, destacándose por una inspirada sección instrumental hacia el final. El sonido de teclado que domina la atmósfera se funde a la perfección con la última canción. Estamos hablando de Portrait, un tema más experimental y que marca un retorno a la calma luego de tanta potencia, siendo la forma ideal de cerrar esta experiencia musical. Vale decir que las ediciones especiales del disco incluyen una serie de bonus tracks, con temas inéditos, acústicos y en vivo.

En conclusión, “The Verdict” muestra una banda afiatada y con mucha confianza en sus capacidades, marcando también una vuelta al sonido más pesado y directo que los fanáticos agradecemos. Destaco una vez más el inconmensurable aporte de Todd La Torre, quien ha encontrado un lugar protagónico en la banda y se luce en términos de composición, letras, voces y batería. Esperamos de todas maneras tener buenas noticias de Scott Rockenfield en el futuro y que se reintegre a la banda en algún momento, ya que representa una parte vital del sonido e historia de Queensrÿche.

Me atrevería a decir que “The Verdict” es su mejor al trabajo a la fecha con La Torre y quizás el mejor de la banda desde “Empire”. A pesar de que no todos los temas alcanzan la calidad de sus discos clásicos, tampoco hay pasajes aburridos o canciones que vayas a querer adelantar. Creo que han dado un paso importante adelante al dejar de lado esos excesivos segmentos letárgicos y de baja intensidad que caracterizaron el sonido de Queensrÿche desde los noventa hasta la salida de Geoff Tate. Con mucho gusto, podemos afirmar que la Reina del Reich ha vuelto en gloria y majestad.

Review: David Araneda

 

El Power Metal italiano nos tiene acostumbrados a grandes entregas y, hace ya algunos años, entre esas entregas aparecieron unos muchachos oriundos de Rimini con una carismática mujer en las voces, con “The Alliance Of The Kings – The Black Crystal Sword Saga Part I” (2010), los muchachos de Ancient Bards iniciaban su viaje, siguiendo los pasos de Rhapsody, pero con una saga propia, trabajo que al año siguiente fue secundado por “Soulless Child” (2011) y luego acompañado por “A New Dawn Ending” (2014).

La voz de Sara Squadrani, potente y melodiosa sin llegar a extremos más operáticos, el tremendo trabajo compositivo y en la guitarra de Claudio Pietronik, más los superlativos aportes de Martino Garattoni en las cuatro cuerdas y Federico Gatti en la batería, que no sólo establecen bases rítmicas sino que son parte fundamental del sonido de la banda, sin dejar de lado los teclados de Daniele Mazza y la inclusión de Simone Bertozzi como segunda guitarra nos regalan un Power Metal de ese que los italianos saben crear mejor que nadie.

Origine – The Black Crystal Sword Saga Part II” arranca con el title track, Origine, una introducción narrada que nos cuenta donde comienza todo, sobre las criaturas llamadas Aeons y la sustancia llamada Cristal Blanco, todo relatado sobre una base musical épica, lo que nos indica que este trabajo será Cinematic Metal en toda su expresión, para terminar con voces corales abriéndonos las puertas a lo que será el disco.

Lo primero que conocimos de este trabajo fue Impious Dystopia, primera canción propiamente tal del álbum que abre con voces corales para dar paso a un rápido riff que carga de energía inmediatamente y un ritmo que invita a galopar contra lo que se venga. Probablemente a todos nos extraña la inclusión de voces guturales pero allí están, sin ser un aporte importante a la estructura del tema, de hecho, dan la sensación de no calzar completamente. Como dijimos al comenzar esta reseña, el bajo y la batería de Garatonni y Gatti no sólo hacen la base rítmica sino que también se lucen, lo que no en muchas bandas se puede, teniendo una sección de solos completa además de los solos en las guitarras de Pietronik y Bertozzi más el teclado de Mazza. Un tremendo track que sólo destiñe un poco con la inclusión casi aleatoria de las voces guturales pero que, en definitiva, es una tremenda apertura.

Fantasy’s Wings también la conocimos antes del lanzamiento del disco ya que fue el segundo single del álbum tras el video de Impious Dystopia. Acá arrancamos con un riff altamente épico, con un arreglo de teclados típico de película de dragones y caballeros que nos abre un mundo donde la voz de Squadrani hace su aparición en un suave interludio. Líricamente no es tan llamativa quizás, contando la historia de dos hermanos, algo como príncipe y princesa, jugando en un festival que, musicalmente, es una tremenda composición, con quiebres rítmicos muy bien elaborados, pasajes ambientales que te hacen imaginar la escena, un tremendo trabajo donde de nuevo aparece la voz gutural sin que se le pueda encontrar mayor sentido, pero que algo debe significar.

La historia continúa con Aureum Legacy, la que arranca como una power ballad para abrirse a una especie de midtempo donde la voz de Squadrani se luce sin lugar a dudas. El trabajo en los tarros de Gatti ayuda a crear una atmósfera tremenda y el bajo de Garatonni nos acompaña por ese paraje, mientras el teclado de Mazza va rellenando el ambiente y las guitarras de Pietronik y Bertozzi nos entregan riff potentes y suaves a la vez que crean todo lo necesario para que El Supremo le hable a sus hijos, que fueron presentados en el track anterior, explicándoles lo que se viene. Hacia el final, es delicioso cómo agregan una pequeña sección coral en italiano.

El último single y video antes del lanzamiento oficial de este trabajo fue Light, la balada obligada en toda obra de Power Metal, Mazza luce acá todas sus credenciales y Squadrani nos regala uno de los pasajes más inspirados y sentimentales de este trabajo. La princesa Eirene haciendo una especie de juramento a su padre, El Supremo, y a su hermano, siendo escoltada por unos riffs potentes pero “respetuosos” (por decirles de alguna manera), con una base rítmica igual de potente que permite Pietronik se luzca en la sección de solos y le da espacio a un solo de Garatonni. Debo reconocer que cuando vi el video recién lanzado me pareció como fuera de lugar pero, como parte de esta historia, está en el lugar preciso donde debe estar.

Lo malo es que Lork, el hermano de Eirene, parece no ser tan fuerte como su hermana y en Oscuritá se lamenta el sentirse menos que ella y poco tenido en cuenta por su padre. Esta sección de la historia es tremenda, empezamos con el muchacho lamentándose en una base ambiental lenta y triste para dar paso a un tema rápido y agresivo donde su protagonista se rinde a la oscuridad de su corazón y se deja llevar por su ambición, creando el escenario preciso para que, por fin, las voces guturales del disco calcen bien y no parezcan incluidas a la fuerza. Incluso, pasando la medianía del track, éste toma tanta potencia, velocidad y violencia que se alcanza a escuchar un pequeñísimo riff típico de Black Metal, ¡ese nivel! Y encima, luego nos devuelve a la lucha en la cabeza de Lork… me atrevo a decir que éste es el punto más alto de este álbum.

No nos podemos quedar sólo con la lucha interna por lo que en Titanism nos encontramos con Lork recriminando a su padre por preferir a su hermana. Arrancando de inmediato con la velocidad propia a la que nos tienen acostumbrados estos italianos, con algunos quiebres en el ritmo que permiten la aparición del coro que acompaña el disco, donde se incluye también la voz gutural, para irnos introduciendo en cómo la locura se va apoderando de Lork incitándolo a terminar con su padre, con una sección de solos donde Garatonni y Pietronik tocan un solo a la par, sin enfrentarse sino acompañándose y luciendo juntos.

Siguiendo la historia nos encontramos con The Hollow, que empieza con una especie de coro victoriano que nos introduce a las consecuencias del track anterior, en una forma emocionalmente oscura que con los riffs de Pietronik y Bertozzi va cargándose de pesar y arrepentimiento. Quizás sea más una especie de interludio que un tema propiamente tal pero logra transmitir el sentimiento de forma clara y concisa, dando una especie de descanso a la música mientras la historia continúa.

Entonces Lork llega a Home Of The Rejects, donde es recibido por su jefe y sentimos en la música cómo estamos en un lugar lleno de desadaptados y rechazados, con riffs pesados y oscuros acompañados casi en todo momento por el bajo de Garatonni que ayuda a percibir aun más ese peso emocional, con una Sara que logra transmitir con su voz la carga de culpa y rabia que nuestro personaje lleva sin necesidad de cambiar su forma de canto, con solos de guitarra rápidos y cortos que permiten enfocarse más en la historia donde Lork es recibido como héroe, como elegido para tomar el mando de estos rechazados y guiarlos en su ascenso al poder… con los riffs de guitarras dejándonos claro cuánto disfruta Lork esta recepción.

El final del capítulo, The Great Divide, que dura cerca de quince minutos, se cuenta en tres partes. Farewell Father, la primera, arranca con una escena triste ambientada por Mazza, que además nos devuelve a la melodía que abrió el disco, trayendo nuevamente esa sensación de estar viendo el tráiler de una película. Ya con el metal sonando como corresponde, Sara nos cuenta cómo Eirene descubre lo sucedido, sabiendo inmediatamente quien fue, todo esto sobre un ritmo medianamente lento que nos permite disfrutar y saborear la historia haciéndonos querer saber qué pasa luego para… llevarnos nuevamente a un interludio tipo tráiler con la melodía inicial del disco que termina de golpe y da paso a una escena más profunda, más emocionante, ésta es la segunda parte, Teardrop, una especie de interludio coral que narra la escena.

El grand finale llega con la tercera parte de este último track, Il Grande E Forte Impero, acá nos encontramos con un Lork ya totalmente entregado a la oscuridad, oscuridad que pareciera haberse apoderado totalmente de él y permite por fin encontrarle sentido total a la voz gutural, ahora que la oscuridad y Lork son uno solo todo se entiende. La oscuridad de Lork y la luz de Eirene se preparan para encontrarse en un futuro cercano, la velocidad, agresividad, los riffs pesados y oscuros hacen disfrutar de una manera impresionante este cierre, nuevamente con todos y cada uno de los músicos teniendo su momento para lucir su calidad y, finalmente, terminando como película de acción, con el abuelo, quien abrió el disco sin presentarse, entregando su mensaje a su nieta y, ahora, elegida heroína.

Una historia fascinante que nos regalan los italianos con una música tremenda, sin duda un ejemplo de que el Power Metal está más vivo que nunca y, sin lugar a dudas, Ancient Bards es una de las bandas que tomaron el desafío de seguir contando historias con maravillosas composiciones. Al escuchar los singles en solitario parecía que algo no cuajaba y claro, éste no es un trabajo de canciones, es una historia contada a través de distintas canciones y termina siendo una delicia para los oídos.

Quiero creer que éste trabajo es el que por fin los hará saltar al Olimpo del Power Metal porque ya giran por Europa, con muy buenos resultados, pero en Sudamérica todavía no logran impactar con la suficiente potencia que les permita girar por nuestras tierras, por lo que parece lejano el día que podamos disfrutar la potencia y la calidad de estos grandes músicos en vivo pero, sin temor a equivocarme, el tiempo debe estar cercano porque la Black Crystal Sword Saga va creciendo y su impacto cada vez es más fuerte. Por ahora, sólo queda esperar el próximo capítulo para saber qué pasa con Lork y Eirene, esperando que el tiempo de ver a los bardos ancestrales esté más cerca de lo que pareciera.

Review: Seba Miranda

Cuando uno habla y/o escucha algo acerca de Dream Theater, es imposible no imaginarse estructuras musicales complejas, cambio de compases abruptos, sincronías de escalas, tiempos rápidos, lentos, armonías, arpeggios, entre muchas otras cosas. Es por eso que al momento en que Dream Theater anuncia un nuevo disco se genera una gran expectación, ya que nos acordamos de lo anteriormente señalado y con qué otra cosa nos sorprenderán.

Distance Over Time” es el nombre del decimocuarto largaduración de los norteamericanos, que verá la luz a través de InsideOut Music y que cuenta con la misma formación con la que cuentan desde “A Dramatic Turn of Events” (2011): James LaBrie en la voz, John Petrucci en guitarras y coros, John Myung en el bajo, Jordan Rudess en teclados y Mike Mangini en la batería.

Después de la gira “Images, Words & Beyond” en conmemoración de los veinticinco años del lanzamiento del mítico álbum “Images & Words”, encontraron algo de tiempo e inspiración para trabajar en un nuevo disco de estudio que reflejara en parte lo hecho en el pasado y una proyección para tiempos futuros, marcando cierta distancia de ese monumental trabajo de extraduración como es «The Astonishing«. Primero por su extensión, pues a estas alturas encontrar un disco de Dream Theater con menos de una hora de duración -como es el caso- resulta llamativo, por decir lo menos. Y además es un disco más «sencillo», por supuesto dentro de la sencillez que una banda como Dream Theater puede llegar a tener, de hecho ningún tema dura más de diez minutos, otra rareza. En este sentido, tal como señaló John Petrucci en una entrevista reciente, «este no es un disco conceptual. Ha sido escrito grupalmente en el estudio, y todas las canciones tienen su punto individual. Hay mucho de banda tocando conjuntamente, y nada más. Hemos trabajado a la vieja usanza, sin extras, colaboraciones especiales. El resultado es un disco más personalista y directo».

La placa abre con Untethered Angel, el primer single de este trabajo, que comienza con un arpeggio con ciertas similitudes a lo que hallamos en A Change of Seasons, donde expresa una atmósfera de tranquilidad marcado en el fondo por un string del teclado que después se rompe con riffs rápidos y sincronizados, hasta la parte del canto que va en crescendo hasta el coro, alcanzando su peak con la frase “open your heart, be set free”, donde posteriormente demuestran todo el potencial del tema con un ensamble en perfecta sincronía que lo dejan expresado en el interludio antes de los solos, que nuevamente son una complicidad entre emisor y receptor como lo han hecho desde siempre Petrucci y Rudess, cerrando así un tema con un coro y un riff que se prolonga hasta el final.

En Paralyzed, que también conocimos hace algunas semanas, encontramos algo más bien monótono. Marca mayoritariamente una línea en donde LaBrie con su voz va describiendo un sentimiento de frustración, presión, ira, que al final quiere romper tal como lo señala el tema, que arrastra un riff distorsionado que se va acabando progresivamente.

El tercer -y último- single del disco es el tercer tema del mismo. Fall Into the Light es una canción agresiva y poderosa que reúne distintos matices. El inicio es totalmente demoledor con unos riffs potentes evocados en toda su plenitud del thrash, hasta la entrada de la voz que comienza como si te contara una historia, llegando a la sección de los solos de guitarra, introducidos por un arpeggio y después desatando un solo que tiene ciertas reminiscencias a Master of Puppets, que pone la piel de gallina. Posteriormente la canción comienza a desenlazarse para llegar a un final enérgico que termina con una escala y un riff que marca su final.

Barstool Warrior en un tema bastante discreto y dinámico, que tiene pasajes similares a The Bigger Picture de «Dream Theater» (2013), que remarca un ensamble bien de Rock progresivo al inicio de la canción y que disminuye bien entrado al tema con una guitarra que va modelando una melodía sincopada durante partes del canto, hasta terminar con un riff que va diluyéndose lentamente. Como anécdota, a Petrucci le contaron en una entrevista acerca de un rumor que nació luego de que se conocieron los nombres de los temas, consistente en que bromeaban con que el propio Petrucci habría contado, en las duchas de un gimnasio, que Barstool Warrior tenía una gran influencia de Manowar, causando las obvias risas del guitarrista.

Por otra parte, Room 137, tema compuesto por Mike Mangini, comienza con riffs bastante pesados en el cual se incorpora una voz con agresividad que se mantiene a lo largo del tema sin mayores cambios. Quizás sea el punto menos fuerte del álbum, en donde la monotonía destaca en el canto. Según Petrucci, Mangini se apoyó en literatura muy diversa para escribir este tema, intentando reflejar «la incertidumbre y la locura que produce ese número«.

Sin embargo, la sensación agridulce anterior queda en el pasado cuando comienza S2N, con el gran John Myung tocando el bajo con algo de tintes de funk acompañados posteriormente del resto de la banda que le da una dinámica bastante atractiva, con un relator que aparece hasta que LaBrie canta llegando a un coro de tan solo dos frases, pero musicalmente te describe el tema en su totalidad con una guitarra por detrás marcando un acorde distorsionado, dándole toda la identidad al tema junto a su interludio instrumental, que continua con la canción hasta llegar al final, que recuerda a ciertos pasajes de The Dark Eternal Night de «Systematic Chaos» (2007).

At Wit’s End tiene un inicio bastante similar a The Test That Stumped Them All de «Six Degrees Of Inner Turbulence» (2002), quizá algo más lento, que se va desarrollando a medida entra al canto. Este es un sumamente elaborado, en el que quizá recorren todo lo que caracteriza a la banda: ritmos rápidos, cambios de compases, ritmos lentos, arpeggios, etc., decorado por un final muy armonioso, tranquilo y a la vez triste, que en el fondo es de lo que habla la canción, de una experiencia traumática y terrible como es una violación, recordándonos la letra de Anna Lee de «Falling Into Infinity«. Como curiosidad, Hans Zimmer, compositor de música de películas, admirado por Petrucci, también tiene una At Wit’s End, en Piratas del Caribe III.

Ya acercándonos al final, Out Of Reaches el tema más reposado del disco, con un piano y un arpeggio que marcan una bella sinfonía al inicio de la canción que luego se abre con un Mangini ejecutando su batería, poniendo la potencia y el sentimiento del ensamble que se va desencadenando. El amor y el temor es lo que marca el tema en esencia.

Y este nuevo trabajo de Dream Theater acaba con Pale Blue Dot, que abre con una atmósfera un tanto misteriosa, que se ve abruptamente interrumpida con una batería que da el inicio a sus compañeros antes de entrar a la acción, con riffs llenos de staccatos que posteriormente da paso a la complejidad que caracteriza a la banda en sus temas, como se deja ver en el interludio musical de la canción, con algunas reminiscencias a The Dance of Eternity de «Metropolis 2: Scenes From a Memory» (1998), que le dan un aura de virtuosismo a un tema que marca un final más que correcto para este trabajo.

Sin embargo, Dream Theater nos regala un bonus trackViper King, que es una canción muy alegre, quizás hasta divertida, con pasajes un tanto llevados al blues, como lo deja expresado el solo de guitarra y teclado a la mitad del tema. Se puede decir que es un tema breve y preciso, más rockero y con menos pretensiones que lo normal para una banda como esta. Un buen corte y una buena decisión dejarla como bonus track.

Distance Over Time” es un álbum que recorre toda la experiencia de la banda a lo largo de los años, en donde hace un recorrido musical por buena parte de su extensa discografía, y particularmente con sonidos remozados de cosas que hemos escuchado en discos como “Images & Words”, “Six Degrees of Inner Turbulence”, “Systematic Chaos” y sobre todo de “Train Of Thought”, entre otros, dejando de manifiesto todo el potencial que la banda sigue teniendo para entregar, sin dejar de lado sus raíces que lo caracterizan: virtuosismo, armonías, atrevimiento, musicalización, entre otras. Que el disco se haga tan corto tiene cosas malas y buenas: las malas es que da cierta sensación de que pudieron haber compuesto un par de temas de esos extensos y notables que caracterizan a esta banda, pero por otra parte, el disco se hace disfrutable y deja con ganas de seguir escuchando. No entra a lo más destacado del enorme catálogo de esta tremenda banda, pero los mantiene con una vida creativa saludable.

Review: Samuel Lorca

 

There, where eagles fly in the sky over fields of gold, the Kingdom of the Magic. Reaching for the land, for the dream… stories still untold. Still, the legend goes on and on” (coro de The Legend Goes On)

Estamos a dos años del lanzamiento de “Legendary Years”. Un álbum extraño de escuchar con la familiaridad natural que las icónicas canciones selectas deberían evocar. Un álbum que viene más como manifiesto, ya que es sabido que los dos entes responsables del génesis de Thundercross—y Rhapsody posteriormente—se han atomizado hacia dos posturas con respecto a su legado. Y mientras no hay nada de reprochable en una gran gira de despedida, para dar punto final a décadas de leyendas y héroes que se han enfrentado a terribles bestias y trágicos destinos, el co-fundador, compositor orquestal y tecladista, Alex Staropoli, ha tachado esa opción, optando por continuar desarrollando el universo épico con otro arco que este 22 de febrero sale a la luz: “The Nephilim’s Empire Saga” y su primer capítulo “The Eighth Mountain”. “Legendary Years” además introdujo los acompañantes de Staropoli en esta nueva aventura: Giacomo Voli en voz, el alemán Manuel “Manu” Lotter en batería, Alessandro Sala en bajo y, el ya veterano en Rhapsody of Fire, Roberto “Roby” De Micheli en la grabación de guitarras.

The Eighth Mountain” inicia con Abyss of Pain, canción instrumental que se posiciona como el sello-formato introductorio característico de la discografía LP de Rhapsody of Fire.  Tímidos cuarenta y ocho segundos de ecos in crescendo que no alcanzan a elevar la tensión adecuada para dar el primer grito de guerra. Como si fuera poco, el intro corta el momentum y luego de un breve silencio comienza Seven Heroic Deeds, revelándonos un enfoque en la composición que luego se repetirá a través del álbum. Este consiste en abrir la canción con melodía oscura y riffs rápidos, para luego decantar a segmentos más líricos para cuando Voli comience con los versos. La canción pasa rauda, logrando captar la atención con los coros añadidos y cerrando con éstos.

Para Master of Peace y Rain of Fury una idea comienza a surgir: Staropoli al parecer busca experimentar menos—en comparación a los discos que anteceden a este—y excava sonoridades de la inolvidable “Emerald Sword Saga”. Roby De Micheli con gran acierto acompaña a Staropoli por esta senda, apegándose al estilo del prestidigitador Luca Turilli. Mientras Master of Peace, con un gran coro, nos muestra la gran versatilidad y carácter adquirido por Giacomo Voli para adaptarse a Rhapsody of Fire, Rain of Fury deslumbra con el cabalgante inicio, melodía orquestal consistente que le da peso a la canción para balancear un coro bastante blando y fácil al oído. La imagen es atractiva, evoca la espada descrita lanzando llamas y regando los campos de sangre, aspecto visual importante, ya que como la variante de Luca Turilli, Alex Staropoli también describe a Rhapsody of Fire como “la única banda de Metal de banda sonora fílmica”, enfatizando el dramatismo del desarrollo épico.

El disco sufre un quiebre de intensidad con una loa. White Wizard nos introduce un carácter en la obra, en el segmento monomítico donde el héroe se encuentra con su mentor. En todo el álbum, las letras no abordan una complejidad para compararlo a discos anteriores, esta falta de abstracción lamentablemente queda de manifiesto en esta canción, bastante soluble y poco ambiciosa. Aprovechando que todavía no volvemos a los truenos, Warrior Heart viene un poco mejor. Un gran acierto en la melodía de viento y en los coros polivocales, evocando a Village of Dwarves. Cuesta distinguir si eso es un buen signo o no.

A parecer personal, desde The Courage to Forgive comienza lo más interesante del disco, revelando el potencial del nuevo Rhapsody of Fire. La canción es consistente y los coros líricos se complementan muy bien con Voli. En esta ocasión, Manu Lotter se ve más acomodado, sin rellenos innecesarios ni excesos técnicos, sobre todo en los platos y redoble de toms. March Against the Tyrant es una muestra del género rapsódico. Una ópera (o musical) que tiene un desarrollo más narrativo. ¡Que no te engañe el inicio! La canción adquiere los leitmotiv de los personajes, partiendo con un monólogo romántico del héroe para después—quizá muy apresuradamente—hacer un llamado a las armas.

El noveno track, Clash of Times, es para mí la imperdible del álbum, donde la banda brilla por conciliar el estilo clásico de Rhapsody con la nueva era, un gran ejemplo de esto es la singular A Tale of Magic del disco “Dark Wings of Steel”. Reitero, no la puedes dejar pasar.

Nos acercamos al final del conflicto y al final del álbum. La alegre The Legend Goes On marca el triunfo del héroe en este capítulo. Esta es una de las lanzadas anticipadamente en video lyric, y según mi experiencia, las primeras expuestas no suelen ser las más brillantes del disco. Por supuesto, no podía faltar una balada. The Wind, the Rain and the Moon honestamente está lejos de ser Lamento Eroico, pero cumple su función monológica. La canción cae dentro del esquema. Es agradable al oído, pero fácilmente olvidable.

Y el broche de oro se llama Tales of a Hero’s Fate. Temazo de larga duración que pone a prueba el registro vocal del nuevo frontman. Giacomo Voli pasa desde el gutural hasta tonos increíblemente altos, casi falsetes. Los tonos oscuros en el tema se muestran consistente a diferencia de las canciones anteriores. Altamente barroca en la guitarra, nuevamente al estilo de Luca, abundan los sweeps y pasajes rápidos de guitarra cuando la progresión de la canción comienza a evolucionar hacia un interludio dramático narrado por el inmortal Christopher Lee (Charlemagne), quien detalla el backstory del antagonista principal de la humanidad: el advenimiento de la venganza de los caídos Nephilim; titanes semidioses híbridos de humano y ángeles de las leyendas hebreas, que en un tiempo esclavizaron a los humanos y, con la rebelión de estos últimos, fueron desterrados a la oscuridad. Pacientemente los Nephilim esperaron, y formando una alianza con una avanzada raza (posiblemente cibernética) llamada “The Constructs”, planean eliminar la humanidad.

Rhapsody of Fire sigue vivo y la característica composición de Alex Staropoli es reconocible en este disco. Junto a Turilli eran la potencia, pero Staropoli ha demostrado suficiente protagonismo en el legado de Rhapsody como para continuar la leyenda bajo nueva compañía. La adaptación de Voli al gran vacío que deja un vocalista como Lione, produjo muy buenos resultados en este lanzamiento. Por otra parte, a Manu Lotter le sobra la técnica, sonando a veces como baterista de banda progresiva, pero su gran habilidad, junto a Roby De Micheli y Alessandro Sala, aterrizan la predominancia de los arreglos orquestales y las melodías wagnerianas hacia el sonido pesado del Power Metal.

 

Gabriel Rocha