Cuando revisamos el disco debut de British Lion, comentábamos que jamás habríamos imaginado a Steve Harris en una faceta distinta a Iron Maiden. No porque el Jefe no sea un tipo versátil, sino que fundamentalmente porque su alma compositiva está tan asociada a la historia de la Doncella, que se asemejaba a esos jugadores de fútbol cada vez más extraños que sólo han vestido una camiseta en su vida.

Pero una vez decantado el disco, y fundamentalmente al saber que tocarían en vivo y que tendríamos la suerte de verlo en esta faceta en nuestro país, parece ser momento de reformular esa conclusión, y más aun luego de leerlo/escucharlo hablando de este proyecto. Iron Maiden siempre ha sido una banda gigante, pero en los últimos diez años se ha transformado en una banda de primera liga mainstream mundial, en una verdadera maquinaria tanto o más grande que la suma de sus Eddies, fans, discos vendidos, aviones y turbinas destruidas en Chile. British Lion sin duda es un escape para Steve, para reconectarse con sus inicios, tocar en locales más pequeños, con apenas un telón de fondo de “Us Against The World”, sin grandes pretensiones, ni siquiera por ganar plata porque con Maiden la tiene de sobra. Es tocar por mero gusto, explorar otras cosas, tomar energía desde la fuente, ser una superestrella del fútbol y venirse a jugar una pichanga con los amigos del barrio como en “Esperándolo a Tito” de Eduardo Sacheri. Amateurismo, como dicen por ahí.

No somos ciegos, por cierto. Es obvio que la inmensa mayoría del público asistió al evento para ver a Harry en un recinto más pequeño respecto a los que acostumbra a tocar, más que por los temas de British Lion. Pero de todas formas, como veremos, y pese a asistir en un número muy reducido (con generosidad unas 500 personas, el 1% del último Maiden), la fanaticada respondió con energía y gratitud.

Luego del tempranero acto de apertura de los santiaguinos de Cleaver –a quienes no alcanzamos a ver por cuestiones de tiempo, y desde ya les pedimos las disculpas correspondientes–, a eso de las 19:15 salieron a escena los porteños de King Of Liars, quienes en aproximadamente media hora de espectáculo lograron entretener a buena parte de los asistentes que a esas alturas no superaban las dos centenas, con su propuesta hard rockera. Interesante y contingente la dedicatoria de parte de su show al pueblo mapuche, para una banda se ganó merecidos aplausos con su propuesta.

Y cuando hablamos de sencillez, de ausencia de rimbombancia, nos referimos a momentos como el del inicio del show, cuando a las 20:10 horas se apagaron las luces, y con los sones de la intro comienzan a salir a escena los músicos de British Lion, y como uno más del equipo nada menos que Stephen Percy Harris, uno de los personajes más importantes de la historia del Heavy Metal. Ver a Steve saliendo a tocar como si nada ante 500 personas, y con una energía y convicción conmovedoras, igual como si tocara ante 50.000, no sólo habla de su profesionalismo, sino de cómo siente la música el gran Jefe.

El inicio del show, con This Is My God y Lost Worlds, calcado al del disco en estudio, nos permitió de inmediato notar que la banda gana mucho en vivo. Es cierto que el cantante Richard Taylor no posee un gran caudal vocal ni es demasiado carismático –a veces da la impresión de que casi le estuviera pidiendo permiso al público para cantar–, pero su voz calza con las melodías y a veces eso es suficiente. Y si se necesita actitud está el Jefe, con esa mítica manera de plantarse en el escenario que tantas veces hemos visto, con su pierna izquierda arriba del parlante y machacándonos con ese bajo fundamental en la historia de nuestras vidas.

Otra cosa que nos dibujó una sonrisa fue notar que el nuevo material de la banda es bastante interesante. Tras el primer saludo de Taylor, que nos pide que cantemos, nos presentaron dos cortes más que aceptables como Father Lucifer y The Burning, especialmente la primera, donde no hubo sector del Caupolicán que no retumbara. Hay bandas que en estudio suenan muy bien y en vivo bajan muchísimo; otras, como British Lion, en estudio suenan algo apagadas, con poca chispa, pero en vivo toman mucho mayor carácter. Entre esos dos extremos, uno tiende a quedarse con el segundo, las sensaciones son bastante más agradables.

Richard Taylor nos da las gracias, nos cuenta que lamentablemente es su último recital en Sudamérica, y nos presenta otro tema nuevo, Spitfire, que ya conocíamos por redes sociales, y que ratifica en vivo las buenas sensaciones que provoca en su versión en estudio, y que nos presenta a un Steve mucho mejor aprovechado, más protagónico pero sin convertirse en un solista de bajo con una banda soporte. En ello también hay mucho mérito del buen trabajo de los guitarristas Grahame Leslie y David Hawkins.

Volviendo a los temas del disco, Taylor toma una guitarra acústica para interpretar The Chosen Ones y These Are the Hands, ganándose unos afectuosos “olé, olé olé olé, British, Lion” de un público que compensó su escasez numérica con una entrega que ya se quisieran otros eventos de mayor convocatoria.

El interesante material inédito continuaría con Bible Black y la poderosa Guineas and Crowns, con un bajo portentoso del Jefe, que lo convirtió en uno de los temas nuevos más disfrutados, ganándose merecidos “uooh – uoooh” por parte de un público respecto del cual insistimos en su gran entrega y compromiso para con el espectáculo, y que hizo pensar que si este show se hubiese realizado en un recinto más pequeño, probablemente hubiese sido aun mejor.

Grahame Leslie tomó el micrófono para dar inicio, “wo-ooooh” mediante, a otro corte nuevo como Last Chance, para luego volver al disco con Us Against the World, donde destacó el sonido armónico y filoso de las guitarras de Grahame Leslie y David Hawkins.

El último tema inédito, Lightning, fue presentado por Richard Taylor, recibiendo una buena respuesta de una fanaticada definitivamente desquiciada por tener tan cerca a un ídolo de todos los tiempos como el buen Harry. Y tras aproximadamente setenta y cinco minutos de espectáculo, con la intensa Judas se puso fin a la primera parte del espectáculo.

Curiosamente, la banda no abandonó el escenario, y de hecho Taylor, de manera muy sencilla y honesta, nos dice que en esta parte del show normalmente ellos se retiran, pero en esta oportunidad se iban a quedar. Así, luego de que el cantante presentara uno a uno a los músicos (Grahame Leslie, David Hawkins y al baterista Simon Dawson), la ovación para el legendario Steve Harris retumbó en todo el Teatro, y vimos a un Harry genuinamente agradecido.

Así, tras dos de los mejores cortes del disco como A World Without Heaven y Eyes of the Young, muy coreada por el público, que retribuyó la entrega de la banda coreando este último tema con “ooo-ooooh” en la despedida de la banda, tras una hora y media de puntualidad de león británico, se puso fin al espectáculo, con músicos muy agradecidos saludando a los fans –recibiendo banderas chilenas y una bandera con los colores del West Ham United con la leyenda “Chile Against The World”–, y cómo no, con el propio Steve palmoteando algunas afortunadas manos que seguramente no serán lavadas nunca más.

Es inevitable dividir las reflexiones finales en dos. Primero, en cuanto a la banda: dejó una sensación grata, que sus temas ya conocidos se potenciaron por el sonido en directo, y que los temas inéditos vienen con un poco más de caldo y sustancia, lo cual desde ya nos deja esperando para un eventual lanzamiento en un futuro próximo. Y lo otro sin duda está dado por haber tenido la fortuna de ver tan cerca a una leyenda viviente como Steve Harris, con la misma actitud y presencia que en Maiden, con una energía increíble para sus sesenta y dos años de edad, físicamente impecable y con esa misma capacidad de machacarnos con su Fender Precision (y su respectiva correa celeste/granate) del West Ham United, tocando para un público pequeño de la misma forma en que la rompe tocando en los escenarios más grandes del mundo, con respeto al asistente y con la misma pasión. Tener un ídolo –sea quien sea– que nunca nos haya defraudado es una suerte gigante, y quienes tenemos en ese pedestal al Jefe, sin duda en esta jornada ratificamos esa sensación. ¡Hay que disfrutarlos cada vez que se pueda!

Setlist de Steve Harris – British Lion:

  1. This Is My God
  2. Lost Worlds
  3. Father Lucifer
  4. The Burning
  5. Spitfire
  6. The Chosen Ones
  7. These Are the Hands
  8. Bible Black
  9. Guineas and Crowns
  10. Last Chance
  11. Us Against the World
  12. Lightning
  13. Judas
  14. A World Without Heaven
  15. Eyes of the Young

Live Review: Darío Sanhueza D.L.C.
Fotos: Guille Salazar