Bloodline – King Vampire

 “Nadie conoce la historia detrás de las sombras…”  (trad. verso King Vampire). Desde Concepción nace la leyenda de un regente olvidado y su trono de horrores pasados. Bloodline lanza su prometido álbum debut del sello independiente Burner Records del guitarrista Ignacio Albarrán de Soulburner. La banda—además de Ignacio, que también se ocupa de las voces—se compone por Eduardo Cid en segunda guitarra, Rubén Saavedra en bajo y Manuel Valenzuela en batería. Un cuarteto cuyo talento y energía ya ha sido demostrado ante escenarios locales de audiencia moderada, pero sólida.

Nunca será en vano, y mucho menos despreciado, iniciar con una introducción instrumental. Masquerade se encarga de establecer el ambiente lóbrego de los relatos en torno a la figura principal, el rey vampiro, en un arreglo animato de cuerdas graves, clavicordio y coros masculinos y femeninos. La introducción es conclusiva, por tanto, los riffs melódicos realizan su entrada en Creature Born from Pain luego de un breve silencio. Una dosis de Heavy Metal invade desde el canal auditivo, fácil de acomodar en la nostalgia debido al juego de las guitarras con las octavas y batería rápida que identifica al Power de los 90’s, antes de que se hiciera común el ver a bandas icónicas de aquellos tiempos en búsqueda de horizontes ligados al Prog. Sólo cabe suponer que es eso lo que hace que Creature Born from Pain o la rápida Will of Kill se sientan como canciones que pareciera que nos han acompañado desde hace mucho antes, como si fuera un recuerdo de vida pasada. El amplio registro de Ignacio se complementa con voces múltiples a lo largo de la canción, sutiles coros agudos, y también bajos se pueden escuchar por debajo de la presencia vocal de Albarrán, resonando como un delay o eco que da énfasis a los diferentes segmentos de las canciones. Imposible ignorar el parecido de la voz de Ignacio con el noruego Roy Khan (Conception, Kamelot), y sin decir más, los temazos Blackened Crown y Lilith dan el carácter necesario para evidenciar su similitud.

Al pasar las canciones, el álbum no parece doblegar su postura. A diferencia de otros grupos que se encargan de narrar una historia, Bloodline no acude al barroquismo de, por ejemplo, Symphony X: no realiza mayores devaneos o matices musicales o atmosféricos entre sus canciones, por lo que cada canción tiene un cuerpo definido y conclusivo, por lo tanto, rapsódico; unido temáticamente con diferentes caracteres y tratamientos melódicos. Las canciones responden a un esquema marcado mientras las letras se encargan de un aspecto temático que conforman el mosaico que es la leyenda del Rey Vampiro. Desde el silencio comienza in crescendo la imperdible Final Eden hacia un galopar que se va armando como una bola de nieve, pasando a través de diferentes intensidades por el verso, pre-coro y coro. Caso similar es la canción central y homónima del disco, King Vampire, que, abriéndose paso con naturalidad rítmica, se engancha en un coro difícil de sacar de la cabeza, para luego continuar raudo por las ondas.

Otra de las características llamativas del disco son las canciones que pasan a través de valles tanto melódicos como rítmicos. Destaco a Forbidden y Shadows of the Night dentro de esta agrupación tentativa. Sin embargo, no hay mayor oda neoclásica que We Will Rise, un guiño a los maestros de antaño desde el departamento del Heavy Metal.

El lenguaje dual de las guitarras está en su mayor expresión, la mezcla es pareja, y si bien el rango de volumen de la mezcla es derechamente plano y equitativo, los instrumentos suenan con pulcritud profesional que evidencia la experiencia de Ignacio detrás de perillas. Como broche final, el pasaje instrumental Acheronta Movebo presume el fin del álbum con una clara referencia al poeta Virgilio, pagano inmortal. Sin embargo, es necesario realizar una breve mención a los bonus tracks, ya que, entre estos se encuentra la versión en español de Lilith, madre de los vampiros y seductora de los hombres desde la creación del primero de estos. Es bueno que un tema en español se cuele en el disco, nos recuerda la localidad de la banda y que el Power chileno sigue vigente, imbatible e independiente.

Por: Gabriel Rocha