Como bien sabemos, por estos días atravesamos un pleno “veranito de San Juan” cuando nos ponemos a parlotear respecto a heavy y power metal, y es que si pensabas que después de los años mozos de Hammerfall, Stratovarius, Gamma Ray o Vision Divine ya no habría tiempo para volver a desempolvar este tipo de material, craso error amigo mío porque este tipo de sonidos nuevamente ha vuelto con tanto o más vigor que antes, con más y nuevas bandas queriendo hacer de las suyas sobre la faz de este mundillo e inundando con sus placas el hoy más que nunca saturado y poco vendedor mercado musical.

Bloodbound por supuesto que no son ningunos novatos en este género, y si de hacer metal se trata, ellos saben bien donde poner los acentos y que es lo que vuelve este estilo tan adictivo.  Vaya que han tenido cambios, sobre todo de vocalistas, pero este último Patrick “Pata” Johansson – con el cual ya llevan tres trabajos editados – ha sabido muy bien como subirse a este tren en movimiento que es Bloodbound. Y es que en realidad, estos tipos ya con seis álbumes a cuestas a estas alturas no creo que estén probando suerte o fórmulas, cuando lo que hacen lo realizan con tal nivel de profesionalismo y calidad que vale la pena escuchar cada vez que aparece un nuevo disco bajo su etiqueta.

Recuerdo aún ese potente Nosferatu del 2006 en el cual ya hacían gala de sus influjos power metaleros con tendencias clásicas y armonías gemelas, y de ahí en más la banda no ha hecho sino perpetuarse y llegar a ribetes de calidad cada vez más óptimos, superándose a ellos mismos y por supuesto a las expectativas de quienes hemos visto y oído cada peldaño en su carrera.  Ahora en Stormborn vemos definitivamente una de sus mejores entregas en todo lo que va de su fulgurante discografía, al menos para mi gusto acá la banda consigue un balance adecuado – más aún de lo que ya tenían – entre el heavy y el power metal melódico, con unos arreglos mucho más pretenciosos que antaño, con un Patrick Johansson que realiza unas labores vocales algo más acrobáticas, y por supuesto todo ello bajo una producción que no destiñe y los arropa muy bien.

El intro Bloodtale oscurece los ambientes con un aire tétrico, lo cual se amolda en buena forma para soltarnos esa bestia feroz de apertura como es Satanic Panic, con un riff amenazante que termina desbordándose en un veloz tema con unas guitarras brutales de tintes clásicos, muy a lo Judas, por parte de los hermanos Olsson (Tomas y Henrik) con un “Pata” desgarrándose la garganta en una interpretación muy “halfordiana” en materia de tonos altos y agudos, aunque eso sí con unos coros más pomposos, oscuros y altisonantes, entregándonos un himno muy, pero muy ganchero (sin contar por supuesto el melódico solo que luce en muy buen pie).

Iron Throne inicia también con unos redobles de batería, muy marciales, con unos épicos corales, dando paso a otro poderoso tema apabullante en términos de doble bombos y factura power metalera, con lo cual por si tenías alguna duda, podrás reconocer al instante ese sello escandinavo del cual pueden estar orgullosos estos suecos.  Nightmares from the Grave si bien no deja de lado ese aspecto más power (sobre todo en materia de corales, de esos que se cantan de puño en alto, no existe otro modo) echan mano de unas tesituras en las cuales no es habitual escuchar a estos chicos, como es esa base de corte folkie que notarás en el manejo de los sintetizadores que acompañan de fondo, y que además para sorpresa, se añaden unos coros de niños hacia el final que otorgan un aura mucho más especial a lo que hasta ahora les habíamos escuchado.

Uno de los sencillos escogidos por la banda para promoción es el medio tiempo Stormborn, un tema de rítmicas sencillas y algo monocordes, pero en donde nuevamente están los coros ahí para hacerla más efectiva y pegadiza, en lo cual de seguro están apostando ya que incluso han rodado un video para este track. Luego en We Raise the Dead apuestan por esos sonidos más tradicionales y oscuros de la NWOBHM marcándose otro tema de gran valía, con armonías gemelas en la partida, un riff central muy compacto y duro (hasta cierto punto me recuerdan a los Grim Reaper tanto en atmósfera como en lo melódico) aunque claro que en materia coral es ahí donde precisamente terminan por recordarte su origen escandinavo.  Made of Steel enseguida se despacha una de las melodías más agresivas, un uptempo a lo Accept, con murallones de riffs para cabecear de principio a fin, con una garra interpretativa muy ad hoc de Johansson.

Los tracks finales en general logran un buen asalto auricular de puro power metal trepidante y a la sueca, muy machacador y con acelerador puesto a fondo, como en el agresivo, y dramático al mismo tiempo, Blood of my Blood, el hímnico a lo Gamma Ray Seven Hells o ese convincente final con When all lights Fail, logrando así un punto culmine de un trabajo en donde los suecos de Bloodbound una vez más dejan en claro que están a la altura para hacer del género un espacio de encuentro entre los fanáticos más antiguos y los recién llegados y que por supuesto en su momento quizás no estuvieron ahí (o eran muy pequeños) para atestiguar toda la grandeza que ha hecho del estilo lo que sigue siendo hasta nuestros días.

 

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