The road goes on and on…” (letra de In the Underworld)

Los bardos están de regreso y esta vez con una nueva propuesta vehicular de sus relatos épicos. La Orquesta Filarmónica de Praga—que no es ajena al mundo del Metal (Yngwie Malmsteen, Dimmu Borgir, Dream Theater, entre otros)— y el coro oriundo de Boston, Vox Futura, son convocados por Hansi Kürsch y André Olbrich, pero esta vez no como colaboradores satelitales del núcleo musical de Blind Guardian, sino como coprotagonistas para formar la denominada Twilight Orchestra. Bajo Nuclear Blast, uno de los sellos insignes del universo Heavy Metal, este 8 de noviembre (luego de dos décadas de gestación) es lanzado «Legacy of the Dark Lands».

Es conocida la relación de los bardos con la literatura fantástica épica y de ciencia ficción. En esta entrega la historia toma inspiración de la novela “Die dunklen Lande” («Las tierras oscuras») del escritor Markus Heitz, conocido en el género por la saga de novelas titulada «Die Zwerge» («Los enanos»). La novela aludida todavía no cuenta con traducciones para el mundo anglosajón, así como tampoco para el hispano, pero—como suele suceder cuando se expande el imaginario de lo escrito hacia otras expresiones dramáticas—es cosa de tiempo para que este hecho cambie, para fortuna de los no-germanoparlantes. La novela se construye estableciendo como macroescenario la denominada “Guerra de los Treinta Años” en el continente europeo y, específicamente, en el año 1618, como señala la obertura del álbum. Heitz cita al autor Robert E. Howard mediante su personaje Solomon Kane al crear como protagonista a la hija de este, Aenlin Kane. Ella y su amiga persa Tahmina inician un viaje en un clima de diversas hostilidades en donde fuerzas oscuras aprovechan la guerra para poner en marcha sus planes apocalípticos. Un universo donde la historia se mezcla con la ficción épica, el folclor mitológico y los motivos bíblicos.

La obertura –1618 Ouverture– hace claro énfasis en el carácter oscuro del conflicto. Luego de los sonidos atmosféricos y del solitario oboe, los bajos percutidos comienzan su grandilocuente marcha acompañada de segmentos vocales y bronces. Lamentablemente, el sonido es notablemente saturado en las frecuencias bajas y de alto volumen, delatando un rango dinámico bastante limitado que impera en la longitud de la obra. Por consecuencia, las diferencias de volumen comprimido—en especial en segmentos de varios instrumentos—parecieran tener pérdida de sonido y quedan incómodas al oído. Sin duda, el punto bajo de mayor importancia para el lanzamiento. No quita que los instrumentos de la orquesta sean reconocibles en su pulcra ejecución, pero le quita la posibilidad de variación de intensidad, entregando un carácter algo plano y exagerado en la estridencia de bajos y címbalos.

Además de la orquesta y la voz de Kürsch, infaltable para guiar la narración a través de los escenarios son los interludios dramáticos. The Gathering trae muchos recuerdos del álbum que semillero de este lanzamiento, “Nightfall In Middle-Earth”, no sólo por la presencia vocal de los actores británicos Norman Eshley y Douglas Fielding, sino también por la entonación y gravedad discursiva de estos en el inolvidable diálogo de Sauron y Morgoth en War of Wrath. Contar con ellos fue una excelente decisión. Al igual que en “Nightfall…”, los interludios son mesuradamente breves y fieles a la intención anteriormente mencionada: sirven para el auditor como un transporte en este mosaico de diferentes escenas y para introducir personajes que pueden intervenir o no en el transcurso de las canciones. Estrictamente esto no se trata de una ópera, no comparte la sucesión directa como, por ejemplo, “Metalocalypse: The Doomstar Requiem” de la banda virtual de Brendon Small, Dethklok. De todos los interludios, me quedo con The Conquest is Over, que hace hincapié en el conflicto emocional del enigmático personaje Nicolas, escena escoltada por un arpa y cellos. Recomiendo encarecidamente escuchar la versión completa antes de optar por la versión libre de interludios.

La voz de Hansi Kürsch envejece como el vino. No todos los vocalistas icónicos del Power Metal han llegado a estas alturas con la misma potencia y registro demostrados por el alemán; además teniendo la competencia y disposición de mantenerse activo en giras (la última, recordemos, junto a Jon Schaffer en Demons & Wizards). Siendo un invitado del holandés Arjen Lucassen para Ayreon y siendo también parte de “álbumes teatrales” junto a bandas como Edguy, Angra y Therion, entre otras, no es ajeno a expresarse bajo diferentes personajes e intensidades emocionales. Resulta obvio señalarlo para alguien que ha cantado bajo la perspectiva de personajes como Paul Atreides hasta Jon Snow, pero nunca tuvimos la oportunidad de situarlo en un medio donde este elemento estuviera en el centro del foco. Es cosa de escuchar Harvester of Souls o Beyond the Wall para maravillarse ante la naturalidad de Hansi al entregar inercia lírica al relato, acompañando las atmósferas que entrega el docto ensamble.

La denominación «Twilight Orchestra» pareciera tener un fin particular: los instrumentos de los demás miembros de Blind Guardian no están presentes, es cierto, no hay guitarras ni batería. Pero aun así, el nombre Blind Guardian proclama autoría del disco y con justa razón merece ser incorporado a la discografía. Por alguna razón o por natural mímesis, el Heavy Metal no se echa de menos, pero no por ausencia, sino por presencia oculta, es decir, todavía está ahí, pero bajo diferente forma. Y si no lo digo yo, lo dirá In The Underworld, la marcha In The Red Dwarf’s Tower o The Storm, cuya sonoridad recuerda mucho a álbumes anteriores. Verlas en un setlist no sería tan descabellado. De todas formas, bajo otra cara de la moneda, el bardo pudo también sacar provecho de su lado menos metalero, creando canciones de melodías jubilosas como las casi-engañosamente tituladas The Great Ordeal y Point of No Return, así como también Nephilim, introducida por la narración casi textual en The White Horseman.

Al inicio del disco uno podría temer no librarse de comparar el álbum con “Nightfall in Middle-Earth”, como si estuviera en juego una suerte de sucesión, pero la verdad es que es fácil despojarse de ese estado defensivo. Con este lanzamiento, los Bee Gees del Heavy Metal no temen en desafiarse a ellos mismos luego de veintiún años de su obra más ambiciosa. Si bien se esperaba más de la calidad de sonido, la composición de André Olbrich y la voz de Hansi Kürsch han dejado un monumento a los treinta y cinco años de la banda.

Review: Gabriel Rocha