En el año 1977, la carrera de Black Sabbath parecía acercarse a su fin. El mismo Ozzy lo declaraba a Hit Parader, al terminar una gira en que su telonero era uno de los nuevos miembros de la escena metalera del momento: Van Halen. «Simplemente nos hicieron pedazos. La mitad del público abandonó el recinto apenas comenzamos a tocar. Creo que nuestro tiempo está llegando a su fin«. Las declaraciones de Osbourne se transformaron parcialmente en realidad, ya que él abandonó el grupo y Never Say Die! se transformó en el último trabajo con la mítica alineación original completa.

Pero sus ex compañeros tenían otros planes y pusieron sus ojos en el vocalista de Rainbow, Ronnie James Dio. Una vez que se concretó la fusión entre el trío de instrumentistas y quien se haría cargo de las voces, se dedicaron de lleno a la creación de su próxima placa, la cual, podría convertir completamente en realidad las predicciones de Ozzy, o darle nuevas fuerzas a la alicaída imagen del otrora intocable monstruo negro del rock.

Afortunadamente, Heaven And Hell cumplió plenamente su principal objetivo. De paso, y aunque suene contradictorio, se transformó en la primera propuesta verdaderamente heavy de la agrupación que, para muchos, es la creadora del género metálico. El aporte de Dio fue decisivo en la recuperación de la fuerza y la energía de la banda, contribuyendo en la composición de todos los temas y entregando su aura mística a través de todas las letras del registro.

Neon Knights, el corte que da inició a este Lp, no da treguas ni descansos, transformándose en un verdadero himno de la resurrección de Sabbath. Bastaba oírlo una sola vez para darse cuenta que la época de los experimentos y las asonadas progresistas presentadas en Technical Ectasy y Never Say Die! eran sólo un pasaje en la vida de la última leyenda proveniente de las islas británicas. Es una composición magnífica, un quiebre magistral entre el pasado y el futuro del renovado cuarteto, una declaración de principios frente al porvenir de la hermandad sabática. Y sus seguidores así lo entendieron… felices, pero con un dejo de nostalgia por la partida de Ozzy Osbourne, que incluso el versátil RJD no logró eclipsar por completo, aunque estuvo bastante cerca. Pero este no fue el último cambio en los nombres que integraron Black Sabbath, siendo el más extraño, cuando Bev Bevan, ex miembro de la Electric Light Orchestra, tomó a su cargo la batería durante la gira promocional de Born Again… pero esa, es otra historia.

Técnicamente hablando, y más allá de la calidad de Neon Knights, la entrega de los 8 temas que dan forma a este larga-duración, resulta absolutamente impecable. Los ritmos de Ward se diversifican y toman un nuevo giro para acompañar las intervenciones de Butler, que según muchos entendidos, son las mejores que el bajista había realizado hasta el momento. Entre ambos generan una atmósfera profunda y sólida, cargada de nuevos matices que permiten el excelente desenvolvimiento de Iommi. Los riffs son más claros, más brillantes y más poderosos. Sus manos se pasean a mayor velocidad sobre el puente de la guitarra, para entregarnos algunas de las intervenciones más célebres del genio y motor de Sabbath.

El nivel de excelencia alcanzada por los británicos es tan alto, que muy pronto HAH se transformó en una pieza clave en la historia del heavy metal y marcó un giro en el destino de su carrera. Parecía que una cirugía mayor hubiese sido realizada en su interior, acelerando sus melodías, orientando sus letras hacia un lado más fantasioso y dejando atrás los toques de jazz demasiado comunes durante la época de Ozzy. Y este giro fue absolutamente beneficioso. Además de Neon Knights, HAH nos entregó clásicos como Children of the Sea, el tema homónimo, Heaven and Hell, logrando, entre otras cosas, que Dio dejará marcado a fuego su espacio dentro del legado sabático.

Children of the Sea, a la inversa que Neon Knigths, que es un viaje al futuro de la banda; nos demuestra, con una vitalidad renovada, que el estilo clásico de Sabbath no tenía porque desaparecer, sólo debía actualizarse. Así, a través de un ritmo lento, más un juego coral simple pero grandilocuente, y un trabajo de guitarra variado y brillante, nos recuerda que la grandeza de Black Sabbath trasciende las fronteras del tiempo y se puede adaptar a los cambios. Lo mismo sucede con Heaven and Hell… ¡Que temazo! Otro fuera de serie… Toda la fuerza y la energía de años de carrera resumidas en poco más de seis minutos e incluso dejando espacio para demostrar la potencia del futuro.

Die Young, ubicado como el número seis dentro del track list, debe también considerarse dentro de los puntos altos de HAH, pensando que éste, no tiene puntos bajos, sólo algunos menos buenos que otros. Al igual que Neon Knights, representa con maestría los resultados de una conversión musical necesaria y realizada en el momento oportuno. Durante los cuatro minutos de la canción, tenemos notables despliegues técnicos de Iommi, Butler y Dio, despliegues que dan ganas de oír una y otra vez.

Lady Evil, Wishing Well, Walk Away y Lonely is the World, los restantes títulos de la grabación son de excelente calidad, pero opacados por los cuatro temas especialmente destacados. Y son pocas las ocasiones en que podemos darnos el lujo de calificar sólo canciones excelentes y muy buenas. Esto es algo que sólo los grandes pueden hacer y Black Sabbath con uno de sus registros más poderosos, lo hizo con creces.

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