Hacía tiempo que el lanzamiento de un disco no generaba tanta expectación.  No es para menos.  La leyenda viva o, al menos, tres cuartos de ella, se reunieron para después de 35 años lanzar juntos un nuevo álbum de estudio.  35 años, una infinidad de cambios de alineación, dimes y diretes, idas y venidas, reuniones esporádicas, y el lanzamiento de diez discos con otros vocalistas, mantuvieron separados a Osbourne, Butler y Iommi, antes que por fin decidieran volver a juntarse, para esta vez lanzar una nueva placa, una que hiciera honor al legado que dejaron en 1978.  Porque si bien, cada lanzamiento que vino después que Ozzy fuera despedido de la agrupación, continuó marcando fuerte a la escena del heavy metal y el rock duro, no fueron sino sus primeros trabajos los que lograron configurar toda una nueva forma de hacer, ver y entender la música, una que, tanto en lo musical como en lo lírico, los alejaba de las flores y fantasías en colores del mundo hippie, para adentrarlos en terrenos más oscuros, pero también más adecuados a la realidad en la que crecieron y vivieron durante muchos años.

Aviso que, salvo algunos necesarios comentarios, no me voy a detener en cuestiones del tipo “¿Qué prefieres: Ozzy o Dio?” Simplemente porque no tiene ningún sentido hacerlo.

El título escogido para este esperado nuevo trabajo es simplemente 13 y las canciones grabadas para la ocasión son ocho, todas ellas bastante más largas que lo que acostumbraban a hacer durante los setentas, salvo algunas excepciones.

La escogida para dar inicio a esta nueva aventura musical lleva por título End of the Beginning, la cual presenta una estructura similar al mítico corte homónimo que dio pie a la leyenda, allá por un lejano 1970, eso al menos durante algo más de los primeros tres minutos.  Lo denso y la pesadez de la base rítmica, sumado a la distorsión de los arrastrados riffs de Tony Iommi, harán del tema un verdadero deleite para quienes se declaren seguidores del doom metal o simplemente para quienes tengan a la etapa con Ozzy Osbourne como su favorita dentro de la carrera de la agrupación.  Pasada esta sección inicial que evoca la primerísima etapa de Sabbath, viene un cambio de ritmo que termina por confirmar algo que comenzaba a palparse desde el primer minuto: una clara intención de parte de Iommi y compañía por tratar de componer material que rescate todo el legado musical que construyeron junto a Osbourne en los setentas.

Lo anterior puede parecer sumamente evidente y lógico, pero no lo es tanto si consideramos que en el año ’98, para la reunión anterior, grabaron dos canciones nuevas que no alcanzaban a recoger la esencia de los primeros trabajos de la banda.  A esto agreguémosle que Iommi viene saliendo de Heaven And Hell, donde su forma de componer y la estructuración de los temas cambia, en cierto sentido, al estar la voz de Dio al frente, tal cual como lo hizo cuando este último reemplazó a Ozzy el año 1979.  De hecho el Sabbath con Ronnie es prácticamente otra agrupación, una muy distinta de la que los hizo grandes en los setenta, excelente por cierto, pero muy diferente en muchos ámbitos.  En esta “nueva agrupación”, los cambios de ritmo marca registrada y sello personal de Tony, eran relegados y prácticamente obviados a la hora de componer, algo que ahora vuelve a rescatar, asumiendo aún más con esto ese deseo de representar fielmente el regreso del Madman a la banda.

Yendo al detalle, no hay que tener el oído demasiado agudo como para notar la similitud que guarda el riff del cambio de ritmo, con aquel compuesto para Hole In The Sky, canción que se incluye en el tremendo Sabotage (1975).  Por otra parte, la sección final de End of the Beginning, incluyendo los acordes base sobre los cuales Iommi ejecuta sus solos, recuerdan mucho a los últimos minutos de Dirty Woman, algo que ayuda a entender todavía más lo que les señalaba anteriormente.

God Is Dead?, primer y único single a la fecha de este 13, continúa con la línea doomy mostrada hasta ahora, aunque en este caso, sí podríamos llegar a imaginarnos a Dio cantándolo, es más, perfectamente podría tratarse de melodías que en su momento quedaron fuera de The Devil You Know, ya que presenta muchas similitudes con canciones de ese trabajo, salvo por el cambio de ritmo, con el que nuevamente rescatan aquel viejo recurso que tanto gusta entre quienes nos inclinamos por la primera etapa de la agrupación de Birmingham.  Importante señalar que el bajo de Geezer Butler suena impecable, prístino, potente y avasallador.  Importante porque al tratarse de un corte con varias secciones abiertas, en donde la guitarra pasa a un plano posterior, es el bajo el que se vuelve indefectiblemente en el protagonista por muchos momentos.  Cabe destacar también que, hasta ahora, los cambios de ritmo se encuentran muy emparentados en forma con los que podemos oír en Vol.4 (1972), una de las placas más logradas y queridas de su discografía setentera.

Tercero en la lista tenemos a Loner, el cual podría encajar perfectamente en un álbum como Technical Ecstacy (1976), un muy buen disco, pero que probablemente no está dentro de los preferidos de muchos.  En términos generales se trata una canción de corte más heavy/rock, pero que de todas maneras conserva ciertos aires oscuros.  Bastante monótona si la comparamos con las dos anteriores, salvo por algunas secciones más relajadas en donde el protagonismo recae en Ozzy y su desgastada y característica voz –ya hablaremos de ello-.  A pesar que pueda resultar un tanto redundante en estructura, dentro de todo es un tema muy disfrutable.

A continuación tenemos a Zeitgeist, cuya inclusión me genera cierta extrañeza, ya que escapa a todo lo que habíamos oído hasta ahora, pero más que nada por la estrecha similitud que guarda con Planet Caravan y todas las remembranzas que ello conlleva.  El parecido es evidente y es inevitable caer en comparaciones con aquel corte.  La voz de Ozzy – más audible y clara, pero con algunos efectos que recuerdan al mencionado tema- la percusión algo tribal, el bajo de Geezer y las guitarras acústicas, aunque ahora más trabajadas de Iommi, todo había sido utilizado y plasmado de manera muy similar hace ya más de 40 años atrás.  Si les gusta aquella canción perteneciente a Paranoid (1970), no tendrán ningún problema con un corte como Zeitgeist, ya que de hecho podemos decir que musicalmente es incluso mejor, aunque carece de aquella aura mística que lograron plasmar en esos años.

La siguiente, Age of Reason, recupera todo el peso característico de la agrupación, a través de los inconfundibles riffs del maestro Iommi.  Se trata de un tema lento, pesado, pero también melódico.  Hay algunos momentos en donde la guitarra de Tony me recuerda algunos pasajes de Into The Void, lo que nuevamente nos lleva a reflexionar y especular acerca de la intencionada forma en que fue compuesto el disco, tratando de mantener estricto apego con la época en que Ozzy formaba parte de la banda, en aquella primera y fantástica encarnación de los británicos.  La sección media trae consigo un quiebre en donde, durante algunos minutos, aceleran un poco por medio de la guitarra y la batería de Brad Wilk.

Cabe señalar respecto de este último, que su trabajo se adapta muy bien a lo que podríamos haber esperado de Bill Ward.  Se nota que el tipo conoce o al menos estudió muy bien el trabajo de la banda, su sonido.  Hay una evidente comprensión del cómo plasmar sus intervenciones sin que nadie llegara a echar de menos al descartado baterista original -aun cuando también se nota que aporta con instinto e iniciativa propia- motivo por el cual me atrevo a decir que su ausencia no empaña el resultado final obtenido, y todos los deseos por verlos juntos en este regreso, pasan a formar parte de esa especie de romanticismo con que muchos anhelábamos poder ver a la formación original de esta leyenda en vivo.

Live Forever trae de regreso el característico doom del cual los mismos Sabbath son responsables directos de su creación.  Parte de forma lenta y muy densa, con riffs arrastrados y pesados, para luego pasar a algo más veloz, que de hecho es de lo más rápido que vamos a encontrar en el disco.  Una vez llegado los fraseos del coro, la velocidad nuevamente decae hasta terrenos doomy, y en esta ocasión se percibe un muy agradable aire a canciones de Sabbath Bloody Sabbath (1973), más específicamente al coro de Killing Yourself to Live, lo que en mi caso transforma de inmediato a Live Forever en una de mis preferidas.  Ahora bien, todos estos “parecidos” que vamos encontrando al oír el disco, no pasan más allá de eso, son guiños a una época a la que inevitablemente tenían que apuntar en términos compositivos, misma época que, por medio de este tipo de canciones, los vio hacerse grandes y convertirse en leyendas.  En todo caso, dudo que alguien esperara otra cosa de ver a Butler, Iommi y Osbourne juntos.  Reunirse para sacar un disco que renegara de su propio legado habría sido un total despropósito ¿no creen?

En la penúltima posición tenemos a Damage Soul, uno de los cortes en donde más se percibe esa influencia del blues más ácido con que Iommi compuso canciones para el primer álbum de la banda.  De hecho recuerda a varios pasajes del disco homónimo y posee toda un aura ancestral en ella.  Es más, el sonido de la guitarra recuerda en cierto sentido a Wicked World, y a eso agreguémosle los maravillosos pasajes en armónica, que le sientan tan bien a canciones de este tipo, de esas con fuerte inclinación bluesera.  Como dato informativo, no es Ozzy quien tocó esos pasajes de armónica, sino el músico Stanley Behrens, conocido por su trabajo en Canned Heat, y más cercano, por contribuir en el disco Jealousy de los nipones, X Japan.

Para el cierre, Dear Father, una canción tremenda, con arreglos densos, pero también otros muy melódicos.  La guitarra de Iommi suena como siempre, es decir, increíble, el bajo de Butler es magnífico, poderoso, Wilk acompaña de forma muy certera cada movimiento que el resto ejecuta, y Ozzy cantando, dentro de todo, muy bien, destacando en toda la placa por su sobriedad y carisma, más que por su capacidad y técnica vocal.  Pero dejemos al “fanboy” de lado.  Si reconocemos y entendemos las actuales capacidades vocales de Osbourne, hay que reconocer que lo hace bien y el resultado es muy bueno si consideramos todo lo que se ha maltratado este señor a lo largo de su existencia.  Sin embargo, todavía hay que verlo replicar estas canciones en vivo.  Al menos en el disco suena mucho más que bien, no hay muchos efectos de por medio, se nota bastante natural, de hecho es posible percibir muy pequeñas desafinaciones en algunas canciones, lo que me lleva a confiar aún más en que no fue demasiado retocado su trabajo.  Volviendo a la canción, el cambio de ritmo sin preámbulo luego del “now it’s your turn to diiiiiieeeeeee”, resulta ser todo un acierto.  Sin muchas dudas me atrevo a decir que es una de las mejores canciones del disco y ojala comenzaran a tocarla en vivo, si es que aún no lo han hecho.

Al término del tema: lluvia, pero no cualquier lluvia.  Es la misma grabación con que dieron vida a la leyenda en 1970.  Son los mismos sonidos que dieron origen a todo un nuevo género musical, el cual se mantiene hasta el día de hoy y que no me cabe duda alguna que persistirá por mucho tiempo más.  Es a esta banda a la que debemos de dar las gracias cuando orgullosamente nos hacemos llamar “metaleros”.  Porque podrá no gustarle a algunos, otros preferirán a Dio o a otro de sus vocalistas, pero nadie con el sentido auditivo levemente desarrollado podría negar la inconmensurable influencia que Black Sabbath ha ejercido en el metal durante toda su existencia.

Disfrutemos de este verdadero regalo ahora, sin reparar más en los aspectos técnicos ni menos meditar acerca del futuro de los ingleses, no quiero pensar si habrá o no otro álbum bajo el nombre de Black Sabbath en un par de años más, solo quiero quedarme con la convicción de que si este es efectivamente el disco con el que han de decidir cerrar la discografía de la banda, lo han hecho con una placa digna de su historia, de su legado y de su nombre.

 

8 comentarios
  1. Starship Trooper Dice:

    Impecable regreso de Black Sabbath, realmente me sorprendió y hasta el día de hoy no me aburre a pesar de la duración de sus canciones. Los riffs de Iommi son colosales y en general la banda suena bastante bien (Geezer uff). Los Sabbath hacen básicamente un tributo a si mismos, es un álbum totalmente en la onda de los 70’s mezclado con lo hecho con el inmortal Dio hace unos años, pero suena tan fresco que se agradece realmente. Todos los temas me gustan bastante, pero para mi EL momento del disco es el riff de ‘Age of Reason’ en el minuto 4.

    Por lo tanto, le doy un aprobado total para el anhelado retorno de los creadores del Heavy Metal; gracias Iommi, Geezer y Ozzy (y el batero que cumple bien la pega) por este buenísimo ’13’. Ya tengo mi entrada para Octubre, allá los veo, Sabbath y compadres de la página!

    Buen review de la Atalaya, a todo esto.

  2. marcos Dice:

    si este disco lo graba toni martin, hoy estarian hablando de un de los peores discos de sabbath, pero, como lo canto ozzy, la cosa cambia,
    mencion aparte los temas del disxco 2 de la edicion delixe, temazos.

      • Lalonde Dice:

        Comparto! Headless Cross, TYR, Cross Purposes son INMENSOS discos, y The Eternal Idol y Forbidden también tienen grandes temas, todos grabados por Tony The Cat Martin!!! Y Cozy Powell, Neil Murray, Bobby Rondinelli, todos pedazos de músicos de la historia del metal.

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