El Metal latinoamericano, desgraciadamente, siempre se encuentra con barreras, sobre todo económicas, que le dificultan tremendamente hacerse conocido, condenando a muchas bandas a morir en el intento de salir incluso de sus ciudades. Y qué decir sobre hacerse conocidos fuera de su país. Así, ese es el primer mérito de los colombianos de Aura Ignis, quienes con su propuesta de Heavy Power Metal buscan dejar su huella en esta difícil escena.

El grupo conformado por Edwin Rodríguez en las voces, Milton Salinas en la guitarra y los teclados, Edgar Barrera en el bajo y José Osorio en la batería nos traen su disco debut independiente, “Prisioneros del Dolor”, un trabajo hecho a pulso que logra su objetivo de dar a conocer las composiciones y calidad ejecutoria de los oriundos de Tunja, en la región colombiana de Boyacá.

Todo arranca con la intro Hacia el Averno, un trabajo instrumental que crea y transmite muy bien un ambiente infernal, como si fueras en la barcaza de Caronte atravesando el Aqueronte y las puertas del infierno te empezaran a deslumbrar, tras los cerca de dos minutos introductorios un riff sobrio acompañado de una ambientación de teclados nos traen El Juramento, donde una de las cosas que más cuesta digerir es la línea vocal, sin referirme a la calidad del vocalista, sus líneas son muy monótonas y esto se mantiene a lo largo del disco, lo que complica un poco el disfrutar del trabajo en su totalidad. Quizás no es necesario una voz tan raspada como la usa Rodríguez porque, por ejemplo, el apoyo vocal que presta Salinas queda muy bien, especialmente sobre la base rítmica y los riffs de guitarras que, aunque les falta un poco más de definición en lo que refiere a producción, se notan de muy buena calidad.

Perdido arranca con un ritmo más cabalgado, donde uno de los detalles que más destaca es la definición con que se escuchan las líneas del bajo de Barrera, sin necesidad de “triggerear” mucho como algunas bandas caen en hacer, quizás gracias a sus influencias. Si bien no es muy novedoso el track desde lo sonoro, sí logra subir el nivel de lo que nos trajo el tema anterior, especialmente en lo que refiere a las líneas vocales aunque sin escapar mucho de la monotonía que mencionábamos en un comienzo, sin embargo, va dejando en claro la tremenda calidad compositiva de Salinas.

Esto continúa con la canción que da nombre al disco, Prisioneros del Dolor, un tema que impresiona inmediatamente con una atmósfera más oscura, un riff más pesado y agresivo que sirve de introducción a un track cargado de Heavy Metal. Musicalmente es tremendo, pero desgraciadamente la línea lírica del coro como que no encaja del todo bien, en alguna parte pareciera demasiado forzada para la estructura del tema lo que te deja un poco descolocado. Es una buena canción, pero que falla en eso, porque todo lo demás sigue confirmando que Salinas tiene muy buenas ideas, especialmente en sus líricas con contenido espiritual pero sin caer en lo religioso.

Con un juego de batería y un buen grito de Heavy Metal arranca Sin Salida, un tema que siento no necesitaba la presencia tan protagonista del teclado ya que su aporte es bastante mínimo en la estructura de la canción, que pareciera ralentizarse con la ambientación del teclado. Mención especial al primer solo de guitarra, donde se aprecia la influencia que la gran Calabaza tiene sobre estos colombianos. La “guerra” de solos entre la guitarra y el teclado de Salinas es algo interesante, especialmente considerando que ambas partes las toca el mismo personaje, un tema que además permite la batería de Osorio pueda lucirse un poco más y no sólo con un ritmo estable.

Con una ambientación oscura, como de pobreza y soledad, arranca Una Luz en la Oscuridad, una especie de power ballad que me atrevo a decir es uno de los puntos más bajos del disco. Si bien se entiende la idea de incluirla pareciera que le faltó un poco de maduración a la idea compositiva. Además, una estructura donde generalmente los vocalistas tienen la oportunidad de lucir toda su calidad vocal en este caso no cumple el objetivo, lo que deja como con un sabor a poco. Lejos lo mejor es la sección de los solos donde nuevamente Salinas se luce sin mucho esfuerzo, por desgracia la estructura del tema no termina de convencer, al menos a mí y, finalmente, pareciera no ser muy necesario en el compilado final aunque, creería, que la decisión de incluirla pasa más por el contenido de su letra que por el contenido musical porque vaya qué profunda, especialmente en el ambiente que crean las demás canciones.

Con un sonido quizás típico del Metal latinoamericano irrumpe Sin Miedo a Morir, con un riff pesado y lento que prepara para un grito de guerra que desgraciadamente pierde mucha fuerza al entrar la voz de Rodríguez, una línea vocal mal trabajada para mi gusto, donde además las letras parecen no calzar del todo bien en sus respectivos espacios instrumentales, lo que es un tanto triste porque la letra de la canción es considerablemente buena.

Shibböleth (Grito de Guerra) nos da la bienvenida con una introducción bastante más Power, con el teclado como protagonista inicial y un riff pesado pero no violento, lo que sumado a la velocidad cadente nos va haciendo sentir que la rabia está a punto de explotar y así los riff violentos de la vieja escuela del Heavy Metal entran y cambian rotundamente el ambiente, la guerra empieza y Rodríguez nos invita a acompañarle. Acá finalmente se puede disfrutar con confianza el trabajo vocal de Rodríguez, desgraciadamente siento que se exige innecesariamente en la última frase del coro, queriendo alcanzar un tono para el que su voz no está hecha. Sin embargo, en la generalidad del tema, finalmente podemos escuchar una relación precisa entre todas las partes, la letra, la voz, la melodía, la base rítmica, todo se suma para lograr el punto más alto de este álbum.

La batería de Osorio se luce en la introducción a Tu Alma en Juego, la que baja un poco su velocidad con el primer riff para traernos una midtempo potente que nuevamente nos regala una buena suma entre todas las partes de la ecuación, una sobria pero potente base rítmica, riffs pesados y levemente agresivos, líneas líricas y vocales bien armadas y trabajadas. Una muy buena apuesta que claramente gana su lugar en el disco sin mayor esfuerzo, claro que sin superar a su antecesora que dejó la vara bastante alta pero que sigue demostrando que la calidad de Salinas a la hora de componer es considerablemente alta.

Todo esto termina, al menos oficialmente, con Tu Libertad, claramente un himno desde el mismo primer segundo, con la estructura más Power Metal del disco. Una llamada a movilizarte por ti mismo y lograr tus objetivos, una estructura sencilla, sin mayores ambiciones que logra tranquilamente su objetivo de cerrar un trabajo que repuntó notablemente hacia el final, una base rítmica que no sorprende pero que acomoda mucho el escucharla, una estructura melódica de muy alta calidad donde la guitarra y los teclados de Salinas son siempre los protagonistas, una estructura lírica y vocal mejor lograda que en la mayoría del disco entregando un cierre de buena factura para un disco que aprueba pero con mucha ayuda y, sobre todo, gracias a sus tres últimos temas que le ayudaron a subir muchos puntos.

El mayor error para mi gusto que cometieron estos tunjanos es el bonus track que se incluye al final del disco, una nueva versión de Shibböleth (Grito de Guerra) pero esta vez con voces guturales. El tema en su formato original logra todos los objetivos y se alza como lo mejor de este trabajo, realmente un tremendo tema de Heavy Metal que me hace imposible entender la idea de agregar una versión tirando a Black Metal del mismo, siento que es querer tirarle barro a una pintura que te había quedado genial (sin ánimos de despreciar al Black Metal, un estilo que también disfruto bastante).

En resumen, el debut de los colombianos de Aura Ignis nos trae diez temas de calidad variante, donde sólo tres canciones realmente sobresalen y sólo una realmente decae, las demás se encuentran en un limbo que queda un poco más sujeto a interpretación. Lejos, lo más destacable del disco es la tremenda calidad compositiva que nos regala Milton Salinas, una mente que se nota tiene muchas ideas por entregar que sólo necesita ordenarlas un poco mejor para que todas las piezas de sus creaciones calcen de manera perfecta y podamos celebrar un segundo disco sin puntos bajos y que nos permita disfrutar a cabalidad su genio musical.

Otros detalles más técnicos que destacan en este trabajo tiene que ver con que nuestro país también forma parte del disco ya que la masterización estuvo a cargo de Sebastián Puente en los estudios Audiocustom en Santiago, además del tremendo trabajo de arte que estuvo a cargo nada más y nada menos que del tremendo Felipe Machado, por lo que siento y creo que esto es sólo el comienzo de una historia musical muy rica que espero no se vea truncada por todos los obstáculos que tiene la música en Latinoamérica.

Sebastián Miranda