Hace algún tiempo que no revisábamos discos del recuerdo, y qué mejor momento para hacerlo que en medio de la conmemoración de los veinte años de “Holy Land”, el segundo disco de los brasileños de Angra, sin dudas una de las bandas más importantes de Metal salidas desde este sector del mundo, y que ha logrado desde sus inicios mantener un sello, una esencia, un “sabor” que los distingue palmariamente de otras grandes bandas del estilo. Esa influencia brasileña e indigenista de su música, junto a elementos progresivos y otros neoclásicos y sinfónicos, son parte relevante de una estructura diferente al resto y que incluso los ha hecho una agrupación más entrañable y querida que otras.

Qué duda cabe: “Holy Land” juega un papel determinante en el catálogo de los paulistas. Una placa que desborda inspiración por todas partes, desde el primer hasta el último segundo, por cierto con algunos momentos más destacados que otros –como todo en la vida–, y que de todas maneras consolidó en aquel tiempo lo sólidamente insinuado un fantástico primer disco como “Angels Cry”. Producido por Charlie Bauerfeind y Sascha Paeth, a gusto personal, “Holy Land” es el disco donde Angra alcanza su madurez, encuentra definitivamente su sonido –que en su primera placa estaba algo más orientada a lo neoclásico–, toma mayores riesgos, busca ser un aporte innovador y nos regala joyas que perduran hasta el día de hoy.

Ya con su arte de tapa –con el mapa antiguo y la brújula en Brasil– y con los sonidos de la introducción Crossing uno ya puede ir haciéndose una pequeña idea de para dónde nos quieren llevar los brasileños, aunque sin lograr a esas alturas imaginarnos el nivel de aventura que nos harán vivir. Esta intro fue compuesta por Giovanni Pierluigi da Palestrina, compositor italiano del siglo XVI, y su nombre original es O Crux Ave, situándonos en la Europa de mitad del milenio pasado, poniéndonos la camisa con vuelitos escandalosos luego de pedirle dinero y especies valiosas a los reyes de turno y subiéndonos al barco para ir a encontrar nuevos mundos, con el sonido del mar y la lluvia torrencial.

La conexión de Crossing con Nothing To Say es estremecedora y es una declaración de principios de Angra: el teclado con su volumen creciente y, sobre todo, la percusión afro/brasileña, van a ser protagonistas durante gran parte del disco. Es increíble como un riff con solamente una nota es capaz de generar todo un ambiente y expectación, produciendo su primera gran explosión con la percusión/batucada que hace “terminar el inicio” de este tema, por decirlo de alguna forma. Ahí se quedan solos Kiko Loureiro y Rafael Bittencourt para dar pie al movimiento más Power de esta obra maestra, donde ya el barco zarpa hacia nuevas tierras con el bajo potente de Luis Mariutti y la batería de Ricardo Confessori. Y qué decir del ingreso de André Matos, con sus agudos inconfundibles, irrepetibles y a estas alturas casi incantables, con un puente hermoso y un coro magistral y levantapuños con el “Living forevermore, leaving today / Back from this land, I’ve got nothing to say!!”. Los pasajes inspirados de este tema son demasiados como para relatarlos uno por uno, y es difícil priorizarlos, desde lo más Power europeo hasta el quiebre neoclásico tan “Angels Cry” y su final definitivamente perfecto. Demasiada música esto, pásenle la copa a los brasileños y vámonos todos para la casa, en serio.

El desafío de hacer un disco a la altura de un tema como el anterior era enorme, y Angra lo hace de buena manera con un corte de otra índole, como Silence And Distance, otra obra maestra pero cortada con un cuchillo distinto. Matos y el piano nos hacen creer que es una balada, y si lo fuera sería una muy bonita. Pero cuando el tema agarra intensidad con los instrumentos restantes se convierte realmente en otra cosa, una delicia con tintes progresivos, quizás un poquito menos “arrojada” que Nothing To Say pero de ninguna manera menos inspirada. El coro, francamente hermoso con la voz de Matos acompañada por otras voces en segundo plano, también es de los momentos más fascinantes de este trabajo. Y terminar como al inicio también les funciona. Brillante.

Carolina IV, a criterio personal, es tranquila y simplemente una de las diez mejores canciones de Heavy/Power Metal de la historia, y quien escribe estas líneas es capaz de defender esta aseveración parapetándose con una AK-47 o de la manera que sea necesaria. Con este metafórico viaje a bordo de una carabela llamada Carolina IV, a la usanza de las embarcaciones de aquellas épocas con nombres femeninos, la exploración de Angra alcanza otro nivel, no sólo por los sonidos tribales y las incrustaciones neoclásicas, sino que acudiendo además a un coro que le canta a Iemanjá, o Janaína, que es una “orisha” ancestral de la religión yoruba africana, trasladada a América en el tiempo del tráfico de esclavos, que simboliza a la reina de los mares y que quiere decir algo así como “madre cuyos hijos son peces”.

A estas alturas si una persona está leyendo estas líneas sabe de qué tratan los diez minutos de Carolina IV y esta reseña no pretende ser tan descriptiva, pero si hay un concepto con el que uno podría intentar definirla es el de sincretismo musical. El sincretismo –muy básicamente– es un concepto que generalmente se aplica en el ámbito religioso, con la unión y comunión de dos o más rasgos muy diferentes, y ejemplos tenemos varios, especialmente con la llegada del cristianismo y la adaptación de cultos ancestrales a sus normas, como lo que se ve La Tirana o las misas en Isla de Pascua con rituales Rapa Nui. En Carolina IV los elementos clásicos, progresivos, tribales y por supuesto de Heavy Metal encuentran una amalgama sin igual, una obra maestra irrepetible, y nos lleva a tomar un río hacia el cielo cada vez que tenemos la suerte de escucharla. Sólo aportar con un dato que no mucha gente sabe: la sección ultra brasileña en flauta que comienza pasados los 4:18 es una referencia/homenaje a la canción “Bebê”, del compositor y multiinstrumentista brasileño Hermeto Pascoal. Modestamente les sugiero que busquen alguna foto en Google del compositor y es ver al Viejito Pascuero tocando acordeón, es una cosa entrañable.

Pero volvamos al disco. Es claro que Holy Land es una canción que sería prácticamente imposible de incluir en algún otro disco de Heavy Metal de la historia, o que al menos suene armónica y contextualizada. Pero no sólo en este disco cabe perfecto, sino que además el disco se llama así, lo que le da otro brillo y la hace aun más “defendible”. Porque es cierto que no es una canción derechamente de Metal, quizás ni siquiera sea de Rock, pero más allá de las etiquetas, es un tema que probablemente sólo podría haber compuesto Angra, y el sello de identidad de la banda está pocas veces mejor consagrado que en Holy Land. Con su ritmo atrapante, orgullosamente brasileño desde el primer hasta el último segundo –pese a ser cantada en inglés–, a no pocos metaleros fundamentalistas les provoca al menos alguna gana de mover la patita, por último a escondidas para mantener la imagen, no le contemos a nadie, pero seamos sinceros.

Quizás The Shaman no sea tan brillante como los temas de la primera mitad del disco, probablemente sea un poco menos fácil de escuchar que las anteriores, algo menos “oreja”, pero es un tema interesantísimo. Es posible estimar que es la canción más progresiva del disco. Ya los navegantes, luego de su larga travesía para llegar a la tierra santa, se encuentran con un chamán que les da un consejo tan sencillo como contundente: calentar el alma cuando el cuerpo se congele. La parte narrada (extraída del trabajo “Música Popular do Norte Nº 4” de Marcus Pereira) le aporta un aura más misteriosa a un tema con momentos muy altos, especialmente con el trabajo de las voces de Matos interpretando a distintos personajes en el precoro.

Make Believe es un tema realmente bonito, la primera balada del disco, probablemente con menos influjo tribal e indigenista que el resto de este trabajo, pero no por ello menos emotivo. Probablemente una crítica que se le pueda hacer al disco dice relación con el volumen del teclado de Matos en contraposición a las guitarras, apreciación que personalmente considero válida, aunque cuesta imaginarse a “Holy Land” con otro tipo de sonido. Y quizás sea en Make Believe donde ello sea algo más evidente que en resto de las canciones de esta placa. De todas formas el vuelo y la intensidad que va tomando el tema hacia el final no tienen desperdicio, particularmente cuando emergen las guitarras de Kiko y Rafa en plenitud. Ojo con la versión acústica también, que para varios es aun mejor que la original.

Probablemente Z.I.T.O. sea el tema más clásicamente Power de todo el disco. Con su inicio a percusión y teclado que dan un aura de viaje misterioso, nos lleva a un ritmo Power prácticamente incesante. Quizás para algunos los agregados de teclado en los riffs estén un poco de más, pero personalmente me parecen increíbles y precisos. Y qué decir del coro con su “Like a teenager discovery / What’s more delightful than this? / Try to remember how good it was / Feeling the life as it is / To believe!” con las segundas voces apoyando, siguen siendo estremecedoras pese al inexorable paso del tiempo. Ojalá algún día sepamos lo que realmente quiere decir “Z.I.T.O.”, un secreto bien guardado por la banda y respecto del cual han circulado diversas versiones, nunca confirmadas, como que sería la sigla de “Zur Incognita Terra Oceanus” (sigla que parece algo acomodaticia al concepto del disco), o que se refieren al diminutivo de un conocido (cosa que parece más probable tomando en cuenta los diminutivos en portugués, de hecho al exfutbolista Zico le dicen así porque se llama Arthur Antunes Coimbra y de pequeño le decían Arthurzico). Aunque quizás sea mejor que siga siendo un misterio.

Deep Blue no es una balada común. La influencia de la música sacra de hace varios siglos es muy evidente, aunque obviamente modernizada, primero con la voz de Matos y luego con el desarrollo instrumental. Uno realmente puede imaginarse observando la inmensidad del mar, sin más compañía que uno mismo, reflexionando acerca de la vida y pensando como dice el coro: “Waiting for someday when the ocean and sky / will cover up the land in deep blue / Renaissance is over and I wonder: / Should I always be the same once again?”. La influencia sacra se nota muchísimo en el comienzo y sobre todo hacia mediados del tema con los arreglos corales, con esa lentitud y pesadumbre que confirman el aire de espiritualidad reflexiva de esta canción.

La bella balada acústica Lullaby For Lucifer, con la guitarra de Bittencourt y la voz de Matos, junto el sonido de las aves y el mar, en poco más de dos minutos cierra las puertas, con delicadeza y sensibilidad, a un trabajo atrevido, definidor del sonido de la banda e incluso vanguardista. Los créditos no van sólo para los cinco músicos y la producción, sino que además para toda la amplia serie de músicos que colaboraron con instrumentos tan ajenos conceptualmente al Metal como el berimbau, el djembe o el didgeridoo, por sólo nombrar algunos.

Personalmente, conocí a la banda en esos años, cuando su “último” disco era precisamente este, antes de “Fireworks” y por lo mismo antes que vinieran a Chile, lo cual es algo que ayuda a decir que es una placa que ha envejecido muy bien, que como decíamos, desparrama inspiración en prácticamente todas las canciones, y que pese a sus increíblemente múltiples influencias, Angra fue capaz de hacerlas sonar como un todo compacto, hacerle sentir al oyente que todas partes, por diversas que sean, forman parte de un mismo contexto. Un disco maravilloso, alucinante y extremadamente valiente, y que con justos merecimientos es calificado por muchos no sólo como el mejor disco de la banda, sino que uno de las mejores placas del Heavy/Power Metal, al menos de los años ’90. Para disfrutarlo por siempre.

 

 

10 comentarios
  1. Father Time Dice:

    ESTO LO ESCRIBÍ HACE COMO CUATRO DÍAS… antes que saliera el review del Darío: «Creo que «Holy Land» es, musicalmente uno de los más perfectos e innovadores discos de power metal de los ’90, y probablemente el mejor álbum de metal hecho en Sudamérica jamás» Coincidimos en líneas generales. Del disco ya está todo dicho, sólo destacar el excelente review de Darío (era que no!), que a muchos de los que disfrutamos de este álbum, nos interpreta absolutamente. Para mí como powermetalero, es una obligación estar el viernes en el show, aunque existan los clásicos problemas con los permisos en la pega, para los que vivimos en regiones.
    Saludos cabros!

    Heavy Metal is the Law!!!

    • Ziin Dice:

      Eres grosso, leí to review y coincido con casi todo. No he visto el diario. lo Haré ahora. Se agradece por el tiempo que invertiste en la redacción, me emocioné con más de alguna de tus descripciones. Se nota que es una opinion cargada de emocionalidad, recuerdos y nostalgia. No te puedo culpar, hubiera hecho lo mismo y quizá peor. QUIÉN PUEDE NO IMPREGNAR DE MEMORIAS EL MALDITO HOLY LAND?!
      Perderé la voz ese día.

      Heavy metal is the law.
      PD: voy de región igual a ver el concierto, después de esto, sólo me queda blind guardian para morir en paz.

  2. CARLOS Dice:

    EXCELENTE REVIEW DE UN GRAN TRABAJO DE ANTAÑO.

    PODRIAN ESCRIBIR UN REVIEW DEL EXCELENTE ALBUM DE TRICK OR TREAT RABBITS´ HILL PT. 2

  3. Pablcar Dice:

    El de hermeto pascoal ya lo sabía, pero el piano del holy land parece que se lo escuché a tom jobim, pero no me acuerdo que tema :(

  4. Mindfreack Dice:

    Que tremendopaso disco uno de mis primeros discos en mis manos, el primero comparado en la extinta under del portal lyon, lejos una joya del metal

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