¿¡Del 2000!? ¿Por qué no? Entiendo que alguno salte al ver que revisamos como uno «del recuerdo» algo sacado en el siglo XXI, de por qué se elige uno tan nuevo dentro de toda la historia metalera. «¿Que no saben más de metal?» Estoy seguro que alguien está pensando ya esa estupidez… Sí, quizás haya sido prudente esperar más tiempo, pero ya han pasado cuatro años desde que Enlighten the Darkness de Angel Dust salió y me asusta que se pase por alto uno de los más grandes lanzamientos del último tiempo, que esté en riesgo de perderse, el que considero el mejor álbum en lo que va corrido de la década, considerando todas las tendencias.

Enlighten the Darkness es un trabajo extraordinario, con once himnos de tragedia, dolor, rabia, locura, obsesión, encanto y desencanto, esperanza… once reflexiones sobre el hombre, un disco extremadamente intenso, que remueve la fibra y los sentidos, el más humano y fuerte emocionalmente que me ha tocado escuchar. Oscuro muy a su manera, de aquel de una historia trágica de la que ya se sabe el final, pero se repite y no podemos hacer nada para evitarlo.

El mérito es gigantezco, porque de uno de los tópicos más sensibles y polémicos que pueden haber en Europa y el mundo, Angel Dust se las arregló para escribir un disco de estas característas, conmovedor y universal: la Segunda Guerra Mundial y «el auge, apogeo y caída del nacionalsocialismo», como rápidamente habré escrito en alguna oportunidad. Esto, porque no se embarca en un relato épico de un triunfo contra el mal, o una opinión política histórica de los sucesos, ni menos una descripición la cual tendría menos atractivo, sino que se aventura como una sonda en la siquis de las personas, en ejemplos cotidianos, de la vida real. Tenemos a veteranos de guerra, soldados en el frente de batalla, gente expuesta a discursos de grandeza, hipnotizada, esa misma que sobrevive para presenciar la desgracia y la amargura del choque con la realidad, familias divididas, matrimonios, vidas, etc.

Este álbum es casi como una historia, casi, porque carece de un desarrollo lineal presentación-conflicto-clímax-desenlace, de una línea de tiempo, como si fueran varios relatos de un cuento. Es como si el orden de las canciones hubiese sido desordenado a propósito, lo que le da su aire de enigma que cautiva. Por eso también es que es uno de los discos más inteligentes con los que me he cruzado, de los mejores logrados, muy lúcido, brillante y genial.

No se engañen con el nombre Angel Dust. Musicalmente este álbum que no se le puede identificar con la escena Heavy o Power Metal que le rodea en su país, Alemania. Enlighten the Darkness, el tercero de los cuatro que sacaron entre 1998 y 2002, es el punto cúlmine en la evolución compositiva del grupo. Fórmula Angel Dust en su ecuación más elevada, el más pesado -y variado- de los hechos con el actual guitarrista de Running Wild, Bernd Aufermann, lo que no deja de ser curioso debido a la mayor cantidad de pasajes acústicos que posée. Angel Dust había dado con su estilo, desafiando los estereotipos del Power Metal y, en honor a la verdad, demás tendencias. Es que realmente lo hecho acá es sobresaliente, melodías delicadas y ritmos poderosos, elegancia y fuerza, ampliando márgenes, una mezcla en la que otros han fallado estrepitosamente. La crítica también ha fracasado en tratar de encasillarlos… Los euro-Nevermore, Power Metal progresivo, Power-Thrash, Thrash progresivo y cuánto más.

Menos powermetalero que Border of Reality (1998) o progresivo como Bleed (1999), la contraposición entre agresividad y sofisticación es perfecta, lo último gracias los multifacéticos teclados que las hace de piano y orquesta, además secuenciar efectos electrónicos.

La manera cómo Enlighten the Darkness comienza es espectacular, musical y letrísticamente, con Let me Live y The One You Are. La primera muestra a un veterano que recuerda con excitación la crudeza de la batalla, transformado en una máquina asesina, pero ahora de vuelta en su casa atrofiado por dichos pensamientos, totalmente transformado. La segunda, no sabría decir con claridad si es un padre de familia que vuelve cual soldado del film de Amenábar, Los Otros, o es que si se vuelve irreconocible ante su mujer e hijos por el éxtasis colectivo acontecido por esos años, pero el llamado de la esposa es dramático: Are you still the loving father? Your children can look up to? Open your heart again for humanity… The One You Are debe ser el corte más completo, con cambios muy bruscos según el estado mental, pianos que materializan las sensaciones que transmiten un coro sin adornos, quizás el mejor solo del disco, voces femeninas… LA canción que hay que mostrar para presentar a quienes no los conocen.

Inteligente partida… los temas dan cuenta de cómo terminan o cambian las personas al pasar por estas experiencias, por lo que ya sabremos el final de algunas de las historias que vienen más adelante, como Enjoy! que refleja una mezcla entre sed de violencia y goce, con su cuota de sadismo. La historia se repite, sólo queda aplicar el mismo final para entender la intención de Angel Dust.

Con estas tres canciones ya se puede apreciar el trabajo de las guitarras. La gracia en este álbum es que Bernd graba varias pistas de guitarra una encima de otras, el mismo riff, por decir, tocado varias veces con una distinta sutileza, o el mismo acorde tocado de otra forma, con una gama de sonidos y figuras escondidas que cuestan trabajo descubrir. Así las guitarras le dan mucha naturalidad al resultado, llenan todos los espacios y nunca se pierden frente a los teclados. Una lástima que Aufermann haya abandonado el grupo durante esa gira porque se echó de menos el siguiente disco, Of Human Bondage (2002). Ahora, como se dijo, está Running Wild, banda que se encuentra en su etapa senil desde Victory, dándole respiración boca a boca, pero que ni siquera su aporte en el Live ha podido revertir la debacle.

Uno de estos mismos riff potentes y doblados, con la marca del bombo y el bajo, introducen Come Into Resistance, otra de la poderosas. Basada en la vida real, el bisabuelo de los hermano Frank y Steven Banx, bajo y teclado respectivamente, fue miembro y fundador del grupo de resistencia Esperanzo, que se encargaba de sacar a los judíos de Berlín y llevarlos a Amsterdam donde estarían a salvo. Sucedió que le exigió a su hijo -el abuelo de los Banx- que se uniera a la resistencia, pero se opone ya que tendría que dejar a su esposa e hijo recién nacido por todos los peligros. Asustado, el hijo no sabe qué hace ni pensar y Come into Resistance hace el papel de «banda sonora» del conflicto.

La primera «pausa» viene con Beneath the Silence, corte de tres minutos que presenta solamente guitarras españolas que dibujan notas maravillosas y la voz de Dirk Thurisch, quien «habla» el verso con un tono melancólico y termina, en contraste, con un coro muy melodioso. Es preciosa, reflexiva, íntima y triste. La idea original de Enlighten the Darkness se descubre: una persona que ya conoció los horrores de la guerra en las trincheras que ve con impotencia la arremetida de otra tras la llegada de los Nazis, a la que inevitablemente será arrastrado. Y, entre el tormento, lo único que quiere es volver a tener una vida tranquila.

Cuando se espera que luego de Beneath the Silence viniese otra canción de tonelaje, Angel Dust se arriesgó con sólo poner un piano a continuación. Es Still I’m Bleeding, que junto con el teclado empieza con la frase «My dear wife». Sí, es una carta de un joven soldado en el campo de batalla a su esposa, que contiene una fuerza y angustia que desgarra. La voces femeninas que se unen a las de Dirk encajan perfectas, dando la sensación que la mujer está allí, al lado, como un sueño, proyectando el sufrimiento de la separación y la esperanza del reencuentro… hasta que de pronto explota la fuerza del coro que devuelve al personaje a la realidad… But still I’m fighting, but still I’m killing, but still I’m bleeding. El grito Believe in me, I promise you, I soon will close my arms around you! desparrama amargura y emoción. Still I’m Bleeding es simplemente perfecta, más que una canción, un generador de sentimientos que demuestra la maestría compositiva de esta alineación. Inconmensurable.

Y contando Still I’m Bleeding hasta el final del álbum, cuál de todas es la mejor, no hay forma de dilucidarlo. I Need You, Cross of Hatred y Oceans of Tomorrow, las tres son tan maestras y brillantes por igual que vale un mismo juicio: descomunales, monumentales. La fuerza lírica en Enlighten the Darkness va en constante aumento. El título de I Need You engaña pues no se trata de otra historia trágica de amor. Por el contrario, su tópico es inquietante. El layout del booklet enseña una silueta de espalda, de frente a una masa humana cautivada y como en trance ante la presencia de este idílico personaje. ¿Qué es lo que estará diciendo? Las letras lo indican. Lo increíble es que Angel Dust se las arregló para hacer este tema muy atractivo, sin caer nunca en un algún mal entendido que los hiciera parecer partidiarios o detractores, elevándose por encima de alguna opinión que arruinara el espíritu del álbum.

Para Cross of Hatred, su introducción First in Line se transforma en el elemento que explica el sentido de la canción. Es fácil imaginarse a estos dos amigos soldados en una helada mañana en el frente, que inocentemente piensan que con un rifle en mano y un casco gris nunca van a morir.

Un riff pesadísimo rompe esta reflexión bruscamente, Cross of Hatred representa magistralmente el doloroso trance del que es percatarse que los ideales no eran tales, de sus consecuencias y que no se puede volver atrás, llena de rencor y arrepentimiento. Un See an arm, see a leg, torn apart the rest. That’s been you my friend just seconds ago… lo grafica. También se muestra en el coro que tiene dos variantes. Mientras la primera dice I will fight not asking why, I will rub out every lie. For yout Law, oh my Lord, I’m prepared to die… la otra responde I will not fight for your lie, why you want us all to die? For your law, oh you beast, we’ve been sacrified… Cross of Hatred es la más pesada del disco, con mucha rabia, con un coro prodigioso, lo que demuestra que Enlighten the Darkness, a pesar de su complejidad, también está hecho para cabecearlo.

Pero Enlighten the Darkness tiene un final feliz: la balada Oceans of Tomorrow. Esto es la vida real y no se puede volver atrás o esperar la llegada de un héroe de sagas fantasiosas que arregle todo el desastre cuando ya no hay esperanzas. Lo siento, en el mundo real no pasa, lo hecho, hecho está. Final feliz en cuanto a que es «el» momento en todo el disco donde hay tranquilidad, sosiego, descanso, alivio, donde el hombre se libera de sus alienaciones, de sus ataduras, reconoce sus caídas y es capaz de volver a empezar. Vuelve a su familia, se reúne con su mujer, se reconcilia con su padre, o simplemente la muerte los llevó a mejor vida, qué paradójico. Pero la esperanza se enciende y en dos notas cobra sentido el nombre del álbum, como ese mismo ángel de la portada que irradia su luz en un enorme y frío palacio.

Un disco tan intrincado y complejo como el ser humano, tan intenso, profundo, tiene una sola manera de describirse: con pasión. Es un asunto de justicia. En fin, mientras más lo escucho menos claro tengo si es un álbum de metal u otra cosa. Como dije, son más que canciones, reflexiones, sentimientos, guitarras, sintetizadores, doble bombos… es una obra maestra, el único de la década que me atrevería a calificarlo así. Testimonio de las impresiones de su tiempo, universal, cada vez se le descubre algo nuevo, se adentra en una realidad a través de lo más visceral del hombre, sus temores, sueños, pesadillas y esperanzas, su sentir y, por supuesto, su música es de primera clase.

Enlighten the Darkness, destinado a convertirse en clásico género si no hubiese sido por la errática carrera de Angel Dust. ¿Qué sucedió que no tomó más vuelo? Su primer disco, Into the Dark Past (1986), vendió 30 mil copias sólo en Alemania, su segundo, To Dusk You Will Decay, les valió para presentarse junto con Running Wild, pero se separaron inexplicablemente. Tuvieron que pasar diez años para que apareciera Border of Reality, un disco tan alejado del sonido thrash de los anteriores, que los que aún se acordaban de que existían se desilucionaron con el regreso. Parecía otra banda y tuvieron que partir de cero para construir una nueva fanaticada. Y en eso estaban, cuando en 2002 infames incidentes rompieron las relaciones entre sus integrantes. Les ha faltado algo simple: continuidad. Si no hubiera mediado el infortunio, estoy seguro que Angel Dust habría sido tan grande como lo es Blind Guardian. Ahora Frank Banx, miembro fundador y líder, vive en Estados Unidos donde planea la tercera encarnación de Angel Dust, junto con Ritchie Wilkison, el guitarrista que tocó en Of Human Bondage, mientras que Dirk Thurisch con su banda Mercury Tide lanzó Why? el año pasado. Pero resulta que ahora el baterista, Dirk Assmuth, también fundador, anunció en abril que «Angel Dust está ocupado en la composición de un nuevo CD», que Dirk, él y Steven (teclados) siguen en la banda y que están trabajando con un guitarrista y bajista contratados.

El hecho es que tanto que se habla de necesidad de quiebres, pero cuando llega uno, se pasa por alto, sea por la culpa de quien fuera. Le sucedió a Bach, a la corriente impresionista y a Angel Dust. Nadie entiende nada. Lo único que se puede decir es que Angel Dust ya hizo suficiente, ya cumplió su llamado con un disco que es único y que no volverán a repetir. Me aguanté cuatro años en decirlo, y cada vez estoy más convencido: maestro.

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