1997 La era del CD no alcanzaba aún su máximo apogeo, y todavía los cassettes gozaban de buena salud a nivel macro –más allá del revival de los formatos antiguos que se vive hoy en día–. Plena etapa de ebullición de varias bandas que adoptaron un formato melódico y veloz, con influencias evidentes de la música docta, formato con el cual se fueron consagrando y les permitieron visitar tierras tan lejanas como esta que se encuentra en el fin del mundo.

Y entre medio de esas bandas aparecieron estos italianos que decidieron llevar las cosas más allá. Quizás no haya habido un invento propiamente tal –quién podría juzgarlos por ello–, pero sí definitivamente son los precursores de un sonido mucho más épico, clásico y hasta barroco por momentos, pero sin perder la esencia del Power Metal. Lo de Rhapsody en su oportunidad fue tan impactante, que para no pocos oyentes los hizo vivir una sensación de ser la música que siempre habían querido escuchar. Así de simple, si es que en Rhapsody algo es simple.

Si ya con “Legendary Tales” nos dejaron peinados para atrás, lo que sucedió poco tiempo después con “Symphony Of Enchanted Lands” terminó de consolidar a Fabio Lione, Luca Turilli y Alex Staropoli en el mundo del Metal. Un disco que para no pocos es lisa y llanamente perfecto, con un nivel de inspiración, frescura y maestría cautivantes hasta el día de hoy, con himnos del Power Metal como la enorme Emerald Sword o Wisdom Of The Kings, sólo por nombrar un par de las joyas más destacadas de un disco indiscutible.

Así, vinieron otros trabajos fabulosos como “Dawn Of Victory” o “Power Of The Dragonflame”, visitas a nuestras tierras como esa inolvidable del 2001 con tres shows en veinticuatro horas, luego un pequeño bache y un renacer con discos muy sólidos como “The Frozen Tears Of Angels” o “From Chaos To Eternity”, que marcaron el fin de una época gloriosa, luego de que Luca Turilli decidiera tomar su propio camino, exacerbando aun más sus ideas, saliendo de la épica y trasladándola más hacia la música de películas.

Por eso resultó tan sorpresiva la unión de Luca Turilli con Fabio Lione para este tour de despedida. En mayor o menor medida, ambos han sido extremadamente influyentes en muchas bandas y canciones. El sonido y la creatividad de Turilli son tremendamente característicos, y el impresionante caudal vocal de Lione, pese a llevarlo a cantar en variopintas agrupaciones como Angra, Vision Divine o Kamelot, siempre queda mejor en Rhapsody.

Muchos metaleros, probablemente de los ’90 hacia atrás, empezamos con bandas como Metallica o Iron Maiden. Era el camino lógico para llegar a ir descubriendo otras bandas. Pero Rhapsody es uno de los estandartes de una especie de tercera vía, porque no pocos metaleros de hoy precisamente iniciaron su aproximación a este mundo fantástico que es el Heavy Metal con estos italianos, que con sus coqueteos, flirteos y derechamente amoríos con la música clásica ampliaron ciertos espectros y marcaron una época.

¡A levantar el puño y cantar con Rhapsody!

DARÍO SANHUEZA DE LA CRUZ

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