1999: El año de mayor efervescencia por el Power Metal

La explosión del Power Metal en 1996 y 1997, con se punto culmine en el ’98, hicieron de 1999 un año tremendamente especial y prolífico para el estilo.

Los sellos metaleros depositaban toda su confianza a los consagrados y potenciales del estilo, lo que ayudó no solo a aumentar la cantidad de lanzamientos, sino a dar pie a proyectos que terminarían siendo grandes referentes de la escena.

En PowerMetal.cl, revisamos los principales discos #PowerMetal1999, aquellos que este 2019 cumplen ya 20 años de vida.

por Jorge Ciudad

Rage – Ghosts

Fue un disco complicadísimo para Peavy Wagner, líder de la banda. Todas las fricciones en la producción de este trabajo orquestado hicieron que los integrantes decidieran irse durante el mismo proceso, por lo que tuvo que rearmar una alineación que -más tarde- probaría ser la más importante de su carrera después de la de comienzos de los noventa Manni Schmidt (guitarras) y Chris Efthimiadis (batería).

¿Qué es lo notable de este Ghosts? Primero, que era un disco que se atrevía a experimentar sin atender lo que estaba sucediendo en a la escena powermetalera, respondiendo al carácter siempre camaleónico del conjunto, que cada año sacaba producciones y que siempre hacía giros brucos en lo estilístico. Y segundo, lo excelentemente bien que envejecieron temas como Back in Time, Wash My Sins Away, Love and Fear Unite y muchas otras.

Valiente e innovadora entrega, contra la corriente de sus pares, refinada obra maestra entre tantas que tiene Rage en su catálogo.

Primal Fear – Jaws of Death

Sinner y Scheepers proyectaban a Primal Fear como grupo estable con larga vida, priestero y furioso, un paso decisivo que ya se veía en 1999 con la segunda entrega de la banda.

El drive de los riffs era imposible de frenar, la presencia del ex cantante de Gamma Ray era tan apreciada como todopoderosa, con toda una escena que le daba la bienvenida de vuelta tras intentar unirse Judas Priest sin éxito, con todo el sacrificio que le significó.

Lo más interesante es que para Primar Fear, este era solo el comienzo y ya estaba siendo protagonista del metal alemán.

Nocturnal Rites – The Sacred Talisman

La efervescencia por el Power Metal era tal en esos días, al igual que la impaciencia por escuchar más y más material cómo viniera y dónde viniera, que rápidamente uno encontraba con bandas como Nocturnal Rites, con su disco del ’99 que respondía a todos quienes buscaban seguir maravillándose con el toque que Suecia le daba al movimiento.

“Escucha esta banda sueca, que es mejor que HammerFall” se atreverían algunos a decir, quizá por la alegría de haberlos encontrado…

The Sacred Talisman terminó siendo un disco único, pues el conjunto cambiaría su estilo en el siglo XXI. Muchos prefieren trabajos como Afterlife o Shadowland, pero ninguno de esos significará quizás lo que significó este lanzamiento para muchos.

Nota aparte: la portada, una de las clásicas de la época.

Metalium – Millennium Metal (Chapter One)

Terminaba el milenio y el Power Metal -al igual que todo el mundo- no estaba indiferente ante semejante acontecimiento.

Mucho se hablaba del cambio de siglo y en ese contexto sale Millennium Metal de Metalium, súper proyecto anglo-germano que nació en grande, con músicos como Chris Caffery (Savatage), Mike Terrana (Yngwie Malmsteen), el jefe Lars Ratz y el superdotado vocalista Henning Base, con canciones que harían que toda sangre powermetalera se calentara con sólo escucharlas, y tomándose en cuestión de meses escenarios como el Wacken Ope Air.

Es que Metalium era una celebración total del Power Metal y solo por eso logró colarse entre los fenómenos del estilo en 1999.

Millennium Metal  Chapter One era un trabajo poderosísimo, conceptual de batallas épicas en el futuro, de una banda que rescataba todos los valores del Power Metal y los enaltecía para que todos se sintieran orgullosos de ser seguidores del movimiento.

Grave Digger – Excalibur

Pocas veces Grave Digger ha sonado más grandioso y épico que en este trabajo… y quizás se lo debamos a lo que estaba pasando en la escena…

Chris Boltendahl y Uwe Lulis supieron leer los tiempos que corrían y sacaron en 1999 el álbum más powermetalero de su carrera, más rápido, melódico y majestuoso, basado por supuesto en la leyenda del Rey Arturo, tercer conceptual consecutivo escrito a partir de pautas medievales y cerrando la trilogía comenzada el ’96 con «Tunes Of War» y el ’98 con “Knights of the Cross”.

Himnos de Power Metal como Pendragon, Tristan’s Fate, The Final War y Mordred’s Song, se mezclan con épicas como The Round Table (Forever), The Spell y Lancelot, posteriores clásicos como Morgane le Fay, y facetas más sensibles como Avalon y Emerald Eyes, cerrando un trabajo que sería el último con Lulis, actualmente el Accept.

Sinergy – Beware the Heavens

Uno de los super grupos más estelares de la época, una alineación internacional con miembros de In Flames (Jesper Strombald), Children Of Bodom (Alexi Laiho) y Arch Enemy (Sharlee D’angelo) en su máximo peak de inspiración creativa, dando rienda suelta a un recordadísimo trabajo, en las voces de la norteamericana Kimberly Goss.

Primero llamaba la atención los nombres… después la caja morada del disco… pero después, grandes temas como Venomous Vixens, The Fourth World, The Warrior Princess, el tema título y cuántos otros más que hicieron de este uno de los mejores lanzamientos del ’99, un disco compacto y preciso que no por ello dejaba de impresionar. Cada melodía estaba excelentemente pensada, y las canciones lograban brillar gracias al oficio de sus talentosísimos músicos.

No perdamos de vista la importancia de Stromblad en el Power Metal de fines de los noventa, dejando su huella en los dos mejores discos de Hammerfall (Glory to The Brave y Legacy of Kings, y luego bajo el debut de Sinergy.

Freedom Call – Stairway to Fairyland

Lo cierto es que muchos fanáticos llegamos a esta banda porque el batero de Gamma Ray, Dan Zimmermann, era uno de los principales compositores de Freedom Call junto con el guitarrista y cantante Chris Bay. Sin embargo, casi todos nos quedamos debido a sus canciones fantasiosas que levantaban el espíritu, positivas, livianas sin dejar de ser profundas, que ponían la piel de gallina y contagiaban alegría.

El Power Metal no tendría el mismo cariz de no ser por Freedom Call y su energía tan particular.

«El nombre Freedom le debería mostrar a la gente que somos una banda con un pensamiento positivo. Queremos darle a la gente, con nuestra música y nuestras letras una motivación e inspiración positiva sobre la vida. El nombre debiera expresar la actitud de la banda», decía Chris Bay a PowerMetal.cl, en la primera entrevista que hicimos como medio, ¡hace ya 18 años!

Kamelot – The Fourth Legacy

Como llamaba la atención que Estados Unidos se contagiara con el movimiento melódico de ese entonces, pero Kamelot no solo atraía por eso, sino por su estilo único que conjugaba lo exótico de su música.

Con The Fourth Legacy uno se transportaba a lugares de ensueño, evocados por la voz oscura y tersa de Roy Khan, el toque arabesque y los arreglos tan mágicos de su música. Un trabajo sumamente colorido, variado, evocador y muy seductor, el disco al cual Kamelot le debe su fama incluso antes que la banda girara a tonos más elegantes -e incluso oscuros, por no decir góticos- en años posteriores (era Stratovarius la banda más “de terno” de la época).

Kamelot había explotado, un fenómeno que aprovecharon con un disco en vivo capturado en la promoción de este The Fourth Legacy. ¿El mejor trabajo de Youngblood y Khan juntos? Al menos es el más «único», uno que salió justo para que el conjunto se subiera con carácter a la escena.

Iron Savior – Unification

Algunas veces pasa por alto la real importancia de Piet Sielck en la construcción del Power Metal, ya que estuvo por años en silencio asesorando en producciones de otras bandas y solo muy avanzado los noventa se animó a levantar su propia composición metalera a nivel profesional.

Pero, cuando lo hizo, fue responsable de una verdadera explosión, mezclando velocidad, energía, melodía y ciencia ficción, fórmula apadrinada por el mismísimo Kai Hansen como parte de la alineación.

Los supergrupos se hacían parte de la escena, con bandas como Primal Fear, Metalium, Sinergy y otras. Y aquí, Iron Savior destellaba con luces propias. Solo es cosa de escuchar Coming Home, Starborn, Brothers y Prisoner of the Void para entender que Sielck es uno de los grandes contribuidores a la enciclopedia del Power Metal, tanto en sonido como en composición.

There’s no turning back Santiago! ¿Por qué 1999 fue tan importante este año para los powermetaleros en Chile?

La explosión de este movimiento en Europa aconteció en 1996-1997, alcanzando su clímax el clímax el ’98.

Por su éxito, esta onda expansiva llegó a Chile en 1999, año en que las más grandes bandas de este fenómeno pusieron sus radares en Chile, viniendo a tocar a nuestro país. Y nada volvió a ser lo mismo…

Hammerfall en vivo, Stratovarius en el Monumental, Gamma Ray con Roland Grapow y con el enorme Powerplant, Angra en su mejor momento… llega a emocionar el solo recordar esos conciertos.

Chile se convertía en escenario para las bandas, los grupos volvían a sus casas hablando maravillas del público nacional, la distancia con Europa se empezó a hacer más corta y se extendió un puente aéreo que permitió tener a muchas más agrupaciones tocando frente a los chilenos. Esto partió acá y el peak duró por mucho tiempo.

Vision Divine – Vision Divine

Vision Divine parecía un súper grupo en 1999 al tener a Fabio Lione de Rhapsody con Olaf Thorsen de Labyrinth, aunque no era más que la reunión de amigos «separados» en lo musical luego que Turilli y Staropoli se llevaran al cantante a su propia banda…

Quizás, era primera vez que varios escuchaban a Thorsen, atraídos a Vision Divine por la participación de Lione en Rhapsody, una especie de «puente» que incluso le dio más exposición a Labyinth en la escena.

El debut de Vision Divine está entre los grandes lanzamientos de 1999, un trabajo tan importante como Return To Heaven Denied para darle identidad al Power Metal italiano. Olaf Thorsen se consolidaba como una de las figuras y guitarristas más reconocidos del movimiento, regalando un estilo propio sumamente distinguible y canciones que sellarían el destino de Italia en el orbe powermetalero.

Y no es necesario hablar de la portada, una de las más icónicas de la época, y presente en tantas poleras metaleras de ese entonces.

Iced Earth – Alive In Athens

Que el pináculo artístico de una banda sea un trabajo en vivo, es un caso excepcional.

Pero Iced Earth con un disco triple en directo, que cubría como el 70% de su catálogo de canciones hasta la fecha, y con arreglos que mejoraban los temas de manera extraordinaria, han hecho de esta producción no solo la obra cumbre de Jon Schaffer, sino también uno de los en vivo más importantes de los noventa y del metal.

El sonido era poderoso y pristino, en un trabajo con el cual se hicieron famosos el brazo de Schaffer para los riffs y, en especial, el vozarrón de un Matt Barlow que mientras más cantaba acá, más legendario se volvía. Así, es imposible entender la reputación de Iced Earth sin este lanzamiento.

Qué decir del público, con el que uno se imaginaba que Iced Earth estaba tocando frente a decenas de miles de griegos en un coliseo que se venía abajo, cuando el lugar no era más grande que la Cúpula del Parque O’Higgins.

Disco en vivo de la década…

Edguy – Theater of Salvation

Esa mezcla perfecta entre Helloween y Stratovarius que mostraba el tercer álbum de Tobias Sammet y compañía, fue uno de los motivos por el cual pegó tan fuerte este lanzamiento acá en Chile. Tanto así, que su giro cinco años más tarde a sonidos “más rockeros” nunca convenció del todo a los fanáticos de esta época.

El hecho es que poco a poco el conjunto empezaría a brillar sin tener la necesidad de ser comparado, pero esta joven sensación del metal alemán traía nueva sangre a la poderosa escena germana, en días que estaba muy fuerte entregando lanzamientos y lanzamientos para la posteridad.

El disco estaba producido bajo los estándares que el metal melódico exigía en ese entonces: claro, pesado, elegante y muy cuidado. Las letras mostraban introspectivas y reflexiones espirituales que respondían a los cánones del estilo, y así Edguy logró convertirse en protagonista de la escena, con el álbum que varios considerarán como el mejor de este grupo.

Y estamos hablando de Babylon, uno de los himnos noventeros del Power Metal…

Luca Turilli – King of the Nordic Twilight

Para algunos, el primer álbum solista de Turilli es considerado -medio en broma, medio en serio- como el mejor disco de Rhapsody…

“¡No vaya a escuchar eso Alex (Staropoli)!”, pedía Luca en una entrevista al escuchar ese comentario…

Y es que este enigmático compositor de Trieste que sorprendía a todos por su con cara de genio loco musical, se arriesgada a sacar este material por cuenta propia, considerando el tremendo éxito de sus trabajos con Rhapsody. El ’99 prefirió optar por el camino solista, pero con solo con ver el nombre y la portada en ese entonces, uno ya sabía que se toparía con un potencial clásico del estilo.

King of the Nordic Twilight, uno de los trabajos más relevantes de fines de los noventa, con canciones fácilmente memorables como Black Dragon, Legend of Steel o The Ancient Forest of Elves, con piezas tremendamente hermosas como Warrior’s Pride, y majestuosamente épicas como el tema cuasi-título. Todo, cantado por uno de los hallazgos vocales de la década, el señor Olaf Hayer.

Sonata Arctica – Ecliptica

La efervescencia por el Power Metal era tremenda ese año, cuando un cuarteto de chicos finlandeses de 20 años promedio sacaban un debut que llevaba al movimiento a otro nivel. El solo ir a buscar el disco a la tienda provocaba ansiedad, porque ya sabías por el boca a boca de ese entonces que este grupo se las traía, con un lanzamiento que los dejaba a la altura de los más grandes.

Muy difícil que un powermetalero haya quedado indiferente a esta verdadera joya de Sonata Arctica, un trabajo que hasta el día de hoy Tony Kakko no entiende por qué es considerado como su obra maestra, después de lanzamiento tras lanzamiento, intento tras intento. Había que estar ahí ese año para entender el escándalo que provocó este grupo con Ecliptica, momento de ensueño que en Chile culminó cuando vinieron a Chile el 2002 presentando muchas canciones de este trabajo.

Junto con Glory to the Brave de Hammerfall y Legendary Tales de Rhapsody, Ecliptica de Sonata Arctica es el mejor disco debut del power de los noventa, y un trabajo imprescindible para entender la historia de este movimiento que nos une.

Gamma Ray – Powerplant

Muchísimas cosas funcionaron excelentemente en Powerplant para que Gamma Ray liderara los mejores trabajos powermetaleros del ’99. El sonido de este trabajo era sublime, después de una mezcla mucho más nubosa en el Somewhere Out In Space. La alineación de aquel trabajo de 1997 volvía a reiterar en esta producción, un line-up que se trasformaría en el más importante del conjunto. Pero, en especial, por canciones como Anywhere in the Galaxy, Razorblade Sigh, Send Me a Sign, Strangers in the Night, Heavy Metal Universe o la épica Armageddon, que no es necesario describirlas.

Después de un 1998 glorioso para el Power Metal, pero en el que Kai Hansen no había participado con material, el fundador de Helloween volvía a sentarse en el trono del Power Metal en un 1999 que logró ponerlo a sus pies, no solo con este Powerplant, sino también con Unification de Iron Savior, siendo parte de la alineación y entregando canciones como Deadly Sleep.

La carrera de Hansen tiene muchísimos puntos altos con Gamma Ray. Sin embargo, si alguien quisiera decir que Powerplant es su mejor trabajo con esta banda, estará en todo su derecho: canciones poderosas y melódicas, un sonido claro y seco, y un roster de músicos que se entendía a la perfección.

Menciones especiales

Por último, cuesta entender el año 1999 sin dos discos que si bien no corresponden a la escena, sí fueron importantes para los fanáticos del movimiento. Uno de ellos fue el Metropolis Part 2: Scenes From a Memory de Dream Theater, consensuado muy tempranamente como la obra maestra del conjunto progresivo. El otro, fue el Hatebreeder de Children Of Bodom, relevación total del metal melódico extremo finlandés, que lograba agitar con su propuesta a todas luces revolucionara en este entonces. Mención especial para ambos.

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