1998: Dos décadas del año más glorioso del PowerMetal

20 años ha pasado del lanzamiento de estos y otros trabajos legendarios del Power Metal. Qué increíble fue ese tremendo 1998 para nuestro movimiento. ¿El mejor año de la historia del Power? ¿Qué discos son los mejores de ese año para ti?

por Jorge Ciudad

13: Bruce Dickinson – The Chemical Wedding

No debería ser considerado dentro de la órbita del Power Metal, pero por la importancia del personaje para la escena, por las tan pocas veces que todo el mundo acuerda que una producción recién salida es una obra maestra, y que esa obra maestra sea una cátedra de Heavy Metal luego que Bruce Dickinson “renegara” de él por un tiempo, hacen que “The Chemical Wedding” sea la entrega tan fundamental que es. Álbum críptico, que no se escucha por canciones, sino estando atento a todas sus frecuencias, sean musicales, letrísticas o extrasensoriales, cargado de energía y sentido. Nada es porque sí y es poco lo que se puede explicar, un esfuerzo oscuramente mágico y más grande que la suma de sus elementos.

12: Angra – Fireworks

André Matos decía, un par de años después de la salida de “Fireworks”, que prefería pasar harto tiempo en el estudio, probando y arreglando los temas como en “Holy Land”, dejando ver que le parecía mejor el resultado de ese trabajo, en desmedro del que fue editado el ’98 y producido en un tramo de tiempo mucho más corto, más encima en un “desconocido” Londres para él. La vara quedaba muy alta luego de “Angels Cry” y “Holy Land”, aunque por el hecho de que sus giras y conciertos iban al alza en ese tiempo, y que se trataría del último álbum con Matos, “Fireworks” definiría una etapa a la postre muy nostálgica de los brasileños, y que solo con el tiempo iría convenciendo. Se comenta que fue un trabajo subvalorado y hay motivos para reconocerlo, pero los años han sido su aliado y hoy es fácil encontrar quienes tengan a este disco como su favorito de Angra.

11: Symphony X – Twilight In Olympus

A pesar de ser un trabajo considerado por Michael Romeo como “incompleto”, dado que no alcanzó a terminar de escribir algunas canciones mientras grababa, “Twilight In Olympus” dejó una marca. No había banda alguna que mezclara esos riffs tan agresivos como progresivos con tonos tan neoclásicos en sus notas y arreglos. Más de alguno se atreverá a decir que con este cuarto disco, Symphony X se metía en la vanguardia del metal melódico, destronando incluso a próceres como Yngwie Malmsteen. El trío compositivo de Romeo/Pinnella/Miller era simplemente mágico, con los tres aportando armónicamente para que la banda sonara única. Absoluto discazo, quizá es más bello y docto del conjunto, independiente de cuál sea el mejor de su carrera.

10: Grave Digger – Knights Of The Cross

Chris Boltendahl y Uwe Lulis habían encontrado una fórmula perfecta con el conceptual histórico “Tunes of War” de 1996 y la volverían a utilizar en “Knights Of The Cross”, aunque con un toque mucho más powermetalero y acorde a lo que ocurría esos días. El álbum surgido de historias de templarios y cruzadas, fue la manera en que Grave Digger reclamó su espacio en la Generación del ’98, aportando sonido teutón, sentido de lo épico e historia. Gracias a discos como este, es imposible imaginarse el Heavy Metal de fines de los noventa sin esta banda y su impronta simple pero irrepetible.

9: Edguy – Vain Glory Opera

Los mejores discos de Sammet estaban por venir, pero ya con “Vain Glory Opera” su banda conseguía colarse en carteles de Wacken y que toda la escena se preguntara cómo diablos lo hacía con apenas 21 años de edad. El ’98 ya eran sensación, como nueva sangre del país bastión del Power Metal, una apuesta que lograba tener a patrocinadores como Timo Tolkki y Hansi Kürsch en sus mejores momentos, y canciones como Vain Glory Opera, Out Of Control, Fairytale y otras que ahora muestran una suerte de proto-Edguy, pero que dieron muchísimo de qué hablar en la escena.

8: Stratovarius – Destiny

Nadie se recuperaba todavía del mazazo de Tolkki con “Visions”, y rápidamente el grupo ya sacaba este trabajo más reflexivo, personal y elegante. Grandes himnos se colaban entre cortes más calmos, sin olvidarse por supuesto de un par de arranques powermetaleros como No Turning Back y Rebel. El performance de Timo Kotipelto era superlativo, el nivel de composición exquisito, y el sonido portentoso. Entre “Visions” e “Infinity”, “Destiny” terminaría pareciendo una especie de “descanso”, pero en un año donde además lanzaron un doble CD en vivo, “Visions Of Europe”, el grupo se consolidaba como referente inestimable, como la cara fresca más experimentada de la escena powermetalera de los noventa, una agrupación que ya podía ponerse a la par de los grandes de siempre, que empezaba a influenciar y guiar el camino.

7: Iced Earth – Something Wicked This Way Comes

Fue el trabajo que puso definitivamente a Schaffer en la primera división de la escena metalera mundial, el que puso a Matt Barlow como la leyenda que es, el que trajo la imagen que definiría para siempre a la banda, con el estreno del Set Abominae en portada y concepto, y el que mostraría canciones llenas de groove como Burning Times, de dramatismo oscuro como la trilogía Something Wicked, y de sentimiento conmovedor como Melancholy (Holy Martyr) y Watching Over Me. Para muchos es el mejor álbum de Iced Earth y hay muchos argumentos para aseverarlo, más aún si dejó una huella en uno de los años más “competitivos” en términos de lanzamientos.

6: Helloween – Better Than Raw

Una placa muy bien recibida, pese a lo aún un poco resistida formación sin Kiske, a decir verdad sobre la sensación de escuchar Helloween en esos días. Debieron pasar algunos años para que los fanáticos pudieran apreciar lo hecho por la calabaza en la segunda mitad de los noventa (Deris no era considerado el prócer que es ahora). Pero lo que hizo “Better Than Raw” fue no solo envejecer muy bien, sino también responder con algo único en ese entonces, con algo irreverente, y consolidar un discurso innovador, sin nostalgias. Seguramente Michael Weikath era quien menos quería ser relacionado con un movimiento en ese minuto (de hecho ese Helloween en particular se veía bien arisco de compartir con sus “pares”), pero seguía siendo protagonista, y muy a su estilo, sin querer ser serio, pero volviéndose a ganar el respeto.

5: Labyrinth – Return To Heaven Denied

Si bien era el disco que algunos esperaban para saber si la banda podía seguir sin Fabio Lione, lo que entregó Olaf Thorsen terminó sorprendiendo y marcando escuela para los años venideros. Los italianos no hicieron caso de evoluciones del “No Limits”, desarrollaron otra fórmula (más power y progresiva quizás inspirada en los lanzamientos ‘96 y ‘97 de Stratovarius) y entregaron un reportorio único, sofisticado, veloz y elegante, con timbres y notas que definían un estilo que sería rememorado por años en Italia, aunque jamás igualado. Un álbum que no se complica de pasear de lo épico a lo dulce, de lo poderoso a lo sensible, y que colocaría a Labyrinth para siempre entre los grandes.

4: Nightwish – Oceanborn

Qué vibrante era escuchar ese año un álbum como el segundo de Nightwish, que traía consigo una especie de revolución musical hechizante a rabiar, con su Power Metal finlandés interpretado por una cantante clásica/operática, como buscábamos calificar en ese entonces. Con este trabajo se hizo y se consolidó un movimiento desde ese país (ya que Stratovarius era un caso aislado hasta 1997), mientras que la novedad de Tarja Turunen en las voces dejaba a todos embobados y enamorados. Finlandia llegaba para quedarse, y era solo el comienzo. Nunca más nada volvió a ser lo mismo.

3: HammerFall – Legacy of Kings

Si la frase “Heavy metal’s on the rise again!” de Joacim Cans en Chile fue cierta, fue gracias a “Legacy Of Kings”, el álbum responsable de anunciar que el movimiento tradicional estaba de regreso tras varias temporadas complejas. Su sonido era poderoso e impecable, y sus canciones llenas de orgullo por un Heavy Metal que estaba de vuelta. Temprano punto culmine de la banda sueca, vista en ese año como los héroes que levantaban al Power Metal con sus himnos y actitud. Imposible no sentirse parte de algo especial con letras como las de Heeding the Call, de hermandad, de gloria, orgullo y empuje, mensajes que convocaron e identificaron a muchos bajo un solo estandarte.

2: Rhapsody – Symphony of Enchanted Lands

Dos décadas más tarde, ya no hay palabras que puedan hacer abarcar la magnitud de esta producción, alentada por el sorpresivo éxito de “Legendary Tales” tanto en lo compositivo como técnico. El segundo álbum de los italianos entregó canciones que a solo días de su lanzamiento ya eran clásicos, con músicos que ya eran considerados maestros e ídolos de todo un movimiento, con crónicas fantasiosas que hacían volar la imaginación, y recursos de música clásica y medieval que todos algún día deseaban escuchar, pero que solo recién con Rhapsody se hacían realidad. Un disco soñado, esos que uno compraba por la portada y terminaba escuchando justo lo que uno se imaginaba, por más que uno no supiera como describirlo.

1: Blind Guardian – Nightfall In Middle Earth

La producción más inconmensurable en la historia del Power Metal. La complejidad de “Nightfall In Middle Earth” y el giro con respecto de lo podía esperarse de la banda en ese momento, descolocaron y al mismo tiempo maravillaron por completo, con una propuesta tan avanzada como mágica en todos sus aspectos. Un triunfo épico de la narrativa musical, una propuesta que trascendió más allá del homenaje a Tolkien, y se transformó en el espejo por el cual muchos fanáticos vieron por primera vez el mundo del profesor. Absoluta obra maestra que hasta el día de hoy, 20 años después, es imposible hacerle justicia con las palabras, un trabajo adelantado, e irrepetible incluso para sus autores.